El peronismo original, el de las primeras presidencias de Perón, fue un movimiento totalitario en cuanto a su gestión, si bien el acceso a la presidencia fue efectuado mediante un proceso electoral legítimo. De ahí que los periodistas, en general, para no perder seguidores peronistas, cuando hablan de "dictadura" nunca hacen referencia al peronismo.
Es interesante leer opiniones de escritores que vivieron de cerca todo el proceso peronista, como es el caso de Juan José Sebreli. De ahí que se transcribe un diálogo con Marcelo Gioffré acerca de los orígenes del peronismo:
SOBRE EL PERONISMO
Marcelo Gioffré (MG): El 8 de octubre de 1945, el día que Perón cumplió cincuenta años, el clima en el país estaba muy enrarecido, las facultades estaban tomadas y habían implantado el estado de sitio. Y unos días después, según contás en algún libro, sucedió algo increíble cuando estabas escuchando el radioteatro.
Juan José Sebreli (JJS): Sí, el radioteatro de Evita Duarte. para mí el mito de Eva empieza siendo el mito de las estrellas de los años cuarenta. El radioteatro se interrumpe para pasar la noticia de que Perón había sido llevado preso y la novela nunca más siguió. Quedó inconclusa. Era una novela de ciencia ficción y Evita encarnaba a una intrépida astronauta, así que los personajes quedaron anclados en Marte para siempre.
MG: A partir de entonces fue una semana en que todo el país quedó en una especie de suspenso. En esos días Perón le hizo una argucia a Farrell, le pidió que le permitiera hacer un discurso en el balcón de la Secretaría de Trabajo con el fin de despedirse. Farrell accedió, y en el medio del discurso Perón anunció un aumento general de sueldos. Fue una jugada muy provocativa.
JJS: Sí, y acá ya tenemos una pauta para desenmascarar un primer mito. El peronismo no nació el 17 de octubre de 1955, el peronismo nació el 4 de junio de 1943. A las diez de la mañana, para ser más precisos. La prueba está en que los peronistas, cuando nombran los golpes militares, nombran el del 30 y pasan al del 55, el del 43 no lo nombran. ¿Por qué? Porque el 43 muestra que el origen del peronismo fue un golpe de Estado, una dictadura militar fascista, antisemita, anticlerical y muy reaccionaria. Como vos sugerís, el 17 de octubre no se habría podido realizar si Perón no hubiera estado ya formando parte del Estado. Antes del 43 Perón no había tenido el menor contacto con un sindicalista, nunca. Lo tuvo después, gracias a su cargo de secretario de Trabajo.
MG: En esos días de octubre una de las salidas a la crisis que se barajaban, tal vez la tesis más elegante o conservadora, a la que adscribía por ejemplo Alfredo Palacios, era entregarle el poder a la Corte Suprema de Justicia. Los que se oponían a esa posibilidad eran los que estaban cerca de Perón. Incluso hubo un desprendimiento de esa idea, un plan B, que fue instrumentado a través del procurador general de la Nación, que consistió en pedirle a la Corte que armara un nuevo gabinete, pero como eran académicos, no políticos, tardaron mucho en decidirse y el conflcito con Perón fue escalando, de manera que se lo llevaron preso y el gabinete no estaba.
JJS: Acá ya tenemos otro de los mitos del peronismo. La idea de que los protagonistas, los hérores de esa supuesta epopeya fueron Perón y Evita. Perón y Evita no tuvieron ningún papel relevante. Perón estaba preso, primero en Martín García y después en el Hospital Militar. Evita no tenía ningún contacto ni con obreros ni con sindicalistas, nada. Estaba tratando de encontrar un abogado para que le presentara un habeas corpus. Lo que quería era irse del país. Perón, por otra parte, tampoco estaba entusiasmado. Al contrario, estaba desencantado, hay cartas que lo prueban. Quería irse a la Patagonia a cultivar la tierra o algo por el estilo. Y toda la intervención que Evita tuvo el 17 de octubre fue escuchar las noticias por la radio desde el departamento de su amiga, la actriz Pierina Dealessi, donde se había refugiado. En cambio, los que realmente hicieron el 17 de octubre son personajes que después fueron completamente raleados.
MG: Cipriano Reyes...
JJS: A Cipriano Reyes, dirigente del Sindicato de la Carne, lo primero que hizo Perón fue meterlo preso. Estuvo preso los diez años del gobierno peronista. Y el otro, Mercante -junto con su secretaria y amiga, Isabel Ernst-, que al poco tiempo también fue defenestrado.
MG: Perón, supuestamente enfermo, pasó -como decías vos- al Hospital Militar.
JJS: Por eso cuando él sale a hablar, a última hora, quedaba muy poca gente. Porque la gente había llegado desde las diez de la mañana.
MG: Perón sale a hablar a las once de la noche...
JJS: El tema de la plaza es otro mito. Hace un tiempo un grupo de bolivianos llegó a la plaza con el féretro de un albañil asesinado, para velarlo allí, y Hebe de Bonafini les gritó que se fueran, que la plaza era de ellas, como si los peronistas hubieran instaurado un ámbito sagrado. La Plaza de Mayo ha sido llenada por muchos. La primera vez que se llenó en un acto político fue, paradójicamente, con el golpe de 1930, el primero que sale al balcón es el dictador fascista José Féliz Uriburu, ante una multitud compuesta por estudiantes y clase media. Eduardo Lonardi la llenó con más gente que la que llevaba Perón en los últimos 17 de octubre anteriores al golpe. Videla y Galtieri llenaron también la plaza. E históricamente la movilización callejera de las masas tiene tradición mundial. La primera gran movilización que hubo en el siglo XX se hizo por una causa poco noble: fue en Berlín para la declaración de la Primera Guerra Mundial. La gente salió a la calle enloquecida de alegría y el káiser, que detestaba a las masas, quiso disolverla. Tuvieron que convencerlo para que no lo hiciera: era mejor dejar contenta a la gente que iba a la guerra.
MG: Algo interesante de ese 17 de octubre es que, según cuentan, Perón tenía la duda de si debía abalanzarse sobre el poder y que le dieran la presidencia en forma inmediata, ese día, o si debía esperar, preparar la campaña y ganar las elecciones. Optó por esta segunda vía.
JJS: Fue lo más inteligente.
MG: Replegando el zoom y ampliando el campo visual hacia el peronismo en general, sería interesante rastrear denominadores comunes en todas las experiencias peronistas de nuestra historia. En principio podría uno pensar en tres grandes procesos: el primero, el peronismo clásico del 43 al 55; el segundo Menem del 89 al 99; y el tercero, el kirchnerismo. Pero también hubo al menos tres situaciones intermedias a las que habría que prestarles atención: la resistencia peronista post 55 y los montoneros, que produjeron ese extraño blend de peronismo, marxismo y catolicismo; el gobierno del 73 al 76, que empezó con Cámpora y terminó con Isabel y López Rega; y el gobierno de Duhalde, que es la salida de la crisis del 2001. ¿Hay líneas que permiten hilvanar todo esto?
JJS: El peronismo ideológico, que es el régimen de un líder carismático en contacto con las masas, con una economía defensora de la industria nacional, antirrural y que tiene su enemigo principal en el imperialismo yanqui, estuvo vigente sólo hasta 1949 o 1950. Después esa ideología se mantuvo en las palabras, pero en la realidad hicieron todo lo contrario. ¿Por qué? Porque en ese momento empezó la crisis económica. La ideología inicial era el fascismo, el propio Perón lo dice, fue el único político que después de la Segunda Guerra Mundial siguió reivindicando el fascismo. Lo hizo en un reportaje de Félix Luna y en dos folletos, Latinoamérica ahora o nunca y La hora de los pueblos. Perón nunca pudo realizar un fascismo pleno porque las condiciones del mundo no se lo permitieron. El fascismo acababa de ser derrotado y estaba totalmente desprestigiado. Y porque la clase media argentina no era fascista. Es decir, él hizo todo lo que pudo: un semifascismo a la criolla. Pero a partir de 1950 la crisis lo obligó a cambiar y vino un periodo desarrollista. Del antiimperialismo pasó a un acercamiento a Estados Unidos. Es cuando vino Milton Eisenhower, hermano del presidente, y lo subió al balcón.
MG: ¿Participarías en la idea de que el primer lustro, del 45 al 50, se pareció más al kichnerismo, y el segundo lustro, del 50 al 55, más a Menem?
JJS: Sí, pero ubicados en contextos históricos distintos.
MG: En la búsqueda de denominadores comunes, algo que tal vez se mantuvo en los tres peronismos fue el antirruralismo que mencionabas, porque en el peronismo canónico se expresó con el IAPI, en el menemismo con la sobrevaluación del peso y en el kirchnerismo con las retenciones. En los tres hubo desprecio por el campo y subestimación de las exportacionesa.
JJS: Pero en el caso de Menem hay que hacer una salvedad: la convertibilidad pudo ser aprovechada por el campo para modernizarse y tecnificarse. El campo actual, pujante, con siembra directa, se hizo gracias a la convertibilidad. En cambio, cuando Perón en los cincuenta hizo el giro hacia el campo, que hizo una reunión en el teatro Colón con los ruralistas, ya era demasiado tarde.
MG: La siembra directa y el glifosato, que implica que se pueda sembrar directanente sobre rastrojos, fueron muy crirticados en su momento por los ecologistas, hubo muchas cartas de lectores en La Nación que sostenían que el uso de químicos podría traer cáncer, pero lo que ocultan todos estos críticos es que con la siembra directa se eliminó la labranza, un procedimiento que venía de siglos y que de a poco iba arruinando las tierras. Y arruinar la tierra es menos comida para la gente. Por eso, más allá de algún mínimo efecto no querido de los químicos, es una transformación revolucionaria que inicia la Argentina en los noventa, haciendo punta, y que después sigue Estados Unidos.
JJS: Por supuesto.
MG: Un factor institucional que valdría la pena analizar es si en todos los peronismos no hubo una desarticulación de los oganismos de control de legalidad. Manipulación con los miembros de la Corte Suprema, eliminación o colonización de auditorías y sindicaturas, copamiento de juzgados federales. Daría la impresión de que es una nota distintiva de los tres peronismos.
JJS: El autoritarismo como método caracteriza al populismo. Hay relación directa del líder con las masas y prescindencia de la mediación de las instituciones, sobre todo de los poderes Judicial y Legislativo, y de los partidos políticos. Es verdad, eso es común en todos. La diferencia es que en Perón eso llega a un grado de semidictadura plebiscitaria. De un plumazo expropió el diario La Prensa, que era el medio más importante de la época. En Menem, a pesar de la ampliación de la corte y otras intervenciones, no hubo autoritarismo, hubo libertad de prensa y se terminó con el militarismo. Y en el kirchnerismo, pese a los intentos de terminar con los medios independientes, por el momento se mantiene cierta libertad. Por ejemplo, nosotros podemos estar diciendo esto públicamente.
MG: Pero cuidado, Juan José, porque con el kircnerismo estamos a las puertas de que de los cinco canales de aire, tres sean oficialistas.
JJS: Pero si esta conversación hubiera sido en la época de Perón, nos estaba esperando la policía en la puerta y nos llevaba presos. Es verdad que las circunstancias son otras, la democracia está hoy mucho más extendida, incluso en casi toda Latinoamérica, y las noticias corren más rápido por el mundo, no se puede hacer cualquier cosa. Chávez hasta cierto punto es más democrático que Perón, en Venezuela la oposición todavía puede hacer manifestaciones multitudinarias. En la época de Perón eso era imposible porque la policía las disolvía inmediatamente.
MG: El kirchnerismo sería una versión light del peronismo.
JJS: No, una versión aggiornada.
MG: Otro tema interesante es el de los matices pintorescos de los líderes peronistas. Esto hace un poco a la posmodernidad, el tema del envase por sobre el contenido. En el caso de Perón, ni hablar: casado con Eva, una actriz, sus aventuras en motocicleta, las chicas de la UES; Menem, con las patillas, la Ferrari, Yuyito González deslizándose por Olivos, el casamiento con Bolocco; y el caso de Néstor Kirchner, respecto del cual vos dijiste en una nota de La Nación que era un líder populista frío, es más raro. Tengo la idea de que el pintoresquismo se lo presta la épica que urde alrededor de su falso pasado revolucionario.
JJS: Kirchner es lo más cercano a Perón. Pero empleando la frase de Marx, la historia se repite como una farsa. Los Kirchner quieren ser líderes carismáticos, quieren arrastrar a las masas, pero por ahora no lo logran. Hubo un ejemplo emblemático, las dos famosas manifestaciones simultáneas, la del campo y la de los kirchneristas: la del campo, que es supuestamente de la oligarquía, es decir de una minoría, concitó multitudes infinitamente superiores a las que Kirchner juntó en Plaza del Congreso. Eso revela que en un momento muy crítico tuvo escasa capacidad de convocatoria. Y además la composición de esa pequeña "multitud kirchnerista" es paradójica: una combinación de gente pagada con un grupito de universitarios de humanidades, que se han convertido en la apoyatura del sistema. Esto cambió a partir de los funerales de Néstor Kirchner, cuando el régimen mutó de un populismo frío, lo cual es una contradicción en los términos, a un típico populismo fervoroso.
MG: Se te atribuye una frase: "Si en 2011 gana Kirchner, hay que despedirse de la democracia". ¿Creés que la deriva sería tan grave?
JJS: Sí. Como decía Fernando Henrique Cardoso, con el tercer mandato ya no hay república, hay monarquía.
(De “Conversaciones irreverentes” de J.J. Sebreli y M. Gioffré-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2018).
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