jueves, 4 de septiembre de 2025

Acerca de la personalidad

El conjunto de atributos que nos hacen únicos entre la enorme cantidad de seres humanos que habitan el planeta, recibe la denominación de "personalidad". Tales atributos derivan tanto de nuestra genética heredada como de la influencia familiar y social recibida. Si hay algo que contemple ambos aspectos, ese algo es nuestra actitud o respuesta característica, que posee la particularidad de ser estable en el tiempo, si bien puede ir cambiando a lo largo de nuestra vida.

Las definiciones actuales más aceptadas llevan implícita la existencia de la actitud característica, si bien no aparece en forma explícita por cuanto el concepto de actitud es propio de la Psicología social. Al respecto, María del Sol Fortea Sevilla escribió: "Desde la psicología se han hecho muchos intentos de definir la personalidad y cada uno pone el énfasis en aspectos diferentes. Por lo general, todas las definiciones hablan de conducta, de situación, de estabilidad, de aprendizaje...Elegir una es complicado, pero vamos a ver dos de las que cuentan con mayor apoyo científico".

"La aportada por el profesor Madi (1996) es sencilla y sirve de gran ayuda para iniciarnos en el conocimiento de la personalidad. La define como un grupo estable de características y tendencias que determinan los puntos comunes y las diferencias en el comportamiento psicológico (pensamientos, sentimientos, acciones) de las personas que son estables en el tiempo y no sólo el simple resultado de las presiones sociales y biológicas del momento".

"La comunidad científica, por su parte, ha aceptado y adoptado la definición de Pervin (1998) como el punto de partida del cuerpo de investigación, pues engloba todo lo necesario para comprender la personalidad. La define como «una organización compleja de cogniciones, emociones y conductas que da orientaciones y pautas (coherencia) a la vida de una persona. Como el cuerpo, la personalidad está integrada tanto por estructuras como procesos y refleja tanto la naturaleza (genes) como el aprendizaje (experiencia). Además, la personalidad engloba los efectos del pasado, incluyendo los recuedos del pasado, así como construcciones del presente y del futuro»" (De "Personalidad"-EMSE EDAPP SL-Barcelona 2021).

La personalidad de todo individuo involucra tanto los aspectos heredados como los adquiridos tratándose de atributos manifestados esencialmente bajo condiciones de interacción social. Por estar materializada como una predisposición a la acción, no parece ser otra cosa que la actitud característica de todo individuo. Theodore M. Newcomb escribió: “Nos hemos referido a la personalidad como a algo que es único, dinámico, social y organizado. Hemos señalado que es posible conocer ese «algo» sólo si observamos las unidades de motivación de un individuo, pero que no podemos decir que sus unidades de motivación sean su personalidad. Nos referimos más bien a aquello que «mantiene juntas» todas sus unidades de motivación, y que determina que toda su conducta, tanto actitudinal como expresiva, sea lo que es. Para los fines presentes, por lo tanto, entenderemos por personalidad la organización de un individuo de predisposiciones para actuar, incluyendo predisposiciones para la conducta directiva y para la conducta expresiva”.

“Esta definición no señala a la personalidad como algo meramente «ubicado» dentro de la piel de una persona. Las predisposiciones actitudinales apuntan tanto hacia adentro como hacia fuera; se refieren a algo del ambiente así como a algo del organismo. Aun las oportunidades expresivas dependen de la oportunidad ambiental para que aparezcan en la conducta real. La palabra «predisposición» implica necesariamente la frase «en condiciones ambientales adecuadas» (adecuadas para el individuo específico). La personalidad no puede ser definida de manera de omitir el ambiente, que, a pesar de estar en constante cambio, tiende a ser percibido en formas relativamente constantes por cada persona. De este modo las formas que tiene un individuo de percibir su ambiente se cuentan entre las más importantes de sus predisposiciones. Y, como tendremos ocasión de ver repetidas veces, las otras personas constituyen la parte más significativa del ambiente hacia el cual la personalidad individual está orientada en forma constante” (De “Manual de Psicología Social” (II)-EUDEBA-Buenos Aires 1972).

Por otra parte, Joseph Nuttin escribió: “Los psicólogos consideran generalmente la personalidad como una organización interna de rasgos, actitudes, aptitudes y congruencias en la conducta. En esta definición, sin embargo, falta la característica más importante. Esencialmente, la personalidad es una estructura que va más allá de su organización interna. Su rasgo más característico es el de que en su constitución están incluidas una visión del mundo y una apertura a él. La personalidad es una forma de ser y de comportarse en un mundo que existe para la persona (self). Esta perspectiva sobre el mundo o situación vital es un constituyente esencial de la personalidad. En este sentido, la estructura fundamental de la personalidad es una «unidad yo-mundo». Nada podría mutilar de modo más profundo el concepto de personalidad que la negligencia de este aspecto de apertura al mundo que ella posee. Si bien, como dice Lewin, es cierto que la personalidad que gobierna la conducta es una parte del campo psicológico, no debe olvidarse que el campo psicológico mismo, en el sentido general de «vivir en un mundo», entra en la composición de la personalidad” (De “Teorías de la personalidad” de H.P. David y H. von Bracken-EUDEBA-Buenos Aires 1977).

Una teoría de la personalidad compatible con el mundo real debe darle a todo individuo un sentido de la vida compatible con el sentido aparente de la humanidad impuesto por el orden natural como precio impuesto a nuestra supervivencia.

De todas formas, es necesario tener presente que existirán teorías de la personalidad que podrán adaptarse al campo de la psiquiatría mientras que resulta imprescindible disponer también de una teoría que describa al individuo permitiéndole advertir y mejorar aquellos aspectos que, manteniéndolos vigentes, derivarán en algún tipo de enfermedad social. De ahí los siguientes requisitos principales que tal teoría deberá reunir:

a) Que pueda vincularse de alguna manera a las investigaciones que se realizan en neurociencia
b) Que puedan extraerse de ella conclusiones prácticas accesibles al hombre común
c) Que permita establecer una ética natural elemental
d) Que contemple las tres dimensiones básicas del hombre (cuerpo, intelecto, sentimientos)
e) Que tenga presentes tanto a la evolución biológica como a la cultural
f) Que provea una orientación básica asociada a cierto sentido de la vida

Una teoría de la personalidad satisfactoria debe responder a la pregunta: ¿qué es el hombre? Podemos decir que es un ser emocional y racional cuya necesidad de supervivencia lo convierte en un ser social. Está motivado por cierta influencia del futuro, asociada a proyectos y ambiciones que le ayudarán a encontrarle cierto sentido a su vida. También se encuentra influenciado por el pasado, ya que lo lleva parcialmente depositado en su memoria, estando tal información asociada al proceso de adaptación cultural al orden natural; proceso en el que está involucrada toda la humanidad.

Desde la Psicología social aparece una propuesta que presenta la ventaja de poder orientar al individuo en cualquier etapa de su vida. La individualidad que sustenta toda personalidad viene asociada a una actitud característica con cuatro componentes afectivas: amor, odio, egoísmo e indiferencia. Entre ellas “elige” la proporción de cooperación y de competencia que manifestará en su comportamiento social. También presenta cuatro componentes cognitivas, debido a que requiere una referencia para poder establecer el proceso adaptativo básico de “prueba y error”, siendo tales referencias la propia realidad, la opinión propia, la opinión de otra persona o bien lo que piensa o cree la mayoría. Estas componentes son, en realidad, una manifestación, o resultante, de una previa teoría de la acción ética y de una teoría del conocimiento, que constituyen la base para establecer respuestas convincentes sobre la mayor parte del comportamiento individual y social del hombre, como serán las conclusiones respecto de ámbitos como la economía, política, cultura, educación, etc. Si se ha de sintetizar la conclusión práctica emergente de la información que disponemos acerca de la personalidad, podemos concretarlas en las siguientes:

a- Debemos ser conscientes de que resulta necesario desarrollar tanto nuestro potencial físico (corporal), como el mental (intelectual) y el afectivo (ético).
b- Debemos tratar de compartir las penas y las alegrías de los demás como propias.

A partir de este esquema básico se puede establecer o extraer una ética natural en la que el “debe ser” se logra a partir de una deducción a partir de “lo que es”, ya que en las componentes afectivas mencionadas se distingue y se define tanto el Bien como el Mal. Se promueve una actitud que lleva a la felicidad, mientras que permite interpretar el significado de la ética cristiana. Además, se niega la validez de los totalitarismos por cuanto impiden el desarrollo de las potencialidades individuales.

Puede decirse que el hombre ideal es el hombre “normal” adaptado al orden natural. Toda diferencia existente respecto a este hombre normal implica cierta deficiencia o anormalidad que debe, y puede, subsanarse. Al estar sometido al principio de complejidad-conciencia, el hombre queda al mando del proceso de la adaptación cultural, respondiendo a este principio a través de cierta concientización ante la necesidad de adoptar una actitud cooperadora materializada por la tendencia a compartir las penas y las alegrías de los demás como propias.

Entre los principales exponentes del humanismo puede citarse a Abraham H. Maslow, quien prioriza los aspectos que motivan al individuo y que le permiten encontrar un sentido de la vida. Colin Wilson escribió: “De acuerdo con Maslow, la salud mental depende de la voluntad avivada por un sentido de propósito. Cuando los seres humanos pierden su impulso hacia delante, las baterías de la voluntad se descargan, exactamente del mismo modo que las baterías del automóvil cuando se deja éste en la cochera todo el invierno. El resultado es un sentimiento de «fracaso en la vida», una pérdida de valores instintivos. En la psicología de Maslow, el lugar central es conferido al sentido de los valores de la reacción humana a lo que vale la pena”.

“Es una de las absurdas paradojas de la psicología, que ha necesitado tres siglos para llegar a la conclusión de que el hombre posee en verdad mente y voluntad” (De “Nuevos derroteros en psicología”-Editorial Diana SA-México 1979).

Entre los componentes básicos de una teoría general de la personalidad no sólo se han de tener presentes el aspecto emocional del hombre y el aspecto cognitivo, sino también aquello que nos oriente respecto de la adopción o el descubrimiento de un sentido de la vida. Viktor Frankl escribió: “Cada época tiene sus neurosis y cada tiempo necesita su psicoterapia. En realidad, hoy no nos enfrentamos ya, como en los tiempos de Freud, con una frustración sexual, sino con una frustración existencial. El paciente típico de nuestros días no sufre tanto, como en los tiempos de Adler, bajo un complejo de inferioridad, sino bajo un abismal complejo de falta de sentido, acompañado de un sentimiento de vacío, razón por la que me inclino a hablar de un vacío existencial” (De “Ante el vacío existencial”-Editorial Herder SA-Barcelona 1980).

También Alfred Adler contempla cierta finalidad que debe alcanzar el hombre, por lo que escribió: “Nuestra idea del sentimiento de comunidad ha de llevar en sí el objetivo de una comunidad ideal como forma definitiva de la humanidad, como un estado en que todos los problemas que nos plantea la vida y nuestras relaciones con el mundo se nos parecen como ya resueltos. Pues todo aquello que encontremos valioso en nuestra vida, todo lo que subsiste y subsistirá, es siempre un producto de este sentimiento de comunidad, de este ideal orientador, de esta final meta de perfección”.

“¿Qué ha pasado con aquellos hombres que no han contribuido en nada al bienestar de la generalidad de los mortales? Y la contestación es la siguiente: Han desaparecido hasta en sus últimos vestigios. Nada ha quedado de ellos; se han extinguido somática y espiritualmente; se los ha tragado la tierra. Les pasó como a aquellas especies animales desaparecidas por no haber podido ponerse al unísono con las circunstancias cósmicas. Aquí tropezamos con una ley secreta, como si el Cosmos, siempre inquisitivo, nos ordenara: «¡Desapareced! ¡No habéis comprendido el sentido de la vida y no hay para vosotros porvenir!»” (De “El sentido de la vida”-Luis Miracle Editor-Barcelona 1959).

Un aspecto interesante extraído de la opinión de Alfred Adler radica en la posible existencia de un sentido de la vida objetivo, que depende del propio orden natural, y no sólo de las posibles elecciones que el hombre haga respecto de su orientación de la vida. Es decir, de todas las posibles elecciones del hombre, habrá algunas que se adaptarán en mayor medida al sentido impuesto por el orden natural y que está implícito en el espíritu de sus leyes.

En la adopción de las actitudes viene implícita cierta escala de valores, de ahí que quien adopta una actitud cooperativa en cierta forma está definiendo una preferencia por ciertos valores y cierto rechazo por otros. Edwin Hollander escribió: “Las actitudes implican expectativas acerca de nuestra propia conducta y de la conducta de otros y se vinculan con todos los aspectos de la vida social; por ende, sus múltiples efectos son evidentes a nuestro alrededor. Los gustos, los modales y la moral que nos caracterizan reflejan nuestras actitudes, así como los valores sociales que les sirven de base. La visión que un individuo tiene de su mundo y el modo en que actúa frente a él pueden ser entendidos, en gran medida, observando las actitudes que conforman su campo psicológico” (De “Principios y métodos de psicología social”-Amorrortu Editores SCA-Buenos Aires 1968).

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