viernes, 6 de marzo de 2015

Maltrato psicológico y política

Estando acostumbrados a observar en los medios masivos de comunicación las diversas formas de maltrato, cabe también contemplar el que sufre el ciudadano común por parte de las autoridades de gobierno cuando se trata de personas que pueden calificarse como perversas. Si bien todo individuo puede eludir la influencia directa del gobernante, le resultará menos fácil eludir la indirecta ejercida por sus adeptos. Marie-France Hirigoyen escribió: “Mediante un proceso de acoso moral, o de maltrato psicológico, un individuo puede conseguir hacer pedazos a otro. El ensañamiento puede conducir incluso a un verdadero asesinato psíquico. Todos hemos sido testigos de ataques perversos en uno u otro nivel, ya sea en la pareja, en la familia, en la empresa, o en la vida política y social. Sin embargo, parece como si nuestra sociedad no percibiera esa forma de violencia indirecta. Con el pretexto de la tolerancia, nos volvemos indulgentes” (De “El acoso moral”-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 2014)

El maltrato psicológico se advierte principalmente en los países con gobiernos populistas o totalitarios, cuyos líderes necesitan de la existencia de un enemigo real o imaginario para establecer su protectora presencia y justificar de esa manera su gestión en el gobierno. Los opositores serán pronto considerados partidarios del bando enemigo y, por lo tanto, serán el blanco preferido de la violencia verbal y psicológica. Hilda Molina expresó: “En Cuba se han hecho muchas ejecuciones morales. Cuando usted trata de degradar a un ser humano ante su pueblo, lo está ejecutando moralmente. A veces, es mejor hasta que te maten físicamente. Y con todo esto que él [Fidel Castro] escribió no pretendía otra cosa que ejecutarme moralmente. Estoy hablando de mi caso. Las ejecuciones morales siguen y antecedieron al caso mío” (De “Reportajes 2” de Jorge Fontevecchia-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2010).

El perverso comparte varios atributos personales con el psicópata, sólo que, en lugar de ejecutar físicamente a una persona, la ejecuta psicológicamente. Marie-France Hirigoyen escribió: “Cada uno de nosotros puede utilizar puntualmente un proceso perverso. Éste sólo se vuelve destructor con la frecuencia y la repetición a lo largo del tiempo. Todo individuo «normalmente neurótico» presenta comportamientos perversos en determinados momentos –por ejemplo, en un momento de rabia-, pero también es capaz de pasar a otros registros de comportamiento (histérico, fóbico, obsesivo…), y sus movimientos perversos dan lugar a un cuestionamiento posterior. Un individuo perverso, en cambio, es permanentemente perverso; se encuentra fijado a ese modo de relación con el otro y no se pone a sí mismo en tela de juicio en ningún momento. Aun cuando su perversidad pase inadvertida durante un tiempo, se expresará en cada situación en la que tenga que comprometerse y reconocer su parte de responsabilidad, pues le resulta imposible cuestionarse a sí mismo. Estos individuos sólo pueden existir si «desmontan» a alguien: necesitan rebajar a los otros para adquirir una buena autoestima y, mediante ésta, adquirir el poder, pues están ávidos de admiración y de aprobación. No tienen ni compasión ni respeto por los demás, puesto que su relación con ellos no les afecta. Respetar al otro supondría considerarlo en tanto que ser humano y reconocer el sufrimiento que se le inflige”.

La actitud presidencial, mostrada hacia el fiscal Alberto Nisman, delata una vez más la personalidad de quien no respeta ni siquiera la muerte de un ser humano. En tres oportunidades adujo la posibilidad de un asesinato ocurrido entre dos amantes en una relación de tipo homosexual; expresiones que seguramente afectarán a las hijas y demás familiares del desparecido fiscal. Cada uno de nosotros tiene la libertad de suponer, acerca de los demás, cualquier tipo de comportamiento personal, pero difundir masivamente una posibilidad tal, implica una actitud que apunta a una “ejecución moral”.

Mientras que el político perverso tiene en cuenta a la multitud que escucha la difamación del “enemigo”, ignora la opinión adversa que ha de surgir en la multitud restante; la de sus opositores. No sólo logra una división abrupta en la sociedad, sino que promueve, mediante el cinismo, un abandono de los principios éticos elementales. Paul Foulquié escribió: “Como actitud moral o práctica, el cínico desprecia, no sólo los convencionalismos, sino también la moral, que viola sin sombra de vergüenza o pesar, incluso con afectación de impudor” (Del “Diccionario del Lenguaje Filosófico”-Editorial Labor SA-Barcelona 1967).

Existen trastornos psicológicos de tipo cognitivos que son detectados con cierta facilidad mientras que las actitudes perversas están revestidas de cierta normalidad por cuanto sus efectos se logran en el largo plazo. En cierta forma se parecen a la “inofensiva” gota de agua que cae en la cabeza de la víctima y que constituye una de las torturas chinas más conocidas. “Los mismos psiquiatras se muestran dubitativos a la hora de nombrar la perversión, y sólo lo hacen para expresar su incapacidad de intervenir, o bien para mostrar su curiosidad ante la habilidad del manipulador. Algunos de ellos discuten la misma definición de perversión moral y prefieren hablar de psicopatía, un vasto desván en el que tienden a acumular todo lo que no saben curar. La perversidad no proviene de un trastorno psiquiátrico, sino de una fría racionalidad que se combina con la incapacidad de considerar a los demás como a seres humanos. Algunos de estos perversos cometen actos delictivos, por los que se los juzga, pero la mayoría de ellos usa su encanto y sus facultades de adaptación para abrirse camino en la sociedad dejando tras de sí heridas y vidas desvastadas. Psiquiatras, jueces y educadores hemos caído en la trampa de perversos que se hacían pasar por víctimas. Nos dejaron ver lo que ya esperábamos de ellos para seducirnos mejor, y les atribuimos sentimientos neuróticos. Luego, cuando se mostraron como lo que eran realmente al declarar sus objetivos de poder, nos sentimos engañados, ridiculizados y a veces incluso humillados”.

“Esto explica la prudencia de los profesionales a la hora de desenmascararlos. Los psiquiatras se previenen unos a otros -«¡Cuidado, es un perverso!»-, con lo que dan a entender que «Es peligroso», o que «Nada podemos hacer». Se renuncia así a ayudar a las víctimas. Por supuesto, nombrar la perversión es grave. La mayoría de las veces, este término se reserva para actos de gran crueldad, inimaginables incluso para los psiquiatras, como es el caso de los daños que ocasionan los asesinos en serie. Sin embargo, tanto si evocamos las agresiones sutiles como si hablamos de asesinos en serie, se trata de «depredación», es decir, de un acto que consiste en apropiarse de la vida. La palabra perverso choca, molesta. Corresponde a un juicio de valor, y los psicoanalistas se niegan a emitir juicios de valor. Pero ¿es ésta una razón para aceptar cualquier cosa? Dejar de nombrar la perversión es un acto todavía más grave, pues supone tolerar que la victima permanezca indefensa, que sea agredida y que se la pueda agredir a voluntad”.

“Aquí no se trata de procesar a los perversos –además, ya se defienden bien solos-, sino de tener en cuenta su nocividad y su peligrosidad con el fin de que las víctimas o futuras victimas puedan defenderse mejor. Aun cuando consideremos, muy exactamente, que la perversión es un arreglo defensivo (contra la psicosis, o contra la depresión) del perverso, esto no lo excusa en absoluto. Existen manipulaciones anodinas que dejan un rastro de amargura o de vergüenza por el hecho de haber sido engañado, pero también existen manipulaciones mucho más graves que afectan a la misma identidad de la victima y que son cuestión de vida o muerte. Hay que saber que los perversos son directamente peligrosos para sus victimas, pero también indirectamente peligrosos para su círculo de relaciones, pues conducen a la gente a perder sus puntos de referencia y a creer que es posible acceder a un modo de pensamiento más libre a costa de los demás”.

“He elegido utilizar los términos agresor y agredido a propósito, pues se trata de una violencia probada, aunque se mantenga oculta, que tiende a atacar la identidad del otro y a privarlo de toda individualidad. Estamos ante un proceso real de destrucción moral que puede conducir a la enfermedad mental o al suicidio” (De “El acoso moral”).

En cuanto a la imperiosa necesidad de gobernar a los demás, la citada autora agrega: “Nos hallamos en una lógica del abuso de poder en la que el más fuerte somete al otro. La toma de poder se lleva a cabo mediante la palabra. Se trata de dar la impresión de conocer mejor las cosas, de detentar una verdad, «la» verdad. El discurso del perverso es un discurso totalizador que enuncia proposiciones que parecen universalmente verdaderas. El perverso «sabe», tiene razón e intenta que el otro acepte su discurso con el objetivo de arrastrarlo a su terreno. Por ejemplo, en lugar de decir «No me gusta Fulano», dice «Fulano es un idiota; todo el mundo lo sabe, y tú ni siquiera lo sospechas»”.

“Luego se establece una generalización que consiste en hacer de ese discurso una premisa universal. El interlocutor piensa: «Debe tener razón; da la impresión de saber de qué habla». Por esa vía, los perversos narcisistas atraen a compañeros que no están seguros de sí mismos y que tienden a pensar que los otros saben más que ellos mismos. Los perversos dan mucha seguridad a las personas más frágiles”.

Respecto de la división creada ex profeso en la sociedad, agrega: “El arte en el que el perverso narcisista destaca por excelencia es el de enfrentar a unas personas con otras, el de provocar rivalidades y celos. Esto lo puede conseguir mediante alusiones que siembran la duda: «¿No crees que los Fulano son así o asá?», o mediante la revelación de lo que una persona ha dicho de su interlocutor: «Tu hermano me ha dicho que consideraba que te habías portado mal»; o mediante mentiras que colocan a las personas en posiciones enfrentadas”. “Para un perverso, el placer supremo consiste en conseguir la destrucción de un individuo por parte de otro y en presenciar ese combate en que ambos saldrán debilitados y que, por tanto, reforzará su omnipotencia personal”.

Mientras que las nuevas generaciones de argentinos tratan de superar la abrupta división promovida por el perverso Juan D. Perón, se ha establecido otra similar estimulada esta vez por el kirchnerismo, en cuyos discursos partidarios se habla de “ellos” (los opositores) y de “nosotros” (los kirchneristas), mientras que en los países conducidos por gente normal existe sólo un “nosotros”; los habitantes de la nación.

Se dice generalmente que el socialismo es un sistema en el cual la población se ha de adaptar a la voluntad de Marx, en lugar de adaptarse a la ley natural o a la voluntad de Dios. Teniendo presente los casos ocurridos en la URSS, China, Cuba y ahora en Venezuela y Argentina, puede ampliarse la expresión para decir que es un sistema en el cual la población ha de adaptarse a un líder perverso caracterizado por sus ansias infinitas de poder y de los demás síntomas mencionados.

jueves, 5 de marzo de 2015

Los rumores y la sabiduría popular

Una parte de la información acerca de hechos acontecidos en nuestra sociedad la adquirimos a través de versiones directas de testigos y también indirectas de emisores secundarios que la transmiten y que a veces la distorsionan hasta hacerla irreconocible. El rumor surge también como una invención que busca producir algún efecto negativo sobre una persona o sobre un sector, constituyendo una calumnia o una difamación. P.B. Horton y C.L. Hunt escribieron: “Gran parte de nuestra conversación cotidiana se compone de tráfico de rumores. Todo tema, desde la moral de nuestro vecino hasta el destino de la nación, atrae interesantes y perturbadores rumores. Siempre que hay tensión social, florece el rumor. Cuando no se dispone de datos exactos y completos sobre una cuestión, o cuando no se les da crédito, abundan los rumores. Puesto que los rumores pueden arruinar por completo la reputación de personas, desacreditar causas y socavar la moral, su manipulación es un instrumento común de propaganda”.

En cuanto a las causas que favorecen la aparición de rumores, los autores citados agregan: “En su definitiva obra sobre el rumor, Allport y Postman señalan que un gran tráfico de rumores surge de algo tan poco complicado como el deseo de una conversación interesante y el disfrute de un chisme picante o poco usual. Sin embargo, una persona se inclina más a recordar y a extender un rumor si éste sirve para aliviar, justificar y explicar sus tensiones emocionales. La gente a quien desagrada los republicanos, que odia a los negros o teme a los comunistas, recordará y repetirá rumores dañinos para estos grupos”.

“El rumor cambia constantemente a medida que se extiende, ya que sus portadores lo desfiguran inconscientemente para adaptarlo a la forma que mejor ratifique sus antagonismos. Los individuos aceptan y dan pábulo a un rumor, sin someterlo a crítica alguna, si encaja en su patrón de preferencias y desagrados, o si le proporciona una explicación emocionalmente satisfactoria de algún fenómeno que les preocupe” (De “Sociología”-McGraw-Hill de México SA-México 1962).

El rumor, cuando constituye una mala noticia, se transmite a una velocidad bastante mayor que si se trata de una buena; de ahí la expresión “Si no hay noticias, buenas noticias”. Marco Tulio Cicerón escribió: “Nada hay tan veloz como la calumnia; ninguna cosa más fácil de lanzar, más fácil de aceptar, ni más rápida en extenderse”.

De la misma manera en que los compradores de objetos robados favorecen el robo generalizado, quienes, desde la jerarquía de una institución, prestan atención a chismes y a calumnias, las promueven hasta que tal institución se transforma en un verdadero infierno. Como los chismes y las calumnias se transmiten a espaldas del perjudicado, éste termina desconfiando hasta de su propia sombra. Plauto escribió: “Los que propalan la calumnia, y los que la escuchan, todos ellos, si valiera mi opinión, deberían ser colgados; los propaladores por la lengua, y los oyentes por las orejas” (Del “Diccionario de citas” de C. Goicoechea Romano-Editorial Labor SA-Barcelona 1953).

La generación del rumor depende de dos factores principales; la importancia y la ambigüedad, considerando como ambigüedad una mala definición y un pobre sustento de la información asociada a un hecho. En el Nuevo Diccionario de la Lengua Española puede leerse: “Ambiguo: que puede entenderse de varios modos o admitir distintas interpretaciones. Dudoso, incierto” (Ediciones Marzo SA-Buenos Aires 1997). Gordon W. Allport y Leo Postman establecieron una proporcionalidad matemática para definir los factores que intervienen en la aparición de un rumor:

(Rumor) es proporcional a (Importancia) x (Ambigüedad)

Al respecto escribieron: “Traducida en palabras, la fórmula significa que la cantidad del rumor circulante variará con la importancia del asunto para los individuos afectados, multiplicada por la ambigüedad de la prueba o testimonio tocante a dicho asunto. La relación entre importancia y ambigüedad no es aditiva sino multiplicativa, puesto que con importancia o ambigüedad igual a cero, no hay rumor” (De “Psicología del rumor”-Editorial Psique-Buenos Aires 1973).

En cuanto a la predisposición de un individuo para transmitirlos, M.A. Hogg y G.M. Vaughan escribieron: “Que los rumores sean distorsionados o no, e incluso que se transmitan, parece depender del nivel de ansiedad de aquellos que escuchan el rumor. La incertidumbre y la ambigüedad aumentan la ansiedad y el estrés, lo que lleva a la gente a buscar información con la que racionalizar la ansiedad, lo que aumenta, a su vez, la difusión del rumor. Que el consiguiente rumor se distorsione o se vuelva más preciso depende de si la gente considera el rumor con una orientación crítica o acrítica. En el primer caso, el rumor se refina, mientras que en el último (que suele acompañar a una crisis), se distorsiona” (De “Psicología Social”-Editorial Médica Panamericana SA-Madrid 2010)..................................... Se emiten rumores en el ámbito de la economía cuando se busca obtener alguna ventaja y en política cuando se trata de afianzar el prestigio de quien se estima o denigrar el de quien se aborrece. Los citados autores agregan: “Los rumores siempre tienen una fuente, y a menudo esta fuente elabora el rumor deliberadamente por un motivo específico. El mercado de valores es un contexto perfecto para la elaboración de rumores. Al final de la década de los noventa el rumor desempeñó un papel evidente en el aumento del valor de las compañías dot com [punto com], que después colapsaron en la fusión NASDAQ a principios del año 2000”.

“Otro motivo para elaborar intencionalmente rumores es desacreditar a individuos o a grupos. Una organización puede difundir un rumor acerca de un competidor para debilitar su participación en el mercado, o un grupo social puede propagar un rumor para culpar a otro grupo de una crisis generalizada”.

“Las teorías conspirativas o del complot son teorías causales elementales y exhaustivas que atribuyen calamidades naturales y sociales generalizadas a las actividades intencionales y organizadas de ciertos grupos sociales que se considera que forman cuerpos conspirativos para arruinar y luego dominar al resto de la humanidad. La teoría conspirativa mejor conocida es el mito de la conspiración judía, que emerge periódicamente y a menudo provoca persecución sistemática masiva”.

En el caso de la guerra, debido al alto nivel de secretismo imperante, se acentúa la predisposición tanto para crear como para transmitir rumores. Allport y Postman escriben al respecto: “En las guerras modernas, la defensa contra el rumor en el frente interno tiene su contraparte en la ofensiva de rumores dirigida contra el enemigo. La guerra psicológica conducida por los nazis fincaba principalmente en la estrategia de «divide e impera» y la estrategia del terror. Los alemanes infectaron a los países elegidos con rumores derrotistas y terroríficos. Utilizando la radio como vehículo, los rumores se sucedían incesantemente en Polonia, Francia y los Países Bajos”.

”Sobre todo en campos de operaciones remotos, privados de las fuentes de noticias normales, el rumor era el único venero de «informaciones». En un barco, los oficiales del puente de mando acaso estuvieran «al tanto», pero el marinero quedaba a la merced de los chismes corrientes. Las tropas que aguardaban el momento de partir (¿hacia dónde?) substituían el punto de destino con el fruto de la imaginación hipersensible”.

Existe otro elemento de gran importancia asociado a los rumores y es el surgimiento de cierta mentalidad generalizada que tiende a establecer una especie de “sabiduría popular” que ignora o desconoce sistemáticamente la información surgida de la ciencia, o de fuentes especializadas, en cualquier tema. Los políticos populistas y totalitarios se caracterizan por dirigir mensajes cuyos contenidos son compatibles, no con la realidad, sino con la sabiduría popular. Luego, el destino de una nación dependerá esencialmente de la mentalidad generalizada imperante; si se forma mediante un proceso similar al de la creación y difusión de rumores, no es de esperar nada bueno para el futuro.

Como ejemplo puede considerarse el caso de la ventaja o la desventaja que tiene para la sociedad la vigencia y permanencia del Estado paternalista. Adviértase que tal denominación se ha elegido acertadamente por analogía con el padre de familia protector. En este caso, consideremos una situación en que un padre rico mantiene a sus hijos, ya adultos, por cuanto éstos no pueden mantenerse por sus propios medios. Ésta es una situación desagradable para todos, de ahí que para evitarla, se conocen muchos casos en que el padre millonario apenas ayuda a sus hijos adolescentes con lo suficiente para que sobrevivan de manera de estimularlos a desarrollar sus propias capacidades para llevar una vida independiente de la tutela paterna. Si se trata de un padre pobre, con mayor razón resulta conveniente que sus hijos adquieran habilidades laborales suficientes para lograr una situación económica desahogada.

Si en lugar del padre consideramos al Estado paternalista, ha de ocurrir algo similar. No es bueno que el Estado mantenga a gran parte de sus ciudadanos; ya que en toda circunstancia terminará como un Estado pobre con una población pobre. La situación ideal es que cada ciudadano sepa ganarse la vida por sus propios medios. De ahí que, mientras menor sea la cantidad de habitantes que dependa de una ayuda social estatal, mayor cantidad dispondrá de un trabajo estable y productivo, especialmente fuera del Estado.

Sin embargo, en países en donde la sabiduría popular ha sido suficientemente estimulada por hábiles politiqueros, se considera como un gran avance social el hecho de que sectores cada vez más numerosos dependan de la ayuda estatal para sobrevivir. En la Argentina, según la propaganda oficial, son 17 millones (sobre un total de 42 millones de habitantes) los que reciben tal ayuda, sin contar con el sector laboral que se desempaña en el Estado. En lugar de considerarse como un gran fracaso, tal tendencia goza de la aceptación mayoritaria de la población y de la mayor parte de los políticos. Incluso un 20% de los encuestados sostiene que “debería profundizarse el modelo”.

La profundización del modelo implica aumentar los impuestos al sector productivo impidiendo que éste realice inversiones y genere fuentes de trabajo adicionales. Implica seguir estimulando la vagancia generalizada en sectores que no tienen una mínima intención de trabajar ya que, al juntar en un grupo familiar varios planes sociales, logran ingresos similares al de quienes trabajan ardua y cotidianamente. De ahí que pueda afirmarse que nuestro subdesarrollo es consciente y consensuado, y que es una consecuencia directa de la sabiduría popular.

lunes, 2 de marzo de 2015

Tradicionalistas vs. progresistas en la Iglesia

Alguna vez se refirió Pablo VI a la situación de la Iglesia afirmando que estaba en una etapa de “autodemolición” mientras que, en años recientes, Benedicto XVI afirmaba que “la Iglesia está llena de soberbia y porquería”. La “autodemolición” tiene como principal protagonista al sector progresista que trata de imponer cambios sustanciales, aceptando tácitamente que la Iglesia estuvo en el pasado plagada de errores, mientras que el sector tradicionalista niega tal postura y se opone a cambios sustanciales. La gravedad de la situación deriva del hecho de que el progresismo eclesiástico se ha identificado con el marxismo-leninismo, dejando de lado el cristianismo.

Experiencias realizadas en psicología social permiten estimar en un 10% de los integrantes de un grupo la cantidad de personas poco influenciables, en oposición a una mayoría capaz de adherir a posturas o acciones totalmente reñidas con la ética elemental. De ahí que en instituciones basadas en la fe, y no tanto en el razonamiento, no resulte extraño que puedan suceder estas cosas. El Pbro. David Núñez escribió: “No es la primera vez que acontecen casos como el presente en la Iglesia de Dios. Ya San Gregorio Nacianceno decía lo siguiente del comportamiento de la mayor parte de los Obispos de su tiempo en la cuestión del arrianismo: «Ciertamente los pastores actuaron como unos insensatos; porque, salvo un número muy reducido, que fue despreciado por su insignificancia o que resistió por su virtud, y que había de quedar como una semilla o una raíz de donde nacería de nuevo Israel bajo el influjo del Espíritu Santo, todos cedieron a las circunstancias, con la única diferencia de que unos sucumbieron más pronto y otros más tarde; unos estuvieron en la primera línea de los campeones y jefes de la impiedad, otros se unieron a las filas de los soldados en batalla, vencidos por el miedo, por el interés, por el halago o, lo que es más inexcusable, por su propia ignorancia». «Me siento inclinado a evitar todas las conferencias de Obispos; pues no he visto nunca una que llevase a un resultado feliz, ni que remediase los males existentes, sino más bien que los agravase»” (De “La misa, la obediencia y el Concilio Vaticano II” de M. Roberto Gorostiaga-Ediciones Fundación-Buenos Aires 1979).

La vigencia de la Iglesia a través del tiempo se debe esencialmente a la continuidad que los propios fieles le han otorgado a las prédicas evangélicas, a pesar, a veces, de la jerarquía eclesiástica. Esto resulta similar al caso de aquellos países que mantienen su integridad, no gracias a los gobiernos de turno, sino a pesar de ellos. El Cardenal Newman escribió: “El dogma de Nicea se mantuvo durante la mayor parte del siglo IV, no por la firmeza inquebrantable de la Santa Sede, de los Concilios y de los Obispos, sino por el consenso de los fieles. Por un tiempo la masa de los Obispos falló en la confesión de su fe. Hablaron en sentidos diferentes, unos contra otros; durante cerca de sesenta años después de Nicea no hubo nada que se parezca a un testimonio firme, constante, consecuente”. “Los pocos Obispos que permanecieron fieles fueron desacreditados y enviados al destierro; el resto se componía de los que engañaban y de los que eran engañados”.

Varios tradicionalistas fueron expulsados de la Iglesia. M. Roberto Gorostiaga escribió: “El cura de Franqueville, en Francia, de 67 años, con 40 años de sacerdocio, echado de su iglesia parroquial por fidelidad a la Misa Tradicional, la Misa del Apóstol San Pedro, que alcanzó su forma actual con San Dámaso en el siglo IV y luego con San Gregorio Magno en el siglo VI y que San Pío V, mil años después, sólo codificó”. “La fuerza pública fue llamada por su obispo para echar a un virtuoso y anciano sacerdote, fiel a la doctrina, la moral y la Misa de siempre. Los gendarmes hicieron clavar las puertas para que el «rebelde» no pudiera volver”. “Así se practica el diálogo. Al ecumenismo tan declarado podemos tildarlo de mentiroso, pues excluye a aquéllos que siguen fieles a lo que siempre, por todos y en todas partes fue creído y practicado”.

De la misma forma en que el pueblo debe reclamar cuando sus gobernantes no respetan sus derechos y transgreden las normas más elementales, el católico tiene la opción de desconocer las directivas de la jerarquía eclesiástica cuando advierte que ha equivocado el camino. David Núñez agrega: “Creemos que en caso tan lamentable…podrían lícitamente los fieles seguir en las prácticas religiosas, suponiendo que estén doctrinalmente dentro de la más pura ortodoxia, y continuarlas a pesar de los llamados, amenazas y puniciones eclesiásticas que un obispo fulminase contra los que procedieran así, para retraerles de la rebeldía a su autoridad; y además creemos también que esto no supondría, ni mucho menos encerraría, peligro de cisma, como podría parecer, ya por la disposición interna en que están de obedecer dócilmente con prontitud cuando por parte del superior se quite la causa de su justa rebelión, ya porque de hecho están obedeciendo a una verdad superior, a la Iglesia misma, aunque rechacen el mandato de un superior inmediato que, por el supuesto de su conducta no justa en el cumplimiento de su obligación, se coloca fuera del derecho común, o sea, del merecimiento a la obediencia que se le debería prestar si cumpliese con su deber”.

Quizás no exista mayor adecuación a la expresión “lobos con piel de ovejas” que la de los “sacerdotes” marxistas. En vez de ir a predicar al Partido Comunista, han optado por seguir en la Iglesia con la firme convicción de que el socialismo, que tantas veces fracasó, alguna vez dará buenos resultados. David Núñez agrega: “En lugar de despertar de sus errores al resplandor de la luz que despidieran los justos y bien merecidos castigos, se quedan, se afianzan y se empecinan más y más en sus errores. Y como muchos de ellos han perdido la fe totalmente, por una parte, y por otra saben, para mal de nuestros pecados, que no se los va a echar pública e ignominiosamente de la Iglesia, sino que ni siquiera se les va a llamar la atención, aunque no fuera más que por caridad hacia los que corren peligro de perder la fe por sus errores; y que a lo más éstos se lamentarán genéricamente, pero nada de castigos y mucho menos de «obsoletas» excomuniones, ellos con gran cinismo se ríen de todas esas lamentaciones y del que las hace, y mientras tanto se quedan dentro de la Iglesia y se valen de su benevolencia, de su indecisión o de lo que sea…, para seguir su camino demoledor en perpetua y descarada revuelta contra la Iglesia para destruirla, porque según su acertada teoría, eso se consigue mejor desde dentro que desde fuera”.

“Oímos las arengas de otros muchos sacerdotes que también ¡qué casualidad! se titulan «postconciliares» y que, en lugar de fomentar con sus sermones la fe, la piedad y toda la vida cristiana, disertan en los púlpitos y otras muchas partes más o menos veladamente sobre las doctrinas de Marx o de Mao para fomentar la violencia, las guerrillas, los conflictos estudiantiles con las autoridades, la conspiración y la revolución, en una palabra, si es que no contentándose con eso, ellos mismos personalmente participan en ellas (valgan como ejemplos Camilo Torres, Carbone, Helder Cámara, el cardenal de Santiago de Chile [Silva Henríquez], que canta un solemne Te Deum «ecuménico» por la asunción al mando del comunista Salvador Allende, etc. etc.”. “El enemigo tiene hoy en gestación la destrucción de la Iglesia, y desgraciadamente consigue mucho con grandísima eficacia, porque se mueve y trabaja para el mal y porque nosotros no nos movemos ni trabajamos para el bien. Eso es todo”.

En los propios Evangelios viene incorporado el antídoto para estos casos: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas; mas de dentro son lobos rapaces”. “Por sus frutos los reconoceréis”. “¿Por ventura se cosechan uvas de los espinos o higos de los abrojos? Es así que todo árbol bueno produce frutos buenos, mas todo árbol ruin produce frutos malos. No puede el árbol bueno producir frutos malos, ni el árbol ruin producir frutos buenos. Todo árbol que no produce fruto bueno es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis” (Mateo).

Mientras el cristianismo propone el amor al prójimo, esto es, propone compartir las penas y las alegrías de los demás como propias, identificando moral individual con moral social, por lo cual involucra a todo ser humano, el marxismo propone adherir al “sector bueno” (el proletariado) en su lucha contra el “sector malo” (la burguesía) en una lucha de clases que, según Marx, necesariamente se ha de establecer en toda sociedad libre. Todo individuo que adhiere al marxismo, tiende permanentemente a descalificar y a calumniar al “sector malo”, incluso hasta llegar al extremo de combatirlo por medios de las armas. Adviértase la similitud entre marxismo y nazismo, por cuanto para los nazis existía una “raza buena” (los arios) y una “raza mala” (los judíos). Según el grado de adhesión al nazismo, un individuo, en forma permanente, descalifica y calumnia a la “raza mala” hasta el extremo de llegar a combatirlo por medio de las armas. No existen posturas más opuestas y antagónicas que cristianismo y marxismo, (o cristianismo y nazismo).

La misión encomendada por Cristo a sus seguidores fue esencialmente la de predicar sus enseñanzas por todo el planeta, ya que la actitud cooperativa del amor viene implícita en la propia naturaleza humana y es el medio óptimo y necesario para establecer el Reino de Dios; es decir, el gobierno de Dios sobre el hombre a través de nuestra adaptación a la ley natural. Como la adopción de tal actitud cooperativa no resulta fácil de lograr, les esperaba una ardua tarea. Sin embargo, desde la propia Iglesia, en lugar de aceptar la teología de Cristo; la visión religiosa del fundador del cristianismo, ha decidido reemplazarla por otras “teologías”, como la denominada “teología de la liberación”, que no propone adaptarnos a la actitud cooperativa sino a “liberar al proletariado de la opresión a que lo somete la burguesía”, por lo cual se advierte una evidente transición desde el cristianismo al marxismo.

Toda descripción del mundo, que contemple la ley natural, tiene un carácter atemporal, ya que su validez no cambia con el tiempo por cuanto la ley natural es invariante. En el caso del hombre, las leyes naturales de interés son las de origen psicológico, y son las que gobiernan la conducta del hombre, y de las cuales la más elemental e inmediata es la actitud característica de las personas. La esencia del cristianismo implica la adopción de la actitud del amor en detrimento del odio, del egoísmo y de la indiferencia. Para los nuevos “teólogos”, sin embargo, la teología ha de cambiar con las épocas y con las culturas particulares, y de ahí la posibilidad de reemplazar la propuesta cristiana. Yves-M. J. Congar escribió: “Lo que ahora tengo en el pensamiento es que la historicidad y la actualidad son una nota esencial en teología, al menos si se toma el término en toda la extensión y la vitalidad de su significado. Por esto la teología no puede ser nunca atemporal. Cada teólogo construye su ciencia con los recursos de su propia formación intelectual. Y, sobre todo, el teólogo que quiere fielmente prestar este servicio eclesial, se encuentra condicionado por los recursos que se le ofrecen, por las tareas que se le imponen a través del mundo cultural en el que vive” (De “Teología de la Renovación”-Varios autores-Ediciones Sígueme-Salamanca 1972).

sábado, 28 de febrero de 2015

La inteligencia social

Al igual que poseemos una aptitud para compartir los estados anímicos de los demás, poseemos también cierta aptitud para ubicarnos imaginariamente en su lugar para compartir sus conocimientos, o sus puntos de vista particulares. En el pasado se consideraba como “inteligente” sólo al que poseía una capacidad de abstracción de tipo matemático, mientras que se desdeñaba otro tipo de habilidades mentales. Al existir personas con pobre predisposición social, se comenzó a valorar la capacidad para adaptarnos con facilidad a los demás integrantes de la sociedad en aquellos aspectos asociados al conocimiento y a la información disponible. Howard Gardner escribió: “Finalmente, propongo dos formas de inteligencia personal, no muy comprendidas, esquivas a la hora de ser estudiadas, pero inmensamente importantes. La inteligencia interpersonal es la capacidad para entender a las otras personas: lo que les motiva, cómo trabajan, cómo trabajar con ellos de forma cooperativa. Los buenos vendedores, los políticos, los profesores y maestros, los médicos de cabecera y los líderes religiosos son gente que suele tener altas dosis de inteligencia interpersonal. La inteligencia intrapersonal, el séptimo tipo de inteligencia, es una capacidad correlativa, pero orientada hacia dentro. Es la capacidad de formarse un modelo ajustado, verídico, de uno mismo y de ser capaz de usar este modelo para desenvolverse eficazmente en la vida” (De “Inteligencias múltiples”-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 2003).

La empatía afectiva, o emocional, por la cual compartimos las penas y las alegrías de los demás, junto a la empatía cognitiva, por la cual comprendemos a los demás, son los dos principales procesos que definen lo que Howard Gardner denomina “inteligencia interpersonal”. Daniel Goleman escribió: “La lectura hipersensible de señales emocionales es la culminación de la empatía cognitiva, uno de los tres aspectos fundamentales de la habilidad de enfocarse en lo que otras personas experimentan. Este aspecto de la empatía nos permite comprender la perspectiva del otro, su estado mental, y al mismo tiempo manejar nuestras emociones. Estas operaciones mentales pueden ser descendentes”. “Por el contrario, la empatía emocional nos une a los sentimientos de otra persona, nuestro cuerpo registra la alegría o la pena que esa persona siente. Esta sintonía tiende a producirse a través de los circuitos cerebrales ascendentes, automáticos y espontáneos”. “Si bien la empatía cognitiva o la empatía emocional nos permiten detectar lo que otra persona piensa y resonar con sus sentimientos, no necesariamente conducen a la simpatía, es decir, al interés por el bienestar del otro”.

“El tercer aspecto, la preocupación empática, nos lleva a preocuparnos por los otros, nos moviliza a ayudarlos si es necesario. Esta actitud piadosa surge de los sistemas primarios ascendentes situados en la profundidad del cerebro, relacionados con el apego y el cuidado, aunque se combinan con circuitos descendentes, más reflexivos, que evalúan cuánto valoramos el bienestar de otras personas” (De “Focus”-Ediciones B Argentina SA-Buenos Aires 2013).

Adviértase que la empatía emocional surge de la capa intermedia de nuestro cerebro (cerebro límbico) siendo un proceso compartido con los demás mamíferos; de ahí la posibilidad que tenemos de establecer relaciones afectivas con animales domésticos. La empatía cognitiva, por el contrario, surge de la capa superior del cerebro (neocórtex) siendo un proceso netamente humano. De ahí que Goleman mencione la interacción de ambos sectores en sentido “ascendente” (del límbico al neocórtex) o en sentido “descendente” (del neocórtex al límbico), caracterizándose los aspectos emocionales por estar asociados a respuestas rápidas, mientras que las respuestas cognitivas, al ser razonadas, se establecen con cierta lentitud.

A partir de ambas empatías es posible definir con cierta precisión a la inteligencia social, o interpersonal:

Inteligencia social (interpersonal) = Empatía emocional + Empatía cognitiva

De esta forma, se compatibiliza la definición con el hábito de considerar a la inteligencia como una virtud anulando la validez de expresiones como “inteligencia para hacer el mal”. Si la vida inteligente es una de las metas del proceso evolutivo, el atributo de la inteligencia ha de ser asignado a quienes favorecen el proceso de adaptación al orden natural. Además, la ética natural está íntimamente ligada a la empatía emocional, por la cual compartimos las penas y las alegrías de los demás como propias.

Quien carece de empatía emocional, tiende a cambiar sufrimiento ajeno por alegría propia, por lo que tal persona no tiene un comportamiento moral adecuado ni posee, por lo tanto, inteligencia social. Se advierte además, en el caso de los gobiernos populistas o totalitarios, la actitud destructiva hacia la sociedad cuando se la divide en “nosotros” y “ellos”, es decir, amigos y enemigos. El líder que siembra la discordia carece de empatía cognitiva por cuanto impone sus ideas descalificando a los opositores sin ser capaz de interiorizarse de sus ideas y menos de sus emociones. “La «crueldad empática» se produce cuando el cerebro de una persona refleja el sufrimiento de otra y ese sufrimiento le produce placer” (De “Focus”).

La inteligencia social involucra dos etapas que se establecen en forma secuencial, de la misma forma en que la acción le sigue a la contemplación. Daniel Goleman las resume de la siguiente forma:

“Conciencia social: la conciencia social se refiere a un espectro que va desde percibir de manera instantánea el estado interior de otra persona a comprender sus sentimientos y pensamientos y a captar en situaciones sociales complicadas. Incluye:

a- Empatía primaria: sentir con los otros, leer señales emocionales no verbales

b- Armonización: escuchar con absoluta receptividad, armonizarse con una persona

c- Precisión empática: comprender los pensamientos, los sentimientos y las intenciones de otra persona

d- Conocimiento social: saber cómo funciona el mundo social

“Facilidad social: solamente percibir cómo se siente otra persona, o saber lo que piensa o cuál es su intención no garantiza interacciones fructíferas. La facilidad social se erige sobre la toma de conciencia social para permitir interacciones fluidas, eficaces. El espectro de la facilidad social incluye:

a- Sincronía: interactuar fluidamente a un nivel no verbal

b- Autopresentación: presentarnos eficazmente

c- Influencia: moldear el resultado de las interacciones sociales

d- Preocupación: preocuparse por las necesidades de los demás y actuar en consecuencia.

Respecto de este último aspecto, el citado autor agrega: “Esta presencia sin agenda puede verse, sorprendentemente, en muchos vendedores de primera línea y administradores de clientes. Los expertos en estos campos no se acercan a un cliente con la decisión de hacer una venta, sino que se ven a sí mismos como una especie de consultores, cuya tarea es primero escuchar y comprender las necesidades del cliente y sólo entonces ofrecer lo que tienen para esas necesidades. Si no tienen lo que es mejor, lo dirán, o incluso tomarán el partido del cliente para presentar una queja justificada contra su propia compañía. Preferirán cultivar una relación en la que se confíe en su consejo antes que destruir su confiabilidad sólo por hacer una venta” (De “Inteligencia social”-Editorial Planeta Mexicana SA-México 2006).

Los avances de la neurociencia han permitido ubicar en un lugar preponderante, ante la opinión pública, a los procesos empáticos, lo que tarde o temprano podrá estimular mejoras en el nivel moral de la población. Jeremy Rifkin escribió: “En las ciencias biológicas y cognitivas está surgiendo una visión nueva y radical de la naturaleza humana que es motivo de discusión en los círculos intelectuales, en la comunidad financiera y en la Administración. Descubrimientos recientes en el estudio del cerebro y del desarrollo infantil nos obligan a replantear la antigua creencia de que el ser humano es agresivo, materialista, utilitarista e interesado por naturaleza. La conciencia creciente de que somos una especie esencialmente empática tiene consecuencias trascendentales para la sociedad”.

“Esta nueva forma de contemplar la naturaleza humana…revela la dramática historia del desarrollo de la empatía humana desde nuestro pasado mitológico hasta la incipiente conciencia dramatúrgica del siglo XXI, pasando por el nacimiento de las grandes civilizaciones teológicas, la era ideológica que caracterizó los siglos XVIII y XIX, y la era psicológica que ha distinguido gran parte del siglo XX” (De “La sociedad empática”-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 2010).

Debido a que disponemos nuestra atención enfocándola sobre un tema a la vez, en algunos casos se encuentra cierta discordancia al priorizar la actitud emociona o bien la cognitiva. Este es el caso de los médicos, quienes, si priorizan lo emocional, pueden desatender parcialmente su concentración de especialista, mientras que si priorizan el aspecto estrictamente profesional, pueden desatender lo emocional. “Los principios morales derivan de la empatía, y las reflexiones morales requieren pensamiento y enfoque. Tal vez uno de los costos del frenético aluvión de distracciones que enfrentamos en la actualidad sea la degradación de la empatía y la compasión. Cuanto más nos distraemos, tanto menor es nuestra sintonía y nuestra afectividad”. “Cuando los recursos son escasos, la necesidad de competir por ellos puede suprimir la preocupación empática. La competencia –por el alimento, la pareja, el poder, e incluso por una consulta con el médico- es parte de la vida en casi todos los grupos sociales”.

“Los médicos demandados tienen menos cualidades para establecer una relación que contemple las emociones. El tiempo que dedican a los pacientes es más breve, no les hacen preguntas sobre sus posibles temores, no siempre responden a sus dudas y guardan mayor distancia emocional. Por ejemplo, no ríen” (De “Focus”).

También el hábito de utilizar celulares o computadoras móviles en reuniones, tiende a disminuir la empatía emocional con los presentes, siendo una tendencia que va en sentido opuesto a lo que debe realizar alguien inteligente, socialmente hablando.

jueves, 26 de febrero de 2015

La sociedad psicoanalizada

En épocas pasadas, el sacerdote, el pastor protestante o el rabino, se dedicaban a orientar al individuo ante algún inconveniente personal, ya que la religión solucionaba tanto los efectos de la falta de sentido de la vida como de la presencia de pecados, o transgresiones a la ética natural. Dejaba en manos de los médicos los casos en los que podía existir alguna anormalidad. Las cosas han cambiado bastante en los últimos tiempos con la aparición del psicoanálisis, cuando se supone que las fallas individuales no son tanto éticas como mentales, cambiando incluso el concepto de “normalidad”. Martin L. Gross describe la sociedad actual como “la población más ansiosa, más insegura emocionalmente y más analizada de la historia de la humanidad: los ciudadanos de la contemporánea Sociedad Psicológica”. “El mayor agente de cambio ha sido la psicología moderna”. “Hoy, la psicología es arte, ciencia, terapia, religión, código moral, estilo de vida, filosofía y culto. Se yergue en el centro mismo de la sociedad contemporánea como un coloso internacional cuyos servidores profesionales se cuentan por centenares y miles” (De “La falacia de Freud”-Editorial Cosmos SA-Madrid 1978).

Mientras que la visión cristiana del hombre permitía considerarlo como alguien que buscaba en forma permanente un mejoramiento personal bajo un proceso de gradual adaptación a la ley natural, en la perspectiva psicoanalítica se lo considera como alguien que padece algún tipo de anormalidad. En lugar de adaptarnos a la ley natural, se nos propone adaptarnos a la “normalidad” sugerida por alguna escuela del pensamiento psicológico. “La Sociedad Psicológica contemporánea es la cultura más vulnerable de la historia. Su ciudadano es un nuevo modelo de hombre occidental, dependiente de otros para orientarse entre lo que es verdadero y lo que es falso. En el estado inseguro de su mente, hasta siente dudas acerca de la autenticidad de sus propias emociones. A medida que la ética protestante se debilitaba en la sociedad occidental, el confundido ciudadano se ha ido volviendo hacia la única alternativa que conoce: el experto en psicología que proclama que existe una nueva norma científica de conducta para reemplazar las marchitas tradiciones”.

Mientras que desde el cristianismo se busca orientar al individuo hacia la actitud que le permite “amar al prójimo como a uno mismo”, siendo este amor igualitario una meta inalcanzable, considera que la persona normal no es entonces el que la alcanza, sino el que orienta su vida para alcanzarla. “Los impresionables ciudadanos de la Sociedad Psicológica hasta llegan a equiparar, falsamente, la salud mental con el estado ideal, habitualmente imposible de obtener, que combina éxito, amor y ausencia de ansiedad. De ese modo, la Sociedad Psicológica crea la profecía que se adapta a sus propias aspiraciones: todos somos enfermos, porque la normalidad es casi inalcanzable”.

“La triquiñuela semántica consiste en igualar felicidad con normalidad. Al permitir esto, hemos renunciado a nuestro sencillo derecho a ser normales y sufrir al mismo tiempo. En cambio, nos hemos redefinido masivamente a nosotros mismos como neuróticos, o como incipientes casos clínicos mentales, especialmente cuando la vida nos juega sus tretas negativas. Es una tendencia que da a EEUU y, cada vez más, a la mayor parte del mundo civilizado el sentido de una gigantesca clínica psiquiátrica”. “En la Sociedad Psicológica, los problemas humanos ya no son considerados variaciones normales de impropias vueltas del destino. Ahora los vemos como productos de inadaptaciones psicológicas internas”.

El ciudadano actual, que tiende a creer en la efectividad de la ciencia y no tanto en la religión, supone que el seguimiento del método científico ha de garantizar los resultados de toda investigación emprendida, sin considerar que el camino hacia la verdad está determinado por una gran cantidad de ensayos y errores, y que la ciencia psicológica no garantiza tampoco resultados infalibles. Incluso las escuelas que estudian el inconsciente, como es el caso del psicoanálisis, al no ser sus propuestas verificadas experimentalmente, no pasan el examen que requiere el método científico. Mario Bunge escribió: “Pseudociencia: un cuerpo de creencias y prácticas cuyos cultivadores desean, ingenua o maliciosamente, dar como ciencia, aunque no comparte con ésta ni el planteamiento, ni las técnicas, ni el cuerpo de conocimientos. Pseudociencias aún influyentes son, por ejemplo, la de los zahoríes, la investigación espiritista y el psicoanálisis” (De “La investigación científica”-Siglo Veintiuno Editores SA-Barcelona 2000).

Al sospecharse que al hombre lo determina el subconsciente, asociado a instintos y pasiones, la solución de los problemas personales quedan a cargo del psicólogo que es capaz de realizar la “operación del alma” ayudando al paciente a traer a un nivel consciente todo lo que aparentemente lo perturba. En realidad, los conflictos pueden deberse también a una inadecuada prioridad en la elección de los valores humanos que hacen que el individuo se desvíe del camino ético adecuado. Para solucionar este inconveniente debe realizar una introspección de sus actitudes conscientes sin tener que recurrir a sesiones en las cuales se ha de focalizar el interés en lo que en alguna parte del cerebro queda el pasado memorizado. Juan J. López Ibor escribió: “Para el psicoanálisis, el secreto del proceso curativo consiste en traer al plano de la conciencia los contenidos rechazados que existen en el inconsciente. Cuando la conciencia arroja luz sobre ello, la tormenta del «ello» se deshace”. “[Sin embargo] el conocimiento de las cosas, el descubrimiento de sus leyes, no da un poder sobre ellas”.

“Freud ha escrutado maravillosamente lo que de menos humano hay en el hombre”. “Su falla es no sólo haber ignorado lo que de específicamente humano existe en el hombre, sino haberlo negado. Esto es ya demasiado grave. Por eso la herida de la doctrina psicoanalítica es, absolutamente, irreductible”.

“La conciencia no es sólo lo que está ante nuestra percepción en un momento determinado, sino ante nuestra motivación. Lucidez de conciencia se tiene en el obrar mucho más que en el percibir. La lucidez de conciencia estaba para Freud siempre envuelta en la neblina o en la nube densa del inconsciente. El obrar no era producto de una volición primaria y límpida, como un golpe en un cristal, sino como cargada de una resonancia instintiva más fuerte y poderosa que el acto volitivo primario. El hombre se transformaba, pues, del «ser de razón» en el «ser de la sinrazón» de sus instintos: a no ser que los instintos también razonen. He aquí la paradoja freudiana”. “El psicoanálisis, de una receta más en la vía curativa de los neuróticos, ha pasado a querer ser la vía iluminativa de neuróticos y sanos” (De “La agonía del psicoanálisis”-Espasa-Calpe Argentina SA-Buenos Aires 1951).

En lugar de mirar nuestra propia actitud, controlándola respecto de si es predominantemente cooperativa o bien competitiva, o si nuestras acciones pueden encuadrarse en el bien o en el mal, o si podrán permitirnos lograr nuestros objetivos en el futuro, el psicoanálisis sugiere una tendencia a tratar de asociar cada pequeño error, o cada sueño cotidiano, a la búsqueda de mensajes ocultos enviados por el subconsciente que nos ayudarán a detectar nuestros problemas. Si no somos aptos para realizar tal labor introspectiva, deberemos recurrir al psicoanalista. De ahí que tales prácticas puedan ser interpretadas como cierta anormalidad psicológica inducida desde la propia psicología, o desde el psicoanálisis. El remedio, en este caso, induce la enfermedad. Comenta el médico Donald J. Homes: “Millares de padres se torturan innecesariamente a sí mismos, exagerando la importancia de casos menores de conducta extraña y aparentemente inexplicable que son todos parte de la infancia. La tendencia a ver enfermedades mentales donde no existe ninguna es un error que cometemos demasiado a menudo los padres, maestros y todos nosotros” (De “La falacia de Freud”).

En cuanto a los estudios realizados para comprobar la efectividad de tales técnicas, Martin L. Gross escribió: “Hans J. Eysenck reunió informes, de 19 estudios profesionales diferentes, sobre 7.293 pacientes de psicoterapia ecléctica. Al principio, los resultados parecieron alentadores para una confiada profesión: un promedio del 64% de pacientes de psicoterapia mostraba mejoría. Pero cuando Eysenck dio un paso más, el optimismo se desvaneció. Comparó estos resultados con los pacientes que habían recibido poca o ninguna psicoterapia y con los que no habían tomado medicación. Sorprendentemente, este segundo grupo de pacientes neuróticos mostró un 62% de mejorías al segundo año, pese a la ausencia de cualquier tratamiento que no fuera el prescrito por el médico de cabecera”. “Las conclusiones de Eysenck fueron revolucionarias. Los datos demostraban, dice él, que «aproximadamente dos tercios de un grupo de pacientes neuróticos se recuperará o mejorará en un grado notable, dentro de un periodo de dos años, más o menos, desde el comienzo de su enfermedad, y tanto si se les trata o no por medio de psicoterapia»”.

No todos los aportes del psicoanálisis han sido negativos, ya que los errores que le son atribuidos se deben a un exceso de confianza en la validez de sus principios. Juan J. López Ibor escribió: “La influencia del psicoanálisis sobre la psiquiatría clínica no puede en modo alguno despreciarse. Bleuler no hubiera podido escribir su libro sobre la esquizofrenia sin el conocimiento ni la influencia de las ideas psicoanalíticas. Freud apenas se ocupó del psicoanálisis de la psicosis. En los primeros años de su vida todavía tuvo ocasión de estudiar algunos casos…Entre sus primeros casos está el famoso Scherber, a partir del cual planteó el problema de paranoia y homosexualidad. La génesis de la paranoia sería el siguiente. El subconsciente del homosexual se siente atraído por el hombre, pero su censura le reprime y transforma la atracción en odio, pero este odio que al principio es dirigido contra el hombre luego se siente reflejado sobre sí mismo y emanado de los demás. El «le odio» se transforma en «me odia», y sobre esta conclusión se establece todo el delirio de persecución. Esta misma transformación de impulsos instintivos se observaría en otros tipos de paranoia”.

Adviértase que el método de la religión tradicional, que promueve el amor y desalienta el odio, ofrece una alternativa más simple, y a nivel consciente, para solucionar este tipo de inconveniente y otros similares, si bien está limitado sólo para los adeptos o creyentes. La psicología social llega a resultados similares al de la religión. Sin embargo, el progreso evidente en cuestiones de psicoterapia ha sido el promovido por Viktor Frankl con su logoterapia en la cual predomina el concepto de sentido de la vida. Así, sostiene que la mayor parte de los conflictos humanos se deben a la ausencia de un sentido para nuestra propia vida o bien por haber elegido alguno equivocado, es decir, que no contempla el sentido aparente que nos ha impuesto el orden natural. La logoterapia resulta compatible con los métodos empleados por la religión tradicional, si bien sus alcances son mayores ya que puede ser aplicado tanto a creyentes como a no creyentes.

martes, 24 de febrero de 2015

Virus vs. anticuerpos sociales

Los conflictos sociales pueden ser descriptos mediante una analogía en la que la sociedad se considera como un cuerpo viviente que posee la capacidad de defenderse, mediante anticuerpos, de los virus que la atacan y que son generados por ella misma o bien por factores externos. Tanto los virus como los anticuerpos comienzan a gestarse por medio de individuos que tienen capacidad para influir sobre otros para crear grupos que actúan en el cuerpo social. La salud de la sociedad provendrá del predominio de los anticuerpos, mientras que la enfermedad será una consecuencia del predominio de los virus.

Por lo general, no resulta sencillo distinguir entre virus y anticuerpos, ya que incluso una organización realizada con nobles fines puede desnaturalizarse ante miembros que la desvirtúan cuando su acción es motivada por objetivos egoístas. Respecto de los “anticuerpos” sociales, Ramiro A. Calle escribió: “¿Cómo denominar a esos hombres? Aunque quizá no sea del todo acertado, podríamos llamarles «buscadores de la Verdad». Ellos no se satisfacen con la verdad común ni con la verdad a medias. No pretenden cubrir su vacío buscando la verdad científica, histórica, religiosa, social o política. Buscan la Verdad absoluta, trascendente. En su búsqueda arriesgan prácticamente todo lo que tienen, aun sabiendo de antemano que muy pocos hallarán lo buscado, aun teniendo clara conciencia de que pueden extraviarse definitivamente y penetrar para siempre en un mundo sin luz”.

“Algunos miembros de esa gran familia deciden recorrer el camino solos. Apartados del mundo, desapegados, renuncian a sus lazos familiares y a la vida cotidiana y se retiran a la soledad de los bosques o de las montañas, para allí, a través de la austeridad y de una rígida disciplina, comenzar la ardua empresa de rescatar su Yo. Otros pretenden la evolución desde dentro, confundidos entre los demás hombres, pasando inadvertidos, sin renunciar formalmente a nada, pero tratando de no depender de nada. Estos miembros de la gran familia que se quedan entre los otros hombres, agudizan enormemente su sensibilidad para encontrarse entre ellos, hasta un extremo tal que llegan a intuirse. Se buscan entre sí y cuando se encuentran forman grupos, escuelas, sectas o sociedades. Y frecuentemente se ven obligados por unos u otros motivos a guardar secreto, a evadirse de la curiosidad de los demás”.

Estos agrupamientos no siempre logran cumplir con sus objetivos iniciales. El citado autor agrega: “Las sociedades auténticamente iniciáticas han tenido siempre como finalidad mantener vivo el conocimiento oculto y preparar espiritualmente a la humanidad. Teóricamente al menos han pretendido enseñar a los hombres la verdad y adiestrarlos en el amor. No hay que olvidar, empero, que las sociedades están formadas por hombres, y que éstos en muchas ocasiones –como tantas veces así ha sucedido- se han servido de aquéllas para la consecución de sus propios fines. Cuando sus miembros se disputan el poder, cuando el egoísmo y la vanidad no son controlados, cuando los intereses del individuo se anteponen a los de la sociedad, ésta termina degenerando. Esto es lo que ha sucedido con diversos grupos iniciáticos, escuelas y sociedades secretas. Sin ningún miramiento, con una carencia absoluta de escrúpulos, algunos miembros han utilizado la sociedad a la que pertenecían como trampolín para obtener sus fines; miembros de una sociedad espiritualista, lobos disfrazados con piel de cordero que se han despreocupado de los principios y preceptos espirituales enseñados por la sociedad en cuestión, para entregarse a unos asuntos materiales y muchas veces turbios e indignos” (De “Historia de las sociedades secretas”-Editorial Planeta DeAgostini SA-México 2003).

Un ejemplo reciente de grupo que hace de anticuerpo ante el predominio de la enfermedad totalitaria, ha sido el de los disidentes soviéticos organizados en las sombras, ante el riesgo cotidiano de ser condenados por el amenazador poder del Estado opresivo y vigilante. El Manual de Psicopolítica, editado en la URSS, indica que: “La enfermedad podría mirarse como deslealtad de un organismo para con los demás. Esta deslealtad, al ponerse de relieve, origina la rebelión de una parte de la anatomía contra el resto del conjunto y de esa manera se produce de hecho una revolución interna. El corazón, al aislarse del grupo, se niega a solidarizarse y servir al resto del organismo, y vemos que el funcionamiento de todo el cuerpo se trastorna debido a la rebelión del corazón. El corazón se rebela porque no puede o no quiere cooperar con el resto del cuerpo. Si le permitimos al corazón rebelarse, los riñones, siguiendo su ejemplo, pueden a su vez rebelarse también y negarse a trabajar en beneficio del organismo. Esta rebelión, al extenderse a otros órganos y al sistema glandular, ocasiona la muerte del «individuo». Podemos apreciar, pues, que la rebelión significa la muerte; por lo tanto, no podemos transar con la rebelión”.

“El Estado, igual que el individuo, es una serie de conglomerados. Las entidades políticas existentes dentro del Estado deben todas cooperar para beneficio del Estado, porque de no hacerlo el mismo Estado puede desintegrarse y morir. De ahí el peligro que entraña la revolución”. “El credo del individualismo áspero, del determinismo personal, de la rebeldía, la imaginación y el poder creativo personal son tendencias que predisponen a las masas en contra del bien de un Estado Superior. Estas fuerzas rebeldes y salvajes no son otra cosa que enfermedades que provocarán la separación, la desunión y por último el derrumbe del grupo al que pertenece el individuo” (De “Psicopolítica” de Kenneth Goff-Editorial Nuevo Orden-Buenos Aires 1966).

Dentro del ámbito de la religión también se han dado situaciones similares. Santo Tomás de Aquino escribió: “Acerca de los herejes deben considerarse dos aspectos: uno por parte de ellos; otro por parte de la Iglesia. Por parte de ellos está el pecado, por el que no sólo merecieron ser separados de la Iglesia por la excomunión, sino aun ser excluidos del mundo por la muerte; pues mucho más grave es corromper la fe, vida del alma, que falsificar moneda, con que se sustenta la vida temporal. Y si tales falsificadores y otros malhechores justamente son entregados sin más a la muerte por los príncipes seglares, con más razón los herejes, al momento de ser convictos de herejía, podían no sólo ser excomulgados sino ser entregados a justa pena de muerte. Por parte de la Iglesia, está la misericordia para la conversión de los que yerran. Por eso no condena luego, sino ‘despues de una primera y segunda corrección’, como enseña el Apóstol Pablo. Pero, si todavía alguno se mantiene pertinaz, la Iglesia, no esperando su conversión, lo separa de sí por la sentencia de excomunión, mirando por la salud de los demás. Y aun va más allá, legándolos al juicio seglar para su exterminio del mundo por la muerte” (Citado en “Crítica de la religión y la filosofía” de Walter Kaufmann-Fondo de Cultura Económica-México 1983).

Más cercanas en el tiempo aparecen diversas sectas cristianas que comienzan con las mejores expectativas pero que, con el tiempo, las tentaciones individuales pueden desvirtuarlas. Rubén Calderón Bouchet escribió acerca del Opus Dei: “Nuestras dudas con respecto al valor religioso de la Obra nacen, precisamente, de la elaborada preparación de sus afiliados para enfrentar triunfalmente los desafíos del mundo moderno. En cuanto entramos en contacto con algunas de sus enseñanzas más resonantes, viene a nuestra mente la parábola del Mayordomo infiel o, como decía Castellani, del Mayordomo Camandulero. Es verdad que los bienes de este mundo deben ser usados para ganar la vida eterna, pero si nos preparamos demasiado para obtenerlos ¿no corremos el riesgo de invertir el orden de las preferencias? Una excesiva preocupación por las añadiduras ¿no nos hará perder de vista el Reino de los Cielos? Y si todavía debemos cuidar la santa presentación de nuestras fisonomías para obtener más éxito en la empresa ¿no terminaremos presas de una farisaica hipocresía que es uno de los mayores pecados que se pueden cometer?”.

“El Opus Dei hace todo lo que puede para prepararnos para el triunfo en éste y en el otro mundo, es muy cierto que nos advierte contra el humor triunfalista, pero lo hace para que podamos triunfar, no sea que una vanidosa ostentación del éxito nos haga fracasar ante los ojos de la sociedad a la que debemos destinar nuestros esfuerzos. La humildad es una carta jugada y tenemos que ponerla siempre en evidencia, aunque no sea, necesariamente, una actitud muy auténtica. Por supuesto el socialista de turno nos dice que en la Edad Media la Iglesia Católica supo captar la adhesión de las clases superiores y prepararlas para ejercer su efectivo comando sin perder de vista la efectiva prelacía espiritual de la Santa Sede. No olvidemos que su influencia sobre la nobleza tuvo un efecto más correctivo que exaltante y si comparamos el comportamiento del noble bárbaro y del noble cristiano, observaremos en primer lugar la disposición servicial del segundo y, luego, cuando la preocupación religiosa predominaba, su abandono do todas las pompas para consagrar su vida a la fe ¿Bernardo de Claraval, Santo Tomás de Aquino no fueron nobles? Pero su santificación les impuso el abandono de sus privilegios nobiliarios y su ingreso en la vida conventual. Por cierto el Opus no le niega al banquero adherente la posibilidad de tomar un hábito religioso, pero no lo anima demasiado en esta línea y lo prefiere en su condición de financiero para que colabore mejor con las obras de la fundación”.

“Como afirmábamos más arriba, las virtudes o los hábitos, no siempre virtuosos, de esta clase dirigente la hace bastante impermeable al influjo de la fe y ¿en qué medida una conversión verdadera conservaría sus aptitudes para el comando en la sociedad actual? Porque una cosa es una conversión auténtica, a la manera de San Roderico de Finchala que abandonó su comercio de cabotaje para dedicarse a hacer penitencia, y otra, bastante diferente, poner cara de santo para afilar mejor el anzuelo conque se pesca a río revuelto”.(De http://statveritasblog.blogspot.com.ar).

Por lo general, toda institución es denigrada por sus competidoras, ya sea que su accionar haya sido positivo como negativo para la sociedad. Además, los fines u objetivos expresados por una secta nefasta son similares a los expresados por una benevolente, siendo en aquel caso utilizados como disfraces para una plena aceptación posterior. De ahí que resulte difícil establecer una real y auténtica opinión sobre la efectividad de determinado grupo social, con la siempre presente posibilidad de que los individuos que la componen la desnaturalicen en cualquier momento.

sábado, 21 de febrero de 2015

Iglesia vs. evolucionismo

Resulta llamativo que un sector importante de creyentes no acepte el proceso evolutivo por el cual se establece la formación y el surgimiento de las distintas especies y variedades del reino animal y vegetal. Implica una rebelión en contra de Dios por cuanto no aceptan su criterio para la creación del mundo, sino que optan por la versión bíblica, que es una descripción hecha por hombres que miraban a Dios y adoptaban la visión que del mundo se tenía en la época de la realización de la Biblia.

Si bien otros han aceptado la evolución biológica, aunque de mala gana, rechazan la adicional evolución que va desde la materia a la formación de la vida. Para el científico, por el contrario, quizás no exista algo más sorprendente que el Creador, o la propia naturaleza, como inteligencias hipotéticas diseñadoras del mundo, han tenido la habilidad de establecer leyes naturales al nivel de las partículas elementales que potencialmente llevarán todos los atributos que luego aparecerán en las mayores escalas de observación, es decir, la vida inteligente de alguna forma estaba latente en las leyes de la mecánica cuántica, previendo la formación de moléculas, células, organismos, seres humanos, etc. Hubert Reeves escribió: “La noción de evolución, introducida en principio por la biología, invade hoy todo el discurso científico. Desde hace quince mil millones de años, la materia evoluciona hacia estados de organización, de complejidad, de nivel, cada vez más elevados. A partir del caos primordial, ha engendrado sucesivamente: los nucleones, los átomos, las células y los organismos vivos”. “A nuestro primer enunciado: la naturaleza está estructurada como un lenguaje, añadiremos ahora un segundo: la pirámide de la complejidad se edifica en el curso del tiempo” (De “El sentido del universo”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1989).

Adviértase que esta visión del mundo implica esencialmente el principio de complejidad-conciencia formulado por Pierre Teilhard de Chardin, quien pretende que la religión lo tenga en cuenta para una posterior adaptación de sus planteos. En el ámbito científico resulta algo evidente ya que ni siquiera se hace referencia a quien (Teilhard) fue el primero en enunciarlo. Para la religión, en cambio, implica vislumbrar un sentido del universo o una finalidad implícita de la cual puede intuirse un sentido de la vida objetivo impuesto a los hombres por el orden natural.

Algunos sectores de la Iglesia, sin embargo, poco aprendieron de los conflictos que en el pasado se suscitaron entre religión y ciencia, como fue el caso de Galileo Galilei o el de Charles Darwin. En lugar de aceptar que la religión es una cuestión de ética y de sentido de la vida, se siguió entrometiendo en cuestiones científicas negando esencialmente los hallazgos y las conclusiones de la ciencia experimental. Es oportuno citar algunas prohibiciones surgidas en la Iglesia Católica del siglo XIX que rechazan la posibilidad de una evolución desde la materia a la vida. Los anatemas son maldiciones que pueden llevar a la excomunión: “Sea anatema: Quien niegue el único Dios verdadero creador y señor de todas las cosas visibles e invisibles. Quien afirme sin rubor que sólo existe materia. Quien diga que la substancia o esencia de Dios y de todas las cosas es única e igual”. “Quien diga que el hombre puede y debe por sus propios esfuerzos y por progresos constantes llegar al cabo de la posesión de toda verdad y virtud. Quien rehúse aceptar como sagrados y canónicos los libros de la Sagrada Escritura íntegros, con todas sus partes, según fueron enumerados por el santo Concilio de Trento, o niegue que son inspirados por Dios”.

“Quien diga que la razón es tan sabia e independiente, que Dios no puede pedirle la fe. Quien diga que la revelación divina no puede hacerse creíble por pruebas exteriores. Quien diga que no pueden hacerse milagros o que nunca pueden conocerse con certeza, y que el origen divino del cristianismo no puede probarse por ellos. Quien diga que la revelación divina no incluye misterios, sino que todos los dogmas de la fe pueden comprenderse y demostrarse por la razón debidamente comprobada. Quien diga que la ciencia humana debe proseguirse con tal espíritu de libertad que puedan considerarse sus afirmaciones como verdaderas, aun cuando se opongan a la verdad revelada. Quien diga que llegará un tiempo en el progreso de las ciencias en que las doctrinas enseñadas por la Iglesia deban tomarse en otro sentido que aquel que la Iglesia les dio y les da todavía” (Citado en “Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia” de Juan G. Draper-Editorial Tora-Buenos Aires 1954).

En tales prohibiciones está implícita una penosa separación entre ciencia y religión, que aun hoy tiene vigencia en algunos sectores de la Iglesia. Juan G. Draper escribió: “Venimos, pues, a parar a esta conclusión: que el cristianismo católico y la ciencia son absolutamente incompatibles, según reconocen sus respectivos adeptos. No pueden existir juntos: uno debe ceder ante la otra, y la humanidad tiene que elegir, pues no puede conservar ambos”.

El rechazo del evolucionismo generalizado se debe, entre otras causas, a la creencia de que la ética cristiana necesariamente habría de evolucionar hasta hacerse irreconocible; algo totalmente alejado de la realidad por cuanto todo proceso evolutivo implica periodos temporales del orden de los millones de años, imperceptibles para la humanidad en su relativamente corta historia. Se dice que si un hombre actual fuese ubicado entre los hombres que vivieron hace 10.000 años, nadie advertiría diferencias. El conflicto esencial entre la Iglesia tradicional y la visión científica del mundo, es que ésta coincide con la adoptada por la religión natural. Así, el cristianismo interpretado como religión natural, resulta compatible tanto con la ciencia experimental como con el mundo real.

La incompatibilidad entre la religión sobrenatural con la natural se manifiesta, entre otros aspectos, en el rechazo a Teilhard de Chardin desde varios sectores católicos. John Eppstein escribió: “En cuanto al cristianismo histórico, en el cual, por contradictorio que pueda parecer, dijo creer hasta el final (y así, sería efectivamente, pues en los casos de esquizofrenia cada una de las mitades de la personalidad escindida es igualmente auténtica). Pero para las personas de inteligencia normal, sean o no sean cristianas, resulta palmario que Teilhard reduce a un estado puramente relativo los hechos, acontecimientos y personas que tienen un valor absoluto en la tradición católica”.

“Esto es consecuencia de la pasión absorbente que le inspira la teoría de la evolución. Subyugado por las piedras desde la niñez, llegó a ser brillante paleontólogo y biólogo, y se embebió de los progresos de la ciencia moderna. El mundo en evolución llegó a ser para él la fuerza predominante y lo que todo lo explicaba. Otro tanto les ocurría a su amigo sir Julian Huxley y a otros no inquietados por una conciencia católica. Lo que distinguió a Teilhard de sus coetáneos no católicos fue su tentativa de conciliar su formación cristiana católica y su condición sacerdotal con su nuevo entusiasmo por el mundo en evolución, porque la fe católica, «arraigada en la idea de la encarnación, siempre ha dado en su estructura gran importancia a los valores del mundo y de la materia». Y así aboga por «una nueva cristología que abarque las dimensiones orgánicas de nuestro nuevo universo»”.

“Pero ¿qué es más importante? ¿Jesucristo o la evolución? ¿La religión o el progreso? ¿Dios o el mundo? La anteposición del segundo término de cada una de estas alternativas es lo que constituye la gran aberración de Teilhard de Chardin y el principal peligro que supone para teólogos y filósofos que se han dejado fascinar por sus obras” (De “¿Se ha vuelto loca la Iglesia Católica?”-Ediciones Guadarrama SA-Madrid 1973).

La “esquizofrenia” asociada a Teilhard es una forma de intentar ocultar otra bastante más acentuada al separar a Cristo de la realidad, a Dios del mundo, a la religión de la evolución y de la ciencia y a la postura ideológica de la realidad. La Iglesia, en lugar de aceptar una orientación “saludable” hacia la religión natural y hacia la ciencia experimental, terminó por asociarse al marxismo, que es una pseudo-ciencia y una anti-religión, materializada por la Teología de la Liberación, aceptada por las actuales autoridades de la Iglesia Católica. Ese es el precio que se está pagando por despreciar al mundo real y sus leyes persistiendo en la actitud obsecuente de priorizar la fe hasta llegar a despreciar la razón.

Si no hubiese existido Teilhard, el principio de complejidad-conciencia habría surgido igualmente, ya que es una consecuencia de la física de partículas y de la teoría cosmogónica del big-bang, que hasta el momento no puede decirse que sea desacertada. Los conservadores y tradicionalistas han sido los “kerenskys católicos” que, atacando todo lo que puede servir de fundamento científico del cristianismo, facilitaron el acceso del marxismo-leninismo en todos los niveles de la Iglesia. Incluso algunos autores tradicionalistas ni siquiera están convencidos de la veracidad de la evolución biológica. Rubén Calderón Bouchet escribió: “Los hombres de ciencia, aunque acepten como hipótesis de trabajo la teoría de la evolución o el transformismo, nunca la dan como un hecho científico comprobado ni extraen de ella conclusiones válidas para instaurar un régimen cognoscitivo capaz de vulnerar definitivamente los fundamentos de la sabiduría tradicional. Una pretensión de tal naturaleza no es científica, es ideológica y trataremos de ver por qué razón la adoptó el Padre Teilhard en su extraño sistema del hombre y del mundo” (De “La luz que viene del Norte”-Ediciones Nueva Hispanidad-Buenos Aires 2009).

De todo este planteo, es conveniente preguntarse, no por las creencias individuales o particulares de los distintos autores, sino acerca de cómo funciona el mundo real. Si se indaga con detenimiento cómo trabaja la ciencia experimental de nuestra época, con márgenes de error bastante pequeños, puede afirmarse que la realidad del mundo ha de estar cercana a lo expresado arriba por Hubert Reeves. De ahí la validez esencial de la propuesta de Teilhard y de la conclusión de que el mundo real se comporta aproximadamente como lo supone la religión natural y no tanto como lo estipula la religión sobrenatural. Teilhard de Chardin escribió: “Tuve siempre un alma naturalmente panteísta. Experimenté las aspiraciones invencibles, nativas; pero sin atreverme a usarlas libremente, porque no sabía conciliarlas con mi fe. Después de experiencias diversas (y de otras todavía) pude decir que he encontrado para mi existencia el interés inagotable y la paz inalterable. Vivo en el seno del Elemento único, Centro y detalle del Todo. Amor personal y potencia cósmica” (Citado en “La luz que viene del Norte”).

Al intentar seguir negando la visión científica del mundo, se vislumbra en la Iglesia un alejamiento paulatino de las nuevas generaciones que van adquiriendo tal visión en forma natural. Al negar asociarse a la ciencia, sigue en el ámbito de la filosofía y de la teología ante los riesgos concretos de quedar prisionera de ideologías perversas como el marxismo-leninismo, haciéndose cómplice de las tragedias sociales que tal ideología ha promovido.