martes, 16 de mayo de 2017

Breve historia del liberalismo en la Argentina

A pesar de que las mejores épocas de la Argentina estuvieron asociadas a gobiernos de orientación liberal, y que las peores estuvieron asociadas al totalitarismo y al populismo, no existe, a nivel nacional, un partido político de tendencia liberal. Si alguien tuviese la intención de formar nuevamente un partido con esa orientación, sería conveniente que lo considerara como una prolongación de otros existentes en el pasado, adoptando algunas de sus ideas y aprovechando las experiencias previas.
Se menciona a continuación, parcialmente, un artículo publicado en la Revista “Todo es Historia” Nº 192-Buenos Aires-Mayo de 1983.

EL NEOLIBERALISMO

Por Jorge Luis Ossona

Síntesis histórica de las fuerzas liberales en la Argentina

En 1850, después de más de treinta años de guerras civiles, la Argentina pudo organizarse de acuerdo a una Constitución cuyo principal ideólogo, Juan Bautista Alberdi, le dio una inspiración netamente liberal, basada en el modelo norteamericano. Organizado el país, se estableció un proyecto cuyo primer postulado era la transformación de la Argentina en un Estado Moderno. En unos pocos años, nuestro país venció al desierto y se convirtió en una nación pujante. La clase dirigente que ejecutó esta realización era conservadora y oligárquica en lo político, pero decididamente liberal en lo económico.

El radicalismo, que gobernó al país entre 1916 y 1930, si bien significó la incorporación de los nuevos sectores sociales a la vida política nacional, no modificó la política económica liberal del régimen conservador. Pero los grandes cambios vividos por el mundo tras la crisis de 1930, habrían de trastocar este sistema que había funcionado exitosamente desde Caseros. La restauración conservadora, ocurrida tras la revolución de 1930, introdujo un dirigismo orientado a rehabilitar la economía agro-exportadora, cuya consecuencia indirecta fue la aparición de una industria estimulada por la limitación de las importaciones. Ni el radicalismo, ni el conservadorismo dejaron de ser liberales en economía, pero su liberalismo se aparecía ahora condicionado por las circunstancias internacionales.

El peronismo surgido tras la revolución de 1943, que gobernará al país hasta 1955, fue un movimiento decididamente antiliberal, intervencionista y estatizante. El radicalismo, por su parte, pese a su oposición al justicialismo gobernante, adoptó muchos de sus postulados dirigistas a partir del llamado “Programa de Avellaneda”.

Mientras tanto, después de la Segunda Guerra Mundial, apareció en Europa un neoliberalismo, cuya exitosa aplicación permitió la reconstrucción de países desvastados por el conflicto bélico. Esta corriente estuvo representada por un grupo de pensadores reunidos en la Sociedad Mont Pelerin y en el Instituto de la Economía Social de Mercado, entre los que se destacaban Ludwig von Mises, Ludwig Ehrard, von Hayek y Jacques Rueff, entre otros. En la Argentina, estas teorías no tuvieron resonancia hasta después de la caída del régimen peronista. Precisamente entonces, en el gobierno del general Aramburu surgieron dos tendencias: una encabezada por los ministros Elizón García y Álvaro Alsogaray, y la otra por el doctor Raúl Prebisch. La primera era de corte neoliberal, la segunda otorgaba al Estado un papel de manifiesta intervención en la economía. La preponderancia de esta última en el gabinete Nacional, motivó el alejamiento del ingeniero Alsogaray como ministro de Industria.

Este capitán-ingeniero retirado de la Aviación Militar, se convertiría a partir de entonces, en el adalid del neoliberalismo argentino. Ni bien renunció a su cargo, fundó en 1956 el Movimiento Cívico Independiente, junto con otros dirigentes de diversa extracción. Esta agrupación no fue concebida como un partido político hasta 1957, en ocasión de los comicios para elegir convencionales constituyentes, transformándose así, en Partido Cívico Independiente.

El Partido Demócrata, la fuerza conservadora liberal, ya debilitada desde los años 40, se disolvió precisamente por aquella época, volviendo a dispersarse en grupos provinciales sin consistencia en el orden nacional. Marginado el conservadorismo, el nuevo partido pretendió cumplir el papel de representante de la tendencia política y económica neoliberal que había quedado vacante. En las elecciones nacionales de 1958, proclamó la fórmula Juan Bautista Peña-Ana Zaeferer de Goyeneche. Alsogaray no fue candidato, en virtud de un compromiso de honor según el cual todos aquellos que habían pertenecido al gobierno de la Revolución Libertadora, no iban a presentar candidaturas. En aquella oportunidad triunfó el candidato de la UCRI, doctor Arturo Frondizi. El Partido Cívico Independiente (PCI) obtuvo sólo 39.157 votos.

A poco de instalarse en el gobierno, el Presidente Frondizi debió afrontar frecuentes planteos militares. Un año más tarde, tuvo que cambiar su política económica desarrollista por una liberal, nombrando como ministro de Hacienda al ingeniero Alsogaray. Respecto de ello, existen dos interpretaciones: los liberales entienden que el desarrollismo había arrojado resultados tan deplorables que Frondizi debió recurrir a ellos; los desarrollistas, por el contrario, entienden que el gran prestigio de Alsogaray en vastos sectores militares condujo al presidente a nombrarlo como ministro, de manera de evitar un inminente golpe de Estado.

El PCI, si bien no se disolvió, cambió de denominación llamándose desde 1959, Partido de la Reconstrucción Nacional. En los comicios de 1963 no presentó candidaturas presidenciales; sin embargo, Alsogaray fue candidato a diputado nacional, tras haberse desempeñado nuevamente como ministro de Economía del Presidente José María Guido.

Cuando el gobierno radical de Arturo Illia fue derrocado en 1966, el ingeniero Alsogaray prestó su apoyo inmediato al régimen militar, aunque no había propiciado el golpe de Estado. El gobierno de Onganía lo nombró embajador en los EEUU, pero sus discrepancias cada vez mayores en materia económica con el ministro Adalbert Krieger Vasena, lo llevaron a renunciar en 1969.

En 1970, Alsogaray volvió a recrear su partido, aunque ahora bajo el nombre de Partido Nacionalista Liberal. Procuró atraer a varios grupúsculos emparentados con estas ideas liberales, que habían surgido en aquellos años. Poco después, todos ellos convergieron en una alianza que adoptó el nombre de Nueva Fuerza. Esta agrupación emprendió una vasta campaña publicitaria, aun antes de que el gobierno de Lanusse fijara el calendario electoral. Poco después manifestó propósitos más ambiciosos en el campo político. Hacia 1972, las fuerzas conservadoras habían fracasado en reconstituir la Federación Nacional de Partidos de Centro; Nueva Fuerza podía llegar entonces a convertirse en el polo capaz de aglutinar a todos esos nucleamientos dispersos en todo el país…Sin embargo, las alianzas organizadas en torno a Francisco Manrique y el brigadier Ezequiel Martínez, compitieron con Nueva Fuerza (NF) en ese sentido, logrando mayores adhesiones.

En los comicios de marzo de 1973, la fórmula presidencial de Nueva Fuerza, Julio Chamizo-Raúl Ondarts, sólo logró 234.188 votos, es decir, el 1,97% del electorado. Luego, NF no pudo prolongar su existencia. Es que este tipo de partido tiene un problema fundamental; giran en torno a la figura de un dirigente notable, y terminan convirtiéndose en personalistas. En razón de esto, se produjo inmediatamente después una crisis que significó el golpe de gracia de la agrupación. Sus dos concejales electos por la Capital Federal, Carlos Ure y Marcelo Gey, cuando fueron a tomar posesión de sus respectivas bancas, declararon que a partir de ese momento representaban al Partido Demócrata, con lo cual NF, ya debilitada por numerosas divisiones, se dispersó totalmente. Alsogaray volvió entonces a liderar solamente su reducido Partido Nacionalista Liberal. Su figura recobró relieve es las postrimerías del gobierno de Isabel Perón, debido al cumplimiento de sus predicciones y a la claridad y coherencia de sus planteos.

Cuando el actual régimen militar [1983] aún no había iniciado la apertura electoral, un grupo de intelectuales encabezados por el doctor Alberto Benegas Lynch y el ingeniero Alsogaray fundaron el Encuentro Nacional Republicano (ENR). Esta agrupación no fue concebida como un partido político sino más bien como un foro de difusión de las ideas liberales y republicanas. Básicamente, sostienen el principio de que la Constitución de 1853 no sólo hay que cumplirla en su forma, sino también en su fondo y este fondo es liberal. Cuestionan así temas como la jurisprudencia de la Corte Suprema que, según ellos, distorsiona aspectos de la Constitución, hasta el crecimiento excesivo del Estado que, según esta perspectiva, es inconstitucional. Sostienen que la Constitución no sólo marca la organización del Estado sino también una concepción de cómo actuar en otros aspectos que, en el plano de la economía, no es otra cosa que una política económica liberal. A partir de esta interpretación han pretendido difundir la idea de que se debe nuclear –y ellos desde afuera promoviendo ese nucleamiento- una fuerza liberal, ausente desde 1916, que tome esta interpretación de la Constitución y la lleve adelante.

A partir del levantamiento de la veda política y sancionada la Ley Orgánica de los Partidos Políticos, adoptaron la siguiente estrategia: no formar un partido sino más bien un “polo de atracción” que reuniera a todo el espectro de centro-derecha, para formar un único partido que tenga esas ideas, y que aglutine a conservadores, liberales, independientes, etc. Alsogaray no estuvo de acuerdo con esta metodología. El sostenía que había que constituir inmediatamente un partido político con esas vertientes. Como el ENR no le aceptó el esquema, sin dejar de formar parte de sus filas –desde el momento que no era un partido- fundó la Unión Republicana que, como Nueva Fuerza, en sus comienzos, fue el resultado de la fusión de varias fuerzas menores…No obstante, meses más tarde, un partido cordobés de extracción nacionalista poco conocido reclamó ante la Justicia Electoral ese nombre, atribuyéndose su autoría. La Unión Republicana cambió entonces su denominación por la de “Unión del Centro Democrático”, que conserva hasta el día de hoy.

Bases programáticas de la Unión del Centro Democrático

El 10 de Agosto de 1982, este partido emitió un documento denominado “Bases Doctrinarias y Principios Rectores” sobre los cuales se funda la Unión Republicana, que define su ideología en los siguientes puntos:

1- El Estado actual del país es consecuencia del predominio, durante un largo periodo de más de treinta años, de las tendencias anti-liberales y antirrepublicanas que forjaron el sistema estatista, dirigista e inflacionario que, con ligeras variantes, rigió desde 1943-1945 hasta la fecha. Este sistema es contrario a la Constitución Nacional; hizo retrogadar al país del séptimo u octavo lugar que ocupaba en el mundo en 1945, al cuadragésimo o quincuagésimo que ocupa ahora; desató una inmensa corrupción en todos los órdenes, provocó la destrucción de grandes valores espirituales y materiales que constituían el acervo de la Nación y, finalmente, condujo a la crisis presente que es, sin duda, la mayor de este siglo en la Argentina.

2- Se funda para luchar contra ese sistema y restaurar los principios republicanos y liberales establecidos principalmente en la primera parte de la Constitución Nacional.

3- En diametral oposición a la filosofía colectivista, que antepone el Estado al individuo, sostiene la dignidad de la persona humana como esencial y fundamental, y considera como derechos naturales del hombre la libertad y la propiedad…

4- Reducir a su mínima expresión y, en la medida de lo posible, abolir totalmente el “Estado comerciante”, el “Estado industrial”, o el “Estado empresario”. Esas funciones no son propias del Estado que concibe la Constitución, sino que incumben a los particulares. Para ello es necesario:
. Transferir a la actividad privada…los organismos estatales que cumplen esas funciones.
. Cuando esa transferencia no sea posible por tratarse de empresas antieconómicas, liquidarlas sin más trámite…
. Estas transferencias no significarán desocupación, ni “costo social” alguno. Por el contrario, al pasar las empresas a manos de particulares que saben administrarlas y que pueden aportar capitales, se desarrollarán en mucho mayor escala, creando nuevas y mejor remuneradas fuentes de trabajo.
. Eliminar las innumerables regulaciones, reglamentaciones y prohibiciones burocráticas que hoy traban, perturban y hasta paralizan la libre manifestación de la iniciativa y energías individuales. Para ello se requiere:
. Terminar con los monopolios estatales y paraestatales (también con los privados, según se señala más adelante).
. Abrir a los argentinos y también a los extranjeros que quieran venir a trabajar en el país en las condiciones que la Constitución establece, el campo de las grandes actividades que hoy les está vedado (petróleo, gas, energía eléctrica, energía atómica, explotación del carbón, teléfonos y otros medios de comunicación, ferrocarriles, transporte aéreo y muchos otros)…
. Especialmente y específicamente terminar con las manipulaciones administrativo-tecnocráticas de la moneda y de los mercados cambiario y financiero, que conducen siempre a la inflación y al envilecimiento del signo monetario. Para ello, es indispensable una reforma profunda de las leyes, reglas y normas que rigen el funcionamiento y facultades del Banco Central.

5- Suprimir los déficits estatales que, en última instancia, se financian emitiendo moneda espúrea, lo cual es incompatible con un sistema republicano, liberal y democrático…
Pero no basta con suprimir los déficits; es indispensable reducir, como se ha dicho, el tamaño del Estado y su “peso” sobre la economía. Un Estado desproporcionadamente grande, aun cuando no tenga déficit, es sofocante y paralizante, y atenta contra la salud económica del país que lo soporta y contra las libertades.
Dotar al país de una verdadera moneda, fuerte y estable, que conserve su poder adquisitivo y sirva como reserva de valor. La estabilidad monetaria debe ser considerada como uno de los derechos inalienables de los ciudadanos. Sólo ella permite ahorrar y hace posible elevar los salarios reales y mejorar la situación de los trabajadores. La inflación es el peor de los males. Una acción decidida y firme en el sentido señalado en los puntos anteriores, permitirá desmantelar el sistema estatista, dirigista e inflacionario vigente y reemplazarlo por un verdadero sistema donde impere la libertad en todos los órdenes, incluso en el económico.
Cabe aquí una aclaración fundamental. La economía de mercado moderna, a diferencia de algunas de las versiones de la economía libre del pasado, no rechaza la intervención del Estado en la economía sino que, por el contrario, la considera esencial en un punto: la preservación del mercado. El Estado debe actuar a través de “intervenciones conformes”, para combatir los monopolios, oligopolios y demás fórmulas restrictivas de la competencia, sean éstas oficiales o privadas. Nunca debe hacerlo por medio de “intervenciones conformes”, entre las cuales, los controles de precios y salarios son las más representativas, que interfieren y distorsionan el mercado….

6- La acción anteriormente descripta en el campo económico-social, está indisolublemente asociada a otra, tanto o más importante y permanente: la de organizar un Estado fuerte que atienda con eficiencia a sus responsabilidades propias, es decir, la justicia, la defensa nacional, la seguridad de sus habitantes, la salud pública, una educación básica que garantice la igualdad de oportunidades, el establecimiento de condiciones adecuadas para que la cultura y la investigación científica se desarrollen tanto como sea posible, la solidaria contribución de los trabajadores activos a los pasivos y la asistencia social a los desamparados, la conservación de la naturaleza y la mejora del medio ambiente…

7- Un Estado liberado de responsabilidades empresarias y descargado de las exigencias económicas que éstas plantean, podrá centrar su acción en las vitales tareas descriptas en el párrafo anterior, y contar con los recursos necesarios para llevarlos al más alto grado de eficiencia…

8- Debemos mantener relaciones diplomáticas y comerciales con todos los países del mundo, cualquiera sea la ideología de sus gobiernos, pero al mismo tiempo, debemos identificarnos claramente con aquéllos donde se respeten efectivamente las libertades individuales y demás valores de la cultura de Occidente.

9- Organizaciones intermedias. Entidades gremiales y empresarias: Las organizaciones de esta clase que tengan por fin la defensa de intereses lícitos de sus integrantes, son útiles para la conformación de una adecuada estructura social. En ese sentido, las entidades gremiales y empresarias, y los sindicatos de trabajadores dependientes, juegan un papel importante en las sociedades modernas. Esas organizaciones deben, a su vez, ser libres, estando sujetas solamente a la legislación general y a un mínimo de reglas y normas “ad hoc”, establecidas por el Estado, que de manera alguna coarten esa libertad. Inversamente, está vedado a dichas entidades ejercer coacción sobre los individuos, las demás organizaciones y el Estado mismo, procurando forzar la obtención de ventajas sectoriales. Tampoco deben gozar de privilegios y tratamientos o fueros especiales.

10- Los postulados de la Unión Republicana llevan naturalmente a concordar con la Doctrina Social de la Iglesia.

Toda la concepción económica descripta anteriormente se denomina “Economía social del mercado” y es precisamente la que fue aplicada en los países de Europa Occidental devastados por la guerra. Los llamados “milagros económicos” fueron el resultado de su implementación.

2 comentarios:

Tony dijo...

Nuestro país nació como tal en un territorio envidiable y tuvo además circunstancias internacionales que lo favorecieron, sobre todo las guerras mundiales en las cuales nos mantuvimos interesada o ideológicamente neutrales. El artículo describe con bastante precisión los hechos que permitieron que ocupáramos el 7º puesto en el orden mundial hacia mediados del siglo pasado. Pero por aquello de la ley de las compensaciones nos las arreglamos para encaramar al huevo de la serpiente: "el Gral. Perón" y su persistente y numerosa banda de fanáticos, oportunistas y arrimados desde las más extremas ideologías de derecha e izquierda. Ése fue el golpe de gracia que nos convirtió en el miserable país que es hoy, económicamente destruido, anómico, amoral y corrompido. La mitad casi exacta del país desea que el detestable peronismo regrese al poder. Creo que las ideas liberales si subsisten en parte, son soportadas por la inmensa mayoría de la población, haciendo arcadas. No Hay demasiadas esperanzas que los que hoy han pasado los 40, vean resurgir a esta tierra de las cenizas en que se convirtió. Si el peronismo desapareciera como tal, la izquierda progre fracasada tomaría el relevo para seguir manteniendo en el fracaso a la calamitosa nación.

Teddy Field dijo...

Bueno..., sí..., contundente análisis..., pero hay que considerar que TODO el siglo veinte ha sido una lucha permanente entre capitalismo (el "neo", con la participación abierta de los estados..., y en Latam con sostén militar)..., y los DOS grandes comunismos del mundo: el soviético y satélites con cabecera en Moscú, y el chino, seguramente con influencias en otros estados asiáticos con sede en Pekín (ahora Beigin).- Pero ocurre..., que al inicio del siglo veintiuno...("La Nación" 29.07.2004) "nuestra" propia senadora (entonces) por el peronismo, estando en Nueva York..., RECONOCIÓ el triunfo del capitalismo en el mundo..., "no solo" (dijo) por el poderío económico y militar de USA..., sino "porque ha demostrado ser el mejor sistema para satisfacer las necesidades del ser humano".-
Histórico...!!!..., pero ha pasado desapercibido para partidarios de uno u otro "sistema", y se sigue "luchando"..: UNOS para dominar la "rebelión" de los llamados progresistas..., y OTROS peleando contra fantasmas.-
Según Rosa Luxemburgo..., este "estado" semi-anárquico, ES el IDEAL para que se introduzca el capitalismo.- La primera etapa (si fuera así) ocurrió en CINCO de los diez años de Ménem, sostenido por un decreto (de contenido absolutamente liberal), que fue "constitucionalizado" por la aplicación de la Octava Disposición Transitoria de la C.N., cuyo vencimiento operó el 24.08.1999, según ese mismo texto constitucional; resultó un liberalismo (no "neo") a plazo fijo.- Para volver; reinstalar..., o refuncionalizar el liberalismo clásico (inexistente en todo el siglo) imaginado por la G80..., liberales y conservadores, sostenedores del capitalismo en general, deberían interiorizarse del contexto, y cada una de las secuencias en el que presidencia sancionó ese decreto (el 1853/93)..., y la participación del partido Ucedé en la formulación del mismo.- TOMÁS FIELD, DNI 4136060.-