Pueden encontrarse coincidencias entre las sectas religiosas y los movimientos totalitarios, ya que en ambos casos se considera prioritario el abandono de las ideas del pasado para darle lugar a las nuevas. Este procedimiento se conoce como un “lavado de cerebro” y es similar a un cambio de la programación de una computadora; ya que el dispositivo sigue siendo el mismo, pero su comportamiento resulta bastante distinto. En realidad, este método también se utiliza cuando se busca una mejora ética, ya que se sugiere abandonar las ideas erróneas para aceptar las nuevas, más eficaces que las anteriores. De ahí la expresión bíblica de que “no se echa el vino nuevo en odres viejos, porque se pierden ambos”, es decir, para que nuestra mente acepte nuevas ideas, es necesario abandonar una parte importante de las creencias previas.
Como el procedimiento resulta similar, ya sea que se trate de una buena educación o bien de una simple manipulación mental asociada a la pérdida de la libertad individual, los resultados positivos sólo han de provenir de la veracidad de la información transmitida. Si la información transmitida es compatible con el mundo real, se dice que es verídica, mientras que si lo distorsiona seriamente, resulta falsa.
La información verdadera “hereda” en cierta forma la coherencia propia del mundo real, de ahí la expresión de Baruch de Spinoza: “El orden y la conexión de las ideas es el mismo orden y conexión de las cosas”. Por ello, cuando alguien transmite una información incompatible con la realidad, trata de que sea una información coherente, para hacerle creer al interlocutor que se trata de una buena información, es decir, que ha de llevar a buenos resultados. Jean-Marie Abgrall escribió: “La persuasión está basada en la capacidad del persuasor de aprovechar la oportunidad de conmover. Por lo general corresponde a una disposición de ánimo del potencial recluta, quien tiende a «dejarse convencer». Ahora bien, en el caso de las sectas la persuasión es coercitiva: la idea es privar por completo al persuadido de su libre albedrío y enajenarlo en una decisión impuesta”.
“La persuasión que podríamos denominar «normal» plantea como hipótesis el ejercicio del libre albedrío por parte del receptor. Su aplicación está determinada por cuatro criterios: credibilidad del mensaje, consistencia, coherencia y, por último, congruencia. El mensaje debe ser creíble y coherente: debe poderse defender con pruebas, con la lógica, con la demostración. El persuasor debe ser consistente, es decir, sus argumentos no deben variar de un momento a otro. Por último, el «producto» propuesto debe adaptarse al cliente potencial y corresponder a sus necesidades en el instante en que se le hace la propuesta: vender calentadores en el desierto o refrigeradores en el Polo Norte no es congruente”.
“Los tres primeros criterios están excluidos de la persuasión coercitiva. El producto propuesto puede ser utópico, la demostración aberrante, los argumentos cambiantes; la única condición que debe respetarse es la congruencia. El oportunismo del persuasor lo lleva a adaptar sus palabras a su auditorio y a la situación, sin la menor preocupación por la verdad. Es la congruencia la que le confiere unidad al persuasor, la que hace de él «el dueño de la situación»” (De “Los secuestradores de almas”-Editorial Océano de México SA-México 2005).
Puede decirse que las sectas tienden a establecer manipulaciones mentales a nivel de grupos, dentro de una sociedad, mientras que los movimientos totalitarios tienden a establecer manipulaciones mentales a nivel de países enteros. Mientras que las primeras actúan dentro del ámbito de las religiones, las segundas actúan dentro del ámbito de la política. Las formas de reclutar adeptos resultan, sin embargo, bastante similares. Así, mientras en una secta se promete paz y felicidad para el adepto (algo congruente según el criterio antes mencionado), las utopías políticas prometen paz y felicidad para todos, a través de una sociedad ideal, aunque en ambos casos se llega a una realidad totalmente diferente.
El líder de una banda delictiva seguramente buscará convencer a sus secuaces hablando casi todo el tiempo de “las ventajas” que les reportará la posesión del botín. Una vez que tal idea entra en sus mentes, sólo les quedará obedecer las directivas impartidas, sin cuestionarse demasiado los riesgos afrontados o la validez del procedimiento. “La creencia se opone a la reflexión y al análisis. Ahora bien, el proceso de adoctrinamiento no puede basarse en la lógica. Toda visión en perspectiva, todo examen racional que hiciera el adepto de su situación no podrían menos que llevarlo a cuestionar el sistema en el que se encuentra «enrolado». Por consiguiente, la adhesión a una secta coercitiva conlleva la aceptación implícita y sin reservas de un mito o una fantasía que es el fundamento del pensamiento grupal. El futuro adepto tendrá que creer en la historia que se le relata y aceptar todas las acciones que se deriven de ella. El cuestionamiento de una sola de esas acciones es sinónimo de traición. La conversión exige una sumisión absoluta”.
Los totalitarismos colectivistas, al igual que las sectas, tienden a anular los atributos personales de todo individuo. Por ello se asocia individualismo con egoísmo, como si fuesen una misma actitud. “Para pertenecer al grupo, el adepto debe comportarse de manera idéntica a los otros. Esta imitación hace desaparecer su individualidad. Al reemplazar las indecisiones nacidas del libre albedrío por conductas automáticas inducidas por el ejemplo, la imitación reduce el sentimiento de incertidumbre y lo reemplaza por la urgencia de una misión que cumplir. Se trata de una verdadera remodelación psicológica, típica de las técnicas conductuales, que va creando de manera paulatina una nueva personalidad más adaptada a la dinámica sectaria”.
“La imitación exacerba un deseo de competencia entre los adeptos, quienes deben dedicarse de la manera más rápida y perfecta posible a su realización. Convertido en discípulo modelo, el individuo está listo para la identificación total con el gurú, punto culminante de la creencia y objetivo último de la persuasión coercitiva”.
“Aunque «integración» es el término consagrado, nosotros preferimos usar ya sea el de «asimilación» o el de «fagocitosis», que tienen una connotación biológica. Porque, en efecto, integrar a alguien es considerarlo verdadero miembro de un grupo, pero sin quitarle sus marcas de identidad. En cambio, la integración en la secta va acompañada de la pérdida de esos elementos de identidad”.
En cuanto a una posible definición de secta coercitiva, puede mencionarse la establecida en un congreso científico multidisciplinario reunido en Wisconsin en 1985: “Una secta coercitiva es un movimiento totalitario que se presenta con la fachada de una asociación o grupo religioso, cultural o de otro tipo, y exige de sus miembros una dedicación total y una devoción al grupo más que a ninguna otra persona. Este movimiento emplea técnicas de manipulación, persuasión y control destinadas a cumplir objetivos del dirigente del grupo y que provocan que los adeptos se vuelvan completamente dependientes del grupo, en detrimento del entorno familiar y social”.
Entre los aspectos comunes encontrados en un movimiento totalitario y una secta, pueden citarse los siguientes:
a)Ambos se basan en una ideología globalizante.
b)Son dirigidas por un dictador (gurú) único.
c)El partido único (la secta) transmite la ideología.
d)Se establece el monopolio de la información (la supresión de la información externa).
e)Se posee el monopolio de las armas (el de la estrategia en las sectas).
f)Se posee el monopolio de las decisiones económicas (el trabajo individual para bien del grupo).
g)Se reprime la divergencia (la oposición a la secta).
h)Se lucha contra otras ideologías (la secta diaboliza el exterior).
En cuanto a la propaganda, se advierte una semejanza casi total entre movimiento totalitario y secta. El citado autor la resume en el siguiente listado:
a)Empleo de estereotipos que explotan la tendencia general de los individuos a generalizar y a proyectarse en una fantasía grupal.
b)Sustitución del lenguaje y utilización de palabras particulares destinadas a encubrir la verdad o a obtener un mayor impacto.
c)Control de la información y selección de los hechos e ideas en beneficio exclusivo de quienes están a favor de la ideología defendida.
d)Mentira sistemática y falsificación de la verdad.
e)Repetición hasta el cansancio de la información falsificada para obtener el consentimiento o modificar las ideas.
f)Reafirmación permanente de la forma de pensar totalitaria como la única cierta, y rechazo de las formas divergentes de pensar.
g)Designación de un enemigo representativo sometido al oprobio por parte del grupo, con el papel de chivo expiatorio.
h)Sumisión total a la autoridad y referencia permanente a ella como fuente de verdad.
A partir de lo anterior, puede catalogarse todo populismo, o todo totalitarismo, como una especie de secta coercitiva antes que un movimiento político, caracterizándoselos en función de los objetivos aparentes, de los enemigos “designados”, del líder o gurú, etc. De la misma manera en que resulta poco menos que imposible hacer que a alguien que se le ha lavado el cerebro, en una secta, cambie de opinión a partir de cierto razonamiento lógico, resulta dificultoso el cambio de opinión de quien adhiere a un populismo o a un totalitarismo. Un importante sector de la población argentina, en este sentido, puede considerarse como parte de una gran secta coercitiva peronista, o kirchnerista, que lo domina mentalmente. De ahí que, quizás, una conversión masiva al cristianismo sea el inicio de la recuperación tan esperada.
lunes, 8 de septiembre de 2014
domingo, 7 de septiembre de 2014
Nobles y vulgares
En cuanto al significado de “noble” y “vulgar”, puede citarse a José Ortega y Gasset, quien escribió: “Nunca el hombre-masa hubiera apelado a nada fuera de él si la circunstancia no le hubiese forzado violentamente a ello. Como ahora la circunstancia no le obliga, el eterno hombre-masa, consecuente con su índole, deja de apelar y se siente soberano de su vida. En cambio, el hombre selecto o excelente está constituido por una íntima necesidad de apelar de sí mismo a una norma más allá de él, superior a él, a cuyo servicio libremente se pone. Recuérdese que, al comienzo, distinguíamos al hombre excelente del hombre vulgar diciendo: que aquel es el que se exige mucho a sí mismo, y éste, el que no se exige nada, sino que se contenta con lo que es y está encantado consigo”. “Es intelectualmente masa el que ante un problema cualquiera se contenta con pensar lo que buenamente encuentra en su cabeza. Es, en cambio, egregio el que desestima lo que halla sin previo esfuerzo en su mente, y sólo acepta como digno de él lo que aún está por encima de él y exige un nuevo estirón para alcanzarlo”.
“Contra lo que suele creerse, es la criatura de selección, y no la masa, quien vive en esencial servidumbre. No le sabe su vida si no la hace consistir en servicio a algo trascendente. Por eso no estima como una opresión la necesidad de servir. Cuando ésta, por azar, le falta, siente desasosiego e inventa nuevas normas más difíciles, más exigentes, que le opriman. Esto es la vida como disciplina –la vida noble. La nobleza se define por la exigencia, por las obligaciones, no por los derechos”. “«Vivir a gusto es de plebeyo: el noble aspira a ordenación y a ley» (Goethe)” (De “La rebelión de las masas”-Editorial Planeta-De Agostini SA-Barcelona 1984).
La descripción anterior recuerda la de los Evangelios, donde se divide a los hombres en justos y pecadores. El justo vendría a coincidir con el noble, por cuanto orienta su vida mediante referencias externas, como es la religión, esforzándose por mejorar cada día sirviendo al prójimo de la mejor manera posible. Es representativa de tal personalidad la acción de lavar los pies a otros individuos, símbolo utilizado por Cristo ante sus seguidores para mostrarles la actitud a adoptar. El pecador, por el contrario, es el que no realiza ningún esfuerzo por mejorar ni por servir a los demás. Si bien encontramos a diario personas “que no hacen el mal a nadie”, y que poco esfuerzo hacen por superarse, recordemos que buena persona es la que hace el bien y no la que no hace el mal.
A partir de la analogía descriptiva entre nobles y vulgares, por una parte, y justos y pecadores, por la otra, puede interpretarse la persecución religiosa en contra de los cristianos como un aspecto más del fenómeno general descrito por Ortega y Gasset como “la rebelión de las masas”, que desembocó finalmente en los sistemas totalitarios produciendo las peores catástrofes sociales en toda la historia de la humanidad. Tal fenómeno surge de la negativa esencial de vulgares y pecadores de dejar de serlo; cuando, además, se rebelan y avanzan sobre nobles y justos con intenciones de dominarlos o de reemplazarlos de sus lugares preeminentes en la sociedad. Es el comienzo de la barbarie populista y totalitaria. Justamente, bajo sistemas nazis y comunistas se produjo la persecución sistemática de adeptos religiosos y el reemplazo de religiones por ideologías.
El cristianismo tiene como prioridad promover cierta “movilidad social” tratando que el pecador (el hombre-masa) se convierta en un hombre justo (o noble). Los totalitarismos, por el contrario, exaltan los atributos del hombre-masa y niegan los del noble. Crean antagonismos irreconciliables entre ambos hasta que se produce la rebelión de las masas (la revolución). Una vez dominado el Estado, reemplazan a los nobles imponiendo sus caprichos y su ferocidad.
Los totalitarismos se distinguen por el pretexto utilizado para promover el antagonismo contra la nobleza, como fue la raza para los nazis o las clases sociales para el marxismo. Andrea Riccardi escribió: “El articulo 24 del programa del Partido Nacionalsocialista (NSDAP), establecido en 1920, proclamaba «la libertad para todas las confesiones religiosas en el Estado, siempre que éstas no constituyan un peligro para el propio Estado y no perjudiquen la moralidad y el sentido moral de la raza alemana. El partido como tal se declara favorable al cristianismo positivo pero no se vincula, en cuestiones de fe, a ninguna religión». La ambigua «fórmula del cristianismo positivo» terminaría por identificarse con el nacionalsocialismo. En 1937, el ministro encargado de los asuntos eclesiásticos, Hans Kerrl, declaró: «El partido se apoya en el fundamento del cristianismo positivo que es el nacionalsocialismo. Éste nace de la voluntad de Dios, encarnada en la sangre alemana. Decir que el cristianismo consiste en la fe en Cristo, hijo de Dios, me provoca risa. El verdadero cristianismo está representado por el partido, y el pueblo alemán es llamado por el Führer para que practique un cristianismo verdadero y concreto. El Führer es el protagonista de una nueva revelación»”.
En cuanto a la forma de eliminar la influencia de la Iglesia, el citado autor agrega: “Puesto que los estatutos de la Juventud Hitleriana prohibían pertenecer a dos organizaciones, este decreto supuso el fin de las asociaciones juveniles católicas”. “Un decreto de 1935 determinó que ningún periódico tenía derecho a publicar artículos de contenido religioso. Luego de esta medida, la prensa católica dejó de existir”. “El principal objetivo del nacionalsocialismo con respecto a las Iglesias era su eliminación y la sustitución del cristianismo por la fe del nazismo”.
Respecto de la actitud marxista-leninista en la URSS, escribió: “Antes de la Revolución se cree que había en Rusia más de setenta mil iglesias y capillas. En 1939, a las puertas de la Segunda Guerra Mundial, se conservaban abiertas poco más de un centenar de iglesias y había cuatro obispos en actividad”. “La política antirreligiosa continuó incluso cuando el poder soviético estaba bien arraigado, como en los años de Kruschev, y nada tenía que temer de los escasos restos de la ortodoxia rusa completamente bajo control de los organismos de seguridad”. “En un país comunista, las comunidades religiosas no sólo no deben tener un papel social (por lo tanto no pueden desempeñar funciones educativas, caritativas, públicas), sino que deben desaparecer para dejar paso a un modelo de «hombre nuevo» y a una sociedad en la que haya sido desterrada la denominada «alienación religiosa» y se haya practicado y propagado el ateísmo…La religión ha de ser erradicada de la sociedad y de las conciencias. Bucharin, en el «ABC del comunismo», declara: «La religión y el comunismo son incompatibles tanto en la teoría como en la práctica»”.
“Célebre es la carta secreta de Lenin enviada a los miembros del Politburó el 19 de marzo de 1922: «La incautación de los objetos de valor, sobre todo, aquellos que pertenecen a las lauras, a los monasterios y a las iglesias más ricas, debe realizarse con resolución implacable, sin detenerse frente a nada y en el menor tiempo posible. Cuantos más exponentes de la burguesía y del clero reaccionarios consigamos fusilar por este motivo, tanto mejor»” (De “El siglo de los mártires”-Plaza & Janés Editores SA-Barcelona 2001).
Durante la Guerra Civil española se cometieron numerosos asesinatos de sacerdotes católicos. Sin embargo, como es propio de los marxistas-leninistas, sólo consideran valiosas las vidas de sus propios combatientes, de ahí que en la actualidad se hagan reclamos sólo por “las víctimas del franquismo”. “El 17 y el 18 de julio de 1936 tuvo lugar el levantamiento militar contra el gobierno republicano: fue el principio de la guerra civil. Se desencadenó una abierta persecución religiosa por parte de los anarquistas, socialistas radicales y comunistas. La escalada de los asesinatos fue impresionante: desde el 18 de julio hasta el final de ese mes, las victimas del clero ascendieron a 861; en agosto a 2.077, con una media de setenta muertes al día. En el otoño los asesinatos continuaron…En julio de 1937 las victimas del clero eran ya 6.500”.
En la Argentina, Juan D. Perón exaltaba el odio colectivo desde las clases sociales más pobres contra la clase media y la “oligarquía”, lo que produjo hechos como la quema de templos católicos por parte de sus seguidores. Mientras que Nerón incendió Roma y culpó a los cristianos, Perón incendió varios templos de Buenos Aires, y de otros puntos del país, culpando a otros. Félix Luna escribió: “Perón echó la culpa de los incendios alternativamente, a los comunistas, a una logia masónica, a los propios católicos o a grupos provocadores: disculpas pueriles, pues las agresiones no hubieran durado un minuto si las autoridades hubieran demostrado la más mínima voluntad de hacer cesar los ataques. En aquella noche medrosa del 16 de junio, ni una mosca se movía en Buenos Aires si Perón no lo autorizaba…”. “Ordenar quemar las iglesias (o dejar que las quemaran, tanto da) fue el error más grueso de Perón en esa pendiente de equivocaciones en la que se deslizaba desde noviembre del año anterior. El espectáculo de aquellos negros muñones, esos ámbitos sagrados llenos de escombros, conmovió profundamente al país, impresionó a los peronistas y, por sobre todo, hizo olvidar a las victimas de los bombardeos [sobre la Casa Rosada y adyacencias]”. “Ahora no se trataba de un club tradicional o de locales partidarios: eran las sedes de la oración y el recogimiento del alma. No se habían lastimado convicciones cívicas sino sentimientos religiosos. Cada una de las iglesias arrasadas por el fuego era un motivo para realimentar los motivos de la oposición y ratificarse en la certeza de que Perón era un Anticristo contra el cual todo estaba permitido” (De “Perón y su tiempo”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1986).
José Ortega y Gasset definía un país como “invertebrado” cuando era gobernado por vulgares y no por nobles. Su diagnóstico, en la década del 20, lamentablemente se cumplió con la Guerra Civil Española y la aparición en Europa de los distintos totalitarismos. Al respecto escribió: “Si ahora tornamos los ojos a la realidad española, fácilmente descubriremos en ella un atroz paisaje saturado de indocilidad y sobremanera exento de ejemplaridad. Por una extraña y trágica perversión del instinto encargado de las valoraciones, el pueblo español, desde hace siglos, detesta todo hombre ejemplar, o, cuando menos, está ciego para sus cualidades excelentes. Cuando se deja conmover por alguien, se trata, casi invariablemente, de algún personaje ruin e inferior que se pone al servicio de los instintos multitudinarios”. “Después de haber mirado y remirado largamente los diagnósticos que suelen hacerse de la mortal enfermedad padecida por nuestro pueblo, me parece hallar el más cercano a la verdad en la aristofobia u odio a los mejores” (De “España invertebrada”-Editorial Espasa-Calpe SA-Madrid 1967).
Si cambiamos las palabras “española” por “argentina” y “pueblo español” por “pueblo argentino”, lo anterior sigue teniendo validez. Cuando se le pidió al pueblo elegir entre Cristo y Barrabás, eligió a este último; cuando al pueblo argentino se le pide elegir entre Cristo y Perón, elige a este último. Así nos va.
“Contra lo que suele creerse, es la criatura de selección, y no la masa, quien vive en esencial servidumbre. No le sabe su vida si no la hace consistir en servicio a algo trascendente. Por eso no estima como una opresión la necesidad de servir. Cuando ésta, por azar, le falta, siente desasosiego e inventa nuevas normas más difíciles, más exigentes, que le opriman. Esto es la vida como disciplina –la vida noble. La nobleza se define por la exigencia, por las obligaciones, no por los derechos”. “«Vivir a gusto es de plebeyo: el noble aspira a ordenación y a ley» (Goethe)” (De “La rebelión de las masas”-Editorial Planeta-De Agostini SA-Barcelona 1984).
La descripción anterior recuerda la de los Evangelios, donde se divide a los hombres en justos y pecadores. El justo vendría a coincidir con el noble, por cuanto orienta su vida mediante referencias externas, como es la religión, esforzándose por mejorar cada día sirviendo al prójimo de la mejor manera posible. Es representativa de tal personalidad la acción de lavar los pies a otros individuos, símbolo utilizado por Cristo ante sus seguidores para mostrarles la actitud a adoptar. El pecador, por el contrario, es el que no realiza ningún esfuerzo por mejorar ni por servir a los demás. Si bien encontramos a diario personas “que no hacen el mal a nadie”, y que poco esfuerzo hacen por superarse, recordemos que buena persona es la que hace el bien y no la que no hace el mal.
A partir de la analogía descriptiva entre nobles y vulgares, por una parte, y justos y pecadores, por la otra, puede interpretarse la persecución religiosa en contra de los cristianos como un aspecto más del fenómeno general descrito por Ortega y Gasset como “la rebelión de las masas”, que desembocó finalmente en los sistemas totalitarios produciendo las peores catástrofes sociales en toda la historia de la humanidad. Tal fenómeno surge de la negativa esencial de vulgares y pecadores de dejar de serlo; cuando, además, se rebelan y avanzan sobre nobles y justos con intenciones de dominarlos o de reemplazarlos de sus lugares preeminentes en la sociedad. Es el comienzo de la barbarie populista y totalitaria. Justamente, bajo sistemas nazis y comunistas se produjo la persecución sistemática de adeptos religiosos y el reemplazo de religiones por ideologías.
El cristianismo tiene como prioridad promover cierta “movilidad social” tratando que el pecador (el hombre-masa) se convierta en un hombre justo (o noble). Los totalitarismos, por el contrario, exaltan los atributos del hombre-masa y niegan los del noble. Crean antagonismos irreconciliables entre ambos hasta que se produce la rebelión de las masas (la revolución). Una vez dominado el Estado, reemplazan a los nobles imponiendo sus caprichos y su ferocidad.
Los totalitarismos se distinguen por el pretexto utilizado para promover el antagonismo contra la nobleza, como fue la raza para los nazis o las clases sociales para el marxismo. Andrea Riccardi escribió: “El articulo 24 del programa del Partido Nacionalsocialista (NSDAP), establecido en 1920, proclamaba «la libertad para todas las confesiones religiosas en el Estado, siempre que éstas no constituyan un peligro para el propio Estado y no perjudiquen la moralidad y el sentido moral de la raza alemana. El partido como tal se declara favorable al cristianismo positivo pero no se vincula, en cuestiones de fe, a ninguna religión». La ambigua «fórmula del cristianismo positivo» terminaría por identificarse con el nacionalsocialismo. En 1937, el ministro encargado de los asuntos eclesiásticos, Hans Kerrl, declaró: «El partido se apoya en el fundamento del cristianismo positivo que es el nacionalsocialismo. Éste nace de la voluntad de Dios, encarnada en la sangre alemana. Decir que el cristianismo consiste en la fe en Cristo, hijo de Dios, me provoca risa. El verdadero cristianismo está representado por el partido, y el pueblo alemán es llamado por el Führer para que practique un cristianismo verdadero y concreto. El Führer es el protagonista de una nueva revelación»”.
En cuanto a la forma de eliminar la influencia de la Iglesia, el citado autor agrega: “Puesto que los estatutos de la Juventud Hitleriana prohibían pertenecer a dos organizaciones, este decreto supuso el fin de las asociaciones juveniles católicas”. “Un decreto de 1935 determinó que ningún periódico tenía derecho a publicar artículos de contenido religioso. Luego de esta medida, la prensa católica dejó de existir”. “El principal objetivo del nacionalsocialismo con respecto a las Iglesias era su eliminación y la sustitución del cristianismo por la fe del nazismo”.
Respecto de la actitud marxista-leninista en la URSS, escribió: “Antes de la Revolución se cree que había en Rusia más de setenta mil iglesias y capillas. En 1939, a las puertas de la Segunda Guerra Mundial, se conservaban abiertas poco más de un centenar de iglesias y había cuatro obispos en actividad”. “La política antirreligiosa continuó incluso cuando el poder soviético estaba bien arraigado, como en los años de Kruschev, y nada tenía que temer de los escasos restos de la ortodoxia rusa completamente bajo control de los organismos de seguridad”. “En un país comunista, las comunidades religiosas no sólo no deben tener un papel social (por lo tanto no pueden desempeñar funciones educativas, caritativas, públicas), sino que deben desaparecer para dejar paso a un modelo de «hombre nuevo» y a una sociedad en la que haya sido desterrada la denominada «alienación religiosa» y se haya practicado y propagado el ateísmo…La religión ha de ser erradicada de la sociedad y de las conciencias. Bucharin, en el «ABC del comunismo», declara: «La religión y el comunismo son incompatibles tanto en la teoría como en la práctica»”.
“Célebre es la carta secreta de Lenin enviada a los miembros del Politburó el 19 de marzo de 1922: «La incautación de los objetos de valor, sobre todo, aquellos que pertenecen a las lauras, a los monasterios y a las iglesias más ricas, debe realizarse con resolución implacable, sin detenerse frente a nada y en el menor tiempo posible. Cuantos más exponentes de la burguesía y del clero reaccionarios consigamos fusilar por este motivo, tanto mejor»” (De “El siglo de los mártires”-Plaza & Janés Editores SA-Barcelona 2001).
Durante la Guerra Civil española se cometieron numerosos asesinatos de sacerdotes católicos. Sin embargo, como es propio de los marxistas-leninistas, sólo consideran valiosas las vidas de sus propios combatientes, de ahí que en la actualidad se hagan reclamos sólo por “las víctimas del franquismo”. “El 17 y el 18 de julio de 1936 tuvo lugar el levantamiento militar contra el gobierno republicano: fue el principio de la guerra civil. Se desencadenó una abierta persecución religiosa por parte de los anarquistas, socialistas radicales y comunistas. La escalada de los asesinatos fue impresionante: desde el 18 de julio hasta el final de ese mes, las victimas del clero ascendieron a 861; en agosto a 2.077, con una media de setenta muertes al día. En el otoño los asesinatos continuaron…En julio de 1937 las victimas del clero eran ya 6.500”.
En la Argentina, Juan D. Perón exaltaba el odio colectivo desde las clases sociales más pobres contra la clase media y la “oligarquía”, lo que produjo hechos como la quema de templos católicos por parte de sus seguidores. Mientras que Nerón incendió Roma y culpó a los cristianos, Perón incendió varios templos de Buenos Aires, y de otros puntos del país, culpando a otros. Félix Luna escribió: “Perón echó la culpa de los incendios alternativamente, a los comunistas, a una logia masónica, a los propios católicos o a grupos provocadores: disculpas pueriles, pues las agresiones no hubieran durado un minuto si las autoridades hubieran demostrado la más mínima voluntad de hacer cesar los ataques. En aquella noche medrosa del 16 de junio, ni una mosca se movía en Buenos Aires si Perón no lo autorizaba…”. “Ordenar quemar las iglesias (o dejar que las quemaran, tanto da) fue el error más grueso de Perón en esa pendiente de equivocaciones en la que se deslizaba desde noviembre del año anterior. El espectáculo de aquellos negros muñones, esos ámbitos sagrados llenos de escombros, conmovió profundamente al país, impresionó a los peronistas y, por sobre todo, hizo olvidar a las victimas de los bombardeos [sobre la Casa Rosada y adyacencias]”. “Ahora no se trataba de un club tradicional o de locales partidarios: eran las sedes de la oración y el recogimiento del alma. No se habían lastimado convicciones cívicas sino sentimientos religiosos. Cada una de las iglesias arrasadas por el fuego era un motivo para realimentar los motivos de la oposición y ratificarse en la certeza de que Perón era un Anticristo contra el cual todo estaba permitido” (De “Perón y su tiempo”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1986).
José Ortega y Gasset definía un país como “invertebrado” cuando era gobernado por vulgares y no por nobles. Su diagnóstico, en la década del 20, lamentablemente se cumplió con la Guerra Civil Española y la aparición en Europa de los distintos totalitarismos. Al respecto escribió: “Si ahora tornamos los ojos a la realidad española, fácilmente descubriremos en ella un atroz paisaje saturado de indocilidad y sobremanera exento de ejemplaridad. Por una extraña y trágica perversión del instinto encargado de las valoraciones, el pueblo español, desde hace siglos, detesta todo hombre ejemplar, o, cuando menos, está ciego para sus cualidades excelentes. Cuando se deja conmover por alguien, se trata, casi invariablemente, de algún personaje ruin e inferior que se pone al servicio de los instintos multitudinarios”. “Después de haber mirado y remirado largamente los diagnósticos que suelen hacerse de la mortal enfermedad padecida por nuestro pueblo, me parece hallar el más cercano a la verdad en la aristofobia u odio a los mejores” (De “España invertebrada”-Editorial Espasa-Calpe SA-Madrid 1967).
Si cambiamos las palabras “española” por “argentina” y “pueblo español” por “pueblo argentino”, lo anterior sigue teniendo validez. Cuando se le pidió al pueblo elegir entre Cristo y Barrabás, eligió a este último; cuando al pueblo argentino se le pide elegir entre Cristo y Perón, elige a este último. Así nos va.
jueves, 4 de septiembre de 2014
Naturalismo vs. sobrenaturalismo
Hace unos cuatro siglos, con la irrupción de la ciencia experimental, comienza una etapa en la cual el pensamiento científico rivaliza con el religioso y el filosófico. En adelante, desde la ciencia se los busca reemplazar o bien se los busca fundamentar de mejor manera. La ética religiosa, al buscar una determinada conducta del hombre, se superpone con las ramas humanistas y sociales de la ciencia. De ahí que surjan coincidencias y también disidencias. Jaime Balmes escribió: “Aquí no hay medio; o la religión procede de una revelación primitiva, o de una inspiración de la naturaleza: en uno y otro caso hallamos su origen divino: si hay revelación, Dios ha hablado al hombre; si no la hay, Dios ha inscrito la religión en el fondo de nuestra alma” (De “El criterio”-Editorial Difusión-Buenos Aires 1952).
El surgimiento del pensamiento religioso puede describirse considerando las cotidianas relaciones causales que observamos a nuestro alrededor. Los vínculos invariantes entre causas y efectos sugieren la existencia de un Creador de todo lo existente, de donde surge la idea de Dios o, en su momento, de dioses especializados, como creadores o controladores de los distintos ámbitos de la realidad. Cuando a Dios se le asocian atributos humanos, surge la posibilidad de rendirle homenajes, hacerle pedidos, o bien adaptarnos a su aparente voluntad. Incluso se supone que ese Dios elige a algunos hombres para que informen al resto lo que espera de ellos. Con el avance de la ciencia, al advertirse la existencia de un mundo gobernado por leyes naturales, se va consolidando la idea de una adaptación a tales leyes, que coincide esencialmente con el cumplimiento de la voluntad del Creador.
Lo sobrenatural se asocia a las intervenciones de Dios cuando interrumpe las leyes naturales, o las cambia momentáneamente, estableciendo milagros o revelaciones. Luego, al no existir coincidencias respecto a la información comunicada a los distintos enviados, aparecen divisiones y antagonismos insalvables, por cuanto las adhesiones a los distintos enviados tienen un carácter sectorial. Por el contrario, la religión que se fundamenta en las leyes naturales “hereda” la universalidad y la objetividad de la ciencia experimental. De ahí que, con la plena vigencia de las diversas religiones reveladas nos aseguramos un futuro con serios conflictos, mientras que es posible eliminarlos adoptando una religión universal, o natural. De esa manera, en lugar de hablar de una religión verdadera y de la falsedad del resto, podemos considerar que las diversas religiones son distintas aproximaciones a la religión natural y universal.
Por lo general, los adeptos a las religiones reveladas suponen que la propia religión es la verdadera, o la mejor, y que las demás no deberían existir. Esta actitud resulta similar a la del nacionalista, que considera que su país es el mejor y que el resto es enemigo, o rival, no debiendo establecerse con él vínculo alguno. Elisabeth Reynaud escribió: “Ese año de 1492 es también el año en que los Reyes Católicos promulgan un decreto que obliga a los judíos a elegir la conversión o el exilio. A partir de entonces se persigue a todo el que no pertenezca a la «raza» española católica y, en primer lugar, a los musulmanes y judíos. Se dictan leyes sobre la pureza de la raza y de la sangre: hay que probar que se desciende de «viejos cristianos», que se es de sangre completamente limpia de «manchas» judías o moras”. “El Gran Tribunal de la Inquisición persigue incluso a los moriscos –los musulmanes conversos- y a los marranos –los judíos convertidos- sospechados ambos de seguir con sus cultos, en secreto” (De “Teresa de Ávila o el placer divino”-Editorial Atlántida SA-Buenos Aires 2000).
La actitud religiosa positiva ha de ser ascendente, lateral e igualitaria. Ascendente en el sentido de que mira a Dios, o al orden natural; lateral en el sentido de que mira al resto de las personas; igualitaria cuando el adepto busca compartir las penas y las alegrías de los demás. Una actitud religiosa con mucha contemplación (ascendente) y poca acción (poco lateral) resulta incompleta. De esta actitud posiblemente surja el desprecio por un mundo imperfecto, considerado sólo como una etapa previa a una vida posterior a la muerte. Surge el enfrentamiento contra la ciencia por cuanto ésta estudia la materia. Se rechaza a la materia por ser despreciable, fría e inerte, opuesta a la vida. Se llega así a la contradicción esencial del “creyente” que rechaza a la creación y a las leyes de Dios, o leyes naturales, incluso rechaza los procesos utilizados para formar la vida inteligente, como es el proceso de adaptación por selección natural.
Como compensación, acentúa la creencia en un orden sobrenatural, para justificar el rechazo previo. La “rebelión del creyente” en contra de Dios, o en contra de sus leyes, se opone a la actitud del científico, que se acerca a Dios a través de la descripción y el entendimiento de sus leyes. Quienes sostienen que sólo hacen falta leyes naturales para conformar al mundo (y no sobrenaturales, accesibles a unos pocos elegidos), serán considerados herejes ante la religión, mientras que, a la vez, quienes desdeñan e ignoran las leyes de Dios, deben ser considerados herejes respecto de Dios. José León Pagano (h) escribió: “La Ilustración llevó, como consecuencia natural, a desembocar en el naturalismo, que no es un sistema o una doctrina concreta, sino una tendencia, orientada a no aceptar nada que esté más allá de la naturaleza, por lo cual nada puede explicarse sino a través de las leyes que la gobiernan. En materia religiosa, el naturalismo rechaza lo sobrenatural y explica los hechos religiosos por la acción de leyes naturales o por el influjo de lo divino, inmanente en la naturaleza” (De “Veinte siglos de herejías”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2004).
En cuanto al naturalismo, José Ferrater Mora escribió: “Naturalismo es la tendencia a aplicar al espíritu las categorías de la naturaleza, a someter el mundo espiritual a las leyes naturales. El naturalismo supone en este caso la negación de la peculiaridad del espíritu y la posibilidad de reducirlo a la naturaleza; reducción de la moral y de la historia a la biología; de la personalidad a la organización fisiológica o psicofisiológica. Se llama, finalmente, naturalismo a la actividad ética que ordena vivir conforme con la naturaleza en el sentido de vivir de acuerdo con una supuesta razón natural, igual en todos los hombres” (Del "Diccionario de Filosofia"-Editorial Ariel SA-Barcelona 1994).
De todas formas, es importante saber cómo funciona el mundo real; si existe lo natural y lo sobrenatural, o si existe sólo lo primero. Lo sobrenatural, además de impedir el control de toda prédica en función de su adecuación a las leyes naturales existentes, implica una inusitada complejidad para quien busque orientarse en la vida. Si lo necesario para adaptarnos al orden natural fuese tan complejo que sólo unos pocos elegidos lo comprendiesen, perderíamos las esperanzas de lograr ese conocimiento, o resignarnos al gobierno mental de los elegidos sobre el resto. Por el contrario, el cristianismo ha podido resumirse en la actitud cooperativa cuyo significado es simple y accesible a toda persona.
Cuando se supone que todo ha de ser necesariamente complejo y que para comprenderlo no basta la razón, sino que es necesaria la fe en lo sobrenatural, se llega a considerar al amor al prójimo bajo una forma confusa, distinta de la actitud natural mencionada. De ahí la poca eficacia del cristianismo tal como se lo predica actualmente. A partir del conocimiento aportado por la física durante el siglo XX, puede comprobarse que la materia es bastante distinta a la supuesta por sus detractores. Lothar Schäfer escribió: “Las partículas elementales pueden existir en estados no materiales, y actuar como si no tuviesen una posición definida en el espacio y en muchos sitios al mismo tiempo. Prácticamente no están en ninguna parte; tienen propiedades de tipo mental, y pueden afectarse mutuamente en forma instantánea y a grandes distancias. En resumen, la realidad física no es lo que parece ser y los componentes microscópicos de las cosas no son simples ediciones en miniatura de los objetos ordinarios de nuestra experiencia consciente, sino que son diferentes en su esencia”.
“La difracción de electrones es una señal de que, cuando son dejados en libertad, las partículas evolucionan hacia formas ondulatorias no-materiales que se esparcen sobre amplias áreas del espacio...La naturaleza de estas ondas es la de ondas de probabilidad. Puesto que las probabilidades son números sin dimensión, las ondas de probabilidad no llevan ninguna masa o energía, sino solamente información sobre relaciones numéricas. Sin embargo, todo el orden visible en el universo está determinado por la interferencia de estas ondas. Las funciones de onda de los átomos, por ejemplo, determinan qué clase de moléculas pueden formar y qué clase de química es posible. Las funciones de onda de las moléculas determinan las interacciones intermoleculares, las cuales son la base de la química de las células vivas” (De “En busca de la realidad divina”-Grupo Editorial Lumen-Buenos Aires 2007).
El hereje (respecto de la religión y no ante las leyes de Dios) de mayor trascendencia en el siglo XX fue Pierre Teilhard de Chardin, quien quiso compatibilizar la religión cristiana con las leyes de la evolución. Lothar Schäfer escribe al respecto: “Las tesis fundamentales de Teilhard son como sigue: la evolución de la vida es esencialmente la evolución de una esfera de la consciencia, la noosfera. Con la aparición de los seres humanos, el proceso ha alcanzado un clímax, pero no su punto final. El proceso todavía continúa; pero, al contrario de sus etapas anteriores, en su etapa actual la fuerza impulsora es la evolución cultural. En los seres humanos, la evolución se ha hecho consciente de sí misma; y la mente la dirige a niveles cada vez más elevados de capacidad mental y en dirección hacia un punto –el Punto Omega-, en el cual la consciencia de la humanidad se fusionará fuera del espacio y el tiempo con la consciencia cósmica, a la que Teilhard concebía como activa en el universo”.
“Esta teoría de la evolución comparte con la ontología de la teoría cuántica el aspecto de la totalidad o integridad de la realidad, las acciones de principios no-materiales y de tipo mental en los procesos fundamentales, y la presunción de una consciencia cósmica fuera del espacio-tiempo. Hay congruencia con la perspectiva cuántica de la evolución, en la cual la selección cuántica de grupos crecientemente complejos de estados virtuales puede llevar, sin una intervención divina directa, a formas de vida con propiedades mentales progresivas”.
Mientras que el naturalismo observa rasgos espirituales en la materia, encontrando en la neurociencia una confirmación de tal visión de la realidad, el sobrenaturalismo busca materializar los aparentes contactos entre el mundo natural y el mundo sobrenatural para confirmar su veracidad. “La vida no puede ser ya considerada en el Universo como un accidente superficial, sino que hemos de considerarla como presionando en todas partes –pronta a brotar por cualquier parte del Cosmos, por la menor resquebrajadura-; una vez aparecida, es incapaz de no utilizar toda oportunidad y todos los medios para llegar al extremo de lo que puede alcanzar exteriormente en cuanto a Complejidad, interiormente en cuanto a Consciencia (Teilhard de Chardin).
El surgimiento del pensamiento religioso puede describirse considerando las cotidianas relaciones causales que observamos a nuestro alrededor. Los vínculos invariantes entre causas y efectos sugieren la existencia de un Creador de todo lo existente, de donde surge la idea de Dios o, en su momento, de dioses especializados, como creadores o controladores de los distintos ámbitos de la realidad. Cuando a Dios se le asocian atributos humanos, surge la posibilidad de rendirle homenajes, hacerle pedidos, o bien adaptarnos a su aparente voluntad. Incluso se supone que ese Dios elige a algunos hombres para que informen al resto lo que espera de ellos. Con el avance de la ciencia, al advertirse la existencia de un mundo gobernado por leyes naturales, se va consolidando la idea de una adaptación a tales leyes, que coincide esencialmente con el cumplimiento de la voluntad del Creador.
Lo sobrenatural se asocia a las intervenciones de Dios cuando interrumpe las leyes naturales, o las cambia momentáneamente, estableciendo milagros o revelaciones. Luego, al no existir coincidencias respecto a la información comunicada a los distintos enviados, aparecen divisiones y antagonismos insalvables, por cuanto las adhesiones a los distintos enviados tienen un carácter sectorial. Por el contrario, la religión que se fundamenta en las leyes naturales “hereda” la universalidad y la objetividad de la ciencia experimental. De ahí que, con la plena vigencia de las diversas religiones reveladas nos aseguramos un futuro con serios conflictos, mientras que es posible eliminarlos adoptando una religión universal, o natural. De esa manera, en lugar de hablar de una religión verdadera y de la falsedad del resto, podemos considerar que las diversas religiones son distintas aproximaciones a la religión natural y universal.
Por lo general, los adeptos a las religiones reveladas suponen que la propia religión es la verdadera, o la mejor, y que las demás no deberían existir. Esta actitud resulta similar a la del nacionalista, que considera que su país es el mejor y que el resto es enemigo, o rival, no debiendo establecerse con él vínculo alguno. Elisabeth Reynaud escribió: “Ese año de 1492 es también el año en que los Reyes Católicos promulgan un decreto que obliga a los judíos a elegir la conversión o el exilio. A partir de entonces se persigue a todo el que no pertenezca a la «raza» española católica y, en primer lugar, a los musulmanes y judíos. Se dictan leyes sobre la pureza de la raza y de la sangre: hay que probar que se desciende de «viejos cristianos», que se es de sangre completamente limpia de «manchas» judías o moras”. “El Gran Tribunal de la Inquisición persigue incluso a los moriscos –los musulmanes conversos- y a los marranos –los judíos convertidos- sospechados ambos de seguir con sus cultos, en secreto” (De “Teresa de Ávila o el placer divino”-Editorial Atlántida SA-Buenos Aires 2000).
La actitud religiosa positiva ha de ser ascendente, lateral e igualitaria. Ascendente en el sentido de que mira a Dios, o al orden natural; lateral en el sentido de que mira al resto de las personas; igualitaria cuando el adepto busca compartir las penas y las alegrías de los demás. Una actitud religiosa con mucha contemplación (ascendente) y poca acción (poco lateral) resulta incompleta. De esta actitud posiblemente surja el desprecio por un mundo imperfecto, considerado sólo como una etapa previa a una vida posterior a la muerte. Surge el enfrentamiento contra la ciencia por cuanto ésta estudia la materia. Se rechaza a la materia por ser despreciable, fría e inerte, opuesta a la vida. Se llega así a la contradicción esencial del “creyente” que rechaza a la creación y a las leyes de Dios, o leyes naturales, incluso rechaza los procesos utilizados para formar la vida inteligente, como es el proceso de adaptación por selección natural.
Como compensación, acentúa la creencia en un orden sobrenatural, para justificar el rechazo previo. La “rebelión del creyente” en contra de Dios, o en contra de sus leyes, se opone a la actitud del científico, que se acerca a Dios a través de la descripción y el entendimiento de sus leyes. Quienes sostienen que sólo hacen falta leyes naturales para conformar al mundo (y no sobrenaturales, accesibles a unos pocos elegidos), serán considerados herejes ante la religión, mientras que, a la vez, quienes desdeñan e ignoran las leyes de Dios, deben ser considerados herejes respecto de Dios. José León Pagano (h) escribió: “La Ilustración llevó, como consecuencia natural, a desembocar en el naturalismo, que no es un sistema o una doctrina concreta, sino una tendencia, orientada a no aceptar nada que esté más allá de la naturaleza, por lo cual nada puede explicarse sino a través de las leyes que la gobiernan. En materia religiosa, el naturalismo rechaza lo sobrenatural y explica los hechos religiosos por la acción de leyes naturales o por el influjo de lo divino, inmanente en la naturaleza” (De “Veinte siglos de herejías”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2004).
En cuanto al naturalismo, José Ferrater Mora escribió: “Naturalismo es la tendencia a aplicar al espíritu las categorías de la naturaleza, a someter el mundo espiritual a las leyes naturales. El naturalismo supone en este caso la negación de la peculiaridad del espíritu y la posibilidad de reducirlo a la naturaleza; reducción de la moral y de la historia a la biología; de la personalidad a la organización fisiológica o psicofisiológica. Se llama, finalmente, naturalismo a la actividad ética que ordena vivir conforme con la naturaleza en el sentido de vivir de acuerdo con una supuesta razón natural, igual en todos los hombres” (Del "Diccionario de Filosofia"-Editorial Ariel SA-Barcelona 1994).
De todas formas, es importante saber cómo funciona el mundo real; si existe lo natural y lo sobrenatural, o si existe sólo lo primero. Lo sobrenatural, además de impedir el control de toda prédica en función de su adecuación a las leyes naturales existentes, implica una inusitada complejidad para quien busque orientarse en la vida. Si lo necesario para adaptarnos al orden natural fuese tan complejo que sólo unos pocos elegidos lo comprendiesen, perderíamos las esperanzas de lograr ese conocimiento, o resignarnos al gobierno mental de los elegidos sobre el resto. Por el contrario, el cristianismo ha podido resumirse en la actitud cooperativa cuyo significado es simple y accesible a toda persona.
Cuando se supone que todo ha de ser necesariamente complejo y que para comprenderlo no basta la razón, sino que es necesaria la fe en lo sobrenatural, se llega a considerar al amor al prójimo bajo una forma confusa, distinta de la actitud natural mencionada. De ahí la poca eficacia del cristianismo tal como se lo predica actualmente. A partir del conocimiento aportado por la física durante el siglo XX, puede comprobarse que la materia es bastante distinta a la supuesta por sus detractores. Lothar Schäfer escribió: “Las partículas elementales pueden existir en estados no materiales, y actuar como si no tuviesen una posición definida en el espacio y en muchos sitios al mismo tiempo. Prácticamente no están en ninguna parte; tienen propiedades de tipo mental, y pueden afectarse mutuamente en forma instantánea y a grandes distancias. En resumen, la realidad física no es lo que parece ser y los componentes microscópicos de las cosas no son simples ediciones en miniatura de los objetos ordinarios de nuestra experiencia consciente, sino que son diferentes en su esencia”.
“La difracción de electrones es una señal de que, cuando son dejados en libertad, las partículas evolucionan hacia formas ondulatorias no-materiales que se esparcen sobre amplias áreas del espacio...La naturaleza de estas ondas es la de ondas de probabilidad. Puesto que las probabilidades son números sin dimensión, las ondas de probabilidad no llevan ninguna masa o energía, sino solamente información sobre relaciones numéricas. Sin embargo, todo el orden visible en el universo está determinado por la interferencia de estas ondas. Las funciones de onda de los átomos, por ejemplo, determinan qué clase de moléculas pueden formar y qué clase de química es posible. Las funciones de onda de las moléculas determinan las interacciones intermoleculares, las cuales son la base de la química de las células vivas” (De “En busca de la realidad divina”-Grupo Editorial Lumen-Buenos Aires 2007).
El hereje (respecto de la religión y no ante las leyes de Dios) de mayor trascendencia en el siglo XX fue Pierre Teilhard de Chardin, quien quiso compatibilizar la religión cristiana con las leyes de la evolución. Lothar Schäfer escribe al respecto: “Las tesis fundamentales de Teilhard son como sigue: la evolución de la vida es esencialmente la evolución de una esfera de la consciencia, la noosfera. Con la aparición de los seres humanos, el proceso ha alcanzado un clímax, pero no su punto final. El proceso todavía continúa; pero, al contrario de sus etapas anteriores, en su etapa actual la fuerza impulsora es la evolución cultural. En los seres humanos, la evolución se ha hecho consciente de sí misma; y la mente la dirige a niveles cada vez más elevados de capacidad mental y en dirección hacia un punto –el Punto Omega-, en el cual la consciencia de la humanidad se fusionará fuera del espacio y el tiempo con la consciencia cósmica, a la que Teilhard concebía como activa en el universo”.
“Esta teoría de la evolución comparte con la ontología de la teoría cuántica el aspecto de la totalidad o integridad de la realidad, las acciones de principios no-materiales y de tipo mental en los procesos fundamentales, y la presunción de una consciencia cósmica fuera del espacio-tiempo. Hay congruencia con la perspectiva cuántica de la evolución, en la cual la selección cuántica de grupos crecientemente complejos de estados virtuales puede llevar, sin una intervención divina directa, a formas de vida con propiedades mentales progresivas”.
Mientras que el naturalismo observa rasgos espirituales en la materia, encontrando en la neurociencia una confirmación de tal visión de la realidad, el sobrenaturalismo busca materializar los aparentes contactos entre el mundo natural y el mundo sobrenatural para confirmar su veracidad. “La vida no puede ser ya considerada en el Universo como un accidente superficial, sino que hemos de considerarla como presionando en todas partes –pronta a brotar por cualquier parte del Cosmos, por la menor resquebrajadura-; una vez aparecida, es incapaz de no utilizar toda oportunidad y todos los medios para llegar al extremo de lo que puede alcanzar exteriormente en cuanto a Complejidad, interiormente en cuanto a Consciencia (Teilhard de Chardin).
domingo, 31 de agosto de 2014
La protección socialista
Quienes adhieren a la democracia esperan que el poder distribuido entre los distintos sectores sociales se divida como si se tratase de dos fuerzas en oposición, resultando así “inofensivo”. Se busca un sistema de seguridad que proteja al individuo tanto de los posibles excesos de los gobernantes como de los poderosos. Quienes adhieren al socialismo, por el contrario, buscan prioritariamente la concentración del poder en manos del Estado; a veces en una sola persona, eliminando la seguridad buscada con la democracia. Mientras que la democracia apunta a la libertad individual como un medio para establecer luego la igualdad, el socialismo apunta a una aparente igualdad a costa de anular la libertad. Bertrand Russell escribió: “Podrá decirse que el poder de los funcionarios es mucho menos peligroso que el poder de los capitalistas, porque los funcionarios no tienen intereses económicos que se opongan a los de los obreros. Pero este argumento implica una teoría excesivamente simple sobre la naturaleza política humana; una teoría que el socialismo ortodoxo tomó de la economía política clásica, y que ha venido reteniendo a pesar de la creciente evidencia de su falsedad”.
“Lo primero que hemos de observar es que, en cualquier organización grande, y sobre todo en un gran Estado, los funcionarios y los legisladores están generalmente muy alejados de aquellos a quienes gobiernan y poco enterados imaginativamente de las condiciones de vida de aquellos a quienes han de aplicarse sus decisiones. Esto los hace ignorantes de mucho que deberían saber, aun cuando sean diligentes y tengan voluntad de aprender lo que pueda aprenderse en las estadísticas y en las actas del Parlamento. Lo único que comprenden íntimamente es la rutina del negociado y las reglas administrativas. El resultado es una indebida ansiedad por asegurar la uniformidad del sistema”.
Quien pretenda mejorar el orden que surge de la interacción de individuos que actúan en libertad, ha de sugerir comportamientos éticos individuales y estímulos apropiados, mientras que quien pretenda establecer un orden surgido de su propio criterio, ha de promover límites a la libertad individual y castigos conducentes hacia el orden artificial impuesto. El citado autor agrega: “He oído hablar de un ministro francés de Educación que, sacando el reloj, dijo: «En este momento todos los niños de tal edad en Francia están aprendiendo tal cosa». Este es el ideal del gobernante, un ideal extremadamente fatal para el libre crecimiento, para la iniciativa, para la experimentación y para cualquier innovación de amplio alcance. La pereza, como uno de los motivos del funcionario, no está reconocida en los libros de texto de teoría política, porque todo el conocimiento ordinario de la naturaleza humana se considera indigno de tales obras. Y, sin embargo, todos sabemos que la pereza es un motivo inmensamente poderoso en toda la humanidad, salvo una pequeña minoría”.
“Desgraciadamente, en este caso la pereza está reforzada por el afán de mando, que lleva a los funcionarios enérgicos a crear los sistemas que los funcionarios perezosos han de administrar. El funcionario enérgico desaprueba invariablemente cualquier cosa que no pueda controlar. Antes que pueda hacerse nada, es necesario obtener su sanción oficial. Todo lo que halla en su existencia desea alterarlo de algún modo, de forma a conseguir la satisfacción de sentir su poder y hacerlo sentir a los demás” (De “Ideales políticos”-Aguilar SA de Ediciones-Madrid 1963).
El libro mencionado fue escrito originalmente en 1917, cuando recién se instalaba el régimen socialista soviético, por lo que resulta interesante advertir que no es necesario aprender directamente del fracaso que surge de una prueba apresurada, ya que un razonamiento no muy profundo permite prever lo que ha de suceder a partir de ciertas decisiones. “Si es concienzudo, imaginará algún proyecto perfectamente uniforme y rígido, que él tendrá por el mejor posible, y lo impondrá despiadadamente, sean cualesquiera los prometedores retoños que haya de podar por mor de la simetría. El resultado tiene, inevitablemente, algo de la mortal tristeza de una nueva ciudad rectangular, comparada con la belleza y riqueza de una antigua ciudad que ha vivido y crecido con las vidas distintas y las individualidades de muchas generaciones. Lo que se ha desarrollado es siempre más vivo que lo que se ha decretado; pero el funcionario enérgico preferirá siempre el aseo de lo que él ha ordenado al aparente desorden del crecimiento espontáneo”.
“La mera posesión de poder tiende a producir afán de poder, y esto es un motivo muy peligroso, porque la única prueba segura del poder consiste en impedir a los demás que hagan lo que desearían. La teoría esencial de la democracia es la difusión del poder entre todo el pueblo, de modo de evitar los males producidos por la posesión de un poder grande por parte de un solo hombre. Pero la difusión del poder por medio de la democracia es efectiva solamente cuando los votantes se toman interés en la cuestión de que se trate. Cuando la cuestión no les interesa, no tratan de vigilar a la administración, y todo poder efectivo pasa a manos de los funcionarios”. “Por esta razón, los verdaderos fines de la democracia no se alcanzan con el socialismo estatal ni con cualquier otro sistema que ponga una gran autoridad en manos de hombres no sujetos a control popular que el más o menos indirectamente ejercitado por medio del Parlamento”.
A pesar de los pobres resultados logrados por los sistemas totalitarios, siguen en vigencia escudados bajo el pretexto de que un gobierno, que concentre en sus manos todo el poder, es el único capaz de proteger al pueblo contra cierto enemigo (real o imaginario), sin que el ciudadano advierta que el mayor peligro reside en su protector. Por el contrario, la democracia tiende a proteger al débil mediante la distribución equitativa del poder y la posibilidad de lograr seguridad económica a través del trabajo.
Suponiendo que la influencia a nivel internacional de EEUU sea tan negativa como proclaman los sectores de izquierda, surge un interrogante: ¿Por qué esclavizar a la propia población como se ha hecho en la Cuba de Fidel Castro? Es un caso similar a una familia que se ve amenazada por alguien que trata de destruirla y el jefe de la familia decide castigar a sus propios hijos quitándoles toda libertad, dentro de su propia casa, con el pretexto de protegerlos del enemigo común que los acecha. Todo parece indicar que, sin ese enemigo, el socialismo no tendría razón de ser. Hilda Molina escribió: “La población cubana continuaba agobiada por crecientes carencias y confundida por la propaganda gubernamental que seguía responsabilizando al «imperialismo yanky» de las ya endémicas penurias nacionales”. “Nos inundaban de consignas, nos convocaban constantemente a trabajar sin descanso en pos de una patria más justa. Y así lograban convencernos de que si bien postergábamos, mutilábamos o hasta sacrificábamos el acariciado sueño de índole familiar, lo hacíamos en aras de legar a nuestros hijos la más perfecta de las sociedades”.
“De esa forma, ocupada en una cadena interminable de misiones muchas veces estériles y absurdas, perdí momentos maravillosos e irrepetibles de la niñez y la adolescencia de mi hijo, y no tuve nunca la hija que tanto anhelé. Terrible e irreversible error que ha dejado heridas eternamente abiertas y sangrantes en mí y en un sinnúmero de cubanos” (De “Mi verdad”-Grupo Editorial Planeta SAIC-Buenos Aires 2010).
También el gobierno de Venezuela reclama ante el imperialismo castigando a su propia población, cuyo consumo cotidiano será controlado con el pretexto de luchar “contra el contrabando”. Mientras menor es la libertad disponible, mayor es el deterioro social y económico, y mayor el control, de donde resulta un proceso que tiende con rapidez a convertir a dicho país en una sociedad comunista.
El gobierno argentino, por su parte, busca pretextos para acentuar los controles sobre la producción. Esta vez echando la culpa a los tenedores de bonos emitidos por la Argentina, y que pretenden cobrar lo que se comprometió la nación a pagar; nación que tiene posibilidades de pagar, ya que su propia Presidente afirmó tiempo atrás que estábamos “igual que Canadá y Australia”. Roberto Cachanosky escribió: “La apuesta del kirchnerismo es transformar este tema de la deuda externa en la típica jugada que siempre hacen. Nosotros los K defendemos la patria y a los argentinos y todos los que opinan diferente son traidores a la patria, trabajan para los fondos buitres y estupideces por el estilo”. “El gobierno argentino argumenta que no puede ser que sólo el 7% de los acreedores pueda tener derecho a reclamar que le paguen lo que decía el contrato original”. “Para el kirchnerismo las personas no tienen derechos por ser personas, sino que tienen derechos sólo aquellos que pertenecen a una determinada mayoría, sea ésta por votos o por cualquier otra razón”.
“Dicen al unísono CFK y Kicillof: los fondos buitres compraron por centavos la deuda y quieren ganar el 1.600%. En primer lugar, si los fondos de inversión ganaron tanto es porque fueron más astutos que los Kirchner. En vez de estar dilapidando la plata en populismo, Néstor Kirchner y ella podría haber recomprado la deuda a precio muy bajo en el mercado, en vez de esperar a que otro les ganara de mano, la comprara y luego ganara un juicio para cobrar el 100% de la deuda más las costas del juicio y los punitorios” (De http://economiaparatodos.net ).
De la misma manera que procede Venezuela, afianzando los controles y reglamentos a medida que la situación se deteriora, en la Argentina se pretende proteger al trabajador de los empresarios con la “ley de abastecimiento”. Entre las acciones a castigar aparecen: “Elevar artificialmente los precios no acorde a costos y obtener ganancias abusivas, revaluar existencias, (salvo autorización), acaparar materias primas o productos. Formaren existencias superiores a las necesarias, intermediar o permitir intermediar innecesariamente, destruir mercaderías o bienes, negar o restringir injustificadamente la venta de bienes o la prestación de servicios. O que no la incrementaren habiendo sido intimados por la autoridad de aplicación a ello. Desviar o discontinuar el abastecimiento normal y habitual de una zona a otra sin causa justificada, no tuvieren para su venta o discontinuasen la producción de bienes o servicios con precios máximos y mínimos, márgenes de utilidad fijados”.
La tendencia hacia el totalitarismo ha sido consensuada por la mayoría del pueblo ya que, durante las elecciones, “vota a ganador”, tratando que una mayoría absoluta, tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores, permita al partido triunfante aprobar o desaprobar lo que le venga en ganas. Sumado a la posibilidad de la Presidente de emitir Decretos de Necesidad y Urgencia, tenemos una especie de “dictadura democrática y constitucional” que nos puede llevar por un camino cercano al emprendido por Venezuela.
“Lo primero que hemos de observar es que, en cualquier organización grande, y sobre todo en un gran Estado, los funcionarios y los legisladores están generalmente muy alejados de aquellos a quienes gobiernan y poco enterados imaginativamente de las condiciones de vida de aquellos a quienes han de aplicarse sus decisiones. Esto los hace ignorantes de mucho que deberían saber, aun cuando sean diligentes y tengan voluntad de aprender lo que pueda aprenderse en las estadísticas y en las actas del Parlamento. Lo único que comprenden íntimamente es la rutina del negociado y las reglas administrativas. El resultado es una indebida ansiedad por asegurar la uniformidad del sistema”.
Quien pretenda mejorar el orden que surge de la interacción de individuos que actúan en libertad, ha de sugerir comportamientos éticos individuales y estímulos apropiados, mientras que quien pretenda establecer un orden surgido de su propio criterio, ha de promover límites a la libertad individual y castigos conducentes hacia el orden artificial impuesto. El citado autor agrega: “He oído hablar de un ministro francés de Educación que, sacando el reloj, dijo: «En este momento todos los niños de tal edad en Francia están aprendiendo tal cosa». Este es el ideal del gobernante, un ideal extremadamente fatal para el libre crecimiento, para la iniciativa, para la experimentación y para cualquier innovación de amplio alcance. La pereza, como uno de los motivos del funcionario, no está reconocida en los libros de texto de teoría política, porque todo el conocimiento ordinario de la naturaleza humana se considera indigno de tales obras. Y, sin embargo, todos sabemos que la pereza es un motivo inmensamente poderoso en toda la humanidad, salvo una pequeña minoría”.
“Desgraciadamente, en este caso la pereza está reforzada por el afán de mando, que lleva a los funcionarios enérgicos a crear los sistemas que los funcionarios perezosos han de administrar. El funcionario enérgico desaprueba invariablemente cualquier cosa que no pueda controlar. Antes que pueda hacerse nada, es necesario obtener su sanción oficial. Todo lo que halla en su existencia desea alterarlo de algún modo, de forma a conseguir la satisfacción de sentir su poder y hacerlo sentir a los demás” (De “Ideales políticos”-Aguilar SA de Ediciones-Madrid 1963).
El libro mencionado fue escrito originalmente en 1917, cuando recién se instalaba el régimen socialista soviético, por lo que resulta interesante advertir que no es necesario aprender directamente del fracaso que surge de una prueba apresurada, ya que un razonamiento no muy profundo permite prever lo que ha de suceder a partir de ciertas decisiones. “Si es concienzudo, imaginará algún proyecto perfectamente uniforme y rígido, que él tendrá por el mejor posible, y lo impondrá despiadadamente, sean cualesquiera los prometedores retoños que haya de podar por mor de la simetría. El resultado tiene, inevitablemente, algo de la mortal tristeza de una nueva ciudad rectangular, comparada con la belleza y riqueza de una antigua ciudad que ha vivido y crecido con las vidas distintas y las individualidades de muchas generaciones. Lo que se ha desarrollado es siempre más vivo que lo que se ha decretado; pero el funcionario enérgico preferirá siempre el aseo de lo que él ha ordenado al aparente desorden del crecimiento espontáneo”.
“La mera posesión de poder tiende a producir afán de poder, y esto es un motivo muy peligroso, porque la única prueba segura del poder consiste en impedir a los demás que hagan lo que desearían. La teoría esencial de la democracia es la difusión del poder entre todo el pueblo, de modo de evitar los males producidos por la posesión de un poder grande por parte de un solo hombre. Pero la difusión del poder por medio de la democracia es efectiva solamente cuando los votantes se toman interés en la cuestión de que se trate. Cuando la cuestión no les interesa, no tratan de vigilar a la administración, y todo poder efectivo pasa a manos de los funcionarios”. “Por esta razón, los verdaderos fines de la democracia no se alcanzan con el socialismo estatal ni con cualquier otro sistema que ponga una gran autoridad en manos de hombres no sujetos a control popular que el más o menos indirectamente ejercitado por medio del Parlamento”.
A pesar de los pobres resultados logrados por los sistemas totalitarios, siguen en vigencia escudados bajo el pretexto de que un gobierno, que concentre en sus manos todo el poder, es el único capaz de proteger al pueblo contra cierto enemigo (real o imaginario), sin que el ciudadano advierta que el mayor peligro reside en su protector. Por el contrario, la democracia tiende a proteger al débil mediante la distribución equitativa del poder y la posibilidad de lograr seguridad económica a través del trabajo.
Suponiendo que la influencia a nivel internacional de EEUU sea tan negativa como proclaman los sectores de izquierda, surge un interrogante: ¿Por qué esclavizar a la propia población como se ha hecho en la Cuba de Fidel Castro? Es un caso similar a una familia que se ve amenazada por alguien que trata de destruirla y el jefe de la familia decide castigar a sus propios hijos quitándoles toda libertad, dentro de su propia casa, con el pretexto de protegerlos del enemigo común que los acecha. Todo parece indicar que, sin ese enemigo, el socialismo no tendría razón de ser. Hilda Molina escribió: “La población cubana continuaba agobiada por crecientes carencias y confundida por la propaganda gubernamental que seguía responsabilizando al «imperialismo yanky» de las ya endémicas penurias nacionales”. “Nos inundaban de consignas, nos convocaban constantemente a trabajar sin descanso en pos de una patria más justa. Y así lograban convencernos de que si bien postergábamos, mutilábamos o hasta sacrificábamos el acariciado sueño de índole familiar, lo hacíamos en aras de legar a nuestros hijos la más perfecta de las sociedades”.
“De esa forma, ocupada en una cadena interminable de misiones muchas veces estériles y absurdas, perdí momentos maravillosos e irrepetibles de la niñez y la adolescencia de mi hijo, y no tuve nunca la hija que tanto anhelé. Terrible e irreversible error que ha dejado heridas eternamente abiertas y sangrantes en mí y en un sinnúmero de cubanos” (De “Mi verdad”-Grupo Editorial Planeta SAIC-Buenos Aires 2010).
También el gobierno de Venezuela reclama ante el imperialismo castigando a su propia población, cuyo consumo cotidiano será controlado con el pretexto de luchar “contra el contrabando”. Mientras menor es la libertad disponible, mayor es el deterioro social y económico, y mayor el control, de donde resulta un proceso que tiende con rapidez a convertir a dicho país en una sociedad comunista.
El gobierno argentino, por su parte, busca pretextos para acentuar los controles sobre la producción. Esta vez echando la culpa a los tenedores de bonos emitidos por la Argentina, y que pretenden cobrar lo que se comprometió la nación a pagar; nación que tiene posibilidades de pagar, ya que su propia Presidente afirmó tiempo atrás que estábamos “igual que Canadá y Australia”. Roberto Cachanosky escribió: “La apuesta del kirchnerismo es transformar este tema de la deuda externa en la típica jugada que siempre hacen. Nosotros los K defendemos la patria y a los argentinos y todos los que opinan diferente son traidores a la patria, trabajan para los fondos buitres y estupideces por el estilo”. “El gobierno argentino argumenta que no puede ser que sólo el 7% de los acreedores pueda tener derecho a reclamar que le paguen lo que decía el contrato original”. “Para el kirchnerismo las personas no tienen derechos por ser personas, sino que tienen derechos sólo aquellos que pertenecen a una determinada mayoría, sea ésta por votos o por cualquier otra razón”.
“Dicen al unísono CFK y Kicillof: los fondos buitres compraron por centavos la deuda y quieren ganar el 1.600%. En primer lugar, si los fondos de inversión ganaron tanto es porque fueron más astutos que los Kirchner. En vez de estar dilapidando la plata en populismo, Néstor Kirchner y ella podría haber recomprado la deuda a precio muy bajo en el mercado, en vez de esperar a que otro les ganara de mano, la comprara y luego ganara un juicio para cobrar el 100% de la deuda más las costas del juicio y los punitorios” (De http://economiaparatodos.net ).
De la misma manera que procede Venezuela, afianzando los controles y reglamentos a medida que la situación se deteriora, en la Argentina se pretende proteger al trabajador de los empresarios con la “ley de abastecimiento”. Entre las acciones a castigar aparecen: “Elevar artificialmente los precios no acorde a costos y obtener ganancias abusivas, revaluar existencias, (salvo autorización), acaparar materias primas o productos. Formaren existencias superiores a las necesarias, intermediar o permitir intermediar innecesariamente, destruir mercaderías o bienes, negar o restringir injustificadamente la venta de bienes o la prestación de servicios. O que no la incrementaren habiendo sido intimados por la autoridad de aplicación a ello. Desviar o discontinuar el abastecimiento normal y habitual de una zona a otra sin causa justificada, no tuvieren para su venta o discontinuasen la producción de bienes o servicios con precios máximos y mínimos, márgenes de utilidad fijados”.
La tendencia hacia el totalitarismo ha sido consensuada por la mayoría del pueblo ya que, durante las elecciones, “vota a ganador”, tratando que una mayoría absoluta, tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores, permita al partido triunfante aprobar o desaprobar lo que le venga en ganas. Sumado a la posibilidad de la Presidente de emitir Decretos de Necesidad y Urgencia, tenemos una especie de “dictadura democrática y constitucional” que nos puede llevar por un camino cercano al emprendido por Venezuela.
viernes, 29 de agosto de 2014
El conocimiento integrado
Si buscamos adaptarnos al orden natural, debemos conocerlo para luego poder describirlo. Quienes lo hacen, son los intermediarios entre dicho orden y el resto de los seres humanos. La intermediación ha sido establecida por la religión, la filosofía y la ciencia. Ya que todo lo existente está regido por leyes naturales invariantes, puede hacerse el siguiente esquema del proceso:
Ley natural ---> Intermediarios ---> Sociedad humana
Todavía no se han logrado resultados aceptables por cuanto existen diferencias notables entre las distintas versiones que los intermediarios nos ofrecen. De ahí que el proceso de adaptación cultural esté lejos de ser eficaz. Podemos denominar “conocimiento integrado” al que permita compatibilizar las distintas versiones hasta hacerlas formar parte de un sistema descriptivo similar a los sistemas filosóficos o religiosos de épocas pasadas, aunque esta vez deberá ser un sistema descriptivo científico. Esto se debe a que ha sido precisamente la ciencia experimental la que ha buscado conocer las leyes naturales; que son justamente las leyes de Dios considerada por la religión.
La compatibilidad de las descripciones parciales vendrá junto a cierta especialización de los intermediarios que contemplan la ley natural, siendo descripta por la ciencia y su sentido interpretado por la religión. El derecho la ha de explicitar para limitar la acción humana evitando ir más allá de lo permitido por la ética, que es la que orienta al hombre a partir del conocimiento de nuestra naturaleza humana. Luego, la política y la economía han de contemplar tanto la ética como el derecho para favorecer el ordenamiento de la sociedad.
El esquema anterior puede asociarse a la idea bíblica del Reino de Dios como una sociedad que surge como consecuencia de la aceptación, por parte del hombre, de las leyes naturales, rechazando todo tipo de gobierno del hombre sobre el hombre. El conocimiento integrado ha de ser justamente el que permitirá establecer el antiguo proyecto bíblico. Desde el punto de vista científico, puede decirse que este proceso apunta a una plena adaptación del hombre a la ley natural. Si bien no resulta sencillo llegar a tal tipo de adaptación, al menos es importante determinar cuál es el camino para lograrlo y cuáles son los escollos que se oponen. Un esquema equivalente al anterior será:
Ley de Dios ---> Conocimiento integrado ---> Reino de Dios
Una vez que se ha considerado a la ciencia experimental como el método para establecer el conocimiento integrado, debe adoptarse un criterio general para permitir que la información obtenida sea difundida entre los ciudadanos comunes. Debe tenerse presente que los razonamientos que hacemos sobre cualquier tema son por lo general sustentados por ideas básicas y sencillas, por lo cual el conocimiento integrado debe partir de tales ideas para facilitar el razonamiento del receptor. Jorge Luis Borges escribió: “Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Mejor procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer un resumen, un comentario” (De “Ficciones”-Alianza Editorial SA-Madrid 1998).
En cuanto a los escollos que impiden el establecimiento del conocimiento integrado, puede hacerse una lista de los principales: a) Religión pagana, b) Religión sobrenatural, c) Religión del profeta (o del pueblo) elegido, d) El derecho positivo, que no contempla al derecho natural, e) El relativismo moral, cognitivo y cultural y f) Los totalitarismos y populismos.
En cuanto a la religión pagana, puede decirse que surge de ideas inspiradas en Dios aunque no contempla la ley natural. Al ignorarla, se ignora la voluntad aparente de la naturaleza. Jaime Balmes escribió: “Son muchas y muy variadas las religiones que dominan los diferentes puntos de la tierra: ¿sería posible que todas fuesen verdaderas? El sí y el no, con respecto a una misma cosa, no puede ser verdadero al mismo tiempo. Los judíos dicen que el Mesías no ha venido, los cristianos afirman que sí; los musulmanes respetan a Mahoma como insigne profeta, los cristianos le miran como solemne impostor; los católicos sostienen que la Iglesia es infalible en puntos de dogma y de moral, los protestantes lo niegan; la verdad no puede estar en ambas partes, unos u otros se engañan. Luego es un absurdo el decir que todas las religiones son verdaderas”. “Además, toda religión se dice bajada del cielo; la que lo sea, será la verdadera; las restantes no serán otra cosa que ilusión o impostura” (De “El criterio”-Editorial Difusión-Buenos Aires 1952).
Desde el punto de vista científico se admite que todo lo existente está regido por leyes naturales invariantes y que una sustancia única lo conforma. De ahí que suponer lo sobrenatural, lo que resulta inaccesible a la mayoría de los hombres, no puede formar parte del conocimiento integrado. Miguel Ángel Fuentes escribió: “Científicamente algunas de estas verdades [contenidas en la Biblia] no son alcanzables pues sobrepasan la capacidad de nuestro intelecto; estas verdades superiores a nuestra potencia natural son denominadas «misterios intrínsecamente sobrenaturales», y como tales sólo pueden ser conocidos por Dios y por aquel a quien Dios quiera manifestarlos (= revelarlos o des-velarlos)” (De “Las verdades robadas”-Ediciones del Verbo Encarnado-San Rafael-Mendoza 2008).
Quien ignora lo sobrenatural, por no estar tal conocimiento al alcance de su mente, ha sido descalificado como integrante de una categoría mental inferior. Considerando que el cumplimiento del mandamiento cristiano del amor al prójimo resulta esencial y prioritario para establecer el Reino de Dios, se concluye que los misterios alejan a las personas de la religión natural universal elevando muros intelectuales que impiden acercarnos a otras religiones, que a la vez elevan sus propios muros. El conocimiento útil es aquel que nos informa acerca de lo que resulta accesible a nuestras decisiones, mientras que el resto resulta válido sólo si constituye un “vehículo” capaz de conducirnos a la acción ética. Si al catolicismo se le quitara lo que es accesible sólo a los elegidos, es decir, lo sobrenatural, se llegaría a la religión natural, compatible con la ciencia experimental.
El derecho positivo, que no contempla las leyes naturales que rigen nuestra conducta, tiende a promover un orden social distinto al implícito en la ley natural. Así, el derecho argentino promueve la libertad de peligrosos delincuentes, por lo que no tiene en cuenta derechos naturales elementales, como es el derecho a la vida de las personas inocentes. Gustav Radbruch escribió: “La concepción tradicional del derecho, el positivismo que durante décadas dominó sin oposición a los juristas alemanes, y su doctrina de que «la ley es la ley», quedaron indefensas e impotentes frente a tamaña injusticia encubierta bajo la forma de derecho. Los partidarios de esta concepción se vieron precisados a reconocer como «justo» aun a ese derecho inicuo. La ciencia del derecho debe volver a tomar en consideración el milenario sentido común de la Antigüedad, de la Edad Media cristiana y del Siglo de las Luces y reflexionar sobre la existencia de una justicia superior al derecho (positivo), un derecho natural, un derecho divino, un derecho de la razón: en síntesis, una justicia que trasciende a la ley. Medida con la vara de esta justicia superior, la injusticia sigue siendo injusticia aunque adopte la forma de una ley. A los ojos de esta justicia superior, la sentencia dictada sobre la base de esa ley injusta tampoco es administración de justicia, sino más bien de injusticia” (Citado en “Fenomenología del derecho natural” de W. Luypen-Ediciones Carlos Lohlé-Buenos Aires 1968).
Los distintos relativismos, que ignoran la existencia del bien y del mal, de la verdad y de la mentira, o de una mejor o peor sociedad, impiden que busquemos el bien, la verdad e incluso la sociedad de la plena adaptación que surge del bien y de la verdad. Miguel Ángel Fuentes escribió: “El relativismo es el cáncer fatal que carcome la cultura contemporánea”. “Para el relativismo cada uno tiene su verdad, cada uno alcanza las cosas con una visión propia y personal basada en sus gustos, su educación y sus intereses. No solamente se hace difícil, para quienes así piensan, lograr comprender adecuadamente lo que piensan los demás sino que es imposible lograr un acuerdo, puesto que no habría propiamente hablando una verdad objetiva válida y obligatoria para todos. Así se empiezan a demoler los principios religiosos, los criterios morales por los que nos regimos, y la víctima de este aplastante ataque se sumerge en una auténtica «depresión intelectual»”.
“Un relativista puede enseñar el relativismo durante toda su vida con plena convicción (lo que sería contrario al relativismo); pero si llegase a ir a un restaurante «relativista» y pidiendo liebre le trajesen un gato porque el dueño del restaurante desde su punto de vista sostiene que el gato es igual a la liebre, no sólo puede ver derrumbarse su sistema en pocos segundos sino pasar el resto «relativo» de su vida en prisión por intento de homicidio de un propietario de restaurante. Todo relativista es, necesariamente, inconsecuente en la vida real”.
Los totalitarismos surgidos en el siglo XX se fundamentan esencialmente en el relativismo. De ahí que exista para los nazis una verdad aria y otra judía, o para los marxistas una verdad burguesa y otra proletaria. En todo escrito nazi, si se reemplaza la palabra “raza” por “clase social”, “ario” por “proletario” y “judío” por “burgués”, se obtiene un escrito marxista-leninista. Alfred Rosenberg escribió: “Toda manifestación cultural estaría determinada por la raza, que no hay que confundir con el grupo social, ya que una misma sociedad puede de hecho estar integrada por diversas razas. La filosofía, la ciencia, la moral, la religión, el arte serían la expresión de la raza, que en ellas plasma su fuerza vital. La raza sería el principio creador y el elemento condicionante de toda producción cultural, a la que habrá que valorar positivamente, si se trata de una raza superior, o negativamente, en los casos de las razas inferiores. Así, no habría nunca una verdad única, igual que no hay una raza única; habría sólo una verdad aria, otra eslava, otra judía, etc.” (Citado en “Las verdades robadas”).
Haciendo el reemplazo mencionado, se advierte la semejanza totalitaria: “Toda manifestación cultural estaría determinada por la “clase social”, que no hay que confundir con el grupo “racial”, ya que una misma sociedad puede de hecho estar integrada por diversas “clases sociales”. La filosofía, la ciencia, la moral, la religión, el arte serían la expresión de la “clase social”, que en ellas plasma su fuerza vital. La “clase social” sería el principio creador y el elemento condicionante de toda producción cultural, a la que habrá que valorar positivamente, si se trata de una “clase social” superior, o negativamente, en los casos de las “clases sociales” inferiores. Así, no habría nunca una verdad única, igual que no hay una “clase social” única; habría sólo una verdad “proletaria”, otra “burguesa”, etc.”
Ley natural ---> Intermediarios ---> Sociedad humana
Todavía no se han logrado resultados aceptables por cuanto existen diferencias notables entre las distintas versiones que los intermediarios nos ofrecen. De ahí que el proceso de adaptación cultural esté lejos de ser eficaz. Podemos denominar “conocimiento integrado” al que permita compatibilizar las distintas versiones hasta hacerlas formar parte de un sistema descriptivo similar a los sistemas filosóficos o religiosos de épocas pasadas, aunque esta vez deberá ser un sistema descriptivo científico. Esto se debe a que ha sido precisamente la ciencia experimental la que ha buscado conocer las leyes naturales; que son justamente las leyes de Dios considerada por la religión.
La compatibilidad de las descripciones parciales vendrá junto a cierta especialización de los intermediarios que contemplan la ley natural, siendo descripta por la ciencia y su sentido interpretado por la religión. El derecho la ha de explicitar para limitar la acción humana evitando ir más allá de lo permitido por la ética, que es la que orienta al hombre a partir del conocimiento de nuestra naturaleza humana. Luego, la política y la economía han de contemplar tanto la ética como el derecho para favorecer el ordenamiento de la sociedad.
El esquema anterior puede asociarse a la idea bíblica del Reino de Dios como una sociedad que surge como consecuencia de la aceptación, por parte del hombre, de las leyes naturales, rechazando todo tipo de gobierno del hombre sobre el hombre. El conocimiento integrado ha de ser justamente el que permitirá establecer el antiguo proyecto bíblico. Desde el punto de vista científico, puede decirse que este proceso apunta a una plena adaptación del hombre a la ley natural. Si bien no resulta sencillo llegar a tal tipo de adaptación, al menos es importante determinar cuál es el camino para lograrlo y cuáles son los escollos que se oponen. Un esquema equivalente al anterior será:
Ley de Dios ---> Conocimiento integrado ---> Reino de Dios
Una vez que se ha considerado a la ciencia experimental como el método para establecer el conocimiento integrado, debe adoptarse un criterio general para permitir que la información obtenida sea difundida entre los ciudadanos comunes. Debe tenerse presente que los razonamientos que hacemos sobre cualquier tema son por lo general sustentados por ideas básicas y sencillas, por lo cual el conocimiento integrado debe partir de tales ideas para facilitar el razonamiento del receptor. Jorge Luis Borges escribió: “Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Mejor procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer un resumen, un comentario” (De “Ficciones”-Alianza Editorial SA-Madrid 1998).
En cuanto a los escollos que impiden el establecimiento del conocimiento integrado, puede hacerse una lista de los principales: a) Religión pagana, b) Religión sobrenatural, c) Religión del profeta (o del pueblo) elegido, d) El derecho positivo, que no contempla al derecho natural, e) El relativismo moral, cognitivo y cultural y f) Los totalitarismos y populismos.
En cuanto a la religión pagana, puede decirse que surge de ideas inspiradas en Dios aunque no contempla la ley natural. Al ignorarla, se ignora la voluntad aparente de la naturaleza. Jaime Balmes escribió: “Son muchas y muy variadas las religiones que dominan los diferentes puntos de la tierra: ¿sería posible que todas fuesen verdaderas? El sí y el no, con respecto a una misma cosa, no puede ser verdadero al mismo tiempo. Los judíos dicen que el Mesías no ha venido, los cristianos afirman que sí; los musulmanes respetan a Mahoma como insigne profeta, los cristianos le miran como solemne impostor; los católicos sostienen que la Iglesia es infalible en puntos de dogma y de moral, los protestantes lo niegan; la verdad no puede estar en ambas partes, unos u otros se engañan. Luego es un absurdo el decir que todas las religiones son verdaderas”. “Además, toda religión se dice bajada del cielo; la que lo sea, será la verdadera; las restantes no serán otra cosa que ilusión o impostura” (De “El criterio”-Editorial Difusión-Buenos Aires 1952).
Desde el punto de vista científico se admite que todo lo existente está regido por leyes naturales invariantes y que una sustancia única lo conforma. De ahí que suponer lo sobrenatural, lo que resulta inaccesible a la mayoría de los hombres, no puede formar parte del conocimiento integrado. Miguel Ángel Fuentes escribió: “Científicamente algunas de estas verdades [contenidas en la Biblia] no son alcanzables pues sobrepasan la capacidad de nuestro intelecto; estas verdades superiores a nuestra potencia natural son denominadas «misterios intrínsecamente sobrenaturales», y como tales sólo pueden ser conocidos por Dios y por aquel a quien Dios quiera manifestarlos (= revelarlos o des-velarlos)” (De “Las verdades robadas”-Ediciones del Verbo Encarnado-San Rafael-Mendoza 2008).
Quien ignora lo sobrenatural, por no estar tal conocimiento al alcance de su mente, ha sido descalificado como integrante de una categoría mental inferior. Considerando que el cumplimiento del mandamiento cristiano del amor al prójimo resulta esencial y prioritario para establecer el Reino de Dios, se concluye que los misterios alejan a las personas de la religión natural universal elevando muros intelectuales que impiden acercarnos a otras religiones, que a la vez elevan sus propios muros. El conocimiento útil es aquel que nos informa acerca de lo que resulta accesible a nuestras decisiones, mientras que el resto resulta válido sólo si constituye un “vehículo” capaz de conducirnos a la acción ética. Si al catolicismo se le quitara lo que es accesible sólo a los elegidos, es decir, lo sobrenatural, se llegaría a la religión natural, compatible con la ciencia experimental.
El derecho positivo, que no contempla las leyes naturales que rigen nuestra conducta, tiende a promover un orden social distinto al implícito en la ley natural. Así, el derecho argentino promueve la libertad de peligrosos delincuentes, por lo que no tiene en cuenta derechos naturales elementales, como es el derecho a la vida de las personas inocentes. Gustav Radbruch escribió: “La concepción tradicional del derecho, el positivismo que durante décadas dominó sin oposición a los juristas alemanes, y su doctrina de que «la ley es la ley», quedaron indefensas e impotentes frente a tamaña injusticia encubierta bajo la forma de derecho. Los partidarios de esta concepción se vieron precisados a reconocer como «justo» aun a ese derecho inicuo. La ciencia del derecho debe volver a tomar en consideración el milenario sentido común de la Antigüedad, de la Edad Media cristiana y del Siglo de las Luces y reflexionar sobre la existencia de una justicia superior al derecho (positivo), un derecho natural, un derecho divino, un derecho de la razón: en síntesis, una justicia que trasciende a la ley. Medida con la vara de esta justicia superior, la injusticia sigue siendo injusticia aunque adopte la forma de una ley. A los ojos de esta justicia superior, la sentencia dictada sobre la base de esa ley injusta tampoco es administración de justicia, sino más bien de injusticia” (Citado en “Fenomenología del derecho natural” de W. Luypen-Ediciones Carlos Lohlé-Buenos Aires 1968).
Los distintos relativismos, que ignoran la existencia del bien y del mal, de la verdad y de la mentira, o de una mejor o peor sociedad, impiden que busquemos el bien, la verdad e incluso la sociedad de la plena adaptación que surge del bien y de la verdad. Miguel Ángel Fuentes escribió: “El relativismo es el cáncer fatal que carcome la cultura contemporánea”. “Para el relativismo cada uno tiene su verdad, cada uno alcanza las cosas con una visión propia y personal basada en sus gustos, su educación y sus intereses. No solamente se hace difícil, para quienes así piensan, lograr comprender adecuadamente lo que piensan los demás sino que es imposible lograr un acuerdo, puesto que no habría propiamente hablando una verdad objetiva válida y obligatoria para todos. Así se empiezan a demoler los principios religiosos, los criterios morales por los que nos regimos, y la víctima de este aplastante ataque se sumerge en una auténtica «depresión intelectual»”.
“Un relativista puede enseñar el relativismo durante toda su vida con plena convicción (lo que sería contrario al relativismo); pero si llegase a ir a un restaurante «relativista» y pidiendo liebre le trajesen un gato porque el dueño del restaurante desde su punto de vista sostiene que el gato es igual a la liebre, no sólo puede ver derrumbarse su sistema en pocos segundos sino pasar el resto «relativo» de su vida en prisión por intento de homicidio de un propietario de restaurante. Todo relativista es, necesariamente, inconsecuente en la vida real”.
Los totalitarismos surgidos en el siglo XX se fundamentan esencialmente en el relativismo. De ahí que exista para los nazis una verdad aria y otra judía, o para los marxistas una verdad burguesa y otra proletaria. En todo escrito nazi, si se reemplaza la palabra “raza” por “clase social”, “ario” por “proletario” y “judío” por “burgués”, se obtiene un escrito marxista-leninista. Alfred Rosenberg escribió: “Toda manifestación cultural estaría determinada por la raza, que no hay que confundir con el grupo social, ya que una misma sociedad puede de hecho estar integrada por diversas razas. La filosofía, la ciencia, la moral, la religión, el arte serían la expresión de la raza, que en ellas plasma su fuerza vital. La raza sería el principio creador y el elemento condicionante de toda producción cultural, a la que habrá que valorar positivamente, si se trata de una raza superior, o negativamente, en los casos de las razas inferiores. Así, no habría nunca una verdad única, igual que no hay una raza única; habría sólo una verdad aria, otra eslava, otra judía, etc.” (Citado en “Las verdades robadas”).
Haciendo el reemplazo mencionado, se advierte la semejanza totalitaria: “Toda manifestación cultural estaría determinada por la “clase social”, que no hay que confundir con el grupo “racial”, ya que una misma sociedad puede de hecho estar integrada por diversas “clases sociales”. La filosofía, la ciencia, la moral, la religión, el arte serían la expresión de la “clase social”, que en ellas plasma su fuerza vital. La “clase social” sería el principio creador y el elemento condicionante de toda producción cultural, a la que habrá que valorar positivamente, si se trata de una “clase social” superior, o negativamente, en los casos de las “clases sociales” inferiores. Así, no habría nunca una verdad única, igual que no hay una “clase social” única; habría sólo una verdad “proletaria”, otra “burguesa”, etc.”
martes, 26 de agosto de 2014
El derroche de capital humano
Mientras mayor sea el avance tecnológico, mayor ha de ser el reemplazo de mano de obra en tareas laborales poco especializadas, por lo cual el nivel de capacitación requerido del trabajador medio tiende a incrementarse. Aun así, el potencial laboral se pierde cuando en una sociedad predomina una escala de valores que reemplaza el hábito del trabajo por la diversión y el ocio, o bien cuando desde la política se descalifica toda actividad productiva eficiente aduciendo que produce “desigualdad social”. Como resultado de los malos hábitos, existe poca predisposición para la formación y el surgimiento de empresarios, por lo cual la sociedad tiende a estancarse y a limitarse económicamente. Ante la escasez de emprendedores, se advierte la ausencia del principal factor de la producción, no pudiendo establecerse una competencia suficiente, ni tampoco hablarse de un mercado establecido, siendo la desocupación crónica un hecho que surgirá como una consecuencia inevitable.
Cuando no se tienen en cuenta estos aspectos y se observa, bajo un análisis superficial, que una minoría empresarial supera económicamente al resto, se la culpará por “enriquecerse a costa de los demás”, sin advertir que, si no existiera esa minoría, la sociedad se sumiría en la pobreza total. Tales protestas se asemejan un tanto a las críticas que reciben los atletas olímpicos por no haber traído suficientes medallas al país sin advertir que, aun así, son los mejores exponentes del deporte y que la ausencia de medallas debe atribuirse principalmente a quienes no practican deportes a nivel competitivo.
Quien realiza sus razonamientos partiendo de la igualdad de los hombres, como una realidad y no como un anhelo, desconociendo la desigualdad real, tiende a asignar culpas a quienes logran algún éxito, de manera de ver cumplida su creencia previa. De ahí que el concepto de capital humano se fue dejando de lado ante la misma. Lester C. Thurow escribió: “Muchos individuos que creían en la igualdad humana dudaban en hacer hincapié sobre factores que parecieran indicar desigualdades entre los hombres. Cuando se veían presionados, admitían que los individuos difieren, pero no tomaban en cuenta las diferencias cuando pensaban en problemas sociales y económicos. De ningún modo podían reconciliar las diferencias e igualdades en sus propias mentes. Decir que los hombres eran económicamente desiguales era casi pensar que los hombres eran políticamente desiguales, o que no se les debería dar iguales derechos de consumo” (De “Inversión en capital humano”-Editorial Trillas SA-México 1978).
Quienes aducen que el Estado debe asumir el rol del empresariado faltante, tienen algo de razón. Si bien el Estado, al estar dirigido por políticos y no por empresarios, pocas veces logra resultados aceptables en ese rublo. El Estado, en realidad, debe crear el ambiente y la infraestructura propicios para el surgimiento de empresarios. Si su aptitud llegara hasta la formación de empresas eficientes, sería algo notable por lo poco común.
La inversión en capital humano, a través de una asignación bien administrada de recursos para la educación, es lo que en el futuro facilitará el aumento de la productividad de los trabajadores y de las empresas, como así también promoverá el proceso de la innovación, que son los aspectos necesarios para competir eficazmente en una economía globalizada.
Es importante resaltar que ningún país puede darse el lujo de prescindir de las empresas y de la creatividad del sector privado, ni puede tampoco prescindir del Estado en su labor específica de apoyo al sector productivo. Sin embargo, las tendencias socialistas proponen un Estado que tiende a entorpecer la labor empresarial desalentando a quienes pretenden consolidarla. La excesiva confiscación de ganancias tiende a limitar las posibilidades de inversión y de crecimiento de la actividad privada.
La eliminación de la propiedad privada de los medios de producción, que es el ideal socialista, implica lisa y llanamente el derroche o la anulación de la creatividad individual con la absurda pretensión de eliminar la “desigualdad social” (o económica), ya que la igualdad en ese aspecto sólo sirve para reducir el malestar espiritual de resentidos y envidiosos. Brian Crozier escribió: “Consideremos objetivamente lo que ocurre en la URSS en el caso de aquellas personas –audaces y hasta inconscientes- que para remediar las deficiencias de la planificada economía de ese país practican, en pequeña escala, un comercio de adquisición y venta de bienes y servicios –es decir que practican la iniciativa privada- beneficiándose, así, a costa de la rebelión menor contra el Estado. Los castigos a que se exponen son, en cambio, mayores; mucho más severos que en cualquier otra parte del mundo ya que el Estado soviético clasifica esas actividades como «crímenes económicos» y los reprime con largas prisiones y hasta con la muerte” (De “Teoría del conflicto”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1977).
Puede decirse que una economía socialista es la que derrocha sistemáticamente el capital humano al restringir la libertad requerida para la creatividad individual, mientras que la economía de mercado es la que emplea plenamente y promueve el capital humano individual. La primera le exige al individuo obediencia y aceptación de la planificación establecida como un requisito básico para su supervivencia, mientras que la segunda requiere de la capacitación personal para lograr una buena productividad y para realizar innovaciones. De ahí provienen las notables diferencias comparativas entre las economías de países con poblaciones similares, como son los casos de Corea del Norte y Corea del Sur, o de la República Democrática Alemana (oriental) y la República Federal Alemana (occidental) o de la China comunista y la actual China con economía de mercado, logrando siempre mejores resultados las economías libres.
Entre las contradicciones que se observan frecuentemente aparece la de quienes aducen preocuparse por los pobres mientras que, simultáneamente, apoyan todo lo que implica un ataque frontal contra quienes muestran aptitudes productivas y empresariales. Con ello promueven la pobreza, en franca oposición a lo que manifiestan en todo momento. Así, las noticias que llegan desde Venezuela informan de un nuevo “avance” del socialismo del siglo XXI; socialismo que no difiere esencialmente de los aplicados en el pasado, por el cual se ha llegado a instaurar el racionamiento de alimentos y de bienes de consumo. Luego de haber combatido al empresariado, deteriorando la economía, aunque culpando de ello a los empresarios, el gobierno de ese país tiene un pretexto más para avanzar con medidas de control que finalmente llegarán hasta la expropiación de toda empresa privada. Con el racionamiento se entorpece toda actividad laboral ya que cada individuo ha de dividir su tiempo entre el trabajo y las largas esperas en las colas socialistas. Como la finalidad es la concentración total y absoluta del poder, el racionamiento de tipo carcelario es visto por los gobernantes como un avance exitoso para lograr sus fines, mientras que el ciudadano común ha de sufrir el serio deterioro de su calidad de vida, ya que se verá definitivamente imposibilitado de alcanzar alguna meta de tipo personal o individual, debiendo conformarse con participar en las metas colectivas que las autoridades le han reservado.
En la Argentina se sigue un camino similar aunque con un retardo de algunos años. Tal es así que el gobierno culpa a los empresarios por la inflación y el consiguiente deterioro de la economía, por lo cual ha presentado al Congreso un proyecto de ley de abastecimiento que, aunque pueda ser rechazado por inconstitucional, refleja claramente la intención de avanzar hasta alcanzar los “logros” de la sociedad venezolana. Roberto Cachanosky escribió: “Esa famosa ley de abastecimiento que impulsa el gobierno tiene un claro objetivo. Sabe que los empresarios defienden su capital de trabajo con stocks, ya sea de mercaderías o de insumos. Lo que pretende el gobierno, en este camino hacia la dictadura, es financiar su populismo consumiendo stock de capital del sector privado. Como el sector privado se va a negar a sacrificar su capital de trabajo, entonces quiere una ley para violar los derechos individuales y el derecho de propiedad. Amenazas de confiscar las mercaderías, meter presos a los empresarios, etc., al más puro estilo fascista, es lo que le queda para forzar una nueva fuente de financiamiento. Esta ley fascista de abastecimiento es una especie de cepo cambiario. El cepo cambiario pretende que la gente no pueda defenderse del deterioro del peso. Pusieron el cepo con la idea de que la gente pague más impuesto inflacionario. Con esta ley de abastecimiento quieren que las empresas no puedan defenderse del impuesto inflacionario y le financie el populismo al gobierno. Quieren obligarlas a vender sus stocks a precios que luego no podrán reponer por la inflación y con eso pierden su stock de capital”.
“Para eso necesitan cada vez más autoritarismo hasta llegar a la dictadura. El solo hecho de que el Estado puede aplicar una multa y que luego la empresa vaya a la justicia a reclamar es un ejemplo de violación del derecho a la defensa. Primero se dicta la sentencia de culpable sin juicio previo y luego que vayan a reclamarle a Magoya. Además las autoridades quedan facultadas para incautar, consignar y vender bienes y servicios sin juicio de expropiación. Esto y el nacionalsocialismo son la misma cosa. Un grupo de gente se cree superior al resto. El nazismo consideraba que había una raza que era superior a otra y había que exterminar y someter al resto. Aquí pasa lo mismo. Un grupo de personas considera que son iluminados. Seres superiores, que tienen el derecho de decidir qué hay que producir, cómo, en qué cantidad y a qué precio vender. Es decir, se creen una raza superior que debe mandonear al resto” (De http://economiaparatodos.net).
Si bien en la mayoría de los países se aplican penalidades contra las empresas, tales castigos se establecen para proteger el eficaz funcionamiento del mercado, evitando la competencia desleal o los monopolios. Por el contrario, las leyes aplicadas en países con gobiernos socialistas o populistas apuntan a un mayor avance del Estado contra las empresas, exceptuando las ligadas al poder político.
Durante la primera etapa del kirchnerismo, al prohibirse la exportación de carne vacuna buscando la disminución de su precio en el mercado interno, se produjo una reducción del stock ganadero estimada en 10 millones de cabezas, por lo que el precio aumentó. Recientemente, bajo la lógica populista de considerar que, haciendo las mismas cosas, se producirán resultados diferentes, se ha vuelto a restringir la exportación de ganado para que baje el precio. Aunque la razón de tal decisión, quizás, sea otra. Posiblemente se busque un mayor deterioro de la economía para tener motivos adicionales para acentuar el control estatal. Puede decirse que poco sentido tiene promover la consolidación del capital humano en la población laboral cuando poco se hace respecto del capital humano asociado a los políticos, ya que, al ocupar éstos un lugar de mayor jerarquía, su influencia es mayor.
Cuando no se tienen en cuenta estos aspectos y se observa, bajo un análisis superficial, que una minoría empresarial supera económicamente al resto, se la culpará por “enriquecerse a costa de los demás”, sin advertir que, si no existiera esa minoría, la sociedad se sumiría en la pobreza total. Tales protestas se asemejan un tanto a las críticas que reciben los atletas olímpicos por no haber traído suficientes medallas al país sin advertir que, aun así, son los mejores exponentes del deporte y que la ausencia de medallas debe atribuirse principalmente a quienes no practican deportes a nivel competitivo.
Quien realiza sus razonamientos partiendo de la igualdad de los hombres, como una realidad y no como un anhelo, desconociendo la desigualdad real, tiende a asignar culpas a quienes logran algún éxito, de manera de ver cumplida su creencia previa. De ahí que el concepto de capital humano se fue dejando de lado ante la misma. Lester C. Thurow escribió: “Muchos individuos que creían en la igualdad humana dudaban en hacer hincapié sobre factores que parecieran indicar desigualdades entre los hombres. Cuando se veían presionados, admitían que los individuos difieren, pero no tomaban en cuenta las diferencias cuando pensaban en problemas sociales y económicos. De ningún modo podían reconciliar las diferencias e igualdades en sus propias mentes. Decir que los hombres eran económicamente desiguales era casi pensar que los hombres eran políticamente desiguales, o que no se les debería dar iguales derechos de consumo” (De “Inversión en capital humano”-Editorial Trillas SA-México 1978).
Quienes aducen que el Estado debe asumir el rol del empresariado faltante, tienen algo de razón. Si bien el Estado, al estar dirigido por políticos y no por empresarios, pocas veces logra resultados aceptables en ese rublo. El Estado, en realidad, debe crear el ambiente y la infraestructura propicios para el surgimiento de empresarios. Si su aptitud llegara hasta la formación de empresas eficientes, sería algo notable por lo poco común.
La inversión en capital humano, a través de una asignación bien administrada de recursos para la educación, es lo que en el futuro facilitará el aumento de la productividad de los trabajadores y de las empresas, como así también promoverá el proceso de la innovación, que son los aspectos necesarios para competir eficazmente en una economía globalizada.
Es importante resaltar que ningún país puede darse el lujo de prescindir de las empresas y de la creatividad del sector privado, ni puede tampoco prescindir del Estado en su labor específica de apoyo al sector productivo. Sin embargo, las tendencias socialistas proponen un Estado que tiende a entorpecer la labor empresarial desalentando a quienes pretenden consolidarla. La excesiva confiscación de ganancias tiende a limitar las posibilidades de inversión y de crecimiento de la actividad privada.
La eliminación de la propiedad privada de los medios de producción, que es el ideal socialista, implica lisa y llanamente el derroche o la anulación de la creatividad individual con la absurda pretensión de eliminar la “desigualdad social” (o económica), ya que la igualdad en ese aspecto sólo sirve para reducir el malestar espiritual de resentidos y envidiosos. Brian Crozier escribió: “Consideremos objetivamente lo que ocurre en la URSS en el caso de aquellas personas –audaces y hasta inconscientes- que para remediar las deficiencias de la planificada economía de ese país practican, en pequeña escala, un comercio de adquisición y venta de bienes y servicios –es decir que practican la iniciativa privada- beneficiándose, así, a costa de la rebelión menor contra el Estado. Los castigos a que se exponen son, en cambio, mayores; mucho más severos que en cualquier otra parte del mundo ya que el Estado soviético clasifica esas actividades como «crímenes económicos» y los reprime con largas prisiones y hasta con la muerte” (De “Teoría del conflicto”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1977).
Puede decirse que una economía socialista es la que derrocha sistemáticamente el capital humano al restringir la libertad requerida para la creatividad individual, mientras que la economía de mercado es la que emplea plenamente y promueve el capital humano individual. La primera le exige al individuo obediencia y aceptación de la planificación establecida como un requisito básico para su supervivencia, mientras que la segunda requiere de la capacitación personal para lograr una buena productividad y para realizar innovaciones. De ahí provienen las notables diferencias comparativas entre las economías de países con poblaciones similares, como son los casos de Corea del Norte y Corea del Sur, o de la República Democrática Alemana (oriental) y la República Federal Alemana (occidental) o de la China comunista y la actual China con economía de mercado, logrando siempre mejores resultados las economías libres.
Entre las contradicciones que se observan frecuentemente aparece la de quienes aducen preocuparse por los pobres mientras que, simultáneamente, apoyan todo lo que implica un ataque frontal contra quienes muestran aptitudes productivas y empresariales. Con ello promueven la pobreza, en franca oposición a lo que manifiestan en todo momento. Así, las noticias que llegan desde Venezuela informan de un nuevo “avance” del socialismo del siglo XXI; socialismo que no difiere esencialmente de los aplicados en el pasado, por el cual se ha llegado a instaurar el racionamiento de alimentos y de bienes de consumo. Luego de haber combatido al empresariado, deteriorando la economía, aunque culpando de ello a los empresarios, el gobierno de ese país tiene un pretexto más para avanzar con medidas de control que finalmente llegarán hasta la expropiación de toda empresa privada. Con el racionamiento se entorpece toda actividad laboral ya que cada individuo ha de dividir su tiempo entre el trabajo y las largas esperas en las colas socialistas. Como la finalidad es la concentración total y absoluta del poder, el racionamiento de tipo carcelario es visto por los gobernantes como un avance exitoso para lograr sus fines, mientras que el ciudadano común ha de sufrir el serio deterioro de su calidad de vida, ya que se verá definitivamente imposibilitado de alcanzar alguna meta de tipo personal o individual, debiendo conformarse con participar en las metas colectivas que las autoridades le han reservado.
En la Argentina se sigue un camino similar aunque con un retardo de algunos años. Tal es así que el gobierno culpa a los empresarios por la inflación y el consiguiente deterioro de la economía, por lo cual ha presentado al Congreso un proyecto de ley de abastecimiento que, aunque pueda ser rechazado por inconstitucional, refleja claramente la intención de avanzar hasta alcanzar los “logros” de la sociedad venezolana. Roberto Cachanosky escribió: “Esa famosa ley de abastecimiento que impulsa el gobierno tiene un claro objetivo. Sabe que los empresarios defienden su capital de trabajo con stocks, ya sea de mercaderías o de insumos. Lo que pretende el gobierno, en este camino hacia la dictadura, es financiar su populismo consumiendo stock de capital del sector privado. Como el sector privado se va a negar a sacrificar su capital de trabajo, entonces quiere una ley para violar los derechos individuales y el derecho de propiedad. Amenazas de confiscar las mercaderías, meter presos a los empresarios, etc., al más puro estilo fascista, es lo que le queda para forzar una nueva fuente de financiamiento. Esta ley fascista de abastecimiento es una especie de cepo cambiario. El cepo cambiario pretende que la gente no pueda defenderse del deterioro del peso. Pusieron el cepo con la idea de que la gente pague más impuesto inflacionario. Con esta ley de abastecimiento quieren que las empresas no puedan defenderse del impuesto inflacionario y le financie el populismo al gobierno. Quieren obligarlas a vender sus stocks a precios que luego no podrán reponer por la inflación y con eso pierden su stock de capital”.
“Para eso necesitan cada vez más autoritarismo hasta llegar a la dictadura. El solo hecho de que el Estado puede aplicar una multa y que luego la empresa vaya a la justicia a reclamar es un ejemplo de violación del derecho a la defensa. Primero se dicta la sentencia de culpable sin juicio previo y luego que vayan a reclamarle a Magoya. Además las autoridades quedan facultadas para incautar, consignar y vender bienes y servicios sin juicio de expropiación. Esto y el nacionalsocialismo son la misma cosa. Un grupo de gente se cree superior al resto. El nazismo consideraba que había una raza que era superior a otra y había que exterminar y someter al resto. Aquí pasa lo mismo. Un grupo de personas considera que son iluminados. Seres superiores, que tienen el derecho de decidir qué hay que producir, cómo, en qué cantidad y a qué precio vender. Es decir, se creen una raza superior que debe mandonear al resto” (De http://economiaparatodos.net).
Si bien en la mayoría de los países se aplican penalidades contra las empresas, tales castigos se establecen para proteger el eficaz funcionamiento del mercado, evitando la competencia desleal o los monopolios. Por el contrario, las leyes aplicadas en países con gobiernos socialistas o populistas apuntan a un mayor avance del Estado contra las empresas, exceptuando las ligadas al poder político.
Durante la primera etapa del kirchnerismo, al prohibirse la exportación de carne vacuna buscando la disminución de su precio en el mercado interno, se produjo una reducción del stock ganadero estimada en 10 millones de cabezas, por lo que el precio aumentó. Recientemente, bajo la lógica populista de considerar que, haciendo las mismas cosas, se producirán resultados diferentes, se ha vuelto a restringir la exportación de ganado para que baje el precio. Aunque la razón de tal decisión, quizás, sea otra. Posiblemente se busque un mayor deterioro de la economía para tener motivos adicionales para acentuar el control estatal. Puede decirse que poco sentido tiene promover la consolidación del capital humano en la población laboral cuando poco se hace respecto del capital humano asociado a los políticos, ya que, al ocupar éstos un lugar de mayor jerarquía, su influencia es mayor.
sábado, 23 de agosto de 2014
Resentimiento y perdón
Entre las formas elegidas por el hombre para infligirse castigos aparece el resentimiento junto a la envidia. Mientras que la envidia surge de quienes se sienten perdedores en una competencia en que ellos mismos decidieron participar, el resentimiento surge de la necesidad de justificar el fracaso.
Por lo general, las masas tienden a culpar a un imperialismo extranjero por todos sus males ante la intensa proclama de algún líder populista. No se conforman con odiar a una persona, o unas pocas, sino a toda una nación. De ahí que cada éxito logrado por algún habitante del “imperio” sea un motivo más de infelicidad y de autocastigo. Cuando alguien intenta evitar que un individuo malogre su vida de esa forma, tratará de hacerle ver que en realidad el imperialismo no es tan malo como se piensa, o bien que no es tan culpable de nuestros males como se cree. Luego, el resentido ha de considerar a quien trata de sacarlo de su deplorable estado como un “traidor” a favor del imperialismo extranjero, por lo cual ya no tendrá efecto la ayuda mencionada.
El resentimiento es una actitud que implica tanto un aspecto emocional como cognitivo. Rafael Echeverría escribió: “Cuando los seres humanos luchamos contra lo que no podemos cambiar, cuando demostramos incapacidad para aceptar lo que hemos llamado las facticidades de la vida, generamos un espacio dentro del cual es fácil que se desarrolle el resentimiento. No estamos diciendo que el resentimiento sólo sea una resistencia a las facticidades de la vida. Para crear resentimiento se necesita más que el rechazo a lo que no se puede cambiar”.
“¿Qué es el resentimiento? Este estado de ánimo puede ser reconstruido en términos de una conversación subyacente en la cual interpretamos que hemos sido víctimas de una acción injusta. Una conversación que sostiene que teníamos el derecho moral a obtener algo que nos fue negado o que simplemente merecíamos algo mejor de lo que obtuvimos. Alguien se interpuso impidiendo que obtuviéramos lo que merecíamos, negándonos posibilidades a las que consideramos que teníamos derecho. Alguien, por lo tanto, aparece en nuestra interpretación como culpable por lo que nos sucede”.
“En su reconstrucción lingüística detectamos el juicio en que alguien nos cerró determinadas posibilidades en nuestra vida, como también el juicio de que ello es injusto. Este alguien podría ser una persona, un grupo de personas, toda una clase de individuos (por ejemplo, todos los hombres, todas las mujeres, los jefes, los inmigrantes, los hispánicos, los judíos, los negros, los gitanos, etcétera). Se podría culpar incluso al mundo entero o a la vida como un todo” (De “Ontología del lenguaje”-Dolen Ediciones-Santiago de Chile 1995).
Las distintas tendencias políticas responden a diferentes actitudes personales subyacentes. De ahí que el resentimiento sea promovido por las tendencias populistas y totalitarias para ganar adeptos. Se trata de elegir a un sector para atribuirle todas las culpas, ya sea trate de los judíos, la burguesía o la oligarquía. Es por ello que el afianzamiento de la paz y la democracia se ha de lograr, no tanto con la promoción de una buena política, sino con el adecuado diagnóstico psiquiátrico de ciertas debilidades psicológicas proyectadas a un nivel masivo. El “secreto” para lograr un fracaso definitivo implica culpar a los demás por todos nuestros males impidiendo intentar algún cambio favorable.
Al resentimiento viene unida la venganza, y de ahí la violencia inherente a los distintos totalitarismos. El citado autor agrega: “Pero el resentimiento suele no detenerse allí. Además de los juicios subyacentes en los que podemos reconstruirlo, descubrimos también una declaración (o una promesa que nos hacemos a nosotros mismos). Sea quien sea el que hacemos responsable de la injusticia que se nos ha hecho, tarde o temprano pagará. En cuanto sea permitido, se hará justicia. Podrá tomar tiempo, pero llegará el momento en que nos vengaremos o alguien (¡Justicia divina!) nos vengará. El espíritu de la venganza es un subproducto habitual del resentimiento”.
La peligrosidad del líder que disfraza sus verdaderas intenciones resulta mayor que la de quienes abiertamente promueven ideas erróneas. “El estado de ánimo de resentimiento se acerca al de la ira. La principal diferencia reside, sin embargo, en que la ira se manifiesta abiertamente. El resentimiento, por el contrario, permanece escondido. Se mantiene como una conversación privada. Crece en el silencio y rara vez se manifiesta directamente”.
La violencia urbana es promovida por sectores de izquierda que incitan a las masas al resentimiento colectivo culpando a la “burguesía” de haber marginado de la sociedad a todo aquel que no trabaja o no consigue empleo. Desde la política se sugiere a los individuos exigir el cumplimiento de derechos sin apenas nombrar los deberes correspondientes, por lo que se sobreentiende que tales deberes serán asignados al Estado o a la sociedad. Cuando no cumplen, surgirá la “violencia legítima” de quienes optan por la delincuencia. “El resentimiento se nutre de dos fuentes. De las promesas y de las expectativas consideradas legítimas que, en ambos casos, no son cumplidas. Ambas contribuyen a conferirnos el «derecho» de esperar un determinado comportamiento de los demás para con nosotros. Es a partir de este «derecho» que el resentimiento aparece como una invocación de justicia frente a la injusticia de lo sucedido. Las promesas, como bien sabemos, generan deberes y derechos. Quien promete se compromete a cumplir. Quien recibió una promesa adquiere efectivamente el derecho a esperar que ella se cumpla”.
Ante las piedras que nos ponen por el camino, ya sea en forma accidental o premeditada, tenemos dos opciones:
a) Aprender a saltar más alto
b) Renegar por cuanto nos han impedido el paso
Como ejemplo de la primera alternativa puede mencionarse al fabricante de automóviles Enzo Ferrari. En su juventud, cuando quiso ingresar a trabajar en la empresa Fiat, fue rechazado. Al parecerle injusta esa determinación, trató de “vengarse” una vez que pudo ingresar a Alfa Romeo, desplazando a la Fiat del primer plano en las competencias automovilísticas. Finalmente logró establecer su exitosa empresa. En otra ocasión, fue Ferrari quien desautorizó una opinión adversa, sobre uno de sus autos, del fabricante de tractores Ferruccio Lamborghini, quien también optó por saltar más alto comenzando a fabricar autos deportivos para “vengarse” de Ferrari, alcanzando bastante éxito en ese rubro.
En cuanto a quienes optan por renegar toda su vida, puede decirse que, de la misma forma en que el complejo de superioridad aparece como una compensación al complejo de inferioridad, el complejo de persecución surge junto al resentimiento. De ahí que el principal síntoma de los izquierdistas sea el de sentirse agredidos por el imperialismo yankee, los empresarios o el sistema capitalista. Por ello disfrazan su resentimiento con una ficticia “lucha a favor de los pobres”, que en realidad es una lucha contra quienes lograron alguna forma de éxito. Puede considerarse al socialismo como una sociedad a la que se llega mediante el resentimiento inducido desde los ideólogos al pueblo, incluso promoviendo un complejo de persecución a nivel colectivo. Puede advertirse, además, que la habitual soberbia del débil surge de quienes suponen ser tan valiosos que sus imaginarios enemigos no tienen algo más importante a qué dedicar su tiempo, su mente y sus esfuerzos.
Así como existe una esclavitud del cuerpo, no necesariamente vinculada a una posterior esclavitud de la mente, quienes tratan de “liberar” materialmente a las masas induciéndoles la actitud del resentimiento, logran un resultado totalmente opuesto a lo que proclaman, ya que la dependencia mental y espiritual del resentido es la peor forma de dependencia que pueda existir, ya que implica un dolor moral permanente. Los gobernantes e ideólogos socialistas promueven, además, la huida de capitales desde los países emergentes hacia los países desarrollados, siendo los promotores indiscutidos de la dependencia que aducen combatir.
Quienes no tienen la posibilidad de saltar más alto pueden adoptar la alternativa del perdón, que se logra con un mejor conocimiento de la realidad, advirtiendo que gran parte del resentimiento surge de una creencia infundada y no de la excesiva maldad de quienes, se supone, quieren hacerle daño. Generalmente se asocia el perdón a una actitud débil que incluso puede favorecer al mal. En realidad, el perdón tiene efectos positivos cuando existe reconocimiento y arrepentimiento de la otra parte.
En los casos en que, en realidad, “no hay culpable”, sino que es el propio resentido el causante de su situación, la tendencia hacia el perdón lo ha de favorecer enormemente por cuanto su actitud errónea quedará eliminada en forma inmediata. Rafael Echeverría escribió: “El perdón no sólo libera al responsable del daño realizado de la culpa que le atribuimos, también libera al resentido de su propio resentimiento y de las consecuencias que éste tiene en su existencia. Insistimos: el principal beneficiado del perdón no es el perdonado, sino quien perdona”.
Por lo general, las masas tienden a culpar a un imperialismo extranjero por todos sus males ante la intensa proclama de algún líder populista. No se conforman con odiar a una persona, o unas pocas, sino a toda una nación. De ahí que cada éxito logrado por algún habitante del “imperio” sea un motivo más de infelicidad y de autocastigo. Cuando alguien intenta evitar que un individuo malogre su vida de esa forma, tratará de hacerle ver que en realidad el imperialismo no es tan malo como se piensa, o bien que no es tan culpable de nuestros males como se cree. Luego, el resentido ha de considerar a quien trata de sacarlo de su deplorable estado como un “traidor” a favor del imperialismo extranjero, por lo cual ya no tendrá efecto la ayuda mencionada.
El resentimiento es una actitud que implica tanto un aspecto emocional como cognitivo. Rafael Echeverría escribió: “Cuando los seres humanos luchamos contra lo que no podemos cambiar, cuando demostramos incapacidad para aceptar lo que hemos llamado las facticidades de la vida, generamos un espacio dentro del cual es fácil que se desarrolle el resentimiento. No estamos diciendo que el resentimiento sólo sea una resistencia a las facticidades de la vida. Para crear resentimiento se necesita más que el rechazo a lo que no se puede cambiar”.
“¿Qué es el resentimiento? Este estado de ánimo puede ser reconstruido en términos de una conversación subyacente en la cual interpretamos que hemos sido víctimas de una acción injusta. Una conversación que sostiene que teníamos el derecho moral a obtener algo que nos fue negado o que simplemente merecíamos algo mejor de lo que obtuvimos. Alguien se interpuso impidiendo que obtuviéramos lo que merecíamos, negándonos posibilidades a las que consideramos que teníamos derecho. Alguien, por lo tanto, aparece en nuestra interpretación como culpable por lo que nos sucede”.
“En su reconstrucción lingüística detectamos el juicio en que alguien nos cerró determinadas posibilidades en nuestra vida, como también el juicio de que ello es injusto. Este alguien podría ser una persona, un grupo de personas, toda una clase de individuos (por ejemplo, todos los hombres, todas las mujeres, los jefes, los inmigrantes, los hispánicos, los judíos, los negros, los gitanos, etcétera). Se podría culpar incluso al mundo entero o a la vida como un todo” (De “Ontología del lenguaje”-Dolen Ediciones-Santiago de Chile 1995).
Las distintas tendencias políticas responden a diferentes actitudes personales subyacentes. De ahí que el resentimiento sea promovido por las tendencias populistas y totalitarias para ganar adeptos. Se trata de elegir a un sector para atribuirle todas las culpas, ya sea trate de los judíos, la burguesía o la oligarquía. Es por ello que el afianzamiento de la paz y la democracia se ha de lograr, no tanto con la promoción de una buena política, sino con el adecuado diagnóstico psiquiátrico de ciertas debilidades psicológicas proyectadas a un nivel masivo. El “secreto” para lograr un fracaso definitivo implica culpar a los demás por todos nuestros males impidiendo intentar algún cambio favorable.
Al resentimiento viene unida la venganza, y de ahí la violencia inherente a los distintos totalitarismos. El citado autor agrega: “Pero el resentimiento suele no detenerse allí. Además de los juicios subyacentes en los que podemos reconstruirlo, descubrimos también una declaración (o una promesa que nos hacemos a nosotros mismos). Sea quien sea el que hacemos responsable de la injusticia que se nos ha hecho, tarde o temprano pagará. En cuanto sea permitido, se hará justicia. Podrá tomar tiempo, pero llegará el momento en que nos vengaremos o alguien (¡Justicia divina!) nos vengará. El espíritu de la venganza es un subproducto habitual del resentimiento”.
La peligrosidad del líder que disfraza sus verdaderas intenciones resulta mayor que la de quienes abiertamente promueven ideas erróneas. “El estado de ánimo de resentimiento se acerca al de la ira. La principal diferencia reside, sin embargo, en que la ira se manifiesta abiertamente. El resentimiento, por el contrario, permanece escondido. Se mantiene como una conversación privada. Crece en el silencio y rara vez se manifiesta directamente”.
La violencia urbana es promovida por sectores de izquierda que incitan a las masas al resentimiento colectivo culpando a la “burguesía” de haber marginado de la sociedad a todo aquel que no trabaja o no consigue empleo. Desde la política se sugiere a los individuos exigir el cumplimiento de derechos sin apenas nombrar los deberes correspondientes, por lo que se sobreentiende que tales deberes serán asignados al Estado o a la sociedad. Cuando no cumplen, surgirá la “violencia legítima” de quienes optan por la delincuencia. “El resentimiento se nutre de dos fuentes. De las promesas y de las expectativas consideradas legítimas que, en ambos casos, no son cumplidas. Ambas contribuyen a conferirnos el «derecho» de esperar un determinado comportamiento de los demás para con nosotros. Es a partir de este «derecho» que el resentimiento aparece como una invocación de justicia frente a la injusticia de lo sucedido. Las promesas, como bien sabemos, generan deberes y derechos. Quien promete se compromete a cumplir. Quien recibió una promesa adquiere efectivamente el derecho a esperar que ella se cumpla”.
Ante las piedras que nos ponen por el camino, ya sea en forma accidental o premeditada, tenemos dos opciones:
a) Aprender a saltar más alto
b) Renegar por cuanto nos han impedido el paso
Como ejemplo de la primera alternativa puede mencionarse al fabricante de automóviles Enzo Ferrari. En su juventud, cuando quiso ingresar a trabajar en la empresa Fiat, fue rechazado. Al parecerle injusta esa determinación, trató de “vengarse” una vez que pudo ingresar a Alfa Romeo, desplazando a la Fiat del primer plano en las competencias automovilísticas. Finalmente logró establecer su exitosa empresa. En otra ocasión, fue Ferrari quien desautorizó una opinión adversa, sobre uno de sus autos, del fabricante de tractores Ferruccio Lamborghini, quien también optó por saltar más alto comenzando a fabricar autos deportivos para “vengarse” de Ferrari, alcanzando bastante éxito en ese rubro.
En cuanto a quienes optan por renegar toda su vida, puede decirse que, de la misma forma en que el complejo de superioridad aparece como una compensación al complejo de inferioridad, el complejo de persecución surge junto al resentimiento. De ahí que el principal síntoma de los izquierdistas sea el de sentirse agredidos por el imperialismo yankee, los empresarios o el sistema capitalista. Por ello disfrazan su resentimiento con una ficticia “lucha a favor de los pobres”, que en realidad es una lucha contra quienes lograron alguna forma de éxito. Puede considerarse al socialismo como una sociedad a la que se llega mediante el resentimiento inducido desde los ideólogos al pueblo, incluso promoviendo un complejo de persecución a nivel colectivo. Puede advertirse, además, que la habitual soberbia del débil surge de quienes suponen ser tan valiosos que sus imaginarios enemigos no tienen algo más importante a qué dedicar su tiempo, su mente y sus esfuerzos.
Así como existe una esclavitud del cuerpo, no necesariamente vinculada a una posterior esclavitud de la mente, quienes tratan de “liberar” materialmente a las masas induciéndoles la actitud del resentimiento, logran un resultado totalmente opuesto a lo que proclaman, ya que la dependencia mental y espiritual del resentido es la peor forma de dependencia que pueda existir, ya que implica un dolor moral permanente. Los gobernantes e ideólogos socialistas promueven, además, la huida de capitales desde los países emergentes hacia los países desarrollados, siendo los promotores indiscutidos de la dependencia que aducen combatir.
Quienes no tienen la posibilidad de saltar más alto pueden adoptar la alternativa del perdón, que se logra con un mejor conocimiento de la realidad, advirtiendo que gran parte del resentimiento surge de una creencia infundada y no de la excesiva maldad de quienes, se supone, quieren hacerle daño. Generalmente se asocia el perdón a una actitud débil que incluso puede favorecer al mal. En realidad, el perdón tiene efectos positivos cuando existe reconocimiento y arrepentimiento de la otra parte.
En los casos en que, en realidad, “no hay culpable”, sino que es el propio resentido el causante de su situación, la tendencia hacia el perdón lo ha de favorecer enormemente por cuanto su actitud errónea quedará eliminada en forma inmediata. Rafael Echeverría escribió: “El perdón no sólo libera al responsable del daño realizado de la culpa que le atribuimos, también libera al resentido de su propio resentimiento y de las consecuencias que éste tiene en su existencia. Insistimos: el principal beneficiado del perdón no es el perdonado, sino quien perdona”.
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