JUAN CARLOS DE PABLO: "ES UNA FANTASÍA QUE MILEI ESTÁ LOCO O EMPASTILLADO"
Juan Carlos de Pablo analizó la evolución de la economía argentina, las perspectivas electorales de Javier Milei y el impacto que podrían tener Vaca Muerta y la minería en el futuro del país. También reflexionó sobre el rol de los economistas en la política, la importancia del equilibrio fiscal y la necesidad de “mirar los números, los hechos y la historia” para comprender una realidad económica cada vez más heterogénea.
En diálogo con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el economista sostuvo que la probabilidad de reelección de Milei sigue siendo alta, aunque advirtió que “seguridad no hay”. Además, destacó el superávit comercial, defendió la acumulación de reservas y dejó una definición sobre el liderazgo político: “La cuestión nunca es si te equivocás, sino a qué velocidad corregís”.
Juan Carlos de Pablo es licenciado en Economía por la Universidad Católica Argentina y Máster en Economía por la Universidad de Harvard. Es profesor de la Universidad de San Andrés y Dr. Honoris Causa en EUMA. Es miembro titular de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y autor de más de 50 libros. Es considerado como uno de los economistas más escuchados por el presidente Javier Milei.
Fontevecchia: Y yo tengo una misa, así como la misa que tienen algunos streamings. Mi misa es conversar cada dos meses aproximadamente con el gran profesor Juan Carlos de Pablo, que nos ayuda a levantar el optimismo sobre la perspectiva que tenemos de la economía. La última vez lo entrevistamos el 16 de junio. Ahí, Juan Carlos, nos dijiste que Milei tiene grandes posibilidades de ser reelecto. Me gustaría, a dos meses de aquello, una evaluación de cómo ves la evolución de la economía y cuánto la, no sé si llamarlo, el adelantamiento del año electoral la afecta. Te escuchamos con esa actitud con la que se va a misa.
De Pablo: Jorge, la economía, eso que llamamos la economía, es de una heterogeneidad total, entre sectores, entre regiones. Entonces, a uno le va mejor, al otro le va peor, etcétera. Ahora, por ejemplo, tomá el EMAE. El EMAE salió el otro día: primero, ves el promedio, 0,8% de aumento, y está para hacer una fiesta. Cuando vos desagregás, decís: sectores, hay crecimiento en tres. Entonces, esto de que tenés Vaca Muerta, litio y el resto de la economía es una exageración. Digo, hay una heterogeneidad. Del mismo modo, hay que decir que el 0,8% de aumento de los precios mayoristas tuvo que ver con la caída de casi 10% en el precio del petróleo. Si no hubiera sido así, hubiera sido como el resto de los precios: 1,7%, 1,8%, etcétera. ¿A dónde voy con esto? Hay exageraciones para un lado y para el otro. Las totalizaciones sirven para muy poquito. Con respecto a lo que dije hace dos meses, lo sigo reiterando: la probabilidad de que sea reelecto es alta. Ahora, seguridad no hay. Quiero decir, yo puedo entender que una persona diga: “Por las dudas, me preparo ante un gran negocio si es reelecto”. Bueno, está bien, porque el futuro siempre es incierto. Pero esto de que estamos 50 y 50, cosas por el estilo, no me parece. Desde el punto de vista de los que les gusta la política como tal, no les alcanzan 24 horas para ver si se juntan, si no se juntan, los candidatos. Para la toma de decisiones, esto se llama mediados de 2027, que es cuando tienen que anotar las alianzas y definir las candidaturas, y en octubre de 2027 vamos a elegir la mitad de Diputados, un tercio del Senado, algunos gobernadores, presidente y vice.
F: ¿Es injusta la opinión pública con la evaluación de la economía y la evolución de la economía del presidente Milei? ¿Creés que no alcanza?
D: Yo no la llamaría injusta y, además, tengo graves dudas de cómo se hacen esas encuestas, cosas por el estilo. Lo que te digo es lo siguiente: acá hay una multitud de situaciones. Yo camino por la calle y hablo con medio mundo, cosas por el estilo. Lo que vos ves es espíritu de lucha, lo cual, a nivel individual, me parece lo más razonable del mundo. Si después la gente se junta con los parientes o se junta en los cafés a criticar al Gobierno, bueno, está bien, puede ser, pero eso no quiere decir que no siga peleándola, porque es la vida misma.
F: Juan Carlos, con esa honestidad epistémica que tenés de decir que hay claros y oscuros, uno puede interpretar la baja de la inflación mayorista sin tener en cuenta que gran parte de eso tiene que ver con la caída del precio del petróleo; por lo tanto, hubiera sido 1,7%, 1,6%, como el resto. Y, al mismo tiempo, decir que sí hay datos macroeconómicos muy buenos. Con esa honestidad epistémica con la que contribuís en tu debate de la opinión pública, ¿también lo hacés con el Presidente? Sos la persona que más lo visitó. ¿Contribuís a ayudarlo a tener una mirada con claros y oscuros?
D: Vos sabés, mi querido amigo, que yo no hablo ni de lo que digo, ni de lo que escucho, ni de lo que veo en Olivos. Ahora, debería sorprenderte que no hablara de estas cosas con el Presidente, con la amistad que nos une.
F: Bueno, sin hablar de nada de lo que vos hablás, sino simplemente para caracterizar: hay una diferencia generacional entre vos y el Presidente, una enorme experiencia pasada bajo el puente, en tu caso. Es una relación de maestro con un exalumno. En todas esas visitas, ¿hay un deseo de apoyo emocional? ¿Es una amistad personal? ¿Cómo habría que caracterizarla?
D: Yo diría tío-sobrino. Él tiene 55 años, yo tengo 82. Hablamos como hablan los amigos, hablamos de las cosas más diversas, etcétera. Y es así. Entonces, no hay misterio. Yo no soy funcionario, yo no soy asesor del Presidente. Si yo fuera asesor del Presidente, no podría estar hablando con vos públicamente.
F: Exacto.
D: Entonces, yo hablo ahí y después hablo con vos como profesional, etcétera. Lo que sí digo, contra todas las cosas que estoy escuchando, es que no está loco. Es una pavada esto de que está loco, empastillado, todo ese tipo de cosas. Hay una fantasía realmente fenomenal. Eso es lo que quiero pinchar, en función simplemente de que nos vemos una vez por semana.
F: Bueno, gran aporte, Juan Carlos. Vayamos entonces al tema profesional. Hablaste también hace unas semanas del riesgo de una enfermedad holandesa, como un efecto secundario de algo positivo. Me gustaría que compartieras con nuestra audiencia el comentario, cuál es tu temor y cómo ves que se podría solucionar.
D: Tengo lo siguiente: el año pasado el superávit comercial fue de 11.000 millones de dólares. Vos le hubieras preguntado a cualquiera de los que hacen números: “¿Usted cuánto ve este año?”. Y te hubieran dicho 12, 13. Ponéle, vamos para 30, con exportaciones arriba de 100.000 millones, etcétera. Con lo cual, cuando alguien dice: “Bueno, si la economía creciera más rápido, habría más importación y menos superávit comercial”, chocolate por la noticia. Pero yo les digo a mis amigos, los que les gusta hacer los números: ponéle a las importaciones el número que vos quieras y todavía te va a quedar un superávit comercial fenomenal. Esto es una oportunidad que el Banco Central está aprovechando para comprar reservas. No es un cambio de criterio porque lo pensaron mejor, es aprovechar la oportunidad. Porque el planteo, donde se mezcla economía y política pensando en 2027, es muy sencillo. Dice: “Mirá, Milei sigue siendo amigo de Trump, pero si no lo precisamos el año que viene, mejor”, porque, entre otras cosas, no sabés cómo va a estar si es un pato rengo después de la elección del 3 de noviembre, digamos, cosas por el estilo. Entonces, tratemos de prepararnos. Es el punto que hizo Caputo en una conferencia de prensa hace algunas semanas. Dijo: “Si no necesitamos a Wall Street y no necesitamos a Trump, mejor”. Bueno, estamos preparándonos para eso.
F: ¿Y creés que se puede llegar a cruzar lo que normalmente son las turbulencias cambiarias en una elección?
D: No tenemos cómo saberlo. Lo que sí sabemos es lo siguiente: cuando Javier Milei dijo “socorro”, eliminando transitoriamente las retenciones a la exportación para algunos productos agropecuarios, los tenedores de granos vendieron. Y cuando le dijo al Tío Sam, vino y puso pin. Bueno, se está jugando a que para el año que viene, de repente, alguna vez no sabe si la va a precisar o no, pero por las dudas está armando defensas locales, no sea cosa que digas “socorro” y no estén en la misma condición.
F: Y te hago una pregunta típicamente económica. No sé si digo una blasfemia: ¿se puede hablar de cuál es el dólar de equilibrio y si un gobierno puede conseguir y afectar que tenga ese dólar de equilibrio? ¿Este dólar es de equilibrio o sería conveniente, finalmente, que cierto grado de turbulencias cambiarias llevaran el dólar más cerca del techo de la banda y los beneficios fueran, no sé si mayores o iguales, por lo menos no menores que los costos?
D: No confundamos aritmética con economía, querido Jorge.
F: A ver.
D: Cuando alguien me dice: “Hacemos una regla de tres con revenue y entonces te da no sé qué número”, eso es aritmética, esto no es economía. Acá vos no tenés una intervención directa; de hecho, tenés flotación. ¿Querés que te diga? Hace meses que el dólar no se acerca ni por casualidad a la banda superior y ya no me acuerdo cuánto es. Hoy me estaba riendo leyendo algunos diarios que dicen que el dólar “superó el techo”, y alguno, menos mal, usó techo entre comillas. Punto. Esto es oferta y demanda privada y vos todavía tenés un pedazo de la demanda por parte del Banco Central, que está aprovechando la oportunidad para recuperar ciertas reservas. Esto es muy importante. Por ahí nos está escuchando una persona que hoy, por razones X, necesita una devaluación con respecto a los chinos, cosas por el estilo, y entonces llega a decir: “Si el dólar hoy estuviera a 5.000 pesos, estos problemas yo no los tendría”. Respuesta: no sueñes. Segundo: si el dólar hoy estuviera a 5.000 pesos, no tendrías esos problemas, tendrías otros problemas. No hay nada gratis en economía, estimado. Pero lo que quiero decir es lo siguiente: hoy, en el horizonte que vos tenés, no tenés nada parecido a un salto devaluatorio, cosas por el estilo, que a los que están complicados les resuelva los problemas. Moraleja: no hay más remedio que enfrentar los problemas de manera directa. Algunos problemas tienen que ver con la parte interna de las empresas, otros tienen que ver con el Gobierno nacional, el Gobierno provincial, el Gobierno municipal, los jueces, los gremios y no sé cuánto. Y hay que ir a la fuente hoy. Tenés que ir a la fuente para ver qué hacer con tu realidad.
F: O sea, podríamos decir que, a partir de Vaca Muerta y la minería, la Argentina va a tener un dólar más bajo de manera permanente.
D: Como seguramente lo tuvo, perdón, en el último cuarto del siglo XIX, cuando aparecieron los ferrocarriles, los frigoríficos, cosas por el estilo, y evidentemente tuviste una oportunidad centrada mucho más en el Litoral. Entonces, uno dice: apareció esto. Algunos colegas míos dicen si es enfermedad holandesa o enfermedad japonesa. Saquemos la nomenclatura, vamos a la realidad. Vos lo que tenés hoy es un superávit comercial de una cuantía realmente fenomenal y entonces la discusión es qué hacemos con eso. Y yo lo que digo es: todo afectado debería hacer un buen diagnóstico, a ver qué es lo que está fuera de su control, más lo que tiene que hacer en su empresa, para ir a hablar con la autoridad o con quien sea que sea relevante.
F: Juan Carlos, vos decías la relación de tío-sobrino. Creo que también podrías plantear que tenés una relación de tío-sobrino con todos los economistas argentinos o con la mayoría de los economistas argentinos. Eso no solo es un tema cronológico, es también la cantidad de años influyendo en el debate público. No todo el mundo ha tenido la posibilidad de mantenerse a lo largo del tiempo siendo influyente en el debate público. En una mirada retrospectiva, ¿qué le dirías a tus colegas más jóvenes? La mayoría de ellos, de la edad de Javier Milei.
D: Básicamente: miren los números, miren los hechos, caminen por la calle, lean mucha historia. Mucha historia. Acostúmbrense a escuchar. Perdón, acostúmbrense a desagregar. Con los agregados tienen que estar los primeros diez minutos; después, desagreguen. Los modelos de certeza que aprendimos en la facultad sirven para entrenarnos, pero el mundo es incierto, el mundo es fluido. Así que estén, digamos así, alertas y no teman decir cosas desagradables si ustedes creen que, desde el punto de vista profesional, las tienen que decir. De la misma manera que vos querés curarte con un médico y querés que te diga las cosas como son. No un tipo que dice: “Pobrecito Jorgito”, rajá porque con ese tipo te vas a morir. Entonces, yo les digo a los alumnos: no es solamente técnica lo que les transmito, es el tema de galvanizarse desde el punto de vista profesional, porque los profesionales rara vez tenemos buenas noticias. ¿Cuándo fuiste al dentista y te dio una buena noticia? Nunca. ¿Por qué? Porque vas cuando te duele la muela. Con la economía es lo mismo. Eso se lo digo cariñosamente a todos mis colegas.
F: ¿Y te llama la atención, Juan Carlos, el crecimiento de la valoración pública de la profesión de economista? La enorme cantidad de candidatos a puestos importantes que se promueven para el año próximo son economistas. Obviamente está el Presidente, que es economista; el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Kicillof, que es economista; pero se agregan como candidato a gobernador en la provincia de Buenos Aires el economista Prat-Gay, como candidatos a presidentes Carlos Melconian, Hernán Lacunza. ¿Te hace reflexionar cuando ves tantos economistas que consideran que son los saberes adecuados para conducir los más altos cargos de las responsabilidades públicas?
D: No demasiado. Déjame citar acá a Arnold Harberger, que es un gran economista, arriba de 100 años tiene, que se pasó la vida estudiando políticas económicas, interactuando. Cuando le preguntaron cuál es la principal característica que tiene que tener un ministro de Economía, dijo: el coraje.
F: ¿Y la inteligencia?
D: Y la inteligencia, sí. La brillantez, no. La brillantez, no. Porque genera congresos interesantes, que desde el punto de vista práctico son irrelevantes. ¿A dónde voy? Mirá, si vos agarrás la historia, no solamente nacional sino internacional, y decís: “Estos fueron grandes presidentes”, y vas para atrás en su historia presente, yo me hubiera imaginado que estas iban a ser grandes presidencias. El argumento de cuántos libros leyó, cuánto sabe, es difícil. Moraleja: no tengo ningún problema con que sean economistas. Todos somos ignorantes en otras áreas, pero lo importante es que vos, cuando llegás ahí, tenés que entender que sos presidente. Javier Milei es presidente, que sea economista de profesión, interactúe con Caputo, con quien sea, pero el tipo labura de presidente y, bueno, eso se aprende.
F: Es muy interesante. Vos decís que para ser buen ministro de Economía hace falta coraje más que brillantez. Eso, para ser presidente, se potencia todavía.
D: Totalmente. Pero totalmente. Mirá, Henry Kissinger dice: “El líder, a diferencia del profeta, está tres pasos adelante de la población que lidera”. Esos tres pasos están en la prácticamente total oscuridad. Bueno, a vos te pagan para que pongas la pelota sobre la mesa cada cinco minutos, lo digo en latín porque soy un tipo fino, ¿entendés? Y te vas a equivocar. Obviamente, acá la cuestión nunca es si te equivocás, sino a qué velocidad corregís. Tomá la 125. El día que se publicó, ¿te acordás? La 125. Alguno habrá dicho: “Bueno, sí, puede ser que no”. Bueno, viste cómo siguió: siguió, insistieron, renunció Lousteau, después la llevaron al Congreso y desempató Cobos. Tres meses después, uno podría haber dicho: “Flaco, sacá el pie”. Cuando renunció Lousteau, se lleva la 125 a su casa y hablamos de otra manera. Entonces, acá por eso es importante la historia. Yo les digo a los pibes: mamen la historia. Cuando aparece la famosa destrucción creativa de Schumpeter, aparece un proceso nuevo, un producto nuevo. La pregunta es: ¿qué van a hacer los perdedores? ¿Cuál es la velocidad de reacción, etcétera? Bueno, la historia para eso es un manual.
F: Juan Carlos, uno de los temas recurrentes es que se acerca una elección, un gobierno peronista siempre es competitivo y se genera un período de tránsito entre las elecciones hasta llegar al balotaje. Durante ese tiempo hay inestabilidad porque se supone que el peronismo en el poder va a ser riesgoso financieramente. Dado que un 30% de la población es recurrentemente peronista, ¿le asignás posibilidades a la modernización de la perspectiva económica del peronismo para que deje de generar ese fantasma en aquellos que no son peronistas? La solución definitiva de la economía argentina es que haya cierto acuerdo en políticas básicas, como por ejemplo el equilibrio fiscal, que sean asumidas también por el peronismo. ¿Creés que eso es posible?
D: Desdoblemos la cuestión en dos partes.
F: Dale.
D: La primera es la campaña electoral, donde mejor que el candidato de la oposición hable, entre comillas, maravillas del equilibrio fiscal. Hay que ver si le creés o no. Después va a decir “sí, pero…”, cosas por el estilo. Pero, junto con eso, Jorge, está el tema de la sustancia. Cada candidato presidencial tiene que agarrar gente de lo suyo en cada una de las áreas y decir: “Che, muchachos, si tenemos la mala suerte de ganar, ¿me pueden decir qué carajo hacemos desde el 10 de diciembre de 2027?”. Este es un desafío profesional que un candidato presidencial se lo tiene que decir a los economistas, a los médicos, a los expertos en relaciones internacionales, ¿entendés? Entonces digo: la campaña electoral puede ser una fantasía donde, de repente, queda bien hablar de equilibrio fiscal, sujeto a no sé cuántas cosas. Hay que ver cómo se gana la elección o no. Pero, junto con eso, viene la cuestión de la sustancia por parte del tipo que, como me gusta decir, tiene la mala suerte de ganar, y verá.
F: ¿Cuál es tu opinión de Kicillof como economista, Juan Carlos?
D: Estimado, tendría que leer alguno de los trabajos de él para analizarte. Me han dicho que tengo que leer la tesis y, la verdad, en función de alguna cosa que le escuché como economista, la verdad que no tengo ganas. Pero hasta ahí. Pero él es político, es un gobernador, va a estar hablando políticamente, etcétera. Nunca hablé con él, ¿no? Así que no te puedo decir más nada que eso.
F: La tesis, si no recuerdo mal, es todo un planteo sobre Keynes.
D: Exactamente.
F: ¿Y tu opinión de Keynes?
D: ¿De quién? ¿De Keynes?
F: De Keynes, sí. La tuya.
D: Me llamó el otro día, hablamos media hora. Ya mismo te digo lo siguiente: es un típico caso, como Raúl Prebisch, nuestro compatriota, de un hombre de acción que utilizó o creó el análisis económico para entender lo que el tipo tenía que hacer. Agarrar lo que él dijo en algún momento, independientemente de las circunstancias, y aplicarlo, es una pavada total. Pero lo podés decir de cualquiera. Escuchame, hoy yo les podría decir a los alumnos: lean el Ensayo sobre el principio de la población de Malthus como historia, como cultura. El problema que tenemos hoy es la caída de la tasa de natalidad, no hay explosión demográfica, ¿entendés? La Teoría General fue escrita en circunstancias dramáticas en la década del 30. Hay que releerla, hay que reescribirla con ojos de hoy.
F: Juan Carlos, es un lujo hablar con vos. Muchas, muchas gracias y muchas gracias también por tu tiempo.
D: Un fuerte abrazo, estimado. Hasta cualquier momento.
F: Un gran abrazo.
LMM
martes, 25 de agosto de 2026
lunes, 24 de agosto de 2026
Religión y felicidad
A partir de la aceptación de la ética bíblica, surge el interrogante acerca de si tal ética conduce a la felicidad o bien hacia la infelicidad. Si asociamos el "Amarás al prójimo como a ti mismo" a la actitud por la cual compartiremos las penas y las alegrías ajenas como propias, todo indica que resulta ser el camino a la felicidad; también a la vida eterna si es que tal vida existe. Sin embargo, resulta fácil advertir que son muchos los cristianos que asocian su religión con un camino de sacrificios y sufrimientos. En realidad, no depende de cada uno de nosotros decidir los efectos que seguirán luego de "amar al prójimo" como a uno mismo, ya que tales efectos vienen inscriptos en nuestra naturaleza humana.
Entre los motivos por los cuales se rechaza al cristianismo, encontramos la mencionada asociación de la ética bíblica al sacrificio y el dolor como camino al cielo. Puede decirse que tal postura delata el no cumplimiento de los mandamientos cristianos. De lo contrario, se habría advertido fácilmente que resultan eficaces para el logro de un elevado grado de felicidad. Si ayudar a alguien supone el "mérito" de haberse "sacrificado" haciendo el bien, ello indica que no existió el amor en grado suficiente, o que directamente no existió.
Es oportuno mencionar un escrito al respecto:
RELIGIÓN Y FELICIDAD
Por Juan Arias
Para poder entender la aparente paradoja del binomio felicidad-religión tenemos que olvidarnos por un momento de las Iglesias, donde suele predicarse el amor por el sacrificio y la necesidad del sufrimiento para hacerse partícipes del dolor de Cristo y volver a los orígenes de las religiones. En los albores de las religiones, nadie había osado afirmar lo que escribió el fundador del Opus Dei, Escrivá de Balaguer, el católico y hoy santo, canonizado por el difunto papa Wojtyla, amigo de la Obra: "Bendito sea el dolor; amado sea el dolor; santificado sea el dolor, glorificado sea el dolor" (Camino, 208).
No, los hombres que crearon las religiones no lo hicieron con fines masoquistas, para ser infelices, para amar el dolor. Lo hicieron, por el contrario, para que los hombres fueran más felices. El concepto de felicidad de entonces no debía de tener las sutilezas filosóficas y humanísticas de nuestra cultura moderna. Es evidente que no adoraban a sus dioses pidiéndoles, como Escrivá, más dolor y más sacrificio. Aquellos primeros seres humanos, pobladores de un planeta hostil, desconocedores aún de los misteriosos fenómenos del Cosmos, crearon sus dioses para que los defendieran de los peligros; para que los protegiesen de sus miedos; para que bendijeran sus cosechas; para que no perecieran sus hijos pequeños.
El concepto del dolor como parte de la religión nace sobre todo con el cristianismo plasmado por Pablo de Tarso, que elabora la primera teología de la Cruz, la primera teología de la redención, a través del rescate por medio de la crucifixión y muerte del profeta judío Jesús de Nazareth. El dolor y el sufrimiento comienzan a tener un lugar privilegiado entre los cristianos seguidores de Pablo hasta llegar a una especie de canonización del mismo. A partir de entonces, el cristianismo quedaría asociado al sufrimiento, más que a la felicidad.
¿Era esa también la teología de Jesús? Para empezar, Jesús no expuso a sus discípulos, ni a la Magdalena ni a Pedro y sus compañeros pescadores, ninguna teología; ni les pidió que fundaran Iglesia alguna. Jesús era un profeta viajero, sin casa propia, que iba por las aldeas de Galilea y por las ciudades de Judea y escandalizaba a todos, porque mientras su primo Juan Bautista pedía ayunos y penitencias, Jesús, al revés, los llevaba a bodas y banquetes; convertía el agua en vino y multiplicaba los panes, no les dejaba ayunar y hasta les permitía quebrantar el sábado, el día santo de los judíos, para que arrancaran espigas y comieran grano cuando tenían hambre.
Jesús no toleraba el dolor. «Curaba a todos», dicen los evangelistas. A la samaritana le ofrece un agua que quien la bebe «nunca volverá a tener sed». A Jesús no le gustaban las penitencias ni las privaciones. Solía decir que ya tendrían tiempo de sufrir. Como si dijera: la vida tiene ya bastante sufrimiento en sí misma para que vayamos a añadirle penitencias y ayunos de corte religioso.
A Jesús le gustaba repartir felicidad más que penas. Nunca pidió a nadie que se conformase con su suerte. Lo que pedía a la gente era que alzara los ojos y que, en medio de los dolores de la vida, más que a las tinieblas, mirara la luz.
(De "La felicidad invisible" de Juan Arias-Maeva Ediciones-Madrid 2007).
Entre los motivos por los cuales se rechaza al cristianismo, encontramos la mencionada asociación de la ética bíblica al sacrificio y el dolor como camino al cielo. Puede decirse que tal postura delata el no cumplimiento de los mandamientos cristianos. De lo contrario, se habría advertido fácilmente que resultan eficaces para el logro de un elevado grado de felicidad. Si ayudar a alguien supone el "mérito" de haberse "sacrificado" haciendo el bien, ello indica que no existió el amor en grado suficiente, o que directamente no existió.
Es oportuno mencionar un escrito al respecto:
RELIGIÓN Y FELICIDAD
Por Juan Arias
Para poder entender la aparente paradoja del binomio felicidad-religión tenemos que olvidarnos por un momento de las Iglesias, donde suele predicarse el amor por el sacrificio y la necesidad del sufrimiento para hacerse partícipes del dolor de Cristo y volver a los orígenes de las religiones. En los albores de las religiones, nadie había osado afirmar lo que escribió el fundador del Opus Dei, Escrivá de Balaguer, el católico y hoy santo, canonizado por el difunto papa Wojtyla, amigo de la Obra: "Bendito sea el dolor; amado sea el dolor; santificado sea el dolor, glorificado sea el dolor" (Camino, 208).
No, los hombres que crearon las religiones no lo hicieron con fines masoquistas, para ser infelices, para amar el dolor. Lo hicieron, por el contrario, para que los hombres fueran más felices. El concepto de felicidad de entonces no debía de tener las sutilezas filosóficas y humanísticas de nuestra cultura moderna. Es evidente que no adoraban a sus dioses pidiéndoles, como Escrivá, más dolor y más sacrificio. Aquellos primeros seres humanos, pobladores de un planeta hostil, desconocedores aún de los misteriosos fenómenos del Cosmos, crearon sus dioses para que los defendieran de los peligros; para que los protegiesen de sus miedos; para que bendijeran sus cosechas; para que no perecieran sus hijos pequeños.
El concepto del dolor como parte de la religión nace sobre todo con el cristianismo plasmado por Pablo de Tarso, que elabora la primera teología de la Cruz, la primera teología de la redención, a través del rescate por medio de la crucifixión y muerte del profeta judío Jesús de Nazareth. El dolor y el sufrimiento comienzan a tener un lugar privilegiado entre los cristianos seguidores de Pablo hasta llegar a una especie de canonización del mismo. A partir de entonces, el cristianismo quedaría asociado al sufrimiento, más que a la felicidad.
¿Era esa también la teología de Jesús? Para empezar, Jesús no expuso a sus discípulos, ni a la Magdalena ni a Pedro y sus compañeros pescadores, ninguna teología; ni les pidió que fundaran Iglesia alguna. Jesús era un profeta viajero, sin casa propia, que iba por las aldeas de Galilea y por las ciudades de Judea y escandalizaba a todos, porque mientras su primo Juan Bautista pedía ayunos y penitencias, Jesús, al revés, los llevaba a bodas y banquetes; convertía el agua en vino y multiplicaba los panes, no les dejaba ayunar y hasta les permitía quebrantar el sábado, el día santo de los judíos, para que arrancaran espigas y comieran grano cuando tenían hambre.
Jesús no toleraba el dolor. «Curaba a todos», dicen los evangelistas. A la samaritana le ofrece un agua que quien la bebe «nunca volverá a tener sed». A Jesús no le gustaban las penitencias ni las privaciones. Solía decir que ya tendrían tiempo de sufrir. Como si dijera: la vida tiene ya bastante sufrimiento en sí misma para que vayamos a añadirle penitencias y ayunos de corte religioso.
A Jesús le gustaba repartir felicidad más que penas. Nunca pidió a nadie que se conformase con su suerte. Lo que pedía a la gente era que alzara los ojos y que, en medio de los dolores de la vida, más que a las tinieblas, mirara la luz.
(De "La felicidad invisible" de Juan Arias-Maeva Ediciones-Madrid 2007).
domingo, 23 de agosto de 2026
Feminismo extremo
Mientras que el pensamiento libre, o natural, implica basarse en el conocimiento de leyes naturales, determinando las causas que conducen a ciertos efectos, existe una especie de "lavado de cerebro colectivo" mediante el cual se adopta un "principio artificial" para describir los distintos fenómenos sociales orientando las decisiones al respecto. El principal "principio artificial" vendría a ser la "ley de Marx generalizada", la cual supone que en todo fenómeno social puede distinguirse entre opresores y oprimidos, incluso en aquellas situaciones en donde resulta absurda tal asignación. El hombre cooptado por tal ideología tiende, casi como una obsesión, a buscar parejas de opresores-oprimidos ante la fe profunda en la validez de tal principio.
Bajo el denominado "feminismo" actual, necesariamente se ha de encontrar en la estructura familiar un opresor y un oprimido, resultando el hombre el opresor y la mujer la oprimida. Recientemente, en los EEUU, una mujer asesina a sus tres hijos pequeños, lo que puede resultar un caso de locura individual como a veces sucede. Sin embargo, grupos "feministas" han apoyado y justificado tal acción considerando que la mujer se sentía sometida al arduo trabajo de cuidar a sus hijos adoptando tal "decisión liberadora". El numeroso grupo "feminista", que juntó 1 millón de dólares para pagar abogados que la liberen, aducen que "El sistema le falló" mientras la asesina "Suplicaba por ayuda". Agustín Laje comentó que se la "exime de responsabilidad por sus actos, ya que el patriarcado la presionó" (De YouTube: "Mató a sus tres hijos y las feministas la aplauden").
Mientras las "feministas" aceptan el aborto sin ningún cargo de conciencia, han dado un paso adelante por cuanto ahora parecen aceptar el asesinato de niños pequeños mostrando una peligrosa continuidad. Basta que se "ponga de moda" tan aberrante situación, para que miles o millones de "feministas" en todo el mundo, ideologizadas suficientemente, adopten o promuevan el asesinato de niños pequeños en cuanto afecten la "tranquilidad y la libertad" de sus respectivas madres.
En cuanto al vínculo entre marxismo y "feminismo", Agusín Laje escribió: "¿Qué nos dice Engels en una palabra? Pues que es la aparición de la propiedad privada la que derroca el «paraíso comunista matriarcal» y nos trae el régimen de dominación masculina. La propiedad privada, causal de la explotación de las clases, es causal también de la explotación de los sexos. «El derrocamieno del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción», escribía Engels".
"Es llamativo el parangón lingüístico que se hace con el conflicto de clases. Parece, en efecto, que se estuviera hablando exactamente de lo mismo, y de hecho tendrían, según la teoría marxista, el mismo origen en la existencia de la propiedad privada. ¿Y si coinciden en el origen, no deberían coincidir por añadidura en las formas de provocar su final? Si algo faltara para terminar de sellar el mentado parangón, Engels imprime una oración determinante: «El hombre es en la familia el burgués; la mujer representa en ella al proletariado»".
"La operación hegemónica no puede ser más clara: lucha de sexos y lucha de clases tienen origen en lo mismo y deben en consecuencia unirse para acabar con el sistema que reproduce la dominación de las partes subalternas claramente identificadas: mujeres y obreros" (De "El libro negro de la nueva izquierda" de Nicolás Márquez y Agustín Laje-Grupo Unión-Buenos Aires 2016).
Bajo el denominado "feminismo" actual, necesariamente se ha de encontrar en la estructura familiar un opresor y un oprimido, resultando el hombre el opresor y la mujer la oprimida. Recientemente, en los EEUU, una mujer asesina a sus tres hijos pequeños, lo que puede resultar un caso de locura individual como a veces sucede. Sin embargo, grupos "feministas" han apoyado y justificado tal acción considerando que la mujer se sentía sometida al arduo trabajo de cuidar a sus hijos adoptando tal "decisión liberadora". El numeroso grupo "feminista", que juntó 1 millón de dólares para pagar abogados que la liberen, aducen que "El sistema le falló" mientras la asesina "Suplicaba por ayuda". Agustín Laje comentó que se la "exime de responsabilidad por sus actos, ya que el patriarcado la presionó" (De YouTube: "Mató a sus tres hijos y las feministas la aplauden").
Mientras las "feministas" aceptan el aborto sin ningún cargo de conciencia, han dado un paso adelante por cuanto ahora parecen aceptar el asesinato de niños pequeños mostrando una peligrosa continuidad. Basta que se "ponga de moda" tan aberrante situación, para que miles o millones de "feministas" en todo el mundo, ideologizadas suficientemente, adopten o promuevan el asesinato de niños pequeños en cuanto afecten la "tranquilidad y la libertad" de sus respectivas madres.
En cuanto al vínculo entre marxismo y "feminismo", Agusín Laje escribió: "¿Qué nos dice Engels en una palabra? Pues que es la aparición de la propiedad privada la que derroca el «paraíso comunista matriarcal» y nos trae el régimen de dominación masculina. La propiedad privada, causal de la explotación de las clases, es causal también de la explotación de los sexos. «El derrocamieno del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción», escribía Engels".
"Es llamativo el parangón lingüístico que se hace con el conflicto de clases. Parece, en efecto, que se estuviera hablando exactamente de lo mismo, y de hecho tendrían, según la teoría marxista, el mismo origen en la existencia de la propiedad privada. ¿Y si coinciden en el origen, no deberían coincidir por añadidura en las formas de provocar su final? Si algo faltara para terminar de sellar el mentado parangón, Engels imprime una oración determinante: «El hombre es en la familia el burgués; la mujer representa en ella al proletariado»".
"La operación hegemónica no puede ser más clara: lucha de sexos y lucha de clases tienen origen en lo mismo y deben en consecuencia unirse para acabar con el sistema que reproduce la dominación de las partes subalternas claramente identificadas: mujeres y obreros" (De "El libro negro de la nueva izquierda" de Nicolás Márquez y Agustín Laje-Grupo Unión-Buenos Aires 2016).
sábado, 22 de agosto de 2026
Solomon Asch: Experiencia psicológica y principio de la masificación
El proceso de masificación de las personas no sólo afecta a las poco instruidas sino también a aquellas con nivel educativo universitario, siendo el hombre masa quien adopta como referencia cognitiva, no a la propia realidad, sino a lo que dice o piensa la mayoría. De ahí que tal actitud produce efectos negativos en individuos y sociedades.
En la década de los 50, Solomon Asch establece un experimento de Psicología Social en el cual, en un aula, junta a diez individuos que habrán de comparar la longitud de tres líneas distintas (A, B y C) con otra tomada como referencia. De las diez personas, nueve son actores que, en forma premeditada, opinan erróneamente respecto de algo bastante evidente, mientras encuentra que el décimo participante, inadvertido de la situación, muchas veces comparte la opinión errónea de "la mayoría". Así, el 75% de los "invitados" compartió el error al menos una vez. Como conclusión, cerca del 37% de las respuestas se unieron al error del grupo.
Los participantes admitieron posteriormente que sabían que el grupo estaba equivocado, pero optaron por sumarse al error para no ser "distintos". Al respecto se concluye:
"El cerebro prefiere mentirse antes que soportar el destierro social".
"Cede su criterio para diluirse en la masa y evita la angustia del aislamiento moral"
(De YouTube: "Como hemos llegado a que la gente dude de sus propios ojos" de PsicoStick).
Si en la vida real el proceso de masificación tuviera porcentajes similares al del experimento de Asch, no debería extrañarnos de que grandes porcentajes de la población apoyen electoralmente a políticos totalitarios o que en algunas elecciones Hitler lograra más del 90% de los votos emitidos.
Así como en muchas personas predomina cierta negligencia para el trabajo, existe una negligencia similar respecto del pensamiento y de todo proceso cognitivo, resultando más fácil sumarse a lo que dice o piensa la mayoría, con la supuesta "ventaja" de no sentirse marginado de alguna forma de la sociedad, si bien ha de ser la mayoría la que ha de quedar marginada de la realidad. De ahí la expresión escuchada últimamente de que la sociedad adopta opiniones generalizadas casi demenciales.
Los sectores masificados, por lo general, buscan un líder que piense por ellos. Leemos al respecto: "Una serie de experimentos realizados en la década de 1970 ayudaron a Henri Tajfel a reconocer que la gente muestra una lealtad considerable a grupos arbitrarios por razones en apariencia sin importancia (el mismo color de pelo, el lugar de nacimiento o incluso al hecho de pertenecer al mismo grupo por decisión de uno de los responsables del experimento). Es lo que se conoce como «identidad social». Esos grupos necesitan líderes. En la década de 1990, el psicólogo norteamericano Michael Hogg descubrió que los miembros del grupo no eligen al «mejor y más brillante», sino a un individuo medio con el que la mayoría de los miembros del grupo puedan identificarse".
"Cuando están en el poder, los líderes se convierten necesariamente en alguien distinto a sus compañeros y van cada vez más lejos para demostrar que son como su grupo. Esa podría ser la razón por las que los eslóganes nacionalistas (e incluso el racismo sin tapujos) suelen ser estrategias políticas eficaces. Al definir a su grupo en términos exclusivos, los líderes refuerzan su identidad social y su poder" (De "50 Teorías psicológicas fascinanttes y sugerentes"-Varios Autores-Art Blume SL-Barcelona 2011).
En la década de los 50, Solomon Asch establece un experimento de Psicología Social en el cual, en un aula, junta a diez individuos que habrán de comparar la longitud de tres líneas distintas (A, B y C) con otra tomada como referencia. De las diez personas, nueve son actores que, en forma premeditada, opinan erróneamente respecto de algo bastante evidente, mientras encuentra que el décimo participante, inadvertido de la situación, muchas veces comparte la opinión errónea de "la mayoría". Así, el 75% de los "invitados" compartió el error al menos una vez. Como conclusión, cerca del 37% de las respuestas se unieron al error del grupo.
Los participantes admitieron posteriormente que sabían que el grupo estaba equivocado, pero optaron por sumarse al error para no ser "distintos". Al respecto se concluye:
"El cerebro prefiere mentirse antes que soportar el destierro social".
"Cede su criterio para diluirse en la masa y evita la angustia del aislamiento moral"
(De YouTube: "Como hemos llegado a que la gente dude de sus propios ojos" de PsicoStick).
Si en la vida real el proceso de masificación tuviera porcentajes similares al del experimento de Asch, no debería extrañarnos de que grandes porcentajes de la población apoyen electoralmente a políticos totalitarios o que en algunas elecciones Hitler lograra más del 90% de los votos emitidos.
Así como en muchas personas predomina cierta negligencia para el trabajo, existe una negligencia similar respecto del pensamiento y de todo proceso cognitivo, resultando más fácil sumarse a lo que dice o piensa la mayoría, con la supuesta "ventaja" de no sentirse marginado de alguna forma de la sociedad, si bien ha de ser la mayoría la que ha de quedar marginada de la realidad. De ahí la expresión escuchada últimamente de que la sociedad adopta opiniones generalizadas casi demenciales.
Los sectores masificados, por lo general, buscan un líder que piense por ellos. Leemos al respecto: "Una serie de experimentos realizados en la década de 1970 ayudaron a Henri Tajfel a reconocer que la gente muestra una lealtad considerable a grupos arbitrarios por razones en apariencia sin importancia (el mismo color de pelo, el lugar de nacimiento o incluso al hecho de pertenecer al mismo grupo por decisión de uno de los responsables del experimento). Es lo que se conoce como «identidad social». Esos grupos necesitan líderes. En la década de 1990, el psicólogo norteamericano Michael Hogg descubrió que los miembros del grupo no eligen al «mejor y más brillante», sino a un individuo medio con el que la mayoría de los miembros del grupo puedan identificarse".
"Cuando están en el poder, los líderes se convierten necesariamente en alguien distinto a sus compañeros y van cada vez más lejos para demostrar que son como su grupo. Esa podría ser la razón por las que los eslóganes nacionalistas (e incluso el racismo sin tapujos) suelen ser estrategias políticas eficaces. Al definir a su grupo en términos exclusivos, los líderes refuerzan su identidad social y su poder" (De "50 Teorías psicológicas fascinanttes y sugerentes"-Varios Autores-Art Blume SL-Barcelona 2011).
jueves, 20 de agosto de 2026
Inteligencia artificial y desocupación tecnológica
La irrupción de la Inteligencia Artificial en el campo laboral, junto con otras innovaciones tecnológicas, tiende a producir, en primera instancia, el reemplazo laboral de quienes no se adaptan a tales innovaciones. Para prever situaciones como la mencionada, es importante haber adquirido previamente, mediante el estudio secundario o universitario, cierto hábito mental que permite aprender rápidamente la manera de adaptarnos a las nuevas tecnologías.
Las distintas formas de vida requieren que todo ser viviente se encamine a lograr mayores niveles de adaptación, es decir, que busquen ser aptos para la vida en un cambiante medio circundante. Con el nombre de “segunda naturaleza” se designa al proceso por el cual el hombre establece innovaciones culturales y tecnológicas que requieren de cada uno de nosotros un posterior esfuerzo de adaptación. E. Donato y Prunera escribió: “Se ha dicho con razón que el hombre, biológicamente considerado, es un callejón sin salida, pero que la inteligencia le abre la salida del callejón en que le colocó la mezquindad de los medios orgánicos o físicos con que la naturaleza le ha dotado. Quiere decirse que el hombre «natural», que a la desnudez de su carne añade la desnudez que supone en él la falta de pelaje abundante y protector, si no fuera por la inteligencia sería uno de los animales más desamparados del orbe. El último gusano, la amiba más insignificante estaría más perfectamente adaptada a «su» medio que el ser humano, pese a su mayor corpulencia y vigor”.
“Pero la misma naturaleza que dio al hombre una carne harto frágil y accesible a todas las hostilidades imaginables de su medio, le dotó también de algo que le separa radicalmente del resto de los organismos vivientes. El hombre hace algo que no hace ningún ser vivo: piensa y razona. Y es esta facultad del pensar la que le fragua el camino de la liberación de la miseria física en que estaría si sólo dispusiera de lo que orgánicamente está en él a la vista. Si el hombre fuera «animal» sin más, sólo podría vivir –como les ocurre a otros animales- en zonas limitadísimas del planeta. Y aun allí, acosado por mil peligros y armado sólo con lo que físicamente posee en cuanto a organismo, estaría menos adaptado al reducido ambiente material de lo que lo está, por ejemplo, el mono, más capaz que él de huir de efectivos ataques de otros animales más fuertes” (Del Prólogo de “La segunda creación del mundo” de Joachim G. Leithäuser-Ediciones Destino-Barcelona 1958).
Puede hacerse una síntesis de los distintos procesos adaptativos:
1- Adaptación biológica al orden natural (Evolución biológica)
2- Adaptación cultural al orden natural (Evolución cultural)
3- Adaptación cultural a la innovación tecnológica (Segunda naturaleza)
Mientras que la biología describe el proceso de adaptación biológica, la antropología y las restantes ciencias sociales describen el proceso de adaptación cultural, quedando principalmente para la historia de la ciencia y de la tecnología la descripción del proceso por el cual aparecen las distintas innovaciones que favorecen y permiten nuestra supervivencia.
Un problema típico surgido de tal innovación es justamente el de la desocupación tecnológica, que ocurre principalmente en sociedades con mercados poco desarrollados. Al surgir una innovación que reduce costos, pero también mano de obra, perjudica en el corto plazo al trabajador reemplazado por una máquina, e incluso en el largo plazo si se trata de sociedades como las mencionadas. Al respecto resulta conveniente citar algún ejemplo, como el de la industria textil inglesa del siglo XVIII. Joachim G. Leithäuser escribió: “John Kay inventó en 1733 el «tiro rápido»….El resultado fue que un tejedor podía fabricar un tejido doble de ancho; que los tejedores, temiendo el paro forzoso, destruyeran los primeros ejemplares de tales aparatos y que, a pesar de todo, después de algunas mejoras técnicas el nuevo invento se extendiera irrefrenablemente a partir de 1760, requiriéndose de las hilaturas mayor cantidad de material para la fabricación. Desde ese momento empezó una carrera de mecanización entre la industria del hilado y la textil: unas veces las rápidas máquinas de tejer exigían más hilo, otras las hilaturas rápidas producían tanto que se hacía necesario acelerar el proceso textil. Pero los obreros, al principio, trataron con toda energía de hacer fracasar la mecanización”.
Las cosas cambian cuando se establecen mercados desarrollados capaces de reabsorber a los trabajadores que perdieron momentáneamente su trabajo, mientras que la reducción de los costos permite al empresario disponer de excedentes para la inversión que permitirá luego generar puestos de trabajo adicionales.
La suerte de los inventores e innovadores no siempre fue la esperada por cuanto, a las protestas por parte de los trabajadores desplazados, se sumaba la competencia feroz de quienes utilizaban sus creaciones a veces sin reconocer derechos de invención, especialmente cuando no eran solicitadas a tiempo las respectivas patentes. Este fue el caso de James Hargreaves, el inventor de la máquina de hilar denominada Jenny. Leonard M. Fanning escribió: “El invento de Hargreaves había surgido por accidente. Un día su hija Jenny, en una travesura infantil, derribó su torno de hilar. Éste cayó de tal forma que el huso, normalmente horizontal, quedó vertical. Continuó girando, y el pobre hilandero pensó: -¿Por qué no instalar una serie de husos verticales, conectados mecánicamente, de manera de poder hilar varios hilos al mismo tiempo?”.
“Con ocho usos verticales, fue el primer mecanismo que hiló más de una hebra en forma simultánea. En un momento aumentó ocho veces su producción. Pero le fue imposible ocultar su secreto. Su gran producción despertó las sospechas y la furia de los hilanderos. Atacaron su casa y destruyeron su nuevo invento. Después de eso Hargreaves abandonó Standhill para radicarse en Nottingham”.
“Imitando los husos verticales de Hargreaves, Richard Arkwright desarrolló el torno de hilar hasta obtener una máquina que no solamente producía de modo múltiple como la «Jenny» de Hargreaves, sino que también fabricaba un hilado superior, fuerte y resistente”. “El 3 de julio de 1769 Arkwright recibió su primera patente y, él también, se trasladó a Nottingham, centro de calcetería”.
“Un año después Hargreaves se presentó a patentar su máquina. Sus máquinas de hilar lograron gran popularidad y superaron en número a las de Arkwright durante casi un cuarto de siglo…Pero su creador no vivió lo suficiente para presenciar el triunfo de su invento, o para disfrutar de las ganancias. Murió en una modesta granja en 1778” (De “Padres de la industria”-Plaza & Janés SA-Buenos Aires 1965).
De casos como este se infiere que no sólo el trabajador común debe adaptarse a la innovación tecnológica a partir de una previa adquisición de conocimientos laborales que lo protejan de la desocupación, sino que también el inventor debe adaptarse a la sociedad en que vive solicitando a tiempo las patentes respectivas y anticipándose a lo que pueda hacer la competencia, especialmente cuando disponga de armas no del todo legales.
Uno de los objetivos perseguidos por la educación técnica actual es la de formar profesionales con una rápida velocidad de adaptación ante las innovaciones, ya que éstas, a su vez, responden a una imperante necesidad de supervivencia empresarial en todo mercado desarrollado y competitivo. En tal aptitud radica principalmente el éxito de la adaptación laboral a la segunda naturaleza. Joseph A. Schumpeter escribió: “La historia del proceso de producción de la industria del hierro y acero, desde el horno de carbón vegetal hasta el tipo actual de alto horno, y la historia del proceso de producción de energía, desde la rueda hidráulica hasta la turbina, y la historia del transporte, desde la silla de postas hasta el aeroplano. La apertura de nuevos mercados, extranjeros o nacionales, y el desarrollo y la organización de la producción, desde el taller de artesanía y la manufactura……ilustran el mismo proceso de mutación industrial –si se me permite usar esta expresión biológica- que revoluciona incesantemente la estructura económica desde dentro, destruyendo ininterrumpidamente lo antiguo y creando continuamente elementos nuevos. Este proceso de destrucción creativa constituye el dato de hecho esencial del capitalismo. En ella consiste en definitiva el capitalismo y toda empresa capitalista tiene que amoldarse a ella para vivir” (De “Capitalismo, socialismo y democracia” (I)-Ediciones Folio-Barcelona 1996).
La analogía que hace Schumpeter entre economía y biología, al hablar de “mutación industrial”, no es casual, ya que el propio Charles Darwin elabora su teoría de la evolución por selección natural contemplando los procesos del mercado. Edmund Conway escribió: “En 1838, Darwin, inspirado por los escritos de Thomas Malthus, imaginó un mundo en el que los ejemplares más aptos sobrevivían y podían evolucionar en especies nuevas, más sofisticadas y mejores. «Tenía por fin», escribió, «una teoría por la cual trabajar». Y cuando se las observa con atención, las fuerzas que dan forma al mundo natural y a la economía del libre mercado se revelan asombrosamente similares” (De “50 cosas que hay que saber sobre Economía”-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 2011).
Los avances vertiginosos de la tecnología informática es una consecuencia directa del capitalismo por cuanto, al existir una tenaz competencia entre las empresas, éstas se ven obligadas a investigar y a innovar constantemente para no verse relegadas en el mercado. Resulta ser una lucha por la “supervivencia del más apto”, ya que las mejores sobreviven y las otras desaparecen, o se ven obligadas a reestructurarse. Ello explica el comportamiento de los empresarios que tratan de reducir costos y mejorar la calidad de sus productos. Sin embargo, no son ellos los que dictaminan el éxito o el fracaso de las empresas, ya que son los consumidores quienes dan la espalda a quienes no satisfacen sus demandas, o las satisfacen en menor medida que otras.
Algunos economistas afirman que las crisis económicas sirven para castigar a las empresas ineficientes y que ello resulta finalmente favorable a la economía. Sin embargo, las crisis también producen efectos devastadores a nivel social, por lo que resulta mejor esperar una evolución económica gradual y continua que una asociada a las crisis. Es un caso similar a la evolución de las especies promovida por cataclismos (como la desaparición de los dinosaurios) o bien por la lenta y continua selección derivada de la herencia genética, que se va instalando sin cambios abruptos. Edmund Conway escribió: “El escepticismo acerca de la propuesta [de la destrucción creativa] se ha visto reforzado recientemente debido a los estudios que demuestran que las empresas tienden a reestructurarse y modernizarse más durante un periodo de auge que en tiempos de crisis” (De “50 cosas que hay que saber sobre Economía”-Ariel-Buenos Aires 2011).
La innovación tecnológica trae como consecuencia inmediata la desocupación tecnológica. Sin embargo, es un problema circunstancial y de corto plazo por cuanto, al reducirse los costos (lo que justifica la innovación) el consumidor tendrá dinero disponible para gastarlo en otras necesidades, por lo aparecerán nuevas ofertas de trabajo. Martín Krause escribió: “La nueva inversión desplazaba puestos de trabajo, pero ahora, como resultado de ella, se genera una nueva inversión que crea nuevos puestos de trabajo y absorbe a los trabajadores desplazados”. “En los países que no restringen ese movimiento laboral, el paso de un empleo a otro no demanda mayor tiempo y el desempleo es bajo. Se genera un circuito por el cual se invierte, aumenta la productividad de los trabajadores, crecen las ganancias, bajan los precios de los productos, aumenta el poder adquisitivo y la creación de fuentes de empleo” (De “La Economía explicada a mis hijos”-Aguilar SA de Ediciones-Buenos Aires 2003).
Como ejemplo de innovación tecnológica puede mencionarse el caso de Boeing, empresa pionera en la utilización comercial de aviones a reacción, antes usados sólo para fines militares, cuando arriesgó gran parte de su capital en la realización del 707 cuya inversión inicial fue de “casi el triple de las utilidades medias anuales de los cinco últimos años –aproximadamente la cuarta parte del valor neto de la compañía”. Al tener éxito, “lleva al mundo comercial a la era del jet”. James C. Collins y Jerry I. Porras agregan: “Este modo de actuar no terminó en los años 50 con el 707”. “En 1965, Boeing tomó una de las decisiones más audaces en la historia de los negocios: la de seguir adelante con el jumbo-jet 747, decisión que por poco acaba con la compañía” (De “Empresas que perduran”-Grupo Editorial Norma-Bogotá 2005).
En las economías socialistas, por el contrario, se trata de aumentar las fuentes de trabajo a cualquier costo y a mantener incluso las deficitarias, por lo cual resultan ser economías ineficientes. En lugar de estar al servicio del consumidor, es el pueblo el que debe soportar la pesada carga del déficit conjunto de las empresas obsoletas. Recordemos que en el socialismo el vínculo de unión social propuesto no son los afectos, sino los medios de producción, que tienen un significado tan importante como las vacas sagradas para los hindúes, por lo que los resultados económicos pasan a un segundo plano. Vladimir Bukovski escribió respecto de la etapa soviética: “Se permite a los campesinos tener una vaca sin pagar impuestos por ello. Pero, lamentablemente, se les prohíbe producir el forraje. Una equivocación que el Partido corrigió tiempo después: se pudo disponer del forraje, pero no de la vaca, ya que ésta, obsérvese bien, se consideraba como un «medio de producción» y, en el socialismo, los medios de producción no podrían pertenecer a los particulares. Desde entonces ya nadie quiso tener una vaca”.
“La economía de «mando» descansa sobre la obediencia. Una rígida planificación, una burocracia enorme, el poder discrecional del movimiento en materia de promoción o expulsión, crean la ilusión de un control absoluto. En forma paralela, se pierde todo interés en el trabajo, declinan la calificación y la productividad y el mercado negro florece. En la práctica, el gobierno ignora qué es lo que realmente se produce y cómo reglamentar la producción” (De “URSS: de la utopía al desastre”-Editorial Atlántida SA-Buenos Aires 1991).
Todas las actividades humanas deben tener como finalidad mejorar nuestro nivel de adaptación al orden natural, lo que involucra tanto a la religión, como a la ciencia y la tecnología. De ahí que la economía de la innovación, el riesgo, la incertidumbre, la competencia y el progreso se encuentre en este camino, mientras que la economía de la planificación centralizada, la seguridad, la certidumbre, la obediencia y el estancamiento se encuentra alejada de la tendencia adaptativa mencionada. Martín Krause escribió: “La competencia es la emulación entre distintas personas para sobrepasarse unas a otras. No es una pelea ni un combate, y por tal razón el uso de terminología militar para describir lo que sucede en el mercado es claramente inapropiado”.
Los distintos actores de la economía se mueven en ella entre dos sentimientos extremos de miedo y euforia. El primero está ligado a la búsqueda de la seguridad, mientras el segundo es el que admite al riesgo. Edmund Conway escribió: “Las economías son, por su misma naturaleza, propensas a los ciclos de auge y crisis: los mercados oscilan de la confianza al pesimismo y los consumidores de la codicia al miedo”.
¿Qué sucede en una sociedad en donde no hay gente optimista que quiera correr riesgos en forma similar al caso de Boeing? Sin gente emprendedora (empresarios) no puede haber desarrollo económico. Y si los hay, no debe haber políticos socialistas que les impidan desarrollar sus potencialidades.
Es conveniente distinguir entre el empresario que pone en riesgo su propio patrimonio a aquellos que, especialmente en el mercado financiero, arriesgan temeraria e ilegalmente los patrimonios ajenos que les son dados para administrar, provocando serios trastornos que afectan las economías nacionales e incluso de todo el planeta. Entre las principales causas de las crisis financieras aparece la codicia desmedida, asociada a la especulación, de quienes buscan optimizar sus ganancias sin apenas importarle los efectos negativos que sus decisiones podrán producir. Tal comportamiento se ve favorecido por una valoración social exagerada tanto de los bienes materiales como del poder económico. Puede decirse que es la propia sociedad la que crea un pedestal imaginario que ha de ser ocupado por los especuladores exitosos y que son confundidos por la sociedad con quienes obtuvieron éxito empresarial a través de la producción de bienes y servicios útiles a la sociedad.
Los mercados financieros funcionan en base a la confianza, o no, de los inversores. De ahí que se trata de esconder parte de la realidad para evitar caídas de las cotizaciones accionarias. Frank Partnoy escribió: “La cobertura de los medios de lo que ocurre en el mercado de acciones sigue siendo tan intensa como siempre; no obstante, los inversores son incapaces de filtrar información que reciben, o de encontrar a alguien que diga la verdad sobre una empresa en particular”. “A los inversores les llevó gran parte del 2002 abandonar la costumbre de comprar acciones por un capricho, mito o rumor. El «crac» del mercado de acciones el año anterior se produjo en cámara lenta, una compañía por vez, hasta que los inversores supieron que les resultaba prácticamente imposible comprender a muchas firmas cuyas acciones habían adquirido” (De “Codicia contagiosa”-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2003).
Las distintas formas de vida requieren que todo ser viviente se encamine a lograr mayores niveles de adaptación, es decir, que busquen ser aptos para la vida en un cambiante medio circundante. Con el nombre de “segunda naturaleza” se designa al proceso por el cual el hombre establece innovaciones culturales y tecnológicas que requieren de cada uno de nosotros un posterior esfuerzo de adaptación. E. Donato y Prunera escribió: “Se ha dicho con razón que el hombre, biológicamente considerado, es un callejón sin salida, pero que la inteligencia le abre la salida del callejón en que le colocó la mezquindad de los medios orgánicos o físicos con que la naturaleza le ha dotado. Quiere decirse que el hombre «natural», que a la desnudez de su carne añade la desnudez que supone en él la falta de pelaje abundante y protector, si no fuera por la inteligencia sería uno de los animales más desamparados del orbe. El último gusano, la amiba más insignificante estaría más perfectamente adaptada a «su» medio que el ser humano, pese a su mayor corpulencia y vigor”.
“Pero la misma naturaleza que dio al hombre una carne harto frágil y accesible a todas las hostilidades imaginables de su medio, le dotó también de algo que le separa radicalmente del resto de los organismos vivientes. El hombre hace algo que no hace ningún ser vivo: piensa y razona. Y es esta facultad del pensar la que le fragua el camino de la liberación de la miseria física en que estaría si sólo dispusiera de lo que orgánicamente está en él a la vista. Si el hombre fuera «animal» sin más, sólo podría vivir –como les ocurre a otros animales- en zonas limitadísimas del planeta. Y aun allí, acosado por mil peligros y armado sólo con lo que físicamente posee en cuanto a organismo, estaría menos adaptado al reducido ambiente material de lo que lo está, por ejemplo, el mono, más capaz que él de huir de efectivos ataques de otros animales más fuertes” (Del Prólogo de “La segunda creación del mundo” de Joachim G. Leithäuser-Ediciones Destino-Barcelona 1958).
Puede hacerse una síntesis de los distintos procesos adaptativos:
1- Adaptación biológica al orden natural (Evolución biológica)
2- Adaptación cultural al orden natural (Evolución cultural)
3- Adaptación cultural a la innovación tecnológica (Segunda naturaleza)
Mientras que la biología describe el proceso de adaptación biológica, la antropología y las restantes ciencias sociales describen el proceso de adaptación cultural, quedando principalmente para la historia de la ciencia y de la tecnología la descripción del proceso por el cual aparecen las distintas innovaciones que favorecen y permiten nuestra supervivencia.
Un problema típico surgido de tal innovación es justamente el de la desocupación tecnológica, que ocurre principalmente en sociedades con mercados poco desarrollados. Al surgir una innovación que reduce costos, pero también mano de obra, perjudica en el corto plazo al trabajador reemplazado por una máquina, e incluso en el largo plazo si se trata de sociedades como las mencionadas. Al respecto resulta conveniente citar algún ejemplo, como el de la industria textil inglesa del siglo XVIII. Joachim G. Leithäuser escribió: “John Kay inventó en 1733 el «tiro rápido»….El resultado fue que un tejedor podía fabricar un tejido doble de ancho; que los tejedores, temiendo el paro forzoso, destruyeran los primeros ejemplares de tales aparatos y que, a pesar de todo, después de algunas mejoras técnicas el nuevo invento se extendiera irrefrenablemente a partir de 1760, requiriéndose de las hilaturas mayor cantidad de material para la fabricación. Desde ese momento empezó una carrera de mecanización entre la industria del hilado y la textil: unas veces las rápidas máquinas de tejer exigían más hilo, otras las hilaturas rápidas producían tanto que se hacía necesario acelerar el proceso textil. Pero los obreros, al principio, trataron con toda energía de hacer fracasar la mecanización”.
Las cosas cambian cuando se establecen mercados desarrollados capaces de reabsorber a los trabajadores que perdieron momentáneamente su trabajo, mientras que la reducción de los costos permite al empresario disponer de excedentes para la inversión que permitirá luego generar puestos de trabajo adicionales.
La suerte de los inventores e innovadores no siempre fue la esperada por cuanto, a las protestas por parte de los trabajadores desplazados, se sumaba la competencia feroz de quienes utilizaban sus creaciones a veces sin reconocer derechos de invención, especialmente cuando no eran solicitadas a tiempo las respectivas patentes. Este fue el caso de James Hargreaves, el inventor de la máquina de hilar denominada Jenny. Leonard M. Fanning escribió: “El invento de Hargreaves había surgido por accidente. Un día su hija Jenny, en una travesura infantil, derribó su torno de hilar. Éste cayó de tal forma que el huso, normalmente horizontal, quedó vertical. Continuó girando, y el pobre hilandero pensó: -¿Por qué no instalar una serie de husos verticales, conectados mecánicamente, de manera de poder hilar varios hilos al mismo tiempo?”.
“Con ocho usos verticales, fue el primer mecanismo que hiló más de una hebra en forma simultánea. En un momento aumentó ocho veces su producción. Pero le fue imposible ocultar su secreto. Su gran producción despertó las sospechas y la furia de los hilanderos. Atacaron su casa y destruyeron su nuevo invento. Después de eso Hargreaves abandonó Standhill para radicarse en Nottingham”.
“Imitando los husos verticales de Hargreaves, Richard Arkwright desarrolló el torno de hilar hasta obtener una máquina que no solamente producía de modo múltiple como la «Jenny» de Hargreaves, sino que también fabricaba un hilado superior, fuerte y resistente”. “El 3 de julio de 1769 Arkwright recibió su primera patente y, él también, se trasladó a Nottingham, centro de calcetería”.
“Un año después Hargreaves se presentó a patentar su máquina. Sus máquinas de hilar lograron gran popularidad y superaron en número a las de Arkwright durante casi un cuarto de siglo…Pero su creador no vivió lo suficiente para presenciar el triunfo de su invento, o para disfrutar de las ganancias. Murió en una modesta granja en 1778” (De “Padres de la industria”-Plaza & Janés SA-Buenos Aires 1965).
De casos como este se infiere que no sólo el trabajador común debe adaptarse a la innovación tecnológica a partir de una previa adquisición de conocimientos laborales que lo protejan de la desocupación, sino que también el inventor debe adaptarse a la sociedad en que vive solicitando a tiempo las patentes respectivas y anticipándose a lo que pueda hacer la competencia, especialmente cuando disponga de armas no del todo legales.
Uno de los objetivos perseguidos por la educación técnica actual es la de formar profesionales con una rápida velocidad de adaptación ante las innovaciones, ya que éstas, a su vez, responden a una imperante necesidad de supervivencia empresarial en todo mercado desarrollado y competitivo. En tal aptitud radica principalmente el éxito de la adaptación laboral a la segunda naturaleza. Joseph A. Schumpeter escribió: “La historia del proceso de producción de la industria del hierro y acero, desde el horno de carbón vegetal hasta el tipo actual de alto horno, y la historia del proceso de producción de energía, desde la rueda hidráulica hasta la turbina, y la historia del transporte, desde la silla de postas hasta el aeroplano. La apertura de nuevos mercados, extranjeros o nacionales, y el desarrollo y la organización de la producción, desde el taller de artesanía y la manufactura……ilustran el mismo proceso de mutación industrial –si se me permite usar esta expresión biológica- que revoluciona incesantemente la estructura económica desde dentro, destruyendo ininterrumpidamente lo antiguo y creando continuamente elementos nuevos. Este proceso de destrucción creativa constituye el dato de hecho esencial del capitalismo. En ella consiste en definitiva el capitalismo y toda empresa capitalista tiene que amoldarse a ella para vivir” (De “Capitalismo, socialismo y democracia” (I)-Ediciones Folio-Barcelona 1996).
La analogía que hace Schumpeter entre economía y biología, al hablar de “mutación industrial”, no es casual, ya que el propio Charles Darwin elabora su teoría de la evolución por selección natural contemplando los procesos del mercado. Edmund Conway escribió: “En 1838, Darwin, inspirado por los escritos de Thomas Malthus, imaginó un mundo en el que los ejemplares más aptos sobrevivían y podían evolucionar en especies nuevas, más sofisticadas y mejores. «Tenía por fin», escribió, «una teoría por la cual trabajar». Y cuando se las observa con atención, las fuerzas que dan forma al mundo natural y a la economía del libre mercado se revelan asombrosamente similares” (De “50 cosas que hay que saber sobre Economía”-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 2011).
Los avances vertiginosos de la tecnología informática es una consecuencia directa del capitalismo por cuanto, al existir una tenaz competencia entre las empresas, éstas se ven obligadas a investigar y a innovar constantemente para no verse relegadas en el mercado. Resulta ser una lucha por la “supervivencia del más apto”, ya que las mejores sobreviven y las otras desaparecen, o se ven obligadas a reestructurarse. Ello explica el comportamiento de los empresarios que tratan de reducir costos y mejorar la calidad de sus productos. Sin embargo, no son ellos los que dictaminan el éxito o el fracaso de las empresas, ya que son los consumidores quienes dan la espalda a quienes no satisfacen sus demandas, o las satisfacen en menor medida que otras.
Algunos economistas afirman que las crisis económicas sirven para castigar a las empresas ineficientes y que ello resulta finalmente favorable a la economía. Sin embargo, las crisis también producen efectos devastadores a nivel social, por lo que resulta mejor esperar una evolución económica gradual y continua que una asociada a las crisis. Es un caso similar a la evolución de las especies promovida por cataclismos (como la desaparición de los dinosaurios) o bien por la lenta y continua selección derivada de la herencia genética, que se va instalando sin cambios abruptos. Edmund Conway escribió: “El escepticismo acerca de la propuesta [de la destrucción creativa] se ha visto reforzado recientemente debido a los estudios que demuestran que las empresas tienden a reestructurarse y modernizarse más durante un periodo de auge que en tiempos de crisis” (De “50 cosas que hay que saber sobre Economía”-Ariel-Buenos Aires 2011).
La innovación tecnológica trae como consecuencia inmediata la desocupación tecnológica. Sin embargo, es un problema circunstancial y de corto plazo por cuanto, al reducirse los costos (lo que justifica la innovación) el consumidor tendrá dinero disponible para gastarlo en otras necesidades, por lo aparecerán nuevas ofertas de trabajo. Martín Krause escribió: “La nueva inversión desplazaba puestos de trabajo, pero ahora, como resultado de ella, se genera una nueva inversión que crea nuevos puestos de trabajo y absorbe a los trabajadores desplazados”. “En los países que no restringen ese movimiento laboral, el paso de un empleo a otro no demanda mayor tiempo y el desempleo es bajo. Se genera un circuito por el cual se invierte, aumenta la productividad de los trabajadores, crecen las ganancias, bajan los precios de los productos, aumenta el poder adquisitivo y la creación de fuentes de empleo” (De “La Economía explicada a mis hijos”-Aguilar SA de Ediciones-Buenos Aires 2003).
Como ejemplo de innovación tecnológica puede mencionarse el caso de Boeing, empresa pionera en la utilización comercial de aviones a reacción, antes usados sólo para fines militares, cuando arriesgó gran parte de su capital en la realización del 707 cuya inversión inicial fue de “casi el triple de las utilidades medias anuales de los cinco últimos años –aproximadamente la cuarta parte del valor neto de la compañía”. Al tener éxito, “lleva al mundo comercial a la era del jet”. James C. Collins y Jerry I. Porras agregan: “Este modo de actuar no terminó en los años 50 con el 707”. “En 1965, Boeing tomó una de las decisiones más audaces en la historia de los negocios: la de seguir adelante con el jumbo-jet 747, decisión que por poco acaba con la compañía” (De “Empresas que perduran”-Grupo Editorial Norma-Bogotá 2005).
En las economías socialistas, por el contrario, se trata de aumentar las fuentes de trabajo a cualquier costo y a mantener incluso las deficitarias, por lo cual resultan ser economías ineficientes. En lugar de estar al servicio del consumidor, es el pueblo el que debe soportar la pesada carga del déficit conjunto de las empresas obsoletas. Recordemos que en el socialismo el vínculo de unión social propuesto no son los afectos, sino los medios de producción, que tienen un significado tan importante como las vacas sagradas para los hindúes, por lo que los resultados económicos pasan a un segundo plano. Vladimir Bukovski escribió respecto de la etapa soviética: “Se permite a los campesinos tener una vaca sin pagar impuestos por ello. Pero, lamentablemente, se les prohíbe producir el forraje. Una equivocación que el Partido corrigió tiempo después: se pudo disponer del forraje, pero no de la vaca, ya que ésta, obsérvese bien, se consideraba como un «medio de producción» y, en el socialismo, los medios de producción no podrían pertenecer a los particulares. Desde entonces ya nadie quiso tener una vaca”.
“La economía de «mando» descansa sobre la obediencia. Una rígida planificación, una burocracia enorme, el poder discrecional del movimiento en materia de promoción o expulsión, crean la ilusión de un control absoluto. En forma paralela, se pierde todo interés en el trabajo, declinan la calificación y la productividad y el mercado negro florece. En la práctica, el gobierno ignora qué es lo que realmente se produce y cómo reglamentar la producción” (De “URSS: de la utopía al desastre”-Editorial Atlántida SA-Buenos Aires 1991).
Todas las actividades humanas deben tener como finalidad mejorar nuestro nivel de adaptación al orden natural, lo que involucra tanto a la religión, como a la ciencia y la tecnología. De ahí que la economía de la innovación, el riesgo, la incertidumbre, la competencia y el progreso se encuentre en este camino, mientras que la economía de la planificación centralizada, la seguridad, la certidumbre, la obediencia y el estancamiento se encuentra alejada de la tendencia adaptativa mencionada. Martín Krause escribió: “La competencia es la emulación entre distintas personas para sobrepasarse unas a otras. No es una pelea ni un combate, y por tal razón el uso de terminología militar para describir lo que sucede en el mercado es claramente inapropiado”.
Los distintos actores de la economía se mueven en ella entre dos sentimientos extremos de miedo y euforia. El primero está ligado a la búsqueda de la seguridad, mientras el segundo es el que admite al riesgo. Edmund Conway escribió: “Las economías son, por su misma naturaleza, propensas a los ciclos de auge y crisis: los mercados oscilan de la confianza al pesimismo y los consumidores de la codicia al miedo”.
¿Qué sucede en una sociedad en donde no hay gente optimista que quiera correr riesgos en forma similar al caso de Boeing? Sin gente emprendedora (empresarios) no puede haber desarrollo económico. Y si los hay, no debe haber políticos socialistas que les impidan desarrollar sus potencialidades.
Es conveniente distinguir entre el empresario que pone en riesgo su propio patrimonio a aquellos que, especialmente en el mercado financiero, arriesgan temeraria e ilegalmente los patrimonios ajenos que les son dados para administrar, provocando serios trastornos que afectan las economías nacionales e incluso de todo el planeta. Entre las principales causas de las crisis financieras aparece la codicia desmedida, asociada a la especulación, de quienes buscan optimizar sus ganancias sin apenas importarle los efectos negativos que sus decisiones podrán producir. Tal comportamiento se ve favorecido por una valoración social exagerada tanto de los bienes materiales como del poder económico. Puede decirse que es la propia sociedad la que crea un pedestal imaginario que ha de ser ocupado por los especuladores exitosos y que son confundidos por la sociedad con quienes obtuvieron éxito empresarial a través de la producción de bienes y servicios útiles a la sociedad.
Los mercados financieros funcionan en base a la confianza, o no, de los inversores. De ahí que se trata de esconder parte de la realidad para evitar caídas de las cotizaciones accionarias. Frank Partnoy escribió: “La cobertura de los medios de lo que ocurre en el mercado de acciones sigue siendo tan intensa como siempre; no obstante, los inversores son incapaces de filtrar información que reciben, o de encontrar a alguien que diga la verdad sobre una empresa en particular”. “A los inversores les llevó gran parte del 2002 abandonar la costumbre de comprar acciones por un capricho, mito o rumor. El «crac» del mercado de acciones el año anterior se produjo en cámara lenta, una compañía por vez, hasta que los inversores supieron que les resultaba prácticamente imposible comprender a muchas firmas cuyas acciones habían adquirido” (De “Codicia contagiosa”-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2003).
miércoles, 19 de agosto de 2026
La "cultura" de la cancelación
La denominada "cultura de la cancelación" tiende a adoptar posturas masivas y totalitarias, por cuanto, a través de las redes sociales, se trata de hacer "justicia por mano propia" ante quienes han desatendido lo que las masas consideran "políticamente correcto", ya que la referencia para juzgar acciones ajenas no toma en cuenta la existencia del bien o del mal, sino que la referencia radica en lo que la mayoría decide, o lo que decide quienes influyen sobre la mayoría.
La acción de la "cancelación social" puede ejemplificarse en el caso de Joseph Stalin, quien, por ser opositor de León Trotsky, decide borrar todo rastro de su existencia histórica, mientras que posteriormente lo hace asesinar. Un detalle representativo consiste en la manipulación de fotos de la Revolución Soviética en la cual aparece Trotsky, de gran relevancia en ese proceso. Mediante técnicas fotográficas, se elimina la figura de Trotsky previamente a la publicación de libros de historia editados en la ex URSS. De ahí que el nombre del "cancelado" sea ignorado totalmente por las siguientes generaciones.
Durante el Mundial de Fútbol 2026, unos 23 millones de individuos, en oposición a ciertas decisiones arbitrales que favorecerían a la selección argentina, pidieron la expulsión de dicha selección del mundial vigente, o del próximo mundial, en evidente actitud cancelatoria. Luego de la final, en la que algunos jugadores argentinos cometieron actos antideportivos, numerosos individuos pedían la expulsión de todos los jugadores argentinos de la liga inglesa, o cosas semejantes. Este es un ejemplo de que la actitud cancelatoria, por la cual las masas adoptan la postura de juez supremo, es una realidad evidente.
Se menciona un artículo al respecto:
CULTURA DE LA CANCELACIÓN: ¿UNA AMENAZA PARA LA LIBERTAD DE PRENSA?
Por Dra. Claudia Ivett Romero, Universidad Panamericana
Ha emergido como uno de los fenómenos más discutidos y polarizantes en la era digital, afectando profundamente la manera en que se produce, consume y comparte la información en la sociedad contemporánea. La cultura de la cancelación ha cobrado relevancia en la era digital, impactando significativamente diversos sectores de la comunicación social en México. Este fenómeno, caracterizado por la sanción pública de figuras o instituciones que son percibidas como ofensivas o controversiales, ha influido en la práctica periodística, la comunicación corporativa y las dinámicas de interacción en las redes sociales. En el periodismo, se ha observado un aumento en la autocensura por parte de los profesionales, temerosos de ser “cancelados” por el público, lo que afecta la libertad de expresión y el análisis crítico.
La cultura de la cancelación ha emergido como uno de los fenómenos más discutidos y polarizantes en la era digital, afectando profundamente la manera en que se produce, consume y comparte la información en la sociedad contemporánea. En términos generales, esta cultura se refiere a la acción colectiva de boicot o rechazo a personas, organizaciones o marcas que son percibidas como ofensivas o contrarias a ciertos valores sociales. La cancelación ha evolucionado a partir de las redes sociales, donde los usuarios pueden unirse en masa para “cancelar” a figuras públicas o empresas, presionando a que se retracten, disculpen o enfrenten consecuencias graves como la pérdida de reputación o de oportunidades profesionales.
En México, la cultura de la cancelación ha ganado particular relevancia en los últimos años, siendo un reflejo de las tensiones sociopolíticas y los cambios en las sensibilidades sociales sobre temas como el género, la diversidad, la política y los derechos humanos. La sociedad mexicana ha utilizado esta herramienta para exigir rendición de cuentas de figuras públicas, aunque también ha suscitado debates sobre los límites de la libertad de expresión y el peligro de caer en prácticas de censura.
En el ámbito de la comunicación social, la cultura de la cancelación ha impactado profundamente en tres áreas clave: la práctica periodística, la comunicación corporativa y las dinámicas de las redes sociales. Los periodistas, bajo la presión constante de las audiencias, enfrentan un entorno más hostil y se ven en la necesidad de autocensurarse para evitar repercusiones que afecten su carrera y credibilidad. Asimismo, las empresas y marcas deben estar más atentas que nunca a las expectativas sociales, adaptando sus estrategias de comunicación para evitar ser objeto de campañas de cancelación.
La investigación busca identificar los retos que presenta este fenómeno y cómo ha transformado las dinámicas de poder y la relación entre los comunicadores y las audiencias en el país.
El surgimiento de estas nuevas formas de censura, resultantes de la denominada cultura de la cancelación, pone de manifiesto otro cambio en la naturaleza de la comunicación social: ante la disputa de visiones e intereses, el objetivo ya no es el debate para arribar a un consenso, sino ser escuchado y obtener la victoria. Diversos autores reflexionaron en torno al efecto que esta lógica discursiva produce en términos de profundización de la fragmentación y polarización social. Desde el siglo XIX, la comunicación ha evolucionado en su multitud de manifestaciones e interfaces. En efecto, cualquier persona dispone hoy de diferentes canales para expresarse, y en los últimos años las redes sociales se han convertido en un espacio de participación activa en la esfera comunicativa de las sociedades actuales.
Los especialistas coinciden en que el fenómeno de la cancelación social produce efectos negativos en el rol del periodista. Por un lado, se indica que los periodistas, ante la posibilidad de ser cancelados, optan por no publicar aquellas noticias que tocan a la persona (sujeto cancelador), dando cuenta de una autocensura deseosa de evitar el riesgo. Es decir, en pos de no aparecer afectado por la ira de aquellos que podrían “cancelarlos”, los medios retrocederían de realizar publicaciones de interés general. “La censura no es el resultado de la cancelación cultural, es el proceso que cierra la conversación”, afirma Nusi Cunsolo sobre los efectos del fenómeno de la cancelación. En un sondeo entre periodistas publicado por el proyecto de investigación Electograma Universidad Siglo XXI, deja en evidencia los temores de los profesionales de la prensa respecto al efecto de la cancelación en las redes sociales: casi la mitad de los entrevistados sostenían que la censura ciudadana, ejercida a través de la cancelación de mensajes, influye en la línea editorial del medio al que pertenece.
La interpretación de determinados asuntos puede ser diversa, con base en el criterio periodístico sobre la noticia considerando la audiencia ficticia (titular, entradillas o distintas secciones del medio). A mayor información, se deben cuestionar las fuentes; sus interrelaciones con la audiencia, entre ellas y con la opinión impresa; su procedencia; su previsibilidad; y su englobamiento en la realidad informativa (intención de actuar, comunicar una nueva realidad, inducir un determinado cambio, etc.). A los especialistas en el análisis del discurso y los medios, desgraciadamente, les queda el segundo campo de la cobertura de la vida humana: algunos aspectos de la publicidad y muchos de la información periodística. Nunca pueden comprobar si lo transmitido es cierto o no. Y aquí aparece un peligro aún mayor, el de lo que no está.
Para cualquier medio, la lucha es constante, con y sin la cuarentena, en la búsqueda por ofrecer exclusividad de temas, coberturas originales, no replicar información, medir su exposición y reconocer los límites del storytelling. Se sabe que sólo se puede llegar a conocer un ámbito de la realidad y que la noticia, siempre condensada, debe partir de un determinado espectro de información previa, condensada también. Pero hace al periodismo la mayor difusión posible de datos, inclusive a la existencia de conceptos, visiones, ideologías y fuentes. Y muchas de ellas, la gran mayoría de los datos, están cifrados. Aquí se produce el problema. Si no se conocen datos, no se pueden trasladar, y los datos actualizan el mundo. Aquí aparece el peligro. Si no hay datos o se ocultan o adulteran, no se puede trasladar el contenido y se puede causar, según Martínez-Costa, el principio de “desrealización informativa”. Sólo lo que llega a los medios existe. La parte se convierte en el todo, como una deformación cognitiva.
Por lo que a los periodistas respecta, puede aumentar la presión para trabajar más rápido, con desgana y sin conocimiento ni herramientas suficientes.
En el ámbito periodístico, este fenómeno ha forzado a los profesionales a reconsiderar su enfoque sobre la objetividad, el lenguaje y los temas abordados, ya que una cobertura o comentario percibido como insensible o controvertido puede desencadenar reacciones inmediatas en las plataformas digitales. Esto ha provocado tanto autocensura como un mayor compromiso con la veracidad y responsabilidad en la información.
Este fenómeno ha transformado profundamente los campos de la comunicación, imponiendo nuevos retos y responsabilidades tanto para los periodistas como para las empresas y las plataformas digitales. Su impacto seguirá siendo un tema clave para entender las dinámicas comunicativas en la era de la interconectividad.
* La Dra. Claudia Ivett Romero Delgado es profesora investigadora de la Escuela de Comunicación de la Universidad Panamericana. Es Jefa de la Academia de investigación en comunicación. Miembro del Sistema de Nacional de CONAHCYT nivel 1.
(De www.infobae.com)
La acción de la "cancelación social" puede ejemplificarse en el caso de Joseph Stalin, quien, por ser opositor de León Trotsky, decide borrar todo rastro de su existencia histórica, mientras que posteriormente lo hace asesinar. Un detalle representativo consiste en la manipulación de fotos de la Revolución Soviética en la cual aparece Trotsky, de gran relevancia en ese proceso. Mediante técnicas fotográficas, se elimina la figura de Trotsky previamente a la publicación de libros de historia editados en la ex URSS. De ahí que el nombre del "cancelado" sea ignorado totalmente por las siguientes generaciones.
Durante el Mundial de Fútbol 2026, unos 23 millones de individuos, en oposición a ciertas decisiones arbitrales que favorecerían a la selección argentina, pidieron la expulsión de dicha selección del mundial vigente, o del próximo mundial, en evidente actitud cancelatoria. Luego de la final, en la que algunos jugadores argentinos cometieron actos antideportivos, numerosos individuos pedían la expulsión de todos los jugadores argentinos de la liga inglesa, o cosas semejantes. Este es un ejemplo de que la actitud cancelatoria, por la cual las masas adoptan la postura de juez supremo, es una realidad evidente.
Se menciona un artículo al respecto:
CULTURA DE LA CANCELACIÓN: ¿UNA AMENAZA PARA LA LIBERTAD DE PRENSA?
Por Dra. Claudia Ivett Romero, Universidad Panamericana
Ha emergido como uno de los fenómenos más discutidos y polarizantes en la era digital, afectando profundamente la manera en que se produce, consume y comparte la información en la sociedad contemporánea. La cultura de la cancelación ha cobrado relevancia en la era digital, impactando significativamente diversos sectores de la comunicación social en México. Este fenómeno, caracterizado por la sanción pública de figuras o instituciones que son percibidas como ofensivas o controversiales, ha influido en la práctica periodística, la comunicación corporativa y las dinámicas de interacción en las redes sociales. En el periodismo, se ha observado un aumento en la autocensura por parte de los profesionales, temerosos de ser “cancelados” por el público, lo que afecta la libertad de expresión y el análisis crítico.
La cultura de la cancelación ha emergido como uno de los fenómenos más discutidos y polarizantes en la era digital, afectando profundamente la manera en que se produce, consume y comparte la información en la sociedad contemporánea. En términos generales, esta cultura se refiere a la acción colectiva de boicot o rechazo a personas, organizaciones o marcas que son percibidas como ofensivas o contrarias a ciertos valores sociales. La cancelación ha evolucionado a partir de las redes sociales, donde los usuarios pueden unirse en masa para “cancelar” a figuras públicas o empresas, presionando a que se retracten, disculpen o enfrenten consecuencias graves como la pérdida de reputación o de oportunidades profesionales.
En México, la cultura de la cancelación ha ganado particular relevancia en los últimos años, siendo un reflejo de las tensiones sociopolíticas y los cambios en las sensibilidades sociales sobre temas como el género, la diversidad, la política y los derechos humanos. La sociedad mexicana ha utilizado esta herramienta para exigir rendición de cuentas de figuras públicas, aunque también ha suscitado debates sobre los límites de la libertad de expresión y el peligro de caer en prácticas de censura.
En el ámbito de la comunicación social, la cultura de la cancelación ha impactado profundamente en tres áreas clave: la práctica periodística, la comunicación corporativa y las dinámicas de las redes sociales. Los periodistas, bajo la presión constante de las audiencias, enfrentan un entorno más hostil y se ven en la necesidad de autocensurarse para evitar repercusiones que afecten su carrera y credibilidad. Asimismo, las empresas y marcas deben estar más atentas que nunca a las expectativas sociales, adaptando sus estrategias de comunicación para evitar ser objeto de campañas de cancelación.
La investigación busca identificar los retos que presenta este fenómeno y cómo ha transformado las dinámicas de poder y la relación entre los comunicadores y las audiencias en el país.
El surgimiento de estas nuevas formas de censura, resultantes de la denominada cultura de la cancelación, pone de manifiesto otro cambio en la naturaleza de la comunicación social: ante la disputa de visiones e intereses, el objetivo ya no es el debate para arribar a un consenso, sino ser escuchado y obtener la victoria. Diversos autores reflexionaron en torno al efecto que esta lógica discursiva produce en términos de profundización de la fragmentación y polarización social. Desde el siglo XIX, la comunicación ha evolucionado en su multitud de manifestaciones e interfaces. En efecto, cualquier persona dispone hoy de diferentes canales para expresarse, y en los últimos años las redes sociales se han convertido en un espacio de participación activa en la esfera comunicativa de las sociedades actuales.
Los especialistas coinciden en que el fenómeno de la cancelación social produce efectos negativos en el rol del periodista. Por un lado, se indica que los periodistas, ante la posibilidad de ser cancelados, optan por no publicar aquellas noticias que tocan a la persona (sujeto cancelador), dando cuenta de una autocensura deseosa de evitar el riesgo. Es decir, en pos de no aparecer afectado por la ira de aquellos que podrían “cancelarlos”, los medios retrocederían de realizar publicaciones de interés general. “La censura no es el resultado de la cancelación cultural, es el proceso que cierra la conversación”, afirma Nusi Cunsolo sobre los efectos del fenómeno de la cancelación. En un sondeo entre periodistas publicado por el proyecto de investigación Electograma Universidad Siglo XXI, deja en evidencia los temores de los profesionales de la prensa respecto al efecto de la cancelación en las redes sociales: casi la mitad de los entrevistados sostenían que la censura ciudadana, ejercida a través de la cancelación de mensajes, influye en la línea editorial del medio al que pertenece.
La interpretación de determinados asuntos puede ser diversa, con base en el criterio periodístico sobre la noticia considerando la audiencia ficticia (titular, entradillas o distintas secciones del medio). A mayor información, se deben cuestionar las fuentes; sus interrelaciones con la audiencia, entre ellas y con la opinión impresa; su procedencia; su previsibilidad; y su englobamiento en la realidad informativa (intención de actuar, comunicar una nueva realidad, inducir un determinado cambio, etc.). A los especialistas en el análisis del discurso y los medios, desgraciadamente, les queda el segundo campo de la cobertura de la vida humana: algunos aspectos de la publicidad y muchos de la información periodística. Nunca pueden comprobar si lo transmitido es cierto o no. Y aquí aparece un peligro aún mayor, el de lo que no está.
Para cualquier medio, la lucha es constante, con y sin la cuarentena, en la búsqueda por ofrecer exclusividad de temas, coberturas originales, no replicar información, medir su exposición y reconocer los límites del storytelling. Se sabe que sólo se puede llegar a conocer un ámbito de la realidad y que la noticia, siempre condensada, debe partir de un determinado espectro de información previa, condensada también. Pero hace al periodismo la mayor difusión posible de datos, inclusive a la existencia de conceptos, visiones, ideologías y fuentes. Y muchas de ellas, la gran mayoría de los datos, están cifrados. Aquí se produce el problema. Si no se conocen datos, no se pueden trasladar, y los datos actualizan el mundo. Aquí aparece el peligro. Si no hay datos o se ocultan o adulteran, no se puede trasladar el contenido y se puede causar, según Martínez-Costa, el principio de “desrealización informativa”. Sólo lo que llega a los medios existe. La parte se convierte en el todo, como una deformación cognitiva.
Por lo que a los periodistas respecta, puede aumentar la presión para trabajar más rápido, con desgana y sin conocimiento ni herramientas suficientes.
En el ámbito periodístico, este fenómeno ha forzado a los profesionales a reconsiderar su enfoque sobre la objetividad, el lenguaje y los temas abordados, ya que una cobertura o comentario percibido como insensible o controvertido puede desencadenar reacciones inmediatas en las plataformas digitales. Esto ha provocado tanto autocensura como un mayor compromiso con la veracidad y responsabilidad en la información.
Este fenómeno ha transformado profundamente los campos de la comunicación, imponiendo nuevos retos y responsabilidades tanto para los periodistas como para las empresas y las plataformas digitales. Su impacto seguirá siendo un tema clave para entender las dinámicas comunicativas en la era de la interconectividad.
* La Dra. Claudia Ivett Romero Delgado es profesora investigadora de la Escuela de Comunicación de la Universidad Panamericana. Es Jefa de la Academia de investigación en comunicación. Miembro del Sistema de Nacional de CONAHCYT nivel 1.
(De www.infobae.com)
martes, 18 de agosto de 2026
Poder y humanidad
La palabra "poder", asociada a los seres humanos, nos da idea de una capacidad para influir sobre sus semejantes. Por lo general, se aduce que la búsqueda de poder está asociada a cierta actitud egoísta. Sin embargo, se puede buscar y poseer poder tanto para hacer el mal como para hacer el bien. Annabelle Hoffs escribió: “El poder era originariamente un término sociológico, pero al descubrir que el poder depende de las emociones, actitudes y motivos inconscientes, se ha buscado en la psicología una clarificación. En psicología, el poder significa la habilidad de afectar, cambiar e influir en otras personas. Por tanto, consideraciones tales como el status, la autoridad y el prestigio resultan centrales en el asunto de poder” (De “El poder del poder”-Editorial Diana SA-México 1986).
Si bien existen y han existido seres humanos con mucho poder, éste resulta pequeño respecto del conjunto de leyes naturales invariantes que, aunque invisibles a los ojos humanos, nos imponen su presencia en cada instante de nuestra vida. Decimos, simbólicamente, que tales leyes son las leyes de Dios establecidas para ejercer dominio sobre los seres humanos. De ahí que William James escribiera: "Dios es real porque produce efectos reales".
Ya es época suficientemente avanzada para que los seres humanos establezcamos una decisión de gran importancia; tal decisión implica nada menos que elegir entre adherir al poder de algunos seres humanos o bien priorizar nuestra atención al poder de Dios ejercido por las leyes mencionadas.
El gobierno pleno de Dios sobre los hombres habrá de comenzar cuando la mayor parte de la humanidad se decida a ello, teniendo en cuenta precisamente las leyes naturales que gobiernan nuestros propios cuerpos y nuestras propias mentes. Esta es la idea y objetivo básico de la Biblia al considerar al Reino de Dios (a través de la ley natural antes que a través de sus enviados) como la meta liberadora de la humanidad respecto del poder humano proclive generalmente al mal.
La búsqueda de poder, por parte de los hombres, generalmente se orienta a lograr cierta trascendencia, es decir, previsto el inevitable fin de nuestras vidas, muchos quieren dejar algún rastro de su personalidad que no se destruya con el paso del tiempo. Esta búsqueda muchas veces contempla sólo fines egoístas. Arthur Koestler escribió: “Uno de los rasgos principales de la condición humana es la necesidad perentoria de identificarse con un grupo social o un sistema de creencias que es ajeno a la razón, a los intereses del individuo e incluso al instinto de conservación. Lo cual nos lleva a la conclusión, en contraste con la opinión preponderante, de que el problema de nuestra especie no es un exceso de agresividad defensiva, sino un afán excesivo de trascendencia”.
Rita Levi-Montalcini opina al respecto: “Este afán de trascendencia, que se pone de manifiesto en la obediencia ciega y es uno de los rasgos principales del comportamiento humano, conduce a la aceptación estúpida. Estas tendencias innatas, más que el instinto agresivo como desahogo del llamado «imperativo territorial», son las responsables de la universalidad de la guerra en todas las sociedades humanas. El mismo autor afirma que «sin lenguaje no habría poesía, pero tampoco habría guerra». Con esta breve frase resume la condición unitaria del hombre. El lenguaje ha dotado al hombre del sistema más eficaz de comunicación para unir a los miembros de las tribus primitivas y, más tarde, a los de las sociedades más avanzadas, pero al mismo tiempo ha hecho que sean sumamente receptivos a los mensajes que proceden del medio circundante” (De “Tiempo de cambios”-Ediciones Península-Barcelona 2005).
Recordemos que las mayores catástrofes humanas han sido promovidas por los diversos totalitarismos (comunismo y nazismo). Bajo tales sistemas políticos, todo individuo estaba gobernado material y mentalmente por un reducido número de personas, o mejor aún, por un solo líder que acumulaba todo el poder posible, constituyendo de esa manera el mayor peligro posible para la supervivencia de todo el grupo social. De ahí que el tan denostado liberalismo siempre ha propuesto "la división de poderes", la "división del trabajo", la "propiedad privada", para evitar toda forma de alta concentración de poder asociada a una alta peligrosidad.
En nuestros días, predominan fuerzas políticas y económicas que apuntan a establecer un gobierno político mundial como una concentración de poder nunca antes vista en la historia. En cierta forma se trata de una nueva forma de colectivismo que tiende a anular el poder de los gobiernos nacionales. De ahí que el globalismo puede ser considerado como un colectivismo de naciones con un mando central que tiende a anular toda acción autónoma a nivel de los países.
Si, en forma individual, nos decidimos a ser guiados y gobernados por las leyes naturales, en lugar de los peligrosos gobiernos humanos, estaremos alcanzando un autogobierno y una libertad plena, a la vez que estamos adoptando el gobierno de Dios sobre cada uno de nosotros. El Reino de Dios comenzará cuando los seres humanos mayoritariamente lo decidamos.
El gobierno de Dios sobre los hombres, como se dijo, depende de cada uno de nosotros adoptando como referencia la empatía emocional, como la principal ley natural que debemos respetar para asegurar nuestra supervivencia plena, tanto individual como colectiva. De ahí que Cristo dijo: "El Reino de Dios está dentro de vosotros".
En épocas pasadas se postulaba un principio físico que sugería que “la naturaleza tiene horror al vacío” (ya que si lo había, habría lugares no ocupados por Dios). En forma análoga, puede decirse que la sociedad tiene horror al vacío de poder y que si no lo llenan los “buenos”, lo llenarán los “malos”.
Si deseamos materializar, en forma simple, lo que debemos hacer para lograr un mayor nivel de adaptación al orden natural, ello implica tener presente que sólo existen cuatro actitudes o predisposiciones básicas, siendo el amor al prójimo la más eficaz. Así, teniendo presente la existencia de la empatía emocional, debemos tratar de compartir penas y alegrías ajenas como propias, que ha de coincidir con el cumplimiento de los mandamientos de Cristo, quien señala que "En estos dos mandamientos están sintetizados la Ley y los profetas".
Si bien existen y han existido seres humanos con mucho poder, éste resulta pequeño respecto del conjunto de leyes naturales invariantes que, aunque invisibles a los ojos humanos, nos imponen su presencia en cada instante de nuestra vida. Decimos, simbólicamente, que tales leyes son las leyes de Dios establecidas para ejercer dominio sobre los seres humanos. De ahí que William James escribiera: "Dios es real porque produce efectos reales".
Ya es época suficientemente avanzada para que los seres humanos establezcamos una decisión de gran importancia; tal decisión implica nada menos que elegir entre adherir al poder de algunos seres humanos o bien priorizar nuestra atención al poder de Dios ejercido por las leyes mencionadas.
El gobierno pleno de Dios sobre los hombres habrá de comenzar cuando la mayor parte de la humanidad se decida a ello, teniendo en cuenta precisamente las leyes naturales que gobiernan nuestros propios cuerpos y nuestras propias mentes. Esta es la idea y objetivo básico de la Biblia al considerar al Reino de Dios (a través de la ley natural antes que a través de sus enviados) como la meta liberadora de la humanidad respecto del poder humano proclive generalmente al mal.
La búsqueda de poder, por parte de los hombres, generalmente se orienta a lograr cierta trascendencia, es decir, previsto el inevitable fin de nuestras vidas, muchos quieren dejar algún rastro de su personalidad que no se destruya con el paso del tiempo. Esta búsqueda muchas veces contempla sólo fines egoístas. Arthur Koestler escribió: “Uno de los rasgos principales de la condición humana es la necesidad perentoria de identificarse con un grupo social o un sistema de creencias que es ajeno a la razón, a los intereses del individuo e incluso al instinto de conservación. Lo cual nos lleva a la conclusión, en contraste con la opinión preponderante, de que el problema de nuestra especie no es un exceso de agresividad defensiva, sino un afán excesivo de trascendencia”.
Rita Levi-Montalcini opina al respecto: “Este afán de trascendencia, que se pone de manifiesto en la obediencia ciega y es uno de los rasgos principales del comportamiento humano, conduce a la aceptación estúpida. Estas tendencias innatas, más que el instinto agresivo como desahogo del llamado «imperativo territorial», son las responsables de la universalidad de la guerra en todas las sociedades humanas. El mismo autor afirma que «sin lenguaje no habría poesía, pero tampoco habría guerra». Con esta breve frase resume la condición unitaria del hombre. El lenguaje ha dotado al hombre del sistema más eficaz de comunicación para unir a los miembros de las tribus primitivas y, más tarde, a los de las sociedades más avanzadas, pero al mismo tiempo ha hecho que sean sumamente receptivos a los mensajes que proceden del medio circundante” (De “Tiempo de cambios”-Ediciones Península-Barcelona 2005).
Recordemos que las mayores catástrofes humanas han sido promovidas por los diversos totalitarismos (comunismo y nazismo). Bajo tales sistemas políticos, todo individuo estaba gobernado material y mentalmente por un reducido número de personas, o mejor aún, por un solo líder que acumulaba todo el poder posible, constituyendo de esa manera el mayor peligro posible para la supervivencia de todo el grupo social. De ahí que el tan denostado liberalismo siempre ha propuesto "la división de poderes", la "división del trabajo", la "propiedad privada", para evitar toda forma de alta concentración de poder asociada a una alta peligrosidad.
En nuestros días, predominan fuerzas políticas y económicas que apuntan a establecer un gobierno político mundial como una concentración de poder nunca antes vista en la historia. En cierta forma se trata de una nueva forma de colectivismo que tiende a anular el poder de los gobiernos nacionales. De ahí que el globalismo puede ser considerado como un colectivismo de naciones con un mando central que tiende a anular toda acción autónoma a nivel de los países.
Si, en forma individual, nos decidimos a ser guiados y gobernados por las leyes naturales, en lugar de los peligrosos gobiernos humanos, estaremos alcanzando un autogobierno y una libertad plena, a la vez que estamos adoptando el gobierno de Dios sobre cada uno de nosotros. El Reino de Dios comenzará cuando los seres humanos mayoritariamente lo decidamos.
El gobierno de Dios sobre los hombres, como se dijo, depende de cada uno de nosotros adoptando como referencia la empatía emocional, como la principal ley natural que debemos respetar para asegurar nuestra supervivencia plena, tanto individual como colectiva. De ahí que Cristo dijo: "El Reino de Dios está dentro de vosotros".
En épocas pasadas se postulaba un principio físico que sugería que “la naturaleza tiene horror al vacío” (ya que si lo había, habría lugares no ocupados por Dios). En forma análoga, puede decirse que la sociedad tiene horror al vacío de poder y que si no lo llenan los “buenos”, lo llenarán los “malos”.
Si deseamos materializar, en forma simple, lo que debemos hacer para lograr un mayor nivel de adaptación al orden natural, ello implica tener presente que sólo existen cuatro actitudes o predisposiciones básicas, siendo el amor al prójimo la más eficaz. Así, teniendo presente la existencia de la empatía emocional, debemos tratar de compartir penas y alegrías ajenas como propias, que ha de coincidir con el cumplimiento de los mandamientos de Cristo, quien señala que "En estos dos mandamientos están sintetizados la Ley y los profetas".
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