lunes, 28 de septiembre de 2026

Hayek vs. Aristóteles

Hace más de 2.000 años, Aristóteles emitía opiniones que, posteriormente, muchos las consideraron erróneas. Por el contrario, tanto en física, como en biología y en economía, fueron varios los pensadores posteriores que aceptaron tales errores como verdades inobjetables, y son éstos a quienes se los debe criticar y no tanto al pensador original. Debe tenerse presente que, al querer rebatir un error, se instala la necesidad de establecer una teoria exacta, o bien, más cercana a la realidad.

En cuanto a la opinión aristotélica respecto de la economía, cabe señalar que fue aceptada, al menos parcialmente, un milenio más tarde, por Santo Tomás de Aquino, y luego por la actual Iglesia Católica, prolongando errores adoptados mediante una fe intransigente que ha producido malos efectos en toda sociedad. Podemos sintetizar brevemente las principales posturas en economía:

a) Autoabastecimiento (Aristóteles)
b) Intercambios en el mercado
c) Abastecimiento al Estado y distribución posterior

En el primer caso tenemos una economía limitada a poblaciones pequeñas y rurales, totalmente inadecuada para poblaciones grandes asentadas en ciudades; no existen intercambios comerciales. En el segundo caso tenemos la economía con intercambios comerciales y propiedad privada, apta para la producción y el consumo tanto en pequeñas como en grandes poblaciones, conocida como "capitalismo" o "economía de mercado". Los productores A y B intercambian su producción sin intermediación estatal.

En el tercer caso tenemos la típica economía socialista, en la cual los productores A y B entregan sus bienes y servicios al Estado ("De cada uno según su capacidad..."), mientras que, luego, el Estado distribuirá igualitariamente, en teoría, la producción recibida ("...a cada uno según su necesidad").

Respecto de Aristóteles, Friedrich A. Hayek escribió: "Tal vez pueda ilustrarse un poco mejor lo poco que influyó la política deliberada del gobierno en la aparición de centros comerciales, especialmente en Atenas y más tarde en Corinto, y lo poco que se entendió cuál era la verdadera fuente de su prosperidad, si pensamos en la total incomprensión de Aristóteles del avanzado orden de mercado en que vivió".

"Aunque a veces se le cita como el primero de los economistas, lo que Aristóteles entendió por oikonomia era, en realidad, un intento de «orientar la actividad productiva de una unidad familiar o, a lo sumo, de una pequeña empresa o granja». Sólo desprecio le merecieron los codiciosos esfuerzos del mercado, cuyo estudio denominó chrematistika. Aun cuando la propia supervivencia de sus contemporáneos atenienses dependiera de la lejana importación de grano, el orden ideal nunca dejó de ser para él autarkos, es decir, autosuficiente".

"Puesto que, en su opinión, sólo son éticamentte admisibles los comportamientos orientados a facilitar algún beneficio a los demás, la visión aristotélica no dudó en recusar cualquier comportamiento que sólo beneficiara al propio actor. Ahora bien, proclamar que las cuestiones de tipo comercial debieran ser consideradas contrarias a la ética en modo alguno impidió que, a largo plazo, la propia existencia de la comunidad en que Aristóteles vivió dependiera del adecuado funcionamiento de un conjunto de mercados que ininterrumpidamente la abastecían de todo lo necesario. Porque, mucho antes de Aristóteles, la producción basada en el lucro que él consideraba «no acorde con la naturaleza» se había convertido ya en fundamento de un orden extenso capaz de desbordar el ámbito de las necesidades ya conocidas".

"Si los atenienses hubieran seguido los consejos de Aristóteles -basados en un total desconocimiento de la economía y de la evolución-, pronto se habría convertido su ciudad en una simple aldea, pues la concepción aristotélica implicaba la asunción de una ética sólo compatible con una comunidad estacionaria. Sus doctrinas, sin embargo, llegaron a dominar a todo el pensamiento filosófico y religioso de los dos siguientes milenios, aun cuando, pese a ello, acabase estableciéndose en el mundo occidental un modelo de sociedad dotado de una gran capacidad de expansión y dinamismo".

"Los efectos de la sistematización aristotélica de una ética del microorden fueron reforzados por la influencia que dicho filósofo ejerció sobre Santo Tomás de Aquino en el siglo XIII, la cual dio lugar a que, más tarde, tal línea de pensamiento llegara a convertirse, de hecho, en la doctrina oficial de la Iglesia. La animadversión hacia la práctica del comercio, que ha prevalecido tanto en la Iglesia de entonces como en la de ahora, su condena del cobro de intereses -que antaño se equiparó con la usura-, su defensa del precio justo y su displicente tratamiento del beneficio, son ideas impregnadas de pensamiento aristotélico" (De "La fatal arrogancia" de F.A.Hayek-Unión Editorial SA-Madrid 2020).

Para muchos católicoa, la pobreza es una virtud moral, mientras que la riqueza es un defecto. Ello implica que una persona que poco o nada se ha preocupado por aprender una profesión o un oficio, y que por ello tiene una casi nula intención de producir algún bien o servicio que pueda servir a los demás, a través de un justo intercambio, es visto como "virtuoso" a pesar del egoísmo y la negligencia inherentes a su personalidad. Consideran a quien tiene la capacidad y la predisposición a producir bienes y servicios de utilidad social, como alguien que carece de la "virtud moral" del pobre. Tal postura favorece el estado de pobreza de muchas sociedades que presentan una alteración de los valores morales que son necesarios para la concreción de una sociedad exenta de problemas económicos.

Los intercambios comerciales que perduran en el tiempo, y que caracterizan a la "pecaminosa" economía de mercado, benefician a ambas partes intervinientes en cada intercambio, de lo contrario cesarían. La idea de un beneficio simultáneo resulta enteramente compatible con el "Amarás al prójimo como a ti mismo".

domingo, 27 de septiembre de 2026

Hayek vs. El manejo centralizado de información

Las diversas críticas dirigidas al socialismo provienen de distintos autores, cada uno de ellos enfatizando algunos aspectos concretos. Así, Ludwig von Mises critica al socialismo por la imposibilidad que presenta respecto del cálculo económico. También considera que ha sido la envidia, de muchos adeptos, el principal motivo de la adhesión incondicional que profesan. Otros autores advierten sobre el peligro potencial de otorgar a un solo individuo todo el poder posible en una nación, situación que produjo las mayores catástrofes humanas a lo largo de la historia.

En el caso de Friedrich A. Hayek podemos encontrar una crítica respecto del manejo de información y de la posterior toma de decisiones por parte de un solo gobernante, o de un pequeño grupo de gobernantes, debido a la imposibilidad de una administración normal tratándose de miles o de millones de situaciones que a diario surgen en poblaciones de millones de habitantes. Así, podemos imaginar a un Fidel Castro que tiene que decidir personalmente acerca de la reparación de un puente, o de la apertura de una calle, y así con todo. La aceptación de esta situación extrema, por parte de los políticos socialistas, ha sido designada por Hayek como "la fatal arrogancia".

El caso más destacado de esa fatal arrogancia, fue el ocurrido en la China de Mao-Tse-Tung (o Mao-Zedong), cuando este líder impulsa una campaña destructiva de gorriones, aduciendo que faltaban granos comestibles debido a que las cosechas disminuían por culpa de estos pájaros. Al desaparecer los gorriones, los insectos que atacaban las plantaciones dejaban de tener a su enemigo natural, lo que provocó posteriormente la mayor hambruna de la historia, con unas 40 millones de víctimas, según estimaciones. Hayek escribió: "Si todas las fuentes de información ordinaria están efectivamente bajo un mando único, la cuestión no es ya la de persuadir a la gente de esto o aquello. El propagandista diestro tiene entonces poder para moldear sus mentes en cualquier dirección que elija, y ni las personas más inteligentes e independientes pueden escapar por entero a aquella influencia si quedan por mucho tiempo aisladas de todas las demás fuentes informativas" (De "Camino de servidumbre"-Alianza Editorial SA-Madrid 2000).

En cuanto al asunto de los gorriones, leemos al respecto: "En el caso de los gorriones la excusa era que diezmaban las cosechas, pero el remedio fue mucho peor que la enfermedad. Quedan vídeos de aquella época. Aldeas enteras salieron a los campos con tambores para asustar a estas criaturas y no darles ni un segundo de descanso. Las avecillas se desplomaban del cielo, exhaustas, después de verse obligadas a volar ininterrumpidamente durante horas. Muchos ancianos, que no podían sostener el ritmo de los más jóvenes, murieron al intentar encaramarse a los árboles o a los tejados de las casas para destrozar los nidos".

"Los ejemplares también eran abatidos en pleno vuelo. El ya citado Frank Dikötter explica en otra de sus obras, La gran hambruna en la China de Mao (Acantilado), que durante esta «catástrofe devastadora» se distribuyeron armas entre ciudadanos y campesinos para que se convirtieran en francotiradores de la noche a la mañana. Sólo en Nankín se gastaron 330 kilos de pólvora en un único día. La única víctima de aquella fusilería fue la naturaleza, además de los heridos por el fuego amigo".

"Los cazadores dispararon contra todo lo que volase. Y lo que no mataron las balas o los perdigones lo mataron los cebos. El uso indiscriminado de venenos fue un Armagedón para gatos, perros, patos, palomas, conejos, corderos, lobos… Pero si esta estrafalaria guerra se ensañó contra alguien fue contra los humildes gorriones. Las estadísticas ofrecidas por las autoridades locales, ansiosas de satisfacer a los mandos del partido, se tienen que interpretar con muchísima cautela".

"Algunos informes oficiales desclasificados provocarían carcajadas, si no fuera por el trasfondo que ocultan de palizas, torturas y hambruna. Los chinos no se lanzaban a cazar gorriones o a fundir acero por capricho. Quienes no podían o no querían ya sabían a qué se arriesgaban. Shanghai dijo haber eliminado en una batida 48.695 kilos y 490 gramos de moscas. Esa surrealista precisión de 490 gramos dice mucho de la psicosis que se adueñó de la población para agradar a las autoridades. Quizá en el caso de los gorriones también se hincharon las estadísticas".

"Pero un dato resulta incontestable. Y atroz. Las bandadas de antaño se volatilizaron. Cuando ya casi se habían extinguido, las autoridades se dieron cuenta de un hecho trascendental: estos pajaritos no sólo comen semillas de cereales, también insectos. De hecho son un efectivo e insustituible plaguicida natural. Sólo los burócratas de Shanghai dijeron haber sacrificado un total de 1.367.440 gorriones en una de sus batallas contra este enemigo del Estado".

"El alto mando ordenó un alto el fuego inmediato en 1960. Ya era demasiado tarde. Las cosechas, en nombre de las que se hizo todo, fueron pasto de nubes de langostas. Las plagas de estos y otros insectos crecieron a medida que menguaban las colonias de gorriones, que estuvieron a punto de desaparecer por completo. Años después hubo que importarlos en secreto de la URSS para recuperar parcialmente su población".

"Otros parásitos muy dañinos para los cultivos proliferaron gracias a la ausencia de enemigos naturales. Como una venganza del medio ambiente, una de las capitales más afectadas fue precisamente Nankín, que llevó la delantera en este absurdo genocidio ornitológico. Y, justo cuando los gorriones más se echaban en falta y más necesarios eran los insecticidas, el país descubrió que se había quedado casi sin existencias" (Por Domingo Marchena en www.lavanguardia.com).

En cuanto al pensamiento de Hayek, Jesús Huerta de Soto escribió: "La idea esencial de Hayek, y que da pie al titulo del libro que comentamos, es que el socialismo constituye un error fatal de orgullo intelectual, o, si se prefiere, de arrogancia científica. Aunque Hayek no defina explícitamente qué entiende por «socialismo», se deduce de sus escritos que él mismo da un sentido muy amplio al término, incluyendo no sólo al denominado «socialismo real», sino, en general, a todo intento sistemático de disenar u organizar, total o parcialmente, mediante medidas coactivas de «ingeniería social», cualquier área del entramado de interacciones humanas que constituyen el mercado y la sociedad. Y el socialismo entendido de esta manera tan amplia es un error intelectual de acuerdo con Hayek, porque lógicamente es imposible que aquel que quiera organizar o intervenir en la sociedad pueda generar y hacerse con la información o conocimiento que se precisa para llevar a cabo su deseo voluntarista de «mejorar» el orden social. En efecto, de acuerdo con Hayek, la sociedad no es un sistema «racionalmente organizado» por ninguna mente o grupo de mentes humanas, sino que, por el contrario, es un orden espontáneo, es decir, un proceso en constante evolución, resultado de la interacción de millones de seres humanos, pero que no ha sido ni nunca podrá ser diseñado consciente o deliberadamente por ningun hombre".

"La esencia del proceso social, tal y como Hayek lo entiende, está constituida por la información o conocimiento, de tipo estrictamente personal, subjetivo, práctico y disperso, que cada ser humano, en sus circunstancias específicas de tiempo y lugar, va descubriendo y generando en todas y cada una de las acciones humanas que emprende para alcanzar sus particulares fines y objetivos, y que se plasman en las etapas de ese camino tan apasionante que supone la vida de todo ser humano. La capacidad innata del hombre para concebir constantemente nuevos fines, dedicando su esfuerzo, ingenio e imaginación a descubrir y elaborar los medios necesarios para alcanzarlos, constituye una fuerza poderosísima de creación y transmisión de información, que se encuentra en constante expansión y que hace posible el mantenimiento y el desarrollo de la civilización hacia cotas de complejidad cada vez mayores. Además, este proceso social de interacciones humanas es, por su propia naturaleza, coordinativo, en el sentido de que constantemente tiende a ajustar y coordinar los comportamientos contradictorios o descoordinados que surgen en el mismo. En efecto, todo desajuste o descoordinación genera, ipso facto, una oportunidad de ganancia o beneficio que actúa como incentivo para ser descubierta, y por tanto aprovechada y eliminada, por parte de los distintos actores, que de esta manera aprenden inconscientemente (es decir, de forma espontánea y no deliberada) a disciplinar su comportamiento en función del comportamiento de los demás".

"Ahora bien, que se pueda descubrir y transmitir el enorme volumen de información o conocimientos prácicos que el desarrollo y mantenimiento que la actual civilización necesita, exige que el hombre pueda libremente concebir nuevos fines y descubrir los medios necesarios para lograrlos sin ningún tipo de trabas, y especialmente sin verse coaccionado o violentado de forma sistemática o institucional. Se hace por tanto evidente en qué sentido el socialismo, con independencia de su tipo o grado, es un error intelectual. Por un lado, porque aquel que pretenda, utilizando la coacción institucional, «mejorar» u organizar una determinada área de la vida social, carecerá del enorme volumen de información práctica y dispersa que se encuentra distribuida en la mente de los miles de individuos que hayan de sufrir sus órdenes (y ello por razones de capacidad de comprensión, volumen y, sobre todo, dado el carácter tácito e inarticulable, y por tanto esencialmente no transmisible, del tipo de conocimiento práctico relevante para la vida en sociedad). Por otro lado, la utilización sistemática de la coacción y la violencia, que constituyen la esencia del socialismo, impedirán que el hombre libremente persiga sus fines, y por tanto no harán posible que éstos actúen como incentivo para descubrir y generar la información práctica que es necesaria para hacer posible el desarrollo y coordinación de la sociedad" (Del Prólogo de "La fatal arrogancia" de F. A. Hayek-Unión Editorial SA-Madrid 2020).

viernes, 25 de septiembre de 2026

Tercermundismo

En décadas pasadas se designaba como "primer mundo" a los países capitalistas occidentales, principalmente. El "segundo mundo" era la URSS y demás países comunistas, mientras que el "tercer mundo" era el resto, generalmente países pobres. En este caso, es posible encontrar una ideología predominante, que actualmente sigue vigente, y que consiste en culpar a los países del primer mundo como los causantes de las penurias tercermundistas. Si las culpas son de otros, no se debería hacer nada para mejorar, por lo que tal mentalidad implica un escollo para todo cambio favorable.

El fundamento de esta ideología radica en la creencia marxista en una necesaria "explotación laboral", en el sistema capitalista, por la cual todo empresario le roba una parte importante de los honorarios que le corresponderían a todo empleado. Con idéntico planteo, se supone que todo país desarrollado le roba a los países tercermundistas mediante una explotación similar. Luis Pazos escribió: “Marx consideró al trabajo como el único factor que agregaba valor a los bienes durante su elaboración, y a los trabajadores como a los únicos destinatarios de dicho valor. Schumpeter sostiene que es el empresario el personaje central en el desarrollo económico de un país” (De “Ciencia y teoría económica”–Editorial Diana SA–México 1981).

Si bien ya no existe el Imperio Soviético, subsiste en muchos países la ideología puesta en práctica en las épocas de expansión de dicho imperio. Tal ideología se conoce como "tercermundismo" y sugiere que el capitalismo no es un buen sistema económico, ya que sus éxitos se deberían al robo de materias primas desde los países colonialistas e imperialistas al resto de las naciones. De ahí el título de un libro de Lenin: "El imperialismo, fase superior del capitalismo".

Llama la atención que los tercermundistas utilicen, como la mayor descalificación de una nación, el adjetivo de "imperialista", palabra que trae asociado el supuesto robo causante del éxito económico de tal país. Sin embargo, apoyaban con firmeza la expansión del Imperio Soviético, incluso causante de miles de víctimas caídas en los países latinoamericanos. Como forma de relativismo moral, se dice que hay imperialismos buenos (si favorecen la expansión comunista) y también imperialismos malos (si se oponen a tal expansión). Se decía que la URSS y sus aliados, "liberaban" a los países conquistados, es decir, los "liberaban" de la explotación capitalista. Florencio José Arnaudo escribió: “En el siglo XX se observa la progresiva y generalmente pacifica liberación de los grandes imperios coloniales. Entre las colonias británicas, francesas, italianas, holandesas, belgas y norteamericanas que han obtenido su total independencia en las últimas décadas, pueden citarse: Argelia, Birmania, Camboya, Camerúm, Ceilán, Chad, República del Congo, Chipre, Dahomey, Eritrea, Gabón, Ghana, Guinea, India, Indonesia, Israel, Costa de Marfil, Jordania, Laos, Líbano, Libia, República Malgache, Malasia, Mauritania, Marruecos, Nepal, Níger, Nigeria, Pakistán, Filipinas, República de Mali, Senegal, Somalia, Viet-Nam del Sur, Sudán, Siria, Togo, Túnez y Alto Volta”.

Mientras que los países europeos liberaban colonias, el Imperio soviético estaba en plena expansión. Arnaudo continúa: “No está demás señalar que en el mismo periodo entraron a formar parte de la URSS, en forma bastante poco espontánea: Armenia, Azerbaiján, Besarabia, Estonia, Georgia, Islas Buriles, Karelia, Letonia, Lituania, Polonia Oriental, Prusia Oriental, Rutenia Subcarpática, Sakhalin, Tannu Tuva y Ucrania. Últimamente las tropas soviéticas invadieron Afganistán. A esta serie hay que agregar aquellos países que bajo la apariencia de naciones independientes están sujetos al régimen colonial soviético: Alemania Oriental, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumania y Viet-Nam. O aquellas que están sometidas al régimen chino: Camboya, Corea del Norte, Mongolia Exterior y Tibet. En África la acción revolucionaria marxista ha implantado gobiernos decididamente prosoviéticos en Angola y Etiopia. En América la serie se inicia con Cuba y la actividad revolucionaria en varios países es intensa”. (De “La lucha ideológica”-EUDEBA-Buenos Aires 1981).

Jean-Francois Revel escribió: "En los países ricos, la izquierda, despojada de su horizonte moral por la quiebra ya inocultable del Comunismo, ha trasladado al Tercermundismo su imaginación ideológica y su sed de culpabilidad, fuentes de su deseo de omnipotencia eterna. Pero esa imaginación y esa sed, lo mismo que hasta hace poco la ilusión comunista, no se originan en ninguna preocupación por curar, en la práctica, la pobreza del mundo. El objetivo del Tercermundismo es acusar y si fuere posible destruir las sociedades desarrolladas, no desarrollar las atrasadas. Un éxito específico contra el subdesarrollo implicaría una revisión dolorosa de lo esencial de la ideología tercermundista" (Del Prólogo de "El Tercermundismo" de Carlos Rangel-Monte Avila Editores CA-Caracas 1982).

Por otra parte, Rubén Zorrilla escribió: “En todos los sistemas económicos que registra la historia y, llamativamente, en todos los socialistas –donde no existía el capitalismo, la economía de mercado ni la propiedad privada- hubo plusvalía. De otra manera no hubieran realizado ninguna acumulación ni concentración de capital”.

“A veces se suele decir, con espíritu marxistoide, y para demostrar la «explotación» de los países capitalistas (una ínfima minoría) sobre aquellos que no lo son, que, por ejemplo, el 20 % de la población mundial consume más del 80% de los recursos del planeta”. “El 20% consume el 80% porque son precisamente ellos los que producen ese 80%” (De “Sociedad de alta complejidad”-Grupo Editor Latinoamericano SRL-Buenos Aires 2005).

domingo, 20 de septiembre de 2026

La lucha interior (y exterior)

Puede sintetizarse a la historia de la humanidad como una lucha por la adaptación y la supervivencia, tanto respecto del orden natural como del orden social creado por el ser humano, conocido este último como "segunda naturaleza". Leemos al respecto: "El hombre habita dos mundos. Uno es el mundo natural de las plantas y los animales, de los suelos, del aire y de las aguas, que le precedió en miles de millones de años, y del cual forma parte. El otro es el mundo de las instituciones sociales y de los artefactos que construye por sí mismo con sus herramientas y máquinas, su ciencia y sus sueños, para lograr un medio obediente a los propósitos y direcciones humanas".

"La búsqueda de una sociedad humana mejor administrada es tan antigua como el hombre mismo. Se encuentra arraigada en la naturaleza de la experiencia humana. Los hombres creen que pueden ser felices. Experimentan comodidad, seguridad, regocijada participación, vigor mental, exploración intelectual, visión poética, paz espiritual y descanso corporal, tratando de incorporarlos en su medio ambiente humano".

"Pero la vida misma de la mayoría de la especie humana ha sido limitada por un trabajo agotador, expuesta a enfermedades mortales o debilitantes, víctima de guerras y hambres, obsesionada por la idea de la pérdida de sus hijos, llena de terror, y de la ignorancia, que genera más terror. Al final, a todos espera la temida y deconocida muerte. Anhelar la felicidad, el apoyo y la comodidad, reaccionar violentamente contra el terror y la ansiedad es, sencillamente, la condición humana" (De "Una sola tierra" de Barbara Ward y René Dubos-Fondo de Cultura Económica-México 1972).

Puede decirse que la "segunda naturaleza" es vislumbrada por nuestros antepasados una vez que aparece el neocortex, como la última etapa en el proceso biológico evolutivo del ser humano. Luego comienza el proceso evolutivo cultural, como una continuación del anterior.

Es necesario mencionar que nuestro cerebro se ha sido formando, durante el proceso evolutivo, en tres etapas: el cerebro reptiliano, el límbico y el neocortex. El primero se encarga del funcionamiento de las distintas partes del cuerpo. El segundo sería el "cerebro emocional" y el tercero el "cerebro racional". En un funcionamiento normal, estos últimos se controlan mutuamente bajo un proceso que podríamos identificar con la "conciencia moral". Tal conciencia implica el aspecto cognitivo por el cual podemos vislumbrar los efectos que nuestras acciones producen en los demás, mientras que lo moral implica el aspecto emocional asociado a la empatía.

Una ética compatible con la naturaleza humana debe contemplar tanto el aspecto racional como el emocional. Ninguno de ellos debe ser relegado al otro, como hace el racionalista al sostener que las emociones confunden y perturban la mente, o como es el caso del intuitivo que sostiene que la razón perturba la pureza de las emociones.

Cuando una persona reacciona con ira, hasta llegar al extremo del descontrol, se dice que no tuvo un freno racional para su emoción violenta. Por otra parte, la ausencia de un freno emocional a lo racional permite que el psicópata, carente de empatía, cometa algún delito. De ahí que tanto lo racional como lo emocional deben considerarse en un mismo nivel de importancia.

A lo largo de la historia se ha advertido el predominio de la ética emocional o bien de la ética racional, mientras que debemos acercarnos a una ética integral que compatibilice ambos aspectos. Raúl V. Martínez escribió: "Es indiscutible que la humanidad filosófica ha tenido del hombre, hasta hoy, visiones fragmentarias...Desde Sócrates hasta el Renacimiento, cultura del hombre-ético. Desde el Renacimiento hasta los albores de este siglo, cultura del hombre-lógico. Y desde nuestros días esperamos el advenimiento de la cultura del hombre-integral. Para que esto último sea posible, la cultura contemporánea deberá luchar contra los conatos de otras visiones parciales del hombre que procuran oponerse al hombre-lógico del periodo que termina, tales como el hombre-vida del intuicionismo bergsoniano, el hombre-acción del pragmatismo o el hombre-voluntad que como un reflorecimiento de la doctrina de Schopenhauer se afirma cada vez más sobre todo en el orden político de la cultura" (De "Ensayo de una antropontología"-Buenos Aires 1935).

Para lograr un sistema ético completo, hace falta agregar el sentido de la vida. Tal sentido presenta dos aspectos: existe un sentido de la vida objetivo, impuesto por el orden natural por medio de la evolución biológica y también un sentido de la vida subjetivo, o individual, adoptado por cada ser humano, especialmente en la elección de objetivos personales definidos. El sentido de la vida objetivo apunta hacia nuestra adaptación al orden natural, mientras que el sentido subjetivo apunta hacia nuestra adaptación al orden social.

Adviértase que al adoptar como sentido objetivo de la vida nuestra adaptación cultural al orden natural y a las leyes que lo conforman, no necesariamente se requiere que el universo tenga un sentido, o una finalidad, si bien la existencia de tales leyes naturales define un sentido implícito de la misma manera en que las reglas de un juego definen una finalidad implícita del mismo, aunque no se lo haya definido previamente. Además, la adaptación a las leyes naturales no depende de que tales leyes hayan sido impuestas por un Creador o bien que hayan existido siempre.

En cuanto al proceso completo, puede decirse que heredamos de la evolución biológica las cuatro actitudes emocionales básicas (amor, odio, egoísmo, indiferencia). Mediante la razón vislumbramos los efectos producidos por nuestra actitud predominante para, mediante cierta introspección (mirar hacia dentro de uno mismo), convalidar nuestro comportamiento si fueron positivos los efectos o bien tratar de corregirlos si los efectos fueron negativos. De esa forma, mediante prueba y error, vamos conformando nuestra personalidad.

La voluntad resulta ser una consecuencia de haber adquirido la claridad mental suficiente como para haber podido adoptar tanto el sentido objetivo de la vida como el subjetivo, además de haber logrado una actitud favorable a la cooperación social. Puede hacerse una síntesis de lo expresado:

Voluntad = Emociones + Razón + Sentido de la vida

o también:

Voluntad = Empatía + Lógica asociativa + Adaptación cultural

Como se dijo anteriormente, la existencia de la conciencia moral implica cierta compatibilidad o armonía entre lo racional y lo emocional, que equivale a haber podido adquirir un pleno sentido de la vida. Viktor Frankl escribió al respecto: "No sólo es necesario encontrar el sentido, sino que es posible, y la conciencia moral guía al hombre en esa búsqueda. La conciencia moral, en suma, es un órgano de sentido. Se puede definir como la facultad de intuir el sentido único y peculiar que late en cada situación" (De "El hombre doliente"-Editorial Herder SA-Barcelona 1987).

El equilibrio entre razón y emoción, asociado a la conciencia moral, es un objetivo prioritario propuesto por la religión moral, de ahí la expresión de Cristo: "El Reino de Dios está dentro de vosotros".

Además de las éticas puramente racionalistas o puramente emocionales, surgieron las éticas voluntaristas que poco o nada tienen en cuenta lo racional y lo emocional. Raúl V. Martínez escribió: "Yo creo que si la nueva cultura se inicia y persiste como un triunfo de la voluntad (profecías de Schopenhauer y Nietzsche), será indiscutiblemente la más trágica de las culturas; porque nada es tan peligroso como una voluntad desprovista de fines racionales y vacía de sentimiento".

A manera de síntesis, Martínez describe las diversas culturas incompletas que se sucedieron a través de la historia de la civilización: "El primer ciclo de la cultura se caracteriza por un desarrollo inusitado del sentimiento, concomitántemente con la culminación de las valoraciones axiológicas. Psicológicamente podemos decir, también, que la primera reacción del sujeto biológico en su contacto con las cosas, es la sensación dolorosa o placentera, base de toda emotividad".

"El segundo ciclo de la cultura se caracteriza por el predominio del conocimiento paralelamente a la exaltación de las apreciaciones lógicas. Psicológicamente podemos agregar, también, que, la segunda reacción del sujeto biológico es su comercio con las cosas, es procurar penetrar la causa de su dolor o de su placer, conociéndolas".

"En el tercer ciclo de la cultura, a cuya aurora asistimos, vemos cómo el auge de la voluntad parecería querer substituir al sentimiento y al pensamiento. De esto tenemos notorias manifestaciones en el campo de la política".

"Sabemos, también, por psicología, la relación funcional o simbiótica que existe entre estos tres aspectos de la vida psíquica. El sentimiento, la voluntad y el pensamiento son, si se me permite la imagen, como tres hermanas siamesas, en las cuales una engorda siempre a expensa de las otras dos. El hombre o los pueblos muy sentimentales son, generalmente, débiles de carácter y poco inteligentes. El hombre o los pueblos con mucha genialidad, son también generalmente débiles de carácter y de temperamentos fríos. El hombre o los pueblos de mucho carácter, tienen poca inteligencia y menos sentimentalismo".

"Así como la crisis de la cultura medioeval se produjo indiscutiblemente por una gran falta de genialidad y de carácter, la crisis de la cultura racionalista se está produciendo por haber el hombre perdido con el frío cálculo de su razón, el carácter y el sentimiento. La pasada guerra mundial de 1914 fue la expresión más cruda de esta verdad".(De "Ensayo de una antropontología"-Buenos Aires 1935).

viernes, 18 de septiembre de 2026

La educación socialista

No resulta sorprendente que los individuos que promueven el socialismo en economía, también tengan una actitud similar respecto de la educación. Así, si estudiando poco o mucho, igualmente un alumno va a aprobar una materia, la opción mayoritaria de los alumnos ha de ser la del mínimo esfuerzo, por lo que el nivel de instrucción tenderá a caer. En el caso del trabajador en economías socialistas ocurre algo similar: si trabajar y producir poco o mucho permitirá una igual retribución económica, la opción mayoritariamente elegida implicará trabajar lo menos posible.

Ante el igualitarismo reinante en la sociedad, se advierte una paulatina eliminación de premios y sanciones, debido a que los reconocimientos al buen desempeño generan "desigualdad" mientras que también las sanciones, o lo no deseable, también generan "desigualdad". Entre esto último figura la posibilidad de repetir de curso, por lo cual la tendencia educativa tiende a la disminución de las capacidades, que luego serán requeridas por los estudiantes una vez que egresen. Sheldon L. Glashow, Premio Nobel de Física, comentaba lo que sucedía hace unos años en EEUU, y que seguramente sucederá en la actualidad: “Joan, mi mujer, se presentó como candidata a la concejalía de educación en las elecciones municipales de Brookline, Massachussets, enarbolando un eslogan que decía: «Más matemáticas, más ciencias». Perdió ante las fuerzas de «Más justicia, menos sobresalientes» y las de «Menos clases y menos disminuidos psíquicos en clase»”.

“Los estadounidenses apuntamos al mínimo común denominador y apuntamos bajo. Las matemáticas que se enseñan a nuestros hijos son una vergüenza. Los mejores alumnos son mediocres y casi todos los que acaban la enseñanza media padecen el síndrome de número-deficiencia adquirida, también conocido como pánico a las matemáticas”.

“Nuestros inteligentes hijos, excluidos de todo cuanto es útil para la tecnología estadounidense por culpa de la criminal incompetencia de nuestros centros docentes, no tienen más remedio que acabar dedicándose a profesiones como la abogacía y la publicidad”.

“Además está la televisión. ¿Hay un solo niño estadounidense que pase tanto tiempo haciendo los deberes como pegado a la caja tonta? Creo que no. Aprender matemáticas, como aprender a tocar el oboe, exige tiempo y práctica” (De “El encanto de la física”-Tusquets Editores SA-Barcelona 1995).

Luego de la evaluación educativa conocida como PISA (Programme for International Student Assessment) o Evaluación Internacional de los Estudiantes, se ha advertido una importante caída en la mayoría de los países. Entre las principales causas, además de las mencionadas, puede considerarse a una pobre valoración del conocimiento por parte de la sociedad. Por lo general se valora aquel conocimiento que permitirá en el futuro alguna ventaja económica, mientras se descarta la mejora intelectual de la personalidad, lo que implica constituir uno de los atributos principales del atractivo personal individual.

En cuanto a los contenidos impartidos, se advierte una prioritaria obsesión por la Educación sexual y un relego de la Educación moral. Leemos al respecto: "La Educación Sexual Integral (ESI) funciona como el eje central de la educación inclusiva porque redefine la escuela como un espacio democrático donde todas las identidades, realidades y corporalidades tienen derecho a ser visibilizadas y respetadas. Lejos de limitarse a la biología, la ESI brinda herramientas conceptuales y afectivas para desarmar las barreras del prejuicio, la discriminación y la exclusión de cualquier estudiante" (De Google. Modo IA).

El "eje central de la educación" implica que en toda materia se debe tratar de vincularla con la Educación sexual, ya sea que tanto la biología como las matemáticas como la literatura, etc., deberían reforzar, en última instancia, una educación que admite la "ideología de género", por la cual se promueve el absurdo de que ser hombre o mujer depende de una cuestión educativa y no biológica.

Esta forma de "educación" trata de abolir todo lo vinculado al cristianismo, sin haber advertido que el "Amarás al prójimo como a ti mismo" resuelve mejor que cualquier otra propuesta educativa los objetivos de igualdad, integración y todos los demás objetivos propuestos por la educación socialista; aunque éstos quizás sean sólo pseudo-objetivos.

En cuanto a la incidencia que las deficiencias educativas afectan a la economía, debe tenerse presente que, en las sociedades del conocimiento, el capital humano está vinculado muy cercanamente a las habilidades cognitivas que, por lo visto, están bastante alejadas de los actuales requerimientos tecnológicos y empresariales. Andrés Oppenheimer escribió: “En otro de los parámetros usados por los rankings de las universidades, el registro de patentes internacionales, la UBA (Universidad de Buenos Aires) ni aparece en el mapa. Según datos del registro de patentes internacionales de EEUU, las principales universidades –tanto de los países ricos como del mundo en desarrollo- están patentando cada vez más productos, no sólo para elevar sus respectivas contribuciones a la economía nacional sino también para aumentar sus respectivos ingresos”.

“En un país que necesita desesperadamente ingenieros, agrónomos y geólogos para desarrollar sus industrias, las universidades estatales argentinas están produciendo principalmente psicólogos, sociólogos y graduados en humanidades. No es casual que Argentina sea el país que tiene la mayor cantidad de psicólogos per capita del mundo”.

“Casi todos los funcionarios universitarios y académicos que entrevisté en Argentina coincidieron en que uno de los principales motivos del poco interés de los alumnos por la computación, la ingeniería, la ciencia y la tecnología es la pobre educación que reciben en la escuela secundaria”.

“Un ejemplo ilustrativo fue lo que ocurrió en 2009 en la Feria Internacional de Ciencias y Educación (ISEF). Se trata de uno de los eventos internacionales más prestigiosos de su tipo, en que todos los países presentan los mejores trabajos científicos de sus estudiantes secundarios, con millones de dólares en premios y becas a los premiados”. “¿Y qué trabajos presentó la delegación argentina? No fue de extrañar que los ocho trabajos argentinos no ganaran ningún premio importante: casi todos eran ensayos de ciencias sociales…”.

El ambiente universitario local es poco adepto a los cambios e innovaciones, y mucho menos a las evaluaciones. Tal es así que una funcionaria de la UBA proponía sólo una “autoevaluación”. Oppenheimer agrega: “Claro, pensé para mis adentros, si uno escoge la evaluación a su medida, siempre va a salir mejor parado que si compite con los demás, incluso dentro de su propio país. Entre la competitividad y la complacencia, la UBA se estaba amparando en la complacencia, y se estaba quedando cada vez más atrás del resto del mundo”.(De “¡Basta de historias!”-Debate-Buenos Aires 2010).

martes, 15 de septiembre de 2026

La educación moral

Por lo general, se supone que la educación de niños y adolescentes será el proceso que va a poder permiitir, en un futuro cercano, una mejora generalizada de la sociedad. Sin embargo, tal suposición tiene poco sentido a menos que se establezca qué tipo de educación se va a adoptar y a qué fines apuntará. Esto se debe a que existe una auténtica educación cuando tenemos presente nuestra naturaleza humana mientras que un simple adoctrinamiento tenderá a producir empeoramientos generalizados en lugar de mejoras. Agustín Álvarez escribió: “La mera instrucción nos ha perdido, pero la verdadera educación puede salvarnos. El objeto de la escuela es, en primer lugar, educar; en segundo, instruir”.

“El maestro debe trabajar ante todo y sobre todo en habituar a los niños a decir siempre la verdad y huir de la mentira. La disciplina escolar debe recaer en primer lugar sobre las faltas a la rectitud y en segundo sobre las faltas a las lecciones”.

“Las escuelas normales deben preparar educadores y no instructores, bajo la base de que el fundamento del aprendizaje es el instinto de imitación, no pudiendo educar el que no está educado, porque la educación no es la enseñanza de reglas muertas por el maestro al alumno, sino la transfusión al alumno de la moral efectiva del maestro” (Citado en “Perfiles del apóstol” de Pedro C. Corvetto-El Ateneo-Buenos Aires 1934).

Para lograr mejoras significativas, la educación debe orientarse a acentuar los aspectos emocionales de niños y adolescentes, que son la base de toda moral. Así, mediante la empatía emocional, se logra cumplir con la igualdad proclamada por todas partes, ya que sentimos como "igual" a toda persona respecto de la cual podemos compartir sus penas y sus alegrías. Una vez lograda la igualdad, se alcanza también la libertad, entendida como la ausencia de todo poder o gobierno del hombre sobre el hombre. Tal poder implica una situación indeseada caracterizada por la ausencia de empatía emocional.

Teniendo presente el proceso que apunta hacia la igualdad y a la libertad individual, puede advertirse que la "educación" actual, en muchos países de Occidente, poco o nada se parece con el proceso mencionado. Por el contrario, se apunta a una "educación" que busca cierta igualdad social u económica, una "educación sexual" desvinculada de lo emocional, una primacía de los derechos individuales sin casi mencionar los deberes respectivos, amparados tales objetivos en una aparente "ley natural" que advierte la existencia, en todo ámbito integrado por seres humanos, de duplas de opresores y oprimidos. De ahí que tal tipo de adoctrinamiento trata de formar individuos aptos para la lucha en contra de los opresores en todo ámbito o institución social que lo permita. Así, se busca la eliminación de la propiedad privada, de la familia y de la natural condición de hombre o mujer con que la naturaleza nos ha proporcionado.

En cuando a la obsesiva búsqueda de la igualdad, Santiago Ramón y Cajal escribía a principios del siglo XX: "¡La utopía de la igualdad! He aquí un bello ensueño, contra el cual pugnan solamente dos párvulos enemigos: el Universo entero y la evolución de la vida. Repitiendo un lugar común, bien cabe afirmar que en la inmensidad del espacio no brillan dos astros equiparables en masas, composición química, fase evolutiva, etc.; en nuestro miserable planeta jamás se descubren dos paisajes, dos rocas, dos plantas o dos animales absolutamente semejantes. Y, concentrándonos al hombre, ¿qué divergencias cuantitativas y cualitativas nos ofrece en las complexiones, la configuración exterior e interior, las capacidades mentales y digestivas, las aspiraciones e ideales, amén de las taras físicas y morales?".

"Si los defensores de la igualdad económica y política alcanzaran el ansiado triunfo, éste sería necesariamente efímero. La talla niveladora, actuando en la pradera social, abatiría las plantas más ingentes, diferenciadas y robustas; mientras que prevalecerían por compensación las hierbas más rastreras y nocivas. ¿Hasta cuando? Hasta que, llegadas las auras primaverales, renacieran triunfantes las bellas flores segadas por la inconsciencia" (De "Charlas de café"-Editorial Espasa-Calpe SA-Madrid 1966).

Entre los absurdos observados, puede mencionarse en caso de la UTN Regional Mendoza, facultad de ingeniería que ha optado por refaccionar los antiguos baños separados para hombres y mujeres, estableciendo baños en los cuales acuden conjuntamente hombres y mujeres. Haciendo un esfuerxo mental considerable resulta dificil encontrar ventajas respecto de la anterior situación.

Nada es comparable a la aberración extrema de aplicar cirugías correctoras en niños, para establecer cambios de sexo previamente inducidos por ideólogos que sienten un inusitado desprecio por la naturaleza humana y que buscan cambiarla al alto precio de mutilar los cuerpos de aquellas víctimas inocentes. Todo vale cuando se trata de llevar adelante la dudosa Educación Sexual Integral, que actúa como un caballo de Troya para destruir parcialmente las personalidades de niños y adolescentes.

En los establecimientos educacionales, por lo general, se promueve en cada individuo la actitud de reclamar por sus derechos en lugar de tratar de que priorice el cumplimiento de sus deberes. En cuanto a la mentalidad posmoderna, puede decirse que se desarrolla en un marco de relativismo moral. Al respecto, Armando Roa escribió: "Se podría pensar que todo derecho involucra un deber, pero la posmodernidad maximiza los derechos y en cambio tiene una mirada benévola, comprensiva, silenciosa, para las evasiones de deberes”. Además, advierte “…una entrega abierta al consumismo en cuanto entretenida fuente de placer sin problemas. En este aspecto, el vivir a crédito sustituye la anterior mentalidad moderna de privilegiar el ahorro”.

El relativismo moral tiende a reemplazar los principios morales que en otras épocas recomendaba la religión o la filosofía, para reemplazarlos por simples convenios arbitrarios que se pactan en cada situación. Armando Roa escribe: “Esta etapa en que nos encontraríamos es la que algunos autores llaman la etapa de la eticidad sin moralidad, en la cual se dejaría de lado la discusión de los grandes principios en que se fundamenta una moral, y se llegaría a un acuerdo en la regulación de las costumbres y también de las acciones profesionales, como las médicas por ejemplo, a base más bien de un mero consenso; a esto se le llama eticidad”. (De “Modernidad y posmodernidad”-Editorial Andrés Bello-Santiago de Chile 1995).

En cuestiones de economía, prevalecen las ideas de tipo socialista. Rubén H. Zorrilla escribió: “Los más distintos populismos (salvo el histórico, que denomino «oligárquico», cuyo símbolo en la Argentina es Facundo Quiroga) reposan en una concepción económica fundada en la noción de reparto o «distribución». Hay que sacar a los que tienen para dar a los que no tienen, por dos razones: porque los que tienen más lo han robado o, en el mejor de los casos, explotado a los que tienen menos (lo que a veces es cierto) y porque hay que ejercer la solidaridad social. Esta posición no admite que los que tienen más hayan creado riquezas antes inexistentes, o que sin su iniciativa y diligencia no hubieran existido. Postula, en cambio, que desde el poder se podrá crearlas”.

“Por lo tanto, el populismo impulsa a la limitación de la propiedad privada y al control político del mercado. Inevitablemente, estas medidas conducen al aumento de las coerciones del Estado y al aumento de sus funciones económicas, así como al control no democrático de la actividad política y la cultura. Tiende hacia el autoritarismo más severo, y, si las condiciones históricas lo permiten, al totalitarismo. Las consecuencias son la disminución del estado de derecho, la inseguridad jurídica, y el aumento de la corrupción en todos los niveles de la vida social, especialmente del Estado, que la sostiene y la propaga” (De “Principios y leyes de la Sociología”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1992).

domingo, 13 de septiembre de 2026

La bondad como base de la evolución cultural

La bondad de los seres humanos puede ser considerada como el principal atributo que ha promovido, y que ha de promover, el avance moral y cultural de la humanidad. En muchas etapas históricas, incluso actualmente en algunos sectores de la sociedad, la bondad natural ha sido vista como una debilidad. También ha sido vista, no como un atributo conformado por el proceso de la evolución biológica, sino como una concesión que Dios otorga sólo a algunos elegidos o a algunos adeptos, lo que pudo haber retrasado en el pasado un avance en el proceso de la evolución cultural a través de la búsqueda de mayores niveles de adaptación al orden natural.

A través de una Breve historia de la bondad, inserta en el libro "Elogio de la bondad", de Adam Phillips y Barbara Taylor (Duomo Ediciones SL-Barcelona 2010), se puede seguir el proceso histórico que tal atributo ha tenido en Occidente, por lo que las siguientes citas provienen del mencionado libro.

Como punto de partida puede considerarse el caso del "buen samaritano". Para promover la empatía emocional respecto de todo habitante del planeta, y no sólo respecto de los integrantes del grupo al que cada uno pertenece, Cristo establece un principio revolucionario para la época, ya que incluso en la actualidad las divisiones entre sectores, religiones o etnias mantienen su vigencia. La universalidad del cristianismo proviene de advertir y acentuar esta actitud para que predominara en todos los seres humanos. “Un hombre se acercó a Jesús y le preguntó: «Pero ¿quien es mi prójimo?». Jesús le respondió contándole la historia de un judío que, yendo de viaje, fue asaltado por unos ladrones, herido y abandonado en la cuneta; los viajeros que pasaron junto a él no le hicieron caso, ni siquiera sus compatriotas de Judea, hasta que al final un vecino de Samaria que pasó por ahí se apiadó de él y lo socorrió con generosidad. Judíos y samaritanos eran enemigos tradicionales y la parábola del buen samaritano fue y sigue siendo la versión simbólica de la bondad cristiana, de la solidaridad que se salta las barreras étnicas y las divisiones sectarias y ve a todas las personas como amigas. Al universalizar la bondad, el cristianismo afirmó su derecho a ser una religión global”.

“La palabra «simpatía» deriva del griego clásico, en que significaba «sentir lo mismo que el otro», y describe el afecto o la solidaridad entre personas no emparentadas”.

“La conducta simpatizante era una conducta expansiva, una conducta para la que la felicidad ajena era la condición sine qua non del propio bienestar. La simpatía era una piedra de toque del sentido de lo humano; la persona incapaz de identificarse emocionalmente con sus semejantes era un ser inhumano, un monstruo”.

Así como el intercambio comercial entre dos personas puede hacerse sin la intermediación del Estado, el vínculo afectivo entre dos personas puede establecerse sin la intermediación de Dios. Sin embargo, algunos predicadores del cristianismo complicaron las cosas cambiando lo que no es más que una reacción afectiva natural. Algunos creían que Dios observaba y anotaba las buenas acciones personales realizadas cotidianamente, por lo cual el amor al prójimo tendía a establecerse pensando en uno mismo, y en la futura vida eterna, antes que en la otra persona. Phillips y Taylor agregan: “La parábola del buen samaritano daba a entender de un modo muy claro que la bondad era una inclinación natural humana, y algunos pensadores cristianos primitivos lo confirmaron. Pero san Agustín y otros Padres de la Iglesia lo negaron con vehemencia, alegando que la caritas [caridad cristiana] procedía únicamente de Dios; que sin Dios no había bondad ni ninguna otra virtud innata. Por culpa de la primera Caída, decía Agustín, la humanidad había perdido toda posibilidad de tener bondad natural. El hombre de Agustín, hundido en el pecado original, era incapaz de sentir caritas sin ayuda divina; abandonados a sí mismos, los hijos de Adán eran egoístas y depravados”.

“Con Agustín, la caritas acabó trascendiendo a la persona. Sin represión y sin sacrificio, la relación del hombre con el hombre era irremediablemente perversa y animal: una concepción pesimista de la humanidad que con la Reforma protestante del siglo XVI se volvió mucho más sombría. Según Martin Lutero, principal portavoz de la Reforma, la naturaleza humana estaba «totalmente podrida» por el pecado original. La corrupción del clero católico ponía de manifiesto la facilidad con que la pompa y el poder apartaban a los individuos de la verdadera religión y los hundían en la depravación absoluta”.

La ineficacia que se advierte en el cristianismo, como religión moral, se debe esencialmente al debilitamiento y oscurecimiento que sus predicadores han impuesto al mandamiento del amor al prójimo. Si uno lo interpreta como un proceso existente en la propia naturaleza humana, como bien lo saben quienes nunca escucharon hablar de Cristo y del cristianismo, las prédicas cristianas vuelven a retomar su eficacia inicial. Si, por el contrario, se hace intervenir a Dios en cada ocasión de nuestra vida cotidiana, se distorsiona la moral cristiana alejándola de la ética natural, que también surgió de otras fuentes ajenas a la religión. Incluso la aceptación del cristianismo por parte del Imperio Romano se debió a la compatibilidad mostrada con el estoicismo, una de las filosofías influyentes en la época. “El estadista romano Cicerón –que no era estoico con carné, pero que acusó la influencia del estoicismo-, en su gran obra ‘De officis’ (44 AC), afirmó que sentir más afecto por la familia que por los extraños era natural. Sin embargo, en otra obra sostuvo que las relaciones cordiales abarcaban toda la sociedad humana y advirtió que las personas que se preocupaban más por sus conciudadanos que por los extranjeros podían «romper la hermandad que une a la humanidad»”.

Adam Phillips y Barbara Taylor agregan: “En 1741, el filósofo escocés David Hume, enfrentado a una escuela filosófica que proclamaba el egoísmo ineludible de la humanidad, perdió la paciencia. Una persona tan necia como para negar la existencia de la bondad –dijo Hume- era sencillamente una persona que había perdido el contacto con la realidad emocional: «ha olvidado los movimientos de su corazón». ¿Cómo es posible que la gente haya acabado por olvidar la bondad y los intensos placeres que procura?”.

“La conducta bondadosa se observa con recelo; las manifestaciones públicas de bondad se desdeñan por moralistas y sentimentales. «Esta es la naturaleza humana», decimos del comportamiento egoísta, ¿qué más podemos esperar? La bondad se ve como un tema de portada de revista o bien como falta de nervio. Los iconos populares de la bondad –la princesa Diana, Nelson Mandela, la madre Teresa de Calcuta- o bien se adoran como si fueran santos o bien se denuncian alegremente llamándoles hipócritas que sólo cultivan sus intereses”.

"La palabra «simpatía» deriva del griego clásico, en que significaba «sentir lo mismo que otro», y describe el afecto o la solidaridad entre personas no emparentadas. Si tanto los egoístas como Hobbes y los benevolentes como Shaftesbury concebían a los individuos como mundos cerrados, los teóricos de la simpatía los consideraban vinculados afectivamente y pensaban que la vida emocional de cada persona evolucionaba influida directamente por los sentimientos de cuantos la rodeaban".

"La subjetividad era impersonal y eso era lo que hacía posible la bondad. En su Tratado de la naturaleza humana (1739-1740), David Hume comparaba la transmisión de sentimientos entre personas con la vibración de las cuerdas del violín: en cada uno resonaban los sufrimientos y alegrías ajenos como si fueran suyos. «Salimos de nosotros mismos» para entrar en el mundo emocional de los demás, decía Hume; o como escribió Adam Smith en su Teoría de los sentimientos morales (1759), «en cierto modo acabamos siendo la misma persona, tal es el origen de nuestros sentimientos comunes»".

"Los egoístas psicológicos habían afirmado que el sentimiento común era una simple derivación del interés por uno mismo y partía de la observación de que cualquier desgracia que pudiera sucederles a los demás, nos podía suceder a nosotros. Smith lo negaba, alegando que este sentimiento común era una proyección imaginaria del yo en el otro: «entramos, por así decirlo, en su cuerpo». A los egoístas que argüían que eso era sólo una forma más compleja de egoismo, Smith replicaba con energía: ¿cómo se puede considerar egoísta una emoción que «no se refiere en absoluto a nada mío», sino «que se concentra totalmente en lo que se relaciona contigo?». Quienes se posicionaban con el egoísmo sufrían una «confusión» en lo relativo a la naturaleza humana, concluía Smith".

Una sociedad natural, o aquella que contempla las leyes naturales que nos rigen, encuentra en la empatía emocional al vínculo que une, o que debería unir, a los integrantes del grupo social. Por el contrario, al intentar reemplazar dicho vínculo por los medios de producción, como lo propone el marxismo, se establece una "sociedad artificial" que apunta hacia un retroceso en el proceso de la evolución cultural.