sábado, 21 de marzo de 2026

La concesión diabólica

En cuestiones comerciales se establecen pactos, o contratos, entre productores y vendedores, mediante los cuales un comercio adquiere el derecho a ser el único vendedor de un producto en cierto lugar, adquiriendo el carácter de "concesionario exclusivo". Esta exclusividad también se encuentra en cuestiones religiosas y políticas, ya que son muchos los que se consideran "concesionarios exclusivos" de una deidad adquiriendo con ello cierta libertad para actuar como tales con un peligro cierto para quienes se oponen a tal autodesignación.

En materia de política ocurre otro tanto, cuando, en lugar de una deidad, un individuo se autodenomina "concesionario exclusivo" de ciertas "fuerzas naturales" o "fuerzas históricas", con un peligro similar al anterior. Este ha sido el caso de los totalitarismos, caracterizándose sus seguidores por adherir a un relativismo moral extremo por el cual consideran legítimo el asesinato de miles o de millones de personas aduciendo estar motivados por una "buena finalidad", que no es otra cosa que adherir a la expresión maquiavélica por la cual "el (buen) fin justifica los (perversos) medios para lograrlo".

Los comunistas por lo general utilizan la violencia extrema contra sus opositores cuando llegan al poder, pero recurren a la promoción y divulgación de los "derechos humanos" en cuanto caen víctimas de quienes se defienden de sus ataques. Incluso protestan contra el imperialismo yanqui, mientras que adherían a la expansión mundial del Imperio Soviético. Florencio José Arnaudo escribió: “En el siglo XX se observa la progresiva y generalmente pacifica liberación de los grandes imperios coloniales. Entre las colonias británicas, francesas, italianas, holandesas, belgas y norteamericanas que han obtenido su total independencia en las últimas décadas, pueden citarse: Argelia, Birmania, Camboya, Camerúm, Ceilán, Chad, República del Congo, Chipre, Dahomey, Eritrea, Gabón, Ghana, Guinea, India, Indonesia, Israel, Costa de Marfil, Jordania, Laos, Líbano, Libia, República Malgache, Malasia, Mauritania, Marruecos, Nepal, Níger, Nigeria, Pakistán, Filipinas, República de Mali, Senegal, Somalia, Viet-Nam del Sur, Sudán, Siria, Togo, Túnez y Alto Volta” (De “La lucha ideológica”-EUDEBA-Buenos Aires 1981).

Mientras que los países europeos liberaban colonias, el Imperio soviético estaba en plena expansión. Arnaudo continúa: “No está demás señalar que en el mismo periodo entraron a formar parte de la URSS, en forma bastante poco espontánea: Armenia, Azerbaiján, Besarabia, Estonia, Georgia, Islas Buriles, Karelia, Letonia, Lituania, Polonia Oriental, Prusia Oriental, Rutenia Subcarpática, Sakhalin, Tannu Tuva y Ucrania. Últimamente las tropas soviéticas invadieron Afganistán. A esta serie hay que agregar aquellos países que bajo la apariencia de naciones independientes están sujetos al régimen colonial soviético: Alemania Oriental, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumania y Viet-Nam. O aquellas que están sometidas al régimen chino: Camboya, Corea del Norte, Mongolia Exterior y Tibet. En África la acción revolucionaria marxista ha implantado gobiernos decididamente prosoviéticos en Angola y Etiopia. En América la serie se inicia con Cuba y la actividad revolucionaria en varios países es intensa”.

Entre los precursores de las prácticas totalitarias encontramos a Tomás de Torquemada, figura representativa de la Inquisición. Es oportuno aclarar que el número de víctimas de la Inquisición no ha sido comparable a los millones de víctimas provocadas por nazis y comunistas, si bien los adherentes a estos totalitarismos combaten ideológicamente al cristianismo con falsas cifras. Vicente Garrido escribió: "Una vez desbrozado el relato de la leyenda negra, parece que el número de ajusticiados por la hoguera se situó en torno a los 2.000, una cantidad más bien modesta en comparación con otros desmanes cometidos por la humanidad" (De "Tomás de Torquemada" de Juan Carlos Moreno-EMSE EDAPP SL-Barcelona 2022).

En cuanto a la metodología inquisitorial, Garrido escribió: "Defenderse de la acusación de ser un hereje o un servidor del diablo es complicado cuando hay informes, sospechas e incluso testigos que afirman haber presenciado la herejía (de hecho a este procedimiento de probar lo que uno no es se lo denomina la «prueba diabólica»). Torquemada no es más que un símbolo del modo de obrar que la Iglesia católica juzgó necesario con el fin de mantener, con mano de hierro, su dominio terrenal. En pos de ese objetivo se sirvió tanto de quienes buscaban satisfacer su ambición personal como de quienes creían firmemente que eran soldados de Dios en combate contra las fuerzas oscuras de la herejía. Tomás de Torquemada pertenecía a este segundo grupo".

"Hombre de costumbres sumamente austeras, no buscaba riquezas ni el poder eclesiástico. No estaba en su ánimo medrar mediante el terror, sino servir a Cristo. Por desgracia, esto no lo hacía menos peligroso: en ocasiones, el que se contenta con gozar de los bienes terrenales puede cambiar esas prácticas destructivas si sus intereses así lo aconsejan, pero el que se cree iluminado por una santa misión considera que su bien más preciado no es otro que haber sido elegido para llevarla a cabo. Es así que el desprecio de los oropeles valió al dominico el respeto de muchos de sus contemporáneos".

Esta descripción de Torquemada nos hace pensar en los yihadistas islámicos, que lamentablemente son muchos. También es conveniente mencionar que el padre de Torquemada era un judío converso, es decir, que se había convertido al cristianismo, aunque muchos de estos conversos lo hacían para no sufrir el destierro de la España del siglo XV. Según las creencias de la época, por Torquemada no circulaba una "buena sangre". Sin embargo, este inquisidor desconfiaba de los conversos mientras que a la vez evidenciaba cierto odio a los judíos.

Al respecto, Garrido escribe: "Ya he mencionado la «sagrada misión» como motor de la Inquisición que dirigió Torquemada. Pero no basta para explicar sus actos. Hace falta algo más, y es el odio, por más que negara ese sentimiento ante uno de los judíos principales de Castilla. Esa negación toma forma de un mecanismo de defensa conocido como proyección: cuando un individuo alberga actitudes reprensibles que juzga incompatibles con su autoconcepto, de modo inconsciente las niega en sí y las proyecta sobre quienes son objeto de su inquina. Y, ciertamente, es feroz el odio de Torquemada hacia los judíos y conversos (muy posiblemente para demostrar a todos que sus raíces talmúdicas no lo condicionaban en absoluto en su tarea de «martillo de herejes»), que por su carácter deicida y usurero son mucho más culpables que los mahometanos ante los ojos de Dios".

"El sadismo no estuvo entre los pecados de Torquemada. Nada hay en las biografías sobre el dominico, que nos haga pensar que se solazaba ante el sufrimiento que infligía por el mero placer de ver el dolor, lo que no es obstáculo para que sintiera la satisfacción derivada del «trabajo bien hecho», del cumplimiento de aquello que era su deber, que no era otra cosa que eliminar a los enemigos de Cristo".

Este último aspecto quizás pueda asociarse a la "banalidad del mal", concepto vinculado por Hannah Arendt con Adolf Eichmann, y por el cual una persona común puede convertirse en un monstruo cuando prioriza el cumplimiento del deber o el cumplimiento de una supuesta misión encomendada por Dios o por "las fuerzas de la historia".

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