sábado, 7 de noviembre de 2026

Relativismo religioso

En un mundo regido por leyes naturales invariantes no parece haber lugar para los diversos relativismos propuestos por algunos seres humanos. Por el contrario, la coherencia lógica de nuestras ideas "heredan" la coherencia interna del mundo real, por lo que Baruch de Spinoza escribió: "El orden y conexión de las ideas es el mismo orden y conexión de las cosas" (De "Ética"). De ahí que, al adoptar referencias que excluyan al orden natural, las ideas se alejan de la coherencia mencionada.

Respecto de los relativismos, leemos: "Relativismo: Doctrina o concepción según la cual no existe para el hombre una verdad absoluta y objetiva, ni tampoco una moral objetiva obligatoria, sino que todo conocimiento depende (es decir, es «relativo a») de condicionamientos mudables, sean individuales o colectivos, que determinan las representaciones y el actuar ético".

"Relativismo cultural: es un método en virtud del cual se estudian los usos, costumbres y prácticas de una cultura determinada a partir del punto de vista de sus propios miembros, vale decir, no a partir de los valores de otra cultura". (Del "Diccionario de Sociología" de Enrique del Acebo Ibañez y Roberto J. Brie-Editorial Claridad SA-Buenos Aires 2006).

Los principales relativismos sugieren que no existen verdades absolutas ni tampoco éticas de validez universal, o planetaria. Sin embargo, en algunas ramas de la ciencia experimental se llega a resultados de validez inobjetable; validez reconocida en todos los países, como es el caso de la física. Así, algunas mediciones en electrodinámica cuántica difieren de los cálculos teóricos en el décimo lugar después de la coma decimal, lo que implica haber reducido la diferencia entre la descripción y lo descripto a un pequeño valor.

Como los seres humanos estamos conformados por átomos que alguna vez formaron parte de una estrella en extinción, también estamos regidos por leyes naturales descriptas por la física, la química y la biología, principalmente. Es por ello que, en principio, existe la posibilidad de conformar descripciones de los seres humanos cercanos a la objetividad plena y al rechazo del relativismo de la verdad.

En cuando al relativismo moral, podemos afirmar que el propio orden natural lo rechaza. Así, existe un principio de supervivencia individual y colectiva asociado a la empatía emocional por medio del cual compartimos las penas y las alegrías ajenas como propias. Esta actitud promueve el bien absoluto u objetivo. Por el contrario, el odio, que es lo opuesto, implica alegrarnos del mal ajeno y entristecernos por su alegría, lo que promueve el mal absoluto u objetivo.

Toda cultura se establece principalmente en base a cuestiones cognitivas y éticas, por lo que el relativismo cultural parece ser la conclusión inmediata de los relativismos de la verdad y del bien. La invalidez del relativismo cultural resulta evidente al contemplar los diversos efectos que producen las diferentes culturas. Y de ahí que algunas estén más cerca de ser compatibles con el orden natural, produciendo mejores resultados.

Como la religión resulta ser un componente importante en toda cultura, es posible hablar de la existencia de cierto "relativismo religioso", que puede sintetizarse en expresiones como que "todas las religiones son iguales" o "todas las religiones son falsas", que provienen de quienes no se han tomado el trabajo de conocerlas un poco para advertir las importantes diferencias existentes.

Lo que llama la atención es que, desde jerarquías católicas aparecen posturas que podrían considerarse como "relativistas", en el sentido indicado, considerando que "toda religión conduce a Dios", lo que encubre las grandes diferencias entre los efectos producidos por seguir al "Amarás al prójimo como a ti mismo" y el de llegar a "matar al infiel". Una vez que se instala la "igualdad de las religiones", desde el catolicismo se renuncia a cualquier forma de lucha intelectual contra la invasión islámica de Europa, y del mundo en general. La inacción puede considerarse como cierta complicidad.

Leemos al respecto:

La frase «El pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lengua son expresión de una sabia voluntad divina» forma parte del Documento sobre la Fraternidad Humana por la Paz Mundial y la Convivencia Común, firmado por el Papa Francisco (Jorge Mario Bergoglio) y el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyeb, el 4 de febrero de 2019 en Abu Dabi.

"Todas las religiones son un camino para llegar a Dios. Y, hago una comparación, son como diferentes lenguas, como distintos idiomas, para llegar allí. Porque Dios es Dios para todos. Y por eso, porque es Dios para todos, todos somos hijos de Dios".

El Papa Francisco (Jorge Mario Bergoglio) pronunció esa frase el 13 de septiembre de 2024 durante un encuentro interreligioso con jóvenes en Singapur.
(Modo IA)

jueves, 5 de noviembre de 2026

El mito del buen salvaje

Uno de los mitos que circulan en el ámbito de la opinión pública y de los intelectuales de izquierda, sostiene que las primeras etapas de la humanidad constituyeron una “Edad de oro”, seguidas de etapas de decadencia o caída, por lo que se requiere de una restauración inminente de aquella época ideal. Incluso el papel histórico que cumpliría Cristo es el de un “revolucionario” que pretende volver al “socialismo inicial” (la supuesta Edad de oro), que el revolucionario marxista-leninista trata de reinstalar en nuestra época.

Es interesante observar que el mito anterior ya tenía vigencia en la época del descubrimiento de América. Carlos Rangel escribe al respecto: “Buscando lo que preexistía en su deseo, los descubridores crearon el mito más potente de los tiempos modernos: el buen salvaje, versión «americanizada» o «americanista» del mito de la inocencia humana antes de la caída, fábula destinada a tener inmensa fortuna en la historia de las ideas, y desde luego igualmente inmensas consecuencias”.

“En forma mucho más vívida e inmediata que sus antecedentes, el mito del buen salvaje responde a las angustias características de la civilización europea, occidental, cristiana, historicista. Si el hombre fue bueno y es la civilización la que lo ha corrompido, si hubo una Edad de Oro y estamos en una Edad de Hierro o de Bronce, no puede haber mayor maravilla que encontrar ese tiempo primitivo coexistiendo con nuestro tiempo, y constatar que en efecto hombres incontaminados por la civilización han permanecido inocentes”.

“Así vio Colón a los nativos de las islas del mar Caribe, y así los describió en sus cartas a los Reyes Católicos: «Certifico a sus Altezas que no existe mejor tierra ni mejor gente; aman al prójimo como a ellos mismos y hablan la lengua más suave del mundo»”.

“A uno de ellos, al ofrecerle Colón su espada, no supo qué cosa era, y tomándola por la hoja, se cortó con ella, de lo que dedujo el descubridor que estos hombres no conocían las armas ni la guerra. La facilidad con que se desprendían de chucherías de oro, le hizo pensar que ignoraban igualmente la codicia”.

“Por causa del mito del buen salvaje, Occidente sufre hoy de un absurdo complejo de culpa, íntimamente convencido de haber corrompido con su civilización a los demás pueblos de la tierra. Agrupados genéricamente bajo el calificativo de «Tercer Mundo», los cuales, sin la influencia occidental habrían supuestamente permanecido tan felices como Adán y tan puros como el diamante” (De “Del buen salvaje al buen revolucionario”-Editorial CEC SA-Caracas 2015).

En la actualidad, las tendencias de izquierda ideologizan a la historia en lugar de adaptar su ideología a la realidad. En tal ideologización reducen todo acontecimiento, o toda época histórica, a una lucha entre opresores y oprimidos. Tanto en América como en Asia y en África, hubo en el pasado un colonialismo europeo, al cual se le asocia el atributo de "opresor", siendo los oprimidos los pueblos de esos continentes. Adicionalmente, se desconoce toda virtud a los opresores y todo defecto a los oprimidos. De ahí que en pleno siglo XXI, especialmente en Europa, se trata de "castigar" y destruir todo resabio asociado a los "opresores" tanto como a su religión y a su cultura. Axel Kaiser escribió: "La obsesión con la diversidad e inclusión y el multiculturalismo autodestructivo que proponen las élites occidentales tiene un fundamento en la idea de que el hombre blanco occidental es el ser más despreciable y opresor que jamás haya existido".

"Este parásito mental reconoce ciertamente un origen en doctrinas neomarxistas que se propusieron destruir la civilización cristiana, pero encuentra un correlato en la idea de que el Nuevo Mundo fue corrompido por el hombre blanco, especialmente, por las colonias que establecieron las potencias europeas. Una y otra vez esta mitología ha servido para revoluciones e intentos de imponer una descolonización del orden social «injusto», usándose como fundamento para centenares de normas nacionales e internacionales que dan privilegios especiales a grupos supuestamente indígenas a expensas del resto de la población y del progreso general" (De "Parásitos mentales"-Ariel-Santiago de Chile 2024).

Resulta evidente que los aborígenes, en contacto con pueblos civilizados, habrían de mejorar en forma notable su situación. Sin embargo, para algunos autores, los individuos “no contaminados” por la sociedad, es decir, los buenos salvajes, son mejores que los que “sufren” el proceso civilizatorio. De ahí que resulte imperdonable que los españoles hayan llevado su cultura y su religión a los pueblos nativos americanos. Henry de Lesquen escribió: “De Montaigne a Lévi-Strauss, pasando por Rousseau, el mito del buen salvaje ha sido siempre un arma terriblemente eficaz en manos de los intelectuales que están «contra Europa»”.

“El buen salvaje no es un caribe ni un indio. Representa el negativo del europeo y se define por lo que no posee: no tiene gobierno, ni leyes, ni policía en el sentido que a esos términos puede conferir un europeo civilizado. «Ser humano enteramente abstracto y teórico, es más bien el esqueleto fantasmal del francés y del inglés del siglo XVIII, despojado de manera sistemática de su educación, sus deseos y sus valores», afirma André Reszler”. (De “La política de lo viviente”-EUDEBA-Buenos Aires 1981).

Mientras que, para muchos, la humanidad tiende a lograr mayores niveles de adaptación al orden natural, faltando bastante para que tal proceso pueda calificarse como satisfactorio, para otros estaríamos inmersos en un proceso de lenta desadaptación, considerando que la “edad de oro” de la humanidad estaba en el pasado; y de ahí la promoción de un retorno a ese pasado.

Resulta evidente, sin embargo, que toda generación necesita imperiosamente de las generaciones pasadas y también de otros pueblos, así como cada ser humano necesita del resto de la sociedad para asegurar una supervivencia efectiva. De ahí el fundamento de que el ser humano es un “ser social”.

martes, 3 de noviembre de 2026

Adam Smith y el progreso

La obra de Adam Smith está asociada principalmente a haber expuesto en forma ordenada las ventajas de lo que se conoce como "economía de mercado", que, seguramente, ya había sido considerada por otros autores por tratarse de un proceso visible y cotidiano, si bien no resultaba sencillo describirlo adecuadamente. Smith advierte que tal proceso era esencial para el progreso de los pueblos, aunque advirtió acerca de las limitaciones posibles ante fallas principalmente morales en algunos de los participantes. Leemos al respecto: "Primero, señaló, la sociedad de mercado nos libera del hambre; segundo, la sociedad de mercado nos libera del servilismo; tercero, sin embargo, el impacto liberador no está garantizado porque los mercados pueden ser corrompidos por el capitalismo de amigos (es decir, por los monarcas, los políticamente bien conectados y los comerciantes que compran y venden privilegios políticos)" (De "La sociedad del intercambio" de C. Johnson, R. Lusch y D. Schmidtz-Grupo Unión-Buenos Aires 2020).

El primer aspecto considerado fue la división o especialización del trabajo, como principal factor previo al intercambio libre. En la época de Smith este factor no era algo evidente como lo es en la actualidad. Los citados autores escriben: "Smith vio cómo la sociedad del intercambio liberó a los pobres de la necesidad, más directamente como resultado de la división del trabajo y la especialización. Era tan importante para él que fue lo primero que abordó en La riqueza de las naciones".

"Cuando el comercio se globaliza, permitiendo el comercio con clientes por millones, una persona puede ganarse la vida o incluso una fortuna, inventado algo tan simple como un sobre que tiene una pequeña ventana transparente para que se pueda ver la dirección escrita en la hoja dentro del sobre. Del mismo modo, Walmart puede volverse increíblemente rentable no haciendo millones de cada cliente, sino ganando unos centavos de cada una de millones de transacciones por día".

En cuanto al mercado aplicado también al trabajo, leemos: "Este macanimo simple y elegante, comprendido intuitivamente por todos los que compran y venden, coordina los esfuerzos productivos de las personas que pueden no compartir ni una religión ni un idioma, y que de hecho son poco conscientes de la existencia del otro. De tal coordinación económica, hecha posible por señales de precios libres, se forma la riqueza de las naciones".

"Cuando Platón supuso que la riqueza de las naciones debe depender en última instancia de una clase de tutor que asigne a cada trabajador tareas apropiadas a la naturaleza de ese trabajador, Smith se dio cuenta de que ninguna clase de tutor podía saber lo suficiente (o ser lo suficientemente confiable) para realizar tal tarea. Sólo un mecanismo de precios puede rastrear la enorme e incomprensible avalancha de comentarios diarios de compradores y vendedore sobre si vale la pena producir X y, de ser así, a dónde debe enviarse X para llegar a los consumidores que valoran X lo que cuesta llevarlo".

En cuanto a la abolición de la servidumbre de tipo medieval, leemos: "Una libertad que había transformado la economía de Europa en la época de Smith fue la libertad de la gente común de contratar a personas que no sean sus lores. En los sistemas feudales, si usted nació como siervo, tenía derecho a la protección de su lord, pero carecía de muchos derechos que ahora damos por sentados. En un sistema feudal, vivía donde su lord le decía que viviera. Progresaba lo que su lord le decía que progresara. Vendía su cosecha a su lord, a un precio de su elección. No podía negociar nada de eso. Si quería irse, necesitaba el permiso de su lord. Cuando conocía a su lord, lo saludaba inclinándose. Su lord ciertamente no lo vio como su igual, y usted tampoco".

Si en el párrafo anterior se reemplaza la palabra "lord" por "Estado", o bien como "la nueva clase" que se apropia del Estado, pueden advertirse muchas semejanzas entre la economía feudal y la economía socialista, aunque en la ex URSS sus líderes se jactaban de que "llevaban una era de adelanto respecto de los países capitalistas".

lunes, 2 de noviembre de 2026

Vivir como un ser libre

Aun cuando disponía de medios económicos más que suficientes, además de ser una figura importante para la elite gobernante en la Unión Soviética, la hija de Stalin opta por abandonar su país y su familia para poder respirar por algunos años ciertos aires de libertad. Quienes vivimos en sociedades democráticas, habituados a una normal libertad, pocas veces advertimos la importancia de poseer este derecho natural, tan valorado por quienes carecen del mismo debido a la supresión por parte de quienes gobiernan sociedades totalitarias.

También tenía la necesidad de poder transmitir al resto de los países la verdad acerca de la Unión Soviética, siendo una testigo preferencial que pudo advertir la supresión sistemática de la verdad, que fue reemplazada por falsedades y mentiras a todo nivel. Al respecto escribió: "Viviendo en la India, y después aquí, me he sentido otro ser. Mis amigos de Moscú se caerían de espaldas si me viesen abordar a la gente, entrar en casa de alguien como hago aquí, con toda naturalidad, sin la menor preocupación. Todo eso es lo que aquí llaman libertad. Es un sentimiento de facilidad, de desenvoltura, que poseo ahora, que noto perfectamente, que soy incapaz de describir debido a que constituye algo nuevo para mí. Nadie conoce tal sentimiento en la Unión Soviética; tampoco yo lo conocía. Y ahora alienta en mí; no podría pasar sin él un solo día..."

"Todas las preocupaciones cotidianas, todas las menudas molestias se desplazan hacia un segundo plano. La fatiga, el malhumor, la indisposición, pueden oscurecer un día luminoso, ciertamente; pero la luz de la libertad, esta luz interior, centellea desde el corazón. Para vivir una experiencia semejante se ha de pasar por lo que yo he pasado..." (De “Vivir como un ser libre” de Svetlana Alliluyeva-Aymá SA Editora-Barcelona 1970).

Svetlana Alliluyeva, quien adopta el apellido materno, agrega: “Tenía cuarenta años. Había pasado veintisiete de ellos bajo un yugo extremadamente pesado. Había pasado los trece siguientes concentrada en la tarea de liberarme, poco a poco. En la URSS esos veintisiete años -1926-1953- han sido denominados por los historiadores «el periodo del estalinismo»: la época del despotismo absoluto, del terror sangriento, de los desastres económicos, de la más cruel de las guerras, de la reacción ideológica”.

“Después de 1953, todo el país volvía sobre sí mismo, comenzaba lentamente a vivir. Juzgábase que el terror se había desvanecido. Pero ese gran aparato económico, social, político que se había construido piedra sobre piedra, pacientemente al correr de los años, estaba implantado con toda potencia, no solamente en el Partido, sino en la conciencia de millones de hombres a los que aquella máquina había convertido en esclavos cuando no los cegara”.

“Dentro de la familia en que nací, en cuyo seno me crié, nada era normal, todo resultaba opresivo, y el suicidio de mi madre prueba lo desesperada de nuestra situación. Me rodeaban los muros del Kremlin. La policía secreta se encontraba en el vestíbulo, en la cocina, en la escuela. Por encima de todo esto había un hombre vacío, endurecido, solitario, que se había apartado, voluntariamente, de sus amigos de otro tiempo, de todos aquellos que habían vivido cerca de él, del mundo entero, logrando, con la colaboración de algunos cómplices, convertir el país en una gigantesca cárcel, en la cual todo ser viviente, sólo con que fuese capaz de pensar un poco, era asesinado. Hablo de un hombre que suscitaba personalmente el terror, que despertaba el odio de millones y millones de hombres: mi padre”.

“A lo largo de veintisiete años fui testigo de la progresiva deterioración del espíritu de mi padre, observando día tras día cómo perdía hasta el último de sus rasgos humanos, viendo cómo se transformaba, poco a poco, en un siniestro monumento que él erigía a su propia persona. Pero mi generación fue enseñada a pensar que ese monumento encarnaba lo más bello de los ideales comunistas, que era su personificación viviente”.

“Nos metían el comunismo en la cabeza desde el colegio primario. No éramos recién nacidos, sino «pequeños octubres»; no éramos niños de las escuelas, sino «pioneros»; no éramos estudiantes, sino «komsomols». Cuando habíamos asimilado bien aquellas enseñanzas, éramos admitidos en el Partido. Lo mismo daba que no hiciese nada por el Partido –el caso de muchos-, siempre y cuando no dejara de pagar, como todo el mundo, la mensualidad o aportación periódica fijada. Tenía que votar a favor de todas las decisiones de los hombres del Partido, aun cuando se me antojasen injustas. Lenin era nuestro dios; Marx y Engels nuestros apóstoles. Cada una de sus frases eran palabras de aquél. Y la menor idea de mi padre, hablada o escrita, era aceptada como una revelación procedente de las misteriosas alturas”.

Cada fracaso del comunismo generaba opiniones tales como que “estaba mal aplicado”, por cuanto los resultados diferían de todo lo que habían pronosticado Marx y Engels. Pero no se trataba sólo de una mala aplicación, sino de un plan que no podía llevar a otra cosa que al fracaso. Los teóricos marxistas estaban muy seguros de que, con sólo abolir la propiedad privada de los medios de producción, conseguirían crear al “hombre nuevo” en el “paraíso socialista”. Era una idea tan absurda como la de quienes creen que la impresión y la masiva distribución de dinero podrán generar la felicidad de todos. Svetlana agrega: “Estudié historia y sociología. Estudiamos seriamente la doctrina marxista; analizamos a Marx, a Engels, a Lenin, y, naturalmente, a Stalin. Llegué a una conclusión: el marxismo y el comunismo teóricos que teníamos que aprender no se hallaban relacionados en ningún aspecto con la situación práctica de la Unión Soviética. Económicamente, nuestro socialismo era más bien un capitalismo estatal. Desde el punto de vista social disponíamos de un extraño híbrido de cuartel y burocracia, recordando la policía secreta a la Gestapo alemana. Por lo que respecta a nuestra agricultura, cabía decir que los campos del siglo XIX nada tenían que envidiar a los de nuestro tiempo. Marx no había pensado en nada semejante. El progreso había quedado olvidado. La Rusia soviética había enterrado todo lo «revolucionario» de su historia; seguía derroteros anticuados; había vuelto al imperialismo totalitario, suprimiendo el liberalismo del siglo XX en sus comienzos, para reinstalar en su lugar los horrores de Iván el Terrible”.

Luego de la muerte de Stalin, surgió la esperanza de lograr la libertad anhelada por todos. Sin embargo, el Partido Comunista mantuvo el poder a toda costa. “Lo principal, lo primordial era que el pueblo no tuviera conciencia del hecho de que había llegado el momento de que él gobernara el país. Y si surgían poetas y algunos intelectuales que le susurrasen eso al oído, era preciso hacer lo posible para que los mismos se tragasen sus palabras. Había que recordarles de una vez para siempre que dentro de la URSS sólo el Kremlin tenía derecho a pensar, a expresarse, a decidir la suerte de millones de seres. El Kremlin y el Partido, que a pesar de su sangriento pasado seguía siendo sabio, inmaculado, puro como una paloma…”.

“Kruschev no podía anunciar que había sido el mismo Partido quien había celebrado el culto de Stalin, quien había puesto en sus manos todo el poder, transformándose en ejecutante benévolo de su voluntad absoluta. Espantado ante la idea de admitir la culpabilidad colectiva del Partido, Kruschev cargó con aquel muerto formidable, con lo que no sólo se desacreditó él mismo, sino que también hizo que el Partido perdiera prestigio formalmente. Éste no podía perdonarle tal cosa. Se puso bien en claro ante todo el mundo que un régimen totalitario no podía acusarse ni transformarse a sí mismo: el suicidio no entraba en su contexto. Lo único que podía hacer era matar a otros”.

“Entonces, una vez más, el sistema bien aceitado de la Revolución de Palacio funcionó con éxito. El nuevo «Premier», Kosyguin, flanqueado por un nuevo «líder», Brezhnev, prestó juramento de fidelidad a la vieja tradición despótica: el pueblo calla; sólo el Kremlin habla y decide”.

La mentira, como han señalado varios autores, entre ellos Alexander Solyenitsin, imperaba en la sociedad soviética en todos los niveles. “El hecho más espantoso de la vida soviética es que la hipocresía y el disimulo han sido inoculados en los seres desde el primer día de colegio, hasta el punto de que constituyen una segunda naturaleza. Los que no pertenecen al Partido no son escuchados jamás. Nadie les pide su opinión. Quienes son del Partido, o de los Komsomols, tienen la obligación de levantarse y hablar, para decir exactamente lo contrario de lo que piensan. Y treinta minutos después, entre amigos, por los pasillos, se murmura la verdad”.

Los ideólogos socialistas, aprovechando el reconocimiento oficial, dentro de la URSS, de los crímenes de Stalin, lo culparon por todos los males del comunismo con la intención de dejar limpia la imagen de Lenin y así seguir intentando la expansión del socialismo por el resto del mundo. Svetlana escribió al respecto: “Son los regimenes totalitarios los que engendran las ideologías totalitarias, y en este sentido el comunismo no se diferencia en nada del fascismo”.

“Fueron fuerzas de esa naturaleza las que conquistaron el poder en 1917. Mi padre fue el instrumento de una ideología. Pero los fundamentos del sistema de partido único, del terror, de la prohibición de albergar otras opiniones, son obras de Lenin. Él es el verdadero padre de todo lo que Stalin, más tarde, desarrolló hasta los máximos límites. Todas las tentativas de blanquear a Lenin, de hacer de él un santo, son inútiles: han quedado cincuenta años de historia atrás para probarnos lo contrario. Stalin no descubrió nada, ni siquiera «combinó». Recibió de Lenin, como herencia, un régimen comunista totalitario, del cual él fue la encarnación ideal: personificación completa de un poder sin control del pueblo, basado en la supresión de millones de seres humanos. Y aquellos que habían tenido fuerzas suficientes para sobrevivir físicamente fueron reducidos a la esclavitud, fueron privados del derecho de crear, de pensar. Y en este país encadenado, casi asfixiado, él inventó su versión del pseudo-socialismo”.

“El chiste de los años veinte se tornó verdad encarnada: «Se puede levantar una sociedad socialista; es imposible, sin embargo, vivir en ella». Los «inmensos méritos históricos» de mi padre se cifran en el objetivo de sus objetivos: la invención de un mundo mitad prisión y mitad cuartel”.

La “trinidad del mal”, formada por Marx-Lenin-Stalin, encuentra en el primero a su ideólogo, en el segundo a quien lo lleva a la práctica y en el tercero a quien lo consolidó por bastantes años. Aún en la actualidad tal trinidad tiene muchos adeptos, ya que gran parte de la izquierda política piensa exactamente igual que ellos, si bien algunos descartan la violencia y el terror como métodos para alcanzar y mantener el poder.

domingo, 1 de noviembre de 2026

Placer vs. Felicidad

Cuando, desde la neurociencia, se reconoce la existencia de dos sectores diferenciados del cerebro encargados de la búsqueda de placer y de la búsqueda de felicidad, respectivamente, ello nos da un indicio de un sentido de la vida preferencial impuesto por el orden natural. Así, la felicidad, asociada a las emociones, favorece la supervivencia individual y colectiva, mientras que la búsqueda de placer, como algo prioritario, aleja a todo individuo de la "felicidad natural".

Leemos al respecto: "En neurociencia se distingue claramente el placer de la felicidad, ya que ambos estados activan diferentes vías biológicas, utilizan distintos neurotransmisores principales y tienen propósitos evolutivos totalmente opuestos. La confusión entre ambos términos es común debido a la cultura del consumo, pero el cerebro los procesa a través de mecanismos moleculares independientes".

"La paradoja neurobiológica: por qué mucho placer destruye la felicidad. El cerebro cuenta con un mecanismo de protección celular. Cuando experimentamos picos excesivos de placer (mucha dopamina), las neuronas receptoras se defienden de la toxicidad de la sobreexcitación reduciendo el número de sus receptores. A esto se le conoce como regulación a la baja (downregulation).

Como consecuencia directa":

1. Se genera tolerancia: La próxima vez necesitarás un estímulo mucho mayor (más compras, más comida, más pantallas) para sentir el mismo nivel de placer.
2. Se inhibe la felicidad: Biológicamente, la exposición crónica y excesiva a la dopamina actúa como un freno para la serotonina. Por lo tanto, la búsqueda frenética y obsesiva de placer inmediato termina reduciendo la capacidad del cerebro para experimentar paz y felicidad a largo plazo. (Modo IA).

En cuanto al placer y la alegría (asociada a la felicidad), Martín Seligman escribió: “El placer es la sensación agradable que resulta de la satisfacción de necesidades homeostáticas como el hambre, el deseo sexual y la comodidad física. La alegría designa los sentimientos agradables experimentados cuando se superan los límites de la homeostasis –cuando hacemos algo que supera lo que éramos antes- en una presentación atlética, una manifestación artística, una acción altruista, una conversación estimulante. La alegría, más que el placer, conduce al crecimiento personal y a la felicidad duradera. ¿Por qué, entonces, la mayoría de la gente busca el placer más que la alegría, aun cuando tiene la posibilidad?” (Citado en “Los nuevos Psi” de Catherine Meyer-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2010).

Cuando se habla de una conversión religiosa, debe señalarse que no es otra cosa que la renuncia a la búsqueda de placer para reemplazarla por la búsqueda de alegría, o la renuncia a una vida estética por la adopción de una vida ética. Sören Kierkegaard las considera incompatibles, de ahí el título de su obra “Enten-Eller” (O lo uno, o lo otro), refiriéndose a la incompatibilidad entre una vida y otra. Pablo Da Silveira escribió: “Kierkegaard quería enfrentar a sus lectores a una opción entre dos caminos divergentes, de los cuales solamente uno conducía a la moralidad. Y lo escandaloso era que, en lugar de pronunciarse desde el principio a favor de esta opción, Sören decidió explorar ambas vías hasta sus últimas consecuencias. Así construyó la imagen literariamente genial de una existencia que era al mismo tiempo inmoral y fascinante”.

“El personaje que creó Kierkegaard para describir la vida que se aparta de la moral se llama Juan el Seductor. Juan es un mujeriego refinado e inescrupuloso que sale a la caza de jovencitas y las incita a vivir aventuras perfectas. Su objetivo es «vivir estéticamente», es decir, vivir en una continua búsqueda de experiencias y de sensaciones, manteniéndose en un eterno presente que no se preocupa del tiempo. Se trata de ir de lo interesante a lo interesante, de sumergirse en el ahora, de disolver la vida en una serie de instantes agradables e inconexos. El seductor desconoce el compromiso y la responsabilidad. Busca permanentemente lo nuevo y, cuando lo que tiene entre manos pierde novedad, pasa rápidamente a otra cosa”.

“La otra respuesta consiste en lo que Sören llamaba la «vida ética», cuyo representante, el juez Wilhelm, nunca alcanzó la fama de su rival. «Vivir éticamente» significa vivir con el propósito de construir una vida moralmente buena. Por eso, el hombre que vive éticamente mira su vida como una unidad y se preocupa de su coherencia. Tiene que darse buenas explicaciones acerca de lo que ha hecho y tiene que hacer de su vida una historia con sentido” (De “Historias de filósofos”-Alfaguara-Buenos Aires 1997).

Las actuales sociedades en crisis están constituidas por individuos que están bastante más cerca de una vida estética que de una vida ética. La búsqueda del placer y del ocio, bajo las ideas del posmodernismo y del relativismo moral, y el rechazo de una ética y una finalidad objetivas, impuestas por el orden natural, ponen en evidencia la decadencia de los valores morales requeridos para el logro de un aceptable nivel de felicidad. De ahí que el primer eslabón en la secuencia de causas y efectos, que podrá llevarnos a superar la crisis, o la decadencia, depende esencialmente de la búsqueda individual de la alegría, que ha de ser luego compartida por los demás, y el rechazo paulatino de la búsqueda de placeres y comodidades, al menos como objetivos prioritarios de nuestra vida.

Es posible distinguir, como se dijo, dos tendencias principales que apuntan hacia la búsqueda de la felicidad; que es el objetivo común de todos, o casi todos, los seres humanos. Algunos responden al llamado del "principio de placer" suponiendo que los goces y las comodidades del cuerpo implicarán el mejor camino hacia tal objetivo; otros responden al llamado del "principio de felicidad", suponiendo acertadamente que los vínculos afectivos son el camino que el orden natural nos exige transitar para arribar a mayores grados de felicidad.

Los primeros, motivados por el egoísmo, relegan la moral a un segundo plano, ya que la ética natural se basa esencialmente en la empatía emocional, que poco tienen en cuenta. Los segundos, por el contrario, interpretan que la supervivencia de la humanidad se logrará cumpliendo con la exigencia de que la felicidad individual se ha de lograr simultáneamente con la felicidad de los demás, admitiendo la predisposición a compartir las penas y las alegrías ajenas como propias.

Estas dos formas extremas de afrontar la vida fueron consideradas por Sören Kierkegaard en su libro "Estética y Ética. En la formación de la personalidad". Al respecto, complementando lo antes mencionado sobre Kierkegaard, Carlos Goñi escribió: "El hombre estético vive de la inmediatez, busca el instante placentero, es hedonista, está pegado a las cosas, no se compromete con nada ni con nadie. Pero desespera necesariamente ante la imposibilidad de encontrar la eternidad en el instante. La única forma de huir del tedio, la inquietud y la inestabilidad propios de esta esfera es optar por una vida ética auténtica".

"El hombre ético, en cambio, está instalado en lo general: actúa como todo el mundo, es el hombre del compromiso matrimonial. El matrimonio refleja claramente esta esfera en que se recupera la sensibilidad estética en un orden más elevado y racional, representa la realización concreta del ideal ético, donde las demandas estéticas legítimas pueden ser llevadas a su plenitud. La existencia ética aporta a la esfera estética un bien del que ésta carecía: la libertad. El hombre auténticamente libre no es el esteta, que vive esclavizado por los placeres, sino el ético, que es capaz de escoger responsablemente" (De "Las narices de los filósofos"-Editorial Ariel SA-Barcelona 2008).

Llevando las cosas al extremo, puede decirse que el hombre estético pareciera poseer solamente sexo, antes que alma, ya que orienta su vida en función exclusiva del placer sexual, considerando como "bueno" todo lo que favorece el logro de su objetivo y "malo" lo que lo impide. El hombre estético traduce toda incomodidad en sufrimiento, por lo que es intolerante ante los pequeños inconvenientes de la vida cotidiana. Además, su capacidad para tolerar o soportar el sufrimiento, es mínima. Pero el mayor inconveniente que presenta es el de carecer de ética, por cuanto centra toda su atención en su propia persona y en su propio cuerpo, ignorando completamente a quienes le rodean y desinteresándose por todo lo que al prójimo le pueda suceder.

Cuando se habla de "conversión religiosa", generalmente se la asocia a la creencia en Dios o a cuestiones de tipo cognitivo o filosófico, mientras que lo esencial es el paso de la vida estética a la vida ética. Éste ha sido el caso de quienes conocieron la frivolidad de la vida estética, con sus ventajas y desventajas, hasta adoptar una vida ética, como fue el caso de San Francisco de Asís, de Blaise Pascal, de Sören Kierkegaard, entre otros.

En el caso de San Francisco, sin embargo, se advierte una tendencia hacia el rechazo exagerado de lo estético, en el sentido considerado. La voluntaria pobreza extrema, proviene de la aversión de las riquezas y las comodidades del cuerpo, que vuelven a tener una importancia vital, aunque esta vez para desdeñarlas. Por el contrario, la vida ética no necesariamente se establece renunciando a toda forma de placer, sino ubicándolo como complemento de lo afectivo o lo emocional.

viernes, 30 de octubre de 2026

Acerca del dirigismo en economía

Por lo general, poco se tiene en cuenta que las economías de los países exitosos son favorecidas por los gobiernos de turno, cuando éstos respetan el libre mercado, pero son generadas por la actividad privada, principalmente. De ahí que casi siempre se culpa a los gobiernos por las economías mediocres, proponiendo cambios de tipo intervencionista, buscando mejoras. Sin embargo, toda distorsión del proceso del mercado tiende a empeorar las cosas en lugar de mejorarlas.

El surgimiento de las economías dirigidas desde el Estado se establece en Europa en épocas de la Primera Guerra Mundial y posteriores. Tales economías fueron acompañadas de políticas de tipo totalitario, como fueron los casos del fascismo, del nazismo y del comunismo. Fausino Ballvé escribió al respecto: "Durante la guerra del 1914-18 los gobiernos de los países beligerantes y de algunos países neutrales reclamaron de sus parlamentos facultades para intervenir en la vida económica. Las justificaban por los secretos militares, por las prioridades que la guerra exigía y, en los países neutrales, por la necesidad de parar en seco los golpes que el huracán bélico daba a la vida económica normal produciendo escasez y carestía. Terminada la guerra vino la normalización con sus problemas y luego vinieron las crisis".

"Las aguas no querían volver a sus cauces pacíficos y entonces apareció en Alemania la palabra «Planwirtschaf». Olvidando el origen de todo aquel desorden se dijo que la economía moderna era demasiado complicada para andar sola. Era preciso que los «sabios» trazaran planes y que los gobiernos los aplicaran. Sabios no faltaron; tampoco gobiernos deseosos de ampliar su esfera de poder, ni burócratas que especularan sobre las posibilidades de un trabajo tranquilo y bien remunerado en las nuevas oficinas que exigía la intervención económica gubernamental".

"Surgió una catarata de libros sobre la economía dirigida o la planeación económica. Roosevelt ensayó en los Estados Unidos, con resultados absolutamente espectaculares y engañosos, el New Deal. Lord Keynes lanzó su Teoría General de la Ocupación, el interés y el dinero, las escuelas de Economía fabricaron a todo vapor generaciones de economistas pedantes que vieron el cielo abierto en la sin cesar creciente administración pública y el mundo se inundó por el «dirigismo», epidemia que recuerda la pavorosa grippe española que también siguió a la Primera Guerra Mundial".

"Los «dirigistas» o «planeadores», según dicen ellos, quieren salvar la economía libre, aun cuando de hecho son, como lo ha demostrado Friedrich Hayek en su famoso Camino de Servidumbre, las Celestinas del comunismo, aun sin darse cuenta muchos de ellos. Su propósito, según palabras de W. A. Lewis (La planeación económica) es remediar las debilidades de la economía de libre empresa, que consisten en la falta de movilidad de los recursos, la injusta distribución de la riqueza y la incapacidad para hacer frente al comercio internacional. Los remedios que proponen para remediar estas «debilidades» son, en resumen, los impuestos y los subsidios, la intervención en los salarios y en los precios, el control de la moneda y el control del comercio internacional" (De "Diez lecciones de economía"-Victor P. de Zavalía Editor-Buenos Aires 1960).

Entre las justificaciones aducidas por los sectores dirigistas subyace la idea de que los capitalistas y empresarios son "egoístas y explotadores por naturaleza" y que los políticos a cargo del Estado están exentos de tales defectos, algo que constituye una especie de discriminación social latente. Más adelante Ballvé escribe: "Lewis y sus correligionarios proponen la confiscación de los capitales. Quieren sustraer el capital privado, por medio de estas confiscaciones a la economía y entregarlo al gobierno. Y ¿qué hará el gobierno con el dinero? No puede hacer más que una de estas dos cosas: o gastarlo en forma improductiva (aumento de la burocracia y de la policía, obras públicas de fantasía) en cuyo caso la producción se estanca en relación con el aumento de la población, y el nivel de vida baja, o bien emplearlo en la producción directamente o por medio de organizaciones llamadas descentralizadas, lo cual, prácticamente es el socialismo, que es precisamente lo que los dirigistas pretenden querer evitar con sus medidas correctivas de las «debilidades de la economía libre»".

"Dentro de esta línea redistributiva y «para que los pobres no sufran tanto», proponen los dirigistas el control de los precios y de los salarios, pero no de todos, porque esto sería el socialismo que según ellos quieren evitar. Hay a veces artículos de consumo necesario que resultan demasiado caros para los pobres y hay que fijarles precios bajos obligatorios. Pero esto, que es tan simpático en teoría, resulta imposible en la práctica".

"Ningún productor estará dispuesto a sostener una producción incosteable, porque las cosas no son caras por capricho del productor -la libre competencia cuida de evitarlo-, sino por su costo. Si se fijan por el gobierno precios incosteables, el productor, o dejará de producir o habrá que subsidiarlo. Y como los subsidios los paga el gobierno con el dinero del contribuyente, resulta que lo que el consumidor ahorra en el precio lo paga en el impuesto".

"Por otra parte la baratura de un producto invita al despilfarro y entonces se impone el racionamiento. Pero este tampoco resuelve el problema. Cuando hay racionamiento todo el mundo toma su ración íntegra aun cuando no la necesite, y la revende en el mercado negro o la emplea para fines inferiores para alimentar el ganado con el pan del racionamiento de las personas. En Francia, cuando terminó la última guerra, se suprimió el racionamiento del pan, y el gobierno tuvo la sorpresa de ver que, en régimen de mercado libre, los franceses consumían menos pan que en régimen de racionamiento".

Por lo general, los dirigistas tienen como objetivo lograr la igualdad social o económica de la población, en lugar de lograr la reducción de la pobreza. La eliminación de la desigualdad tiende a limitar el sufrimiento de los envidiosos, que lo son por cuanto en su escala de valores sólo cuenta lo material, dejando de lado lo emocional y lo intelectual.

miércoles, 28 de octubre de 2026

Del subdesarrollo al desarrollo, y a la inversa

Puede considerarse como país desarrollado al que tiene una población en la que predomina la gente civilizada respecto de los sectores que pueden ser considerados bárbaros o salvajes. La gente civilizada es aquella en la que predomina una predisposición hacia la cooperación social, mientras que quienes no posean tal actitud, o incluso predisposiciones opuestas a las del hombre civilizado, se caracterizarán como bárbaros o salvajes. El predominio de estos sectores de la población conducirá a la situación de subdesarrollo.

Adviértase que por el momento no se ha tenido presente la situación geográfica de una nación, ya que existen países exitosos con geografías desfavorables para la economía y también países fracasados con medios geográficos favorables. De ahí que se considera al factor humano como la principal causa del desarrollo como del subdesarrollo. Algo simbolizado mediante el título de un libro de Lawrence E. Harrison: "El subdesarrollo está en la mente".

Por lo general, los países avanzan del subdesarrollo al desarrollo. Pero hay excepciones, como es el caso de la Argentina, que estaba en una situación de subdesarrollo en el siglo XIX, con luchas armadas asociadas a cierta barbarie o salvajismo, convirtiéndose en unos 50 años en un país desarrollado, con el predominio del sector civilizado. Sin embargo, durante el siglo XX aparece el peronismo, apoyado por sectores no muy civilizados, iniciando la decadencia hacia el subdesarrollo.

En la actualidad, observando los acontecimientos que se suceden en varios países europeos, se advierte un evidente retroceso que apunta hacia una caída hacia el subdesarrollo. La inmigración masiva, y no selectiva, que tiende a establecer un reemplazo poblacional futuro, resulta ser la principal causa del deterioro, además de una economía que tiende a que el Estado gaste más de lo que recibe, lo que en el largo plazo resulta ser un proceso autodestructivo.

Algunos autores distinguen entre el subdesarrollo absoluto y el subdesarrollo relativo. Así, si un país ha estado alguna vez entre las economías más prósperas del mundo, como la Argentina, ello indica que potencialmente estaríamos en condiciones de repetir tal situación, pero nuestro subdesarrollo relativo es importante por cuanto estamos bastante más abajo, en el lugar 47 entre 193 países (dato de 2023).

Supongamos que otro país puede potencialmente llegar a estar en el puesto 30, pero está en el lugar 35, ello significa que su subdesarrollo relativo es menor que en el caso argentino, ya que estamos en el lugar 47 pudiendo, potencialmente, estar entre los 10 primeros lugares entre los distintos países del mundo. Al respecto, Mariano Grondona escribió: "Según la tesis del economista Julio Olivera, la distinción aristotélica entre acto y potencia genera una visión no convencional del desarrollo".

"Decimos por ejemplo que la Argentina está más desarrollada que Etiopía. Esto es innegable por donde se lo mire, sea por el ingrediente democrático de nuestra vida política, por el alcance de estadísticas sociales como la mortalidad infantil y el enrolamiento en la educación primaria, o por cifras económicas como el producto anual por habitante. Pero esta visión parece simplista cuando se introduce la distinción aristotélica como lo hace Olivera".

"El grado de desarrollo de una Nación debiera medirse, según Olivera, no ya por el nivel que ha alcanzado sino por la proporción de su desarrollo potencial que ha actualizado. Si la Argentina tiene un producto por habitante de 6.050 dólares y Etiopía de sólo 110 dólares por habitante, la cuenta «simplista» sería que la Argentina es 55 veces más desarrollada que Etiopía. Pero si se tiene en cuenta la potencia de desarrollo de ambas naciones, se llega a otra conclusión".

"La Argentina es un país rico en recursos naturales y humanos que allá por los años veinte [del siglo XX] ya figuraba entre las diez primeras en el desarrollo mundial según el producto por habitante".

"Después, anduvo a la deriva por mucho tiempo: hoy [escrito en 1996] figura en el puesto 31 después de haber figurado aún más atrás antes de las tasas de crecimiento que obtuvo a partir de 1991. Etiopia, por su parte, es un país pobre y atrasado. Probablemente haya desarrollado una proporción igual o mayor que su potencia que la Argentina. Lo cual conduce a esta conclusión no convencional: que si el desarrollo ha de medirse por la proporción del desarrollo potencial que cada nación ha realizado, quizás Etiopía no sea menos sino más desarrollada que la Argentina".

"Si bien el análisis de Olivera es exclusivamente económico, su inquietante argumento podría extenderse a las aristas política y cultural del desarrollo. Estamos, al fin y al cabo, ante la parábola evangélica de los talentos: al que recibió más, se le va a exigir más. Si aquel que recibió cinco talentos devuelve seis, se ha portado peor que aquél que, habiendo recibido uno, devuelve dos. En términos absolutos, seis es más que dos. Pero en términos relativos, en relación entre lo que pudo ser y lo que es, en tanto el que devuelve seis talentos sólo hizo crecer su patrimonio en un veinte por ciento, el que devuelve dos lo hizo crecer en un cien por ciento" (De "Textos para pensar"-Varios autores-Editorial Perfil SA-Buenos Aires 1996).

Existe un relato popular por medio del cual se dice que Dios otorgó a la Argentina un extenso territorio, con riquezas de todo tipo. Ante la desigual repartición de riquezas recibidas por otros países, y ante las quejas expuestas, entonces Dios optó por compensar tal distribución, y en el territorio agraciado, puso a los argentinos.....