lunes, 27 de junio de 2011

Keynes vs. Friedman

Es posible encontrar, en la mayoría de las etapas del desarrollo de la ciencia económica, diversas posturas en pugna. Durante gran parte del siglo XX existió una confrontación entre los seguidores de Adam Smith y los de Karl Marx. El primero describe por primera vez el proceso del mercado mientras que el segundo propone una planificación económica que lo anula. El primero da inicio a la ciencia económica mientras que el segundo adopta una postura ajena a los lineamientos básicos de la ciencia experimental.

Luego de los reiterados fracasos de las economías planificadas, va quedando en el pasado la confrontación mencionada, apareciendo otras, siendo la principal la de los seguidores de John M. Keynes, en oposición a los seguidores de Milton Friedman. Esta vez la disputa se establece dentro del ámbito de la ciencia económica.

Existen diferencias entre ambas controversias, además de la mencionada, ya que, en el caso de Smith y Marx, se podían seguir ambas propuestas de manera intuitiva. En cambio, en la controversia entre Keynes y Friedman se requiere penetrar en aspectos no tan intuitivos de las relaciones entre las distintas variables económicas.

La imagen popular nos presenta un Keynes diciendo “El Estado debe fomentar la demanda” y un Friedman respondiendo “El Estado sólo debe regular la cantidad de dinero”. Estas actitudes, aparentemente tan opuestas, no lo son tanto si se tiene presente que la propuesta de Keynes se establece para el corto plazo y como una alternativa para que una economía en crisis salga de esa situación extrema. Las discusiones aparecen principalmente cuando se considera que la propuesta keynesiana debe también aplicarse previendo el largo plazo.

En una economía de mercado, cuando la demanda es reducida, aumenta la desocupación, mientras que, cuando la demanda es excesiva, aumenta la inflación; de ahí la posibilidad de controlar la economía, desde el Estado, controlando la demanda (sería a través de una “demanda artificial”).

Desde las épocas previas a Keynes, los economistas tenían la impresión de que el sistema autorregulado, constituido por el mercado, tendía a la estabilidad (precios, oferta y demanda estables) con una ocupación plena. En cambio, en la visión keynesiana la situación de estabilidad podría establecerse aún con un nivel de desocupación apreciable, justificando en ese caso la corrección del proceso mediante la intervención del Estado.

Existen situaciones a pequeña escala que reflejan cercanamente lo que ocurre en los mercados nacionales, como es el caso relatado por el economista Paul R. Krugman. Comenta que hace algunos años, más de un centenar de matrimonios con niños pequeños resuelve formar una cooperativa para el cuidado de niños. Cuando un matrimonio tiene que ausentarse de su hogar, sin sus hijos, debe dejarlos al cuidado de otra pareja.

El matrimonio que deja sus hijos “paga” por el servicio del cuidado, con un bono, a la pareja cuidadora. Con este bono la pareja cuidadora “pagará” a otra pareja, en el futuro, cuando tenga que dejar bajo cuidado a sus propios hijos. El sistema de intercambio de servicios se inicia con una distribución igualitaria de bonos.

Según describe Krugman, ocurrió algo impensado. La actitud previsora de la mayoría de las parejas hizo que el sistema entrara en crisis por cuanto pocos requerían el servicio mencionado temiendo quedarse algún día sin esos bonos. La situación se resolvió con la “emisión” de mayor cantidad de bonos. Paul R. Krugman escribió: “Finalmente los economistas se impusieron y el suministro de cupones se incrementó. Los resultados fueron mágicos: con mayores reservas de cupones las parejas estuvieron más dispuestas a salir, lo que generó abundancia de oportunidades para cuidar niños e hizo que las parejas estuvieran aún más predispuestas a salir” (De “De vuelta a la economía de la Gran Depresión”-Grupo Editorial Norma SA-Bogotá 1999).

La propuesta de Keynes, para la salida efectiva de las situaciones recesivas, con elevadas tasas de desocupación, consiste justamente en elevar los gastos del Estado en obras públicas como una forma de inyectar dinero adicional. Este ingreso de moneda, no asociado a una mayor producción, producirá inflación, pero bajarán las tasas de desocupación.

Algunos economistas, como A.W. Phillips y R. Lipsey, establecieron estudios estadísticos de los cuales surge la denominada “curva de Phillips”. Ella indica claramente que existe una dependencia inversa entre desocupación e inflación. A mayor inflación, menor desocupación. A menor inflación, mayor desocupación. De ahí la posibilidad aparente de los gobiernos de controlar ambas variables “eligiendo”, a través de la emisión monetaria, cuánto de desocupación y cuánto de inflación se desea tener, sin la posibilidad, eso sí, de eliminar ambas a la vez. Henri Lepage escribe: “Poco a poco es perceptible que la relación entre inflación y paro no puede ser tan simple como dice la teoría. Tal y como es entendida por los gestores de la economía, la «curva de Phillips» significa simplemente que basta con aceptar una cierta tasa de paro para tener un cierto ritmo de inflación, o un cierto ritmo de inflación para tener una cierta tasa de paro”.

“Ahora bien, ¿qué es lo que se constata? Que la aceptación de una degradación del empleo conduce efectivamente, en periodo de inflación, a disminuir el ritmo de inflación, pero que esa inflación nunca vuelve a sus niveles anteriores. A medida que se pasa de un ciclo coyuntural a otro es necesario reconocer que la misma tasa de paro ya no se encuentra ligada a una única y exclusiva elevación de precios, sino a una tasa más elevada”.

“Este es el fenómeno de la «estagflación», descubierto al final de la década de 1960. A los mismos ritmos de inflación corresponden tasas de paro cada vez más elevadas. El simple mantenimiento de la estabilidad del empleo sólo es posible al precio de una creciente dosis inflacionista” (De “Mañana, el capitalismo”-Alianza Editorial SA-Madrid 1979).

La economía no sería entonces un sistema elástico, en el cual se puede volver a las condiciones previas a la llegada de una perturbación, sino que parece ser un sistema plástico en el cual la perturbación produce un cambio permanente. En resumen, en el corto plazo se tiene efectivamente una relación inversa entre desocupación e inflación, pero a largo plazo el nivel de empleo se hace independiente de la tasa de inflación. Se llega, justamente, a lo que Milton Friedman denomina “tasa natural de paro”, definida por Henri Lepage como: “…es la tasa de paro que prevalecería en una economía en la que, con independencia de la tasa de inflación, las decisiones de los agentes económicos serían tomadas en función de las expectativas exactas referentes a la evolución futura de los precios”.

Si bien no es posible eliminar totalmente el desempleo en una economía considerada floreciente, o expansiva, debe tenerse presente que no se trataría de un sector de desocupados marginados por siempre del trabajo, sino que se trataría de un equilibrio dinámico en el cual los trabajadores están momentáneamente desocupados hasta que encuentran otro trabajo, no siendo siempre los mismos quienes estarán en esa situación.

Teniendo presente el corto plazo, se “aceptan” las sugerencias de Keynes, quien alguna vez expresó: “En el largo plazo todos estaremos muertos”, manifestando, quizás sin proponérselo, su desinterés por el largo plazo. Teniendo en cuenta el largo plazo, aparece la propuesta de los monetaristas o Escuela de Chicago:

1) La intervención del poder público en el juego coyuntural de las fuerzas económicas no sirve para gran cosa.
2) Dichas intervenciones son más desestabilizadoras que reguladoras
3) Más vale que el Estado intervenga lo menos posible en la política económica.

Quienes sostienen que la demanda debe establecerse en forma natural, y no artificial, basan su postura en la “ley de Say”. J.B. Say sugiere elevar la oferta en los sectores productivos en los que ha quedado atrasado el crecimiento de la producción respecto de los sectores eficientes, para que éstos no se vean perjudicados por la inoperancia de aquéllos. Enrique Ballestero escribe: “En la literatura, son frecuentes las interpretaciones sesgadas de la ley de Say. La famosa frase con que se resume esta ley en los manuales («la oferta crea su propia demanda») es ambigua. Sugiere que cualquier incremento de la oferta encontrará automáticamente su mercado y que, por tanto, no habrá crisis en una economía donde se respeta el laissez-faire. Pero Say no hizo afirmaciones tan ingenuas, ni creo que la frase en cuestión haya salido nunca de sus labios. La idea de Say fue: para que aumente la demanda, las áreas (o sectores) de productividad retrasada deben aumentar su oferta”. (De “Introducción a la teoría económica”-Alianza Editorial SA-Madrid 1988).

David Ricardo escribió al respecto: “Nadie produce con otro fin que el de consumir o vender, y vende con la exclusiva intención de comprar otra mercadería que pueda serle útil, o que pueda contribuir a la producción futura. Al producir, por lo tanto, uno se convierte necesariamente o en un consumidor de sus propios bienes o en comprador y consumidor de bienes de alguna otra persona…Las producciones son siempre compradas por producciones y servicios; el dinero es sólo el medio mediante el cual se efectúa el cambio” (Citado en “Critica de la economía clásica”-J.M. Keynes y otros-Editorial Ariel SA-Madrid 1968).

Como han propuesto varios autores, los problemas económicos no se resolverán sólo a través de los factores estrictamente económicos, sino por medio de factores extraeconómicos (al menos como casi siempre se los ha considerado). En el caso de la desocupación o de la productividad, es necesario introducir variables tales como “negligencia” y “laboriosidad”, para tener una descripción algo más ajustada a la realidad.

miércoles, 25 de mayo de 2011

¿ Es prioritaria la ética o la economía ?

Podemos afirmar, a partir de estimaciones realizadas por empresas privadas, que los países con menor grado de corrupción son los que tienen también un mayor nivel económico. De ahí que surgen dos alternativas para explicar la situación: la primera implica que el buen nivel ético favorece a la economía, la segunda que el buen nivel económico favorece el mejoramiento ético. De acuerdo a estas dos opciones, hay países que destinan gran parte de sus recursos y su mejor empeño a la educación, mientras que otros apuestan a la mejora económica sin tener presente la mejora ética.

Dentro de una misma sociedad podemos observar que no todos los que tienen buen nivel económico tienen también un buen nivel ético, mientras que no todos los que tienen pocos recursos económicos son corruptos, incluso a veces pareciera que es todo lo contrario.

En cuanto a las palabras ética y moral, que se usan a veces en forma indistinta, en este escrito se considera como ética al conjunto de normas o actitudes sugeridas por algún pensador, mientras que moral ha de ser el grado de acatamiento otorgado a esa ética propuesta.

Podemos mencionar las principales posturas que adhieren a alguna de las posibilidades mencionadas (expresadas mayoritariamente en forma simbólica):

a) Cristianismo: “Primeramente buscad el Reino de Dios y su justicia, que lo demás se os dará por añadidura”. Comparte las penas y las alegrías de tus semejantes.

b) Liberalismo: Primeramente establece la economía de mercado. Busca un beneficio simultáneo entre las partes intervinientes en todo intercambio comercial. Compite cooperativamente.

c) Marxismo: Primeramente expropia los bienes de producción, que lo demás se os dará por añadidura. Debes ser altruista y debes sacrificarte (con entusiasmo) en beneficio de la sociedad o del Estado.

d) Fundamentalismo de mercado: Primeramente establece las reglas del mercado, que lo demás se os dará por añadidura. Debes ser egoísta ya que el egoísmo favorece la producción. Compite destructivamente.

Para el cristianismo, lo prioritario es adaptarse a la voluntad del Creador. En un lenguaje actual podríamos decir que propone una adaptación a las leyes naturales o al orden natural. Una vez establecida esa adaptación, a través de la actitud cooperativa implícita en el amor al prójimo, podemos esperar mejoras de todo tipo, incluso la mejora económica. Podemos decir que se trata de una ética natural descripta también por la psicología social.

Para el liberalismo, debe establecerse una actitud cooperativa bajo las reglas del mercado, actitud compatible con el cristianismo. En cambio, para el marxismo, las cosas no son así, ya que se supone que la forma de pensar de los hombres proviene de las formas de producción y de distribución económicas. Karl Marx expresó: “…no es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, su ser social es lo que determina su conciencia”. “…el modo de producción de vida material determina el carácter general de los procesos de vida social, política y económica” (Citado en “Siete teorías de la naturaleza humana” de Leslie Stevenson-Ediciones Cátedra SA-Madrid 1978).

El “fundamentalismo de mercado”, como una distorsión del pensamiento liberal, coincide con éste en que debe establecerse un marco jurídico adecuado que permita asegurar el buen funcionamiento del mercado, pero propone una ética egoísta. Mientras que el liberal piensa que el mercado puede funcionar adecuadamente a pesar del egoísmo, el fundamentalista cree que el egoísmo es algo necesario e imprescindible. Wilhelm Röpke escribió al respecto: “Los individuos que compiten en el mercado en procura de su propio beneficio, necesitan más que nadie de las normas sociales y morales de la comunidad, sin las cuales la competencia degenera hasta los extremos más penosos. Como dijimos antes, la economía de mercado no lo es todo. Debe ocupar su lugar en un ordenamiento más elevado, que no se gobierna por la oferta y la demanda, la libre formación de los precios o la competencia. Debe estar firmemente insertada en un ordenamiento global de la sociedad, en el cual las imperfecciones y rudezas de la libertad económica sean corregidas por el derecho, y donde no le sean negadas al hombre las condiciones de vida adecuadas a su naturaleza. El hombre sólo puede realizar plenamente su naturaleza si se integra libremente en una comunidad con la cual se sienta solidario. De lo contrario, su existencia será desdichada, y él lo sabe”.

Es oportuno mencionar la opinión de algunos destacados pensadores liberales. Juan Bautista Alberdi escribió:

“De ahí que la economía política, que es el estudio de esas causas morales de la riqueza, es una de las ciencias morales y sociales. Adam Smith dio con ella, estudiando y enseñando, como profesor, las ciencias de la filosofía moral”.

“La riqueza y la pobreza residen en el modo de ser moral de una sociedad, en sus costumbres de labor y ahorro, y en sus hábitos viciosos de ociosidad y dispendio”.

”Comprender la riqueza y la pobreza en su ser y causas morales es colocarse en el camino de aprender a salir de la pobreza y llegar a la riqueza”.

“Un empobrecimiento nacido de ideas viciosas sobre el medio de enriquecer sin las virtudes del trabajo y del ahorro, es una enfermedad moral como su causa, y sólo puede ser curada por medicamentos morales igualmente. Esos remedios consisten desde luego en el abandono de las ilusiones que buscaron riquezas improvisadas en combinaciones y artificios ingeniosos que no pueden suplir al trabajo y al ahorro, considerados como manantiales de riquezas y bienestar. Esta curación moral no puede ser sino lenta, penosa y difícil, como es siempre la reforma de los usos y de las costumbres entradas en mal camino”.

“El ahorro, manantial más productivo de riquezas que el trabajo mismo, es, sin embargo, más penoso y difícil para el americano del sud. Es que el ahorro, como costumbre, es toda una educación: es una virtud que se compone de muchas otras y supone un grande adelanto de civilización. Sus elementos son: la previsión, la moderación, el dominio de sí, la sobriedad, el orden. Es imposible llegar a ser rico sin la posesión de estas cualidades morales. Cuando ellas abundan en una nación, esa nación no es, no puede ser pobre, aunque habite un suelo pobre. Mejor sin duda si posee un suelo fértil, pero no es más el suelo que un instrumento de su poder productor, que se compone de sus fuerzas morales”. (De “Estudios económicos”-Librería La Facultad-Buenos Aires 1927).

Mientras que Henry Hazlitt escribió:

“Se piensa, por lo general, en los enfoques ético y económico, que la ética y la economía tienen poco que ver una con la otra. Sin embargo, ambas se encuentran íntimamente vinculadas. A ambas les interesan los actos de los hombres, la conducta humana, la decisión humana, la elección humana. La economía es una descripción, explicación o análisis de los factores determinantes, consecuencias e implicancias de la conducta y elección humanas. Pero apenas llegamos a lo que es la justificación de esos actos y decisiones o a la cuestión acerca de si este o aquel acto o regla de acción sería más conveniente a largo plazo para el individuo o la comunidad, penetramos en el mundo de la ética. Esto es también verdad si lo que se discute es la conveniencia de una política económica comparada con otra”.

“Prácticamente no existe problema ético alguno, en realidad, que no presente un aspecto económico. Nuestras decisiones éticas cotidianas son, en general, decisiones económicas y, a su vez, casi todas nuestras decisiones económicas cotidianas tienen un aspecto ético” (De “Los fundamentos de la moral”– Fundación Bolsa de Comercio de Buenos.Aires 1979).

En cuanto a los países subdesarrollados, podemos decir que muchas veces sólo tratan de imitar a los desarrollados, sin interpretar las causas poco visibles de su desarrollo. Wilhelm Röpke escribió al respecto: “Para poder apreciar hasta qué punto es importante para nuestro mundo este espíritu «burgués», pensemos en lo difícil que resulta implantar las modernas formas de la economía a los países subdesarrollados, que a menudo carecen de las condiciones espirituales y morales que estamos analizando. Los occidentales las damos por sobreentendidas, y por eso apenas somos conscientes de que existen, pero los dirigentes de los países subdesarrollados, con frecuencia, sólo advierten los éxitos económicos exteriores de las naciones de Occidente, sin percibir los cimientos espirituales y morales que sustentan esos éxitos”. (Citado en “Enfoques económicos del mundo actual” de L.S. Stepelevich–Editorial Troquel SA-Buenos Aires 1978).

El declive del liberalismo, en cuanto a su aceptación por parte del público en general, se debe, en primer lugar, a la difamación establecida por los partidarios de las distintas tendencias totalitarias; en segundo lugar se debe a los adherentes al fundamentalismo de mercado. Si en toda ciencia social, en toda religión y aún a nivel del conocimiento público, se considera al egoísmo como una actitud perjudicial para el establecimiento de vínculos sociales, muy pocos encontrarán atractiva una propuesta que les sugiera adoptar una actitud rechazada por la mayoría de la población.

sábado, 21 de mayo de 2011

Del desarrollo al subdesarrollo

Se ha dicho que los países pueden clasificarse en cuatro categorías: primero, los desarrollados; luego los subdesarrollados; tercero Japón, que nadie puede explicarse que sea desarrollado y, finalmente, Argentina, que nadie puede explicarse que sea subdesarrollada.

Julio Maria Sanguinetti escribió: “Recientemente, Mariano Grondona recordaba que en 1908 la Argentina tenia un producto por habitante superior a Alemania, Japón, Francia, Suecia, Holanda y, por supuesto, de lejos mayor que Italia y España. Sólo siete países, encabezados por Gran Bretaña y EEUU, le superaban. Y evocaba que en 1928, en los preludios de la gran crisis mundial, la Argentina estaba en el duodécimo lugar, todavía muy por encima de Japón, Suecia, Austria y, naturalmente Italia y España. Si la Argentina, concluía, siguiera en el puesto duodécimo de aquel 1928, tendría hoy un producto por habitante de 26.000 dólares, cuando el que posee es inferior a 8.000” (De “La Argentina ¿fue o es?”-Diario El País-España).

Para negar los méritos del desarrollo argentino de otras épocas, algunos sectores critican la desigualdad social existente. Pero “desigualdad social” no es lo mismo que pobreza, ya que, incluso, venían trabajadores de países europeos para trabajar durante unos meses para retornar con bastante dinero a sus lugares de origen. Roberto Cachanosky escribió: “Si a principios del siglo XX Argentina tenia salarios superiores a los de muchos países europeos hoy desarrollados, pasada la mitad del siglo XX, la situación comenzó a desbarrancarse al compararnos, no ya con países desarrollados, sino con países que solíamos mirar con misericordia por el nivel de vida que tenían” (De “El síndrome argentino”-Ediciones B- Buenos Aires 2006).

Podríamos considerar la decadencia argentina, además de la mencionada transición económica del desarrollo al subdesarrollo, como el cambio político del liberalismo al totalitarismo creciente. Octavio Carranza escribió: “Paul Samuelson pudo vaticinar en 1945 que la Argentina estaba a punto de lograr un avance importante en la innovación de la productividad, que la pondría a la par de EEUU, Canadá, Francia y Alemania. Entonces se pregunta: ¿Qué salió mal?, y respondió: «La democracia evolucionó con tendencia al populismo…Las promesas para favorecer a la importante cantidad de necesitados eran fáciles de hacer, pero la dura realidad de los mecanismos de mercado convierte los intentos de incrementar los índices salariales por decreto en inflación real en lugar de índices netos y sostenibles»”.
“Es ingenua la creencia, sustentada por los políticos populistas, de que el bienestar general depende de la buena voluntad o de la generosidad de los gobernantes. La paradoja del populismo es que, siendo su intención ayudar a los pobres, en realidad los multiplica a través del decaimiento que resulta del acoso al capital y de la fuga de capitales que ocasiona” (De “Radiografía de los populismos argentinos”-Editorial Liber Liberat-Buenos Aires 2007).

Los políticos populistas necesitan justificar su accionar considerándose defensores de la patria ante las conspiraciones de los países imperialistas y defensores de los pobres ante la maldad empresarial. Sin embargo, son justamente los gobiernos populistas y totalitarios los que favorecen la huída, hacia los países desarrollados, de uno de los principales factores de la producción: el capital. En la Argentina, en los últimos 43 meses (anteriores a Mayo/2011), han salido del país unos 60.000 millones de dólares, ya que los inversores poca confianza tienen en el país ante la creciente intromisión estatal en las empresas privadas y la notoria tendencia a la extorsión hacia las empresas por parte de los sindicatos.
Si en realidad existe algo como un “imperialismo económico”, podemos decir que se trata de una concentración de capitales (y capital humano) que llegan a EEUU provenientes de todo el mundo. Tal éxodo de medios de producción se ve altamente favorecido por los políticos totalitarios de otros países que fundamentan su accionar en las prédicas de odio hacia ese país. Jorge Luis Borges escribió: “Odiando, uno depende de la persona odiada. Es un poco esclava de la otra. Es su sirviente”.

En un país deberían alternarse gobiernos surgidos de partidos políticos que buscan favorecer la producción, o bien la distribución. En cambio, si en un país continúan en el gobierno distintos tipos de populismo, dicho país seguirá en el subdesarrollo o bien caerá tarde o temprano en él. En la Argentina, desde la segunda década del siglo XX, populistas y totalitarios se alternaron en el poder, varias veces con una fachada democrática. De ahí que, posiblemente, sea esa la causa esencial del subdesarrollo.

Hubo algunos intentos por volver a economías de tipo liberal (capitalista) durante el gobierno militar del 76, pero se recurrió al “fundamentalismo de mercado”. Fue un caso similar al reciente ocurrido en Rusia luego de la caída del sistema comunista, en donde no hubo una gradual adaptación al mercado. Incluso se alentaba, desde la propaganda oficial, a cerrar negocios improductivos para crear otros que dieran mejores resultados, como si la población y los empresarios fueran a adaptarse de la noche a la mañana a cambios tan abruptos en su vida cotidiana. La indexación de la economía, por parte del Estado, fue en realidad algo propio de los sistemas intervencionistas antes que un accionar de tipo liberal. La especulación, antes que la producción, se vio favorecida por esas prácticas.

Otro intento fue el del menemismo, que también fracasó por cuanto se incrementó la producción debido al estímulo de la economía de mercado, pero se gastó excesivamente por parte del Estado, como todo populismo lo hace.

Estamos llegando así a las elecciones presidenciales del 2011 en las que no existe candidato que proponga la vuelta a la economía de mercado y al desarrollo económico, ya que, tanto las propuestas del oficialismo como de la oposición, son distintas variantes de la tendencia demagógica predominante.

El subdesarrollo surge, como todos los males, de fallas morales a nivel individual que luego formarán parte de nuestra “cultura”. Así como en otras partes del mundo existen personalidades ideales que son buscadas, o al menos respetadas, por la mayor parte de la población, en la argentina predomina la “viveza criolla”. Jorge Luis Borges expresó: “El argentino suele carecer de conciencia moral, no intelectual; pasar por inmoral le importa menos que pasar por zonzo. La deshonestidad, según se sabe, goza de la veneración general y se llama «viveza criolla»”.

Incluso han predominado, como consecuencia de las divisiones sociales propuestas por los sectores totalitarios, las “categorías sociales” de tipo económico, en lugar de categorizaciones de tipo ético. Alfonso García Valdecasas escribió:

“El mundo moderno parecía haber reducido toda la composición de la sociedad a burguesía y proletariado. Los dos tipos humanos correspondientes, burgués y proletario, en su aparente oposición radical tenían mucho en común. Eran tipos determinados por su nivel económico, definidos por su egoísmo privado o de clase, desentendidos de las virtudes publicas, desarraigados de la tradición histórica”.

“Son varios los pueblos que lograron crear un tipo de hombre representativo, erigido en modelo y norma de perfección: el hombre ético de la Grecia clásica, el hidalgo español, el cortigiano del Renacimiento italiano, el gentilhomme francés, el gentleman inglés, el junker prusiano, el samurai del Japón…..” (De “El hidalgo y el honor”-Revista de Occidente-Madrid 1948).

Para salir del subdesarrollo, un país debe recurrir a una mejora ética generalizada para fortalecer y aumentar significativamente su capital humano. De esa forma será posible una mejor adaptación a la democracia y a la economía de mercado, ambos sistemas basados en la libertad individual. Sin embargo, en nuestro país, la palabra libertad es interpretada generalmente como una facultad del individuo a hacer lo que le venga en ganas. Carlos S. Nino escribió:

“El necesario llamar la atención sobre otro fenómeno social que generalmente no es incluido entre los factores que han intervenido como causal de la involución económica y social de la Argentina. Me refiero a la tendencia recurrente de la sociedad argentina, y en especial de los factores de poder –incluidos los sucesivos gobiernos- a la anomia en general y a la ilegalidad en particular, o sea a la inobservancia de normas jurídicas, morales y sociales. Es realmente sorprendente que, no obstante la visibilidad de la tendencia argentina hacia la ilegalidad y la estrecha vinculación entre anomia e ineficiencia y entre ésta y el subdesarrollo, ella no ha sido señalada hasta ahora por politicólogos, historiadores y economistas como un factor significativo para dar cuenta del subdesarrollo argentino” (De “Un país al margen de la ley”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1992).

En lugar de ser un país regido por leyes y basados en el respeto a la Constitución, los políticos han preferido cambiarla. Debido a que la Constitución de 1853, realizada por Juan B. Alberdi, tenía una orientación liberal, y, aunque haya favorecido el desarrollo argentino, el populismo de turno trató de cambiarla. Así aparece la reforma de 1949, atribuida al falangista español José Figuerola. Esta reforma fue derogada posteriormente. Finalmente aparece la Reforma Constitucional de 1994, que puede considerarse como un perfeccionamiento de la reforma fascista del 1949.

Los políticos argentinos (admiradores en su mayoría, y con poco disimulo, de Fidel Castro y del Che Guevara) han permitido establecer una Constitución cuasi totalitaria. Con los Decretos de Necesidad y Urgencia y otros medios similares, permite al Poder Ejecutivo concentrar el poder del Estado. De esta forma el presidente puede presionar o ignorar a los poderes restantes. Podemos decir que la actual Constitución permite la posibilidad de una “dictadura constitucional”.

Por el contrario, en la Argentina se considera al liberalismo (democracia + mercado) como una “mala palabra” y el hecho de decirle a alguien “liberal” es casi una ofensa personal (lo que tiene sentido y coherencia con el actual estado de la política).

Sería importante que los políticos, alguna vez, establecieran una orientación ética para todo individuo, con alcances sociales, ya que el arte de la política implica que los actores no sean sólo quienes ocupan cargos en el gobierno. Es posible que consideren que la ética no es un factor importante para la convivencia democrática, o bien que no se sientan capacitados para producir esa orientación, en cuyo caso deberían recapacitar acerca de la función que desempeñan.

viernes, 13 de mayo de 2011

Ideas que dividen al mundo

Denominamos generalmente como “ideología” a un conjunto de ideas que apuntan hacia el logro de uno o más objetivos. Las ideologías son una consecuencia de una previa visión del mundo, y son de origen filosófico, religioso o científico. También podemos asignar a dicha palabra el significado de “ciencia de las ideas”. Como primer objetivo de esta ciencia aparece el estudio de los efectos que en el individuo y en la sociedad han de producir las ideas con trascendencia social. Desde el punto de vista adoptado, podemos establecer una clasificación general de las ideas:

a) Ideas que favorecen la unión de individuos y pueblos.
b) Ideas que promueven la división y el antagonismo de individuos y pueblos

Para valorar las distintas propuestas ideológicas, debemos observar tanto los efectos que producen como también la coherencia lógica que las sustenta. Si sus efectos son negativos, no existirá mayor diferencia si se tenían “buenas intenciones” y pocas aptitudes, o bien si el mismo efecto se produjo porque la ideología se sustentaba en malas intenciones de sus realizadores y se acertó con su objetivo.

En cuanto a la valoración de las acciones individuales, podemos, y debemos, tener presente el carácter de las intenciones, pero en el caso de quienes aceptan la responsabilidad de regir al Estado o de quienes influyen de alguna manera en la mentalidad generalizada de la sociedad, incurren en una gran irresponsabilidad si no están capacitados para la función desempeñada.

Así como las enfermedades atacan nuestra integridad personal, las ideologías negativas atacan la integridad social. Los principales ámbitos de disputas y discusiones son los siguientes:

1- Economía y sociedad: lucha ideológica entre liberalismo y socialismo

2- Religión: lucha ideológica entre religiones

Comenzando por el primero de los conflictos, mencionaremos la opinión del economista Paul Krugman, quien escribió:

“Un lado de la política estadounidense considera que el Estado moderno de asistencia social –una economía de empresa privada, pero en la cual se cobran impuestos a los ganadores de la sociedad para que cubran el costo de una red de seguridad social- es moralmente superior al violento y descarnado capitalismo que teníamos antes del New Deal. Tan sólo es correcto, cree esta parte, que los ricos ayuden a los menos afortunados”.

“La otra parte cree que la gente tiene derecho a quedarse con lo que gana, y que cobrarles impuestos para mantener a otros, sin consideración a cuánto lo necesiten, equivale a un robo. Eso es lo que está detrás de la predilección del derecho moderno por la retórica violenta: muchos activistas de la derecha realmente consideran que los impuestos y la normatividad son imposiciones tiránicas sobre su libertad”.

“Cada una de las partes en ese debate cree apasionadamente que la otra parte está mal. Y está bien que ellos digan eso. Lo que no es aceptable es el tipo de violencia y retórica alentando la violencia de eliminación, que se ha vuelto demasiado común en estos últimos años” (De “Una nación dividida por el bien y el mal”-Diario “Los Andes”-Mendoza 23/01/2011).

Podemos plantear dos casos hipotéticos que podrán utilizarse como un examen para determinar el grado de adhesión al socialismo o al liberalismo existente en un individuo:

Primer Escenario: existe una sociedad económicamente desigual en la cual un sector dispone de un promedio de 100 unidades de riqueza, mientras que otro sector dispone de 30 de esas unidades.

Segundo escenario: existe una sociedad igualitaria en donde todos tienen un promedio de 20 unidades de riqueza.

El individuo con mentalidad socialista elegirá la segunda opción por cuanto, al existir igualdad económica, sostiene que no existirán motivos de envidia ni tampoco marginación social. El individuo con mentalidad liberal elegirá la primera opción por cuanto en esa sociedad existe un mejor nivel económico con posibilidades de mejoras. Winston Churchill expresó: “El vicio inherente del capitalismo es el reparto desigual de las bendiciones: la virtud inherente del socialismo es el reparto equitativo de las miserias”

Respecto del socialismo debe señalarse que, adoptando valores extra económicos (éticos e intelectuales) tiende a desaparecer la actitud que lo promueve. La “noble idea” de la igualdad económica, propia del socialismo teórico, conduce en realidad a una notable desigualdad en el socialismo real, ya que implica una clase dirigente que predomina respecto de la clase popular. Andrei D. Sajarov escribió:

“Aunque a diario los altavoces sugieran al ciudadano medio soviético que él es el dueño del país, este ciudadano comprende perfectamente que los verdaderos amos son los que, arrellanados en los asientos de sus lujosos, negros y blindados automóviles, ve pasar cada día, mañana y tarde, por las calzadas desiertas”.

“Hasta el momento presente, el socialismo ha significado en todo momento un sistema de partido único, un poder detentado por una burocracia rapaz e incompetente, la expropiación de toda clase de propiedad privada, el terror de la Cheka o sus afines, la destrucción de las fuerzas productivas y la consiguiente necesidad de restaurarlas y expandirlas a expensas de incontables sacrificios por parte del pueblo, y de violencias de las que son blanco la conciencia y el pensamiento libre” (De “Mi país y el mundo”-Editorial Noguer SA-Barcelona 1976).

Para la promoción de la “noble idea”, se atribuye a la desigualdad económica todas las injusticias existentes en las sociedades libres. De ahí que el socialismo moderado apunta a que el Estado sea el encargado de quitarle recursos al sector que trabaja para entregárselo al sector improductivo. Por lo que el empresario, el que más favorece a la producción, es mirado como el principal promotor de “desigualdad”.

Por otra parte, las injusticias que se producen en los intentos revolucionarios por tomar el poder, son legitimadas por la “noble idea” de la igualdad económica. Jean-Françoise Revel escribió: “Según la izquierda, «la guerra es la paz» cuando la URSS vence, y existen ocupaciones extranjeras buenas (como en el caso de Afganistán) y malas, hay una violencia buena y otra mala, dictaduras buenas y malas, y terrores buenos y malos” (Del prólogo de “La ceguera voluntaria”-Christian Jelen-Editorial Planeta SA-Buenos Aires 1985).

En cuanto a la religión, debemos considerar dos posturas generales, si bien es posible que no toda manifestación religiosa pueda quedar incluida en este simple esquema. Tenemos primeramente a la religión tradicional (teísmo) cuya visión del mundo puede sintetizarse en la siguiente igualdad:

Universo = Dios + Naturaleza

Por otra parte, la religión natural (deísmo) adopta la visión expresada principalmente por Baruch de Spinoza:

Universo = Dios = Naturaleza

Si consideramos la validez de la postura teísta, podemos preguntarnos si Dios actúa de igual manera en iguales circunstancias. En caso afirmativo, podemos decir que admite una ley similar que la ley impuesta a los seres humanos. De ahí que sea posible considerar cierta compatibilidad entre ambas posturas.

En cuanto a los conflictos religiosos, en primer lugar debemos considerar la discriminación hacia los “no creyentes” por parte de los “creyentes” en Dios. Se considera como una virtud la creencia en un ser exterior al mundo (teísmo) que interrumpe las leyes naturales a partir de nuestros pedidos, mientras que se considera un grave defecto pensar en la existencia de leyes naturales invariantes (deísmo o religión natural).

Se otorga mayor mérito a una postura filosófica que a una actitud ética, lo que es admisible en filosofía, pero no en religión. En las religiones éticas, como el cristianismo, es prioritario el amor al prójimo a la creencia de tipo cognitivo (o debería serlo). También existen discriminaciones entre religiones y entre sectas seguidoras de un mismo profeta.

Al priorizar la fe sobre las obras, la postura cognitiva sobre la acción concreta, el intelecto sobre los sentimientos, se ha desnaturalizado la esencia de la religión. Con ello se ha dado cabida a la “religión competitiva” (irreligión) en lugar de la religión cooperativa, la que “une a los adeptos”. Baruch de Spinoza escribió:

“Pero, tanto han podido la ambición y el crimen, que se ha puesto la religión no tanto en seguir las enseñanzas del Espíritu Santo, cuanto en defender las invenciones de los hombres; más aún, la religión no se reduce a la caridad, sino a difundir discordias entre los hombres y a propagar el odio más funesto, que disimulan con el falso nombre de celo divino y de fervor ardiente. A estos males se añade la superstición, que enseña a los hombres a despreciar la razón y la naturaleza y a admirar y venerar únicamente lo que contradice a ambas”.

“Por gobierno de Dios entiendo el orden fijo e inmutable o la concatenación de las cosas naturales, puesto que las leyes universales de la naturaleza, conforme a las cuales se hacen y determinan todas las cosas, no son más que los eternos decretos de Dios, que implican siempre una verdad y una necesidad eternas. Es, pues, lo mismo que digamos que todas las cosas se hacen según las leyes de la naturaleza o que son ordenadas por el decreto de Dios y su gobierno” (Del “Tratado teológico-político”-Ediciones Altaya SA-Barcelona 1994).

La religión debe encuadrarse en la tendencia general de la adaptación cultural del hombre al orden natural. De ahí que deba contemplar principalmente a dicho orden y a las leyes naturales que lo conforman. Cuando no se tiene en cuenta al orden natural, se cae en el subjetivismo absoluto dando lugar a graves conflictos intelectuales y sociales.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Liderazgo

Un grupo social es un conjunto de personas reunidas bajo un objetivo común. Entre sus integrantes habrá individuos más influyentes que otros y también individuos más influenciables que otros. De ahí la posibilidad de que surjan liderazgos en forma natural, principalmente bajo circunstancias en que deban tomarse decisiones, concretarse objetivos y determinarse estrategias. En cuanto a la definición de grupo social, podemos mencionar la propuesta por Georges Gurvitch: “Unidad colectiva que encara una obra común, se expresa por actitudes y comportamientos comunes y tiende hacia un cierto equilibrio, en el que las fuerzas centrípetas superan a las fuerzas centrífugas”.

Existe una favorable predisposición a la admisión de un líder cuando se trata de alguien identificado con el grupo. C. A. Gibb escribió: “Los adeptos se subordinan, no a un individuo a quien perciben como absolutamente distinto, sino a un miembro de su grupo que en ese momento posee superioridad, a quien perciben como fundamentalmente igual a ellos y que en otras ocasiones puede estar dispuesto a seguir a los demás” (Citado en “Principios y métodos de psicología social”-Edwin Hollander-Amorrortu Editores SA-Buenos Aires 1968).

Los distintos tipos de liderazgo se han clasificado según el grado de libertad permitida a los restantes integrantes del grupo. Así tenemos los liderazgos autoritarios, democráticos y “laissez faires” (dejar hacer), a los que habría que agregar el caso de la ausencia de líderes, como ocurre en los grupos anárquicos o caóticos. Todos los tipos de grupos y de liderazgos se presentan tanto en el ámbito de la política, como de las empresas, en la educación, etc.

En cuanto a los efectos producidos por los distintos tipos de liderazgo, Jean Maisonneuve escribió:

“El liderazgo autoritario suscita en el grupo diversas reacciones de agresividad y apatía, especialmente durante las ausencias del líder; la agresividad se localiza sobre chivos emisarios. En un clima cooperativo, el espíritu de comunidad, el «nosotros» está claramente más desarrollado, el rendimiento es más regular y ligeramente superior. Por otra parte, las relaciones entre el líder y los miembros del grupo son más cordiales mientras que con un líder autoritario éstas toman las formas de esfuerzos personales para atraer la atención y «ser bien vistos». Parece, pues, que la sola actitud del líder basta para determinar, en grupos análogos, efectos muy diferentes”.

“En verdad, también en este caso es necesario reubicar la experiencia en su clima global. La superioridad afectiva y funcional del liderazgo «democrático» se explica bastante bien en los países en los que las estructuras y los contenidos son ellos mismos bastante democráticos. No está probado que los haya en todos lados”.

“Como quiera que sea (esas experiencias fueron llevadas a cabo con el concurso de una serie de líderes que adoptaron las mismas actitudes), se percibe la importancia del método de dirección sobre el clima colectivo de los grupos, más allá de la personalidad del líder que lo elige y lo ejerce” (De “Psicología Social”-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 1967).

También es oportuno mencionar las actitudes predominantes en los individuos del grupo que reciben la influencia del líder. Jean Maisonneuve escribió: “Esos tipos pueden enfocarse desde tres puntos de vista:

a) Según la actitud conformista o refractaria del individuo frente al grupo.
b) Según su actitud conservadora o revolucionaria frente al orden establecido.
c) Por último según la jerarquía de los valores personales”.

Se ha dicho siempre que el liderazgo efectivo es el que deriva de cierta autoridad. Al respecto, George C. Homans escribió: “¿Pero qué es la autoridad? Necesitamos una definición, y aquí la tenemos: Si una orden dada por un líder a un miembro de su grupo es aceptada por el miembro y controla su actividad en el grupo, se dice que la orden entraña autoridad".

"Esta definición implica que la autoridad de una orden descansa siempre en la buena voluntad para obedecerla, por parte de las personas a las cuales está dirigida”.

En cuanto a la conducta del líder, es oportuno mencionar algunas sugerencias dadas por el autor antes mencionado (resumidas a partir del libro “El grupo humano”-George C. Homans-EUDEBA-Buenos Aires 1977).

1) El líder debe mantener su propia posición. El líder no podrá hacer nada para dirigir a su grupo a menos que se afirme como una persona de la cual partirán las órdenes autorizadas.

2) El líder debe vivir en conformidad con las normas de su grupo. Cualquier falla por parte del líder para vivir en conformidad con las normas del grupo socava su rango social y por ende la presunción de que sus órdenes deben obedecerse.

3) El líder debe dirigir. Si el líder es la persona que origina interacción para los demás miembros del grupo, cualquier falla de su parte en ese originamiento, en tomar la iniciativa, lo convertirá tanto menos en líder.

4) El líder no debe dar órdenes que no serán obedecidas. Si debe dar órdenes cuando se las espera y serán obedecidas, no debe darlas cuando no serán y no pueden ser obedecidas.

5) Al dar órdenes, el líder deberá utilizar las vías establecidas. Si bien el líder debe interactuar con cualquier miembro del grupo, interactúa más a menudo con las personas cuyo rango social se aproxima más al suyo, y sus órdenes tienden a ser transmitidas al grupo a través de esos hombres, sus lugartenientes.

6) El líder no debe imponerse a sus seguidores en los acontecimientos sociales. Esta regla tiene algo en común con la antigua regla del ejército en el sentido de que un oficial no debe tener familiaridad con sus soldados.

7) El líder no debe censurar ni, en general, elogiar a un miembro de su grupo en presencia de otros miembros. Cuando censura a uno de ellos en público, con ello disminuye o trata de disminuir su rango social, es decir, el grado de estima que le confieren los miembros del grupo.

8) El líder debe tener en cuenta la situación total. Si ha mantenido su posición en forma efectiva, habrá creado una zona de indiferencia, es decir, una presunción inicial de que sus órdenes y las de sus lugartenientes serán obedecidas por los miembros del grupo sin discutir si tales órdenes son o no aceptables.

9) Para mantener la disciplina, el líder deberá preocuparse menos por infligir castigos que por crear las condiciones en las cuales el grupo se disciplinará solo. Muchos de nosotros descubrimos, al igual que los líderes de los pequeños grupos, que cuantos más castigos infligimos, mayor es la cantidad que debemos infligir.

10) El líder debe escuchar. Si el líder ha de dar las órdenes que mantengan un equilibrio móvil, debe estar informado acerca de la situación total, dentro y fuera de su grupo.

11) El líder debe conocerse a sí mismo. Debiera resultar obvio que el líder mismo constituye la mayor amenaza para el equilibrio móvil del grupo. Él es quien más puede hacer para ponerlo en peligro.

En cuanto a los movimientos políticos, podemos hablar de liderazgos cuando se trata de dirigir y orientar a toda la población, sin hacer exclusiones. Los movimientos de tipo totalitario, sin embargo, establecen una estricta división entre “ellos y nosotros”, utilizando implícitamente el lema “divide y reinarás”, y favoreciendo la división y el enfrentamiento entre sectores. Esta misma actitud es tomada respecto de los distintos países. A los países “enemigos” se los distingue como “ellos”, algo opuesto a “nosotros”.

En el lenguaje cotidiano, con la palabra “ellos” se designa tanto al sector nacional excluido como al país enemigo. Así, los ideólogos marxistas consideran como cipayos y partidarios de EEUU a quienes no adhieren a sus creencias básicas. Se llega así a una situación en la que gran parte de los ciudadanos son considerados como “extranjeros” en su propio país e incluso se les asocia, injustificadamente, cierta actitud favorable hacia determinado país extranjero.

Si alguien es considerado como un “extranjero y enemigo”, en su propio país, seguramente tendrá una opinión similar respecto de quienes lo calificaron de esa forma. Por el contrario, los movimientos nacionales, que no excluyen a ningún sector, tienen características universalistas, y ello se debe al hecho de promover actitudes y valores cooperativos, que impiden cualquier tipo de discriminación sectorial y favorecen la unión de los pueblos aún en la existencia de la diversidad cultural.

Se atribuye a Nicola B. de Machiavello la expresión siguiente: “Es mejor ser temido que ser amado”. A partir de esta sugerencia, dirigida a los líderes políticos, podemos extraer las dos tendencias extremas posibles para el ejercicio del liderazgo. Por una parte tenemos al líder que impone temor (liderazgo autoritario). Sus directivas se cumplen porque se teme tanto un castigo moral como material. Por otra parte tenemos el liderazgo ejercido bajo la existencia de una mutua empatía entre el líder y sus subordinados (liderazgo democrático). Todos tienen la capacidad de ubicarse en el lugar del otro, para evitar perjuicios y para facilitar el éxito de todos. El líder confía en sus dirigidos y espera de ellos lo mejor. Cada uno de los dirigidos teme no responder en forma eficaz a la confianza otorgada, y por ello se exige a sí mismo el máximo de lo que puede dar. Este último tipo de liderazgo es el que mejor responde a la actitud cooperativa que debe predominar en todos y cada uno de los integrantes de una sociedad.

lunes, 25 de abril de 2011

La tercera vía

Los movimientos políticos que tratan de promover sistemas económicos y sociales distantes tanto del capitalismo como del socialismo, se han denominado “la tercera vía”, o la “tercera posición”. Podemos mencionar algunas de las razones que los han hecho surgir:

a) Existe el convencimiento de que ambas posturas a superar tienen algo positivo que deberá mantenerse.
b) Existe el convencimiento de que ambas posturas son negativas para la sociedad.
c) Se utiliza la tercera vía como un disfraz que algunos políticos emplean para recibir apoyo electoral, pero en realidad tratan de implantar a una de ellas.

A mediados del siglo XX, algunos políticos consideraron al fascismo y al nazismo como una tercera posición equidistante tanto del capitalismo como del comunismo, siendo éste el caso del peronismo. Al respecto, Juan D. Perón expresó:

“En 1938 el mundo asistía entre absorto y confuso el enfrentamiento enconado del capitalismo con el comunismo, mientras mantenían una tercera posición ideológica el fascismo y el nacionalsocialismo”.

“Me ubiqué en Italia entonces. Y allí estaba sucediendo una cosa: se estaba haciendo un experimento. Era el primer socialismo nacional que aparecía en el mundo. No entro a juzgar los medios, que podrían ser defectuosos. Pero lo importante era esto: en un mundo ya dividido en imperialismos, ya flotantes, y un tercero en discordia que dice: No, ni con unos ni con otros, nosotros somos socialistas, pero socialistas nacionales. Era una tercera posición entre el socialismo soviético y el imperialismo yanqui. Para mí ese experimento tenia un gran valor histórico. De alguna manera uno ya estaba intuitivamente metido en el futuro, estaba viendo qué consecuencias tendría ese proceso” (De “Crítica de las ideas políticas argentinas”-Juan José Sebreli-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2002). Puede decirse que, cuando un líder de masas elige la vía inadecuada, será todo un país el que se conducirá por ese camino.

Debido a los efectos negativos producidos por fascistas y nazis, principalmente por el carácter totalitario y antidemocrático de sus ideas, en la actualidad la tercera posición la ocupan los partidos denominados socialdemócratas. Junto a los partidos liberales (capitalistas) y a los socialistas (marxistas) cubren el espectro de las ideologías en pugna en la mayor parte de los países. (También el marxismo es esencialmente totalitario y antidemocrático, si bien la propaganda partidaria ha convencido a muchos de lo contrario).

En cuanto a los objetivos que propone para la socialdemocracia, Anthony Giddens escribió: “Valores de la tercera vía: Igualdad. Protección de los débiles. Libertad como autonomía. Ningún derecho sin responsabilidad. Ninguna autoridad sin democracia. Pluralismo cosmopolita. Conservadurismo filosófico”.

“La meta de la política de la tercera vía debería ser ayudar a los ciudadanos a guiarse en las grandes revoluciones de nuestro tiempo: la globalización, las transformaciones de la vida personal y nuestra relación con la naturaleza” (De “La tercera vía”-Ediciones Taurus-Buenos Aires 2000).

Uno de los mayores inconvenientes, y una de las mayores contradicciones, ocurren en el aspecto económico. Así, han surgido posturas que proponen “producir bajo el sistema capitalista, pero distribuir bajo el sistema socialista”. Detrás de las palabras, sin embargo existen los hechos. Recordemos que la economía de mercado, y su ley básica de la oferta y la demanda, considera a la producción (luego oferta) y a la distribución (luego demanda) como partes indisolubles del mismo proceso, de ahí que no tenga sentido la “propuesta mixta” anterior.

Una vez establecidas las empresas y su producción, debemos optar por la planificación individual de productores y consumidores (mercado) o bien por la planificación central (estatal). Las posibilidades intermedias sólo implican distorsiones al mercado que tarde o temprano producen resultados indeseados.

Lo que puede establecerse es, justamente, una economía mixta, es decir, con empresas tanto privadas como estatales. Ningún país puede darse el lujo de prescindir ya sea de la actividad privada como de la actividad estatal. Pero las empresas estatales deberán participar competitivamente en el mercado, cerrando sus puertas en caso de tener pérdidas. De lo contrario, se transformarán en instituciones parasitarias que absorben injustificadamente las riquezas creadas por el resto de la sociedad.
Para lograr acuerdos, debemos acordar primeramente en cuanto a los siguientes posibilidades:

1- El capitalismo es esencialmente perverso o bien es necesario lograr una previa adaptación de la sociedad a sus reglas.
2- El socialismo es esencialmente erróneo o bien fue siempre mal aplicado.

El capitalismo, y la economía de mercado, mayoritariamente producen muy buenos resultados, por lo que podemos atribuir sus fracasos a la no adaptabilidad de la población a sus reglas básicas. El socialismo, y la economía planificada, han producido malos resultados económicos en todos los casos, lo que hace sospechar de una inherente ineficacia. (Nómbrese algún país socialista exitoso)

En cuanto a las ventajas que ofrece el socialismo real (no el teórico) debemos considerar en qué consiste esencialmente. Podemos comenzar considerando el caso de una economía de mercado con competencia perfecta. Este sistema ideal se deteriora cuando un grupo de empresas decide no competir y hacer acuerdos extra mercado para fijar precios que les resulten favorables. Luego estas empresas se pueden asociar para adquirir otras empresas y así llegar a disponer de toda la economía de una nación. Con tanto poder, esta gran empresa no tendrá inconvenientes en dirigir incluso la política y hasta los medios de información pública.

Nótese que esta descripción termina en una sociedad enteramente similar a una sociedad de capitalismo estatal (comunismo), ya que las decisiones sobre todas y cada una de las vidas de quienes dependen de esa gran empresa (el Estado) son tomadas por el máximo líder, tal el caso de un Stalin o un Fidel Castro, amo absoluto de la nación. De ahí que la tercera vía no debería buscar las “ventajas” del socialismo, excepto por hacer crecer, a veces, los valores personales de quienes están bajo un régimen de tipo carcelario.

Es oportuno señalar que el socialismo teórico apunta hacia el estado totalitario mediante la estatización de los medios de producción y de la “dictadura del proletariado. De ahí que el socialismo debería quedar afuera de una búsqueda de síntesis respecto del mejor sistema político y económico, de la misma forma en que quedaron fuera previamente el fascismo y el nazismo.

Las críticas hacia el capitalismo muchas veces se juntan con las destinadas hacia los EEUU, siendo que las principales figuras del pensamiento liberal son principalmente europeas y previas al surgimiento de ese país como nación independiente. Esa actitud es equivalente a rechazar al cristianismo por cuanto es la religión predominante en EEUU, siendo que esa religión es mucho más antigua que tal país.

También se dice que el liberalismo trata de prescindir totalmente del Estado, algo completamente falso. Lo que propone es, primeramente, que no se distorsione el libre mercado con regulaciones o bien con una impresión de billetes más allá de los necesarios para satisfacer el normal crecimiento de la producción. En segundo lugar, que no se dedique a producir aquello para lo cual no están capacitados los políticos, para que así pueda el Estado ocuparse de temas importantes como la educación, la salud, la seguridad, la justicia, etc.

Las severas críticas al capitalismo persisten en la medida en que persiste la vigencia de la discriminatoria “ley de Marx”, la que implica que los empresarios son perversos y egoístas por naturaleza, mientras que los empleados y los obreros son honestos en todos los casos. De ahí un paso más, y se interpreta que los liberales no son aptos para el manejo de la economía y la política, mientras que los marxistas (al ser buenos por naturaleza) deberían dirigir el Estado. Al respecto, Anthony Giddens escribió: “La idea de que el capitalismo puede ser humanizado a través de la gestión económica socialista dota al socialismo de la mayor ventaja que pueda poseer, incluso aunque haya habido muchas descripciones diferentes sobre cómo pueda lograrse tal objetivo”.

Luego se sostiene que el socialdemócrata está en mejores condiciones de repartir lo que otros producen y que la misión de la socialdemocracia se ha de lograr esencialmente sacándole dinero al que trabaja y produce, para entregárselo al sector improductivo (previo descuento que va al mantenimiento de los generosos distribuidores de lo ajeno). Si no alcanza el dinero extraído al sector productivo, queda el último recurso de la impresión excesiva de billetes, lo que da lugar a la inflación, perjudicando mayoritariamente a los sectores a quienes se pretendía ayudar.

La tercera vía, si así pudiera denominarse, quedaría entonces reducida al mejoramiento ético generalizado, es decir, a la incorporación directa de actitudes y valores provenientes de otras ramas de las ciencias sociales. El mercado sólo es un medio que orienta las decisiones económicas, pero por sí solo no es apto para solucionar los problemas sociales existentes.

miércoles, 13 de abril de 2011

El capital humano


Entre los factores necesarios para la producción de bienes y servicios aparecen, tradicionalmente, las materias primas, el trabajo, el capital y el empresario. En las últimas décadas, algunos economistas han incluido también al capital humano, como algo distinto al capital material o físico, como otro factor de la producción. Lester C. Thurow escribió: “El capital humano se define como las habilidades, talentos y conocimientos productivos de un individuo. Esto se mide en términos del valor (el precio multiplicado por la cantidad) de los bienes y servicios producidos” (De “Inversión en capital humano”-Editorial Trillas SA-México 1978).

La idea de “medir” a un ser humano por su productividad potencial puede resultar inaceptable en un principio. Sin embargo, es conveniente describir en forma adecuada cuales son los factores de la producción, de manera de favorecer a la economía e incluso para establecer una distribución más justa de los beneficios de la producción entre los distintos factores intervinientes. Lester C. Thurow escribe al respecto: “Debe hacerse una clara diferenciación entre el «valor» de un hombre y el de su salario. El capital humano de un hombre nos indica el valor actual de sus futuras capacidades productivas, no su valor como ser humano. Cualidades personales como el amor, la amistad, la compasión y el valor intrínseco no se incluyen en los cálculos del capital humano de un hombre. El valor que puede adjudicarse a sí mismo o el que sus amigos o enemigos le puedan asignar, no tiene relación con su capital humano”.

Los países con pocos recursos naturales como petróleo, gas, minerales, etc., tienen la imperiosa necesidad de aumentar su capital humano. Es el mismo caso del joven que no va a recibir de sus padres ninguna herencia y trata de compensar esa falta adquiriendo conocimientos a través de una formación profesional. Entre estos países podemos mencionar a Japón, Corea del Sur y Taiwan.

Los países con muchos recursos materiales a veces descuidan la formación de capital humano. Es el mismo caso del joven que va a recibir cierta herencia material de sus padres y opta por no capacitarse adecuadamente para su futuro laboral. Entre estos países podemos mencionar a Argentina y Venezuela.

Debido a que las materias primas tienen en el mercado mundial una incidencia cercana al 4 %, los países con mejor nivel económico son aquellos que tienen mayor capital humano, que es el que les permite tener una industria competitiva y eficaz. Los que confiaron exclusivamente en la “herencia” recibida, por el contrario, pueden permanecer con un nivel de vida bastante limitado. Estos aspectos ya fueron tenidos en cuenta por Juan Bautista Alberdi en el siglo XIX, por lo que escribió:

“La América del Sud esta ocupada por pueblos pobres que habitan suelo rico, al revés de la Europa ocupada en su mayor parte por pueblos ricos que habitan suelo pobre”.

“La primera dificultad de Sud América para escapar de la pobreza es que ignora su condición económica. Con la persuasión de que es rica y por causa de esa persuasión, vive pobre, porque toma por riqueza lo que no es sino instrumento para producirla”.

“Ausentes el trabajo y el ahorro, la pobreza es el resultado natural de esa situación, y ella coexiste con la posesión de los más felices climas y territorios, cuyos poseedores arrogantes pueden presentar el cómico espectáculo de una opulencia andrajosa”.

“El trabajo y el ahorro son esas causas naturales de la riqueza, como la ociosidad y el dispendio son las causas de la pobreza. Esas cuatro palabras expresan los cuatro hechos a que está reducida toda la gran ciencia de Adam Smith” (De “Estudios económicos”-Librería La Facultad-Buenos Aires 1927).

Debido al aumento sostenido del desarrollo científico y tecnológico, el automatismo va restringiendo la oferta de mano de obra en actividades tales como la agricultura y la industria. En los países con alto nivel tecnológico, sólo se emplea un 3 o 4 % de la población laboralmente activa para las actividades agrícolas, esperándose porcentajes similares para los próximos años en el caso de la industria. Ello no significa llegar al “fin del trabajo”, situación cercana a una catástrofe social, ya que en esos países existen porcentajes cercanos al 75 % en empleos en el sector servicios. Justamente en estas actividades se requiere bastante especialización y capital humano.

El avance tecnológico, que en siglos pasados produjo el “desempleo tecnológico”, debido al reemplazo del hombre por la máquina, con la pérdida de puestos de trabajos, en la actualidad ha dejado de ser un serio inconveniente debido a la mencionada ocupación creciente en el sector servicios. De todas formas, el hombre debe capacitarse cada vez más para adaptarse sin inconvenientes a la cambiante situación laboral que presentan las sociedades actuales.

Así como la máquina de vapor de James Watt dio inicio a la Revolución Industrial, la computadora digital y las comunicaciones han caracterizando a la sociedad de la información y del conocimiento. Peter Drucker escribió:

“El recurso económico básico, el «medio de producción», para utilizar el termino de los economistas, ya no es el capital ni los recursos naturales (el «suelo» de los economistas) ni la «mano de obra». Es y será el saber”.

“Las actividades principales en la creación de riqueza no serán ni la asignación de capital para usos productivos, ni la «mano de obra», los dos polos de la teoría económica en los siglos XIX y XX, fuera ésta clásica, marxista, keynesiana o neoclásica; ahora el valor se crea mediante la «productividad» y la «innovación», ambas aplicaciones del saber al trabajo” (De “La sociedad poscapitalista”- Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1993).

La principal creadora de capital humano es la educación; principalmente la educación técnica y la universidad. De ahí que no es raro encontrar, en una sociedad, una crisis social y económica asociada a una crisis educativa.

No es fácil encontrar las causas principales de la crisis educativa, pero se pueden señalar algunas posibles. Una de ellas, quizás, sea la poca valoración social del conocimiento. Si algo es poco valorado, pobres serán nuestros esfuerzos por alcanzarlo.

Incluso, en el mejor de los casos, el conocimiento es valorado parcialmente como un medio para obtener una aceptable posición económica. Este objetivo, que es aceptable, debe ser una consecuencia de haber buscado previamente al conocimiento como un valor en si mismo. Así como los valores éticos y estéticos embellecen el interior y el exterior de un ser humano, los valores intelectuales han de embellecer una parte importante de nuestra personalidad. Alfred N. Whitehead escribió:

“Ningún hombre de ciencia quiere saber por saber. Adquiere conocimiento para satisfacer su pasión por el descubrimiento. No es que descubre para saber, sino que sabe para descubrir. El placer que el arte y la ciencia pueden conferir a la tarea es la alegría que nace del intento logrado. Idéntico placer obtiene el hombre de ciencia y el artista”

Así como lo ético apunta a lograr el bien y lo estético la belleza, lo intelectual apunta a lograr la verdad. La integridad del hombre proviene de un equilibrio entre estos tres aspectos. Las crisis sociales, por lo tanto, pueden caracterizarse por la existencia del “hombre mutilado”, que desconoce uno o más de los valores que deben imperar en todo ser humano.

Respecto de la educación técnica, Alfred N. Whitehead escribió:

“El mérito particular de una educación científica debe ser el fundar el pensamiento sobre observaciones directas; y el correspondiente mérito de una educación técnica es que sigue nuestro profundo instinto natural de traducir el pensamiento en habilidad manual, y la actividad manual en pensamiento”.

“La educación técnica está condenada a muerte si la concebimos como un sistema para tomar a los jóvenes y darles sólo una aptitud manual altamente especializada. La nación necesita elasticidad en el trabajo; que los hombres puedan cambiar su trabajo, no sólo de un puesto a otro, sino también, dentro de limites razonables de aptitudes afines, de una especialidad de trabajo a otra” (De “Los fines de la educación”-Editorial Paidós SA-Buenos Aires 1965).

En cuanto a la universidad, expresó: “Lo que justifica la existencia de la universidad es que mantiene la vinculación entre el conocimiento y el gusto de vivir, mediante la unión del joven y el viejo en la consideración imaginativa de la enseñanza. La universidad imparte información, pero la imparte imaginativamente. Por lo menos, tal es la función que debe desempeñar en la sociedad”.

“La juventud es imaginativa, y si la imaginación es fortalecida por la disciplina, esa fuerza imaginativa puede en gran medida conservarse toda la vida. La tragedia del mundo es que los que son imaginativos tienen escasa experiencia, y los que poseen experiencia tienen poca imaginación. El necio actúa por imaginación sin conocimiento; el pedante actúa por conocimiento sin imaginación. La tarea de la universidad consiste en unificar la imaginación con la experiencia”.

“En una universidad se encuentran reunidas sus dos funciones de educación e investigación. ¿Quiere usted que sus profesores sean imaginativos? Anímelos a investigar. ¿Quiere que sus investigadores sean imaginativos? Hágales entrar en comunicación intelectual con los jóvenes que están en el periodo más vehemente e imaginativo de la vida, cuando los intelectos comienzan a entrar en una madura disciplina”.

“Sería el mayor error estimar el valor de cada profesor de una facultad según las obras impresas firmadas con su nombre. Hay actualmente cierta tendencia a caer en ese error; y es necesario protestar enérgicamente contra una actitud por parte de las autoridades que es perjudicial para la eficiencia e injusta para con el celo desinteresado. Pero, hechas ya todas esas concesiones, una buena prueba de la eficiencia general de una facultad es que, en conjunto, produzca en forma de publicaciones su cuota de contribución al pensamiento. Esa cuota debe ser estimada por el pensamiento que contenga y no por el número de palabras”