lunes, 29 de diciembre de 2025

Acerca de la "culpa colectiva"

Es frecuente la costumbre de establecer una “generalización fácil” al asignar a todos los integrantes de un grupo social ciertos atributos, ya sean positivos o negativos. Ello conduce, por lo general, a muchas injusticias, como es el caso de atribuir culpas colectivas.

Así, a pocos se nos hubiera pasado por la cabeza que un nazi de cierto rango ayudara a los detenidos en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, ya que la “generalización fácil” nos indicaba que “todos los nazis” deberían tener atributos personales similares a los de Hitler o a los de Goebbels. El error se debe a no tener presente que, bajo gobiernos totalitarios, la desobediencia a tales gobiernos se pagaba con la propia vida y el acatamiento forzado era la única alternativa de supervivencia.

A continuación se trascribe un escrito de Víktor E. Frankl:

ACERCA DE LA “CULPA COLECTIVA”

El que habla de culpa colectiva se ubica a sí mismo del lado de la injusticia. En donde pude, constantemente, me pronuncié en contra de la culpa colectiva. En mi libro sobre el campo de concentración –un libro cuya traducción inglesa está divulgada en más de nueve millones de ejemplares, sólo en EEUU, relato el siguiente episodio: “El comandante del último campo en donde estuve y del cual fui liberado, era un hombre de las SS. Después de la liberación, nos enteramos de algo hasta ese momento sólo lo sabía un médico del campo (también prisionero): ¡el comandante había gastado en forma secreta, de su propio bolsillo, importantes sumas de dinero para comprar en la farmacia del poblado cercano medicamentos para sus prisioneros!”.

“Esta historia tuvo una continuación: después de la liberación, prisioneros judíos escondieron al hombre de las SS de las tropas norteamericanas, y le informaron al comandante de éstas que sólo lo entregarían bajo la condición de que no le sería hecho daño alguno. El comandante de las tropas norteamericanas, entonces, les dio su palabra de honor de oficial, y los prisioneros judíos le presentaron al anteriormente comandante del campo. El comandante norteamericano nombró al hombre de las SS nuevamente como comandante del campo, y éste organizó para nosotros campañas para juntar alimentos y ropa entre los habitantes de los pueblos aledaños”.

En el año 1946 no gozaba de popularidad oponerse a la culpa colectiva o poner la cara por un nacionalsocialista, tal como lo hice. Frecuentemente, esto me trajo reprimendas de parte de diferentes organizaciones. En esa época escondí en mi casa a un colega que poseía algún distintivo de honor de la Juventud Hitleriana, del que me había enterado que la Policía del Estado lo estaba buscando para presentarlo a un proceso judicial popular (allí sólo se declaraba absolución o pena de muerte). De esa manera lo protegí de la mano de las autoridades.

Me pronuncié en contra de la culpa colectiva –era el año 1946- cuando en presencia del comandante de las tropas de ocupación francesas, un general, di una conferencia en la zona ocupada por los franceses. Al día siguiente, me vino a ver un profesor de la universidad, un ex oficial de las SS, y me preguntó –con lágrimas en los ojos- cómo justo yo tenía el coraje para oponerme públicamente al enjuiciamiento global. “Usted no lo puede hacer”, le respondí, “usted hablaría pro domo. Mas yo soy el ex prisionero N° 119.104, y como tal sí lo puedo hacer, y por eso también lo debo hacer. A mí me lo aceptan, y esto por lo tanto significa un compromiso”.

(De “Lo que no está escrito en mis libros”-Editorial San Pablo-Buenos Aires 2011).

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