A continuación se presenta un extracto de un video publicado en youtube, titulado "La Escuela de Frankfurt: Cómo 6 hombres cambiaron occidente para siempre". Se recomienda su reproducción:
Seis intelectuales marxistas se reúnen en 1923 en un instituto recién formado financiado con dinero de un millonario comunista. La función es comprender por qué la revolución proletaria fracasó en la mayoría de los países de Occidente y diseñar una estrategia alternativa para lograrlo.
Un siglo después dominan las universidades de todo el mundo Occidental. Controlan el lenguaje de los medios de comunicación, dictan las políticas culturales de los gobiernos y lo más importante determinan qué puedes decir sin ser cancelado.
¿Cómo lo lograron? No con revolución violenta. No tomaron el poder político, hicieron algo mucho más efectivo: capturaron la cultura. Lo hicieron con una estrategia tan precisa que hoy puedes rastrearla paso a paso, nombre por nombre, texto por texto. El wokismo es una de las consecuencias actuales de la ideología promovida.
Los seis intelectuales de Frankfurt que cambiaron Occidente para siempre y las ideas específicas que aportó cada uno, son los siguientes: Max Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse, Erich Fromm, Wilhelm Reich y Walter Benjamin.
Dejaron de hablar de economía, de proletariado y burguesía; en su lugar hicieron algo que Lenin nunca habría imaginado: fusionar Marx con Freud. Combinaron crítica económica con psicoanálisis, y llegaron a una conclusión revolucionaria: el capitalismo no sólo explota económicamente a la clase trabajadora, la domina culturalmente. La familia tradicional, la moral sexual, la religión, la educación, el arte; todas estas instituciones culturales funcionan como mecanismos de dominación psicológica que hacen que el trabajador acepte su explotación como natural.
Y acá está el giro que cambió todo. Si el problema es cultural, la solución debe ser también cultural. No se necesita una revolución económica violenta, se necesita una revolución cultural gradual. Se necesita capturar las instituciones culturales, universidades, medios, arte, educación, y desde ahí transformar la conciencia de Occidente.
Antonio Gramsci, marxista italiano, encarcelado por Mussolini, lo había visto primero. Llamó a esto «hegemonía cultural». La Escuela de Frankfurt convirtió la intuición de Gramsci en estrategia operativa. Pero había un problema. En 1933, Hitler sube al poder. El instituto se cierra. Los seis son judíos y deben abandonar Alemania, instalándose todos ellos en EEUU.
El instituto abre en Nueva York. amparado por la Universidad de Columbia. Horkheimer y Adorno refinan su arma más poderosa: la Teoría crítica. Es un método diseñado para criticar cada aspecto de la sociedad occidental sin proponer alternativa constructiva alguna ni posibles soluciones. Sólo señala opresión, dominación, injusticia, real o imaginada, observada en cada institución. Cada norma, cada tradición. Roger Scruton lo vio claro, no es filosofía, es destrucción disfrazada de análisis.
Horkheimer y Adorno publican «Dialéctica de la Ilustración». Esta es la base de todo lo que viene después. Su argumento central: la Ilustración, la razón, la ciencia, el progreso, no liberaron a la población, sino que la esclavizaron. La razón es una forma sofisticada de dominación. La ironía trágica es que estos refugiados de un totalitarismo consideran que la razón es totalitaria. Huyeron de un totalitarismo y dedicaron sus vidas a establecer uno de mayores alcances ya que crearon una ideología que destruiría la libertad occidental desde dentro.
Marcuse escribe «Eros y civilización» en el cual se fusiona a Marx y Freud de forma fundamental. Su argumento: la represión sexual es la base del capitalismo. La familia tradicional, la moral sexual cristiana, la monogamia, todo esto existe para reprimir los instintos naturales del ser humano y convertirlo en trabajador productivo obediente. Su solución: liberación sexual total. Destruir la familia, normalizar toda expresión sexual, sólo así el ser humano puede liberarse del capitalismo. Toda la liberación sexual de los años 60, la ideología de género actual y todo ataque a la familia tradicional, provienen de esta postura.
Erich Fromm aduce que el capitalismo produce una personalidad fascista. Cualquiera que defienda autoridad, jerarquía, tradición, es potencialmente fascista. Esta idea justifica el ataque permanente a toda estructura social tradicional. Wilhelm Reich, el más radical sexualmente, argumenta que el orgasmo es revolucionario, que la represión sexual causa fascismo, que la familia monógama es la célula del Estado fascista. Suena absurdo pero fue increíblemente influyente en la contracultura de los años 60.
Walter Benjamin se asocia al marxismo estético. Argumenta que el arte tradicional es elitista y debe destruirse. El arte debe ser reproducción masiva, política, activista. De aquí viene todo el arte contemporáneo basura que ves en museos y aquí está la jugada maestra: no atacaron al capitalismo directamente.
Marcuse no acude al proletariado para impulsar la revolución, sino a todas las minorías que se sienten oprimidas, en cualquier ámbito de la sociedad. Así, crean minorías oprimidas nuevas como las que provienen de la raza, género, sexo, y les enseñan a ver opresión en cada aspecto de la sociedad. Esta es la estrategia del wokismo actual. El victimismo es visto como una virtud.
miércoles, 4 de marzo de 2026
martes, 3 de marzo de 2026
El espíritu de Occidente
Si tuviésemos que resumir en breves palabras lo que implica "el espíritu de Occidente", podríamos decir que se trata de una actitud generalizada por la cual se busca simultáneamente la libertad y la igualdad entre seres humanos. Así, si se intenta compartir penas y alegrías ajenas como propias, logramos la sensación de igualdad, ya que tanto el sufrimiento como la felicidad ajenos serán nuestros propios sufrimientos y nuestra propia felicidad. .
Si consideramos que la libertad, respecto de los demás seres humanos, implica no ser gobernados mental o materialmente por alguno de ellos, se deduce fácilmente que tal posible gobierno deja de tener sentido si previamente hemos adoptado la actitud que nos conduce a la igualdad, en el sentido indicado. Como la actitud por la cual tenemos la predisposición a compartir penas y alegrías ajenas no es otra cosa que el "Amarás al prójimo como a ti mismo", podemos materializar en la ética bíblica al "espíritu de Occidente".
Respecto del tema tratado, Jorge Luis García Venturini escribió: "Se debe especialmente a Arnold Toynbee la paternidad y la difusión de la expresión «Occidental y Cristiano» para designar a la civilización de la que formamos parte".
"Es indudable que, para hablar de manera genérica y por sobre las subdivisiones que se puedan hacer, en Oriente se vive hoy de acuerdo a pautas occidentales. Desde las doctrinas políticas y filosóficas hasta la arquitectura, las modas, las artes, la ciencia, la técnica, son todas manifestaciones occidentales, importadas de Occidente".
"He preferido la expresión «Espíritu de Occidente» a «Civilización Occidental y Cristiana» pues esta última da la sensación de algo más cerrado, con un área geográfica determinada. Eso fue así en un momento dado, pero ahora ya no. Por lo tanto estimo más adecuado hablar de «Espíritu de Occidente» para mencionar esa fuerza espiritual, esa inspiración que, si bien tiene por cuna y principal trayectoria el área conocida como occidental y cristiana, va más allá de sus naturales fronteras geográficas y culturales para poder encarnarse e inspirar áreas del Este, como también ha podido eclipsarse en áreas del Oeste".
"El espíritu de Occidente es una concepción del hombre con su libertad antropológica, su libertad psicológica, y su libertad cívico política. Todo esto está mucho más allá de la política. Espíritu de Occidente es también la creación científica -en Oriente jamás hubo ciencia, y la que ahora hay es producto de importación. La ciencia es una creación de Occidente, como lo es el uso de la razón y la ciudad de la ley. Es decir que la historia no es un hecho fatal como lo creían los antiguos orientales o como lo cree actualmente el marxismo a través de las leyes dialécticas. La historia es creación libre del hombre".
"La nuestra es la primera civilización que se caracteriza por constituir una sociedad abierta y plural desde el comienzo. Esa sociedad en cuyo seno, como decía Ortega y Gasset, se ha descubierto el derecho a disentir, a discrepar. Y al discrepar la sociedad se pluraliza. Yo puedo pensar de un modo diferente a la manera de pensar del príncipe de turno, cosa que no podía hacer un egipcio, que no podía hacer un chino, ni un japonés, respecto de su faraón o de sus emperadores" (Extractos de "¿De qué República hablamos?"-Revista Somos-Editorial Atlántica SA-Buenos Aires 1981).
Puede decirse que el espíritu de Occidente, materializado en una actitud definida, resulta independiente del grado de aceptación que pueda tener. Resulta evidente que en la actualidad tal espíritu tiende a ser rechazado en los países occidentales, como es el caso de Europa, continente que rechaza al cristianismo mientras se adhiere al Islam, que promueve una actitud totalmente opuesta al espíritu de Occidente.
Si consideramos que la libertad, respecto de los demás seres humanos, implica no ser gobernados mental o materialmente por alguno de ellos, se deduce fácilmente que tal posible gobierno deja de tener sentido si previamente hemos adoptado la actitud que nos conduce a la igualdad, en el sentido indicado. Como la actitud por la cual tenemos la predisposición a compartir penas y alegrías ajenas no es otra cosa que el "Amarás al prójimo como a ti mismo", podemos materializar en la ética bíblica al "espíritu de Occidente".
Respecto del tema tratado, Jorge Luis García Venturini escribió: "Se debe especialmente a Arnold Toynbee la paternidad y la difusión de la expresión «Occidental y Cristiano» para designar a la civilización de la que formamos parte".
"Es indudable que, para hablar de manera genérica y por sobre las subdivisiones que se puedan hacer, en Oriente se vive hoy de acuerdo a pautas occidentales. Desde las doctrinas políticas y filosóficas hasta la arquitectura, las modas, las artes, la ciencia, la técnica, son todas manifestaciones occidentales, importadas de Occidente".
"He preferido la expresión «Espíritu de Occidente» a «Civilización Occidental y Cristiana» pues esta última da la sensación de algo más cerrado, con un área geográfica determinada. Eso fue así en un momento dado, pero ahora ya no. Por lo tanto estimo más adecuado hablar de «Espíritu de Occidente» para mencionar esa fuerza espiritual, esa inspiración que, si bien tiene por cuna y principal trayectoria el área conocida como occidental y cristiana, va más allá de sus naturales fronteras geográficas y culturales para poder encarnarse e inspirar áreas del Este, como también ha podido eclipsarse en áreas del Oeste".
"El espíritu de Occidente es una concepción del hombre con su libertad antropológica, su libertad psicológica, y su libertad cívico política. Todo esto está mucho más allá de la política. Espíritu de Occidente es también la creación científica -en Oriente jamás hubo ciencia, y la que ahora hay es producto de importación. La ciencia es una creación de Occidente, como lo es el uso de la razón y la ciudad de la ley. Es decir que la historia no es un hecho fatal como lo creían los antiguos orientales o como lo cree actualmente el marxismo a través de las leyes dialécticas. La historia es creación libre del hombre".
"La nuestra es la primera civilización que se caracteriza por constituir una sociedad abierta y plural desde el comienzo. Esa sociedad en cuyo seno, como decía Ortega y Gasset, se ha descubierto el derecho a disentir, a discrepar. Y al discrepar la sociedad se pluraliza. Yo puedo pensar de un modo diferente a la manera de pensar del príncipe de turno, cosa que no podía hacer un egipcio, que no podía hacer un chino, ni un japonés, respecto de su faraón o de sus emperadores" (Extractos de "¿De qué República hablamos?"-Revista Somos-Editorial Atlántica SA-Buenos Aires 1981).
Puede decirse que el espíritu de Occidente, materializado en una actitud definida, resulta independiente del grado de aceptación que pueda tener. Resulta evidente que en la actualidad tal espíritu tiende a ser rechazado en los países occidentales, como es el caso de Europa, continente que rechaza al cristianismo mientras se adhiere al Islam, que promueve una actitud totalmente opuesta al espíritu de Occidente.
sábado, 28 de febrero de 2026
Aperturas al relativismo
La forma más eficaz para destruir una sociedad, o incluso a la humanidad, consiste en proclamar la validez conjunta del relativismo moral, del cognitivo y del cultural. Si no existe una moral objetiva, de validez planetaria, deberíamos dejar de lado toda una rama del conocimiento humano, como es la ética. De ahí que, al predominar este relativismo, las religiones bíblicas se asemejan a un alfil que se mueve por casillas blancas mientras que el final de la partida de ajedrez se realiza por casillas negras. Se establece una postura en la que "vale todo" mientras que no existe una orientación individual respecto de la actitud a adoptar frente al resto de la sociedad.
Si no existe una verdad objetiva, respecto a algún aspecto de la realidad, nadie debería molestarse por buscar tal verdad, permitiendo la entrada de charlatanes que desplazan en importancia a los científicos que describen las leyes naturales en forma eficaz. Un ejemplo de los efectos destructivos del relativismo cognitivo es la existencia de los seguidores de la "teoría" de la tierra plana, que posiblemente llegue a un 20% de la población, al menos según lo que puede observarse en las redes sociales de Internet.
El relativismo cultural, cuya eficacia destructiva se puede observar actualmente en una Europa multiculturalista, que acepta mayoritariamente una "religión" que promueve una guerra contra los infieles, incluso aceptando asesinatos, mientras rechaza, y hasta prohíbe, una religión que promueve compartir las penas y las alegrías ajenas como propias, tal la ética cristiana.
La entronización de los diversos relativismos se ha ido estableciendo a partir de filósofos que, amparados en la oscuridad de un palabrerío casi hueco, han ido instalando poco a poco la posibilidad de una aceptación generalizada de los relativismos mencionados. Puede decirse que los absolutismos son propuestos desde la modernidad mientras que los relativismos provienen de las reacciones contra dicha etapa civilizatoria.
Es deseable disponer de un terreno firme para poder construir un gran edificio; en forma similar, para la construcción del edificio de la ciencia, es deseable disponer de un marco firme y estable, tal el vislumbrado por el Iluminismo, o la Ilustración, movimiento intelectual y científico al cual se asocia la modernidad. Entre sus propuestas se destacan la confianza en la razón, el rechazo al mito, la investigación libre, el naturalismo, el cientificismo, el utilitarismo, el respeto por la tecnología, el universalismo, el individualismo y el modernismo junto a la confianza en el futuro, según la opinión de Mario Bunge (en “La relación entre la sociología y la filosofía”-Editorial EDAF SA-Madrid 2000). El desarrollo posterior de la ciencia fue promovido por la actitud modernista, sin embargo, a partir de mediados del siglo XX, aparece un rechazo a sus lineamientos básicos que consiste, principalmente, en el distanciamiento de los estudios sociales respecto de los conceptos iluministas, dando origen a lo que algunos autores denominan la posmodernidad.
Los tres campos de discusión se asocian principalmente a la ciencia, la ética y el arte, que admiten un carácter objetivo, desde el punto de vista de la modernidad, mientras que para la posmodernidad todos ellos resultan ser esencialmente subjetivos, de ahí la incompatibilidad de ambas visiones de la realidad. Juan José Sebreli expresó: "A los posmodernos yo los defino como premodernos, ya que atacan a la sociedad actual y reivindican sociedades anteriores".
"Por ejemplo, los ecologistas extremos reivindican una vuelta a la sociedad rural idílica, que es una utopía. Y en el plano filosófico, reivindican filosofías irracionalistas como las de Nietzsche o Heidegger. Los posmodernos se inspiran en una vieja tradición que empieza desde que surge la modernidad. Porque en realidad, siempre que surge una corriente, surge su corriente opuesta. Cuando surge la modernidad en Occidente, en el siglo XVIII, contemporáneamente surge la antimodernidad, que es el romanticismo".
"Por eso yo digo que la fuente del posmodernismo es el romanticismo, en contra del racionalismo de la sociedad industrial y de todo lo que significa la modernidad. Creo que la única manera de criticar las certezas equivocadas del racionalismo es mediante la razón. El posmodernismo reivindica creencias, intuiciones y formas de conocimiento que no son racionales".
"La ciencia moderna, tan combatida, es la que se plantea permanentemente la autocrítica; no veo que las sectas, los movimientos esotéricos y el ocultismo lo hagan. Con respecto a los pensadores posmodernos, creo que Michel Foucault y Jacques Derrida son enemigos de la razón. Foucault reivindica abiertamente el absurdo, la irracionalidad, basándose en pensadores que son muy antiguos, como Nietzsche. Es decir, no es que yo no crea qu no haya que superar la modernidad, pero los llamados posmodernos en realidad quieren volver atrás. Lo que hay que criticarle a la sociedad moderna es que no haya cumplido totalmente sus objetivos, y a veces que los haya traicionado" (De "Voces de la cultura argentina" de Cristina Mucci-El Ateneo-Buenos Aires 1997).
Roger Scruton describe la estrategia de Jacques Derrida, uno de los promotores del anti-occidentalismo: "Primero, identificar el blanco, que es la cultura occidental como tal, es decir, la suma total de los artefactos a través de los cuales la cristiandad formó y administró al mundo humano. Lo segundo, identificar una falla en esta cultura: la falla es el «logocentrismo», lo que significa dos cosas: privilegiar lo hablado sobre lo escrito, y, más importante, creer que el mundo es realmente como lo describen nuestros conceptos. Luego, minar esa falla hasta que todo lo que se construyó sobre ella se derrumbe" (De "Filosofía moderna"-Editorial Cuatro Vientos-Santiago de Chile 1999).
Los relativismos implican una debilidad social, incluso individual, que favorece el acceso al poder de los populismos y los totalitarismos. Así, Viktor Frankl estima que la ausencia de sentido de la vida es una de las principales causas de sufrimiento moral, por lo que la imposibilidad de buscar el bien, la verdad y la belleza, valores inexistentes para los relativistas, le niega al individuo desorientado la posibilidad de adaptarse al orden natural y a la sociedad. Incluso se llega así al extremo de aceptar los totalitarismos que ofrecen, aparentemente, sentidos de la vida en "gran diversidad y cantidad". Scruton escribió: "Uno de los hechos extraordinarios de las filosofías de la liberación es que no pueden decir nada coherente respecto de las metas. De hecho, hay una especie de risueño paradoxismo que acompaña sus afirmaciones de convicción. Ya sea si se expresan en el lenguaje abstracto de la Revolución Francesa, o en la visión contradictoria de un compromiso hacia algo cuyo valor no puede describirse, el resultado es el mismo: una especie de vacío, una lucha para destruir en nombre de «Nada»".
"No hay un solo partidario de la liberación que se haya preocupado de explicarnos en términos concretos en qué consiste su ideal: nos dicen que debemos liberarnos de la ley, de las instituciones y de los consejos, pero no del para qué hacerlo. La Voluntad General de Rousseau, el Pueblo de Robespierre, la comuna de Marx, el fascio de los anarquistas italianos, el groupe en fusion de Sartre: todos expresan la misma idea contradictoria sobre una sociedad libre, sin leyes ni instituciones, en la cual la gente se agrupa espontáneamente en glóbulos afirmadores-de-la-vida, a pesar de que hay siglos que prueban que los seres humanos no son capaces de lograrlo".
"La meta es una «sociedad sin obediencia», una «unidad en desobediencia» donde no se conocen el conflicto, la competencia y la subordinación. En la búsqueda de este fantasma contradictorio, los «liberadores» han ensayado derribar las instituciones actuales, desarraigar las relaciones entre la gente, destruir todo lo que sólo se negocia, compromete o semiconvence. En aras de una libertad trascendental que no puede alcanzarse, se cancela la verdadera referencia a lo trascendental que está presente en las formas humildes de la vida humana. Esta idolatrada libertad destruye las relaciones humanas al medir a los hombres con el estándar que no pueden alcanzar".
Si no existe una verdad objetiva, respecto a algún aspecto de la realidad, nadie debería molestarse por buscar tal verdad, permitiendo la entrada de charlatanes que desplazan en importancia a los científicos que describen las leyes naturales en forma eficaz. Un ejemplo de los efectos destructivos del relativismo cognitivo es la existencia de los seguidores de la "teoría" de la tierra plana, que posiblemente llegue a un 20% de la población, al menos según lo que puede observarse en las redes sociales de Internet.
El relativismo cultural, cuya eficacia destructiva se puede observar actualmente en una Europa multiculturalista, que acepta mayoritariamente una "religión" que promueve una guerra contra los infieles, incluso aceptando asesinatos, mientras rechaza, y hasta prohíbe, una religión que promueve compartir las penas y las alegrías ajenas como propias, tal la ética cristiana.
La entronización de los diversos relativismos se ha ido estableciendo a partir de filósofos que, amparados en la oscuridad de un palabrerío casi hueco, han ido instalando poco a poco la posibilidad de una aceptación generalizada de los relativismos mencionados. Puede decirse que los absolutismos son propuestos desde la modernidad mientras que los relativismos provienen de las reacciones contra dicha etapa civilizatoria.
Es deseable disponer de un terreno firme para poder construir un gran edificio; en forma similar, para la construcción del edificio de la ciencia, es deseable disponer de un marco firme y estable, tal el vislumbrado por el Iluminismo, o la Ilustración, movimiento intelectual y científico al cual se asocia la modernidad. Entre sus propuestas se destacan la confianza en la razón, el rechazo al mito, la investigación libre, el naturalismo, el cientificismo, el utilitarismo, el respeto por la tecnología, el universalismo, el individualismo y el modernismo junto a la confianza en el futuro, según la opinión de Mario Bunge (en “La relación entre la sociología y la filosofía”-Editorial EDAF SA-Madrid 2000). El desarrollo posterior de la ciencia fue promovido por la actitud modernista, sin embargo, a partir de mediados del siglo XX, aparece un rechazo a sus lineamientos básicos que consiste, principalmente, en el distanciamiento de los estudios sociales respecto de los conceptos iluministas, dando origen a lo que algunos autores denominan la posmodernidad.
Los tres campos de discusión se asocian principalmente a la ciencia, la ética y el arte, que admiten un carácter objetivo, desde el punto de vista de la modernidad, mientras que para la posmodernidad todos ellos resultan ser esencialmente subjetivos, de ahí la incompatibilidad de ambas visiones de la realidad. Juan José Sebreli expresó: "A los posmodernos yo los defino como premodernos, ya que atacan a la sociedad actual y reivindican sociedades anteriores".
"Por ejemplo, los ecologistas extremos reivindican una vuelta a la sociedad rural idílica, que es una utopía. Y en el plano filosófico, reivindican filosofías irracionalistas como las de Nietzsche o Heidegger. Los posmodernos se inspiran en una vieja tradición que empieza desde que surge la modernidad. Porque en realidad, siempre que surge una corriente, surge su corriente opuesta. Cuando surge la modernidad en Occidente, en el siglo XVIII, contemporáneamente surge la antimodernidad, que es el romanticismo".
"Por eso yo digo que la fuente del posmodernismo es el romanticismo, en contra del racionalismo de la sociedad industrial y de todo lo que significa la modernidad. Creo que la única manera de criticar las certezas equivocadas del racionalismo es mediante la razón. El posmodernismo reivindica creencias, intuiciones y formas de conocimiento que no son racionales".
"La ciencia moderna, tan combatida, es la que se plantea permanentemente la autocrítica; no veo que las sectas, los movimientos esotéricos y el ocultismo lo hagan. Con respecto a los pensadores posmodernos, creo que Michel Foucault y Jacques Derrida son enemigos de la razón. Foucault reivindica abiertamente el absurdo, la irracionalidad, basándose en pensadores que son muy antiguos, como Nietzsche. Es decir, no es que yo no crea qu no haya que superar la modernidad, pero los llamados posmodernos en realidad quieren volver atrás. Lo que hay que criticarle a la sociedad moderna es que no haya cumplido totalmente sus objetivos, y a veces que los haya traicionado" (De "Voces de la cultura argentina" de Cristina Mucci-El Ateneo-Buenos Aires 1997).
Roger Scruton describe la estrategia de Jacques Derrida, uno de los promotores del anti-occidentalismo: "Primero, identificar el blanco, que es la cultura occidental como tal, es decir, la suma total de los artefactos a través de los cuales la cristiandad formó y administró al mundo humano. Lo segundo, identificar una falla en esta cultura: la falla es el «logocentrismo», lo que significa dos cosas: privilegiar lo hablado sobre lo escrito, y, más importante, creer que el mundo es realmente como lo describen nuestros conceptos. Luego, minar esa falla hasta que todo lo que se construyó sobre ella se derrumbe" (De "Filosofía moderna"-Editorial Cuatro Vientos-Santiago de Chile 1999).
Los relativismos implican una debilidad social, incluso individual, que favorece el acceso al poder de los populismos y los totalitarismos. Así, Viktor Frankl estima que la ausencia de sentido de la vida es una de las principales causas de sufrimiento moral, por lo que la imposibilidad de buscar el bien, la verdad y la belleza, valores inexistentes para los relativistas, le niega al individuo desorientado la posibilidad de adaptarse al orden natural y a la sociedad. Incluso se llega así al extremo de aceptar los totalitarismos que ofrecen, aparentemente, sentidos de la vida en "gran diversidad y cantidad". Scruton escribió: "Uno de los hechos extraordinarios de las filosofías de la liberación es que no pueden decir nada coherente respecto de las metas. De hecho, hay una especie de risueño paradoxismo que acompaña sus afirmaciones de convicción. Ya sea si se expresan en el lenguaje abstracto de la Revolución Francesa, o en la visión contradictoria de un compromiso hacia algo cuyo valor no puede describirse, el resultado es el mismo: una especie de vacío, una lucha para destruir en nombre de «Nada»".
"No hay un solo partidario de la liberación que se haya preocupado de explicarnos en términos concretos en qué consiste su ideal: nos dicen que debemos liberarnos de la ley, de las instituciones y de los consejos, pero no del para qué hacerlo. La Voluntad General de Rousseau, el Pueblo de Robespierre, la comuna de Marx, el fascio de los anarquistas italianos, el groupe en fusion de Sartre: todos expresan la misma idea contradictoria sobre una sociedad libre, sin leyes ni instituciones, en la cual la gente se agrupa espontáneamente en glóbulos afirmadores-de-la-vida, a pesar de que hay siglos que prueban que los seres humanos no son capaces de lograrlo".
"La meta es una «sociedad sin obediencia», una «unidad en desobediencia» donde no se conocen el conflicto, la competencia y la subordinación. En la búsqueda de este fantasma contradictorio, los «liberadores» han ensayado derribar las instituciones actuales, desarraigar las relaciones entre la gente, destruir todo lo que sólo se negocia, compromete o semiconvence. En aras de una libertad trascendental que no puede alcanzarse, se cancela la verdadera referencia a lo trascendental que está presente en las formas humildes de la vida humana. Esta idolatrada libertad destruye las relaciones humanas al medir a los hombres con el estándar que no pueden alcanzar".
jueves, 26 de febrero de 2026
Principios occidentales modernos
En la actualidad, principalmente en Europa, existe un importante porcentaje de la población que considera oportuno relegar los principios occidentales para ser reemplazados por principios asociados al Islam. Aducen, entre otros aspectos, los graves acontecimientos ocurridos en el pasado europeo, como las dos Guerras Mundiales, por lo cual suponen que se justifica el renunciamiento a todo lo que se considera como "civilización occidental".
Esta actitud es similar a la de quienes descreen de la Biblia por cuanto han advertido serios defectos morales en personajes históricos del Antiguo Testamento, principalmente. No se tiene en cuenta que la misión de la Biblia es la conversión de pecadores en justos, por lo que la eficacia de la religión debe asociarse al éxito en este aspecto. Como se trata de libros escritos por diversos autores de distintas épocas, es natural la presencia de autores con atributos similares a personas comunes y corrientes. El cambio europeo actual apunta a adoptar una religión que apunta a la conversión de justos en pecadores, ya que, desde el punto de vista occidental, el terrorismo, el asesinato de infieles, la subestimación de las mujeres, la implantación forzada de un totalitarismo opresor, son acciones que pueden asociarse más al pecado que a la virtud.
En un reportaje de Cristina Mucci a Juan José Sebreli, la periodista inquiere: "Usted reivindica los principios occidentales modernos, se hayan o no implementado correctamente. Más allá de todos los horrores que han sucedido, los sigue considerando superiores a cualquier otro postulado o civilización".
Recibiendo como respuesta: "Por supuesto, porque estos horrores no son atribuibles a la modernidad en sí, sino a que se han violentado sus postulados. Le pongo un ejemplo: los derechos humanos. Para mí, son un valor indiscutible. ¿Quién inventó los derechos humanos? ¿Los orientales? Jamás. ¿Las civilizaciones precolombinas? No tenían la menor idea de qué se trataba. Los inventaron los occidentales; más aún, los ingleses y los franceses, dos pueblos muy concretos. Pero que tengan un origen concreto, no significa que valgan solamente para esas civilizaciones. Valen para el mundo. Y valen más allá del hecho de que quienes los crearon los hayan o no respetado".
"Porque usted podrá hablarme del avance colonial inglés, pero la forma en que se ha instrumentado no tiene nada que ver con los principios, que permanecen más allá de los abusos. Le pongo otro ejemplo. Yo creo absolutamente en la igualdad de los sexos. Los orientales no creen en la igualdad de los sexos, y los occidentales -aunque no la cumplan- fueron los primeros que levantaron la bandera de la igualdad entre los sexos. Entre los islámicos la mujer es inferior al varón, por lo tanto yo no puedo tolerar a la sociedad islámica, tengo que combatirla si es que creo que la igualdad de los sexos es un valor universal".
"El relativismo cultural que se ha impuesto en los últimos años tiene la apariencia de ser democrático. Pero es sólo una apariencia: si todo el mundo puede pensar lo que quiera y todos los valores son iguales, llegamos a aceptar injusticias muy grandes. Si yo admito que todo el mundo tiene derecho a sostener concepciones propias de su civilización, tengo que admitir, por ejemplo, que para determinadas sociedades la mujer debe seguir siendo inferior al varón".
"Yo no creo en eso. Quiero que se imponga la igualdad de los sexos, quiero que se impongan los derechos humanos, y eso es un invento de Occidente. No porque Occidente sea una raza superior, sino porque los principios surgieron allí por un cúmulo de circunstancias. Otro ejemplo: quemar vivas a las viudas era una tradición fundamental en el hinduismo, formaba parte de su esencia y sus tradiciones más ancestrales. Llega el gobierno inglés, y al que quema viudas lo mete preso".
"¿Usted a favor de quién está? Porque si respeto la cultura hindú, estoy a favor de seguir quemando viudas. El ejemplo todavía sirve para un caso todavía más actual: millones de mujeres en el África y el mundo islámico son mutiladas sexualmente. ¿Hay que aceptarlo porque está dentro de su religión? Usted podrá decirme que quienes invadieron esas culturas tampoco respetaron los derechos humanos. De acuerdo, pero que se cometan actos vandálicos no significa que la cultura occidental convalide esos actos".
"En cambio, las mutilaciones, y otras atrocidades, están convalidadas por las culturas donde se aplican. Esa es la diferencia. ¿Usted sabe por qué los españoles, que eran unos pocos, pudieron vencer a millones de indios? Simplemente porque hubo una cantidad de indígenas que se pusieron a favor del ejército español. El régimen azteca y el régimen inca eran tremendamente represivos. En los templos aztecas que hoy tanto se admiran se les sacaba el corazón a los adolescentes vivos. Esos eran los aztecas que hoy se reivindican. Yo no reivindico de ninguna manera una cultura que comete sacrificios humanos" (De "Voces de la cultura argentina" de Cristina Mucci-El Ateneo-Buenos Aires 1997).
Esta actitud es similar a la de quienes descreen de la Biblia por cuanto han advertido serios defectos morales en personajes históricos del Antiguo Testamento, principalmente. No se tiene en cuenta que la misión de la Biblia es la conversión de pecadores en justos, por lo que la eficacia de la religión debe asociarse al éxito en este aspecto. Como se trata de libros escritos por diversos autores de distintas épocas, es natural la presencia de autores con atributos similares a personas comunes y corrientes. El cambio europeo actual apunta a adoptar una religión que apunta a la conversión de justos en pecadores, ya que, desde el punto de vista occidental, el terrorismo, el asesinato de infieles, la subestimación de las mujeres, la implantación forzada de un totalitarismo opresor, son acciones que pueden asociarse más al pecado que a la virtud.
En un reportaje de Cristina Mucci a Juan José Sebreli, la periodista inquiere: "Usted reivindica los principios occidentales modernos, se hayan o no implementado correctamente. Más allá de todos los horrores que han sucedido, los sigue considerando superiores a cualquier otro postulado o civilización".
Recibiendo como respuesta: "Por supuesto, porque estos horrores no son atribuibles a la modernidad en sí, sino a que se han violentado sus postulados. Le pongo un ejemplo: los derechos humanos. Para mí, son un valor indiscutible. ¿Quién inventó los derechos humanos? ¿Los orientales? Jamás. ¿Las civilizaciones precolombinas? No tenían la menor idea de qué se trataba. Los inventaron los occidentales; más aún, los ingleses y los franceses, dos pueblos muy concretos. Pero que tengan un origen concreto, no significa que valgan solamente para esas civilizaciones. Valen para el mundo. Y valen más allá del hecho de que quienes los crearon los hayan o no respetado".
"Porque usted podrá hablarme del avance colonial inglés, pero la forma en que se ha instrumentado no tiene nada que ver con los principios, que permanecen más allá de los abusos. Le pongo otro ejemplo. Yo creo absolutamente en la igualdad de los sexos. Los orientales no creen en la igualdad de los sexos, y los occidentales -aunque no la cumplan- fueron los primeros que levantaron la bandera de la igualdad entre los sexos. Entre los islámicos la mujer es inferior al varón, por lo tanto yo no puedo tolerar a la sociedad islámica, tengo que combatirla si es que creo que la igualdad de los sexos es un valor universal".
"El relativismo cultural que se ha impuesto en los últimos años tiene la apariencia de ser democrático. Pero es sólo una apariencia: si todo el mundo puede pensar lo que quiera y todos los valores son iguales, llegamos a aceptar injusticias muy grandes. Si yo admito que todo el mundo tiene derecho a sostener concepciones propias de su civilización, tengo que admitir, por ejemplo, que para determinadas sociedades la mujer debe seguir siendo inferior al varón".
"Yo no creo en eso. Quiero que se imponga la igualdad de los sexos, quiero que se impongan los derechos humanos, y eso es un invento de Occidente. No porque Occidente sea una raza superior, sino porque los principios surgieron allí por un cúmulo de circunstancias. Otro ejemplo: quemar vivas a las viudas era una tradición fundamental en el hinduismo, formaba parte de su esencia y sus tradiciones más ancestrales. Llega el gobierno inglés, y al que quema viudas lo mete preso".
"¿Usted a favor de quién está? Porque si respeto la cultura hindú, estoy a favor de seguir quemando viudas. El ejemplo todavía sirve para un caso todavía más actual: millones de mujeres en el África y el mundo islámico son mutiladas sexualmente. ¿Hay que aceptarlo porque está dentro de su religión? Usted podrá decirme que quienes invadieron esas culturas tampoco respetaron los derechos humanos. De acuerdo, pero que se cometan actos vandálicos no significa que la cultura occidental convalide esos actos".
"En cambio, las mutilaciones, y otras atrocidades, están convalidadas por las culturas donde se aplican. Esa es la diferencia. ¿Usted sabe por qué los españoles, que eran unos pocos, pudieron vencer a millones de indios? Simplemente porque hubo una cantidad de indígenas que se pusieron a favor del ejército español. El régimen azteca y el régimen inca eran tremendamente represivos. En los templos aztecas que hoy tanto se admiran se les sacaba el corazón a los adolescentes vivos. Esos eran los aztecas que hoy se reivindican. Yo no reivindico de ninguna manera una cultura que comete sacrificios humanos" (De "Voces de la cultura argentina" de Cristina Mucci-El Ateneo-Buenos Aires 1997).
martes, 24 de febrero de 2026
Protegiendo al invasor
La izquierda europea protesta por la implantación forzada del cristianismo durante la colonización de América, ya que aducen que no se respetaron las costumbres, tradiciones y culturas de los pueblos primitivos. Pero los mismos izquierdistas acusan al sector de los europeos actuales que se opone a la islamización de sus países, calificándolos de "fascistas" y "racistas", que promueven "mensajes de odio". En estos casos se advierte el permanente racismo anti-blancos promovido por los "amorosos" izquierdistas.
En los casos mencionados es conveniente tener presentes los resultados que producen las distintas culturas o civilizaciones, ya que no es lo mismo promover el "amor al prójimo" que el "odio a los infieles".
El anti-occidentalismo, o racismo anti-blancos, ha sido reconocido recientemente por la izquierdista española Irene Montero, quien admitió que el apoyo a la colonización islámica-africana de Europa lleva como finalidad el "reemplazo poblacional" de "fascistas y racistas", es decir, el reemplazo, en suelo europeo, del hombre blanco occidental por el africano y el islámico.
El principal problema es el peligro real que presenta el Islam, ya que promueve una violencia extrema contra los adeptos de otras religiones mientras intenta establecer un totalitarismo teocrático en todo lugar en donde sus seguidores constituyan una mayoría. Y todo ello está escrito en el Corán, inspirado en Dios o incluso "dictado" por Dios al profeta, según las diversas creencias. Oriana Fallaci escribió, dirigiéndose principalmente a los colaboracionistas cómplices con el Islam: "Pese a las guerras, las masacres y los homicidios de todo tipo ungen con el calificativo de santo, a un camellero bárbaro y asesino que sólo quería la destrucción de todos aquellos que no aceptaban ser sometidos por su soldadesca. El autor de un libro que parece escrito por Satanás y que ustedes osan tratar con el mismo respeto con que se trata a los Diez Mandamientos y los Evangelios".
"Me cuesta creer que una Iglesia que en nombre de la Vida lucha contra la masacre de embriones y el aborto ponga en el mismo plano a los Evangelios y el Corán, es decir, un libro, un Mein Kampf, que prohíbe pensar distinto del camellero".
"¿Realmente tenemos que volver al Coliseo y dejarnos comer por los leones para sobrevivir, o al menos ir al Paraíso? Me parece una decisión, además de insensata, ilógica, absolutamente idiota. La única explicación es que haya, detrás de tal decisión, una estrategia política que me resulte inasible. Pero en tal caso la estrategia sería bastante cínica, ya que (por ahora) requiere el martirio de los curas asesinados en la iglesia y de las mujeres cristiano-maronitas; los incendios hoy en las embajadas, mañana de las iglesias y pasado mañana de nuestras casas. Precios frente a los cuales el pueblo terminaría, o mejor dicho, terminará por rebelarse. Empezando por el pueblo de los fieles" (De "La vida es una batalla de cada día"-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2018).
La citada autora, consciente del peligro que afronta la civilización occidental ante el embate islámico, ataque apoyado por la izquierda política y promovido irresponsablemente por los colaboracionistas de sectores de la Iglesia, hace unos 20 años atrás, dirigía un mensaje para evitar la destrucción cultural del sector occidental y, posteriormente, de todo el planeta: "¿Qué más quieren? ¿Qué más necesitan para admitir lo que saben perfectamente bien, pero no quieren reconocer, por miedo, hipocresía o conveniencia? Es decir, que estamos en guerra: una guerra que ellos declararon. No nosotros. Que se da de todas las formas posibles, es decir, con sangre, asesinatos, incendios de embajadas (¿para cuándo los de iglesias?) y con amenazas, palabras y persecusiones como las que sufro yo, por ejemplo, con decapitaciones reales o simuladas. ¿Qué más quieren? ¿Qué otra cosa necesitan para despertar y comprender que es preciso defenderse?".
"¿Qué más quieren? ¿Qué más necesitan para comprender que nuestra libertad está en peligro, que está en peligro nuestra civilización, que la democracia está inerme, es débil, es suicida? ¿Qué más quieren? ¿Qué más necesitan para salir de la inercia, o mejor dicho de la servidumbre en la que se han atrincherado para proteger a sus propios atacantes, a sus propios invasores, a sus propios enemigos?".
En la mayoría de los gobernantes europeos se hace evidente una actitud de encubrimiento de todo acto delictivo realizado por los colonizadores africanos e islámicos. De esa manera no sólo perjudica a las víctimas europeas, sino que estimulan los actos delictivos que no reciben sanciones, sino, incluso, que los observan con cierto beneplácito, algunos con resignación, como los futuros amos de Europa.
A continuación se menciona un artículo al respecto:
LA VIOLENCIA SEGÚN MACRON: UN MANUAL DE CINISMO INSTITUCIONAL
Por José Luis Milia
El presidente Emmanuel Macron -con la solemnidad de un mesías de cuarta que cree que sus palabras son decretos divinos- calificó en su cuenta de X el asesinato de Quentin Deranque, joven francés de derecha, como “un estallido de violencia sin precedentes”.
La frase suena tan hueca que uno no sabe si Macron es cínico, ciego, mentiroso… o todo eso junto. Porque si esto fue “violencia sin precedentes”, ¿dónde estaba el señor presidente la noche del 13 de noviembre de 2015, cuando París y Saint-Denis se convirtieron en un campo de batalla?
Aquella vez, los ataques coordinados de islamistas suicidas- tiroteos en bares y restaurantes, rehenes asesinados en Le Bataclan, explosiones en el Stade de France- dejaron 130 muertos y más de 400 heridos. El Estado Islámico se adjudicó la masacre. Pero claro, para Macron aquello debe haber sido apenas un malentendido urbano.
La izquierda, mientras tanto, sigue con su catecismo hipócrita. “La derecha es violenta”, repiten, mientras ellos mismos asesinan, amedrentan y organizan linchamientos. “La derecha es facha”, gritan, mientras montan escraches, cancelaciones y persecuciones. “La derecha es perversa”, pontifican, mientras sus intelectuales relativizan la pedofilia o defienden abusadores.
La izquierda te mete preso por un gesto, pero su tradición es, como hoy hace en España, soltar violadores y aliarse con los asesinos de ETA. El doble estándar ya no es un síntoma, es su ADN.
Y la pregunta incómoda nunca se responde: ¿Cuántos de los asesinos de Quentin eran franceses?
Porque el linchamiento progre es global; son los mismos delincuentes con la misma mentalidad asesina que en la Argentina de los ’70 sembró el país de víctimas, reciclados hoy con el sello woke.
LA GRAN ESTAFA
El wokismo fue la gran estafa de la izquierda. Transformó sociedades en bombas de tiempo, multiplicó divisiones, introdujo la censura bajo el disfraz de “combate a la desinformación” y dejó como herencia impuestos para sostener migrantes y los pobres que ellos generaron, desempleo nativo y un intervencionismo económico que asfixia.
La inmigración descontrolada tampoco es “inclusión” ni “diversidad”: es un problema monumental para la sociedad y la economía. Pero decirlo es pecado, porque el progresismo convirtió la mentira en religión y la censura en sacramento.
Macron, con su teatral indignación, no hace más que confirmar lo obvio: el verdadero “estallido sin precedentes” no es el crimen de Quentin, ni siquiera la violencia que desgarra a Francia. Es la hipocresía institucional, esa maquinaria que convierte tragedias en excusas y que se alimenta de la mentira como si fuera dogma.
(De www.laprensa.com.ar)
En los casos mencionados es conveniente tener presentes los resultados que producen las distintas culturas o civilizaciones, ya que no es lo mismo promover el "amor al prójimo" que el "odio a los infieles".
El anti-occidentalismo, o racismo anti-blancos, ha sido reconocido recientemente por la izquierdista española Irene Montero, quien admitió que el apoyo a la colonización islámica-africana de Europa lleva como finalidad el "reemplazo poblacional" de "fascistas y racistas", es decir, el reemplazo, en suelo europeo, del hombre blanco occidental por el africano y el islámico.
El principal problema es el peligro real que presenta el Islam, ya que promueve una violencia extrema contra los adeptos de otras religiones mientras intenta establecer un totalitarismo teocrático en todo lugar en donde sus seguidores constituyan una mayoría. Y todo ello está escrito en el Corán, inspirado en Dios o incluso "dictado" por Dios al profeta, según las diversas creencias. Oriana Fallaci escribió, dirigiéndose principalmente a los colaboracionistas cómplices con el Islam: "Pese a las guerras, las masacres y los homicidios de todo tipo ungen con el calificativo de santo, a un camellero bárbaro y asesino que sólo quería la destrucción de todos aquellos que no aceptaban ser sometidos por su soldadesca. El autor de un libro que parece escrito por Satanás y que ustedes osan tratar con el mismo respeto con que se trata a los Diez Mandamientos y los Evangelios".
"Me cuesta creer que una Iglesia que en nombre de la Vida lucha contra la masacre de embriones y el aborto ponga en el mismo plano a los Evangelios y el Corán, es decir, un libro, un Mein Kampf, que prohíbe pensar distinto del camellero".
"¿Realmente tenemos que volver al Coliseo y dejarnos comer por los leones para sobrevivir, o al menos ir al Paraíso? Me parece una decisión, además de insensata, ilógica, absolutamente idiota. La única explicación es que haya, detrás de tal decisión, una estrategia política que me resulte inasible. Pero en tal caso la estrategia sería bastante cínica, ya que (por ahora) requiere el martirio de los curas asesinados en la iglesia y de las mujeres cristiano-maronitas; los incendios hoy en las embajadas, mañana de las iglesias y pasado mañana de nuestras casas. Precios frente a los cuales el pueblo terminaría, o mejor dicho, terminará por rebelarse. Empezando por el pueblo de los fieles" (De "La vida es una batalla de cada día"-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2018).
La citada autora, consciente del peligro que afronta la civilización occidental ante el embate islámico, ataque apoyado por la izquierda política y promovido irresponsablemente por los colaboracionistas de sectores de la Iglesia, hace unos 20 años atrás, dirigía un mensaje para evitar la destrucción cultural del sector occidental y, posteriormente, de todo el planeta: "¿Qué más quieren? ¿Qué más necesitan para admitir lo que saben perfectamente bien, pero no quieren reconocer, por miedo, hipocresía o conveniencia? Es decir, que estamos en guerra: una guerra que ellos declararon. No nosotros. Que se da de todas las formas posibles, es decir, con sangre, asesinatos, incendios de embajadas (¿para cuándo los de iglesias?) y con amenazas, palabras y persecusiones como las que sufro yo, por ejemplo, con decapitaciones reales o simuladas. ¿Qué más quieren? ¿Qué otra cosa necesitan para despertar y comprender que es preciso defenderse?".
"¿Qué más quieren? ¿Qué más necesitan para comprender que nuestra libertad está en peligro, que está en peligro nuestra civilización, que la democracia está inerme, es débil, es suicida? ¿Qué más quieren? ¿Qué más necesitan para salir de la inercia, o mejor dicho de la servidumbre en la que se han atrincherado para proteger a sus propios atacantes, a sus propios invasores, a sus propios enemigos?".
En la mayoría de los gobernantes europeos se hace evidente una actitud de encubrimiento de todo acto delictivo realizado por los colonizadores africanos e islámicos. De esa manera no sólo perjudica a las víctimas europeas, sino que estimulan los actos delictivos que no reciben sanciones, sino, incluso, que los observan con cierto beneplácito, algunos con resignación, como los futuros amos de Europa.
A continuación se menciona un artículo al respecto:
LA VIOLENCIA SEGÚN MACRON: UN MANUAL DE CINISMO INSTITUCIONAL
Por José Luis Milia
El presidente Emmanuel Macron -con la solemnidad de un mesías de cuarta que cree que sus palabras son decretos divinos- calificó en su cuenta de X el asesinato de Quentin Deranque, joven francés de derecha, como “un estallido de violencia sin precedentes”.
La frase suena tan hueca que uno no sabe si Macron es cínico, ciego, mentiroso… o todo eso junto. Porque si esto fue “violencia sin precedentes”, ¿dónde estaba el señor presidente la noche del 13 de noviembre de 2015, cuando París y Saint-Denis se convirtieron en un campo de batalla?
Aquella vez, los ataques coordinados de islamistas suicidas- tiroteos en bares y restaurantes, rehenes asesinados en Le Bataclan, explosiones en el Stade de France- dejaron 130 muertos y más de 400 heridos. El Estado Islámico se adjudicó la masacre. Pero claro, para Macron aquello debe haber sido apenas un malentendido urbano.
La izquierda, mientras tanto, sigue con su catecismo hipócrita. “La derecha es violenta”, repiten, mientras ellos mismos asesinan, amedrentan y organizan linchamientos. “La derecha es facha”, gritan, mientras montan escraches, cancelaciones y persecuciones. “La derecha es perversa”, pontifican, mientras sus intelectuales relativizan la pedofilia o defienden abusadores.
La izquierda te mete preso por un gesto, pero su tradición es, como hoy hace en España, soltar violadores y aliarse con los asesinos de ETA. El doble estándar ya no es un síntoma, es su ADN.
Y la pregunta incómoda nunca se responde: ¿Cuántos de los asesinos de Quentin eran franceses?
Porque el linchamiento progre es global; son los mismos delincuentes con la misma mentalidad asesina que en la Argentina de los ’70 sembró el país de víctimas, reciclados hoy con el sello woke.
LA GRAN ESTAFA
El wokismo fue la gran estafa de la izquierda. Transformó sociedades en bombas de tiempo, multiplicó divisiones, introdujo la censura bajo el disfraz de “combate a la desinformación” y dejó como herencia impuestos para sostener migrantes y los pobres que ellos generaron, desempleo nativo y un intervencionismo económico que asfixia.
La inmigración descontrolada tampoco es “inclusión” ni “diversidad”: es un problema monumental para la sociedad y la economía. Pero decirlo es pecado, porque el progresismo convirtió la mentira en religión y la censura en sacramento.
Macron, con su teatral indignación, no hace más que confirmar lo obvio: el verdadero “estallido sin precedentes” no es el crimen de Quentin, ni siquiera la violencia que desgarra a Francia. Es la hipocresía institucional, esa maquinaria que convierte tragedias en excusas y que se alimenta de la mentira como si fuera dogma.
(De www.laprensa.com.ar)
domingo, 22 de febrero de 2026
Totalitarismos y la comunicación imposible
Si contemplamos el estado actual de nuestro planeta, observaremos fuerzas que tienden a unir pueblos y también fuerzas que tienden a desunirlos. Con el avance tecnológico asociado a las comunicaciones, que facilitarían el acercamiento entre pueblos y naciones, poco se ha mejorado respecto de tal acercamiento, ya que las fuerzas disolventes parecen predominar sobre aquellas que apuntan a la unión entre los seres humanos, o a la mayor parte de ellos.
El mayor problema a resolver, para un mayor entendimiento, consiste en adoptar como referencia algo que sea común a todos los seres humanos, como lo es la ley natural que rige nuestras conductas individuales. Por el contrario, las que predominan son las ideologías con validez individual o sectorial que pugnan por expandirse, y que poco o nada contemplan dichas leyes, produciendo cada vez mayores conflictos.
Entre las fuerzas disolventes aparecen principalmente los totalitarismos, como el socialismo, que resulta aún más peligroso de lo que fue el nazismo. Ello se debe a la simple comparación entre los asesinatos producidos por ambos totalitarismos. Así, mientras que los nazis asesinaron a unos 22 millones de individuos (sin contar las víctimas de las guerras), los comunistas asesinaron a unos 100 millones de individuos.
La peligrosidad del socialista es mayor aún que la del nazi, ya que, mientras éste proclama sus locuras criminales en forma más o menos explícita, los socialistas convencen a sus futuras víctimas con mensajes llenos de paz y benevolencia. De ahí que en gran parte del mundo exista una opinión favorable hacia el socialismo y a su expansión planetaria, a pesar de los resultados negativos producidos.
Otro totalitarismo importante, basado en una ideología que poco o nada tiene que ver con las leyes naturales, es el Islam, que presenta varias caracteristicas similares al totalitarismo nazi-comunista. La expansión de tales ideologías se debe principalmente al predominio del hombre-masa a nivel mundial, ya que tal individuo, negligente para pensar, tiende a adoptar todo lo que esté generalizado y a ser víctima de los embaucadores totalitarios. Con ello se acentúa el proceso conocido como "la rebelión de las masas".
Entre las similitudes observadas en nazis y socialistas, aparece el denominado "polilogismo", por el cual existiría una especie de lógica aria distinta de las asociadas a las "razas inferiores". También existiría una lógica proletaria distinta de aquella asociada a la burguesía. Axel Kaiser escribió: "Tanto nazis como comunistas negaron la existencia de una verdad objetiva cognoscible por todos independientemente de la raza o clase. Esto les permitió romper la unidad de la razón humana para señalar que la lógica proletaria y la burguesa y la de arios y judíos, entre otros, eran existencialmente opuestas y que, como consecuencia, sólo quedaba el conflicto violento y el exterminio de los opresores como alternativa. Para nazis y marxistas, la única verdad era la que ofrecía su ideología, y esta era irrefutable" (De "Nazi-comunismo"-Ariel-Buenos Aires 2026).
Una postura algo similar es la del islamismo, con el cual es imposible llegar a cualquier acuerdo, es decir, para quienes adopten como referencia la realidad concreta con sus leyes naturales, resulta imposible intentar llegar a algún acuerdo con quien adopta como referencia al Corán. Para colmo, desde el islamismo sólo se aceptan críticas por parte de quienes hayan leído el Corán en su idioma original, ya que son muy pocos los occidentales que conocen tal idioma.
Los totalitarismos tienden a promover sociedades de tipo colectivista, en donde se relega lo individual en forma similar a lo que ocurre en una colmena o un hormiguero, de ahí la poca importancia que tienen las vidas individuales, principalmente las vidas de los opositores, a quienes se los puede liquidar sin el menor cargo de conciencia. Ludwig von Mises escribió: "La principal característica del colectivismo es que ignora la voluntad individual y la autodeterminación moral. Según esta filosofía, el individuo nace en un colectivo y es «natural» y apropiado que se comporte como se espera que lo hagan los miembros de este colectivo. ¿Quién espera esto? Por supuesto, aquellos individuos a quienes, por los misteriosos decretos de algún agente misterioso, se les ha confiado la tarea de determinar la voluntad colectiva y dirigir las acciones del colectivo" (Citado en "Nazi-comunismo").
El verdadero ateísmo es el que busca reemplazar al gobierno de Dios, gobierno éste ejercido a través de la ley natural, por formas de gobierno mental y material del hombre sobre el hombre, como lo promueven y lo realizan los diversos totalitarismos. Adam Smith escribió: "El hombre doctrinario se da ínfulas de muy sabio y está casi siempre tan fascinado con la supuesta belleza de su proyecto político ideal que no soporta la más mínima desviación de ninguna parte del mismo. Pretende aplicarlo por completo y en toda su extensión, sin atender ni a los poderosos intereses ni a los fuertes prejuicios que pueden oponérsele. Se imagina que puede organizar a los diferentes miembros de una gran sociedad con la misma desenvoltura con que dispone las piezas de un tablero de ajedrez. No percibe que las piezas del ajedrez carecen de ningún otro principio motriz salvo el que les imprime la mano, y que en el vasto tablero de la sociedad humana cada pieza posee un principio motriz propio, totalmente independiente del que la legislación arbitrariamente elija imponerle" (De "Teoría de los sentimientos morales"-Fondo de Cultura Económica-México 1941).
El mayor problema a resolver, para un mayor entendimiento, consiste en adoptar como referencia algo que sea común a todos los seres humanos, como lo es la ley natural que rige nuestras conductas individuales. Por el contrario, las que predominan son las ideologías con validez individual o sectorial que pugnan por expandirse, y que poco o nada contemplan dichas leyes, produciendo cada vez mayores conflictos.
Entre las fuerzas disolventes aparecen principalmente los totalitarismos, como el socialismo, que resulta aún más peligroso de lo que fue el nazismo. Ello se debe a la simple comparación entre los asesinatos producidos por ambos totalitarismos. Así, mientras que los nazis asesinaron a unos 22 millones de individuos (sin contar las víctimas de las guerras), los comunistas asesinaron a unos 100 millones de individuos.
La peligrosidad del socialista es mayor aún que la del nazi, ya que, mientras éste proclama sus locuras criminales en forma más o menos explícita, los socialistas convencen a sus futuras víctimas con mensajes llenos de paz y benevolencia. De ahí que en gran parte del mundo exista una opinión favorable hacia el socialismo y a su expansión planetaria, a pesar de los resultados negativos producidos.
Otro totalitarismo importante, basado en una ideología que poco o nada tiene que ver con las leyes naturales, es el Islam, que presenta varias caracteristicas similares al totalitarismo nazi-comunista. La expansión de tales ideologías se debe principalmente al predominio del hombre-masa a nivel mundial, ya que tal individuo, negligente para pensar, tiende a adoptar todo lo que esté generalizado y a ser víctima de los embaucadores totalitarios. Con ello se acentúa el proceso conocido como "la rebelión de las masas".
Entre las similitudes observadas en nazis y socialistas, aparece el denominado "polilogismo", por el cual existiría una especie de lógica aria distinta de las asociadas a las "razas inferiores". También existiría una lógica proletaria distinta de aquella asociada a la burguesía. Axel Kaiser escribió: "Tanto nazis como comunistas negaron la existencia de una verdad objetiva cognoscible por todos independientemente de la raza o clase. Esto les permitió romper la unidad de la razón humana para señalar que la lógica proletaria y la burguesa y la de arios y judíos, entre otros, eran existencialmente opuestas y que, como consecuencia, sólo quedaba el conflicto violento y el exterminio de los opresores como alternativa. Para nazis y marxistas, la única verdad era la que ofrecía su ideología, y esta era irrefutable" (De "Nazi-comunismo"-Ariel-Buenos Aires 2026).
Una postura algo similar es la del islamismo, con el cual es imposible llegar a cualquier acuerdo, es decir, para quienes adopten como referencia la realidad concreta con sus leyes naturales, resulta imposible intentar llegar a algún acuerdo con quien adopta como referencia al Corán. Para colmo, desde el islamismo sólo se aceptan críticas por parte de quienes hayan leído el Corán en su idioma original, ya que son muy pocos los occidentales que conocen tal idioma.
Los totalitarismos tienden a promover sociedades de tipo colectivista, en donde se relega lo individual en forma similar a lo que ocurre en una colmena o un hormiguero, de ahí la poca importancia que tienen las vidas individuales, principalmente las vidas de los opositores, a quienes se los puede liquidar sin el menor cargo de conciencia. Ludwig von Mises escribió: "La principal característica del colectivismo es que ignora la voluntad individual y la autodeterminación moral. Según esta filosofía, el individuo nace en un colectivo y es «natural» y apropiado que se comporte como se espera que lo hagan los miembros de este colectivo. ¿Quién espera esto? Por supuesto, aquellos individuos a quienes, por los misteriosos decretos de algún agente misterioso, se les ha confiado la tarea de determinar la voluntad colectiva y dirigir las acciones del colectivo" (Citado en "Nazi-comunismo").
El verdadero ateísmo es el que busca reemplazar al gobierno de Dios, gobierno éste ejercido a través de la ley natural, por formas de gobierno mental y material del hombre sobre el hombre, como lo promueven y lo realizan los diversos totalitarismos. Adam Smith escribió: "El hombre doctrinario se da ínfulas de muy sabio y está casi siempre tan fascinado con la supuesta belleza de su proyecto político ideal que no soporta la más mínima desviación de ninguna parte del mismo. Pretende aplicarlo por completo y en toda su extensión, sin atender ni a los poderosos intereses ni a los fuertes prejuicios que pueden oponérsele. Se imagina que puede organizar a los diferentes miembros de una gran sociedad con la misma desenvoltura con que dispone las piezas de un tablero de ajedrez. No percibe que las piezas del ajedrez carecen de ningún otro principio motriz salvo el que les imprime la mano, y que en el vasto tablero de la sociedad humana cada pieza posee un principio motriz propio, totalmente independiente del que la legislación arbitrariamente elija imponerle" (De "Teoría de los sentimientos morales"-Fondo de Cultura Económica-México 1941).
jueves, 19 de febrero de 2026
Ley natural invariante vs. Leyes históricas
La ciencia experimental se basa en la evidencia (para algunos creencia) de la existencia de leyes naturales invariantes que rigen todo lo existente, incluidos los seres humanos. Esta invariancia viene establecida respecto del espacio y del tiempo. Tal es así que las leyes descubiertas por los físicos resultan compatibles con lo que le ocurrió al universo en el pasado y también compatible con observaciones a enormes distancias. Lo que resulta cambiante son las leyes humanas que describen las leyes naturales propiamente dichas.
Resulta interesante advertir que gran parte de los átomos que componen nuestro cuerpo fueron en el pasado parte de alguna estrella que colapsó y que emitió varios elementos químicos que no pudieron ser parte de estrellas como el sol. Además, si las leyes naturales que rigen la materia inorgánica son invariantes, también lo serán las leyes naturales que rigen lo orgánico, que sustenta la vida, ya que lo orgánico está confeccionado con los mismos átomos que componen la materia inorgánica.
Si las leyes que rigen las conductas humanas también son invariantes, se descarta la existencia de leyes que cambian en el tiempo. Puede decirse que, en ámbito social, existe un moral natural favorable a nuestra adaptación al orden natural; moral que tampoco cambia con el tiempo. Un biólogo comentaba que, si viéramos caminar por la calle, vestido como nosotros, a un ser humano que existió hace unos 10.000 años, no notaríamos ninguna diferencia. De ahí que los escritos bíblicos o los escritos de los antiguos filósofos griegos, tienen en la actualidad el mismo grado de compatibilidad con la ley natural que tenían en el tiempo en que fueron establecidos.
En oposición a esta postura, surge el marxismo, que supone que existen leyes sociales que cambian con el tiempo, es decir, leyes naturales que regirían a individuos y sociedades. De ahí que proponen la existencia de "leyes naturales históricas" que cambian con el tiempo. Por lo tanto, rechazan la validez actual de éticas antiguas, como la bíblica, por ser enunciada hace algunos milenios.
En realidad, resulta difícil entender ideas poco compatibles con las evidencias que presenta la ciencia experimental. Además, los fracasos del marxismo aplicado, no resultan llamativos teniedo presente sus extraños fundamentos. Roger Scruton escribió: "Según Kant, la ley moral se dirige hacia todos los seres racionales a través del imperativo categórico; no ha cambiado a través de los siglos, y no podría cambiar. Es el mismo pensamiento que se expresa a través de los Diez Mandamientos, en la nueva ley de Cristo -amarás a tu prójimo como a ti mismo- y en la ley aún más nueva de Kant: no tratarás a la humanidad sólo como un medio, la tratarás siempre como un fin".
"El espíritu de rebelión se resiste a la idea de que haya una ley universal de la razón. Es el padre envidioso quien escribe: «No debes» a la entrada del templo de las delicias. Esto es lo que nos dice Blake, y es el mensaje de Marx y sus discípulos modernos. Argumentan que una ley debe entenderse en términos de los intereses que ella promueve. Es así como deben ser explicadas las leyes. La sociedad es un sistema de poderes que se sostienen afirmándose en el mito de su legitimidad. La ley y la moral son parte de ese mito, y su capacidad para sobrevivir se deriva sólo de la credulidad de aquellos que pierden al obedecerlas".
"El marxismo trata de basar este repudio a la ley en una ciencia de la historia, de acuerdo a la cual las instituciones de una sociedad dependen de las relaciones de producción que forman su base económica. Cada sistema sucesivo de relaciones de producción -la esclavitud, el feudalismo, el capitalismo, el socialismo y finalmente el comunismo- es el resultado del desarrollo de las «fuerzas productivas» de la sociedad, y todos (menos el último, que se autosustenta) se sostienen afirmándose en una superestructura de instituciones y leyes".
"El derecho legal a la propiedad privada se explica por el hecho que los derechos de propiedad refuerzan las «relaciones de producción» de la burguesía. Al hacer esto contribuyen a mantener un sistema que es incompatible con la liberación final del hombre. Esta liberación se va a alcanzar sólo con la llegada del comunismo, donde no se concebirá la propiedad privada, porque en ese sistema no van a existir las relaciones de producción que este tipo de propiedad ayuda a mantener".
"La teoría es más compleja que eso. Pero se suele creer que el marxismo sostiene que fuera del orden económico que las requiere, no hay leyes válidas, o sistemas válidos de moral. Al defender una ley como si fuera absoluta, no sólo se está negando la «historicidad» de las instituciones humanas; también se está afirmando la validez extratemporal de un orden determinado que, generalmente, es el orden burgués, lo que implica asumir una postura contra los cambios sociales. Es casi como si la moralidad misma necesitara el repudio de la moral. Al afirmarse en la ley moral, se niega la esperanza de liberación".
"La paradoja expresada en las últimas oraciones ha sido aceptada de buena gana por revolucionarios desde Robespierre y Saint Just hasta Pol Pot y Sendero Luminoso. En nuestra época, el comunista húngaro György Lukács, filósofo y crítico literario y uno de los pocos miembros del gobierno de Imre Nagy que no fue ejecutado después de 1956, ha expresado muy claramente ese modo de pensar en su libro History and Class-Consciousness, uno de los libros favoritos de los radicales de los años sesenta. Escribió: En esta forma «Para el Partido Comunista... el asunto de la legalidad o ilegalidad se reduce... a un simple asunto de táctica. En esta solución, totalmente carente de principios, descansa la única forma práctica para rechazar con principios al sistema legal burgués»".
"Se puede ver aquí el entusiasta paradojismo que hace presa del revolucionario, quien, tal como ocurre con el místico, se intoxica con la idea de su destino especial. Lo que es verdad para el sistema legal es también verdad para cualquier otra característica del mundo burgués: las prácticas económicas, las relaciones sociales, las emociones, las ambiciones, incluso la moralidad misma. En esta forma Lukács fue capaz de afirmar que: «El principal deber de la ética comunista es aceptar la necesidad de actuar en forma maléfica», agregando que: «éste es el sacrificio más grande que nos pide la revolución»".
"Conocemos ese sacrificio, que no fue pagado por los intelectuales revolucionarios, sino por sus incontables millones de víctimas. También escribió Lukács: «no es posible ser humano en una sociedad burguesa», de modo que «la burguesía sólo asemeja una existencia humana». Se hace más fácil exterminar gente cuando se los describe en esos términos. El burgués es como el Padre, cuya ley debe ser barrida, y si ocurre que él mismo debe ser barrido con ella, ¿no fue él quien escogió ese destino?".
"Las pretensiones científicas del marxismo han sido muy importantes como instrumento para exonerar. Si la revolución es inevitable (porque es el resultado de un inevitable choque entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción que su desarrollo), así también son sus crímenes, que no se consideran crímenes, sólo son los dolores de parto del nuevo orden social. Los que buscan facilitar el nacimiento deben actuar rápida y violentamente. El pequeño derramamiento de sangre que resulta es el precio de la vida y de la liberación" (De "Filosofía moderna"-Editorial Cuatro Vientos-Santiago de Chile 1999).
Resulta interesante advertir que gran parte de los átomos que componen nuestro cuerpo fueron en el pasado parte de alguna estrella que colapsó y que emitió varios elementos químicos que no pudieron ser parte de estrellas como el sol. Además, si las leyes naturales que rigen la materia inorgánica son invariantes, también lo serán las leyes naturales que rigen lo orgánico, que sustenta la vida, ya que lo orgánico está confeccionado con los mismos átomos que componen la materia inorgánica.
Si las leyes que rigen las conductas humanas también son invariantes, se descarta la existencia de leyes que cambian en el tiempo. Puede decirse que, en ámbito social, existe un moral natural favorable a nuestra adaptación al orden natural; moral que tampoco cambia con el tiempo. Un biólogo comentaba que, si viéramos caminar por la calle, vestido como nosotros, a un ser humano que existió hace unos 10.000 años, no notaríamos ninguna diferencia. De ahí que los escritos bíblicos o los escritos de los antiguos filósofos griegos, tienen en la actualidad el mismo grado de compatibilidad con la ley natural que tenían en el tiempo en que fueron establecidos.
En oposición a esta postura, surge el marxismo, que supone que existen leyes sociales que cambian con el tiempo, es decir, leyes naturales que regirían a individuos y sociedades. De ahí que proponen la existencia de "leyes naturales históricas" que cambian con el tiempo. Por lo tanto, rechazan la validez actual de éticas antiguas, como la bíblica, por ser enunciada hace algunos milenios.
En realidad, resulta difícil entender ideas poco compatibles con las evidencias que presenta la ciencia experimental. Además, los fracasos del marxismo aplicado, no resultan llamativos teniedo presente sus extraños fundamentos. Roger Scruton escribió: "Según Kant, la ley moral se dirige hacia todos los seres racionales a través del imperativo categórico; no ha cambiado a través de los siglos, y no podría cambiar. Es el mismo pensamiento que se expresa a través de los Diez Mandamientos, en la nueva ley de Cristo -amarás a tu prójimo como a ti mismo- y en la ley aún más nueva de Kant: no tratarás a la humanidad sólo como un medio, la tratarás siempre como un fin".
"El espíritu de rebelión se resiste a la idea de que haya una ley universal de la razón. Es el padre envidioso quien escribe: «No debes» a la entrada del templo de las delicias. Esto es lo que nos dice Blake, y es el mensaje de Marx y sus discípulos modernos. Argumentan que una ley debe entenderse en términos de los intereses que ella promueve. Es así como deben ser explicadas las leyes. La sociedad es un sistema de poderes que se sostienen afirmándose en el mito de su legitimidad. La ley y la moral son parte de ese mito, y su capacidad para sobrevivir se deriva sólo de la credulidad de aquellos que pierden al obedecerlas".
"El marxismo trata de basar este repudio a la ley en una ciencia de la historia, de acuerdo a la cual las instituciones de una sociedad dependen de las relaciones de producción que forman su base económica. Cada sistema sucesivo de relaciones de producción -la esclavitud, el feudalismo, el capitalismo, el socialismo y finalmente el comunismo- es el resultado del desarrollo de las «fuerzas productivas» de la sociedad, y todos (menos el último, que se autosustenta) se sostienen afirmándose en una superestructura de instituciones y leyes".
"El derecho legal a la propiedad privada se explica por el hecho que los derechos de propiedad refuerzan las «relaciones de producción» de la burguesía. Al hacer esto contribuyen a mantener un sistema que es incompatible con la liberación final del hombre. Esta liberación se va a alcanzar sólo con la llegada del comunismo, donde no se concebirá la propiedad privada, porque en ese sistema no van a existir las relaciones de producción que este tipo de propiedad ayuda a mantener".
"La teoría es más compleja que eso. Pero se suele creer que el marxismo sostiene que fuera del orden económico que las requiere, no hay leyes válidas, o sistemas válidos de moral. Al defender una ley como si fuera absoluta, no sólo se está negando la «historicidad» de las instituciones humanas; también se está afirmando la validez extratemporal de un orden determinado que, generalmente, es el orden burgués, lo que implica asumir una postura contra los cambios sociales. Es casi como si la moralidad misma necesitara el repudio de la moral. Al afirmarse en la ley moral, se niega la esperanza de liberación".
"La paradoja expresada en las últimas oraciones ha sido aceptada de buena gana por revolucionarios desde Robespierre y Saint Just hasta Pol Pot y Sendero Luminoso. En nuestra época, el comunista húngaro György Lukács, filósofo y crítico literario y uno de los pocos miembros del gobierno de Imre Nagy que no fue ejecutado después de 1956, ha expresado muy claramente ese modo de pensar en su libro History and Class-Consciousness, uno de los libros favoritos de los radicales de los años sesenta. Escribió: En esta forma «Para el Partido Comunista... el asunto de la legalidad o ilegalidad se reduce... a un simple asunto de táctica. En esta solución, totalmente carente de principios, descansa la única forma práctica para rechazar con principios al sistema legal burgués»".
"Se puede ver aquí el entusiasta paradojismo que hace presa del revolucionario, quien, tal como ocurre con el místico, se intoxica con la idea de su destino especial. Lo que es verdad para el sistema legal es también verdad para cualquier otra característica del mundo burgués: las prácticas económicas, las relaciones sociales, las emociones, las ambiciones, incluso la moralidad misma. En esta forma Lukács fue capaz de afirmar que: «El principal deber de la ética comunista es aceptar la necesidad de actuar en forma maléfica», agregando que: «éste es el sacrificio más grande que nos pide la revolución»".
"Conocemos ese sacrificio, que no fue pagado por los intelectuales revolucionarios, sino por sus incontables millones de víctimas. También escribió Lukács: «no es posible ser humano en una sociedad burguesa», de modo que «la burguesía sólo asemeja una existencia humana». Se hace más fácil exterminar gente cuando se los describe en esos términos. El burgués es como el Padre, cuya ley debe ser barrida, y si ocurre que él mismo debe ser barrido con ella, ¿no fue él quien escogió ese destino?".
"Las pretensiones científicas del marxismo han sido muy importantes como instrumento para exonerar. Si la revolución es inevitable (porque es el resultado de un inevitable choque entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción que su desarrollo), así también son sus crímenes, que no se consideran crímenes, sólo son los dolores de parto del nuevo orden social. Los que buscan facilitar el nacimiento deben actuar rápida y violentamente. El pequeño derramamiento de sangre que resulta es el precio de la vida y de la liberación" (De "Filosofía moderna"-Editorial Cuatro Vientos-Santiago de Chile 1999).
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