miércoles, 10 de diciembre de 2025

Las propuestas antinaturales

Cuando un ingeniero se propone construir un edificio o un puente, se supone que primeramente conoce las leyes de la física. Antes de que estas leyes estuvieran formuladas con cierta precisión, los antiguos constructores tenían un conocimiento intuitivo de las mismas, de manera que pudieron realizar obras que perduran en el tiempo. Si tales leyes no son contempladas, o no se logra compatibilizar los proyectos con ellas, seguramente los edificios y los puentes no responderán a las utilidades o necesidades por las cuales se construyeron, o bien se derrumbarán.

En cuestiones humanas ocurre algo similar, ya que también los seres humanos estamos regidos por leyes naturales, por lo que es imprescindible tenerlas presentes cuando se busca la seguridad y la supervivencia individual y colectiva. Sin embargo, importantes sectores de la sociedad suponen que la tarea de los seres humanos consiste en diseñar modelos de sociedad, o modelos de ser humano, desconociendo totalmente las leyes naturales que nos rigen y acatando solamente las propuestas de los “ingenieros sociales” que, muchas veces, tratan que la humanidad actúe y se oriente hacia un modelo establecido a “imagen y semejanza” del soberbio diseñador.

Siendo la empatía emocional el principal factor de supervivencia individual y colectiva, ya que mediante tal atributo tenemos la predisposición a compartir penas y alegrías ajenas como propias, lo que no es otra cosa que el amor al prójimo predicado en la Biblia, resulta llamativo que la palabra “amor” no aparezca en ninguna parte del Corán, al menos según lo afirma el periodista Raad Salam, por lo cual estamos ante la presencia de un “diseño humano” que no tiene en cuenta la principal ley de supervivencia. Por el contrario, aparece la palabra “yihad”, que promueve la lucha contra los infieles (judíos y cristianos, principalmente), por lo cual se trata de una propuesta anti-bíblica y anti-natural.

Mahoma no dice que sus violentas prédicas surgen de su mente, sino que las atribuye a Dios, por lo cual se toma la atribución de hablar en nombre de Dios asociándole una personalidad violenta, similar a la supuesta en el Antiguo Testamento. De esa forma pretende mostrar cierta legitimidad para hacer que toda la humanidad se guíe y obedezca sus directivas a fin de materializar sus proyectos personales. Todos estos inconvenientes surgen de la creencia en un Dios que interviene en los acontecimientos humanos, mientras que si sólo nos atenemos a la existencia de leyes naturales invariantes, desaparecen las contradicciones de este tipo.

Ante la penosa destrucción cultural de Europa, favorecida por sus gobiernos socialdemócratas, que aceptan el Islam y rechazan el cristianismo, se advierte un futuro sombrío para la humanidad. Como el Corán prioriza la sabiduría (islamismo) al conocimiento (ciencia), no debe extrañar que sólo 3 científicos musulmanes hayan obtenido un Premio Nobel en ciencias, mientras que los judíos, con una población muchísimo menor, han logrado unos 150 premios Nobel en esas ramas del conocimiento.

Cuando los países actúan como un imperio, en algunos casos incorporan a los países conquistados para beneficio de ambos, como pudo ser el caso del Imperio Romano. Por el contrario, gran parte de los países colonizadores trataron de beneficiarse unilateralmente con las colonias, si bien también los beneficiaron en varios aspectos. El Islam, como un Imperio totalitario expansivo, al buscar la actual eliminación de los judíos y la islamización de Europa, muestra un aspecto puramente destructivo, ya que apunta a una severa limitación futura del desarrollo científico y cultural de importantes sectores de la humanidad.

También al Che Guevara se le asocia la intención de buscar un cambio que ignora toda ley natural vinculada a los seres humanos. Carlos Alberto Montaner escribió: “Guevara fue el primer, último y único «hombre nuevo» que dio el proceso revolucionario. Ese cubano del futuro, desinteresado, laborioso, honesto, crítico, no era otro sino él. Esa criatura que vendría, y para la cual el trabajo era como un privilegio, no encontrando mejor remuneración que la satisfacción de llevarlo a cabo, era él mismo. El Che quería multiplicar su imagen. Pretendió –acaso sin tener conciencia de ello- preñar a millones de cubanos con su particular sementera. Como todos los apóstoles, proyectaba en los demás la concepción heroica de sí mismo”.

“Convirtió su tipo en arquetipo repitiendo un fenómeno tan viejo como los hombres. Sin embargo, con la búsqueda del «hombre nuevo» le confirió dignidad a la empresa revolucionaria. Casi nadie notaba entonces el atropello de los hombres viejos. De todos aquellos bípedos que no podían ni querían parecerse a Guevara. De toda la gente que entiende que trabajar es un incordio para quienes el «futuro de la humanidad» es una abstracción mucho más frágil que el futuro de la familia”.

“Guevara era un héroe y quería poner una fábrica de héroes. La ingeniería de su nuevo bicho revolucionario se le antojaba sencilla por ese inusitado mecanismo simplificador que opera en las neuronas de los apóstoles. Si él, con un asma que se caía, y unas piernas flacas que apenas lo levantaban, había hecho la revolución, ¿por qué no los demás? ¿Por qué no todo el mundo? Para Savonarola, para Ignacio de Loyola, para Robespierre, estas cosas son fáciles”.

“El Che ha sido uno de los peores funcionarios en la historia de la administración pública de Cuba. Si un ministro de Industria o un director del Banco Nacional de cualquier país civilizado cometen los disparates que cometió Guevara, tendría que suicidarse. Más o menos lo que hizo Guevara. Tan pronto comprobó que «el hombre nuevo» no era viable y que él mismo había fracasado en las tareas del gobierno, se encaramó en Rocinante y se largó a atacar nuevos molinos de viento” (De “Víspera del final: Fidel Castro y la Revolución Cubana”-Globus Comunicación-Madrid 1994).

Giovanni Papini tiene presente la advertencia bíblica que recomendaba “no ser como dioses”, es decir, no jugar a imponer modelos humanos a toda la humanidad por cuanto ello apunta a un seguro derrumbe de las sociedades humanas con el consiguiente aumento del sufrimiento generalizado. Al respecto escribió: “Los hombres saben que están destinados, según la promesa, satánica, a convertirse semejantes a Dios. No quieren quedar ante el mundo como espectadores y contempladores, no se consuelan bastante con los mundos imaginarios que les ofrece el arte o la religión. Quieren que el mundo real sea semejante a sus imaginaciones y obedezca a sus voluntades. Ellos estarán así, obligados a hallar todavía otras imaginaciones, siempre más extrañas y grandiosas, y a transformar siempre el mundo”.

“El universo debe convertirse en la dócil arcilla con la cual el Hombre-Dios dará forma a sus fantasías” (De “El crepúsculo de los filósofos”-Editorial TOR-Buenos Aires 1936).

Quienes rechazan la existencia de un Dios con atributos humanos, o incluso rechazan la existencia de un orden natural, pudiéndoselos denominar como ateos, son proclives a destinar sus vidas a ocupar el lugar de ese Dios o de ese orden natural que rechazan.

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