jueves, 23 de julio de 2026

Inversión vs. Especulación

Es posible distinguir, en el sector emresarial, dos tipos extremos de empresarios, con una gradualidad entre tales extremos. En un caso existe el empresario para quien su empresa es considerada como una realización personal y trata por todos los medios de lograr su supervivencia a través de los años. Las ganancias logradas pasa a ser una consecuencia de fines personales y sociales. En el otro extremo tenemos empresarios que priorizan las ganancias y no tienen el menor problema de venderlas si ello les conviene monetariamente hablando. Poco o nada les interesa los beneficios que su empresa brinda a la sociedad, si bien el éxito empresarial está ligado a tales beneficios, aunque no sean prioritarios para tal tipo de empresario.

A gran parte de la sociedad no le atrae la idea de convertirse en empresarios. Sin embargo, en cuanto pueden formar con sus ahorros un pequeño capital, tienen la posibilidad de invertir en acciones de alguna empresa para, luego, recibir parte de las ganancias de esa empresa según el porcentaje de acciones poseídas. Y aquí también surge una división similar a la anterior. Existe el inversor que apuesta a determinada empresa y trata de mantener durante largo tiempo tales acciones en su poder. En el otro extremo tenemos al accionista que poco le importa la empresa de la cual posee acciones, y las ganancias esperadas las obtiene de vender las acciones cuando adquieren un valor superior al de la compra.

Si bien el proceso de las Bolsas de valores es criticado por la presencia tanto de inversores como de especuladores, el proceso en sí es altamente favorable para la economía, si bien es recomendable buscar ganancias ligadas a la producción en lugar de buscarlas en la especulación financiera, si bien no existe una división definida entre ambas posturas.

Debido a las fluctuaciones de la cotización de las acciones, el especulador trata de obtener elevadas ganancias en un breve tiempo comprando acciones a un precio, en momentos de suba, para venderlas a un precio superior, o bien vendiéndolas a un precio, en momentos de baja, para adquirirlas luego a un precio inferior.

El inversor, por el contrario, trata de mantener y proteger sus ahorros buscando alguna ganancia en el largo plazo. De ahí que, como se dijo, existe una línea difusa que separa especulación de inversión. Por ello se dice que una inversión es una especulación que ha salido mal. Quienes proponen eliminar la especulación bursátil, no advierten que simultáneamente buscan eliminar la inversión, con resultados peores aun que lo que se quiere subsanar.

En cuanto a las fuerzas que promueven las acciones bursátiles, José Poal Marcet escribió: “Dentro de la estructura mental de un individuo existen, entre otros, dos impulsos mentales antagónicos y destructores: el miedo y la codicia”. ”El miedo de los inversores tiene dos vertientes. El miedo de perder y el miedo de perdernos una buena ocasión de ganar dinero”. “La codicia es otro extremo de nuestra constitución emocional. Es el resultado de la combinación de mucha confianza y del deseo de conseguir mucho dinero en el espacio más corto de tiempo posible”.

La especulación despierta atracción en las personas en forma similar a cómo la ejerce el juego, pudiendo convertirse en un vicio. “¿Cómo se convierte uno en especulador? De una manera muy parecida a cómo una tímida muchacha de pueblo acaba ejerciendo el oficio más antiguo del mundo: se empieza por curiosidad, se sigue por pasión y se acaba haciendo por dinero. En la Bolsa se respira un ambiente muy singular que, a veces, actúa como una droga” (De “La bolsa y la vida”-Ediciones Granica SA-Barcelona 2003).

Entre los especuladores podemos encontrar a personajes famosos. El citado autor agrega: “La especulación ha sido la gimnasia cerebral de multitud de hombres, desde filósofos hasta artistas, y no hay nada de extraño ni de censurable. Cicerón, que opinaba que la especulación constituía el motor de la formación de capitales, consiguió reunir una considerable fortuna”. “Isaac Newton perdió mucho dinero en el derrumbamiento de las acciones de los Mares del Sur. Acabó prohibiéndole a la gente de su entorno que mencionase la palabra Bolsa delante de él”.

“Voltaire se pasaba las horas enteras con su amante hablando de las acciones de la Compañía de Lorena. Especuló con terrenos y grano, pero consiguió más fama como contrabandista de divisas”. “Beaumarchais y el escandaloso Casanovas, al igual que Balzac, fueron empedernidos bolsistas. Balzac necesitaba importantes sumas de dinero para mantener su nivel de vida, para conseguirlo escribía relatos, novelas y ensayos, pero como no le bastaba se hizo especulador bursátil. Con frecuencia intentaba extraer alguna confidencia o consejo al Barón de Rothschild. El economista David Ricardo y el filósofo Spinoza combinaban la especulación con sus actividades intelectuales”. “Lord Keynes, quizás el más importante economista del siglo XX, fue un hábil especulador. Al pie de su retrato el gobierno británico puso esta inscripción: «Lord John Maynard Keynes, el hombre que consiguió crear una fortuna sin trabajar»”. “Paul Gauguin, Richard Strauss, Ernest Hemingway y muchos otros personajes insignes empleaban parte de su precioso tiempo en el seguimiento de los mercados financieros”.

La crisis económica de 1929, fue principalmente una consecuencia de la especulación bursátil a nivel masivo, ya que se estima en unos 2 millones de norteamericanos, sobre una población de 115 millones, quienes la ejercieron. No sólo especulaban con sus propios ahorros, sino que pedían préstamos bancarios para comprar acciones y revenderlas, motivados por la ambición de volverse ricos mediante ese procedimiento, y no a través del trabajo. “Haciendo un compendio de obras de Schiller, Le Bon, Freud y Adler, podemos decir que algunas características de la multitud son: el contagio de las ideas, la irresponsabilidad, la alucinación colectiva, la impetuosidad, el triunfalismo, la sugestión y la inferioridad intelectual. En definitiva, la locura de las masas que arrasa todo lo que encuentra en sus deseos de hacerse ricos o en su pánico para evitar la miseria”. “Los felices años 20 encontraron en la Bolsa una especie de religión material que impregnaba el espíritu de la época”.

La especulación es diferente del juego, si bien se estima en dos tercios la cantidad de especuladores que termina perdiendo dinero. Edward Chancellor escribió: “El amor por el intercambio es una característica humana innata. También está profundamente arraigado el afán de adivinar el futuro. Juntos conforman el acto de la especulación financiera”. “El nombre que recibe la incertidumbre financiera es «riesgo». Los economistas diferencian juego y especulación diciendo que el juego implica la creación deliberada de nuevos riesgos en aras de la inversión, mientras que la especulación implica asumir los inevitables riesgos del proceso capitalista. En otras palabras, cuando un jugador apuesta a un caballo está creando un riesgo, mientras que el especulador que compra acciones sólo participa en la transferencia de un riesgo existente. Se considera que la especulación es más arriesgada que la inversión” (De “Sálvese quien pueda”-Ediciones Granica SA-Barcelona 2000).

Según lo anterior, unos pocos especuladores no generan riesgos adicionales a los ya existentes, mientras que una masiva cantidad de especuladores influye en el mercado bursátil presionando la llegada de una crisis. Se advierte, en los últimos años, un acentuado aumento de la especulación masiva, incluso financiada con créditos, conformando las condiciones ideales para futuras crisis. José Poal Marcet escribió: “La Bolsa nunca había sido tan popular. Todo el mundo está en la Bolsa a través de los Fondos de Inversión y/o de los Fondos de Pensiones”. “El descenso de los tipos de interés ha permitido una extraordinaria liberación de recursos financieros que ha propiciado el desarrollo espectacular del capitalismo financiero”. “Realmente hemos asistido a una Burbuja Financiera; situación en la que, temporalmente, los altos precios de las acciones están sostenidos fuertemente por el entusiasmo de los inversores, más que por la estimación del valor real”. “La tasa de ahorro baja drásticamente y el nivel de endeudamiento alcanza cotas nunca vistas”.

Se puede definir una crisis bursátil como la generación de burbujas financieras promovidas por la especulación masiva con la posterior caída de los valores de las acciones hasta niveles muy bajos. El citado autor describe las dos secuencias:

a) La burbuja se infla: “Existe la creencia de una nueva idea o concepto que ofrece ilimitadas ganancias y la posibilidad de hacerse rico. Existe en ese momento liquidez y pocas alternativas de inversión; el germen empieza su contagio. Una vez que la manía se va popularizando la idea tiene suficiente poder para que se extienda de una minoría a una mayoría que imita a los «líderes». Los precios empiezan a subir de niveles normales a niveles de mucha sobrevaloración. Los precios sobrevalorados son aceptados como «normales». Existe miedo de perderse esa «gran oportunidad». Comienzan a presentarse oportunidades parecidas (más empresas de «alta tecnología» por ejemplo). La banca ofrece créditos para participar en el «gran negocio». Se popularizan figuras «de culto» de ese gran éxito. La burbuja dura más de lo que se esperaba y, entonces, se la considera una tendencia sólida. Atmósfera de fiesta, ganancias fáciles y comienza a conocerse grandes y «malas prácticas» de algunos de los «ídolos» del sector”.

b) La burbuja “pincha”: “La subida de precios es muy intensa y eso facilita la oferta de nuevos activos del sector. Suele coincidir con una subida de los tipos de interés por exceso de demanda de créditos para invertir en esa «manía». Los precios empiezan a bajar y se colapsan. La espiral hacia abajo se va autoalimentado. Los fraudes y los asuntos «turbios» se empiezan a conocer y eso suele representar un punto de inflexión que colapsa los precios y hace caer la pirámide de deuda que se había creado para participar en el «gran negocio». A veces los gobiernos intentan intervenir para restablecer la confianza, pero casi siempre con poco éxito o éxito muy fugaz”.

En lugar de “trabajar y ahorrar”, como sugiere el “mandamiento capitalista”, se estila “pedir prestado y especular”, que poco o nada lo tiene en cuenta. Quienes asocian la especulación financiera con el capitalismo son quienes denominan “capitalismo” a todo lo que funciona mal, sin pensar en lo que dicen. Mientras que trabajar y ahorrar es compatible con la moral natural, arriesgar el dinero ajeno pretendiendo hacerse rico sin trabajar, es incompatible con dicha moral.

Cada vez que se produce una crisis bursátil, no faltan las críticas contra la economía de mercado augurando la pronta “caída del capitalismo”. Ello se debe a que tal sistema económico no funciona bien ante quienes buscan masivamente hacerse ricos sin trabajar y sin antes haber trabajado (por cuanto piden prestado para especular). Lo grave del capitalismo sería precisamente que funcionase bien aun con elevados porcentajes de especuladores. La eficacia de un sistema debe verificarse en base al siguiente criterio:

a) Funciona bien cuando la gente busca establecer intercambios de bienes y servicios que benefician a ambas partes.

b) Funciona mal cuando la gente busca establecer un beneficio propio no vinculado a la creación de bienes y servicios.

miércoles, 22 de julio de 2026

Ampliación del "mercado" de la discordia

Durante el Mundial de Fùtbol 2026 ha aparecido en Internet una apreciable cantidad de videos que promueven en forma bastante directa una actitud negativa ante una caracterización de la Argentina como un país y una sociedad racistas. En cierta forma están promoviendo una especie de "ampliación del mercado" de la discriminación y del odio entre sectores. Ahora, todo habitante del planeta no sólo podrá discriminar y odiar a sus anchas a los judíos, a los yankis, a los hombres blancos en general, sino tambièn a todos los argentinos.

Este proceso es un ejemplo de cómo se puede armar una campaña mundial difamando a una sociedad que tiene, por supuesto, varios defectos, pero posiblemente la Argentina sea uno de los países con menos racismo. Y esto se debe a un amplio mestizaje de razas o etnias que conllevan a una sociedad con pocos problemas de tipo discriminatorio.

En varias ocasiones se han hecho encuestas en las cuales se pregunta a cada participante si tendría inconveniente en tener como compañero de trabajo a un integrante de cierto grupo étnico. Luego se pregunta si tendría inconveniente en que fuera su vecino. Finalmente se pregunta si tendría inconveniente en que fuera parte de su familia. En general, los porcentajes de aceptaciòn bajan a medida que el vínculo se hace más cercano, por lo que el síntoma de racismo se debe observar en aquellas sociedades en que existen pocas mezclas, o mestizajes.

La campaña difamatoria de la sociedad argentina si inició con la "inocente" pregunta acerca de por qué no había afrodescendientes en el seleccionado de fùtbol argentino. En realidad, buscando actitudes racistas, debería preguntarse por qué hay tantas diferencias en otros seleccionados, poniendo en evidencia la inexistencia de mestizaje y una posible orientaciòn racista de tales sociedades.

A ningùn argentino nos hace sentir bien que se nos discrimine injustamente y se hagan encuestas en las cuales unos 20 millones de individuos aceptaban el pedido de expulsión de la Argentina del Campeonato Mundial de Fùttbol. Pero el daño mayor lo ha de recibir el individuo que ahora tiene la posibilidad de seguir odiando a una mayor cantidad de gente, por lo que los "inocentes" divulgadores del supuesto racismo argentino son cómplices de un proceso denigratorio de quienes tienen cierta predisposición a odiar masivamente a otros seres humanos, como es el caso de un actor norteamericano afrodescendiente que se dirigió a su grupo étnico instándolo a odiar a los "argentinos racistas".

domingo, 19 de julio de 2026

Todos contra la Argentina

Por Karina Mariani

DESDE MI PUNTO DE VISTA

La ira contra la selección expone un drama mundial: cómo el victimismo convierte a los ganadores en villanos y al éxito en injusticia.

Todo Mundial de Fútbol deja, además de partidos, una radiografía de la sociología planetaria.

El de 2026 va a ser recordado por ser la apoteosis de Messi, sí, pero también por haber puesto en escena, con una nitidez casi didáctica, debates tan vigentes y urticantes como ¿qué es la nacionalidad?, o si la tecnología mata la dinámica de los juegos, o si el color de la piel o los conflictos geopolíticos juegan un rol en el imaginario mereciómetro con el que se juzga si está bien o mal perder un partido.

Escribo esto antes de la final, cuando Argentina acaba de vencer a Inglaterra y ahora deberá disputar el primer lugar con España. Ya las teorías conspirativas volvieron a mover, febriles, sus engranajes. Ya quienes odian a mi país, desde antes o los recién llegados, empiezan a desmerecer cada gol, cada jugador, cada victoria. ¿Cómo se convirtió Argentina en el opresor máximo de este mundial y por qué tantos se sienten tan cómodos siendo los nuevos oprimidos?

LA ÚLTIMA TRINCHERA

La Argentina expuso, sin proponérselo, el mecanismo íntimo de un mundo que ya no soporta perder sin victimizarse, y la diferencia entre perder con coraje o perder inventando un enemigo.

El wokismo en retirada encontró en el fútbol su última trinchera

El fenómeno woke viene perdiendo terreno en la calle y en la política electoral de medio mundo. Y como todo movimiento en repliegue, necesita un territorio nuevo donde seguir sobreviviendo. Ese territorio, este año, fue el mundial de fútbol. Ahí aparecieron, uno por uno, los mismos lugares comunes de siempre: el buenismo clasista, el racismo invertido, el feminismo importado a discusiones que no lo requerían (no hay que olvidar nunca la ridícula canción de Julieta Venegas sobre la niña futbolera), la denuncia de “violencia” o “discriminación” ante cualquier gesto deportivo normal, y la ausencia total de humor ante la ironía más elemental. Como corolario, apareció la estrella más novedosa del firmamento woke: el palestinismo, convertido en la causa que todo lo explica y todo lo justifica.

Un ensayo reciente sobre la psicología del Mundial explica por qué el fútbol es un imán tan potente para este tipo de proyección: el torneo pone en marcha instintos muy antiguos, ligados al tribalismo, al estatus, al liderazgo y a la cooperación grupal, que vienen moldeando a las sociedades humanas desde hace milenios.

El mismo texto agrega algo clave para entender por qué la derrota también es contagiosa: “Los humanos somos extraordinariamente flexibles a la hora de formar nuevas alianzas. En las condiciones adecuadas, desconocidos pueden convertirse rápidamente en compañeros de equipo. El lado oscuro surge cuando el estatus colectivo se ve amenazado. Una decisión arbitral controvertida puede sentirse como una injusticia. Una derrota dolorosa puede sentirse como una humillación nacional. El deporte rara vez provoca conflictos políticos por sí solo, pero puede exacerbar las tensiones preexistentes”.

Es exactamente lo que vimos: dirigentes, activistas e influencers de medio mundo subiéndose a una derrota ajena para proyectar sus propias obsesiones.

LLORIQUEOS COBARDES

El caso de Argentina-Inglaterra es elocuente. El equipo inglés llegó a semifinales con Thomas Tuchel al mando, con la consigna explícita de terminar con décadas de fracasos. Iban ganando. Y en el momento exacto en que debían presionar, se replegaron. Argentina, que no dejó de intentarlo ni un segundo, dio vuelta el resultado en el epílogo del partido y volvió a instalarse en una final.

Lo notable es que ni siquiera hace falta forzar la metáfora, está ahí servida: El analista Konstantin Kisin escribió en X: “La selección de fútbol de Inglaterra perdió por la misma razón por la que el país está perdiendo: las personas a cargo temen asumir riesgos y tratan de aferrarse a lo que tienen en lugar de ser ambiciosos respecto al futuro. Esta actitud impregna todo”.

Una crónica del partido fue directamente al hueso y describió lo ocurrido como una rendición sin coraje frente a Argentina, señalando que jugadores, entrenador y cuerpo técnico abandonaron sus pretensiones. No hace falta ser sociólogo para ver el paralelismo: es la misma lógica que explica buena parte de la parálisis política y económica británica de los últimos años. Sin embargo, analistas, jugadores, medios y usuarios de RRSS siguen culpando a Argentina de la derrota incontestable de Inglaterra. La politóloga española María Blanco publicó un auténtico fake de arrabal al día siguiente: “Hay apuestas sobre cuántos meniscos va a romper la selección argentina para ganar el domingo…” desacreditando un fantástico partido de dos grandes selecciones.

Lo de Inglaterra no es un caso aislado, es un síntoma continental. Europa entera lleva años en modo de administración de la decadencia: crecimiento estancado, natalidad en baja, un aparato institucional anquilosado y corrompido, que se mueve más rápido para regular que para competir, y una clase dirigente que prefiere gestionar el declive con temor antes que asumir el riesgo de una apuesta grande.

Cuando ese mismo continente se encuentra en la cancha con un rival y éste gana, la reacción no es la admiración deportiva que ese coraje merecería. Es la sospecha. Porque si el otro gana jugándose entero, la pregunta que queda flotando es por qué nosotros no. Es más cómodo, y muy propio de la izquierda que parece haber contagiado a todos su razonamiento, decir que el rival hizo trampa, que compró el resultado, o que el sistema estaba armado a su favor.

Imaginemos trasladar ese razonamiento a todos los órdenes y momentos de la historia…Ah cierto, ya se hizo, lo hizo el socialismo.

CITOGENESIS MALVADA

A las pocas horas de la eliminación de Egipto, la página de Wikipedia del árbitro francés François Letexier fue editada para afirmar que había nacido en una familia judía ortodoxa de Bretaña y que su abuelo había sido de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Ninguna de las dos cosas es cierta.

La edición corrió por cuenta de una cuenta creada recientemente pero con un conocimiento sofisticado de los puntos ciegos del sistema de moderación de Wikipedia. Un análisis periodístico especializado en manipulación de información online reconstruyó el historial de esa cuenta y encontró que no era su primera intervención: en junio había editado la página del Grupo Islámico del Líbano (designado organización terrorista por Estados Unidos) para presentarlo como parte de un esfuerzo de “unidad árabe”, y reescrito la biografía de su líder para borrar su condición de terrorista global especialmente designado.

El mecanismo se llama citogénesis, el acto por el cual una mentira insertada en Wikipedia termina siendo citada por otro medio, que a su vez es usado como fuente para “confirmar” la entrada original. En este caso, el chatbot Grok de X llegó a validar como cierto el origen judío de Letexier basándose, aparentemente, en la propia edición fraudulenta, antes de corregirse. Una verificación exhaustiva confirmó que ninguna fuente citada en la edición sostenía lo que decía sostener: los artículos vinculados ni siquiera mencionaban a Letexier o su supuesto origen.

La misma cuenta, apenas horas después, fue todavía más lejos: modificó la página del presidente argentino Javier Milei para reemplazar su descripción profesional por un insulto explícitamente antisemita. La cuenta fue finalmente suspendida, pero el daño ya estaba hecho: miles de capturas de pantalla circulaban por redes antes de que la mentira fuera corregida, que es exactamente el objetivo de este tipo de operaciones. No hace falta creer en el fair play para reconocer que hackear la enciclopedia más consultada del mundo para insertar antisemitismo es, objetivamente, mucho peor que perder un partido de fútbol.

Con la mentira de Wikipedia circulando, faltaba apenas un paso para completar el círculo conspirativo: unir a Argentina con Israel en un mismo relato de manipulación global. Y ese paso también se dio. En cuestión de horas se viralizó la idea de que una camarilla integrada por Netanyahu, el Mossad, Messi, Milei y la FIFA había arreglado el resultado del partido a favor de Argentina. Las pruebas eran fotos de Messi rezando en el Muro de los Lamentos hace más de una década y de Milei con funcionarios israelíes, para sugerir que Israel le había “prometido” el Mundial a Argentina.

Cualquier persona en su sano juicio debería mofarse de estas pavadas, pero, en el calor fanático del Mundial, y ante la cultura del victimismo, estas narrativas crecen como hongos. La lógica de la conspiración no necesita pruebas: necesita apenas una excusa para no tener que decir “perdimos porque el otro jugó mejor”.

EL CASO EGIPTO

El caso egipcio es paradigmático, porque ahí el guion cambia de género: deja de ser un drama sobre el miedo para convertirse en una comedia involuntaria sobre el resentimiento. Egipto iba ganando y en apenas catorce minutos finales, se derrumbó: tres goles sepultaron una clasificación histórica. Perder contra los campeones del mundo, con Messi en cancha, no es ninguna vergüenza. Lo que sí lo es, es la ausencia total de dignidad para aceptar una derrota.

En lugar de asumir el fracaso deportivo como lo que fue, el entrenador Hossam Hassan eligió el camino de la sospecha permanente: cuestionó al árbitro francés, insinuó presiones externas, y en el fragor del partido llegó incluso a hacer un gesto de la FIFA reservado para denunciar discriminación racial. La Federación Egipcia de Fútbol presentó una queja formal por lo que llamó “doble estándar” arbitral, y Hassan fue citado diciendo que quería que Argentina y Messi se quedaran en el torneo por motivos de marketing, llegando a calificar el partido de directamente arreglado.

A esto se sumó un condimento adicional, ajeno al partido pero perfecto para describir el ambiente: horas antes, Donald Trump había pedido públicamente que se revirtiera una tarjeta roja al delantero estadounidense Folarin Balogun, algo que la FIFA terminó haciendo en medio de fuertes críticas. Y aquí aparece otra paradoja que nadie se detuvo a señalar: ni siquiera una intervención presidencial directa sobre el propio arbitraje del torneo le alcanzó a Estados Unidos para seguir con vida. Con Balogun ya habilitado a jugar gracias a la gestión de Trump, el local terminó goleado 4-1 por Bélgica y quedó afuera igual. El episodio, de todos modos, sumado al humor caliente por la eliminación de Egipto, terminó de convencer al público conspiranoide de que el torneo entero estaba “arreglado” en algún sentido, aunque las dos situaciones no tuvieran ninguna relación entre sí.

Y en medio de ese clima, el alcalde de Nueva York se subió al relato y en una conferencia de prensa, Zohran Mamdani afirmó que Egipto había sido “robado” arengando a la corriente de la autocompasión, la paranoia y el enojo desbocado; a la que notablemente se sumaron quienes desprecian al mismísimo Mamdani.

EL SIMULADOR SUECO

El episodio que resume mejor la lógica invertida de este Mundial, es el de los cuartos de final entre Argentina y Suiza. El delantero suizo Breel Embolo hizo algo que es (o era) común en un partido. Se tiró el lance de simular que le cometían una falta y fingió haber caído por un contacto de Leandro Paredes. Su engañó funcionó y consiguió que le cobraran una falta al argentino. Luego el VAR revisó la acción, confirmó que no hubo contacto real, le anuló la tarjeta amarilla a Paredes y se la dio a Embolo por simulación, que al ser la segunda amonestación del suizo en el partido, terminó en expulsión.

Es decir: hubo una trampa, la trampa fue detectada por el sistema diseñado exactamente para eso, y quien la cometió pagó la consecuencia prevista por el reglamento. Nadie se detuvo a pensar qué pasó por la cabeza del señor Embolo, que se mandó un paso de baile a sabiendas de que en este mundial hay cámaras hasta en los calzoncillos de los aguateros. En cambio, el enojo generalizado (de jugadores, del entrenador suizo Murat Yakin y de buena parte de la prensa) no fue contra el picarón e irreflexivo Embolo, sino contra la regla que permitió detectarlo y, de rebote, contra Argentina, como si fuera tramposo no permitir que te hagan trampa.

¡CULPABLE!

Termine como termine este Mundial, Argentina demostró ser un descomunal equipo y tener al mejor jugador del mundo en sus filas. Y, sobre todo, demostró no tener vergüenza ni de sus triunfos, ni de sus flaquezas, ni de su bandera, ni de su historia. Esta carencia de culpa existencial es una afrenta para el wokismo atrincherado en el Mundial. Semejante osadía la expuso a la elasticidad del relato acusatorio.

A Argentina se la acusa, según convenga, de pertenecer al “sur global” pobre y oprimido (que exporta a sus pobres al primer mundo) y, en la frase siguiente, de ser un país capaz de “comprar” un Mundial. Nadie entiende por qué EE.UU., Arabia Saudita o algún país más rico no tomó semejante ofertón, incluso Qatar cuando el campeonato se jugó en su suelo. Tal vez piensen que Argentina es el único país que cometería tal deshonestidad, lo que resulta curioso si pensamos en el maremoto de deshonestidades que rodean al líder español, al saliente británico, a la mexicana, al brasileño o al francés.

La cosa es que, aún contra toda lógica, todos tiran la primera piedra sobre Argentina…y sobre el omnipresente poder del Mossad, al que consideran un facilitador en las sombras de Messi, sin preguntarse por qué la agencia de inteligencia judía no usó unas gotas de su superpoder para lograr que Israel aunque sea clasificara.

En la misma absurda tónica, se acusa a Argentina de ser “demasiado blanca y europea” para representar al sur, y en la conversación siguiente de ser un país menor e impotente que no pudo recuperar las Islas Malvinas, de modo que en un mismo hilo se la llama colonialista y colonizada, pobre y rica, según lo que resulte más conveniente en cada oración.

Ese tipo de contradicción no es exclusiva del caso argentino: un análisis reciente sobre la identidad nacional en este Mundial señala que a los jugadores de origen inmigrante o minoritario suele incluírselos como parte plena de la nación cuando ganan, pero se los trata como extraños en cuanto fallan, como les ocurrió a jugadores neerlandeses de origen inmigrante tras fallar penales frente a Marruecos.

La conformación de los equipos, la comparación con equipo de los mismos países 20 años antes, las reglas para obtener nacionalidades, el debate migratorio, el ser y sentirse de un país son cuestiones que eclosionan en este mundial. El ex mandatario español Mariano Rajoy analizó al equipo francés antes del partido con España afirmando textualmente: «Francia tiene una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses. Y está jugando muy bien». Rajoy hizo, evidentemente, una broma de mejor o peor calidad, en la que claramente no pedía que nadie perdiera su pasaporte. Se trata de un comentario muy viralizado, por otra parte, y trae a cuento los no pocos debates sobre pertenencias, nacionalismos, integración y temas que no tiene nada que ver con el fútbol, pero que el Mundial canalizó con vigor.

VOLUBLE Y OPORTUNISTA

El nacionalismo, en general, es voluble y oportunista con sus propios símbolos. A veces no quiere decir nada y es sólo una broma, y a veces se convierte en cosas asquerosas y criminales. Personalmente creo que lo de Rajoy pertenece al primer caso, pero el wokismo siempre se mete donde puede sacar tajada.

¡Y también con esos temas la ligó Argentina! Para humillarnos, varios fueron directamente a buscar munición en la historia, como si Argentina cargara con la misma historia de quienes la señalan. Pero esa lectura no resiste el más mínimo repaso. Argentina se construyó recibiendo, integrando y dando ciudadanía a millones de inmigrantes europeos, de Medio Oriente y de países vecinos, sin los debates identitarios que hoy atraviesan a buena parte del mundo desarrollado. No fuimos nunca, en ningún tramo de nuestra historia, los malos de la vara moral con la que hoy algunos pretenden medirnos. Fuimos, y en gran medida seguimos siendo, periferia.

Hay una capa más, más incómoda todavía: el wokismo, en tanto vocabulario y set de reglas (que decide qué cuenta como racismo, qué cuenta como discriminación, quién tiene permitido hablar de qué) nació, se codificó y se exportó desde los países más desarrollados y por tanto hegemónicos que hoy son víctimas y victimarios de esa podrida superioridad moral woke. Que hoy ese mismo aparato conceptual se use para acusar a Argentina de “racista” o de “colonialista” es la vieja pretensión de decidir quién tiene permitido ganar y en qué términos, disfrazada de progresismo.

VARIABLE GEOPOLITICA

No es la primera vez que un Mundial se convierte en variable geopolítica: desde el Mundial de Mussolini en 1934 hasta los Juegos de Putin en 2014, la historia está llena de líderes que intentaron capitalizar políticamente una gesta deportiva. Un ensayo reciente sobre el Mundial sostiene que el negocio del fútbol global combina de manera casi natural con regímenes que buscan legitimidad internacional.

Lo que este Mundial 2026 mostró, entonces, no es un fenómeno nuevo, sino una aceleración: la misma maquinaria psicológica de identificación tribal que hace disfrutar un triunfo ajeno como propio, hoy tiene combustible ideológico de sobra para convertir cualquier derrota en una injusticia cósmica, siempre en función del sentimiento de culpa que parece atravesar a todo el Occidente libre y del reparto de roles opresor-oprimido que jerarquiza la victimización por sobre el triunfo. Con todo esto dicho, vale la pena no perder de vista lo más importante: es un juego.

Con reglas, con árbitros, con VAR, con una pelota que a veces entra y a veces no. Argentina no le debe una disculpa a nadie por ganar, ni por festejar, ni por creer en sí misma hasta el último minuto. Que se victimicen los que necesiten un relato para no mirarse al espejo, y ojalá se les pase esa enfermedad y dejen de pedir permiso para ser felices. Y si algo deja el equipo argentino es que se puede competir con el alma afuera, sin culpa, y que la alegría de haber estado ahí, de haber llegado hasta el final con la cabeza en alto, ya vale la pena por sí sola. Gane quien gane el domingo, la Argentina de este Mundial ya ganó lo que importa.

* Este artículo se publicó originalmente en https://karinamariani.substack.com/

(De www.laprensa.com.ar)

Precauciones ante la información recibida

Especialmente en épocas de Internet y de la Inteligencia Artificial, es necesario adoptar la actitud de los científicos, quienes dudan de la veracidad de sus propias teorías, y bastante más de las teorías ajenas. Por ejemplo, en una escena "fabricada" con Inteligencia Artificial, aparece el arquero Donnarumma aplicando un poderoso golpe al futbolista Vinicius Jr., acontecimiento que nunca ocurrió, pero que resulta real para quienes poco conocen de las nuevas tecnologías informáticas.

Otra "información" que circula por Internet implica noticias totalmente falsas, como las que anuncian la ocurrencia de un terremoto en cierto país, mientras que los medios periodísticos responsables ni siquiera escriben sobre ello. Cuesta entender esta mentalidad de quienes utilizan su tiempo para semejante estupidez. También podemos observar títulos de videos que, una vez abiertos y observados, se llega a la conclusión que el título poco o nada tiene que ver con el contenido, siendo otra forma de mentir.

Se dice que los efectos de ciertos acontecimientos dependen más de la opinión que tengamos sobre ellos que de la propia realidad. Así, un acto terrorista es promovido y festejado por algunos sectores y rechazado por otros. Un mismo acto es visto de distinta forma según las ideas y las fobias previas existentes en los diversos individuos y grupos.

Mientras que, en otras épocas, los peligros que afrontaba la sociedad radicaban en la presencia de líderes políticos o religiosos que sembraban el odio a nivel colectivo, bajo una mezcla de verdades y mentiras, en la actualidad muchos de estos personajes disponen de las redes sociales para imponer en la sociedad ciertas creencias poco compatibles con la civilización.

Por las razones expuestas, resulta imprescindible que en cada individuo surja una actitud de moderada desconfianza ante todo lo que lee u observa en Internet, ya que los porcentajes de noticias falsas es bastante considerable. La opción de un control estatal no parece segura por cuanto tal control puede resultar favorable para el poder político de turno, impidiendo cierta neutralización entre publicaciones en Internet que evitan la unificación del poder informático en pocas manos.

Se transcribe a continuación un artículo al respecto:

EVITAR EL SABER INCUESTIONABLE

Ortega y Gasset, filósofo, sobre la educación: "Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas".

La visión del pensador madrileño sobre la educación defendía que el aprendizaje sólo avanza cuando el conocimiento se somete de forma constante al análisis, la reflexión y el cuestionamiento.

Diderot, filósofo: "El hombre nace para vivir en sociedad. Sepáralo, aíslalo, y sus ideas se desintegran".

Pablo Neruda, escritor y premio Nobel: "Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera".

La educación, el pensamiento crítico y la capacidad de cuestionar las certezas forman parte del legado intelectual de José Ortega y Gasset. Entre las numerosas reflexiones que dejó el filósofo español, una destaca por su actualidad y profundidad. "Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas", dijo. Una frase que, lejos de promover la desconfianza hacia el conocimiento, reivindica una forma de aprendizaje basada en la reflexión y la autonomía intelectual.

Considerado uno de los pensadores más influyentes de la España del siglo XX, Ortega defendía que la educación debía ir mucho más allá de la simple transmisión de contenidos. Para él, el objetivo de enseñar no era llenar la mente de datos o conceptos, sino formar ciudadanos capaces de interpretar la realidad por sí mismos. En ese contexto, la duda no aparecía como un obstáculo, sino como una herramienta imprescindible para evitar que el saber se convierta en algo rígido e incuestionable.

La clave para entender esta idea se encuentra en una de las distinciones más conocidas de su filosofía: la diferencia entre ideas y creencias. Ortega explicaba que las creencias son aquellas convicciones tan arraigadas que forman parte de nuestra vida cotidiana sin que apenas reparemos en ellas. Actuamos desde ellas de manera automática. Las ideas, por el contrario, son construcciones intelectuales que utilizamos para responder preguntas, resolver problemas o comprender el mundo que nos rodea.

El filósofo advertía del riesgo de que las ideas acabaran transformándose en creencias ciegas. Cuando un conocimiento deja de ser cuestionado y se acepta como una verdad absoluta, pierde vitalidad y deja de evolucionar. Por eso defendía que quien enseña también debe mostrar los límites de lo que transmite. Educar no consiste en imponer certezas, sino en ofrecer herramientas para que cada persona pueda examinarlas, contrastarlas y, si es necesario, corregirlas.

Esta visión estuvo profundamente influida por el contexto histórico que le tocó vivir. Ortega desarrolló gran parte de su obra durante las primeras décadas del siglo XX, una etapa marcada por profundas crisis políticas, sociales e ideológicas. El ascenso de los totalitarismos en Europa y la creciente polarización de las sociedades occidentales reforzaron su preocupación por los discursos cerrados y las doctrinas que no admitían discrepancia.

Frente a esa tendencia, defendió el liberalismo intelectual y la importancia de una ciudadanía capaz de pensar de manera independiente. También mostró su desacuerdo con ciertos modelos educativos basados en la memorización y la repetición mecánica de conocimientos. Influido por las corrientes pedagógicas más avanzadas de su tiempo y por su experiencia académica en Alemania, apostó por una enseñanza en la que el estudiante desempeñara un papel activo en la construcción del saber.

Estas ideas aparecen reflejadas en algunas de sus obras más conocidas. En Misión de la Universidad, publicada en 1930, sostenía que las instituciones académicas no debían limitarse a formar profesionales especializados. También tenían la responsabilidad de cultivar personas capaces de comprender su tiempo y participar de manera crítica en la vida pública. Más tarde, en Ideas y creencias, profundizó en la forma en que los seres humanos construyen sus convicciones y en la necesidad de mantenerlas abiertas a la revisión.

La propuesta de Ortega y Gasset presenta además una diferencia significativa respecto a otros pensadores clásicos. Mientras René Descartes utilizó la duda como un método para alcanzar una verdad firme y definitiva, Ortega entendía que la realidad está en permanente cambio y que, por tanto, nuestras interpretaciones también deben adaptarse. La duda no era para él una etapa provisional, sino una actitud intelectual constante.

(De www.elconfidencial.com)

viernes, 17 de julio de 2026

Los primitivos habitantes de Mendoza

El proceso de la evolución cultural de la humanidad requiere de la cooperación social entre distintos pueblos y culturas, de manera de conformar una cultura universal que beneficie a todo habitante del planeta. De ahí que se haya visto con buenos ojos la conquista europea en el continente americano, no exenta, seguramente, de algunos excesos.

Quienes se oponen a tal principio de cooperación social, basados en el relativismo moral, cognitivo y cultural, aducen que el proceso colonizador en realidad destruyó ciivilizaciones autóctonas, incluso aducen que tal proceso requirió de una masiva eliminación de vidas de quienes conformaban los pueblos originarios. Varios son los historiadores que, por el contrario, describen tal proceso como una fusión de culturas y un mestizaje o mezcla de etnias, con resultados favorables a todos los sectores.

A la llegada de los europeos a América, se encontraron con una gran diversidad de pueblos aborígenes, con distintas costumbres y comportamientos. En nuestro caso, se mencionará al pueblo huarpe, que junto a los españoles y otros europeos llegados posteriormente, conforman la actual población de la provincia de Mendoza; mestizaje que dista bastante de la visión popular construida en base a calumnias y difamaciones emitidas desde sectores multiculturalistas, que tergiversan la realidad y que aplauden con entusiasmo la actual destrucción social y cultural de gran parte de los países europeos.

Para el cristianismo existen sólo seres humanos que deben unirse en base a una empatía emocional generalizada; de ahí que la palabra "prójimo" indique "todo ser humano", en forma independiente de toda etnia o pertenencia a determinado grupo social. Esta actitud produce mejores resultados que un multiculturalismo que favorece la vigencia de grupos exentos de toda voluntad de integración, que tarde o temprano conduce a conflictos y enfrentamientos.

HUARPES

Por María Delia Solá

Región de paso obligado entre los valles del noroeste y la ruta a Chile, Cuyo se convirtió en una zona abierta a influencias andinas del noroeste, de los nómadas chaqueños, y de los pueblos de la Pampa y de la Patagonia.

Los huarpes, nombre con el que se designaba a los indios cuyanos, mantuvieron una identidad cultural común, aunque estaban divididos en tres grupos lingüísticos: en San Juan estaban los huarpes allentiac; en Mendioza los huarpes ndillcayac, y en San Luis, los huarpes puntanos.

Eran agricultores y construyeron canales y acequias para la irrigación artificial; para alimentarse cultivaban maíz y quinoa, y con la semilla de ésta preparaban bebidas espirituosas. A la actividad agrícola se sumaba la recolección de la algarroba con la que elaboraban una especie de pan llamado patay y la chicha, un sabroso licor.

Los huarpes de la laguna de Guanacache, en el límite nordeste de Mendoza con San Luis, consumían la raíz de la planta acuática llamada totora.

También fueron buenos pescadores y cazadores de aves, con cuyas plumas confeccionaban llamativas vestimentas y adornos. Cazaban venados, guanacos y tatúes (una variedad de armadillo), usando arcos y flechas con puntas de piedra finamente talladas.

Eran altos, con una media de 1,70 metros en los hombres y 1,60 metros en las mujeres, delgados, y de costumbres sedentarias.

Tanto varones como mujeres vestían una túnica-camiseta sin mangas, hasta la rodilla, y calzaban la ushuta (ojota) andina, elementos ambos que demuestran la influencia norteña. Las mujeres no cortaban nunca sus cabellos, y tatuaban sus narices y labios con color verde.

Utilizaban morteros cavados en el suelo rocoso para moler maíz y cocinaban sus alimentos en pequeños hornos de barro, algunos de los cuales se han rescatado en las provincias de San Luis y Mendoza.

Después de la conquista se fueron mestizando hasta desaparecer como etnia, aunque recientemente se han encontrado descendientes de la población originaria.

Costumbres

Los huarpes fueron uno de los pueblos conquistados por el Imperio Inca, motivo por el cual adptaron muchas de sus costumbres, como la vestimenta y los cultivos de maíz. Sin embargo, no abandonaron prácticas muy arraigadas como la caza y la pesca. Para pescar utilizaban una balsa hecha con juncos o totora fuertemente atados, impulsados por una larga vara que manejaban parados en una parte posterior de la embarcación. Pescaban con lanza. También cazaban patos poniéndose una calabaza en su cabeza e introduciéndose en el agua hasta que se acercaba alguno, lo atrapaban y sumergían velozmente sin hacer ruido.

Para cazar, perseguían al animal constantemente durante dos o tres días (casi sin poder beber o comer) al cabo de los cuales lo capturaban, por agotamiento.

El material de construcción de sus viviendas variaba según el lugar donde estuvieran establecidos: si habitaban en zonas montañosas, las construían de piedra, con techo plano, a una sola agua; en la llanura las hacían con ramas, barro y juncos.

Realizaban tallados en piedra, alfarería, pictografías (Antofagasta de la Sierra), pero se destacaron en la cestería. Hacían canastas de paja con diversos modelos, figuras y tamaños, el entrelazado de las fibras era tan compacto que podían llenarse con agua. Así producían sus tazas y vasos, que eran muy durables y no se rompían.

La alfarería huarpe era pintada con dibujos geométricos.

Organización social

Los huarpes practicaban dos costumbres muy especiales en su estructura social: el levirato y el sororato. El levirato consistía en que al morir el marido, la viuda y los hijos pasaban a depender del hermano menor del fallecido. En el sororato, cuando un varón se casaba, adquiría el derecho de casarse con las demás hermanas menores de la novia.

También practicaban la poligamia, pero sólo los jefes y otros miembros destacados podían sostener económicamente a una familia múltiple.

Religión

Creían en una divinidad central llamada Hunuc Huar, que vivía en los picos nevados de la Cordillera de los Andes, y temían a un demonio que llamaban Huana. También adoraban a las fuerzas de la Naturaleza, al Sol, la Luna, el Lucero, a los cerros y a los ríos.

Los muertos eran colocados de cúbito dorsal con la cabeza dirigida hacia la cordillera, lugar donde vivía Hunuc Huar.

(De "Aborígenes Argentinos" de María Delia Solá-Gradifco SRL-Buenos Aires 2009).

jueves, 16 de julio de 2026

Ateísmo, relativismo y multiculturalismo

Si consideramos que todo lo existente está regido por leyes naturales invariantes, atribuyendo su realización al criterio de un Creador, o bien que tales leyes existen desde un pasado remoto, el ateísmo implica desconocer tales leyes, o bien conocerlas y no intentar adaptarse a las mismas, o bien intentar hacer lo contrario a tal posible adaptación. De ahí que, por ejemplo, suponer que el orden natural no condujo a la formación de hombres y mujeres, sino que los atributos que los caracterizan responden a una elección arbitraria por parte de los seres humanos, implica una forma inmediata de ateísmo.

Como una consecuencia de tal actitud, surgen los denominados relativismos, que por lo general se dan juntos en una misma persona, y son el relativismo moral, el cognitivo y el cultural. Leemos al respecto: "El relativismo cultural es una ideología político-social que defiende la validez y riqueza de todo sistema cultural y niega cualquier valoración de tipo universal y absolutista moral o ético. Sostiene que la diversidad de ideas y valores entre las distintas sociedades son irreductibles; no se puede juzgar un elemento cultural desde otra sociedad, lo único importante es que tenga sentido dentro de esa cultura. Todo lo que un grupo cultural apruebe o condene es considerado correcto dentro de esa cultura" (De santiagofuentes.wordpress.com).

Se advierte que en ningún momento aparece, para el relativista cultural, la simple pregunta de si acaso las denominadas "culturas" resultan compatibles, o no, con las leyes naturales que rigen nuestras conductas individuales. Al existir las leyes naturales estudiadas por la psicología, la psicología social y el resto de las ramas de las ciencias humanas y sociales, es posible determinar si una cultura o una civilización determinada resulta compatible con las conclusiones derivadas de las ciencias sociales, y de ahí una posible comparación entre las mismas, en oposición a la actitud del relativista cultural.

Cuando los países europeos consideran que no es posible establecer comparaciones entre diversas culturas, y que "vale" tanto la que sugiere "amar al prójimo como a uno mismo" como la que trata de imponer el criterio de "eliminar a los infieles", comienzan a alejarse de posturas civilizadas para entrar en otros estados diferentes. André Lalande escribió: "La civilización (opuesta al estado salvaje o a la barbarie) es el conjunto de los caracteres comunes a las civilizaciones consideradas como las más elevadas" (Del "Vocabulario técnico y crítico de la Filosofía"-Librería "El Ateneo" Editorial-Buenos Aires 1967).

El multiculturalismo europeo es en realidad un proceso con el cual se trata de suprimir todo rastro de cristianismo por cuanto toda simbologìa cristiana "ofende" a los musulmanes, que por cierto no aceptan el supuesto multiculturalismo, es decir, rechazan toda forma cultural que no sea la propia. Pero el problema esencial no radica en las diferencias, sino que gran parte de la "cultura islàmica" es considerada por el europeo comùn como simples delitos, tales como violaciones, robos, ataques con cuchillos hacia todo lo que no sea musulmàn. En definitiva, la izquierda gobernante europea reconoce todas las culturas, menos la asociada al cristianismo, y de ahì el apoyo evidente y el encubrimiento hacia todo delito provocado por musulmanes y africanos. La violencia promovida va en aumento a medida que pasan los meses y los años.

Como el multicultturalismo no exige, en principio, intregraciòn entre distintos grupos sociales, sino convivencia pacìfica entre los mismos, el resultado inmediato es la existencias de grupos distintos proclives a conflictos permanentes. Si se descarta la existencia de una instancia superior, como lo es la ley natural, se pierde toda posibilidad de entendimiento y se rechaza el ùnico vìnculo posible para una unificaciòn futura de la humanidad. La bùsqueda de una cultura universal, fortalecida con el aporte de todos los pueblos, se opone de raìz al caos y a la violencia favorecida y permitida por el denominado "multiculturalismo", que no es otra cosa que el verdadero ateìsmo elevado hasta niveles insoportables para quienes son marginados por no poseer la "cultura correcta". La izquierda polìtica trata de repetir el mismo engaño de los lìderes totalitarios, quienes, "generosamente", deseaban unir a la humanidad, pero bajo su propio mando.

miércoles, 15 de julio de 2026

Teologías simples vs. Teologías complejas

La palabra "teología" designa el "estudio de Dios"; estudio establecido generalmente para extraer conclusiones morales y para lograr un aceptable nivel ético en individuos y sociedades. Para ser la teología accesible a la mayoría de las personas, debería ser simple y breve, como es el caso de los Evangelios. Sin embargo, cuando se agrega cierta cantidad de dogmas, como en el caso del catolicismo, se pierde efectividad por cuanto se relega lo importante a un reducido nivel.

En cierta ocasión, en una clase dada a nivel universitario, en una facultad perteneciente a una Universidad católica, una alumna no tenía clara la existencia de los dos mandamientos de Cristo, ya que para ella, la palabra "mandamientos" la remitía a los de Moisés, siendo que los mandamientos de Cristo resultan más exigentes y tienen una generalidad bastante mayor. En esa facultad los alumnos tenían varias materias asociadas a la religión, y de ahí lo llamativo del caso.

En cuanto a las opiniones de algunos filósofos respecto de la religión, leemos: "Se puede afirmar con toda certeza -escribe David Hume- que todas las teologías populares, pero sobre todo la teología escolástica, poseen una especie de apetito de cosas absurdas y contradictorias: si no fueran más allá de la razón y del sentido común, sus doctrinas parecerían demasiado simples y familiares; hay que asombrar a los hombres, fingir el misterio, cubrirse de tinieblas; hay que dar a los devotos la ocasión tan anhelada de dejar someter su entendimiento rebelde; hay que crearse el mérito de creer en sofismas que ellos mismos son incapaces de entender" (De "Comunidad de los grandes espíritus" de M. P. Nicolas-Editorial Claridad SA-Buenos Aires 1947).

Por otra parte, Montesquieu escribió: "Los libros de teología son doblemente ininteligibles: por la materia de que tratan y por el modo de tratarla", mientras que Montaigne dijo: "El verdadero campo y el verdadero tema de la impostura son las cosas desconocidas. Antes que nada, porque en primer lugar su misma rareza les presta crédito, y luego, porque no hallándose a la altura de las conversaciones ordinarias, nos quitan los medios para refutarlas. Es mucho más fácil, afirma Platón, satisfacer ese propósito hablando de la naturaleza de los dioses que discurriendo acerca de la naturaleza humana, porque la ignorancia de los oyentes deja un amplio y hermoso campo y una libertad total para manejar una materia oculta. Ocurre así que nada se cree con más firmeza que lo que se conoce menos, ni hay gente más segura que los que nos narran fábulas...A los que agregaría con placer, si me atreviera, un cúmulo de gente que interpreta y comprueba ordinariamente los designios de Dios".

Nicolas agrega: "Es justo hacer notar que algunos de esos intérpretes de los designios de Dios, algunas de esas personas que nos narran fábulas, son seguramente gente de buena fe y proceden con buena fe. Convencidos de poseer verdades extrahumanas, se sienten en el deber de enunciarlas, desconociendo la evidencia de que se puede estar convencido y equivocarse totalmente. Ni aun quien muere por sus convicciones demuestra nada, fuera de que está extraordinariamente convencido; queda por examinar esa convicción. En junio de 1743, un jansenista de Utrecht se ahorcó, afirmando que resucitaría a los tres días: estaba seguramente convencido de ello".

"Convencido o no, quienquiera que tome la verdad a su modo, tendrá que responder de su conducta ante el espíritu científico que caracteriza una nueva época del mundo. A los ojos de los maestros de esta nueva época, que son los grandes pensadores, ni la preocupación de convertir, ni la de persuadir, ni la de perfeccionar, justifica más a nadie para sostener que sabe lo que no sabe".

"En el siglo XIX se levantó una voz que pronunció en público esta sentencia: «Quién por una razón cualquiera, aunque sea religiosa o moral, se permita la más ligera alteración de los hechos, es indigno de la ciencia» (Gastón París)".

Cuando se oscurece y se reemplaza lo básico y elemental, como es el cumplimiento de los mandamientos éticos, se llega al absurdo de suponer que la religión moral carece de incumbencia en la "cuestión social", hasta llegar a promover al marxismo para restaurar esa supuesta ausencia. Posiblemente no exista algo más asociado a la "cuestión social" que la ética bíblica, debido a que sugiere una actitud a adoptar frente a la vida y frente al resto de los seres humanos.