La ideología, como estudio o ciencia de las ideas, involucra tanto las ideologías compatibles con la realidad como las que no resultan compatibles. Marx y los marxistas, por el contrario, califican peyorativamente a todo lo que no sea la "ideología marxista". Como la información asociada a una religión está constituida también por ideas, se trata también de una ideología, en el sentido amplio. Sin embargo, una ideología religiosa debería apuntar principalmente a una mejora ética individual, en lugar de competir por el poder contra ideologías políticas o filosóficas. John Plamenatz escribió: "Los filósofos de la Ilustración atacaron a la Iglesia más que a la religión. Acusaron a los sacerdotes de tener intereses creados en el mantenimiento de la superstición y en la explotación de la credulidad. Pero pocos de ellos creían que fuera posible o deseable liberar a los incultos de la sujeción religiosa. Lo que querían, sobre todo, era la libertad de pensamiento para sí mismos y para las clases educadas para las que escribían".
"Querían, más que abolir la religión, evitar el abuso de ella por el clero. Estas maneras de pensar acerca de la religión persistieron a lo largo de los siglos XIX y XX, tanto entre los no creyentes como entre los creyentes. El anticlericalismo no ha estado nunca limitado a las personas que no tienen creencias".
Mientras que los marxistas suponen que el alimento para el cuerpo basta y sobra para satisfacer todas las necesidades humanas, ignoran que el sentido de la vida y la libertad individual son necesidades primarias o prioritarias, y que son ofrecidas principalmente por las religiones bíblicas. El citado autor escribió: "El hombre necesita la religión para darle un sentido a su lugar en el mundo, un sentido de su propia identidad, una idea de sí mismo que le satisfaga; porque, sin ella, él, que difiere de los demás animales en que es auto-consciente, es intolerable para sí mismo y busca escapar de sí. La religión satisface una necesidad esencial de una criatura que es objeto de pensamiento para sí mismo y por tanto está consciente de sí como ser finito en un mundo infinito".
"Si el hombre no puede ver ningún propósito y ninguna razón en el mundo aparte de los suyos propios, entonces, dado que se sabe que él es efímero, inconstante y frágil, se siente perdido, una mente finita en un universo sin mente, una débil luz en una oscura selva" (De "La ideología"-Fondo de Cultura Económica-México 1983).
El problema del sentido de la vida se "resuelve fácilmente", desde el marxismo, a través de la sociedad comunista en la cual el vinculo entre sus integrantes serán los medios de producción, que sirve también como pretexto para expropiar o nacionalizar tales medios. Tal vínculo de unión conduce a la humanidad a imitar a una colmena o a un hormiguero, se bien la idea todavía resulta atractiva para varios sectores de la sociedad.
miércoles, 8 de abril de 2026
martes, 7 de abril de 2026
Evolución histórica de la actitud religiosa
Las diversas actitudes religiosas, predominantes en distintas sociedades, dependen tanto del lugar como de la época. La primera etapa estuvo constituida por el animismo, creencia en que todos los objetos existentes tienen atributos similares a los de los seres vivos. Clifford Geertz escribió: “La definición más concisa de religión es la siguiente: «la creencia en seres espirituales». La comprensión de la religión se vio reducida, pues, a la comprensión de la base de esa creencia en su nivel más primitivo”.
“La creencia en los espíritus surgió de un esfuerzo acrítico, pero racional, para explicar fenómenos empíricos tan misteriosos como la muerte, los sueños y la posesión. La noción de un alma separable del cuerpo hizo inteligibles tales fenómenos, que se interpretaron respectivamente como el abandono del alma, el errar del espíritu y la invasión de un cuerpo por un espíritu”.
“Tylor creía que la idea de la existencia de un alma se utilizó para explicar fenómenos naturales más y más remotos, y por tanto más y más abstrusos, hasta llegar a pensar que prácticamente todo árbol y toda roca estaban habitados por alguna especie de presencia sutil. De esta base animista, filosofía primigenia de toda la humanidad, se derivaron formas superiores más evolucionadas de la «creencia en seres espirituales», primero el politeísmo y más tarde el monoteísmo, depuradas por pensadores más avanzados a través de un proceso de análisis crítico” (De la “Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales”-Aguilar SA de Ediciones-Madrid 1979).
Puede hacerse una síntesis de la secuencia de las actitudes religiosas, previendo “la religión del futuro”, posiblemente constituida por la religión natural:
a- Espíritus distribuidos (animismo)
b- Dioses especializados (politeísmo)
c- Dios único (monoteísmo)
d- Humanismo evolucionista (religión natural)
Algunos autores consideran que la visión primitiva del mundo permitía a todo individuo sentirse parte importante de lo que le tocaba vivir, sensación que se fue perdiendo con el tiempo, por lo que resultaría necesario “reencantar” nuevamente la realidad. Morris Berman escribió: “La visión del mundo que predominó en Occidente hasta la víspera de las Revolución Científica fue la de un mundo encantado. Las rocas, los árboles, los ríos y las nubes eran contemplados como algo maravilloso y con vida, y los seres humanos se sentían a sus anchas en este ambiente. En breve, el cosmos era un lugar de pertenencia, de correspondencia. Un miembro de este cosmos participaba directamente en su drama, no era un observador alienado. Su destino personal estaba ligado al del cosmos y es esta relación la que daba significado a su vida. Este tipo de conciencia –la que llamaremos «conciencia participativa»- involucra coalición o identificación con el ambiente, habla de una totalidad psíquica que hace mucho ha desaparecido de escena. La alquimia resultó ser en Occidente la última expresión de la conciencia participativa” (De “El reencantamiento del mundo”-CuatroVientos Editorial-Santiago de Chile 1987).
A la visión mencionada, consecuencia de opiniones subjetivas, se le opone la moderna visión científica de la realidad, que con una validez objetiva, permite también que el hombre “viva a sus anchas”, fascinado por los complejos fenómenos naturales que la humanidad ha ido descubriendo. Richard P. Feynman expresó: “Decía una vez un poeta: «El universo entero está en un vaso de vino». Probablemente nunca sabremos lo que quería decir, pues los poetas no escriben para ser comprendidos. Pero es cierto que si miramos un vaso de vino lo suficientemente cerca, vemos el universo entero. Ahí están las cosas de la física: el líquido que se arremolina y se evapora dependiendo del viento y del tiempo, las reflexiones en el vidrio, y nuestra imaginación agrega los átomos. El vidrio es un destilado de las rocas terrestres y en su composición vemos los secretos de la edad del universo y la evolución de las estrellas”.
“¿Qué extraño arreglo de elementos químicos hay en el vino? ¿Cómo llegaron a ser? Están los fermentos, las enzimas, los sustratos y los productos. Allí en el vino se encuentra la gran generalización: toda vida es fermentación. Nadie puede descubrir la química del vino sin descubrir, como lo hizo Louis Pasteur, la causa de muchas enfermedades”.
“¡Cuán vívido es el vino tinto que imprime su existencia dentro del conocimiento de quien lo observa! ¡Si nuestras pequeñas mentes, por alguna conveniencia, dividen este vaso de vino, este universo, en partes –física, biología, astronomía, psicología, etc.-, recuerden que la naturaleza no lo sabe! Así, reunamos todo de nuevo sin olvidar en última instancia para qué sirve. Dejemos que nos dé un placer final más: ¡bébanlo y olvídense de todo!” (De “Lecciones de Física” de R.P. Feynman, R.B. Leighton y M. Sands-Fondo Educativo Interamericano SA-California 1971).
Puede decirse que la visión científica de la realidad, que es natural y objetiva, puede hacer que el mundo nos resulte tan encantador, o más, que la visión animista de la realidad, que es subjetiva. De forma similar, las religiones politeístas y monoteístas tienden a considerar que todo lo existente está dividido entre lo natural y lo sobrenatural, predominando lo subjetivo. Por el contrario, la ciencia experimental, al describir las leyes naturales que rigen todo lo existente (las leyes de Dios), tiene la posibilidad de fundamentar una religión natural y objetiva. Julian Huxley escribió: “El concepto de Dios ha alcanzado los límites de su utilidad: no puede continuar evolucionando. Los poderes sobrenaturales fueron creados por el hombre para que llevasen la carga de la religión. Del difuso «maná» mágico a los espíritus personales; de los espíritus a los dioses; de los dioses a Dios –así, en líneas generales, ha ido la evolución”.
“Sin embargo –y esto es vital- el desvanecimiento de Dios no significa el fin de la religión. La desaparición de Dios es, en el sentido más estricto de la palabra, un proceso teológico; y mientras las teologías cambian, los impulsos religiosos que les dieron origen persisten”.
“La desaparición de Dios significa una refundición de la religión, y una refundición fundamental. Significa que el hombre tome sobre sus hombros la carga de responsabilidades finales que anteriormente había traspasado a Dios”.
“El derrumbe de la teología sobrenaturalista ha sido acompañado por el derrumbe, primero de las sanciones morales sobrenaturales y luego de todo fundamento absoluto para la moral. Esto también debe considerarse como un proceso que, en caso de continuidad de la civilización, es irreversible”.
El citado autor vislumbra que, en el futuro, será la psicología social la que podrá orientar al hombre siendo la rama científica central del humanismo evolucionista, denominación que Huxley atribuye a la religión del futuro. “Los hombres se darán cuenta de que el planeo económico y social no resuelve sus problemas en tanto que la ignorancia y la falta de control continúen respecto a sus propias mentes. La ciencia psicológica ocupará entonces el lugar que le corresponde, con la psicología social como rama dominante. Y esto significará una nueva comprensión de los fenómenos religiosos y nuevas posibilidades de integrarlos en la vida de la comunidad”.
“El resultado probable será que, en el Estado socializado, la relación entre religión y ciencia cesará gradualmente de ser una relación de choque y se convertirá en cooperativa. La ciencia será llamada a aconsejar qué manifestaciones del impulso religioso son intelectualmente permisibles y socialmente deseables, si este impulso ha de ser adecuadamente integrado en otras actividades humanas y uncido para participar en el arrastre del carro del destino del hombre a lo largo de la ruta del progreso” (De “El hombre está solo”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1947).
Si bien la religión natural surgió varios siglos atrás, cuando el conocimiento científico era un tanto rudimentario, nunca antes la humanidad tuvo la imperiosa necesidad de “unir a los adeptos” como en la actualidad. Los conflictos sociales y religiosos escapan a las posibilidades de las religiones vigentes, de ahí la importancia del planteo establecido por Julian Huxley, quien escribió: “La hipótesis sobrenatural, considerada como una reunión de la hipótesis teísta, de la hipótesis espiritual y de las diferentes consecuencias derivadas de ellas semeja haber llegado al límite de su utilidad como interpretación del universo y del destino humano y como base satisfactoria para la religión”.
“Una consecuencia casi universal y tal vez inevitable de la hipótesis teísta en sus formas desarrolladas es la suposición de la verdad absoluta. Una religión monoteísta casi invariablemente sostiene estar en posesión de la verdad absoluta sobre el destino humano; el hecho de que las religiones rivales afirmen criterios semejantes generalmente se supera afirmando que son «falsos» en tanto que únicamente la propia religión es «verdadera»”.
“Considero que los descubrimientos de la fisiología, la biología general y la psicología no sólo tornan posible sino que requieren una hipótesis naturalista, en la cual no hay lugar para lo sobrenatural y donde las fuerzas espirituales que funcionan en el universo se consideran como parte de la naturaleza, en la misma forma que las fuerzas materiales. Lo que es más, esas fuerzas espirituales son un producto particular de la actividad mental en el sentido amplio y las actividades mentales en general se consideran como poseedoras de una mayor importancia e intensidad en el curso del tiempo cósmico. Por lo tanto, nuestra hipótesis básica no es naturalista por oposición a lo sobrenatural, sino monista por oposición a lo dual y evolucionista por oposición a estática”.
“Otro postulado del pensamiento moderno es que la verdad no se revela de una vez por todas, sino que tiene que ser descubierta progresivamente. Esto en sí es un descubrimiento científico de primera magnitud. También es una consecuencia inevitable de nuestra hipótesis básica del naturalismo evolutivo, y el hecho de que la ciencia moderna ha determinado el descubrimiento progresivo de nuevas y mayores verdades confirma esa hipótesis” (De “Religión sin revelación”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1967).
Teniendo presente las tendencias básicas de cooperación y competencia, y la existencia de la actitud característica, con sus componentes afectivas y cognitivas, es posible fundamentar las prédicas cristianas desde el ámbito de la psicología social. Con ello se logra la tan ansiada unificación entre ciencia experimental y religión moral, pudiendo interpretarse al cristianismo como una religión natural. Esta propuesta puede resultar incompatible con la ortodoxia católica, aunque resulte compatible con las leyes naturales que son, en realidad, la instancia superior que debemos tomar como referencia.
“La creencia en los espíritus surgió de un esfuerzo acrítico, pero racional, para explicar fenómenos empíricos tan misteriosos como la muerte, los sueños y la posesión. La noción de un alma separable del cuerpo hizo inteligibles tales fenómenos, que se interpretaron respectivamente como el abandono del alma, el errar del espíritu y la invasión de un cuerpo por un espíritu”.
“Tylor creía que la idea de la existencia de un alma se utilizó para explicar fenómenos naturales más y más remotos, y por tanto más y más abstrusos, hasta llegar a pensar que prácticamente todo árbol y toda roca estaban habitados por alguna especie de presencia sutil. De esta base animista, filosofía primigenia de toda la humanidad, se derivaron formas superiores más evolucionadas de la «creencia en seres espirituales», primero el politeísmo y más tarde el monoteísmo, depuradas por pensadores más avanzados a través de un proceso de análisis crítico” (De la “Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales”-Aguilar SA de Ediciones-Madrid 1979).
Puede hacerse una síntesis de la secuencia de las actitudes religiosas, previendo “la religión del futuro”, posiblemente constituida por la religión natural:
a- Espíritus distribuidos (animismo)
b- Dioses especializados (politeísmo)
c- Dios único (monoteísmo)
d- Humanismo evolucionista (religión natural)
Algunos autores consideran que la visión primitiva del mundo permitía a todo individuo sentirse parte importante de lo que le tocaba vivir, sensación que se fue perdiendo con el tiempo, por lo que resultaría necesario “reencantar” nuevamente la realidad. Morris Berman escribió: “La visión del mundo que predominó en Occidente hasta la víspera de las Revolución Científica fue la de un mundo encantado. Las rocas, los árboles, los ríos y las nubes eran contemplados como algo maravilloso y con vida, y los seres humanos se sentían a sus anchas en este ambiente. En breve, el cosmos era un lugar de pertenencia, de correspondencia. Un miembro de este cosmos participaba directamente en su drama, no era un observador alienado. Su destino personal estaba ligado al del cosmos y es esta relación la que daba significado a su vida. Este tipo de conciencia –la que llamaremos «conciencia participativa»- involucra coalición o identificación con el ambiente, habla de una totalidad psíquica que hace mucho ha desaparecido de escena. La alquimia resultó ser en Occidente la última expresión de la conciencia participativa” (De “El reencantamiento del mundo”-CuatroVientos Editorial-Santiago de Chile 1987).
A la visión mencionada, consecuencia de opiniones subjetivas, se le opone la moderna visión científica de la realidad, que con una validez objetiva, permite también que el hombre “viva a sus anchas”, fascinado por los complejos fenómenos naturales que la humanidad ha ido descubriendo. Richard P. Feynman expresó: “Decía una vez un poeta: «El universo entero está en un vaso de vino». Probablemente nunca sabremos lo que quería decir, pues los poetas no escriben para ser comprendidos. Pero es cierto que si miramos un vaso de vino lo suficientemente cerca, vemos el universo entero. Ahí están las cosas de la física: el líquido que se arremolina y se evapora dependiendo del viento y del tiempo, las reflexiones en el vidrio, y nuestra imaginación agrega los átomos. El vidrio es un destilado de las rocas terrestres y en su composición vemos los secretos de la edad del universo y la evolución de las estrellas”.
“¿Qué extraño arreglo de elementos químicos hay en el vino? ¿Cómo llegaron a ser? Están los fermentos, las enzimas, los sustratos y los productos. Allí en el vino se encuentra la gran generalización: toda vida es fermentación. Nadie puede descubrir la química del vino sin descubrir, como lo hizo Louis Pasteur, la causa de muchas enfermedades”.
“¡Cuán vívido es el vino tinto que imprime su existencia dentro del conocimiento de quien lo observa! ¡Si nuestras pequeñas mentes, por alguna conveniencia, dividen este vaso de vino, este universo, en partes –física, biología, astronomía, psicología, etc.-, recuerden que la naturaleza no lo sabe! Así, reunamos todo de nuevo sin olvidar en última instancia para qué sirve. Dejemos que nos dé un placer final más: ¡bébanlo y olvídense de todo!” (De “Lecciones de Física” de R.P. Feynman, R.B. Leighton y M. Sands-Fondo Educativo Interamericano SA-California 1971).
Puede decirse que la visión científica de la realidad, que es natural y objetiva, puede hacer que el mundo nos resulte tan encantador, o más, que la visión animista de la realidad, que es subjetiva. De forma similar, las religiones politeístas y monoteístas tienden a considerar que todo lo existente está dividido entre lo natural y lo sobrenatural, predominando lo subjetivo. Por el contrario, la ciencia experimental, al describir las leyes naturales que rigen todo lo existente (las leyes de Dios), tiene la posibilidad de fundamentar una religión natural y objetiva. Julian Huxley escribió: “El concepto de Dios ha alcanzado los límites de su utilidad: no puede continuar evolucionando. Los poderes sobrenaturales fueron creados por el hombre para que llevasen la carga de la religión. Del difuso «maná» mágico a los espíritus personales; de los espíritus a los dioses; de los dioses a Dios –así, en líneas generales, ha ido la evolución”.
“Sin embargo –y esto es vital- el desvanecimiento de Dios no significa el fin de la religión. La desaparición de Dios es, en el sentido más estricto de la palabra, un proceso teológico; y mientras las teologías cambian, los impulsos religiosos que les dieron origen persisten”.
“La desaparición de Dios significa una refundición de la religión, y una refundición fundamental. Significa que el hombre tome sobre sus hombros la carga de responsabilidades finales que anteriormente había traspasado a Dios”.
“El derrumbe de la teología sobrenaturalista ha sido acompañado por el derrumbe, primero de las sanciones morales sobrenaturales y luego de todo fundamento absoluto para la moral. Esto también debe considerarse como un proceso que, en caso de continuidad de la civilización, es irreversible”.
El citado autor vislumbra que, en el futuro, será la psicología social la que podrá orientar al hombre siendo la rama científica central del humanismo evolucionista, denominación que Huxley atribuye a la religión del futuro. “Los hombres se darán cuenta de que el planeo económico y social no resuelve sus problemas en tanto que la ignorancia y la falta de control continúen respecto a sus propias mentes. La ciencia psicológica ocupará entonces el lugar que le corresponde, con la psicología social como rama dominante. Y esto significará una nueva comprensión de los fenómenos religiosos y nuevas posibilidades de integrarlos en la vida de la comunidad”.
“El resultado probable será que, en el Estado socializado, la relación entre religión y ciencia cesará gradualmente de ser una relación de choque y se convertirá en cooperativa. La ciencia será llamada a aconsejar qué manifestaciones del impulso religioso son intelectualmente permisibles y socialmente deseables, si este impulso ha de ser adecuadamente integrado en otras actividades humanas y uncido para participar en el arrastre del carro del destino del hombre a lo largo de la ruta del progreso” (De “El hombre está solo”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1947).
Si bien la religión natural surgió varios siglos atrás, cuando el conocimiento científico era un tanto rudimentario, nunca antes la humanidad tuvo la imperiosa necesidad de “unir a los adeptos” como en la actualidad. Los conflictos sociales y religiosos escapan a las posibilidades de las religiones vigentes, de ahí la importancia del planteo establecido por Julian Huxley, quien escribió: “La hipótesis sobrenatural, considerada como una reunión de la hipótesis teísta, de la hipótesis espiritual y de las diferentes consecuencias derivadas de ellas semeja haber llegado al límite de su utilidad como interpretación del universo y del destino humano y como base satisfactoria para la religión”.
“Una consecuencia casi universal y tal vez inevitable de la hipótesis teísta en sus formas desarrolladas es la suposición de la verdad absoluta. Una religión monoteísta casi invariablemente sostiene estar en posesión de la verdad absoluta sobre el destino humano; el hecho de que las religiones rivales afirmen criterios semejantes generalmente se supera afirmando que son «falsos» en tanto que únicamente la propia religión es «verdadera»”.
“Considero que los descubrimientos de la fisiología, la biología general y la psicología no sólo tornan posible sino que requieren una hipótesis naturalista, en la cual no hay lugar para lo sobrenatural y donde las fuerzas espirituales que funcionan en el universo se consideran como parte de la naturaleza, en la misma forma que las fuerzas materiales. Lo que es más, esas fuerzas espirituales son un producto particular de la actividad mental en el sentido amplio y las actividades mentales en general se consideran como poseedoras de una mayor importancia e intensidad en el curso del tiempo cósmico. Por lo tanto, nuestra hipótesis básica no es naturalista por oposición a lo sobrenatural, sino monista por oposición a lo dual y evolucionista por oposición a estática”.
“Otro postulado del pensamiento moderno es que la verdad no se revela de una vez por todas, sino que tiene que ser descubierta progresivamente. Esto en sí es un descubrimiento científico de primera magnitud. También es una consecuencia inevitable de nuestra hipótesis básica del naturalismo evolutivo, y el hecho de que la ciencia moderna ha determinado el descubrimiento progresivo de nuevas y mayores verdades confirma esa hipótesis” (De “Religión sin revelación”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1967).
Teniendo presente las tendencias básicas de cooperación y competencia, y la existencia de la actitud característica, con sus componentes afectivas y cognitivas, es posible fundamentar las prédicas cristianas desde el ámbito de la psicología social. Con ello se logra la tan ansiada unificación entre ciencia experimental y religión moral, pudiendo interpretarse al cristianismo como una religión natural. Esta propuesta puede resultar incompatible con la ortodoxia católica, aunque resulte compatible con las leyes naturales que son, en realidad, la instancia superior que debemos tomar como referencia.
domingo, 5 de abril de 2026
Zorros y erizos
Así como Henri Poincaré, en el ámbito de las matemáticas, distingue entre lógicos y geómetras, siendo los lógicos los que razonan en base a símbolos y los geómetras en base a imágenes, en el ámbito de las humanidades es posible distinguir entre los que razonan en base a ideas generales o creencias definidas, a partir de las cuales deducen todo conocimiento, en oposición a quienes carecen de esquemas simplificadores y se atienen a una realidad parcial, concreta y objetiva.
En pensamiento científico se conforma a través de generalizaciones que permiten "ascender" hasta unos pocos principios o axiomas, para luego "descender" hasta la descripción organizada de los demás fenómenos, ya sean que pertenezcan al mundo material o al mundo social. Así como Poincaré indicaba que las matematicas alcanzan su esplendor en base tanto a lógicos como a geómetras, es posible afirmar que las humanidades avanzan, cuando lo hacen, a partir tanto de "erizos" como de "zorros", calificación utilizada por Isaiah Berlín. Al respecto, Guillermo Belcore escribió: "Básicamente, hay dos clases de intelectuales: los erizos y los zorros. Los primeros son monistas; explican toda la realidad con un único sistema. Los segundos son pluralistas, escépticos, admiten los límites de la comprensión humana. El campeón de los erizos es Karl Marx, pero también Dante, Platón, Lucrecio, Pascal, Hegel, Dostoievski, Nietzsche y Proust pertenecen a esa categoría. Por el contrario, Heródoto, Montaigne, Erasmo, Moliere, Goethe, Balzac son zorros".
"El autor de tan elegante y precisa clasificación es un zorro de 50 kilates. Su nombre, Isaiah Berlin (1909–1997), «influyente filósofo británico e historiador de las ideas, reconocido como fundador de la historia intelectual moderna y defensor del liberalismo», según describe la Enciclopedia Británica".
"Berlin incluyó la antinomia en un genial estudio sobre la concepción de la historia de Lev Nikoláievich Tolstoi, publicado por primera vez en 1951 en una oscura revista de estudios eslavos y desde entonces reimpreso como ensayo, admirado por eruditos y público en general, y debatido hasta el tuétano en todos los centros de cultura occidentales. Es el libro que aquí venimos a recomendar".
"Usted se preguntará de dónde ha sacado Berlín la idea de esos dos animalitos. De un fragmento de un poema del griego Arquíloco (680 aC-645 aC) que dice así: «Un zorro sabe muchas cosas, pero el erizo sabe sólo una gran cosa». El verdadero significado del verso ha sido también motivo de intenso debate, incluso podría tener un matiz sexual (sería la respuesta de una dama que intentaba ser seducida hace unos 2.600 años)".
"Si bien la obra de Berlin es esencialmente literaria, el lector inteligente sacará conclusiones que pueden ser aplicadas a la arena ciudadana de nuestros días. Es otro valor del texto. Concluirá ese lector que, en términos políticos, los erizos son fanáticos cuyas ideas conducen al desastre económico y social. Los zorros son tolerantes, esclarecidos y humanistas en el sentido real del vocablo".
"Dios nos libre, pues, de los erizos de la política que ven las ideas como realidades". (De "Dios nos libre de los erizos" en www.laprensa.com.ar).
Como se dijo antes, si alguien parte de principios verificados en cuanto a su validez y efectividad, tanto en política como en economía, conduciendo a un "pensamiento único" (sujeto a revisiones y críticas), no resultará peligroso en sí. Por el contrario, el "pensamiento único" surgido de mentes totalitarias conducirá casi necesariamente a serios problemas sociales.
Jorge Luis Borges escribió también acerca de estos aspectos del conocimiento humano: "Observa Coleridge que todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Los últimos intuyen que las ideas son realidades; los primeros, que son generalizaciones; para éstos, el lenguaje no es otra cosa que un sistema de símbolos arbitrarios; para aquéllos, es el mapa del universo. El platónico sabe que el universo es de algún modo un cosmos, un orden; ese orden, para el aristotélico, puede ser un error o una ficción de nuestro conocimiento parcial. A través de las latitudes y de las épocas, los dos antagonistas inmortales cambian de dialecto y de nombre”.
"Como es de suponer, tantos años multiplicaron hacia lo infinito las posiciones intermedias y los distingos; cabe, sin embargo, afirmar que para el realismo lo primordial eran los universales (Platón diría las ideas, las formas; nosotros, los conceptos abstractos) y para el nominalismo, los individuos. La historia de la filosofía, no es un vano museo de distracciones y de juegos verbales". (De "Nueva antología personal"-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1968).
En pensamiento científico se conforma a través de generalizaciones que permiten "ascender" hasta unos pocos principios o axiomas, para luego "descender" hasta la descripción organizada de los demás fenómenos, ya sean que pertenezcan al mundo material o al mundo social. Así como Poincaré indicaba que las matematicas alcanzan su esplendor en base tanto a lógicos como a geómetras, es posible afirmar que las humanidades avanzan, cuando lo hacen, a partir tanto de "erizos" como de "zorros", calificación utilizada por Isaiah Berlín. Al respecto, Guillermo Belcore escribió: "Básicamente, hay dos clases de intelectuales: los erizos y los zorros. Los primeros son monistas; explican toda la realidad con un único sistema. Los segundos son pluralistas, escépticos, admiten los límites de la comprensión humana. El campeón de los erizos es Karl Marx, pero también Dante, Platón, Lucrecio, Pascal, Hegel, Dostoievski, Nietzsche y Proust pertenecen a esa categoría. Por el contrario, Heródoto, Montaigne, Erasmo, Moliere, Goethe, Balzac son zorros".
"El autor de tan elegante y precisa clasificación es un zorro de 50 kilates. Su nombre, Isaiah Berlin (1909–1997), «influyente filósofo británico e historiador de las ideas, reconocido como fundador de la historia intelectual moderna y defensor del liberalismo», según describe la Enciclopedia Británica".
"Berlin incluyó la antinomia en un genial estudio sobre la concepción de la historia de Lev Nikoláievich Tolstoi, publicado por primera vez en 1951 en una oscura revista de estudios eslavos y desde entonces reimpreso como ensayo, admirado por eruditos y público en general, y debatido hasta el tuétano en todos los centros de cultura occidentales. Es el libro que aquí venimos a recomendar".
"Usted se preguntará de dónde ha sacado Berlín la idea de esos dos animalitos. De un fragmento de un poema del griego Arquíloco (680 aC-645 aC) que dice así: «Un zorro sabe muchas cosas, pero el erizo sabe sólo una gran cosa». El verdadero significado del verso ha sido también motivo de intenso debate, incluso podría tener un matiz sexual (sería la respuesta de una dama que intentaba ser seducida hace unos 2.600 años)".
"Si bien la obra de Berlin es esencialmente literaria, el lector inteligente sacará conclusiones que pueden ser aplicadas a la arena ciudadana de nuestros días. Es otro valor del texto. Concluirá ese lector que, en términos políticos, los erizos son fanáticos cuyas ideas conducen al desastre económico y social. Los zorros son tolerantes, esclarecidos y humanistas en el sentido real del vocablo".
"Dios nos libre, pues, de los erizos de la política que ven las ideas como realidades". (De "Dios nos libre de los erizos" en www.laprensa.com.ar).
Como se dijo antes, si alguien parte de principios verificados en cuanto a su validez y efectividad, tanto en política como en economía, conduciendo a un "pensamiento único" (sujeto a revisiones y críticas), no resultará peligroso en sí. Por el contrario, el "pensamiento único" surgido de mentes totalitarias conducirá casi necesariamente a serios problemas sociales.
Jorge Luis Borges escribió también acerca de estos aspectos del conocimiento humano: "Observa Coleridge que todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Los últimos intuyen que las ideas son realidades; los primeros, que son generalizaciones; para éstos, el lenguaje no es otra cosa que un sistema de símbolos arbitrarios; para aquéllos, es el mapa del universo. El platónico sabe que el universo es de algún modo un cosmos, un orden; ese orden, para el aristotélico, puede ser un error o una ficción de nuestro conocimiento parcial. A través de las latitudes y de las épocas, los dos antagonistas inmortales cambian de dialecto y de nombre”.
"Como es de suponer, tantos años multiplicaron hacia lo infinito las posiciones intermedias y los distingos; cabe, sin embargo, afirmar que para el realismo lo primordial eran los universales (Platón diría las ideas, las formas; nosotros, los conceptos abstractos) y para el nominalismo, los individuos. La historia de la filosofía, no es un vano museo de distracciones y de juegos verbales". (De "Nueva antología personal"-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1968).
viernes, 3 de abril de 2026
Rousseau y la voluntad general
Si los seres humanos intentamos revertir etapas de sufrimientos generalizados, o bien acentuar el proceso de adaptación cultural al orden natural, debemos tratar de interpretar la "voluntad aparente" de dicho orden. Como las leyes naturales, que rigen nuestras conductas individuales, no están escritas en ninguna parte, debemos indagar respecto de las mismas como un primer paso para encontrar cierta finalidad del orden natural y de la vida inteligente, ya que el conjunto de "reglas del juego" llevan implícita cierta finalidad aparente. Aun cuando el universo no tenga un sentido o una finalidad, tal como suponen varios pensadores, los seres humanos no tenemos otra alternativa que adaptarnos a las leyes naturales existentes, lo que de por sí conduce a cierta finalidad que el orden natural nos impone a todos los seres humanos.
Esta forma de mirar hacia lo alto ha sido reemplazada parcialmente por una propuesta que apunta a encontrar la "voluntad general" de los integrantes de la sociedad, que por ser una voluntad de las mayorías, implica una especie de "gobierno de las masas" establecido generalmente por líderes políticos capaces de dirigirlas mentalmente, con un llamado explícito a combatir a todo individuo que se oponga a acatar dicha "voluntad", tal el planteamiento establecido principalmente por Jean-Jacques Rousseau.
Suena un tanto absurdo que los seres humanos debemos tratar de comprender, no tanto el orden natural con sus leyes, sino la "voluntad general" del hombre-masa, caracterizado por pensar, creer y actuar imitando todo lo que esté generalizado, o bien acatando la voluntad de algún líder totalitario. Rousseau escribió: "La voluntad general es en cada individuo un acto puro de entendimiento que razona en el silencio de las pasiones sobre lo que el hombre puede exigir de su semejante, y lo que su semejante tiene derecho a exigir de él".
"La voluntad general es siempre recta y siempre tiende a la utilidad pública; pero no se sigue que las deliberaciones del pueblo tengan siempre la misma rectitud. Con frecuencia hay mucha diferencia entre la voluntad de todos y la voluntad general; esta sólo mira al interés común, la otra mira al interés privado, y no es más que una suma de voluntades particulares; pero quitad de estas mismas voluntades los más y los menos que se destruyen entre sí, y queda por suma de las diferencias la voluntad genertal" (Citado en "Rousseau" de Roberto R. Aramayo-EMSE EDAPP SL-Buenos Aires 2015).
Respecto del tema tratado, Bryan Magee escribió: "Según Rousseau, todos los integrantes de una sociedad deberían participar en la aprobación o modificación de una ley mediante una deliberación inicial y una votación final, tal como se hacía en la antigua Grecia o en su Suiza natal. De ese modo, se da voz y voto a lo que denomina «voluntad general», concebida como la expresión de lo que mejor se adecua a las necesidades del conjunto de la sociedad, que por otro lado no necesariamente tiene por qué coincidir con lo deseado por uno mismo (por ejemplo, cuando se exigen sacrificios o peligros)".
"En ese contexto, el pueblo puede delegar la puesta en práctica de esas leyes en la modalidad de gobierno que crea más conveniente (un monarca o un grupo de políticos o militares, por ejemplo), aunque en el fondo la modalidad elegida es secundaria ya que las leyes, al haberlas aprobado el conjunto del pueblo, afectan a todos en igualdad de condiciones y es del todo imposible sustraerse a sus efectos. No obstante Rousseau reconoce que el grueso de la población constituye una masa carente de disciplina, conocimientos y visión de futuro como para que pueda considerarse una fuente de leyes fiable, así que recurre a la figura del «legislador», una persona carismática, capaz de comprender las necesidades y la voluntad del pueblo, y de canalizarlas elaborando una serie de leyes de acuerdo con aquellas".
"La filosofía política de Rousseau ha ejercido una influencia enorme, empezando por los precedentes teóricos que sirvieron de base a la Revolución Francesa y que numerosos países de todo el mundo intentarían llevar a la práctica hasta finales del siglo XX. No obstante, su concepción de democracia es radicalmente diferente a la postulada por Locke, ya que Rousseau aboga por la imposición por la fuerza de la voluntad general en detrimento de la protección y defensa de las libertades individuales defendidas por el filósofo inglés".
"Según los postulados de Rousseau, el individuo no puede bajo ningún concepto desviarse de la voluntad general de manera que la noción de democracia es en todo momento compatible con la idea de la más absoluta ausencia de libertad individual. De este modo, nos encontramos por primera vez en la historia de la filosofía occidental con la formulación de algunos de los fundamentos sobre los que se asentarán los grandes movimientos totalitarios del siglo XX: el comunismo y el fascismo. Ambos, de hecho, sostienen que son sistemas democráticos y que cuentan con el apoyo del conjunto del pueblo, cuando en realidad lo que hacen es negar los derechos individuales. Al mismo tiempo, están dirigidos por una persona fuerte y carismática empeñada en socavar las bases del siatema democrático de tradición anglosajona basado en los principios de Locke" (De "Historia de la Filosofía"-Editorial La Isla SRL-Buenos Aires 1999).
Esta forma de mirar hacia lo alto ha sido reemplazada parcialmente por una propuesta que apunta a encontrar la "voluntad general" de los integrantes de la sociedad, que por ser una voluntad de las mayorías, implica una especie de "gobierno de las masas" establecido generalmente por líderes políticos capaces de dirigirlas mentalmente, con un llamado explícito a combatir a todo individuo que se oponga a acatar dicha "voluntad", tal el planteamiento establecido principalmente por Jean-Jacques Rousseau.
Suena un tanto absurdo que los seres humanos debemos tratar de comprender, no tanto el orden natural con sus leyes, sino la "voluntad general" del hombre-masa, caracterizado por pensar, creer y actuar imitando todo lo que esté generalizado, o bien acatando la voluntad de algún líder totalitario. Rousseau escribió: "La voluntad general es en cada individuo un acto puro de entendimiento que razona en el silencio de las pasiones sobre lo que el hombre puede exigir de su semejante, y lo que su semejante tiene derecho a exigir de él".
"La voluntad general es siempre recta y siempre tiende a la utilidad pública; pero no se sigue que las deliberaciones del pueblo tengan siempre la misma rectitud. Con frecuencia hay mucha diferencia entre la voluntad de todos y la voluntad general; esta sólo mira al interés común, la otra mira al interés privado, y no es más que una suma de voluntades particulares; pero quitad de estas mismas voluntades los más y los menos que se destruyen entre sí, y queda por suma de las diferencias la voluntad genertal" (Citado en "Rousseau" de Roberto R. Aramayo-EMSE EDAPP SL-Buenos Aires 2015).
Respecto del tema tratado, Bryan Magee escribió: "Según Rousseau, todos los integrantes de una sociedad deberían participar en la aprobación o modificación de una ley mediante una deliberación inicial y una votación final, tal como se hacía en la antigua Grecia o en su Suiza natal. De ese modo, se da voz y voto a lo que denomina «voluntad general», concebida como la expresión de lo que mejor se adecua a las necesidades del conjunto de la sociedad, que por otro lado no necesariamente tiene por qué coincidir con lo deseado por uno mismo (por ejemplo, cuando se exigen sacrificios o peligros)".
"En ese contexto, el pueblo puede delegar la puesta en práctica de esas leyes en la modalidad de gobierno que crea más conveniente (un monarca o un grupo de políticos o militares, por ejemplo), aunque en el fondo la modalidad elegida es secundaria ya que las leyes, al haberlas aprobado el conjunto del pueblo, afectan a todos en igualdad de condiciones y es del todo imposible sustraerse a sus efectos. No obstante Rousseau reconoce que el grueso de la población constituye una masa carente de disciplina, conocimientos y visión de futuro como para que pueda considerarse una fuente de leyes fiable, así que recurre a la figura del «legislador», una persona carismática, capaz de comprender las necesidades y la voluntad del pueblo, y de canalizarlas elaborando una serie de leyes de acuerdo con aquellas".
"La filosofía política de Rousseau ha ejercido una influencia enorme, empezando por los precedentes teóricos que sirvieron de base a la Revolución Francesa y que numerosos países de todo el mundo intentarían llevar a la práctica hasta finales del siglo XX. No obstante, su concepción de democracia es radicalmente diferente a la postulada por Locke, ya que Rousseau aboga por la imposición por la fuerza de la voluntad general en detrimento de la protección y defensa de las libertades individuales defendidas por el filósofo inglés".
"Según los postulados de Rousseau, el individuo no puede bajo ningún concepto desviarse de la voluntad general de manera que la noción de democracia es en todo momento compatible con la idea de la más absoluta ausencia de libertad individual. De este modo, nos encontramos por primera vez en la historia de la filosofía occidental con la formulación de algunos de los fundamentos sobre los que se asentarán los grandes movimientos totalitarios del siglo XX: el comunismo y el fascismo. Ambos, de hecho, sostienen que son sistemas democráticos y que cuentan con el apoyo del conjunto del pueblo, cuando en realidad lo que hacen es negar los derechos individuales. Al mismo tiempo, están dirigidos por una persona fuerte y carismática empeñada en socavar las bases del siatema democrático de tradición anglosajona basado en los principios de Locke" (De "Historia de la Filosofía"-Editorial La Isla SRL-Buenos Aires 1999).
jueves, 2 de abril de 2026
Equilibrio entre razón y emociones
En algunas épocas ha predominado la exaltación a la razón mientras que en otras ha ocurrido algo similar con las emociones, con la esperanza de que alguna vez contemplemos un equilibrio entre ambas. El proceso evolutivo nos ha provisto tanto del razonamiento como del aspecto emocional y es de esperar que alguna vez intentemos compatibilizar tales aspectos de nuestra naturaleza humana. Enrique Rojas escribió: "He observado que, así como en el siglo XVIII la razón fue alzaprimada por la Ilustración y el siglo XIX tuvo como reacción el Romanticismo, no se ha producido a lo largo de este siglo XX una interrelación entre ambos, dando la impresión que siguen direcciones paralelas, pero no convergentes".
"En el tablero de la psicología juegan al ajedrez los sentimientos y la razón, arbitrados por la cultura. El amor inteligente tiene tres notas básicas en su sinfonía: corazón, cabeza y espiritualidad, sin olvidar que lo cotidiano nunca es banal ni insignificante. El mejor amor se echa a perder si no se cuida a base de pequeños detalles" (De "El amor inteligente"-Editorial Planeta Argentina SAIC-Buenos Aires 1997).
Debido a que el amor al prójimo es la base de la ética cristiana, es de interés indagar si en el Nuevo Testamento aparece la confluencia entre razón y emociones o bien se trata de un llamado orientado sólo a la exaltación del aspecto emocional dirigido tanto a Dios como al prójimo. En la actualidad resulta evidente que la empatía emocional ha de estar orientada a los demás seres humanos luego de adquirir una visión del universo lograda mediante la razón. De ahí que lo emocional juega un papel tan importante como lo cognitivo, por lo cual, cuando Cristo propone "amar a Dios con toda la mente, con todas las fuerzas..." seguramente trataba de orientar o despertar en cada ser humano una actitud racional o cognitiva que habría de permitir, posteriormente, la puesta en marcha de la empatía emocional, la cual nos permitirá compartir las penas y las alegrías ajenas como propias.
Generalmente se considera a un Dios con atributos humanos, por lo cual se establece una especie de "empatía emocional" dirigida a un ser imaginario y perfecto, dejando un tanto de lado la empatía dirigida a seres humanos reales e imperfectos, por lo cual se convierte al cristianismo original en una especie de paganismo con una adhesión similar a la de un líder totalitario con el cual resulta mejor "llevarse bien", dejando de lado la ética bíblica del amor al prójimo, que es el objetivo principal a lograr por todo ser humano.
El aspecto antes considerado genera cierta ineficacia del cristianismo contemporáneo, ya que se asocia, como una virtud importante, un amor desmesurado por un ser perfecto e imaginario en lugar de asociar la virtud a la capacidad de amar a seres imperfectos y reales, como se dijo. Raimundo Lulio escribió: “«Dime, fatuo por amor, ¿qué cosa es maravilla?». Respondió «que amar más las cosas ausentes que las presentes, y amar más las cosas visibles corruptibles que las invisibles e incorruptibles»” (Del “Diccionario del Lenguaje Filosófico” de Paul Foulquié-Editorial Labor SA-Barcelona 1966).
Mientras que el teísmo propone incluir el amor al ser humano como parte del amor a Dios, el deísmo considera el amor a Dios como una actitud cognitiva, antes que afectiva, que resulta ser el medio necesario para establecer el amor al prójimo. De esta forma, el mandamiento del amor a Dios le brinda a todo individuo un sentido objetivo de la vida y que, bajo una perspectiva científica, implica adaptarse plenamente al orden natural bajo el proceso general de la adaptación cultural. Una vez que el hombre encuentra ese sentido, la aceptación del segundo mandamiento de Cristo (el del amor al prójimo), puede surgir con cierta naturalidad.
En realidad, el amor natural surge de muchas personas sin necesidad de que adopten posturas religiosas o filosóficas definidas, por lo que es oportuno recordar que Cristo vino por los pecadores, y no por los justos. De ahí que la conversión de los pecadores, que son quienes todavía no intentan cumplir con el mandamiento del amor al prójimo, puede surgir del convencimiento previo de la existencia de un orden natural exterior y anterior a la aparición del hombre. En cuanto a los justos, puede decirse que son aquellos individuos que difunden el amor desde las personas cercanas hasta llegar a abarcar toda la humanidad. Abraham Skorka expresó: “El amor es un círculo que se va abriendo, empieza con lo más íntimo, que es la pareja, y después sigue con el amor a los padres, a los hijos, al prójimo. Por medio de esa relación de amor con los demás se puede llegar realmente a Dios. Aquel que quiere «saltar» la relación del hombre e ir directamente a Dios, no llega a ningún lado. Creer en Dios, buscarlo y sentirlo debe conllevar necesariamente el amor al hombre para, a través del hombre, volver a cerrar el círculo y llegar a Dios” (De “Biblia. Diálogo viviente” de Jorge Mario Bergoglio-Grupo Editorial Planeta SAIC-Buenos Aires 2013).
En cuanto al bienestar espiritual derivado de su visión del mundo, Baruch de Spinoza escribió: “Después que la experiencia me hubo enseñado que todo lo que ocurre en la vida ordinaria es vano y fútil; después de haber visto que todo lo que para mí era objeto o motivo de temor no contenía nada bueno ni malo en sí, fuera de los efectos que ejercía sobre mi alma, me decidí finalmente a investigar si no habría algo que fuese un bien verdadero, posible de alcanzar y al cual sólo pudiera entregarse el alma una vez rechazadas todas las demás cosas; más aún, si no había algo cuyo descubrimiento y adquisición me diera el goce eterno de una alegría suprema y continua”.
“Me di cuenta que estaba expuesto a un grandísimo peligro y obligado a buscar, con todas mis fuerzas, un remedio aunque fuera inseguro, como el enfermo atacado de una enfermedad mortal y que prevé una muerte segura si no recurre a un remedio, se ve obligado a buscarlo con todas sus fuerzas aunque sea inseguro, pues constituye su única esperanza”.
“Me ha parecido que estos males provienen de poner totalmente la felicidad o la desdicha en una sola cosa, es decir, en la cualidad del objeto a que estamos ligados por amor. En efecto, lo que no es amado no engendra nunca disputas, ni produce tristeza cuando perece, ni envidia cuando otro lo posee, ni temor ni odio, en una palabra, conmoción alguna del alma. En cambio, sucede todo esto en el amor de las cosas perecederas, como lo son todas aquellas de que hemos hablado. Pero el amor por una cosa eterna e infinita alimenta el alma con una alegría singular y libre de toda tristeza; lo que hace que sea tan deseable y digno de ser buscado con todas nuestras fuerzas” (Del “Tratado de la reforma del entendimiento”-Editorial Tecnos SA-Madrid 1989).
En la visión de Spinoza, el "amor intelectual a Dios" no sólo resulta ser una actitud esencialmente cognitiva, asociada a la razón, sino también emocional. Así, Barrows Dunham sintetiza la actitud de Spinoza considerando que nuestra adaptación al orden natural, previo conocimiento de sus leyes, resulta ser el sentido del "amor intelectual a Dios", escribiendo al respecto: "Halló lo siguiente: el ser veraz con uno mismo, la aceptación del mundo real con todas sus leyes y fuerzas y la descripción de éstas con una precisión comprensiva. Este modo de vida, un ejercicio de la función social del pensador, poseería un valor ilimitado y eterno".
"Por lo tanto, esto dejaba ver que, en su totalidad, el universo podía ser objeto de emociones que se habían supuesto vinculadas exclusivamente a un Dios personal o a un Dios que era tres personas en una" (De "Hérores y Herejes"-Editorial Seix Barral SA-Barcelona 1969).
"En el tablero de la psicología juegan al ajedrez los sentimientos y la razón, arbitrados por la cultura. El amor inteligente tiene tres notas básicas en su sinfonía: corazón, cabeza y espiritualidad, sin olvidar que lo cotidiano nunca es banal ni insignificante. El mejor amor se echa a perder si no se cuida a base de pequeños detalles" (De "El amor inteligente"-Editorial Planeta Argentina SAIC-Buenos Aires 1997).
Debido a que el amor al prójimo es la base de la ética cristiana, es de interés indagar si en el Nuevo Testamento aparece la confluencia entre razón y emociones o bien se trata de un llamado orientado sólo a la exaltación del aspecto emocional dirigido tanto a Dios como al prójimo. En la actualidad resulta evidente que la empatía emocional ha de estar orientada a los demás seres humanos luego de adquirir una visión del universo lograda mediante la razón. De ahí que lo emocional juega un papel tan importante como lo cognitivo, por lo cual, cuando Cristo propone "amar a Dios con toda la mente, con todas las fuerzas..." seguramente trataba de orientar o despertar en cada ser humano una actitud racional o cognitiva que habría de permitir, posteriormente, la puesta en marcha de la empatía emocional, la cual nos permitirá compartir las penas y las alegrías ajenas como propias.
Generalmente se considera a un Dios con atributos humanos, por lo cual se establece una especie de "empatía emocional" dirigida a un ser imaginario y perfecto, dejando un tanto de lado la empatía dirigida a seres humanos reales e imperfectos, por lo cual se convierte al cristianismo original en una especie de paganismo con una adhesión similar a la de un líder totalitario con el cual resulta mejor "llevarse bien", dejando de lado la ética bíblica del amor al prójimo, que es el objetivo principal a lograr por todo ser humano.
El aspecto antes considerado genera cierta ineficacia del cristianismo contemporáneo, ya que se asocia, como una virtud importante, un amor desmesurado por un ser perfecto e imaginario en lugar de asociar la virtud a la capacidad de amar a seres imperfectos y reales, como se dijo. Raimundo Lulio escribió: “«Dime, fatuo por amor, ¿qué cosa es maravilla?». Respondió «que amar más las cosas ausentes que las presentes, y amar más las cosas visibles corruptibles que las invisibles e incorruptibles»” (Del “Diccionario del Lenguaje Filosófico” de Paul Foulquié-Editorial Labor SA-Barcelona 1966).
Mientras que el teísmo propone incluir el amor al ser humano como parte del amor a Dios, el deísmo considera el amor a Dios como una actitud cognitiva, antes que afectiva, que resulta ser el medio necesario para establecer el amor al prójimo. De esta forma, el mandamiento del amor a Dios le brinda a todo individuo un sentido objetivo de la vida y que, bajo una perspectiva científica, implica adaptarse plenamente al orden natural bajo el proceso general de la adaptación cultural. Una vez que el hombre encuentra ese sentido, la aceptación del segundo mandamiento de Cristo (el del amor al prójimo), puede surgir con cierta naturalidad.
En realidad, el amor natural surge de muchas personas sin necesidad de que adopten posturas religiosas o filosóficas definidas, por lo que es oportuno recordar que Cristo vino por los pecadores, y no por los justos. De ahí que la conversión de los pecadores, que son quienes todavía no intentan cumplir con el mandamiento del amor al prójimo, puede surgir del convencimiento previo de la existencia de un orden natural exterior y anterior a la aparición del hombre. En cuanto a los justos, puede decirse que son aquellos individuos que difunden el amor desde las personas cercanas hasta llegar a abarcar toda la humanidad. Abraham Skorka expresó: “El amor es un círculo que se va abriendo, empieza con lo más íntimo, que es la pareja, y después sigue con el amor a los padres, a los hijos, al prójimo. Por medio de esa relación de amor con los demás se puede llegar realmente a Dios. Aquel que quiere «saltar» la relación del hombre e ir directamente a Dios, no llega a ningún lado. Creer en Dios, buscarlo y sentirlo debe conllevar necesariamente el amor al hombre para, a través del hombre, volver a cerrar el círculo y llegar a Dios” (De “Biblia. Diálogo viviente” de Jorge Mario Bergoglio-Grupo Editorial Planeta SAIC-Buenos Aires 2013).
En cuanto al bienestar espiritual derivado de su visión del mundo, Baruch de Spinoza escribió: “Después que la experiencia me hubo enseñado que todo lo que ocurre en la vida ordinaria es vano y fútil; después de haber visto que todo lo que para mí era objeto o motivo de temor no contenía nada bueno ni malo en sí, fuera de los efectos que ejercía sobre mi alma, me decidí finalmente a investigar si no habría algo que fuese un bien verdadero, posible de alcanzar y al cual sólo pudiera entregarse el alma una vez rechazadas todas las demás cosas; más aún, si no había algo cuyo descubrimiento y adquisición me diera el goce eterno de una alegría suprema y continua”.
“Me di cuenta que estaba expuesto a un grandísimo peligro y obligado a buscar, con todas mis fuerzas, un remedio aunque fuera inseguro, como el enfermo atacado de una enfermedad mortal y que prevé una muerte segura si no recurre a un remedio, se ve obligado a buscarlo con todas sus fuerzas aunque sea inseguro, pues constituye su única esperanza”.
“Me ha parecido que estos males provienen de poner totalmente la felicidad o la desdicha en una sola cosa, es decir, en la cualidad del objeto a que estamos ligados por amor. En efecto, lo que no es amado no engendra nunca disputas, ni produce tristeza cuando perece, ni envidia cuando otro lo posee, ni temor ni odio, en una palabra, conmoción alguna del alma. En cambio, sucede todo esto en el amor de las cosas perecederas, como lo son todas aquellas de que hemos hablado. Pero el amor por una cosa eterna e infinita alimenta el alma con una alegría singular y libre de toda tristeza; lo que hace que sea tan deseable y digno de ser buscado con todas nuestras fuerzas” (Del “Tratado de la reforma del entendimiento”-Editorial Tecnos SA-Madrid 1989).
En la visión de Spinoza, el "amor intelectual a Dios" no sólo resulta ser una actitud esencialmente cognitiva, asociada a la razón, sino también emocional. Así, Barrows Dunham sintetiza la actitud de Spinoza considerando que nuestra adaptación al orden natural, previo conocimiento de sus leyes, resulta ser el sentido del "amor intelectual a Dios", escribiendo al respecto: "Halló lo siguiente: el ser veraz con uno mismo, la aceptación del mundo real con todas sus leyes y fuerzas y la descripción de éstas con una precisión comprensiva. Este modo de vida, un ejercicio de la función social del pensador, poseería un valor ilimitado y eterno".
"Por lo tanto, esto dejaba ver que, en su totalidad, el universo podía ser objeto de emociones que se habían supuesto vinculadas exclusivamente a un Dios personal o a un Dios que era tres personas en una" (De "Hérores y Herejes"-Editorial Seix Barral SA-Barcelona 1969).
domingo, 29 de marzo de 2026
Balance de los años 70
Puede decirse que el terrorismo implica acciones como el asesinato generalizado que puede abarcar tanto a culpables como a inocentes, asociando tales valoraciones a los propios terroristas. Así, cuando se coloca una bomba en un lugar público, cualquiera puede inferir que sus efectos destrurán vidas, culpables como inocentes, esta vez según una valoración a partir de otros puntos de vista.
Llama la atención que importantes porcentajes de la sociedad avalen alguna forma de terrorismo, aún sabiendo que la mayor parte de sus víctimas serán inocentes. Este es el caso de los adherentes y admiradores de ERP y Montoneros, quienes iniciaron la violencia de los años 70 previamente a ser formados ideológicamente por autores marxistas, ideología que impera en gran parte de las universidades del mundo y que incluso es promovida, bajo un disfraz cristiano, por sectores de la Iglesia Católica.
A continuación se menciona un artículo al respecto:
BALANCE DE MEDIO SIGLO: GANÓ LA GUERRILLA, NOMÁS
Por Daniel Zolezzi
Fue masiva la concentración en el aniversario número 50 del golpe de Estado que llevó al poder al último régimen militar. A medio siglo del golpe del 76, una verdad salta a la vista. Que, habiendo sido derrotada en las armas, la guerrilla, travestida ahora -ya en partidos, ora en “movimientos”- ha triunfado políticamente y lo festeja en Plaza de Mayo.
En los hechos, una parte ha sido condenada: las Fuerzas Armadas del Estado. Otra ha sido absuelta: la guerrilla que se alzó contra el Estado. Cuyos aburguesados dirigentes forman hoy parte de la clase política o integran el establishment empresarial. Que a esos círculos accedieran gracias a una fortuna habida por secuestros y asesinatos, no levanta en ellos la menor objeción.
MANIQUEISMO
Una maniquea interpretación del derecho ha determinado que iguales hechos constituyen crímenes imprescriptibles -si corrieron a cargo de las Fuerzas Armadas- o disculpables actos de la violencia, cuando los hubiera cometido la guerrilla.
En otras palabras: se les habrá ido la mano, pero eran buenos muchachos.
Y debe señalarse que muchos medios de comunicación les dan cabida para que relaten su actuar, cosa que, algunas veces, hacen con morboso lujo de detalles. Sin que a su jactancia se opongan otra cosa que un silencio que semeja un consentir.
Llegado este punto, conviene aclarar que quien escribe siempre estuvo en contra de dicho golpe de marzo del 76. Porque el decreto 261/75 autorizaba al Ejército a “aniquilar” a la guerrilla. Porque, no casualmente, el ERP -fraternal aliado de los Montoneros- acababa de sufrir un desastre en Monte Chingolo que afectaba seriamente su capacidad de fuego.
Porque, además, faltaba apenas un año para las elecciones presidenciales y, de perder el peronismo, es casi seguro que aquel radicalismo -liderado por Balbín y libre de las infecciones que luego lo afectaron- hubiera seguido aplicando las mismas normas que ordenaban aniquilar la guerrilla.
Dicho lo cual -y con la severa condena que nos merecen los excesos que cometió la represión irregular- seguimos con lo de hoy. Pues se nos pinta a la violencia guerrillera como si hubiera consistido en una resistencia popular contra gobiernos de facto. Y nada hubo de eso. Porque su idea era implantar el marxismo-leninismo. Y actuó con igual o mayor ferocidad durante el gobierno constitucional del 73/76. Así se comportó en Tucumán, Azul, Monte Chingolo, Formosa, Dirección de Sanidad, Villa María y otros cuarteles y reparticiones. Lo cual sucedía durante el peronismo y pese al enorme respaldo electoral del que gozaba.
DICTADURA MARXISTA
Lo que el marxismo vino a combatir es a la forma de República que establece nuestra Constitución. A la que procuraba reemplazar por su tiránica concepción del poder. Que, de triunfar, hubiera sido del mismo cuño de las que dictaduras que cubrieron media Europa, multiplicando los horrores del nazismo.
Era la guerra fría. Y la URSS prohijaba a los grupos armados que actuaron en su favor -y al mismo tiempo- en distintas partes del globo. Las Brigadas Rojas actuaban en Italia, Baader Meinhof lo hacia en Alemania y ETA en España sembraban el terror. Entretanto, Sendero Luminoso en Perú y las FARC en Colombia sembraban terror y comerciaban drogas.
La injerencia soviética se traslucía tras algún nombre tan folclórico como el de Montoneros. Ello, aunque se haya hecho lugar común llamar a ese grupo “peronismo de izquierda” y se ponga énfasis en recordar que algunos de sus miembros profesaran la religión católica. Sin que se pongan las cosas en su lugar. Porque que no es peronista quien asesina a verdaderos peronistas -como lo era Rucci- ni es católico quien abraza una ideología definida por el Papado como intrínsecamente perversa.
De paso, que bien se llevaba la guerrilla con el ministro Gelbard, hechura del PC, quien ocupaba la cartera de Economía. A quien Rucci planteaba seria oposición.
Más aún: se olvida, intencionalmente, el carácter elitista que tuvo la guerrilla. Universitarios de clases acomodadas asesinaban a dirigentes obreros como Rucci o Alonso, tildándolos de “traidores” a la clase obrera. Es decir, a una clase a la que ellos no pertenecían y cuyas necesidades no compartían. Elocuente esnobismo. Con igual actitud asesinaron cruelmente a humildes soldados conscriptos que, lejos de rendirse, defendieron sus cuarteles. Odio clasista guiaba a estos militantes autodenominados “clasistas”.
De los cuales, los que fueron detenidos o se refugiaron en el extranjero cobraron indemnizaciones millonarias. Mientras alguna pensión miserable se concede, en el mejor de los casos, a los soldados que los enfrentaron.
DEMONIOS ILUSTRADOS
Mucho podría agregarse. Pero es esencial dejar sentado que, en los años sesenta o setenta, nadie podía ignorar lo que se nos ofrecía bajo la envoltura de “socialismo nacional” o de marxismo a secas. Con mayor razón, si pertenecía, como la mayor parte de los guerrilleros, al sector universitario de la sociedad.
Porque ya hacía mucho que grandes espíritus, atraídos en su momento por la experiencia soviética, habían descubierto aquello en lo que consistía, repudiándola y desenmascarándola urbi et orbi. Que no eran de derecha, precisamente, sino de izquierda como André Malraux, George Orwell o Arthur Koestler. Presentes todos, valga acotarlo, en la guerra civil española, militando del lado republicano. Y combatientes del mismo, los dos primeros.
Nuestra guerrilla no podía ignorar ni su honestidad ni su advertencia, formulada décadas antes de los 70, del infierno que desataba el marxismo cuando llegaba al poder. La verdad no puede demorarse y la justicia no puede persistir en su desvío. Es cierto que hubo uniformados que actuaron mal y que en la guerrilla hubo quien, siendo muy joven, creyó en un relato cuyo fondo no estaba maduro para percibir que era perverso. Pero aquí la violencia que desató el marxismo-leninismo y sólo la purga el estamento al que legalmente le correspondía la defensa del Estado. (Dejo de lado a los apologistas de la corrupción que corrieron de Plaza de Mayo a San José 1111. Asquean y no hacen al fondo de lo que interesa).
Falsear la historia no es gratuito. La Argentina no puede sentarse sobre una ficción. Si es que quiere salir adelante, debe asumir las cosas como fueron y como son. Y actuar consecuentemente.
(De www.laprensa.com.ar)
Llama la atención que importantes porcentajes de la sociedad avalen alguna forma de terrorismo, aún sabiendo que la mayor parte de sus víctimas serán inocentes. Este es el caso de los adherentes y admiradores de ERP y Montoneros, quienes iniciaron la violencia de los años 70 previamente a ser formados ideológicamente por autores marxistas, ideología que impera en gran parte de las universidades del mundo y que incluso es promovida, bajo un disfraz cristiano, por sectores de la Iglesia Católica.
A continuación se menciona un artículo al respecto:
BALANCE DE MEDIO SIGLO: GANÓ LA GUERRILLA, NOMÁS
Por Daniel Zolezzi
Fue masiva la concentración en el aniversario número 50 del golpe de Estado que llevó al poder al último régimen militar. A medio siglo del golpe del 76, una verdad salta a la vista. Que, habiendo sido derrotada en las armas, la guerrilla, travestida ahora -ya en partidos, ora en “movimientos”- ha triunfado políticamente y lo festeja en Plaza de Mayo.
En los hechos, una parte ha sido condenada: las Fuerzas Armadas del Estado. Otra ha sido absuelta: la guerrilla que se alzó contra el Estado. Cuyos aburguesados dirigentes forman hoy parte de la clase política o integran el establishment empresarial. Que a esos círculos accedieran gracias a una fortuna habida por secuestros y asesinatos, no levanta en ellos la menor objeción.
MANIQUEISMO
Una maniquea interpretación del derecho ha determinado que iguales hechos constituyen crímenes imprescriptibles -si corrieron a cargo de las Fuerzas Armadas- o disculpables actos de la violencia, cuando los hubiera cometido la guerrilla.
En otras palabras: se les habrá ido la mano, pero eran buenos muchachos.
Y debe señalarse que muchos medios de comunicación les dan cabida para que relaten su actuar, cosa que, algunas veces, hacen con morboso lujo de detalles. Sin que a su jactancia se opongan otra cosa que un silencio que semeja un consentir.
Llegado este punto, conviene aclarar que quien escribe siempre estuvo en contra de dicho golpe de marzo del 76. Porque el decreto 261/75 autorizaba al Ejército a “aniquilar” a la guerrilla. Porque, no casualmente, el ERP -fraternal aliado de los Montoneros- acababa de sufrir un desastre en Monte Chingolo que afectaba seriamente su capacidad de fuego.
Porque, además, faltaba apenas un año para las elecciones presidenciales y, de perder el peronismo, es casi seguro que aquel radicalismo -liderado por Balbín y libre de las infecciones que luego lo afectaron- hubiera seguido aplicando las mismas normas que ordenaban aniquilar la guerrilla.
Dicho lo cual -y con la severa condena que nos merecen los excesos que cometió la represión irregular- seguimos con lo de hoy. Pues se nos pinta a la violencia guerrillera como si hubiera consistido en una resistencia popular contra gobiernos de facto. Y nada hubo de eso. Porque su idea era implantar el marxismo-leninismo. Y actuó con igual o mayor ferocidad durante el gobierno constitucional del 73/76. Así se comportó en Tucumán, Azul, Monte Chingolo, Formosa, Dirección de Sanidad, Villa María y otros cuarteles y reparticiones. Lo cual sucedía durante el peronismo y pese al enorme respaldo electoral del que gozaba.
DICTADURA MARXISTA
Lo que el marxismo vino a combatir es a la forma de República que establece nuestra Constitución. A la que procuraba reemplazar por su tiránica concepción del poder. Que, de triunfar, hubiera sido del mismo cuño de las que dictaduras que cubrieron media Europa, multiplicando los horrores del nazismo.
Era la guerra fría. Y la URSS prohijaba a los grupos armados que actuaron en su favor -y al mismo tiempo- en distintas partes del globo. Las Brigadas Rojas actuaban en Italia, Baader Meinhof lo hacia en Alemania y ETA en España sembraban el terror. Entretanto, Sendero Luminoso en Perú y las FARC en Colombia sembraban terror y comerciaban drogas.
La injerencia soviética se traslucía tras algún nombre tan folclórico como el de Montoneros. Ello, aunque se haya hecho lugar común llamar a ese grupo “peronismo de izquierda” y se ponga énfasis en recordar que algunos de sus miembros profesaran la religión católica. Sin que se pongan las cosas en su lugar. Porque que no es peronista quien asesina a verdaderos peronistas -como lo era Rucci- ni es católico quien abraza una ideología definida por el Papado como intrínsecamente perversa.
De paso, que bien se llevaba la guerrilla con el ministro Gelbard, hechura del PC, quien ocupaba la cartera de Economía. A quien Rucci planteaba seria oposición.
Más aún: se olvida, intencionalmente, el carácter elitista que tuvo la guerrilla. Universitarios de clases acomodadas asesinaban a dirigentes obreros como Rucci o Alonso, tildándolos de “traidores” a la clase obrera. Es decir, a una clase a la que ellos no pertenecían y cuyas necesidades no compartían. Elocuente esnobismo. Con igual actitud asesinaron cruelmente a humildes soldados conscriptos que, lejos de rendirse, defendieron sus cuarteles. Odio clasista guiaba a estos militantes autodenominados “clasistas”.
De los cuales, los que fueron detenidos o se refugiaron en el extranjero cobraron indemnizaciones millonarias. Mientras alguna pensión miserable se concede, en el mejor de los casos, a los soldados que los enfrentaron.
DEMONIOS ILUSTRADOS
Mucho podría agregarse. Pero es esencial dejar sentado que, en los años sesenta o setenta, nadie podía ignorar lo que se nos ofrecía bajo la envoltura de “socialismo nacional” o de marxismo a secas. Con mayor razón, si pertenecía, como la mayor parte de los guerrilleros, al sector universitario de la sociedad.
Porque ya hacía mucho que grandes espíritus, atraídos en su momento por la experiencia soviética, habían descubierto aquello en lo que consistía, repudiándola y desenmascarándola urbi et orbi. Que no eran de derecha, precisamente, sino de izquierda como André Malraux, George Orwell o Arthur Koestler. Presentes todos, valga acotarlo, en la guerra civil española, militando del lado republicano. Y combatientes del mismo, los dos primeros.
Nuestra guerrilla no podía ignorar ni su honestidad ni su advertencia, formulada décadas antes de los 70, del infierno que desataba el marxismo cuando llegaba al poder. La verdad no puede demorarse y la justicia no puede persistir en su desvío. Es cierto que hubo uniformados que actuaron mal y que en la guerrilla hubo quien, siendo muy joven, creyó en un relato cuyo fondo no estaba maduro para percibir que era perverso. Pero aquí la violencia que desató el marxismo-leninismo y sólo la purga el estamento al que legalmente le correspondía la defensa del Estado. (Dejo de lado a los apologistas de la corrupción que corrieron de Plaza de Mayo a San José 1111. Asquean y no hacen al fondo de lo que interesa).
Falsear la historia no es gratuito. La Argentina no puede sentarse sobre una ficción. Si es que quiere salir adelante, debe asumir las cosas como fueron y como son. Y actuar consecuentemente.
(De www.laprensa.com.ar)
sábado, 28 de marzo de 2026
Los escritores durante el primer peronismo
Los gobiernos totalitarios predisponen a la sociedad a estar a favor o en contra, ya que actúan como una fuerza efectiva que une a sus adherentes como si fuese una religión pagana, mientras que también une a sus detractores, que ven como un "amigo" a quien comparte una misma adversión o un mismo "enemigo". Así, la grieta social, o división social que se prolonga en el tiempo, se inicia en la Argentina de los años 40 con el arribo del peronismo al poder.
La grieta social, iniciada por el peronismo, se trata de un "cáncer social" que impide toda forma de progreso, ya que es común advertir que en la Argentina lo que hace un gobierno no peronista es luego desarmado por un gobierno peronista, y viceversa, ya que el criterio predominante no es la observancia de los efectos que producen las decisiones gubernamentales, sino que el criterio está orientado por hacer lo contrario a lo que hizo el gobierno del otro lado de la grieta social.
Los relatos de los inicios del peronismo son coincidentes y concuerdan con que se trató de un movimiento totalitario que accede al poder mediante el voto en elecciones libres. Si bien el acceso al poder resultó legítimo, la gestión fue poco o nada democrática. Oscar Hermes Villordo escribió: "A poco del comienzo de la solapada represión y pérdida de libertades individuales que tenían su contrapartida en la asfixiante propaganda del régimen, las nuevas autoridades municipales trasladan a Borges a su modesto cargo de inspector de aves. El episodio es sólo una muestra del trato que recibieron artistas e intelectuales por parte del peronismo".
"Sin embargo, la Sociedad Argentina de Escritores, SADE, elige a Borges presidente. Bioy Casares estará junto a él. Las conferencias en el local de la calle México 524 contaron, dada la época, con un oyente más, uniformado y generalmente sentado en las últimas filas del salón, donde bostezaba de aburrimiento o dormía. Se trataba del agente de parada u oficial de policía que estaba allí para informar, aunque no entendiera nada de lo que pasaba".
"La intranquilidad, nacida de la vigilancia, sin embargo, no era de aquellas que producen indiferencia, o al menos marcan un compás de espera en la atención, sino de las que inquietan porque detrás de ella se oculta el miedo, anunciador del peligro. Era una atmósfera inquietante por las consecuencias que podría traer y que los años posteriores a la acción de los escritores en la SADE se encargaron de confirmar".
"Buenos Aires vivía bajo el indiscernible aire que se respira en una dictadura que, aunque haya provocado persecusiones, cárcel, torturas y muertes no puede ser descripta en sus hechos reales sino en su atmósfera, precisamente. El ambiente creado trajo como consecuencia la unión de los escritores, produciendo la saludable paradoja de juntar a aquéllos que, por su natural individualismo e independencia, son reacios a toda asociación. Y esto, a la distancia, sin entrar a considerar otras cuestiones del momento histórico, permite afirmar que el acercamiento se debió a ideas nobles y valiosas, ya que, de lo contrario, la explicación resultaría difícil o imposible".
"Si no se han compartido esos momentos, no se podrá imaginar la exaltación que provocaba «combatir» a Perón desde la SADE, o desde La Prensa o La Nación, para no citar sino a una entidad y a dos diarios que en ese momento dejaron oír sus voces. Una alegría, un júbilo que hacía pensar románticamente en los proscriptos de Rosas (época del pasado argentino que escritores y políticos han elegido para comparar a la de Perón), embargaba a quienes participaban de las reuniones, iban a las conferencias o conversaban en privado. Se olvidaban diferencias en nombre de la cruzada y se escribían páginas de encendido patriotismo y, lo que es mejor, de buena literatura, como ésta de Borges, perteneciente a las palabras que dijo durante la comida de desagravio que se le ofreció en 1946, y que son un retrato del poder omnímodo de Perón y el peronismo: «Las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable por el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir estas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor»" (De "Genio y figura de Adolfo Bioy Casares" de Oscar Hermes Villordo-EUDEBA-Buenos Aires 1983).
La grieta social, iniciada por el peronismo, se trata de un "cáncer social" que impide toda forma de progreso, ya que es común advertir que en la Argentina lo que hace un gobierno no peronista es luego desarmado por un gobierno peronista, y viceversa, ya que el criterio predominante no es la observancia de los efectos que producen las decisiones gubernamentales, sino que el criterio está orientado por hacer lo contrario a lo que hizo el gobierno del otro lado de la grieta social.
Los relatos de los inicios del peronismo son coincidentes y concuerdan con que se trató de un movimiento totalitario que accede al poder mediante el voto en elecciones libres. Si bien el acceso al poder resultó legítimo, la gestión fue poco o nada democrática. Oscar Hermes Villordo escribió: "A poco del comienzo de la solapada represión y pérdida de libertades individuales que tenían su contrapartida en la asfixiante propaganda del régimen, las nuevas autoridades municipales trasladan a Borges a su modesto cargo de inspector de aves. El episodio es sólo una muestra del trato que recibieron artistas e intelectuales por parte del peronismo".
"Sin embargo, la Sociedad Argentina de Escritores, SADE, elige a Borges presidente. Bioy Casares estará junto a él. Las conferencias en el local de la calle México 524 contaron, dada la época, con un oyente más, uniformado y generalmente sentado en las últimas filas del salón, donde bostezaba de aburrimiento o dormía. Se trataba del agente de parada u oficial de policía que estaba allí para informar, aunque no entendiera nada de lo que pasaba".
"La intranquilidad, nacida de la vigilancia, sin embargo, no era de aquellas que producen indiferencia, o al menos marcan un compás de espera en la atención, sino de las que inquietan porque detrás de ella se oculta el miedo, anunciador del peligro. Era una atmósfera inquietante por las consecuencias que podría traer y que los años posteriores a la acción de los escritores en la SADE se encargaron de confirmar".
"Buenos Aires vivía bajo el indiscernible aire que se respira en una dictadura que, aunque haya provocado persecusiones, cárcel, torturas y muertes no puede ser descripta en sus hechos reales sino en su atmósfera, precisamente. El ambiente creado trajo como consecuencia la unión de los escritores, produciendo la saludable paradoja de juntar a aquéllos que, por su natural individualismo e independencia, son reacios a toda asociación. Y esto, a la distancia, sin entrar a considerar otras cuestiones del momento histórico, permite afirmar que el acercamiento se debió a ideas nobles y valiosas, ya que, de lo contrario, la explicación resultaría difícil o imposible".
"Si no se han compartido esos momentos, no se podrá imaginar la exaltación que provocaba «combatir» a Perón desde la SADE, o desde La Prensa o La Nación, para no citar sino a una entidad y a dos diarios que en ese momento dejaron oír sus voces. Una alegría, un júbilo que hacía pensar románticamente en los proscriptos de Rosas (época del pasado argentino que escritores y políticos han elegido para comparar a la de Perón), embargaba a quienes participaban de las reuniones, iban a las conferencias o conversaban en privado. Se olvidaban diferencias en nombre de la cruzada y se escribían páginas de encendido patriotismo y, lo que es mejor, de buena literatura, como ésta de Borges, perteneciente a las palabras que dijo durante la comida de desagravio que se le ofreció en 1946, y que son un retrato del poder omnímodo de Perón y el peronismo: «Las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable por el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir estas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor»" (De "Genio y figura de Adolfo Bioy Casares" de Oscar Hermes Villordo-EUDEBA-Buenos Aires 1983).
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