El actual movimiento feminista, que se opone a todo lo que representa el varón, como así también la mayor parte de los movimientos políticos de izquierda, basan sus acciones en una ideología cercana a un trastorno psicológico conocido como "psicología de la victimización". De ahí que no busquen tanto la pregonada igualdad, sino que esencialmente buscan revancha por supuestos, o reales, males recibidos en el pasado.
Cuando la victimización establece cierta identidad personal, se necesitan enemigos para sostenerla en el tiempo. La víctima, o quien padece el trastorno de la victimización, se convierte en perseguidora del sector enemigo.
Las feministas de izquierda dicen ser silenciadas pero buscan la cancelación de quienes se opongan o disientan respecto de sus objetivos de venganza social. Dicen buscar igualdad pero en realidad buscan privilegios de grupo. De ahí que esto no sea otra cosa que una simple "ideología de victimización".
No buscan soluciones sino que buscan constituir una victimización perpetua. Si el victimismo es la fuente personal y grupal de poder, abandonar el victimismo implica una amenaza contra la propia existencia. Así, piensan de cada uno que su principal atributo personal es haber sido dañado. Si abandonan su trauma no saben quienes son. Pierden el sentido de sus vidas y sucumben ante el vacío existencial.
Cuando pasan del ámbito individual al colectivo convierten el trauma en un arma política. Si el conflicto se acabara en algún momento, la identidad del movimiento desaparecería. Tratan que el daño nunca cicatrice. Se cambia "lo que a uno le pasó" para convertirse en "quién eres".
La síntesis anterior resume un artículo aparecido en youtube. Se recomienda observarlo:
Buscar como: PSICÓLOGA ANALIZA: FEMINISMO RADICAL Y VICTIMISMO CRÓNICO
De: MENCHU PSICÓLOGA
domingo, 8 de febrero de 2026
Cultura y sociedad de masas
El hombre masa es el que toma como referencia lo que la mayoría dice y lo que la mayoría cree, careciendo de intenciones de pensar por su propia cuenta adoptando la realidad como referencia. Las masas son las preferidas por los agitadores políticos, apuntando a convertirse en directores mentales de gran cantidad de seres humanos, algo completamente opuesto a la idea bíblica del Reino de Dios, es decir, ser gobernados por Dios a través de las leyes naturales a través de los mandamientos éticos. Gustave Le Bon escribió: "Poco aptas para el razonamiento, las multitudes son, por el contrario, muy aptas para la acción. Por su organización actual su fuerza es inmensa. Los dogmas que vemos apuntar tendrán pronto la fuerza de los antiguos dogmas; es decir, la fuerza tiránica y soberana que hace inútil toda discusión y la repugna. El derecho divino de las muchedumbres reemplazará al derecho divino de los reyes" (De "Psicología de las multitudes"-Editorial Albatros-Buenos Aires 1972).
No son solamente los políticos los que pretenden gobernar a las masas, sino también los demás sectores de la sociedad ya que apuntan a ser admitidos por la mayoría de la sociedad, ya sea en el ámbito de la industria, el comercio, la cultura, el arte y el deporte, entre otros. Ello conlleva una posible adaptación generalizada hacia las masas, renunciando al proceso inverso de intentar adaptar al hombre masa hacia niveles culturales superiores.
Fernando Savater, en un resumen de la obra de Theodor Adorno, escribió al respecto: "Adorno fue, sino el primero, por lo menos el más destacado de los pensadores que comenzaron a reflexionar sobre un fenómeno profundamente actual y contemporáneo: los medios de comunicación de masas y las posibilidades que tienen, tanto para lo bueno como para lo malo. De ahí al análisis de la industria cultural había un paso".
"Es verdad que antes la cultura estaba destinada para unos pocos. Solamente el príncipe podía oír música de cámara, la persona pudiente podía tener una gran biblioteca de obras encuadernadas en piel, etc. Hoy todos podemos escuchar a las mejores orquestas con solamente introducir un disco en nuestro reproductor de CD".
"Cualquiera puede tener las obras literarias más importantes en ediciones de bolsillo, y todo esto obviamente supone un progreso, pero también tiene un costo. Adorno entonces estudió qué es lo que se pierde cuando se populariza y se extiende de esta manera extraordinaria la cultura, que está supuestamente al alcance de todos".
"¿No va perdiendo algo del énfasis crítico? ¿No va perdiendo algo de la capacidad rebelde que tuvo en algún momento? Al extenderse, al ponerse al alcance de todos, ¿no se va domesticando y perdiendo toda su crítica de la sociedad y toda su posibilidad de transformación y revolución? Y, por supuesto, los grandes medios de comunicación, que son tan potentes e importantes, lo mismo pueden servir para difundir temas educativos y culturales, o para manipular conciencias e imponer consignas".
En cuanto a la racionalidad moderna, Savater escribió: "Nuestra época se precia de ser fundamentalmente técnica y científica, es decir, profundamente racional. Adorno, junto con Horkheimer, estudió esta racionalidad moderna y concluyó que sí, que los hombres actuales aplicamos la razón, pero sólo en los medios que utilizamos para las cosas, es decir que hay apenas una razón instrumental que analiza cuáles son los mejores medios que hay que buscar para obtener tal o cual fin, los instrumentos técnicos, los científicos, incluso los mecanismos de organización social".
"Todos estos análisis son instrumentales, están muy racionalmente sirviendo a un fin. Pero ¿es racional ese fin? Esa es la pregunta que Adorno y Horkheimer se hacen en su Dialéctica de la Ilustración. Para ambos la Ilustración, el desarrollo intelectual, la crítica, la ciencia, el abandono de la religión y de las supersticiones, crean un orden racional, pero un orden racional solamente centrado en sus instrumentos".
"¿Cuando llega el momento de los fines? ¿Del todo esto para qué? ¿Qué queremos buscar? Eso sigue siendo irracional. Nuestra sociedad ha llevado, por ejemplo, al nazismo y al stalinismo. Fórmulas ambas que no tienen nada de racionales. Los métodos que se emplearon sí lo fueron, instrumentos para tener el poder, el dominio, la manipulación de la gente y de las conciencias. Se trata de métodos racionales, pero todos al servicio de fines profundamente irracionales" (De "La aventura del pensamiento"-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2008).
Si bien los autores citados por Savater formaron parte de la Escuela de Frankfurt, grupo de intelectuales de dudosa positividad social, es importante el planteo mencionado. Si bien los errores sociales son observados por todas las tendencias ideológicas, las diferencias surgen respecto de las posibles soluciones a esos males.
No son solamente los políticos los que pretenden gobernar a las masas, sino también los demás sectores de la sociedad ya que apuntan a ser admitidos por la mayoría de la sociedad, ya sea en el ámbito de la industria, el comercio, la cultura, el arte y el deporte, entre otros. Ello conlleva una posible adaptación generalizada hacia las masas, renunciando al proceso inverso de intentar adaptar al hombre masa hacia niveles culturales superiores.
Fernando Savater, en un resumen de la obra de Theodor Adorno, escribió al respecto: "Adorno fue, sino el primero, por lo menos el más destacado de los pensadores que comenzaron a reflexionar sobre un fenómeno profundamente actual y contemporáneo: los medios de comunicación de masas y las posibilidades que tienen, tanto para lo bueno como para lo malo. De ahí al análisis de la industria cultural había un paso".
"Es verdad que antes la cultura estaba destinada para unos pocos. Solamente el príncipe podía oír música de cámara, la persona pudiente podía tener una gran biblioteca de obras encuadernadas en piel, etc. Hoy todos podemos escuchar a las mejores orquestas con solamente introducir un disco en nuestro reproductor de CD".
"Cualquiera puede tener las obras literarias más importantes en ediciones de bolsillo, y todo esto obviamente supone un progreso, pero también tiene un costo. Adorno entonces estudió qué es lo que se pierde cuando se populariza y se extiende de esta manera extraordinaria la cultura, que está supuestamente al alcance de todos".
"¿No va perdiendo algo del énfasis crítico? ¿No va perdiendo algo de la capacidad rebelde que tuvo en algún momento? Al extenderse, al ponerse al alcance de todos, ¿no se va domesticando y perdiendo toda su crítica de la sociedad y toda su posibilidad de transformación y revolución? Y, por supuesto, los grandes medios de comunicación, que son tan potentes e importantes, lo mismo pueden servir para difundir temas educativos y culturales, o para manipular conciencias e imponer consignas".
En cuanto a la racionalidad moderna, Savater escribió: "Nuestra época se precia de ser fundamentalmente técnica y científica, es decir, profundamente racional. Adorno, junto con Horkheimer, estudió esta racionalidad moderna y concluyó que sí, que los hombres actuales aplicamos la razón, pero sólo en los medios que utilizamos para las cosas, es decir que hay apenas una razón instrumental que analiza cuáles son los mejores medios que hay que buscar para obtener tal o cual fin, los instrumentos técnicos, los científicos, incluso los mecanismos de organización social".
"Todos estos análisis son instrumentales, están muy racionalmente sirviendo a un fin. Pero ¿es racional ese fin? Esa es la pregunta que Adorno y Horkheimer se hacen en su Dialéctica de la Ilustración. Para ambos la Ilustración, el desarrollo intelectual, la crítica, la ciencia, el abandono de la religión y de las supersticiones, crean un orden racional, pero un orden racional solamente centrado en sus instrumentos".
"¿Cuando llega el momento de los fines? ¿Del todo esto para qué? ¿Qué queremos buscar? Eso sigue siendo irracional. Nuestra sociedad ha llevado, por ejemplo, al nazismo y al stalinismo. Fórmulas ambas que no tienen nada de racionales. Los métodos que se emplearon sí lo fueron, instrumentos para tener el poder, el dominio, la manipulación de la gente y de las conciencias. Se trata de métodos racionales, pero todos al servicio de fines profundamente irracionales" (De "La aventura del pensamiento"-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2008).
Si bien los autores citados por Savater formaron parte de la Escuela de Frankfurt, grupo de intelectuales de dudosa positividad social, es importante el planteo mencionado. Si bien los errores sociales son observados por todas las tendencias ideológicas, las diferencias surgen respecto de las posibles soluciones a esos males.
jueves, 5 de febrero de 2026
La fe en religión y en política
La adopción de la fe, como base del conocimiento religioso, presenta ciertos riesgos por cuanto, mediante la confianza en alguien que dice ser un enviado de Dios, podemos llegar al seguimiento de Cristo o también al de Mahoma, cuyas propuestas son totalmente distintas y opuestas. De ahí que hace falta algo más que la fe ciega e incondicional. Junto a la fe debe existir cierta coherencia lógica tanto en las interpretaciones de los dogmas como en las sugerencias emitidas, como también cierta visión respecto de los resultados que las creencias producen en individuos y sociedades.
Quienes se jactan de tener una fe desligada de la razón y de las evidencias, en cierta forma se convierten en esclavos mentales de otros seres humanos, ya que la esclavitud mental voluntaria es una consecuencia de la negligencia mental. También son culpables de esta situación quienes adoptan la postura de rectores mentales de otros individuos. Miguel de Unamuno escribió: “El verdadero pecado, acaso el pecado contra el Espíritu Santo, que no tiene remisión, es el pecado de herejía, el de pensar por cuenta propia. Ya se ha oído aquí, en nuestra España, que ser liberal, esto es, hereje, es peor que ser asesino, ladrón o adúltero. El pecado más grave es no obedecer a la Iglesia, cuya infalibilidad nos defiende de la razón”.
“¿Y por qué ha de escandalizar la infalibilidad de un hombre, del Papa? ¿Qué más da que sea infalible un libro: la Biblia, una sociedad de hombres: la Iglesia, o un hombre solo? ¿Cambia por eso la dificultad racional de esencia? Y pues no siendo más racional la infalibilidad de un libro o la de una sociedad que la de un hombre solo, había que asentar este supremo escándalo para el racionalismo” (De “Del sentimiento trágico de la vida”-Espasa-Calpe SA-Madrid 1980).
La fe ciega y obsecuente no se observa sólo en el ámbito de la religión sino también en el ámbito de la política, ya que muchos adhieren a ciertas ideologías que les dan sentido a sus vidas, y que, en caso de rechazarlas, implicaría quedar perdidos por la vida sin ninguna orientación. Este es el caso de los totalitarismos, cuyos seguidores se someten voluntariamente a la visión del mundo impuesta por los ideólogos respectivos. Cuando existe diferencia entre teoría y realidad, proceden de inmediato a cambiar la realidad. Por el contrario, el científico auténtico, cuando existe tal diferencia, procede a cambiar la teoría en cuestión.
Las creencias asociadas al mantenimiento de teorías políticas poco compatibles con la realidad, conducen a opiniones inverosímiles. Este es el caso de un terremoto producido en Mendoza en 1985, con muy pocas víctimas pero con gran cantidad de viviendas averiadas. En la actualidad, se advierte la existencia de un importante porcentaje de gente que cree que tal movimiento sísmico fue producido por "una explosión en la precordillera ocasionada por EEUU". Asombra la "elasticidad ideológica" para asociar cualquier acontecimiento negativo al "imperialismo yanqui", ignorando toda opinión de gente especializada y mirando como estúpidos a quienes aceptan las opiniones de científicos, que estarían actuando en complot con el "imperialismo". Carlos Daniel Lasa escribió: "El progresista es, ante todo, un ferviente creyente. Cree que la razón humana es tan perfecta que es capaz de generar una idea que eliminará todo el mal de este mundo. El progresista, en efecto, propicia la existencia de un estado paradisíaco dentro de la misma historia. Y este «mañana» prometedor, gracias a la acción humana orientada por la razón omnipotente, será siempre mejor que el pasado y el presente".
"Abandonada la idea de eternidad, el progresista privilegia la dimensión futura del tiempo. Allí, en lo que «todavía no es» (pero que lo será por obra de la acción humana), el hombre podrá encontrar la satisfacción completa de todas sus exigencias. La razón progresista se considera capaz de generar una idea salvífica que se ejecutará a través de una ingeniería política. Entonces, la felicidad humana, ansiada y definitiva, será posible" (De www.laprensa.com.ar).
Algunos especialistas en materia de política consideran este proceso. Leemos al respecto: "Hasta el año 1500 había verdades inmutables a las que se llegaba a través de la meditación o la interpretación de textos sagrados. Existían también conocimientos sin importancia que se obtenían, casi accidentalmente, y podían permitir la creación de inventos, pero que estaban sujetos al verdadero saber".
"Esa postura subyace en las ciencias sociales y en los políticos precientíficos que suponen que lo importante es tener una ideología o un marco teórico correcto, aunque contradiga a la realidad. Creen en doctrinas infalibles y en poderes mágicos que atribuyen a sus dirigentes, desprecian los números, los descubrimientos y las observaciones porque creen que conducen a verdades superficiales".
"No se pueden contradecir los conceptos de Antonio Gramsci o la doctrina de Lenin con el burdo argumento de que lo que dijeron no existe en la realidad según su análisis empírico o los estudios de opinión. Los conceptos no se pueden refutar desde la realidad concreta porque tienen que ver con teorías duras que son inmutables. Para saber qué hacemos con los youtubers y su impacto en los procesos democráticos debemos interpretar a Aristóteles o a León Trotsky".
"Tratar de entender esos fenómenos aplicando el método científico es degradar la política. Ningún profeta usó porcentajes o números para explicar su verdad, no se pueden reemplazar sus enseñanzas con simples investigaciones" (De "La política en el siglo XXI" de J. Durán Barba y S. Nieto-Debate-Buenos Aires 2017).
Quienes se jactan de tener una fe desligada de la razón y de las evidencias, en cierta forma se convierten en esclavos mentales de otros seres humanos, ya que la esclavitud mental voluntaria es una consecuencia de la negligencia mental. También son culpables de esta situación quienes adoptan la postura de rectores mentales de otros individuos. Miguel de Unamuno escribió: “El verdadero pecado, acaso el pecado contra el Espíritu Santo, que no tiene remisión, es el pecado de herejía, el de pensar por cuenta propia. Ya se ha oído aquí, en nuestra España, que ser liberal, esto es, hereje, es peor que ser asesino, ladrón o adúltero. El pecado más grave es no obedecer a la Iglesia, cuya infalibilidad nos defiende de la razón”.
“¿Y por qué ha de escandalizar la infalibilidad de un hombre, del Papa? ¿Qué más da que sea infalible un libro: la Biblia, una sociedad de hombres: la Iglesia, o un hombre solo? ¿Cambia por eso la dificultad racional de esencia? Y pues no siendo más racional la infalibilidad de un libro o la de una sociedad que la de un hombre solo, había que asentar este supremo escándalo para el racionalismo” (De “Del sentimiento trágico de la vida”-Espasa-Calpe SA-Madrid 1980).
La fe ciega y obsecuente no se observa sólo en el ámbito de la religión sino también en el ámbito de la política, ya que muchos adhieren a ciertas ideologías que les dan sentido a sus vidas, y que, en caso de rechazarlas, implicaría quedar perdidos por la vida sin ninguna orientación. Este es el caso de los totalitarismos, cuyos seguidores se someten voluntariamente a la visión del mundo impuesta por los ideólogos respectivos. Cuando existe diferencia entre teoría y realidad, proceden de inmediato a cambiar la realidad. Por el contrario, el científico auténtico, cuando existe tal diferencia, procede a cambiar la teoría en cuestión.
Las creencias asociadas al mantenimiento de teorías políticas poco compatibles con la realidad, conducen a opiniones inverosímiles. Este es el caso de un terremoto producido en Mendoza en 1985, con muy pocas víctimas pero con gran cantidad de viviendas averiadas. En la actualidad, se advierte la existencia de un importante porcentaje de gente que cree que tal movimiento sísmico fue producido por "una explosión en la precordillera ocasionada por EEUU". Asombra la "elasticidad ideológica" para asociar cualquier acontecimiento negativo al "imperialismo yanqui", ignorando toda opinión de gente especializada y mirando como estúpidos a quienes aceptan las opiniones de científicos, que estarían actuando en complot con el "imperialismo". Carlos Daniel Lasa escribió: "El progresista es, ante todo, un ferviente creyente. Cree que la razón humana es tan perfecta que es capaz de generar una idea que eliminará todo el mal de este mundo. El progresista, en efecto, propicia la existencia de un estado paradisíaco dentro de la misma historia. Y este «mañana» prometedor, gracias a la acción humana orientada por la razón omnipotente, será siempre mejor que el pasado y el presente".
"Abandonada la idea de eternidad, el progresista privilegia la dimensión futura del tiempo. Allí, en lo que «todavía no es» (pero que lo será por obra de la acción humana), el hombre podrá encontrar la satisfacción completa de todas sus exigencias. La razón progresista se considera capaz de generar una idea salvífica que se ejecutará a través de una ingeniería política. Entonces, la felicidad humana, ansiada y definitiva, será posible" (De www.laprensa.com.ar).
Algunos especialistas en materia de política consideran este proceso. Leemos al respecto: "Hasta el año 1500 había verdades inmutables a las que se llegaba a través de la meditación o la interpretación de textos sagrados. Existían también conocimientos sin importancia que se obtenían, casi accidentalmente, y podían permitir la creación de inventos, pero que estaban sujetos al verdadero saber".
"Esa postura subyace en las ciencias sociales y en los políticos precientíficos que suponen que lo importante es tener una ideología o un marco teórico correcto, aunque contradiga a la realidad. Creen en doctrinas infalibles y en poderes mágicos que atribuyen a sus dirigentes, desprecian los números, los descubrimientos y las observaciones porque creen que conducen a verdades superficiales".
"No se pueden contradecir los conceptos de Antonio Gramsci o la doctrina de Lenin con el burdo argumento de que lo que dijeron no existe en la realidad según su análisis empírico o los estudios de opinión. Los conceptos no se pueden refutar desde la realidad concreta porque tienen que ver con teorías duras que son inmutables. Para saber qué hacemos con los youtubers y su impacto en los procesos democráticos debemos interpretar a Aristóteles o a León Trotsky".
"Tratar de entender esos fenómenos aplicando el método científico es degradar la política. Ningún profeta usó porcentajes o números para explicar su verdad, no se pueden reemplazar sus enseñanzas con simples investigaciones" (De "La política en el siglo XXI" de J. Durán Barba y S. Nieto-Debate-Buenos Aires 2017).
domingo, 1 de febrero de 2026
Desde Gramsci a la Teoría crítica y al wokismo
El marxismo original describe a la sociedad capitalista como una organización social constituida por una infraestructura económica y una superestructura cultural. Se supone que tal superestructura cultural sirve para mantener vigente la infraestructura económica. Para cambiar este tipo de organización social, Marx cree que es necesario cambiar, vía revolucionaria, la infraestructura económica, o economía capitalista, reemplazádola por una economía socialista.
A partir de Antonio Gramsci, se supone que, para combatir y destruir la sociedad capitalista, debe primeramente prestarse atención a la superestructura cultural en lugar de intentar la revolución violenta para cambiar primeramente la infraestructura económica. Este es el proceso que prevalecerá en adelante con el objetivo siempre presente de destruir la sociedad capitalista o democrática.
La Teoría crítica, derivada de la Escuela de Frankfurt, se presenta como una continuidad de la postura de Gramsci. Finalmente, el proceso destructor se "perfecciona" mediante el denominado wokismo. En todos estos casos se observan solamente las limitaciones o los defectos visibles de las sociedades democráticas, pero se combate incluso hasta las bases de lo conocido como "cultura o civilización occidental", a la cual se acusa de promover todo tipo de dominaciones con las consiguientes exclusiones sociales.
En el ámbito de la sociología, toda nueva teoría que se presente debería intentar una mejora social que llegara a todos los integrantes de la sociedad. Sin embargo, la mayor parte de las teorías neomarxistas apuntan hacia una finalidad destructiva. George Ritzer escribió: "La mayor parte de la Teoría crítica ha fracasado totalmente en su intento de integrar teoría y práctica. De hecho, una de las críticas más famosas que se dirigen a la Teoría crítica es que adopta formas de expresión tan complejas que las masas no pueden acceder a ella. Además, comprometida con el estudio de la cultura y la superestructura, aborda una serie de cuestiones sumamente esotéricas y apenas se ocupa de las preocupaciones pragmáticas y cotidianas de la mayoría de las personas" (De "Teoría sociológica contemporánea"-McGraw Hill Interamericana de España SA-Madrid 1993).
Cuando se habla en forma positiva de las sociedades democráticas o de la cultura occidental, no implica que no se adviertan las serias deficiencias que se observan cotidianamente. Debe tenerse presente que la base ideológica greco-romana-judeo-cristiana requiere de una previa adaptación a nivel individual y, aún cuando se acepte plenamente dicha base cultural, si no se cumplen con los requisitos, o "mandamientos", inherentes a ella, las crisis y la decadencia vendrán en forma inevitable. De ahí que no debería abandonarse la base cultural occidental para ser reemplazada por alguna variante del marxismo o bien por el Islam.
La Teoría crítica tiende a combatir todo lo que sea "dominación", ya que observa "dominaciones" por todas partes, y a pesar de buscar la propia dominación mental sobre la mayor parte de la población del planeta. Ritzer escribió: "Se hizo evidente que la Unión Soviética, a pesar de su economía socialista, era una sociedad tan opresora, incluso en la era de la perestroika, como la sociedad capitalista. Como las dos sociedades tenían economías diferentes, los pensadores críticos debían buscar en otro lugar la principal fuente de la opresión, y comenzaron a buscarla en la cultura".
"A los aspectos de las preocupaciones de la Escuela de Frankfurt -la racionalidad, la industria de la cultura y la industria del conocimiento- pueden añadirse otros temas, de entre los que destaca el interés por la ideología. Los pensadores críticos entienden por ideología los sistemas de ideas producidos por las élites sociales que suelen ser falsos y cegadores. Todos estos aspectos específicos de la superestructura y la orientación que les dio la Escuela crítica pueden incluirse bajo el encabezamiento «crítica a la dominación»".
Mientras que Marx promovía la violencia revolucionaria en los proletarios del siglo XIX, con la esperanza de que de ellos surgiera la "mano de obra" revolucionaria, para los ideólogos de la Teoría crítica serán las universidades las que deberán cambiar las ideas y creencias de toda sociedad. Es oportuno señalar que los teóricos críticos se lamentaban que las universidades de algunas décadas atrás gozaran de cierta libertad intelectual, de ahí el trabajo de infiltración posterior. George Ritzer agrega: "La Escuela crítica también se interesa por lo que ella denomina la «industria del conocimiento», que hace referencia a las entidades relativas a la producción del conocimiento (por ejemplo, las universidades y los institutos de investigación), que han pasado a ser estructuras autónomas de nuestra sociedad. Su autonomía les ha permitido extender su mandato original. Se han convertido en estructuras opresoras interesadas en extender su influencia por toda la sociedad".
Puede decirse que, si antes las universidades eran "opresoras" ante los críticos, ahora se han convertido en "destructoras" de la sociedad, ya que todo lo que implique marxismo predica alguna forma de odio entre sectores, lo que impide la unión de seres humanos y la formación de una sociedad verdaderamente humana.
Sigue Ritzer: "El análisis crítico de Marx del capitalismo le llevó a confiar en el futuro; sin embargo, la postura que llegan a adoptar muchos teóricos críticos carece de esperanzas. Creen que los problemas del mundo moderno no son específicos del capitalismo, sino que son endémicos de un mundo racionalizado, incluyendo las sociedades socialistas. Ven el futuro, en términos weberianos, como una «jaula de hierro» llena de estructuras cada vez más racionales donde las posibilidades de escapar disminuyen a medida que pasa el tiempo".
"Una buena parte de la Teoría crítica (como el grueso de la teoría general de Marx) adopta la forma de análisis crítico. Aunque los teóricos críticos manifiestan también intereses positivos, una de las críticas fundamentales dirigida a la Teoría crítica es que ofrece más críticas que contribuciones positivas. Este permanente negativismo exaspera a muchos estudiosos que creen que la Teoría crítica tiene poco que ofrecer a la teoría sociológica".
A partir de Antonio Gramsci, se supone que, para combatir y destruir la sociedad capitalista, debe primeramente prestarse atención a la superestructura cultural en lugar de intentar la revolución violenta para cambiar primeramente la infraestructura económica. Este es el proceso que prevalecerá en adelante con el objetivo siempre presente de destruir la sociedad capitalista o democrática.
La Teoría crítica, derivada de la Escuela de Frankfurt, se presenta como una continuidad de la postura de Gramsci. Finalmente, el proceso destructor se "perfecciona" mediante el denominado wokismo. En todos estos casos se observan solamente las limitaciones o los defectos visibles de las sociedades democráticas, pero se combate incluso hasta las bases de lo conocido como "cultura o civilización occidental", a la cual se acusa de promover todo tipo de dominaciones con las consiguientes exclusiones sociales.
En el ámbito de la sociología, toda nueva teoría que se presente debería intentar una mejora social que llegara a todos los integrantes de la sociedad. Sin embargo, la mayor parte de las teorías neomarxistas apuntan hacia una finalidad destructiva. George Ritzer escribió: "La mayor parte de la Teoría crítica ha fracasado totalmente en su intento de integrar teoría y práctica. De hecho, una de las críticas más famosas que se dirigen a la Teoría crítica es que adopta formas de expresión tan complejas que las masas no pueden acceder a ella. Además, comprometida con el estudio de la cultura y la superestructura, aborda una serie de cuestiones sumamente esotéricas y apenas se ocupa de las preocupaciones pragmáticas y cotidianas de la mayoría de las personas" (De "Teoría sociológica contemporánea"-McGraw Hill Interamericana de España SA-Madrid 1993).
Cuando se habla en forma positiva de las sociedades democráticas o de la cultura occidental, no implica que no se adviertan las serias deficiencias que se observan cotidianamente. Debe tenerse presente que la base ideológica greco-romana-judeo-cristiana requiere de una previa adaptación a nivel individual y, aún cuando se acepte plenamente dicha base cultural, si no se cumplen con los requisitos, o "mandamientos", inherentes a ella, las crisis y la decadencia vendrán en forma inevitable. De ahí que no debería abandonarse la base cultural occidental para ser reemplazada por alguna variante del marxismo o bien por el Islam.
La Teoría crítica tiende a combatir todo lo que sea "dominación", ya que observa "dominaciones" por todas partes, y a pesar de buscar la propia dominación mental sobre la mayor parte de la población del planeta. Ritzer escribió: "Se hizo evidente que la Unión Soviética, a pesar de su economía socialista, era una sociedad tan opresora, incluso en la era de la perestroika, como la sociedad capitalista. Como las dos sociedades tenían economías diferentes, los pensadores críticos debían buscar en otro lugar la principal fuente de la opresión, y comenzaron a buscarla en la cultura".
"A los aspectos de las preocupaciones de la Escuela de Frankfurt -la racionalidad, la industria de la cultura y la industria del conocimiento- pueden añadirse otros temas, de entre los que destaca el interés por la ideología. Los pensadores críticos entienden por ideología los sistemas de ideas producidos por las élites sociales que suelen ser falsos y cegadores. Todos estos aspectos específicos de la superestructura y la orientación que les dio la Escuela crítica pueden incluirse bajo el encabezamiento «crítica a la dominación»".
Mientras que Marx promovía la violencia revolucionaria en los proletarios del siglo XIX, con la esperanza de que de ellos surgiera la "mano de obra" revolucionaria, para los ideólogos de la Teoría crítica serán las universidades las que deberán cambiar las ideas y creencias de toda sociedad. Es oportuno señalar que los teóricos críticos se lamentaban que las universidades de algunas décadas atrás gozaran de cierta libertad intelectual, de ahí el trabajo de infiltración posterior. George Ritzer agrega: "La Escuela crítica también se interesa por lo que ella denomina la «industria del conocimiento», que hace referencia a las entidades relativas a la producción del conocimiento (por ejemplo, las universidades y los institutos de investigación), que han pasado a ser estructuras autónomas de nuestra sociedad. Su autonomía les ha permitido extender su mandato original. Se han convertido en estructuras opresoras interesadas en extender su influencia por toda la sociedad".
Puede decirse que, si antes las universidades eran "opresoras" ante los críticos, ahora se han convertido en "destructoras" de la sociedad, ya que todo lo que implique marxismo predica alguna forma de odio entre sectores, lo que impide la unión de seres humanos y la formación de una sociedad verdaderamente humana.
Sigue Ritzer: "El análisis crítico de Marx del capitalismo le llevó a confiar en el futuro; sin embargo, la postura que llegan a adoptar muchos teóricos críticos carece de esperanzas. Creen que los problemas del mundo moderno no son específicos del capitalismo, sino que son endémicos de un mundo racionalizado, incluyendo las sociedades socialistas. Ven el futuro, en términos weberianos, como una «jaula de hierro» llena de estructuras cada vez más racionales donde las posibilidades de escapar disminuyen a medida que pasa el tiempo".
"Una buena parte de la Teoría crítica (como el grueso de la teoría general de Marx) adopta la forma de análisis crítico. Aunque los teóricos críticos manifiestan también intereses positivos, una de las críticas fundamentales dirigida a la Teoría crítica es que ofrece más críticas que contribuciones positivas. Este permanente negativismo exaspera a muchos estudiosos que creen que la Teoría crítica tiene poco que ofrecer a la teoría sociológica".
sábado, 31 de enero de 2026
Auguste Comte y la religión universal
En algunos pensadores pueden advertirse grandes aciertos junto a grandes errores, opacando éstos a los primeros. Este es el caso de Auguste Comte, fundador de la sociología, quien promovió la idea de considerar a todo lo existente como regido por leyes naturales invariantes, incluyendo a la sociedad y a todo individuo bajo esta forma regulatoria. Comte escribió: “El carácter fundamental de la filosofía positiva es el considerar todos los fenómenos como sujetos a leyes naturales invariables, cuyo descubrimiento preciso y cuya reducción al mínimo número posible son la finalidad de todos nuestros esfuerzos”.
“Sólo el estudio directo del mundo exterior ha podido producir y desarrollar la gran noción de las leyes de la naturaleza que, como consecuencia de su extensión gradual y continua a fenómenos cada vez menos regulares, ha tenido que ser finalmente aplicada incluso al estudio del hombre y de la sociedad, último término de su total generalización”.
"La verdadera libertad no es más que una sumisión racional a las leyes de la naturaleza".
"El progreso debe ser considerado simplemente como el desarrollo del orden; el orden de la naturaleza implica necesariamente el germen de todo progreso positivo. El progreso, pues es esencialmente idéntico al orden, y debe ser considerado como la manifestación del orden".
Orden y progreso es el lema de Brasil por lo cual ambas palabras aparecen en la bandera de ese país, siguiendo las ideas de Auguste Comte.
El gran error de Comte está asociado a su "diseño" de una nueva religión. Georg Ritzer escribió: “Teniendo en cuenta la exagerada concepción comtiana del positivismo, así como la posición que él mismo se atribuía en su sistema, no nos sorprende que en su obra tardía concibiera un grandioso plan para el futuro del mundo. Es en esa parte de su obra donde encontramos las ideas más ridículas y extravagantes”.
“Por ejemplo, sugería la creación de un nuevo calendario positivista de trece meses, cada uno dividido en veintiocho días. Estableció numerosas fiestas para reafirmar el positivismo y sus principios básicos y venerar a sus héroes seculares. Se propuso incluso crear nuevos templos positivistas. Especificó la cantidad de sacerdotes y vicarios que necesitaba cada templo […] Todas estas figuras religiosas debían despreocuparse de la cuestión material: ¡Su subsistencia correría a cuenta de los banqueros!”.
“Aunque no los consideraba como fuerzas revolucionarias, Comte finalmente asignó a algunos miembros de la clase alta, como los banqueros e industriales, papeles cruciales en la nueva sociedad positiva. Especificaba que Europa occidental tendría «dos mil banqueros, cien mil comerciantes, doscientos mil fabricantes y cuatrocientos mil agricultores»”.
“En lo que a otros temas se refiere, Comte animaba a la creación de una biblioteca positivista que incluyera cien libros (que él se ocupó de especificar). Desaconsejaba las lecturas adicionales porque obstaculizaban la meditación, lo que refleja también el aumento progresivo del antiintelectualismo de Comte” (De “Teoría Sociológica Clásica”-McGraw-Hill SA-Madrid 1993).
El aspecto que debe destacarse es la necesidad que advirtió Comte respecto de encontrar o promover una religión de validez universal, debido a los efectos negativos que a lo largo de la historia han provenido de las diversas religiones en conflicto. No advirtió que el cristianismo, desprovisto de los misterios e incoherencias lógicas, puede muy bien considerarse como una religión universal compatible con las leyes naturales que rigen todo lo existente. Pierre Manent escribió al respecto: "Hay que corregir el sistema económico y social al completarlo y coronarlo, no con una organización política antigua o nueva -en su opinión la política es arcaica, sino anárquica-, será con una religión nueva, válida para los espíritus formados en los métodos científicos. Por lo tanto habrá que corregir y completar el poder industrial y financiero con el poder espiritual de académicos, mujeres y proletarios; habrá que corregir y completar el egoísmo con altruismo" (De "Curso de Filosofía Política"-Fondo de Cultura Económica de Argentina SA-Buenos Aires 2003).
“Sólo el estudio directo del mundo exterior ha podido producir y desarrollar la gran noción de las leyes de la naturaleza que, como consecuencia de su extensión gradual y continua a fenómenos cada vez menos regulares, ha tenido que ser finalmente aplicada incluso al estudio del hombre y de la sociedad, último término de su total generalización”.
"La verdadera libertad no es más que una sumisión racional a las leyes de la naturaleza".
"El progreso debe ser considerado simplemente como el desarrollo del orden; el orden de la naturaleza implica necesariamente el germen de todo progreso positivo. El progreso, pues es esencialmente idéntico al orden, y debe ser considerado como la manifestación del orden".
Orden y progreso es el lema de Brasil por lo cual ambas palabras aparecen en la bandera de ese país, siguiendo las ideas de Auguste Comte.
El gran error de Comte está asociado a su "diseño" de una nueva religión. Georg Ritzer escribió: “Teniendo en cuenta la exagerada concepción comtiana del positivismo, así como la posición que él mismo se atribuía en su sistema, no nos sorprende que en su obra tardía concibiera un grandioso plan para el futuro del mundo. Es en esa parte de su obra donde encontramos las ideas más ridículas y extravagantes”.
“Por ejemplo, sugería la creación de un nuevo calendario positivista de trece meses, cada uno dividido en veintiocho días. Estableció numerosas fiestas para reafirmar el positivismo y sus principios básicos y venerar a sus héroes seculares. Se propuso incluso crear nuevos templos positivistas. Especificó la cantidad de sacerdotes y vicarios que necesitaba cada templo […] Todas estas figuras religiosas debían despreocuparse de la cuestión material: ¡Su subsistencia correría a cuenta de los banqueros!”.
“Aunque no los consideraba como fuerzas revolucionarias, Comte finalmente asignó a algunos miembros de la clase alta, como los banqueros e industriales, papeles cruciales en la nueva sociedad positiva. Especificaba que Europa occidental tendría «dos mil banqueros, cien mil comerciantes, doscientos mil fabricantes y cuatrocientos mil agricultores»”.
“En lo que a otros temas se refiere, Comte animaba a la creación de una biblioteca positivista que incluyera cien libros (que él se ocupó de especificar). Desaconsejaba las lecturas adicionales porque obstaculizaban la meditación, lo que refleja también el aumento progresivo del antiintelectualismo de Comte” (De “Teoría Sociológica Clásica”-McGraw-Hill SA-Madrid 1993).
El aspecto que debe destacarse es la necesidad que advirtió Comte respecto de encontrar o promover una religión de validez universal, debido a los efectos negativos que a lo largo de la historia han provenido de las diversas religiones en conflicto. No advirtió que el cristianismo, desprovisto de los misterios e incoherencias lógicas, puede muy bien considerarse como una religión universal compatible con las leyes naturales que rigen todo lo existente. Pierre Manent escribió al respecto: "Hay que corregir el sistema económico y social al completarlo y coronarlo, no con una organización política antigua o nueva -en su opinión la política es arcaica, sino anárquica-, será con una religión nueva, válida para los espíritus formados en los métodos científicos. Por lo tanto habrá que corregir y completar el poder industrial y financiero con el poder espiritual de académicos, mujeres y proletarios; habrá que corregir y completar el egoísmo con altruismo" (De "Curso de Filosofía Política"-Fondo de Cultura Económica de Argentina SA-Buenos Aires 2003).
jueves, 29 de enero de 2026
¿Ignorancia o perversidad?
Cuando observamos, no sin cierta sorpresa, el apoyo, seguimiento y hasta adoración de personas nefastas para la sociedad, como es el caso de los líderes considerados como los mayores criminales de la historia, algunos aducen que se trata de un problema de ignorancia, mientras que otros suponen que es una cuestión de simple perversidad.
Mientras que Friedrich Hayek asociaba a los socialistas un problema de ignorancia, suponiendo incluso que entre los socialistas existían muy buenas personas, para Ludwig von Mises la adhesión al socialismo implicaba una tendencia, poco santa, a la envidia. En nuestra época, principalmente, con amplias fuentes de información, casi nadie puede negar las diversas catástrofes humanas producidas por los totalitarismos, por lo cual, las adhesiones al socialismo llevan necesariamente cierta dosis de perversidad.
La perversidad es un síntoma del odio, actitud por la cual tendemos a alegrarnos del mal ajeno y entristecernos por sus éxitos. El síntoma de la alegría por el mal ajeno lleva implícita la tendencia a la burla, mientras que el síntoma de la tristeza por el bien ajeno es la envidia. De ahí que los masivos asesinatos de gente inocente sea del agrado de muchos envidiosos. Recordemos el caso de los atentados islámicos a las torres gemelas de Nueva York y la reacción de una líder socialista en la Argentina (Hebe de Bonafini) quien afirmaba "haber festejado" los atentados (por cuanto murieron algunos miles de sus odiados ciudadanos yankys). Cuando una radioemisora de Buenos Aires preguntaba por la adhesión, o no, a tal expresión de "felicidad", un 55% de encuestados afirmó coincidir con la actitud de dicha líder de Madres de Plaza de Mayo.
El odio está íntimamente ligado a la mentira. Imaginemos un caso extremo en el que una persona llamada Juan Estafador perjudica seriamente a Pedro Inocente. Debido a las penurias de por vida que Juan Estafador produjo en Pedro Inocente, éste sentirá un odio intenso por aquél. Pedro Inocente rechazará toda opinión favorable a Juan Estafador, incluso tratando de difamarlo de alguna manera. De ahí que el odio tiende a generar la mentira y a cambiar la realidad, que son la misma cosa.
Los políticos populistas y los totalitarios, tienden a divulgar mentiras y a crear "enemigos del pueblo" de manera que el pueblo también comience a mentir sobre los sectores odiados. El caso más importante es el de los ricos que serían los culpables de la pobreza de otros, excluyendo otras posibles causas. Entonces, el político se asegura de esa forma haber inoculado a un gran sector de la sociedad de un odio intenso y que, incluso tal sector tendrá la predisposición a creer en todas las mentiras que luego impartirán los políticos mencionados.
Se advierte en un gran porcentaje de la población cierta adversión hacia todo lo que implique un éxito ajeno o a todo que parezca ser un éxito ajeno. Incluso un importante porcentaje de adeptos al fútbol denigra todo lo que hace Liones Messi, por cuanto sus logros les resultan algo casi imposible de "digerir".
Es frecuente advertir, en toda conversación, el nivel de odio existente entre los interlocutores, que puede ser nulo en muchos casos. Todo intercambio de ideas y de información resulta poco fructífero por cuanto el nivel de odio puede parcializar completamente las opiniones tergiversando la realidad objetiva. Este es el caso de los comunistas que afirmaban que el muro de Berlín se había construido para evitar que ciudadanos de occidente "contaminarán" al paraíso soviético; una mentira evidente. De ahí que resulta imposible que un socialista, con un importante nivel de odio, vaya alguna vez a reconocer las ventajas de las sociedades democráticas.
En la actualidad, el odio generalizado está dirigido contra el hombre blanco, occidental, empresario, cristiano, etc. Los socialistas europeos están atentos a cada palabra emitida por tal individuo para acusarlo de fascista o con adjetivos por el estilo. Se advierte una generalizada discriminación moral, que divide a las personas en buenas y malas (a pesar de la vigencia del relativismo moral). Además, esta discriminación adopta la forma de discriminación racial, o étnica, que parece ser la única admitida en estos tiempos.
Para evitar los diversos adjetivos discriminatorios hacia quienes rechazan varios aspectos del Islam, un congresista español expresaba que "nosotros no tenemos absolutamente nada en contra del Islam", sino que la oposición era contra la decapitación, la lapidación, el casamiento con niñas, la misoginia, la ablación genital, el abuso infantil, la poligamia, el uso político del terrorismo, la homofobia, el abuso conjugal, la supremacía del varón, la esclavitud sexual, la yihad, la hiyab, la burka, la sharia, la zoofilia, etc.
Mientras que Friedrich Hayek asociaba a los socialistas un problema de ignorancia, suponiendo incluso que entre los socialistas existían muy buenas personas, para Ludwig von Mises la adhesión al socialismo implicaba una tendencia, poco santa, a la envidia. En nuestra época, principalmente, con amplias fuentes de información, casi nadie puede negar las diversas catástrofes humanas producidas por los totalitarismos, por lo cual, las adhesiones al socialismo llevan necesariamente cierta dosis de perversidad.
La perversidad es un síntoma del odio, actitud por la cual tendemos a alegrarnos del mal ajeno y entristecernos por sus éxitos. El síntoma de la alegría por el mal ajeno lleva implícita la tendencia a la burla, mientras que el síntoma de la tristeza por el bien ajeno es la envidia. De ahí que los masivos asesinatos de gente inocente sea del agrado de muchos envidiosos. Recordemos el caso de los atentados islámicos a las torres gemelas de Nueva York y la reacción de una líder socialista en la Argentina (Hebe de Bonafini) quien afirmaba "haber festejado" los atentados (por cuanto murieron algunos miles de sus odiados ciudadanos yankys). Cuando una radioemisora de Buenos Aires preguntaba por la adhesión, o no, a tal expresión de "felicidad", un 55% de encuestados afirmó coincidir con la actitud de dicha líder de Madres de Plaza de Mayo.
El odio está íntimamente ligado a la mentira. Imaginemos un caso extremo en el que una persona llamada Juan Estafador perjudica seriamente a Pedro Inocente. Debido a las penurias de por vida que Juan Estafador produjo en Pedro Inocente, éste sentirá un odio intenso por aquél. Pedro Inocente rechazará toda opinión favorable a Juan Estafador, incluso tratando de difamarlo de alguna manera. De ahí que el odio tiende a generar la mentira y a cambiar la realidad, que son la misma cosa.
Los políticos populistas y los totalitarios, tienden a divulgar mentiras y a crear "enemigos del pueblo" de manera que el pueblo también comience a mentir sobre los sectores odiados. El caso más importante es el de los ricos que serían los culpables de la pobreza de otros, excluyendo otras posibles causas. Entonces, el político se asegura de esa forma haber inoculado a un gran sector de la sociedad de un odio intenso y que, incluso tal sector tendrá la predisposición a creer en todas las mentiras que luego impartirán los políticos mencionados.
Se advierte en un gran porcentaje de la población cierta adversión hacia todo lo que implique un éxito ajeno o a todo que parezca ser un éxito ajeno. Incluso un importante porcentaje de adeptos al fútbol denigra todo lo que hace Liones Messi, por cuanto sus logros les resultan algo casi imposible de "digerir".
Es frecuente advertir, en toda conversación, el nivel de odio existente entre los interlocutores, que puede ser nulo en muchos casos. Todo intercambio de ideas y de información resulta poco fructífero por cuanto el nivel de odio puede parcializar completamente las opiniones tergiversando la realidad objetiva. Este es el caso de los comunistas que afirmaban que el muro de Berlín se había construido para evitar que ciudadanos de occidente "contaminarán" al paraíso soviético; una mentira evidente. De ahí que resulta imposible que un socialista, con un importante nivel de odio, vaya alguna vez a reconocer las ventajas de las sociedades democráticas.
En la actualidad, el odio generalizado está dirigido contra el hombre blanco, occidental, empresario, cristiano, etc. Los socialistas europeos están atentos a cada palabra emitida por tal individuo para acusarlo de fascista o con adjetivos por el estilo. Se advierte una generalizada discriminación moral, que divide a las personas en buenas y malas (a pesar de la vigencia del relativismo moral). Además, esta discriminación adopta la forma de discriminación racial, o étnica, que parece ser la única admitida en estos tiempos.
Para evitar los diversos adjetivos discriminatorios hacia quienes rechazan varios aspectos del Islam, un congresista español expresaba que "nosotros no tenemos absolutamente nada en contra del Islam", sino que la oposición era contra la decapitación, la lapidación, el casamiento con niñas, la misoginia, la ablación genital, el abuso infantil, la poligamia, el uso político del terrorismo, la homofobia, el abuso conjugal, la supremacía del varón, la esclavitud sexual, la yihad, la hiyab, la burka, la sharia, la zoofilia, etc.
miércoles, 28 de enero de 2026
George Soros vs. Karl Popper
Existe cierta confusión acerca de la compatibilidad de las ideas de Karl Popper y una posible aplicación de las mismas por parte de George Soros. En realidad, la propuesta de Popper no difiere esencialmente de lo que proponen los autores liberales, mientras que la propuesta de Soros tiene en cuenta prácticas cercanas al totalitarismo. Recordemos que Soros es un millonario que hace aportes para facilitar el éxito de la propuesta globalista, que apunta a la destrucción de la civilización humana.
La sociedad abierta, propuesta por Popper, implica un conjunto de seres humanos que se unen sin perder su individualidad, incluso acentuando los atributos que los distinguen de sus semejantes. Por el contrario, una sociedad cerrada es aquella en que sus integrantes se "unen" perdiendo su individualidad, renunciando a todo proyecto personal para participar solamente en la búsqueda de objetivos comunes impuestos por el Estado (o por quien, o quienes, lo dirigen).
En el caso del conjunto de los países ocurriría algo similar. El "planeta abierto" implicaría una unión pacífica de los países mediante intercambios comerciales (no exclusivamente), lo que conocemos como globalización. Este proceso queda amparado por una cultura universal construida con el aporte de todos. El "planeta cerrado" implica la unión forzada de los pueblos mediante intercambios poblacionales con diversas "culturas" (buenas o malas) que tienden a reemplazar a la cultura universal tanto como a los atributos, bienestar y potencialidades de los países desarrollados, tal el caso de la invasión colonialista afro-islámica que se abate sobre Europa, principalmente. Este proceso tiende a destruir todo atributo cultural previamente existente (globalismo).
Una sociedad abierta no ha de estar regida por decisiones individuales de algún gobernante, sino por leyes establecidas previamente y que conforman la democracia liberal. En este sentido, el liberalismo adopta una postura compatible con las religiones bíblicas, que consideran que el Reino de Dios implica el gobierno de Dios sobre los hombres a través de las leyes naturales existentes. Por el contrario, las religiones paganas (como el Islam) se basan en el criterio personal impuesto por un líder que ignora completamente toda ley natural existente, principalmente las leyes que rigen el comportamiento humano. Desde este punto de vista, se trata de una negación de la voluntad de Dios, o de la "voluntad" implícita en el espíritu de la ley natural.
Patricio Lóizaga escribió respecto de Popper: "La aplicación del racionalismo crítico al ámbito práctico se realiza en obras como La sociedad abierta y sus enemigos y La miseria del historicismo. Es deber de la praxis social evitar el sufrimiento, pero no hacer felices a los hombres (buscar esto conduce a formas de autoritarismo, ya que el que lo intenta debe imponer a los demás sus propias valoraciones)".
"A nivel político no se debe buscar la creación del «reino del amor», sino sólo instituciones controladas por la razón. Para Popper, los problemas del mundo actual no son fruto de la perversidad humana, sino consecuencia del deseo de mejorar el mundo: amor mal dirigido. Ahora bien, si la elección por la racionalidad es injustificable, también ha de serlo la elección por la irracionalidad".
"¿Por qué elegir la racionalidad como forma de vida? Siguiendo el método del racionalismo critico: por el análisis de las consecuencias. El irracionalista es dogmático a la fuerza, ya que desdeña el uso de la razón y la crítica, de modo que el racionalismo crítico se convierte en la única actitud que permite el desarrollo de la sociedad abierta, que posibilita el libre ejercicio de las facultades humanas, mientras el irracionalismo o el seudoirracionalismo a la manera platónica fomentan la constitución de sociedades cerradas, en las que un grupo de elegidos puede dictaminar qué es lo bueno para los demás".
"Si bien nuestra sociedad no es la mejor posible, es la mejor que ha existido en la historia humana. Esta imagen optimista popperiana se relaciona con su creencia de que las democracias representativas están en condiciones de defender a los miembros más débiles frente a los más fuertes. Las ideas del falibilismo hallan su aplicación política directa en el tema de la ingeniería social práctica, que permitiría la racionalización y planificación de la sociedad con el objeto de favorecer la libertad de los individuos".
"En el otro extremo del historicismo, que considera que es imposible alterar el curso de la historia, se halla la ingeniería utópica que afirma que sólo a partir de la determinación del Estado ideal es posible trazar planes concretos. La ingeniería social gradual sustentada por Popper se encuentra equidistante de ambos extremos, no plantea fines últimos para la sociedad, sino que se atiene a un plan más modesto: combatir los males" (Del "Diccionario de pensadores contemporáneos"-Emecé Editores España SA-Barcelona 1996).
La sociedad abierta, propuesta por Popper, implica un conjunto de seres humanos que se unen sin perder su individualidad, incluso acentuando los atributos que los distinguen de sus semejantes. Por el contrario, una sociedad cerrada es aquella en que sus integrantes se "unen" perdiendo su individualidad, renunciando a todo proyecto personal para participar solamente en la búsqueda de objetivos comunes impuestos por el Estado (o por quien, o quienes, lo dirigen).
En el caso del conjunto de los países ocurriría algo similar. El "planeta abierto" implicaría una unión pacífica de los países mediante intercambios comerciales (no exclusivamente), lo que conocemos como globalización. Este proceso queda amparado por una cultura universal construida con el aporte de todos. El "planeta cerrado" implica la unión forzada de los pueblos mediante intercambios poblacionales con diversas "culturas" (buenas o malas) que tienden a reemplazar a la cultura universal tanto como a los atributos, bienestar y potencialidades de los países desarrollados, tal el caso de la invasión colonialista afro-islámica que se abate sobre Europa, principalmente. Este proceso tiende a destruir todo atributo cultural previamente existente (globalismo).
Una sociedad abierta no ha de estar regida por decisiones individuales de algún gobernante, sino por leyes establecidas previamente y que conforman la democracia liberal. En este sentido, el liberalismo adopta una postura compatible con las religiones bíblicas, que consideran que el Reino de Dios implica el gobierno de Dios sobre los hombres a través de las leyes naturales existentes. Por el contrario, las religiones paganas (como el Islam) se basan en el criterio personal impuesto por un líder que ignora completamente toda ley natural existente, principalmente las leyes que rigen el comportamiento humano. Desde este punto de vista, se trata de una negación de la voluntad de Dios, o de la "voluntad" implícita en el espíritu de la ley natural.
Patricio Lóizaga escribió respecto de Popper: "La aplicación del racionalismo crítico al ámbito práctico se realiza en obras como La sociedad abierta y sus enemigos y La miseria del historicismo. Es deber de la praxis social evitar el sufrimiento, pero no hacer felices a los hombres (buscar esto conduce a formas de autoritarismo, ya que el que lo intenta debe imponer a los demás sus propias valoraciones)".
"A nivel político no se debe buscar la creación del «reino del amor», sino sólo instituciones controladas por la razón. Para Popper, los problemas del mundo actual no son fruto de la perversidad humana, sino consecuencia del deseo de mejorar el mundo: amor mal dirigido. Ahora bien, si la elección por la racionalidad es injustificable, también ha de serlo la elección por la irracionalidad".
"¿Por qué elegir la racionalidad como forma de vida? Siguiendo el método del racionalismo critico: por el análisis de las consecuencias. El irracionalista es dogmático a la fuerza, ya que desdeña el uso de la razón y la crítica, de modo que el racionalismo crítico se convierte en la única actitud que permite el desarrollo de la sociedad abierta, que posibilita el libre ejercicio de las facultades humanas, mientras el irracionalismo o el seudoirracionalismo a la manera platónica fomentan la constitución de sociedades cerradas, en las que un grupo de elegidos puede dictaminar qué es lo bueno para los demás".
"Si bien nuestra sociedad no es la mejor posible, es la mejor que ha existido en la historia humana. Esta imagen optimista popperiana se relaciona con su creencia de que las democracias representativas están en condiciones de defender a los miembros más débiles frente a los más fuertes. Las ideas del falibilismo hallan su aplicación política directa en el tema de la ingeniería social práctica, que permitiría la racionalización y planificación de la sociedad con el objeto de favorecer la libertad de los individuos".
"En el otro extremo del historicismo, que considera que es imposible alterar el curso de la historia, se halla la ingeniería utópica que afirma que sólo a partir de la determinación del Estado ideal es posible trazar planes concretos. La ingeniería social gradual sustentada por Popper se encuentra equidistante de ambos extremos, no plantea fines últimos para la sociedad, sino que se atiene a un plan más modesto: combatir los males" (Del "Diccionario de pensadores contemporáneos"-Emecé Editores España SA-Barcelona 1996).
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