Los gobiernos totalitarios predisponen a la sociedad a estar a favor o en contra, ya que actúan como una fuerza efectiva que une a sus adherentes como si fuese una religión pagana, mientras que también une a sus detractores, que ven como un "amigo" a quien comparte una misma adversión o un mismo "enemigo". Así, la grieta social, o división social que se prolonga en el tiempo, se inicia en la Argentina de los años 40 con el arribo del peronismo al poder.
La grieta social, iniciada por el peronismo, se trata de un "cáncer social" que impide toda forma de progreso, ya que es común advertir que en la Argentina lo que hace un gobierno no peronista es luego desarmado por un gobierno peronista, y viceversa, ya que el criterio predominante no es la observancia de los efectos que producen las decisiones gubernamentales, sino que el criterio está orientado por hacer lo contrario a lo que hizo el gobierno del otro lado de la grieta social.
Los relatos de los inicios del peronismo son coincidentes y concuerdan con que se trató de un movimiento totalitario que accede al poder mediante el voto en elecciones libres. Si bien el acceso al poder resultó legítimo, la gestión fue poco o nada democrática. Oscar Hermes Villordo escribió: "A poco del comienzo de la solapada represión y pérdida de libertades individuales que tenían su contrapartida en la asfixiante propaganda del régimen, las nuevas autoridades municipales trasladan a Borges a su modesto cargo de inspector de aves. El episodio es sólo una muestra del trato que recibieron artistas e intelectuales por parte del peronismo".
"Sin embargo, la Sociedad Argentina de Escritores, SADE, elige a Borges presidente. Bioy Casares estará junto a él. Las conferencias en el local de la calle México 524 contaron, dada la época, con un oyente más, uniformado y generalmente sentado en las últimas filas del salón, donde bostezaba de aburrimiento o dormía. Se trataba del agente de parada u oficial de policía que estaba allí para informar, aunque no entendiera nada de lo que pasaba".
"La intranquilidad, nacida de la vigilancia, sin embargo, no era de aquellas que producen indiferencia, o al menos marcan un compás de espera en la atención, sino de las que inquietan porque detrás de ella se oculta el miedo, anunciador del peligro. Era una atmósfera inquietante por las consecuencias que podría traer y que los años posteriores a la acción de los escritores en la SADE se encargaron de confirmar".
"Buenos Aires vivía bajo el indiscernible aire que se respira en una dictadura que, aunque haya provocado persecusiones, cárcel, torturas y muertes no puede ser descripta en sus hechos reales sino en su atmósfera, precisamente. El ambiente creado trajo como consecuencia la unión de los escritores, produciendo la saludable paradoja de juntar a aquéllos que, por su natural individualismo e independencia, son reacios a toda asociación. Y esto, a la distancia, sin entrar a considerar otras cuestiones del momento histórico, permite afirmar que el acercamiento se debió a ideas nobles y valiosas, ya que, de lo contrario, la explicación resultaría difícil o imposible".
"Si no se han compartido esos momentos, no se podrá imaginar la exaltación que provocaba «combatir» a Perón desde la SADE, o desde La Prensa o La Nación, para no citar sino a una entidad y a dos diarios que en ese momento dejaron oír sus voces. Una alegría, un júbilo que hacía pensar románticamente en los proscriptos de Rosas (época del pasado argentino que escritores y políticos han elegido para comparar a la de Perón), embargaba a quienes participaban de las reuniones, iban a las conferencias o conversaban en privado. Se olvidaban diferencias en nombre de la cruzada y se escribían páginas de encendido patriotismo y, lo que es mejor, de buena literatura, como ésta de Borges, perteneciente a las palabras que dijo durante la comida de desagravio que se le ofreció en 1946, y que son un retrato del poder omnímodo de Perón y el peronismo: «Las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable por el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir estas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor»" (De "Genio y figura de Adolfo Bioy Casares" de Oscar Hermes Villordo-EUDEBA-Buenos Aires 1983).
sábado, 28 de marzo de 2026
miércoles, 25 de marzo de 2026
Acerca de Dios y la ley natural
Partiendo de la idea de que los seres humanos hemos sido conformados "a imagen y semejanza de Dios", para confirmar que Dios tiene atributos humanos, se supone que todo individuo, incluso el mismo Dios, han de poseer una actitud característica definida, de tal manera que respondemos de igual manera ante estímulos o circunstancias similares. Tal respuesta típica puede variar en función del tiempo, ya que podemos mejorar o empeorar a través de distintas etapas de nuestra vida. Si le asociamos al Dios antropomorfo cierta actitud o respuesta característica, pensaremos que no cambia en el tiempo, de ahí que Cristo haya expresado que "Dios sabe que os hace falta antes que se lo pidáis".
En Psicología social se define la actitud característica como el vínculo entre respuesta y estímulo, simbolizada de la siguiente manera:
Actitud característica = Respuesta / Estímulo
Como una ley natural es considerada como un vinculo invariante entre causa y efecto, si consideramos al mencionado estímulo como causa y a la mencionada respuesta como efecto, encontramos que tal actitud equivale a una ley general a la que estamos sometidos y que incluso un Dios con atributos humanos debería también respetar. De todo esto se hace evidente que existe cierta compatibilidad entre el teísmo (que considera un Dios que interviene en los acontecimentos humanos) y el deísmo, o religión natural (que supone que todo lo existente está regido por leyes naturales no haciendo falta un Dios que las interrumpa o las viole).
Quienes se aferran a la idea de un Dios que responde a los pedidos humanos, tal como lo aceptan cristianos, judíos y musulmanes, parece que todavía no han advertido las catástrofes humanas producidas por las luchas religiosas y el calamitoso estado social y mental del planeta. Si en realidad buscamos una mejora generalizada de la humanidad, debemos admitir que la religión natural, o deísmo, es la "candidata" única que puede orientarnos hacia tal mejora.
Tanto las personas como las cosas, como se dijo, responden de igual manera en iguales circunstancias, de ahí que todo lo existente esté regido por alguna ley natural; tal la visión asociada a la ciencia experimental. Luego, resulta equivalente la postura de quien cree en un universo regido por leyes naturales invariantes a la postura de quien cree en un universo regido por un Dios que posee una actitud característica definida. Esta idea ya fue tenida en cuenta parcialmente por René Descartes. Al respecto, Franklin L. Baumer escribió: “Fuese lo que fuese, Dios seguía siendo, ante todo, «inmutable» para la mayoría en el siglo XVII. Desde luego, en la idea de plenitud hay una sugestión de que Dios actúa de maneras nuevas y distintas, de un Dios fecundo, que crea, generosamente, infinidad de seres y de mundos. Pero para todo el que tomara en serio el nuevo orden de la naturaleza, era esencial que Dios mismo no cambiara, como después querrían hacerle cambiar los hegelianos”.
“Descartes insistió en la «inmutabilidad de Dios», en sus Principios de filosofía. Sabemos, escribió Descartes, no sólo que Dios es «inamovible por naturaleza» sino que «actúa de una manera que nunca cambia». «Por el hecho de que Dios no está sujeto al cambio y que siempre actúa de la misma manera, podemos llegar al conocimiento de ciertas reglas a las que yo llamo las leyes de la naturaleza»”.
“Es obvia la conexión, en el cerebro de Descartes entran los dos, entre Dios y las leyes de la naturaleza. La inmutabilidad de Dios garantiza la confiabilidad de la naturaleza (considerada como obra de Dios), y por tanto, la certidumbre científica. Esta interconexión también era cierta para Spinoza y Leibniz, aun cuando tenían ideas distintas acerca de Dios y de su relación con la naturaleza. Hasta entonces, el hincapié seguía, claramente, en el ser de Dios, no en su devenir” (De “El pensamiento europeo moderno”-Fondo de Cultura Económica SA-México 1985).
Con respecto al coincidente conjunto de características atribuidas a Dios y al universo. Barrows Dunham escribió: “Con una mirada retrospectiva, podemos ver lo que los contemporáneos de Spinoza no pudieron ver: que el proceso había empezado cuatrocientos años antes, con los trabajos de los escolásticos, que trataron de fijar la doctrina cristiana en un lenguaje todo lo literal que podían dominar y que la propia doctrina podía permitir”.
“Los escolásticos acumularon en este trabajo una serie de definiciones del término «Dios» y, cuando todo acabó, abandonaron este término a medio camino entre la metáfora y la afirmación literal. Habían definido a Dios como un ser que no necesita de nada más para existir, o como un ser que posee todos los atributos posibles (es decir, todo lo que puede ser predicado de Dios), o como un ser cuya naturaleza implica la existencia”.
"Vamos a realizar ahora un sencillo experimento. Podemos preguntar, ¿cuál es el ser que no necesita de nada más para existir? Evidentemente, la respuesta es el universo. Y, ¿cuál es el ser cuya naturaleza implica su existencia? El universo, por supuesto. De este modo, el mensaje del escolasticismo estaba abierto a que se apoderara de él el más simple de los ardides lógicos, la equivalencia: Dios y el universo son idénticos. Tal fue la inferencia que sacó Spinoza del escolasticismo y de la filosofía judía, mediante el método cartesiano. La inferencia era válida sin duda y contenía además esa evidencia geométrica («dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí») que tanto admiraba el siglo XVII. Desde el momento en que los escolásticos describieron a Dios como a un ser perfecto, comenzaron su despersonalización; pero, dado el enorme poder que había tenido la tradición, causó una terrible impresión que Spinoza pusiera al descubierto el resultado. La verdad era que tal resultado había pasado inadvertido por completo para Descartes”.
“Ahora bien, todas las religiones occidentales, consideraban al panteísmo como herejía. El judaísmo necesita un Dios personal para dar solidez a la fe, el cristianismo necesita un Dios personal para dar legitimidad a la autoridad de la Iglesia y la religión mahometana necesita a Alá personal para justificar la misión profética de Mahoma. Así, pues, en las vicisitudes de la ideología, el hecho de que Dios fuera una persona se había convertido en algo enormemente importante para la unidad de la organización. Podría ser cierto (aunque, en realidad, impreciso) decir que los judíos tuvieron su ley, las Iglesias su autoridad y los mahometanos su profeta a partir del universo” (De “Héroes y Herejes”-Editorial Seix Barral SA-Barcelona 1965).
En Psicología social se define la actitud característica como el vínculo entre respuesta y estímulo, simbolizada de la siguiente manera:
Actitud característica = Respuesta / Estímulo
Como una ley natural es considerada como un vinculo invariante entre causa y efecto, si consideramos al mencionado estímulo como causa y a la mencionada respuesta como efecto, encontramos que tal actitud equivale a una ley general a la que estamos sometidos y que incluso un Dios con atributos humanos debería también respetar. De todo esto se hace evidente que existe cierta compatibilidad entre el teísmo (que considera un Dios que interviene en los acontecimentos humanos) y el deísmo, o religión natural (que supone que todo lo existente está regido por leyes naturales no haciendo falta un Dios que las interrumpa o las viole).
Quienes se aferran a la idea de un Dios que responde a los pedidos humanos, tal como lo aceptan cristianos, judíos y musulmanes, parece que todavía no han advertido las catástrofes humanas producidas por las luchas religiosas y el calamitoso estado social y mental del planeta. Si en realidad buscamos una mejora generalizada de la humanidad, debemos admitir que la religión natural, o deísmo, es la "candidata" única que puede orientarnos hacia tal mejora.
Tanto las personas como las cosas, como se dijo, responden de igual manera en iguales circunstancias, de ahí que todo lo existente esté regido por alguna ley natural; tal la visión asociada a la ciencia experimental. Luego, resulta equivalente la postura de quien cree en un universo regido por leyes naturales invariantes a la postura de quien cree en un universo regido por un Dios que posee una actitud característica definida. Esta idea ya fue tenida en cuenta parcialmente por René Descartes. Al respecto, Franklin L. Baumer escribió: “Fuese lo que fuese, Dios seguía siendo, ante todo, «inmutable» para la mayoría en el siglo XVII. Desde luego, en la idea de plenitud hay una sugestión de que Dios actúa de maneras nuevas y distintas, de un Dios fecundo, que crea, generosamente, infinidad de seres y de mundos. Pero para todo el que tomara en serio el nuevo orden de la naturaleza, era esencial que Dios mismo no cambiara, como después querrían hacerle cambiar los hegelianos”.
“Descartes insistió en la «inmutabilidad de Dios», en sus Principios de filosofía. Sabemos, escribió Descartes, no sólo que Dios es «inamovible por naturaleza» sino que «actúa de una manera que nunca cambia». «Por el hecho de que Dios no está sujeto al cambio y que siempre actúa de la misma manera, podemos llegar al conocimiento de ciertas reglas a las que yo llamo las leyes de la naturaleza»”.
“Es obvia la conexión, en el cerebro de Descartes entran los dos, entre Dios y las leyes de la naturaleza. La inmutabilidad de Dios garantiza la confiabilidad de la naturaleza (considerada como obra de Dios), y por tanto, la certidumbre científica. Esta interconexión también era cierta para Spinoza y Leibniz, aun cuando tenían ideas distintas acerca de Dios y de su relación con la naturaleza. Hasta entonces, el hincapié seguía, claramente, en el ser de Dios, no en su devenir” (De “El pensamiento europeo moderno”-Fondo de Cultura Económica SA-México 1985).
Con respecto al coincidente conjunto de características atribuidas a Dios y al universo. Barrows Dunham escribió: “Con una mirada retrospectiva, podemos ver lo que los contemporáneos de Spinoza no pudieron ver: que el proceso había empezado cuatrocientos años antes, con los trabajos de los escolásticos, que trataron de fijar la doctrina cristiana en un lenguaje todo lo literal que podían dominar y que la propia doctrina podía permitir”.
“Los escolásticos acumularon en este trabajo una serie de definiciones del término «Dios» y, cuando todo acabó, abandonaron este término a medio camino entre la metáfora y la afirmación literal. Habían definido a Dios como un ser que no necesita de nada más para existir, o como un ser que posee todos los atributos posibles (es decir, todo lo que puede ser predicado de Dios), o como un ser cuya naturaleza implica la existencia”.
"Vamos a realizar ahora un sencillo experimento. Podemos preguntar, ¿cuál es el ser que no necesita de nada más para existir? Evidentemente, la respuesta es el universo. Y, ¿cuál es el ser cuya naturaleza implica su existencia? El universo, por supuesto. De este modo, el mensaje del escolasticismo estaba abierto a que se apoderara de él el más simple de los ardides lógicos, la equivalencia: Dios y el universo son idénticos. Tal fue la inferencia que sacó Spinoza del escolasticismo y de la filosofía judía, mediante el método cartesiano. La inferencia era válida sin duda y contenía además esa evidencia geométrica («dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí») que tanto admiraba el siglo XVII. Desde el momento en que los escolásticos describieron a Dios como a un ser perfecto, comenzaron su despersonalización; pero, dado el enorme poder que había tenido la tradición, causó una terrible impresión que Spinoza pusiera al descubierto el resultado. La verdad era que tal resultado había pasado inadvertido por completo para Descartes”.
“Ahora bien, todas las religiones occidentales, consideraban al panteísmo como herejía. El judaísmo necesita un Dios personal para dar solidez a la fe, el cristianismo necesita un Dios personal para dar legitimidad a la autoridad de la Iglesia y la religión mahometana necesita a Alá personal para justificar la misión profética de Mahoma. Así, pues, en las vicisitudes de la ideología, el hecho de que Dios fuera una persona se había convertido en algo enormemente importante para la unidad de la organización. Podría ser cierto (aunque, en realidad, impreciso) decir que los judíos tuvieron su ley, las Iglesias su autoridad y los mahometanos su profeta a partir del universo” (De “Héroes y Herejes”-Editorial Seix Barral SA-Barcelona 1965).
martes, 24 de marzo de 2026
Manteniendo vigente la grieta social
Teniendo presente las versiones que emite la mayoría de los medios masivos de comunicación, en alusión al 24 de Marzo de 1976, se advierte una actitud que pareciera intentar mantener vigente la grieta social existente en el país. Lo que, a mediados del siglo XX, fue la grieta entre peronistas y antiperonistas, en la actualidad pasó a ser una grieta entre socialistas y democráticos.
Tales medios siguen considerando a los terroristas Montoneros y ERP como víctimas inocentes de la maldad militar, mientras que las víctimas inocentes asesinadas por Montoneros y ERP siguen siendo ignoradas como si nunca hubieran existido. Incluso no existen placas recordatorias de ciudadanos argentinos que cayeron bajo las infames balas de quienes quisieron instalar el socialismo cubano-soviético en este país.
Mientras los medios de comunicación sigan promoviendo una "memoria incompleta", seguirá vigente la grieta de quienes nos sentimos burlados ante una sociedad que acepta reivindicaciones de terroristas junto con cuantiosas indemnizaciones luego de iniciar una guerra con proyecciones que apuntaban a una "necesaria" matanza de 1 millón de posibles opositores al socialismo a implantar. Luego, la acción militar impidió la caída de la nación, si bien con métodos poco legales, según concuerdan distintos sectores.
A continuación se transcribe un artículo al respecto:
LOS DERECHOS HUMANOS DE UNA HISTORIA MAL CONTADA
Por María Zaldivar
La sociedad argentina recuerda un nuevo aniversario del golpe de Estado de 1976, una época signada por la violencia extrema. El terrorismo urbano y rural llevaba adelante el plan de hacerse del poder y, para tal fin, desarrolló miles de acciones que implicaron asesinatos, secuestros extorsivos, bombas callejeras y hasta llegaron a tomar el control de una porción del territorio nacional, en la provincia de Tucumán. Nadie estaba seguro. Si bien el blanco elegido eran las fuerzas del orden, la guerrilla argentina, financiada y entrenada en Cuba, recaudaba dinero capturando empresarios por los que exigía millonarios rescates, mientras sembraba el terror en la población civil en su conjunto. Hubo un promedio de un atentado subversivo cada 4 horas, esto es 6 por día durante una década. 21.700 entre 1969 y 1979 (1.500 homicidios, 1.800 secuestros, más de 5.000 atentados con bombas, tomas de pueblos, izamiento de banderas revolucionarias, miles de heridos, gente mutilada y propiedad privada destruida o ilegalmente apropiada).
Aquellos hechos siguen enfrentándonos por obra de la prédica marxista que distorsionó y envenenó la memoria. La guerra librada en el país para contrarrestar el ataque subversivo nunca fue correctamente explicada. Desde el retorno al sistema democrático de gobierno en 1983, mucho se ha intentado por echar luz sobre esos años, por buscar justicia y por contar lo sucedido. Sin embargo, que cuarenta años después el tema nos mantenga divididos indica que esa revisión no se hizo bien.
Alguna vez se alentó una cierta esperanza en el sentido de encaminarnos hacia una auténtica reconciliación, que no significa entregar banderas, olvidar acontecimientos y ni siquiera dejar de sufrir. Pero para seguir adelante es imprescindible asumir la historia completa y es lo que no se hizo durante las últimas décadas.
Cuando en 1975, las Fuerzas Armadas fueron encomendadas por el Gobierno constitucional peronista a “aniquilar el accionar subversivo”, el país estaba sumido en el terror y la incertidumbre por obra de grupos armados paramilitares extremadamente violentos. El tiempo transcurrido sirve para mirar con perspectiva los acontecimientos. Hoy se hace evidente que nunca se encaró un tratamiento pleno y auténtico de aquellos hechos.
Demandas parciales
Los movimientos de derechos humanos, que se multiplicaron en las últimas décadas, se enfocaron en demandas parciales. Desde entonces, sólo los grupos violentos que se armaron contra el Estado y el orden institucional tuvieron voz. Se escucharon sus reclamos, sus historias y su versión de nuestro pasado reciente con exclusividad. La narrativa los erigió en víctimas y, casi por defecto, a quienes los reprimieron, en victimarios.
Pero la realidad suele ser más compleja que la explicación binaria que se quiso dar a aquella década trágica. Nos hemos cansado de escuchar: “Justicia lenta no es justicia”. Pues verdad a medias tampoco es verdad. Que los terroristas se hayan reivindicado subiéndose al colectivo de las víctimas de la represión es una lectura sesgada y caprichosa de los hechos.
Ellos no son víctimas sino responsables del baño de sangre vivido en la Argentina. Ellos y sus defensores, abogados, organizaciones no gubernamentales y organismos de derechos humanos creados a su alrededor, cobraron millonarias indemnizaciones tras demandar al Estado argentino por sus supuestos padecimientos y por la necesidad, adujeron, de exiliarse en el exterior para salvar sus vidas. Paralelamente, se encargaron de invisibilizar los reclamos de las víctimas del terrorismo que sólo piden memoria de los caídos, verdad sobre los hechos y castigo a quienes perpetraron tales y tantos hechos aberrantes.
Sin embargo, el tiempo pasa y nada parece ordenarse. La política evita el tema y los políticos, con una cobardía vergonzosa, prefieren el silencio incómodo a la verdad histórica.
Del kirchnerismo no puede esperarse sino mala fe, pues ha sido y es una gestión signada por la mentira, la corrupción y el doble discurso y porque, además, muchos de aquellos guerrilleros que participaron entonces del ataque a las instituciones y se beneficiaron con el dinero mal habido que cobraron fungiendo en víctimas, hoy usufructúan cargos de envergadura al calor del Estado. Y si no ellos, padecemos a sus hijos en el gobierno. Pero en el resto del arco político había depositada una expectativa distinta que no sucedió. Y no podremos superar nunca nuestras diferencias mientras se siga consumiendo una versión falaz y recortada de nuestra historia reciente como es el hecho de que cualquier relato inicia en 1976 con el golpe militar, como si antes de esa fecha hubiera reinado la paz.
¿Qué tiene de memoria, de verdadero y de justo un acto que oculta a gremialistas, empresarios, militares y civiles que el terrorismo asesinó? ¿Hay muertos de primera y muertos de segunda? ¿Qué les decimos como sociedad a sus familiares o a los de los sindicalistas como José Ignacio Rucci, asesinado en 1973, a los del empresario italiano Oberdan Sallustro asesinado en 1972, a los de los militares Jorge Ibarzábal (secuestrado en enero de 1974 y asesinado diez meses después) y de Argentino del Valle Larrabure (secuestrado en 1974, torturado y asesinado en 1975)? ¿Cómo se cuenta la historia del juez Jorge Quiroga (asesinado en 1974) o la del profesor Carlos Sacheri, asesinado en1974 a la salida de misa frente a sus cinco pequeños hijos? ¿Son menos condenables los crímenes de la joven de 15 años Paula Lambruschini o del empresario Francisco Soldati y los de miles de víctimas de ese terrorismo que sin piedad sembró de sangre y muerte la historia del siglo XX?
¿Cómo se puede adherir a la mentira de una historia mal contada? ¿Cómo se construye concordia sobre la falsedad?
A las puertas de una elección presidencial, la Argentina aún arrastra viejos dramas sin resolver que siguen sangrando y que atraviesan a la sociedad en su conjunto. Necesitamos elevarnos de la mezquindad que ha sido la moneda corriente todas estas décadas y estar dispuestos a cargar la mochila de nuestra historia y de nuestros muertos con dignidad, con dolor pero con nobleza.
(De www.laprensa.com.ar)
Tales medios siguen considerando a los terroristas Montoneros y ERP como víctimas inocentes de la maldad militar, mientras que las víctimas inocentes asesinadas por Montoneros y ERP siguen siendo ignoradas como si nunca hubieran existido. Incluso no existen placas recordatorias de ciudadanos argentinos que cayeron bajo las infames balas de quienes quisieron instalar el socialismo cubano-soviético en este país.
Mientras los medios de comunicación sigan promoviendo una "memoria incompleta", seguirá vigente la grieta de quienes nos sentimos burlados ante una sociedad que acepta reivindicaciones de terroristas junto con cuantiosas indemnizaciones luego de iniciar una guerra con proyecciones que apuntaban a una "necesaria" matanza de 1 millón de posibles opositores al socialismo a implantar. Luego, la acción militar impidió la caída de la nación, si bien con métodos poco legales, según concuerdan distintos sectores.
A continuación se transcribe un artículo al respecto:
LOS DERECHOS HUMANOS DE UNA HISTORIA MAL CONTADA
Por María Zaldivar
La sociedad argentina recuerda un nuevo aniversario del golpe de Estado de 1976, una época signada por la violencia extrema. El terrorismo urbano y rural llevaba adelante el plan de hacerse del poder y, para tal fin, desarrolló miles de acciones que implicaron asesinatos, secuestros extorsivos, bombas callejeras y hasta llegaron a tomar el control de una porción del territorio nacional, en la provincia de Tucumán. Nadie estaba seguro. Si bien el blanco elegido eran las fuerzas del orden, la guerrilla argentina, financiada y entrenada en Cuba, recaudaba dinero capturando empresarios por los que exigía millonarios rescates, mientras sembraba el terror en la población civil en su conjunto. Hubo un promedio de un atentado subversivo cada 4 horas, esto es 6 por día durante una década. 21.700 entre 1969 y 1979 (1.500 homicidios, 1.800 secuestros, más de 5.000 atentados con bombas, tomas de pueblos, izamiento de banderas revolucionarias, miles de heridos, gente mutilada y propiedad privada destruida o ilegalmente apropiada).
Aquellos hechos siguen enfrentándonos por obra de la prédica marxista que distorsionó y envenenó la memoria. La guerra librada en el país para contrarrestar el ataque subversivo nunca fue correctamente explicada. Desde el retorno al sistema democrático de gobierno en 1983, mucho se ha intentado por echar luz sobre esos años, por buscar justicia y por contar lo sucedido. Sin embargo, que cuarenta años después el tema nos mantenga divididos indica que esa revisión no se hizo bien.
Alguna vez se alentó una cierta esperanza en el sentido de encaminarnos hacia una auténtica reconciliación, que no significa entregar banderas, olvidar acontecimientos y ni siquiera dejar de sufrir. Pero para seguir adelante es imprescindible asumir la historia completa y es lo que no se hizo durante las últimas décadas.
Cuando en 1975, las Fuerzas Armadas fueron encomendadas por el Gobierno constitucional peronista a “aniquilar el accionar subversivo”, el país estaba sumido en el terror y la incertidumbre por obra de grupos armados paramilitares extremadamente violentos. El tiempo transcurrido sirve para mirar con perspectiva los acontecimientos. Hoy se hace evidente que nunca se encaró un tratamiento pleno y auténtico de aquellos hechos.
Demandas parciales
Los movimientos de derechos humanos, que se multiplicaron en las últimas décadas, se enfocaron en demandas parciales. Desde entonces, sólo los grupos violentos que se armaron contra el Estado y el orden institucional tuvieron voz. Se escucharon sus reclamos, sus historias y su versión de nuestro pasado reciente con exclusividad. La narrativa los erigió en víctimas y, casi por defecto, a quienes los reprimieron, en victimarios.
Pero la realidad suele ser más compleja que la explicación binaria que se quiso dar a aquella década trágica. Nos hemos cansado de escuchar: “Justicia lenta no es justicia”. Pues verdad a medias tampoco es verdad. Que los terroristas se hayan reivindicado subiéndose al colectivo de las víctimas de la represión es una lectura sesgada y caprichosa de los hechos.
Ellos no son víctimas sino responsables del baño de sangre vivido en la Argentina. Ellos y sus defensores, abogados, organizaciones no gubernamentales y organismos de derechos humanos creados a su alrededor, cobraron millonarias indemnizaciones tras demandar al Estado argentino por sus supuestos padecimientos y por la necesidad, adujeron, de exiliarse en el exterior para salvar sus vidas. Paralelamente, se encargaron de invisibilizar los reclamos de las víctimas del terrorismo que sólo piden memoria de los caídos, verdad sobre los hechos y castigo a quienes perpetraron tales y tantos hechos aberrantes.
Sin embargo, el tiempo pasa y nada parece ordenarse. La política evita el tema y los políticos, con una cobardía vergonzosa, prefieren el silencio incómodo a la verdad histórica.
Del kirchnerismo no puede esperarse sino mala fe, pues ha sido y es una gestión signada por la mentira, la corrupción y el doble discurso y porque, además, muchos de aquellos guerrilleros que participaron entonces del ataque a las instituciones y se beneficiaron con el dinero mal habido que cobraron fungiendo en víctimas, hoy usufructúan cargos de envergadura al calor del Estado. Y si no ellos, padecemos a sus hijos en el gobierno. Pero en el resto del arco político había depositada una expectativa distinta que no sucedió. Y no podremos superar nunca nuestras diferencias mientras se siga consumiendo una versión falaz y recortada de nuestra historia reciente como es el hecho de que cualquier relato inicia en 1976 con el golpe militar, como si antes de esa fecha hubiera reinado la paz.
¿Qué tiene de memoria, de verdadero y de justo un acto que oculta a gremialistas, empresarios, militares y civiles que el terrorismo asesinó? ¿Hay muertos de primera y muertos de segunda? ¿Qué les decimos como sociedad a sus familiares o a los de los sindicalistas como José Ignacio Rucci, asesinado en 1973, a los del empresario italiano Oberdan Sallustro asesinado en 1972, a los de los militares Jorge Ibarzábal (secuestrado en enero de 1974 y asesinado diez meses después) y de Argentino del Valle Larrabure (secuestrado en 1974, torturado y asesinado en 1975)? ¿Cómo se cuenta la historia del juez Jorge Quiroga (asesinado en 1974) o la del profesor Carlos Sacheri, asesinado en1974 a la salida de misa frente a sus cinco pequeños hijos? ¿Son menos condenables los crímenes de la joven de 15 años Paula Lambruschini o del empresario Francisco Soldati y los de miles de víctimas de ese terrorismo que sin piedad sembró de sangre y muerte la historia del siglo XX?
¿Cómo se puede adherir a la mentira de una historia mal contada? ¿Cómo se construye concordia sobre la falsedad?
A las puertas de una elección presidencial, la Argentina aún arrastra viejos dramas sin resolver que siguen sangrando y que atraviesan a la sociedad en su conjunto. Necesitamos elevarnos de la mezquindad que ha sido la moneda corriente todas estas décadas y estar dispuestos a cargar la mochila de nuestra historia y de nuestros muertos con dignidad, con dolor pero con nobleza.
(De www.laprensa.com.ar)
Actitud socialista
Nuestra actitud predominante proviene de una previa visión que tengamos respecto del mundo en el cual estamos inmersos. En cuanto a lo que más incide en tal actitud, es posible que sea la opinión que tengamos de los seres humanos en general. Así, quien supone que el ser humano es perverso e indisciplinado, mayoritariamente, ha de promover la existencia de un Estado que limite severamente toda libertad individual, suponiendo que de esa forma se protegerá a cada individuo y a toda sociedad.
Esta postura pesimista es propia de los adherentes a los sistemas totalitarios. La realidad pareciera ser tal que la humanidad está compuesta tanto por personas buenas como malas. De ahí que es necesario establecer instituciones que permitan el libre desenvolvimiento de los buenos para facilitar, además, la posterior inserción de quienes están poco adaptados a la vida en sociedad.
Quienes suponen que es el Estado el que debe controlar y dirigir, mental y materialmente, a todo integrante de la sociedad, presupone que en realidad tal Estado ha de estar dirigido por seres humanos "especiales", dotados de virtudes y sabiduría de las que carece el ciudadano común, suponiendo que los seguidores de Marx son las personas indicadas por ser los conocedores de "la verdad revelada" de una vez y para siempre.
Los principales síntomas de la actitud del socialista son la burla y la envidia, lo que se conoce como el odio. Esta actitud es independiente del nivel intelectual y económico de las personas. Mediante la burla denota cierta alegría propia por el sufrimiento ajeno, mientras que con la envidia denota cierto sufrimiento propio ante el éxito ajeno. De ahí que el socialista sea esencialmente un ser antisocial, si bien trata por todos los medios en mostrarse como alguien solidario y con buenas intenciones.
Los procesos revolucionarios se parecen, en cierta forma, a la conformación de una bomba de fisión nuclear, la cual requiere llegar previamente a una "masa crítica", es decir, a cierta cantidad de material fisionable que permite la reacción en cadena posterior. Así, en la sociedad se necesita llegar a una "masa crítica" de adherentes al socialismo para un posterior acceso al poder vía elecciones democráticas. La analogía pierde algo de validez para el acceso al poder vía revoluciones armadas.
La "masa crítica" requiere de participantes tanto activos como inactivos. Nicolás Márquez escribió al respecto: "Por un lado encontramos lo que denominaremos el «progresista activo», que es el ideólogo, el militante consciente, portador de un objetivo concreto. Por el otro, encontramos al «progresista pasivo» (la inmensa mayoría de sus miembros) que son simples adherentes al discurso superficial del progresismo" (De "La mentira oficial"-Mar del Plata 2006).
El camino hacia el socialismo, según Márquez, es el siguiente: "La enmascarada finalidad de los «progresistas activos» consiste entonces en «destruir» la cultura, las instituciones y los valores tradicionales o naturales, no para generar un gigantesco escombro socio-cultural como un daño per se, sino para, sobre sus ruinas, edificar todo aquello que no se pudo efectuar por la vía armada y la coacción. En cambio, el «progresista pasivo» (probablemente bienintencionado) no tiene conocimiento sobre estas metas ulteriores, pero resulta involuntariamente funcional a sus retorcidos intereses escondidos por los «progresistas activos», que obran como verdaderos titiriteros. Para estos últimos, el objetivo de plazo inmediato es cambiar todos los paradigmas antedichos y a la postre, modificar las estructuras políticas".
Respecto de la hipocresía socialista, el citado autor escribió: "El «progresista pasivo» se muestra a favor del «amor libre» (siempre y cuando no lo practiquen su mujer y su hija) aplaudiendo efusivamente la novedad del «casamiento gay» (siempre que el contrayente no sea su hijo); en materia criminológica, el «garantismo» se considera «un avance de los derechos humanos» (hasta que le roban la casa e ipso facto peticiona la pena de muerte); mira con antipatía al sistema económico capitalista, pero cuando tiene que emigrar al extranjero en busca de prosperidad, ni se le ocurre escoger un país que no sea capitalista y así, se sirve y disfruta del confort y la tecnología occidental, aunque con entusiasmo repudie a la «sociedad de consumo»".
"Fustiga con virulencia a la Iglesia, hasta que padece una enfermedad o situación grave y se rodea de rosarios y estampas con santos de los más variopintos; en economía abomina del individualismo y pregona un «distribucionismo solidario», hasta que le retienen o confiscan sus depósitos en algún «corralito» bancario y en defensa de su patrimonio, no vacila en impulsar el derrocamiento de un gobierno al que votó y así, se divulgan inacabables declaraciones de principios nunca practicadas con el ejemplo personal, que ratifican la doble faz entre el discurso y el actuar concreto. En torno a este último ejemplo, un viejo chiste decía que «socialista es todo aquel que quiere repartir lo que no le pertenece»".
Esta postura pesimista es propia de los adherentes a los sistemas totalitarios. La realidad pareciera ser tal que la humanidad está compuesta tanto por personas buenas como malas. De ahí que es necesario establecer instituciones que permitan el libre desenvolvimiento de los buenos para facilitar, además, la posterior inserción de quienes están poco adaptados a la vida en sociedad.
Quienes suponen que es el Estado el que debe controlar y dirigir, mental y materialmente, a todo integrante de la sociedad, presupone que en realidad tal Estado ha de estar dirigido por seres humanos "especiales", dotados de virtudes y sabiduría de las que carece el ciudadano común, suponiendo que los seguidores de Marx son las personas indicadas por ser los conocedores de "la verdad revelada" de una vez y para siempre.
Los principales síntomas de la actitud del socialista son la burla y la envidia, lo que se conoce como el odio. Esta actitud es independiente del nivel intelectual y económico de las personas. Mediante la burla denota cierta alegría propia por el sufrimiento ajeno, mientras que con la envidia denota cierto sufrimiento propio ante el éxito ajeno. De ahí que el socialista sea esencialmente un ser antisocial, si bien trata por todos los medios en mostrarse como alguien solidario y con buenas intenciones.
Los procesos revolucionarios se parecen, en cierta forma, a la conformación de una bomba de fisión nuclear, la cual requiere llegar previamente a una "masa crítica", es decir, a cierta cantidad de material fisionable que permite la reacción en cadena posterior. Así, en la sociedad se necesita llegar a una "masa crítica" de adherentes al socialismo para un posterior acceso al poder vía elecciones democráticas. La analogía pierde algo de validez para el acceso al poder vía revoluciones armadas.
La "masa crítica" requiere de participantes tanto activos como inactivos. Nicolás Márquez escribió al respecto: "Por un lado encontramos lo que denominaremos el «progresista activo», que es el ideólogo, el militante consciente, portador de un objetivo concreto. Por el otro, encontramos al «progresista pasivo» (la inmensa mayoría de sus miembros) que son simples adherentes al discurso superficial del progresismo" (De "La mentira oficial"-Mar del Plata 2006).
El camino hacia el socialismo, según Márquez, es el siguiente: "La enmascarada finalidad de los «progresistas activos» consiste entonces en «destruir» la cultura, las instituciones y los valores tradicionales o naturales, no para generar un gigantesco escombro socio-cultural como un daño per se, sino para, sobre sus ruinas, edificar todo aquello que no se pudo efectuar por la vía armada y la coacción. En cambio, el «progresista pasivo» (probablemente bienintencionado) no tiene conocimiento sobre estas metas ulteriores, pero resulta involuntariamente funcional a sus retorcidos intereses escondidos por los «progresistas activos», que obran como verdaderos titiriteros. Para estos últimos, el objetivo de plazo inmediato es cambiar todos los paradigmas antedichos y a la postre, modificar las estructuras políticas".
Respecto de la hipocresía socialista, el citado autor escribió: "El «progresista pasivo» se muestra a favor del «amor libre» (siempre y cuando no lo practiquen su mujer y su hija) aplaudiendo efusivamente la novedad del «casamiento gay» (siempre que el contrayente no sea su hijo); en materia criminológica, el «garantismo» se considera «un avance de los derechos humanos» (hasta que le roban la casa e ipso facto peticiona la pena de muerte); mira con antipatía al sistema económico capitalista, pero cuando tiene que emigrar al extranjero en busca de prosperidad, ni se le ocurre escoger un país que no sea capitalista y así, se sirve y disfruta del confort y la tecnología occidental, aunque con entusiasmo repudie a la «sociedad de consumo»".
"Fustiga con virulencia a la Iglesia, hasta que padece una enfermedad o situación grave y se rodea de rosarios y estampas con santos de los más variopintos; en economía abomina del individualismo y pregona un «distribucionismo solidario», hasta que le retienen o confiscan sus depósitos en algún «corralito» bancario y en defensa de su patrimonio, no vacila en impulsar el derrocamiento de un gobierno al que votó y así, se divulgan inacabables declaraciones de principios nunca practicadas con el ejemplo personal, que ratifican la doble faz entre el discurso y el actuar concreto. En torno a este último ejemplo, un viejo chiste decía que «socialista es todo aquel que quiere repartir lo que no le pertenece»".
sábado, 21 de marzo de 2026
La concesión diabólica
En cuestiones comerciales se establecen pactos, o contratos, entre productores y vendedores, mediante los cuales un comercio adquiere el derecho a ser el único vendedor de un producto en cierto lugar, adquiriendo el carácter de "concesionario exclusivo". Esta exclusividad también se encuentra en cuestiones religiosas y políticas, ya que son muchos los que se consideran "concesionarios exclusivos" de una deidad adquiriendo con ello cierta libertad para actuar como tales con un peligro cierto para quienes se oponen a tal autodesignación.
En materia de política ocurre otro tanto, cuando, en lugar de una deidad, un individuo se autodenomina "concesionario exclusivo" de ciertas "fuerzas naturales" o "fuerzas históricas", con un peligro similar al anterior. Este ha sido el caso de los totalitarismos, caracterizándose sus seguidores por adherir a un relativismo moral extremo por el cual consideran legítimo el asesinato de miles o de millones de personas aduciendo estar motivados por una "buena finalidad", que no es otra cosa que adherir a la expresión maquiavélica por la cual "el (buen) fin justifica los (perversos) medios para lograrlo".
Los comunistas por lo general utilizan la violencia extrema contra sus opositores cuando llegan al poder, pero recurren a la promoción y divulgación de los "derechos humanos" en cuanto caen víctimas de quienes se defienden de sus ataques. Incluso protestan contra el imperialismo yanqui, mientras que adherían a la expansión mundial del Imperio Soviético. Florencio José Arnaudo escribió: “En el siglo XX se observa la progresiva y generalmente pacifica liberación de los grandes imperios coloniales. Entre las colonias británicas, francesas, italianas, holandesas, belgas y norteamericanas que han obtenido su total independencia en las últimas décadas, pueden citarse: Argelia, Birmania, Camboya, Camerúm, Ceilán, Chad, República del Congo, Chipre, Dahomey, Eritrea, Gabón, Ghana, Guinea, India, Indonesia, Israel, Costa de Marfil, Jordania, Laos, Líbano, Libia, República Malgache, Malasia, Mauritania, Marruecos, Nepal, Níger, Nigeria, Pakistán, Filipinas, República de Mali, Senegal, Somalia, Viet-Nam del Sur, Sudán, Siria, Togo, Túnez y Alto Volta” (De “La lucha ideológica”-EUDEBA-Buenos Aires 1981).
Mientras que los países europeos liberaban colonias, el Imperio soviético estaba en plena expansión. Arnaudo continúa: “No está demás señalar que en el mismo periodo entraron a formar parte de la URSS, en forma bastante poco espontánea: Armenia, Azerbaiján, Besarabia, Estonia, Georgia, Islas Buriles, Karelia, Letonia, Lituania, Polonia Oriental, Prusia Oriental, Rutenia Subcarpática, Sakhalin, Tannu Tuva y Ucrania. Últimamente las tropas soviéticas invadieron Afganistán. A esta serie hay que agregar aquellos países que bajo la apariencia de naciones independientes están sujetos al régimen colonial soviético: Alemania Oriental, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumania y Viet-Nam. O aquellas que están sometidas al régimen chino: Camboya, Corea del Norte, Mongolia Exterior y Tibet. En África la acción revolucionaria marxista ha implantado gobiernos decididamente prosoviéticos en Angola y Etiopia. En América la serie se inicia con Cuba y la actividad revolucionaria en varios países es intensa”.
Entre los precursores de las prácticas totalitarias encontramos a Tomás de Torquemada, figura representativa de la Inquisición. Es oportuno aclarar que el número de víctimas de la Inquisición no ha sido comparable a los millones de víctimas provocadas por nazis y comunistas, si bien los adherentes a estos totalitarismos combaten ideológicamente al cristianismo con falsas cifras. Vicente Garrido escribió: "Una vez desbrozado el relato de la leyenda negra, parece que el número de ajusticiados por la hoguera se situó en torno a los 2.000, una cantidad más bien modesta en comparación con otros desmanes cometidos por la humanidad" (De "Tomás de Torquemada" de Juan Carlos Moreno-EMSE EDAPP SL-Barcelona 2022).
En cuanto a la metodología inquisitorial, Garrido escribió: "Defenderse de la acusación de ser un hereje o un servidor del diablo es complicado cuando hay informes, sospechas e incluso testigos que afirman haber presenciado la herejía (de hecho a este procedimiento de probar lo que uno no es se lo denomina la «prueba diabólica»). Torquemada no es más que un símbolo del modo de obrar que la Iglesia católica juzgó necesario con el fin de mantener, con mano de hierro, su dominio terrenal. En pos de ese objetivo se sirvió tanto de quienes buscaban satisfacer su ambición personal como de quienes creían firmemente que eran soldados de Dios en combate contra las fuerzas oscuras de la herejía. Tomás de Torquemada pertenecía a este segundo grupo".
"Hombre de costumbres sumamente austeras, no buscaba riquezas ni el poder eclesiástico. No estaba en su ánimo medrar mediante el terror, sino servir a Cristo. Por desgracia, esto no lo hacía menos peligroso: en ocasiones, el que se contenta con gozar de los bienes terrenales puede cambiar esas prácticas destructivas si sus intereses así lo aconsejan, pero el que se cree iluminado por una santa misión considera que su bien más preciado no es otro que haber sido elegido para llevarla a cabo. Es así que el desprecio de los oropeles valió al dominico el respeto de muchos de sus contemporáneos".
Esta descripción de Torquemada nos hace pensar en los yihadistas islámicos, que lamentablemente son muchos. También es conveniente mencionar que el padre de Torquemada era un judío converso, es decir, que se había convertido al cristianismo, aunque muchos de estos conversos lo hacían para no sufrir el destierro de la España del siglo XV. Según las creencias de la época, por Torquemada no circulaba una "buena sangre". Sin embargo, este inquisidor desconfiaba de los conversos mientras que a la vez evidenciaba cierto odio a los judíos.
Al respecto, Garrido escribe: "Ya he mencionado la «sagrada misión» como motor de la Inquisición que dirigió Torquemada. Pero no basta para explicar sus actos. Hace falta algo más, y es el odio, por más que negara ese sentimiento ante uno de los judíos principales de Castilla. Esa negación toma forma de un mecanismo de defensa conocido como proyección: cuando un individuo alberga actitudes reprensibles que juzga incompatibles con su autoconcepto, de modo inconsciente las niega en sí y las proyecta sobre quienes son objeto de su inquina. Y, ciertamente, es feroz el odio de Torquemada hacia los judíos y conversos (muy posiblemente para demostrar a todos que sus raíces talmúdicas no lo condicionaban en absoluto en su tarea de «martillo de herejes»), que por su carácter deicida y usurero son mucho más culpables que los mahometanos ante los ojos de Dios".
"El sadismo no estuvo entre los pecados de Torquemada. Nada hay en las biografías sobre el dominico, que nos haga pensar que se solazaba ante el sufrimiento que infligía por el mero placer de ver el dolor, lo que no es obstáculo para que sintiera la satisfacción derivada del «trabajo bien hecho», del cumplimiento de aquello que era su deber, que no era otra cosa que eliminar a los enemigos de Cristo".
Este último aspecto quizás pueda asociarse a la "banalidad del mal", concepto vinculado por Hannah Arendt con Adolf Eichmann, y por el cual una persona común puede convertirse en un monstruo cuando prioriza el cumplimiento del deber o el cumplimiento de una supuesta misión encomendada por Dios o por "las fuerzas de la historia".
En materia de política ocurre otro tanto, cuando, en lugar de una deidad, un individuo se autodenomina "concesionario exclusivo" de ciertas "fuerzas naturales" o "fuerzas históricas", con un peligro similar al anterior. Este ha sido el caso de los totalitarismos, caracterizándose sus seguidores por adherir a un relativismo moral extremo por el cual consideran legítimo el asesinato de miles o de millones de personas aduciendo estar motivados por una "buena finalidad", que no es otra cosa que adherir a la expresión maquiavélica por la cual "el (buen) fin justifica los (perversos) medios para lograrlo".
Los comunistas por lo general utilizan la violencia extrema contra sus opositores cuando llegan al poder, pero recurren a la promoción y divulgación de los "derechos humanos" en cuanto caen víctimas de quienes se defienden de sus ataques. Incluso protestan contra el imperialismo yanqui, mientras que adherían a la expansión mundial del Imperio Soviético. Florencio José Arnaudo escribió: “En el siglo XX se observa la progresiva y generalmente pacifica liberación de los grandes imperios coloniales. Entre las colonias británicas, francesas, italianas, holandesas, belgas y norteamericanas que han obtenido su total independencia en las últimas décadas, pueden citarse: Argelia, Birmania, Camboya, Camerúm, Ceilán, Chad, República del Congo, Chipre, Dahomey, Eritrea, Gabón, Ghana, Guinea, India, Indonesia, Israel, Costa de Marfil, Jordania, Laos, Líbano, Libia, República Malgache, Malasia, Mauritania, Marruecos, Nepal, Níger, Nigeria, Pakistán, Filipinas, República de Mali, Senegal, Somalia, Viet-Nam del Sur, Sudán, Siria, Togo, Túnez y Alto Volta” (De “La lucha ideológica”-EUDEBA-Buenos Aires 1981).
Mientras que los países europeos liberaban colonias, el Imperio soviético estaba en plena expansión. Arnaudo continúa: “No está demás señalar que en el mismo periodo entraron a formar parte de la URSS, en forma bastante poco espontánea: Armenia, Azerbaiján, Besarabia, Estonia, Georgia, Islas Buriles, Karelia, Letonia, Lituania, Polonia Oriental, Prusia Oriental, Rutenia Subcarpática, Sakhalin, Tannu Tuva y Ucrania. Últimamente las tropas soviéticas invadieron Afganistán. A esta serie hay que agregar aquellos países que bajo la apariencia de naciones independientes están sujetos al régimen colonial soviético: Alemania Oriental, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumania y Viet-Nam. O aquellas que están sometidas al régimen chino: Camboya, Corea del Norte, Mongolia Exterior y Tibet. En África la acción revolucionaria marxista ha implantado gobiernos decididamente prosoviéticos en Angola y Etiopia. En América la serie se inicia con Cuba y la actividad revolucionaria en varios países es intensa”.
Entre los precursores de las prácticas totalitarias encontramos a Tomás de Torquemada, figura representativa de la Inquisición. Es oportuno aclarar que el número de víctimas de la Inquisición no ha sido comparable a los millones de víctimas provocadas por nazis y comunistas, si bien los adherentes a estos totalitarismos combaten ideológicamente al cristianismo con falsas cifras. Vicente Garrido escribió: "Una vez desbrozado el relato de la leyenda negra, parece que el número de ajusticiados por la hoguera se situó en torno a los 2.000, una cantidad más bien modesta en comparación con otros desmanes cometidos por la humanidad" (De "Tomás de Torquemada" de Juan Carlos Moreno-EMSE EDAPP SL-Barcelona 2022).
En cuanto a la metodología inquisitorial, Garrido escribió: "Defenderse de la acusación de ser un hereje o un servidor del diablo es complicado cuando hay informes, sospechas e incluso testigos que afirman haber presenciado la herejía (de hecho a este procedimiento de probar lo que uno no es se lo denomina la «prueba diabólica»). Torquemada no es más que un símbolo del modo de obrar que la Iglesia católica juzgó necesario con el fin de mantener, con mano de hierro, su dominio terrenal. En pos de ese objetivo se sirvió tanto de quienes buscaban satisfacer su ambición personal como de quienes creían firmemente que eran soldados de Dios en combate contra las fuerzas oscuras de la herejía. Tomás de Torquemada pertenecía a este segundo grupo".
"Hombre de costumbres sumamente austeras, no buscaba riquezas ni el poder eclesiástico. No estaba en su ánimo medrar mediante el terror, sino servir a Cristo. Por desgracia, esto no lo hacía menos peligroso: en ocasiones, el que se contenta con gozar de los bienes terrenales puede cambiar esas prácticas destructivas si sus intereses así lo aconsejan, pero el que se cree iluminado por una santa misión considera que su bien más preciado no es otro que haber sido elegido para llevarla a cabo. Es así que el desprecio de los oropeles valió al dominico el respeto de muchos de sus contemporáneos".
Esta descripción de Torquemada nos hace pensar en los yihadistas islámicos, que lamentablemente son muchos. También es conveniente mencionar que el padre de Torquemada era un judío converso, es decir, que se había convertido al cristianismo, aunque muchos de estos conversos lo hacían para no sufrir el destierro de la España del siglo XV. Según las creencias de la época, por Torquemada no circulaba una "buena sangre". Sin embargo, este inquisidor desconfiaba de los conversos mientras que a la vez evidenciaba cierto odio a los judíos.
Al respecto, Garrido escribe: "Ya he mencionado la «sagrada misión» como motor de la Inquisición que dirigió Torquemada. Pero no basta para explicar sus actos. Hace falta algo más, y es el odio, por más que negara ese sentimiento ante uno de los judíos principales de Castilla. Esa negación toma forma de un mecanismo de defensa conocido como proyección: cuando un individuo alberga actitudes reprensibles que juzga incompatibles con su autoconcepto, de modo inconsciente las niega en sí y las proyecta sobre quienes son objeto de su inquina. Y, ciertamente, es feroz el odio de Torquemada hacia los judíos y conversos (muy posiblemente para demostrar a todos que sus raíces talmúdicas no lo condicionaban en absoluto en su tarea de «martillo de herejes»), que por su carácter deicida y usurero son mucho más culpables que los mahometanos ante los ojos de Dios".
"El sadismo no estuvo entre los pecados de Torquemada. Nada hay en las biografías sobre el dominico, que nos haga pensar que se solazaba ante el sufrimiento que infligía por el mero placer de ver el dolor, lo que no es obstáculo para que sintiera la satisfacción derivada del «trabajo bien hecho», del cumplimiento de aquello que era su deber, que no era otra cosa que eliminar a los enemigos de Cristo".
Este último aspecto quizás pueda asociarse a la "banalidad del mal", concepto vinculado por Hannah Arendt con Adolf Eichmann, y por el cual una persona común puede convertirse en un monstruo cuando prioriza el cumplimiento del deber o el cumplimiento de una supuesta misión encomendada por Dios o por "las fuerzas de la historia".
viernes, 20 de marzo de 2026
Posibilidades de existencia de vida inteligente extraterrestre
El surgimiento de la vida inteligente parece haber sido un acontecimiento único, como algo muy poco probable, sòlo factible por lo extenso que es el universo y por el extenso tiempo transcurrido desde el origen del universo. Si surgiera vida en otra parte del universo, implicaría la posibilidad de que se trata de un fenómeno no tan improbable, sino factible a partir de las leyes naturales conocidas. (Y por conocer). Paul Davis escribiò: "Jacques Monod apuntò que todo en la naturaleza es el producto de dos factores fundamentales: azar y ley (o necesidad, como èl decidiò llamarla)".
Mientras que Monod expresa: "El universo no estaba preñado de la vida, ni la biosfera del hombre"; el tambièn Premio Nobel Christian de Duve le responde: "Usted està equivocado. Lo estaban". Es oportuno señalar que el azar no es sinònimo de caos, ya que existen las "leyes del azar" o leyes de probabilidad. Asì, si arrojamos monedas al aire varias veces, la predicciòn del comportamiento del conjunto puede ser previsto con cierta exactitud si el nùmero de tiradas es muy grande.
Mientras que algunos sugieren que la vida inteligente surgiò en la tierra como consecuencia de una intervenciòn divina, otros lo atribuyen al puro azar, mientras que el resto supone que fue una posibilidad inevitable teniendo presente las leyes naturales existentes. En caso de verificarse algùn dìa la existencia de vida inteligente extraterrestre, no parece ser una confirmaciòn de alguna de las posibilidades mencionadas.
Respecto de la existencia de civilizaciones extraterrestres, pueden distinguirse dos posturas extremas: la del aficionado que trata de convencer a los demás acerca de un acontecimiento excepcional todavía no verificado, por una parte, y la del científico que contempla tal posibilidad a la luz de los conocimientos adquiridos hasta el presente. J. D. Bernal escribió: “Hay dos futuros, el futuro del deseo y el futuro del destino, y la razón humana no ha aprendido nunca a separarlos”.
Se estima que el universo está constituido por unas cien mil millones de galaxias, cada una de ellas compuesta, a su vez, por unas cien mil millones de estrellas. Ante la existencia de tal diversidad estelar, sería un tanto sorprendente que fuésemos los únicos integrantes de una posible comunidad de seres inteligentes. En este caso, sentiríamos una desagradable sensación de soledad. De ahí que nos resulte atractiva la posibilidad de no ser los únicos. Sin embargo, la realidad de nuestro universo no depende de nuestros gustos ni de nuestros deseos. El físico Pascual Jordan escribió: “En relación con la pregunta sobre la existencia de fenómenos de vida extraterrestre y más todavía sobre la existencia de otras inteligencias, yo soy considerablemente más escéptico que la gran mayoría de los especialistas que han participado hasta la fecha en los debates sobre tales cuestiones….no creo en la existencia de base alguna para suponer la probabilidad de que haya seres inteligentes extraterrestres, en virtud de los conocimientos que hoy tenemos de las Ciencias Naturales”.
“Naturalmente, no es que niegue por principio la posibilidad de que exista vida orgánica en otros astros; y si en algún otro sistema planetario la vida orgánica se hubiese desarrollado hasta alcanzar un grado muy alto, existe también la posibilidad –que debe ser reconocida- de que haya surgido en tales lugares una inteligencia que podría ser similar o quizá superior a la humana”.
“En las conversaciones se tropieza una y otra vez con dos posturas bien comprensibles desde el punto de vista psicológico, pero erróneas desde un ángulo objetivo. La investigación moderna nos ha hecho sentir de manera opresiva la monstruosa magnitud del mundo estelar”. “¿No tendríamos que sentirnos sobrecogidos de angustia al pensar que el ser humano está solo en este gigantesco mundo de estrellas, que seamos los únicos seres vivientes en el Cosmos infinito?”. “¿No tendríamos que antojársenos el gigantesco mundo estelar una empresa de derroche incomprensible si la vida orgánica fuera sólo un fenómeno natural completamente raro y aislado de la inmensidad del Cosmos?” (De “¿Estamos solos en el Cosmos?”-Varios autores-Plaza & Janés SA Editores-Barcelona 1973).
Entre los científicos existe un gran porcentaje que admite la posibilidad de existencia de vida inteligente extraterrestre, mientras que simultáneamente niega que hayan llegado a nuestro planeta viajeros lejanos, como lo afirman los aficionados, y mucho menos con la frecuencia supuesta. Por ello promovieron la creación de organismos internacionales dedicados a emitir ondas de radio al espacio exterior con la esperanza de recibir alguna respuesta. Frank D. Drake escribió: “Quizá no haya nada tan excitante como el pensamiento en la posibilidad de un contacto con civilizaciones extraterrestres. Un contacto de tal naturaleza pondría por vez primera al género humano en comunicación con una forma de vida que se habría desarrollado con independencia absoluta de la nuestra y que, probablemente, habría producido individuos, técnica, historia, ideas políticas e ideales de belleza completamente distintos de los que conocemos en nuestro planeta. Si pudiésemos realizar este sueño, tendríamos una idea mucho más amplia, no sólo de un nuevo mundo, sino también de la situación del ser humano dentro de un sistema de lo posible y, asimismo, de la significación de nuestra vida como seres humanos. Hay un momento en nuestra vida en el que todos nos preguntamos por qué existimos. Y el conocimiento del desarrollo de otras civilizaciones podría procurar una respuesta a esta pregunta básica de nuestra existencia, aunque no hay duda de que la respuesta no sería totalmente satisfactoria” (De “¿Estamos solos en el Cosmos?”).
Es oportuno tener presente que la naturaleza exige del hombre el pleno desarrollo de sus potencialidades como un precio impuesto a nuestra supervivencia. En caso de producirse un intercambio de información con civilizaciones más avanzadas, se anularía la posibilidad creativa de los futuros genios de la humanidad, derogándose esta “ley tácita” que pareciera regir nuestro vínculo con el orden natural.
En reuniones interdisciplinarias celebradas algunas decenas de años atrás, científicos de la URSS y de EEUU, principalmente, evaluaron las probabilidades de existencia de civilizaciones extraterrestres. Tales conferencias se conocen como CETI (Communication with Extraterrestrial Intelligence). Como guía para las discusiones se utilizó la “fórmula de Drake”, en la que aparecen los distintos factores a tener en cuenta:
N = R* fp ne f1 fi fc L
En donde:
N: número de civilizaciones extraterrestres en nuestra galaxia.
R*: ritmo de formación estelar promediado para toda la vida de la galaxia (número de estrellas por año).
fp: fracción de estrellas con sistemas planetarios.
ne: promedio de planetas dentro de estos sistemas planetarios ecológicamente apropiados para la vida.
f1: fracción de esos planetas en los que tiene lugar realmente el origen de la vida.
fi: fracción de tales planetas en los que, tras aparecer la vida, nace la inteligencia de alguna forma.
fc: fracción de tales planetas en los cuales los seres inteligentes desarrollan una fase comunicativa.
L: vida media de esas civilizaciones técnicas.
Carl Sagan comenta la ecuación anterior: “El factor R* pertenece al dominio de la astrofísica, como también fp; ne está determinado en la frontera que separa la astronomía de la biología; f1 es en gran parte un tema de la química orgánica y la bioquímica; fi constituye un tema de la neurofisiología y la evolución de los organismos avanzados; fc es un tema de la antropología, arqueología e historia. Y el último término está situado en una zona muy nebulosa que predeciría el futuro de las sociedades: afecta a la psicología y a la psicopatología, a la historia, la política, la sociología y otros muchos campos. La confianza de los cálculos declina pronunciadamente de R* a L en la ecuación mencionada. Pero dejando aparte la posible bondad de nuestros cálculos sobre estos factores, es de notar el hecho de que exista un problema en sí que implique tan íntimamente unos temas que van desde la astrofísica y la biología molecular hasta la arqueología y la política. (De “Comunicación con inteligencias extraterrestres”-Editorial Planeta SA-Barcelona 1980).
En cuanto a quienes aducen haber sido testigos de la presencia de seres extraterrestres, se les puede preguntar acerca de la forma en que han podido viajar desde distancias enormes. Quien sostiene tal posibilidad, es el que debe convencer a los incrédulos, mediante argumentos y pruebas, acerca de la veracidad de sus afirmaciones. Se sabe que la estrella más cercana a nuestro sistema planetario solar, que dista a unos 4,2 años luz, no tiene planetas a su alrededor capaces de sostener alguna forma de vida, por lo que deberían proceder de lugares todavía más distantes. Tal distancia puede calcularse multiplicando la cantidad de segundos que hay en 4,2 años por 300.000 km, que es la distancia que viaja la luz en un segundo.
Según las leyes de la física, para llevar un móvil a velocidades cercanas a la de la luz, se requieren enormes cantidades de energía. ¿De dónde la obtienen los “platos voladores”? ¿Cómo hacen para evitar choques contra la materia estelar desperdigada en el trayecto? ¿Cómo hacen tales seres para aguantar las enormes presiones asociadas a la aceleración requerida para viajar a enormes velocidades? ¿Cuántas generaciones de extraterrestres se requieren para subsistir en las naves durante los largos años requeridos por el viaje? Y todo ello para venir a jugar a las escondidas….Los aficionados dirán entonces que los extraterrestres utilizan otras leyes naturales distintas a las conocidas por el hombre, por lo cual entraríamos en el mundo de la fantasía y del “todo vale”, y ya no tiene sentido establecer ninguna discusión al respecto.
Otro aspecto a tener en cuenta es la reducida probabilidad de existencia de vida en nuestro propio planeta, por lo cual, aun cuando existieran las condiciones adecuadas para la vida en otros planetas, su surgimiento habría de ser poco probable. Paul Davis escribió: “¿Qué es exactamente la vida?, me preguntaba yo. ¿Y cómo empezó? ¿Podría estar sucediendo algo raro dentro de los organismos vivos? Precisamente en esa época, mi director de tesis me dio (como ejercicio para relajarme) un curioso artículo del muy respetado físico Eugene Wigner. El artículo pretendía demostrar que un sistema físico no podía hacer una transición de un estado no vivo a un estado vivo sin contravenir las leyes de la física cuántica. ¡Ajá! Así que Wigner al menos pensaba que algo raro debió de haber ocurrido cuando la vida empezó”.
“La vida tal como la conocemos requiere cientos de miles de proteínas especializadas, por no mencionar los ácidos nucleicos. Las probabilidades en contra de producir precisamente las proteínas por puro azar son del orden de 10 (exp 40.000) contra 1. Esto es un 1 seguido de cuarenta mil ceros, cuya escritura completa necesitaría un capítulo entero de este libro. En comparación, sacar mil veces un palo completo en una partida de cartas es fácil. En un comentario famoso, el astrónomo británico Fred Hoyle comparó las probabilidades en contra del ensamblaje espontáneo de la vida con las probabilidades de que un tornado barra un depósito de chatarra y produzca un Boeing 747 listo para funcionar”. (De “El quinto milagro”-Editorial Televisa SA-México 2004).
Otro aspecto a tener en cuenta es que la vida elemental, surgida en la Tierra, y generadora de las demás formas de vida, apareció en un momento único. Pascual Jordan escribió: “El desarrollo de vida orgánica que ha tenido lugar en nuestro planeta es un fenómeno natural extremadamente raro, un fenómeno improbable en el Cosmos. Hechos, cuya consideración precisa exigiría un libro entero dan motivo a decir que una conjunción extremadamente improbable de innumerables circunstancias independientes entre sí ha contribuido en nuestro planeta, a través de tres mil millones de años como mínimo, a la creación de condiciones previas favorables para el desarrollo y mantenimiento de la vida orgánica”.
“El desarrollo de la vida no se ha producido … mediante repetidos comienzos a partir de la naturaleza inorgánica, sino que la Naturaleza ha conseguido sólo una vez dar el paso decisivo que condujo a la aparición de las primeras unidades de vida capaces de reproducirse”.
Mientras que Monod expresa: "El universo no estaba preñado de la vida, ni la biosfera del hombre"; el tambièn Premio Nobel Christian de Duve le responde: "Usted està equivocado. Lo estaban". Es oportuno señalar que el azar no es sinònimo de caos, ya que existen las "leyes del azar" o leyes de probabilidad. Asì, si arrojamos monedas al aire varias veces, la predicciòn del comportamiento del conjunto puede ser previsto con cierta exactitud si el nùmero de tiradas es muy grande.
Mientras que algunos sugieren que la vida inteligente surgiò en la tierra como consecuencia de una intervenciòn divina, otros lo atribuyen al puro azar, mientras que el resto supone que fue una posibilidad inevitable teniendo presente las leyes naturales existentes. En caso de verificarse algùn dìa la existencia de vida inteligente extraterrestre, no parece ser una confirmaciòn de alguna de las posibilidades mencionadas.
Respecto de la existencia de civilizaciones extraterrestres, pueden distinguirse dos posturas extremas: la del aficionado que trata de convencer a los demás acerca de un acontecimiento excepcional todavía no verificado, por una parte, y la del científico que contempla tal posibilidad a la luz de los conocimientos adquiridos hasta el presente. J. D. Bernal escribió: “Hay dos futuros, el futuro del deseo y el futuro del destino, y la razón humana no ha aprendido nunca a separarlos”.
Se estima que el universo está constituido por unas cien mil millones de galaxias, cada una de ellas compuesta, a su vez, por unas cien mil millones de estrellas. Ante la existencia de tal diversidad estelar, sería un tanto sorprendente que fuésemos los únicos integrantes de una posible comunidad de seres inteligentes. En este caso, sentiríamos una desagradable sensación de soledad. De ahí que nos resulte atractiva la posibilidad de no ser los únicos. Sin embargo, la realidad de nuestro universo no depende de nuestros gustos ni de nuestros deseos. El físico Pascual Jordan escribió: “En relación con la pregunta sobre la existencia de fenómenos de vida extraterrestre y más todavía sobre la existencia de otras inteligencias, yo soy considerablemente más escéptico que la gran mayoría de los especialistas que han participado hasta la fecha en los debates sobre tales cuestiones….no creo en la existencia de base alguna para suponer la probabilidad de que haya seres inteligentes extraterrestres, en virtud de los conocimientos que hoy tenemos de las Ciencias Naturales”.
“Naturalmente, no es que niegue por principio la posibilidad de que exista vida orgánica en otros astros; y si en algún otro sistema planetario la vida orgánica se hubiese desarrollado hasta alcanzar un grado muy alto, existe también la posibilidad –que debe ser reconocida- de que haya surgido en tales lugares una inteligencia que podría ser similar o quizá superior a la humana”.
“En las conversaciones se tropieza una y otra vez con dos posturas bien comprensibles desde el punto de vista psicológico, pero erróneas desde un ángulo objetivo. La investigación moderna nos ha hecho sentir de manera opresiva la monstruosa magnitud del mundo estelar”. “¿No tendríamos que sentirnos sobrecogidos de angustia al pensar que el ser humano está solo en este gigantesco mundo de estrellas, que seamos los únicos seres vivientes en el Cosmos infinito?”. “¿No tendríamos que antojársenos el gigantesco mundo estelar una empresa de derroche incomprensible si la vida orgánica fuera sólo un fenómeno natural completamente raro y aislado de la inmensidad del Cosmos?” (De “¿Estamos solos en el Cosmos?”-Varios autores-Plaza & Janés SA Editores-Barcelona 1973).
Entre los científicos existe un gran porcentaje que admite la posibilidad de existencia de vida inteligente extraterrestre, mientras que simultáneamente niega que hayan llegado a nuestro planeta viajeros lejanos, como lo afirman los aficionados, y mucho menos con la frecuencia supuesta. Por ello promovieron la creación de organismos internacionales dedicados a emitir ondas de radio al espacio exterior con la esperanza de recibir alguna respuesta. Frank D. Drake escribió: “Quizá no haya nada tan excitante como el pensamiento en la posibilidad de un contacto con civilizaciones extraterrestres. Un contacto de tal naturaleza pondría por vez primera al género humano en comunicación con una forma de vida que se habría desarrollado con independencia absoluta de la nuestra y que, probablemente, habría producido individuos, técnica, historia, ideas políticas e ideales de belleza completamente distintos de los que conocemos en nuestro planeta. Si pudiésemos realizar este sueño, tendríamos una idea mucho más amplia, no sólo de un nuevo mundo, sino también de la situación del ser humano dentro de un sistema de lo posible y, asimismo, de la significación de nuestra vida como seres humanos. Hay un momento en nuestra vida en el que todos nos preguntamos por qué existimos. Y el conocimiento del desarrollo de otras civilizaciones podría procurar una respuesta a esta pregunta básica de nuestra existencia, aunque no hay duda de que la respuesta no sería totalmente satisfactoria” (De “¿Estamos solos en el Cosmos?”).
Es oportuno tener presente que la naturaleza exige del hombre el pleno desarrollo de sus potencialidades como un precio impuesto a nuestra supervivencia. En caso de producirse un intercambio de información con civilizaciones más avanzadas, se anularía la posibilidad creativa de los futuros genios de la humanidad, derogándose esta “ley tácita” que pareciera regir nuestro vínculo con el orden natural.
En reuniones interdisciplinarias celebradas algunas decenas de años atrás, científicos de la URSS y de EEUU, principalmente, evaluaron las probabilidades de existencia de civilizaciones extraterrestres. Tales conferencias se conocen como CETI (Communication with Extraterrestrial Intelligence). Como guía para las discusiones se utilizó la “fórmula de Drake”, en la que aparecen los distintos factores a tener en cuenta:
N = R* fp ne f1 fi fc L
En donde:
N: número de civilizaciones extraterrestres en nuestra galaxia.
R*: ritmo de formación estelar promediado para toda la vida de la galaxia (número de estrellas por año).
fp: fracción de estrellas con sistemas planetarios.
ne: promedio de planetas dentro de estos sistemas planetarios ecológicamente apropiados para la vida.
f1: fracción de esos planetas en los que tiene lugar realmente el origen de la vida.
fi: fracción de tales planetas en los que, tras aparecer la vida, nace la inteligencia de alguna forma.
fc: fracción de tales planetas en los cuales los seres inteligentes desarrollan una fase comunicativa.
L: vida media de esas civilizaciones técnicas.
Carl Sagan comenta la ecuación anterior: “El factor R* pertenece al dominio de la astrofísica, como también fp; ne está determinado en la frontera que separa la astronomía de la biología; f1 es en gran parte un tema de la química orgánica y la bioquímica; fi constituye un tema de la neurofisiología y la evolución de los organismos avanzados; fc es un tema de la antropología, arqueología e historia. Y el último término está situado en una zona muy nebulosa que predeciría el futuro de las sociedades: afecta a la psicología y a la psicopatología, a la historia, la política, la sociología y otros muchos campos. La confianza de los cálculos declina pronunciadamente de R* a L en la ecuación mencionada. Pero dejando aparte la posible bondad de nuestros cálculos sobre estos factores, es de notar el hecho de que exista un problema en sí que implique tan íntimamente unos temas que van desde la astrofísica y la biología molecular hasta la arqueología y la política. (De “Comunicación con inteligencias extraterrestres”-Editorial Planeta SA-Barcelona 1980).
En cuanto a quienes aducen haber sido testigos de la presencia de seres extraterrestres, se les puede preguntar acerca de la forma en que han podido viajar desde distancias enormes. Quien sostiene tal posibilidad, es el que debe convencer a los incrédulos, mediante argumentos y pruebas, acerca de la veracidad de sus afirmaciones. Se sabe que la estrella más cercana a nuestro sistema planetario solar, que dista a unos 4,2 años luz, no tiene planetas a su alrededor capaces de sostener alguna forma de vida, por lo que deberían proceder de lugares todavía más distantes. Tal distancia puede calcularse multiplicando la cantidad de segundos que hay en 4,2 años por 300.000 km, que es la distancia que viaja la luz en un segundo.
Según las leyes de la física, para llevar un móvil a velocidades cercanas a la de la luz, se requieren enormes cantidades de energía. ¿De dónde la obtienen los “platos voladores”? ¿Cómo hacen para evitar choques contra la materia estelar desperdigada en el trayecto? ¿Cómo hacen tales seres para aguantar las enormes presiones asociadas a la aceleración requerida para viajar a enormes velocidades? ¿Cuántas generaciones de extraterrestres se requieren para subsistir en las naves durante los largos años requeridos por el viaje? Y todo ello para venir a jugar a las escondidas….Los aficionados dirán entonces que los extraterrestres utilizan otras leyes naturales distintas a las conocidas por el hombre, por lo cual entraríamos en el mundo de la fantasía y del “todo vale”, y ya no tiene sentido establecer ninguna discusión al respecto.
Otro aspecto a tener en cuenta es la reducida probabilidad de existencia de vida en nuestro propio planeta, por lo cual, aun cuando existieran las condiciones adecuadas para la vida en otros planetas, su surgimiento habría de ser poco probable. Paul Davis escribió: “¿Qué es exactamente la vida?, me preguntaba yo. ¿Y cómo empezó? ¿Podría estar sucediendo algo raro dentro de los organismos vivos? Precisamente en esa época, mi director de tesis me dio (como ejercicio para relajarme) un curioso artículo del muy respetado físico Eugene Wigner. El artículo pretendía demostrar que un sistema físico no podía hacer una transición de un estado no vivo a un estado vivo sin contravenir las leyes de la física cuántica. ¡Ajá! Así que Wigner al menos pensaba que algo raro debió de haber ocurrido cuando la vida empezó”.
“La vida tal como la conocemos requiere cientos de miles de proteínas especializadas, por no mencionar los ácidos nucleicos. Las probabilidades en contra de producir precisamente las proteínas por puro azar son del orden de 10 (exp 40.000) contra 1. Esto es un 1 seguido de cuarenta mil ceros, cuya escritura completa necesitaría un capítulo entero de este libro. En comparación, sacar mil veces un palo completo en una partida de cartas es fácil. En un comentario famoso, el astrónomo británico Fred Hoyle comparó las probabilidades en contra del ensamblaje espontáneo de la vida con las probabilidades de que un tornado barra un depósito de chatarra y produzca un Boeing 747 listo para funcionar”. (De “El quinto milagro”-Editorial Televisa SA-México 2004).
Otro aspecto a tener en cuenta es que la vida elemental, surgida en la Tierra, y generadora de las demás formas de vida, apareció en un momento único. Pascual Jordan escribió: “El desarrollo de vida orgánica que ha tenido lugar en nuestro planeta es un fenómeno natural extremadamente raro, un fenómeno improbable en el Cosmos. Hechos, cuya consideración precisa exigiría un libro entero dan motivo a decir que una conjunción extremadamente improbable de innumerables circunstancias independientes entre sí ha contribuido en nuestro planeta, a través de tres mil millones de años como mínimo, a la creación de condiciones previas favorables para el desarrollo y mantenimiento de la vida orgánica”.
“El desarrollo de la vida no se ha producido … mediante repetidos comienzos a partir de la naturaleza inorgánica, sino que la Naturaleza ha conseguido sólo una vez dar el paso decisivo que condujo a la aparición de las primeras unidades de vida capaces de reproducirse”.
jueves, 19 de marzo de 2026
La memoria selectiva
Es muy común en la gente dominada emocional y mentalmente por el odio, apoyar, aplaudir o ejecutar alguna forma de violencia contra el sector odiado. Resulta obvio que el sector agredido responderá, como una forma de protección, y hasta de venganza, con una violencia comparable o mayor. Luego, quien inicia el conflicto tiende a victimizarse para remarcar la "maldad" del adversario previamente agredido.
El sector dominado por el odio, jamás ha de reconocer culpabilidad alguna, y mucho menos se ha de arrepentir de los actos terroristas cometidos. Incluso proclamará a viva voz la defensa de los "derechos humanos", principalmente el derecho a la vida de los caídos de su sector. Como ejemplo de esta actitud lo tenemos en el caso de la guerrilla marxista de los años 70, que produjeron en la Argentina 1.094 asesinatos, 2.368 heridos, 756 secuestros extorsivos y 4.380 bombas.
En la actualidad, la mayor parte de los discursos en favor de la paz y de la democracia, se dirigen como mensajes para ser escuchados por las Fuerzas Armadas, por cuanto poco o nada cuentan las más de mil víctimas inocentes del terrorismo promovido por el Estado cubano-soviético. De ahí que sea una falsa expresión de deseos por cuanto no se dirigen al sector que comenzó con las acciones violentas, sino con el sector que respondió de la misma manera.
Para que el "Nunca más" se cumpla en forma definitiva deben dirigir sus proclamas democráticas a los ideólogos marxistas, incluida la Iglesia Católica, que parece haber olvidado sus raíces cristianas. Mientras la Iglesia siga encubriendo el terrorismo marxista, sigue siendo cómplice pasivo de la violencia que parece denunciar.
Se transcribe un artículo al respecto:
LA INDUSTRIA DE LA MEMORIA SELECTIVA
Por Mariangel Márquez
Cada 24 de marzo Argentina asiste a una liturgia política cuidadosamente guionada. Banderas, consignas repetidas hasta el cansancio, discursos cargados de indignación selectiva y una narrativa única que se presenta como verdad indiscutible. No es un ejercicio de memoria: es una ceremonia de propaganda.
Toda sociedad necesita recordar su pasado, pero la memoria colectiva puede adoptar dos formas muy distintas: puede ser una búsqueda honesta de comprensión histórica o puede convertirse en un instrumento de legitimación ideológica. Cuando la memoria deja de admitir preguntas y sólo permite repetir consignas, deja de ser memoria para transformarse en dogma.
Durante décadas se ha construido un relato oficial sobre los años setenta que funciona con la lógica de un guión infantil: villanos absolutos de un lado y víctimas puras del otro. En esa versión simplificada de la historia, la violencia comienza mágicamente el 24 de marzo de 1976, como si la Argentina previa hubiera sido una pacífica república alterada de pronto por una junta militar surgida del vacío. Pero la historia real es mucho menos cómoda.
Antes del golpe ya había bombas en restaurantes, secuestros de empresarios, asesinatos de militares, policías y civiles, ataques a cuarteles, extorsiones, tribunales revolucionarios clandestinos y organizaciones armadas que proclamaban sin pudor su objetivo de instaurar un régimen socialista por medio de la violencia. No eran grupos culturales ni militantes románticos: eran aparatos guerrilleros con estructura militar y estrategia insurreccional. Ese capítulo de la historia es sistemáticamente borrado por los profesionales de la memoria selectiva.
¿Por qué? Porque reconocerlo dinamita el mito fundacional sobre el que se edificó la industria política del 24 de marzo. Si se admite que existió una guerra revolucionaria, se cae la caricatura del país idílico agredido súbitamente por militares perversos. Y si se cae esa caricatura, también se derrumba el monopolio moral que ciertos sectores han construido durante décadas.
La dictadura cometió crímenes gravísimos. Nadie serio lo niega. El terrorismo de Estado, la represión ilegal y las desapariciones son hechos documentados y condenables. Pero convertir esa tragedia en un instrumento de manipulación histórica es otra forma de degradar la memoria. La memoria no debería ser un tribunal que juzga selectivamente el pasado según conveniencias ideológicas. Su función es comprender la complejidad de la historia, no reducirla a un relato moral cómodo para el presente.
Lo que resulta inaceptable es la operación intelectual que pretende borrar la violencia guerrillera de la ecuación histórica. Se habla de víctimas, pero sólo de algunas. Se exige memoria, pero sólo sobre una parte del pasado. Se reclama justicia, pero únicamente cuando la violencia proviene de un actor específico. Eso no es memoria. Es propaganda.
El 24 de marzo se ha transformado en una plataforma ideológica desde la cual se intenta fijar una interpretación obligatoria de la historia. Cualquier intento de cuestionarla es rápidamente etiquetado con epítetos automáticos: negacionista, reaccionario, apologista. La discusión histórica se reemplaza por la descalificación moral. Esa reacción revela algo evidente: el relato dominante no se sostiene bien cuando se lo somete al examen completo de los hechos. La historia de los años setenta no fue un cuento moral para escolares. Fue un conflicto político brutal donde distintos actores recurrieron a la violencia con objetivos incompatibles. Pretender que una parte de esa violencia nunca existió no es un error académico: es una decisión política. Y esa decisión ha permitido construir una cultura de la memoria que funciona más como un aparato de militancia que como una búsqueda honesta de verdad histórica.
Una sociedad madura no necesita relatos sagrados ni fechas convertidas en actos de fe ideológica. Necesita memoria completa. Memoria incómoda. Memoria que no dependa de quién empuñaba el arma para decidir si el hecho merece ser recordado. Porque cuando la memoria se convierte en un relato obligatorio, deja de servir a la verdad y empieza a servir al poder.
Mientras el 24 de marzo siga siendo utilizado como una herramienta de propaganda y no como un espacio de reflexión histórica integral, lo que se estará defendiendo no será la memoria: será el relato.
(De www.laprensa.com.ar)
El sector dominado por el odio, jamás ha de reconocer culpabilidad alguna, y mucho menos se ha de arrepentir de los actos terroristas cometidos. Incluso proclamará a viva voz la defensa de los "derechos humanos", principalmente el derecho a la vida de los caídos de su sector. Como ejemplo de esta actitud lo tenemos en el caso de la guerrilla marxista de los años 70, que produjeron en la Argentina 1.094 asesinatos, 2.368 heridos, 756 secuestros extorsivos y 4.380 bombas.
En la actualidad, la mayor parte de los discursos en favor de la paz y de la democracia, se dirigen como mensajes para ser escuchados por las Fuerzas Armadas, por cuanto poco o nada cuentan las más de mil víctimas inocentes del terrorismo promovido por el Estado cubano-soviético. De ahí que sea una falsa expresión de deseos por cuanto no se dirigen al sector que comenzó con las acciones violentas, sino con el sector que respondió de la misma manera.
Para que el "Nunca más" se cumpla en forma definitiva deben dirigir sus proclamas democráticas a los ideólogos marxistas, incluida la Iglesia Católica, que parece haber olvidado sus raíces cristianas. Mientras la Iglesia siga encubriendo el terrorismo marxista, sigue siendo cómplice pasivo de la violencia que parece denunciar.
Se transcribe un artículo al respecto:
LA INDUSTRIA DE LA MEMORIA SELECTIVA
Por Mariangel Márquez
Cada 24 de marzo Argentina asiste a una liturgia política cuidadosamente guionada. Banderas, consignas repetidas hasta el cansancio, discursos cargados de indignación selectiva y una narrativa única que se presenta como verdad indiscutible. No es un ejercicio de memoria: es una ceremonia de propaganda.
Toda sociedad necesita recordar su pasado, pero la memoria colectiva puede adoptar dos formas muy distintas: puede ser una búsqueda honesta de comprensión histórica o puede convertirse en un instrumento de legitimación ideológica. Cuando la memoria deja de admitir preguntas y sólo permite repetir consignas, deja de ser memoria para transformarse en dogma.
Durante décadas se ha construido un relato oficial sobre los años setenta que funciona con la lógica de un guión infantil: villanos absolutos de un lado y víctimas puras del otro. En esa versión simplificada de la historia, la violencia comienza mágicamente el 24 de marzo de 1976, como si la Argentina previa hubiera sido una pacífica república alterada de pronto por una junta militar surgida del vacío. Pero la historia real es mucho menos cómoda.
Antes del golpe ya había bombas en restaurantes, secuestros de empresarios, asesinatos de militares, policías y civiles, ataques a cuarteles, extorsiones, tribunales revolucionarios clandestinos y organizaciones armadas que proclamaban sin pudor su objetivo de instaurar un régimen socialista por medio de la violencia. No eran grupos culturales ni militantes románticos: eran aparatos guerrilleros con estructura militar y estrategia insurreccional. Ese capítulo de la historia es sistemáticamente borrado por los profesionales de la memoria selectiva.
¿Por qué? Porque reconocerlo dinamita el mito fundacional sobre el que se edificó la industria política del 24 de marzo. Si se admite que existió una guerra revolucionaria, se cae la caricatura del país idílico agredido súbitamente por militares perversos. Y si se cae esa caricatura, también se derrumba el monopolio moral que ciertos sectores han construido durante décadas.
La dictadura cometió crímenes gravísimos. Nadie serio lo niega. El terrorismo de Estado, la represión ilegal y las desapariciones son hechos documentados y condenables. Pero convertir esa tragedia en un instrumento de manipulación histórica es otra forma de degradar la memoria. La memoria no debería ser un tribunal que juzga selectivamente el pasado según conveniencias ideológicas. Su función es comprender la complejidad de la historia, no reducirla a un relato moral cómodo para el presente.
Lo que resulta inaceptable es la operación intelectual que pretende borrar la violencia guerrillera de la ecuación histórica. Se habla de víctimas, pero sólo de algunas. Se exige memoria, pero sólo sobre una parte del pasado. Se reclama justicia, pero únicamente cuando la violencia proviene de un actor específico. Eso no es memoria. Es propaganda.
El 24 de marzo se ha transformado en una plataforma ideológica desde la cual se intenta fijar una interpretación obligatoria de la historia. Cualquier intento de cuestionarla es rápidamente etiquetado con epítetos automáticos: negacionista, reaccionario, apologista. La discusión histórica se reemplaza por la descalificación moral. Esa reacción revela algo evidente: el relato dominante no se sostiene bien cuando se lo somete al examen completo de los hechos. La historia de los años setenta no fue un cuento moral para escolares. Fue un conflicto político brutal donde distintos actores recurrieron a la violencia con objetivos incompatibles. Pretender que una parte de esa violencia nunca existió no es un error académico: es una decisión política. Y esa decisión ha permitido construir una cultura de la memoria que funciona más como un aparato de militancia que como una búsqueda honesta de verdad histórica.
Una sociedad madura no necesita relatos sagrados ni fechas convertidas en actos de fe ideológica. Necesita memoria completa. Memoria incómoda. Memoria que no dependa de quién empuñaba el arma para decidir si el hecho merece ser recordado. Porque cuando la memoria se convierte en un relato obligatorio, deja de servir a la verdad y empieza a servir al poder.
Mientras el 24 de marzo siga siendo utilizado como una herramienta de propaganda y no como un espacio de reflexión histórica integral, lo que se estará defendiendo no será la memoria: será el relato.
(De www.laprensa.com.ar)
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