lunes, 3 de agosto de 2026

John Locke y la ley natural

Puede afirmarse que toda propuesta filosófica o religiosa debe partir de un "terreno firme", como lo es la ley natural. Pero, como las leyes naturales no vienen escritas en ninguna parte, es imprescindible elegir aquellas leyes asociadas al aspecto de la realidad que se trata de describir. Tampoco se deben adoptar como punto de partida algunas leyes de dudosa validez, como es el caso de las construcciones que, con cierta coherencia lógica, parten desde principios falsos que sólo sirven para engañar a las personas inadvertidas.

Si bien este criterio resulta de fácil reconocimiento en varias de las ramas de la ciencia experimental, no ocurre otro tanto en las descripciones humanas y sociales. John Locke escribió: "Así la Ley de la Naturaleza se alza como una norma eterna para todos los hombres, tanto para los legisladores como para los demás. Las normas que elaboran para las acciones de otros hombres, así como sus propias acciones y las de los demás hombres, han de conformarse a la Ley de la Naturaleza, es decir, a la voluntad de Dios" (Citado en "Teoría política moderna" de L. J. Macfarlane-Espasa-Calpe SA-Madrid 1978).

En este breve párrafo se advierte cierta compatibilidad del pensamiento de Locke respecto de la religión natural o deísmo. Ello se debe a que apunta a las leyes naturales como referencia a tener presente en cada acción y en cada pensamiento. También considera a tales leyes como la voluntad de un Creador, o bien la "voluntad" implícita de un orden natural, al cual nos debemos adaptar. Finalmente considera que toda ley humana que provenga del Derecho, debe ser compatible con las leyes naturales. Toda desviación a este criterio, se orienta hacia un gobierno, parcial o total, del hombre sobre el hombre, con resultados negativos para todos.

Si nos preguntamos acerca de cuál ley de la naturaleza nos conducirá hacia el bien propio y el de los demás, mientras que ha de rechazar el mal propio y el de los demás, ella será la empatía emocional, como el principal requisito que todo ser humano debe cumplir a fin de asegurar nuestra supervivencia plena y nuestra plena adaptación al orden natural.

Si adoptamos la predisposición a compatir las penas y las alegrías ajenas como propias, resulta evidente que nuncan haremos el mal a los demás porque, al compartirlo, será nuestro propio mal. Además, buscaremos hacer el bien a los demás ya que, al compartirlo, será nuestro propio bien. Todo esto viene expresado en el "Amarás al prójimo como a ti mismo". De ahí que resulte trágico para la humanidad seguir el ejemplo de la mayoría de los países de la Unión Europea, cuando tratan de destruir el cristianismo, incluso hasta el mínimo rastro de los símbolos cristianos. Y todo ello para favorecer al Islam, que promueve la lucha y hasta la eliminación de los "enemigos de la fe islámica", principalmente judíos y cristianos.

Respecto del pensamiento de John Locke, se menciona una síntesis escrita por Mariano Grondona:

Las bases del Estado

Los hombres van a acordar la formación de un Estado. Ese contrato se renueva constantemente, y el día en que emigramos y nos nacionalizamos en otro país hacemos otro contrato. Lo que funda el paso de la sociedad natural a la sociedad política es que “nadie puede tener poder sobre mí si yo no se lo he dado previamente”.

La base del poder es el consentimiento de los futuros gobernados. Los hombres han acordado formar una sociedad política, sociedad en la que habrá un gobierno y en la cual “la mayoría será capaz de gobernar sobre la minoría”. El argumento de Locke sobre la mayoría es el siguiente: como los individuos son distintos –y ellos son la realidad final de la sociedad- va a haber naturalmente diferencias de opiniones; por lo tanto, si consintieron en vivir juntos han aceptado necesariamente el principio de la mayoría porque si no existiera este principio no podrían vivir juntos. Si todos son iguales ante la ley, tienen que aceptar un principio práctico que les permita tomar decisiones.

Locke casi se resigna a la idea de la mayoría, cuyo alcance es muy limitado, ya que la mayoría no puede tener más poderes que los que el contrato confirió al Estado. No puede tener más derechos que aquellos que fueron transferidos. En Rousseau, la explicación de la mayoría es totalmente distinta. Para Rousseau existe la “voluntad general”, de un individuo colectivo llamado “pueblo”. Cuando la gente vota, según Locke, cada cual está defendiendo sus derechos e intereses como persona individual. En Rousseau, en cambio, lo que prevalece es la voluntad general del grupo, que sería una especie de persona colectiva que tiene una sola voluntad. Cuando votamos, estamos tratando de interpretar qué quiere esa voluntad general.

La mayoría, por serlo, supo interpretarla, tuvo razón, y la minoría se equivocó. La minoría, entonces, debe arrepentirse inmediatamente, con lo cual se restablece el principio de la unanimidad. Para Rousseau todo desvío de la unanimidad es una pérdida para el grupo porque éste debería identificarse con la voluntad general del mismo modo que un individuo se identifica consigo mismo. El que persiste en su disidencia es un traidor. El voto, en Locke, es un expediente práctico. En Rousseau, un sacramento.

¿Por qué se han unido los hombres? Locke lo explica: “Han querido abandonar una condición en la cual, si bien eran libres, estaban llenos de miedo y de peligros”. El estado de naturaleza es una sociedad incómoda, donde nadie conoce exactamente sus derechos y deberes sin ser, por ello, la sociedad cruel de Hobbes. Para abandonar aquella situación se juntan en sociedad unos con otros, “para la mutua preservación de la propiedad”. Aquí Locke utiliza el término “propiedad” en sentido amplio, como una palabra que resume todos los derechos. La sociedad política ha sido fundada, entonces, para reasegurar los derechos individuales. Alguien dijo que Locke imagina al Estado como una sociedad de seguros: nos hemos reunido para lograr que nuestros derechos estuvieran más y no menos protegidos.

Según Locke, el monarca absoluto es un déspota por definición porque en las monarquías absolutas los derechos individuales están sometidos a la voluntad de uno. No sólo los monarcas absolutos pueden ser déspotas, también puede ser despótica una mayoría que excede en sus facultades y no respeta los derechos de cada uno. Así queda planteada la posibilidad de una democracia totalitaria.

Entonces, lo que quiere la gente cuando se une en sociedad es, primero, una ley positiva, algo así como la reglamentación de la ley natural. En el estado de naturaleza existía una ley natural pero nadie sabía bien dónde empezaba y dónde terminaba. La ley positiva sólo tiene por fin fijar y puntualizar la aplicación de la ley natural. Con lo cual queda aceptada la famosa jerarquía de leyes de Santo Tomás de Aquino. Si una ley humana (inferior) va contra la ley natural (superior), no es verdadera “ley”. La sociedad se une además para lograr un juez “indiferente”, alguien imparcial que determine quien tiene razón en un conflicto determinado. Y, en tercer lugar, para que haya una autoridad que ejecute las sentencias de los jueces, que confiera poder a la ley y a quienes la interpretan.

“El hombre en estado de naturaleza tenía todos los poderes. Tenía la Propiedad, es decir el conjunto de sus derechos, y además la facultad de castigar a aquellos que violaran sus derechos”. El hombre cede sólo parcialmente su “propiedad”, para que la ley la reglamente, no para que la viole. El Estado “declara” que los derechos del hombre existen, no los “crea”. Debe reglamentarlos para asegurarlos sin caer –como tantas veces ocurre- en la negación de ellos. La capacidad de “definir” la ley natural sin alterarla, el ciudadano la ha cedido al gobierno. Pero el segundo poder que él tenía (castigar a quien violara sus derechos) lo cede totalmente. El hombre se desarma y ya no puede castigar. El Estado tiene que interpretar la ley mediante un juez frente a cada conflicto y ejecutar su sentencia.

De ahí viene la división de los poderes. Locke está explicando un sistema que tiene dos instituciones: el Rey y el Parlamento. Entonces concede tres poderes al Rey y uno al Parlamento. El poder Legislativo corresponde al Parlamento. Al rey le corresponden el Poder Ejecutivo, el Poder Federativo y el Poder de Prerrogativa. El Poder Federativo es el manejo de las relaciones exteriores, que Locke distingue del Ejecutivo por un viejo pecado inglés.

Da amplísimas facultades “federativas” al rey porque las naciones entre sí siguen en “estado de naturaleza”. Es la sociedad civilizada la que se da el contrato, sin importar qué pase en las otras naciones. No hay un contrato político que haya superado la situación de naturaleza entre las naciones. Lo cual quiere decir que en el concierto de naciones el derecho a castigar sigue descentralizado y cada una aplica la ley como la quiera aplicar. En el pensamiento anglosajón hay algo así como “griegos” y “bárbaros”. “La civilización es para nosotros, y los que no la tienen son bárbaros”. Smith dice que “las relaciones comerciales se pueden hacer de dos maneras: con las naciones civilizadas a través de embajadores, y con el resto, a través de fortalezas”. En cuanto al Poder de Prerrogativa, es el manejo de lo que habitualmente se llama el “estado de necesidad”. Cuando las leyes no han previsto una situación de excepción, queda la rey la facultad de “reserva” que en nuestro país se han adjudicado tantas veces las fuerzas armadas.

Locke habla con un nuevo lenguaje de la tiranía. En Aristóteles, “tirano” era el rey que obraba en función del bien propio y no del bien común. Era la suya una calificación ética. Pero es difícil determinar cuándo se gobierna para el bien común y cuando no. El bien común es una noción difusa en cuyo nombre se han cometido incontables crímenes. El concepto de Locke y los liberales es otro. La “usurpación es el ejercicio de un poder para el cual no se tenía derecho” o para el cual otro tenía derecho. En cambio, “tiranía es el ejercicio del poder más allá del derecho”.

Por lo tanto, si un usurpador es consentido por la comunidad y se maneja dentro de la ley, puede llegar a ser legítimo. Y un rey legítimo, si se sale más allá del derecho, se convierte en tirano. No se dice que sea para el bien o el mal de los ciudadanos. Basta con que tome atribuciones que no le corresponden. Si definimos la libertad como la subordinación a la ley y no a otro individuo, desde el momento que el gobernante atraviesa las barreras de la ley, yo he pasado a estar bajo su voluntad. Yo ya no soy libre, aunque el gobernante me cuide y me dé todo lo que quiero.

Ya esto es despotismo, es tiranía. Tanto es así que cuando Montesquieu analiza las formas de gobierno no habla de tiranía sino de despotismo. Déspota es todo el que “pasa” más allá de la ley. La categoría “tiranía”, que tiene una connotación subjetiva, no le interesa a Montesquieu. El va directamente en contra de la tradición paternalista. Lo que le importa es que no haya déspotas, no si son buenos o malos. Nunca hubieran podido aceptar Locke o Montesquieu, por ejemplo, el “despotismo ilustrado”.


El “depósito liberal”

¿Cuál es el legado de Locke? Estas son las ideas de Locke que pasarán a formar parte del depósito de ideas liberales:

1- Ser libre es estar sujeto a la ley y no a otro individuo. Siempre estamos sujetos, lo crucial es “a qué” estamos sujetos. Si no estamos sujetos a la ley, somos esclavos del déspota o de nuestras pasiones.

2- La ley rige sobre gobernantes y gobernados por igual. Lo que manda en un Estado es el derecho. La ley positiva es un mandato abstracto surgido del Parlamento cuyo deber es interpretar la ley natural. La ley natural consiste en no dañar al otro, pero no existe ninguna ley natural compulsiva que obligue a hacer el bien, a beneficiar al otro. Sí hay, por cierto, una ley “moral” en tal sentido. La obligación de beneficiar viene por el canal religioso-moral, no por el estatal. El Estado es un mínimo de moral: esta idea es fundamental para el liberalismo.

3- Todo esto es para que podamos ser más y no menos morales. No lo dice expresamente Locke, pero es una presunción de toda su obra: la presunción de que hay un clima religioso, ético, en la comunidad. Los primeros colonos norteamericanos emigraban para poder ejercer su religión en forma libre. Iban para poder negarse a los placeres libremente, sin que nadie los obligara. Querían libertad para ser “mejores”. En el liberalismo originario hay una poderosa dimensión de religiosidad. Yo le doy al individuo la libertad política porque sé que, por su formación y educación, va a ejercitarla para el bien. Los primeros pensadores liberales escribieron cuando el clima moral dominante era el puritanismo y no, como hoy, el hedonismo.

4- El derecho está por encima del bien. El bien general no se puede definir. No se determina exactamente. El “bien común” es un concepto potencialmente totalitario. El “bien general” es el de una persona jurídica, abstracta, frente a la cual se sacrifican los derechos individuales. Así ocurre cuando se dice “hay libertad, pero esto o aquello, que es muy importante, ha de hacerlo el Estado”. El concepto debería ser inverso: lo que es importante deberían hacerlo los individuos. El bien común es aquello que el poderoso dice que es el bien común. El derecho, el “right”, en cambio, es preciso. Escribe Hayek: “Que haya leyes supone que alguna vez su aplicación hará daño”. Si la ley se aplicara sólo cuando no hiciera daño, no habría ley. Si la aplicación de una ley acarrea un daño, se la aplica igualmente. Si no, sería necesario que alguien dijera cuándo se puede aplicar la ley y cuándo no, con lo cual ella dejaría de regir.

Para el liberalismo no hay entidades colectivas “reales”. Son ficciones. Por eso no hay “good”, hay “goods”. Hay bienes individuales. ¿Y quién juzga fuera de mí lo que es bueno para mí? ¿Porqué otro va a decidir por mí cual sea mi bien? Los bienes que hay son los que cada uno busca. Uno quiere ser santo, otro abogado, otro deportista, etcétera. Y éstos serán sus bienes. Para el liberalismo, la sociedad política es una sociedad en cuanto “asociación”. La “comunidad” es un grupo de sangre en el cual estoy irremediablemente inscripto, aunque no lo quiera. Así es la familia. Si uno entiende la Argentina de esta manera, yo soy irremediablemente argentino, por ejemplo.

La comunidad está antes que yo. La sociedad, en cambio, es un grupo colectivo formado por consenso y que según las reglas que hemos admitido puede deshacerse algún día. Así, si un día la Argentina me cansa yo tomo un avión y me voy a vivir a otro lado. Eso pertenece a mi libertad. “lo que hay” en última instancia no son comunidades sino individuos que establecen entre ellos lazos consensuales a los cuales personificamos indebidamente al hablar de la comunidad. Ella es una “red de lazos”, no un ente aparte.

5- No hay poder legítimo sin consenso. El poder que tú tienes sobre mí existe si yo te lo dí.

6- “Beneficiarse”, si es legal, generalmente implica “beneficiar”. Buscar el beneficio propio no es una idea moral, pero es una realidad conducente. Las personas, para vivir, hacen cosas que las benefician (por ejemplo, toman y cultivan cien acres de tierra), pero el beneficio para sí resulta en un beneficio para los demás. A Smith nada le repugna más que el rico egoísta; lo detesta, pero reconoce que dejarlo hacer da resultados. Al hablar de la “mano invisible”, Smith lamenta que los hombres busquen más de lo que necesitan, pero es esa búsqueda la que genera trabajo para los demás. Dios, en su infinita sabiduría, hace servir las mezquindades de algunos hombres al bien de los demás. El liberal no goza con la ley de la “mano invisible”. La deplora, pero después de describirla científicamente, decide aprovecharla a la espera del progreso moral.

(Extractos de “Los pensadores de la libertad” de Mariano Grondona – Editorial Sudamericana SA – Buenos Aires 1986)

domingo, 2 de agosto de 2026

Crisis europea: ¿espontanea o promovida?

La importante inmigración musulmana y africana no selectiva, en Europa, mejor llamada "invasión", amparada en el "multiculturalismo", resulta ser un proceso altamente negativo y destructivo para varias naciones europeas. Dicho proceso, dada su amplia trascendencia, no parece ser un proceso nacido en forma espontanea, sino promovido por sectores con fuertes medios económicos y políticos.

Al respecto leemos: "El globalismo no es globalización, sino una demoledora ideología que supone el más ambicioso proyecto de ingeniería social y control total en curso. Institucionalizada en organizaciones que, por definición, no tienen ni patria ni territorio ni pueblo, esta ideología pretende parir un régimen político antidemocrático de alcance global. Así la soberanía de las naciones se redistribuye entre organizaciones supranacionales como el Foro Económico Mundial o la ONU con su agenda 2030, liberadas de las limitaciones de los intereses particulares de los pueblos, para coordinar las transformaciones necesarias para nuestra supervivencia. El globalismo también propone nuevas formas de legitimidad basadas en la tecnocracia y la supuesta filantropía de organizaciones como la Fundación Gates, la Open Society de Soros, y la Fundación Rockefeller" (De "Globalismo" de Agustín Laje-HarperEnfoque-Nashville 2024).

El colectivismo en un país implica la existencia de un mando central totalitario que tiende a anular toda acción individual. De ahí que el globalismo puede ser considerado como un colectivismo de naciones con un mando central que tiende a anular toda acción a nivel de los países. Thorsten Polleit escribió:

Desde el inicio, es fácil ver que el globalismo –que también puede ser llamado globalización política– no tiene absolutamente nada que ver con la globalización económica.

Globalización económica significa libre comercio y libre mercado. Se trata de un arreglo que no sólo no necesita de la intervención de los gobiernos y burócratas, funciona mucho mejor sin ellos. Yendo más lejos, se trata de un arreglo que surge naturalmente cuando no hay políticos y burócratas imponiendo obstáculos a las transacciones humanas.

El globalismo es exactamente lo contrario: Se trata de un arreglo que sólo existe por causa de políticos y burócratas. Sería impensable realizar el globalismo si no hubiese políticos y burócratas.

El globalismo es una política internacionalista, implantada por burócratas, que ven el mundo entero como una esfera propicia para su influencia política. El objetivo del globalismo es determinar, dirigir y controlar todas las relaciones entre los ciudadanos de varios continentes por medio de intervenciones y decretos autoritarios.

Ese es el argumento central del globalismo: Lidiar con los problemas cada vez más complejos de este mundo –que van desde crisis económicas hasta la protección del ambiente– requiere un proceso centralizado de toma de decisiones, a nivel mundial. Consecuentemente, las leyes sociales, laborales y reglamentaciones económicas deben ser “armonizadas” alrededor del mundo por un cuerpo burocrático supranacional, con la imposición de legislaciones sociales uniformes y políticas específicas para cada sector de la economía de cada país.

El Estado –Nación– en la condición de representante soberano del pueblo, se tornó obsoleto y debe ser sustituido por un poder político transnacional, globalmente activo e inmune a los deseos del pueblo.

Obviamente, la filosofía detrás de esa mentalidad es puramente socialista-colectivista.

Representa también el pilar de la Unión Europea (UE). En última instancia, el objetivo de la UE es crear un súper-Estado europeo, en el cual las naciones-Estado de Europa se irían disolviendo como cubos de azúcar en una cuchara caliente de té. Fue principalmente de eso que los británicos querían huir.

Al menos para el futuro próximo, este sueño burocrático llegó a su fin. El deseo de imponer una uniformidad se hundió en medio de una dura y difícil realidad política y económica. La UE está pasando por cambios radicales –culminando con una decisión de los británicos de salir de ella– y puede incluso entrar en colapso dependiendo de los resultados electorales en algunos importantes países europeos (Francia, Holanda, Alemania y posiblemente Italia).

Con Donald Trump en la presidencia americana no hay ningún apoyo intelectual de los EUA al proyecto de unificación europea. El cambio de poder y de dirección en Washington disminuyó el poder de influencia de los globalistas –lo que permite alguna esperanza de que una futura política exterior americana sea menos agresiva en términos militares. Trump –al contrario de sus predecesores– al menos no parece querer imponer un nuevo orden mundial. (Escrito en 2017)

Por otro lado, los defensores de la globalización económica tienen motivos para estar preocupados. El gobierno de Trump viene amenazando con medidas proteccionistas -mayormente en la forma de tarifas de importación– para supuestamente estimular el empleo y la producción en los EUA, igualmente con toda la teoría y realidad económica demostrando que el efecto será el opuesto.

Tamaña interferencia en la globalización económica, lo que representaría un retroceso en el tiempo, no sólo sería un ataque a la prosperidad, sino también puede degenerar en conflictos políticos, reencarnando antiguas riñas y contiendas. No es necesario ser así.

Para atacar e incluso aniquilar el globalismo no es necesario atacar y hacer retroceder la globalización económica.

La globalización es Steve Jobs, Jeff Bezos y Michael Dell; el globalismo es George Soros, el CFR, la Comisión Trilateral, los Rockefeller, los Rothschilds y la ONU.

Conclusión

Al paso que el globalismo representa el autoritarismo y la centralización del poder político en escala mundial, la globalización económica –que no es más que la división del trabajo y el libre comercio– representa la descentralización y la libertad, promoviendo una productiva y, aún más importante, pacifica cooperación más allá de las fronteras.

La restricción a la globalización económica –es decir, el proteccionismo– no es más que el miedo de los incapaces ante la inteligencia y las habilidades ajenas. Tal postura, además de moralmente condenable, por ser cobarde, es también extremadamente peligrosa. Como ya advertía Bastiat, si, en vez de permitirnos los beneficios de la libre competencia y del libre comercio, comenzamos a actuar incisivamente para impedir el progreso de otras naciones, no deberíamos sorprendernos cuando buena parte de esa inteligencia y habilidades que combatimos por medio de tarifas y restricciones de importaciones acabe volviéndose contra nosotros en el futuro, produciendo armas para guerras en vez de más y mejores bienes de consumo que ellos quieren y pueden producir, los cuales nosotros queremos voluntariamente consumir.

Como también dijo Bastiat, cuando los bienes dejan de cruzar las fronteras, los ejércitos lo hacen.

Por eso es de extrema importancia salvaguardar la globalización económica.

(Fragmentos de www.mises.org.es)


jueves, 30 de julio de 2026

¿Hacia un colectivismo planetario?

Los colectivismos propuestos por los sistemas totalitarios, como el comunismo, son sociedades que en cierta forma se parecen a un hormiguero o a una colmena. Ante la absurda creencia que siempre los objetivos que busca y benefician a un individuo se oponen necesariamente a beneficiar al resto de la sociedad, se logra cierta justificación para establecer tal tipo de colectivismos.

En realidad, los colectivismos apuntan a unir a los seres humanos mediante vínculos materiales, como es el caso de los medios de producción, en lugar de buscarlos a través de la empatía emocional, como lo propone el cristianismo. Mientras que los vínculos materiales atan a las personas produciendo verdaderas cárceles colectivas, los vínculos emocionales mantienen vigentes las libertades individuales que conllevan a la formación de sociedades verdaderamente humanas.

Los colectivismos resultan ser sociedades artificiales, en el sentido de que son creaciones netamente humanas en las cuales se acentúa el gobierno del hombre sobre el hombre, partiendo de una desigualdad inicial que se mantiene en el tiempo. Por el contrario, las sociedades de individuos vinculados mediante la empatía emocional adoptan como base la principal ley natural que el orden natural ofrece para la supervivencia de la vida inteligente, como también de otros seres vivientes. De ahí aquella búsqueda del Reino de Dios, es decir, la búsqueda del gobierno de Dios sobre los hombres a través de las leyes naturales existentes.

Todo individuo que se rija por las leyes naturales en lugar de las leyes humanas, puede considerarse como alguien que se "autogobierna". De ahí que la ética bíblica, basada en la ley natural, permite tal tipo de autogobierno, que conduce a la libertad individual y colectiva. Debido a estos aspectos, el cristianismo es combatido en Europa por cuanto es la oposición a toda forma de colectivismo de tipo socialista o islámico.

Lamentablemente, la propia Iglesia Católica se ha hecho cómplice del proceso destructivo asociado a los gobiernos socialdemócratas europeos y al Islam. El aumento del porcentaje de musulmanes en Europa y la creciente inmigración no selectiva, apuntan a un reemplazo poblacional que avanza con bastante rapidez.

Mientras que la globalización económica apunta hacia la formación de un mercado mundial, se conoce como "globalismo" la formación de un gobierno con pretensiones planetarias, promovido principalmente por los sectores socialistas con el apoyo del Islam. Con el aumento de la población musulmana, serán en el futuro los partidos políticos islámicos los que triunfarán con el incondicional apoyo de sus adeptos y con una posible ruptura de la sociedad "socialismo-Islam".

Ello implica que, de continuar el proceso destructivo tal como en la actualidad se presenta, al cabo de algunos años, o decenas de años, será el Islam el totalitarismo y colectivismo triunfante, con un importante deterioro de lo que se considera como "civilización" por cuanto el Islam está lejos de ser una "religión de paz" siendo en realidad una ideología política con ambiciones de dominar e imponer sus reglas a toda la humanidad.

miércoles, 29 de julio de 2026

Thomas Sowell escribe acerca de la esclavitud

Entre las contradicciones que se advierten en las sociedades de este siglo XXI, en las cuales se busca aparentemente la paz y la igualdad entre los seres humanos, se combate simultáneamente al cristianismo, como ocurre principalmente en países europeos. Posiblemente no exista otra solución mejor que la que surge de una generalizada aceptación del "Amarás al prójimo como a ti mismo". Esta actitud o predisposición puede surgir también de la evidencia de que todos los seres humanos estamos regidos por iguales leyes naturales y ubicados en nuestro planeta por un proceso evolutivo que está sobre cualquiera de las decisiones y creencias humanas. Sólo nos queda la posibilidad de admitir la instancia superior, que son las leyes naturales surgidas de la voluntad de un Creador, o bien tales leyes por sí solas habrán de constituir tal instancia superior.

Por el contrario, en la actualidad predominan ideas y sugerencias que proponen ubicarse como miembro de algún grupo antagónico a otros grupos o sectores sociales, bajo la absurda creencia de que el orden natural no es otra cosa que un conjunto de leyes que favorecen un eterno conflicto entre opresores y oprimidos, quedando al ser humano la tarea de corregir tal supuesto "error" atribuido al propio orden natural.

A partir de hechos violentos de tipo racial, como los ocurridos en los EEUU algunos años atrás, se advierte la intención de promover mayores disturbios y violencia antes que buscar soluciones pacíficas. Incluso se puede decir que ha surgido, o intensificado, un nuevo racismo; y es el establecido contra los blancos. Se aduce que los blancos, en general, son esclavistas y racistas y que, por ello mismo, deben ser atacados de alguna forma, siempre bajo la idea de una infaltable lucha entre opresores y oprimidos.

Se olvida que un afroamericano fue elegido presidente de EEUU (Barack Obama) con el voto de muchos blancos, que la Guerra Civil del siglo XIX fue causada por el antagonismo entre promotores y abolicionistas de la esclavitud. Se olvida que en los EEUU viven millones de personas de muy distintos orígenes étnicos, por lo que no debería generalizarse como representativo de la actitud de los blancos el accionar irresponsable de algunos policías, de algunos jueces o de sectores minoritarios como el Ku-Klux-Klan.

Respecto de este tema, disponemos de la autorizada opinión del economista afro-americano Thomas Sowell, de quien se transcriben los siguientes párrafos:

ESCLAVITUD

Además de sus propios males en su propio tiempo, la esclavitud ha generado falacias que perduran hasta el día de hoy y provocan confusión en cuanto a muchos temas. El distinguido historiador Daniel J. Boorstin dijo algo que muchos estudiosos conocen muy bien y que, sin embargo, no es conocido por el público en general; señaló que, con la transportación masiva de cautivos africanos al hemisferio occidental, "por primera vez en la historia occidental el estatus de esclavo coincidió con una diferencia racial".

En épocas anteriores, durante siglos, europeos esclavizaron a otros europeos, asiáticos a otros asiáticos, y africanos a otros africanos. Sólo en la época moderna la riqueza y la tecnología permitieron organizar la transportación masiva de gente a través del océano, tanto en caso de esclavos como en el de inmigrantes libres. Los europeos no eran los únicos en transportar masas de seres humanos esclavizados de un continente a otro. Los piratas de la Costa de Berbería, en el norte de África, capturaron y esclavizaron entre 1500 y 1800 a un millón de europeos como mínimo; hubo más europeos convertidos en esclavos en el norte de África que africanos llevados como esclavos a los Estados Unidos y antes, a las colonias que más tarde formaron este país. Además, a los europeos se los continuó vendiendo y comprando en los mercados de esclavos del mundo islámico décadas después de la liberación de los negros en Estados Unidos.

De hecho, la esclavitud fue una institución universal en los países del mundo entero a lo largo de miles de años que registra la historia. Existen evidencias arqueológicas que indican que los seres humanos aprendieron a esclavizar a otros antes de haber aprendido a escribir. Una de las muchas falacias sobre la esclavitud, en concreto, es la que afirma que ésta se basa en principios raciales; se sostiene debido a la simple pero persuasiva práctica de concentrarse sólo en la esclavización de africanos por europeos, como si esto fuera algo esclusivo, y no sólo una parte de una tragedia humana mucho más grande, de carácter universal. El racismo nació de la esclavitud de africanos, sobre todo en Estados Unidos, pero la esclavitud precedió al racismo en miles de años. Europeos habían esclavizado a otros europeos siglos antes de que al primer africano se le hubiera traído como esclavo al hemisferio occidental.

Aunque la esclavitud se aceptara con facilidad como un hecho más en la vida en el mundo entero durante siglos y siglos, en ningún momento llegó a alcanzar una aceptación tan general como en Estados Unidos, país que se basaba sobre principios de igualdad con los que la esclavitud estaba en una contradicción obvia e irreconciliable. La esclavitud estuvo bajo ataques ideológicos a partir de la primera versión de la Declaración de Independencia y varios Estados norteños la prohibieron de inmediato en los primeros años después de independizarse. Incluso en el sur, la ideología de la libertad no dejó de producir su efecto: algunos de los colonos, al ganar su propia libertad de Inglaterra, liberaron por voluntad propia a decenas de miles de esclavos.

La mayoría de los esclavistas sureños, sin embargo, estaban decididos a retener a sus esclavos, para lo cual hubo que crear alguna defensa contra la ideología de la libertad y las omnipresentes críticas de la esclavitud que eran su corolario. Esa defensa fue el racismo. Una defensa así era innecesaria en sociedades no libres, tales como la de Brasil, que importó más esclavos que Estados Unidos pero no desarrolló niveles tan virulento de racismo como en los Estados del sur. Fuera de la civilización occidental no había necesidad alguna de defender la esclavitud, ya que las sociedades no occidentales no veían nada malo en ella. Tampoco en la civilización occidental anterior al siglo XVIII hubo necesidad alguna de defender la esclavitud.

El racismo llegó a ser la justificación de la esclavitud en una sociedad donde no podía justificarla de ninguna otra manera, y los siglos de racismo no se han desvanecido de golpe con la abolición de la esclavitud que lo había originado. Pero la dirección de su causalidad fue diametralmente opuesta a la que indican quienes tratan de presentar que la esclavización de africanos fue resultado del racismo. No obstante, el racismo se convirtió en uno de los duraderos legados de la esclavitud. En qué medida sigue perdurando y cuál es su intensidad el día de hoy es algo que se puede examinar y someter a debate. Pero muchas otras cosas que se consideran legados de la esclavitud sólo se pueden comprobar de manera empírica y no aceptarse como conclusiones previas.

CRIMINALIDAD Y VIOLENCIA

La historia de la criminalidad y violencia entre los negros contradice a muchas creencias difundidas acerca de sus causas. Pobreza, desempleo y discriminación racial se citan con frecuencia entre las causas principales de los brotes de violencia y criminalidad entre los negros. Muchos están convencidos de esto que no ven ninguna necesidad de examinar los hechos históricos.

La criminalidad entre los estadunidenses negros, al igual que entre los estadunidenses blancos, fue disminuyendo en los años anteriores a la década de los sesenta, con sus históricas leyes de derechos civiles y sus programas de Guerra a la pobreza. Pero fue durante la década de los sesenta cuando la tasa de criminalidad tanto entre los negros como entre los blancos comenzaron a dispararse, y fue después de la aprobación de las históricas leyes cuando los negros empezaron a protagonizar disturbios en las ciudades por todo el país.

Varios días después de la aprobación del Voting Rights Act de 1965, en Watts, un barrio de Los Angeles habitado por negros, estalló la primera de los cientos de disturbios que sacudirían las ciudades estadunidenses durante los cuatro años siguientes. Estos disturbios no se producían allí donde los negros todavía eran muy pobres o los más oprimidos, o sea en el sur. De hecho, las ciudades sureñas pocas veces sufrieron a causa de disturbios como los que sacudían a numerosas ciudades del norte y arrasaban con muchos de los barrios negros de esas ciudades. En los disturbios de Watts perecieron 34 personas, pero dos años más tarde, cuando los negros se amotinaron en Detroit, hubo 43 víctimas mortales.

Aunque Detroit fue el lugar de los disturbios más violentos entre todos los que sacudieron casi la totalidad de las ciudades norteñas durante la década de los sesenta, la tasa de pobreza entre la población negra de Detroit apenas llegaba a la mitad de la de los negros a nivel nacional, el número de negros que eran propietarios de sus viviendas era el más alto en el país, y su tasa de desempleo era de 3,4%, es decir, más baja que la de los blancos a nivel nacional. Detroit fue sacudido por disturbios masivos no porque fuese un área de desastre. Se convirtió en área de desastre económico después de esos disturbios, al igual que los barrios negros en muchas otras ciudades por todo el país. Por si fuera poco, en estas ciudades, los barrios sacudidos por los disturbios siguieron siendo zonas de desastre durante décadas, lo que ocasionaba que fuese muy difícil establecer allí cualquier tipo de negocio; esto, a su vez, reducía el acceso tanto a empleos como a lugares de compra, de modo que la clase media, tanto blanca como negra, optó por trasladarse a los suburbios.

Cualesquiera que fueran las causas de estas olas de disturbios, independientemente de si se tratara de factores históricos o de incidentes recientes, con toda evidencia no eran los factores que se han citado hasta lo infinito pero que no son más que falacias. Los peores disturbios de guetos ocurrieron en momentos y lugares precisos cuando y donde se emprendían más acciones para prevenirlos, tales como la promoción de políticas de bienestar social y restricción de la policía. Y a la inversa, los disturbios eran menos destructivos y a veces inexistentes en lugares y momentos en que los funcionarios daban muestras de un enfoque opuesto.

Como ya se ha señalado, las ciudades sureñas sufrieron mucho menos a causa de los disturbios. Entre las norteñas, Chicago fue una de las menos afectadas. Hasta 1967, allí no hubo disturbios. Al año siguiente, cuando los disturbios despertados por el asesinato de Martin Luther King ardían por todo el país, el alcalde de Chicago, Richard J. Daley, dio a su policía la orden de "disparar a matar", que dio origen a muchas críticas y debates públicos, pero la cantidad de muertes a causa de disturbios en Chicago fue apenas una fracción de las ocurridas en ciudades como Detroit, donde se emplearon expresiones más humanas y compasivas y donde las acciones de la policía fueron restringidas.

A nivel de la nación, la mayoría de los disturbios en los guetos urbanos ocurrieron durante la administración de Johnson; en cambio, en los ocho años de la administración de Reagan no hubo un solo disturbio urbano importante. Sin embargo, realidades tan innegables no hacen mella en las creencias en boga, ni entonces, ni ahora. Tanto los políticos como los activistas tienen un gran interés en insistir en falacias raciales, las cuales atribuyen los avances de los negros a políticos y activistas, y echan a otros la culpa de sus regresiones.

(Extractos de "Economía: verdades y mentiras"-Editorial Océano de México SA-México 2011)

martes, 28 de julio de 2026

San Martín se entrevista con aborígenes

En la segunda década del siglo XIX, cuando el general José de San Martín organiza el Ejército de Los Andes, pide entrevistarse con varios caciques pehuenches en el sur de la provincia de Mendoza. Era su idea pedir el apoyo de tales pueblos en vista a engañar a los españoles, que estaban en Chile, haciéndoles creer que iba a pasar con su ejército por el sur de Mendoza, cuando en realidad habría de hacerlo por el norte y por la provincia de San Juan.

De esa manera, con la información recibida por los españoles, habrían de reunir el grueso de su ejército en el sector sur, esperando a los invasores que habrían de atravesar la cordillera. El detalle importante es el siguiente: si los pehuenches se oponían al paso del Ejército de los Andes por sus tierras, de alguna manera los españoles habrían de enterarse y el plan original no tendría éxito.

Es interesante advertir que muchos aborígenes vivían sin conflictos en pleno siglo XIX, a pesar de las críticas acerca de una supuesta "limpieza étnica" atribuida a los colonizadores españoles. Aunque no siempre los colonizadores actuaron en favor de los aborígenes, como parece haber sido el caso de la explotación laboral socialista de los guaraníes por parte de los curas jesuítas, quienes fueron echados del noroeste argentino y sur paraguayo por orden de las autoridades españolas del siglo XVIII.

También existen difamaciones contra el general Julio A. Roca, quien enfrentó militarmente a ciertos grupos de aborígenes que se negaban a una vida pacífica o civilizada, ya que se dedicaban al robo y a atacar a los pobladores blancos, ocasionando, según los historiadores, unas 50.000 víctimas además de secuestros y otros actos delictivos.

Respecto del encuentro de San Martín con los caciques pehuenches, leemos: "Como parte de su inteligente labor en calidad de gobernador intendente de Cuyo, San Martín cultivó, apenas llegado, en 1814, buenas relaciones con los pehuenches que ocupaban las laderas orientales de la cordillera. Éstos se hallaban en paz desde que el comandante militar de Mendoza, José Francisco de Amigorena, firmara tratados de paz y los respetara escrupulosamente. De tanto en tanto, los caciques llegaban a esa ciudad, visitaban las autoridades y recibían consideraciones y regalos" (De "La guerra de la Frontera" de Miguel Ángel De Marco-Emecé Editores SA-Buenos Aires 2010).

En una carta dirigida al Director Supremo Juan Martín de Pueyrredon, San Martín escribe: "He creído del mayor interés tener un parlamento general con los indios pehuenches, con doble objeto, primero, el que si se verifica la expedición a Chile, me permitan el paso por sus tierras, y segundo, el que auxilien el ejército con ganados, caballada y demás que estén a sus alcances, a los precios o cambios que se estipularán; al efecto se hallan reunidos en el Fuerte de San Carlos el gobernador Necuñan y demás caciques, por lo que me veo en la necesidad de ponerme en marcha hacia aquel destino, quedando en el entretanto mandando el ejército el señor brigadier don Bernardo O´Higgins".

El historiador William Miller describe el encuentro: "El día señalado para el parlamento a las ocho de la mañana empezaron a entrar al fuerte cada cacique por separado con sus hombres de guerra, y las mujeres y niños a retaguardia. Los primeros con el pelo suelto, desnudos de medio cuerpo para arriba y pintados hombres y caballos de diferentes colores; es decir, en el estado en que se ponen para pelear con sus enemigos. Cada cacique y sus tropas debían ser precedidos -y esta es una prerrogativa que no perdonan jamás porque creen que es un honor que debe hacérseles- por una partida de caballería de cristianos, tirando tiros en su obsequio. Al llegar a la explanada, las mujeres y niños se separan a un lado, y empiezan a escaramucear al gran galope y otros a hacer bailar sus caballos de un modo sorprendente. El fuerte tiraba cada seis minutos un tiro de Cañón, lo que celebraban golpeándose la boca, y dando espantosos gritos; un cuarto de hora duraba esta especie de torneo, y retirándose donde se hallaban sus mujeres, se mantenían formados, volviéndose a comenzar la misma maniobra que la anterior por otra nueva tribu".

Miguel Ángel De Marco escribió: "Poco después, los caciques se trasladaron al campamentos del Plumerillo, verdadera forja de un ejército profesional como quería San Martín, para enfrentar a los españoles. Sentado en círculo con ellos les habría dicho, palabras más, palabras menos, que los convocaba para reiterarles que los realistas iban a pasar desde Chile con su ejército para matar a todos los indios y robarles a sus mujeres e hijos. Agregó que «como él también era indio», cosa que pudo afirmar por su tez olivácea, bronceada por toda una vida en campaña, iba a acabar con los godos que les habían robado las tierras de sus antepasados. Esa expresión la oyó de sus labios su fiel colaborador, el coronel Manuel Olazábal, quien la registró en sus Memorias".

"En aquellos momentos, el ejército realizaba ejercicios con su acostumbrado lucimiento, mientras la artillería hacía oír su bramido poderoso, «lo que excitó a los indios». San Martín les explicó que debía pasar por el sur pero que para ello necesitaba «la licencia de ustedes, que son los dueños del país». Esperaba que esa noticia llegase a oídos del presidente de la Capitanía General de Chile, Francisco Marcó del Pont, a fin de que debilitase sus tropas trasladando efectivos a esa zona con el objeto, bien difícil, de cubrir todos los pasos de los Andes frente a la incertidumbre de no saber por dónde iban a pasar las tropas libertadoras".

domingo, 26 de julio de 2026

El Facundo y la crítica de Alberdi

Entre las figuras argentinas del siglo XIX, que fueron conformando la nueva nación, encontramos a Domingo Faustino Sarmiento, promotor de la educación, y a Juan Bautista Alberdi, el constitucionalista. Ambos forjaron los cimientos de la Argentina aunque, sin embargo, entre ellos se despertó una agria enemistad y una enconada lucha verbal.

Se citan, a continuación, algunos escritos asociados a la opinión alberdiana acerca del "Facundo", uno de los libros de Sarmiento, siendo una especie de biografía de Facundo Quiroga, caudillo riojano:

LA RAZÓN DE MAQUIAVELO

El libro El Facundo es peligroso para los tutores argentinos de provincia. Es el manual del caudillo y del caudillaje, en que el autor desenvuelve y consagra la teoría del crimen político y social como medio de gobierno. Biografía de un caudillo cuya vida es un tejido de robos, de asesinatos, de violencias y atentados de todo género. El Facundo es un proceso criminal hecho a Quiroga, en efecto, pero es que el juez acaba por absolver al reo de lesa humanidad y de lesa patria, desde que le oye hablar de constitución; conclusión que no es sino la vieja inmoralidad enseñada por Maquiavelo, según la cual el fin justifica los medios.

La biografía que, como ejemplo, educa a sus lectores, educa antes que a ellos al biógrafo mismo, el más familiarizado con ese ejemplo y más expuesto a su contagio. Constituido Sarmiento en Plutarco de los caudillos y criminales políticos de su país, ha tomado de la moral de sus héroes más de lo que él piensa.

Así, el asesinato de Dorrego por Lavalle es un crimen, según él, que tiene su explicación y excusa en las necesidades fatales de la historia.

Otro tanto es que a sus ojos el asesinato de Quiroga por Rosas: la solución fatal de un conflicto, el desenlace doloroso de una situación difícil que estaba en la naturaleza de las cosas.

Confieso que la moral de un libro que tales máximas enseña, me inspira poca fe en el amor del autor a la libertad y mucha desconfianza a la moral política del que se educa en tales lecturas.

Constituido en el lugar de Lavalle o de Rosas, ¿qué dificultad tendría en ayudar a la naturaleza de las cosas a resolver el conflicto en que estuviera contrariada su ambición de él, o de algún discípulo suyo formado en su doctrina?

Para Sarmiento, el terror es un medio de gobierno, no sólo en Quiroga y en Rosas, sino en todo gobierno.

Es un sofisma grosero y peligroso, en un país nuevo. No ha sido el terror, repetimos, sino el tesoro, el instrumento con que Rosas se ha elevado, y se elevó Quiroga con el apoyo de Rosas; es decir, del dinero nacional, aglomerado en Buenos Aires.

El libro es pernicioso, como calumnia y sátira contra la República Argentina y su sociedad; y como manual de los caudillos y del caudillaje, está lleno de máximas inmorales y maquiavélicas, y de herejías contra la República Argentina, de que son muestras las siguientes:

"Y no hay que alucinarse: el terror es un medio de gobierno que produce mayores resultados que el patriotismo y la espontaneidad. La Rusia lo ejercita desde los tiempos de Iván y ha conquistado todos los pueblos bárbaros".

"El espíritu de la Pampa está allí (en la República Argentina) en todos los corazone; pues si solevantáis poco las solapas del frac con que el argentino se disfraza, hallaréis siempre el gaucho, más o menos civilizado, pero siempre gaucho".

"En Facundo Quiroga no veo un caudillo simplemente, sino una manifestación de la vida argentina tal como lo han hecho la colonización y las peculiaridades del terreno, a lo cual creo necesario consagrar una seria atención, porque sin esto la vida y los hechos de Facundo Quiroga son vulgaridades que no merecerían entrar sino episódicamente en el dominio de la historia. Facundo, expresión fiel de una manera de ser de su pueblo, de sus preocupaciones e instintos, siendo lo que fue, no por un accidente de su carácter, sino por accidentes inevitables y ajenos de su voluntad, es el personaje histórico más singular, más notable, que puede presentarse a la contemplación de los hombres que comprenden que un caudillo que encabeza un gran movimiento social no es más que el espejo en que se reflejan, en dimensiones colosales, las creencias, las necesidades, las preocupaciones y hábitos de una nación, en una época dada de su historia... Por esto no es necesario detenernos en los detalles de la vida interior argentina, para comprender su ideal, su personificación."

"Costumbres de este género requieren medios vigorosos de represión, y para reprimir desalmados, se necesitan jueces más desalmados aún. El juez naturalmente es algún famoso (bandido) de tiempo atrás a quien la edad y la familia han llevado a una vida ordenada".

(Extractos de "La barbarie histórica de Sarmiento" de Juan B. Alberdi-Ediciones Pampa y Cielo-Buenos Aires 1964).

sábado, 25 de julio de 2026

Opresores vs. Oprimidos

Por lo general, en distintas épocas y lugares es posible encontrar algunas ideas predominantes que caracterizan a la sociedad en cuestión. Así, durante la Edad Media europea, se admite el predominio de la Iglesia Católica y la creencia en un Dios que interviene en los acontecimientos humanos y que elige a quienes harán cumplir con su voluntad al resto de los mortales. Cuando las cosas no andaban bien, y sucedían plagas y enfermedades contagiosas, se decía que su ocurrencia se debía a castigos provenientes de Dios, que dejaba de ser "un padre amoroso", castigando a la humanidad por sus pecados. Siempre se buscaban justificaciones con tal de no renunciar a las ideas rectoras de la sociedad.

Más adelante encontramos a la lucha de clases como motor de la historia. Según esta visión, el proceso de la evolución biológica no conduciría a la formación de la vida inteligente y a la requerida adaptación al orden natural, como meta o finalidad implícita en dicho proceso, sino que habría una lucha impuesta por una supuesta ley natural que regiría a todas las sociedades humanas. Es muy fácil advertir que en las sociedades reales existen muchos de sus integrantes que no participan en ninguna lucha; las predominantes clases medias parecen escapar de tal simplista y absurda visión.

En tiempos recientes se ha podido constatar que la “lucha de clases” en realidad forma parte, junto a otros conflictos, de una lucha más general que es la lucha entre opresores y oprimidos. En realidad no existe ninguna ley natural que nos induzca a odiar a otros seres humanos, sintiéndonos opresores o bien sintiéndonos oprimidos, por lo que en realidad se trata de conductas sociales derivadas principalmente de defectos humanos de carácter moral. Si al menos predominara, sobre otras visiones, la propuesta evangélica que nos sugiere "amar al prójimo", nadie sería opresor ni nadie se sentiría oprimido, de ahí que tal dualidad de opresores-oprimidos no puede constituir una ley de la naturaleza, ya que excluye el principio de supervivencia constituido por la empatía emocional.

Si nos preguntamos cuál es la idea que está en vigencia en gran parte de los países de Occidente, predominando sobre otras ideas, puede decirse que se trata justamente de la mencionada dualidad. Cuando produce resultados negativos, se procede a ofrecer alternativas deconstruccionistas (o destructoras) orientadas a salvar las creencias previas sin interesarse por el sufrimiento o deterioro social o familiar. Así, quien esté convencido de la "gran ley" de opresores contra oprimidos, afirmará que en una familia, el hombre es el opresor y la mujer la oprimida. Como resultado, y para salvar la ideología, y no a la familia, se procede a establecer una campaña que apunta hacia la destrucción de la familia tradicional diluyéndola entre una gran cantidad de alternativas.

Existen individuos, dentro de la sociedad, que disponen de una capacidad natural para “fabricar” odio en grandes cantidades y necesitan de una justificación para mantener su actitud o predisposición. Y de ahí que ven opresores y oprimidos en todas partes, empezando por la dualidad empresario-empleado, siguiendo por hombre-mujer, nacional-extranjero, occidental-no occidental, creyente-ateo y así sucesivamente. El lema predominante parece ser: ama al oprimido y odia al opresor.

Puede decirse que la supuesta ley natural que sugiere que la humanidad evoluciona a través de correcciones de la dualidad opresores-oprimidos, ha sido una ampliación de la "ley de Marx", quien la aplicaba sólo a la economía, aduciendo que el empresario es el opresor y el empleado el oprimido. Horacio Rivara escribió: "Cuando Marx ya no pudo seguir viviendo a costillas del padre, se casó, y fue dilapidando la fortuna de su rica esposa. A medida que agotaba su patrimonio, comenzó a exprimir a su amigo Engels, un muchacho rico, pero culpógeno".

"Luego embarazó a la criada. Como hombre recto que era, defensor de los oprimidos, se hizo cargo...no, broma, acusó a su amigo Engels de ser el responsable y despidió a la chica".

"Ya no podía seguir sacando conejos de la galera, así que sacó una comadreja. Tomó la teoría de Rodbertus, un papanata que creía que el valor de las cosas está dado por la cantidad de trabajo que se le pone, y por ello todo empleador es un explotador, y se la apropió".

"Durante años, él y sus criminales seguidores, pregonaron la dialéctica del opresor-oprimido. El empleador era el opresor, el obrero el oprimido. Así que había que sabotear, o directamente liquidar al empresario. Peor aún, decidieron que ellos debían fijar los precios de todo".

"Sin precio, destruyeron la retroalimentación de la información en economía. Provocaron hambrunas, en Ucrania le costó la vida al 30% de la población, en Rusia al 20%, en China a 50 millones de personas. Además del hambre, llevaron la dictadura a gran parte del planeta".

"Sin embargo ganaron la Kulturkampf, la guerra cultural. Casi todos los intelectuales, los docentes y los artistas, por inseguridad, envidia, mera estupidez, fomentaban distintas formas de marxismo. El exito fue tan grande que la mayoria de la gente cree que existen los precios abusivos, o los precios justos, en un mercado libre".

"Hacia el año 2000 el pozo de agitar a los obreros se agotó. Al mismo tiempo grandes capitalistas (Blackrock, Vanguard, Fundación Ford, Fundación Rockefeller) se dieron cuenta que el marxismo, si bien es un pésimo sistema de producción económica, es una excelente forma de control social. China decidió mantener el sistema comunista de control social, pero con un sistema semicapitalista de producción".

"Así que se decidió controlar a la humanidad con un sistema combinado. Primero dividir hombres de mujeres, afirmando que el hombre es el opresor y la mujer la oprimida, y se lanzó el feminismo radical. Luego dividir heterosexuales de homosexuales, siendo los homosexuales los «oprimidos», según el relato de Agenda LGBT. Lo hicieron en una época donde a nadie ya le importaba lo que hiciera un vecino en su intimidad. Y lo llevan al extremo de considerar a los pedófilos una minoría «oprimida». Dividir a blancos de negros, siendo los negros los «oprimidos» (Black lives matter)". (De facebook).