jueves, 25 de diciembre de 2025

El bien vs. El mal

En épocas pasadas predominaba la idea de que el mal era “una ausencia del bien”. Ello implica que la mayoría de los individuos estaba de acuerdo en el camino hacia la felicidad, pero unos lograban mayores niveles de felicidad que otros. En ese entonces, el bien era la felicidad plena, mientras que el mal implicaba no haber logrado el objetivo previsto.

En la actualidad, pareciera predominar una doble búsqueda, es decir, unos buscan el bien a partir de una actitud cooperativa, mientras que otros buscan la felicidad en el mal que pueden sufrir los demás, por lo que buscan infligirlo, burlándose de los fracasos ajenos y envidiando sus éxitos. Mientras que los primeros aumentan su nivel de felicidad compartiendo la felicidad ajena, otros suponen que la felicidad a lograr dependerá del fracaso ajeno, como es el caso del aficionado de River Plate que siente mayor placer cuando pierde Boca Juniors que cuando gana su propio equipo, y viceversa.

Si bien este camino resulta atractivo y fácil de lograr, poco se tiene en cuenta que los éxitos del rival le producirán bastante infelicidad, por lo que resulta ser un “mal negocio”. La burla y la envidia siempre coexisten en un mismo individuo. Desmond Morris escribió: “La felicidad de finalidad depende del logro de una meta personal, pero no necesariamente a costa de un rival, mientras que en la felicidad competitiva el triunfo es siempre a expensas de un rival” (De “La naturaleza de la felicidad”-Editorial Planeta SA-Barcelona 2006).

Al nivel de los países y las ideologías parece que ocurre algo similar. Este es el caso de las naciones que buscan expandirse a través de conquistas territoriales, o bien los movimientos políticos que buscan someter mental y materialmente a todo el resto de la humanidad, pensando en el éxito competitivo e ignorando completamente los efectos que producirán en los sectores conquistados. En el primer caso puede mencionarse la expansión territorial de Rusia, que parece olvidarse de los 6 o 7 millones de ucranianos que asesinaron en la etapa soviética. Aún así, hay partidarios que están a favor de Rusia sin apenas importarles que los ucranianos sí recuerdan el genocidio ruso-soviético y que por ello pretenden acercarse más a los países occidentales que a seguir bajo el dominio ruso.

Alemania se arrepiente y pide disculpas por la matanza de judíos, y otras etnias, en épocas de la Segunda Guerra Mundial. Muestran de esa forma una intención de mostrar dignidad nacional y esperanzas de volver a ser una civilización plena. Rusia, por el contrario, no se arrepiente ni pide disculpas por la matanza de ucranianos durante la etapa de Stalin, Por el contrario, pierde la dignidad y su esperanza en llegar a ser una nación civilizada.

Los antiguos adherentes al Imperio Soviético no olvidan fácilmente su “madre patria”. Incluso llama la atención el desprecio total y absoluto que algunos sienten por los ucranianos, ya que les parece algo “necesario” y casi natural, para la expansión territorial rusa, la utilización de armas nucleares por parte de Rusia para ser arrojadas sobre Ucrania. La felicidad “soviética” se alcanzará cuando, guerra mediante, recuperen los territorios que alguna vez constituyeron Rusia.

Si cada país europeo pretende “volver a los antiguos territorios”, se vislumbra sólo un futuro de guerras y de millones de muertos. Ideas territoriales similares se advierten en sectores de Israel, que abogan por expandirse hasta recuperar los territorios que aparecen en la Biblia. Otros buscan restaurar territorialmente el Imperio Otomano, el Imperio Austro-húngaro, etc., para asegurar que Europa se convierta en un verdadero infierno.

Algo similar ocurre con el Islam, que quiere dominar o esclavizar mental y materialmente a todo europeo, y a todo habitante del planeta, imponiéndoles la voluntad de Mahoma. El multiculturalismo, por el cual son válidas todas las culturas, menos la occidental y cristiana, es el pretexto utilizado por los propios europeos para facilitar su inevitable suicidio cultural. Como ejemplo de esta mentalidad, se observa un video en el cual un joven inglés le sugiere a otro inglés, algo mayor, que retire del frente de su casa una bandera de San Jorge, que tiene una cruz, por cuanto ello “ofende a los musulmanes”. Ante tal absurdo reclamo, la persona mayor le recuerda al joven que está en su casa, poniendo una de las banderas de su propio país, etc. De ahí que el joven responde que “el Reino Unido es multicultural”, como pretexto para borrar todos los símbolos cristianos pero legitimando todo símbolo o acción islámica, esté o no de acuerdo con las elementales normas morales aceptadas desde épocas remotas.

En el proceso de islamización de Europa, se advierte claramente que, para algunos, los símbolos del cristianismo, que es una religión que promueve el principal proceso de supervivencia individual y colectiva, como lo es la empatía emocional, resultan “ofensivos”. De ahí que tal actitud muestra expresamente la promoción del mal, por parte del Islam, al negar rotundamente la ética bíblica. Es decir, sus acciones no llegan solamente a sentirse “ofendidos” por la simbología cristiana, sino que buscan abolirla. Aducen, además, que la conversión de los “infieles” al Islam, se hará “por las buenas o por las malas”, lo que no excluye asesinatos masivos como ocurren principalmente en algunos países africanos, incendiando en África unos 18.000 templos cristianos.

Llama la atención que en Nueva York triunfara electoralmente un musulmán, que seguramente festejó, como muchos otros musulmanes y socialistas, los atentados contra las torres gemelas de esa ciudad. Al menos nunca se les ha escuchado algún arrepentimiento o bien sugerencias para que sus correligionarios abandonen las prácticas terroristas. Este triunfo electoral también puede considerarse como una especie de suicidio cultural similar al que han elegido los europeos.

El grado de locura es tan grande que todo aquel que critica la violencia y los asesinatos masivos, es considerado un emisor de “mensajes de odio”, siendo un caso similar al de los partidarios de Rusia cuando aducen que la cantidad de muertos en la guerra contra Ucrania se deben a la culpabilidad del que se defiende y no se rinde (Zelenski), en lugar de culpar a Putin por ser el agresor.

El mal se difunde en nuestra época con mayor facilidad que en épocas anteriores. Ello no sólo se debe al aumento de la población mundial, sino a la posibilidad que brinda Internet para la difusión de mentiras y falsedades de todo tipo. Mientras que, bajo la Alemania nazi, un ciudadano cualquiera podía convertirse en un peligroso asesino de multitudes, como mostró Hannah Arendt respecto de Adolf Eichmann, debido a la simple obediencia al Estado, en la actualidad ocurre algo similar en el caso de la “obediencia a una ideología” por la cual, votaciones mediante, cualquier peligroso individuo puede convertirse en un líder totalitario.

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