miércoles, 11 de febrero de 2026

Reforma laboral y abuso de derecho

Por Luis Sarmiento García

En Argentina se produjo la conformación de un abuso de derecho muy particular. No sólo los trabajadores a partir de 1946 incurrieron en abuso de derecho sino lo que es más grave, fue también la propia legislación laboral que lo institucionalizó.

Antecedentes

El General Juan Domingo Perón formó parte del GOU, Grupo de Oficiales Unidos que derrocó al presidente Ramón S. Castillo en 1943. Se sucedieron en las Presidencia los Generales Arturo Rawson, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro J. Farrell hasta que en 1946 asumió como presidente electo Perón. A partir de allí comienza una nueva y desconocida etapa en la historia nacional. La agregaduría militar de Perón en Italia le produjo una profunda admiración por el fascismo de Benito Mussolini y lentamente fue convirtiendo a su gobierno en una tiranía que viralizó su dogma “a los peronistas todo, a los enemigos ni Justicia”.

Empiezan a actuar dos clases sociales que luego se convertirían en la espina dorsal de su movimiento: la sindical y la trabajadora. Se les conceden beneficios extraordinarios con mengua del resto poblacional y de los empresarios. El impacto en el Derecho Laboral fue inmediato. Los privilegios del trabajo registrado con condiciones laborales de trabajo ilegítimas fueron tan duras que los empleadores comenzaron a abstenerse de tomar personal en blanco, provocando así otra grave irregularidad: la pauperización creciente de la clase menos pudiente hasta llegar los pobres a 2023 en casi el 60% de la población.

Es verdad que hasta 1943 los trabajadores se encontraban en muy malas condiciones sociales, pero la reivindicación peronista pasó de un exceso a otro, ambos lamentables. Tanto que, en los últimos 80 años, las tres de las mayores causas del deterioro argentino fueron la corrupción, la inflación y la laboral.

Los empleadores de pymes y algunas empresas grandes dejaron de demandar trabajadores o los tomaban en negro porque con demandas y exigencias millonarias basadas en la legislación laboral y abuso de derecho de los trabajadores, colocaban a sus empresas en riesgo de cierre o estado de quiebra.

En 2023 había 12.874.000 trabajadores, de los cuales 7.434.000 estaban registrados o en blanco y 5.440.000 informales o en negro. 338.000 eran estatales registrados. El 42% de los trabajadores estaba en negro.

Así aumentó la pobreza y se deterioraron también las jubilaciones. Por la falta de trabajadores activos en blanco que sustentaran a los jubilados, uno a uno en lugar de cuatro a uno, la tercera edad recibió y recibe mensualidades de pobreza que no les permite vivir dignamente.

La reforma laboral

Entonces, Milei se ha impuesto una reforma laboral que corrija una de las causas mencionadas del deterioro. Hay que dar seguridades legítimas tanto a los empleadores como a los trabajadores. Las empresas no pueden depender de empleados que pongan en riesgo su continuidad debido a sus demandas judiciales extorsivas y los empleados que pierdan sus empleos por la arbitrariedad de sus empleadores.

Abuso de derecho

Para ello ni empleadores ni empleados pueden incurrir en “abuso de derecho”. Este se produce cuando se ejerce un derecho con exceso y fuera de los límites de la buena fe, de la moral y de las buenas costumbres produciendo graves perjuicios en las personas y/o en el patrimonio de las personas o empresas. (Ver art. 10 del Código Civil y Comercial de la Nación)

En Argentina se produjo la conformación de un abuso de derecho muy particular. No solo los trabajadores a partir de 1946 incurrieron en abuso de derecho sino lo que es más grave, fue también la propia legislación laboral que lo institucionalizó.

En todo el derecho rige un principio normativo que es dogmático: onus probandi incumbit qui decit non qui negat que significa “la carga de la prueba incumbe al que afirma no al que niega”. Quien afirma tener un derecho debe probar que lo tiene en tribunales, nunca el que lo niega debe probar su negativa. Probar un hecho negativo, algo que no existe, es una diabólica probatio, una prueba diabólica, imposible de realizar.

Pues en nuestro país es el empresario o empleador quien debe probar que el derecho que dice tener el empleado (que lo afirma) no lo tiene. De esta forma, ante el fracaso procesal del empleador éste debe rendirse frente a las exigencias de su empleado con pérdida del proceso con el grave daño consiguiente, lo que se ha denominado “la industria del juicio laboral”, causante de la quiebra o cuantiosas pérdidas del empleador que lo obligan a cerrar su empresa. Así se formó el trabajo en negro porque tomar trabajadores en blanco es un altísimo riesgo que quienes invierten no lo pueden afrontar.

Hoy los gremialistas y sindicalistas se están uniendo promocionando paros y estrépitos sociales en repudio a la reforma laboral. Se resisten a que el país mejore, incluyendo a los trabajadores porque no admiten perder el abuso de derecho que tanto daño ha causado y causa al país.

Si el pleno empleo vuelve y la Justicia Laboral deja de ser arbitraria como lo es ahora, formándose jueces justos que den a cada uno lo suyo y no sean parte de la causa de la destrucción empresaria ni de la pauperización de la clase trabajadora, ¡ganaremos todos, ganarán los trabajadores, ganará el país!

(De www.losandes.com.ar)

martes, 10 de febrero de 2026

Afrodescendientes argentinos en el seleccionado de fútbol

Para inventar una "leyenda negra", orientada hacia la descalificación de un proceso civilizatorio, o bien de un país cualquiera, sólo hace falta que alguien la exprese y la difunda, aún cuando tal leyenda tenga poca o ninguna vinculación con la realidad. Este es el caso de un artículo aparecido tiempo atrás en el Washington Post, tal el que aparece bajo el título: "¿Por qué no hay jugadores negros en la selección argentina?" cuya autoría se debe a Erika Denise Edwards.

Si bien el artículo mencionado pareciera no llevar intención alguna en crear una "leyenda negra" de racismo, varias son las personas que, a partir de tal título, imaginan un país racista que poco o nada concuerda con la realidad. Luego emiten sus visiones en los medios masivos de comunicación para ir conformando una "leyenda negra" anti-argentina. La respuesta inicial a tal cuestión se concreta diciendo que el porcentaje de afrodescendientes en la Argentina es bastante bajo y que por ello la cantidad de integrantes afrodescendientes en el seleccionado es el reflejo de ese porcentaje, que ha de ser similar en otras actividades de la sociedad argentina.

La cantidad de esclavos africanos traídos al país en la época colonial fue de unos 200.000, que con el tiempo se fueron mezclando con otras etnias, o bien emigrando a otros países. Los esclavos de esa época tenían derechos de protección establecidos por los gobernantes de España. Pero, desde 1810, en que comienza el proceso independentista, no se traen nuevos esclavos, mientras que en 1813 se declara la libertad de todos los hijos de esclavos que nacieran a partir de ese año.

Es oportuno mencionar el hecho de que, en Brasil, antes de la era de Pelé, se excluían del seleccioinado de fútbol a los afrodescendientes, si bien después fue corregido ese error, siendo tal tipo de discriminación todavía existente, pero en menor grado. Leemos al respecto: "En 1921, el presidente Pessoa sugirió que los jugadores negros no fuesen convocados para la Copa Sudamericana ya que deseaba que «la imagen de la selección proyectara lo mejor de la sociedad brasileña»" (De "Tiempo extra").

Algo similar nunca ocurrió en la Argentina, ya que en la década de 1920 hubo un integrante afrodescendiente en el seleccionado, llamado Alejandro de los Santos. En la década de los 40, Carlos Rufino Fariña fue otro negro convocado a la selección nacional. Más adelante en el tiempo, encontramos un afrodescendiente en los mundiales de 1958 y 1962, José Manuel Ramos Delgado, con un antepasado proveniente de Cabo Verde. En el mundial de 1978 encontramos en Héctor Baley un caso similar, con antepasados provenientes de Senegal.

Los casos mencionados reflejan un pobre porcentaje de negros y una mezcla paulatina entre diversas etnias, como es el caso de Ramos Delgado y Baley, lo que desmiente toda suposición negativa que sea utilizada para promover una "leyenda negra".

La tendencia a considerar como discriminador a todo grupo o integrante de raza o etnia blamca, conduce al nuevo racismo anti-blancos, aceptado con bastante generalidad. Incluso la peor discriminación es aquella en que se divide a la humanidad en buenos y malos, considerándose actualmente a los blancos como el sector "malo" de la humanidad.

Quienes suponen que en la Argentina existe un racismo contra los afrodescendientes, sólo deben preguntarle a algunos de ellos, si tienen la posibilidad, para recibir una información más precisa. Ello implica una manera más efectiva y decente que se tiene antes de emitir o repetir consignas de dudosa validez.

lunes, 9 de febrero de 2026

Edad de imputabilidad de menores

Ante la posibilidad de bajar la edad de imputabilidad de menores delincuentes, de 16 a 14 años, han surgido voces en contra, lo que a pocos debe extrañar por cuanto son las mismas voces que critican al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, al encerrar a una multitud de asesinos para proteger la vida de cientos o miles de personas inocentes.

Para entender este proceso, debe tenerse presente una ley natural elemental, y es la que establece que una persona no puede estar en dos lugares distintos al mismo tiempo, es decir, si está encerrado en una cárcel, está imposibilitado de poder asesinar a alguien que camina por una calle alejada de ese establecimiento. Esta es la razón por la cual resulta efectivo el encierro a tiempo, ya que protege la vida de personas decentes mientras que a la vez impide la continuidad de la carrera delictiva del infractor.

Por lo general, los sectores de izquierda y las personas hipócritas tienden a mostrar su "gran amor fraternal" por la humanidad contemplando sólo la vida del delincuente, sin apenas ponerse un poco en el lugar de las víctimas y de sus familiares, que son también personas, y que habrán de sufrir la ausencia de familiares por el resto de sus días.

El hipócrita tampoco tiene en cuenta que el delincuente bajo encierro tiene más posibilidades de revertir su vida si es detenido a tiempo en un lugar correccional. Por el contrario, si recién a los 16 años se lo detiene, ya ha tenido tiempo suficiente de convertirse en un experto delincuente, con menores posibilidades de reorientar su vida.

Cuando se produjo el asesinato de un empleado de una estación de servicio en la ciudad de Rosario, siendo su autor un menor de 15 años, quedó eximido de toda sanción por cuanto la ley argentina protege a los menores de 16 años en estos casos, al considerarlos inimputables, por lo que puede decirse que la ley favorece la delincuencia de los menores de esa edad. La ex candidata presidencial socialista Myriam Bregman escribió al respecto: “El asesino del playero es sólo un niño de 15 años, inocente, victima de un sistema que lo obligó a matar. El Estado debe asegurarle su recuperación social en libertad y bajo el resguardo de sus padres”.

La mencionada política parece desconocer que existe un porcentaje de padres que avalan las actividades delictivas de sus hijos. Además, un adolescente no es un niño y si comete un alevoso crimen no es inocente, mientras que al “sistema” aborrecido por los socialistas no se lo puede acusar de “culpable” a menos que se le tenga un odio extremo a la sociedad que lo admite. Si el Estado le brinda apoyo familiar a tal menor, como una "casa digna", entonces el delincuente recibirá un premio adicional, lo que resulta absurdo para la gente normal.

Cuando un hecho semejante ocurre en un país socialista, como se trata de un país con un sistema “justo”, las cosas cambian y el culpable esta vez será el que delinque. Y si se lo fusila por sus delitos, los socialistas considerarán que esa es la mejor forma de actuar del Estado en beneficio de la sociedad.

La tan publicitada “reinserción social” del delincuente peligroso debe intentarse en condiciones de encierro, a menos que se considere tal reinserción más importante que la vida de muchos inocentes y se sugiera intentarlo en condiciones de libertad, como propone la mencionada dirigente.

Si cometer un delito no tiene consecuencias para el culpable, en cierta forma implica alentar los delitos. Ello se debe a que, en cierta forma, impera un criterio comercial; esto es, si se comete una acción ilegal, el "precio" que se ha de pagar es ir a la cárcel, lo que puede incidir a que no se lo cometa. Pero, si no debe pagarse ningún "costo", no habrá nada que temer y se podrá delinquir tranquilamente.

Esto se advierte en el caso de las multas de tránsito. Si bien tratamos de cumplir con las reglas de tránsito por una cuestión de seguridad personal, en otros casos este cumplimiento se debe al temor a pagar elevadas multas, advirtiéndose un "costo" económico concreto y evidente.

Todo esto resulta bastante claro. Sin embargo, como gran parte de la sociedad está del lado de la protección del delincuente antes que de la persona decente, se aduce que "el encierro en la cárcel no mejora al detenido", faltando poco para que se diga que no debe existir tal encierro, ya que impide la "reinserción social" del delincuente. Por el contrario, pensando en la seguridad de las personas decentes, que son mayoría, puede afirmarse que "el delincuente encerrado no tiene posibilidades de seguir matando inocentes", o cometiendo otros delitos.

La justicia estatal poco hace para evitar delitos, incluso se le prohíbe al policía disparar su arma antes que lo haga el delincuente, debiendo elegir entre desacatar el reglamento e ir a la cárcel o bien perder la vida ante el "victorioso" delincuente que sentirá cierto orgullo por haber matado a un policía.

En la lucha contra el delito se tiene, en un extremo, la denominada “tolerancia cero”, mientras que en el otro extremo se ubica el garantismo (que propone penas mínimas) y el abolicionismo (que propone erradicarlas). De ahí que toda nación mira hacia ambos extremos, aunque necesariamente se orienta hacia uno de ellos.

Debe aclararse que “tolerancia cero” no es lo mismo que “mano dura”, por cuanto con aquélla se han logrado excelentes resultados, mientras que con la última no ha sido así. La mano dura consiste, esencialmente, en aplicar el “ojo por ojo y diente por diente”, llegando el Estado a cometer excesos, mientras que la “tolerancia cero” implica adoptar penas proporcionales a los delitos cometidos comenzando por las pequeñas contravenciones, sin dejar ninguna sin sanción.

La tolerancia cero se basa en la tendencia a castigar cualquier infracción reduciendo el tiempo entre el delito cometido y la sanción recibida, pudiendo sintetizarse en dos postulados básicos:

1- Si el responsable de una infracción no es condenado inmediatamente, se le incita a reincidir.
2- Si los responsables de infracciones no son condenados cada vez con toda la severidad permitida por la ley, de forma progresiva pasarán de los pequeños delitos al crimen.

Adviértase que los postulados de la tolerancia cero casi explícitamente manifiestan que tanto el garantismo como el abolicionismo, al aplicar penas mínimas o nulas, convierten a la justicia penal en una promotora directa del delito. Howard Safir, ex jefe de policía de Nueva York relata algunas de sus experiencias aplicando el criterio mencionado: “Para dar una idea de cuánto avanzamos en menos de una década: en 1990, Nueva York, con una población de 7,5 millones de habitantes, tuvo más de 2.200 homicidios”.

“En 1998, luego de haber estado al mando por dos años, hubo sólo 633 homicidios, lo cual significa que en 1998 hubo 1.500 personas transitando tranquilamente por la calle, que en 1990 habrían sido asesinadas”.

“Los policías que sólo recorren las calles respondiendo a la delincuencia y esperando que su presencia lo impida, están perdiendo su tiempo y nuestro dinero; mientras que los oficiales que conocen con profundidad vecindarios y saben dónde, cuándo y cómo se cometen los delitos, pueden tener –y siempre lo han tenido- un efecto sobre la delincuencia. Los «policías conformistas» son de muy poca ayuda en las áreas invadidas por el tráfico de drogas”.

“La habilidad de los oficiales de policía para tener un impacto sobre la delincuencia es algo que los criminólogos –quienes creen que las fluctuaciones de aquélla se deben a motivos sociales y económicos- siempre han refutado. Muchos criminólogos creen que estos problemas rebasan las habilidades de un oficial de policía, o de los organismos de procuración de justicia. En la ciudad de Nueva York demostramos que no es así. Las actividades de la policía sí tienen un impacto considerable sobre la delincuencia, pero el éxito no sólo recae en las cifras de oficiales en la calle, sino en lo que hacen ahí”.

En cuanto al consumo de drogas y su reducción, el citado autor escribió: “Hasta que no se encuentre una manera de reducir exitosamente la demanda, de cortar el suministro de droga reduciendo el tráfico y volviendo su venta un negocio con pérdidas, no se controlará el comercio de estupefacientes”. “Mi trabajo no consistía en perseguir a los traficantes de heroína y cocaína por mar y tierra. Mi objetivo era sacar las drogas de la ciudad de Nueva York”.

“Recobrar las calles y los parques es una cosa, pero mantenerlos es otro reto. Sin un seguimiento eficaz, las ciudades a menudo vuelven a caer en manos de delincuentes. Quizás sea éste el aspecto más frustrante de la prevención delictiva, invertir tiempo y recursos para limpiar un vecindario, sólo para perderlo en cuanto nos retiramos de ahí”.

En cuanto a la penalización de delitos menores y su influencia en la disminución de los mayores, escribió: “En 1993 el promedio de gente que se saltaba los molinetes del metro era de 214.000 por mes –era casi un deporte olímpico-; el mensaje que les estábamos enviando a esos infractores era que si se saltaban un molinete podrían obtener no sólo eso, sino mucho más. Comenzamos por reforzar las leyes de evasión de pasajes, y redujimos el número a cerca de 15.000. No sólo incrementamos los ingresos del metro, sino que también en el año 2000 la delincuencia en este medio de transporte se redujo un 60%. Un ejemplo de trabajo bien hecho para mejorar la calidad de vida fue cuando arrestamos a uno de estos transgresores de molinetes y encontramos una metralleta corta bajo su abrigo. Imaginen si hubiéramos permitido que abordara un vagón del metro lleno” (De “Seguridad”-Grupo Editorial Planeta SAIC-Buenos Aires 2004).

La inimputabilidad de los menores ante delitos cometidos resulta ser también un aliciente que la justicia penal brinda a los jóvenes para iniciarse en el delito. Se mejoraría la situación, en el sentido de la tolerancia cero, si se bajara la edad de la imputabilidad al menos desde los catorce años, en lugar de los dieciséis.

Quienes apoyan el sistema penal garantista y abolicionista, son los sectores que se oponen al sistema capitalista (supuesto culpable de todos los males). Diana Cohen Agrest describe el prontuario de quien estaba libre cuando cometió el asesinato de su propio hijo: “Ezequiel había sido arrancado de la vida brutalmente, y el homicida, tan joven como su víctima, era un delincuente que de no ser por nuestra justicia injusta, debería haber estado encarcelado cuando disparó el horror. Hijo de un policía que habría denunciado el extravío de una de sus armas seis años antes, el asesino ya había sido condenado reiteradamente por el delito de portación de arma de guerra, por portación de arma de uso civil, por encubrimiento agravado, por el delito de robo agravado, por el delito de robo agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa y por portación ilegal de arma de guerra en concurso real. Esta sucesión de condenas no fue un obstáculo para su libertad” (De “Ausencia perpetua”-Debate-Buenos Aires 2013).

El sistema garantista puede también denominarse como de “persuasión cero” por cuanto hace muy poco por desalentar al delincuente y para encaminarlo por la buena senda. Recién cuando comete un asesinato, es posible que vaya por un tiempo a la cárcel, para conformar a los familiares de la víctima. Aunque, si allí se comporta bien, pronto recuperará su libertad y volverá a asesinar a otros inocentes.

domingo, 8 de febrero de 2026

Feminismo y psicología de la victimización

El actual movimiento feminista, que se opone a todo lo que representa el varón, como así también la mayor parte de los movimientos políticos de izquierda, basan sus acciones en una ideología cercana a un trastorno psicológico conocido como "psicología de la victimización". De ahí que no busquen tanto la pregonada igualdad, sino que esencialmente buscan revancha por supuestos, o reales, males recibidos en el pasado.

Cuando la victimización establece cierta identidad personal, se necesitan enemigos para sostenerla en el tiempo. La víctima, o quien padece el trastorno de la victimización, se convierte en perseguidora del sector enemigo.

Las feministas de izquierda dicen ser silenciadas pero buscan la cancelación de quienes se opongan o disientan respecto de sus objetivos de venganza social. Dicen buscar igualdad pero en realidad buscan privilegios de grupo. De ahí que esto no sea otra cosa que una simple "ideología de victimización".

No buscan soluciones sino que buscan constituir una victimización perpetua. Si el victimismo es la fuente personal y grupal de poder, abandonar el victimismo implica una amenaza contra la propia existencia. Así, piensan de cada uno que su principal atributo personal es haber sido dañado. Si abandonan su trauma no saben quienes son. Pierden el sentido de sus vidas y sucumben ante el vacío existencial.

Cuando pasan del ámbito individual al colectivo convierten el trauma en un arma política. Si el conflicto se acabara en algún momento, la identidad del movimiento desaparecería. Tratan que el daño nunca cicatrice. Se cambia "lo que a uno le pasó" para convertirse en "quién eres".

La síntesis anterior resume un artículo aparecido en youtube. Se recomienda observarlo:

Buscar como: PSICÓLOGA ANALIZA: FEMINISMO RADICAL Y VICTIMISMO CRÓNICO

De: MENCHU PSICÓLOGA

Cultura y sociedad de masas

El hombre masa es el que toma como referencia lo que la mayoría dice y lo que la mayoría cree, careciendo de intenciones de pensar por su propia cuenta adoptando la realidad como referencia. Las masas son las preferidas por los agitadores políticos, apuntando a convertirse en directores mentales de gran cantidad de seres humanos, algo completamente opuesto a la idea bíblica del Reino de Dios, es decir, ser gobernados por Dios a través de las leyes naturales a través de los mandamientos éticos. Gustave Le Bon escribió: "Poco aptas para el razonamiento, las multitudes son, por el contrario, muy aptas para la acción. Por su organización actual su fuerza es inmensa. Los dogmas que vemos apuntar tendrán pronto la fuerza de los antiguos dogmas; es decir, la fuerza tiránica y soberana que hace inútil toda discusión y la repugna. El derecho divino de las muchedumbres reemplazará al derecho divino de los reyes" (De "Psicología de las multitudes"-Editorial Albatros-Buenos Aires 1972).

No son solamente los políticos los que pretenden gobernar a las masas, sino también los demás sectores de la sociedad ya que apuntan a ser admitidos por la mayoría de la sociedad, ya sea en el ámbito de la industria, el comercio, la cultura, el arte y el deporte, entre otros. Ello conlleva una posible adaptación generalizada hacia las masas, renunciando al proceso inverso de intentar adaptar al hombre masa hacia niveles culturales superiores.

Fernando Savater, en un resumen de la obra de Theodor Adorno, escribió al respecto: "Adorno fue, sino el primero, por lo menos el más destacado de los pensadores que comenzaron a reflexionar sobre un fenómeno profundamente actual y contemporáneo: los medios de comunicación de masas y las posibilidades que tienen, tanto para lo bueno como para lo malo. De ahí al análisis de la industria cultural había un paso".

"Es verdad que antes la cultura estaba destinada para unos pocos. Solamente el príncipe podía oír música de cámara, la persona pudiente podía tener una gran biblioteca de obras encuadernadas en piel, etc. Hoy todos podemos escuchar a las mejores orquestas con solamente introducir un disco en nuestro reproductor de CD".

"Cualquiera puede tener las obras literarias más importantes en ediciones de bolsillo, y todo esto obviamente supone un progreso, pero también tiene un costo. Adorno entonces estudió qué es lo que se pierde cuando se populariza y se extiende de esta manera extraordinaria la cultura, que está supuestamente al alcance de todos".

"¿No va perdiendo algo del énfasis crítico? ¿No va perdiendo algo de la capacidad rebelde que tuvo en algún momento? Al extenderse, al ponerse al alcance de todos, ¿no se va domesticando y perdiendo toda su crítica de la sociedad y toda su posibilidad de transformación y revolución? Y, por supuesto, los grandes medios de comunicación, que son tan potentes e importantes, lo mismo pueden servir para difundir temas educativos y culturales, o para manipular conciencias e imponer consignas".

En cuanto a la racionalidad moderna, Savater escribió: "Nuestra época se precia de ser fundamentalmente técnica y científica, es decir, profundamente racional. Adorno, junto con Horkheimer, estudió esta racionalidad moderna y concluyó que sí, que los hombres actuales aplicamos la razón, pero sólo en los medios que utilizamos para las cosas, es decir que hay apenas una razón instrumental que analiza cuáles son los mejores medios que hay que buscar para obtener tal o cual fin, los instrumentos técnicos, los científicos, incluso los mecanismos de organización social".

"Todos estos análisis son instrumentales, están muy racionalmente sirviendo a un fin. Pero ¿es racional ese fin? Esa es la pregunta que Adorno y Horkheimer se hacen en su Dialéctica de la Ilustración. Para ambos la Ilustración, el desarrollo intelectual, la crítica, la ciencia, el abandono de la religión y de las supersticiones, crean un orden racional, pero un orden racional solamente centrado en sus instrumentos".

"¿Cuando llega el momento de los fines? ¿Del todo esto para qué? ¿Qué queremos buscar? Eso sigue siendo irracional. Nuestra sociedad ha llevado, por ejemplo, al nazismo y al stalinismo. Fórmulas ambas que no tienen nada de racionales. Los métodos que se emplearon sí lo fueron, instrumentos para tener el poder, el dominio, la manipulación de la gente y de las conciencias. Se trata de métodos racionales, pero todos al servicio de fines profundamente irracionales" (De "La aventura del pensamiento"-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2008).

Si bien los autores citados por Savater formaron parte de la Escuela de Frankfurt, grupo de intelectuales de dudosa positividad social, es importante el planteo mencionado. Si bien los errores sociales son observados por todas las tendencias ideológicas, las diferencias surgen respecto de las posibles soluciones a esos males.

jueves, 5 de febrero de 2026

La fe en religión y en política

La adopción de la fe, como base del conocimiento religioso, presenta ciertos riesgos por cuanto, mediante la confianza en alguien que dice ser un enviado de Dios, podemos llegar al seguimiento de Cristo o también al de Mahoma, cuyas propuestas son totalmente distintas y opuestas. De ahí que hace falta algo más que la fe ciega e incondicional. Junto a la fe debe existir cierta coherencia lógica tanto en las interpretaciones de los dogmas como en las sugerencias emitidas, como también cierta visión respecto de los resultados que las creencias producen en individuos y sociedades.

Quienes se jactan de tener una fe desligada de la razón y de las evidencias, en cierta forma se convierten en esclavos mentales de otros seres humanos, ya que la esclavitud mental voluntaria es una consecuencia de la negligencia mental. También son culpables de esta situación quienes adoptan la postura de rectores mentales de otros individuos. Miguel de Unamuno escribió: “El verdadero pecado, acaso el pecado contra el Espíritu Santo, que no tiene remisión, es el pecado de herejía, el de pensar por cuenta propia. Ya se ha oído aquí, en nuestra España, que ser liberal, esto es, hereje, es peor que ser asesino, ladrón o adúltero. El pecado más grave es no obedecer a la Iglesia, cuya infalibilidad nos defiende de la razón”.

“¿Y por qué ha de escandalizar la infalibilidad de un hombre, del Papa? ¿Qué más da que sea infalible un libro: la Biblia, una sociedad de hombres: la Iglesia, o un hombre solo? ¿Cambia por eso la dificultad racional de esencia? Y pues no siendo más racional la infalibilidad de un libro o la de una sociedad que la de un hombre solo, había que asentar este supremo escándalo para el racionalismo” (De “Del sentimiento trágico de la vida”-Espasa-Calpe SA-Madrid 1980).

La fe ciega y obsecuente no se observa sólo en el ámbito de la religión sino también en el ámbito de la política, ya que muchos adhieren a ciertas ideologías que les dan sentido a sus vidas, y que, en caso de rechazarlas, implicaría quedar perdidos por la vida sin ninguna orientación. Este es el caso de los totalitarismos, cuyos seguidores se someten voluntariamente a la visión del mundo impuesta por los ideólogos respectivos. Cuando existe diferencia entre teoría y realidad, proceden de inmediato a cambiar la realidad. Por el contrario, el científico auténtico, cuando existe tal diferencia, procede a cambiar la teoría en cuestión.

Las creencias asociadas al mantenimiento de teorías políticas poco compatibles con la realidad, conducen a opiniones inverosímiles. Este es el caso de un terremoto producido en Mendoza en 1985, con muy pocas víctimas pero con gran cantidad de viviendas averiadas. En la actualidad, se advierte la existencia de un importante porcentaje de gente que cree que tal movimiento sísmico fue producido por "una explosión en la precordillera ocasionada por EEUU". Asombra la "elasticidad ideológica" para asociar cualquier acontecimiento negativo al "imperialismo yanqui", ignorando toda opinión de gente especializada y mirando como estúpidos a quienes aceptan las opiniones de científicos, que estarían actuando en complot con el "imperialismo". Carlos Daniel Lasa escribió: "El progresista es, ante todo, un ferviente creyente. Cree que la razón humana es tan perfecta que es capaz de generar una idea que eliminará todo el mal de este mundo. El progresista, en efecto, propicia la existencia de un estado paradisíaco dentro de la misma historia. Y este «mañana» prometedor, gracias a la acción humana orientada por la razón omnipotente, será siempre mejor que el pasado y el presente".

"Abandonada la idea de eternidad, el progresista privilegia la dimensión futura del tiempo. Allí, en lo que «todavía no es» (pero que lo será por obra de la acción humana), el hombre podrá encontrar la satisfacción completa de todas sus exigencias. La razón progresista se considera capaz de generar una idea salvífica que se ejecutará a través de una ingeniería política. Entonces, la felicidad humana, ansiada y definitiva, será posible" (De www.laprensa.com.ar).

Algunos especialistas en materia de política consideran este proceso. Leemos al respecto: "Hasta el año 1500 había verdades inmutables a las que se llegaba a través de la meditación o la interpretación de textos sagrados. Existían también conocimientos sin importancia que se obtenían, casi accidentalmente, y podían permitir la creación de inventos, pero que estaban sujetos al verdadero saber".

"Esa postura subyace en las ciencias sociales y en los políticos precientíficos que suponen que lo importante es tener una ideología o un marco teórico correcto, aunque contradiga a la realidad. Creen en doctrinas infalibles y en poderes mágicos que atribuyen a sus dirigentes, desprecian los números, los descubrimientos y las observaciones porque creen que conducen a verdades superficiales".

"No se pueden contradecir los conceptos de Antonio Gramsci o la doctrina de Lenin con el burdo argumento de que lo que dijeron no existe en la realidad según su análisis empírico o los estudios de opinión. Los conceptos no se pueden refutar desde la realidad concreta porque tienen que ver con teorías duras que son inmutables. Para saber qué hacemos con los youtubers y su impacto en los procesos democráticos debemos interpretar a Aristóteles o a León Trotsky".

"Tratar de entender esos fenómenos aplicando el método científico es degradar la política. Ningún profeta usó porcentajes o números para explicar su verdad, no se pueden reemplazar sus enseñanzas con simples investigaciones" (De "La política en el siglo XXI" de J. Durán Barba y S. Nieto-Debate-Buenos Aires 2017).

domingo, 1 de febrero de 2026

Desde Gramsci a la Teoría crítica y al wokismo

El marxismo original describe a la sociedad capitalista como una organización social constituida por una infraestructura económica y una superestructura cultural. Se supone que tal superestructura cultural sirve para mantener vigente la infraestructura económica. Para cambiar este tipo de organización social, Marx cree que es necesario cambiar, vía revolucionaria, la infraestructura económica, o economía capitalista, reemplazádola por una economía socialista.

A partir de Antonio Gramsci, se supone que, para combatir y destruir la sociedad capitalista, debe primeramente prestarse atención a la superestructura cultural en lugar de intentar la revolución violenta para cambiar primeramente la infraestructura económica. Este es el proceso que prevalecerá en adelante con el objetivo siempre presente de destruir la sociedad capitalista o democrática.

La Teoría crítica, derivada de la Escuela de Frankfurt, se presenta como una continuidad de la postura de Gramsci. Finalmente, el proceso destructor se "perfecciona" mediante el denominado wokismo. En todos estos casos se observan solamente las limitaciones o los defectos visibles de las sociedades democráticas, pero se combate incluso hasta las bases de lo conocido como "cultura o civilización occidental", a la cual se acusa de promover todo tipo de dominaciones con las consiguientes exclusiones sociales.

En el ámbito de la sociología, toda nueva teoría que se presente debería intentar una mejora social que llegara a todos los integrantes de la sociedad. Sin embargo, la mayor parte de las teorías neomarxistas apuntan hacia una finalidad destructiva. George Ritzer escribió: "La mayor parte de la Teoría crítica ha fracasado totalmente en su intento de integrar teoría y práctica. De hecho, una de las críticas más famosas que se dirigen a la Teoría crítica es que adopta formas de expresión tan complejas que las masas no pueden acceder a ella. Además, comprometida con el estudio de la cultura y la superestructura, aborda una serie de cuestiones sumamente esotéricas y apenas se ocupa de las preocupaciones pragmáticas y cotidianas de la mayoría de las personas" (De "Teoría sociológica contemporánea"-McGraw Hill Interamericana de España SA-Madrid 1993).

Cuando se habla en forma positiva de las sociedades democráticas o de la cultura occidental, no implica que no se adviertan las serias deficiencias que se observan cotidianamente. Debe tenerse presente que la base ideológica greco-romana-judeo-cristiana requiere de una previa adaptación a nivel individual y, aún cuando se acepte plenamente dicha base cultural, si no se cumplen con los requisitos, o "mandamientos", inherentes a ella, las crisis y la decadencia vendrán en forma inevitable. De ahí que no debería abandonarse la base cultural occidental para ser reemplazada por alguna variante del marxismo o bien por el Islam.

La Teoría crítica tiende a combatir todo lo que sea "dominación", ya que observa "dominaciones" por todas partes, y a pesar de buscar la propia dominación mental sobre la mayor parte de la población del planeta. Ritzer escribió: "Se hizo evidente que la Unión Soviética, a pesar de su economía socialista, era una sociedad tan opresora, incluso en la era de la perestroika, como la sociedad capitalista. Como las dos sociedades tenían economías diferentes, los pensadores críticos debían buscar en otro lugar la principal fuente de la opresión, y comenzaron a buscarla en la cultura".

"A los aspectos de las preocupaciones de la Escuela de Frankfurt -la racionalidad, la industria de la cultura y la industria del conocimiento- pueden añadirse otros temas, de entre los que destaca el interés por la ideología. Los pensadores críticos entienden por ideología los sistemas de ideas producidos por las élites sociales que suelen ser falsos y cegadores. Todos estos aspectos específicos de la superestructura y la orientación que les dio la Escuela crítica pueden incluirse bajo el encabezamiento «crítica a la dominación»".

Mientras que Marx promovía la violencia revolucionaria en los proletarios del siglo XIX, con la esperanza de que de ellos surgiera la "mano de obra" revolucionaria, para los ideólogos de la Teoría crítica serán las universidades las que deberán cambiar las ideas y creencias de toda sociedad. Es oportuno señalar que los teóricos críticos se lamentaban que las universidades de algunas décadas atrás gozaran de cierta libertad intelectual, de ahí el trabajo de infiltración posterior. George Ritzer agrega: "La Escuela crítica también se interesa por lo que ella denomina la «industria del conocimiento», que hace referencia a las entidades relativas a la producción del conocimiento (por ejemplo, las universidades y los institutos de investigación), que han pasado a ser estructuras autónomas de nuestra sociedad. Su autonomía les ha permitido extender su mandato original. Se han convertido en estructuras opresoras interesadas en extender su influencia por toda la sociedad".

Puede decirse que, si antes las universidades eran "opresoras" ante los críticos, ahora se han convertido en "destructoras" de la sociedad, ya que todo lo que implique marxismo predica alguna forma de odio entre sectores, lo que impide la unión de seres humanos y la formación de una sociedad verdaderamente humana.

Sigue Ritzer: "El análisis crítico de Marx del capitalismo le llevó a confiar en el futuro; sin embargo, la postura que llegan a adoptar muchos teóricos críticos carece de esperanzas. Creen que los problemas del mundo moderno no son específicos del capitalismo, sino que son endémicos de un mundo racionalizado, incluyendo las sociedades socialistas. Ven el futuro, en términos weberianos, como una «jaula de hierro» llena de estructuras cada vez más racionales donde las posibilidades de escapar disminuyen a medida que pasa el tiempo".

"Una buena parte de la Teoría crítica (como el grueso de la teoría general de Marx) adopta la forma de análisis crítico. Aunque los teóricos críticos manifiestan también intereses positivos, una de las críticas fundamentales dirigida a la Teoría crítica es que ofrece más críticas que contribuciones positivas. Este permanente negativismo exaspera a muchos estudiosos que creen que la Teoría crítica tiene poco que ofrecer a la teoría sociológica".