Entre las diversas formas de anticapitalismo se distinguen aquellas que dudan de su eficacia en su función transformadora de necesidades humanas en bienes y servicios que las satisfagan. Otra de las formas es aquella que pone en duda las cuestiones éticas, como si necesariamente se deberían irrespetar las normas éticas elementales a fin de poder lograr la eficacia antes mencionada. Carlos Moyano Llerena escribió: "La ciencia económica neoclásica, que en la actualidad prevalece en Occidente, considera que las leyes de la economía -que explican el comportamiento humano en ese campo- se fundan en tres principios casi axiomáticos. Ellos son: Primero el utilitarismo que impulsa al hombre a buscar su beneficio personal, excluyendo cualquier motivación altruista. Segundo el racionalismo como guía única para calcular ese beneficio, excluyendo toda influencia de los valores y de los sentimientos. Y tercero el individualismo que exige eliminar cualquier interferencia del Estado en la libre iniciativa personal" (De "El redescubrimiento del mercado"-Varios autores-Asociación de Bancos de la República Argentina-Buenos Aires 1992).
Consideremos la primera objeción: "el utilitarismo que impulsa al hombre a buscar su beneficio personal, excluyendo cualquier motivación altruista".
El proceso de mercado parte del intercambio entre dos individuos que se benefician simultáneamente. De lo contrario, si existiera egoísmo en una de las partes, o en las dos, los intercambios cesarían. Se rompería el vínculo empresario-cliente, ya que el egoísmo implica la búsqueda de un beneficio unilateral. También produciría un beneficio unilateral el altruísmo, por cuanto alguien se perjudicaría para beneficiar a otro. De ahí que la expresión anterior, de la búsqueda de un beneficio unilateral, no debería adjudicarse a la economía de mercado.
Incluso la competencia existente entre empresarios ayuda a limitar los egoísmos personales. Supongamos que en un pueblo existe un solo empresario. Este individuo tiene la posibilidad de vender sus productos al precio que le venga en ganas y a pagar sueldos cuyo monto le venga en ganas; lo que no implica que necesariamente ha de hacerlo. En cambio, si en ese pueblo existen otros cinco empresarios más, ya no tendrá la libertad de vender caro y pagar poco a sus empleados, por cuanto la competencia existente lo obliga a limitar su egoísmo. De ahí que las circunstancias del mercado lo obligan a buscar un beneficio simultáneo con sus clientes.
Segunda objeción: "el racionalismo como guía única para calcular ese beneficio, excluyendo toda influencia de los valores y de los sentimientos".
Esto ya es casi una perversión, suponer que el empresario es un ser insensible y inhumano, carente de sentimientos, que sólo se interesa por el dinero. Entre los empresarios del mundo real existirán personajes insensibles y materialistas en extremo, pero la generalización fácil es algo discriminatorio, propio de los marxistas y de los sectores anticapitalistas que son afines al marxismo, aún cuando lo nieguen. Si esta descalificación fuera real, deberíamos concluir que existe una ley psicológica que indica que los seres humanos con capacidad productiva son seres perversos y que, como añadidura, quienes carecen de capacidad productiva serían los pobres llenos de virtudes.
Entre los empresarios existe un sector que considera a su empresa como una realización personal que lo llena de orgullo y que trata de mantener y expandir. También existe otro sector que sólo ve en su empresa un medio para el logro de dinero en cantidades y que poco o nada le interesa la empresa en sí, y que no tiene inconvenientes en venderla en cualquier momento.
Tercera objeción: "el individualismo que exige eliminar cualquier interferencia del Estado en la libre iniciativa personal".
La no injerencia del Estado, en cuanto a las actividades empresariales, es una necesidad básica de quienes deben tomar decisiones cotidianas para mantener vigente un emprendimiento productivo. La distorsión del proceso del mercado, por parte del Estado, implica por lo general un perjuicio para toda la sociedad, al menos en el largo plazo. El empresariado no tendría inconvenientes acerca de la injerencia del Estado si quienes lo dirigen abandonaran la absurda postura de considerarse "defensores del pueblo respecto de la maldad empresarial" para convertirse en aliados de la producción que a todos beneficia.
viernes, 12 de junio de 2026
jueves, 11 de junio de 2026
Competencia en el proceso del mercado
Por lo general, los sectores socialistas asocian la palabra "capitalismo" a todo proceso económico no socialista, principalmente a aquellas economías con propiedad privada de los medios de producción. De esa manera, califican de "capitalistas" a economías de países pobres y subdesarrollados. De ahí que resulta oportuno advertir que el proceso del mercado, que es la esencia del capitalismo, requiere de la formación de condiciones que permitan la competencia empresarial, principalmente. Para ello resulta necesaria la existencia de un plantel numeroso de empresarios para que se establezca tal proceso. Cuando la cantidad de empresas es muy pequeña, no puede establecerse una economía de mercado ni tampoco puede hablarse de una economía capitalista.
Leemos al respecto: "El concepto de competencia es uno de los más difíciles de la Economía, pero también de los más importantes. Ni siquiera los economistas profesionales han sido capaces de trazar un límite exacto entre el comportamiento competidor y el comportamiento no competidor".
"Se supone que la competencia impone orden en todas las actividades de compra y venta. En otras palabras, cuando estudiamos la competencia, tenemos que dirigir nuestra atención a los mercados en que se compran y venden bienes y servicios".
"Cada economía doméstica y cada empresa actúa en muchos mercados, a veces como compradora, y otras veces como vendedora. Cada economía doméstica es una unidad compradora cuando adquiere los alimentos, vestidos y otros bienes y servicios que se consumen o usan en ella. Es una unidad vendedora cuando ofrece en los mercados de recursos su trabajo, su tierra u otros recursos naturales, o su capital. Cada empresa es una unidad compradora cuando adquiere los recursos -trabajo, tierra, capital y talento para dirigir- que usa en su producción de bienes y servicios. Es una unidad vendedora cuando ofrece en venta estos bienes y servicios".
"De esto se desprende con claridad que todo mercado es un asunto bilateral, que supone compradores y vendedores. Por tanto, para que en un mercado reine plena competencia, tiene que haberla en los dos lados. Esto es, tienen que competir los compradores entre sí y también entre sí los vendedores. Por ejemplo, en un mercado de trabajo en que reine la competencia, los trabajadores competirán por las colocaciones que haya, y los empresarios competirán por el trabajo ofrecido en ese mercado. Es un error creer que la competencia y lo contrario de ésta, el monopolio, sólo tienen que ver con el comportamiento de empresas como vendedoras de bienes" (De "Introducción a la Economía" de John Van Sickle y Benjamin A. Rogge-UTEHA-México 1959).
Bajo ciertas condiciones, el proceso del mercado resulta ser un sistema autorregulado en el cual la variabilidad de los precios actúan como señales para la toma de decisiones. Así, una elevación del precio de un artículo, indica un aumento de la demanda mientras que una disminución del precio indica una disminución de la demanda. Luego, industriales y comerciantes elevarán sus inversiones asociadas en el primer caso y las disminuirán en el segundo caso.
Toda mejora en la economía de una sociedad estará asociada a un aumento en la cantidad y calidad de sus empresarios, principalmente. De ahí que un país subdesarrollado por lo general es el que tiene un reducido plantel de empresarios y también una mentalidad generalizada antiempresarial, lo que materializa tal subdesarrollo.
Desde la izquierda política, por el contrario, se supone que desde el Estado se habrán de corregir "los fallos del mercado", que serían los causantes de los problemas económicos. Tales "correcciones" implicarán controles de precios, emisión monetaria excesiva, créditos surgidos de mecanismos bancarios no asociados a ahorros genuinos, etc. Se advierte que estas intervenciones tienden a destruir la información brindada por los cambios de demanda y oferta, tendiendo a destruir, antes que a corregir, al proceso aautorregulado. Álvaro C. Alsogaray escribió: "El mercado es un sistema de organización económica y social indisolublemente asociado a formas políticas y jurídicas consubstanciales con las libertades individuales, los derechos humanos y los metodos democráticos".
"Ese sistema no ha sido planeado ni inventado por nadie; es una resultante de la acción humana y ha surgido espontáneamente a través del ejercicio de ésta a lo largo de siglos. El mercado es el mejor mecanismo descubierto hasta ahora por el hombre para coordinar los esfuerzos individuales dentro de un orden social extenso, con vistas a satisfacer de la mejor manera posible las necesidades, aspiraciones y el bienestar de los seres humanos".
"Cabe aquí una aclaración acerca de qué entendemos por «orden extenso», aunque ello pudiera parecer innecesario ya que toda nuestra vida diaria se desarrolla dentro de un orden de esa clase. En los tiempos primitivos existían grupos humanos (tribus, clanes, ciudades y otros agrupamientos), que comprendían a un número relativamente pequeño de individuos, pero a medida que la especie humana y la civilización se fueron desarrollando, aparecieron conglomerados de millones de personas que se desconocían entre sí pero que debían actuar dentro de un orden determinado. A ese orden es a lo que llamamos «orden extenso», que difiere fundamentalmente del existente en las agrupaciones primitivas menores. Esa diferencia no radica solamente en el número de miembros que integran la comunidad, sino los métodos, instituciones y estructuras que van surgiendo dentro de ella".
"En las comunidades primitivas que abarcaban un escenario limitado, era posible establecer determinados objetivos aceptados por todos sus integrantes, y organizar la cooperación de estos bajo una dirección central ejercida por el jefe de la comunidad. El comportamiento individual estaba entonces regulado por una autoridad que basaba su acción en principios de altruismo y solidaridad. El sistema podía funcionar porque los líderes disponían de la información necesaria para obtener el máximo provecho de la acción de todos y cada uno de sus integrantes, y éstos a su vez estaban también en condiciones de acceder a dicho conocimiento y apreciar los beneficios que se derivaban de él, lo cual los llevaba a aceptar naturalmente las reglas que les eran impuestas".
"Pero muy distinta es la situación en los órdenes extensos. En ellos la información necesaria para el mejor empleo de los recursos de la comunidad y el desarrollo de ésta, se encuentran dispersos entre centenares de miles y aún millones de seres humanos, y nadie puede disponer completamente de esa información. Nadie puede tampoco dirigir en forma directa las actividades de los individuos al mejor aprovechamiento de dicha información. Señala Hayek al respecto: «En nuestras actividades económicas nada sabemos de las necesidades ajenas que nuestro esfuerzo productivo contribuirá a satisfacer, ni de los esfuerzos ajenos que acaban satisfaciendo nuestras propias necesidades. Casi todos ponemos nuestra aportación productiva al servicio de gentes que son para nosotros desconocidas, cuya existencia incluso ignoramos, mientras que buscamos satisfacer nuestros propios ciclos vitales en el consumo de bienes y servicios facilitados por gente que también desconocemos»" (De "El redescubrimiento del mercado"-Varios autores-Asociación de Bancos de la República Argentina-Buenos Aires 1992).
Leemos al respecto: "El concepto de competencia es uno de los más difíciles de la Economía, pero también de los más importantes. Ni siquiera los economistas profesionales han sido capaces de trazar un límite exacto entre el comportamiento competidor y el comportamiento no competidor".
"Se supone que la competencia impone orden en todas las actividades de compra y venta. En otras palabras, cuando estudiamos la competencia, tenemos que dirigir nuestra atención a los mercados en que se compran y venden bienes y servicios".
"Cada economía doméstica y cada empresa actúa en muchos mercados, a veces como compradora, y otras veces como vendedora. Cada economía doméstica es una unidad compradora cuando adquiere los alimentos, vestidos y otros bienes y servicios que se consumen o usan en ella. Es una unidad vendedora cuando ofrece en los mercados de recursos su trabajo, su tierra u otros recursos naturales, o su capital. Cada empresa es una unidad compradora cuando adquiere los recursos -trabajo, tierra, capital y talento para dirigir- que usa en su producción de bienes y servicios. Es una unidad vendedora cuando ofrece en venta estos bienes y servicios".
"De esto se desprende con claridad que todo mercado es un asunto bilateral, que supone compradores y vendedores. Por tanto, para que en un mercado reine plena competencia, tiene que haberla en los dos lados. Esto es, tienen que competir los compradores entre sí y también entre sí los vendedores. Por ejemplo, en un mercado de trabajo en que reine la competencia, los trabajadores competirán por las colocaciones que haya, y los empresarios competirán por el trabajo ofrecido en ese mercado. Es un error creer que la competencia y lo contrario de ésta, el monopolio, sólo tienen que ver con el comportamiento de empresas como vendedoras de bienes" (De "Introducción a la Economía" de John Van Sickle y Benjamin A. Rogge-UTEHA-México 1959).
Bajo ciertas condiciones, el proceso del mercado resulta ser un sistema autorregulado en el cual la variabilidad de los precios actúan como señales para la toma de decisiones. Así, una elevación del precio de un artículo, indica un aumento de la demanda mientras que una disminución del precio indica una disminución de la demanda. Luego, industriales y comerciantes elevarán sus inversiones asociadas en el primer caso y las disminuirán en el segundo caso.
Toda mejora en la economía de una sociedad estará asociada a un aumento en la cantidad y calidad de sus empresarios, principalmente. De ahí que un país subdesarrollado por lo general es el que tiene un reducido plantel de empresarios y también una mentalidad generalizada antiempresarial, lo que materializa tal subdesarrollo.
Desde la izquierda política, por el contrario, se supone que desde el Estado se habrán de corregir "los fallos del mercado", que serían los causantes de los problemas económicos. Tales "correcciones" implicarán controles de precios, emisión monetaria excesiva, créditos surgidos de mecanismos bancarios no asociados a ahorros genuinos, etc. Se advierte que estas intervenciones tienden a destruir la información brindada por los cambios de demanda y oferta, tendiendo a destruir, antes que a corregir, al proceso aautorregulado. Álvaro C. Alsogaray escribió: "El mercado es un sistema de organización económica y social indisolublemente asociado a formas políticas y jurídicas consubstanciales con las libertades individuales, los derechos humanos y los metodos democráticos".
"Ese sistema no ha sido planeado ni inventado por nadie; es una resultante de la acción humana y ha surgido espontáneamente a través del ejercicio de ésta a lo largo de siglos. El mercado es el mejor mecanismo descubierto hasta ahora por el hombre para coordinar los esfuerzos individuales dentro de un orden social extenso, con vistas a satisfacer de la mejor manera posible las necesidades, aspiraciones y el bienestar de los seres humanos".
"Cabe aquí una aclaración acerca de qué entendemos por «orden extenso», aunque ello pudiera parecer innecesario ya que toda nuestra vida diaria se desarrolla dentro de un orden de esa clase. En los tiempos primitivos existían grupos humanos (tribus, clanes, ciudades y otros agrupamientos), que comprendían a un número relativamente pequeño de individuos, pero a medida que la especie humana y la civilización se fueron desarrollando, aparecieron conglomerados de millones de personas que se desconocían entre sí pero que debían actuar dentro de un orden determinado. A ese orden es a lo que llamamos «orden extenso», que difiere fundamentalmente del existente en las agrupaciones primitivas menores. Esa diferencia no radica solamente en el número de miembros que integran la comunidad, sino los métodos, instituciones y estructuras que van surgiendo dentro de ella".
"En las comunidades primitivas que abarcaban un escenario limitado, era posible establecer determinados objetivos aceptados por todos sus integrantes, y organizar la cooperación de estos bajo una dirección central ejercida por el jefe de la comunidad. El comportamiento individual estaba entonces regulado por una autoridad que basaba su acción en principios de altruismo y solidaridad. El sistema podía funcionar porque los líderes disponían de la información necesaria para obtener el máximo provecho de la acción de todos y cada uno de sus integrantes, y éstos a su vez estaban también en condiciones de acceder a dicho conocimiento y apreciar los beneficios que se derivaban de él, lo cual los llevaba a aceptar naturalmente las reglas que les eran impuestas".
"Pero muy distinta es la situación en los órdenes extensos. En ellos la información necesaria para el mejor empleo de los recursos de la comunidad y el desarrollo de ésta, se encuentran dispersos entre centenares de miles y aún millones de seres humanos, y nadie puede disponer completamente de esa información. Nadie puede tampoco dirigir en forma directa las actividades de los individuos al mejor aprovechamiento de dicha información. Señala Hayek al respecto: «En nuestras actividades económicas nada sabemos de las necesidades ajenas que nuestro esfuerzo productivo contribuirá a satisfacer, ni de los esfuerzos ajenos que acaban satisfaciendo nuestras propias necesidades. Casi todos ponemos nuestra aportación productiva al servicio de gentes que son para nosotros desconocidas, cuya existencia incluso ignoramos, mientras que buscamos satisfacer nuestros propios ciclos vitales en el consumo de bienes y servicios facilitados por gente que también desconocemos»" (De "El redescubrimiento del mercado"-Varios autores-Asociación de Bancos de la República Argentina-Buenos Aires 1992).
miércoles, 10 de junio de 2026
¿Hacia un "cristianismo-islámico" o "islamismo-cristiano" europeo?
El Papa León XIV apoya la implantación en Europa de una sociedad idílica en la cual existirá una coexistencia de paz y armonía entre cristianos y musulmanes, por lo que aparentemente renuncia a toda intención de promover el cristianismo de manera de oponerse a la expansión del Islam en países históricamente cristianos. Puede decirse también que renuncia a la vigencia plena de la ética bìblica aceptando tácitamente la implantaciòn de la "ética" islámica.
Llama la atención que, mientras se introducen en las leyes vaticanas severas penas al ingreso no autorizado a su territorio, desde el Vaticano se promueve la inmigración no selectiva en los paìses europeos. Además, León XIV sugiere renunciar parcialmente a los valores que dan identidad a los europeos, para favorecer la "comunión" con los musulmanes. Pero tales valores, los de Europa, son los valores cristianos. Luego, falta poco para que diga que, en nombre de la paz y la unidad islámica-cristiana, los cristianos deberían renunciar al cristianismo y "afiliarse" al Islam.
El actual Papa pone como ejemplo de situación de paz y armonía social entre cristianos, judíos y musulmanes, a la supuestamente existente situación reinante durante la invasión islámica en la España medieval, algo que niegan los historiadores por cuanto tal proceso fue justamente una invasión en la cual habían amos y siervos, tal como ahora apuntan los invasores islámicos en caso de que se siga aumentando el porcentaje de población islámica en Europa.
En su reciente viaje por Turquía y el Líbano, León XIV expresó: “El miedo al Islam en Europa está generado por quien rechaza la migración”. Al respecto, puede decirse que si alguien siente miedo en algunos países europeos se debe al aumento de la violencia y de los asesinatos, como ocurre en Suecia, luego de la masiva inmigración de musulmanes. También puede sentir miedo un parisino cuando advierte que en su ciudad se cometen unos 120 ataques diarios con cuchillos. También puede sentir miedo el habitante de una ciudad europea en donde el terrorismo predicado en el Corán (yihad) ya ha actuado en otros momentos.
León XIV se muestra como el continuador de la obra de Jorge Bergoglio, para quien también era factible la coexistencia pacífica mencionada aduciendo además que "todas las religiones son iguales" o ideas similares. Cuando Bergoglio promueve una especie de unión de religiones, no lo hace renunciando a la ideología marxista-leninista o a la ideología islámica, sino renunciando a la ética bíblica, para que nada separe al cristianismo de otras religiones, por lo que en realidad estaría promoviendo una especie de Reino planetario del Anticristo.
Mario Caponnetto y Miguel De Lorenzo escribieron: "En el caso de Francisco, la cosa es bien distinta. Francisco no se equivoca. Al contrario, no hay en él una falla en la prudencia política, sino un expreso designio revolucionario que nace de la ideología anticristiana que lo anima y que lo lleva a promover de modo directo el triunfo de la revolución anticristiana, que incluye la utopía de una religión universal que funde una fraternidad demasiado humana".
"Bien podemos sospechar de su clara adhesión al sincretismo religioso. Todas las religiones, declaró en Singapur, son iguales, son sólo caminos para llegar a Dios. Todas ellas, incluida la religión católica, fraternizan y se hacen una en la común búsqueda de un reino que es de este mundo. Estamos delante de un nuevo designio -no el de la salvación eterna que importa poco- sino otro que reúne y congrega las diferentes religiones en pos del confort mundial para la materialización de la paz y la fraternidad universales, es decir, la edificación de la Civitas Hominis en lugar de la Civitas Dei".
"Todas “hermanadas”; pero casualmente no tanto ya que sólo la religión católica es la que para “fraternizar” debe renunciar a la Verdad de que Cristo es el Único Salvador del hombre. Así las cosas, es ineludible preguntar ¿qué clase de amontonamiento sin verdad es este que propone Francisco? Fue esta situación la gran inquietud de Ratzinger: por eso escribió y repitió insistentemente que la crisis de la verdad es letal para la fe y es el problema más grave de nuestro tiempo".
"El pluralismo será el valor fundamental entre los valores de una sociedad caracterizada por la fragmentación y el politeísmo (incluido el ateísmo), por el cambio constante y la segura felicidad de “pastar libres en un potrero verde” que solía recordarnos Genta citando a Nietzsche" (De www.laprensa.com.ar).
La armonía entre cristianos y musulmanes ha de ser posible cuando se produzcan renuncias respecto de las diferencias existentes en ambas éticas. Como no parece factible que los musulmanes abandonen su religiòn, ya que sus vidas correrían peligro ante el castigo coránico que apunta a la muerte al desertor, serían los cristianos los que deberían renunciar a su religión para no correr el riesgo de ser asesinados por infieles. De ahí que el proceso de "paz y armonía" conduciría a una pérdida absoluta de libertad al iniciar los cristianos una vida nueva en una sociedad totalitaria.
Excluyendo las actitudes del fanático que afirma que su propia religión es la mejor y la verdadera, resulta evidente que todas las religiones son distintas y que su seguimiento ha de producir también distintos efectos. De ahí que, en un momento histórico determinado, una de ellas ha de estar más cerca de la verdad que otras y ha de producir mejores efectos que las demás. Cuando un sacerdote católico no está convencido que el cristianismo es la mejor religión, debe dejar los hábitos y dedicarse a otra cosa en lugar de aceptar el pluralismo cuya idea subyacente es que “todas las religiones son iguales” o que “cualquiera de ellas produce similares efectos”. Mons. Marcel Lefebvre escribió: “Dos esquemas habían sido elaborados antes del Concilio Vaticano II en la Comisión Central Preparatoria. Uno, intitulado «De la tolerancia religiosa», era sostenido por el cardenal Ottaviani. Era un texto muy bello, muy ceñido a la doctrina tradicional”.
“El otro estaba presentado por el cardenal Bea. Se intitulaba «De la libertad religiosa» y contenía, a mi parecer y al de un número no desdeñable de padres, afirmaciones insostenibles y hasta groseros errores con respecto a la Verdad y a la Iglesia eterna. Por ejemplo, mientras la Iglesia proclamó siempre que no había salvación fuera de Jesucristo, el esquema del cardenal Bea afirmaba que todo hombre, siguiendo simplemente a su conciencia, puede alcanzar su salvación eterna” (De “Sí y no”-Editorial Iction-Buenos Aires 1978).
Entre los errores atribuidos a Jorge Bergoglio, puede considerarse su opinión acerca de la "igualdad" de las religiones, por lo cual el camino hacia la felicidad y a la inmortalidad, si existiese, no radicaría en el necesario e irrenunciable cumplimiento del "Amarás al prójimo como a ti mismo", que no aparece en el Corán, contradiciendo al propio Cristo y a sus declaraciones que aparecen en los Evangelios.
Mientras que cristianos y romanos se unieron en el pasado, debido a que el estoicismo predominante en Roma era compatible con la ética bíblica, Islam y cristianismo son incompatibles, por lo que ee imposible lograr cierta fusión como lo es la unión entre el agua y el aceite.
Llama la atención que, mientras se introducen en las leyes vaticanas severas penas al ingreso no autorizado a su territorio, desde el Vaticano se promueve la inmigración no selectiva en los paìses europeos. Además, León XIV sugiere renunciar parcialmente a los valores que dan identidad a los europeos, para favorecer la "comunión" con los musulmanes. Pero tales valores, los de Europa, son los valores cristianos. Luego, falta poco para que diga que, en nombre de la paz y la unidad islámica-cristiana, los cristianos deberían renunciar al cristianismo y "afiliarse" al Islam.
El actual Papa pone como ejemplo de situación de paz y armonía social entre cristianos, judíos y musulmanes, a la supuestamente existente situación reinante durante la invasión islámica en la España medieval, algo que niegan los historiadores por cuanto tal proceso fue justamente una invasión en la cual habían amos y siervos, tal como ahora apuntan los invasores islámicos en caso de que se siga aumentando el porcentaje de población islámica en Europa.
En su reciente viaje por Turquía y el Líbano, León XIV expresó: “El miedo al Islam en Europa está generado por quien rechaza la migración”. Al respecto, puede decirse que si alguien siente miedo en algunos países europeos se debe al aumento de la violencia y de los asesinatos, como ocurre en Suecia, luego de la masiva inmigración de musulmanes. También puede sentir miedo un parisino cuando advierte que en su ciudad se cometen unos 120 ataques diarios con cuchillos. También puede sentir miedo el habitante de una ciudad europea en donde el terrorismo predicado en el Corán (yihad) ya ha actuado en otros momentos.
León XIV se muestra como el continuador de la obra de Jorge Bergoglio, para quien también era factible la coexistencia pacífica mencionada aduciendo además que "todas las religiones son iguales" o ideas similares. Cuando Bergoglio promueve una especie de unión de religiones, no lo hace renunciando a la ideología marxista-leninista o a la ideología islámica, sino renunciando a la ética bíblica, para que nada separe al cristianismo de otras religiones, por lo que en realidad estaría promoviendo una especie de Reino planetario del Anticristo.
Mario Caponnetto y Miguel De Lorenzo escribieron: "En el caso de Francisco, la cosa es bien distinta. Francisco no se equivoca. Al contrario, no hay en él una falla en la prudencia política, sino un expreso designio revolucionario que nace de la ideología anticristiana que lo anima y que lo lleva a promover de modo directo el triunfo de la revolución anticristiana, que incluye la utopía de una religión universal que funde una fraternidad demasiado humana".
"Bien podemos sospechar de su clara adhesión al sincretismo religioso. Todas las religiones, declaró en Singapur, son iguales, son sólo caminos para llegar a Dios. Todas ellas, incluida la religión católica, fraternizan y se hacen una en la común búsqueda de un reino que es de este mundo. Estamos delante de un nuevo designio -no el de la salvación eterna que importa poco- sino otro que reúne y congrega las diferentes religiones en pos del confort mundial para la materialización de la paz y la fraternidad universales, es decir, la edificación de la Civitas Hominis en lugar de la Civitas Dei".
"Todas “hermanadas”; pero casualmente no tanto ya que sólo la religión católica es la que para “fraternizar” debe renunciar a la Verdad de que Cristo es el Único Salvador del hombre. Así las cosas, es ineludible preguntar ¿qué clase de amontonamiento sin verdad es este que propone Francisco? Fue esta situación la gran inquietud de Ratzinger: por eso escribió y repitió insistentemente que la crisis de la verdad es letal para la fe y es el problema más grave de nuestro tiempo".
"El pluralismo será el valor fundamental entre los valores de una sociedad caracterizada por la fragmentación y el politeísmo (incluido el ateísmo), por el cambio constante y la segura felicidad de “pastar libres en un potrero verde” que solía recordarnos Genta citando a Nietzsche" (De www.laprensa.com.ar).
La armonía entre cristianos y musulmanes ha de ser posible cuando se produzcan renuncias respecto de las diferencias existentes en ambas éticas. Como no parece factible que los musulmanes abandonen su religiòn, ya que sus vidas correrían peligro ante el castigo coránico que apunta a la muerte al desertor, serían los cristianos los que deberían renunciar a su religión para no correr el riesgo de ser asesinados por infieles. De ahí que el proceso de "paz y armonía" conduciría a una pérdida absoluta de libertad al iniciar los cristianos una vida nueva en una sociedad totalitaria.
Excluyendo las actitudes del fanático que afirma que su propia religión es la mejor y la verdadera, resulta evidente que todas las religiones son distintas y que su seguimiento ha de producir también distintos efectos. De ahí que, en un momento histórico determinado, una de ellas ha de estar más cerca de la verdad que otras y ha de producir mejores efectos que las demás. Cuando un sacerdote católico no está convencido que el cristianismo es la mejor religión, debe dejar los hábitos y dedicarse a otra cosa en lugar de aceptar el pluralismo cuya idea subyacente es que “todas las religiones son iguales” o que “cualquiera de ellas produce similares efectos”. Mons. Marcel Lefebvre escribió: “Dos esquemas habían sido elaborados antes del Concilio Vaticano II en la Comisión Central Preparatoria. Uno, intitulado «De la tolerancia religiosa», era sostenido por el cardenal Ottaviani. Era un texto muy bello, muy ceñido a la doctrina tradicional”.
“El otro estaba presentado por el cardenal Bea. Se intitulaba «De la libertad religiosa» y contenía, a mi parecer y al de un número no desdeñable de padres, afirmaciones insostenibles y hasta groseros errores con respecto a la Verdad y a la Iglesia eterna. Por ejemplo, mientras la Iglesia proclamó siempre que no había salvación fuera de Jesucristo, el esquema del cardenal Bea afirmaba que todo hombre, siguiendo simplemente a su conciencia, puede alcanzar su salvación eterna” (De “Sí y no”-Editorial Iction-Buenos Aires 1978).
Entre los errores atribuidos a Jorge Bergoglio, puede considerarse su opinión acerca de la "igualdad" de las religiones, por lo cual el camino hacia la felicidad y a la inmortalidad, si existiese, no radicaría en el necesario e irrenunciable cumplimiento del "Amarás al prójimo como a ti mismo", que no aparece en el Corán, contradiciendo al propio Cristo y a sus declaraciones que aparecen en los Evangelios.
Mientras que cristianos y romanos se unieron en el pasado, debido a que el estoicismo predominante en Roma era compatible con la ética bíblica, Islam y cristianismo son incompatibles, por lo que ee imposible lograr cierta fusión como lo es la unión entre el agua y el aceite.
domingo, 7 de junio de 2026
Cipayos de izquierda
La palabra "cipayo", equivalente a "colaboracionista", tiene su origen en la India de la época colonial cuando varios indios apoyaban de alguna manera, o facilitaban, el ejercicio del poder británico sobre su nación. "En Argentina, «cipayo» es un término despectivo utilizado en el ámbito político para describir a una persona que prioriza, defiende o sirve a los intereses de potencias extranjeras en detrimento de su propio país. Funciona como sinónimo de «vendepatria» o colaboracionista".
Si bien pareciera que la única razón de ser de la izquierda política consistiría en luchar en contra del "imperialismo yanqui", en los hechos concretos pareciera ser todo lo contrario. Ello se debe a que, cuando existe la posibilidad de ascenso al poder de un gobierno de tipo socialista en determinado país, comienza un éxodo de capitales y de capital humano que busca refugiarse en países seguros como los EEUU. Justamente, el poderío económico, científico e industrial de EEUU se debe principalmente a la llegada de inmigrantes con grandes aptitudes, y de capitales, que son expulsados de alguna manera por sus países de origen.
En épocas de la Unión Soviética, este imperio era sentido como la "madre patria" por gran parte de los integrantes de los Partidos Comunistas de todo el mundo, quienes actuaban como espías y propagandistas en sus propios países con la esperanza de ser conquistados en el futuro por dicho imperio. Incluso una "madre" no se olvida tan fácilmente y en la actualidad resulta fácil advertir, en redes sociales de Internet, cómo apoyan la expansión rusa sobre Ucrania hasta el extremo, en varios casos, de esperar que Putin decida arrojar bombas nucleares sobre Ucrania. De ahí que aparezcan videos en los cuales se dice que el líder ruso "está perdiendo la paciencia" ante la oposición ucraniana, como si acaso tuviera derechos unilaterales para expandirse hasta abarcar territorios que antes eran parte de la URSS.
En Europa se advierte un proceso expansivo del totalitarismo islámico favorecido por gobiernos socialistas, que buscan destruir todo lo que sea occidental y cristiano, casi reeditando el objetivo principal del imperio soviético. Unas imágenes representativas del estado mental de gran parte de los europeos se propagaron en Inglaterra, cuando un inmigrante acusa ante la policía a un joven inglés de 18 años por ser "racista", mostrando haber recibido algún golpe, por lo que tales policías de inmediato le colocan esposas al joven caído, sin advertir que había sufrido cinco puñaladas del inmigrante (posiblemente musulmán y africano). De ahí que muere en el lugar sin ser ayudado por los policías, incluso esposado. En las imágenes se advierte que los policías tieden a creer en la palabra del inmigrante (inocente hasta que demuestre lo contrario) y a descreer del inglés que, por ser blanco, se supone culpable hasta que demuestre lo contrario.
Muchos ingleses, como estos policías, son cipayos a favor del totalitarismo islámico y en contra de su propio país y de sus propios compatriotas, por lo que podemos considerar, además, que predomina en muchos países europeos gente que sufre tanto de neurosis como de psicosis, atentiendo una definición simple de ambos trastornos: "El neurótico dice 2 + 2 = 4 y se siente mal. El psicótico dice 2 + 2 = 5 y se siente bien". De ahí que los europeos de izquierda festejan el avance del Islam, algo nefasto para toda sociedad, y despotrican sobre todo lo europeo y del hombre blanco en general.
El encubrimiento sobre las fechorías, violaciones y crímenes cometidos por sectores islámicos y africanos en Europa, goza también de encubrimiento por parte de algunos periodistas argentinos. Tal es así que, cuando se emite la noticia, en la TV Pública, que Suecia bajó la edad de imputabilidad hasta los 13 años, debido a la utilización de menores para cometer asesinatos por parte de grupos delictivos integrados por inmigrantes, en ningún momento se dice en el noticiero que tal medida se tomó para limitar la violencia de esas bandas delictivas, por lo que el televidente inadvertido podría suponer que los suecos nativos, por alguna extraña razón, se están convirtiendo en delincuentes abandonando su tradicional vida pacífica.
Si bien pareciera que la única razón de ser de la izquierda política consistiría en luchar en contra del "imperialismo yanqui", en los hechos concretos pareciera ser todo lo contrario. Ello se debe a que, cuando existe la posibilidad de ascenso al poder de un gobierno de tipo socialista en determinado país, comienza un éxodo de capitales y de capital humano que busca refugiarse en países seguros como los EEUU. Justamente, el poderío económico, científico e industrial de EEUU se debe principalmente a la llegada de inmigrantes con grandes aptitudes, y de capitales, que son expulsados de alguna manera por sus países de origen.
En épocas de la Unión Soviética, este imperio era sentido como la "madre patria" por gran parte de los integrantes de los Partidos Comunistas de todo el mundo, quienes actuaban como espías y propagandistas en sus propios países con la esperanza de ser conquistados en el futuro por dicho imperio. Incluso una "madre" no se olvida tan fácilmente y en la actualidad resulta fácil advertir, en redes sociales de Internet, cómo apoyan la expansión rusa sobre Ucrania hasta el extremo, en varios casos, de esperar que Putin decida arrojar bombas nucleares sobre Ucrania. De ahí que aparezcan videos en los cuales se dice que el líder ruso "está perdiendo la paciencia" ante la oposición ucraniana, como si acaso tuviera derechos unilaterales para expandirse hasta abarcar territorios que antes eran parte de la URSS.
En Europa se advierte un proceso expansivo del totalitarismo islámico favorecido por gobiernos socialistas, que buscan destruir todo lo que sea occidental y cristiano, casi reeditando el objetivo principal del imperio soviético. Unas imágenes representativas del estado mental de gran parte de los europeos se propagaron en Inglaterra, cuando un inmigrante acusa ante la policía a un joven inglés de 18 años por ser "racista", mostrando haber recibido algún golpe, por lo que tales policías de inmediato le colocan esposas al joven caído, sin advertir que había sufrido cinco puñaladas del inmigrante (posiblemente musulmán y africano). De ahí que muere en el lugar sin ser ayudado por los policías, incluso esposado. En las imágenes se advierte que los policías tieden a creer en la palabra del inmigrante (inocente hasta que demuestre lo contrario) y a descreer del inglés que, por ser blanco, se supone culpable hasta que demuestre lo contrario.
Muchos ingleses, como estos policías, son cipayos a favor del totalitarismo islámico y en contra de su propio país y de sus propios compatriotas, por lo que podemos considerar, además, que predomina en muchos países europeos gente que sufre tanto de neurosis como de psicosis, atentiendo una definición simple de ambos trastornos: "El neurótico dice 2 + 2 = 4 y se siente mal. El psicótico dice 2 + 2 = 5 y se siente bien". De ahí que los europeos de izquierda festejan el avance del Islam, algo nefasto para toda sociedad, y despotrican sobre todo lo europeo y del hombre blanco en general.
El encubrimiento sobre las fechorías, violaciones y crímenes cometidos por sectores islámicos y africanos en Europa, goza también de encubrimiento por parte de algunos periodistas argentinos. Tal es así que, cuando se emite la noticia, en la TV Pública, que Suecia bajó la edad de imputabilidad hasta los 13 años, debido a la utilización de menores para cometer asesinatos por parte de grupos delictivos integrados por inmigrantes, en ningún momento se dice en el noticiero que tal medida se tomó para limitar la violencia de esas bandas delictivas, por lo que el televidente inadvertido podría suponer que los suecos nativos, por alguna extraña razón, se están convirtiendo en delincuentes abandonando su tradicional vida pacífica.
jueves, 4 de junio de 2026
Ciencia y filosofía: ¿aliadas o rivales?
El avance cultural de la humanidad ha requerido de aportes provenientes tanto de la religión como de la filosofía y de la ciencia. Sin embargo, no toda religión ni toda filosofía ha favorecido tal proceso cultural, incluso muchas veces lo han hecho retroceder. La ciencia experimental, por el contrario, al fundamentarse en experiencias concretas, tiende a lograr resultados convincentes y favorables al avance cultural de la humanidad. Debe aclararse que la ciencia es una actividad cognitiva que progresa en base a "prueba y error" y que sus resultados son provisorios si bien en muchas de sus ramas alcanza resultados válidos definitivos. Tampoco debe atribuirse a la ciencia las aplicaciones tecnológicas realizadas por cuestiones militares, aún cuando algunas figuras importantes de tal actividad humana hayan colaborado en la construcción de armamentos de destrucción masiva, algo que escapa a los lineamientos y finalidades de la ciencia en sí.
Gran parte del proceso de evolución cultural fue generado por la religión y la filosofía, mientras que la ciencia experimental surge recién en el siglo XVII, aproximadamente. Las ciencias sociales comienzan a surgir recién en el siglo XIX. En la actualidad existe un predominio de las ciencias sociales sobre la filosofía, si bien no resulta aceptable la postura de quienes abogan por un abandono de la filosofía, ya que, históricamente, ha sido una actividad respetable y positiva para el acceso al conocimiento. John Passmore escribió: "En el siglo XIX, la ciencia natural adquirió la categoría de institución social: empezó a invadir escuelas y universidades, a exigir que hubiera laboratorios junto con bibliotecas, a proclamar que ella, y no las humanidades clásicas o la filosofía, la verdaderamente formativa".
"Como es natural, estas pretensiones no quedaron sin respuesta; la ciencia sólo podía lograr para sí un lugar bajo el sol a cierto coste para los intereses creados. La beligerancia de Haeckel, Huxley y Clifford, era ciencia que pasaba a la ofensiva. Estos autores llamaron la atención del público sobre el surgimiento de una nueva fuerza social que iba a acabar siendo enormemente poderosa -de forma parecida a cómo la impetuosidad de un adolescente indica que a partir de ahora hay una nueva persona con la que contar".
"Sin embargo, hubo otros científicos que manifestaron un síntoma de adolescencia distinto: el análisis introspectivo, la autocrítica. Al principio, esta autocrítica se centró en la expulsión de la ciencia -y especialmente de la mecánica- de todo lo que pudiera perturbar a una conciencia positivista. Estos científicos se dedicaron, pues, a recopilar notas al neokantismo".
"El prefacio a los Principles of Mecanics (Principios de la Mecánica, 1874) de Kirchhoff resume el programa del positivismo científico. «La mecánica -escribía Kirchhoff- es la ciencia del movimiento; definimos su objeto como la descripción completa de la forma más sencilla posible de los movimientos que ocurren en la naturaleza». Kirchhoff está decidido a negar que la ciencia explique «por qué» las cosas suceden como lo hacen. Él mantenía la tesis de que para el científico todo «porqué» es un «cómo» -el científico concluye su tarea describiendo nuevas conexiones entre los fenómenos, no pasando a las «razones subyacentes» que están más allá de ellos" (De "100 años de filosofía"-Alianza Editorial SA-Madrid 1981).
La gran ventaja de la ciencia, respecto de la religión y la filosofìa, no sólo radica en la posibilidad de experimentar conclusiones e hipótesis, sino en dejar de lado todos los "porqué" para apuntar sólo al "cómo", a cómo están hechas las leyes naturales restringiendo toda discusión a interpretar resultados y a vislumbrar los pasos a seguir en el futuro. En el ámbito de las ciencias sociales, se reduce también a describir leyes psicológicas que nos dejan a un paso de la confección de una ética natural elemental. De ahì que, lo que debe ser, ha de ser necesariamente una optimizaciòn de lo que es.
En la actualidad, en las cátedras de muchas universidades de Occidente, se ha renunciado a impartir conocimientos de validez objetiva apuntando a convertirse en centros de adoctrinamiento político o filosófico, algo completamente alejado de todo objetivo que apunte a una mejora cultural. Tal distorsión se debe, entre otros aspectos, a que algunas ramas de las ciencias sociales en realidad pasan por una etapa precientífica, o bien se utilizan planteos de tipo filosófico sin apenas considerar alguna forma de control científico. Debe señalarse que en las ramas de la ciencia serias, existen acuerdos una vez confirmadas experimentalmente las teorías propuestas. Por el contrario, las ideologías politicas tienden a ser autorreferentes, partiendo de que ellas son la verdad, por lo cual el conocimiento objetivo está lejos de alcanzarse.
Una actitud similar fue adoptada durante el siglo XX en la URSS con la filosofía marxista, con la cual se intentó reemplazar la propia realidad como referencia, llegándose al extremo de establecerse una "genética no mendeliana" por parte de Trofim Lysenko, con el correspondiente deterioro posterior de la agricultura soviética. Las catástrofes sociales producidas por el comunismo son un indicio adicional del precio que se paga por orientarse por filosofías de dudosa validez.
Incluso en la actualidad persisten los "filósofos" que creen que su misión consiste en establecer "principios generales" que habrán de orientar y fundamentar tanto a la ciencia experimental como a toda la humanidad. En realidad, es la ciencia la que debe fundamentar a la filosofía y no la filosofía a la ciencia. Esta última postura puede ejemplificarse con el siguiente escrito de Robert Hutchins: "En una universidad ideal, el estudiante no tendría que retroceder desde las observaciones más recientes hasta los primeros principios, sino que habría de avanzar desde los primeros principios hasta aquellas observaciones que nos pareciesen significativas para comprenderlos...Las ciencias naturales sacan sus principios de la filosofía de la naturaleza, la cual, a su vez, depende de la metafísica...La metafísica, o estudio de los primeros principios, lo invade todo...Las ciencias naturales y sociales dependen de ella y le están subordinadas".
En los citados "delirios metafísicos" se observa una actitud similar a la adoptada por la Iglesia del pasado o por el marxismo actual, ya que cada sector se atribuye la mayor importancia minimizando las restantes ramas del conocimiento. Al respecto, Philipp Frank escribió: "Este programa, evidentemente, está fundado en la creencia de que hay principios filosóficos independientes de los avances de la ciencia, y de los cuales, en cambio, pueden deducirse las proposiciones más generales de las ciencias naturales y sociales".
"El problema que ofrece tal programa es, por supuesto, encontrar esos principios de validez permanente. De hecho, la permanencia de los principios filosóficos sólo puede ser conservada y garantizada por autoridades espirituales o seculares, o por ambas. Ninguna educación universitaria puede fundarse en una metafísica, a menos que la elija una autoridad que tenga a su cargo, permanentemente, la regulación de la enseñanza" (De "Filosofía de la Ciencia"-Herrero Hermanos Sucesores SA-México 1965).
Mientras que el pseudofilósofo tiende a proponer principios que abarcan la totalidad de lo existente, escapándoseles por lo general la mayor parte de la realidad, el científico auténtico tiende a organizar el conocimiento mediante el método axiomático, adoptando principios, o axiomas, de limitada validez, referidos sólo a un sector de la realidad, es decir, mientras que tal "filósofo" pretende deducir toda la realidad a partir de los principios propuestos (de arriba hacia abajo), el científico ubica sus principios de abajo hacia arriba, para luego hacer deducciones adicionales dentro de su restringido campo de aplicación.
Los teólogos y los pseudofilósofos, que ignoran o menosprecian las leyes naturales, pontifican desde las alturas de lo sobrenatural y de la estricta racionalidad lógica, respectivamente. Lo grave del caso es que alejan a la gente de la religión moral, y de la moral elemental, para enmascararla con misterios inaccesibles al hombre común, o bien estableciendo "principios abstractos" que adicionalmente tienden a debilitar las posturas económicas y políticas a las cuales pretenden "fundamentar".
Toda descripción de la realidad que no tenga en cuenta las leyes naturales (que rigen todo lo existente) no tiene razón de ser. Como la ciencia experimental describe, justamente, tales leyes, es la candidata para fundamentar tanto a la filosofía como a la religión. No por ello se le debe dar un rango de menor importancia a las otras ramas del conocimiento, ya que en realidad conforman un conjunto en el cual sus partes se complementan mutualmente.
Gran parte del proceso de evolución cultural fue generado por la religión y la filosofía, mientras que la ciencia experimental surge recién en el siglo XVII, aproximadamente. Las ciencias sociales comienzan a surgir recién en el siglo XIX. En la actualidad existe un predominio de las ciencias sociales sobre la filosofía, si bien no resulta aceptable la postura de quienes abogan por un abandono de la filosofía, ya que, históricamente, ha sido una actividad respetable y positiva para el acceso al conocimiento. John Passmore escribió: "En el siglo XIX, la ciencia natural adquirió la categoría de institución social: empezó a invadir escuelas y universidades, a exigir que hubiera laboratorios junto con bibliotecas, a proclamar que ella, y no las humanidades clásicas o la filosofía, la verdaderamente formativa".
"Como es natural, estas pretensiones no quedaron sin respuesta; la ciencia sólo podía lograr para sí un lugar bajo el sol a cierto coste para los intereses creados. La beligerancia de Haeckel, Huxley y Clifford, era ciencia que pasaba a la ofensiva. Estos autores llamaron la atención del público sobre el surgimiento de una nueva fuerza social que iba a acabar siendo enormemente poderosa -de forma parecida a cómo la impetuosidad de un adolescente indica que a partir de ahora hay una nueva persona con la que contar".
"Sin embargo, hubo otros científicos que manifestaron un síntoma de adolescencia distinto: el análisis introspectivo, la autocrítica. Al principio, esta autocrítica se centró en la expulsión de la ciencia -y especialmente de la mecánica- de todo lo que pudiera perturbar a una conciencia positivista. Estos científicos se dedicaron, pues, a recopilar notas al neokantismo".
"El prefacio a los Principles of Mecanics (Principios de la Mecánica, 1874) de Kirchhoff resume el programa del positivismo científico. «La mecánica -escribía Kirchhoff- es la ciencia del movimiento; definimos su objeto como la descripción completa de la forma más sencilla posible de los movimientos que ocurren en la naturaleza». Kirchhoff está decidido a negar que la ciencia explique «por qué» las cosas suceden como lo hacen. Él mantenía la tesis de que para el científico todo «porqué» es un «cómo» -el científico concluye su tarea describiendo nuevas conexiones entre los fenómenos, no pasando a las «razones subyacentes» que están más allá de ellos" (De "100 años de filosofía"-Alianza Editorial SA-Madrid 1981).
La gran ventaja de la ciencia, respecto de la religión y la filosofìa, no sólo radica en la posibilidad de experimentar conclusiones e hipótesis, sino en dejar de lado todos los "porqué" para apuntar sólo al "cómo", a cómo están hechas las leyes naturales restringiendo toda discusión a interpretar resultados y a vislumbrar los pasos a seguir en el futuro. En el ámbito de las ciencias sociales, se reduce también a describir leyes psicológicas que nos dejan a un paso de la confección de una ética natural elemental. De ahì que, lo que debe ser, ha de ser necesariamente una optimizaciòn de lo que es.
En la actualidad, en las cátedras de muchas universidades de Occidente, se ha renunciado a impartir conocimientos de validez objetiva apuntando a convertirse en centros de adoctrinamiento político o filosófico, algo completamente alejado de todo objetivo que apunte a una mejora cultural. Tal distorsión se debe, entre otros aspectos, a que algunas ramas de las ciencias sociales en realidad pasan por una etapa precientífica, o bien se utilizan planteos de tipo filosófico sin apenas considerar alguna forma de control científico. Debe señalarse que en las ramas de la ciencia serias, existen acuerdos una vez confirmadas experimentalmente las teorías propuestas. Por el contrario, las ideologías politicas tienden a ser autorreferentes, partiendo de que ellas son la verdad, por lo cual el conocimiento objetivo está lejos de alcanzarse.
Una actitud similar fue adoptada durante el siglo XX en la URSS con la filosofía marxista, con la cual se intentó reemplazar la propia realidad como referencia, llegándose al extremo de establecerse una "genética no mendeliana" por parte de Trofim Lysenko, con el correspondiente deterioro posterior de la agricultura soviética. Las catástrofes sociales producidas por el comunismo son un indicio adicional del precio que se paga por orientarse por filosofías de dudosa validez.
Incluso en la actualidad persisten los "filósofos" que creen que su misión consiste en establecer "principios generales" que habrán de orientar y fundamentar tanto a la ciencia experimental como a toda la humanidad. En realidad, es la ciencia la que debe fundamentar a la filosofía y no la filosofía a la ciencia. Esta última postura puede ejemplificarse con el siguiente escrito de Robert Hutchins: "En una universidad ideal, el estudiante no tendría que retroceder desde las observaciones más recientes hasta los primeros principios, sino que habría de avanzar desde los primeros principios hasta aquellas observaciones que nos pareciesen significativas para comprenderlos...Las ciencias naturales sacan sus principios de la filosofía de la naturaleza, la cual, a su vez, depende de la metafísica...La metafísica, o estudio de los primeros principios, lo invade todo...Las ciencias naturales y sociales dependen de ella y le están subordinadas".
En los citados "delirios metafísicos" se observa una actitud similar a la adoptada por la Iglesia del pasado o por el marxismo actual, ya que cada sector se atribuye la mayor importancia minimizando las restantes ramas del conocimiento. Al respecto, Philipp Frank escribió: "Este programa, evidentemente, está fundado en la creencia de que hay principios filosóficos independientes de los avances de la ciencia, y de los cuales, en cambio, pueden deducirse las proposiciones más generales de las ciencias naturales y sociales".
"El problema que ofrece tal programa es, por supuesto, encontrar esos principios de validez permanente. De hecho, la permanencia de los principios filosóficos sólo puede ser conservada y garantizada por autoridades espirituales o seculares, o por ambas. Ninguna educación universitaria puede fundarse en una metafísica, a menos que la elija una autoridad que tenga a su cargo, permanentemente, la regulación de la enseñanza" (De "Filosofía de la Ciencia"-Herrero Hermanos Sucesores SA-México 1965).
Mientras que el pseudofilósofo tiende a proponer principios que abarcan la totalidad de lo existente, escapándoseles por lo general la mayor parte de la realidad, el científico auténtico tiende a organizar el conocimiento mediante el método axiomático, adoptando principios, o axiomas, de limitada validez, referidos sólo a un sector de la realidad, es decir, mientras que tal "filósofo" pretende deducir toda la realidad a partir de los principios propuestos (de arriba hacia abajo), el científico ubica sus principios de abajo hacia arriba, para luego hacer deducciones adicionales dentro de su restringido campo de aplicación.
Los teólogos y los pseudofilósofos, que ignoran o menosprecian las leyes naturales, pontifican desde las alturas de lo sobrenatural y de la estricta racionalidad lógica, respectivamente. Lo grave del caso es que alejan a la gente de la religión moral, y de la moral elemental, para enmascararla con misterios inaccesibles al hombre común, o bien estableciendo "principios abstractos" que adicionalmente tienden a debilitar las posturas económicas y políticas a las cuales pretenden "fundamentar".
Toda descripción de la realidad que no tenga en cuenta las leyes naturales (que rigen todo lo existente) no tiene razón de ser. Como la ciencia experimental describe, justamente, tales leyes, es la candidata para fundamentar tanto a la filosofía como a la religión. No por ello se le debe dar un rango de menor importancia a las otras ramas del conocimiento, ya que en realidad conforman un conjunto en el cual sus partes se complementan mutualmente.
martes, 2 de junio de 2026
La adversidad que fortalece vs. La comodidad que debilita
Los casos más representativos que indican que la adversidad fortalece mientras que la comodidad debilita, los encontramos a nivel empresarial, ya que es frecuente observar casos en que el fundador de una empresa ha debido luchar contra innumerables adversidades para iniciar y mantener vigente un emprendimiento productivo. Sus hijos y sus nietos, por el contrario, al ser beneficiados hereditariamente con una situacion económica que les ha permitido vivir en la comodidad, la seguridad y hasta en el lujo, poco aptos han resultado para darle continuidad a tal emprendimiento. Por ello no resulta dificil advertir que tales descendientes, poco habituados al trabajo duro, terminan fundiendo la herencia recibida. Anaxágoras escribió: “Es grande trabajo el que cuesta juntar algunas riquezas, pero es mayor aun el que se necesita para conservarlas”.
Este proceso destructivo no sólo se advierte a nivel empresarial sino también en el caso de sociedades y países, como es el caso de aquellas naciones que disponen de suficientes riquezas naturales llegando a niveles de pobreza alarmantes. Por el contrario, países con pocas riquezas naturales, han podido mantener aceptables niveles económicos. Al respecto leemos: "Según escribe Toynbee, el «hundimiento de las civilizaciones no lo provocan fuerzas cósmicas que escapen al control humano», sino «la pérdida del equilibrio mental y moral» basado en los valores y la consiguiente conducta corrupta de sus líderes y sus elementos constituyentes" (De "El filósofo interior" de Lou Marinoff y Daisaku Ikeda-Ediciones B SA-Barcelona 2014).
Tanto en el caso de los individuos como en el de las naciones, es frecuente que las situaciones adversas promuevan su fortalecimiento, mientras que las situaciones favorables los perjudiquen. Ello se debe a que, en los casos de adversidad, el individuo tiene la necesidad de adaptarse rápidamente a las dificultades que la vida le presenta, por lo que se ve obligado a madurar en poco tiempo, y ello podrá favorecer su éxito posterior.
Es posible hablar de un "gran ciclo" en el cual una sociedad empieza en un estado de pobreza generalizada. Con el tiempo, debido a las circunstancias, logra un elevado nivel de vida. La comodidad se asocia a la debilidad hasta llegar nuevamente a una situación de pobreza, reiniciando otro ciclo ascendente.
Los diferentes resultados que produce el capitalismo, respecto del socialismo, se deben esencialmente a que el capitalismo genera una vida exigente a todo integrante de la sociedad, mientras que el socialismo genera la debilidad de quienes sólo han de cumplir órdenes y adaptarse a un plan estatal, anulándose sus capacidades respecto de todo proceso productivo.
La tendencia predominante en política consiste en establecer el Estado de Bienestar por el cual todo individuo debe ser protegido por el Estado aunque los recursos deban salir de la población misma. Y aquí se llega a una situación algo similar al de los “hijos de ricos” por cuanto se tiende a desfavorecer las aptitudes para el trabajo, la responsabilidad y el esfuerzo.
Hace algunos años, a algún político se le ocurrió la idea de promover el ingreso a Mendoza de inmigrantes rumanos que vivían, entonces, bajo un régimen comunista. En principio, como la Argentina es un país de inmigrantes, la idea pareció buena. Sin embargo, pudo observarse que tales grupos venían en realidad a pedir limosnas y a ser alimentados por los demás. En el centro de Mendoza, algunos hombres y mujeres, junto a sus hijos, permanecían quietos, como para no gastar energías, esperando recibir alguna moneda de quienes por ahí pasaban. Esto era un síntoma, seguramente, de haber vivido en una sociedad en que se acostumbraba a todo individuo a cumplir órdenes y a no tener responsabilidad alguna por su futuro y por el de los demás. Andrei Sajarov escribía respecto de la vida en la Unión Soviética: “Como muchos autores señalan, el pleno monopolio estatal conduce inevitablemente a la represión y al conformismo coercitivo, pues todo individuo depende por entero del Estado. En los periodos críticos de represión aparece el terror, y en las épocas más tranquilas reina la burocracia inepta, la uniformidad y la apatía” (De “Mi país y el mundo”-Editorial Noguer SA-Barcelona 1976).
Existen dos tipos de países a considerar respecto de la disponibilidad, o no, de recursos naturales. Los que los tienen, a veces descuidan su capacidad de supervivencia. Es un caso similar al del hijo del millonario que apenas se preocupa por aprender a ganarse la vida. Ya en el siglo XIX, Juan Bautista Alberdi advertía: “La América del Sud está ocupada por pueblos pobres que habitan suelo rico, al revés de la Europa, ocupada en su mayor parte por pueblos ricos que habitan suelo pobre”.
“La primera dificultad de Sud América para escapar de la pobreza es que ignora su condición económica. Con la persuasión de que es rica y por causa de esa persuasión, vive pobre, porque toma por riqueza lo que no es sino instrumento para producirla. Los pueblos de Sud América, en efecto, nos creemos ricos y gastamos como ricos lo ajeno y lo nuestro, sólo porque tenemos vastos territorios, dotados de clima y aptitudes, capaces de servir al trabajo del hombre para producir riqueza” (De “Estudios Económicos”-Librería La Facultad-Buenos Aires 1927).
Si se tienen muchos medios naturales, aparece entonces cierta apatía para potenciar los atributos personales, que constituyen el capital humano. Como los factores para lograr la riqueza son el capital material y el humano, al fallar este último, no se logran los resultados deseados. Guillermo Izquierdo Araya escribía a un amigo en la década de los 40: “En este país, el problema moral, es decir, el de la calidad intrínseca de los hombres, es el mayor problema argentino. Precisamente, como este país nada en la abundancia, y gran parte de su población se ha formado sobre la base de los inmigrantes que vienen a esta tierra generosa en busca de riqueza, se ha formado una población de un nivel moral muy bajo, como que ha crecido en el ambiente del mercantilismo utilitario y del interés inmediato. Esto se ha traducido en la política, siempre, en un desprecio absoluto por la moral” (Citado en “Nuestros vecinos justicialistas” de Alejandro Magnet-Editorial del Pacifico SA-Santiago de Chile 1953).
Incluso en épocas recientes ha surgido una especie de “ética argentina” por la cual, cuando un país pide dinero prestado y no lo devuelve, no se lo considera un estafador, sino que el “culpable” y el “malo” es el que pretende cobrar lo que prestó (más los intereses convenidos). Desde un punto de vista material, resulta ventajoso no pagar, pero entonces uno se convierte en un delincuente. Y si ni siquiera se reconoce esa realidad y se denigra al que quiere cobrar, podemos entonces decir que, como sociedad, estamos tocando fondo.
Por el contrario, los países que tienen una pobre “herencia natural”, es decir, poca extensión cultivable, pocos recursos energéticos, etc., se ven en la imperiosa necesidad de no equivocarse y de potenciar al máximo sus atributos personales a nivel individual. En otras palabras, si se tiene poca materia prima se debe potenciar el capital humano, tal el caso del Japón. Akio Morita, fundador de la empresa Sony, escribió: “No hay magia ni secreto que haga que una compañía japonesa tenga éxito, cuando se hagan muchas de las cosas correctas, y las deben hacer los directivos de la empresa; no las pueden hacer ni los banqueros ni los burócratas. La gloria y la némesis de la empresa nipona, el flujo vital de nuestro motor industrial es la buena y anticuada competencia. Es una clase rigurosa de competencia y, en ocasiones, es tan rigurosa que me preocupa que se la exporte a otros países. A los japoneses nos gusta competir, no sólo en los negocios sino también en la vida”.
“Es la intensa competencia dentro del país lo que hace que nuestras compañías tengan tanto espíritu de competencia en el exterior. En la rivalidad de los negocios –feroz como es- el acuerdo no escrito de competencia por parte del mercado no es para que una sola empresa vorazmente se quede con todo. Sin embargo, si una empresa se hunde, su competidor no la mantendrá a flote”. “Es en la competencia por ocupar un lugar en el mercado interno que esas empresas desarrollan la habilidad para competir en el exterior” (De “Made in Japan”-Emecé Editores SA-Bogotá 1987).
Las causas del subdesarrollo argentino podemos encontrarlas, en principio, en el error compartido con aquellos países que heredan un medio geográfico favorable y que luego descuidan su capital humano. Sin embargo, existen otras opiniones, por lo que podemos distinguir dos posturas extremas:
a) Disponemos de un medio geográfico muy favorable para el desarrollo económico
b) Pero nuestra ciudadanía descuida su nivel ético y cultural
c) Consecuencia: seguimos en el subdesarrollo por nuestra culpa
La postura socialista y peronista, por el contrario, sostiene:
a) Disponemos de un medio geográfico muy favorable para el desarrollo económico
b) Pero, como somos “un país con buena gente”, desde el exterior nos envidian y temen el pleno desarrollo de nuestro potencial humano, por lo que han acordado en no dejarnos crecer
c) Consecuencia: seguiremos en el subdesarrollo hasta que caiga el imperialismo yankee
Quienes promovemos, de alguna manera, la mejora del nivel cultural y ético de la sociedad, somos considerados como “colaboracionistas” del imperialismo yankee, o algo por el estilo. De todas maneras, aun cuando los ciudadanos de los EEUU fueran bastante peores de lo que se supone, el camino a emprender es el del mejoramiento individual y el de la eficacia productiva a través de la inversión y del trabajo.
Este proceso destructivo no sólo se advierte a nivel empresarial sino también en el caso de sociedades y países, como es el caso de aquellas naciones que disponen de suficientes riquezas naturales llegando a niveles de pobreza alarmantes. Por el contrario, países con pocas riquezas naturales, han podido mantener aceptables niveles económicos. Al respecto leemos: "Según escribe Toynbee, el «hundimiento de las civilizaciones no lo provocan fuerzas cósmicas que escapen al control humano», sino «la pérdida del equilibrio mental y moral» basado en los valores y la consiguiente conducta corrupta de sus líderes y sus elementos constituyentes" (De "El filósofo interior" de Lou Marinoff y Daisaku Ikeda-Ediciones B SA-Barcelona 2014).
Tanto en el caso de los individuos como en el de las naciones, es frecuente que las situaciones adversas promuevan su fortalecimiento, mientras que las situaciones favorables los perjudiquen. Ello se debe a que, en los casos de adversidad, el individuo tiene la necesidad de adaptarse rápidamente a las dificultades que la vida le presenta, por lo que se ve obligado a madurar en poco tiempo, y ello podrá favorecer su éxito posterior.
Es posible hablar de un "gran ciclo" en el cual una sociedad empieza en un estado de pobreza generalizada. Con el tiempo, debido a las circunstancias, logra un elevado nivel de vida. La comodidad se asocia a la debilidad hasta llegar nuevamente a una situación de pobreza, reiniciando otro ciclo ascendente.
Los diferentes resultados que produce el capitalismo, respecto del socialismo, se deben esencialmente a que el capitalismo genera una vida exigente a todo integrante de la sociedad, mientras que el socialismo genera la debilidad de quienes sólo han de cumplir órdenes y adaptarse a un plan estatal, anulándose sus capacidades respecto de todo proceso productivo.
La tendencia predominante en política consiste en establecer el Estado de Bienestar por el cual todo individuo debe ser protegido por el Estado aunque los recursos deban salir de la población misma. Y aquí se llega a una situación algo similar al de los “hijos de ricos” por cuanto se tiende a desfavorecer las aptitudes para el trabajo, la responsabilidad y el esfuerzo.
Hace algunos años, a algún político se le ocurrió la idea de promover el ingreso a Mendoza de inmigrantes rumanos que vivían, entonces, bajo un régimen comunista. En principio, como la Argentina es un país de inmigrantes, la idea pareció buena. Sin embargo, pudo observarse que tales grupos venían en realidad a pedir limosnas y a ser alimentados por los demás. En el centro de Mendoza, algunos hombres y mujeres, junto a sus hijos, permanecían quietos, como para no gastar energías, esperando recibir alguna moneda de quienes por ahí pasaban. Esto era un síntoma, seguramente, de haber vivido en una sociedad en que se acostumbraba a todo individuo a cumplir órdenes y a no tener responsabilidad alguna por su futuro y por el de los demás. Andrei Sajarov escribía respecto de la vida en la Unión Soviética: “Como muchos autores señalan, el pleno monopolio estatal conduce inevitablemente a la represión y al conformismo coercitivo, pues todo individuo depende por entero del Estado. En los periodos críticos de represión aparece el terror, y en las épocas más tranquilas reina la burocracia inepta, la uniformidad y la apatía” (De “Mi país y el mundo”-Editorial Noguer SA-Barcelona 1976).
Existen dos tipos de países a considerar respecto de la disponibilidad, o no, de recursos naturales. Los que los tienen, a veces descuidan su capacidad de supervivencia. Es un caso similar al del hijo del millonario que apenas se preocupa por aprender a ganarse la vida. Ya en el siglo XIX, Juan Bautista Alberdi advertía: “La América del Sud está ocupada por pueblos pobres que habitan suelo rico, al revés de la Europa, ocupada en su mayor parte por pueblos ricos que habitan suelo pobre”.
“La primera dificultad de Sud América para escapar de la pobreza es que ignora su condición económica. Con la persuasión de que es rica y por causa de esa persuasión, vive pobre, porque toma por riqueza lo que no es sino instrumento para producirla. Los pueblos de Sud América, en efecto, nos creemos ricos y gastamos como ricos lo ajeno y lo nuestro, sólo porque tenemos vastos territorios, dotados de clima y aptitudes, capaces de servir al trabajo del hombre para producir riqueza” (De “Estudios Económicos”-Librería La Facultad-Buenos Aires 1927).
Si se tienen muchos medios naturales, aparece entonces cierta apatía para potenciar los atributos personales, que constituyen el capital humano. Como los factores para lograr la riqueza son el capital material y el humano, al fallar este último, no se logran los resultados deseados. Guillermo Izquierdo Araya escribía a un amigo en la década de los 40: “En este país, el problema moral, es decir, el de la calidad intrínseca de los hombres, es el mayor problema argentino. Precisamente, como este país nada en la abundancia, y gran parte de su población se ha formado sobre la base de los inmigrantes que vienen a esta tierra generosa en busca de riqueza, se ha formado una población de un nivel moral muy bajo, como que ha crecido en el ambiente del mercantilismo utilitario y del interés inmediato. Esto se ha traducido en la política, siempre, en un desprecio absoluto por la moral” (Citado en “Nuestros vecinos justicialistas” de Alejandro Magnet-Editorial del Pacifico SA-Santiago de Chile 1953).
Incluso en épocas recientes ha surgido una especie de “ética argentina” por la cual, cuando un país pide dinero prestado y no lo devuelve, no se lo considera un estafador, sino que el “culpable” y el “malo” es el que pretende cobrar lo que prestó (más los intereses convenidos). Desde un punto de vista material, resulta ventajoso no pagar, pero entonces uno se convierte en un delincuente. Y si ni siquiera se reconoce esa realidad y se denigra al que quiere cobrar, podemos entonces decir que, como sociedad, estamos tocando fondo.
Por el contrario, los países que tienen una pobre “herencia natural”, es decir, poca extensión cultivable, pocos recursos energéticos, etc., se ven en la imperiosa necesidad de no equivocarse y de potenciar al máximo sus atributos personales a nivel individual. En otras palabras, si se tiene poca materia prima se debe potenciar el capital humano, tal el caso del Japón. Akio Morita, fundador de la empresa Sony, escribió: “No hay magia ni secreto que haga que una compañía japonesa tenga éxito, cuando se hagan muchas de las cosas correctas, y las deben hacer los directivos de la empresa; no las pueden hacer ni los banqueros ni los burócratas. La gloria y la némesis de la empresa nipona, el flujo vital de nuestro motor industrial es la buena y anticuada competencia. Es una clase rigurosa de competencia y, en ocasiones, es tan rigurosa que me preocupa que se la exporte a otros países. A los japoneses nos gusta competir, no sólo en los negocios sino también en la vida”.
“Es la intensa competencia dentro del país lo que hace que nuestras compañías tengan tanto espíritu de competencia en el exterior. En la rivalidad de los negocios –feroz como es- el acuerdo no escrito de competencia por parte del mercado no es para que una sola empresa vorazmente se quede con todo. Sin embargo, si una empresa se hunde, su competidor no la mantendrá a flote”. “Es en la competencia por ocupar un lugar en el mercado interno que esas empresas desarrollan la habilidad para competir en el exterior” (De “Made in Japan”-Emecé Editores SA-Bogotá 1987).
Las causas del subdesarrollo argentino podemos encontrarlas, en principio, en el error compartido con aquellos países que heredan un medio geográfico favorable y que luego descuidan su capital humano. Sin embargo, existen otras opiniones, por lo que podemos distinguir dos posturas extremas:
a) Disponemos de un medio geográfico muy favorable para el desarrollo económico
b) Pero nuestra ciudadanía descuida su nivel ético y cultural
c) Consecuencia: seguimos en el subdesarrollo por nuestra culpa
La postura socialista y peronista, por el contrario, sostiene:
a) Disponemos de un medio geográfico muy favorable para el desarrollo económico
b) Pero, como somos “un país con buena gente”, desde el exterior nos envidian y temen el pleno desarrollo de nuestro potencial humano, por lo que han acordado en no dejarnos crecer
c) Consecuencia: seguiremos en el subdesarrollo hasta que caiga el imperialismo yankee
Quienes promovemos, de alguna manera, la mejora del nivel cultural y ético de la sociedad, somos considerados como “colaboracionistas” del imperialismo yankee, o algo por el estilo. De todas maneras, aun cuando los ciudadanos de los EEUU fueran bastante peores de lo que se supone, el camino a emprender es el del mejoramiento individual y el de la eficacia productiva a través de la inversión y del trabajo.
sábado, 30 de mayo de 2026
Hacia la unidad de las virtudes
La búsqueda de unificaciones, ya sea en ciencia o en filosofía, no sólo apunta a la simplificación del conocimiento, sino también a satisfacer una necesidad práctica imprescindible para una mejora ética generalizada. De ahí que sea necesario establecer una especie de "teoría de las virtudes" que permita cierta introspección inmediata.
También es necesario establecer la unificación de los defectos, por cuanto todo proceso introspectivo está ligado al doble juego de aumentar nuestras virtudes como en disminuir nuestros defectos. Es el mismo proceso del enriquecimiento material, en el cual debemos intensificar nuestras ganancias y reducir nuestras pérdidas.
Toda virtud ha de ser un atributo contemplado desde una posible interacción social, esto es, resultará asociada a una actitud o predisposición concreta respecto de la alegría o el dolor ajenos. Tal predisposición podrá cambiar en el tiempo, tanto para mejor como para peor, según las diversas circunstancias sociales que se le presentarán a cada individuo.
Una teoría unificadora de la ética, como toda teoría compatible con la naturaleza humana, ha de tener en cuenta los aportes realizados en el pasado. En este caso, tales aportes se deberán principalmente a Sócrates, Cristo y Spinoza. Tales aportes conducirán hasta la Psicología social, o Psicología de las actitudes. La unificación mencionada implica principalmente la descripción de la actitud o predisposición hacia la cooperación social, materializada en la empatía emocional y por la cual intentamos compartir las penas y las alegrías ajenas como propias.
Para Sócrates, la felicidad estaba asociada principalmente con los aspectos emocionales e intelectuales, dejando de lado los aspectos asociados a las comodidades del cuerpo. Ya en épocas lejanas vislumbra la vinculación necesaria entre razonamiento y emoción, aspecto que será retomado por la actual neurociencia. Beatriz Collina escribió: "Para Sócrates, la felicidad no dependía ni de la satisfacción inmediata del placer ni de la posesión de riquezas o de cosas materiales en general. Ya en la época, cualquier concepción similar de la felicidad iba totalmente a contracorriente y resultaba difícilmente comprensible para el ciudadano medio".
"Razón y virtud eran concebidas como si estuviesen unidas indisolublemente. Por este motivo, para describir la ética socrática, se utiliza por lo general la expresión racionalismo moral. Sócrates, en efecto, concebía la virtud como ciencia, al considerar que el hombre sólo podría distinguir entre lo que está bien y lo que está mal a través de la razón y el conocimiento".
"Asumir tal punto de vista implicaba inevitablemente una serie de consecuencias. En primer lugar, hacía posible que Sócrates justificase el hecho que la virtud pudiese ser enseñada o aprendida. Si, en efecto, la virtud es conocimiento, entonces cualquiera que lo desee puede aproximarse a ella y cultivarla. La virtud ya no se concebía como un don divino reservado tan sólo a unos pocos hombres elegidos; al contrario, estaba potencialmente abierta a todos".
"En este sentido, la virtud de Sócrates es democrática. Además, la visión moral de Sócrates casaba a la perfección con su enfoque general sobre la reflexión filosófica: al igual que la verdad, también el bien y el mal tenían que ser definidos mediante un debate público y racional. La acción moral debía emanar del razonamiento y no basarse en códigos ya escritos o revelados".
"El racionalismo moral conllevaba una segunda consecuencia fundamental. Si el conocimiento conducía a la virtud (es decir, a la capacidad de distinguir el bien del mal y de optar consecuentemente por el primero), la ignorancia, por el contrario, llevaba al vicio" (De "Sócrates"-EMSE EDAPP SL-Buenos Aires 2016).
La unificación de las virtudes es una imperiosa necesidad por cuanto existe una gran cantidad de denominaciones para ciertos atributos humanos poco fáciles para darnos una idea concreta de lo que se trata. Lou Marinoff escribió: "La filosofía griega antigua, por ejemplo, ensalzaba las virtudes de la sabiduría, el coraje, la templanza y la justicia. Los confusianos respetaban las llamadas cinco virtudes: benevolencia, justicia, cortesía, sabiduría y fidelidad. Benjamín Franklin hizo una lista de trece virtudes: templanza, silencio, orden, determinación, frugalidad, diligencia, sinceridad, justicia, moderación, aseo, castidad, tranquilidad y humildad. Todas merecen ser observadas" (De "El filósofo interior" de Lou Marinoff y Daisaku Ikeda-Ediciones B SA-Barcelona 2014).
A manera de síntesis, puede decirse que en el bíblico "Amarás al prójimo como a ti mismo", interpretado como "compartirás las penas y las alegrías ajenas como propias", reside la predisposición que conduce a la aprehensión de todas las virtudes reconocidas por la mayor parte de los autores que escriben sobre cuestiones éticas.
También es necesario establecer la unificación de los defectos, por cuanto todo proceso introspectivo está ligado al doble juego de aumentar nuestras virtudes como en disminuir nuestros defectos. Es el mismo proceso del enriquecimiento material, en el cual debemos intensificar nuestras ganancias y reducir nuestras pérdidas.
Toda virtud ha de ser un atributo contemplado desde una posible interacción social, esto es, resultará asociada a una actitud o predisposición concreta respecto de la alegría o el dolor ajenos. Tal predisposición podrá cambiar en el tiempo, tanto para mejor como para peor, según las diversas circunstancias sociales que se le presentarán a cada individuo.
Una teoría unificadora de la ética, como toda teoría compatible con la naturaleza humana, ha de tener en cuenta los aportes realizados en el pasado. En este caso, tales aportes se deberán principalmente a Sócrates, Cristo y Spinoza. Tales aportes conducirán hasta la Psicología social, o Psicología de las actitudes. La unificación mencionada implica principalmente la descripción de la actitud o predisposición hacia la cooperación social, materializada en la empatía emocional y por la cual intentamos compartir las penas y las alegrías ajenas como propias.
Para Sócrates, la felicidad estaba asociada principalmente con los aspectos emocionales e intelectuales, dejando de lado los aspectos asociados a las comodidades del cuerpo. Ya en épocas lejanas vislumbra la vinculación necesaria entre razonamiento y emoción, aspecto que será retomado por la actual neurociencia. Beatriz Collina escribió: "Para Sócrates, la felicidad no dependía ni de la satisfacción inmediata del placer ni de la posesión de riquezas o de cosas materiales en general. Ya en la época, cualquier concepción similar de la felicidad iba totalmente a contracorriente y resultaba difícilmente comprensible para el ciudadano medio".
"Razón y virtud eran concebidas como si estuviesen unidas indisolublemente. Por este motivo, para describir la ética socrática, se utiliza por lo general la expresión racionalismo moral. Sócrates, en efecto, concebía la virtud como ciencia, al considerar que el hombre sólo podría distinguir entre lo que está bien y lo que está mal a través de la razón y el conocimiento".
"Asumir tal punto de vista implicaba inevitablemente una serie de consecuencias. En primer lugar, hacía posible que Sócrates justificase el hecho que la virtud pudiese ser enseñada o aprendida. Si, en efecto, la virtud es conocimiento, entonces cualquiera que lo desee puede aproximarse a ella y cultivarla. La virtud ya no se concebía como un don divino reservado tan sólo a unos pocos hombres elegidos; al contrario, estaba potencialmente abierta a todos".
"En este sentido, la virtud de Sócrates es democrática. Además, la visión moral de Sócrates casaba a la perfección con su enfoque general sobre la reflexión filosófica: al igual que la verdad, también el bien y el mal tenían que ser definidos mediante un debate público y racional. La acción moral debía emanar del razonamiento y no basarse en códigos ya escritos o revelados".
"El racionalismo moral conllevaba una segunda consecuencia fundamental. Si el conocimiento conducía a la virtud (es decir, a la capacidad de distinguir el bien del mal y de optar consecuentemente por el primero), la ignorancia, por el contrario, llevaba al vicio" (De "Sócrates"-EMSE EDAPP SL-Buenos Aires 2016).
La unificación de las virtudes es una imperiosa necesidad por cuanto existe una gran cantidad de denominaciones para ciertos atributos humanos poco fáciles para darnos una idea concreta de lo que se trata. Lou Marinoff escribió: "La filosofía griega antigua, por ejemplo, ensalzaba las virtudes de la sabiduría, el coraje, la templanza y la justicia. Los confusianos respetaban las llamadas cinco virtudes: benevolencia, justicia, cortesía, sabiduría y fidelidad. Benjamín Franklin hizo una lista de trece virtudes: templanza, silencio, orden, determinación, frugalidad, diligencia, sinceridad, justicia, moderación, aseo, castidad, tranquilidad y humildad. Todas merecen ser observadas" (De "El filósofo interior" de Lou Marinoff y Daisaku Ikeda-Ediciones B SA-Barcelona 2014).
A manera de síntesis, puede decirse que en el bíblico "Amarás al prójimo como a ti mismo", interpretado como "compartirás las penas y las alegrías ajenas como propias", reside la predisposición que conduce a la aprehensión de todas las virtudes reconocidas por la mayor parte de los autores que escriben sobre cuestiones éticas.
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