La unidad pacífica de toda la humanidad ha sido uno de los objetivos buscados desde tiempos remotos, pero gran parte de esa búsqueda ha sido promovida por líderes militares, políticos o religiosos que ponían como condición una previa eliminación, ideológica o material, de toda forma de oposición. Este es el caso, entre otros, del Islam, calificado por Washington Irving como "La religión de la espada" en su libro "Mahoma" (Salvat Editores SA-Barcelona 1986).
El uso de espada, cuchillo o daga, utilizada para degollar "infieles" ha sido algo tradicional, o "cultural", entre los seguidores de Mahoma. Teresa de Ávila comenta algunos anhelos infantiles, como convertirse en una martir cristiana, escribiendo en el siglo XVI: "Juntábame con este mi hermano a tratar qué medio habría para esto. Concertábamos irnos a tierras de moros, pidiendo por amor de Dios para que allá nos descabezacen...". "De que vi que era imposible ir donde me matasen por Dios, ordenábamos ser ermitaños..." (Del "Libro de la vida"-Ediciones Altaya SA-Barcelona 1998).
En la actualidad, con el beneplácito de la izquierda política y de la Iglesia Católica, desde Europa se promueve el ingreso irrestricto de musulmanes, muchos de los cuales traen en su mente las enseñanzas del Corán y hasta una daga para hacerlas efectivas. Recientemente, nos enteramos del asesinato de un joven británico, con cinco puñaladas, por un musulmán, lo que produjo masivas reacciones debido incluso a la acción policial favorable al delincuente. Tiempo después, en Irlanda del Norte, se produjeron reacciones ante el accionar de un inmigrante que quiso degollar a un irlandés tomado al azar por el solo hecho, aparentemente, de ser un "infiel" y de raza blanca.
El encubrimiento que se hace respecto de los yihadistas, despierta severas reacciones en sectores de extrema derecha quienes, al no actuar la justicia estatal en defensa del ciudadano local, aplican una "justicia por mano propia". Una "justicia" que por lo general recae en individuos musulmanes o africanos inocentes. Lo que no entienden los promotores europeos del Islam, incluido León XIV, es que sus encubrimientos a delincuentes generan reacciones violentas como las observadas luego de tales actos delictivos.
Todo el que protesta en Europa en favor de su seguridad personal y por la integridad de su nación, es calificado de racista, fascista o algo por el estilo, mientras detienen y hasta acusan de "terroristas" a líderes sociales que se oponen a la violencia promovida por la "cultutra islámica" y el degüello al azar de algunos "infieles".
A pesar de ser el Islam una "religión violenta", o bien no ser otra cosa que una ideología bélica, León XIV promueve un acercamiento entre católicos y musulmanes considerando que el Islam es una "religión de paz". Los promotores del multiculturalismo en Europa consideran que portar cuchillos, por parte de los musulmanes, es una cuestión "cultural" que se debe respetar. León XIV expresó que "los europeos no debían temer al Islam" (aunque nunca se le ha escuchado pedir a los jerarcas islámicos cesar con la yihad, o "guerra santa", y prohibir el degüello de cristianos o infieles en general). Tal pedido implicaría, en realidad, pedirles que abandonen los mandatos del Corán.
Se mencionan algunos párrafos que aparecen en el libro antes mencionado:
LA RELIGIÓN DE LA ESPADA (fragmentos)
Se recurría a la predestinación en apoyo de estas doctrinas beligerantes. Según el Corán, todo acontecimiento estaba predestinado desde la eternidad, y no había forma de evitarlo. Ningún hombre podía morir antes o después de la hora señalada, y cuando llegaba ésta, daba lo mismo que el ángel de la muerte lo encontrara tranquilamente en la cama que en el fragor de la batalla.
Estas fueron las doctrinas y revelaciones que de repente convirtieron al islamismo -una religión que defendía la mansedumbre y la filantropía- en la religión de la violencia y la espada. Este cambio resultaba muy apropiado para los árabes, ya que encajaba con sus costumbres ancestrales y fomentaba sus inclinaciones depredadoras. En la práctica, eran piratas del desierto y no debemos sorprendernos de que, después de esta manifiesta promulgación de la religión de la espada, se pasaran en masa a las líneas del Profeta. Sin embargo, Mahoma no autorizaba la violencia contra los que se resistían a creer, con tal que se sometieran sin resistencia a su poder temporal y aceptaran pagar tributos. Aquí encontramos el primer indicio de la ambición mundana y del deseo de dominio temporal que estaban abriéndose paso en su mente. No obstante, comprobaremos que los tributos obtenidos con este procedimiento quedaban subordinados a su pasión dominante y los dedicaba en gran parte a la propagación de la fe.
Las primeras empresas guerreras de Mahoma reflejaban el oculto resentimiento de que hemos hablado. Tuvieron como objeto las caravanas de La Meca pertenecientes a sus implacables enemigos, los coraixíes. Las tres primeras expediciones fueron dirigidas por Mahoma en persona, pero sin ningún resultado práctico. La cuarta se confió a un musulmán llamado Abdallah Ibn Chahx, que fue enviado con ocho o diez hombres decididos al camino que llevaba hacia el sur de Arabia. Como era el mes santo del Rachab, en que estaba prohibido todo acto de violencia o rapiña, Abdallah recibió órdenes selladas que no debía abrir hasta el tecer día. Las órdenes estaban formuladas en términos vagos pero significativos. Abdallah debía dirigirse al valle de Najla, entre La Meca y Taif (el lugar donde Mahoma había tenido la revelación de los genios), y allí debería vigilar la llegada de una caravana de los coraixíes. "Quizás -añadía astutanente la carta de instrucciones- puedas traernos algunas noticias de ellos".
Abdallah entendió el verdadero significado de la carta y actuó en consecuencia. Al llegar al valle de Najla divisó la caravana, formada por varios camellos cargados de mercancías y dirigida por cuatro hombres. La siguió a cierta distancia y envió a uno de sus hombres, disfrazado de peregrino, para que le diera alcance. Por las palabras de éste, los coraixíes supusieron que sus compañeros eran también peregrinos que se dirigían a La Meca. Además, era el mes de Rachab y en aquellas fechas se podía viajar sin peligro. Sin embargo, en cuanto se detuvieron, Abdallah y sus compañeros cayeron sobre ellos, mataron a uno, y a dos los hicieron presos; el cuarto logró huir. Los vencedores regresaron a Medina con los prisioneros y el botín.
Toda la ciudad de Medina se escandalizó al comprobar la violación del mes santo. Mahoma, comprendiendo que había ido demasiado lejos, dio muestras de estar enojado con Abdallah y se negó a aceptar la parte del botín que le ofrecían. Basándose en la vaguedad de sus instrucciones, insistió en que no había ordenado a Abdallah que derramara sangre ni cometiera ningún acto de violencia durante el mes santo.
Las protestas duraron algún tiempo y encontraron eco en las de los coraixíes de La Meca. Todo ello dio lugar al siguiente pasaje del Corán:
"Te preguntarán por el mes sagrado y querrán saber si pueden hacer la guerra en él. Responde: luchar en ese mes es grave; pero negar a Dios, obstaculizar el camino de Dios, arrojar a los verdadsros creyentes de su sagrado templo y adorar ídolos son pecados mucho más graves que matar en los meses sagrados".
lunes, 15 de junio de 2026
sábado, 13 de junio de 2026
Entrar al mundo vs. Escapar del mundo
Las estadísticas recientes indican que en la Argentina hubo 5.209 suicidios durante 2025; cifra alarmante que denota una tendencia extrema a escapar de una realidad difícil de soportar. Esto contrasta con la actitud de quienes tienen un firme sentido de la vida y que tratan de adaptarse plenamente al orden natural. En realidad, como lo ha mostrado Emile Durkheim y otros autores, la búsqueda de una escapatoria de la realidad actúa como una enfermedad social que seguramente proviene de una mentalidad generalizada que induce en los integrantes de la sociedad una visión poco compatible con el universo en el que estamos inmersos.
La mentalidad posmoderna, con su relativismo moral, promueve en forma efectiva la idea de una ausencia de leyes naturales impuestas por un Creador, o bien promueve la idea de la inexistencia de un orden natural al que nos debemos adaptar, alejándonos del sentido de la vida básico y necesario para iniciar un proceso de adaptación cultural a dicho orden.
La tarea esencial del psicólogo social consiste en determinar el vínculo existente entre idea y acción posterior, o entre conocimiento o creencia y actitud posterior. Si observa determinado comportamiento, le surge la curiosidad por indagar acerca de las ideas que lo motivaron, o bien, si le resultan conocidas ciertas ideas, indagará acerca de los comportamientos probables que originarán. Mientras que el psicólogo social “podrá mejorar la humanidad”, no podrá, en general, mejorar la salud mental de un individuo determinado.
Nuestra época, denominada “posmoderna”, se caracteriza por el predominio del “hombre light”, que no difiere demasiado del hombre-masa, en el sentido de que reconoce sólo derechos y rechaza obligaciones. Una descripción adecuada de tal tipo de individuo implica conocer su comportamiento social y también las ideas predominantes en la sociedad que conforma.
Se supone, en general, que las ideas determinan comportamientos o que son causa de comportamientos, aunque también es posible suponer que los cambios tecnológicos y científicos inducen hábitos que influyen y conforman las ideas predominantes en una sociedad. Aceptando que existe una mutua vinculación entre ideas y actitudes, la tarea del científico social consiste en descubrir el nexo entre ambas, como se dijo antes. El proceso de adaptación cultural ha de consistir en promover las ideas que favorecen las actitudes cooperativas y desalientan las que promueven comportamientos egoístas, competitivos y negligentes.
En el caso de la Edad Media europea, resulta sencillo conocer ideas y actitudes predominantes por cuanto existió un neto predominio de la Iglesia Católica. El hombre tenía en ese entonces un puesto definido en la sociedad y en el mundo. Su vida tenía un sentido religioso y consideraba que estaba en el mundo de paso hacia una etapa posterior y superior. Seguramente no tendría problemas existenciales, como los del hombre actual, pero tendría limitaciones y carencias materiales, desconocidas para un importante porcentaje de la población actual.
Si se adopta como referencia el pensamiento de quienes consideran como base de sus vidas a una religión moral, puede decirse que el hombre actual se va alejando del pensamiento religioso mientras se siente cada vez más atraído por las novedades de cada siglo. Debido a que tal pensamiento es esencialmente moral, tal alejamiento implica una pérdida progresiva en el proceso de adquisición de valores éticos, llegando tal proceso, en la actualidad, a golpear el interior de la propia Iglesia.
Ciertamente que en toda época han existido crisis variadas; aun así, se advierte un retroceso permanente. Enrique Rojas describe la sociedad posmoderna a partir de su figura central, el hombre light: “Es una sociedad, en cierta medida, que está enferma, de la cual emerge el hombre light, un sujeto que lleva por bandera una tetralogía nihilista: hedonismo-consumismo-permisividad-relatividad. Todos ellos enhebrados por el materialismo. Un individuo así se parece mucho a los denominados productos light de nuestros días: comidas sin calorías y sin grasa,…..y un hombre sin sustancia, sin contenido, entregado al dinero, al poder, al éxito y al gozo ilimitado y sin restricciones” (De “El hombre light”-Grupo Editorial Planeta SAIC-Buenos Aires 2007).
La palabra “sustancia”, que se escribe también “substancia”, significa “lo que está debajo”. De ahí que un hombre sin substancia es alguien que tiene pocas ideas definidas, o bien las que tiene resultan incompatibles con el orden natural, por lo que carece de un adecuado sentido de la vida. Ante esa ausencia de sentido, trata de suplantarlo con el consumismo, sin lograr éxito.
Si pensamos en el lento y complejo proceso de la aparición de la vida inteligente en nuestro planeta, nos sentiríamos sorprendidos si alguien nos dijera que todo ese proceso conduce a un hombre que dedica todo su tiempo y todos sus pensamientos a consumir lo que está disponible en el comercio. El citado autor agrega: “El hombre light carece de referentes, tiene un gran vacío moral y no es feliz, aun teniendo materialmente casi todo. Esto es lo grave”.
“Frente a la cultura del instante está la solidez de un pensamiento humanista, frente a la ausencia de vínculos, el compromiso con los ideales. Es necesario superar el pensamiento débil con argumentos e ilusiones lo suficientemente atractivos para el hombre como para que eleven su dignidad y sus pretensiones. Se atraviesa así el itinerario que va de la inutilidad de la existencia a la búsqueda de un sentido a través de la coherencia y del compromiso con los demás, escapando así de la grave sentencia de Thomas Hobbes: «El hombre es un lobo para el hombre»”.
“Hay que conseguir un ser humano que quiere saber lo que es bueno y lo que es malo; que se apoya en el progreso humano y científico, pero que no se entrega a la cultura de la vida fácil, en la que cualquier motivación tiene como fin el bienestar, un determinado nivel de vida o placer sin más. Sabiendo que no hay verdadero progreso humano si éste no se desarrolla con un fondo moral”.
Quienes promueven la diversión como base de la felicidad, se parecen a los filósofos nihilistas, quienes sostienen que la vida humana no tiene sentido, por lo que no vale la pena luchar, recomendando “divertirse”. Esto concuerda con la actitud del hombre light que trata de “divertirse” todo el tiempo por cuanto lleva impresa en su mente la idea de que la vida no tiene sentido. Abelardo Pithod escribió: “El acontecimiento cultural más importante de estos tiempos es la crisis de la cultura cristiana y el alejamiento de las grandes masas de población de las naciones que alguna vez formaron la cristiandad. Es importante entender, entonces, que el anarquismo contemporáneo, cuya esencia es el nihilismo, constituye la revolución total contra lo que quedaba de nuestra cultura tradicional”.
“Un antecedente inmediato fue el existencialismo ateo. Con variantes lo fue también «l’homme revolté» [el hombre rebelde] de Albert Camus (Camus no aceptaba que lo llamaran existencialista pero era ateo). Para este autor la revuelta humana debía ser contra el sinsentido de la vida, oponer al absurdo de la existencia la valentía de la libertad más radical. Si la vida carece de sentido al menos ejerzo mi libre arbitrio plenamente. El absurdo de mi existencia no me esclavizará. Es decir, si nada tiene sentido todo está permitido. Es la anarquía total” (De “Ciclos de Cultura y Ética Social”-CIES Editorial-Buenos Aires 1997).
El indicio de que la vida tiene un sentido objetivo, además de los sentidos particulares que podamos darle, sentido que viene implícito en el propio orden natural, surge del hecho de que no podemos transitar nuestra vida de cualquier manera. Es un caso similar al del camino que tiene señalado un solo sentido de circulación; si no lo respetamos, es posible que nos estrellemos contra la realidad. Y si desconocemos la existencia de esa regla, nos enteraremos de ella cuando tengamos un accidente.
La mentalidad posmoderna, con su relativismo moral, promueve en forma efectiva la idea de una ausencia de leyes naturales impuestas por un Creador, o bien promueve la idea de la inexistencia de un orden natural al que nos debemos adaptar, alejándonos del sentido de la vida básico y necesario para iniciar un proceso de adaptación cultural a dicho orden.
La tarea esencial del psicólogo social consiste en determinar el vínculo existente entre idea y acción posterior, o entre conocimiento o creencia y actitud posterior. Si observa determinado comportamiento, le surge la curiosidad por indagar acerca de las ideas que lo motivaron, o bien, si le resultan conocidas ciertas ideas, indagará acerca de los comportamientos probables que originarán. Mientras que el psicólogo social “podrá mejorar la humanidad”, no podrá, en general, mejorar la salud mental de un individuo determinado.
Nuestra época, denominada “posmoderna”, se caracteriza por el predominio del “hombre light”, que no difiere demasiado del hombre-masa, en el sentido de que reconoce sólo derechos y rechaza obligaciones. Una descripción adecuada de tal tipo de individuo implica conocer su comportamiento social y también las ideas predominantes en la sociedad que conforma.
Se supone, en general, que las ideas determinan comportamientos o que son causa de comportamientos, aunque también es posible suponer que los cambios tecnológicos y científicos inducen hábitos que influyen y conforman las ideas predominantes en una sociedad. Aceptando que existe una mutua vinculación entre ideas y actitudes, la tarea del científico social consiste en descubrir el nexo entre ambas, como se dijo antes. El proceso de adaptación cultural ha de consistir en promover las ideas que favorecen las actitudes cooperativas y desalientan las que promueven comportamientos egoístas, competitivos y negligentes.
En el caso de la Edad Media europea, resulta sencillo conocer ideas y actitudes predominantes por cuanto existió un neto predominio de la Iglesia Católica. El hombre tenía en ese entonces un puesto definido en la sociedad y en el mundo. Su vida tenía un sentido religioso y consideraba que estaba en el mundo de paso hacia una etapa posterior y superior. Seguramente no tendría problemas existenciales, como los del hombre actual, pero tendría limitaciones y carencias materiales, desconocidas para un importante porcentaje de la población actual.
Si se adopta como referencia el pensamiento de quienes consideran como base de sus vidas a una religión moral, puede decirse que el hombre actual se va alejando del pensamiento religioso mientras se siente cada vez más atraído por las novedades de cada siglo. Debido a que tal pensamiento es esencialmente moral, tal alejamiento implica una pérdida progresiva en el proceso de adquisición de valores éticos, llegando tal proceso, en la actualidad, a golpear el interior de la propia Iglesia.
Ciertamente que en toda época han existido crisis variadas; aun así, se advierte un retroceso permanente. Enrique Rojas describe la sociedad posmoderna a partir de su figura central, el hombre light: “Es una sociedad, en cierta medida, que está enferma, de la cual emerge el hombre light, un sujeto que lleva por bandera una tetralogía nihilista: hedonismo-consumismo-permisividad-relatividad. Todos ellos enhebrados por el materialismo. Un individuo así se parece mucho a los denominados productos light de nuestros días: comidas sin calorías y sin grasa,…..y un hombre sin sustancia, sin contenido, entregado al dinero, al poder, al éxito y al gozo ilimitado y sin restricciones” (De “El hombre light”-Grupo Editorial Planeta SAIC-Buenos Aires 2007).
La palabra “sustancia”, que se escribe también “substancia”, significa “lo que está debajo”. De ahí que un hombre sin substancia es alguien que tiene pocas ideas definidas, o bien las que tiene resultan incompatibles con el orden natural, por lo que carece de un adecuado sentido de la vida. Ante esa ausencia de sentido, trata de suplantarlo con el consumismo, sin lograr éxito.
Si pensamos en el lento y complejo proceso de la aparición de la vida inteligente en nuestro planeta, nos sentiríamos sorprendidos si alguien nos dijera que todo ese proceso conduce a un hombre que dedica todo su tiempo y todos sus pensamientos a consumir lo que está disponible en el comercio. El citado autor agrega: “El hombre light carece de referentes, tiene un gran vacío moral y no es feliz, aun teniendo materialmente casi todo. Esto es lo grave”.
“Frente a la cultura del instante está la solidez de un pensamiento humanista, frente a la ausencia de vínculos, el compromiso con los ideales. Es necesario superar el pensamiento débil con argumentos e ilusiones lo suficientemente atractivos para el hombre como para que eleven su dignidad y sus pretensiones. Se atraviesa así el itinerario que va de la inutilidad de la existencia a la búsqueda de un sentido a través de la coherencia y del compromiso con los demás, escapando así de la grave sentencia de Thomas Hobbes: «El hombre es un lobo para el hombre»”.
“Hay que conseguir un ser humano que quiere saber lo que es bueno y lo que es malo; que se apoya en el progreso humano y científico, pero que no se entrega a la cultura de la vida fácil, en la que cualquier motivación tiene como fin el bienestar, un determinado nivel de vida o placer sin más. Sabiendo que no hay verdadero progreso humano si éste no se desarrolla con un fondo moral”.
Quienes promueven la diversión como base de la felicidad, se parecen a los filósofos nihilistas, quienes sostienen que la vida humana no tiene sentido, por lo que no vale la pena luchar, recomendando “divertirse”. Esto concuerda con la actitud del hombre light que trata de “divertirse” todo el tiempo por cuanto lleva impresa en su mente la idea de que la vida no tiene sentido. Abelardo Pithod escribió: “El acontecimiento cultural más importante de estos tiempos es la crisis de la cultura cristiana y el alejamiento de las grandes masas de población de las naciones que alguna vez formaron la cristiandad. Es importante entender, entonces, que el anarquismo contemporáneo, cuya esencia es el nihilismo, constituye la revolución total contra lo que quedaba de nuestra cultura tradicional”.
“Un antecedente inmediato fue el existencialismo ateo. Con variantes lo fue también «l’homme revolté» [el hombre rebelde] de Albert Camus (Camus no aceptaba que lo llamaran existencialista pero era ateo). Para este autor la revuelta humana debía ser contra el sinsentido de la vida, oponer al absurdo de la existencia la valentía de la libertad más radical. Si la vida carece de sentido al menos ejerzo mi libre arbitrio plenamente. El absurdo de mi existencia no me esclavizará. Es decir, si nada tiene sentido todo está permitido. Es la anarquía total” (De “Ciclos de Cultura y Ética Social”-CIES Editorial-Buenos Aires 1997).
El indicio de que la vida tiene un sentido objetivo, además de los sentidos particulares que podamos darle, sentido que viene implícito en el propio orden natural, surge del hecho de que no podemos transitar nuestra vida de cualquier manera. Es un caso similar al del camino que tiene señalado un solo sentido de circulación; si no lo respetamos, es posible que nos estrellemos contra la realidad. Y si desconocemos la existencia de esa regla, nos enteraremos de ella cuando tengamos un accidente.
viernes, 12 de junio de 2026
Formas de anticapitalismo
Entre las diversas formas de anticapitalismo se distinguen aquellas que dudan de su eficacia en su función transformadora de necesidades humanas en bienes y servicios que las satisfagan. Otra de las formas es aquella que pone en duda las cuestiones éticas, como si necesariamente se deberían irrespetar las normas éticas elementales a fin de poder lograr la eficacia antes mencionada. Carlos Moyano Llerena escribió: "La ciencia económica neoclásica, que en la actualidad prevalece en Occidente, considera que las leyes de la economía -que explican el comportamiento humano en ese campo- se fundan en tres principios casi axiomáticos. Ellos son: Primero el utilitarismo que impulsa al hombre a buscar su beneficio personal, excluyendo cualquier motivación altruista. Segundo el racionalismo como guía única para calcular ese beneficio, excluyendo toda influencia de los valores y de los sentimientos. Y tercero el individualismo que exige eliminar cualquier interferencia del Estado en la libre iniciativa personal" (De "El redescubrimiento del mercado"-Varios autores-Asociación de Bancos de la República Argentina-Buenos Aires 1992).
Consideremos la primera objeción: "el utilitarismo que impulsa al hombre a buscar su beneficio personal, excluyendo cualquier motivación altruista".
El proceso de mercado parte del intercambio entre dos individuos que se benefician simultáneamente. De lo contrario, si existiera egoísmo en una de las partes, o en las dos, los intercambios cesarían. Se rompería el vínculo empresario-cliente, ya que el egoísmo implica la búsqueda de un beneficio unilateral. También produciría un beneficio unilateral el altruísmo, por cuanto alguien se perjudicaría para beneficiar a otro. De ahí que la expresión anterior, de la búsqueda de un beneficio unilateral, no debería adjudicarse a la economía de mercado.
Incluso la competencia existente entre empresarios ayuda a limitar los egoísmos personales. Supongamos que en un pueblo existe un solo empresario. Este individuo tiene la posibilidad de vender sus productos al precio que le venga en ganas y a pagar sueldos cuyo monto le venga en ganas; lo que no implica que necesariamente ha de hacerlo. En cambio, si en ese pueblo existen otros cinco empresarios más, ya no tendrá la libertad de vender caro y pagar poco a sus empleados, por cuanto la competencia existente lo obliga a limitar su egoísmo. De ahí que las circunstancias del mercado lo obligan a buscar un beneficio simultáneo con sus clientes.
Segunda objeción: "el racionalismo como guía única para calcular ese beneficio, excluyendo toda influencia de los valores y de los sentimientos".
Esto ya es casi una perversión, suponer que el empresario es un ser insensible y inhumano, carente de sentimientos, que sólo se interesa por el dinero. Entre los empresarios del mundo real existirán personajes insensibles y materialistas en extremo, pero la generalización fácil es algo discriminatorio, propio de los marxistas y de los sectores anticapitalistas que son afines al marxismo, aún cuando lo nieguen. Si esta descalificación fuera real, deberíamos concluir que existe una ley psicológica que indica que los seres humanos con capacidad productiva son seres perversos y que, como añadidura, quienes carecen de capacidad productiva serían los pobres llenos de virtudes.
Entre los empresarios existe un sector que considera a su empresa como una realización personal que lo llena de orgullo y que trata de mantener y expandir. También existe otro sector que sólo ve en su empresa un medio para el logro de dinero en cantidades y que poco o nada le interesa la empresa en sí, y que no tiene inconvenientes en venderla en cualquier momento.
Tercera objeción: "el individualismo que exige eliminar cualquier interferencia del Estado en la libre iniciativa personal".
La no injerencia del Estado, en cuanto a las actividades empresariales, es una necesidad básica de quienes deben tomar decisiones cotidianas para mantener vigente un emprendimiento productivo. La distorsión del proceso del mercado, por parte del Estado, implica por lo general un perjuicio para toda la sociedad, al menos en el largo plazo. El empresariado no tendría inconvenientes acerca de la injerencia del Estado si quienes lo dirigen abandonaran la absurda postura de considerarse "defensores del pueblo respecto de la maldad empresarial" para convertirse en aliados de la producción que a todos beneficia.
Consideremos la primera objeción: "el utilitarismo que impulsa al hombre a buscar su beneficio personal, excluyendo cualquier motivación altruista".
El proceso de mercado parte del intercambio entre dos individuos que se benefician simultáneamente. De lo contrario, si existiera egoísmo en una de las partes, o en las dos, los intercambios cesarían. Se rompería el vínculo empresario-cliente, ya que el egoísmo implica la búsqueda de un beneficio unilateral. También produciría un beneficio unilateral el altruísmo, por cuanto alguien se perjudicaría para beneficiar a otro. De ahí que la expresión anterior, de la búsqueda de un beneficio unilateral, no debería adjudicarse a la economía de mercado.
Incluso la competencia existente entre empresarios ayuda a limitar los egoísmos personales. Supongamos que en un pueblo existe un solo empresario. Este individuo tiene la posibilidad de vender sus productos al precio que le venga en ganas y a pagar sueldos cuyo monto le venga en ganas; lo que no implica que necesariamente ha de hacerlo. En cambio, si en ese pueblo existen otros cinco empresarios más, ya no tendrá la libertad de vender caro y pagar poco a sus empleados, por cuanto la competencia existente lo obliga a limitar su egoísmo. De ahí que las circunstancias del mercado lo obligan a buscar un beneficio simultáneo con sus clientes.
Segunda objeción: "el racionalismo como guía única para calcular ese beneficio, excluyendo toda influencia de los valores y de los sentimientos".
Esto ya es casi una perversión, suponer que el empresario es un ser insensible y inhumano, carente de sentimientos, que sólo se interesa por el dinero. Entre los empresarios del mundo real existirán personajes insensibles y materialistas en extremo, pero la generalización fácil es algo discriminatorio, propio de los marxistas y de los sectores anticapitalistas que son afines al marxismo, aún cuando lo nieguen. Si esta descalificación fuera real, deberíamos concluir que existe una ley psicológica que indica que los seres humanos con capacidad productiva son seres perversos y que, como añadidura, quienes carecen de capacidad productiva serían los pobres llenos de virtudes.
Entre los empresarios existe un sector que considera a su empresa como una realización personal que lo llena de orgullo y que trata de mantener y expandir. También existe otro sector que sólo ve en su empresa un medio para el logro de dinero en cantidades y que poco o nada le interesa la empresa en sí, y que no tiene inconvenientes en venderla en cualquier momento.
Tercera objeción: "el individualismo que exige eliminar cualquier interferencia del Estado en la libre iniciativa personal".
La no injerencia del Estado, en cuanto a las actividades empresariales, es una necesidad básica de quienes deben tomar decisiones cotidianas para mantener vigente un emprendimiento productivo. La distorsión del proceso del mercado, por parte del Estado, implica por lo general un perjuicio para toda la sociedad, al menos en el largo plazo. El empresariado no tendría inconvenientes acerca de la injerencia del Estado si quienes lo dirigen abandonaran la absurda postura de considerarse "defensores del pueblo respecto de la maldad empresarial" para convertirse en aliados de la producción que a todos beneficia.
jueves, 11 de junio de 2026
Competencia en el proceso del mercado
Por lo general, los sectores socialistas asocian la palabra "capitalismo" a todo proceso económico no socialista, principalmente a aquellas economías con propiedad privada de los medios de producción. De esa manera, califican de "capitalistas" a economías de países pobres y subdesarrollados. De ahí que resulta oportuno advertir que el proceso del mercado, que es la esencia del capitalismo, requiere de la formación de condiciones que permitan la competencia empresarial, principalmente. Para ello resulta necesaria la existencia de un plantel numeroso de empresarios para que se establezca tal proceso. Cuando la cantidad de empresas es muy pequeña, no puede establecerse una economía de mercado ni tampoco puede hablarse de una economía capitalista.
Leemos al respecto: "El concepto de competencia es uno de los más difíciles de la Economía, pero también de los más importantes. Ni siquiera los economistas profesionales han sido capaces de trazar un límite exacto entre el comportamiento competidor y el comportamiento no competidor".
"Se supone que la competencia impone orden en todas las actividades de compra y venta. En otras palabras, cuando estudiamos la competencia, tenemos que dirigir nuestra atención a los mercados en que se compran y venden bienes y servicios".
"Cada economía doméstica y cada empresa actúa en muchos mercados, a veces como compradora, y otras veces como vendedora. Cada economía doméstica es una unidad compradora cuando adquiere los alimentos, vestidos y otros bienes y servicios que se consumen o usan en ella. Es una unidad vendedora cuando ofrece en los mercados de recursos su trabajo, su tierra u otros recursos naturales, o su capital. Cada empresa es una unidad compradora cuando adquiere los recursos -trabajo, tierra, capital y talento para dirigir- que usa en su producción de bienes y servicios. Es una unidad vendedora cuando ofrece en venta estos bienes y servicios".
"De esto se desprende con claridad que todo mercado es un asunto bilateral, que supone compradores y vendedores. Por tanto, para que en un mercado reine plena competencia, tiene que haberla en los dos lados. Esto es, tienen que competir los compradores entre sí y también entre sí los vendedores. Por ejemplo, en un mercado de trabajo en que reine la competencia, los trabajadores competirán por las colocaciones que haya, y los empresarios competirán por el trabajo ofrecido en ese mercado. Es un error creer que la competencia y lo contrario de ésta, el monopolio, sólo tienen que ver con el comportamiento de empresas como vendedoras de bienes" (De "Introducción a la Economía" de John Van Sickle y Benjamin A. Rogge-UTEHA-México 1959).
Bajo ciertas condiciones, el proceso del mercado resulta ser un sistema autorregulado en el cual la variabilidad de los precios actúan como señales para la toma de decisiones. Así, una elevación del precio de un artículo, indica un aumento de la demanda mientras que una disminución del precio indica una disminución de la demanda. Luego, industriales y comerciantes elevarán sus inversiones asociadas en el primer caso y las disminuirán en el segundo caso.
Toda mejora en la economía de una sociedad estará asociada a un aumento en la cantidad y calidad de sus empresarios, principalmente. De ahí que un país subdesarrollado por lo general es el que tiene un reducido plantel de empresarios y también una mentalidad generalizada antiempresarial, lo que materializa tal subdesarrollo.
Desde la izquierda política, por el contrario, se supone que desde el Estado se habrán de corregir "los fallos del mercado", que serían los causantes de los problemas económicos. Tales "correcciones" implicarán controles de precios, emisión monetaria excesiva, créditos surgidos de mecanismos bancarios no asociados a ahorros genuinos, etc. Se advierte que estas intervenciones tienden a destruir la información brindada por los cambios de demanda y oferta, tendiendo a destruir, antes que a corregir, al proceso aautorregulado. Álvaro C. Alsogaray escribió: "El mercado es un sistema de organización económica y social indisolublemente asociado a formas políticas y jurídicas consubstanciales con las libertades individuales, los derechos humanos y los metodos democráticos".
"Ese sistema no ha sido planeado ni inventado por nadie; es una resultante de la acción humana y ha surgido espontáneamente a través del ejercicio de ésta a lo largo de siglos. El mercado es el mejor mecanismo descubierto hasta ahora por el hombre para coordinar los esfuerzos individuales dentro de un orden social extenso, con vistas a satisfacer de la mejor manera posible las necesidades, aspiraciones y el bienestar de los seres humanos".
"Cabe aquí una aclaración acerca de qué entendemos por «orden extenso», aunque ello pudiera parecer innecesario ya que toda nuestra vida diaria se desarrolla dentro de un orden de esa clase. En los tiempos primitivos existían grupos humanos (tribus, clanes, ciudades y otros agrupamientos), que comprendían a un número relativamente pequeño de individuos, pero a medida que la especie humana y la civilización se fueron desarrollando, aparecieron conglomerados de millones de personas que se desconocían entre sí pero que debían actuar dentro de un orden determinado. A ese orden es a lo que llamamos «orden extenso», que difiere fundamentalmente del existente en las agrupaciones primitivas menores. Esa diferencia no radica solamente en el número de miembros que integran la comunidad, sino los métodos, instituciones y estructuras que van surgiendo dentro de ella".
"En las comunidades primitivas que abarcaban un escenario limitado, era posible establecer determinados objetivos aceptados por todos sus integrantes, y organizar la cooperación de estos bajo una dirección central ejercida por el jefe de la comunidad. El comportamiento individual estaba entonces regulado por una autoridad que basaba su acción en principios de altruismo y solidaridad. El sistema podía funcionar porque los líderes disponían de la información necesaria para obtener el máximo provecho de la acción de todos y cada uno de sus integrantes, y éstos a su vez estaban también en condiciones de acceder a dicho conocimiento y apreciar los beneficios que se derivaban de él, lo cual los llevaba a aceptar naturalmente las reglas que les eran impuestas".
"Pero muy distinta es la situación en los órdenes extensos. En ellos la información necesaria para el mejor empleo de los recursos de la comunidad y el desarrollo de ésta, se encuentran dispersos entre centenares de miles y aún millones de seres humanos, y nadie puede disponer completamente de esa información. Nadie puede tampoco dirigir en forma directa las actividades de los individuos al mejor aprovechamiento de dicha información. Señala Hayek al respecto: «En nuestras actividades económicas nada sabemos de las necesidades ajenas que nuestro esfuerzo productivo contribuirá a satisfacer, ni de los esfuerzos ajenos que acaban satisfaciendo nuestras propias necesidades. Casi todos ponemos nuestra aportación productiva al servicio de gentes que son para nosotros desconocidas, cuya existencia incluso ignoramos, mientras que buscamos satisfacer nuestros propios ciclos vitales en el consumo de bienes y servicios facilitados por gente que también desconocemos»" (De "El redescubrimiento del mercado"-Varios autores-Asociación de Bancos de la República Argentina-Buenos Aires 1992).
Leemos al respecto: "El concepto de competencia es uno de los más difíciles de la Economía, pero también de los más importantes. Ni siquiera los economistas profesionales han sido capaces de trazar un límite exacto entre el comportamiento competidor y el comportamiento no competidor".
"Se supone que la competencia impone orden en todas las actividades de compra y venta. En otras palabras, cuando estudiamos la competencia, tenemos que dirigir nuestra atención a los mercados en que se compran y venden bienes y servicios".
"Cada economía doméstica y cada empresa actúa en muchos mercados, a veces como compradora, y otras veces como vendedora. Cada economía doméstica es una unidad compradora cuando adquiere los alimentos, vestidos y otros bienes y servicios que se consumen o usan en ella. Es una unidad vendedora cuando ofrece en los mercados de recursos su trabajo, su tierra u otros recursos naturales, o su capital. Cada empresa es una unidad compradora cuando adquiere los recursos -trabajo, tierra, capital y talento para dirigir- que usa en su producción de bienes y servicios. Es una unidad vendedora cuando ofrece en venta estos bienes y servicios".
"De esto se desprende con claridad que todo mercado es un asunto bilateral, que supone compradores y vendedores. Por tanto, para que en un mercado reine plena competencia, tiene que haberla en los dos lados. Esto es, tienen que competir los compradores entre sí y también entre sí los vendedores. Por ejemplo, en un mercado de trabajo en que reine la competencia, los trabajadores competirán por las colocaciones que haya, y los empresarios competirán por el trabajo ofrecido en ese mercado. Es un error creer que la competencia y lo contrario de ésta, el monopolio, sólo tienen que ver con el comportamiento de empresas como vendedoras de bienes" (De "Introducción a la Economía" de John Van Sickle y Benjamin A. Rogge-UTEHA-México 1959).
Bajo ciertas condiciones, el proceso del mercado resulta ser un sistema autorregulado en el cual la variabilidad de los precios actúan como señales para la toma de decisiones. Así, una elevación del precio de un artículo, indica un aumento de la demanda mientras que una disminución del precio indica una disminución de la demanda. Luego, industriales y comerciantes elevarán sus inversiones asociadas en el primer caso y las disminuirán en el segundo caso.
Toda mejora en la economía de una sociedad estará asociada a un aumento en la cantidad y calidad de sus empresarios, principalmente. De ahí que un país subdesarrollado por lo general es el que tiene un reducido plantel de empresarios y también una mentalidad generalizada antiempresarial, lo que materializa tal subdesarrollo.
Desde la izquierda política, por el contrario, se supone que desde el Estado se habrán de corregir "los fallos del mercado", que serían los causantes de los problemas económicos. Tales "correcciones" implicarán controles de precios, emisión monetaria excesiva, créditos surgidos de mecanismos bancarios no asociados a ahorros genuinos, etc. Se advierte que estas intervenciones tienden a destruir la información brindada por los cambios de demanda y oferta, tendiendo a destruir, antes que a corregir, al proceso aautorregulado. Álvaro C. Alsogaray escribió: "El mercado es un sistema de organización económica y social indisolublemente asociado a formas políticas y jurídicas consubstanciales con las libertades individuales, los derechos humanos y los metodos democráticos".
"Ese sistema no ha sido planeado ni inventado por nadie; es una resultante de la acción humana y ha surgido espontáneamente a través del ejercicio de ésta a lo largo de siglos. El mercado es el mejor mecanismo descubierto hasta ahora por el hombre para coordinar los esfuerzos individuales dentro de un orden social extenso, con vistas a satisfacer de la mejor manera posible las necesidades, aspiraciones y el bienestar de los seres humanos".
"Cabe aquí una aclaración acerca de qué entendemos por «orden extenso», aunque ello pudiera parecer innecesario ya que toda nuestra vida diaria se desarrolla dentro de un orden de esa clase. En los tiempos primitivos existían grupos humanos (tribus, clanes, ciudades y otros agrupamientos), que comprendían a un número relativamente pequeño de individuos, pero a medida que la especie humana y la civilización se fueron desarrollando, aparecieron conglomerados de millones de personas que se desconocían entre sí pero que debían actuar dentro de un orden determinado. A ese orden es a lo que llamamos «orden extenso», que difiere fundamentalmente del existente en las agrupaciones primitivas menores. Esa diferencia no radica solamente en el número de miembros que integran la comunidad, sino los métodos, instituciones y estructuras que van surgiendo dentro de ella".
"En las comunidades primitivas que abarcaban un escenario limitado, era posible establecer determinados objetivos aceptados por todos sus integrantes, y organizar la cooperación de estos bajo una dirección central ejercida por el jefe de la comunidad. El comportamiento individual estaba entonces regulado por una autoridad que basaba su acción en principios de altruismo y solidaridad. El sistema podía funcionar porque los líderes disponían de la información necesaria para obtener el máximo provecho de la acción de todos y cada uno de sus integrantes, y éstos a su vez estaban también en condiciones de acceder a dicho conocimiento y apreciar los beneficios que se derivaban de él, lo cual los llevaba a aceptar naturalmente las reglas que les eran impuestas".
"Pero muy distinta es la situación en los órdenes extensos. En ellos la información necesaria para el mejor empleo de los recursos de la comunidad y el desarrollo de ésta, se encuentran dispersos entre centenares de miles y aún millones de seres humanos, y nadie puede disponer completamente de esa información. Nadie puede tampoco dirigir en forma directa las actividades de los individuos al mejor aprovechamiento de dicha información. Señala Hayek al respecto: «En nuestras actividades económicas nada sabemos de las necesidades ajenas que nuestro esfuerzo productivo contribuirá a satisfacer, ni de los esfuerzos ajenos que acaban satisfaciendo nuestras propias necesidades. Casi todos ponemos nuestra aportación productiva al servicio de gentes que son para nosotros desconocidas, cuya existencia incluso ignoramos, mientras que buscamos satisfacer nuestros propios ciclos vitales en el consumo de bienes y servicios facilitados por gente que también desconocemos»" (De "El redescubrimiento del mercado"-Varios autores-Asociación de Bancos de la República Argentina-Buenos Aires 1992).
miércoles, 10 de junio de 2026
¿Hacia un "cristianismo-islámico" o "islamismo-cristiano" europeo?
El Papa León XIV apoya la implantación en Europa de una sociedad idílica en la cual existirá una coexistencia de paz y armonía entre cristianos y musulmanes, por lo que aparentemente renuncia a toda intención de promover el cristianismo de manera de oponerse a la expansión del Islam en países históricamente cristianos. Puede decirse también que renuncia a la vigencia plena de la ética bìblica aceptando tácitamente la implantaciòn de la "ética" islámica.
Llama la atención que, mientras se introducen en las leyes vaticanas severas penas al ingreso no autorizado a su territorio, desde el Vaticano se promueve la inmigración no selectiva en los paìses europeos. Además, León XIV sugiere renunciar parcialmente a los valores que dan identidad a los europeos, para favorecer la "comunión" con los musulmanes. Pero tales valores, los de Europa, son los valores cristianos. Luego, falta poco para que diga que, en nombre de la paz y la unidad islámica-cristiana, los cristianos deberían renunciar al cristianismo y "afiliarse" al Islam.
El actual Papa pone como ejemplo de situación de paz y armonía social entre cristianos, judíos y musulmanes, a la supuestamente existente situación reinante durante la invasión islámica en la España medieval, algo que niegan los historiadores por cuanto tal proceso fue justamente una invasión en la cual habían amos y siervos, tal como ahora apuntan los invasores islámicos en caso de que se siga aumentando el porcentaje de población islámica en Europa.
En su reciente viaje por Turquía y el Líbano, León XIV expresó: “El miedo al Islam en Europa está generado por quien rechaza la migración”. Al respecto, puede decirse que si alguien siente miedo en algunos países europeos se debe al aumento de la violencia y de los asesinatos, como ocurre en Suecia, luego de la masiva inmigración de musulmanes. También puede sentir miedo un parisino cuando advierte que en su ciudad se cometen unos 120 ataques diarios con cuchillos. También puede sentir miedo el habitante de una ciudad europea en donde el terrorismo predicado en el Corán (yihad) ya ha actuado en otros momentos.
León XIV se muestra como el continuador de la obra de Jorge Bergoglio, para quien también era factible la coexistencia pacífica mencionada aduciendo además que "todas las religiones son iguales" o ideas similares. Cuando Bergoglio promueve una especie de unión de religiones, no lo hace renunciando a la ideología marxista-leninista o a la ideología islámica, sino renunciando a la ética bíblica, para que nada separe al cristianismo de otras religiones, por lo que en realidad estaría promoviendo una especie de Reino planetario del Anticristo.
Mario Caponnetto y Miguel De Lorenzo escribieron: "En el caso de Francisco, la cosa es bien distinta. Francisco no se equivoca. Al contrario, no hay en él una falla en la prudencia política, sino un expreso designio revolucionario que nace de la ideología anticristiana que lo anima y que lo lleva a promover de modo directo el triunfo de la revolución anticristiana, que incluye la utopía de una religión universal que funde una fraternidad demasiado humana".
"Bien podemos sospechar de su clara adhesión al sincretismo religioso. Todas las religiones, declaró en Singapur, son iguales, son sólo caminos para llegar a Dios. Todas ellas, incluida la religión católica, fraternizan y se hacen una en la común búsqueda de un reino que es de este mundo. Estamos delante de un nuevo designio -no el de la salvación eterna que importa poco- sino otro que reúne y congrega las diferentes religiones en pos del confort mundial para la materialización de la paz y la fraternidad universales, es decir, la edificación de la Civitas Hominis en lugar de la Civitas Dei".
"Todas “hermanadas”; pero casualmente no tanto ya que sólo la religión católica es la que para “fraternizar” debe renunciar a la Verdad de que Cristo es el Único Salvador del hombre. Así las cosas, es ineludible preguntar ¿qué clase de amontonamiento sin verdad es este que propone Francisco? Fue esta situación la gran inquietud de Ratzinger: por eso escribió y repitió insistentemente que la crisis de la verdad es letal para la fe y es el problema más grave de nuestro tiempo".
"El pluralismo será el valor fundamental entre los valores de una sociedad caracterizada por la fragmentación y el politeísmo (incluido el ateísmo), por el cambio constante y la segura felicidad de “pastar libres en un potrero verde” que solía recordarnos Genta citando a Nietzsche" (De www.laprensa.com.ar).
La armonía entre cristianos y musulmanes ha de ser posible cuando se produzcan renuncias respecto de las diferencias existentes en ambas éticas. Como no parece factible que los musulmanes abandonen su religiòn, ya que sus vidas correrían peligro ante el castigo coránico que apunta a la muerte al desertor, serían los cristianos los que deberían renunciar a su religión para no correr el riesgo de ser asesinados por infieles. De ahí que el proceso de "paz y armonía" conduciría a una pérdida absoluta de libertad al iniciar los cristianos una vida nueva en una sociedad totalitaria.
Excluyendo las actitudes del fanático que afirma que su propia religión es la mejor y la verdadera, resulta evidente que todas las religiones son distintas y que su seguimiento ha de producir también distintos efectos. De ahí que, en un momento histórico determinado, una de ellas ha de estar más cerca de la verdad que otras y ha de producir mejores efectos que las demás. Cuando un sacerdote católico no está convencido que el cristianismo es la mejor religión, debe dejar los hábitos y dedicarse a otra cosa en lugar de aceptar el pluralismo cuya idea subyacente es que “todas las religiones son iguales” o que “cualquiera de ellas produce similares efectos”. Mons. Marcel Lefebvre escribió: “Dos esquemas habían sido elaborados antes del Concilio Vaticano II en la Comisión Central Preparatoria. Uno, intitulado «De la tolerancia religiosa», era sostenido por el cardenal Ottaviani. Era un texto muy bello, muy ceñido a la doctrina tradicional”.
“El otro estaba presentado por el cardenal Bea. Se intitulaba «De la libertad religiosa» y contenía, a mi parecer y al de un número no desdeñable de padres, afirmaciones insostenibles y hasta groseros errores con respecto a la Verdad y a la Iglesia eterna. Por ejemplo, mientras la Iglesia proclamó siempre que no había salvación fuera de Jesucristo, el esquema del cardenal Bea afirmaba que todo hombre, siguiendo simplemente a su conciencia, puede alcanzar su salvación eterna” (De “Sí y no”-Editorial Iction-Buenos Aires 1978).
Entre los errores atribuidos a Jorge Bergoglio, puede considerarse su opinión acerca de la "igualdad" de las religiones, por lo cual el camino hacia la felicidad y a la inmortalidad, si existiese, no radicaría en el necesario e irrenunciable cumplimiento del "Amarás al prójimo como a ti mismo", que no aparece en el Corán, contradiciendo al propio Cristo y a sus declaraciones que aparecen en los Evangelios.
Mientras que cristianos y romanos se unieron en el pasado, debido a que el estoicismo predominante en Roma era compatible con la ética bíblica, Islam y cristianismo son incompatibles, por lo que ee imposible lograr cierta fusión como lo es la unión entre el agua y el aceite.
Llama la atención que, mientras se introducen en las leyes vaticanas severas penas al ingreso no autorizado a su territorio, desde el Vaticano se promueve la inmigración no selectiva en los paìses europeos. Además, León XIV sugiere renunciar parcialmente a los valores que dan identidad a los europeos, para favorecer la "comunión" con los musulmanes. Pero tales valores, los de Europa, son los valores cristianos. Luego, falta poco para que diga que, en nombre de la paz y la unidad islámica-cristiana, los cristianos deberían renunciar al cristianismo y "afiliarse" al Islam.
El actual Papa pone como ejemplo de situación de paz y armonía social entre cristianos, judíos y musulmanes, a la supuestamente existente situación reinante durante la invasión islámica en la España medieval, algo que niegan los historiadores por cuanto tal proceso fue justamente una invasión en la cual habían amos y siervos, tal como ahora apuntan los invasores islámicos en caso de que se siga aumentando el porcentaje de población islámica en Europa.
En su reciente viaje por Turquía y el Líbano, León XIV expresó: “El miedo al Islam en Europa está generado por quien rechaza la migración”. Al respecto, puede decirse que si alguien siente miedo en algunos países europeos se debe al aumento de la violencia y de los asesinatos, como ocurre en Suecia, luego de la masiva inmigración de musulmanes. También puede sentir miedo un parisino cuando advierte que en su ciudad se cometen unos 120 ataques diarios con cuchillos. También puede sentir miedo el habitante de una ciudad europea en donde el terrorismo predicado en el Corán (yihad) ya ha actuado en otros momentos.
León XIV se muestra como el continuador de la obra de Jorge Bergoglio, para quien también era factible la coexistencia pacífica mencionada aduciendo además que "todas las religiones son iguales" o ideas similares. Cuando Bergoglio promueve una especie de unión de religiones, no lo hace renunciando a la ideología marxista-leninista o a la ideología islámica, sino renunciando a la ética bíblica, para que nada separe al cristianismo de otras religiones, por lo que en realidad estaría promoviendo una especie de Reino planetario del Anticristo.
Mario Caponnetto y Miguel De Lorenzo escribieron: "En el caso de Francisco, la cosa es bien distinta. Francisco no se equivoca. Al contrario, no hay en él una falla en la prudencia política, sino un expreso designio revolucionario que nace de la ideología anticristiana que lo anima y que lo lleva a promover de modo directo el triunfo de la revolución anticristiana, que incluye la utopía de una religión universal que funde una fraternidad demasiado humana".
"Bien podemos sospechar de su clara adhesión al sincretismo religioso. Todas las religiones, declaró en Singapur, son iguales, son sólo caminos para llegar a Dios. Todas ellas, incluida la religión católica, fraternizan y se hacen una en la común búsqueda de un reino que es de este mundo. Estamos delante de un nuevo designio -no el de la salvación eterna que importa poco- sino otro que reúne y congrega las diferentes religiones en pos del confort mundial para la materialización de la paz y la fraternidad universales, es decir, la edificación de la Civitas Hominis en lugar de la Civitas Dei".
"Todas “hermanadas”; pero casualmente no tanto ya que sólo la religión católica es la que para “fraternizar” debe renunciar a la Verdad de que Cristo es el Único Salvador del hombre. Así las cosas, es ineludible preguntar ¿qué clase de amontonamiento sin verdad es este que propone Francisco? Fue esta situación la gran inquietud de Ratzinger: por eso escribió y repitió insistentemente que la crisis de la verdad es letal para la fe y es el problema más grave de nuestro tiempo".
"El pluralismo será el valor fundamental entre los valores de una sociedad caracterizada por la fragmentación y el politeísmo (incluido el ateísmo), por el cambio constante y la segura felicidad de “pastar libres en un potrero verde” que solía recordarnos Genta citando a Nietzsche" (De www.laprensa.com.ar).
La armonía entre cristianos y musulmanes ha de ser posible cuando se produzcan renuncias respecto de las diferencias existentes en ambas éticas. Como no parece factible que los musulmanes abandonen su religiòn, ya que sus vidas correrían peligro ante el castigo coránico que apunta a la muerte al desertor, serían los cristianos los que deberían renunciar a su religión para no correr el riesgo de ser asesinados por infieles. De ahí que el proceso de "paz y armonía" conduciría a una pérdida absoluta de libertad al iniciar los cristianos una vida nueva en una sociedad totalitaria.
Excluyendo las actitudes del fanático que afirma que su propia religión es la mejor y la verdadera, resulta evidente que todas las religiones son distintas y que su seguimiento ha de producir también distintos efectos. De ahí que, en un momento histórico determinado, una de ellas ha de estar más cerca de la verdad que otras y ha de producir mejores efectos que las demás. Cuando un sacerdote católico no está convencido que el cristianismo es la mejor religión, debe dejar los hábitos y dedicarse a otra cosa en lugar de aceptar el pluralismo cuya idea subyacente es que “todas las religiones son iguales” o que “cualquiera de ellas produce similares efectos”. Mons. Marcel Lefebvre escribió: “Dos esquemas habían sido elaborados antes del Concilio Vaticano II en la Comisión Central Preparatoria. Uno, intitulado «De la tolerancia religiosa», era sostenido por el cardenal Ottaviani. Era un texto muy bello, muy ceñido a la doctrina tradicional”.
“El otro estaba presentado por el cardenal Bea. Se intitulaba «De la libertad religiosa» y contenía, a mi parecer y al de un número no desdeñable de padres, afirmaciones insostenibles y hasta groseros errores con respecto a la Verdad y a la Iglesia eterna. Por ejemplo, mientras la Iglesia proclamó siempre que no había salvación fuera de Jesucristo, el esquema del cardenal Bea afirmaba que todo hombre, siguiendo simplemente a su conciencia, puede alcanzar su salvación eterna” (De “Sí y no”-Editorial Iction-Buenos Aires 1978).
Entre los errores atribuidos a Jorge Bergoglio, puede considerarse su opinión acerca de la "igualdad" de las religiones, por lo cual el camino hacia la felicidad y a la inmortalidad, si existiese, no radicaría en el necesario e irrenunciable cumplimiento del "Amarás al prójimo como a ti mismo", que no aparece en el Corán, contradiciendo al propio Cristo y a sus declaraciones que aparecen en los Evangelios.
Mientras que cristianos y romanos se unieron en el pasado, debido a que el estoicismo predominante en Roma era compatible con la ética bíblica, Islam y cristianismo son incompatibles, por lo que ee imposible lograr cierta fusión como lo es la unión entre el agua y el aceite.
domingo, 7 de junio de 2026
Cipayos de izquierda
La palabra "cipayo", equivalente a "colaboracionista", tiene su origen en la India de la época colonial cuando varios indios apoyaban de alguna manera, o facilitaban, el ejercicio del poder británico sobre su nación. "En Argentina, «cipayo» es un término despectivo utilizado en el ámbito político para describir a una persona que prioriza, defiende o sirve a los intereses de potencias extranjeras en detrimento de su propio país. Funciona como sinónimo de «vendepatria» o colaboracionista".
Si bien pareciera que la única razón de ser de la izquierda política consistiría en luchar en contra del "imperialismo yanqui", en los hechos concretos pareciera ser todo lo contrario. Ello se debe a que, cuando existe la posibilidad de ascenso al poder de un gobierno de tipo socialista en determinado país, comienza un éxodo de capitales y de capital humano que busca refugiarse en países seguros como los EEUU. Justamente, el poderío económico, científico e industrial de EEUU se debe principalmente a la llegada de inmigrantes con grandes aptitudes, y de capitales, que son expulsados de alguna manera por sus países de origen.
En épocas de la Unión Soviética, este imperio era sentido como la "madre patria" por gran parte de los integrantes de los Partidos Comunistas de todo el mundo, quienes actuaban como espías y propagandistas en sus propios países con la esperanza de ser conquistados en el futuro por dicho imperio. Incluso una "madre" no se olvida tan fácilmente y en la actualidad resulta fácil advertir, en redes sociales de Internet, cómo apoyan la expansión rusa sobre Ucrania hasta el extremo, en varios casos, de esperar que Putin decida arrojar bombas nucleares sobre Ucrania. De ahí que aparezcan videos en los cuales se dice que el líder ruso "está perdiendo la paciencia" ante la oposición ucraniana, como si acaso tuviera derechos unilaterales para expandirse hasta abarcar territorios que antes eran parte de la URSS.
En Europa se advierte un proceso expansivo del totalitarismo islámico favorecido por gobiernos socialistas, que buscan destruir todo lo que sea occidental y cristiano, casi reeditando el objetivo principal del imperio soviético. Unas imágenes representativas del estado mental de gran parte de los europeos se propagaron en Inglaterra, cuando un inmigrante acusa ante la policía a un joven inglés de 18 años por ser "racista", mostrando haber recibido algún golpe, por lo que tales policías de inmediato le colocan esposas al joven caído, sin advertir que había sufrido cinco puñaladas del inmigrante (posiblemente musulmán y africano). De ahí que muere en el lugar sin ser ayudado por los policías, incluso esposado. En las imágenes se advierte que los policías tieden a creer en la palabra del inmigrante (inocente hasta que demuestre lo contrario) y a descreer del inglés que, por ser blanco, se supone culpable hasta que demuestre lo contrario.
Muchos ingleses, como estos policías, son cipayos a favor del totalitarismo islámico y en contra de su propio país y de sus propios compatriotas, por lo que podemos considerar, además, que predomina en muchos países europeos gente que sufre tanto de neurosis como de psicosis, atentiendo una definición simple de ambos trastornos: "El neurótico dice 2 + 2 = 4 y se siente mal. El psicótico dice 2 + 2 = 5 y se siente bien". De ahí que los europeos de izquierda festejan el avance del Islam, algo nefasto para toda sociedad, y despotrican sobre todo lo europeo y del hombre blanco en general.
El encubrimiento sobre las fechorías, violaciones y crímenes cometidos por sectores islámicos y africanos en Europa, goza también de encubrimiento por parte de algunos periodistas argentinos. Tal es así que, cuando se emite la noticia, en la TV Pública, que Suecia bajó la edad de imputabilidad hasta los 13 años, debido a la utilización de menores para cometer asesinatos por parte de grupos delictivos integrados por inmigrantes, en ningún momento se dice en el noticiero que tal medida se tomó para limitar la violencia de esas bandas delictivas, por lo que el televidente inadvertido podría suponer que los suecos nativos, por alguna extraña razón, se están convirtiendo en delincuentes abandonando su tradicional vida pacífica.
Si bien pareciera que la única razón de ser de la izquierda política consistiría en luchar en contra del "imperialismo yanqui", en los hechos concretos pareciera ser todo lo contrario. Ello se debe a que, cuando existe la posibilidad de ascenso al poder de un gobierno de tipo socialista en determinado país, comienza un éxodo de capitales y de capital humano que busca refugiarse en países seguros como los EEUU. Justamente, el poderío económico, científico e industrial de EEUU se debe principalmente a la llegada de inmigrantes con grandes aptitudes, y de capitales, que son expulsados de alguna manera por sus países de origen.
En épocas de la Unión Soviética, este imperio era sentido como la "madre patria" por gran parte de los integrantes de los Partidos Comunistas de todo el mundo, quienes actuaban como espías y propagandistas en sus propios países con la esperanza de ser conquistados en el futuro por dicho imperio. Incluso una "madre" no se olvida tan fácilmente y en la actualidad resulta fácil advertir, en redes sociales de Internet, cómo apoyan la expansión rusa sobre Ucrania hasta el extremo, en varios casos, de esperar que Putin decida arrojar bombas nucleares sobre Ucrania. De ahí que aparezcan videos en los cuales se dice que el líder ruso "está perdiendo la paciencia" ante la oposición ucraniana, como si acaso tuviera derechos unilaterales para expandirse hasta abarcar territorios que antes eran parte de la URSS.
En Europa se advierte un proceso expansivo del totalitarismo islámico favorecido por gobiernos socialistas, que buscan destruir todo lo que sea occidental y cristiano, casi reeditando el objetivo principal del imperio soviético. Unas imágenes representativas del estado mental de gran parte de los europeos se propagaron en Inglaterra, cuando un inmigrante acusa ante la policía a un joven inglés de 18 años por ser "racista", mostrando haber recibido algún golpe, por lo que tales policías de inmediato le colocan esposas al joven caído, sin advertir que había sufrido cinco puñaladas del inmigrante (posiblemente musulmán y africano). De ahí que muere en el lugar sin ser ayudado por los policías, incluso esposado. En las imágenes se advierte que los policías tieden a creer en la palabra del inmigrante (inocente hasta que demuestre lo contrario) y a descreer del inglés que, por ser blanco, se supone culpable hasta que demuestre lo contrario.
Muchos ingleses, como estos policías, son cipayos a favor del totalitarismo islámico y en contra de su propio país y de sus propios compatriotas, por lo que podemos considerar, además, que predomina en muchos países europeos gente que sufre tanto de neurosis como de psicosis, atentiendo una definición simple de ambos trastornos: "El neurótico dice 2 + 2 = 4 y se siente mal. El psicótico dice 2 + 2 = 5 y se siente bien". De ahí que los europeos de izquierda festejan el avance del Islam, algo nefasto para toda sociedad, y despotrican sobre todo lo europeo y del hombre blanco en general.
El encubrimiento sobre las fechorías, violaciones y crímenes cometidos por sectores islámicos y africanos en Europa, goza también de encubrimiento por parte de algunos periodistas argentinos. Tal es así que, cuando se emite la noticia, en la TV Pública, que Suecia bajó la edad de imputabilidad hasta los 13 años, debido a la utilización de menores para cometer asesinatos por parte de grupos delictivos integrados por inmigrantes, en ningún momento se dice en el noticiero que tal medida se tomó para limitar la violencia de esas bandas delictivas, por lo que el televidente inadvertido podría suponer que los suecos nativos, por alguna extraña razón, se están convirtiendo en delincuentes abandonando su tradicional vida pacífica.
jueves, 4 de junio de 2026
Ciencia y filosofía: ¿aliadas o rivales?
El avance cultural de la humanidad ha requerido de aportes provenientes tanto de la religión como de la filosofía y de la ciencia. Sin embargo, no toda religión ni toda filosofía ha favorecido tal proceso cultural, incluso muchas veces lo han hecho retroceder. La ciencia experimental, por el contrario, al fundamentarse en experiencias concretas, tiende a lograr resultados convincentes y favorables al avance cultural de la humanidad. Debe aclararse que la ciencia es una actividad cognitiva que progresa en base a "prueba y error" y que sus resultados son provisorios si bien en muchas de sus ramas alcanza resultados válidos definitivos. Tampoco debe atribuirse a la ciencia las aplicaciones tecnológicas realizadas por cuestiones militares, aún cuando algunas figuras importantes de tal actividad humana hayan colaborado en la construcción de armamentos de destrucción masiva, algo que escapa a los lineamientos y finalidades de la ciencia en sí.
Gran parte del proceso de evolución cultural fue generado por la religión y la filosofía, mientras que la ciencia experimental surge recién en el siglo XVII, aproximadamente. Las ciencias sociales comienzan a surgir recién en el siglo XIX. En la actualidad existe un predominio de las ciencias sociales sobre la filosofía, si bien no resulta aceptable la postura de quienes abogan por un abandono de la filosofía, ya que, históricamente, ha sido una actividad respetable y positiva para el acceso al conocimiento. John Passmore escribió: "En el siglo XIX, la ciencia natural adquirió la categoría de institución social: empezó a invadir escuelas y universidades, a exigir que hubiera laboratorios junto con bibliotecas, a proclamar que ella, y no las humanidades clásicas o la filosofía, la verdaderamente formativa".
"Como es natural, estas pretensiones no quedaron sin respuesta; la ciencia sólo podía lograr para sí un lugar bajo el sol a cierto coste para los intereses creados. La beligerancia de Haeckel, Huxley y Clifford, era ciencia que pasaba a la ofensiva. Estos autores llamaron la atención del público sobre el surgimiento de una nueva fuerza social que iba a acabar siendo enormemente poderosa -de forma parecida a cómo la impetuosidad de un adolescente indica que a partir de ahora hay una nueva persona con la que contar".
"Sin embargo, hubo otros científicos que manifestaron un síntoma de adolescencia distinto: el análisis introspectivo, la autocrítica. Al principio, esta autocrítica se centró en la expulsión de la ciencia -y especialmente de la mecánica- de todo lo que pudiera perturbar a una conciencia positivista. Estos científicos se dedicaron, pues, a recopilar notas al neokantismo".
"El prefacio a los Principles of Mecanics (Principios de la Mecánica, 1874) de Kirchhoff resume el programa del positivismo científico. «La mecánica -escribía Kirchhoff- es la ciencia del movimiento; definimos su objeto como la descripción completa de la forma más sencilla posible de los movimientos que ocurren en la naturaleza». Kirchhoff está decidido a negar que la ciencia explique «por qué» las cosas suceden como lo hacen. Él mantenía la tesis de que para el científico todo «porqué» es un «cómo» -el científico concluye su tarea describiendo nuevas conexiones entre los fenómenos, no pasando a las «razones subyacentes» que están más allá de ellos" (De "100 años de filosofía"-Alianza Editorial SA-Madrid 1981).
La gran ventaja de la ciencia, respecto de la religión y la filosofìa, no sólo radica en la posibilidad de experimentar conclusiones e hipótesis, sino en dejar de lado todos los "porqué" para apuntar sólo al "cómo", a cómo están hechas las leyes naturales restringiendo toda discusión a interpretar resultados y a vislumbrar los pasos a seguir en el futuro. En el ámbito de las ciencias sociales, se reduce también a describir leyes psicológicas que nos dejan a un paso de la confección de una ética natural elemental. De ahì que, lo que debe ser, ha de ser necesariamente una optimizaciòn de lo que es.
En la actualidad, en las cátedras de muchas universidades de Occidente, se ha renunciado a impartir conocimientos de validez objetiva apuntando a convertirse en centros de adoctrinamiento político o filosófico, algo completamente alejado de todo objetivo que apunte a una mejora cultural. Tal distorsión se debe, entre otros aspectos, a que algunas ramas de las ciencias sociales en realidad pasan por una etapa precientífica, o bien se utilizan planteos de tipo filosófico sin apenas considerar alguna forma de control científico. Debe señalarse que en las ramas de la ciencia serias, existen acuerdos una vez confirmadas experimentalmente las teorías propuestas. Por el contrario, las ideologías politicas tienden a ser autorreferentes, partiendo de que ellas son la verdad, por lo cual el conocimiento objetivo está lejos de alcanzarse.
Una actitud similar fue adoptada durante el siglo XX en la URSS con la filosofía marxista, con la cual se intentó reemplazar la propia realidad como referencia, llegándose al extremo de establecerse una "genética no mendeliana" por parte de Trofim Lysenko, con el correspondiente deterioro posterior de la agricultura soviética. Las catástrofes sociales producidas por el comunismo son un indicio adicional del precio que se paga por orientarse por filosofías de dudosa validez.
Incluso en la actualidad persisten los "filósofos" que creen que su misión consiste en establecer "principios generales" que habrán de orientar y fundamentar tanto a la ciencia experimental como a toda la humanidad. En realidad, es la ciencia la que debe fundamentar a la filosofía y no la filosofía a la ciencia. Esta última postura puede ejemplificarse con el siguiente escrito de Robert Hutchins: "En una universidad ideal, el estudiante no tendría que retroceder desde las observaciones más recientes hasta los primeros principios, sino que habría de avanzar desde los primeros principios hasta aquellas observaciones que nos pareciesen significativas para comprenderlos...Las ciencias naturales sacan sus principios de la filosofía de la naturaleza, la cual, a su vez, depende de la metafísica...La metafísica, o estudio de los primeros principios, lo invade todo...Las ciencias naturales y sociales dependen de ella y le están subordinadas".
En los citados "delirios metafísicos" se observa una actitud similar a la adoptada por la Iglesia del pasado o por el marxismo actual, ya que cada sector se atribuye la mayor importancia minimizando las restantes ramas del conocimiento. Al respecto, Philipp Frank escribió: "Este programa, evidentemente, está fundado en la creencia de que hay principios filosóficos independientes de los avances de la ciencia, y de los cuales, en cambio, pueden deducirse las proposiciones más generales de las ciencias naturales y sociales".
"El problema que ofrece tal programa es, por supuesto, encontrar esos principios de validez permanente. De hecho, la permanencia de los principios filosóficos sólo puede ser conservada y garantizada por autoridades espirituales o seculares, o por ambas. Ninguna educación universitaria puede fundarse en una metafísica, a menos que la elija una autoridad que tenga a su cargo, permanentemente, la regulación de la enseñanza" (De "Filosofía de la Ciencia"-Herrero Hermanos Sucesores SA-México 1965).
Mientras que el pseudofilósofo tiende a proponer principios que abarcan la totalidad de lo existente, escapándoseles por lo general la mayor parte de la realidad, el científico auténtico tiende a organizar el conocimiento mediante el método axiomático, adoptando principios, o axiomas, de limitada validez, referidos sólo a un sector de la realidad, es decir, mientras que tal "filósofo" pretende deducir toda la realidad a partir de los principios propuestos (de arriba hacia abajo), el científico ubica sus principios de abajo hacia arriba, para luego hacer deducciones adicionales dentro de su restringido campo de aplicación.
Los teólogos y los pseudofilósofos, que ignoran o menosprecian las leyes naturales, pontifican desde las alturas de lo sobrenatural y de la estricta racionalidad lógica, respectivamente. Lo grave del caso es que alejan a la gente de la religión moral, y de la moral elemental, para enmascararla con misterios inaccesibles al hombre común, o bien estableciendo "principios abstractos" que adicionalmente tienden a debilitar las posturas económicas y políticas a las cuales pretenden "fundamentar".
Toda descripción de la realidad que no tenga en cuenta las leyes naturales (que rigen todo lo existente) no tiene razón de ser. Como la ciencia experimental describe, justamente, tales leyes, es la candidata para fundamentar tanto a la filosofía como a la religión. No por ello se le debe dar un rango de menor importancia a las otras ramas del conocimiento, ya que en realidad conforman un conjunto en el cual sus partes se complementan mutualmente.
Gran parte del proceso de evolución cultural fue generado por la religión y la filosofía, mientras que la ciencia experimental surge recién en el siglo XVII, aproximadamente. Las ciencias sociales comienzan a surgir recién en el siglo XIX. En la actualidad existe un predominio de las ciencias sociales sobre la filosofía, si bien no resulta aceptable la postura de quienes abogan por un abandono de la filosofía, ya que, históricamente, ha sido una actividad respetable y positiva para el acceso al conocimiento. John Passmore escribió: "En el siglo XIX, la ciencia natural adquirió la categoría de institución social: empezó a invadir escuelas y universidades, a exigir que hubiera laboratorios junto con bibliotecas, a proclamar que ella, y no las humanidades clásicas o la filosofía, la verdaderamente formativa".
"Como es natural, estas pretensiones no quedaron sin respuesta; la ciencia sólo podía lograr para sí un lugar bajo el sol a cierto coste para los intereses creados. La beligerancia de Haeckel, Huxley y Clifford, era ciencia que pasaba a la ofensiva. Estos autores llamaron la atención del público sobre el surgimiento de una nueva fuerza social que iba a acabar siendo enormemente poderosa -de forma parecida a cómo la impetuosidad de un adolescente indica que a partir de ahora hay una nueva persona con la que contar".
"Sin embargo, hubo otros científicos que manifestaron un síntoma de adolescencia distinto: el análisis introspectivo, la autocrítica. Al principio, esta autocrítica se centró en la expulsión de la ciencia -y especialmente de la mecánica- de todo lo que pudiera perturbar a una conciencia positivista. Estos científicos se dedicaron, pues, a recopilar notas al neokantismo".
"El prefacio a los Principles of Mecanics (Principios de la Mecánica, 1874) de Kirchhoff resume el programa del positivismo científico. «La mecánica -escribía Kirchhoff- es la ciencia del movimiento; definimos su objeto como la descripción completa de la forma más sencilla posible de los movimientos que ocurren en la naturaleza». Kirchhoff está decidido a negar que la ciencia explique «por qué» las cosas suceden como lo hacen. Él mantenía la tesis de que para el científico todo «porqué» es un «cómo» -el científico concluye su tarea describiendo nuevas conexiones entre los fenómenos, no pasando a las «razones subyacentes» que están más allá de ellos" (De "100 años de filosofía"-Alianza Editorial SA-Madrid 1981).
La gran ventaja de la ciencia, respecto de la religión y la filosofìa, no sólo radica en la posibilidad de experimentar conclusiones e hipótesis, sino en dejar de lado todos los "porqué" para apuntar sólo al "cómo", a cómo están hechas las leyes naturales restringiendo toda discusión a interpretar resultados y a vislumbrar los pasos a seguir en el futuro. En el ámbito de las ciencias sociales, se reduce también a describir leyes psicológicas que nos dejan a un paso de la confección de una ética natural elemental. De ahì que, lo que debe ser, ha de ser necesariamente una optimizaciòn de lo que es.
En la actualidad, en las cátedras de muchas universidades de Occidente, se ha renunciado a impartir conocimientos de validez objetiva apuntando a convertirse en centros de adoctrinamiento político o filosófico, algo completamente alejado de todo objetivo que apunte a una mejora cultural. Tal distorsión se debe, entre otros aspectos, a que algunas ramas de las ciencias sociales en realidad pasan por una etapa precientífica, o bien se utilizan planteos de tipo filosófico sin apenas considerar alguna forma de control científico. Debe señalarse que en las ramas de la ciencia serias, existen acuerdos una vez confirmadas experimentalmente las teorías propuestas. Por el contrario, las ideologías politicas tienden a ser autorreferentes, partiendo de que ellas son la verdad, por lo cual el conocimiento objetivo está lejos de alcanzarse.
Una actitud similar fue adoptada durante el siglo XX en la URSS con la filosofía marxista, con la cual se intentó reemplazar la propia realidad como referencia, llegándose al extremo de establecerse una "genética no mendeliana" por parte de Trofim Lysenko, con el correspondiente deterioro posterior de la agricultura soviética. Las catástrofes sociales producidas por el comunismo son un indicio adicional del precio que se paga por orientarse por filosofías de dudosa validez.
Incluso en la actualidad persisten los "filósofos" que creen que su misión consiste en establecer "principios generales" que habrán de orientar y fundamentar tanto a la ciencia experimental como a toda la humanidad. En realidad, es la ciencia la que debe fundamentar a la filosofía y no la filosofía a la ciencia. Esta última postura puede ejemplificarse con el siguiente escrito de Robert Hutchins: "En una universidad ideal, el estudiante no tendría que retroceder desde las observaciones más recientes hasta los primeros principios, sino que habría de avanzar desde los primeros principios hasta aquellas observaciones que nos pareciesen significativas para comprenderlos...Las ciencias naturales sacan sus principios de la filosofía de la naturaleza, la cual, a su vez, depende de la metafísica...La metafísica, o estudio de los primeros principios, lo invade todo...Las ciencias naturales y sociales dependen de ella y le están subordinadas".
En los citados "delirios metafísicos" se observa una actitud similar a la adoptada por la Iglesia del pasado o por el marxismo actual, ya que cada sector se atribuye la mayor importancia minimizando las restantes ramas del conocimiento. Al respecto, Philipp Frank escribió: "Este programa, evidentemente, está fundado en la creencia de que hay principios filosóficos independientes de los avances de la ciencia, y de los cuales, en cambio, pueden deducirse las proposiciones más generales de las ciencias naturales y sociales".
"El problema que ofrece tal programa es, por supuesto, encontrar esos principios de validez permanente. De hecho, la permanencia de los principios filosóficos sólo puede ser conservada y garantizada por autoridades espirituales o seculares, o por ambas. Ninguna educación universitaria puede fundarse en una metafísica, a menos que la elija una autoridad que tenga a su cargo, permanentemente, la regulación de la enseñanza" (De "Filosofía de la Ciencia"-Herrero Hermanos Sucesores SA-México 1965).
Mientras que el pseudofilósofo tiende a proponer principios que abarcan la totalidad de lo existente, escapándoseles por lo general la mayor parte de la realidad, el científico auténtico tiende a organizar el conocimiento mediante el método axiomático, adoptando principios, o axiomas, de limitada validez, referidos sólo a un sector de la realidad, es decir, mientras que tal "filósofo" pretende deducir toda la realidad a partir de los principios propuestos (de arriba hacia abajo), el científico ubica sus principios de abajo hacia arriba, para luego hacer deducciones adicionales dentro de su restringido campo de aplicación.
Los teólogos y los pseudofilósofos, que ignoran o menosprecian las leyes naturales, pontifican desde las alturas de lo sobrenatural y de la estricta racionalidad lógica, respectivamente. Lo grave del caso es que alejan a la gente de la religión moral, y de la moral elemental, para enmascararla con misterios inaccesibles al hombre común, o bien estableciendo "principios abstractos" que adicionalmente tienden a debilitar las posturas económicas y políticas a las cuales pretenden "fundamentar".
Toda descripción de la realidad que no tenga en cuenta las leyes naturales (que rigen todo lo existente) no tiene razón de ser. Como la ciencia experimental describe, justamente, tales leyes, es la candidata para fundamentar tanto a la filosofía como a la religión. No por ello se le debe dar un rango de menor importancia a las otras ramas del conocimiento, ya que en realidad conforman un conjunto en el cual sus partes se complementan mutualmente.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






