No resulta sorprendente que los individuos que promueven el socialismo en economía, también tengan una actitud similar respecto de la educación. Así, si estudiando poco o mucho, igualmente un alumno va a aprobar una materia, la opción mayoritaria de los alumnos ha de ser la del mínimo esfuerzo, por lo que el nivel de instrucción tenderá a caer. En el caso del trabajador en economías socialistas ocurre algo similar: si trabajar y producir poco o mucho permitirá una igual retribución económica, la opción mayoritariamente elegida implicará trabajar lo menos posible.
Ante el igualitarismo reinante en la sociedad, se advierte una paulatina eliminación de premios y sanciones, debido a que los reconocimientos al buen desempeño generan "desigualdad" mientras que también las sanciones, o lo no deseable, también generan "desigualdad". Entre esto último figura la posibilidad de repetir de curso, por lo cual la tendencia educativa tiende a la disminución de las capacidades, que luego serán requeridas por los estudiantes una vez que egresen. Sheldon L. Glashow, Premio Nobel de Física, comentaba lo que sucedía hace unos años en EEUU, y que seguramente sucederá en la actualidad: “Joan, mi mujer, se presentó como candidata a la concejalía de educación en las elecciones municipales de Brookline, Massachussets, enarbolando un eslogan que decía: «Más matemáticas, más ciencias». Perdió ante las fuerzas de «Más justicia, menos sobresalientes» y las de «Menos clases y menos disminuidos psíquicos en clase»”.
“Los estadounidenses apuntamos al mínimo común denominador y apuntamos bajo. Las matemáticas que se enseñan a nuestros hijos son una vergüenza. Los mejores alumnos son mediocres y casi todos los que acaban la enseñanza media padecen el síndrome de número-deficiencia adquirida, también conocido como pánico a las matemáticas”.
“Nuestros inteligentes hijos, excluidos de todo cuanto es útil para la tecnología estadounidense por culpa de la criminal incompetencia de nuestros centros docentes, no tienen más remedio que acabar dedicándose a profesiones como la abogacía y la publicidad”.
“Además está la televisión. ¿Hay un solo niño estadounidense que pase tanto tiempo haciendo los deberes como pegado a la caja tonta? Creo que no. Aprender matemáticas, como aprender a tocar el oboe, exige tiempo y práctica” (De “El encanto de la física”-Tusquets Editores SA-Barcelona 1995).
Luego de la evaluación educativa conocida como PISA (Programme for International Student Assessment) o Evaluación Internacional de los Estudiantes, se ha advertido una importante caída en la mayoría de los países. Entre las principales causas, además de las mencionadas, puede considerarse a una pobre valoración del conocimiento por parte de la sociedad. Por lo general se valora aquel conocimiento que permitirá en el futuro alguna ventaja económica, mientras se descarta la mejora intelectual de la personalidad, lo que implica constituir uno de los atributos principales del atractivo personal individual.
En cuanto a los contenidos impartidos, se advierte una prioritaria obsesión por la Educación sexual y un relego de la Educación moral. Leemos al respecto: "La Educación Sexual Integral (ESI) funciona como el eje central de la educación inclusiva porque redefine la escuela como un espacio democrático donde todas las identidades, realidades y corporalidades tienen derecho a ser visibilizadas y respetadas. Lejos de limitarse a la biología, la ESI brinda herramientas conceptuales y afectivas para desarmar las barreras del prejuicio, la discriminación y la exclusión de cualquier estudiante" (De Google. Modo IA).
El "eje central de la educación" implica que en toda materia se debe tratar de vincularla con la Educación sexual, ya sea que tanto la biología como las matemáticas como la literatura, etc., deberían reforzar, en última instancia, una educación que admite la "ideología de género", por la cual se promueve el absurdo de que ser hombre o mujer depende de una cuestión educativa y no biológica.
Esta forma de "educación" trata de abolir todo lo vinculado al cristianismo, sin haber advertido que el "Amarás al prójimo como a ti mismo" resuelve mejor que cualquier otra propuesta educativa los objetivos de igualdad, integración y todos los demás objetivos propuestos por la educación socialista; aunque éstos quizás sean sólo pseudo-objetivos.
En cuanto a la incidencia que las deficiencias educativas afectan a la economía, debe tenerse presente que, en las sociedades del conocimiento, el capital humano está vinculado muy cercanamente a las habilidades cognitivas que, por lo visto, están bastante alejadas de los actuales requerimientos tecnológicos y empresariales. Andrés Oppenheimer escribió: “En otro de los parámetros usados por los rankings de las universidades, el registro de patentes internacionales, la UBA (Universidad de Buenos Aires) ni aparece en el mapa. Según datos del registro de patentes internacionales de EEUU, las principales universidades –tanto de los países ricos como del mundo en desarrollo- están patentando cada vez más productos, no sólo para elevar sus respectivas contribuciones a la economía nacional sino también para aumentar sus respectivos ingresos”.
“En un país que necesita desesperadamente ingenieros, agrónomos y geólogos para desarrollar sus industrias, las universidades estatales argentinas están produciendo principalmente psicólogos, sociólogos y graduados en humanidades. No es casual que Argentina sea el país que tiene la mayor cantidad de psicólogos per capita del mundo”.
“Casi todos los funcionarios universitarios y académicos que entrevisté en Argentina coincidieron en que uno de los principales motivos del poco interés de los alumnos por la computación, la ingeniería, la ciencia y la tecnología es la pobre educación que reciben en la escuela secundaria”.
“Un ejemplo ilustrativo fue lo que ocurrió en 2009 en la Feria Internacional de Ciencias y Educación (ISEF). Se trata de uno de los eventos internacionales más prestigiosos de su tipo, en que todos los países presentan los mejores trabajos científicos de sus estudiantes secundarios, con millones de dólares en premios y becas a los premiados”. “¿Y qué trabajos presentó la delegación argentina? No fue de extrañar que los ocho trabajos argentinos no ganaran ningún premio importante: casi todos eran ensayos de ciencias sociales…”.
El ambiente universitario local es poco adepto a los cambios e innovaciones, y mucho menos a las evaluaciones. Tal es así que una funcionaria de la UBA proponía sólo una “autoevaluación”. Oppenheimer agrega: “Claro, pensé para mis adentros, si uno escoge la evaluación a su medida, siempre va a salir mejor parado que si compite con los demás, incluso dentro de su propio país. Entre la competitividad y la complacencia, la UBA se estaba amparando en la complacencia, y se estaba quedando cada vez más atrás del resto del mundo”.(De “¡Basta de historias!”-Debate-Buenos Aires 2010).
viernes, 18 de septiembre de 2026
martes, 15 de septiembre de 2026
La educación moral
Por lo general, se supone que la educación de niños y adolescentes será el proceso que va a poder permiitir, en un futuro cercano, una mejora generalizada de la sociedad. Sin embargo, tal suposición tiene poco sentido a menos que se establezca qué tipo de educación se va a adoptar y a qué fines apuntará. Esto se debe a que existe una auténtica educación cuando tenemos presente nuestra naturaleza humana mientras que un simple adoctrinamiento tenderá a producir empeoramientos generalizados en lugar de mejoras. Agustín Álvarez escribió: “La mera instrucción nos ha perdido, pero la verdadera educación puede salvarnos. El objeto de la escuela es, en primer lugar, educar; en segundo, instruir”.
“El maestro debe trabajar ante todo y sobre todo en habituar a los niños a decir siempre la verdad y huir de la mentira. La disciplina escolar debe recaer en primer lugar sobre las faltas a la rectitud y en segundo sobre las faltas a las lecciones”.
“Las escuelas normales deben preparar educadores y no instructores, bajo la base de que el fundamento del aprendizaje es el instinto de imitación, no pudiendo educar el que no está educado, porque la educación no es la enseñanza de reglas muertas por el maestro al alumno, sino la transfusión al alumno de la moral efectiva del maestro” (Citado en “Perfiles del apóstol” de Pedro C. Corvetto-El Ateneo-Buenos Aires 1934).
Para lograr mejoras significativas, la educación debe orientarse a acentuar los aspectos emocionales de niños y adolescentes, que son la base de toda moral. Así, mediante la empatía emocional, se logra cumplir con la igualdad proclamada por todas partes, ya que sentimos como "igual" a toda persona respecto de la cual podemos compartir sus penas y sus alegrías. Una vez lograda la igualdad, se alcanza también la libertad, entendida como la ausencia de todo poder o gobierno del hombre sobre el hombre. Tal poder implica una situación indeseada caracterizada por la ausencia de empatía emocional.
Teniendo presente el proceso que apunta hacia la igualdad y a la libertad individual, puede advertirse que la "educación" actual, en muchos países de Occidente, poco o nada se parece con el proceso mencionado. Por el contrario, se apunta a una "educación" que busca cierta igualdad social u económica, una "educación sexual" desvinculada de lo emocional, una primacía de los derechos individuales sin casi mencionar los deberes respectivos, amparados tales objetivos en una aparente "ley natural" que advierte la existencia, en todo ámbito integrado por seres humanos, de duplas de opresores y oprimidos. De ahí que tal tipo de adoctrinamiento trata de formar individuos aptos para la lucha en contra de los opresores en todo ámbito o institución social que lo permita. Así, se busca la eliminación de la propiedad privada, de la familia y de la natural condición de hombre o mujer con que la naturaleza nos ha proporcionado.
En cuando a la obsesiva búsqueda de la igualdad, Santiago Ramón y Cajal escribía a principios del siglo XX: "¡La utopía de la igualdad! He aquí un bello ensueño, contra el cual pugnan solamente dos párvulos enemigos: el Universo entero y la evolución de la vida. Repitiendo un lugar común, bien cabe afirmar que en la inmensidad del espacio no brillan dos astros equiparables en masas, composición química, fase evolutiva, etc.; en nuestro miserable planeta jamás se descubren dos paisajes, dos rocas, dos plantas o dos animales absolutamente semejantes. Y, concentrándonos al hombre, ¿qué divergencias cuantitativas y cualitativas nos ofrece en las complexiones, la configuración exterior e interior, las capacidades mentales y digestivas, las aspiraciones e ideales, amén de las taras físicas y morales?".
"Si los defensores de la igualdad económica y política alcanzaran el ansiado triunfo, éste sería necesariamente efímero. La talla niveladora, actuando en la pradera social, abatiría las plantas más ingentes, diferenciadas y robustas; mientras que prevalecerían por compensación las hierbas más rastreras y nocivas. ¿Hasta cuando? Hasta que, llegadas las auras primaverales, renacieran triunfantes las bellas flores segadas por la inconsciencia" (De "Charlas de café"-Editorial Espasa-Calpe SA-Madrid 1966).
Entre los absurdos observados, puede mencionarse en caso de la UTN Regional Mendoza, facultad de ingeniería que ha optado por refaccionar los antiguos baños separados para hombres y mujeres, estableciendo baños en los cuales acuden conjuntamente hombres y mujeres. Haciendo un esfuerxo mental considerable resulta dificil encontrar ventajas respecto de la anterior situación.
Nada es comparable a la aberración extrema de aplicar cirugías correctoras en niños, para establecer cambios de sexo previamente inducidos por ideólogos que sienten un inusitado desprecio por la naturaleza humana y que buscan cambiarla al alto precio de mutilar los cuerpos de aquellas víctimas inocentes. Todo vale cuando se trata de llevar adelante la dudosa Educación Sexual Integral, que actúa como un caballo de Troya para destruir parcialmente las personalidades de niños y adolescentes.
En los establecimientos educacionales, por lo general, se promueve en cada individuo la actitud de reclamar por sus derechos en lugar de tratar de que priorice el cumplimiento de sus deberes. En cuanto a la mentalidad posmoderna, puede decirse que se desarrolla en un marco de relativismo moral. Al respecto, Armando Roa escribió: "Se podría pensar que todo derecho involucra un deber, pero la posmodernidad maximiza los derechos y en cambio tiene una mirada benévola, comprensiva, silenciosa, para las evasiones de deberes”. Además, advierte “…una entrega abierta al consumismo en cuanto entretenida fuente de placer sin problemas. En este aspecto, el vivir a crédito sustituye la anterior mentalidad moderna de privilegiar el ahorro”.
El relativismo moral tiende a reemplazar los principios morales que en otras épocas recomendaba la religión o la filosofía, para reemplazarlos por simples convenios arbitrarios que se pactan en cada situación. Armando Roa escribe: “Esta etapa en que nos encontraríamos es la que algunos autores llaman la etapa de la eticidad sin moralidad, en la cual se dejaría de lado la discusión de los grandes principios en que se fundamenta una moral, y se llegaría a un acuerdo en la regulación de las costumbres y también de las acciones profesionales, como las médicas por ejemplo, a base más bien de un mero consenso; a esto se le llama eticidad”. (De “Modernidad y posmodernidad”-Editorial Andrés Bello-Santiago de Chile 1995).
En cuestiones de economía, prevalecen las ideas de tipo socialista. Rubén H. Zorrilla escribió: “Los más distintos populismos (salvo el histórico, que denomino «oligárquico», cuyo símbolo en la Argentina es Facundo Quiroga) reposan en una concepción económica fundada en la noción de reparto o «distribución». Hay que sacar a los que tienen para dar a los que no tienen, por dos razones: porque los que tienen más lo han robado o, en el mejor de los casos, explotado a los que tienen menos (lo que a veces es cierto) y porque hay que ejercer la solidaridad social. Esta posición no admite que los que tienen más hayan creado riquezas antes inexistentes, o que sin su iniciativa y diligencia no hubieran existido. Postula, en cambio, que desde el poder se podrá crearlas”.
“Por lo tanto, el populismo impulsa a la limitación de la propiedad privada y al control político del mercado. Inevitablemente, estas medidas conducen al aumento de las coerciones del Estado y al aumento de sus funciones económicas, así como al control no democrático de la actividad política y la cultura. Tiende hacia el autoritarismo más severo, y, si las condiciones históricas lo permiten, al totalitarismo. Las consecuencias son la disminución del estado de derecho, la inseguridad jurídica, y el aumento de la corrupción en todos los niveles de la vida social, especialmente del Estado, que la sostiene y la propaga” (De “Principios y leyes de la Sociología”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1992).
“El maestro debe trabajar ante todo y sobre todo en habituar a los niños a decir siempre la verdad y huir de la mentira. La disciplina escolar debe recaer en primer lugar sobre las faltas a la rectitud y en segundo sobre las faltas a las lecciones”.
“Las escuelas normales deben preparar educadores y no instructores, bajo la base de que el fundamento del aprendizaje es el instinto de imitación, no pudiendo educar el que no está educado, porque la educación no es la enseñanza de reglas muertas por el maestro al alumno, sino la transfusión al alumno de la moral efectiva del maestro” (Citado en “Perfiles del apóstol” de Pedro C. Corvetto-El Ateneo-Buenos Aires 1934).
Para lograr mejoras significativas, la educación debe orientarse a acentuar los aspectos emocionales de niños y adolescentes, que son la base de toda moral. Así, mediante la empatía emocional, se logra cumplir con la igualdad proclamada por todas partes, ya que sentimos como "igual" a toda persona respecto de la cual podemos compartir sus penas y sus alegrías. Una vez lograda la igualdad, se alcanza también la libertad, entendida como la ausencia de todo poder o gobierno del hombre sobre el hombre. Tal poder implica una situación indeseada caracterizada por la ausencia de empatía emocional.
Teniendo presente el proceso que apunta hacia la igualdad y a la libertad individual, puede advertirse que la "educación" actual, en muchos países de Occidente, poco o nada se parece con el proceso mencionado. Por el contrario, se apunta a una "educación" que busca cierta igualdad social u económica, una "educación sexual" desvinculada de lo emocional, una primacía de los derechos individuales sin casi mencionar los deberes respectivos, amparados tales objetivos en una aparente "ley natural" que advierte la existencia, en todo ámbito integrado por seres humanos, de duplas de opresores y oprimidos. De ahí que tal tipo de adoctrinamiento trata de formar individuos aptos para la lucha en contra de los opresores en todo ámbito o institución social que lo permita. Así, se busca la eliminación de la propiedad privada, de la familia y de la natural condición de hombre o mujer con que la naturaleza nos ha proporcionado.
En cuando a la obsesiva búsqueda de la igualdad, Santiago Ramón y Cajal escribía a principios del siglo XX: "¡La utopía de la igualdad! He aquí un bello ensueño, contra el cual pugnan solamente dos párvulos enemigos: el Universo entero y la evolución de la vida. Repitiendo un lugar común, bien cabe afirmar que en la inmensidad del espacio no brillan dos astros equiparables en masas, composición química, fase evolutiva, etc.; en nuestro miserable planeta jamás se descubren dos paisajes, dos rocas, dos plantas o dos animales absolutamente semejantes. Y, concentrándonos al hombre, ¿qué divergencias cuantitativas y cualitativas nos ofrece en las complexiones, la configuración exterior e interior, las capacidades mentales y digestivas, las aspiraciones e ideales, amén de las taras físicas y morales?".
"Si los defensores de la igualdad económica y política alcanzaran el ansiado triunfo, éste sería necesariamente efímero. La talla niveladora, actuando en la pradera social, abatiría las plantas más ingentes, diferenciadas y robustas; mientras que prevalecerían por compensación las hierbas más rastreras y nocivas. ¿Hasta cuando? Hasta que, llegadas las auras primaverales, renacieran triunfantes las bellas flores segadas por la inconsciencia" (De "Charlas de café"-Editorial Espasa-Calpe SA-Madrid 1966).
Entre los absurdos observados, puede mencionarse en caso de la UTN Regional Mendoza, facultad de ingeniería que ha optado por refaccionar los antiguos baños separados para hombres y mujeres, estableciendo baños en los cuales acuden conjuntamente hombres y mujeres. Haciendo un esfuerxo mental considerable resulta dificil encontrar ventajas respecto de la anterior situación.
Nada es comparable a la aberración extrema de aplicar cirugías correctoras en niños, para establecer cambios de sexo previamente inducidos por ideólogos que sienten un inusitado desprecio por la naturaleza humana y que buscan cambiarla al alto precio de mutilar los cuerpos de aquellas víctimas inocentes. Todo vale cuando se trata de llevar adelante la dudosa Educación Sexual Integral, que actúa como un caballo de Troya para destruir parcialmente las personalidades de niños y adolescentes.
En los establecimientos educacionales, por lo general, se promueve en cada individuo la actitud de reclamar por sus derechos en lugar de tratar de que priorice el cumplimiento de sus deberes. En cuanto a la mentalidad posmoderna, puede decirse que se desarrolla en un marco de relativismo moral. Al respecto, Armando Roa escribió: "Se podría pensar que todo derecho involucra un deber, pero la posmodernidad maximiza los derechos y en cambio tiene una mirada benévola, comprensiva, silenciosa, para las evasiones de deberes”. Además, advierte “…una entrega abierta al consumismo en cuanto entretenida fuente de placer sin problemas. En este aspecto, el vivir a crédito sustituye la anterior mentalidad moderna de privilegiar el ahorro”.
El relativismo moral tiende a reemplazar los principios morales que en otras épocas recomendaba la religión o la filosofía, para reemplazarlos por simples convenios arbitrarios que se pactan en cada situación. Armando Roa escribe: “Esta etapa en que nos encontraríamos es la que algunos autores llaman la etapa de la eticidad sin moralidad, en la cual se dejaría de lado la discusión de los grandes principios en que se fundamenta una moral, y se llegaría a un acuerdo en la regulación de las costumbres y también de las acciones profesionales, como las médicas por ejemplo, a base más bien de un mero consenso; a esto se le llama eticidad”. (De “Modernidad y posmodernidad”-Editorial Andrés Bello-Santiago de Chile 1995).
En cuestiones de economía, prevalecen las ideas de tipo socialista. Rubén H. Zorrilla escribió: “Los más distintos populismos (salvo el histórico, que denomino «oligárquico», cuyo símbolo en la Argentina es Facundo Quiroga) reposan en una concepción económica fundada en la noción de reparto o «distribución». Hay que sacar a los que tienen para dar a los que no tienen, por dos razones: porque los que tienen más lo han robado o, en el mejor de los casos, explotado a los que tienen menos (lo que a veces es cierto) y porque hay que ejercer la solidaridad social. Esta posición no admite que los que tienen más hayan creado riquezas antes inexistentes, o que sin su iniciativa y diligencia no hubieran existido. Postula, en cambio, que desde el poder se podrá crearlas”.
“Por lo tanto, el populismo impulsa a la limitación de la propiedad privada y al control político del mercado. Inevitablemente, estas medidas conducen al aumento de las coerciones del Estado y al aumento de sus funciones económicas, así como al control no democrático de la actividad política y la cultura. Tiende hacia el autoritarismo más severo, y, si las condiciones históricas lo permiten, al totalitarismo. Las consecuencias son la disminución del estado de derecho, la inseguridad jurídica, y el aumento de la corrupción en todos los niveles de la vida social, especialmente del Estado, que la sostiene y la propaga” (De “Principios y leyes de la Sociología”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1992).
domingo, 13 de septiembre de 2026
La bondad como base de la evolución cultural
La bondad de los seres humanos puede ser considerada como el principal atributo que ha promovido, y que ha de promover, el avance moral y cultural de la humanidad. En muchas etapas históricas, incluso actualmente en algunos sectores de la sociedad, la bondad natural ha sido vista como una debilidad. También ha sido vista, no como un atributo conformado por el proceso de la evolución biológica, sino como una concesión que Dios otorga sólo a algunos elegidos o a algunos adeptos, lo que pudo haber retrasado en el pasado un avance en el proceso de la evolución cultural a través de la búsqueda de mayores niveles de adaptación al orden natural.
A través de una Breve historia de la bondad, inserta en el libro "Elogio de la bondad", de Adam Phillips y Barbara Taylor (Duomo Ediciones SL-Barcelona 2010), se puede seguir el proceso histórico que tal atributo ha tenido en Occidente, por lo que las siguientes citas provienen del mencionado libro.
Como punto de partida puede considerarse el caso del "buen samaritano". Para promover la empatía emocional respecto de todo habitante del planeta, y no sólo respecto de los integrantes del grupo al que cada uno pertenece, Cristo establece un principio revolucionario para la época, ya que incluso en la actualidad las divisiones entre sectores, religiones o etnias mantienen su vigencia. La universalidad del cristianismo proviene de advertir y acentuar esta actitud para que predominara en todos los seres humanos. “Un hombre se acercó a Jesús y le preguntó: «Pero ¿quien es mi prójimo?». Jesús le respondió contándole la historia de un judío que, yendo de viaje, fue asaltado por unos ladrones, herido y abandonado en la cuneta; los viajeros que pasaron junto a él no le hicieron caso, ni siquiera sus compatriotas de Judea, hasta que al final un vecino de Samaria que pasó por ahí se apiadó de él y lo socorrió con generosidad. Judíos y samaritanos eran enemigos tradicionales y la parábola del buen samaritano fue y sigue siendo la versión simbólica de la bondad cristiana, de la solidaridad que se salta las barreras étnicas y las divisiones sectarias y ve a todas las personas como amigas. Al universalizar la bondad, el cristianismo afirmó su derecho a ser una religión global”.
“La palabra «simpatía» deriva del griego clásico, en que significaba «sentir lo mismo que el otro», y describe el afecto o la solidaridad entre personas no emparentadas”.
“La conducta simpatizante era una conducta expansiva, una conducta para la que la felicidad ajena era la condición sine qua non del propio bienestar. La simpatía era una piedra de toque del sentido de lo humano; la persona incapaz de identificarse emocionalmente con sus semejantes era un ser inhumano, un monstruo”.
Así como el intercambio comercial entre dos personas puede hacerse sin la intermediación del Estado, el vínculo afectivo entre dos personas puede establecerse sin la intermediación de Dios. Sin embargo, algunos predicadores del cristianismo complicaron las cosas cambiando lo que no es más que una reacción afectiva natural. Algunos creían que Dios observaba y anotaba las buenas acciones personales realizadas cotidianamente, por lo cual el amor al prójimo tendía a establecerse pensando en uno mismo, y en la futura vida eterna, antes que en la otra persona. Phillips y Taylor agregan: “La parábola del buen samaritano daba a entender de un modo muy claro que la bondad era una inclinación natural humana, y algunos pensadores cristianos primitivos lo confirmaron. Pero san Agustín y otros Padres de la Iglesia lo negaron con vehemencia, alegando que la caritas [caridad cristiana] procedía únicamente de Dios; que sin Dios no había bondad ni ninguna otra virtud innata. Por culpa de la primera Caída, decía Agustín, la humanidad había perdido toda posibilidad de tener bondad natural. El hombre de Agustín, hundido en el pecado original, era incapaz de sentir caritas sin ayuda divina; abandonados a sí mismos, los hijos de Adán eran egoístas y depravados”.
“Con Agustín, la caritas acabó trascendiendo a la persona. Sin represión y sin sacrificio, la relación del hombre con el hombre era irremediablemente perversa y animal: una concepción pesimista de la humanidad que con la Reforma protestante del siglo XVI se volvió mucho más sombría. Según Martin Lutero, principal portavoz de la Reforma, la naturaleza humana estaba «totalmente podrida» por el pecado original. La corrupción del clero católico ponía de manifiesto la facilidad con que la pompa y el poder apartaban a los individuos de la verdadera religión y los hundían en la depravación absoluta”.
La ineficacia que se advierte en el cristianismo, como religión moral, se debe esencialmente al debilitamiento y oscurecimiento que sus predicadores han impuesto al mandamiento del amor al prójimo. Si uno lo interpreta como un proceso existente en la propia naturaleza humana, como bien lo saben quienes nunca escucharon hablar de Cristo y del cristianismo, las prédicas cristianas vuelven a retomar su eficacia inicial. Si, por el contrario, se hace intervenir a Dios en cada ocasión de nuestra vida cotidiana, se distorsiona la moral cristiana alejándola de la ética natural, que también surgió de otras fuentes ajenas a la religión. Incluso la aceptación del cristianismo por parte del Imperio Romano se debió a la compatibilidad mostrada con el estoicismo, una de las filosofías influyentes en la época. “El estadista romano Cicerón –que no era estoico con carné, pero que acusó la influencia del estoicismo-, en su gran obra ‘De officis’ (44 AC), afirmó que sentir más afecto por la familia que por los extraños era natural. Sin embargo, en otra obra sostuvo que las relaciones cordiales abarcaban toda la sociedad humana y advirtió que las personas que se preocupaban más por sus conciudadanos que por los extranjeros podían «romper la hermandad que une a la humanidad»”.
Adam Phillips y Barbara Taylor agregan: “En 1741, el filósofo escocés David Hume, enfrentado a una escuela filosófica que proclamaba el egoísmo ineludible de la humanidad, perdió la paciencia. Una persona tan necia como para negar la existencia de la bondad –dijo Hume- era sencillamente una persona que había perdido el contacto con la realidad emocional: «ha olvidado los movimientos de su corazón». ¿Cómo es posible que la gente haya acabado por olvidar la bondad y los intensos placeres que procura?”.
“La conducta bondadosa se observa con recelo; las manifestaciones públicas de bondad se desdeñan por moralistas y sentimentales. «Esta es la naturaleza humana», decimos del comportamiento egoísta, ¿qué más podemos esperar? La bondad se ve como un tema de portada de revista o bien como falta de nervio. Los iconos populares de la bondad –la princesa Diana, Nelson Mandela, la madre Teresa de Calcuta- o bien se adoran como si fueran santos o bien se denuncian alegremente llamándoles hipócritas que sólo cultivan sus intereses”.
"La palabra «simpatía» deriva del griego clásico, en que significaba «sentir lo mismo que otro», y describe el afecto o la solidaridad entre personas no emparentadas. Si tanto los egoístas como Hobbes y los benevolentes como Shaftesbury concebían a los individuos como mundos cerrados, los teóricos de la simpatía los consideraban vinculados afectivamente y pensaban que la vida emocional de cada persona evolucionaba influida directamente por los sentimientos de cuantos la rodeaban".
"La subjetividad era impersonal y eso era lo que hacía posible la bondad. En su Tratado de la naturaleza humana (1739-1740), David Hume comparaba la transmisión de sentimientos entre personas con la vibración de las cuerdas del violín: en cada uno resonaban los sufrimientos y alegrías ajenos como si fueran suyos. «Salimos de nosotros mismos» para entrar en el mundo emocional de los demás, decía Hume; o como escribió Adam Smith en su Teoría de los sentimientos morales (1759), «en cierto modo acabamos siendo la misma persona, tal es el origen de nuestros sentimientos comunes»".
"Los egoístas psicológicos habían afirmado que el sentimiento común era una simple derivación del interés por uno mismo y partía de la observación de que cualquier desgracia que pudiera sucederles a los demás, nos podía suceder a nosotros. Smith lo negaba, alegando que este sentimiento común era una proyección imaginaria del yo en el otro: «entramos, por así decirlo, en su cuerpo». A los egoístas que argüían que eso era sólo una forma más compleja de egoismo, Smith replicaba con energía: ¿cómo se puede considerar egoísta una emoción que «no se refiere en absoluto a nada mío», sino «que se concentra totalmente en lo que se relaciona contigo?». Quienes se posicionaban con el egoísmo sufrían una «confusión» en lo relativo a la naturaleza humana, concluía Smith".
Una sociedad natural, o aquella que contempla las leyes naturales que nos rigen, encuentra en la empatía emocional al vínculo que une, o que debería unir, a los integrantes del grupo social. Por el contrario, al intentar reemplazar dicho vínculo por los medios de producción, como lo propone el marxismo, se establece una "sociedad artificial" que apunta hacia un retroceso en el proceso de la evolución cultural.
A través de una Breve historia de la bondad, inserta en el libro "Elogio de la bondad", de Adam Phillips y Barbara Taylor (Duomo Ediciones SL-Barcelona 2010), se puede seguir el proceso histórico que tal atributo ha tenido en Occidente, por lo que las siguientes citas provienen del mencionado libro.
Como punto de partida puede considerarse el caso del "buen samaritano". Para promover la empatía emocional respecto de todo habitante del planeta, y no sólo respecto de los integrantes del grupo al que cada uno pertenece, Cristo establece un principio revolucionario para la época, ya que incluso en la actualidad las divisiones entre sectores, religiones o etnias mantienen su vigencia. La universalidad del cristianismo proviene de advertir y acentuar esta actitud para que predominara en todos los seres humanos. “Un hombre se acercó a Jesús y le preguntó: «Pero ¿quien es mi prójimo?». Jesús le respondió contándole la historia de un judío que, yendo de viaje, fue asaltado por unos ladrones, herido y abandonado en la cuneta; los viajeros que pasaron junto a él no le hicieron caso, ni siquiera sus compatriotas de Judea, hasta que al final un vecino de Samaria que pasó por ahí se apiadó de él y lo socorrió con generosidad. Judíos y samaritanos eran enemigos tradicionales y la parábola del buen samaritano fue y sigue siendo la versión simbólica de la bondad cristiana, de la solidaridad que se salta las barreras étnicas y las divisiones sectarias y ve a todas las personas como amigas. Al universalizar la bondad, el cristianismo afirmó su derecho a ser una religión global”.
“La palabra «simpatía» deriva del griego clásico, en que significaba «sentir lo mismo que el otro», y describe el afecto o la solidaridad entre personas no emparentadas”.
“La conducta simpatizante era una conducta expansiva, una conducta para la que la felicidad ajena era la condición sine qua non del propio bienestar. La simpatía era una piedra de toque del sentido de lo humano; la persona incapaz de identificarse emocionalmente con sus semejantes era un ser inhumano, un monstruo”.
Así como el intercambio comercial entre dos personas puede hacerse sin la intermediación del Estado, el vínculo afectivo entre dos personas puede establecerse sin la intermediación de Dios. Sin embargo, algunos predicadores del cristianismo complicaron las cosas cambiando lo que no es más que una reacción afectiva natural. Algunos creían que Dios observaba y anotaba las buenas acciones personales realizadas cotidianamente, por lo cual el amor al prójimo tendía a establecerse pensando en uno mismo, y en la futura vida eterna, antes que en la otra persona. Phillips y Taylor agregan: “La parábola del buen samaritano daba a entender de un modo muy claro que la bondad era una inclinación natural humana, y algunos pensadores cristianos primitivos lo confirmaron. Pero san Agustín y otros Padres de la Iglesia lo negaron con vehemencia, alegando que la caritas [caridad cristiana] procedía únicamente de Dios; que sin Dios no había bondad ni ninguna otra virtud innata. Por culpa de la primera Caída, decía Agustín, la humanidad había perdido toda posibilidad de tener bondad natural. El hombre de Agustín, hundido en el pecado original, era incapaz de sentir caritas sin ayuda divina; abandonados a sí mismos, los hijos de Adán eran egoístas y depravados”.
“Con Agustín, la caritas acabó trascendiendo a la persona. Sin represión y sin sacrificio, la relación del hombre con el hombre era irremediablemente perversa y animal: una concepción pesimista de la humanidad que con la Reforma protestante del siglo XVI se volvió mucho más sombría. Según Martin Lutero, principal portavoz de la Reforma, la naturaleza humana estaba «totalmente podrida» por el pecado original. La corrupción del clero católico ponía de manifiesto la facilidad con que la pompa y el poder apartaban a los individuos de la verdadera religión y los hundían en la depravación absoluta”.
La ineficacia que se advierte en el cristianismo, como religión moral, se debe esencialmente al debilitamiento y oscurecimiento que sus predicadores han impuesto al mandamiento del amor al prójimo. Si uno lo interpreta como un proceso existente en la propia naturaleza humana, como bien lo saben quienes nunca escucharon hablar de Cristo y del cristianismo, las prédicas cristianas vuelven a retomar su eficacia inicial. Si, por el contrario, se hace intervenir a Dios en cada ocasión de nuestra vida cotidiana, se distorsiona la moral cristiana alejándola de la ética natural, que también surgió de otras fuentes ajenas a la religión. Incluso la aceptación del cristianismo por parte del Imperio Romano se debió a la compatibilidad mostrada con el estoicismo, una de las filosofías influyentes en la época. “El estadista romano Cicerón –que no era estoico con carné, pero que acusó la influencia del estoicismo-, en su gran obra ‘De officis’ (44 AC), afirmó que sentir más afecto por la familia que por los extraños era natural. Sin embargo, en otra obra sostuvo que las relaciones cordiales abarcaban toda la sociedad humana y advirtió que las personas que se preocupaban más por sus conciudadanos que por los extranjeros podían «romper la hermandad que une a la humanidad»”.
Adam Phillips y Barbara Taylor agregan: “En 1741, el filósofo escocés David Hume, enfrentado a una escuela filosófica que proclamaba el egoísmo ineludible de la humanidad, perdió la paciencia. Una persona tan necia como para negar la existencia de la bondad –dijo Hume- era sencillamente una persona que había perdido el contacto con la realidad emocional: «ha olvidado los movimientos de su corazón». ¿Cómo es posible que la gente haya acabado por olvidar la bondad y los intensos placeres que procura?”.
“La conducta bondadosa se observa con recelo; las manifestaciones públicas de bondad se desdeñan por moralistas y sentimentales. «Esta es la naturaleza humana», decimos del comportamiento egoísta, ¿qué más podemos esperar? La bondad se ve como un tema de portada de revista o bien como falta de nervio. Los iconos populares de la bondad –la princesa Diana, Nelson Mandela, la madre Teresa de Calcuta- o bien se adoran como si fueran santos o bien se denuncian alegremente llamándoles hipócritas que sólo cultivan sus intereses”.
"La palabra «simpatía» deriva del griego clásico, en que significaba «sentir lo mismo que otro», y describe el afecto o la solidaridad entre personas no emparentadas. Si tanto los egoístas como Hobbes y los benevolentes como Shaftesbury concebían a los individuos como mundos cerrados, los teóricos de la simpatía los consideraban vinculados afectivamente y pensaban que la vida emocional de cada persona evolucionaba influida directamente por los sentimientos de cuantos la rodeaban".
"La subjetividad era impersonal y eso era lo que hacía posible la bondad. En su Tratado de la naturaleza humana (1739-1740), David Hume comparaba la transmisión de sentimientos entre personas con la vibración de las cuerdas del violín: en cada uno resonaban los sufrimientos y alegrías ajenos como si fueran suyos. «Salimos de nosotros mismos» para entrar en el mundo emocional de los demás, decía Hume; o como escribió Adam Smith en su Teoría de los sentimientos morales (1759), «en cierto modo acabamos siendo la misma persona, tal es el origen de nuestros sentimientos comunes»".
"Los egoístas psicológicos habían afirmado que el sentimiento común era una simple derivación del interés por uno mismo y partía de la observación de que cualquier desgracia que pudiera sucederles a los demás, nos podía suceder a nosotros. Smith lo negaba, alegando que este sentimiento común era una proyección imaginaria del yo en el otro: «entramos, por así decirlo, en su cuerpo». A los egoístas que argüían que eso era sólo una forma más compleja de egoismo, Smith replicaba con energía: ¿cómo se puede considerar egoísta una emoción que «no se refiere en absoluto a nada mío», sino «que se concentra totalmente en lo que se relaciona contigo?». Quienes se posicionaban con el egoísmo sufrían una «confusión» en lo relativo a la naturaleza humana, concluía Smith".
Una sociedad natural, o aquella que contempla las leyes naturales que nos rigen, encuentra en la empatía emocional al vínculo que une, o que debería unir, a los integrantes del grupo social. Por el contrario, al intentar reemplazar dicho vínculo por los medios de producción, como lo propone el marxismo, se establece una "sociedad artificial" que apunta hacia un retroceso en el proceso de la evolución cultural.
sábado, 12 de septiembre de 2026
Fe religiosa y diversas interpretaciones
Es frecuente encontrar personas que suponen que la creencia en Dios, en sí misma, es una gran virtud y que la no creencia es el mayor de los defectos, en forma independiente de sus acciones y de sus sentimientos hacia el prójimo. A esta postura podemos denominarla como una "religión cognitiva" que se aleja de la religión moral. Es por ello que no resulta del todo llamativas las noticias del abuso de niños por parte de algunos supuestos difusores del cristianismo, o de lo que ellos entienden como cristianismo.
Mientras que Cristo prioriza el comportamiento ético, algo fácil de reconocer leyendo los Evangelios, San Pablo parece promover una especie de "religión cognitiva", en el sentido de que deifica a Cristo y prioriza la fe antes que el cumplimiento de los mandamientos bíblicos. Will Durant escribió: "Pablo había encontrado un sueño de escatología judaica confinado en la Ley hebrea; lo liberó y lo amplió convirtiéndolo en una fe capaz de mover al mundo. Con la paciencia de un estadista entretejió la ética de los judíos con la metafísica de los griegos y transformó al Jesús de los Evangelios en el Cristo de la Teología. Creó un nuevo misterio, una nueva forma del drama de la resurrección, que absorbería y sobreviviría a todos los demás. Sustituyó la conducta por la fe como prueba de virtud y, en este sentido, inició la Edad Media. Fue un cambio trágico, pero tal vez así lo quería la humanidad; sólo unos pocos santos podían realizar la imitación de Cristo pero muchas eran las almas que podían alzarse a la fe y al valor en la esperanza de la vida eterna".
"El influjo de San Pablo no se sintió inmediatamente. Las comunidades que había fundado eran pequeños islotes en un mar de paganismo. La iglesia de Roma era de Pedro y continuó fiel a su memoria. En el siglo que siguió a su muerte, San Pablo quedó casi olvidado. Pero cuando, pasadas las primeras generaciones cristianas, empezó a perderse la tradición oral de los apóstoles y un crecido número de herejías desordenaban la mente cristiana, las epístolas de San Pablo proporcionaron un sólido armazón para un sistema estable de creencias que uniera a las diseminadas congregaciones en una poderosa iglesia".
"Con todo eso, el hombre que separó al cristianismo del judaísmo siguió siendo tan esencialmente judío por la fuerza de su carácter y su austeridad moral que la Edad Media, al adaptar el paganismo para crear un catolicismo lleno de colorido, no vio en él un espíritu afín, le levantó pocos templos y raras veces esculpió su efigie o hizo uso de su nombre. Pasarían quince siglos antes de que Lutero hiciera de San Pablo el Apóstol de la Reforma y Calvino encontrara en él la tesis de la doctrina de la predestinación. El protestantismo fue el triunfo de San Pablo sobre San Pedro; el fundamentalismo es el triunfo de San Pablo sobre Cristo" (De "César y Cristo"-Tomo II-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1967).
Al nivel de las interpretaciones que a la creencia en Cristo se le da entre la gente, podemos encontrar las siguientes:
1- Creencia en que resucitó a Lázaro, que resucitó luego de su muerte y otras acciones similares como son los milagros. Luego, la vida eterna sería un premio para quienes creen en la veracidad de tales acontecimientos, aunque sin preocuparse demasiado por el cumplimiento de los mandamientos tales como el "Amarás al prójimo como a ti mismo".
2- Creencia en que, si uno le pide milagros que lo favorezcan personalmente, o que favorezcan a otras personas, él los concederá, aún cuando se ignoren los mandamientos bíblicos.
3- Creencia en que cada uno debe cumplir con los mandamientos éticos o, al menos, intentar cumplirlos en todo momento.
La religión de la creencia, o de la fe, presenta varios inconvenientes por cuanto siempre aparecen individuos que aducen ser los “verdaderos” elegidos, conduciendo a importantes divisiones entre las diversas iglesias cristianas. Si la prioridad fuese el cumplimiento de los mandamentos bíblicos, deberían desaparecer los antagonismos existentes. Los predicadores habrían de renunciar a lo que ellos dicen sobre Cristo para priorizar lo que Cristo dijo a los seres humanos.
En nuestra época, el nivel de conocimientos aportado por la ciencia experimental nos permite afirmar, con pocas dudas, que todo lo existente está regido por leyes naturales invariantes, y que estas leyes son accesibles, en principio, a la indagación científica. Desde las diminutas partículas fundamentales, hasta los pequeños organismos y hasta el propio ser humano, todo está regido por dichas leyes. Esta invariancia en el tiempo y el espacio puede advertirse cuando se extrapolan hacia el pasado y hacia lo muy lejano, como es el caso de las leyes de la física, comprobándose que mantienen su validez.
Ello implica que las leyes naturales (como vínculos invariantes entre causas y efectos) constituyen una instancia superior respecto de la cual debería toda religión ser compatible. Aun cuando pueda decirse que la religión tradicional “sólo es verificable en el más allá”, debe tenerse presente que el camino hacia ese “más allá” implica el cumplimiento de mandamientos en el “más acá”. En el caso del cristianismo, los efectos del cumplimiento del mandamiento del amor al prójimo son verificables observando el grado de felicidad logrado.
Al constituir dicho mandamiento una adaptación del hombre a la elemental ley psicológica de la empatía emocional, se observa que resulta compatible con la instancia superior antes considerada. Por ello Cristo indicaba que “por sus frutos los conoceréis”, como criterio para distinguir entre verdaderos y falsos profetas, es decir, el profeta verdadero tiene en cuenta las leyes naturales mientras que el falso profeta no las tiene en cuenta. Jaime Balmes escribió: “Aquí no hay término medio: o la religión procede de una revelación primitiva, o de una inspiración de la naturaleza: en uno u otro caso hallamos su origen divino: si hay revelación, Dios ha hablado al hombre; si no la hay, Dios ha escrito la religión en el fondo de nuestra alma. Es indudable que la religión no puede ser invención humana, y que, a pesar de la desfigurada y adulterada que la vemos en diferentes tiempos y países, se descubre en el fondo del corazón humano un sentimiento descendido de lo alto: a través de las monstruosidades que nos presenta la historia, columbramos la huella de una revelación primitiva” (De “El criterio”-Editorial Difusión-Buenos Aires 1952).
Muchos predicadores cristianos parecen ignorar la simplicidad de la empatía, la cual nos permite compartir las penas y las alegrías de los demás como propias. Tal fenómeno psicológico, simple e inmediato, no requiere de una revelación directa desde Dios hacia un enviado. De ahí que, para darle un justificativo al proceso de la revelación, los predicadores aducen que el amor al prójimo implica un proceso mucho más complejo, inaccesible al individuo común y sólo accesible a los “elevados”; los que están vinculados a lo sobrenatural. Por ello establecen luego planteos de tipo filosófico que resultan inaccesibles al hombre común, careciendo de toda utilidad debido a la ambigüedad y oscuridad de sus deducciones.
Mientras que la religión tradicional requiere de la existencia de una interacción entre el hombre y lo sobrenatural, la religión de la evidencia (o religión natural) no se distingue esencialmente de la ciencia experimental, rechazando la hipótesis de lo sobrenatural por cuanto advierte que no hace falta complicar lo simple. Si tenemos en cuenta que la ciencia experimental describe las leyes naturales, o leyes de Dios, constituye una forma directa de conocer a Dios, a través de su obra. De ahí que, en lugar de suponer la existencia de un Dios que interviene en los acontecimientos humanos y se comunica con algunos hombres a través de lo sobrenatural, supone un mundo ordenado mediante leyes naturales invariantes al cual nos debemos adaptar. Así, el Reino de Dios sobre el hombre es interpretado como el gobierno de Dios a través de las leyes naturales, que se instalará plenamente cuando el hombre se disponga a acatar dichas leyes, es decir, cuando el hombre se decida a compartir las penas y las alegrías ajenas como propias.
A quienes se oponen a la religión natural por cuanto no coincide con sus creencias y opiniones personales, se les puede recordar que tienen todo el derecho a seguir manteniendo y predicando sus ideas. A la vez, se les puede preguntar acerca de cuánto tiempo consideran necesario para hacer que la mayoría de los seres humanos adopten el “mandamiento empático” que permitirá el resurgimiento del hombre. Todo indica que los antagonismos y divisiones que generan las religiones de la fe no tienen solución en ese ámbito, ya que sólo la descripción y el entendimiento de las leyes naturales constituye el camino efectivo y seguro para la supervivencia de la humanidad.
Este planteo resulta inobjetable teniendo presente las propias profecías bíblicas, ya que predicen un cambio importante en el futuro. Si actualmente predomina la religión de la fe y de lo sobrenatural, el cambio importante ha de conducir a la religión de lo evidente y de lo natural. De lo contrario, no ha de haber ningún cambio esencial por lo que tampoco la profecía bíblica ha de ser verdadera (los que promueven la fe en la Biblia no creen entonces en la validez de la profecía apocalíptica por cuanto tampoco creen en el cambio que la ha de justificar).
El filósofo romano Epicteto advirtió hace varios siglos respecto de la diferencia existente entre el conocimiento puramente contemplativo y aquél que nos sugiere acciones accesibles a nuestras decisiones. Debemos distinguir entre religión moral y religión contemplativa. La primera implica priorizar nuestra actitud cooperativa mientras que la segunda implica priorizar nuestra actitud cognitiva. Incluso se ha llegado al extremo de considerar que la virtud del creyente está asociada a la postura filosófica adoptada en lugar de vincularla al cumplimiento de los mandamientos. Se puede ser creyente sin cumplir con los mandamientos, mientras que se puede ser no creyente y cumplir con ellos. Jaime Balmes escribió: “Son muchas y muy varias las religiones que dominan en los diferentes puntos de la Tierra: ¿sería posible que todas fuesen verdaderas? El sí y el no, con respecto a una misma cosa, no puede ser verdadero a un mismo tiempo. Los judíos dicen que el Mesías no ha venido, los cristianos afirman que sí; los musulmanes respetan a Mahoma como insigne profeta, los cristianos le miran como solemne impostor; los católicos sostienen que la Iglesia es infalible en puntos de dogma y de moral, los protestantes lo niegan; la verdad no puede estar por ambas partes, unos y otros se engañan. Luego es un absurdo decir que todas las religiones son verdaderas”.
“Las ideas morales no se nos han dado como objetos de pura contemplación, sino como reglas de conducta: no son especulativas, son eminentemente prácticas: por esto no necesitan del análisis científico para que puedan regir al individuo y a la sociedad. Antes de las escuelas filosóficas había moralidad en los individuos y en los pueblos”.
“Así, pues, al entrar en el examen de la moral, es preciso considerar que se trata de un hecho; las teorías no serán verdaderas si no están acordes con él. La filosofía debe explicarle, no alterarle; pues no se ocupa de un objeto que ella haya inventado y que puede modificar, sino de un hecho que se le da para que lo examine. Por ese motivo, los elementos constitutivos de las ideas morales es necesario buscarlos en la razón, en la conciencia, en el sentido común. Siendo reguladores de la conducta del hombre, no pueden estar en contradicción con los medios perceptivos del humano linaje: debiendo dominar en la conciencia, han de encontrarse en la conciencia misma”.
“La razón, el sentido común, la conciencia, no son exclusivo patrimonio de los filósofos: pertenecen a todos los hombres, por lo que la filosofía moral debe comenzar interrogando al linaje humano, para que de la respuesta pueda sacar qué es lo que se entiende por moral o inmoral, y cuáles son las condiciones constitutivas de estas propiedades” (De “Ética”-Editorial TOR-Buenos Aires 1947).
Mientras que Cristo prioriza el comportamiento ético, algo fácil de reconocer leyendo los Evangelios, San Pablo parece promover una especie de "religión cognitiva", en el sentido de que deifica a Cristo y prioriza la fe antes que el cumplimiento de los mandamientos bíblicos. Will Durant escribió: "Pablo había encontrado un sueño de escatología judaica confinado en la Ley hebrea; lo liberó y lo amplió convirtiéndolo en una fe capaz de mover al mundo. Con la paciencia de un estadista entretejió la ética de los judíos con la metafísica de los griegos y transformó al Jesús de los Evangelios en el Cristo de la Teología. Creó un nuevo misterio, una nueva forma del drama de la resurrección, que absorbería y sobreviviría a todos los demás. Sustituyó la conducta por la fe como prueba de virtud y, en este sentido, inició la Edad Media. Fue un cambio trágico, pero tal vez así lo quería la humanidad; sólo unos pocos santos podían realizar la imitación de Cristo pero muchas eran las almas que podían alzarse a la fe y al valor en la esperanza de la vida eterna".
"El influjo de San Pablo no se sintió inmediatamente. Las comunidades que había fundado eran pequeños islotes en un mar de paganismo. La iglesia de Roma era de Pedro y continuó fiel a su memoria. En el siglo que siguió a su muerte, San Pablo quedó casi olvidado. Pero cuando, pasadas las primeras generaciones cristianas, empezó a perderse la tradición oral de los apóstoles y un crecido número de herejías desordenaban la mente cristiana, las epístolas de San Pablo proporcionaron un sólido armazón para un sistema estable de creencias que uniera a las diseminadas congregaciones en una poderosa iglesia".
"Con todo eso, el hombre que separó al cristianismo del judaísmo siguió siendo tan esencialmente judío por la fuerza de su carácter y su austeridad moral que la Edad Media, al adaptar el paganismo para crear un catolicismo lleno de colorido, no vio en él un espíritu afín, le levantó pocos templos y raras veces esculpió su efigie o hizo uso de su nombre. Pasarían quince siglos antes de que Lutero hiciera de San Pablo el Apóstol de la Reforma y Calvino encontrara en él la tesis de la doctrina de la predestinación. El protestantismo fue el triunfo de San Pablo sobre San Pedro; el fundamentalismo es el triunfo de San Pablo sobre Cristo" (De "César y Cristo"-Tomo II-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1967).
Al nivel de las interpretaciones que a la creencia en Cristo se le da entre la gente, podemos encontrar las siguientes:
1- Creencia en que resucitó a Lázaro, que resucitó luego de su muerte y otras acciones similares como son los milagros. Luego, la vida eterna sería un premio para quienes creen en la veracidad de tales acontecimientos, aunque sin preocuparse demasiado por el cumplimiento de los mandamientos tales como el "Amarás al prójimo como a ti mismo".
2- Creencia en que, si uno le pide milagros que lo favorezcan personalmente, o que favorezcan a otras personas, él los concederá, aún cuando se ignoren los mandamientos bíblicos.
3- Creencia en que cada uno debe cumplir con los mandamientos éticos o, al menos, intentar cumplirlos en todo momento.
La religión de la creencia, o de la fe, presenta varios inconvenientes por cuanto siempre aparecen individuos que aducen ser los “verdaderos” elegidos, conduciendo a importantes divisiones entre las diversas iglesias cristianas. Si la prioridad fuese el cumplimiento de los mandamentos bíblicos, deberían desaparecer los antagonismos existentes. Los predicadores habrían de renunciar a lo que ellos dicen sobre Cristo para priorizar lo que Cristo dijo a los seres humanos.
En nuestra época, el nivel de conocimientos aportado por la ciencia experimental nos permite afirmar, con pocas dudas, que todo lo existente está regido por leyes naturales invariantes, y que estas leyes son accesibles, en principio, a la indagación científica. Desde las diminutas partículas fundamentales, hasta los pequeños organismos y hasta el propio ser humano, todo está regido por dichas leyes. Esta invariancia en el tiempo y el espacio puede advertirse cuando se extrapolan hacia el pasado y hacia lo muy lejano, como es el caso de las leyes de la física, comprobándose que mantienen su validez.
Ello implica que las leyes naturales (como vínculos invariantes entre causas y efectos) constituyen una instancia superior respecto de la cual debería toda religión ser compatible. Aun cuando pueda decirse que la religión tradicional “sólo es verificable en el más allá”, debe tenerse presente que el camino hacia ese “más allá” implica el cumplimiento de mandamientos en el “más acá”. En el caso del cristianismo, los efectos del cumplimiento del mandamiento del amor al prójimo son verificables observando el grado de felicidad logrado.
Al constituir dicho mandamiento una adaptación del hombre a la elemental ley psicológica de la empatía emocional, se observa que resulta compatible con la instancia superior antes considerada. Por ello Cristo indicaba que “por sus frutos los conoceréis”, como criterio para distinguir entre verdaderos y falsos profetas, es decir, el profeta verdadero tiene en cuenta las leyes naturales mientras que el falso profeta no las tiene en cuenta. Jaime Balmes escribió: “Aquí no hay término medio: o la religión procede de una revelación primitiva, o de una inspiración de la naturaleza: en uno u otro caso hallamos su origen divino: si hay revelación, Dios ha hablado al hombre; si no la hay, Dios ha escrito la religión en el fondo de nuestra alma. Es indudable que la religión no puede ser invención humana, y que, a pesar de la desfigurada y adulterada que la vemos en diferentes tiempos y países, se descubre en el fondo del corazón humano un sentimiento descendido de lo alto: a través de las monstruosidades que nos presenta la historia, columbramos la huella de una revelación primitiva” (De “El criterio”-Editorial Difusión-Buenos Aires 1952).
Muchos predicadores cristianos parecen ignorar la simplicidad de la empatía, la cual nos permite compartir las penas y las alegrías de los demás como propias. Tal fenómeno psicológico, simple e inmediato, no requiere de una revelación directa desde Dios hacia un enviado. De ahí que, para darle un justificativo al proceso de la revelación, los predicadores aducen que el amor al prójimo implica un proceso mucho más complejo, inaccesible al individuo común y sólo accesible a los “elevados”; los que están vinculados a lo sobrenatural. Por ello establecen luego planteos de tipo filosófico que resultan inaccesibles al hombre común, careciendo de toda utilidad debido a la ambigüedad y oscuridad de sus deducciones.
Mientras que la religión tradicional requiere de la existencia de una interacción entre el hombre y lo sobrenatural, la religión de la evidencia (o religión natural) no se distingue esencialmente de la ciencia experimental, rechazando la hipótesis de lo sobrenatural por cuanto advierte que no hace falta complicar lo simple. Si tenemos en cuenta que la ciencia experimental describe las leyes naturales, o leyes de Dios, constituye una forma directa de conocer a Dios, a través de su obra. De ahí que, en lugar de suponer la existencia de un Dios que interviene en los acontecimientos humanos y se comunica con algunos hombres a través de lo sobrenatural, supone un mundo ordenado mediante leyes naturales invariantes al cual nos debemos adaptar. Así, el Reino de Dios sobre el hombre es interpretado como el gobierno de Dios a través de las leyes naturales, que se instalará plenamente cuando el hombre se disponga a acatar dichas leyes, es decir, cuando el hombre se decida a compartir las penas y las alegrías ajenas como propias.
A quienes se oponen a la religión natural por cuanto no coincide con sus creencias y opiniones personales, se les puede recordar que tienen todo el derecho a seguir manteniendo y predicando sus ideas. A la vez, se les puede preguntar acerca de cuánto tiempo consideran necesario para hacer que la mayoría de los seres humanos adopten el “mandamiento empático” que permitirá el resurgimiento del hombre. Todo indica que los antagonismos y divisiones que generan las religiones de la fe no tienen solución en ese ámbito, ya que sólo la descripción y el entendimiento de las leyes naturales constituye el camino efectivo y seguro para la supervivencia de la humanidad.
Este planteo resulta inobjetable teniendo presente las propias profecías bíblicas, ya que predicen un cambio importante en el futuro. Si actualmente predomina la religión de la fe y de lo sobrenatural, el cambio importante ha de conducir a la religión de lo evidente y de lo natural. De lo contrario, no ha de haber ningún cambio esencial por lo que tampoco la profecía bíblica ha de ser verdadera (los que promueven la fe en la Biblia no creen entonces en la validez de la profecía apocalíptica por cuanto tampoco creen en el cambio que la ha de justificar).
El filósofo romano Epicteto advirtió hace varios siglos respecto de la diferencia existente entre el conocimiento puramente contemplativo y aquél que nos sugiere acciones accesibles a nuestras decisiones. Debemos distinguir entre religión moral y religión contemplativa. La primera implica priorizar nuestra actitud cooperativa mientras que la segunda implica priorizar nuestra actitud cognitiva. Incluso se ha llegado al extremo de considerar que la virtud del creyente está asociada a la postura filosófica adoptada en lugar de vincularla al cumplimiento de los mandamientos. Se puede ser creyente sin cumplir con los mandamientos, mientras que se puede ser no creyente y cumplir con ellos. Jaime Balmes escribió: “Son muchas y muy varias las religiones que dominan en los diferentes puntos de la Tierra: ¿sería posible que todas fuesen verdaderas? El sí y el no, con respecto a una misma cosa, no puede ser verdadero a un mismo tiempo. Los judíos dicen que el Mesías no ha venido, los cristianos afirman que sí; los musulmanes respetan a Mahoma como insigne profeta, los cristianos le miran como solemne impostor; los católicos sostienen que la Iglesia es infalible en puntos de dogma y de moral, los protestantes lo niegan; la verdad no puede estar por ambas partes, unos y otros se engañan. Luego es un absurdo decir que todas las religiones son verdaderas”.
“Las ideas morales no se nos han dado como objetos de pura contemplación, sino como reglas de conducta: no son especulativas, son eminentemente prácticas: por esto no necesitan del análisis científico para que puedan regir al individuo y a la sociedad. Antes de las escuelas filosóficas había moralidad en los individuos y en los pueblos”.
“Así, pues, al entrar en el examen de la moral, es preciso considerar que se trata de un hecho; las teorías no serán verdaderas si no están acordes con él. La filosofía debe explicarle, no alterarle; pues no se ocupa de un objeto que ella haya inventado y que puede modificar, sino de un hecho que se le da para que lo examine. Por ese motivo, los elementos constitutivos de las ideas morales es necesario buscarlos en la razón, en la conciencia, en el sentido común. Siendo reguladores de la conducta del hombre, no pueden estar en contradicción con los medios perceptivos del humano linaje: debiendo dominar en la conciencia, han de encontrarse en la conciencia misma”.
“La razón, el sentido común, la conciencia, no son exclusivo patrimonio de los filósofos: pertenecen a todos los hombres, por lo que la filosofía moral debe comenzar interrogando al linaje humano, para que de la respuesta pueda sacar qué es lo que se entiende por moral o inmoral, y cuáles son las condiciones constitutivas de estas propiedades” (De “Ética”-Editorial TOR-Buenos Aires 1947).
jueves, 10 de septiembre de 2026
La inusitada defensa de la mentira
Cuando se adhiere a una postura ideológica en forma pasiva y sumisa, hasta el grado de reemplazar con ella, en la mente, a la propia realidad, se cae en una dependencia que incluso conlleva implícito cierto sentido de la vida. Cuando en algunos raros momentos de "iluminación" se vislumbra la posibilidad de que tal ideología no se corresponda con la realidad, de que se trata de una mentira parcial o total, el individuo dependiente tiende a rechazar la verdad de manera de mantener las creencias que le dan cierta base a su personalidad. En ese momento se produce una consciente defensa de la mentira y un rechazo consciente de la verdad. Humberto Maturana R. escribió: “Al declararnos seres racionales vivimos una cultura que desvaloriza las emociones, y no vemos el entrelazamiento cotidiano entre razón y emoción que constituye nuestro vivir humano, y no nos damos cuenta de que todo sistema racional tiene un fundamento emocional”.
“Nunca nos enojamos cuando el desacuerdo es sólo lógico, es decir, cuando el desacuerdo surge de un error al aplicar las coherencias operacionales derivadas de premisas fundamentales aceptadas por todas las personas en desacuerdo. Pero hay otras discusiones en las cuales nos enojamos (es el caso de todas las discusiones ideológicas); esto ocurre cuando la diferencia está en las premisas fundamentales que cada uno tiene. Esos desacuerdos siempre traen consigo un remezón emocional, porque los participantes en el desacuerdo viven su desacuerdo como amenazas existenciales recíprocas. Desacuerdos en las premisas fundamentales son situaciones que amenazan la vida ya que el otro le niega a uno los fundamentos de su pensar y la coherencia racional de su existencia” (De “Emociones y lenguaje en educación y política”-Ediciones Pedagógicas Chilenas SA-Santiago 1994).
Los totalitarismos, por lo general, tienden a basarse en mentiras que encubren la realidad por cuanto las ideologías respectivas carecen de veracidad. Alexander Solyenitsin comentaba acerca de la utilización de la mentira en la Unión Soviética. Ante una pregunta periodística acerca de cómo sus compatriotas podían restarle apoyo a tal situación, Solyenitsin respondió: “Con acciones físicas no, tan sólo: negándose a mentir, no participando personalmente en la mentira. Que cada uno deje de colaborar con la mentira en todos los sitios donde la vea; le obliguen a decirla, escribirla, citarla o firmarla, o sólo a votarla, o sólo a leerla. En nuestro país la mentira se ha convertido no sólo en categoría ética, sino también en un pilar del Estado. Al apartarnos de la mentira, realizamos un acto ético, no político, no enjuiciable penalmente, pero tendría una influencia inmediata en nuestra vida entera” (De “Memorias”-Librería Editorial Argos SA-Barcelona 1977).
Ante la existencia de altos porcentajes de individuos que adhieren al socialismo, a pesar de las catástrofes sociales producidas a lo largo y a lo ancho del mundo, no es de extrañar que nuestra época esté caracterizada por la difusión y la defensa de las mentiras. Jean-Françoise Revel escribió: “La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira”. “Cada minuto el hombre contemporáneo tiene una imagen del mundo y de su sociedad en el mundo. Actúa y reacciona en función de esa imagen. No cesa de transformarla o de confirmarla. Cuanto más falsa es, más peligrosas son sus acciones y sus reacciones tanto para él como para los demás”.
“La reivindicación de la «identidad cultural» sirve, por otra parte, a las minorías dirigentes del Tercer Mundo para justificar la censura de la información y el ejercicio de la dictadura. Con el pretexto de proteger la pureza cultural de su pueblo, esos dirigentes lo mantienen al tanto como les es posible en la ignorancia de lo que sucede en el mundo y de lo que éste piensa de ellos. Dejan filtrar, o inventan si es preciso, las informaciones que les permiten disimular sus fracasos y perpetuar sus imposturas. Pero el mismo encarnizamiento que despliegan en interceptar, en falsificar e incluso en confeccionar totalmente la información demuestra hasta qué punto son conscientes de depender de ella; más aún, si cabe, que de la economía o del ejército. ¡Cuántos jefes de Estado de nuestra época han debido su gloria no a lo que hacían, sino a lo que hacían decir!”.
“La destrucción de la información verdadera y la construcción de la información falsa derivan, pues, de análisis muy racionales y perfectamente conformes al «modelo occidental» que se supone que rechazan. Occidente ha comprendido desde hace tiempo que en una sociedad que respira gracias a la circulación de la información, regular esta circulación constituye un elemento determinante del poder. En ese punto, por lo menos, los protectores de la identidad cultural no han tenido ningún reparo en seguir las enseñanzas de la «racionalidad» occidental” (De “El conocimiento inútil”-Editorial Planeta SA-Barcelona 1989).
Entre las mentiras difundidas por quienes intentaban imponer el socialismo en los países de Latinoamérica, aparece la versión de que tales países estaban gobernados por "fascistas" disfrazados de democráticos. De esa manera intentaban establecer cierta legitimidad a las acciones terroristas en casi todo el continente. Además, parecían desconocer el alto grado de similitud entre el fascismo y el socialismo real. Pablo Giussani escribió: “Podríamos haber recorrido de cabo a rabo el Uruguay del gobierno colegiado, la Venezuela de Betancourt, la Argentina de Illia y la Italia de Andreotti sin que nuestra experiencia sensorial de las cosas descubriera el menor indicio de un Estado fascista. Y, sin embargo, había en todos esos países centenares o millares de jóvenes consagrados, sacrificada y abnegadamente, a formas de lucha armada contra el fascismo”.
“El extremismo revolucionario explicaba: el detalle de que el fascismo no se vea no significa que no exista. Lo que ocurre es que está enmascarado. Es una de sus malditas astucias. Estas instituciones democráticas no son sino apariencias, un disfraz del que se sirve para confundir a la gente”.
“El razonamiento, mil veces repetido y mil veces escuchado a lo largo de las últimas dos décadas en todos los ámbitos de la extrema izquierda latinoamericana, continuaba con la presunción de que, si todo el pueblo tomara conciencia del fascismo escondido tras las apariencias democráticas, respondería en masa al llamado a la resistencia” (De “Montoneros. La soberbia armada”-Editorial Sudamericana-Planeta SA-Buenos Aires 1984).
“Nunca nos enojamos cuando el desacuerdo es sólo lógico, es decir, cuando el desacuerdo surge de un error al aplicar las coherencias operacionales derivadas de premisas fundamentales aceptadas por todas las personas en desacuerdo. Pero hay otras discusiones en las cuales nos enojamos (es el caso de todas las discusiones ideológicas); esto ocurre cuando la diferencia está en las premisas fundamentales que cada uno tiene. Esos desacuerdos siempre traen consigo un remezón emocional, porque los participantes en el desacuerdo viven su desacuerdo como amenazas existenciales recíprocas. Desacuerdos en las premisas fundamentales son situaciones que amenazan la vida ya que el otro le niega a uno los fundamentos de su pensar y la coherencia racional de su existencia” (De “Emociones y lenguaje en educación y política”-Ediciones Pedagógicas Chilenas SA-Santiago 1994).
Los totalitarismos, por lo general, tienden a basarse en mentiras que encubren la realidad por cuanto las ideologías respectivas carecen de veracidad. Alexander Solyenitsin comentaba acerca de la utilización de la mentira en la Unión Soviética. Ante una pregunta periodística acerca de cómo sus compatriotas podían restarle apoyo a tal situación, Solyenitsin respondió: “Con acciones físicas no, tan sólo: negándose a mentir, no participando personalmente en la mentira. Que cada uno deje de colaborar con la mentira en todos los sitios donde la vea; le obliguen a decirla, escribirla, citarla o firmarla, o sólo a votarla, o sólo a leerla. En nuestro país la mentira se ha convertido no sólo en categoría ética, sino también en un pilar del Estado. Al apartarnos de la mentira, realizamos un acto ético, no político, no enjuiciable penalmente, pero tendría una influencia inmediata en nuestra vida entera” (De “Memorias”-Librería Editorial Argos SA-Barcelona 1977).
Ante la existencia de altos porcentajes de individuos que adhieren al socialismo, a pesar de las catástrofes sociales producidas a lo largo y a lo ancho del mundo, no es de extrañar que nuestra época esté caracterizada por la difusión y la defensa de las mentiras. Jean-Françoise Revel escribió: “La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira”. “Cada minuto el hombre contemporáneo tiene una imagen del mundo y de su sociedad en el mundo. Actúa y reacciona en función de esa imagen. No cesa de transformarla o de confirmarla. Cuanto más falsa es, más peligrosas son sus acciones y sus reacciones tanto para él como para los demás”.
“La reivindicación de la «identidad cultural» sirve, por otra parte, a las minorías dirigentes del Tercer Mundo para justificar la censura de la información y el ejercicio de la dictadura. Con el pretexto de proteger la pureza cultural de su pueblo, esos dirigentes lo mantienen al tanto como les es posible en la ignorancia de lo que sucede en el mundo y de lo que éste piensa de ellos. Dejan filtrar, o inventan si es preciso, las informaciones que les permiten disimular sus fracasos y perpetuar sus imposturas. Pero el mismo encarnizamiento que despliegan en interceptar, en falsificar e incluso en confeccionar totalmente la información demuestra hasta qué punto son conscientes de depender de ella; más aún, si cabe, que de la economía o del ejército. ¡Cuántos jefes de Estado de nuestra época han debido su gloria no a lo que hacían, sino a lo que hacían decir!”.
“La destrucción de la información verdadera y la construcción de la información falsa derivan, pues, de análisis muy racionales y perfectamente conformes al «modelo occidental» que se supone que rechazan. Occidente ha comprendido desde hace tiempo que en una sociedad que respira gracias a la circulación de la información, regular esta circulación constituye un elemento determinante del poder. En ese punto, por lo menos, los protectores de la identidad cultural no han tenido ningún reparo en seguir las enseñanzas de la «racionalidad» occidental” (De “El conocimiento inútil”-Editorial Planeta SA-Barcelona 1989).
Entre las mentiras difundidas por quienes intentaban imponer el socialismo en los países de Latinoamérica, aparece la versión de que tales países estaban gobernados por "fascistas" disfrazados de democráticos. De esa manera intentaban establecer cierta legitimidad a las acciones terroristas en casi todo el continente. Además, parecían desconocer el alto grado de similitud entre el fascismo y el socialismo real. Pablo Giussani escribió: “Podríamos haber recorrido de cabo a rabo el Uruguay del gobierno colegiado, la Venezuela de Betancourt, la Argentina de Illia y la Italia de Andreotti sin que nuestra experiencia sensorial de las cosas descubriera el menor indicio de un Estado fascista. Y, sin embargo, había en todos esos países centenares o millares de jóvenes consagrados, sacrificada y abnegadamente, a formas de lucha armada contra el fascismo”.
“El extremismo revolucionario explicaba: el detalle de que el fascismo no se vea no significa que no exista. Lo que ocurre es que está enmascarado. Es una de sus malditas astucias. Estas instituciones democráticas no son sino apariencias, un disfraz del que se sirve para confundir a la gente”.
“El razonamiento, mil veces repetido y mil veces escuchado a lo largo de las últimas dos décadas en todos los ámbitos de la extrema izquierda latinoamericana, continuaba con la presunción de que, si todo el pueblo tomara conciencia del fascismo escondido tras las apariencias democráticas, respondería en masa al llamado a la resistencia” (De “Montoneros. La soberbia armada”-Editorial Sudamericana-Planeta SA-Buenos Aires 1984).
lunes, 7 de septiembre de 2026
Socialismo vs. Religión
En el socialismo real, siguiendo las directivas marxistas-leninistas, se apunta hacia un sistema totalitario caracterizado por un control que incluye los pensamientos y las creencias de todo individuo. De ahí que se trata de imponer una escala de valores compatibles con la ideología respectiva, en lugar de buscar ser compatible con la realidad regida por leyes naturales, ya que quien controla los valores, controla las decisiones y todo lo demás.
Debido a que las diversas religiones, a su vez, proponen o imponen una escala de valores que puede ser incompatible con el socialismo, las religiones pasan a ser enemigas de todo totalitarismo. Este fue el caso del peronismo y su lucha contra la Iglesia Católica; una lucha por el poder ideológico que incluso llegó al extremo de la quema y vandalización, en 1955, de varios templos de Buenos Aires en manos de las hordas peronistas. Con el tiempo, mediante hábiles planteos ideológicos, peronistas y marxistas lograron conquistar la mente de muchos religiosos que abandonaron las prédicas cristianas para colaborar con los totalitarismos.
Además de las religiones, ha sido el ámbito familiar el que se ha opuesto a la intromisión de las ideologías totalitarias, razón por la cual proliferan las tendencias al reemplazo de la organización familiar como célula básica de toda sociedad. Walter Block escribió: "¿Qué institución constituye el mayor enemigo para la libertad humana? Sólo puede haber una respuesta: el Estado en general, y su versión totalitaria en particular. Quizás no haya mejor ejemplo de un gobierno semejante que el de la URSS, y sus dictadores Lenin y Stalin (aunque la primacía en términos de cantidad total de inocentes asesinados podría pertenecer a la China de Mao). Nos preguntamos entonces, ¿qué instituciones fueron singularmente expuestas al oprobio por estos dos ilustres rusos? Sólo puede haber una respuesta: en primer lugar la religión, y en segundo la familia. No fue por accidente que los soviets promulgaran leyes que recompensaban a los niños para que entregaran a sus padres por actividades anticomunistas. Con seguridad, no hay mejor manera de disolver la familia que esta diabólica política. ¿Y cómo trataron a la religión? Preguntar esto es responderlo. La religión se convirtió en el enemigo público número uno, y sus practicantes fueron cruelmente perseguidos".
"¿Por qué meterse con la religión y la familia? Porque son estos los dos grandes competidores del Estado por la lealtad de la gente. Desde su propia perspectiva malvada, los comunistas estaban en lo cierto al fijar su atención en estas dos instituciones. Por lo tanto, todos los enemigos del Estado arrogante harían bien en abrazar religión y familia como sus amigos, tanto si ellos mismos son ateos como si no, tanto si son padres de familia como si no" (De www.mises.org.es).
Por otra parte, Nicolás Berdiaev escribió: “Que el comunismo se haya mostrado irreconciliablemente hostil con respecto a toda religión no puede ser una manifestación del azar; es un hecho que pertenece a la misma esencia de su concepción del mundo. La construcción comunista es un estatismo hasta el extremo, en el que el poder total, absoluto, exige la unificación obligatoria del pensamiento. Los comunistas han decretado la persecución contra todas las iglesias, sobre todo contra la Iglesia ortodoxa, en razón del papel histórico que ésta ha desempeñado”.
“Ateos militantes se han visto obligados a realizar una vasta propaganda antirreligiosa. Pero en realidad, si el comunismo se opone a toda religión, lo hace menos en nombre del sistema social que encarna que porque él mismo representa una religión. Pues quiere ser una religión capaz de reemplazar al cristianismo, pretende responder a las aspiraciones religiosas del alma humana, dar un sentido a la vida. El comunismo quiere ser universal, quiere dirigir toda la existencia y no solamente algunos de sus momentos”.
“Por eso era inevitable el conflicto que le debía enfrentar con las otras doctrinas religiosas. La intolerancia y el fanatismo ¿no tienen siempre a la religión como origen? Rara vez los suscitarán una doctrina científica o puramente intelectual. El comunismo es exclusivo porque es una creencia. Y en ello desempeñan un gran papel el temperamento religioso de los rusos, su psicología de cismáticos y de sectarios. Una posición de hostilidad declarada con respecto a toda religión se hallaba incluida claramente en la doctrina de Marx…” (De “Las fuentes y el sentido del comunismo ruso”-Editorial Losada SA-Buenos Aires 1939).
Debido a que las diversas religiones, a su vez, proponen o imponen una escala de valores que puede ser incompatible con el socialismo, las religiones pasan a ser enemigas de todo totalitarismo. Este fue el caso del peronismo y su lucha contra la Iglesia Católica; una lucha por el poder ideológico que incluso llegó al extremo de la quema y vandalización, en 1955, de varios templos de Buenos Aires en manos de las hordas peronistas. Con el tiempo, mediante hábiles planteos ideológicos, peronistas y marxistas lograron conquistar la mente de muchos religiosos que abandonaron las prédicas cristianas para colaborar con los totalitarismos.
Además de las religiones, ha sido el ámbito familiar el que se ha opuesto a la intromisión de las ideologías totalitarias, razón por la cual proliferan las tendencias al reemplazo de la organización familiar como célula básica de toda sociedad. Walter Block escribió: "¿Qué institución constituye el mayor enemigo para la libertad humana? Sólo puede haber una respuesta: el Estado en general, y su versión totalitaria en particular. Quizás no haya mejor ejemplo de un gobierno semejante que el de la URSS, y sus dictadores Lenin y Stalin (aunque la primacía en términos de cantidad total de inocentes asesinados podría pertenecer a la China de Mao). Nos preguntamos entonces, ¿qué instituciones fueron singularmente expuestas al oprobio por estos dos ilustres rusos? Sólo puede haber una respuesta: en primer lugar la religión, y en segundo la familia. No fue por accidente que los soviets promulgaran leyes que recompensaban a los niños para que entregaran a sus padres por actividades anticomunistas. Con seguridad, no hay mejor manera de disolver la familia que esta diabólica política. ¿Y cómo trataron a la religión? Preguntar esto es responderlo. La religión se convirtió en el enemigo público número uno, y sus practicantes fueron cruelmente perseguidos".
"¿Por qué meterse con la religión y la familia? Porque son estos los dos grandes competidores del Estado por la lealtad de la gente. Desde su propia perspectiva malvada, los comunistas estaban en lo cierto al fijar su atención en estas dos instituciones. Por lo tanto, todos los enemigos del Estado arrogante harían bien en abrazar religión y familia como sus amigos, tanto si ellos mismos son ateos como si no, tanto si son padres de familia como si no" (De www.mises.org.es).
Por otra parte, Nicolás Berdiaev escribió: “Que el comunismo se haya mostrado irreconciliablemente hostil con respecto a toda religión no puede ser una manifestación del azar; es un hecho que pertenece a la misma esencia de su concepción del mundo. La construcción comunista es un estatismo hasta el extremo, en el que el poder total, absoluto, exige la unificación obligatoria del pensamiento. Los comunistas han decretado la persecución contra todas las iglesias, sobre todo contra la Iglesia ortodoxa, en razón del papel histórico que ésta ha desempeñado”.
“Ateos militantes se han visto obligados a realizar una vasta propaganda antirreligiosa. Pero en realidad, si el comunismo se opone a toda religión, lo hace menos en nombre del sistema social que encarna que porque él mismo representa una religión. Pues quiere ser una religión capaz de reemplazar al cristianismo, pretende responder a las aspiraciones religiosas del alma humana, dar un sentido a la vida. El comunismo quiere ser universal, quiere dirigir toda la existencia y no solamente algunos de sus momentos”.
“Por eso era inevitable el conflicto que le debía enfrentar con las otras doctrinas religiosas. La intolerancia y el fanatismo ¿no tienen siempre a la religión como origen? Rara vez los suscitarán una doctrina científica o puramente intelectual. El comunismo es exclusivo porque es una creencia. Y en ello desempeñan un gran papel el temperamento religioso de los rusos, su psicología de cismáticos y de sectarios. Una posición de hostilidad declarada con respecto a toda religión se hallaba incluida claramente en la doctrina de Marx…” (De “Las fuentes y el sentido del comunismo ruso”-Editorial Losada SA-Buenos Aires 1939).
sábado, 5 de septiembre de 2026
Evolución biológica y cultural
Cada uno de los seres humanos que habitamos el planeta, estamos en este mundo conformados en base al proceso de la evolución biológica junto a la evolución cultural, como una continuidad de aquella. La incidencia de ambos procesos es de aproximadamente el 50% cada uno, al menos según estimaciones. Tales procesos tienen como objetivo la adaptación de todo individuo respecto del orden natural y de la sociedad de la que formamos parte. De ahí que el sentido de la vida humana implica estar asociado principalmente a la evolución cultural, a cargo de los seres humanos, como un principio de supervivencia tanto individual como colectiva. Julian Huxley escribió: “Se han definido la responsabilidad y el destino del hombre, considerándolo como un agente, para el resto del mundo, en la tarea de realizar sus potencialidades inherentes tan completamente como sea posible".
"Es como si el hombre hubiese sido designado, de repente, director general de la más grande de todas las empresas, la empresa de la evolución, y designado sin preguntarle si necesitaba ese puesto, y sin aviso ni preparación de ninguna clase. Más aun: no puede rechazar ese puesto. Precíselo o no, conozca o no lo que está haciendo, el hecho es que está determinando la futura orientación de la evolución en este mundo. Este es su destino, al que no puede escapar, y cuánto más pronto se dé cuenta de ello y empiece a creer en ello, mejor para todos los interesados” (De “Nuevos odres para el vino nuevo”-Editorial Hermes-Buenos Aires 1959).
Mientras que la evolución biológica se desarrolla, muy lentamente, en base a variaciones genéticas y posterior selección natural, la evolución cultural se desarrolla en base a la herencia de información lograda por las generaciones anteriores, previamente seleccionada, aunque no siempre a favor de mayores niveles de adaptación. Friedrich A. Hayek escribió: "En lo que respecta a la evolución cultural, los caracteres transmitidos giran en torno a ciertas normas susceptibles de facilitar la colaboración enre los diferentes actores, normas que el ser humano no recibe por vía genética sino a través de un proceso de aprendizaje. Recurriendo a la terminología actual en el campo de la biología, cabe afirmar que la evolución cultural imita al lamarckismo".
"Los procesos de evolución biológica y cultural comportan algunas otras características. Uno y otro están regidos, por ejemplo, por un mismo tipo de selección: la supervivencia de los más eficaces en el aspecto reproductivo. Esencialmente, la diversificación, la adaptación y la competencia son procesos de especie similar, cualquiera que sean sus concretos mecanismos, especialmente en lo que atañe a los procesos de propagación. Ahora bien, la competencia no sólo constituye la piedra angular de la evolución pasada, sino que es igualmentte imprescindible para que los logros ya alcanzados no inicien procesos de regresión".
"La civilización depende de un elaborado sistema de normas de conducta que no son fruto de una deliberada construcción racional, sino que se han ido desarrollando espontáneamente mediante un proceso de selección evolutiva que desborda cualquier arrogante pretensión de la razón" (De "La fatal arrogancia"-Unión Ediorial SA-Madrid 2020).
Si bien es posible considerar el bien y el mal individual en base a las componentes emocionales de las actitudes humanas, a nivel de la humanidad puede decirse que el bien ha de estar asociado a todo lo que promueva mejoras adaptativas en base a la evolución cultural, mientras que el mal ha de ser todo lo que promueva regresiones inherentes a tal proceso.
Entre las innovaciones culturales que promovieron mayores niveles de adaptación, pueden mencionarse principalmente las que favorecieron el surgimiento de la religión moral, en reemplazo de los diversos paganismos. Mientras que los paganismos, junto a las religiones morales paganizadas, suponen la existencia de un dios o de varios dioses que favorecen a los seres humanos en respuesta a homenajes, pedidos y ofrendas, la religión moral sostiene que un Dios o varios dioses esperan de cada ser humano un comportamiento regido principalmente por la empatía emocional.
El judaísmo es la religión que inaugura el monoteísmo, pero principalmente inaugura la religión moral, que ha de promover las bases de la civilización humana. También en Roma, en épocas de la monarquía, surge una propuesta de religión moral debida a Numa Pompilio, que será influyente en la posterior república y también durante el imperio. De ahí que la aceptación del cristianismo no sólo se debió a la compatibilidad con el estoicismo reinante en Roma, sino también con la antigua religión romana.
Conversación en el Modo IA:
Ante la preguna: ¿Puede considerarse a Numa Pompilio como un precursor de la religión moral?
Se recibe como respuesta:
Sí, Numa Pompilio puede considerarse un precursor fundamental de la religión moral y civil en el mundo antiguo. Mientras que su predecesor Rómulo fundó Roma mediante las armas y la fuerza, la tradición histórica y mitológica posiciona al sabio sabino Numa Pompilio (715–673 a. C.) como el legislador que utilizó la fe no sólo para el culto, sino como la principal herramienta de cohesión social, justicia y control de las costumbres.
A continuación se detallan los argumentos clave de por qué cumple este rol:
1. Institucionalización de la Religión Civil y Moral
Sustitución de la violencia por el temor divino: Numa encontró una Roma habitada por soldados feroces. Al introducir advertencias de los dioses y castigos divinos, logró civilizar a la población apelando a la conciencia moral individual y colectiva, restando protagonismo al poder militar.
El concepto de Pietas: Bajo su guía, la devoción (pietas) dejó de ser sólo un ritual de sacrificios para convertirse en un deber moral hacia la comunidad, la familia y el Estado, sentando las bases éticas del ciudadano romano.
2. Creación de una Estructura Ética a través de los Cultos
El culto a Fides (la Buena Fe): Numa instituyó el culto oficial a la personificación de la fidelidad y la palabra empeñada. Con esto, elevó el cumplimiento de las promesas y los contratos a la categoría de obligación sagrada, lo cual constituyó una enorme reforma moral para el comercio y las relaciones jurídicas de la época.
El Templo de Jano: Este templo regulaba el estado de paz y guerra de la ciudad. Al mantenerlo cerrado durante todo su reinado, educó moralmente al pueblo en la idea de que la convivencia armónica y la diplomacia son preferibles a la agresión armada.
3. Vínculo entre Ley Jurídica y Mandato Sagrado
Leyes divinas para el comportamiento civil: Sus leyes buscaron armonizar la conducta de los ciudadanos con el orden del cosmos. Esto incluyó la limitación de la venta de hijos como esclavos si estaban casados, la prohibición de la violencia injustificada y la delimitación de las fronteras de la propiedad privada protegidas por el dios Término.
Maquiavelo y la religión como orden social: Siglos más tarde, pensadores políticos como Nicolás Maquiavelo en sus «Discursos sobre la primera década de Tito Livio» destacaron que la introducción de la religión por parte de Numa fue lo que verdaderamente permitió la obediencia civil y la grandeza moral duradera de Roma, incluso por encima de las conquistas de Rómulo.
Si te interesa profundizar en el impacto histórico de este monarca, podemos explorar cómo influyeron sus leyes en el posterior Derecho Romano o analizar el mito de la ninfa Egeria como su fuente de inspiración ética.
"Es como si el hombre hubiese sido designado, de repente, director general de la más grande de todas las empresas, la empresa de la evolución, y designado sin preguntarle si necesitaba ese puesto, y sin aviso ni preparación de ninguna clase. Más aun: no puede rechazar ese puesto. Precíselo o no, conozca o no lo que está haciendo, el hecho es que está determinando la futura orientación de la evolución en este mundo. Este es su destino, al que no puede escapar, y cuánto más pronto se dé cuenta de ello y empiece a creer en ello, mejor para todos los interesados” (De “Nuevos odres para el vino nuevo”-Editorial Hermes-Buenos Aires 1959).
Mientras que la evolución biológica se desarrolla, muy lentamente, en base a variaciones genéticas y posterior selección natural, la evolución cultural se desarrolla en base a la herencia de información lograda por las generaciones anteriores, previamente seleccionada, aunque no siempre a favor de mayores niveles de adaptación. Friedrich A. Hayek escribió: "En lo que respecta a la evolución cultural, los caracteres transmitidos giran en torno a ciertas normas susceptibles de facilitar la colaboración enre los diferentes actores, normas que el ser humano no recibe por vía genética sino a través de un proceso de aprendizaje. Recurriendo a la terminología actual en el campo de la biología, cabe afirmar que la evolución cultural imita al lamarckismo".
"Los procesos de evolución biológica y cultural comportan algunas otras características. Uno y otro están regidos, por ejemplo, por un mismo tipo de selección: la supervivencia de los más eficaces en el aspecto reproductivo. Esencialmente, la diversificación, la adaptación y la competencia son procesos de especie similar, cualquiera que sean sus concretos mecanismos, especialmente en lo que atañe a los procesos de propagación. Ahora bien, la competencia no sólo constituye la piedra angular de la evolución pasada, sino que es igualmentte imprescindible para que los logros ya alcanzados no inicien procesos de regresión".
"La civilización depende de un elaborado sistema de normas de conducta que no son fruto de una deliberada construcción racional, sino que se han ido desarrollando espontáneamente mediante un proceso de selección evolutiva que desborda cualquier arrogante pretensión de la razón" (De "La fatal arrogancia"-Unión Ediorial SA-Madrid 2020).
Si bien es posible considerar el bien y el mal individual en base a las componentes emocionales de las actitudes humanas, a nivel de la humanidad puede decirse que el bien ha de estar asociado a todo lo que promueva mejoras adaptativas en base a la evolución cultural, mientras que el mal ha de ser todo lo que promueva regresiones inherentes a tal proceso.
Entre las innovaciones culturales que promovieron mayores niveles de adaptación, pueden mencionarse principalmente las que favorecieron el surgimiento de la religión moral, en reemplazo de los diversos paganismos. Mientras que los paganismos, junto a las religiones morales paganizadas, suponen la existencia de un dios o de varios dioses que favorecen a los seres humanos en respuesta a homenajes, pedidos y ofrendas, la religión moral sostiene que un Dios o varios dioses esperan de cada ser humano un comportamiento regido principalmente por la empatía emocional.
El judaísmo es la religión que inaugura el monoteísmo, pero principalmente inaugura la religión moral, que ha de promover las bases de la civilización humana. También en Roma, en épocas de la monarquía, surge una propuesta de religión moral debida a Numa Pompilio, que será influyente en la posterior república y también durante el imperio. De ahí que la aceptación del cristianismo no sólo se debió a la compatibilidad con el estoicismo reinante en Roma, sino también con la antigua religión romana.
Conversación en el Modo IA:
Ante la preguna: ¿Puede considerarse a Numa Pompilio como un precursor de la religión moral?
Se recibe como respuesta:
Sí, Numa Pompilio puede considerarse un precursor fundamental de la religión moral y civil en el mundo antiguo. Mientras que su predecesor Rómulo fundó Roma mediante las armas y la fuerza, la tradición histórica y mitológica posiciona al sabio sabino Numa Pompilio (715–673 a. C.) como el legislador que utilizó la fe no sólo para el culto, sino como la principal herramienta de cohesión social, justicia y control de las costumbres.
A continuación se detallan los argumentos clave de por qué cumple este rol:
1. Institucionalización de la Religión Civil y Moral
Sustitución de la violencia por el temor divino: Numa encontró una Roma habitada por soldados feroces. Al introducir advertencias de los dioses y castigos divinos, logró civilizar a la población apelando a la conciencia moral individual y colectiva, restando protagonismo al poder militar.
El concepto de Pietas: Bajo su guía, la devoción (pietas) dejó de ser sólo un ritual de sacrificios para convertirse en un deber moral hacia la comunidad, la familia y el Estado, sentando las bases éticas del ciudadano romano.
2. Creación de una Estructura Ética a través de los Cultos
El culto a Fides (la Buena Fe): Numa instituyó el culto oficial a la personificación de la fidelidad y la palabra empeñada. Con esto, elevó el cumplimiento de las promesas y los contratos a la categoría de obligación sagrada, lo cual constituyó una enorme reforma moral para el comercio y las relaciones jurídicas de la época.
El Templo de Jano: Este templo regulaba el estado de paz y guerra de la ciudad. Al mantenerlo cerrado durante todo su reinado, educó moralmente al pueblo en la idea de que la convivencia armónica y la diplomacia son preferibles a la agresión armada.
3. Vínculo entre Ley Jurídica y Mandato Sagrado
Leyes divinas para el comportamiento civil: Sus leyes buscaron armonizar la conducta de los ciudadanos con el orden del cosmos. Esto incluyó la limitación de la venta de hijos como esclavos si estaban casados, la prohibición de la violencia injustificada y la delimitación de las fronteras de la propiedad privada protegidas por el dios Término.
Maquiavelo y la religión como orden social: Siglos más tarde, pensadores políticos como Nicolás Maquiavelo en sus «Discursos sobre la primera década de Tito Livio» destacaron que la introducción de la religión por parte de Numa fue lo que verdaderamente permitió la obediencia civil y la grandeza moral duradera de Roma, incluso por encima de las conquistas de Rómulo.
Si te interesa profundizar en el impacto histórico de este monarca, podemos explorar cómo influyeron sus leyes en el posterior Derecho Romano o analizar el mito de la ninfa Egeria como su fuente de inspiración ética.
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