domingo, 28 de diciembre de 2025

La sociología precientífica

Los enormes avances logrados por las ciencias exactas y experimentales, como la física, las matemáticas y la biología, contrasta con los pobres resultados logrados por la sociología, ya que en ella todavía se aceptan teorías que son incompletas o inexactas, si bien pueden utilizarse perfectamente para el adoctrinamiento político de estudiantes de todos los niveles y de la población en general.

Los resultados logrados por las ciencias como la física, se deben a la prioritaria búsqueda de la verdad por parte de los investigadores, teniendo en mente la propia realidad con sus leyes naturales. De ahí que el “método de la ciencia” implica principalmente la posesión de una actitud y una vocación auténtica por conocer la verdad en el campo de investigación elegido. Karl R. Popper escribió: “La ciencia debe afanarse en la verdad objetiva, en la verdad que depende sólo de los hechos; en la verdad que se halla por encima de autoridad y arbitrio humanos, y sin duda por encima de las modas científicas. Algunos sociólogos no logran comprender que este objetivo es una posibilidad a la que la ciencia (y, por ende, los científicos) debe aspirar. Después de todo la ciencia ha aspirado a la verdad al menos durante dos mil quinientos años” (De “Un mundo de propensiones”-Editorial Tecnos SA-Madrid 1992).

Se dice que, mientras que los humanistas utilizan lápiz y papel, los científicos auténticos utilizan lápiz, papel y un cesto para arrojar papeles. La falla evidente de la sociología radica en que teorías totalmente erróneas, como el marxismo, todavía se las considere dentro del ámbito de tal rama del conocimiento. Así, la “lucha de clases”, entre opresores y oprimidos, desconoce la existencia de amplios sectores que no son ni lo uno ni lo otro.

En un mercado competitivo, no existe tal explotación por cuanto, temiendo perder parte de su capital humano, los empresarios tratan de mantenerlo a toda costa. Por el contrario, la explotación laboral se establece casi sin excepciones en los sistemas socialistas, como es el caso del Estado cubano que “alquila” a otros países a muchos de sus médicos, pagándoles un pequeño sueldo quedándose el Estado con la mayor parte del “alquiler”.

Es el marxismo el que favorece la lucha de clases, sembrando odio y difamando al sector productivo. Incluso promoviendo “destruir violentamente el orden social” para instaurar una sociedad diseñada por Marx. El robo y el asesinato son aceptados como algo normal en unos escritos que algunos consideran dignos de ser parte de la sociología. Una ciencia auténtica describe leyes naturales y propone acciones para optimizarla, mientras que es algo ajeno a la ciencia social “diseñar” sociedades a las cuales se debe adaptar el ser humano, como las propuestas que ofrecen tanto el marxismo como el Islam.

Cuando alguien afirma que el marxismo es una propuesta científica, se debe aclarar si es compatible con la realidad, o no. Ya que, como la ciencia experimental utiliza el método de "prueba y error", es parte esencial de la ciencia establecer hipótesis aproximadas, o bien erróneas, que luego se corregirán o bien se desestimarán. Ni siquiera el marxismo utiliza tal método, sino que los marxistas suponen que la propia naturaleza acepta el proceso de "tesis, antitesis y síntesis", algo parecido al yin y el yang de los chinos.

Xavier Rubert de Ventós escribió: “El pensamiento científico, dice Popper, no puede ser pacato y andarse con pies de plomo como parecen exigir el lógico y sugerir el teórico de la ciencia. Al contrario: ha de tratar de adivinar y arriesgarse lanzando hipótesis prematuras e injustificadas sobre el comportamiento de su objeto de estudio. Una vez lanzada una hipótesis, sin embargo, la actitud del científico no tiende a justificar o autentificar esta hipótesis sino todo lo contrario; a tratar de refutarla o falsarla; a demostrar que no es verdad contrastándola desde todos los puntos de vista con los hechos. Sólo una hipótesis que resista todos nuestros esfuerzos por refutarla podrá ser considerada como cierta”.

“Contra esta actitud se levanta evidentemente el natural apego que sentimos por nuestra obra, a la que tendemos más a arropar que a refutar, a justificar más que a contrastar. «El plagio más difícil de evitar –decía Proust- es el plagio de uno mismo». Cuando la realidad desborda nuestra teoría, preferiríamos que la realidad fuera más decorosa y discreta para mantener la integridad de nuestra construcción; y a menudo optamos por recortarla o «interpretarla» antes que demoler o ampliar la teoría que se quedó chica” (De “Moral y nueva cultura”-Alianza Editorial SA-Madrid 1971).

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