Se puede clasificar a las religiones como integrantes de dos grupos principales; por una parte tenemos la religión moral, en la cual se considera que las actitudes éticas determinarán el éxito posterior en la vida. Por otra parte tenemos las religiones paganas, en las cuales predomina el intercambio de ruegos, ofrendas y pedidos a Dios, o a sus intermediarios, considerando que de ellos dependerá el éxito mencionado.
Mientras que la religión moral resulta compatible con las leyes naturales existentes, las religiones paganas ni siquiera las tienen presentes. Debido a las diferencias mencionadas, existe una lucha permanente entre religiones, con los resultados negativos que es de esperar.
La decadencia del catolicismo se debe, en parte, a que, en lugar de tomar como ejemplo la vida de los santos, se los transforma en seres milagrosos que nos beneficiarán de alguna manera ante nuestros pedidos, casi como si fueran amuletos de la buena suerte. Y quien vea en los santos un ejemplo ético, sobre todas las cosas, sin tener en cuenta algún fenómeno de tipo sobrenatural, posiblemente podrá ser considerado despectivamente como “ateo”, “no creyente”, o con algún calificativo similar.
No resulta evidente que la actitud pagana sea del todo negativa, ya que no es posible determinar con precisión los efectos que tal creencia produce en los diferentes individuos, tal es el caso de las denominadas oraciones. La visión deísta del mundo, compatible con la ciencia experimental, considera la existencia de un orden natural establecido por leyes naturales subyacentes e invariantes, que hacen innecesaria toda posible interrupción. De ahí que descarta la posibilidad del milagro, como una contravención hacia tales leyes, siendo el milagro la interrupción momentánea de la secuencia de causas y efectos por parte de Dios, o bien la alteración de las condiciones iniciales en una secuencia de tal tipo.
Ante la posible existencia de tales intervenciones, el hombre acude a Dios en situaciones de emergencia. Para prevenirlas, lleva imágenes y símbolos religiosos, a veces considerando al propio Cristo como un amuleto de la buena suerte. En este caso, la religión moral no se distingue de un simple paganismo. Algo similar ocurre cuando la oración tiende más a parecerse a un ritual que a un pensamiento inspirado en la idea de Dios. De ahí que Cristo recomendaba: “Cuando recéis, no charléis mucho, como los paganos, que se imaginan que serán atendidos a fuerza de mucho hablar. No os parezcáis a ellos, pues vuestro Padre ya sabe qué os hace falta antes que se lo pidáis” (De “Los Cuatro Evangelios”-Mateo-Ediciones Guadarrama-Madrid 1968).
Se considera a la oración como un pedido a Dios cuya respuesta es el milagro; como si “Dios no supiera qué nos hace falta”. José María Riaza Morales escribió: “Los milagros significan la acogida favorable de una oración, son señales de aprobación, testimonios de benevolencia, advertencias, enseñanzas. Constituyen signos dirigidos por Dios al hombre, un lenguaje divino sobre el fondo de la Naturaleza. «En resumen –se podría decir con el premio Nobel de Medicina Alexis Carrel-, todo sucede como si Dios escuchase al hombre y le transmitiese su respuesta»” (De “Azar, Ley, Milagro”-BAC-Madrid 1964).
Por otra parte, Alexis Carrel escribió: “Fue generalmente admitido que no sólo no existen los milagros, sino que no podían existir. Lo mismo que las leyes de la termodinámica hacen imposible el movimiento continuo, las leyes fisiológicas se oponen a los milagros. Todavía es ésta la actitud de la mayor parte de los fisiólogos y de los médicos. Sin embargo, en vista de los hechos observados durante los últimos cincuenta años, no puede sostenerse esta actitud. Los casos más importantes de curación milagrosa se han registrado en la Oficina Médica de Lourdes. Nuestro concepto actual de la influencia de la oración sobre las lesiones patológicas está basado en la observación de pacientes que han sido curados casi instantáneamente de diversas afecciones, tales como tuberculosis peritoneal, abscesos fríos, osteítis, heridas supurantes, lupus, cáncer, etc. El proceso de la curación varía poco de unos individuos a otros. A menudo, un dolor agudo. Luego, una sensación instantánea de estar curado. En unos segundos, unos minutos, todo lo más unas horas, se cicatrizan las heridas, desaparecen los síntomas patológicos, vuelve el apetito”.
“El milagro se caracteriza principalmente por una extraordinaria aceleración de los procesos de reparación orgánica. No hay duda de que el grado de cicatrización de los defectos anatómicos es mucho más rápido que lo normal. La única condición indispensable para que el fenómeno se produzca es la plegaria. Pero no es necesario que sea el mismo paciente el que rece, ni siquiera que tenga fe religiosa. Basta con que alguien a su alrededor se halle en estado de oración. Estos hechos son profundamente significativos. Muestran la realidad de ciertas relaciones, de naturaleza aún desconocida, entre los procesos psicológicos y orgánicos. Prueban la importancia objetiva de las actividades espirituales, que los higienistas, los médicos, los educadores y los sociólogos han dejado de estudiar casi siempre. Abren al hombre un mundo nuevo” (De “La incógnita del hombre”–Editorial Época SA-México 1967).
En la actualidad, la influencia de la Iglesia es menor a la de otras épocas, por lo que las sugerencias de Erasmo siguen siendo de interés y teniendo plena vigencia. En el siglo XVI se atrevió a sugerir que los sacerdotes podrían casarse, entre otras sugerencias consideradas heréticas para la época. Giovanni Reale y Darío Antiseri escribieron: “Erasmo se opone a la filosofía entendida como construcción de tipo aristotélico-escolástico, centrada sobre problemas metafísicos, físicos y dialécticos. Para Erasmo la filosofía es un conocerse a sí mismo a la manera de Sócrates y de los antiguos: es un conocimiento sapiencial de vida; se trata, sobre todo, de una sabiduría y una práctica de vida cristiana. La sabiduría cristiana no necesita complicados silogismos, y se reduce a pocos libros: los Evangelios y las Cartas de San Pablo. Según Erasmo, «¿qué otra cosa es la doctrina de Cristo, que él mismo denomina ‘renacer’, si no un retorno a la naturaleza bien creada?». Esta filosofía de Cristo, por lo tanto, es un renacer, un volver a la naturaleza bien creada. Los mejores libros paganos contienen «gran cantidad de cosas que concuerdan con la doctrina de Cristo»”.
“La gran reforma religiosa, en opinión de Erasmo de Rotterdam, consiste sólo en esto; quitarse de encima todo aquello que el poder eclesiástico y las disputas de los escolásticos han agregado a la sencillez de las verdades evangélicas, confundiéndolas y complicándolas. Cristo ha indicado el camino más sencillo para la salvación: fe sincera, caridad no hipócrita y esperanza que no decae. Si contemplamos a los grandes santos, veremos que no hicieron otra cosa que vivir con libertad de espíritu la genuina doctrina evangélica. Lo mismo puede comprobarse en los orígenes del monaquismo y en la vida cristiana primitiva” (De “Historia del pensamiento filosófico y científico”-Editorial Herder SA-Barcelona 1988).
Erasmo advierte un retorno al paganismo cuando los santos no son considerados como ejemplos, sino como intermediarios para acceder a Dios. Juan Carlos García-Borrón escribe al respecto: “Erasmo subraya que el propósito de la oración es elevar el alma a Dios, e insiste en que sólo hay una relación muy remota entre tal propósito y las fórmulas fijas e invariables, como el recitado de un rosario, a cuya repetición atribuyen los ignorantes un poder mágico. Únicamente las oraciones que aparecen en la Escritura deben ser respetadas en su letra. Y Erasmo va aún más lejos: sin reprobar el culto a los santos y a sus imágenes, ve en éste un derivado del politeísmo pagano y un semillero de supersticiones, de las que habría que limpiarlo y que él fustiga sin consideración” (De “Historia de la Filosofía”-Ediciones del Serbal-Barcelona 1998).
H. A. Enno van Gelder sintetiza la postura adoptada por el ilustre pensador holandés: “Desde el principio de su carrera, Erasmo se alzó en armas contra las vanas disputas de los escolásticos, el formalismo de la Iglesia de su tiempo, la opulencia y el poder temporal del clero, y más tarde, sobre todo, contra los frailes, a los que consideraba sus peores enemigos y cuya vida monástica estimaba inútil”.
“Confiaba en la reconstrucción de la Iglesia con arreglo a su idea del cristianismo primitivo: no una doctrina de redención del pecado y de la muerte, sino una «philosophia Christi» que enseña al hombre a vivir de acuerdo con los mandamientos del amor al prójimo, la misericordia, el dominio de sí mismo y la razón, como enseñaba también lo mejor de la doctrina de los clásicos. No consideraba los sacramentos como vehículos de la gracia. Condenaba la doctrina de la Iglesia de la absolución por medio de la penitencia y de las buenas obras, el culto de los santos y sus reliquias, y la práctica de las peregrinaciones”.
“Sostenía que la única misión del sacerdote era la edificación por la palabra y el ejemplo. Al mismo tiempo, quería conservar los dogmas principales (incluso el poder papal, siempre que se limitase a las materias de fe). Sin embargo, su interpretación de dichos dogmas difería tanto de la profesada por la Iglesia, que las jerarquías, aun después del Concilio de Trento, condenaron sus escritos. Pero sus ideas encontraron un gran eco y siguen vivas todavía, tanto entre los católicos como entre los protestantes liberales” (De la “Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales”-Aguilar SA de Ediciones-Madrid 1974).
Observando películas en que se recrean escenas de la antigua Roma, se advierte que las ofrendas y homenajes a la diosa Isis sólo difieren de las ofrendas y homenajes a Cristo en cuanto sólo cambia el destinatario de tales actos. La actitud del creyente es más o menos similar. De ahí surge el interrogante acerca de si Cristo vino a cambiar las actitudes paganas o sólo vino a reemplazar a los "falsos dioses" mientras los seres humanos permanecían sin cambios. Recordemos que Cristo dijo: "..porque Dios sabe que os hace falta antes que se lo pidáis".
Es posible que el rezo, o las oraciones, tengan efectos benéficos en las personas; no porque Dios ha escuchado nuestras plegarias, sino porque puede existir cierta influencia positiva a través de comunicaciones de tipo telepático entre el orante y el beneficiado. De ahí los procesos de cicatrización rápida producidos en Lourdes, descriptos por Alexis Carrel.
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