miércoles, 31 de diciembre de 2025

Rusia y la tradición totalitaria

Recientes declaraciones, atribuidas a Vladimir Putin, vislumbran la posibilidad de que este líder político busque en realidad reconstruir Rusia incorporando todos aquellos territorios que alguna vez pertenecieron a este extenso país. Ello implica que las guerras de expansión territorial seguirán en el futuro. De esa manera, el mencionado líder podrá competir con otros gobernantes del pasado, como Alejandro Magno o los emperadores romanos, respecto de los kilómetros cuadrados bajo su mando o la cantidad de población bajo sus órdenes.

La actual invasión a Ucrania implica un proceso similar al establecido algunas décadas atrás respecto de Chechenia, un país que declaró su independencia luego de la disolución de la URSS, pero que Putin se opuso a la separación iniciando guerras de reconquista.

La periodista Anna Politkovskaya describe la situación de Rusia luego de la segunda guerra contra Chechenia, con críticas concretas hacia Putin y a los rusos en general. Como era de esperar, la mencionada periodista fue asesinada posteriormente. Se transcribe parte de su libro que, seguramente, mantiene su vigencia luego de transcurridos algunos años.

UNA RESTAURACIÓN NEOSOVIÉTICA

Como estamos viendo, los métodos soviéticos vuelven a aplicarse en el presente. No es mi intención volver al pasado, pero Putin me obliga a ello, y obliga al resto del país. Putin se siente más a sus anchas en el pasado, tanto por su educación como a consecuencia de su anterior cargo. Yo no.

No me gusta Putin por lo que éste representa.
No me gusta por multitud de razones.
Porque ha «formateado» a una «aplastante mayoría» para que vote a favor de la guerra sin preocuparse por las víctimas.

Porque ha aumentado sus cuotas de popularidad a costa de la sangre de miles de sus conciudadanos, asesinados en esta guerra. Su manera de cebar al país con discursos sobre «la necesidad de hacer sacrificios» y alusiones a «nuestra gran nación» es imperdonable.

No me gusta porque no centra sus esfuerzos en la paz y en la prosperidad de su país, en la expansión del comercio y de la industria, en el éxito de las ciencias y de las artes, sino en la segunda guerra chechena, una de las más crueles y medievales jamás conocida en Rusia.

No me gusta por las fracturas terribles y difícilmente subsanables que está padeciendo Rusia; fiel al modelo zarista (así son las cosas después de siglos), Rusia se ha convertido en un país profundamente racista, que aprueba todo cuanto el jefe supremo de las Fuerzas Armadas permite a sus militares en Chechenia.

No me gusta porque el pueblo, que en un primer momento admiró la «fortaleza» de Putin, no tardó en temblar ante él (la educación del KGB deja huella) hasta el punto de profesarle un respeto incondicional y de creer que tal respeto es sincero.

No me gusta porque, fruto de su cinismo, la mayoría de los chechenios ya no sabe cómo vivir. No saben qué espera de ellos el Estado del que son ciudadanos. Los originarios del Cáucaso se encuentran hoy en peor situación que los inmigrantes ilegales. Hablamos de centenares de miles de personas condenadas a la ilegalidad.

¿En qué nos hemos convertido tras dos años de sometimiento a Putin? ¿Qué transformación hemos sufrido? ¿Ha cambiado a su vez el propio Putin al contemplar la servil docilidad de su país, donde una vez más, como en la época soviética, ni siquiera los instintos biológicos resisten ante el deber cívico impuesto por el Estado? Me refiero a los miles de madres de soldados que han perdido a sus hijos en la guerra y que no sólo no se atreven a levantar la voz contra la incesante hecatombe en el Cáucaso norte, sino que ni siquiera piensan en ello e incluso están dispuestas a besar la mano de los responsables de los asesinatos de sus hijos y a manifestarles su devoción …

Putin ha pasado de ser nombre propio a ser nombre común. Se ha convertido en el símbolo de la restauración del régimen neosoviético en Rusia.

¿Y nosotros? Nosotros somos su pueblo. Garantizamos esta restauración. Somos un grupo de «camaradas» a quienes durante algún tiempo se ha tomado por «señores», y que desean volver a su situación anterior. No hemos cambiado por desfilar bajo las banderas de Putin, sino que nos hemos quedado en casa. Y eso es lo principal. No ha habido ninguna transformación; sencillamente, hemos dado marcha atrás para volver a nuestro reciente pasado soviético. Putin nos ha tocado la fibra sensible y, como ranas de laboratorio, hemos reaccionado a esta débil descarga eléctrica con un estremecimiento colectivo.

¿Cuál es esa fibra sensible?

Es el servilismo, actitud muy querida por nosotros. Como es bien sabido, hacia el final de la época de Yelsin la mayor parte de los ciudadanos rusos tenía la sensación de que la era soviética había sido un tiempo feliz. La URSS se les parecía como un gigantesco imperio que hacía temblar al mundo entero, donde los ciudadanos vivían seguros del futuro…

No sabiendo asimilar la nueva situación económica, la mayoría de la población, en lugar de arremangarse para construir una sociedad democrática, comenzó a sentir nostalgia de esos tiempos tan cómodos en los que no éramos responsables de casi nada, en los que apenas trabajábamos pero siempre teníamos pan y salchichón. Esta nostalgia ha sido bautizada con el nombre de «salchichón a dos rublos con veinte», en honor al indigesto producto que en los tiempos soviéticos estaba al alcance de todos.

Se equivocan ustedes si piensan que Putin ha comprendido magistralmente los deseos de la multitud y se ha apoyado en ella para construir su política chovinista del Estado fuerte. Putin no es un genio; está cortado con el mismo patrón que el resto de la ciudadanía, es pro soviético y postsoviético al mismo tiempo, y de ahí vienen nuestros problemas actuales. Estrictamente hablando, la gente lo aprecia porque forma cuerpo con ella. Él mismo es el «salchichón a dos rublos con veinte», sinceramente convencido de que la era soviética era la mejor y por ello debería ser restaurada.

Por aquel entonces el KGB se encontraba en el apogeo de su poder y todo el mundo tenía miedo sin saber exactamente por qué. Era la época de la doble vida y la triple moral. La época en la que el jefe tenía un rostro que miraba hacia Occidente y otro que miraba hacia su pueblo. La época en que una poderosa maquinaria para lavar cerebros funcionaba día y noche bajo la dirección del partido. La época en que sólo los cínicos tenían una posibilidad de triunfar.

A decir verdad, éste es el retrato del pueblo ruso a comienzos de este siglo XXI. El pasado ha regresado. Los trenes vuelven a circular sobre raíles baratos, pero transportan la carne tan codiciada ahora como entonces. El KGB, que hoy se llama FSB, ha comenzado a renacer en el curso de la segunda guerra chechena, a la vista de todos, y a cosechar un fracaso tras otro en la lucha contra el terrorismo. Y ello a pesar de que la actuación de sus agentes era cada vez menos correcta, de que anhelaban cada vez más la vieja y querida tradición totalitaria de los «nuevos enemigos de la nación», tanto exteriores como interiores, y organizaban principalmente «procesos por espionaje» contra quienes «vendían secretos nacionales a Occidente».

¿Y nosotros? Nos alegramos de volver a la situación en la que no necesitábamos reflexionar. Porque Putin piensa por todos nosotros.

Se preguntarán ustedes por qué Putin es el culpable de todo. ¡No se le puede acusar de todos los pecados!

Sí, se le puede acusar. Incluso es necesario. El pasado de nuestro país está marcado por un profundo servilismo, y todo el mundo tiene la costumbre de alinearse con el zar, nuestro padre. Cuanto dice, hace o insinúa el jefe sirve de modelo de comportamiento e indica a qué ídolos adorar. Que Putin dice «¡A por los judíos, salvemos a Rusia!», y de inmediato comienzan los pogromos antijudíos. Que dice «Me gustan los judíos; son los caucasianos los culpables de todo», y entonces dejamos en paz a los judíos, el Kremlin convoca a los rabinos, éstos quedan extasiados ante la erradicación total del antisemitismo (tal como ocurrió en la primavera de 2002) y entre todos buscamos nuevos chivos expiatorios entre los caucasianos, destruimos sus comercios, sus quioscos y sus mercados. Y la policía no reacciona ante este tipo de delitos. Así es nuestro país. La esclavitud es nuestra perdición. Pero también nuestro fetiche. Nos encanta ser esclavos. «La mayoría aplastante» sueña con esto como si se tratase de la forma de existencia más cómoda.

(De “La deshonra rusa” de Anna Politkovskaya-RBA Libros SA-Barcelona 2004)

lunes, 29 de diciembre de 2025

Acerca de la "culpa colectiva"

Es frecuente la costumbre de establecer una “generalización fácil” al asignar a todos los integrantes de un grupo social ciertos atributos, ya sean positivos o negativos. Ello conduce, por lo general, a muchas injusticias, como es el caso de atribuir culpas colectivas.

Así, a pocos se nos hubiera pasado por la cabeza que un nazi de cierto rango ayudara a los detenidos en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, ya que la “generalización fácil” nos indicaba que “todos los nazis” deberían tener atributos personales similares a los de Hitler o a los de Goebbels. El error se debe a no tener presente que, bajo gobiernos totalitarios, la desobediencia a tales gobiernos se pagaba con la propia vida y el acatamiento forzado era la única alternativa de supervivencia.

A continuación se trascribe un escrito de Víktor E. Frankl:

ACERCA DE LA “CULPA COLECTIVA”

El que habla de culpa colectiva se ubica a sí mismo del lado de la injusticia. En donde pude, constantemente, me pronuncié en contra de la culpa colectiva. En mi libro sobre el campo de concentración –un libro cuya traducción inglesa está divulgada en más de nueve millones de ejemplares, sólo en EEUU, relato el siguiente episodio: “El comandante del último campo en donde estuve y del cual fui liberado, era un hombre de las SS. Después de la liberación, nos enteramos de algo hasta ese momento sólo lo sabía un médico del campo (también prisionero): ¡el comandante había gastado en forma secreta, de su propio bolsillo, importantes sumas de dinero para comprar en la farmacia del poblado cercano medicamentos para sus prisioneros!”.

“Esta historia tuvo una continuación: después de la liberación, prisioneros judíos escondieron al hombre de las SS de las tropas norteamericanas, y le informaron al comandante de éstas que sólo lo entregarían bajo la condición de que no le sería hecho daño alguno. El comandante de las tropas norteamericanas, entonces, les dio su palabra de honor de oficial, y los prisioneros judíos le presentaron al anteriormente comandante del campo. El comandante norteamericano nombró al hombre de las SS nuevamente como comandante del campo, y éste organizó para nosotros campañas para juntar alimentos y ropa entre los habitantes de los pueblos aledaños”.

En el año 1946 no gozaba de popularidad oponerse a la culpa colectiva o poner la cara por un nacionalsocialista, tal como lo hice. Frecuentemente, esto me trajo reprimendas de parte de diferentes organizaciones. En esa época escondí en mi casa a un colega que poseía algún distintivo de honor de la Juventud Hitleriana, del que me había enterado que la Policía del Estado lo estaba buscando para presentarlo a un proceso judicial popular (allí sólo se declaraba absolución o pena de muerte). De esa manera lo protegí de la mano de las autoridades.

Me pronuncié en contra de la culpa colectiva –era el año 1946- cuando en presencia del comandante de las tropas de ocupación francesas, un general, di una conferencia en la zona ocupada por los franceses. Al día siguiente, me vino a ver un profesor de la universidad, un ex oficial de las SS, y me preguntó –con lágrimas en los ojos- cómo justo yo tenía el coraje para oponerme públicamente al enjuiciamiento global. “Usted no lo puede hacer”, le respondí, “usted hablaría pro domo. Mas yo soy el ex prisionero N° 119.104, y como tal sí lo puedo hacer, y por eso también lo debo hacer. A mí me lo aceptan, y esto por lo tanto significa un compromiso”.

(De “Lo que no está escrito en mis libros”-Editorial San Pablo-Buenos Aires 2011).

domingo, 28 de diciembre de 2025

La sociología precientífica

Los enormes avances logrados por las ciencias exactas y experimentales, como la física, las matemáticas y la biología, contrasta con los pobres resultados logrados por la sociología, ya que en ella todavía se aceptan teorías que son incompletas o inexactas, si bien pueden utilizarse perfectamente para el adoctrinamiento político de estudiantes de todos los niveles y de la población en general.

Los resultados logrados por las ciencias como la física, se deben a la prioritaria búsqueda de la verdad por parte de los investigadores, teniendo en mente la propia realidad con sus leyes naturales. De ahí que el “método de la ciencia” implica principalmente la posesión de una actitud y una vocación auténtica por conocer la verdad en el campo de investigación elegido. Karl R. Popper escribió: “La ciencia debe afanarse en la verdad objetiva, en la verdad que depende sólo de los hechos; en la verdad que se halla por encima de autoridad y arbitrio humanos, y sin duda por encima de las modas científicas. Algunos sociólogos no logran comprender que este objetivo es una posibilidad a la que la ciencia (y, por ende, los científicos) debe aspirar. Después de todo la ciencia ha aspirado a la verdad al menos durante dos mil quinientos años” (De “Un mundo de propensiones”-Editorial Tecnos SA-Madrid 1992).

Se dice que, mientras que los humanistas utilizan lápiz y papel, los científicos auténticos utilizan lápiz, papel y un cesto para arrojar papeles. La falla evidente de la sociología radica en que teorías totalmente erróneas, como el marxismo, todavía se las considere dentro del ámbito de tal rama del conocimiento. Así, la “lucha de clases”, entre opresores y oprimidos, desconoce la existencia de amplios sectores que no son ni lo uno ni lo otro.

En un mercado competitivo, no existe tal explotación por cuanto, temiendo perder parte de su capital humano, los empresarios tratan de mantenerlo a toda costa. Por el contrario, la explotación laboral se establece casi sin excepciones en los sistemas socialistas, como es el caso del Estado cubano que “alquila” a otros países a muchos de sus médicos, pagándoles un pequeño sueldo quedándose el Estado con la mayor parte del “alquiler”.

Es el marxismo el que favorece la lucha de clases, sembrando odio y difamando al sector productivo. Incluso promoviendo “destruir violentamente el orden social” para instaurar una sociedad diseñada por Marx. El robo y el asesinato son aceptados como algo normal en unos escritos que algunos consideran dignos de ser parte de la sociología. Una ciencia auténtica describe leyes naturales y propone acciones para optimizarla, mientras que es algo ajeno a la ciencia social “diseñar” sociedades a las cuales se debe adaptar el ser humano, como las propuestas que ofrecen tanto el marxismo como el Islam.

Cuando alguien afirma que el marxismo es una propuesta científica, se debe aclarar si es compatible con la realidad, o no. Ya que, como la ciencia experimental utiliza el método de "prueba y error", es parte esencial de la ciencia establecer hipótesis aproximadas, o bien erróneas, que luego se corregirán o bien se desestimarán. Ni siquiera el marxismo utiliza tal método, sino que los marxistas suponen que la propia naturaleza acepta el proceso de "tesis, antitesis y síntesis", algo parecido al yin y el yang de los chinos.

Xavier Rubert de Ventós escribió: “El pensamiento científico, dice Popper, no puede ser pacato y andarse con pies de plomo como parecen exigir el lógico y sugerir el teórico de la ciencia. Al contrario: ha de tratar de adivinar y arriesgarse lanzando hipótesis prematuras e injustificadas sobre el comportamiento de su objeto de estudio. Una vez lanzada una hipótesis, sin embargo, la actitud del científico no tiende a justificar o autentificar esta hipótesis sino todo lo contrario; a tratar de refutarla o falsarla; a demostrar que no es verdad contrastándola desde todos los puntos de vista con los hechos. Sólo una hipótesis que resista todos nuestros esfuerzos por refutarla podrá ser considerada como cierta”.

“Contra esta actitud se levanta evidentemente el natural apego que sentimos por nuestra obra, a la que tendemos más a arropar que a refutar, a justificar más que a contrastar. «El plagio más difícil de evitar –decía Proust- es el plagio de uno mismo». Cuando la realidad desborda nuestra teoría, preferiríamos que la realidad fuera más decorosa y discreta para mantener la integridad de nuestra construcción; y a menudo optamos por recortarla o «interpretarla» antes que demoler o ampliar la teoría que se quedó chica” (De “Moral y nueva cultura”-Alianza Editorial SA-Madrid 1971).

viernes, 26 de diciembre de 2025

Acerca de la Agenda 2030

Fragmentos (no muy breves) de un artículo publicado en www.mises.org.es

LOS OBJETIVOS DE LA AGENDA 2030; UN BREVE ANÁLISIS

Es aquí necesario recordar que el Estado no es un generador de riqueza y que para pagar a las personas involucradas en sus proyectos debe asegurar la financiación de estos mediante impuestos, préstamos o el dinero que imprima un Banco Central. Y entre los tantos efectos perniciosos de estas prácticas, uno de ellos es la desviación de la riqueza de los generadores de riqueza a las actividades del gobierno. Esto significa que el Estado no puede aumentar la riqueza social, sino sólo redistribuirla y consumirla mediante la mismísima injusticia.

Ahora bien, antes de elaborar una serie de hipótesis y explicaciones informadas por la teoría económica austriaca, la teoría libertaria y la historia del estatismo, será necesario tener en cuenta que se pretende llevar a cabo todos estos objetivos con la participación de los Estados. Téngase en cuenta que todos o casi todos estos objetivos ya se intentan alcanzar, o ya se realizan los mismos actos intervencionistas que servirían supuestamente para alcanzarlos, desde hace ya mucho tiempo en la inmensa mayoría de los países adheridos a esta agenda. Otra vez, nada muy nuevo se encontrará aquí:

Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo

¿Qué causa la pobreza? Nada. Es el estado original, lo predeterminado y el punto de partida. La verdadera pregunta es: ¿Qué causa la prosperidad?

Además, la pobreza, quiérase o no, nunca dejará de ser un asunto relativo a la clasificación, que en manos estatales o de los amigos de la planificación estatal, es normalmente todavía menos fiable. ¿Pero qué constituye ‘pobreza’ y dónde se coloca un límite? ¿Cuál es el rango aceptable para cada lugar, o hay acaso algún rango universal? ¿Y debe el límite o el rango estar sujeto a cambios por parte de los planificadores? Finalmente, pueden imaginarse infinitas formas de pobreza, e infinitas razones para combatirla infinitamente por parte de los gobiernos.

La política del combate a la pobreza es la favorita para la redistribución forzosa de la riqueza y el ingreso que empobrece necesaria y relativamente a toda la sociedad en su conjunto, expropiando y distribuyendo, injustamente, la propiedad de productores, apropiadores e intercambiadores legítimos hacia no productores, no apropiadores y no intercambiadores legítimos. Esto desincentiva sistemáticamente a las personas a ser productores, apropiadores e intercambiadores legítimos, mientras incentiva el comportamiento contrario, ya que los costos del mismo se reducen sistemáticamente a causa de la intervención estatal.

Sobre este objetivo y el siguiente, es también propicio recordar el sinfín de intentos de los gobiernos occidentales más ricos para combatir la pobreza y el hambre en África.

Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible

Íntimamente relacionado al primer objetivo, debe encontrarse este segundo. Aquí, los tecnócratas del Estado y la sociedad civil implicada en la planificación definirán criterios arbitrarios de lo que debe ser una buena alimentación y una seguridad alimentaria y lo incluirán en programas sociales y en el sistema educativo.

Las necesidades fisiológicas —se ha dicho— en todos los hombres son idénticas; tal identidad, por tanto, brinda una pauta que permite apreciar en qué grado se hallan objetivamente satisfechas. Quienes emiten tales opiniones y recomiendan seguir esos criterios en la acción de gobierno pretenden tratar a los hombres como el ganadero trata a sus reses. Se equivocan al no advertir que no existe ningún principio universal que pueda servir de guía para decidir una alimentación que fuera conveniente para todos. El que al respecto se sigan unos u otros principios dependerá íntegramente de los objetivos que se persigan.

Sobre la promoción de la agricultura sostenible, es dudosa la manera en que los Estados pueden hacer esto sin sobreponerse con su regulación a los intereses legítimos de los particulares del sector.

Garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos a todas las edades

El Estado de bienestar: el sistema público de salud y el de las pensiones (quebrado en la mayoría de los países), y el resto de programas de bienestar social: todos promueven la irresponsabilidad individual y todo tipo de comportamientos contrarios a los que hacen posible la prosperidad en primer lugar y mejoran el bienestar material de las personas sin el atropello de derechos ajenos ni el despilfarro de recursos por parte del Estado. Pero además de todo, no existe delimitación precisa entre la salud y la enfermedad. Esta última no es un fenómeno aparte de la voluntad consciente y de las fuerzas espirituales que obran sobre el inconsciente. La capacidad de trabajo de un individuo no es función únicamente de su estado físico, sino que depende en gran parte de su inteligencia y su voluntad.

Garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos

El sistema educativo regulado por el Estado no responde al verdadero espíritu educativo, que no es otro que la libertad de currículo que el mercado libre representaría y promovería para satisfacer tanto los requisitos cambiantes como los permanentes para mantener una economía libre, creciente, expansiva e innovadora; por lo que la calidad de la educación estatal —si nos basáramos en un criterio general de la educación imbuida tanto en la ideología de la libertad que trae paz y prosperidad como en el aprovechamiento de los talentos y particularidades individuales— será siempre necesariamente inferior a la que sería en un marco no regulado estatalmente. Y como el Estado promueve y hace precisamente lo contrario —es decir, regula y educa a favor de su supervivencia y crecimiento y en contra de una liberación total de currículo y de la educación— mediante la escolarización y los estándares obligatorios, entonces la educación regulada u ofrecida por el Estado no solo será de peor calidad (cuando menos en términos relativos), sino que también tenderá a empeorar cada vez más. Asimismo, la competencia y el nivel de la misma y los incentivos para los competidores, tanto en los educados como en los educadores, son socavados en el marco de la regulación estatal. Y debido a los problemas de cálculo económico, el sistema educativo estatizado tiende, además de empeorar en calidad, a elevar los precios de la educación y dilapidar recursos que en un sistema libre serían mejor aprovechados.

Por otro lado, los objetivos arbitrarios y planificados de la política como la inclusión y la equidad distorsionan los intereses particulares, el sistema de precios y las oportunidades reales (y necesariamente diversas) que el mercado libre proporcionaría para un verdadero aprendizaje libre y permanente de todos los participantes de la cooperación social. La planificación e intervención estatal en la educación, igualitarista por antonomasia, descansa en la idea falaz de poder lograr alguna igualdad práctica en absoluto (de oportunidades o lo que sea) entre seres humanos únicos e irrepetibles, de historias y cualidades singulares, y de aquí, un sistema vetusto de la educación regulada por el Estado contrario a la individualidad y desigualdad absoluta entre todas las personas. Para colmo, un sistema garante de continuo adoctrinamiento en la religión del Estado. Parte de esta insistencia planificadora sobre la educación suele ser el pensamiento de que el fracaso del pobre en la competencia del mercado se debe a su falta de educación. Se afirma que la igualdad de oportunidades sólo puede lograrse haciendo que la educación sea accesible a todos y en todos los niveles. Hoy se tiende a reducir todas las diferencias entre la gente a su educación y a negar la existencia de cualidades innatas en lo que respecta a la inteligencia, la voluntad o el carácter. Se olvida por lo general que la educación académica se limita casi siempre a aprender teorías e ideas ya formuladas con anterioridad. (…) Los innovadores y los genios creadores no se forman en las aulas. Son precisamente los que desafían lo que han aprendido en la escuela.

Un sistema libre promovería un mayor surgimiento de estos genios e innovadores que con sus aportes podrían ayudar a elevar eventualmente la calidad de vida de muchísimas personas, muchas más de lo que permite el estatismo; pues la intervención estatal nos priva de quién sabe cuántos de estos genios e innovadores cada año.

Lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas

El interminable cuento de la igualdad y todas las trilladas causas estatistas del feminismo hegemónico que se traducen en las cuotas de género y la promoción y profundización —por contradictoria que sea— de la desigualdad legal entre hombres y mujeres en la resolución de conflictos a favor de las mismas ante el ya pervertido sistema judicial.

En las relaciones sociales, en general, el principio de igualdad ante la ley había dado lugar a un mal entendimiento que se reprodujo también en la esfera particular de las relaciones entre los sexos. Del mismo modo que el movimiento seudo democrático se esfuerza en limitar por decreto las desigualdades naturales o sociales, con el deseo de igualar a los fuertes y a los débiles, al favorecido por la naturaleza como al desfavorecido, a los sanos y a los enfermos, de igual modo el ala radical del movimiento feminista quiere hacer iguales a los hombres y a las mujeres.

Como cualquier tipo de igualdad entre seres humanos, más allá de pertenecer a una misma especie y estar sujetos a las mismas reglas básicas para la paz, es, de hecho, un objetivo imposible, el objetivo de lograrla se convierte en un sinfín de intervenciones que no logran nada que no sea privilegiar a unos a costa de otros, afectando la vida de innumerables víctimas de tales políticas de igualdad.

Al tema legal, se le suma el tema educativo, pues los gobiernos, gracias a su gran intervención en casi todo lo que tenga que ver con la educación de las personas, especialmente en niños y adolescentes, intenta ir aún más lejos con estas ideas igualitaristas falaces menoscabando incluso el conocimiento y entendimiento popular y correcto de realidades irremediables de nuestra naturaleza humana y las diferencias entre los sexos.

Garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos

La administración estatal total o parcial (con previa apropiación ilegítima) de los cursos hídricos y de los servicios de saneamiento y agua potable no puede, de hecho, garantizar ninguna de estas cosas para todos. Y tampoco el mercado puede hacerlo totalmente. Sin embargo, los procesos del mercado basados en el respeto de los derechos de propiedad son los únicos eficientes para coordinar ética y económicamente los recursos y las necesidades de todos. Socializar recursos naturales y medios de producción para el aprovechamiento de estos sólo garantiza menor disponibilidad y saneamiento del que habría si tales recursos fueran administrados por manos privadas en el mercado libre, pues ante el juzgamiento de compradores voluntarios, sólo un mercado libre de empresarios del agua puede garantizar que el agua será ofrecida cada vez más barata y de mejor calidad, promoviéndose a la par los avances tecnológicos típicos en mejoras de aprovechamiento, reconvertibilidad y reutilización de los recursos hídricos. El mercado funciona, y hasta que alguien demuestre lo contrario, el agua en el mundo no acabará mañana. Y aun así, ante cualquier supuesta emergencia, no parece siquiera sensato seguir dejando en las manos ineficientes del gobierno la autoridad máxima sobre tan vital recurso para todos.

Además, la contaminación de las aguas se debe en gran medida a los sistemas de drenaje cloacal municipales. También aquí el gobierno es el principal responsable: al mismo tiempo el mayor contaminador y el “dueño” más negligente del recurso.

Garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos

Más de lo mismo, socialización e intervencionismo en los mercados para la producción y distribución de energía, privilegiando a grandes productores a costa de precios más altos para los ciudadanos. Energía relativamente menos asequible y menos fiable para todos. Lo de «sostenible», si no se trata de alguna arbitrariedad, debe aludir a evitar el consumo del capital, y no hay institución que más lo consuma comparativamente que el Estado y sus agentes, que ni producen ni pueden utilizar casi nada a favor de sostener la disponibilidad futura, promover el buen mantenimiento y la acumulación del capital. Pues los ingresos que los actuales agentes no puedan extraer hoy de este capital, no lo podrán extraer mañana: el horizonte de miras se acorta y es la bendita posteridad la que no protegen. Por otra parte, la realidad es que, frecuentemente, los gobiernos estatales y municipales han creado monopolios de gas y energía eléctrica y han concedido estos privilegios monopólicos a compañías privadas, las cuales son reguladas y cuyas tarifas son establecidas por agencias gubernamentales, lo que les asegura una ganancia permanente y fija. De nuevo, el gobierno ha sido la fuente del monopolio y la regulación.

Pongamos un ejemplo de la acción estatal para garantizar lo que pretende este objetivo: Supongamos el proyecto estatal de construcción de una plataforma generadora de energía. En principio, este proyecto presentaría los mismos riesgos y beneficios potenciales, pues los planificadores del Estado también deben confiar en el consejo de distintos expertos para estimar la cantidad de energía que la plataforma pondría a disposición. Hasta los políticos necesitan que algo esencial para las industrias a ser gravadas en el futuro funcione. Sin embargo, ¿cómo pueden los planificadores seleccionar responsablemente los «mejores» proyectos de entre las numerosas propuestas? Finalmente, hay muchas formas de poner a disposición de los planificadores y de la gente del futuro una mayor cantidad de energía, pero los planificadores de hoy, debido a la permanente e inevitable escasez de recursos, no pueden financiar todas estas formas. Entonces, la elección y la realización de proyectos evidencian los distintos incentivos que alientan a una economía dirigida por el Estado (caracterizada por la corrupción, la negligencia, la irresponsabilidad y los problemas de cálculo económico) en comparación a una economía capitalista de libre mercado.

Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos

Todas las estadísticas convencionales de crecimiento económico están viciadas por el gasto público, la no evaluación de los movimientos intertemporales en la estructura productiva durante largos periodos de tiempo y la incapacidad de estas estadísticas para medir el verdadero bienestar de la gente. Además, los niveles de ingresos per cápita evidentemente no nos informan el nivel de consumo de capital o de los ingresos productivos que ejerce la actividad estatal sobre la actividad privada.

La política del «pleno empleo» ha significado normalmente inflación para estimular el consumo y la inversión desbocada y no respaldada por ahorro real, creando así burbujas de prosperidad y mayor empleo que terminan en crisis y recesiones, altas tasas de desempleo, consumo y destrucción de capital, un montón de vidas perjudicadas y el empobrecimiento relativo de todo el conjunto social. Estas recesiones y crisis no permiten un mayor crecimiento económico real y sostenido que sería posible con menor o nula intervención del gobierno en la economía. Todo esto sumado al desempleo crónico provocado por la rigidez laboral o las leyes de salario mínimo. El «trabajo decente» se traduce en la intervención del mercado laboral, los sindicatos extorsivos, la burocracia y la intervención estatal sobre la libertad de los empleadores y empleados. La realidad es que, luego de 80 años, la política ha cambiado casi nada, si no, ¿por qué escribía Hayek lo siguiente?

"Los slogans de nuestro tiempo se expresan con una variedad de términos: «pleno empleo», «planificación», «seguridad social», «liberación de la escasez». La realidad de nuestro tiempo sugiere que ninguna de estas cosas debe mantenerse cuando se convierten en objetos conscientes de la política gubernamental. Construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación".

Más planificación e influencia gubernamental para la infraestructura y la industria y todo lo que esto implica: más decisiones arbitrarias e interferencias estatales no destinadas a dejar libre el rumbo de la eficiencia del mercado para la asignación de recursos que eleva finalmente la riqueza social en su conjunto por destinarse fielmente al deseo de los consumidores.

Cualquier sostenibilidad debe ser una tarea de personas privadas en el mercado libre. La repetitiva alusión a la inclusión ya parece un chiste. En todo caso, no hay nada más inclusivo que el mercado que permite a cada uno aportar su granito arena a la cooperación social y la división del trabajo. Y lo de resiliente, de «resiliencia», debería considerarse más bien una materia de la psicología antes que de la construcción de infraestructuras destinadas a cumplir propósitos humanos prácticos como el transporte o la vivienda. Sin embargo, no hay nada más resiliente que el mercado para corregir los errores empresariales y permitir la reorganización de la estructura productiva, así sea en la construcción de infraestructuras o en la fabricación de lápices de papel.

Con el pretexto de las infraestructuras, los gobiernos nos han acostumbrado a aumentar la deuda pública, a los hechos de corrupción en licitaciones y también, a veces, a defectuosas y peligrosas construcciones. Así que, sólo por esto, ya no parece nada sensato creer que los mismos puedan realmente obrar de manera eficaz en este objetivo.

En realidad, la mayor eficiencia de los mercados en comparación con el Estado en lo que respecta a un número creciente de bienes presuntamente públicos es cada vez más evidente a pesar de la propaganda de los teóricos de los bienes públicos. Nadie que hiciera un estudio serio acerca de estos temas podría negar, ante la experiencia de todos los días, que los mercados pueden producir en la actualidad servicios postales, ferrocarriles, electricidad, teléfonos, educación, dinero, caminos, etcétera, con más eficiencia que el Estado, es decir, satisfaciendo mejor las preferencias de los consumidores.

Y si fomentar la innovación es parte de este objetivo, es imposible que los Estados que aplican leyes espurias de propiedad intelectual fomenten realmente la innovación creando —y habiendo ya creado innumerables— monopolios legales respecto a ciertos usos de propiedad que van en contra de los derechos de propiedad de personas inocentes que quisiesen innovar o producir más allá de esos límites impuestos. Todas las innovaciones que pudiesen surgir o fomentarse en ausencia de estas limitaciones son por tanto impedidas o dificultadas por estas leyes estatales de propiedad intelectual. Estos monopolios o privilegios legales a favor de determinadas personas o personerías jurídicas permiten a estos limitar, regular o negar el ejercicio ajeno de derechos de propiedad que no afectan derechos de terceros, ni de los monopolistas o privilegiados ni de cualquier otro. La propiedad intelectual consiste básicamente en atribuir mediante la perversión legal derechos legales que restringen parcial o totalmente el uso de ideas o información (de lo intangible) que contradicen los intereses particulares de los favorecidos por tal perversión. Sin embargo, las ideas no se pueden robar, el uso por parte de personas que llegan después a su conocimiento no impide el uso de usuarios originales o primeros innovadores. Y tampoco nadie puede perder lo que no es suyo: las ganancias esperadas por ser el único productor que aproveche una idea no pueden ser protegidas por un cuerpo legal basado en derechos reales, es decir, en derechos sobre propiedad tangible.

Reducir la desigualdad en los países y entre ellos

El rápido progreso económico con que contamos parece ser en gran medida el resultado de la aludida desigualdad y resultaría imposible sin ella.

Más allá de que las alusiones a la desigualdad de la política se basan normalmente en la idea de igualdad de oportunidades y de acceso general a servicios y beneficios determinados, es indispensable recordar que es la absoluta desigualdad natural entre todos los seres humanos, tanto por ellos mismos como por sus circunstancias, lo que posibilita la división del trabajo y la cooperación social. No puede explicarse ni entenderse la civilización humana sin esta. Puesto de manera fácil: Si fuéramos todos iguales, todos tendríamos las mismas habilidades, sabríamos las mismas cosas y haríamos lo mismo con lo que supiéramos, finalmente, ¿qué aprendizaje, cooperación y división del trabajo cabría en un mundo de iguales?

Entonces, ¿por qué debe ser la desigualdad entre personas, de cualquier tipo, un problema en absoluto? En todo caso, las únicas desigualdades que valen la pena ver reducidas, según los principios de justicia, son las que resultan de las injusticias que se comenten contra personas inocentes. Estas se verían reducidas si el Estado dejara más en paz a las personas, si su justicia funcionara mejor (aunque sea para los privados), o si, en el mejor de los casos, el Estado desapareciera y los días de la anarquía de propiedad privada llegaran al fin.

La inacabable lucha contra la desigualdad es, además, un barril sin fondo para la demagogia de los políticos y el dinero de los pagadores de impuestos. Por antonomasia, la desigualdad de ingreso y riqueza, y las que esta acarrea sobre oportunidades y beneficios generales, son las que más preocupa a políticos, envidiosos y socialistas en general, y esta preocupación significa generalmente más expropiación y distribución socialista de la riqueza y el ingreso. Lo que, por su carácter destructor y obstructor de la riqueza y de los generadores de esta, solo puede implicar una igualación hacia abajo. Nos harán relativamente más pobres, o incluso realmente más pobres, o, en todo caso, nos harán necesariamente más pobres o menos ricos de lo que seríamos sin tal intervención o con menos de ella.

Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles

Más y más planificación y regulación estatal con criterios cada vez más alejados de los intereses de los propietarios privados. Si una resiliencia y sostenibilidad protegida por el gobierno hace referencia al factor ambiental, ¿no sería esto con la prohibición o regulación estatal sobre la modificación libre y justa del ambiente que tiene como fin lograr propósitos individuales legítimos destinados a aumentar el bienestar de las personas respetando derechos ajenos y anteriores? Además, ninguna configuración habitacional podría ser más segura para los habitantes que las que ellos mismos perciben como deseadas en sus propias elecciones libres, lo que implica un mayor respeto por los derechos de propiedad para la estructuración de ciudades y asentamientos.

Si los alrededores de las ciudades y barrios fuesen propiedad de empresas privadas, corporaciones o comunidades contractuales, reinaría una verdadera diversidad, según las preferencias de cada comunidad. Algunos vecindarios serían étnica o económicamente diversos, mientras que otros serían más bien homogéneos. Algunas localidades permitirían la pornografía, la prostitución, las drogas o el aborto, mientras que otras prohibirían todas o algunas de esas prácticas. La prohibición no sería una imposición estatal, sino simplemente la condición para poder residir allí o utilizar el terreno de una persona o de la comunidad. Aunque los estatistas, que tienen la manía de querer imponer sus valores a los demás, se sentirían decepcionados, la gente tendría por lo menos la satisfacción de vivir en barrios de personas que comparten los mismos valores y preferencias.

Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles

La única sostenibilidad en cuanto a modalidades de consumo y producción de validez ética y eficiencia económica que puede atreverse a prometer mayor cuidado del capital, de los bienes de las personas y de su bienestar a través del tiempo es la que se da en el marco del respeto de los derechos de propiedad y el mercado libre mediante la libre empresa y el manejo y la transformación de los recursos por parte de propietarios privados. Ante la ausencia de este orden de libertad, es deseable la menor intervención posible de los gobiernos, a fin de facilitar los emprendimientos legítimos de los productores para la satisfacción de los clientes.

Pero, por lo que dice este objetivo, son los gobiernos los que deben garantizar estas modalidades de consumo y producción sostenibles. Y esto solo es posible mediante la planificación e intervención estatal en la economía. Y como para consumir, primero debe haber producción, el Estado debería priorizar la regulación de la oferta para el consumo pretendido interviniendo directamente en la producción, o promoviendo con su acción la oferta querida, y adoctrinando —sin escatimar en el posible uso del engaño mediante el aparato estatal de la educación y la ayuda de otros grupos interés— a una masa creciente de personas para aceptar y valorar pacíficamente los resultados de la producción promovida. Pero nada de esto es tan fácil de lograr, e incluso si ya han logrado mucho y siguieran logrando, no se puede engañar, empobrecer e invadir derechos tanto tiempo contra tanta gente con la planificación e intervención —que no traerá más prosperidad ni bienestar general— sin esperar jamás una reacción ciudadana. La diversidad y desigualdad natural entre seres humanos y el impulso y la necesidad natural de estos por la libertad ante tanta intervención tenderá eventualmente a contrarrestar y contrarrestará —frente a la creciente disociación de la demanda con la oferta de ingeniería social— el intento de promover y garantizar una oferta planificada. Este intento se hará entonces cada vez menos rentable para los planificadores y los recursos para ello cada vez más limitados o restringidos, tanto económica como políticamente. Finalmente, tarde o temprano, el curso de la historia volverá a tomar otro rumbo y la producción, otra vez más libre, volverá a destinarse a satisfacer más genuina y ampliamente los deseos de los consumidores en una economía más libre.

De nada tampoco sirve el cálculo económico cuando los planes contemplados no se ajustan a la demanda libremente expresada por los consumidores, sino a las arbitrarias valoraciones de un ente dictatorial, rector único de la economía nacional o mundial. Menos aún puede servirse del cálculo quien pretenda enjuiciar las diversas actuaciones con arreglo al totalmente imaginario «valor social» de las mismas, es decir, desde el punto de vista de la «sociedad en su conjunto», y denigre el libre proceder de la gente comparándolo con el que prevalecería bajo un imaginario sistema socialista en el que la voluntad del propio crítico sería la ley suprema. El cálculo económico en términos de precios monetarios es el que practican los empresarios que producen para los consumidores de una sociedad de mercado. No sirve para otros cometidos.

Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos

¿Por qué los gobiernos deberían garantizar un futuro climático incontrolable a expensas del mismo bienestar y de los derechos de sus gobernados, para quienes supuestamente funcionan? Y si este fuera un problema global, de aquí no se sigue que este tenga que ser gestionado centralmente ni por una agenda supranacional ni por los gobiernos nacionales.

El clima ha cambiado continuamente sin o con humanos, por millones de años, y lo seguirá haciendo incluso si la humanidad se extinguiera.

Hace unos siglos, las temperaturas medias eran significativamente más altas de lo que son hoy. En aquellos tiempos, podías cultivar viñedos en Inglaterra y naranjas en Carolina del Norte. Actualmente, eso ya no es posible porque hace demasiado frío. Y hace muchos miles de años los hipopótamos nadaban en el Támesis, los que hoy solo se pueden encontrar en zoológicos en estas latitudes. Y ciertamente, los periodos fríos son generalmente peores para la humanidad que los cálidos.

La afirmación de que todos o incluso la gran mayoría de científicos coinciden sobre el clima y el cambio climático es completamente absurda.

E incluso si fuera de otra manera, seguiría siendo un crimen contra la humanidad que el Estado o cualquier autoridad supranacional determine cuál es la temperatura media «correcta» y el rango de variación «correcto». Porque no hay tal cosa como la temperatura «correcta» para toda la humanidad y nunca habrá.

Conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible

Los Estados ejercen dominio de sus aguas territoriales en la denominada zona económica exclusiva, una franja marítima de hasta 370 kilómetros. Después de esta zona, las aguas internacionales no están sujetas a las leyes de ninguna nación soberana.

Esta legislación ha fomentado la picaresca en las compañías navieras de todo el mundo, que han elegido históricamente banderas de conveniencia. Pero, ¿qué ocurriría si un grupo de personas decidiera vivir sobre una plataforma en aguas internacionales?

La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar no contempla la posibilidad de estructuras en alta mar que creen sus propias jurisdicciones.

Mientras tanto, las colonias marinas que se construyesen en los límites fijados por los gobiernos no tendrían otra que ceder y reconocer ciertos derechos jurisdiccionales a los mismos. De lo contrario, «necesitarían situarse en lugares más alejados, una opción más costosa y menos apetecible, que dificultaría la movilidad de sus habitantes e imposibilitaría grandes flujos de visitantes».

Históricamente, los Estados han respetado los tratados marítimos internacionales, pero mientras los mares permanezcan principalmente como meras condiciones del ambiente o el hombre no tenga incentivos para añadir algo a los mismos más que llevar actividades parasitarias o destinadas a usarlos como basurero, la función empresarial respecto al mar y los recursos marinos permanecerá poco extendida o solo será escasamente aprovechada o protegida en manos de pocos, así sea por grandes capitales o no, así sea por grandes amigos de los gobiernos o no. Obviamente, también se da el caso de que el hombre simplemente no ha podido ir aún tan lejos, más allá del obstáculo gubernamental, en su relación con los mares y sus recursos como lo ha hecho con las áreas terrestres.

Hasta ahora, lo que ocurre principalmente es «la tragedia de los comunes», ya sea más allá de los límites de los gobiernos o de facto por la ausencia de control de estos sobre sus límites. Al final, si nadie es realmente dueño de las porciones geográficas de mares y océanos, y si los recursos marinos no son apropiados para solventar un aumento productivo que no dilapide la posibilidad futura de seguir produciendo o aprovechando en absoluto lo que sea en cuestión, ¿qué garantía entonces podrían ofrecer los gobiernos para conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible? Ninguna. La corrupción y la imposibilidad de reclamar derechos de propiedad sobre porciones marítimas asegurarán una utilización irresponsable por parte de gobiernos y de privados respecto a los mismos motivos que preocupan a los ambientalistas más estatistas. Ni lo privados, y mucho menos los gobiernos, estarán necesariamente preocupados por la fauna y flora marítima ni por la contaminación; al final, lo que no es de nadie, no puede ser reclamado ni defendido debidamente por nadie. Ante la ausencia o falta de propiedad privada, los usos irresponsables sobrepasarán necesariamente los responsables, y las consecuencias negativas, tanto para los intereses humanos como para los recursos marinos se verán necesariamente promovidas. Pues otros de los beneficios de la privatización de los espacios marítimos es que, a medida que mayores porciones marítimas sean privadas, se promoverá la responsabilidad en las actividades marítimas porque cada vez será más probable afectar porciones o derechos ajenos si no se previenen la mayor cantidad de consecuencias no deseadas conocibles de estas actividades. Puesto que, normalmente, los propietarios no querrían verse implicados en conflictos que le cuesten tiempo y dinero y los desvíen de otras actividades más beneficiosas y placenteras.

Por supuesto, las condiciones naturales de los mares siempre impondrán obstáculos importantes a los propósitos humanos en las aguas, pero todavía hay mucho que la especie humana puede descubrir y realizar en ellas sin la necesidad de la presencia y la guía de los políticos.

Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad

Más propósitos particulares e ideológicos a costas de los derechos de los demás. La apropiación gubernamental de los bosques y ecosistemas terrestres, como las reservas nacionales, constituye la imposibilidad de que estos cumplan propósitos individuales legítimos que podrían realizarse en ausencia de la intervención y que elevarían tanto el bienestar de los dueños de estos recursos como los de quienes intercambiasen con ellos en un mercado que se habrá extendido por la disponibilidad de nuevos recursos para la iniciativa privada generadora de riqueza y bienestar.

Este afán de detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad mediante acciones del gobierno significa que más recursos privados son expropiados para proteger la biodiversidad y las tierras antes que a las personas, se protege más las primeras a costa del bienestar y los derechos de las segundas. Si la supuesta función principal de los gobiernos es proteger los derechos de sus gobernados en primer lugar, ¿cómo puede justificarse coherentemente esto?

La falta de privatización, el control gubernamental y la promoción de facto de la tragedia de los comunes harán que diversos objetivos que posibles propietarios privados se pudiesen trazar legítimamente sobre la sostenibilidad y la utilización de potenciales bienes nunca emerjan y, por tanto, nunca se sumen a la constelación de actividades privadas dirigidas a integrarse a los mercados y la división del trabajo.

La intervención de los gobiernos asegura peores cuidados, utilización y aprovechamiento del que habría si los derechos de propiedad fueran asignados correctamente y los recursos se destinaran en última instancia a cumplir propósitos legítimos que incluirían necesariamente mayor creación de valor —lo que da lugar al aumento de la riqueza social— que el que se obtiene bajo el orden que socava o impide la extensión en la asignación de derechos de propiedad.

La interminable letanía de postulados histéricos y pseudo-científicos de los últimos años —el «calentamiento de la atmósfera» (tras la «nueva era glaciar»), el «agotamiento de las riquezas naturales», la lluvia ácida, el agujero de ozono, la pretendida «crisis de la energía», los lamentos sobre los bosques seculares, el caribú y la lechuza moteada, la exclusividad que ciertos medios dan a un puñado de científicos izquierdistas ávidos de publicidad, al tiempo que ignoran a los sabios auténticos y escrupulosos— todas estas quimeras y todas estas mentiras no son más que armas de combate en la guerra de los ecologistas contra la producción y el consumo humanos, y sobre todo contra los elementos del «confort burgués» que sacan de quicio a los ecologistas, como los grandes automóviles «devoradores de gasolina», los abrigos de pieles, el aire acondicionado, los recipientes de plástico, los aerosoles para lacas del pelo o los desodorantes.

Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todos y construir a todos los niveles instituciones eficaces e inclusivas que rindan cuentas

La única manera justa de facilitar la verdadera justicia para todos, es decir, la única manera de promover y permitir un mayor acceso general a servicios de justicia de calidad creciente y de precios decrecientes, es a través del mercado libre de oferentes de los servicios de justicia en donde no quepa la institucionalización de la injusticia y su «productor»: el Estado.

Promover sociedades pacíficas con la participación de los Estados es una contradicción, porque es la institución estatal la que se interpone y obstruye sistemáticamente la cooperación social pacífica.

La búsqueda mediante el gobierno de instituciones eficaces en la vida social nunca ha podido sortear el problema de la corrupción y del desperdicio sistemático de recursos utilizados para tal búsqueda ni tampoco logrará evadir el hecho de que no se puede juzgar precisamente su eficiencia sin la prueba del mercado de clientes voluntarios, haciendo del objetivo general de eficiencia económica una imposibilidad absoluta, y del rendimiento de cuentas una práctica sin trascendencia real para su valoración.

Sin la percepción pública errónea y la opinión del Estado como justo y necesario y sin la cooperación voluntaria del público, incluso el gobierno aparentemente más poderoso implosionaría y sus poderes se evaporarían. Así, liberados, recuperaríamos nuestro derecho a la legítima defensa y podríamos acudir a las agencias de seguros liberadas y no reguladas para una asistencia profesional eficiente en todo lo relacionado con la protección y la resolución de conflictos.

Fortalecer los medios de implementación y revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible

A la luz de la historia política y del análisis ético y económico presentado aquí, esto solo puede significar el fortalecimiento del poder estatal y el engaño para mantener y avanzar el paso hacia el intento de conseguir estos objetivos mediante la profundización y sofisticación del engaño y de la agresión institucionalizada contra los derechos de propiedad y asegurar así no solo la marcha hacia el «desarrollo sostenible» aprobado por los poderes fácticos y políticos dominantes, sino también, probablemente, hacia el proyecto del gobierno mundial. Porque no cabe duda de que una tendencia en tal camino existe.

El Gobierno mundial, un Banco Central mundial y un papel moneda mundial —contrariamente a la impresión engañosa de representar valores universales— en realidad significan la universalización e intensificación de la explotación, el fraude de la falsificación y la destrucción económica.

Conclusión

Si bien los objetivos de la Agenda 2030 son imposibles de lograr o de justificar coherentemente, o son directamente inmorales por sus implicancias, no es menos preocupante que los gobiernos tomen medidas al respecto.

La Agenda 2030 está destinada al fracaso. Sin embargo, la Agenda sí lograría, estaría ya logrando, intensificar aún más la injusticia y el empobrecimiento relativo en los países y dificultaría todavía más cualquier intento del público para contrarrestar los abusos de la política y sus aliados.

Finalmente, sobran motivos, y de los más importantes que un defensor de la libertad y la justicia pueda imaginar, basados en la historia y en la teoría y guiados por principios libertarios, para rechazar completamente la Agenda 2030 que pretende expandir y expande la religión del estatismo y su aplicación:

"Tenemos que estar en contra de esa tentación del estatismo porque es el peligro más original que tenemos los seres humanos, nuestra mayor tentación: creernos Dios".(Jesús Huerta de Soto).

jueves, 25 de diciembre de 2025

El bien vs. El mal

En épocas pasadas predominaba la idea de que el mal era “una ausencia del bien”. Ello implica que la mayoría de los individuos estaba de acuerdo en el camino hacia la felicidad, pero unos lograban mayores niveles de felicidad que otros. En ese entonces, el bien era la felicidad plena, mientras que el mal implicaba no haber logrado el objetivo previsto.

En la actualidad, pareciera predominar una doble búsqueda, es decir, unos buscan el bien a partir de una actitud cooperativa, mientras que otros buscan la felicidad en el mal que pueden sufrir los demás, por lo que buscan infligirlo, burlándose de los fracasos ajenos y envidiando sus éxitos. Mientras que los primeros aumentan su nivel de felicidad compartiendo la felicidad ajena, otros suponen que la felicidad a lograr dependerá del fracaso ajeno, como es el caso del aficionado de River Plate que siente mayor placer cuando pierde Boca Juniors que cuando gana su propio equipo, y viceversa.

Si bien este camino resulta atractivo y fácil de lograr, poco se tiene en cuenta que los éxitos del rival le producirán bastante infelicidad, por lo que resulta ser un “mal negocio”. La burla y la envidia siempre coexisten en un mismo individuo. Desmond Morris escribió: “La felicidad de finalidad depende del logro de una meta personal, pero no necesariamente a costa de un rival, mientras que en la felicidad competitiva el triunfo es siempre a expensas de un rival” (De “La naturaleza de la felicidad”-Editorial Planeta SA-Barcelona 2006).

Al nivel de los países y las ideologías parece que ocurre algo similar. Este es el caso de las naciones que buscan expandirse a través de conquistas territoriales, o bien los movimientos políticos que buscan someter mental y materialmente a todo el resto de la humanidad, pensando en el éxito competitivo e ignorando completamente los efectos que producirán en los sectores conquistados. En el primer caso puede mencionarse la expansión territorial de Rusia, que parece olvidarse de los 6 o 7 millones de ucranianos que asesinaron en la etapa soviética. Aún así, hay partidarios que están a favor de Rusia sin apenas importarles que los ucranianos sí recuerdan el genocidio ruso-soviético y que por ello pretenden acercarse más a los países occidentales que a seguir bajo el dominio ruso.

Alemania se arrepiente y pide disculpas por la matanza de judíos, y otras etnias, en épocas de la Segunda Guerra Mundial. Muestran de esa forma una intención de mostrar dignidad nacional y esperanzas de volver a ser una civilización plena. Rusia, por el contrario, no se arrepiente ni pide disculpas por la matanza de ucranianos durante la etapa de Stalin, Por el contrario, pierde la dignidad y su esperanza en llegar a ser una nación civilizada.

Los antiguos adherentes al Imperio Soviético no olvidan fácilmente su “madre patria”. Incluso llama la atención el desprecio total y absoluto que algunos sienten por los ucranianos, ya que les parece algo “necesario” y casi natural, para la expansión territorial rusa, la utilización de armas nucleares por parte de Rusia para ser arrojadas sobre Ucrania. La felicidad “soviética” se alcanzará cuando, guerra mediante, recuperen los territorios que alguna vez constituyeron Rusia.

Si cada país europeo pretende “volver a los antiguos territorios”, se vislumbra sólo un futuro de guerras y de millones de muertos. Ideas territoriales similares se advierten en sectores de Israel, que abogan por expandirse hasta recuperar los territorios que aparecen en la Biblia. Otros buscan restaurar territorialmente el Imperio Otomano, el Imperio Austro-húngaro, etc., para asegurar que Europa se convierta en un verdadero infierno.

Algo similar ocurre con el Islam, que quiere dominar o esclavizar mental y materialmente a todo europeo, y a todo habitante del planeta, imponiéndoles la voluntad de Mahoma. El multiculturalismo, por el cual son válidas todas las culturas, menos la occidental y cristiana, es el pretexto utilizado por los propios europeos para facilitar su inevitable suicidio cultural. Como ejemplo de esta mentalidad, se observa un video en el cual un joven inglés le sugiere a otro inglés, algo mayor, que retire del frente de su casa una bandera de San Jorge, que tiene una cruz, por cuanto ello “ofende a los musulmanes”. Ante tal absurdo reclamo, la persona mayor le recuerda al joven que está en su casa, poniendo una de las banderas de su propio país, etc. De ahí que el joven responde que “el Reino Unido es multicultural”, como pretexto para borrar todos los símbolos cristianos pero legitimando todo símbolo o acción islámica, esté o no de acuerdo con las elementales normas morales aceptadas desde épocas remotas.

En el proceso de islamización de Europa, se advierte claramente que, para algunos, los símbolos del cristianismo, que es una religión que promueve el principal proceso de supervivencia individual y colectiva, como lo es la empatía emocional, resultan “ofensivos”. De ahí que tal actitud muestra expresamente la promoción del mal, por parte del Islam, al negar rotundamente la ética bíblica. Es decir, sus acciones no llegan solamente a sentirse “ofendidos” por la simbología cristiana, sino que buscan abolirla. Aducen, además, que la conversión de los “infieles” al Islam, se hará “por las buenas o por las malas”, lo que no excluye asesinatos masivos como ocurren principalmente en algunos países africanos, incendiando en África unos 18.000 templos cristianos.

Llama la atención que en Nueva York triunfara electoralmente un musulmán, que seguramente festejó, como muchos otros musulmanes y socialistas, los atentados contra las torres gemelas de esa ciudad. Al menos nunca se les ha escuchado algún arrepentimiento o bien sugerencias para que sus correligionarios abandonen las prácticas terroristas. Este triunfo electoral también puede considerarse como una especie de suicidio cultural similar al que han elegido los europeos.

El grado de locura es tan grande que todo aquel que critica la violencia y los asesinatos masivos, es considerado un emisor de “mensajes de odio”, siendo un caso similar al de los partidarios de Rusia cuando aducen que la cantidad de muertos en la guerra contra Ucrania se deben a la culpabilidad del que se defiende y no se rinde (Zelenski), en lugar de culpar a Putin por ser el agresor.

El mal se difunde en nuestra época con mayor facilidad que en épocas anteriores. Ello no sólo se debe al aumento de la población mundial, sino a la posibilidad que brinda Internet para la difusión de mentiras y falsedades de todo tipo. Mientras que, bajo la Alemania nazi, un ciudadano cualquiera podía convertirse en un peligroso asesino de multitudes, como mostró Hannah Arendt respecto de Adolf Eichmann, debido a la simple obediencia al Estado, en la actualidad ocurre algo similar en el caso de la “obediencia a una ideología” por la cual, votaciones mediante, cualquier peligroso individuo puede convertirse en un líder totalitario.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Discriminación positiva y negativa

Se denomina “discriminación positiva” a la intención de compensación, establecida desde el Estado, hacia sectores que en el pasado fueron marginados o discriminados por cuestiones de raza, clase social, religión o nacionalidad, principalmente. Ello conlleva también cierta discriminación actual contra los descendientes de los antiguos discriminadores, ya que la principal discriminación es la de constituir el sector de la “gente mala”.

Cuando en una universidad, o en un trabajo estatal o privado, se legisla a favor de cierto cupo, o porcentaje obligatorio de ingreso de individuos pertenecientes a sectores previamente discriminados, se desvirtúa el ingreso por méritos y capacidad, por lo que en cierta forma se sigue estableciendo una desigualdad esencial, que es la base de toda discriminación existente.

Puede decirse que en una misma persona coinciden la intención de discriminar positivamente a algún sector de la sociedad, buscando protegerlo o convalidarlo, junto a una implícita, o bien explícita, discriminación negativa hacia el sector que le produjo algún mal al grupo anterior. Así, si alguien busca que la sociedad sea benevolente con algunos delincuentes (discriminación positiva), simultánamente considerará que la sociedad marginó previamente a tales individuos, siendo así la sociedad la culpable de la violencia social (discriminación negativa).

Para disimular el odio en contra de ciertos sectores, muchos adoptan el camino de la promoción del proteccionismo de otros sectores, supuestamente víctimas de aquellos. El caso más frecuente es el de la discriminación positiva hacia el sector obrero, al cual se lo supone explotado laboralmente por el sector empresarial, el cual será discriminado negativamente mediante todo tipo de difamaciones y represalias. El odio reinante en muchas sociedades se advierte en la doble discriminación, a favor de unos y en contra de otros, promovida por los diversos ideólogos de la violencia.

Con todo esto no quiere decirse que existan sectores de la sociedad exentos de culpas, sino que, advertidos los problemas existentes, se trata de establecer una descripción de los seres humanos como individuos y no como grupos. En este último caso siempre se promueve una generalización fácil que conduce a aumentar toda violencia existente.

Así como el señalamiento contra personas contaminadoras del medio ambiente ha motivado y dado un sentido de la vida a muchos ecologistas, el señalamiento contra personas discriminadoras ha dado un sentido de la vida a los promotores del igualitarismo y de la anti-discriminación. Mientras el ecologista adopta una postura de superioridad moral convirtiéndose en juez del resto de la humanidad, al menos respecto a la conservación del medio ambiente, corriendo el riesgo de exagerar su postura hasta sostener que, además de los integrantes de Greenpeace, el resto de las personas es un potencial destructor de la naturaleza, el militante anti-discriminación corre el riesgo de caer en una forma similar de discriminación, que es la de inducir a la sociedad a que excluya a las personas “malas” (los discriminadores).

En este caso se advierte una postura enfermiza por la cual el militante de la anti-discriminación escucha con atención cada palabra emitida por potenciales discriminadores esperando que caigan en algún error verbal para denunciarlos a los cuatro vientos y hacerlos pasar desde ese momento al grupo de las “malas personas” por cuanto sugiere tácitamente su aislamiento social, generalmente por haber tenido la mala fortuna de haber emitido alguna palabra o expresión que fue detectada por la nueva inquisición que vela por la igualdad de las personas.

La manera de erradicar todo tipo de nacionalismos, racismos y demás, se logra teniendo presente que somos partes de la humanidad y que todo ser humano tiene un mismo origen biológico y que está regido por iguales leyes naturales. Además, debemos dejar de lado la “generalización fácil”, por la cual hacemos extensiva nuestra opinión, favorable o no, a todo un sector de la sociedad o de la humanidad a partir del conocimiento de una o dos personas integrantes de dicho sector.

Las grandes catástrofes sociales del siglo XX estuvieron basadas en alguna forma de discriminación. Ayn Rand escribió al respecto: “El racismo de la Alemania nazi, donde los hombres tenían que llenar cuestionarios sobre su ascendencia, retrocediendo varias generaciones para probar su origen ario, tuvo su contraparte en la Rusia soviética, donde los hombres debían completar cuestionarios similares para demostrar que sus antepasados no habían poseído propiedad alguna, probando así su origen proletario. La ideología soviética se apoya en la idea de que los hombres pueden ser condicionados genéticamente para el comunismo, es decir, que unas pocas generaciones condicionadas por una dictadura transmitirán la ideología comunista a sus descendientes, en quienes el comunismo será congénito”.

Respecto de la discriminación, negativa y positiva, que existía, y existe, en los EEUU, la citada autora escribió: “Esta acumulación de contradicciones, de miope pragmatismo, de cínico desprecio hacia todo principio, de atroz irracionalidad, ha alcanzado ahora su clímax con las nuevas demandas de los líderes negros” [Escrito en 1963].

“En lugar de luchar contra la discriminación racial, exigen que ésta sea legalizada y puesta en vigencia. En lugar de luchar contra el racismo, demandan el establecimiento de cupos raciales. En lugar de luchar a favor de la «ceguera ante el color» en las cuestiones sociales y económicas, declaran que esa «ceguera» es perjudicial y que el «color» debe ser la consideración primordial. En lugar de luchar por iguales derechos, piden privilegios raciales especiales”.

“Demandan que se establezcan cupos raciales en cuanto al empleo y que los puestos se distribuyan sobre una base racial, en proporción al porcentaje de habitantes de una raza determinada entre la población local. Por ejemplo, dado que los negros constituyen el 25% de la población de Nueva York, solicitan que una empresa determinada ocupe a un 25% de negros”.

“El sistema de cupos raciales ha sido uno de los peores males en todos los regímenes racistas. Había cupos raciales en las universidades en la Rusia zarista, en la población de las principales ciudades de Rusia, etc. Una de las acusaciones contra los racistas norteamericanos es que algunas escuelas practican un sistema secreto de cupos raciales. Se consideró una victoria de la justicia cuando en los cuestionarios de solicitudes de empleo se dejó de preguntar cuál era la raza o la religión del solicitante. ¡Hoy no es un opresor, sino un grupo minoritario oprimido quien reclama la aplicación de cupos raciales!”.

“Esta demanda en particular resultó excesiva, aun para los socialdemócratas. Muchos de ellos la denunciaron, como corresponde, con profunda indignación. Dijo el diario New York Times (23/7/1963): «Los manifestantes siguen un principio verdaderamente vicioso al jugar a los 'números'. El reclamo de que el 25% (o cualquier otro porcentaje) de empleos debe ser ocupado por negros (o cualquier otro grupo) es erróneo por una razón fundamental: exige un 'sistema de cupos', que es discriminatorio en sí mismo… Este diario ha combatido, desde hace ya mucho tiempo, un cupo religioso en relación con los jueces designados; del mismo modo, nos oponemos a un cupo racial con respecto a los empleos, desde los más encumbrados hasta los más humildes»”.

“No sólo se demandan privilegios especiales sobre la base del origen racial, sino que se exige que el hombre blanco sea castigado por los pecados cometidos por sus antepasados. Demanda que se rechace a un trabajador blanco porque su abuelo pudo haber practicado la discriminación racial, aunque quizá no la practicó, o tal vez ni siquiera vivió en los Estados Unidos. Pero como estas cuestiones no se toman en consideración, significa que ese trabajador blanco es acusado de una culpa racial colectiva, culpa que consiste meramente en el color de la piel”.

“Ahora bien, ése es el principio por el que se rige el peor sureño racista, que carga a todos los negros con la culpa racial colectiva por cualquier crimen cometido por un individuo negro, y que los trata a todos como inferiores basándose en el hecho de que sus antecesores fueron salvajes” (De “La virtud del egoísmo”-Grito Sagrado Editorial-Buenos Aires 2007).

sábado, 20 de diciembre de 2025

Acerca de Ayn Rand

Entre los promotores del capitalismo y detractores del socialismo, encontramos a la escritora y novelista Ayn Rand, quien es la autora, entre otros libros, del titulado La virtud del egoísmo. De ahí que muchos adopten la creencia que el egoísmo es necesario para el desarrollo capitalista. Por el contrario, Ludwig von Mises escribe siempre acerca de la “cooperación social”, como base de la economía de mercado.

Si tenemos presente que todo intercambio en el mercado, que se prolonga en el tiempo, requiere que las dos partes intervinientes se han de beneficiar, de lo contrario, de predominar el egoísmo en una o en ambas partes, los intercambios cesarán. De ahí que la cooperación social sea el motor de la economía de mercado y no el egoísmo, que no es una virtud, sino un defecto.

En realidad, los sectores de izquierda consideran a Ayn Rand como la voz representativa del capitalismo, ya que los sectores marxistas critican al capitalismo justamente por suponer que es el egoísmo su motor, lo que está a un paso de la explotación laboral, algo que para los marxistas es inherente al sistema capitalista, o economía de mercado. En realidad, cuando existen varias empresas en competencia, a ninguna le conviene ejercer tal explotación por cuanto perdería a su principal capital, que es el capital humano. Para peor, lo cedería casi gratuitamente a las empresas competidoras.

Ayn Rand, creyente obsesiva de la razón, un tanto reticente de lo emocional, resultó creadora de una postura filosófica poco compatible con los actuales descubrimientos de la neurociencia, según los cuales el aspecto emocional resulta fundamental en el proceso que orienta nuestras decisiones. Además, fue defensora del aborto legal mientras rechazaba al cristianismo, posiblemente por ser la ética bíblica principalmente asociada a la empatía emocional.

A continuación se menciona un análisis psicológico acerca de la mencionada escritora:

AYN RAND: UNA VIRTUOSA OBSESIONADA CONSIGO MISMA

Por Linda Martínez-Lewi

Ayn Rand, la extravagante filósofa y novelista escritora de superventas como El manantial y La rebelión de Atlas, desempeñó un papel convincente como supernarcisista clásica. Ostentosa, patológicamente absorbida por sí misma, astuta y vengativa. Rand creó una secta intelectual de seguidores que adoraban su elaborado trono. Rand, que fue la niña mimada de un grupo leal de intelectuales del nordeste y de la costas oeste de EEUU, de líderes empresariales, académicos y estudiantes universitarios, ascendió a la fama durante las décadas de 1950 y 1960 como la creadora de un nuevo sistema filosófico llamado objetivismo.

El objetivismo escoge el proceso de razonamiento como el sine qua non [condición sin la cual no] del comportamiento humano. La irracionalidad y la expresión espontánea de los sentimientos son rechazadas como cualidades inferiores. Las necesidades y los deseos del individuo dominan sobre los beneficios para el grupo. Las acciones deben ser dirigidas por el propio interés. En el campo de la economía, el capitalismo y el mercado libre tienen la supremacía sobre el Estado.

The Passion of Ayn Rand, escrito por Barbara Branden, buena amiga y seguidora de Rand durante diecinueve años, nos ofrece un retrato desgarrador de una mujer incapaz de mostrar empatía. Branden habla de su primer encuentro y de cómo quedó sorprendida por los ojos penetrantes de Rand y por todo el rango de sus expresiones: inteligente, ingenua, cruel, fría, desesperada, vengativa, encolerizada y sentenciosa. Branden describe, no obstante, lo que faltó en todos los años que pasaron juntas, a través del triunfo, la traición y la tragedia. «Hay algo que nunca vi en los ojos de Ayn Rand. Nunca mostraron una mirada interior: una mirada propia de volverse hacia dentro para aprender sobre el espíritu y la conciencia propios. Miraban sólo y siempre hacia fuera».

El 2 de febrero de 1905 nació en San Petersburgo (Rusia) Alissa Zinovievna Rosenbaum. Alissa sería conocida a nivel mundial como Ayn Rand. Desde el principio, Alissa tuvo una relación muy tensa con su madre, Anna. Nunca hubo ni una traza de amor ni de verdadero afecto entre ellas. Anna dijo abiertamente a sus hijos que no eran deseados y que cuidaba de ellos simplemente como fruto de un sentido de deber. Madre e hija eran polos opuestos. Anna era frenéticamente social, no intelectual y estaba constantemente ocupada. Anna apreciaba a su hija seria y misántropa por su capacidad intelectual y sus logros académicos.

La relación de Alissa con su padre, un exitoso químico hecho a sí mismo, era tolerable, aunque formal y distante. Se enzarzaron en discusiones intelectuales cuando Alissa llegó a la adolescencia. Alissa era una solitaria. En la escuela, los niños la evitaban y rechazaban por ser rara y excéntrica, y fue apartada del entorno social normal. «A partir de sus progenitores y de los otros adultos se encontró con que el amor y la admiración eran adquiridos por las cualidades de su mente».

Ayn Rand vivió un periodo tumultuoso que vio la caída del zar y el ascenso de los violentos bolcheviques. Forzados a huir de su cómodo entorno de San Petersburgo, los Rosenbaum se fueron a Crimea, donde llevaron una vida de subsistencia. Ahí, Rand se vio sujeta a dosis diarias de hambre, frío y miedo. Sus años de infancia bajo el aplastante yugo del comunismo hicieron crecer en ella sentimientos de desesperanza y humillación. No era la falta de comida lo que provocó a Ayn su dolor psicológico en esa época y durante el resto de su vida. Fue la desolación, la ausencia de esperanza y la incesante adustez de la vida diaria: la total futilidad de la propia existencia.

A los veintiún años, después de acabar sus estudios universitarios, Alissa Rosenbaum obtuvo un visado y se mudó a Chicago a vivir con sus tías. Poco después de su llegada a EEUU, Alissa se cambió de nombre. Escogió Ayn, el nombre de una escritora finlandesa y eligió Rand cuando observó su máquina de escribir Remington-Rand. Sabía que sonaba bien. La estancia de Ayn con sus familiares judíos en Chicago fue muy variopinta. Eran una familia cálida y muy religiosa. Ayn se sentía rara y sola en el seno de un grupo tan cercano y cariñoso. Su estancia con ellos fue difícil debido a su inclinación por el egocentrismo y su completa falta de conciencia y consideración por los sentimientos de los demás.

Ayn se mudó a Hollywood, donde sobreviviría con trabajos poco cualificados que despreciaba. Fue durante esa época cuando Ayn conoció a Frank O'Connor en el plató Rey de Reyes, de D.W. Griffith. Ella actuaba como extra y él como actor con un pequeño papel. Sintieron una rápida atracción mutua. Ayn siempre dijo que estaba locamente enamorada de Frank. Él le tenía mucho cariño y admiraba su inteligencia. Sus amigos siempre se preguntaron si su matrimonio estaba motivado por el problemático estatus de Ayn como inmigrante. Pronto tendría que regresar a Rusia. El matrimonio con Frank resolvería este problema.

Durante el periodo en el que estaba escribiendo su novela más ambiciosa, La rebelión de Atlas, Ayn conoció a una pareja joven, Barbara Weidman y Nathaniel Branden. Los Branden se convirtieron en el centro de un círculo de adoración llamado el Colectivo que giraba en torno a Ayn Rand. Tras varios años sumergidos en este movimiento filosófico, se hizo muy obvio que Ayn y Nathaniel, un estudiante de psicología veinticinco años más joven que ella, sentían una atracción sexual mutua.

A medida que la relación progresó, Ayn celebró una reunión con Frank y sus «dos queridos amigos», Nathaniel y Barbara. Sin emociones ni fanfarrias, Ayn anunció claramente que ella y Nathaniel se verían a solas una tarde y una noche por semana, sin excepción. Al poco tiempo decidió que su unión sería total: sexual, intelectual y románticamente hablando. Aseguró a todas las partes que los dos matrimonios no se romperían y que el vínculo entre ella y Nathaniel era necesario e inviolable. Ayn insistió en que había una norma que no podía romperse: el trato entre ella y Nathaniel debería mantenerse en secreto para siempre.

Frank consintió calladamente el acuerdo, dando la bienvenida a Nathaniel en la puerta de su hogar dos veces por semana y yéndose de su casa mientras ese hombre joven, hermoso y viril le hacía el amor a su esposa. Frank se guardó su dolor para sí mismo. Se dirigió al único lugar que podría proporcionarle un respiro temporal: un bar. Allí se distrajo con licor y con compañeros cordiales en forma de un patrón destructivo repetitivo que le llevó por el camino de un alcoholismo intratable que destrozó su salud y mató su espíritu.

Barbara sufrió, durante años, ataques de pánico paralizantes como resultado del egoísmo de Ayn Rand. Como respuesta al dolor psicológico de Barbara, Ayn escribió un artículo sobre el asunto de las excesivas reacciones emocionales de Barbara. Ayn alcanzó un nuevo nivel de crueldad un día en el que ella y Nathaniel estaban juntos. Debido a su terror intratable y en aumento, Barbara llamó y preguntó si podría hablar con Ayn y Nathan en persona. Como respuesta al desesperado ruego de Barbara, Ayn dijo bruscamente: «¿Cómo te atreves a invadir mi tiempo con Nathan? ¿Eres indiferente a mi contexto? ¡Nadie me ayudó a mí cuando lo necesitaba!».

Ayn Rand, la autoproclamada sacerdotisa de la moralidad y la razón, conducía frecuentemente su vida profesional y personal sin poseer estas cualidades. Ayn, que era explosiva, venenosa y sádica, atacaba a sus amigos íntimos y a los seguidores de su culto como un león que mastica una presa recién cazada. Mientras predicaba la razón, su dios, Ayn actuaba impulsiva y temerariamente siguiendo sus fantasías sin la menor consideración al daño que provocaba en los demás. Ayn sólo aceptaba la obediencia ciega. Los que cuestionaban sus principios filosóficos eran criticados severamente y humillados al instante. Era incapaz de admitir errores. La narcisista falta de empatía de Ayn y su reflexiva capacidad para echar las culpas a los demás se mantuvieron bien firmes.

Cuando Ayn descubrió que Nathaniel había tenido una relación en secreto con Patricia Gullison, una joven miembro del Instituto Nathaniel Branden, y que le había ocultado la información, Ayn se volvió vengativa y usó la violencia física. Durante una fea discusión, reprendió a Nathaniel y le pegó una bofetada. Durante una interminable arenga, Ayn gritó: «¡Tu representación ha acabado! ¡Yo te creé y yo te destruiré!» y «¡No habrías sido nada sin mí y no serás nada cuando haya acabado contigo!».

(Extractos de “Liberarse del narcisismo” de Linda Martínez-Lewi-Ediciones Obelisco SL-Barcelona 2010).

miércoles, 17 de diciembre de 2025

El otro rostro de Maquiavelo

Por lo general, se asocia a Maquiavelo la imagen de un ideólogo algo malvado que aconseja a un político en el poder para que lo mantenga a costa de pisotear las elementales normas de convivencia. Sin embargo, hay autores que opinan que, en realidad, el autor de El Príncipe escribe una sátira para advertir a la población acerca de la penosa posibilidad de ser gobernados por un político con características totalitarias.

La posibilidad mencionada se debe a que Maquiavelo realiza sus actividades en una época en que en Italia predominan los gobiernos autoritarios y no habría sido una buena idea publicar escritos que se opusieran a tales tipos de mando. Denis Diderot escribió: “Cuando Maquiavelo escribió su tratado El Príncipe, es como si les hubiera dicho a sus conciudadanos: leed bien esta obra. Si alguna vez aceptáis un amo, será tal y como os lo describo; es esta la bestia feroz a la cual os abandonaréis. Así pues, fue un error de sus contemporáneos desconocer el objetivo de El Príncipe. Tomaron por un elogio lo que era una sátira” (Citado en “Spinoza, filosofía terrena” de Diego Tatián-Ediciones Colihue SRL-Buenos Aires 2014).

También Baruch de Spinoza lo interpreta en forma positiva. Leemos en el libro de Tatián la opinión de Spinoza: “Este prudentísimo varón [Maquiavelo] era favorable a la libertad e incluso dio atinadísimos consejos para defenderla”.

En el mismo libro aparece la opinión de Jean Jacques Rousseau: "Fingiendo dar lecciones a los reyes, Maquiavelo se las ha dado, y muy grandes, a los pueblos". "Maquiavelo era un hombre de bien, y un buen ciudadano, pero siendo adicto a la casa de Médicis, se vio precisado en la opresión de su patria, a disfrazar su amor a la libertad. La elección sola de su execrable heroe indica bastantemente su execrable intención; y la oposición que se nota en las máximas de su libro del príncipe con las de sus máximas sobre Tito Livio y su historia de Florencia, demuestran, que este profundo político se ha encontrado hasta ahora con lectores superficiales o corrompidos. Dícese que la corte de Roma ha prohibido severamente su libro. Ya lo creo; esta corte está retratada en él con la mayor claridad".

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martes, 16 de diciembre de 2025

Las causantes psicológicas del socialismo

Una descripción deseable, respecto de los procesos sociales, debe necesariamente partir de las actitudes básicas de los individuos involucrados. Si bien en casos como el de la Revolución Cubana, y en general del socialismo, casi siempre se parte desde las ideologías políticas y económicas que han de sustentar el proceso, una mejor descripción se llega cuando se consideran las actitudes emocionales de los líderes como también las predominantes en la sociedad o en la mayoría de la población.

Una descripción como la mencionada, como pocas veces se ha visto, ha sido establecida por ErnestoMiami, pseudónimo del periodista cubano Ernesto Clavelo, que publica videos en Youtube. Se recomienda el siguiente, cuyo título es:



La envidia mató a Cuba: la historia no contada del castrismo y por qué fracasó (Youtube)



Se recomienda su reproducción por cuanto es, posiblemente, la mejor descripción realizada acerca de las causantes psicológicas del socialismo.

lunes, 15 de diciembre de 2025

Europa ante el reemplazo poblacional

Durante la vigencia del Imperio Soviético, un jerarca del Partido Comunista de la URSS, terminaba sus discursos con la arenga: “Debemos destruir Occidente”, en cierta forma imitando al senador romano que terminaba sus discursos expresando: “Es menester destruir Cartago”. Como la caída del muro de Berlín no alcanzó a convencer a los sectores de izquierda, en muchos países se mantiene viva la esperanza en tal destrucción, siendo actualmente Europa el principal sector apuntado por los políticos socialdemócratas para continuar con el propósito que orienta sus vidas.

Como el fundamento de la cultura occidental es la moral judeo-cristiana (no siempre respetada en Occidente), aparece un importante aliado de la izquierda política, que es el Islam. Se dice que dos personas, o dos grupos, que tienen un mismo enemigo, tienen también la predisposición a hacerse amigos. Esta sociedad marxista-islámica parece encontrar en el cambio poblacional de Europa la forma efectiva y final para destruirla completamente.

Ello se logra fácilmente, a través de los años, con una pobre natalidad en los países europeos y una importante natalidad de los inmigrantes islámicos asentados en el continente europeo. A medida que crece el porcentaje de musulmanes, aumentan las persecuciones contra judíos y cristianos, que los llevará a refugiarse en países fuera de Europa.

Los “estímulos” que los organismos internacionales le dan a los europeos, para la consiguiente limitación o disminución poblacional, es el aborto legal, la homosexualidad, el cambio de género, la hiper-sexualización de los niños y todo lo que implique disminuir la natalidad autóctona. Por otra parte, amparados en el “sagrado” relativismo cultural, se les concede a los musulmanes la posibilidad de ignorar estas limitaciones a la fertilidad.

Se dice que la mejor arma que usa el diablo para pasar inadvertido, consiste en hacer que se niegue su existencia. En forma similar, los promotores internacionales de la destrucción de Europa, y de Occidente en general, califican de paranoicos a quienes aducen la existencia de una “batalla cultural” y, de ahí, del proceso destructivo que está viviendo Europa.

Se ha llegado al extremo de que el cristianismo casi se ha prohibido en Europa, junto a toda manifestación individual y colectiva, ya que los símbolos cristianos “ofenden” a los invasores musulmanes. Simultáneamente, los gobiernos socialdemócratas europeos promueven la expansión del Islam permitiendo todo tipo de manifestación pública.

La desigualdad ante la ley es notoria, ya que, si un cristiano, o un ciudadano europeo, ejerce violencia contra su mujer, podrá ser castigado por la ley. Pero un musulmán, ante las mismas acciones, podrá decir que tales acciones son permitidas por el Corán, que no es otra cosa que las directivas que el mismísimo Dios le expresó verbalmente a Mahoma.

Cuando los sistemas judiciales europeos amparan y encubren los delitos cometidos por inmigrantes, se aduce que tal actitud judicial desalienta la discriminación contra tales grupos. Sin embargo, tal encubrimiento favorece la continuidad de los delitos, de donde se hace evidente que, en cierta forma, el delito contra europeos nativos es algo favorecido por los sistemas legales mencionados.

No es de extrañar que en estos tiempos, en los que aún faltan algunos años para que la población musulmana supere a la europea, los musulmanes de Alemania claman por la creación de un Califato, es decir, de una autoridad islámica paralela a las autoridades del Estado alemán. Cuando los musulmanes sean mayoría, amparados por los derechos democráticos, podrán instaurar el Califato por vías legales, por cuanto las leyes vigentes, para ese tiempo futuro, serán las establecidas en el pasado por Mahoma mediante el Corán.