Se denomina “discriminación positiva” a la intención de compensación, establecida desde el Estado, hacia sectores que en el pasado fueron marginados o discriminados por cuestiones de raza, clase social, religión o nacionalidad, principalmente. Ello conlleva también cierta discriminación actual contra los descendientes de los antiguos discriminadores, ya que la principal discriminación es la de constituir el sector de la “gente mala”.
Cuando en una universidad, o en un trabajo estatal o privado, se legisla a favor de cierto cupo, o porcentaje obligatorio de ingreso de individuos pertenecientes a sectores previamente discriminados, se desvirtúa el ingreso por méritos y capacidad, por lo que en cierta forma se sigue estableciendo una desigualdad esencial, que es la base de toda discriminación existente.
Puede decirse que en una misma persona coinciden la intención de discriminar positivamente a algún sector de la sociedad, buscando protegerlo o convalidarlo, junto a una implícita, o bien explícita, discriminación negativa hacia el sector que le produjo algún mal al grupo anterior. Así, si alguien busca que la sociedad sea benevolente con algunos delincuentes (discriminación positiva), simultánamente considerará que la sociedad marginó previamente a tales individuos, siendo así la sociedad la culpable de la violencia social (discriminación negativa).
Para disimular el odio en contra de ciertos sectores, muchos adoptan el camino de la promoción del proteccionismo de otros sectores, supuestamente víctimas de aquellos. El caso más frecuente es el de la discriminación positiva hacia el sector obrero, al cual se lo supone explotado laboralmente por el sector empresarial, el cual será discriminado negativamente mediante todo tipo de difamaciones y represalias. El odio reinante en muchas sociedades se advierte en la doble discriminación, a favor de unos y en contra de otros, promovida por los diversos ideólogos de la violencia.
Con todo esto no quiere decirse que existan sectores de la sociedad exentos de culpas, sino que, advertidos los problemas existentes, se trata de establecer una descripción de los seres humanos como individuos y no como grupos. En este último caso siempre se promueve una generalización fácil que conduce a aumentar toda violencia existente.
Así como el señalamiento contra personas contaminadoras del medio ambiente ha motivado y dado un sentido de la vida a muchos ecologistas, el señalamiento contra personas discriminadoras ha dado un sentido de la vida a los promotores del igualitarismo y de la anti-discriminación. Mientras el ecologista adopta una postura de superioridad moral convirtiéndose en juez del resto de la humanidad, al menos respecto a la conservación del medio ambiente, corriendo el riesgo de exagerar su postura hasta sostener que, además de los integrantes de Greenpeace, el resto de las personas es un potencial destructor de la naturaleza, el militante anti-discriminación corre el riesgo de caer en una forma similar de discriminación, que es la de inducir a la sociedad a que excluya a las personas “malas” (los discriminadores).
En este caso se advierte una postura enfermiza por la cual el militante de la anti-discriminación escucha con atención cada palabra emitida por potenciales discriminadores esperando que caigan en algún error verbal para denunciarlos a los cuatro vientos y hacerlos pasar desde ese momento al grupo de las “malas personas” por cuanto sugiere tácitamente su aislamiento social, generalmente por haber tenido la mala fortuna de haber emitido alguna palabra o expresión que fue detectada por la nueva inquisición que vela por la igualdad de las personas.
La manera de erradicar todo tipo de nacionalismos, racismos y demás, se logra teniendo presente que somos partes de la humanidad y que todo ser humano tiene un mismo origen biológico y que está regido por iguales leyes naturales. Además, debemos dejar de lado la “generalización fácil”, por la cual hacemos extensiva nuestra opinión, favorable o no, a todo un sector de la sociedad o de la humanidad a partir del conocimiento de una o dos personas integrantes de dicho sector.
Las grandes catástrofes sociales del siglo XX estuvieron basadas en alguna forma de discriminación. Ayn Rand escribió al respecto: “El racismo de la Alemania nazi, donde los hombres tenían que llenar cuestionarios sobre su ascendencia, retrocediendo varias generaciones para probar su origen ario, tuvo su contraparte en la Rusia soviética, donde los hombres debían completar cuestionarios similares para demostrar que sus antepasados no habían poseído propiedad alguna, probando así su origen proletario. La ideología soviética se apoya en la idea de que los hombres pueden ser condicionados genéticamente para el comunismo, es decir, que unas pocas generaciones condicionadas por una dictadura transmitirán la ideología comunista a sus descendientes, en quienes el comunismo será congénito”.
Respecto de la discriminación, negativa y positiva, que existía, y existe, en los EEUU, la citada autora escribió: “Esta acumulación de contradicciones, de miope pragmatismo, de cínico desprecio hacia todo principio, de atroz irracionalidad, ha alcanzado ahora su clímax con las nuevas demandas de los líderes negros” [Escrito en 1963].
“En lugar de luchar contra la discriminación racial, exigen que ésta sea legalizada y puesta en vigencia. En lugar de luchar contra el racismo, demandan el establecimiento de cupos raciales. En lugar de luchar a favor de la «ceguera ante el color» en las cuestiones sociales y económicas, declaran que esa «ceguera» es perjudicial y que el «color» debe ser la consideración primordial. En lugar de luchar por iguales derechos, piden privilegios raciales especiales”.
“Demandan que se establezcan cupos raciales en cuanto al empleo y que los puestos se distribuyan sobre una base racial, en proporción al porcentaje de habitantes de una raza determinada entre la población local. Por ejemplo, dado que los negros constituyen el 25% de la población de Nueva York, solicitan que una empresa determinada ocupe a un 25% de negros”.
“El sistema de cupos raciales ha sido uno de los peores males en todos los regímenes racistas. Había cupos raciales en las universidades en la Rusia zarista, en la población de las principales ciudades de Rusia, etc. Una de las acusaciones contra los racistas norteamericanos es que algunas escuelas practican un sistema secreto de cupos raciales. Se consideró una victoria de la justicia cuando en los cuestionarios de solicitudes de empleo se dejó de preguntar cuál era la raza o la religión del solicitante. ¡Hoy no es un opresor, sino un grupo minoritario oprimido quien reclama la aplicación de cupos raciales!”.
“Esta demanda en particular resultó excesiva, aun para los socialdemócratas. Muchos de ellos la denunciaron, como corresponde, con profunda indignación. Dijo el diario New York Times (23/7/1963): «Los manifestantes siguen un principio verdaderamente vicioso al jugar a los 'números'. El reclamo de que el 25% (o cualquier otro porcentaje) de empleos debe ser ocupado por negros (o cualquier otro grupo) es erróneo por una razón fundamental: exige un 'sistema de cupos', que es discriminatorio en sí mismo… Este diario ha combatido, desde hace ya mucho tiempo, un cupo religioso en relación con los jueces designados; del mismo modo, nos oponemos a un cupo racial con respecto a los empleos, desde los más encumbrados hasta los más humildes»”.
“No sólo se demandan privilegios especiales sobre la base del origen racial, sino que se exige que el hombre blanco sea castigado por los pecados cometidos por sus antepasados. Demanda que se rechace a un trabajador blanco porque su abuelo pudo haber practicado la discriminación racial, aunque quizá no la practicó, o tal vez ni siquiera vivió en los Estados Unidos. Pero como estas cuestiones no se toman en consideración, significa que ese trabajador blanco es acusado de una culpa racial colectiva, culpa que consiste meramente en el color de la piel”.
“Ahora bien, ése es el principio por el que se rige el peor sureño racista, que carga a todos los negros con la culpa racial colectiva por cualquier crimen cometido por un individuo negro, y que los trata a todos como inferiores basándose en el hecho de que sus antecesores fueron salvajes” (De “La virtud del egoísmo”-Grito Sagrado Editorial-Buenos Aires 2007).
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