miércoles, 19 de agosto de 2026

La "cultura" de la cancelación

La denominada "cultura de la cancelación" tiende a adoptar posturas masivas y totalitarias, por cuanto, a través de las redes sociales, se trata de hacer "justicia por mano propia" ante quienes han desatendido lo que las masas consideran "políticamente correcto", ya que la referencia para juzgar acciones ajenas no toma en cuenta la existencia del bien o del mal, sino que la referencia radica en lo que la mayoría decide, o lo que decide quienes influyen sobre la mayoría.

La acción de la "cancelación social" puede ejemplificarse en el caso de Joseph Stalin, quien, por ser opositor de León Trotsky, decide borrar todo rastro de su existencia histórica, mientras que posteriormente lo hace asesinar. Un detalle representativo consiste en la manipulación de fotos de la Revolución Soviética en la cual aparece Trotsky, de gran relevancia en ese proceso. Mediante técnicas fotográficas, se elimina la figura de Trotsky previamente a la publicación de libros de historia editados en la ex URSS. De ahí que el nombre del "cancelado" sea ignorado totalmente por las siguientes generaciones.

Durante el Mundial de Fútbol 2026, unos 23 millones de individuos, en oposición a ciertas decisiones arbitrales que favorecerían a la selección argentina, pidieron la expulsión de dicha selección del mundial vigente, o del próximo mundial, en evidente actitud cancelatoria. Luego de la final, en la que algunos jugadores argentinos cometieron actos antideportivos, numerosos individuos pedían la expulsión de todos los jugadores argentinos de la liga inglesa, o cosas semejantes. Este es un ejemplo de que la actitud cancelatoria, por la cual las masas adoptan la postura de juez supremo, es una realidad evidente.

Se menciona un artículo al respecto:

CULTURA DE LA CANCELACIÓN: ¿UNA AMENAZA PARA LA LIBERTAD DE PRENSA?

Por Dra. Claudia Ivett Romero, Universidad Panamericana

Ha emergido como uno de los fenómenos más discutidos y polarizantes en la era digital, afectando profundamente la manera en que se produce, consume y comparte la información en la sociedad contemporánea. La cultura de la cancelación ha cobrado relevancia en la era digital, impactando significativamente diversos sectores de la comunicación social en México. Este fenómeno, caracterizado por la sanción pública de figuras o instituciones que son percibidas como ofensivas o controversiales, ha influido en la práctica periodística, la comunicación corporativa y las dinámicas de interacción en las redes sociales. En el periodismo, se ha observado un aumento en la autocensura por parte de los profesionales, temerosos de ser “cancelados” por el público, lo que afecta la libertad de expresión y el análisis crítico.

La cultura de la cancelación ha emergido como uno de los fenómenos más discutidos y polarizantes en la era digital, afectando profundamente la manera en que se produce, consume y comparte la información en la sociedad contemporánea. En términos generales, esta cultura se refiere a la acción colectiva de boicot o rechazo a personas, organizaciones o marcas que son percibidas como ofensivas o contrarias a ciertos valores sociales. La cancelación ha evolucionado a partir de las redes sociales, donde los usuarios pueden unirse en masa para “cancelar” a figuras públicas o empresas, presionando a que se retracten, disculpen o enfrenten consecuencias graves como la pérdida de reputación o de oportunidades profesionales.

En México, la cultura de la cancelación ha ganado particular relevancia en los últimos años, siendo un reflejo de las tensiones sociopolíticas y los cambios en las sensibilidades sociales sobre temas como el género, la diversidad, la política y los derechos humanos. La sociedad mexicana ha utilizado esta herramienta para exigir rendición de cuentas de figuras públicas, aunque también ha suscitado debates sobre los límites de la libertad de expresión y el peligro de caer en prácticas de censura.

En el ámbito de la comunicación social, la cultura de la cancelación ha impactado profundamente en tres áreas clave: la práctica periodística, la comunicación corporativa y las dinámicas de las redes sociales. Los periodistas, bajo la presión constante de las audiencias, enfrentan un entorno más hostil y se ven en la necesidad de autocensurarse para evitar repercusiones que afecten su carrera y credibilidad. Asimismo, las empresas y marcas deben estar más atentas que nunca a las expectativas sociales, adaptando sus estrategias de comunicación para evitar ser objeto de campañas de cancelación.

La investigación busca identificar los retos que presenta este fenómeno y cómo ha transformado las dinámicas de poder y la relación entre los comunicadores y las audiencias en el país.

El surgimiento de estas nuevas formas de censura, resultantes de la denominada cultura de la cancelación, pone de manifiesto otro cambio en la naturaleza de la comunicación social: ante la disputa de visiones e intereses, el objetivo ya no es el debate para arribar a un consenso, sino ser escuchado y obtener la victoria. Diversos autores reflexionaron en torno al efecto que esta lógica discursiva produce en términos de profundización de la fragmentación y polarización social. Desde el siglo XIX, la comunicación ha evolucionado en su multitud de manifestaciones e interfaces. En efecto, cualquier persona dispone hoy de diferentes canales para expresarse, y en los últimos años las redes sociales se han convertido en un espacio de participación activa en la esfera comunicativa de las sociedades actuales.

Los especialistas coinciden en que el fenómeno de la cancelación social produce efectos negativos en el rol del periodista. Por un lado, se indica que los periodistas, ante la posibilidad de ser cancelados, optan por no publicar aquellas noticias que tocan a la persona (sujeto cancelador), dando cuenta de una autocensura deseosa de evitar el riesgo. Es decir, en pos de no aparecer afectado por la ira de aquellos que podrían “cancelarlos”, los medios retrocederían de realizar publicaciones de interés general. “La censura no es el resultado de la cancelación cultural, es el proceso que cierra la conversación”, afirma Nusi Cunsolo sobre los efectos del fenómeno de la cancelación. En un sondeo entre periodistas publicado por el proyecto de investigación Electograma Universidad Siglo XXI, deja en evidencia los temores de los profesionales de la prensa respecto al efecto de la cancelación en las redes sociales: casi la mitad de los entrevistados sostenían que la censura ciudadana, ejercida a través de la cancelación de mensajes, influye en la línea editorial del medio al que pertenece.

La interpretación de determinados asuntos puede ser diversa, con base en el criterio periodístico sobre la noticia considerando la audiencia ficticia (titular, entradillas o distintas secciones del medio). A mayor información, se deben cuestionar las fuentes; sus interrelaciones con la audiencia, entre ellas y con la opinión impresa; su procedencia; su previsibilidad; y su englobamiento en la realidad informativa (intención de actuar, comunicar una nueva realidad, inducir un determinado cambio, etc.). A los especialistas en el análisis del discurso y los medios, desgraciadamente, les queda el segundo campo de la cobertura de la vida humana: algunos aspectos de la publicidad y muchos de la información periodística. Nunca pueden comprobar si lo transmitido es cierto o no. Y aquí aparece un peligro aún mayor, el de lo que no está.

Para cualquier medio, la lucha es constante, con y sin la cuarentena, en la búsqueda por ofrecer exclusividad de temas, coberturas originales, no replicar información, medir su exposición y reconocer los límites del storytelling. Se sabe que sólo se puede llegar a conocer un ámbito de la realidad y que la noticia, siempre condensada, debe partir de un determinado espectro de información previa, condensada también. Pero hace al periodismo la mayor difusión posible de datos, inclusive a la existencia de conceptos, visiones, ideologías y fuentes. Y muchas de ellas, la gran mayoría de los datos, están cifrados. Aquí se produce el problema. Si no se conocen datos, no se pueden trasladar, y los datos actualizan el mundo. Aquí aparece el peligro. Si no hay datos o se ocultan o adulteran, no se puede trasladar el contenido y se puede causar, según Martínez-Costa, el principio de “desrealización informativa”. Sólo lo que llega a los medios existe. La parte se convierte en el todo, como una deformación cognitiva.

Por lo que a los periodistas respecta, puede aumentar la presión para trabajar más rápido, con desgana y sin conocimiento ni herramientas suficientes.

En el ámbito periodístico, este fenómeno ha forzado a los profesionales a reconsiderar su enfoque sobre la objetividad, el lenguaje y los temas abordados, ya que una cobertura o comentario percibido como insensible o controvertido puede desencadenar reacciones inmediatas en las plataformas digitales. Esto ha provocado tanto autocensura como un mayor compromiso con la veracidad y responsabilidad en la información.

Este fenómeno ha transformado profundamente los campos de la comunicación, imponiendo nuevos retos y responsabilidades tanto para los periodistas como para las empresas y las plataformas digitales. Su impacto seguirá siendo un tema clave para entender las dinámicas comunicativas en la era de la interconectividad.

* La Dra. Claudia Ivett Romero Delgado es profesora investigadora de la Escuela de Comunicación de la Universidad Panamericana. Es Jefa de la Academia de investigación en comunicación. Miembro del Sistema de Nacional de CONAHCYT nivel 1.

(De www.infobae.com)

martes, 18 de agosto de 2026

Poder y humanidad

La palabra "poder", asociada a los seres humanos, nos da idea de una capacidad para influir sobre sus semejantes. Por lo general, se aduce que la búsqueda de poder está asociada a cierta actitud egoísta. Sin embargo, se puede buscar y poseer poder tanto para hacer el mal como para hacer el bien. Annabelle Hoffs escribió: “El poder era originariamente un término sociológico, pero al descubrir que el poder depende de las emociones, actitudes y motivos inconscientes, se ha buscado en la psicología una clarificación. En psicología, el poder significa la habilidad de afectar, cambiar e influir en otras personas. Por tanto, consideraciones tales como el status, la autoridad y el prestigio resultan centrales en el asunto de poder” (De “El poder del poder”-Editorial Diana SA-México 1986).

Si bien existen y han existido seres humanos con mucho poder, éste resulta pequeño respecto del conjunto de leyes naturales invariantes que, aunque invisibles a los ojos humanos, nos imponen su presencia en cada instante de nuestra vida. Decimos, simbólicamente, que tales leyes son las leyes de Dios establecidas para ejercer dominio sobre los seres humanos. De ahí que William James escribiera: "Dios es real porque produce efectos reales".

Ya es época suficientemente avanzada para que los seres humanos establezcamos una decisión de gran importancia; tal decisión implica nada menos que elegir entre adherir al poder de algunos seres humanos o bien priorizar nuestra atención al poder de Dios ejercido por las leyes mencionadas.

El gobierno pleno de Dios sobre los hombres habrá de comenzar cuando la mayor parte de la humanidad se decida a ello, teniendo en cuenta precisamente las leyes naturales que gobiernan nuestros propios cuerpos y nuestras propias mentes. Esta es la idea y objetivo básico de la Biblia al considerar al Reino de Dios (a través de la ley natural antes que a través de sus enviados) como la meta liberadora de la humanidad respecto del poder humano proclive generalmente al mal.

La búsqueda de poder, por parte de los hombres, generalmente se orienta a lograr cierta trascendencia, es decir, previsto el inevitable fin de nuestras vidas, muchos quieren dejar algún rastro de su personalidad que no se destruya con el paso del tiempo. Esta búsqueda muchas veces contempla sólo fines egoístas. Arthur Koestler escribió: “Uno de los rasgos principales de la condición humana es la necesidad perentoria de identificarse con un grupo social o un sistema de creencias que es ajeno a la razón, a los intereses del individuo e incluso al instinto de conservación. Lo cual nos lleva a la conclusión, en contraste con la opinión preponderante, de que el problema de nuestra especie no es un exceso de agresividad defensiva, sino un afán excesivo de trascendencia”.

Rita Levi-Montalcini opina al respecto: “Este afán de trascendencia, que se pone de manifiesto en la obediencia ciega y es uno de los rasgos principales del comportamiento humano, conduce a la aceptación estúpida. Estas tendencias innatas, más que el instinto agresivo como desahogo del llamado «imperativo territorial», son las responsables de la universalidad de la guerra en todas las sociedades humanas. El mismo autor afirma que «sin lenguaje no habría poesía, pero tampoco habría guerra». Con esta breve frase resume la condición unitaria del hombre. El lenguaje ha dotado al hombre del sistema más eficaz de comunicación para unir a los miembros de las tribus primitivas y, más tarde, a los de las sociedades más avanzadas, pero al mismo tiempo ha hecho que sean sumamente receptivos a los mensajes que proceden del medio circundante” (De “Tiempo de cambios”-Ediciones Península-Barcelona 2005).

Recordemos que las mayores catástrofes humanas han sido promovidas por los diversos totalitarismos (comunismo y nazismo). Bajo tales sistemas políticos, todo individuo estaba gobernado material y mentalmente por un reducido número de personas, o mejor aún, por un solo líder que acumulaba todo el poder posible, constituyendo de esa manera el mayor peligro posible para la supervivencia de todo el grupo social. De ahí que el tan denostado liberalismo siempre ha propuesto "la división de poderes", la "división del trabajo", la "propiedad privada", para evitar toda forma de alta concentración de poder asociada a una alta peligrosidad.

En nuestros días, predominan fuerzas políticas y económicas que apuntan a establecer un gobierno político mundial como una concentración de poder nunca antes vista en la historia. En cierta forma se trata de una nueva forma de colectivismo que tiende a anular el poder de los gobiernos nacionales. De ahí que el globalismo puede ser considerado como un colectivismo de naciones con un mando central que tiende a anular toda acción autónoma a nivel de los países.

Si, en forma individual, nos decidimos a ser guiados y gobernados por las leyes naturales, en lugar de los peligrosos gobiernos humanos, estaremos alcanzando un autogobierno y una libertad plena, a la vez que estamos adoptando el gobierno de Dios sobre cada uno de nosotros. El Reino de Dios comenzará cuando los seres humanos mayoritariamente lo decidamos.

El gobierno de Dios sobre los hombres, como se dijo, depende de cada uno de nosotros adoptando como referencia la empatía emocional, como la principal ley natural que debemos respetar para asegurar nuestra supervivencia plena, tanto individual como colectiva. De ahí que Cristo dijo: "El Reino de Dios está dentro de vosotros".

En épocas pasadas se postulaba un principio físico que sugería que “la naturaleza tiene horror al vacío” (ya que si lo había, habría lugares no ocupados por Dios). En forma análoga, puede decirse que la sociedad tiene horror al vacío de poder y que si no lo llenan los “buenos”, lo llenarán los “malos”.

Si deseamos materializar, en forma simple, lo que debemos hacer para lograr un mayor nivel de adaptación al orden natural, ello implica tener presente que sólo existen cuatro actitudes o predisposiciones básicas, siendo el amor al prójimo la más eficaz. Así, teniendo presente la existencia de la empatía emocional, debemos tratar de compartir penas y alegrías ajenas como propias, que ha de coincidir con el cumplimiento de los mandamientos de Cristo, quien señala que "En estos dos mandamientos están sintetizados la Ley y los profetas".

lunes, 17 de agosto de 2026

El buenismo y sus consecuencias

Buenismo también suena a hipocresía, es decir, se trata de parecer bueno ante los demás, y ante uno mismo, solamente con adherir a un supuesto predicador del bien sin tener que hacer ningún aporte personal.

El buenismo es actualmente un defecto generalizado que está provocando serios conflictos, especialmente en Europa, cuando gran parte de la población adhiere a la entrada de una inmigración no selectiva y que, incluso, tal inmigración, con su descendencia, pretende reemplazar la población nativa, tal es el caso del Islam.

Para mantener a inmigrantes que poco o nada trabajan, los Estados europeos le cobran cada vez más impuestos a la población nativa, que así reduce su nivel económico, y su seguridad personal, mientras se acostumbra a un gran porcentaje de inmigrantes a vivir en un parasitismo extremo.

Se menciona a continuación un artículo al respecto:

EL BUENISMO

Por Tomasa Calvo

Entre la virtud de la bondad y el fraude de la apariencia

El término buenismo se ha extendido notablemente en nuestra jerga más popular. Los hay que se sienten cómodos con lo que esta palabra significa y lo viven, pero este término también tiene sus detractores, quienes manifiestan estar hartos de tanto “buenismo”. La doble acepción de esta palabra me ha llevado a pensar y escribir sobre este fenómeno cuasi-ideológico. Según la RAE, buenismo es la “actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia”.

La definición de la RAE, más bien, muestra los aspectos negativos del significado del término. Estos aspectos han sido analizados y avalados por diferentes autores que han llegado a hablar del fraude del buenismo en una publicación de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), en 2005 o en el libro “Crítica del buenismo” de Carlos Moreno Guerrero quien señala: El fraude del buenismo aporta elementos significativos para una lectura crítica de este fenómeno ideológico.

Esta cuasi-ideología se hace presente en diferentes áreas como puede ser la educación, el derecho, la política, (…). La postura buenista en el sistema educativo español se recogió, por primera vez, en la ley de reforma educativa, la LOGSE de 1990, y posteriormente en la Ley Orgánica de Educación de 2006. Esta postura rechaza la autoridad en la escuela, apuesta por la igualdad entre profesor y alumno, lo que lleva a la degradación de la disciplina en las aulas, en la que se pretende resolver los conflictos con el diálogo, y a que disminuya la autoexigencia y responsabilidad del alumno. Además, rechaza el esfuerzo y la responsabilidad y en consecuencia la meritocracia.

La enseñanza de la religión se está reduciendo al buenismo de ciertos valores, transmitidos sin la fuerza necesaria para ilusionar a los estudiantes con llevar una vida virtuosa. Se puede afirmar que: «La misericordia no es buenismo, ni un mero sentimentalismo», por el contrario, es manifestación del Amor infinito de Dios por cada uno y la concreción humana del amor hacia el prójimo. Podemos decir que el buenismo no hace de la necesidad virtud, sino que hace valores. Los valores son caducos, fruto del consenso socio cultural, pero la virtud es contagiosa siempre, no es algo que te puedes guardar para ti, en este sentido Nietzsche decía que la virtud hace regalos.

Andrés Ollero, catedrático de Filosofía del Derecho, identifica el buenismo jurídico con la defensa del derecho a lo torcido, del derecho a lo equivocado, de un derecho al mal (sic), y cuyas principales características son «la filantrópica generosidad a la hora de conceder derechos» y su relativismo. Además, rechaza esta postura en pro del Derecho natural y que es contraria al positivismo jurídico propio de lo académicamente correcto.

En Estrategias del buenismo, Valentí Puig señala que es más importante que una medida parezca buena que sea eficaz para resolver un conflicto real. Además, advierte que el buenismo es difícil de mantener a largo plazo ya que «la política es el reino turbio de las realidades y no de los deseos píos, ni de la conversión de los píos deseos en estrategia». En política se puede llegar a ejercer el papel de bueno para garantizarse el poder y el diálogo se justifica de manera parcial o partidista mientras se niega el diálogo con las mayorías.

En el Buenismo y Alianza de Civilizaciones, Florentino Portero, denuncia la falta de prudencia política y la desconexión de las relaciones internacionales con los intereses nacionales, en aras de la diplomacia del talante y la Alianza de Civilizaciones, como estrategias ideológicas y de marketing en las relaciones internacionales.

Según el periodista Iñaki Ezquerra, “se inventó el término buenismo para definir una actitud política que se ha pegado a la izquierda como una lapa, aunque no era propiamente de izquierdas. Era un producto de la “fusión” de la cultura “new age” norteamericana con los ingredientes anarcos, hippies, místicos, hinduistas, budistas, humanistas, pacifistas, ecologistas… y cristianos que ya poseía originariamente aquélla y que son en realidad los que la habían generado”. Además, añade que “no se puede obviar que el buenismo es una secularización perversa del evangélico ofrecimiento de la otra mejilla ante la bofetada del enemigo, sea éste la piratería tercermundista, el integrismo islámico, los nacionalismos etniecitas o los terrorismos de unos y otros”.

Siguiendo con nuestro análisis, podemos afirmar que el buenista cree que todos los problemas pueden resolverse por medio del diálogo, la solidaridad, la generosidad y la tolerancia. La bondad, como virtud, no tiene sentido para ellos.

El buenista basa sus actuaciones, sin duda bienintencionadas, en un cierto sentimentalismo de cumplimiento social. Pero, no son conscientes de que cualquier acción basada sólo en los sentimientos carece del necesario análisis crítico para abordar las raíces de los problemas sociales que se quieren resolver. Esta forma de proceder puede dar lugar a soluciones superficiales o ineficientes que no resuelven los desafíos a largo plazo. Como ejemplo basta pensar que para erradicar una enfermedad se va a las causas, no sólo se atienden sus síntomas.

El mundo actual sufre de “buenitis” que se palpa en las familias donde los padres permiten cualquier cosa a sus hijos, para evitar conflictos, y por no pararse a pensar lo que constituye un verdadero bien para ellos, aunque no lo entiendan. En la educación, amor, disciplina y autoridad siempre van de la mano.

Ser buenista es dedicarse a hacer el bien, que no es lo mismo que ser bueno que exige un amor verdadero a los demás y el olvido de uno mismo. Los buenistas son detractores de lo bueno, porque la bondad es una virtud que va más allá, es compasiva, caritativa, magnánima, misericordiosa, comprensiva, (…). La bondad es esencial para construir relaciones humanas saludables y garantizar la convivencia pacífica.

El buenista está satisfecho de hacer el bien, pero puede esconder un vacío existencial, aunque no siempre es así, puesto que las personas que no encuentran sentido a sus vidas pueden ser más propensas a adoptar una actitud de buenismo para llenar ese vacío existencial. Parece evidente que adoptar el buenismo como respuesta a la falta de sentido de la vida no garantiza una perspectiva completa o equilibrada.

En algunos entornos, el buenismo no se ve como la forma más adecuada para resolver los problemas de un país, sino como una forma débil, ya que suele conllevar concesiones para evitar conflictos, a veces a costa de negar la realidad o dejar de lado la justicia. El buenismo puede llevar a ignorar problemas importantes o a ser indulgentes con comportamientos injustos o irresponsables. Puede ayudarnos el pensar en la actual crisis migratoria que, aunque reclama una ayuda humanitaria urgente y necesita encontrar soluciones generales entre los distintos países, no puede resolverse eficazmente de manera individual o grupal, porque se pueden producir consecuencias negativas, como las del “efecto llamada” utilizado por los propios inmigrantes y las mafias que se lucran del comercio humano. Así se acaba fomentando el mal que se quiere evitar, lo contrario de lo que se pretende en una buena obra, con la que se busca el bien y que esa búsqueda no fomente el mal, “lo mejor es enemigo de lo bueno”.

La actitud contraria al buenismo nos tiene que llevar a buscar la verdad, para poder tomar decisiones bien informadas, con criterio moral, y así descubrir soluciones efectivas. La verdad es fundamental para el desarrollo de una sociedad justa y equitativa. La verdad implica ser honestos y transparentes en nuestras acciones y palabras, buscando siempre la veracidad de los hechos. Promover la verdad implica construir una sociedad basada en la confianza mutua. Tanto la verdad como la bondad son valores importantes que deben prevalecer en la sociedad.

Asimismo, el buenismo también forma parte de la cultura woke, en la que se manifiesta como la tendencia a justificar las actitudes violentas y antisociales de “grupos oprimidos”, frente a los opresores. Con este fenómeno ideológico se pretende extender una especie de “humanitarismo global” fundamentado en ayudas sociales desprovistas de coherencia social y de la defensa de un multiculturalismo vago, pero por el que se apuesta para mejorar las relaciones a todos los niveles.

Quizá, en la sociedad actual, el buenismo persiste por lo siguiente: 1) la Influencia de los medios de comunicación, ya que permiten difundir un gran número de mensajes basados en el altruismo, la empatía y la bondad; 2) los cambios culturales, como la mayor valoración social de la inclusión, la diversidad, la igualdad y el respeto por los derechos de los demás; 3) la reacción ante el aumento del individualismo y el consumismo, por eso muchas personas buscan distintas formas de conectarse con los demás y encontrar sentido en la labor social que realizan; 4) la mayor preocupación por el bienestar de los demás; 5) la presión social que puede fomentar comportamientos altruistas para obtener la aceptación de los demás.

Por otra parte, el respeto humano y la comodidad también pueden favorecer la aceptación de los principios del buenismo que presuponen el respeto a todas las personas por igual y que pretenden crear un ambiente más cómodo y pacífico, donde las personas se sientan seguras y protegidas. Esto puede hacer que algunas personas opten por el buenismo como un enfoque de vida.

En resumen, el exceso de buenismo puede obstaculizar el desarrollo personal y social al evitar enfrentar desafíos, limitar el pensamiento crítico, inhibir la responsabilidad personal y anular las injusticias y desigualdades. Es necesario encontrar un equilibrio entre el bienestar individual y el desarrollo integral de las personas y la sociedad.

Por otra parte, la sed de trascendencia se intenta paliar con un sentimiento pseudo-trascendente, que facilita sentirse bien con uno mismo (feel good) y hacer lo correcto (do the right thing). Se trata de un buenismo superficial, que incluso tiene expresiones caritativas o solidarias, pero que no está profundamente enraizado ni ofrece una razón profunda de esperanza.

Según Zygmunt Bauman (1925-2017), polaco, filósofo y sociólogo, el buenismo encaja perfectamente en una sociedad liquida, donde ya no prevalecen realidades sólidas de antaño como el trabajo o el matrimonio, sino que todo se ha tornado «líquido», mucho más provisional, precario, superfluo, ansioso de novedades y agotador.

Sin duda, el buenismo puede fomentar actitudes y acciones positivas, como la solidaridad, la empatía y el apoyo a los demás. Puede impulsar la inclusión social y promover la equidad y la justicia.

Visto lo visto, se ha de buscar un equilibrio que promueva el bienestar general, pero también tenga en cuenta la complejidad de los problemas sociales.

(De exaudi.org)

sábado, 15 de agosto de 2026

Frases de Albert Einstein

1- La vida es como montar en bicicleta. Para mantener el equilibrio debes seguir adelante.

2- La imaginación es más importante que el conocimiento.

3- No todo lo que puede contarse cuenta, ni todo lo que cuenta puede contarse.

4- La mente es como un paracaídas; sólo funciona si se abre.

5- La creatividad es la inteligencia divirtiéndose.

6- Quien nunca ha cometido un error, nunca ha intentado algo nuevo.

7- Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.

8- No intentes convertirte en una persona de éxito, sino en una persona de valor.

9- La medida de la inteligencia es la capacidad de cambiar.

10- Nunca pierdas la sagrada curiosidad.

11- El valor de un hombre debería medirse por lo que da, no por lo que recibe.

12- Aprender es experiencia; todo lo demás es información.

13- La madurez comienza cuando nos preocupamos más por los demás que por nosotros mismos.

14- La vida sencilla y modesta aporta más felicidad que la persecución constante de éxito.

15- Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.

16- Los grandes espíritus siempre han encontrado oposición en mentes mediocres.

17- La paz no puede mantenerse por la fuerza; sólo mediante la comprensión.

18- El sentido común es el conjunto de prejuicios adquiridos hasta los dieciocho años.

19- La educación es lo que queda cuando se ha olvidado todo lo aprendido en la escuela.

20- Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad.

21- El mundo no será destruido por los malvados, sino por quienes miran sin hacer nada.

22- La inteligencia no es la capacidad de almacenar información, sino de saber qué hacer con ella.

23- El ejemplo no es una foma de enseñar, es la única.

24- El verdadero problema de la humanidad es que tenemos emociones paleolíticas, instituciones medievales y tecnología divina.

25- El azar no existe; Dios no juega a los dados...pero la vida sí.

26- La curiosidad es más poderosa que el miedo.

27- La lógica te llevará de A a B; la imaginación te llevará a cualquier parte.

28- La debilidad de actitud se convierte en debilidad de carácter.

29- El crecimiento intelectual debería comenzar con el nacimiento y cesar sólo con la muerte.

30- La verdadera señal de inteligencia es la imaginación, no el conocimiento acumulado.

31- Pensar es difícil, por eso la mayoría juzga.

32- la vida es muy peligrosa, no por quienes hacen el mal, sino por quienes lo permiten.

33- El tiempo existe para que no todo ocurra a la vez.

34- La felicidad no está en tener mucho, sino en necesitar poco.

35- La experiencia es el nombre que damos a nuestros errores.

36- Todo es energía...y eso lo cambia todo.

37- La sabiduría no es un producto de la escolarización, sino del intento de adquirirla toda la vida.

38- No memorices algo que puedas buscar.

39- El pensamiento profundo es enemigo del dogma.

40- La mente que se abre a una nueva idea jamás vuelve a su tamaño original.

41- La vida sin reflexión no merece ser vivida.

42- La autoridad sin entendimiento es inútil.

43- Para pillar a alguien que miente, sólo hazle dos preguntas: una para que improvise y otra para que sea coherente. Si notas duda o incoherencia, sabrás que miente.

44- El respeto por uno mismo guía la conducta hacia los demás.

45- La imaginación crea la realidad antes que esta exista.

46- Las crisis son oportunidades disfrazadas.

47- La curiosidad mantiene joven a la mente.

48- Lo importante es no dejar de hacerse preguntas.

49- La simplicidad es el resultado final de la complejidad.

50- El verdadero valor está en el pensamiento independiente.

51- Vivir para los demás es la única forma de vivir con sentido.

(De YouTube: "No volverás a ser engañado después de ver esto nunca más" del canal "Frases de Oro")

viernes, 14 de agosto de 2026

Arthur Koestler y su renuncia al marxismo

Mientras que el marxismo teórico puede leerse en libros especializados, el marxismo llevado a la práctica se conoce a través de intelectuales como Arthur Koestler, integrante del Partido Comunista alemán, quien alertó respecto a los efectos psicológicos que promueve el marxismo en sus seguidores, mientras que los efectos sociales se conocen a través de disidentes que vivieron bajo regímenes totalitarios, como los rusos Andrei Sajarov y Alexander Solyenitsin.

Existen semejanzas entre los lavados de cerebro que establecen los ideólogos de las sectas religiosas con operaciones similares por parte de los ideólogos marxistas. Entre los objetivos buscados resalta la destrucción de la personalidad auténtica de un individuo para reemplazar en su mente todo los rastros de la realidad para ser reemplazada por la ideología partidaria. La efectividad del método se advierte en el caso de Arthur Koestler, un destacado intelectual al que le llevó unos ocho años advertir los daños personales que le ocasionaba la ideología marxista. Es fácil imaginar que a personas menos predispuestas al razonamiento crítico, les habría de llevar varios años más o incluso la perturbación ideológica podría prolongarse por toda la vida.

Los totalitarismos son conformados por gigantescas sectas ultra-ortodoxas, que dominan mentalmente tanto a seguidores como a extraños con hábiles eslogans repetidos miles de veces. Arthur Koestler escribió: “Fui hacia el comunismo como quien va hacia un manantial de agua fresca y dejé el comunismo como quien se arrastra fuera de las aguas emponzoñadas de un río cubiertas por los restos y desechos de ciudades inundadas y por cadáveres de ahogados. Esta es en suma mi historia desde 1931 a 1938, desde la época en que tenía veintiséis años hasta que cumplí treinta y tres. Las cañas y juncos a que me aferré, y que me salvaron de ser tragado por aquellas turbias aguas, fueron el nacimiento de una nueva fe que, teniendo sus raíces en el fango, es algo esquivo, huidizo, pero tenaz. No puedo definir de otro modo la condición de esa fe, sino diciendo que en mi juventud miraba el universo como un libro abierto, impreso en el lenguaje de ecuaciones físicas y de determinaciones sociales, en tanto que ahora se me manifiesta como un texto escrito con tinta invisible, del cual, en raros momentos de gracia, conseguimos descifrar algún pequeño fragmento”.

“El proceso de degeneración había sido gradual y continuo, pues es posible descubrir ya el germen de la corrupción en la obra de Marx: en el tono cáustico de sus polémicas, en los denuestos dirigidos a los que se le oponían y en considerar como traidores a la clase trabajadora y agentes de la burguesía a los adversarios y disidentes, Marx trató a Proudhon, Düring, Bakunin, Liebknecht, Lasalle exactamente como Stalin trató a Trotski, Bujárin, Zinóviev, Kaméniev y otros, sólo que Marx no tenía poder para hacer matar a sus víctimas”.

“Mientras fui un verdadero creyente, la fe tuvo un efecto paralizador sobre mis facultades creadoras. La doctrina marxista es una droga como el arsénico o la estricnina; droga que, ingerida en pequeñas dosis, determina un efecto estimulante, pero paralizador de las facultades creadoras cuando se la toma en grandes cantidades. La mayor parte de los escritores «con conciencia de clase» del decenio al que me refiero fueron estimulados por la doctrina marxista porque no ingresaron en el partido, sino que permanecieron como simpatizantes de él a una segura distancia. Los pocos que efectivamente tomamos una parte activa en la vida del partido –tales como Víctor Serge, Richard Wright, Ignazio Silone- nos sentimos frustrados mientras permanecimos en él y sólo volvimos a encontrar nuestras verdaderas voces después del rompimiento”.

“Es relativamente fácil explicar cómo una persona con mi historia y antecedentes pudo llegar a convertirse en comunista, pero más difícil es expresar el estado de ánimo que llevó a un joven de veintiséis años a avergonzarse de haber estado en una universidad, a maldecir su propia agilidad mental, la pureza de su dicción en el lenguaje, a considerar los gustos y hábitos civilizados adquiridos como una constante fuente de reproches, y la mutilación intelectual de su personalidad como un fin deseable. Si me hubiera sido posible extirpar esos gustos y hábitos como si se tratara de un forúnculo me habría sometido gustosamente a la operación” (De “Autobiografía” II-Editorial Debate SA-Madrid 2000).

Religión: Antropomorfismo vs. Legalismo

Desde épocas remotas se ha asociado al universo un comienzo y un creador con atributos humanos, y también se imaginó la existencia de dioses especializados en el control de distintos sectores del universo. Con el transcurso del tiempo se advirtió la existencia de leyes naturales que regían todo lo existente, de ahí que se consideró a Dios como el creador de dichas leyes que a su vez dieron forma al universo. Marco Tulio Cicerón advertía a los hombres la necesidad de adaptarnos a dichas leyes, de las cuales escribió: “El universo entero ha sido sometido a un solo amo, a un solo rey supremo, al Dios todopoderoso que ha concebido, meditado y sancionado esta ley. Desconocerla es huirse a si mismo, renegar de su naturaleza y por ello mismo padecer los castigos más crueles aunque escapara a los suplicios impuestos por los hombres”.

Las dos principales formas de religión consideran, por una parte, a un Dios antropomorfo (con forma humana), y a un universo regido por leyes naturales invariantes, por otra parte. Al respecto, Daisaku Ikeda escribió: "Las tradiciones judeo-cristianas e islámica proponen un dios absoluto antropomórfico, última razón de todo el universo que de él depende, y que tiene la misma clase de emociones -agradables y desagradables- que los propios seres humanos. Como contraste, el budismo se basa en la creencia en una ley omnipresente, universal, abstracta y pura. La ley no recompensa ni castiga del mismo modo que el dios judeo-cristiano, pero los seres humanos son mejores y viven mejor si actúan de acuerdo con ella. Además, es accesible para todos por igual y no tiene los así llamados elegidos a los que favorece, ni tampoco una tierra prometida específica".

Luego, en respuesta a Bryan Wilson, escribió: "Si lo comprendo a usted bien, el meollo de su argumento es éste: Las religiones que evolucionan a partir de divinidades locales como Jehovah pueden llegar a incluir elementos de una ley universal y benevolente como la gracia de Dios. Y las religiones basadas en la ley pueden llegar a incluir elementos antropomórficos".

"Tengo plena consciencia de que Dios es un dios de misericordia así como de cólera y que luego envió a su hijo Jesucristo al mundo para la salvación del hombre. Sin embargo, la relación original entre Él y los creyentes estaba fundada en el miedo. Y aunque, como usted sugiere, la teología cristiana ha tratado de reinterpretar a Dios en términos de una ley o algo parecido, fundamentalmente está imbuido de elementos muy humanos de voluntad y emoción" (De "Los valores humanos en un mundo cambiante" de Daisaku Ikeda y Bryan Wilson-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1993).

Estas dos posturas respecto de la naturaleza de Dios no son diferentes del teísmo y del deísmo, que pueden sintetizarse de la siguiente manera:

Teísmo: Universo = Dios + Leyes naturales

Deísmo: Universo = Dios = Leyes naturales

Así, el teísmo es el cristianismo con un Dios con forma humana que interviene en los acontecimientos humanos por medio de revelaciones y milagros, mientras que el deísmo, o religión natural, adopta una postura coincidente con la de Baruch de Spinoza identificando a Dios con el conjunto de leyes naturales que conforman el orden natural.

Desde el punto de vista científico, se admite que todo lo existente está regido por leyes naturales invariantes, de ahí que el deísmo resulta enteramente compatible con la ciencia experimental. Es por ello que a los seres humanos sólo nos queda la posibilidad de adaptarnos de la mejor manera posible a dicho orden, en forma independiente a si nos gusta o no su "voluntad" aparente, o si al orden lo consideramos como que está bien o mal hecho.

Una ley natural implica una relación invariante entre causas y efectos, o entre estímulos y respuestas. De ahí que, en el caso de los seres humanos, la ley natural más evidente es la actitud característica de las personas, como una relación entre estímulo y respuesta. La actitud es una predisposición a actuar de una forma determinada y es diferente en cada persona, incluso puede ir cambiando con el tiempo, mejorando o empeorando.

Si se considera que Dios actúa en forma similar a los seres humanos, entonces podemos asociarle cierta actitud característica, suponiendo que actúa de igual manera en iguales circunstancias. De ahí que estaría regido por una ley natural similar a la impuesta a los seres humanos, y por ello podemos advertir cierta equivalencia entre las dos maneras básicas de considerar a la deidad.

Así, tenemos a un Creador de todo lo existente a partir de la nada, o bien podemos considerar un universo sin un Creador, por lo cual se advierte que es tan ilógico un universo que surge de la nada como un universo sin un comienzo, o que siempre existió.

Si asociamos a la religión la misión de "unir a los adeptos", resulta ser esencialmente una ética, por lo cual los planteos de tipo filosófico deberíamos dejarlos de lado mientras que pensamos en lo único concreto que hay, que son las leyes naturales, especialmente aquellas que rigen a cada uno de los seres humanos. La religión, de esta manera, resulta ser la principal conductora del proceso de evolución cultural de la humanidad. Compatible con la ciencia, la religión natural permite promover la ética bíblica considerando que el amor al prójimo constituye el principal medio para la supervivencia individual como colectiva.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Economía: Teorías y Doctrinas

Así como existe una ética natural respecto de la cual surgen diversas aproximaciones, puede decirse que existe una economía natural respecto de la cual se establecen diversas descripciones a fin de establecer optimizaciones de la misma. La economía natural es aquella en que individuos libres establecen intercambios de bienes y servicios, proceso conocido como "economía de mercado", siendo el "mercado" el lugar de los intercambios, si bien posteriormente tal palabra significa, simbólicamente, todo el proceso de intercambios sin especificar un lugar determinado.

La economía de mercado admite ser considerada como un sistema autorregulado, con realimentación negativa, cuyas causas son controladas por los efectos. Ello implica que los precios de los bienes y servicios que se intercambian, tienen la posibilidad de controlar la producción y el consumo de los mismos, es decir, los precios controlan la cantidad de oferta y la cantidad de demanda. Se dice que los precios llevan consigo una importante información que ha de orientar las decisiones tanto de los productores como de los consumidores.

En la ciencia económica, como parte de las ciencias sociales, aparecen teorías descriptivas del proceso de mercado en las cuales se identifican las variables que intervienen en el proceso a fin de lograr una optimización del mismo. Se dice que son teorías por cuanto son inherentes sólo a los aspectos económicos del proceso. Pero, como tal teoría implica decisiones humanas que provocarán ciertos efectos de la sociedad, permite la introducción de doctrinas con aspectos extraeconómicos que tratan de adaptar la economía a las necesidades de la población.

Mientras una teoría económica busca, posteriormente a su publicación, ciertas justificaciones ideológicas o doctrinales, una doctrina parte incialmente de ciertas ideas sociales a las cuales debería responder la economía propuesta. Jorge E. Fernández-Pol escribió: "Una doctrina económica es una filosofía de vida económica cristalizada en un conjunto de principios que se enseñan como verdaderos y del que no se admite que vaya a cambiar sustancialmente a la luz de experiencia nueva".

"Dos puntos deben enfatizarse. En primer lugar, una doctrina económica tiene como cometido influir sobre los seres humanos, convencerlos de sus bondades y autoperpetuarse incorporando más y más cultores a sus filas. Y, en segundo lugar, una doctrina económica no carece de fundamento científico, pero predomina la creencia sobre la ciencia" (De "Economía para no economistas"-Editorial Tesis SA-Buenos Aires 1986).

Mientras que existen personas que creen en la superioridad de una ética natural ante una artificial, también existen personas que descartan la existencia de una ética natural, que deberíamos describir, por lo cual proponen una ética artificial, que deberíamos crear. En economía sucede algo similar, ya que existen economistas que aceptan la existencia de un proceso natural, espontáneo, mientras que otros descreen en su existencia y proponen economías "artificiales" en su lugar. Desde el punto de vista de la ciencia experimental, resulta aconsejable adoptar una economía, natural o artificial, que produzca los mejores resultados.

Entre las economías naturales encontramos el liberalismo asociado a la Escuela Austriaca de Economía, que esencialmente propone la no intervención del Estado para no entorpecer o bien destruir el sistema de información asociado a los precios de mercado, como ocurre cuando el Estado emite billetes que luego generan inflación o también cuando, mediante mecanismos bancarios, se ofrecen créditos más allá de los reales ahorros de la población, existentes en el sistema bancario. Los nombres más representativos son los de Ludwig von Mises y Friedrich von Hayek. El proceso económico libre de posibles distorsiones estatales se conoce como "la mano invisible", denominación que proviene desde las épocas de Adam Smith.

La principal economía "artificial" es la propuesta por Karl Marx y se basa en "la mano visible" del Estado, que reemplaza y anula el proceso autorregulado de la economía de mercado. En este caso se advierte la existencia de una doctrina política que ignora completamente la espontaneidad que la propia naturaleza humana favorece para establecer los intercambios libres. El rechazo actual, por parte de la mayoría de los países, no se debe a que se trata de una doctrina política a la cual debería adaptarse la economía, sino a los pobres resultados tanto políticos como económicos que produjo a lo largo y a lo ancho del mundo.

Otras economías propuestas, vigentes actualmente, son el keynesianismo y el monetarismo. Mientras que el keynesianismo, propuesto por John Maynard Keynes, descree de la economía libre, proponiendo cierta influencia estatal, el monetarismo de Milton Friedman acepta la economía de mercado si bien propone cierta intervención monetaria desde el Estado.

Jorge E. Fernández-Pol resume estas últimas propuestas económicas:

"Dos aspectos deben recordarse sin titubeos: primero, el núcleo de una doctrina económica contiene más convicciones (afirmaciones subjetivas) que enunciados científicos (afirmaciones objetivas); segundo, y más dramático si cabe, a pesar de que la vigencia de los enunciados científicos suelen evaporarse con el transcurso del tiempo, las convicciones quedan".

"Las convicciones centrales del keynesianismo son: «Los principales inconvenientes de la sociedad económica en que vivimos son su incapacidad para proporcionar el pleno empleo y su arbitraria y desigual distribución de la riqueza y los ingresos»".

"El grupo de convicciones básicas puede condensarse en la siguiente triada: primero, el Estado tiene que modelar la propensión al consumo (mediante su sistema impositivo, fijando la tasa de interés e, incluso, por otros medios); segundo, debe socializarse el proceso de inversión (único medio de garantizar el pleno empleo); y, finalmente, al Estado no le conviene asumir la propiedad de los medios materiales de producción (rechaza la tesis nuclear del marxismo)".

En cuanto al monetarismo:

"Grosso modo, el monetarismo engloba tres convicciones principales, a saber":

1- El mejor modo de organizar la actividad económica es por conducto de mercados competitivos, porque estimulan el egoísmo («Cada cual por su lado») y el darwinismo económico («Sólo los mejor adaptados sobreviven y merecen sobrevivir a la competencia económica»).
2- Oposición a la mayoría de los tipos de regulación de la economía, particularmente, porque las políticas gubernamentales encaminadas a disminuir las desigualdades socio-económicas no son operativas.
3- El sistema monetario ocupa una posición focal en la economía de un país y su variable clave es la tasa de expansión de la oferta monetaria. (De "Economía para no economistas")

lunes, 10 de agosto de 2026

La hija de Tolstoi alertaba sobre el comunismo

Si en la actualidad los partidos nazis, si es que los hay, recibieran el apoyo electoral de un gran porcentaje de votantes, sería un síntoma de peligro real para la civilización. Sin embargo, tal peligro existe por cuanto son los partidos socialistas quienes tienen ese apoyo. El peligro radica en que no existen demasiadas diferencias entre nazis y socialistas, incluso la peligrosidad del socialista es mayor por cuanto utiliza disfraces humanistas, además de que los socialistas (Stalin y Mao, principalmente) produjeron entre 4 y 5 veces más asesinatos que los ocasionados por los nazis.

Si bien muchos creen que no es posible repetir los genocidios producidos por los socialistas durante el siglo XX, todo indica que los actuales líderes socialistas llegarían a tales extremos si las poblaciones respectivas lo permiten. Resulta fácil advertir que, cuando se elimina la propiedad privada, de manera que el Estado tiene el dominio absoluto no sólo de la economía y de la política, sino de la cultura, la educación, el militarismo y todo lo demás, y ese Estado es dominado por un pequeño grupo o por un solo individuo, se crean las condiciones para una gran catástrofe humanitaria como las producidas en el siglo XX por nazis y comunistas.

A continuación se reproduce una nota en la cual se relatan aspectos de las primeras etapas de la Unión Soviética:

ASÍ ALERTÓ LA HIJA DE TOLSTOI EN ABC DEL GENOCIDIO DE STALIN

«¿Podemos llamar socialista a su dictadura?»

ABC publicó en exclusiva esta carta de la hija de Tolstoi en España, donde informaba de que millones de rusos y ucranianos estaban «muriendo en las cárceles y en los campos de concentración»

Este desgarrador documento, que describe los horrores cometidos por el régimen de Stalin, apareció publicado por primera vez en España en el diario ABC, el 26 de abril de 1933. Lo firmaba Alexandra Tolstoi (1884-1979), hija y principal confidente del famoso autor de «Guerra y paz» y «Ana Karenina», que dos años antes había huído de la URSS a Nueva York por la persecución a la que fue sometida por sus ideas políticas: «¿Es posible que todavía haya quien crea que la sangrienta dictadura de unos cuantos hombres destructores de la cultura, la religión y la moral pueda llamarse socialismo?», se preguntaba en la misiva.

Aquel año había sido uno de los más oscuros, dramáticos y sangrientos de la historia de la Unión Soviética y Alexandra Tolstoi no pudo callar, tal y como rezaba el título de su escrito, que comenzaba así: «Cuando en 1908, el Gobierno zarista condenó a muerte a algunos revolucionarios, un grito salió de la boca de mi padre: “¡No puedo callarme!”. Y el pueblo ruso, unánime, se unió al grito de protesta contra aquel asesinato. Ahora, cuando millares de seres humanos en el norte del Cáucaso son fusilados o desterrados, y que mi padre ya no vive, siento la imperiosa necesidad de elevar mi débil voz contra las ferocidades bolcheviques».

Eran los años del «Holodomor», como se conoce al periodo entre 1932 y 1933 en el que Stalin provocó la muerte de entre seis y siete millones de ucranianos de hambre. Aproximadamente los mismos que Hitler durante el Holocausto nazi, pero en menos tiempo. El objetivo fue imponer la colectivización de la agricultura a la que los campesinos de Ucrania, conocida entonces como «el granero de Europa», se habían resistido en la década anterior. Una política que acabó después convirtiéndose en una guerra contra toda la población, a la que se le robaba el trigo, el pan y todos los productos comestibles, bajo amenaza de tortura, deportación o muerte. «Con el método del frío se desnuda al koljoziano (granjero) y se le deja en un hangar. A menudo brigadas enteras sufren desnudas. El método del calor es rociar keroseno en los pies y las faldas de las koljosianas (campesinas). Después se apaga y vuelta a empezar», contaba el célebre escritor Mijail Sojolov, en una carta enviada al mismo Stalin para que detuviera estas atrocidades. El líder comunista, por supuesto, hizo caso omiso.

«Esperanza de sobrevivir»

Muchos historiadores consideran que aquella fue una política de exterminio deliberadamente planeada por Stalin para aplastar toda resistencia contra el régimen comunista, suprimir los movimientos nacionalistas e impedir la creación de un Estado ucraniano independiente. De hecho, durante el año en el que Alexandra Tolstoi envió su carta a los periódicos europeos, y que en España publicó ABC, las deportaciones adquirieron dimensiones bíblicas. Centenares de miles de campesinos fueron enviados en programas de colonización a Siberia, en muchos de los cuales la mortandad superó el 70% el primer año. «Cada vez hay más campesinos que huyen a la ciudad porque no tienen esperanza de sobrevivir. Traen a los niños y los que dejan abandonados con la esperanza de que se salven y regresan a morir a sus aldeas», informaba el cónsul italiano en Járkov a su gobierno.

Contra esta barbarie se alzó la hija favorita de Tolstoi en esta carta que casi todos los periódicos españoles en tiempos de la Segunda República se negaron a publicar. «En España no necesitamos hacer propaganda comunista en la prensa, porque allí nos la hacen gratis los periódicos burgueses y capitalistas», había dicho Trotsky antes de marchar al exilio.

Dicha carta, bajo el epígrafe «¡No puedo callarme!», decía lo siguiente:

«Cuando en 1908 el Gobierno zarista condenó a muerte a algunos revolucionarios, un grito salió de la boca de mi padre: “¡No puedo callarme!”. Y el pueblo ruso, unánime, se unió al grito de protesta contra aquel asesinato.

Ahora, cuando millares de seres humanos en el norte del Cáucaso son fusilados o desterrados, y que mi padre ya no vive, siento la imperiosa necesidad de elevar mi débil voz contra las ferocidades bolcheviques, tanto más como que he trabajado doce años con el Gobierno soviético y he visto con mis propios ojos extenderse el terrorismo.

El mundo callaba. Millones de hombres eran desterrados o morían en las cárceles y en los campos de concentración. Miles de ellos eran fusilados en el acto.

Los bolcheviques la emprendieron primero con las clases enemigas, con los creyentes, los religiosos, los profesores, los sabios. Ahora la emprende con los obreros y los campesinos... y el mundo sigue callando.

Desde hace quince años el pueblo ruso padece esclavitud, hambre y frío. El Gobierno bolchevique sigue oprimiéndole y le arrebata su trigo y otros productos, que envía al extranjero porque necesita dinero, no sólo para comprar maquinarias, sino para hacer la propaganda comunista en el mundo entero. Y si los campesinos protestan y ocultan su trigo para sus familias hambrientas... se les fusila.

El pueblo ruso ya no tiene fuerzas para soportar sus padecimientos. La rebeldía late por todas partes: en las fábricas, en los talleres, en los pueblos y hasta en regiones enteras. Los campesinos arruinados y muriéndose de hambre se fugan de Ucrania por millares.

¿Y qué hace mientras tanto el Gobierno soviético? Publica decretos y más decretos para expulsar de Moscú y otras grandes ciudades a miles de habitantes, calmando al propio tiempo a los campesinos rebeldes por medio del destierro y de los fusilamientos.

Desde Iván el Terrible, Rusia no ha contemplado mayores atrocidades. Y ahora cuando los cosacos del Kubán se rebelaron en masa, se ha fusilado a familias enteras y 45.000 personas han sido desterradas a Siberia por orden de Stalin para morir allí abandonadas. ¿Es posible que, ante esto, siga callando el universo? ¿Es posible que aun haya gobiernos capaces de mantener relaciones con esos asesinos, prestándoles ayuda en perjuicio de sus propios países?

¿Es posible que un escritor idealista como Romain Rolland (quien, sin embargo, ha sabido comprender el alma de los grandes pacifistas como Tolstoi y Gandhi) y escritores como Henri Barbusse y Bernard Shaw puedan seguir entonando himnos al paraíso comunista? Así se hacen responsables de la difusión de las teorías bolcheviques, que son una amenaza para el mundo entero y le llevará a la ruina.

¿Es posible que todavía haya quien crea que la sangrienta dictadura de unos cuantos hombres destructores de la cultura, la religión y la moral pueda llamarse socialismo? ¿Quién gritará también “No puedo callarme”, a fin de que todos lo oigan? ¿Dónde estáis, cristianos, verdaderos pacifistas, escritores y trabajadores? ¿Por qué os callais? ¿Aún os hacen falta pruebas, testimonios o cifras? ¿No oís las voces pidiendo socorro? ¿O pensáis que se puede procurar la felicidad de los hombres por la fuerza bruta, las matanzas y la esclavitud de todo un pueblo?

No me dirijo a aquellos cuyas simpatías comunistas se han comprado con dinero extraído al pueblo ruso. Me dirijo a cuantos todavía creen en la fraternidad e igualdad de los hombres: a los cristianos, a los socialistas, a los escritores, a los trabajadores, políticos y sociales, a las mujeres, a las madres. ¡Abrid los ojos! ¡Uníos todos en una protesta unánime contra los verdugos de un pueblo sin defensa!».

(De www.abc.es)

Ética práctica

Tanto en el ámbito de la filosofía como en el de la religión, encontramos escritos que carecen totalmente de sentido práctico, incluso pareciera que están destinados a ser leídos por especialistas careciendo de interés para el público en general. En el caso de la religión moral, o bíblica, tienden a reemplazar las prédicas evangélicas constituyendo una filosofía antes que una teología. Así, mientras algunos filósofos reclaman por una "filosofía práctica", en el ámbito del cristianismo se reclama una "religión práctica" que contemple una forma de vida, y una visión del mundo, accesibles a todo habitante del planeta, dejando de lado los henredos teológicos que enmascaran totalmente las prédicas originales del Evangelio.

Gran parte de los libros sobre ética, poco o nada mencionan a la ética natural o cristiana. Ello se debe principalmente a que los diversos autores no desean tener conflictos con los predicadores cristianos. También existe un grupo numeroso de autores que, poco adeptos a la religión, la rechazan en forma total, incluida la ética observable y eficaz derivada de la empatía emocional. Incluso desde las autoridades de la Iglesia se rechaza que el cristianismo sea una ética, a pesar de las evidencias de los mandamientos bíblicos. Así, Jorge Bergoglio expresó en Twitter: “Ser cristianos no es ante todo una doctrina o un ideal moral, es la relación viva con el Señor Resucitado” (18/4/21).

Puede decirse que una ética es una forma de vida que apunta hacia algún objetivo concreto, como es el logro de la felicidad, del placer o de la inmortalidad, mientras que la moral ha de ser el grado de aceptación concreta que se le otorga a una ética determinada. En el caso del cristianismo, la ética propuesta apunta hacia la vida eterna, pero el cumplimiento de los mandamientos conduce a la felicidad en primera instancia. Benedetto Croce escribió: "El cristianismo, concibiendo como insociables placer y deber, naturaleza y moralidad, prestó un gran servicio, no sólo al progreso general de la civilización, sino que también muy en particular al de la ética".

"El contraste cristiano de los dos términos [utilidad y moralidad] agita toda la ética moderna, desde el Renacimiento hasta comienzos de la décima nona centuria, y también (salvo algunas excepciones) en tiempos más próximos a nosotros. Y por tal motivo, se disciernen en él las dos direcciones, según que prevalezca uno u otro término del contraste, y se niega la moralidad por la utilidad, resolviéndola en la última, o se niega la utilidad por la moralidad, el placer por el deber. Esta última es la ética rigorista, nacida por filiación directa del cristianismo y de los elementos ascéticos orientales que a él confluyeron; la otra es el utilitarismo, hijo también, aunque espúreo, de la distinción o dilaceración introducida por el cristianismo en la antigua unidad de deber y placer, virtud y felicidad" (De "Filosofía práctica"-Ediciones Anaconda-Buenos Aires 1942).

El citado autor, si bien pareciera buscar lo simple y lo práctico, no logra tal objetivo. La sencillez de la ética se extrae de la evidencia ante la existencia de las cuatro actitudes emocionales básicas: amor, odio, egoísmo e indiferencia. Luego, como la primera produce mejores resultados que las demás, la elegimos para que constituya una ética natural, tal el "Amarás al prójimo como a ti mismo", o bien: Compartirás las penas y las alegrías ajenas como propias. La actitud que debe predominar en cada uno de nosotros es una predisposición antes que un deber hacia todo ser humano, ya que, generalmente, no todas las personas ofrecen la posibilidad de concretar el ideal implícito en esa predisposición.

Las actitudes básicas del ser humano se hacen evidentes ante la visión ofrecida por la Psicología social, pudiéndose decir que, a través de esta rama de las ciencias sociales, se llega a una efectiva unión entre psicología y religión moral. Así, Jaime E. Giles escribió: “Es peligroso tratar de separar la religión de la ética. Los sistemas religiosos que no reconocen la importancia de la ética caen en el ritualismo, y los sistemas éticos que no se basan en la religión se vuelven impotentes para resolver los problemas básicos del hombre”.

“La psicología y la ética tratan de determinar el motivo de las acciones del hombre. La ética y la psicología se suplementan la una a la otra. La psicología puede colaborar con la ética cristiana, dándole una comprensión más profunda de las prácticas del hombre; la ética cristiana puede ayudar a la psicología, haciéndole reconocer que una adecuada filosofía de la vida y la salud mental no se logran sino respetando ciertas leyes básicas que son por naturaleza morales” (De “Bases bíblicas de la Ética”-Casa Bautista de Publicaciones-Cali 1965).

sábado, 8 de agosto de 2026

Acerca de los santos

Se puede clasificar a las religiones como integrantes de dos grupos principales; por una parte tenemos la religión moral, en la cual se considera que las actitudes éticas determinarán el éxito posterior en la vida. Por otra parte tenemos las religiones paganas, en las cuales predomina el intercambio de ruegos, ofrendas y pedidos a Dios, o a sus intermediarios, considerando que de ellos dependerá el éxito mencionado.

Mientras que la religión moral resulta compatible con las leyes naturales existentes, las religiones paganas ni siquiera las tienen presentes. Debido a las diferencias mencionadas, existe una lucha permanente entre religiones, con los resultados negativos que es de esperar.

La decadencia del catolicismo se debe, en parte, a que, en lugar de tomar como ejemplo la vida de los santos, se los transforma en seres milagrosos que nos beneficiarán de alguna manera ante nuestros pedidos, casi como si fueran amuletos de la buena suerte. Y quien vea en los santos un ejemplo ético, sobre todas las cosas, sin tener en cuenta algún fenómeno de tipo sobrenatural, posiblemente podrá ser considerado despectivamente como “ateo”, “no creyente”, o con algún calificativo similar.

No resulta evidente que la actitud pagana sea del todo negativa, ya que no es posible determinar con precisión los efectos que tal creencia produce en los diferentes individuos, tal es el caso de las denominadas oraciones. La visión deísta del mundo, compatible con la ciencia experimental, considera la existencia de un orden natural establecido por leyes naturales subyacentes e invariantes, que hacen innecesaria toda posible interrupción. De ahí que descarta la posibilidad del milagro, como una contravención hacia tales leyes, siendo el milagro la interrupción momentánea de la secuencia de causas y efectos por parte de Dios, o bien la alteración de las condiciones iniciales en una secuencia de tal tipo.

Ante la posible existencia de tales intervenciones, el hombre acude a Dios en situaciones de emergencia. Para prevenirlas, lleva imágenes y símbolos religiosos, a veces considerando al propio Cristo como un amuleto de la buena suerte. En este caso, la religión moral no se distingue de un simple paganismo. Algo similar ocurre cuando la oración tiende más a parecerse a un ritual que a un pensamiento inspirado en la idea de Dios. De ahí que Cristo recomendaba: “Cuando recéis, no charléis mucho, como los paganos, que se imaginan que serán atendidos a fuerza de mucho hablar. No os parezcáis a ellos, pues vuestro Padre ya sabe qué os hace falta antes que se lo pidáis” (De “Los Cuatro Evangelios”-Mateo-Ediciones Guadarrama-Madrid 1968).

Se considera a la oración como un pedido a Dios cuya respuesta es el milagro; como si “Dios no supiera qué nos hace falta”. José María Riaza Morales escribió: “Los milagros significan la acogida favorable de una oración, son señales de aprobación, testimonios de benevolencia, advertencias, enseñanzas. Constituyen signos dirigidos por Dios al hombre, un lenguaje divino sobre el fondo de la Naturaleza. «En resumen –se podría decir con el premio Nobel de Medicina Alexis Carrel-, todo sucede como si Dios escuchase al hombre y le transmitiese su respuesta»” (De “Azar, Ley, Milagro”-BAC-Madrid 1964).

Por otra parte, Alexis Carrel escribió: “Fue generalmente admitido que no sólo no existen los milagros, sino que no podían existir. Lo mismo que las leyes de la termodinámica hacen imposible el movimiento continuo, las leyes fisiológicas se oponen a los milagros. Todavía es ésta la actitud de la mayor parte de los fisiólogos y de los médicos. Sin embargo, en vista de los hechos observados durante los últimos cincuenta años, no puede sostenerse esta actitud. Los casos más importantes de curación milagrosa se han registrado en la Oficina Médica de Lourdes. Nuestro concepto actual de la influencia de la oración sobre las lesiones patológicas está basado en la observación de pacientes que han sido curados casi instantáneamente de diversas afecciones, tales como tuberculosis peritoneal, abscesos fríos, osteítis, heridas supurantes, lupus, cáncer, etc. El proceso de la curación varía poco de unos individuos a otros. A menudo, un dolor agudo. Luego, una sensación instantánea de estar curado. En unos segundos, unos minutos, todo lo más unas horas, se cicatrizan las heridas, desaparecen los síntomas patológicos, vuelve el apetito”.

“El milagro se caracteriza principalmente por una extraordinaria aceleración de los procesos de reparación orgánica. No hay duda de que el grado de cicatrización de los defectos anatómicos es mucho más rápido que lo normal. La única condición indispensable para que el fenómeno se produzca es la plegaria. Pero no es necesario que sea el mismo paciente el que rece, ni siquiera que tenga fe religiosa. Basta con que alguien a su alrededor se halle en estado de oración. Estos hechos son profundamente significativos. Muestran la realidad de ciertas relaciones, de naturaleza aún desconocida, entre los procesos psicológicos y orgánicos. Prueban la importancia objetiva de las actividades espirituales, que los higienistas, los médicos, los educadores y los sociólogos han dejado de estudiar casi siempre. Abren al hombre un mundo nuevo” (De “La incógnita del hombre”–Editorial Época SA-México 1967).

En la actualidad, la influencia de la Iglesia es menor a la de otras épocas, por lo que las sugerencias de Erasmo siguen siendo de interés y teniendo plena vigencia. En el siglo XVI se atrevió a sugerir que los sacerdotes podrían casarse, entre otras sugerencias consideradas heréticas para la época. Giovanni Reale y Darío Antiseri escribieron: “Erasmo se opone a la filosofía entendida como construcción de tipo aristotélico-escolástico, centrada sobre problemas metafísicos, físicos y dialécticos. Para Erasmo la filosofía es un conocerse a sí mismo a la manera de Sócrates y de los antiguos: es un conocimiento sapiencial de vida; se trata, sobre todo, de una sabiduría y una práctica de vida cristiana. La sabiduría cristiana no necesita complicados silogismos, y se reduce a pocos libros: los Evangelios y las Cartas de San Pablo. Según Erasmo, «¿qué otra cosa es la doctrina de Cristo, que él mismo denomina ‘renacer’, si no un retorno a la naturaleza bien creada?». Esta filosofía de Cristo, por lo tanto, es un renacer, un volver a la naturaleza bien creada. Los mejores libros paganos contienen «gran cantidad de cosas que concuerdan con la doctrina de Cristo»”.

“La gran reforma religiosa, en opinión de Erasmo de Rotterdam, consiste sólo en esto; quitarse de encima todo aquello que el poder eclesiástico y las disputas de los escolásticos han agregado a la sencillez de las verdades evangélicas, confundiéndolas y complicándolas. Cristo ha indicado el camino más sencillo para la salvación: fe sincera, caridad no hipócrita y esperanza que no decae. Si contemplamos a los grandes santos, veremos que no hicieron otra cosa que vivir con libertad de espíritu la genuina doctrina evangélica. Lo mismo puede comprobarse en los orígenes del monaquismo y en la vida cristiana primitiva” (De “Historia del pensamiento filosófico y científico”-Editorial Herder SA-Barcelona 1988).

Erasmo advierte un retorno al paganismo cuando los santos no son considerados como ejemplos, sino como intermediarios para acceder a Dios. Juan Carlos García-Borrón escribe al respecto: “Erasmo subraya que el propósito de la oración es elevar el alma a Dios, e insiste en que sólo hay una relación muy remota entre tal propósito y las fórmulas fijas e invariables, como el recitado de un rosario, a cuya repetición atribuyen los ignorantes un poder mágico. Únicamente las oraciones que aparecen en la Escritura deben ser respetadas en su letra. Y Erasmo va aún más lejos: sin reprobar el culto a los santos y a sus imágenes, ve en éste un derivado del politeísmo pagano y un semillero de supersticiones, de las que habría que limpiarlo y que él fustiga sin consideración” (De “Historia de la Filosofía”-Ediciones del Serbal-Barcelona 1998).

H. A. Enno van Gelder sintetiza la postura adoptada por el ilustre pensador holandés: “Desde el principio de su carrera, Erasmo se alzó en armas contra las vanas disputas de los escolásticos, el formalismo de la Iglesia de su tiempo, la opulencia y el poder temporal del clero, y más tarde, sobre todo, contra los frailes, a los que consideraba sus peores enemigos y cuya vida monástica estimaba inútil”.

“Confiaba en la reconstrucción de la Iglesia con arreglo a su idea del cristianismo primitivo: no una doctrina de redención del pecado y de la muerte, sino una «philosophia Christi» que enseña al hombre a vivir de acuerdo con los mandamientos del amor al prójimo, la misericordia, el dominio de sí mismo y la razón, como enseñaba también lo mejor de la doctrina de los clásicos. No consideraba los sacramentos como vehículos de la gracia. Condenaba la doctrina de la Iglesia de la absolución por medio de la penitencia y de las buenas obras, el culto de los santos y sus reliquias, y la práctica de las peregrinaciones”.

“Sostenía que la única misión del sacerdote era la edificación por la palabra y el ejemplo. Al mismo tiempo, quería conservar los dogmas principales (incluso el poder papal, siempre que se limitase a las materias de fe). Sin embargo, su interpretación de dichos dogmas difería tanto de la profesada por la Iglesia, que las jerarquías, aun después del Concilio de Trento, condenaron sus escritos. Pero sus ideas encontraron un gran eco y siguen vivas todavía, tanto entre los católicos como entre los protestantes liberales” (De la “Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales”-Aguilar SA de Ediciones-Madrid 1974).

Observando películas en que se recrean escenas de la antigua Roma, se advierte que las ofrendas y homenajes a la diosa Isis sólo difieren de las ofrendas y homenajes a Cristo en cuanto sólo cambia el destinatario de tales actos. La actitud del creyente es más o menos similar. De ahí surge el interrogante acerca de si Cristo vino a cambiar las actitudes paganas o sólo vino a reemplazar a los "falsos dioses" mientras los seres humanos permanecían sin cambios. Recordemos que Cristo dijo: "..porque Dios sabe que os hace falta antes que se lo pidáis".

Es posible que el rezo, o las oraciones, tengan efectos benéficos en las personas; no porque Dios ha escuchado nuestras plegarias, sino porque puede existir cierta influencia positiva a través de comunicaciones de tipo telepático entre el orante y el beneficiado. De ahí los procesos de cicatrización rápida producidos en Lourdes, descriptos por Alexis Carrel.

jueves, 6 de agosto de 2026

Las bases éticas del liberalismo

El liberalismo político tanto como el liberalismo económico (mercado) han sido las tendencias ideológicas que han caracterizado a los países de Occidente. Justamente, H. J. Laski escribió: "El liberalismo ha sido, durante los últimos cuatro siglos, la doctrina por excelencia de la civilización occidental" (De "El liberalismo europeo"-Fondo de Cultura Económica-México 1979).

Siendo la libertad individidual la búsqueda prioritaria de los liberales, no debe dejarse de lado que, asociado a ese valor, ha de existir la responsabilidad individual. De ahí que Viktor Frankl, simbólicamente, propuso que la Estatua de la Libertad en la costa este de los Estados Unidos debería complementarse con una Estatua de la Responsabilidad en la costa oeste, como el necesario complemento entre libertad y responsabilidad, expresando: “Conocéis la estatua de la libertad. Está en la costa oriental de vuestro país. ¿Qué os parece si erigís aquí, en la costa occidental, una estatua de la responsabilidad?” (De “El hombre doliente”-Editorial Herder SA-Barcelona 1987).

Los fundadores del liberalismo se fueron desligando un tanto de las ideas y costumbres de la Edad Media y de la Iglesia Católica, que pretendía mantener su vigencia, pero no se desligan del cristianismo, como base ética de sus propuestas. Este ha sido el caso del liberalismo político, promovido por John Locke junto a la ética cristiana, y del liberalismo económico, promovido por Adam Smith junto a una ética compatible con la ética cristiana.

Mientras que Locke escribe un libro titulado “La racionalidad del cristianismo”, Smith hace lo propio con la “Teoría de los sentimientos morales”, ya que la libertad, sin una base moral, carece de las ventajas que tal predisposición individual ha de generar en la sociedad. Nicola Abbagnano escribió: “A esta defensa de la tolerancia añade Locke una defensa apologética del cristianismo, reconocido, en su núcleo esencial, como la más razonable y útil de las religiones”.

“En La racionalidad del cristianismo busca precisamente este núcleo, y lo pone en la fe en Cristo como Mesías. El reconocimiento de Cristo como Mesías y el del verdadero Dios, son los únicos artículos de fe necesarios para el cristiano, y constituyen una religión simple, apta para la comprensión de los literatos y de los trabajadores y libre de las sutilezas de los teólogos”.

“Naturalmente la fe en Cristo supone también la obediencia a sus preceptos; pero nadie queda obligado a conocer todos estos preceptos, aunque convendría que todos procurasen aprenderlos y comprenderlos en la Sagrada Escritura. La justificación del cristianismo se basa, según Locke, en su racionabilidad y en su utilidad. Sin él «la parte racional y pensante del género humano» hubiera ciertamente «podido descubrir al único, supremo e invisible Dios»; pero a todo el resto de la humanidad este descubrimiento hubiera permanecido oculto”.

“La revelación cristiana lo ha difundido por todo el mundo. Y, además, ha dado autoridad y fuerza a aquellos preceptos morales, que de lo contrario hubieran sido solamente patrimonio de los filósofos. En otras palabras, el cristianismo ha sido para Locke una nueva, más vasta y más eficaz promulgación de la ley moral y de las verdades fundamentales que rigen la vida humana. La obra de Locke aparecía en 1695, y en 1696 se publicaba la de Toland: Cristianismo no misterioso. Se iniciaba con estas obras la disputa sobre el deísmo, que es el primer gran intento de encerrar la religión dentro de los límites de la razón” (De “Historia de la Filosofía”-Montaner y Simon SA-Barcelona 1955).

En cuanto a Adam Smith, puede decirse que la descripción que hace del aspecto emocional de todo ser humano, resulta enteramente compatible con el “Amarás al prójimo como a ti mismo”, interpretado como “compartirás las penas y las alegrías ajenas como propias”. Sin embargo, Smith no hace ninguna referencia a los Evangelios; seguramente para no tener que discutir y padecer la reacción de los teólogos del siglo XVIII, predispuestos a mantener el predominio de los misterios sobre todo lo que resulte evidente y accesible a la razón. Adam Smith escribió: “Nuestra imaginación tan sólo reproduce las impresiones de nuestros propios sentidos, no las ajenas. Por medio de la imaginación, nos ponemos en el lugar del otro, concebimos estar sufriendo los mismos tormentos, entramos, como quien dice, en su cuerpo, y, en cierta medida, nos convertimos en una misma persona, de allí nos formamos una idea de sus sensaciones, y aun sentimos algo que, si bien en menor grado, no es del todo desemejante a ellas”.

“Cuando vemos que un espadazo está a punto de caer sobre la pierna o brazo de otra persona, instintivamente encogemos y retiramos nuestra pierna o brazo; y cuando se descarga el golpe, lo sentimos hasta cierto punto, y también a nosotros nos lastima”.

“Nuestro regocijo por la salvación de los héroes que nos interesan en las tragedias o novelas, es tan sincero, como nuestras aflicciones por su dolor, y nuestra condolencia por su desventura no es menos cierta que la complacencia por su felicidad” (De “Teoría de los Sentimientos Morales”-Fondo de Cultura Económica-México 1941).

Puede sintetizarse la descripción de los sentimientos humanos mediante una frase popular: “Alegría compartida es doble alegría; dolor compartido es medio dolor”. El reciente descubrimiento de las neuronas espejo permite conocer con más precisión el proceso empático, que es la base de la cooperación social establecida a través del mercado, y de la cooperación en general. Adam Smith agrega: “El hombre, consciente de su propia flaqueza y de la necesidad en que está respecto a la ayuda de los demás, se regocija en cuanto advierte que los otros hacen suyas sus propias pasiones, porque así se confirma en esa ayuda; pero se aflige en cuanto advierte lo contrario, porque ve afirmada su oposición”.

“La simpatía aviva la alegría y alivia el dolor. Aviva la alegría dando nuevo motivo de satisfacción, y alivia el dolor insinuando al corazón la casi única sensación agradable que de momento es capaz de albergar”.

“¡Cuán amable nos parece aquel cuyo corazón, lleno de simpatía, refleja todos los sentimientos de aquellos con quien conversa, que se duele de sus calamidades, que resiente las lujurias que han recibido y se alegra con motivo de la buena suerte que los alcanza!”.

“Cuando hacemos nuestra la situación de sus compañeros, participamos en la gratitud que experimentan, e imaginamos el consuelo que necesariamente reciben a causa de la tierna simpatía de un tan afectuoso amigo. Y, por lo contrario, ¡cuán desagradable se muestra aquel cuyo inflexible y obcecado corazón sólo siente para sí, pero es del todo insensible a la felicidad o desgracia ajenas!”.

martes, 4 de agosto de 2026

El multiculturalismo europeo como utopía

Las masivas inmigraciones de extranjeros que llegaban a la Argentina a finales del siglo XIX y durante el siglo XX, y la posterior mezcla entre las diversas etnias, fue un proceso exitoso por cuanto existía en la mente de todos la idea de una cultura nacional como una instancia superior que habría de permitir la conformación de una sociedad pacífica y pujante.

No todos los grupos tenían la misma predisposición para la mezcla étnica, pero ninguna de ellas intentó imponer sus ideas o creencias a las demás, sino a mantenerlas vivas sin que por ello surgieran conflictos entre las diversas comunidades, no sin ciertas fricciones iniciales, posiblemente.

Desde el punto de vista del proceso de la evolución cultural de la humanidad, se considera como avance cultural toda innovación que favorezca nuestra adaptación al orden natural. Esta tácita aceptación es la que permite la conformación de una cultura universal que se va estableciendo con los diversos aportes de todos los pueblos. Así, si consideramos que el conocimiento científico es el principal factor que promueve tal proceso de adaptación, se advierte que la ciencia experimental se va construyendo con el aporte de todos los pueblos.

El llamado "multiculturalismo", por el contrario, parte de la creencia en que el conjunto de atributos de un pueblo constituye una expresión cultural, sin advertir que algunos atributos poco o nada favorecerán al proceso de adaptación cultural al orden natural. Luego, se declara que no existen culturas superiores ni inferiores, como consecuencia de no valorarlas en función del citado proceso evolutivo. Finalmente se espera que los diversos pueblos convivan, aún sin mezclarse, en una comunidad multicultural en la cual ninguna debería integrarse con las demás, sino que podrían permanecer separadas ya que ninguna de ellas es mejor o peor que otras.

Es posible considerar al multiculturalismo europeo como una nueva utopía por el hecho de ignorar el proceso de adaptación cultural al orden natural y esperar que convivan en paz el zorro y las gallinas dentro del gallinero. El zorro simboliza al Islam, movimiento político expansivo y totalitario que rechaza tanto la amistad como la existencia de los individuos y pueblos "infieles". Las "gallinas" europeas, mientras tanto, son engañadas por el gallo mayor (los dirigentes de la Unión Europea) quien les asegura que tal proceso llegará a un final feliz.

lunes, 3 de agosto de 2026

John Locke y la ley natural

Puede afirmarse que toda propuesta filosófica o religiosa debe partir de un "terreno firme", como lo es la ley natural. Pero, como las leyes naturales no vienen escritas en ninguna parte, es imprescindible elegir aquellas leyes asociadas al aspecto de la realidad que se trata de describir. Tampoco se deben adoptar como punto de partida algunas leyes de dudosa validez, como es el caso de las construcciones que, con cierta coherencia lógica, parten desde principios falsos que sólo sirven para engañar a las personas inadvertidas.

Si bien este criterio resulta de fácil reconocimiento en varias de las ramas de la ciencia experimental, no ocurre otro tanto en las descripciones humanas y sociales. John Locke escribió: "Así la Ley de la Naturaleza se alza como una norma eterna para todos los hombres, tanto para los legisladores como para los demás. Las normas que elaboran para las acciones de otros hombres, así como sus propias acciones y las de los demás hombres, han de conformarse a la Ley de la Naturaleza, es decir, a la voluntad de Dios" (Citado en "Teoría política moderna" de L. J. Macfarlane-Espasa-Calpe SA-Madrid 1978).

En este breve párrafo se advierte cierta compatibilidad del pensamiento de Locke respecto de la religión natural o deísmo. Ello se debe a que apunta a las leyes naturales como referencia a tener presente en cada acción y en cada pensamiento. También considera a tales leyes como la voluntad de un Creador, o bien la "voluntad" implícita de un orden natural, al cual nos debemos adaptar. Finalmente considera que toda ley humana que provenga del Derecho, debe ser compatible con las leyes naturales. Toda desviación a este criterio, se orienta hacia un gobierno, parcial o total, del hombre sobre el hombre, con resultados negativos para todos.

Si nos preguntamos acerca de cuál ley de la naturaleza nos conducirá hacia el bien propio y el de los demás, mientras que ha de rechazar el mal propio y el de los demás, ella será la empatía emocional, como el principal requisito que todo ser humano debe cumplir a fin de asegurar nuestra supervivencia plena y nuestra plena adaptación al orden natural.

Si adoptamos la predisposición a compatir las penas y las alegrías ajenas como propias, resulta evidente que nuncan haremos el mal a los demás porque, al compartirlo, será nuestro propio mal. Además, buscaremos hacer el bien a los demás ya que, al compartirlo, será nuestro propio bien. Todo esto viene expresado en el "Amarás al prójimo como a ti mismo". De ahí que resulte trágico para la humanidad seguir el ejemplo de la mayoría de los países de la Unión Europea, cuando tratan de destruir el cristianismo, incluso hasta el mínimo rastro de los símbolos cristianos. Y todo ello para favorecer al Islam, que promueve la lucha y hasta la eliminación de los "enemigos de la fe islámica", principalmente judíos y cristianos.

Respecto del pensamiento de John Locke, se menciona una síntesis escrita por Mariano Grondona:

Las bases del Estado

Los hombres van a acordar la formación de un Estado. Ese contrato se renueva constantemente, y el día en que emigramos y nos nacionalizamos en otro país hacemos otro contrato. Lo que funda el paso de la sociedad natural a la sociedad política es que “nadie puede tener poder sobre mí si yo no se lo he dado previamente”.

La base del poder es el consentimiento de los futuros gobernados. Los hombres han acordado formar una sociedad política, sociedad en la que habrá un gobierno y en la cual “la mayoría será capaz de gobernar sobre la minoría”. El argumento de Locke sobre la mayoría es el siguiente: como los individuos son distintos –y ellos son la realidad final de la sociedad- va a haber naturalmente diferencias de opiniones; por lo tanto, si consintieron en vivir juntos han aceptado necesariamente el principio de la mayoría porque si no existiera este principio no podrían vivir juntos. Si todos son iguales ante la ley, tienen que aceptar un principio práctico que les permita tomar decisiones.

Locke casi se resigna a la idea de la mayoría, cuyo alcance es muy limitado, ya que la mayoría no puede tener más poderes que los que el contrato confirió al Estado. No puede tener más derechos que aquellos que fueron transferidos. En Rousseau, la explicación de la mayoría es totalmente distinta. Para Rousseau existe la “voluntad general”, de un individuo colectivo llamado “pueblo”. Cuando la gente vota, según Locke, cada cual está defendiendo sus derechos e intereses como persona individual. En Rousseau, en cambio, lo que prevalece es la voluntad general del grupo, que sería una especie de persona colectiva que tiene una sola voluntad. Cuando votamos, estamos tratando de interpretar qué quiere esa voluntad general.

La mayoría, por serlo, supo interpretarla, tuvo razón, y la minoría se equivocó. La minoría, entonces, debe arrepentirse inmediatamente, con lo cual se restablece el principio de la unanimidad. Para Rousseau todo desvío de la unanimidad es una pérdida para el grupo porque éste debería identificarse con la voluntad general del mismo modo que un individuo se identifica consigo mismo. El que persiste en su disidencia es un traidor. El voto, en Locke, es un expediente práctico. En Rousseau, un sacramento.

¿Por qué se han unido los hombres? Locke lo explica: “Han querido abandonar una condición en la cual, si bien eran libres, estaban llenos de miedo y de peligros”. El estado de naturaleza es una sociedad incómoda, donde nadie conoce exactamente sus derechos y deberes sin ser, por ello, la sociedad cruel de Hobbes. Para abandonar aquella situación se juntan en sociedad unos con otros, “para la mutua preservación de la propiedad”. Aquí Locke utiliza el término “propiedad” en sentido amplio, como una palabra que resume todos los derechos. La sociedad política ha sido fundada, entonces, para reasegurar los derechos individuales. Alguien dijo que Locke imagina al Estado como una sociedad de seguros: nos hemos reunido para lograr que nuestros derechos estuvieran más y no menos protegidos.

Según Locke, el monarca absoluto es un déspota por definición porque en las monarquías absolutas los derechos individuales están sometidos a la voluntad de uno. No sólo los monarcas absolutos pueden ser déspotas, también puede ser despótica una mayoría que excede en sus facultades y no respeta los derechos de cada uno. Así queda planteada la posibilidad de una democracia totalitaria.

Entonces, lo que quiere la gente cuando se une en sociedad es, primero, una ley positiva, algo así como la reglamentación de la ley natural. En el estado de naturaleza existía una ley natural pero nadie sabía bien dónde empezaba y dónde terminaba. La ley positiva sólo tiene por fin fijar y puntualizar la aplicación de la ley natural. Con lo cual queda aceptada la famosa jerarquía de leyes de Santo Tomás de Aquino. Si una ley humana (inferior) va contra la ley natural (superior), no es verdadera “ley”. La sociedad se une además para lograr un juez “indiferente”, alguien imparcial que determine quien tiene razón en un conflicto determinado. Y, en tercer lugar, para que haya una autoridad que ejecute las sentencias de los jueces, que confiera poder a la ley y a quienes la interpretan.

“El hombre en estado de naturaleza tenía todos los poderes. Tenía la Propiedad, es decir el conjunto de sus derechos, y además la facultad de castigar a aquellos que violaran sus derechos”. El hombre cede sólo parcialmente su “propiedad”, para que la ley la reglamente, no para que la viole. El Estado “declara” que los derechos del hombre existen, no los “crea”. Debe reglamentarlos para asegurarlos sin caer –como tantas veces ocurre- en la negación de ellos. La capacidad de “definir” la ley natural sin alterarla, el ciudadano la ha cedido al gobierno. Pero el segundo poder que él tenía (castigar a quien violara sus derechos) lo cede totalmente. El hombre se desarma y ya no puede castigar. El Estado tiene que interpretar la ley mediante un juez frente a cada conflicto y ejecutar su sentencia.

De ahí viene la división de los poderes. Locke está explicando un sistema que tiene dos instituciones: el Rey y el Parlamento. Entonces concede tres poderes al Rey y uno al Parlamento. El poder Legislativo corresponde al Parlamento. Al rey le corresponden el Poder Ejecutivo, el Poder Federativo y el Poder de Prerrogativa. El Poder Federativo es el manejo de las relaciones exteriores, que Locke distingue del Ejecutivo por un viejo pecado inglés.

Da amplísimas facultades “federativas” al rey porque las naciones entre sí siguen en “estado de naturaleza”. Es la sociedad civilizada la que se da el contrato, sin importar qué pase en las otras naciones. No hay un contrato político que haya superado la situación de naturaleza entre las naciones. Lo cual quiere decir que en el concierto de naciones el derecho a castigar sigue descentralizado y cada una aplica la ley como la quiera aplicar. En el pensamiento anglosajón hay algo así como “griegos” y “bárbaros”. “La civilización es para nosotros, y los que no la tienen son bárbaros”. Smith dice que “las relaciones comerciales se pueden hacer de dos maneras: con las naciones civilizadas a través de embajadores, y con el resto, a través de fortalezas”. En cuanto al Poder de Prerrogativa, es el manejo de lo que habitualmente se llama el “estado de necesidad”. Cuando las leyes no han previsto una situación de excepción, queda la rey la facultad de “reserva” que en nuestro país se han adjudicado tantas veces las fuerzas armadas.

Locke habla con un nuevo lenguaje de la tiranía. En Aristóteles, “tirano” era el rey que obraba en función del bien propio y no del bien común. Era la suya una calificación ética. Pero es difícil determinar cuándo se gobierna para el bien común y cuando no. El bien común es una noción difusa en cuyo nombre se han cometido incontables crímenes. El concepto de Locke y los liberales es otro. La “usurpación es el ejercicio de un poder para el cual no se tenía derecho” o para el cual otro tenía derecho. En cambio, “tiranía es el ejercicio del poder más allá del derecho”.

Por lo tanto, si un usurpador es consentido por la comunidad y se maneja dentro de la ley, puede llegar a ser legítimo. Y un rey legítimo, si se sale más allá del derecho, se convierte en tirano. No se dice que sea para el bien o el mal de los ciudadanos. Basta con que tome atribuciones que no le corresponden. Si definimos la libertad como la subordinación a la ley y no a otro individuo, desde el momento que el gobernante atraviesa las barreras de la ley, yo he pasado a estar bajo su voluntad. Yo ya no soy libre, aunque el gobernante me cuide y me dé todo lo que quiero.

Ya esto es despotismo, es tiranía. Tanto es así que cuando Montesquieu analiza las formas de gobierno no habla de tiranía sino de despotismo. Déspota es todo el que “pasa” más allá de la ley. La categoría “tiranía”, que tiene una connotación subjetiva, no le interesa a Montesquieu. El va directamente en contra de la tradición paternalista. Lo que le importa es que no haya déspotas, no si son buenos o malos. Nunca hubieran podido aceptar Locke o Montesquieu, por ejemplo, el “despotismo ilustrado”.


El “depósito liberal”

¿Cuál es el legado de Locke? Estas son las ideas de Locke que pasarán a formar parte del depósito de ideas liberales:

1- Ser libre es estar sujeto a la ley y no a otro individuo. Siempre estamos sujetos, lo crucial es “a qué” estamos sujetos. Si no estamos sujetos a la ley, somos esclavos del déspota o de nuestras pasiones.

2- La ley rige sobre gobernantes y gobernados por igual. Lo que manda en un Estado es el derecho. La ley positiva es un mandato abstracto surgido del Parlamento cuyo deber es interpretar la ley natural. La ley natural consiste en no dañar al otro, pero no existe ninguna ley natural compulsiva que obligue a hacer el bien, a beneficiar al otro. Sí hay, por cierto, una ley “moral” en tal sentido. La obligación de beneficiar viene por el canal religioso-moral, no por el estatal. El Estado es un mínimo de moral: esta idea es fundamental para el liberalismo.

3- Todo esto es para que podamos ser más y no menos morales. No lo dice expresamente Locke, pero es una presunción de toda su obra: la presunción de que hay un clima religioso, ético, en la comunidad. Los primeros colonos norteamericanos emigraban para poder ejercer su religión en forma libre. Iban para poder negarse a los placeres libremente, sin que nadie los obligara. Querían libertad para ser “mejores”. En el liberalismo originario hay una poderosa dimensión de religiosidad. Yo le doy al individuo la libertad política porque sé que, por su formación y educación, va a ejercitarla para el bien. Los primeros pensadores liberales escribieron cuando el clima moral dominante era el puritanismo y no, como hoy, el hedonismo.

4- El derecho está por encima del bien. El bien general no se puede definir. No se determina exactamente. El “bien común” es un concepto potencialmente totalitario. El “bien general” es el de una persona jurídica, abstracta, frente a la cual se sacrifican los derechos individuales. Así ocurre cuando se dice “hay libertad, pero esto o aquello, que es muy importante, ha de hacerlo el Estado”. El concepto debería ser inverso: lo que es importante deberían hacerlo los individuos. El bien común es aquello que el poderoso dice que es el bien común. El derecho, el “right”, en cambio, es preciso. Escribe Hayek: “Que haya leyes supone que alguna vez su aplicación hará daño”. Si la ley se aplicara sólo cuando no hiciera daño, no habría ley. Si la aplicación de una ley acarrea un daño, se la aplica igualmente. Si no, sería necesario que alguien dijera cuándo se puede aplicar la ley y cuándo no, con lo cual ella dejaría de regir.

Para el liberalismo no hay entidades colectivas “reales”. Son ficciones. Por eso no hay “good”, hay “goods”. Hay bienes individuales. ¿Y quién juzga fuera de mí lo que es bueno para mí? ¿Porqué otro va a decidir por mí cual sea mi bien? Los bienes que hay son los que cada uno busca. Uno quiere ser santo, otro abogado, otro deportista, etcétera. Y éstos serán sus bienes. Para el liberalismo, la sociedad política es una sociedad en cuanto “asociación”. La “comunidad” es un grupo de sangre en el cual estoy irremediablemente inscripto, aunque no lo quiera. Así es la familia. Si uno entiende la Argentina de esta manera, yo soy irremediablemente argentino, por ejemplo.

La comunidad está antes que yo. La sociedad, en cambio, es un grupo colectivo formado por consenso y que según las reglas que hemos admitido puede deshacerse algún día. Así, si un día la Argentina me cansa yo tomo un avión y me voy a vivir a otro lado. Eso pertenece a mi libertad. “lo que hay” en última instancia no son comunidades sino individuos que establecen entre ellos lazos consensuales a los cuales personificamos indebidamente al hablar de la comunidad. Ella es una “red de lazos”, no un ente aparte.

5- No hay poder legítimo sin consenso. El poder que tú tienes sobre mí existe si yo te lo dí.

6- “Beneficiarse”, si es legal, generalmente implica “beneficiar”. Buscar el beneficio propio no es una idea moral, pero es una realidad conducente. Las personas, para vivir, hacen cosas que las benefician (por ejemplo, toman y cultivan cien acres de tierra), pero el beneficio para sí resulta en un beneficio para los demás. A Smith nada le repugna más que el rico egoísta; lo detesta, pero reconoce que dejarlo hacer da resultados. Al hablar de la “mano invisible”, Smith lamenta que los hombres busquen más de lo que necesitan, pero es esa búsqueda la que genera trabajo para los demás. Dios, en su infinita sabiduría, hace servir las mezquindades de algunos hombres al bien de los demás. El liberal no goza con la ley de la “mano invisible”. La deplora, pero después de describirla científicamente, decide aprovecharla a la espera del progreso moral.

(Extractos de “Los pensadores de la libertad” de Mariano Grondona – Editorial Sudamericana SA – Buenos Aires 1986)