jueves, 29 de enero de 2026

¿Ignorancia o perversidad?

Cuando observamos, no sin cierta sorpresa, el apoyo, seguimiento y hasta adoración de personas nefastas para la sociedad, como es el caso de los líderes considerados como los mayores criminales de la historia, algunos aducen que se trata de un problema de ignorancia, mientras que otros suponen que es una cuestión de simple perversidad.

Mientras que Friedrich Hayek asociaba a los socialistas un problema de ignorancia, suponiendo incluso que entre los socialistas existían muy buenas personas, para Ludwig von Mises la adhesión al socialismo implicaba una tendencia, poco santa, a la envidia. En nuestra época, principalmente, con amplias fuentes de información, casi nadie puede negar las diversas catástrofes humanas producidas por los totalitarismos, por lo cual, las adhesiones al socialismo llevan necesariamente cierta dosis de perversidad.

La perversidad es un síntoma del odio, actitud por la cual tendemos a alegrarnos del mal ajeno y entristecernos por sus éxitos. El síntoma de la alegría por el mal ajeno lleva implícita la tendencia a la burla, mientras que el síntoma de la tristeza por el bien ajeno es la envidia. De ahí que los masivos asesinatos de gente inocente sea del agrado de muchos envidiosos. Recordemos el caso de los atentados islámicos a las torres gemelas de Nueva York y la reacción de una líder socialista en la Argentina (Hebe de Bonafini) quien afirmaba "haber festejado" los atentados (por cuanto murieron algunos miles de sus odiados ciudadanos yankys). Cuando una radioemisora de Buenos Aires preguntaba por la adhesión, o no, a tal expresión de "felicidad", un 55% de encuestados afirmó coincidir con la actitud de dicha líder de Madres de Plaza de Mayo.

El odio está íntimamente ligado a la mentira. Imaginemos un caso extremo en el que una persona llamada Juan Estafador perjudica seriamente a Pedro Inocente. Debido a las penurias de por vida que Juan Estafador produjo en Pedro Inocente, éste sentirá un odio intenso por aquél. Pedro Inocente rechazará toda opinión favorable a Juan Estafador, incluso tratando de difamarlo de alguna manera. De ahí que el odio tiende a generar la mentira y a cambiar la realidad, que son la misma cosa.

Los políticos populistas y los totalitarios, tienden a divulgar mentiras y a crear "enemigos del pueblo" de manera que el pueblo también comience a mentir sobre los sectores odiados. El caso más importante es el de los ricos que serían los culpables de la pobreza de otros, excluyendo otras posibles causas. Entonces, el político se asegura de esa forma haber inoculado a un gran sector de la sociedad de un odio intenso y que, incluso tal sector tendrá la predisposición a creer en todas las mentiras que luego impartirán los políticos mencionados.

Se advierte en un gran porcentaje de la población cierta adversión hacia todo lo que implique un éxito ajeno o a todo que parezca ser un éxito ajeno. Incluso un importante porcentaje de adeptos al fútbol denigra todo lo que hace Liones Messi, por cuanto sus logros les resultan algo casi imposible de "digerir".

Es frecuente advertir, en toda conversación, el nivel de odio existente entre los interlocutores, que puede ser nulo en muchos casos. Todo intercambio de ideas y de información resulta poco fructífero por cuanto el nivel de odio puede parcializar completamente las opiniones tergiversando la realidad objetiva. Este es el caso de los comunistas que afirmaban que el muro de Berlín se había construido para evitar que ciudadanos de occidente "contaminarán" al paraíso soviético; una mentira evidente. De ahí que resulta imposible que un socialista, con un importante nivel de odio, vaya alguna vez a reconocer las ventajas de las sociedades democráticas.

En la actualidad, el odio generalizado está dirigido contra el hombre blanco, occidental, empresario, cristiano, etc. Los socialistas europeos están atentos a cada palabra emitida por tal individuo para acusarlo de fascista o con adjetivos por el estilo. Se advierte una generalizada discriminación moral, que divide a las personas en buenas y malas (a pesar de la vigencia del relativismo moral). Además, esta discriminación adopta la forma de discriminación racial, o étnica, que parece ser la única admitida en estos tiempos.

Para evitar los diversos adjetivos discriminatorios hacia quienes rechazan varios aspectos del Islam, un congresista español expresaba que "nosotros no tenemos absolutamente nada en contra del Islam", sino que la oposición era contra la decapitación, la lapidación, el casamiento con niñas, la misoginia, la ablación genital, el abuso infantil, la poligamia, el uso político del terrorismo, la homofobia, el abuso conjugal, la supremacía del varón, la esclavitud sexual, la yihad, la hiyab, la burka, la sharia, la zoofilia, etc.

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