sábado, 22 de agosto de 2026

Solomon Asch: Experiencia psicológica y principio de la masificación

El proceso de masificación de las personas no sólo afecta a las poco instruidas sino también a aquellas con nivel educativo universitario, siendo el hombre masa quien adopta como referencia cognitiva, no a la propia realidad, sino a lo que dice o piensa la mayoría. De ahí que tal actitud produce efectos negativos en individuos y sociedades.

En la década de los 50, Solomon Asch establece un experimento de Psicología Social en el cual, en un aula, junta a diez individuos que habrán de comparar la longitud de tres líneas distintas (A, B y C) con otra tomada como referencia. De las diez personas, nueve son actores que, en forma premeditada, opinan erróneamente respecto de algo bastante evidente, mientras encuentra que el décimo participante, inadvertido de la situación, muchas veces comparte la opinión errónea de "la mayoría". Así, el 75% de los "invitados" compartió el error al menos una vez. Como conclusión, cerca del 37% de las respuestas se unieron al error del grupo.

Los participantes admitieron posteriormente que sabían que el grupo estaba equivocado, pero optaron por sumarse al error para no ser "distintos". Al respecto se concluye:

"El cerebro prefiere mentirse antes que soportar el destierro social".

"Cede su criterio para diluirse en la masa y evita la angustia del aislamiento moral"

(De YouTube: "Como hemos llegado a que la gente dude de sus propios ojos" de PsicoStick).

Si en la vida real el proceso de masificación tuviera porcentajes similares al del experimento de Asch, no debería extrañarnos de que grandes porcentajes de la población apoyen electoralmente a políticos totalitarios o que en algunas elecciones Hitler lograra más del 90% de los votos emitidos.

Así como en muchas personas predomina cierta negligencia para el trabajo, existe una negligencia similar respecto del pensamiento y de todo proceso cognitivo, resultando más fácil sumarse a lo que dice o piensa la mayoría, con la supuesta "ventaja" de no sentirse marginado de alguna forma de la sociedad, si bien ha de ser la mayoría la que ha de quedar marginada de la realidad. De ahí la expresión escuchada últimamente de que la sociedad adopta opiniones generalizadas casi demenciales.

Los sectores masificados, por lo general, buscan un líder que piense por ellos. Leemos al respecto: "Una serie de experimentos realizados en la década de 1970 ayudaron a Henri Tajfel a reconocer que la gente muestra una lealtad considerable a grupos arbitrarios por razones en apariencia sin importancia (el mismo color de pelo, el lugar de nacimiento o incluso al hecho de pertenecer al mismo grupo por decisión de uno de los responsables del experimento). Es lo que se conoce como «identidad social». Esos grupos necesitan líderes. En la década de 1990, el psicólogo norteamericano Michael Hogg descubrió que los miembros del grupo no eligen al «mejor y más brillante», sino a un individuo medio con el que la mayoría de los miembros del grupo puedan identificarse".

"Cuando están en el poder, los líderes se convierten necesariamente en alguien distinto a sus compañeros y van cada vez más lejos para demostrar que son como su grupo. Esa podría ser la razón por las que los eslóganes nacionalistas (e incluso el racismo sin tapujos) suelen ser estrategias políticas eficaces. Al definir a su grupo en términos exclusivos, los líderes refuerzan su identidad social y su poder" (De "50 Teorías psicológicas fascinanttes y sugerentes"-Varios Autores-Art Blume SL-Barcelona 2011).

jueves, 20 de agosto de 2026

Inteligencia artificial y desocupación tecnológica

La irrupción de la Inteligencia Artificial en el campo laboral, junto con otras innovaciones tecnológicas, tiende a producir, en primera instancia, el reemplazo laboral de quienes no se adaptan a tales innovaciones. Para prever situaciones como la mencionada, es importante haber adquirido previamente, mediante el estudio secundario o universitario, cierto hábito mental que permite aprender rápidamente la manera de adaptarnos a las nuevas tecnologías.

Las distintas formas de vida requieren que todo ser viviente se encamine a lograr mayores niveles de adaptación, es decir, que busquen ser aptos para la vida en un cambiante medio circundante. Con el nombre de “segunda naturaleza” se designa al proceso por el cual el hombre establece innovaciones culturales y tecnológicas que requieren de cada uno de nosotros un posterior esfuerzo de adaptación. E. Donato y Prunera escribió: “Se ha dicho con razón que el hombre, biológicamente considerado, es un callejón sin salida, pero que la inteligencia le abre la salida del callejón en que le colocó la mezquindad de los medios orgánicos o físicos con que la naturaleza le ha dotado. Quiere decirse que el hombre «natural», que a la desnudez de su carne añade la desnudez que supone en él la falta de pelaje abundante y protector, si no fuera por la inteligencia sería uno de los animales más desamparados del orbe. El último gusano, la amiba más insignificante estaría más perfectamente adaptada a «su» medio que el ser humano, pese a su mayor corpulencia y vigor”.

“Pero la misma naturaleza que dio al hombre una carne harto frágil y accesible a todas las hostilidades imaginables de su medio, le dotó también de algo que le separa radicalmente del resto de los organismos vivientes. El hombre hace algo que no hace ningún ser vivo: piensa y razona. Y es esta facultad del pensar la que le fragua el camino de la liberación de la miseria física en que estaría si sólo dispusiera de lo que orgánicamente está en él a la vista. Si el hombre fuera «animal» sin más, sólo podría vivir –como les ocurre a otros animales- en zonas limitadísimas del planeta. Y aun allí, acosado por mil peligros y armado sólo con lo que físicamente posee en cuanto a organismo, estaría menos adaptado al reducido ambiente material de lo que lo está, por ejemplo, el mono, más capaz que él de huir de efectivos ataques de otros animales más fuertes” (Del Prólogo de “La segunda creación del mundo” de Joachim G. Leithäuser-Ediciones Destino-Barcelona 1958).

Puede hacerse una síntesis de los distintos procesos adaptativos:

1- Adaptación biológica al orden natural (Evolución biológica)

2- Adaptación cultural al orden natural (Evolución cultural)

3- Adaptación cultural a la innovación tecnológica (Segunda naturaleza)

Mientras que la biología describe el proceso de adaptación biológica, la antropología y las restantes ciencias sociales describen el proceso de adaptación cultural, quedando principalmente para la historia de la ciencia y de la tecnología la descripción del proceso por el cual aparecen las distintas innovaciones que favorecen y permiten nuestra supervivencia.

Un problema típico surgido de tal innovación es justamente el de la desocupación tecnológica, que ocurre principalmente en sociedades con mercados poco desarrollados. Al surgir una innovación que reduce costos, pero también mano de obra, perjudica en el corto plazo al trabajador reemplazado por una máquina, e incluso en el largo plazo si se trata de sociedades como las mencionadas. Al respecto resulta conveniente citar algún ejemplo, como el de la industria textil inglesa del siglo XVIII. Joachim G. Leithäuser escribió: “John Kay inventó en 1733 el «tiro rápido»….El resultado fue que un tejedor podía fabricar un tejido doble de ancho; que los tejedores, temiendo el paro forzoso, destruyeran los primeros ejemplares de tales aparatos y que, a pesar de todo, después de algunas mejoras técnicas el nuevo invento se extendiera irrefrenablemente a partir de 1760, requiriéndose de las hilaturas mayor cantidad de material para la fabricación. Desde ese momento empezó una carrera de mecanización entre la industria del hilado y la textil: unas veces las rápidas máquinas de tejer exigían más hilo, otras las hilaturas rápidas producían tanto que se hacía necesario acelerar el proceso textil. Pero los obreros, al principio, trataron con toda energía de hacer fracasar la mecanización”.

Las cosas cambian cuando se establecen mercados desarrollados capaces de reabsorber a los trabajadores que perdieron momentáneamente su trabajo, mientras que la reducción de los costos permite al empresario disponer de excedentes para la inversión que permitirá luego generar puestos de trabajo adicionales.

La suerte de los inventores e innovadores no siempre fue la esperada por cuanto, a las protestas por parte de los trabajadores desplazados, se sumaba la competencia feroz de quienes utilizaban sus creaciones a veces sin reconocer derechos de invención, especialmente cuando no eran solicitadas a tiempo las respectivas patentes. Este fue el caso de James Hargreaves, el inventor de la máquina de hilar denominada Jenny. Leonard M. Fanning escribió: “El invento de Hargreaves había surgido por accidente. Un día su hija Jenny, en una travesura infantil, derribó su torno de hilar. Éste cayó de tal forma que el huso, normalmente horizontal, quedó vertical. Continuó girando, y el pobre hilandero pensó: -¿Por qué no instalar una serie de husos verticales, conectados mecánicamente, de manera de poder hilar varios hilos al mismo tiempo?”.

“Con ocho usos verticales, fue el primer mecanismo que hiló más de una hebra en forma simultánea. En un momento aumentó ocho veces su producción. Pero le fue imposible ocultar su secreto. Su gran producción despertó las sospechas y la furia de los hilanderos. Atacaron su casa y destruyeron su nuevo invento. Después de eso Hargreaves abandonó Standhill para radicarse en Nottingham”.

“Imitando los husos verticales de Hargreaves, Richard Arkwright desarrolló el torno de hilar hasta obtener una máquina que no solamente producía de modo múltiple como la «Jenny» de Hargreaves, sino que también fabricaba un hilado superior, fuerte y resistente”. “El 3 de julio de 1769 Arkwright recibió su primera patente y, él también, se trasladó a Nottingham, centro de calcetería”.

“Un año después Hargreaves se presentó a patentar su máquina. Sus máquinas de hilar lograron gran popularidad y superaron en número a las de Arkwright durante casi un cuarto de siglo…Pero su creador no vivió lo suficiente para presenciar el triunfo de su invento, o para disfrutar de las ganancias. Murió en una modesta granja en 1778” (De “Padres de la industria”-Plaza & Janés SA-Buenos Aires 1965).

De casos como este se infiere que no sólo el trabajador común debe adaptarse a la innovación tecnológica a partir de una previa adquisición de conocimientos laborales que lo protejan de la desocupación, sino que también el inventor debe adaptarse a la sociedad en que vive solicitando a tiempo las patentes respectivas y anticipándose a lo que pueda hacer la competencia, especialmente cuando disponga de armas no del todo legales.

Uno de los objetivos perseguidos por la educación técnica actual es la de formar profesionales con una rápida velocidad de adaptación ante las innovaciones, ya que éstas, a su vez, responden a una imperante necesidad de supervivencia empresarial en todo mercado desarrollado y competitivo. En tal aptitud radica principalmente el éxito de la adaptación laboral a la segunda naturaleza. Joseph A. Schumpeter escribió: “La historia del proceso de producción de la industria del hierro y acero, desde el horno de carbón vegetal hasta el tipo actual de alto horno, y la historia del proceso de producción de energía, desde la rueda hidráulica hasta la turbina, y la historia del transporte, desde la silla de postas hasta el aeroplano. La apertura de nuevos mercados, extranjeros o nacionales, y el desarrollo y la organización de la producción, desde el taller de artesanía y la manufactura……ilustran el mismo proceso de mutación industrial –si se me permite usar esta expresión biológica- que revoluciona incesantemente la estructura económica desde dentro, destruyendo ininterrumpidamente lo antiguo y creando continuamente elementos nuevos. Este proceso de destrucción creativa constituye el dato de hecho esencial del capitalismo. En ella consiste en definitiva el capitalismo y toda empresa capitalista tiene que amoldarse a ella para vivir” (De “Capitalismo, socialismo y democracia” (I)-Ediciones Folio-Barcelona 1996).

La analogía que hace Schumpeter entre economía y biología, al hablar de “mutación industrial”, no es casual, ya que el propio Charles Darwin elabora su teoría de la evolución por selección natural contemplando los procesos del mercado. Edmund Conway escribió: “En 1838, Darwin, inspirado por los escritos de Thomas Malthus, imaginó un mundo en el que los ejemplares más aptos sobrevivían y podían evolucionar en especies nuevas, más sofisticadas y mejores. «Tenía por fin», escribió, «una teoría por la cual trabajar». Y cuando se las observa con atención, las fuerzas que dan forma al mundo natural y a la economía del libre mercado se revelan asombrosamente similares” (De “50 cosas que hay que saber sobre Economía”-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 2011).

Los avances vertiginosos de la tecnología informática es una consecuencia directa del capitalismo por cuanto, al existir una tenaz competencia entre las empresas, éstas se ven obligadas a investigar y a innovar constantemente para no verse relegadas en el mercado. Resulta ser una lucha por la “supervivencia del más apto”, ya que las mejores sobreviven y las otras desaparecen, o se ven obligadas a reestructurarse. Ello explica el comportamiento de los empresarios que tratan de reducir costos y mejorar la calidad de sus productos. Sin embargo, no son ellos los que dictaminan el éxito o el fracaso de las empresas, ya que son los consumidores quienes dan la espalda a quienes no satisfacen sus demandas, o las satisfacen en menor medida que otras.

Algunos economistas afirman que las crisis económicas sirven para castigar a las empresas ineficientes y que ello resulta finalmente favorable a la economía. Sin embargo, las crisis también producen efectos devastadores a nivel social, por lo que resulta mejor esperar una evolución económica gradual y continua que una asociada a las crisis. Es un caso similar a la evolución de las especies promovida por cataclismos (como la desaparición de los dinosaurios) o bien por la lenta y continua selección derivada de la herencia genética, que se va instalando sin cambios abruptos. Edmund Conway escribió: “El escepticismo acerca de la propuesta [de la destrucción creativa] se ha visto reforzado recientemente debido a los estudios que demuestran que las empresas tienden a reestructurarse y modernizarse más durante un periodo de auge que en tiempos de crisis” (De “50 cosas que hay que saber sobre Economía”-Ariel-Buenos Aires 2011).

La innovación tecnológica trae como consecuencia inmediata la desocupación tecnológica. Sin embargo, es un problema circunstancial y de corto plazo por cuanto, al reducirse los costos (lo que justifica la innovación) el consumidor tendrá dinero disponible para gastarlo en otras necesidades, por lo aparecerán nuevas ofertas de trabajo. Martín Krause escribió: “La nueva inversión desplazaba puestos de trabajo, pero ahora, como resultado de ella, se genera una nueva inversión que crea nuevos puestos de trabajo y absorbe a los trabajadores desplazados”. “En los países que no restringen ese movimiento laboral, el paso de un empleo a otro no demanda mayor tiempo y el desempleo es bajo. Se genera un circuito por el cual se invierte, aumenta la productividad de los trabajadores, crecen las ganancias, bajan los precios de los productos, aumenta el poder adquisitivo y la creación de fuentes de empleo” (De “La Economía explicada a mis hijos”-Aguilar SA de Ediciones-Buenos Aires 2003).

Como ejemplo de innovación tecnológica puede mencionarse el caso de Boeing, empresa pionera en la utilización comercial de aviones a reacción, antes usados sólo para fines militares, cuando arriesgó gran parte de su capital en la realización del 707 cuya inversión inicial fue de “casi el triple de las utilidades medias anuales de los cinco últimos años –aproximadamente la cuarta parte del valor neto de la compañía”. Al tener éxito, “lleva al mundo comercial a la era del jet”. James C. Collins y Jerry I. Porras agregan: “Este modo de actuar no terminó en los años 50 con el 707”. “En 1965, Boeing tomó una de las decisiones más audaces en la historia de los negocios: la de seguir adelante con el jumbo-jet 747, decisión que por poco acaba con la compañía” (De “Empresas que perduran”-Grupo Editorial Norma-Bogotá 2005).

En las economías socialistas, por el contrario, se trata de aumentar las fuentes de trabajo a cualquier costo y a mantener incluso las deficitarias, por lo cual resultan ser economías ineficientes. En lugar de estar al servicio del consumidor, es el pueblo el que debe soportar la pesada carga del déficit conjunto de las empresas obsoletas. Recordemos que en el socialismo el vínculo de unión social propuesto no son los afectos, sino los medios de producción, que tienen un significado tan importante como las vacas sagradas para los hindúes, por lo que los resultados económicos pasan a un segundo plano. Vladimir Bukovski escribió respecto de la etapa soviética: “Se permite a los campesinos tener una vaca sin pagar impuestos por ello. Pero, lamentablemente, se les prohíbe producir el forraje. Una equivocación que el Partido corrigió tiempo después: se pudo disponer del forraje, pero no de la vaca, ya que ésta, obsérvese bien, se consideraba como un «medio de producción» y, en el socialismo, los medios de producción no podrían pertenecer a los particulares. Desde entonces ya nadie quiso tener una vaca”.

“La economía de «mando» descansa sobre la obediencia. Una rígida planificación, una burocracia enorme, el poder discrecional del movimiento en materia de promoción o expulsión, crean la ilusión de un control absoluto. En forma paralela, se pierde todo interés en el trabajo, declinan la calificación y la productividad y el mercado negro florece. En la práctica, el gobierno ignora qué es lo que realmente se produce y cómo reglamentar la producción” (De “URSS: de la utopía al desastre”-Editorial Atlántida SA-Buenos Aires 1991).

Todas las actividades humanas deben tener como finalidad mejorar nuestro nivel de adaptación al orden natural, lo que involucra tanto a la religión, como a la ciencia y la tecnología. De ahí que la economía de la innovación, el riesgo, la incertidumbre, la competencia y el progreso se encuentre en este camino, mientras que la economía de la planificación centralizada, la seguridad, la certidumbre, la obediencia y el estancamiento se encuentra alejada de la tendencia adaptativa mencionada. Martín Krause escribió: “La competencia es la emulación entre distintas personas para sobrepasarse unas a otras. No es una pelea ni un combate, y por tal razón el uso de terminología militar para describir lo que sucede en el mercado es claramente inapropiado”.

Los distintos actores de la economía se mueven en ella entre dos sentimientos extremos de miedo y euforia. El primero está ligado a la búsqueda de la seguridad, mientras el segundo es el que admite al riesgo. Edmund Conway escribió: “Las economías son, por su misma naturaleza, propensas a los ciclos de auge y crisis: los mercados oscilan de la confianza al pesimismo y los consumidores de la codicia al miedo”.

¿Qué sucede en una sociedad en donde no hay gente optimista que quiera correr riesgos en forma similar al caso de Boeing? Sin gente emprendedora (empresarios) no puede haber desarrollo económico. Y si los hay, no debe haber políticos socialistas que les impidan desarrollar sus potencialidades.

Es conveniente distinguir entre el empresario que pone en riesgo su propio patrimonio a aquellos que, especialmente en el mercado financiero, arriesgan temeraria e ilegalmente los patrimonios ajenos que les son dados para administrar, provocando serios trastornos que afectan las economías nacionales e incluso de todo el planeta. Entre las principales causas de las crisis financieras aparece la codicia desmedida, asociada a la especulación, de quienes buscan optimizar sus ganancias sin apenas importarle los efectos negativos que sus decisiones podrán producir. Tal comportamiento se ve favorecido por una valoración social exagerada tanto de los bienes materiales como del poder económico. Puede decirse que es la propia sociedad la que crea un pedestal imaginario que ha de ser ocupado por los especuladores exitosos y que son confundidos por la sociedad con quienes obtuvieron éxito empresarial a través de la producción de bienes y servicios útiles a la sociedad.

Los mercados financieros funcionan en base a la confianza, o no, de los inversores. De ahí que se trata de esconder parte de la realidad para evitar caídas de las cotizaciones accionarias. Frank Partnoy escribió: “La cobertura de los medios de lo que ocurre en el mercado de acciones sigue siendo tan intensa como siempre; no obstante, los inversores son incapaces de filtrar información que reciben, o de encontrar a alguien que diga la verdad sobre una empresa en particular”. “A los inversores les llevó gran parte del 2002 abandonar la costumbre de comprar acciones por un capricho, mito o rumor. El «crac» del mercado de acciones el año anterior se produjo en cámara lenta, una compañía por vez, hasta que los inversores supieron que les resultaba prácticamente imposible comprender a muchas firmas cuyas acciones habían adquirido” (De “Codicia contagiosa”-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2003).

miércoles, 19 de agosto de 2026

La "cultura" de la cancelación

La denominada "cultura de la cancelación" tiende a adoptar posturas masivas y totalitarias, por cuanto, a través de las redes sociales, se trata de hacer "justicia por mano propia" ante quienes han desatendido lo que las masas consideran "políticamente correcto", ya que la referencia para juzgar acciones ajenas no toma en cuenta la existencia del bien o del mal, sino que la referencia radica en lo que la mayoría decide, o lo que decide quienes influyen sobre la mayoría.

La acción de la "cancelación social" puede ejemplificarse en el caso de Joseph Stalin, quien, por ser opositor de León Trotsky, decide borrar todo rastro de su existencia histórica, mientras que posteriormente lo hace asesinar. Un detalle representativo consiste en la manipulación de fotos de la Revolución Soviética en la cual aparece Trotsky, de gran relevancia en ese proceso. Mediante técnicas fotográficas, se elimina la figura de Trotsky previamente a la publicación de libros de historia editados en la ex URSS. De ahí que el nombre del "cancelado" sea ignorado totalmente por las siguientes generaciones.

Durante el Mundial de Fútbol 2026, unos 23 millones de individuos, en oposición a ciertas decisiones arbitrales que favorecerían a la selección argentina, pidieron la expulsión de dicha selección del mundial vigente, o del próximo mundial, en evidente actitud cancelatoria. Luego de la final, en la que algunos jugadores argentinos cometieron actos antideportivos, numerosos individuos pedían la expulsión de todos los jugadores argentinos de la liga inglesa, o cosas semejantes. Este es un ejemplo de que la actitud cancelatoria, por la cual las masas adoptan la postura de juez supremo, es una realidad evidente.

Se menciona un artículo al respecto:

CULTURA DE LA CANCELACIÓN: ¿UNA AMENAZA PARA LA LIBERTAD DE PRENSA?

Por Dra. Claudia Ivett Romero, Universidad Panamericana

Ha emergido como uno de los fenómenos más discutidos y polarizantes en la era digital, afectando profundamente la manera en que se produce, consume y comparte la información en la sociedad contemporánea. La cultura de la cancelación ha cobrado relevancia en la era digital, impactando significativamente diversos sectores de la comunicación social en México. Este fenómeno, caracterizado por la sanción pública de figuras o instituciones que son percibidas como ofensivas o controversiales, ha influido en la práctica periodística, la comunicación corporativa y las dinámicas de interacción en las redes sociales. En el periodismo, se ha observado un aumento en la autocensura por parte de los profesionales, temerosos de ser “cancelados” por el público, lo que afecta la libertad de expresión y el análisis crítico.

La cultura de la cancelación ha emergido como uno de los fenómenos más discutidos y polarizantes en la era digital, afectando profundamente la manera en que se produce, consume y comparte la información en la sociedad contemporánea. En términos generales, esta cultura se refiere a la acción colectiva de boicot o rechazo a personas, organizaciones o marcas que son percibidas como ofensivas o contrarias a ciertos valores sociales. La cancelación ha evolucionado a partir de las redes sociales, donde los usuarios pueden unirse en masa para “cancelar” a figuras públicas o empresas, presionando a que se retracten, disculpen o enfrenten consecuencias graves como la pérdida de reputación o de oportunidades profesionales.

En México, la cultura de la cancelación ha ganado particular relevancia en los últimos años, siendo un reflejo de las tensiones sociopolíticas y los cambios en las sensibilidades sociales sobre temas como el género, la diversidad, la política y los derechos humanos. La sociedad mexicana ha utilizado esta herramienta para exigir rendición de cuentas de figuras públicas, aunque también ha suscitado debates sobre los límites de la libertad de expresión y el peligro de caer en prácticas de censura.

En el ámbito de la comunicación social, la cultura de la cancelación ha impactado profundamente en tres áreas clave: la práctica periodística, la comunicación corporativa y las dinámicas de las redes sociales. Los periodistas, bajo la presión constante de las audiencias, enfrentan un entorno más hostil y se ven en la necesidad de autocensurarse para evitar repercusiones que afecten su carrera y credibilidad. Asimismo, las empresas y marcas deben estar más atentas que nunca a las expectativas sociales, adaptando sus estrategias de comunicación para evitar ser objeto de campañas de cancelación.

La investigación busca identificar los retos que presenta este fenómeno y cómo ha transformado las dinámicas de poder y la relación entre los comunicadores y las audiencias en el país.

El surgimiento de estas nuevas formas de censura, resultantes de la denominada cultura de la cancelación, pone de manifiesto otro cambio en la naturaleza de la comunicación social: ante la disputa de visiones e intereses, el objetivo ya no es el debate para arribar a un consenso, sino ser escuchado y obtener la victoria. Diversos autores reflexionaron en torno al efecto que esta lógica discursiva produce en términos de profundización de la fragmentación y polarización social. Desde el siglo XIX, la comunicación ha evolucionado en su multitud de manifestaciones e interfaces. En efecto, cualquier persona dispone hoy de diferentes canales para expresarse, y en los últimos años las redes sociales se han convertido en un espacio de participación activa en la esfera comunicativa de las sociedades actuales.

Los especialistas coinciden en que el fenómeno de la cancelación social produce efectos negativos en el rol del periodista. Por un lado, se indica que los periodistas, ante la posibilidad de ser cancelados, optan por no publicar aquellas noticias que tocan a la persona (sujeto cancelador), dando cuenta de una autocensura deseosa de evitar el riesgo. Es decir, en pos de no aparecer afectado por la ira de aquellos que podrían “cancelarlos”, los medios retrocederían de realizar publicaciones de interés general. “La censura no es el resultado de la cancelación cultural, es el proceso que cierra la conversación”, afirma Nusi Cunsolo sobre los efectos del fenómeno de la cancelación. En un sondeo entre periodistas publicado por el proyecto de investigación Electograma Universidad Siglo XXI, deja en evidencia los temores de los profesionales de la prensa respecto al efecto de la cancelación en las redes sociales: casi la mitad de los entrevistados sostenían que la censura ciudadana, ejercida a través de la cancelación de mensajes, influye en la línea editorial del medio al que pertenece.

La interpretación de determinados asuntos puede ser diversa, con base en el criterio periodístico sobre la noticia considerando la audiencia ficticia (titular, entradillas o distintas secciones del medio). A mayor información, se deben cuestionar las fuentes; sus interrelaciones con la audiencia, entre ellas y con la opinión impresa; su procedencia; su previsibilidad; y su englobamiento en la realidad informativa (intención de actuar, comunicar una nueva realidad, inducir un determinado cambio, etc.). A los especialistas en el análisis del discurso y los medios, desgraciadamente, les queda el segundo campo de la cobertura de la vida humana: algunos aspectos de la publicidad y muchos de la información periodística. Nunca pueden comprobar si lo transmitido es cierto o no. Y aquí aparece un peligro aún mayor, el de lo que no está.

Para cualquier medio, la lucha es constante, con y sin la cuarentena, en la búsqueda por ofrecer exclusividad de temas, coberturas originales, no replicar información, medir su exposición y reconocer los límites del storytelling. Se sabe que sólo se puede llegar a conocer un ámbito de la realidad y que la noticia, siempre condensada, debe partir de un determinado espectro de información previa, condensada también. Pero hace al periodismo la mayor difusión posible de datos, inclusive a la existencia de conceptos, visiones, ideologías y fuentes. Y muchas de ellas, la gran mayoría de los datos, están cifrados. Aquí se produce el problema. Si no se conocen datos, no se pueden trasladar, y los datos actualizan el mundo. Aquí aparece el peligro. Si no hay datos o se ocultan o adulteran, no se puede trasladar el contenido y se puede causar, según Martínez-Costa, el principio de “desrealización informativa”. Sólo lo que llega a los medios existe. La parte se convierte en el todo, como una deformación cognitiva.

Por lo que a los periodistas respecta, puede aumentar la presión para trabajar más rápido, con desgana y sin conocimiento ni herramientas suficientes.

En el ámbito periodístico, este fenómeno ha forzado a los profesionales a reconsiderar su enfoque sobre la objetividad, el lenguaje y los temas abordados, ya que una cobertura o comentario percibido como insensible o controvertido puede desencadenar reacciones inmediatas en las plataformas digitales. Esto ha provocado tanto autocensura como un mayor compromiso con la veracidad y responsabilidad en la información.

Este fenómeno ha transformado profundamente los campos de la comunicación, imponiendo nuevos retos y responsabilidades tanto para los periodistas como para las empresas y las plataformas digitales. Su impacto seguirá siendo un tema clave para entender las dinámicas comunicativas en la era de la interconectividad.

* La Dra. Claudia Ivett Romero Delgado es profesora investigadora de la Escuela de Comunicación de la Universidad Panamericana. Es Jefa de la Academia de investigación en comunicación. Miembro del Sistema de Nacional de CONAHCYT nivel 1.

(De www.infobae.com)

martes, 18 de agosto de 2026

Poder y humanidad

La palabra "poder", asociada a los seres humanos, nos da idea de una capacidad para influir sobre sus semejantes. Por lo general, se aduce que la búsqueda de poder está asociada a cierta actitud egoísta. Sin embargo, se puede buscar y poseer poder tanto para hacer el mal como para hacer el bien. Annabelle Hoffs escribió: “El poder era originariamente un término sociológico, pero al descubrir que el poder depende de las emociones, actitudes y motivos inconscientes, se ha buscado en la psicología una clarificación. En psicología, el poder significa la habilidad de afectar, cambiar e influir en otras personas. Por tanto, consideraciones tales como el status, la autoridad y el prestigio resultan centrales en el asunto de poder” (De “El poder del poder”-Editorial Diana SA-México 1986).

Si bien existen y han existido seres humanos con mucho poder, éste resulta pequeño respecto del conjunto de leyes naturales invariantes que, aunque invisibles a los ojos humanos, nos imponen su presencia en cada instante de nuestra vida. Decimos, simbólicamente, que tales leyes son las leyes de Dios establecidas para ejercer dominio sobre los seres humanos. De ahí que William James escribiera: "Dios es real porque produce efectos reales".

Ya es época suficientemente avanzada para que los seres humanos establezcamos una decisión de gran importancia; tal decisión implica nada menos que elegir entre adherir al poder de algunos seres humanos o bien priorizar nuestra atención al poder de Dios ejercido por las leyes mencionadas.

El gobierno pleno de Dios sobre los hombres habrá de comenzar cuando la mayor parte de la humanidad se decida a ello, teniendo en cuenta precisamente las leyes naturales que gobiernan nuestros propios cuerpos y nuestras propias mentes. Esta es la idea y objetivo básico de la Biblia al considerar al Reino de Dios (a través de la ley natural antes que a través de sus enviados) como la meta liberadora de la humanidad respecto del poder humano proclive generalmente al mal.

La búsqueda de poder, por parte de los hombres, generalmente se orienta a lograr cierta trascendencia, es decir, previsto el inevitable fin de nuestras vidas, muchos quieren dejar algún rastro de su personalidad que no se destruya con el paso del tiempo. Esta búsqueda muchas veces contempla sólo fines egoístas. Arthur Koestler escribió: “Uno de los rasgos principales de la condición humana es la necesidad perentoria de identificarse con un grupo social o un sistema de creencias que es ajeno a la razón, a los intereses del individuo e incluso al instinto de conservación. Lo cual nos lleva a la conclusión, en contraste con la opinión preponderante, de que el problema de nuestra especie no es un exceso de agresividad defensiva, sino un afán excesivo de trascendencia”.

Rita Levi-Montalcini opina al respecto: “Este afán de trascendencia, que se pone de manifiesto en la obediencia ciega y es uno de los rasgos principales del comportamiento humano, conduce a la aceptación estúpida. Estas tendencias innatas, más que el instinto agresivo como desahogo del llamado «imperativo territorial», son las responsables de la universalidad de la guerra en todas las sociedades humanas. El mismo autor afirma que «sin lenguaje no habría poesía, pero tampoco habría guerra». Con esta breve frase resume la condición unitaria del hombre. El lenguaje ha dotado al hombre del sistema más eficaz de comunicación para unir a los miembros de las tribus primitivas y, más tarde, a los de las sociedades más avanzadas, pero al mismo tiempo ha hecho que sean sumamente receptivos a los mensajes que proceden del medio circundante” (De “Tiempo de cambios”-Ediciones Península-Barcelona 2005).

Recordemos que las mayores catástrofes humanas han sido promovidas por los diversos totalitarismos (comunismo y nazismo). Bajo tales sistemas políticos, todo individuo estaba gobernado material y mentalmente por un reducido número de personas, o mejor aún, por un solo líder que acumulaba todo el poder posible, constituyendo de esa manera el mayor peligro posible para la supervivencia de todo el grupo social. De ahí que el tan denostado liberalismo siempre ha propuesto "la división de poderes", la "división del trabajo", la "propiedad privada", para evitar toda forma de alta concentración de poder asociada a una alta peligrosidad.

En nuestros días, predominan fuerzas políticas y económicas que apuntan a establecer un gobierno político mundial como una concentración de poder nunca antes vista en la historia. En cierta forma se trata de una nueva forma de colectivismo que tiende a anular el poder de los gobiernos nacionales. De ahí que el globalismo puede ser considerado como un colectivismo de naciones con un mando central que tiende a anular toda acción autónoma a nivel de los países.

Si, en forma individual, nos decidimos a ser guiados y gobernados por las leyes naturales, en lugar de los peligrosos gobiernos humanos, estaremos alcanzando un autogobierno y una libertad plena, a la vez que estamos adoptando el gobierno de Dios sobre cada uno de nosotros. El Reino de Dios comenzará cuando los seres humanos mayoritariamente lo decidamos.

El gobierno de Dios sobre los hombres, como se dijo, depende de cada uno de nosotros adoptando como referencia la empatía emocional, como la principal ley natural que debemos respetar para asegurar nuestra supervivencia plena, tanto individual como colectiva. De ahí que Cristo dijo: "El Reino de Dios está dentro de vosotros".

En épocas pasadas se postulaba un principio físico que sugería que “la naturaleza tiene horror al vacío” (ya que si lo había, habría lugares no ocupados por Dios). En forma análoga, puede decirse que la sociedad tiene horror al vacío de poder y que si no lo llenan los “buenos”, lo llenarán los “malos”.

Si deseamos materializar, en forma simple, lo que debemos hacer para lograr un mayor nivel de adaptación al orden natural, ello implica tener presente que sólo existen cuatro actitudes o predisposiciones básicas, siendo el amor al prójimo la más eficaz. Así, teniendo presente la existencia de la empatía emocional, debemos tratar de compartir penas y alegrías ajenas como propias, que ha de coincidir con el cumplimiento de los mandamientos de Cristo, quien señala que "En estos dos mandamientos están sintetizados la Ley y los profetas".

lunes, 17 de agosto de 2026

El buenismo y sus consecuencias

Buenismo también suena a hipocresía, es decir, se trata de parecer bueno ante los demás, y ante uno mismo, solamente con adherir a un supuesto predicador del bien sin tener que hacer ningún aporte personal.

El buenismo es actualmente un defecto generalizado que está provocando serios conflictos, especialmente en Europa, cuando gran parte de la población adhiere a la entrada de una inmigración no selectiva y que, incluso, tal inmigración, con su descendencia, pretende reemplazar la población nativa, tal es el caso del Islam.

Para mantener a inmigrantes que poco o nada trabajan, los Estados europeos le cobran cada vez más impuestos a la población nativa, que así reduce su nivel económico, y su seguridad personal, mientras se acostumbra a un gran porcentaje de inmigrantes a vivir en un parasitismo extremo.

Se menciona a continuación un artículo al respecto:

EL BUENISMO

Por Tomasa Calvo

Entre la virtud de la bondad y el fraude de la apariencia

El término buenismo se ha extendido notablemente en nuestra jerga más popular. Los hay que se sienten cómodos con lo que esta palabra significa y lo viven, pero este término también tiene sus detractores, quienes manifiestan estar hartos de tanto “buenismo”. La doble acepción de esta palabra me ha llevado a pensar y escribir sobre este fenómeno cuasi-ideológico. Según la RAE, buenismo es la “actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia”.

La definición de la RAE, más bien, muestra los aspectos negativos del significado del término. Estos aspectos han sido analizados y avalados por diferentes autores que han llegado a hablar del fraude del buenismo en una publicación de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), en 2005 o en el libro “Crítica del buenismo” de Carlos Moreno Guerrero quien señala: El fraude del buenismo aporta elementos significativos para una lectura crítica de este fenómeno ideológico.

Esta cuasi-ideología se hace presente en diferentes áreas como puede ser la educación, el derecho, la política, (…). La postura buenista en el sistema educativo español se recogió, por primera vez, en la ley de reforma educativa, la LOGSE de 1990, y posteriormente en la Ley Orgánica de Educación de 2006. Esta postura rechaza la autoridad en la escuela, apuesta por la igualdad entre profesor y alumno, lo que lleva a la degradación de la disciplina en las aulas, en la que se pretende resolver los conflictos con el diálogo, y a que disminuya la autoexigencia y responsabilidad del alumno. Además, rechaza el esfuerzo y la responsabilidad y en consecuencia la meritocracia.

La enseñanza de la religión se está reduciendo al buenismo de ciertos valores, transmitidos sin la fuerza necesaria para ilusionar a los estudiantes con llevar una vida virtuosa. Se puede afirmar que: «La misericordia no es buenismo, ni un mero sentimentalismo», por el contrario, es manifestación del Amor infinito de Dios por cada uno y la concreción humana del amor hacia el prójimo. Podemos decir que el buenismo no hace de la necesidad virtud, sino que hace valores. Los valores son caducos, fruto del consenso socio cultural, pero la virtud es contagiosa siempre, no es algo que te puedes guardar para ti, en este sentido Nietzsche decía que la virtud hace regalos.

Andrés Ollero, catedrático de Filosofía del Derecho, identifica el buenismo jurídico con la defensa del derecho a lo torcido, del derecho a lo equivocado, de un derecho al mal (sic), y cuyas principales características son «la filantrópica generosidad a la hora de conceder derechos» y su relativismo. Además, rechaza esta postura en pro del Derecho natural y que es contraria al positivismo jurídico propio de lo académicamente correcto.

En Estrategias del buenismo, Valentí Puig señala que es más importante que una medida parezca buena que sea eficaz para resolver un conflicto real. Además, advierte que el buenismo es difícil de mantener a largo plazo ya que «la política es el reino turbio de las realidades y no de los deseos píos, ni de la conversión de los píos deseos en estrategia». En política se puede llegar a ejercer el papel de bueno para garantizarse el poder y el diálogo se justifica de manera parcial o partidista mientras se niega el diálogo con las mayorías.

En el Buenismo y Alianza de Civilizaciones, Florentino Portero, denuncia la falta de prudencia política y la desconexión de las relaciones internacionales con los intereses nacionales, en aras de la diplomacia del talante y la Alianza de Civilizaciones, como estrategias ideológicas y de marketing en las relaciones internacionales.

Según el periodista Iñaki Ezquerra, “se inventó el término buenismo para definir una actitud política que se ha pegado a la izquierda como una lapa, aunque no era propiamente de izquierdas. Era un producto de la “fusión” de la cultura “new age” norteamericana con los ingredientes anarcos, hippies, místicos, hinduistas, budistas, humanistas, pacifistas, ecologistas… y cristianos que ya poseía originariamente aquélla y que son en realidad los que la habían generado”. Además, añade que “no se puede obviar que el buenismo es una secularización perversa del evangélico ofrecimiento de la otra mejilla ante la bofetada del enemigo, sea éste la piratería tercermundista, el integrismo islámico, los nacionalismos etniecitas o los terrorismos de unos y otros”.

Siguiendo con nuestro análisis, podemos afirmar que el buenista cree que todos los problemas pueden resolverse por medio del diálogo, la solidaridad, la generosidad y la tolerancia. La bondad, como virtud, no tiene sentido para ellos.

El buenista basa sus actuaciones, sin duda bienintencionadas, en un cierto sentimentalismo de cumplimiento social. Pero, no son conscientes de que cualquier acción basada sólo en los sentimientos carece del necesario análisis crítico para abordar las raíces de los problemas sociales que se quieren resolver. Esta forma de proceder puede dar lugar a soluciones superficiales o ineficientes que no resuelven los desafíos a largo plazo. Como ejemplo basta pensar que para erradicar una enfermedad se va a las causas, no sólo se atienden sus síntomas.

El mundo actual sufre de “buenitis” que se palpa en las familias donde los padres permiten cualquier cosa a sus hijos, para evitar conflictos, y por no pararse a pensar lo que constituye un verdadero bien para ellos, aunque no lo entiendan. En la educación, amor, disciplina y autoridad siempre van de la mano.

Ser buenista es dedicarse a hacer el bien, que no es lo mismo que ser bueno que exige un amor verdadero a los demás y el olvido de uno mismo. Los buenistas son detractores de lo bueno, porque la bondad es una virtud que va más allá, es compasiva, caritativa, magnánima, misericordiosa, comprensiva, (…). La bondad es esencial para construir relaciones humanas saludables y garantizar la convivencia pacífica.

El buenista está satisfecho de hacer el bien, pero puede esconder un vacío existencial, aunque no siempre es así, puesto que las personas que no encuentran sentido a sus vidas pueden ser más propensas a adoptar una actitud de buenismo para llenar ese vacío existencial. Parece evidente que adoptar el buenismo como respuesta a la falta de sentido de la vida no garantiza una perspectiva completa o equilibrada.

En algunos entornos, el buenismo no se ve como la forma más adecuada para resolver los problemas de un país, sino como una forma débil, ya que suele conllevar concesiones para evitar conflictos, a veces a costa de negar la realidad o dejar de lado la justicia. El buenismo puede llevar a ignorar problemas importantes o a ser indulgentes con comportamientos injustos o irresponsables. Puede ayudarnos el pensar en la actual crisis migratoria que, aunque reclama una ayuda humanitaria urgente y necesita encontrar soluciones generales entre los distintos países, no puede resolverse eficazmente de manera individual o grupal, porque se pueden producir consecuencias negativas, como las del “efecto llamada” utilizado por los propios inmigrantes y las mafias que se lucran del comercio humano. Así se acaba fomentando el mal que se quiere evitar, lo contrario de lo que se pretende en una buena obra, con la que se busca el bien y que esa búsqueda no fomente el mal, “lo mejor es enemigo de lo bueno”.

La actitud contraria al buenismo nos tiene que llevar a buscar la verdad, para poder tomar decisiones bien informadas, con criterio moral, y así descubrir soluciones efectivas. La verdad es fundamental para el desarrollo de una sociedad justa y equitativa. La verdad implica ser honestos y transparentes en nuestras acciones y palabras, buscando siempre la veracidad de los hechos. Promover la verdad implica construir una sociedad basada en la confianza mutua. Tanto la verdad como la bondad son valores importantes que deben prevalecer en la sociedad.

Asimismo, el buenismo también forma parte de la cultura woke, en la que se manifiesta como la tendencia a justificar las actitudes violentas y antisociales de “grupos oprimidos”, frente a los opresores. Con este fenómeno ideológico se pretende extender una especie de “humanitarismo global” fundamentado en ayudas sociales desprovistas de coherencia social y de la defensa de un multiculturalismo vago, pero por el que se apuesta para mejorar las relaciones a todos los niveles.

Quizá, en la sociedad actual, el buenismo persiste por lo siguiente: 1) la Influencia de los medios de comunicación, ya que permiten difundir un gran número de mensajes basados en el altruismo, la empatía y la bondad; 2) los cambios culturales, como la mayor valoración social de la inclusión, la diversidad, la igualdad y el respeto por los derechos de los demás; 3) la reacción ante el aumento del individualismo y el consumismo, por eso muchas personas buscan distintas formas de conectarse con los demás y encontrar sentido en la labor social que realizan; 4) la mayor preocupación por el bienestar de los demás; 5) la presión social que puede fomentar comportamientos altruistas para obtener la aceptación de los demás.

Por otra parte, el respeto humano y la comodidad también pueden favorecer la aceptación de los principios del buenismo que presuponen el respeto a todas las personas por igual y que pretenden crear un ambiente más cómodo y pacífico, donde las personas se sientan seguras y protegidas. Esto puede hacer que algunas personas opten por el buenismo como un enfoque de vida.

En resumen, el exceso de buenismo puede obstaculizar el desarrollo personal y social al evitar enfrentar desafíos, limitar el pensamiento crítico, inhibir la responsabilidad personal y anular las injusticias y desigualdades. Es necesario encontrar un equilibrio entre el bienestar individual y el desarrollo integral de las personas y la sociedad.

Por otra parte, la sed de trascendencia se intenta paliar con un sentimiento pseudo-trascendente, que facilita sentirse bien con uno mismo (feel good) y hacer lo correcto (do the right thing). Se trata de un buenismo superficial, que incluso tiene expresiones caritativas o solidarias, pero que no está profundamente enraizado ni ofrece una razón profunda de esperanza.

Según Zygmunt Bauman (1925-2017), polaco, filósofo y sociólogo, el buenismo encaja perfectamente en una sociedad liquida, donde ya no prevalecen realidades sólidas de antaño como el trabajo o el matrimonio, sino que todo se ha tornado «líquido», mucho más provisional, precario, superfluo, ansioso de novedades y agotador.

Sin duda, el buenismo puede fomentar actitudes y acciones positivas, como la solidaridad, la empatía y el apoyo a los demás. Puede impulsar la inclusión social y promover la equidad y la justicia.

Visto lo visto, se ha de buscar un equilibrio que promueva el bienestar general, pero también tenga en cuenta la complejidad de los problemas sociales.

(De exaudi.org)

sábado, 15 de agosto de 2026

Frases de Albert Einstein

1- La vida es como montar en bicicleta. Para mantener el equilibrio debes seguir adelante.

2- La imaginación es más importante que el conocimiento.

3- No todo lo que puede contarse cuenta, ni todo lo que cuenta puede contarse.

4- La mente es como un paracaídas; sólo funciona si se abre.

5- La creatividad es la inteligencia divirtiéndose.

6- Quien nunca ha cometido un error, nunca ha intentado algo nuevo.

7- Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.

8- No intentes convertirte en una persona de éxito, sino en una persona de valor.

9- La medida de la inteligencia es la capacidad de cambiar.

10- Nunca pierdas la sagrada curiosidad.

11- El valor de un hombre debería medirse por lo que da, no por lo que recibe.

12- Aprender es experiencia; todo lo demás es información.

13- La madurez comienza cuando nos preocupamos más por los demás que por nosotros mismos.

14- La vida sencilla y modesta aporta más felicidad que la persecución constante de éxito.

15- Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.

16- Los grandes espíritus siempre han encontrado oposición en mentes mediocres.

17- La paz no puede mantenerse por la fuerza; sólo mediante la comprensión.

18- El sentido común es el conjunto de prejuicios adquiridos hasta los dieciocho años.

19- La educación es lo que queda cuando se ha olvidado todo lo aprendido en la escuela.

20- Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad.

21- El mundo no será destruido por los malvados, sino por quienes miran sin hacer nada.

22- La inteligencia no es la capacidad de almacenar información, sino de saber qué hacer con ella.

23- El ejemplo no es una foma de enseñar, es la única.

24- El verdadero problema de la humanidad es que tenemos emociones paleolíticas, instituciones medievales y tecnología divina.

25- El azar no existe; Dios no juega a los dados...pero la vida sí.

26- La curiosidad es más poderosa que el miedo.

27- La lógica te llevará de A a B; la imaginación te llevará a cualquier parte.

28- La debilidad de actitud se convierte en debilidad de carácter.

29- El crecimiento intelectual debería comenzar con el nacimiento y cesar sólo con la muerte.

30- La verdadera señal de inteligencia es la imaginación, no el conocimiento acumulado.

31- Pensar es difícil, por eso la mayoría juzga.

32- la vida es muy peligrosa, no por quienes hacen el mal, sino por quienes lo permiten.

33- El tiempo existe para que no todo ocurra a la vez.

34- La felicidad no está en tener mucho, sino en necesitar poco.

35- La experiencia es el nombre que damos a nuestros errores.

36- Todo es energía...y eso lo cambia todo.

37- La sabiduría no es un producto de la escolarización, sino del intento de adquirirla toda la vida.

38- No memorices algo que puedas buscar.

39- El pensamiento profundo es enemigo del dogma.

40- La mente que se abre a una nueva idea jamás vuelve a su tamaño original.

41- La vida sin reflexión no merece ser vivida.

42- La autoridad sin entendimiento es inútil.

43- Para pillar a alguien que miente, sólo hazle dos preguntas: una para que improvise y otra para que sea coherente. Si notas duda o incoherencia, sabrás que miente.

44- El respeto por uno mismo guía la conducta hacia los demás.

45- La imaginación crea la realidad antes que esta exista.

46- Las crisis son oportunidades disfrazadas.

47- La curiosidad mantiene joven a la mente.

48- Lo importante es no dejar de hacerse preguntas.

49- La simplicidad es el resultado final de la complejidad.

50- El verdadero valor está en el pensamiento independiente.

51- Vivir para los demás es la única forma de vivir con sentido.

(De YouTube: "No volverás a ser engañado después de ver esto nunca más" del canal "Frases de Oro")

viernes, 14 de agosto de 2026

Arthur Koestler y su renuncia al marxismo

Mientras que el marxismo teórico puede leerse en libros especializados, el marxismo llevado a la práctica se conoce a través de intelectuales como Arthur Koestler, integrante del Partido Comunista alemán, quien alertó respecto a los efectos psicológicos que promueve el marxismo en sus seguidores, mientras que los efectos sociales se conocen a través de disidentes que vivieron bajo regímenes totalitarios, como los rusos Andrei Sajarov y Alexander Solyenitsin.

Existen semejanzas entre los lavados de cerebro que establecen los ideólogos de las sectas religiosas con operaciones similares por parte de los ideólogos marxistas. Entre los objetivos buscados resalta la destrucción de la personalidad auténtica de un individuo para reemplazar en su mente todo los rastros de la realidad para ser reemplazada por la ideología partidaria. La efectividad del método se advierte en el caso de Arthur Koestler, un destacado intelectual al que le llevó unos ocho años advertir los daños personales que le ocasionaba la ideología marxista. Es fácil imaginar que a personas menos predispuestas al razonamiento crítico, les habría de llevar varios años más o incluso la perturbación ideológica podría prolongarse por toda la vida.

Los totalitarismos son conformados por gigantescas sectas ultra-ortodoxas, que dominan mentalmente tanto a seguidores como a extraños con hábiles eslogans repetidos miles de veces. Arthur Koestler escribió: “Fui hacia el comunismo como quien va hacia un manantial de agua fresca y dejé el comunismo como quien se arrastra fuera de las aguas emponzoñadas de un río cubiertas por los restos y desechos de ciudades inundadas y por cadáveres de ahogados. Esta es en suma mi historia desde 1931 a 1938, desde la época en que tenía veintiséis años hasta que cumplí treinta y tres. Las cañas y juncos a que me aferré, y que me salvaron de ser tragado por aquellas turbias aguas, fueron el nacimiento de una nueva fe que, teniendo sus raíces en el fango, es algo esquivo, huidizo, pero tenaz. No puedo definir de otro modo la condición de esa fe, sino diciendo que en mi juventud miraba el universo como un libro abierto, impreso en el lenguaje de ecuaciones físicas y de determinaciones sociales, en tanto que ahora se me manifiesta como un texto escrito con tinta invisible, del cual, en raros momentos de gracia, conseguimos descifrar algún pequeño fragmento”.

“El proceso de degeneración había sido gradual y continuo, pues es posible descubrir ya el germen de la corrupción en la obra de Marx: en el tono cáustico de sus polémicas, en los denuestos dirigidos a los que se le oponían y en considerar como traidores a la clase trabajadora y agentes de la burguesía a los adversarios y disidentes, Marx trató a Proudhon, Düring, Bakunin, Liebknecht, Lasalle exactamente como Stalin trató a Trotski, Bujárin, Zinóviev, Kaméniev y otros, sólo que Marx no tenía poder para hacer matar a sus víctimas”.

“Mientras fui un verdadero creyente, la fe tuvo un efecto paralizador sobre mis facultades creadoras. La doctrina marxista es una droga como el arsénico o la estricnina; droga que, ingerida en pequeñas dosis, determina un efecto estimulante, pero paralizador de las facultades creadoras cuando se la toma en grandes cantidades. La mayor parte de los escritores «con conciencia de clase» del decenio al que me refiero fueron estimulados por la doctrina marxista porque no ingresaron en el partido, sino que permanecieron como simpatizantes de él a una segura distancia. Los pocos que efectivamente tomamos una parte activa en la vida del partido –tales como Víctor Serge, Richard Wright, Ignazio Silone- nos sentimos frustrados mientras permanecimos en él y sólo volvimos a encontrar nuestras verdaderas voces después del rompimiento”.

“Es relativamente fácil explicar cómo una persona con mi historia y antecedentes pudo llegar a convertirse en comunista, pero más difícil es expresar el estado de ánimo que llevó a un joven de veintiséis años a avergonzarse de haber estado en una universidad, a maldecir su propia agilidad mental, la pureza de su dicción en el lenguaje, a considerar los gustos y hábitos civilizados adquiridos como una constante fuente de reproches, y la mutilación intelectual de su personalidad como un fin deseable. Si me hubiera sido posible extirpar esos gustos y hábitos como si se tratara de un forúnculo me habría sometido gustosamente a la operación” (De “Autobiografía” II-Editorial Debate SA-Madrid 2000).