A la mayoría de las personas les interesa bastante mostrarse atractivos ante la mirada y la opinión de los demás. De ahí la importancia de las modas y del ejercicio físico, ya que apuntan a lograr una belleza estética o exterior. Sin embargo, existe también la que podríamos denominar "belleza interior", o moral, y también una "belleza intelectual", que son partes del atractivo personal de cada individuo.
Cuando en una persona se destaca sólo la belleza exterior, o bien alguna de las otras dos mencionadas, puede decirse que se ha producido cierto desequilibrio en cuanto a los valores perseguidos por ese individuo, o bien por gran parte de la sociedad.
Estos atractivos son, muchas veces, dejados de lado y sólo se admira la riqueza material y el poder asociado. Y esta admiración por la riqueza material implica que quien la encuentra ha de tener mayores ventajas para lograr un mayor atractivo estético. Por el contrario, la envidia orientada hacia los ricos sólo puede provenir de otros materialistas que no pudieron alcanzar el nivel de riqueza deseado.
Quienes persiguen los valores morales e intelectuales, que están al alcance de la mayoría de los integrantes de la sociedad, estarán exentos de envidia por cuanto valoran aspectos que no se adquieren con dinero. Puede hacerse una síntesis de los valores antes mencionados:
1- Ética (la búsqueda del Bien)
2- Intelectual (la búsqueda de la Verdad)
3- Estética (la búsqueda de la Belleza)
Lo emocional está asociado al aspecto ético, y constituye el valor más importantes del ser humano. Wolfgang Goethe, para resaltar la superioridad de los sentimientos respecto del intelecto, dijo: “Lo que yo sé, todos pueden saberlo, pero el corazón es sólo mío”. Por otra parte, el destacado filósofo y matemático René Descartes, justificando la superioridad de lo intelectual a lo estético, expresó: “He preferido la verdad a la belleza”.
Siendo la vida espiritual la que caracteriza nuestra esencia humana, la propia naturaleza nos brinda posibilidades a todos para llegar a ser personas íntegras, o para llegar muy cerca de ese ideal. Así, hay veces en que los aspectos afectivos e intelectuales crecen como compensación a una pobre valoración estética por parte del medio social. Tanto Blaise Pascal, como San Francisco de Asís, Baruch de Spinoza y Sören Kierkegaard, poseían una salud precaria, posiblemente tendrían poco atractivo estético y los cuatro vivieron alrededor de los cuarenta años, pero pasan los siglos y sus atractivas personalidades siguen despertando curiosidad. Dijo François Mauriac sobre Pascal: “…al cabo de tres siglos él aún está ahí, vivo, tomando parte en nuestras disputas. Hasta sus mínimos pensamientos nos confunden, entusiasman o incomodan, pero él es comprendido al momento, desde la primera palabra, mucho mejor que en su propio tiempo…”.
Si tuviésemos que elegir una edad óptima para detener el paso del tiempo, un deportista la elegiría entre 25 o 30 años, un científico entre 35 y 45 años, un filósofo quizás algo más, mientras que, quien basa su vida en sus vínculos sociales y afectivos, podrá elegir una edad mayor aún. De ahí que una valoración excesiva de la belleza física hará sentir poco feliz a quien posee una edad que excede a la óptima de su ideal. Lograr el desarrollo equilibrado de nuestras tres dimensiones equivale hacer más intensa nuestra propia vida.
En una época en que una gran parte de la humanidad padece algún tipo de sufrimiento, generalmente asociado a un débil o inexistente sentido de la vida, podemos encontrar un objetivo concreto en la tarea de construir una personalidad equilibrada buscando el Bien, la Verdad y la Belleza. En el camino que lleva a ese logro se podrá también ser útil al resto de la sociedad.
lunes, 6 de julio de 2026
viernes, 3 de julio de 2026
Acerca de George Orwell
Por lo general, al compararse capitalismo con socialismo, se consideran los resultados económicos como evidencias respecto de ambos sistemas de producción. Sin embargo, existen otros aspectos de igual o mayor importancia, tales como la libertad individual y la posibilidad de establecer vínculos sociales, que implicarán el pleno desarrollo de la personalidad de cada ser humano.
Para llegar a establecer un sistema totalitario, el cual se parecerá más a una cárcel que a una asociación de individuos, sólo basta con eliminar la propiedad privada. Una vez que toda propiedad queda en manos de quienes dirigen el Estado, éstos podrán decidir a voluntad lo que se deberá comer, cómo se ha de vestir, en qué creer y demás aspectos de la vida humana.
Lo sorprendente del caso es el porcentaje de adeptos que los ideólogos marxistas lograron convencer para establecer este tipo de sociedad. Entre quienes se destacan respecto de advertir acerca de lo que les deparará el socialismo, encontramos a varios escritores, como es el caso de George Orwell. Como muchas veces ocurre, los diversos escritos acerca de economía y política, resultan poco convincentes para tener una idea precisa de aquel agrupamiento de seres humanos regidos desde el Estado. Por el contrario, una novela como "Rebelión en la granja" o bien como "1984", logran disponer de una imagen cercana a la realidad, que resulta accesible a todo ciudadano, en forma independiente de su nivel intelectual.
La sociedad colectivista quedó plasmada en “1984”, novela aparecida en 1949. Christiane Zschirnt escribió: “El Gran Hermano de Orwell es la autoridad del totalitarismo, que no puede ser vista pero que controla todo. Es el fantasma del control oculto, el espíritu del miedo omnipresente y el demonio de la policía secreta, que aparece a las cuatro de la madrugada en la puerta de la casa para llevarte a la cámara de torturas o al campo de trabajos forzados”.
“El gobierno controla a la población mediante vigilancia constante, la manipulación y el lavado de cerebro. Se habla el lenguaje propagandístico Newspeak («neolengua»), en el que los significados originarios devienen en su contrario o son embellecidos…”.
“El gobierno opera con ayuda de sus cuatro ministerios: el de la paz (que se ocupa de la guerra), el del amor (encargado de mantener la ley y el orden), el de la abundancia (competente para los asuntos de la arruinada economía) y el de la verdad (que se dedica a producir las noticias, el entretenimiento y el arte). El Estado espía a sus ciudadanos en todas partes, tergiversa la verdad y falsea la historia” (De “Libros. Todo lo que hay que leer”-Punto de Lectura SL-Madrid 2006).
En cuanto al autor de tales novelas, se menciona un artículo al respecto:
LA TOS DE GEORGE ORWELL
Por Omar López Mato
Nadie describió mejor al mundo que ahora nos toca vivir que George Orwell. Nadie como él predijo la sumisión de las masas a los medios de comunicación, al punto de que hoy solemos describir muchos de los fenómenos que vivimos como orwellianos.
Su nombre no era George Orwell, sino Eric Arthur Blair. Orwell era el nombre de un río donde él solía pescar. Le encantaba pescar. Eric había nacido en junio de 1903 en la India británica, más precisamente en Motihari. Su padre se desempeñaba como administrador del Ministerio del Opio en el gobierno colonial y uno de sus antepasados, Charles Blair, fue un poderoso productor de caña de azúcar en Jamaica, dueño de cientos de esclavos.
De jovencito, Eric vivió en Inglaterra con su madre; al padre lo veía raramente cuando visitaba a su familia por unos meses antes de volver a la India. Eric fue un alumno destacado que, gracias a su aplicación, obtuvo una beca para estudiar en Eton, el colegio más conocido de Inglaterra. Este privilegio le permitió adquirir una esmerada educación y relacionarse con quienes serían prominentes intelectuales británicos, como Cyril Connolly, que lo asistieron en su carrera literaria.
Como la familia no podía pagarle los estudios universitarios, Eric se enlistó en la policía colonial y sirvió a lo largo de cinco años en Birmania, tiempo suficiente para asquearse del imperialismo británico. Volvió a Inglaterra con una tos persistente y la intención de convertirse en escritor. Sin medios para mantenerse, vagó por las calles de Londres y después viajó a París. En ese tiempo conoció a la clase obrera, sus miserias y sus enfermedades, que describió en libros y artículos; sin embargo, nunca militó en un partido político, aunque la policía británica lo seguía de cerca por el tono crítico de sus textos.
Entonces se ganaba la vida dando clases o como vendedor de libros. De esa época son sus novelas: "Los días de Birmania", "Que no muera la aspidistra" (una planta originaria de China que usaban las clases acomodadas como adorno) y "Sin blanca en París y Londres".
Estos relatos autorreferenciales de marginales y descastados responden a una época en la que forjó su pensamiento crítico, que incluía un repudio visceral por todo tipo de tiranía.
En esos años se le diagnosticó una bronquiectasia (dilatación de los bronquios) que justificaba esa tos persistente y, además, después de ocho años de intentar tener un hijo con su esposa Eileen, decidieron adoptar.
Se supone que Orwell podía ser estéril por padecer una fibrosis quística que justificaba sus infecciones respiratorias (tuvo varias neumonías) y una afección del epidídimo que era responsable de su esterilidad.
En 1936 decidió unirse a las Brigadas Internacionales que peleaban para el bando republicano “porque alguien debe matar fascistas”. En esa lucha descarnada, no sÓlo entre republicanos y franquistas sino por diferencias ideológicas dentro del mismo bando, fue herido en el cuello, razón por la cual fue hospitalizado. Muy probablemente en España contrajo la tuberculosis, aunque las condiciones de vida que había llevado hasta entonces lo hacían proclive a infectarse por la microbacteria descrita por Koch.
Entonces la tuberculosis (TBC) se trataba con reposo, dieta y, llegado el caso, cirugía para colapsar las cavidades pulmonares que el germen ocasiona, pero Orwell fue, además, una de las primeras personas en ser tratado con antibióticos.
Orwell volvió a Inglaterra con una sátira feroz al estalinismo, Animal Farm, donde los cerdos organizan una rebelión contra los humanos para, con el tiempo, volverse bípedos y caer en los excesos que recriminaban a sus antiguos amos. Los revolucionarios, cuando se hacen del poder, suelen caer en las conductas que criticaban a sus enemigos.
Terminada la Guerra Civil Española, comenzó la Segunda Guerra Mundial, pero su delicado estado de salud no le permitió pelear en el frente como soldado británico; por tal razón, sirvió en la misma Inglaterra con un esmero que fue premiado con una condecoración.
En 1945 murió su esposa Eileen durante una cirugía. Desolado por la pérdida, estuvo un tiempo en Francia y Escocia, pero el clima y la precariedad en la que vivía resintieron su salud.
Comenzó a escribir 1984 casi invalidado por la evolución de la TBC. La mayor parte del libro la escribió en un sanatorio de Glasgow y después en el pueblo de Gloucestershire. Durante esas largas internaciones recibió el primer antibiótico para el tratamiento de la TBC, la estreptomicina.
Vale aclarar que entonces este antibiótico era raro, caro y, además, no se habían hecho los estudios para valorar su seguridad.
La fama de Orwell y sus amistades le permitieron entrar en un estudio piloto, pero tuvo mala suerte: una serie de efectos colaterales (reacciones alérgicas en la piel y mucosas) le impidieron continuar el tratamiento.
Pocos meses después pudo probar el nuevo antibiótico tuberculostático, el PAS, pero otra vez la intolerancia frenó el tratamiento. Su médico, el Dr. Joseph Dick, insistió en darle una nueva oportunidad a la estreptomicina, a lo que Orwell accedió, aunque con idéntico resultado.
Curiosamente, Orwell siguió fumando a lo largo de este tratamiento y durante los años que le faltaban vivir. Entonces era un hábito tan generalizado que nadie se molestaba en prohibirlo.
Por el fracaso de los antibióticos, probaron cirugía para colapsar las cavernas que la enfermedad producía en sus pulmones. El tratamiento fue tan doloroso que inspiró en el autor las escenas de tortura que aparecen en 1984 (nombre que surge de invertir 1948, el año de “la gran obsesión de Orwell”).
1984 tiene partes autobiográficas, incluyendo estos episodios hospitalarios. El texto es poderoso, pero está teñido por la falta de esperanza y el escepticismo, con un realismo adquirido a lo largo de años de convivir con la muerte y la miseria. Orwell confesó que la historia no hubiese sido tan descarnada de haber gozado de mejor salud.
1984 se vendió bien y, además, Orwell consiguió un puesto como locutor de la BBC, encargado de la sección del Lejano Oriente. Se iniciaba una nueva etapa de su vida, sin preocuparse por el dinero, y hasta una nueva conquista: la bella Sonia Brownell, la joven colaboradora de la revista Horizon que había aceptado casarse con el autor. La ceremonia se realizó en el hospital donde estaba internado. Sobre su pijama, Orwell se colocó un saco de terciopelo bordó.
La pareja pensaba pasar la luna de miel en Suiza y, a tal fin, había adquirido pasajes destinados a un sanatorio, pero que le permitiría pescar. A los pies de la cama, durante la ceremonia, había una caña…
El 20 de enero de 1950, George Orwell tuvo una hemorragia pulmonar masiva. La tuberculosis había ganado la batalla. Al final de una vida sin inclinaciones religiosas, pidió ser enterrado con funeral en una iglesia, servicio religioso y enterramiento en campo santo. Así se hizo en la iglesia protestante Christ Church y la familia Astor permitió que fuese enterrado en la bóveda familiar del cementerio de Todos los Santos, en Sutton Courtenay.
“Lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano”, y Orwell fue profundamente humano.
(De www.laprensa.com.ar)
Para llegar a establecer un sistema totalitario, el cual se parecerá más a una cárcel que a una asociación de individuos, sólo basta con eliminar la propiedad privada. Una vez que toda propiedad queda en manos de quienes dirigen el Estado, éstos podrán decidir a voluntad lo que se deberá comer, cómo se ha de vestir, en qué creer y demás aspectos de la vida humana.
Lo sorprendente del caso es el porcentaje de adeptos que los ideólogos marxistas lograron convencer para establecer este tipo de sociedad. Entre quienes se destacan respecto de advertir acerca de lo que les deparará el socialismo, encontramos a varios escritores, como es el caso de George Orwell. Como muchas veces ocurre, los diversos escritos acerca de economía y política, resultan poco convincentes para tener una idea precisa de aquel agrupamiento de seres humanos regidos desde el Estado. Por el contrario, una novela como "Rebelión en la granja" o bien como "1984", logran disponer de una imagen cercana a la realidad, que resulta accesible a todo ciudadano, en forma independiente de su nivel intelectual.
La sociedad colectivista quedó plasmada en “1984”, novela aparecida en 1949. Christiane Zschirnt escribió: “El Gran Hermano de Orwell es la autoridad del totalitarismo, que no puede ser vista pero que controla todo. Es el fantasma del control oculto, el espíritu del miedo omnipresente y el demonio de la policía secreta, que aparece a las cuatro de la madrugada en la puerta de la casa para llevarte a la cámara de torturas o al campo de trabajos forzados”.
“El gobierno controla a la población mediante vigilancia constante, la manipulación y el lavado de cerebro. Se habla el lenguaje propagandístico Newspeak («neolengua»), en el que los significados originarios devienen en su contrario o son embellecidos…”.
“El gobierno opera con ayuda de sus cuatro ministerios: el de la paz (que se ocupa de la guerra), el del amor (encargado de mantener la ley y el orden), el de la abundancia (competente para los asuntos de la arruinada economía) y el de la verdad (que se dedica a producir las noticias, el entretenimiento y el arte). El Estado espía a sus ciudadanos en todas partes, tergiversa la verdad y falsea la historia” (De “Libros. Todo lo que hay que leer”-Punto de Lectura SL-Madrid 2006).
En cuanto al autor de tales novelas, se menciona un artículo al respecto:
LA TOS DE GEORGE ORWELL
Por Omar López Mato
Nadie describió mejor al mundo que ahora nos toca vivir que George Orwell. Nadie como él predijo la sumisión de las masas a los medios de comunicación, al punto de que hoy solemos describir muchos de los fenómenos que vivimos como orwellianos.
Su nombre no era George Orwell, sino Eric Arthur Blair. Orwell era el nombre de un río donde él solía pescar. Le encantaba pescar. Eric había nacido en junio de 1903 en la India británica, más precisamente en Motihari. Su padre se desempeñaba como administrador del Ministerio del Opio en el gobierno colonial y uno de sus antepasados, Charles Blair, fue un poderoso productor de caña de azúcar en Jamaica, dueño de cientos de esclavos.
De jovencito, Eric vivió en Inglaterra con su madre; al padre lo veía raramente cuando visitaba a su familia por unos meses antes de volver a la India. Eric fue un alumno destacado que, gracias a su aplicación, obtuvo una beca para estudiar en Eton, el colegio más conocido de Inglaterra. Este privilegio le permitió adquirir una esmerada educación y relacionarse con quienes serían prominentes intelectuales británicos, como Cyril Connolly, que lo asistieron en su carrera literaria.
Como la familia no podía pagarle los estudios universitarios, Eric se enlistó en la policía colonial y sirvió a lo largo de cinco años en Birmania, tiempo suficiente para asquearse del imperialismo británico. Volvió a Inglaterra con una tos persistente y la intención de convertirse en escritor. Sin medios para mantenerse, vagó por las calles de Londres y después viajó a París. En ese tiempo conoció a la clase obrera, sus miserias y sus enfermedades, que describió en libros y artículos; sin embargo, nunca militó en un partido político, aunque la policía británica lo seguía de cerca por el tono crítico de sus textos.
Entonces se ganaba la vida dando clases o como vendedor de libros. De esa época son sus novelas: "Los días de Birmania", "Que no muera la aspidistra" (una planta originaria de China que usaban las clases acomodadas como adorno) y "Sin blanca en París y Londres".
Estos relatos autorreferenciales de marginales y descastados responden a una época en la que forjó su pensamiento crítico, que incluía un repudio visceral por todo tipo de tiranía.
En esos años se le diagnosticó una bronquiectasia (dilatación de los bronquios) que justificaba esa tos persistente y, además, después de ocho años de intentar tener un hijo con su esposa Eileen, decidieron adoptar.
Se supone que Orwell podía ser estéril por padecer una fibrosis quística que justificaba sus infecciones respiratorias (tuvo varias neumonías) y una afección del epidídimo que era responsable de su esterilidad.
En 1936 decidió unirse a las Brigadas Internacionales que peleaban para el bando republicano “porque alguien debe matar fascistas”. En esa lucha descarnada, no sÓlo entre republicanos y franquistas sino por diferencias ideológicas dentro del mismo bando, fue herido en el cuello, razón por la cual fue hospitalizado. Muy probablemente en España contrajo la tuberculosis, aunque las condiciones de vida que había llevado hasta entonces lo hacían proclive a infectarse por la microbacteria descrita por Koch.
Entonces la tuberculosis (TBC) se trataba con reposo, dieta y, llegado el caso, cirugía para colapsar las cavidades pulmonares que el germen ocasiona, pero Orwell fue, además, una de las primeras personas en ser tratado con antibióticos.
Orwell volvió a Inglaterra con una sátira feroz al estalinismo, Animal Farm, donde los cerdos organizan una rebelión contra los humanos para, con el tiempo, volverse bípedos y caer en los excesos que recriminaban a sus antiguos amos. Los revolucionarios, cuando se hacen del poder, suelen caer en las conductas que criticaban a sus enemigos.
Terminada la Guerra Civil Española, comenzó la Segunda Guerra Mundial, pero su delicado estado de salud no le permitió pelear en el frente como soldado británico; por tal razón, sirvió en la misma Inglaterra con un esmero que fue premiado con una condecoración.
En 1945 murió su esposa Eileen durante una cirugía. Desolado por la pérdida, estuvo un tiempo en Francia y Escocia, pero el clima y la precariedad en la que vivía resintieron su salud.
Comenzó a escribir 1984 casi invalidado por la evolución de la TBC. La mayor parte del libro la escribió en un sanatorio de Glasgow y después en el pueblo de Gloucestershire. Durante esas largas internaciones recibió el primer antibiótico para el tratamiento de la TBC, la estreptomicina.
Vale aclarar que entonces este antibiótico era raro, caro y, además, no se habían hecho los estudios para valorar su seguridad.
La fama de Orwell y sus amistades le permitieron entrar en un estudio piloto, pero tuvo mala suerte: una serie de efectos colaterales (reacciones alérgicas en la piel y mucosas) le impidieron continuar el tratamiento.
Pocos meses después pudo probar el nuevo antibiótico tuberculostático, el PAS, pero otra vez la intolerancia frenó el tratamiento. Su médico, el Dr. Joseph Dick, insistió en darle una nueva oportunidad a la estreptomicina, a lo que Orwell accedió, aunque con idéntico resultado.
Curiosamente, Orwell siguió fumando a lo largo de este tratamiento y durante los años que le faltaban vivir. Entonces era un hábito tan generalizado que nadie se molestaba en prohibirlo.
Por el fracaso de los antibióticos, probaron cirugía para colapsar las cavernas que la enfermedad producía en sus pulmones. El tratamiento fue tan doloroso que inspiró en el autor las escenas de tortura que aparecen en 1984 (nombre que surge de invertir 1948, el año de “la gran obsesión de Orwell”).
1984 tiene partes autobiográficas, incluyendo estos episodios hospitalarios. El texto es poderoso, pero está teñido por la falta de esperanza y el escepticismo, con un realismo adquirido a lo largo de años de convivir con la muerte y la miseria. Orwell confesó que la historia no hubiese sido tan descarnada de haber gozado de mejor salud.
1984 se vendió bien y, además, Orwell consiguió un puesto como locutor de la BBC, encargado de la sección del Lejano Oriente. Se iniciaba una nueva etapa de su vida, sin preocuparse por el dinero, y hasta una nueva conquista: la bella Sonia Brownell, la joven colaboradora de la revista Horizon que había aceptado casarse con el autor. La ceremonia se realizó en el hospital donde estaba internado. Sobre su pijama, Orwell se colocó un saco de terciopelo bordó.
La pareja pensaba pasar la luna de miel en Suiza y, a tal fin, había adquirido pasajes destinados a un sanatorio, pero que le permitiría pescar. A los pies de la cama, durante la ceremonia, había una caña…
El 20 de enero de 1950, George Orwell tuvo una hemorragia pulmonar masiva. La tuberculosis había ganado la batalla. Al final de una vida sin inclinaciones religiosas, pidió ser enterrado con funeral en una iglesia, servicio religioso y enterramiento en campo santo. Así se hizo en la iglesia protestante Christ Church y la familia Astor permitió que fuese enterrado en la bóveda familiar del cementerio de Todos los Santos, en Sutton Courtenay.
“Lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano”, y Orwell fue profundamente humano.
(De www.laprensa.com.ar)
jueves, 2 de julio de 2026
Pedidos de disculpas de España por la colonización de América
Desde la izquierda política pareciera no existir actividad más importante que no sea la de promover conflictos y divisiones. De ahí que no resulte extraño el pedido de disculpas de España a México, por su pasado colonial, solicitado por gobernantes mexicanos. Entre tales promotores de la aceptación de culpas, indirectamente por llevar el cristianismo a América, aparece Jorge Bergoglio, quien pidió disculpas, en representación de la Iglesia Católica, en países latinoamericanos, por la supuesta "destrucción cultural y asimilación forzada". Como la principal ideología cultural promovida por los conquistadores fue el cristianismo, la "destrucción cultural" ha de ser entendida como el reemplazo de las religiones primitivas por la religión bíblica, lo que implica que Bergoglio no estaba bien informado de los efectos producidos por el cristianismo tanto como los efectos producidos por la religión azteca.
Se les podría sugerir a las actuales autoridades mexicanas, dejar de lado todo lo que provenga de la colonización española para retomar las antiguas costumbres y ritos aztecas. Por el contrario, muchos latinoamericanos tenemos plena consciencia de la importancia del idioma, de la religión y de la organización social y politica traída por los conquistadores. Los gobiernos socialistas, en este caso, parecen adoptar una postura similar a la de los musulmanes llegados a Europa y que son desagradecidos ante lo que reciben de las sociedades europeas.
Se menciona a continuación una entrevista realizada por Miguel Pérez Pichel
«Que España pida perdón por la conquista sería como pedir disculpas por el hecho de que México exista»
Cuando el ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, afirma que «ha habido dolor e injusticia hacia los pueblos originarios, a los que se ha tratado injustamente y justo es reconocerlo y enmendarlo», el historiador Juan Miguel Zunzunegui afirma en El Debate que España no tiene que pedir perdón por una conquista que fue más obra de los pueblos indígenas que de España.
El historiador mexicano Juan Miguel Zunzunegui presenta en Madrid su último libro, Al día siguiente de la conquista (La Esfera de los Libros), donde plantea que con la conquista de México por parte de Cortés terminó el aislamiento en América y nació una nueva civilización fruto de la fusión de dos mundos.
En una conversación con El Debate, explica que el imperio azteca lo derribaron los pueblos indios, sometidos a la opresión por parte de los aztecas, en alianza con los españoles de Cortés.
–¿Qué ocurrió al día siguiente de la conquista de México?
–Pues al día siguiente de la conquista de Tenochtitlán lo que ocurrió es que se empezó a construir México. Esa es la premisa fundamental del libro y, en general, de toda mi obra y de todo mi trabajo: tratar de ir en contra de esta trama de la conquista.
Yo empiezo casi todas mis presentaciones en México con una pregunta muy simple. Le pregunto a la gente: ¿Les gusta México? Todos me dicen que sí, obviamente. Luego les pregunto: ¿Qué les gusta de México? Siempre me dicen, antes que cualquier otra cosa, la comida. Y después, «nos gusta nuestras danzas, nuestro folclore, nuestra música, nuestro mariachi, nuestros charros y la charrería. Y nos gusta el tequila y el mezcal. Nos gusta nuestras catedrales y nuestros pueblos y nuestros acueductos. Y nos gusta el barroco y el neoclásico…».
Y les digo: «Bueno, el tema es que todo lo que les gusta de México es de 1521 (año de la conquista de México por Cortés) para acá». Todo lo que a los mexicanos les gusta de México se empezó a construir después de la caída de Tenochtitlán y no lo construyeron los españoles, lo construyeron los indios, que es lo que nadie quiere entender.
Imagínate: llega Hernán Cortés con 400 hombres, y con 400 hombres toma Tenochtitlán. ¡Eso es ridículo! Sobre todo, si te cuentan que Tenochtitlán era la gran capital de un gran imperio poderosísimo. Pensar que un imperio así cae ante 400 personas es absurdo.
La realidad es que la ciudad cae ante 100.000 guerreros y de esos 100.000 guerreros, prácticamente todos, más de 99.000, son indios, son tlaxcaltecas, cholutecas, chichimecas, chalcas, totonacas…, que todos son aliados de Hernán Cortés.
Habrá que preguntarse por qué todos se alían con Hernán Cortés, por qué todos son enemigos de los mexicas, por qué todos odian a los mexicas, por qué el enemigo de todos, el gran opresor, son los mexicas.
Hernán Cortés firma alianzas con estos pueblos y al día siguiente de caer Tenochtitlán empiezan la reconstrucción de Tenochtitlán de inmediato, que se convertirá en la ciudad de México. De inmediato empieza la construcción de casas, de caminos, de puentes… Para 1531, apenas diez años después de la conquista, ya está la ciudad de México, la ciudad de Querétaro, la ciudad de Tlaxcala, la ciudad de Puebla...
Y en cada una de ellas se está construyendo una catedral, se están haciendo acueductos, se está haciendo una red de conventos alrededor de los volcanes del centro de México… Es decir, se empieza a construir. No es un tema de «llegamos, los conquistamos a ustedes y ahora nos llevamos sus recursos». Es gente que llegó a quedarse a vivir ahí y empezaron a construir todo lo que a los mexicanos nos gusta de México.
–La conquista de México ¿fue más una obra de españoles o una obra de los propios mexicanos?
–Fue un poco una obra de los dos, claro. La premisa del libro, aunque el título diga «al día siguiente de la conquista», es que no hay conquista de México. México es lo que es hoy, y el México de hoy, de entrada, es un México donde el 94 % somos hispanohablantes natales. O sea, nuestra lengua natal es el español y el 90 % de los mexicanos son católicos.
Si lo juntas, pues tenemos que el 90 % de los mexicanos son católicos hispanohablantes y que, sin embargo, estamos educados para despreciar el proceso que nos hizo ser católicos hispanohablantes. Es tremendo.
El México de hoy es católico, es hispanohablante, pero es profundamente mestizo. No es una réplica de España, es lo bonito de toda América, es España mezclándose con los diferentes pueblos indios de América, mezcla que va generando diferentes versiones de España, todas ellas con un mestizaje diferente.
Fíjate qué interesante: lo primero que empiezan a hacer los españoles en América es construir ciudades. Pero ¿quién construye esas ciudades? Cuando Cortés llega los españoles son 400. Para cuando Cortés toma Tenochtitlán en 1521 españoles hay mil. Para 1531 hay menos de 10.000 españoles viviendo en Nueva España.
La religión de los mexicas implicaba el sacrificio humano y el canibalismo ritual
Menos de 10.000 españoles coexistiendo con 10 millones de indios. ¿Quién está construyendo todo? ¿10.000 españoles o 10 millones de indios? Entonces, cuando te dicen: «Es que los españoles construyeron sus templos encima de las pirámides». ¡No! Los pueblos indios construyeron sus nuevos templos encima de las pirámides.
«Es que hubo una conquista espiritual». ¡No! Es que la religión de los mexicas era una imposición sobre todos los demás pueblos que implicaba el sacrificio humano y el canibalismo ritual. Tal vez por eso dejaron con tanta facilidad la religión de los mexicas.
Y después de 1821(con la independencia de México) nadie –ya quedamos libres– volvió a los amorosos brazos de Huitzilopochtli.
Entonces, ¿quién construye esas ciudades? Es cierto, llegan los frailes españoles –que los frailes de entonces eran ingenieros, arquitectos, constructores, matemáticos, cosmografía, cartógrafos...– que hacen de guía, pero quien construye son los pueblos indios.
¿Y qué construyen? En el siglo XVI ya pasaron por Europa todas las corrientes arquitectónicas, y eso lo llevan a México. Por eso ves un convento en México y es una maravilla porque tienes una nave románica con una portada herreriana o plateresca, con un rosetón gótico flamígero… En el interior, al fondo, tienes un retablo barroco y en los laterales tienes pequeños retablos neoclásicos. Y en todos estos conventos tienes frescos. Es una maravilla. Es una barbaridad.
–Todo esto nos lleva a la gran polémica. ¿Debe España pedir perdón a México por la conquista, como insiste la presidenta mexicana?
–Claro, y mi padre debe pedirme perdón a mí por darme la vida (nótese el sarcasmo). Es básicamente eso. Otra vez: el único México que existe es el de hoy, y el de hoy es un México mestizo, es hispano, es católico, es barroco, es neoclásico.
España tendría que disculparse de todo eso. Es decir, España tendría que disculparse de construirse en ciudades. España tendría que disculparse de hacer acueductos. España tendría que disculparse de hacer hospitales. España tendría que disculparse de hacer universidades. España tendría que disculparse por llevarnos arte barroco y neoclásico. España tendría que disculparse por hacer que México sea exactamente como es.
Que España pida disculpas por eso a lo que llamamos conquista sería como que España pida disculpas por el hecho de que México exista. Lo que hay que entender es que, de parte del gobierno mexicano, de éste y de todos, lo que hay es un tema ideológico. Lo que hay es una búsqueda de conflicto. Lo que hay es una teoría marxista del conflicto, donde toda nuestra historia tiene que estar basada en la violencia.
Y, lo más importante, México se está cayendo a pedazos y no lo está tirando a pedazos España. Se está cayendo a pedazos por la violencia, por la corrupción, por el narcotráfico, por un pésimo gobierno. Y mientras, claro, hay que distraer a la gente con que todo se va a arreglar si el Rey de España pide disculpas. Es absurdo.
–¿Es la Hispanidad el futuro de las naciones hispanas, incluida España?
–Yo creo que sí, porque somos 550 millones de individuos que hablamos español. Es que ya nada más con eso… A mí me impresiona ver cómo en Europa se las ingeniaron para armar un bloque que, por otro lado, siento que se está derrumbando un poco.
Pero al principio se encontró con 15 naciones diferentes, con diferentes lenguas, con diferentes formas de entender su cristianismo, con diferentes visiones... En Europa tienes a muchos países que tienen cosas muy distintas, pero que también tienen cosas en común.
¿Cómo se formó la Unión Europea? ¿Concentrándose en aquello en lo que son distintos? ¡No! La Unión Europea se puede formar si se concentran en aquello en lo que son similares.
Bueno, pues 550 millones de individuos lo tenemos más fácil que Europa porque ya hablamos español, ya es una cultura católica, aunque uno como individuo no lo sea, pero la cultura sí que lo es…
Tú ya tienes la lengua española, ya tienes la tradición católica, ya tienes esa cosmovisión, ese arte, esa visión, esa estética, esa tradición, esa cultura, esa historia… Lo tenemos más fácil que Europa para hacer una unión, pero esa unión sería tan poderosa que para muchos es mejor que no exista.
Lo que hace hermanos a todos los países de la América hispana es la Hispanidad, es el español, es la religión, es la tradición, es la historia
Es entonces cuando salen los discursos que invitan a no concentrarse en aquello en lo que somos similares, que es casi todo: «Vamos a concentrarnos en aquello que nos provoque diferencias».
En la América hispana nos encanta siempre estar diciendo que somos hermanos: «Los hermanos hispanoamericanos». Y luego salen todos los movimientos indigenistas.
El tema es: lo que hace hermanos a todos los países de la América hispana es la Hispanidad, es el español, es la religión, es la tradición, es la historia.
Estos indigenismos sólo son para fragmentar más. Eso es indigenismo nunca salen de pueblos indígenas. Siempre salen de ideólogos blancos, urbanos, clasemedieros. Y eso habría que cuestionarlo muchísimo.
La civilización que construyeron juntos los pueblos indios de América y los españoles sigue estando ahí con todo aquello que nos puede catapultar al futuro
Si entendiéramos lo que tenemos en común... No se trata, de reunificar el imperio español. Eso no existe, eso cayó, y si el Imperio cayó es porque fracasó. Si no hubiera fracasado, no hubiera caído. Pero claro, fracasó en el siglo XIX, cuando cae. Eso no quiere decir que haya sido fracasado desde el XVI. Si existió 300 años, quiere decir que fue exitoso por 300 años. Y en 300 años tuvimos lengua común, religión común, historia común, moneda común y globalización encabezada por nosotros.
Ese potencial sigue estando ahí. La propia España creo que siempre vive en esta contradicción de querer ser europeos, y lo son, por supuesto, pero con una Unión Europea que, por lo menos desde México, se ve que ningunea mucho España.
España es una civilización por sí misma. España es una civilización en sí misma que tiene mucho que ver con Europa, que hizo que naciera la cristiandad europea, en gran medida, pero que también es muy distinta a Europa.
España generó su propia civilización en otro continente. Y esa civilización, que construyeron juntos los pueblos indios de América y los españoles, sigue estando ahí con todas sus virtudes y con todos sus defectos, pero sigue estando ahí, con todo aquello que nos puede catapultar al futuro.
Que la América hispana y España vivan fragmentados es algo que le conviene a Europa, a Estados Unidos, a los franceses, a los británicos, pero desde luego no a los hispanohablantes.
–Desde el Ministerio de Cultura español se habla mucho de descolonización. ¿Cómo lo ve?
–Mira, si el ministro de Cultura quiere descolonizar, que deje de comer tortilla de patatas (las patatas las trajeron los españoles desde América). Y adiós también pan con tomate (el tomate también llegó de América tras la conquista).
Y lo pongo más fuerte: ¿Hay que descolonizar? Perfecto, empecemos por derrumbar Madrid, porque Madrid era una aldea árabe, no era la capital de España, que era Toledo.
La Madrid que tenemos hoy es obra de Felipe II. Felipe II quiso hacer una capital imperial porque ya tenía claro que era un imperio. La capital imperial, que es Madrid, sí que se hizo con recursos americanos, igual que las capitales de allá (de México), por supuesto. Entonces, ¿hay que descolonizar? Perfecto. En España prohibimos la tortilla de patatas, prohibimos el pan con tomate y dinamitamos Madrid. ¿Y en México? Pues nos tenemos que poner a desmontar todas las catedrales. Tenemos que prohibir a los charros, a la charrería, al mariachi… Tenemos que prohibir el idioma español y entonces poner al 94 % de mexicanos a aprender náhuatl. ¡Es la idea más absurda!
La historia es lo que es y no la puedes cambiar. Lo que somos hoy es resultado de ese pasado. Ese discurso de descolonización, que tiene todo el tinte del buenismo progresista de la cultura woke, es un discurso de odio contra nosotros mismos. ¿Por qué no contarnos una historia de la que podamos estar orgullosos?
Hernán Cortés es el hombre sin el cual México no existiría
Muchos países, muchos pueblos, tienen que mentir para poder sentir orgullo de su historia. Nosotros, los hispanohablantes, no tenemos que mentir. De hecho, lo que tenemos que hacer es contar la verdad. Y descolonizar es la mentira más grande de toda esta historia.
Todos los mexicanos que no nos dejamos lavar el cerebro por las doctrinas sabemos que, dado que hablamos español, tenemos que ver con España. Sabemos que tenemos lazos de hermandad con España y sabemos que España no nos robó nada nunca.
Ante la frase que ahora se hizo popular con este gobierno en México de «dónde está el oro que nos robaron los españoles». La respuesta es en cien ciudades, en catedrales, en acueductos, en universidades, en colegios, en hospitales...
Construimos una cosa muy hermosa juntos y es una pena que se quiera politizar, que se quiera ideologizar. Es una pena que se convierta en izquierdas y en derechas, porque entonces si defiendes tu hispanidad, eres de derecha, y si eres de izquierdas, tienes sí o sí que despreciar lo que eres. No se me ocurre cosa más estúpida que despreciar lo que eres.
–¿Qué opina del ataque el pasado 12 de octubre por parte de activistas contra el cuadro de la llegada de Colón a América en el Museo Naval de Madrid?
– De entrada, es un vandalismo, lo primero. Lo segundo es que, con estos pretextos del progresismo, el buenismo…, lo que quieren es destruir, es un tema de vandalismo. Son personas que, a falta de poder ser creativas, constructivas, la única alternativa que tienen es destruir.
En México sucede lo mismo cuando arrojaban piedras a la estatua de Cristóbal Colón. Ahora ya no pueden, porque ya no está la estatua. Pero lo que pasó en Madrid, es lo mismo. Suena más difícil entenderlo en España, pero es lo mismo y va de la mano de lo que comentábamos antes del ministro de Cultura: de acuerdo, arroja la pintura al cuadro de Colón, pero renuncia a todo lo que América te trajo, y lo mismo en México: renuncia al español, a las catedrales, a los mariachis… Es el absurdo: Esto sólo puede venir o de gente muy ignorante o de gente muy perversa.
–¿Quién fue Hernán Cortés para México?
–Hernán Cortés es el padre de la patria. No te van a decir eso todos los mexicanos, pero Hernán Cortés es el padre de la patria porque Hernán Cortés es el hombre sin el cual México no existiría.
Ahora, yéndonos más a profundidad, uno de mis libros más exitosos en México y probablemente mi libro favorito, de los míos, es mi libro sobre Hernán Cortés, Hernán Cortés. Encuentro y conquista (Grijalbo), busca contarte bien la historia de Hernán Cortés.
Fíjate qué terrible historia nos contamos en México. En México decimos: «aquí ya existíamos», lo cual no es cierto, «y ya éramos perfectos», lo cual tampoco es cierto. Y los mexicas, y los toltecas y todas las culturas que había aquí ya eran perfectas, lo cual no es cierto. Eran culturas de la Edad de Piedra. Eran culturas de piedra y palo porque América fue un continente que se quedó aislado del resto del mundo y, por lo tanto, su evolución fue mucho más lenta.
Y luego nos contamos la historia en la que esas culturas, que ya eran perfectas, fueron conquistadas, y así nos lo decimos, por 400 buenos para nada, inútiles, medievales y oscurantistas españoles.
Y tú te dices: «¿De verdad?». «¿Me estás diciendo que 400 barbajanes, ignorantes, buenos para nada nos conquistaron?».
Y todavía Diego Rivera, nuestro muralista más famoso, dice que Hernán Cortés era deforme, jorobado, sifilítico y contrahecho. Y dices «vale, ¿y aún así nos conquistó? Imagina que hubiera llegado sano».
Nos contamos una historia ridícula en la que pensamos que tirarle tierra a Hernán Cortés y a España nos hace más patriotas.
Hernán Cortés, además, no sólo no era deforme, jorobado, sifilítico y contrahecho, sino que estamos hablando de un hombre noble, ilustrado, que fue a la universidad, era latinista, bachiller en leyes, que firmó pactos y alianzas de paz con todos los pueblos indios de Mesoamérica, que intentó hacerlo también con los mexicas…
Hay que recordar que Cortés se encontró en un contexto donde había muchos pueblos, no una nación, y donde uno de esos pueblos, los mexica, tenían sometidos a todos los demás pueblos desde 100 años antes de que llegara Hernán Cortés. Y la base de aquel sometimiento era el sacrificio humano y el canibalismo ritual. Cuando llega Hernán Cortés, los mexicas estaban sacando 20.000 corazones al año. Sacrificaban a diario.
¿En qué momento concibes que los que los que sacan 20.000 corazones al año son los buenos y los que acaban con esa barbarie son los malos? Cortés es el hombre que acaba con el sacrificio humano, acaba con el canibalismo ritual, logra unir y aliar a pueblos que llevaban siglos siendo enemigos. Logra darles algo en común, que fue el cristianismo.
En el siglo XVI la gente actuaba por fe, y lo que tuvieron en común todos los pueblos indios fue el cristianismo. Y con base en eso, todos juntos empezaron a construir un país que antes jamás hubieran construido. México no existiría sin Hernán Cortés.
(De www.eldebate.com)
Se les podría sugerir a las actuales autoridades mexicanas, dejar de lado todo lo que provenga de la colonización española para retomar las antiguas costumbres y ritos aztecas. Por el contrario, muchos latinoamericanos tenemos plena consciencia de la importancia del idioma, de la religión y de la organización social y politica traída por los conquistadores. Los gobiernos socialistas, en este caso, parecen adoptar una postura similar a la de los musulmanes llegados a Europa y que son desagradecidos ante lo que reciben de las sociedades europeas.
Se menciona a continuación una entrevista realizada por Miguel Pérez Pichel
«Que España pida perdón por la conquista sería como pedir disculpas por el hecho de que México exista»
Cuando el ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, afirma que «ha habido dolor e injusticia hacia los pueblos originarios, a los que se ha tratado injustamente y justo es reconocerlo y enmendarlo», el historiador Juan Miguel Zunzunegui afirma en El Debate que España no tiene que pedir perdón por una conquista que fue más obra de los pueblos indígenas que de España.
El historiador mexicano Juan Miguel Zunzunegui presenta en Madrid su último libro, Al día siguiente de la conquista (La Esfera de los Libros), donde plantea que con la conquista de México por parte de Cortés terminó el aislamiento en América y nació una nueva civilización fruto de la fusión de dos mundos.
En una conversación con El Debate, explica que el imperio azteca lo derribaron los pueblos indios, sometidos a la opresión por parte de los aztecas, en alianza con los españoles de Cortés.
–¿Qué ocurrió al día siguiente de la conquista de México?
–Pues al día siguiente de la conquista de Tenochtitlán lo que ocurrió es que se empezó a construir México. Esa es la premisa fundamental del libro y, en general, de toda mi obra y de todo mi trabajo: tratar de ir en contra de esta trama de la conquista.
Yo empiezo casi todas mis presentaciones en México con una pregunta muy simple. Le pregunto a la gente: ¿Les gusta México? Todos me dicen que sí, obviamente. Luego les pregunto: ¿Qué les gusta de México? Siempre me dicen, antes que cualquier otra cosa, la comida. Y después, «nos gusta nuestras danzas, nuestro folclore, nuestra música, nuestro mariachi, nuestros charros y la charrería. Y nos gusta el tequila y el mezcal. Nos gusta nuestras catedrales y nuestros pueblos y nuestros acueductos. Y nos gusta el barroco y el neoclásico…».
Y les digo: «Bueno, el tema es que todo lo que les gusta de México es de 1521 (año de la conquista de México por Cortés) para acá». Todo lo que a los mexicanos les gusta de México se empezó a construir después de la caída de Tenochtitlán y no lo construyeron los españoles, lo construyeron los indios, que es lo que nadie quiere entender.
Imagínate: llega Hernán Cortés con 400 hombres, y con 400 hombres toma Tenochtitlán. ¡Eso es ridículo! Sobre todo, si te cuentan que Tenochtitlán era la gran capital de un gran imperio poderosísimo. Pensar que un imperio así cae ante 400 personas es absurdo.
La realidad es que la ciudad cae ante 100.000 guerreros y de esos 100.000 guerreros, prácticamente todos, más de 99.000, son indios, son tlaxcaltecas, cholutecas, chichimecas, chalcas, totonacas…, que todos son aliados de Hernán Cortés.
Habrá que preguntarse por qué todos se alían con Hernán Cortés, por qué todos son enemigos de los mexicas, por qué todos odian a los mexicas, por qué el enemigo de todos, el gran opresor, son los mexicas.
Hernán Cortés firma alianzas con estos pueblos y al día siguiente de caer Tenochtitlán empiezan la reconstrucción de Tenochtitlán de inmediato, que se convertirá en la ciudad de México. De inmediato empieza la construcción de casas, de caminos, de puentes… Para 1531, apenas diez años después de la conquista, ya está la ciudad de México, la ciudad de Querétaro, la ciudad de Tlaxcala, la ciudad de Puebla...
Y en cada una de ellas se está construyendo una catedral, se están haciendo acueductos, se está haciendo una red de conventos alrededor de los volcanes del centro de México… Es decir, se empieza a construir. No es un tema de «llegamos, los conquistamos a ustedes y ahora nos llevamos sus recursos». Es gente que llegó a quedarse a vivir ahí y empezaron a construir todo lo que a los mexicanos nos gusta de México.
–La conquista de México ¿fue más una obra de españoles o una obra de los propios mexicanos?
–Fue un poco una obra de los dos, claro. La premisa del libro, aunque el título diga «al día siguiente de la conquista», es que no hay conquista de México. México es lo que es hoy, y el México de hoy, de entrada, es un México donde el 94 % somos hispanohablantes natales. O sea, nuestra lengua natal es el español y el 90 % de los mexicanos son católicos.
Si lo juntas, pues tenemos que el 90 % de los mexicanos son católicos hispanohablantes y que, sin embargo, estamos educados para despreciar el proceso que nos hizo ser católicos hispanohablantes. Es tremendo.
El México de hoy es católico, es hispanohablante, pero es profundamente mestizo. No es una réplica de España, es lo bonito de toda América, es España mezclándose con los diferentes pueblos indios de América, mezcla que va generando diferentes versiones de España, todas ellas con un mestizaje diferente.
Fíjate qué interesante: lo primero que empiezan a hacer los españoles en América es construir ciudades. Pero ¿quién construye esas ciudades? Cuando Cortés llega los españoles son 400. Para cuando Cortés toma Tenochtitlán en 1521 españoles hay mil. Para 1531 hay menos de 10.000 españoles viviendo en Nueva España.
La religión de los mexicas implicaba el sacrificio humano y el canibalismo ritual
Menos de 10.000 españoles coexistiendo con 10 millones de indios. ¿Quién está construyendo todo? ¿10.000 españoles o 10 millones de indios? Entonces, cuando te dicen: «Es que los españoles construyeron sus templos encima de las pirámides». ¡No! Los pueblos indios construyeron sus nuevos templos encima de las pirámides.
«Es que hubo una conquista espiritual». ¡No! Es que la religión de los mexicas era una imposición sobre todos los demás pueblos que implicaba el sacrificio humano y el canibalismo ritual. Tal vez por eso dejaron con tanta facilidad la religión de los mexicas.
Y después de 1821(con la independencia de México) nadie –ya quedamos libres– volvió a los amorosos brazos de Huitzilopochtli.
Entonces, ¿quién construye esas ciudades? Es cierto, llegan los frailes españoles –que los frailes de entonces eran ingenieros, arquitectos, constructores, matemáticos, cosmografía, cartógrafos...– que hacen de guía, pero quien construye son los pueblos indios.
¿Y qué construyen? En el siglo XVI ya pasaron por Europa todas las corrientes arquitectónicas, y eso lo llevan a México. Por eso ves un convento en México y es una maravilla porque tienes una nave románica con una portada herreriana o plateresca, con un rosetón gótico flamígero… En el interior, al fondo, tienes un retablo barroco y en los laterales tienes pequeños retablos neoclásicos. Y en todos estos conventos tienes frescos. Es una maravilla. Es una barbaridad.
–Todo esto nos lleva a la gran polémica. ¿Debe España pedir perdón a México por la conquista, como insiste la presidenta mexicana?
–Claro, y mi padre debe pedirme perdón a mí por darme la vida (nótese el sarcasmo). Es básicamente eso. Otra vez: el único México que existe es el de hoy, y el de hoy es un México mestizo, es hispano, es católico, es barroco, es neoclásico.
España tendría que disculparse de todo eso. Es decir, España tendría que disculparse de construirse en ciudades. España tendría que disculparse de hacer acueductos. España tendría que disculparse de hacer hospitales. España tendría que disculparse de hacer universidades. España tendría que disculparse por llevarnos arte barroco y neoclásico. España tendría que disculparse por hacer que México sea exactamente como es.
Que España pida disculpas por eso a lo que llamamos conquista sería como que España pida disculpas por el hecho de que México exista. Lo que hay que entender es que, de parte del gobierno mexicano, de éste y de todos, lo que hay es un tema ideológico. Lo que hay es una búsqueda de conflicto. Lo que hay es una teoría marxista del conflicto, donde toda nuestra historia tiene que estar basada en la violencia.
Y, lo más importante, México se está cayendo a pedazos y no lo está tirando a pedazos España. Se está cayendo a pedazos por la violencia, por la corrupción, por el narcotráfico, por un pésimo gobierno. Y mientras, claro, hay que distraer a la gente con que todo se va a arreglar si el Rey de España pide disculpas. Es absurdo.
–¿Es la Hispanidad el futuro de las naciones hispanas, incluida España?
–Yo creo que sí, porque somos 550 millones de individuos que hablamos español. Es que ya nada más con eso… A mí me impresiona ver cómo en Europa se las ingeniaron para armar un bloque que, por otro lado, siento que se está derrumbando un poco.
Pero al principio se encontró con 15 naciones diferentes, con diferentes lenguas, con diferentes formas de entender su cristianismo, con diferentes visiones... En Europa tienes a muchos países que tienen cosas muy distintas, pero que también tienen cosas en común.
¿Cómo se formó la Unión Europea? ¿Concentrándose en aquello en lo que son distintos? ¡No! La Unión Europea se puede formar si se concentran en aquello en lo que son similares.
Bueno, pues 550 millones de individuos lo tenemos más fácil que Europa porque ya hablamos español, ya es una cultura católica, aunque uno como individuo no lo sea, pero la cultura sí que lo es…
Tú ya tienes la lengua española, ya tienes la tradición católica, ya tienes esa cosmovisión, ese arte, esa visión, esa estética, esa tradición, esa cultura, esa historia… Lo tenemos más fácil que Europa para hacer una unión, pero esa unión sería tan poderosa que para muchos es mejor que no exista.
Lo que hace hermanos a todos los países de la América hispana es la Hispanidad, es el español, es la religión, es la tradición, es la historia
Es entonces cuando salen los discursos que invitan a no concentrarse en aquello en lo que somos similares, que es casi todo: «Vamos a concentrarnos en aquello que nos provoque diferencias».
En la América hispana nos encanta siempre estar diciendo que somos hermanos: «Los hermanos hispanoamericanos». Y luego salen todos los movimientos indigenistas.
El tema es: lo que hace hermanos a todos los países de la América hispana es la Hispanidad, es el español, es la religión, es la tradición, es la historia.
Estos indigenismos sólo son para fragmentar más. Eso es indigenismo nunca salen de pueblos indígenas. Siempre salen de ideólogos blancos, urbanos, clasemedieros. Y eso habría que cuestionarlo muchísimo.
La civilización que construyeron juntos los pueblos indios de América y los españoles sigue estando ahí con todo aquello que nos puede catapultar al futuro
Si entendiéramos lo que tenemos en común... No se trata, de reunificar el imperio español. Eso no existe, eso cayó, y si el Imperio cayó es porque fracasó. Si no hubiera fracasado, no hubiera caído. Pero claro, fracasó en el siglo XIX, cuando cae. Eso no quiere decir que haya sido fracasado desde el XVI. Si existió 300 años, quiere decir que fue exitoso por 300 años. Y en 300 años tuvimos lengua común, religión común, historia común, moneda común y globalización encabezada por nosotros.
Ese potencial sigue estando ahí. La propia España creo que siempre vive en esta contradicción de querer ser europeos, y lo son, por supuesto, pero con una Unión Europea que, por lo menos desde México, se ve que ningunea mucho España.
España es una civilización por sí misma. España es una civilización en sí misma que tiene mucho que ver con Europa, que hizo que naciera la cristiandad europea, en gran medida, pero que también es muy distinta a Europa.
España generó su propia civilización en otro continente. Y esa civilización, que construyeron juntos los pueblos indios de América y los españoles, sigue estando ahí con todas sus virtudes y con todos sus defectos, pero sigue estando ahí, con todo aquello que nos puede catapultar al futuro.
Que la América hispana y España vivan fragmentados es algo que le conviene a Europa, a Estados Unidos, a los franceses, a los británicos, pero desde luego no a los hispanohablantes.
–Desde el Ministerio de Cultura español se habla mucho de descolonización. ¿Cómo lo ve?
–Mira, si el ministro de Cultura quiere descolonizar, que deje de comer tortilla de patatas (las patatas las trajeron los españoles desde América). Y adiós también pan con tomate (el tomate también llegó de América tras la conquista).
Y lo pongo más fuerte: ¿Hay que descolonizar? Perfecto, empecemos por derrumbar Madrid, porque Madrid era una aldea árabe, no era la capital de España, que era Toledo.
La Madrid que tenemos hoy es obra de Felipe II. Felipe II quiso hacer una capital imperial porque ya tenía claro que era un imperio. La capital imperial, que es Madrid, sí que se hizo con recursos americanos, igual que las capitales de allá (de México), por supuesto. Entonces, ¿hay que descolonizar? Perfecto. En España prohibimos la tortilla de patatas, prohibimos el pan con tomate y dinamitamos Madrid. ¿Y en México? Pues nos tenemos que poner a desmontar todas las catedrales. Tenemos que prohibir a los charros, a la charrería, al mariachi… Tenemos que prohibir el idioma español y entonces poner al 94 % de mexicanos a aprender náhuatl. ¡Es la idea más absurda!
La historia es lo que es y no la puedes cambiar. Lo que somos hoy es resultado de ese pasado. Ese discurso de descolonización, que tiene todo el tinte del buenismo progresista de la cultura woke, es un discurso de odio contra nosotros mismos. ¿Por qué no contarnos una historia de la que podamos estar orgullosos?
Hernán Cortés es el hombre sin el cual México no existiría
Muchos países, muchos pueblos, tienen que mentir para poder sentir orgullo de su historia. Nosotros, los hispanohablantes, no tenemos que mentir. De hecho, lo que tenemos que hacer es contar la verdad. Y descolonizar es la mentira más grande de toda esta historia.
Todos los mexicanos que no nos dejamos lavar el cerebro por las doctrinas sabemos que, dado que hablamos español, tenemos que ver con España. Sabemos que tenemos lazos de hermandad con España y sabemos que España no nos robó nada nunca.
Ante la frase que ahora se hizo popular con este gobierno en México de «dónde está el oro que nos robaron los españoles». La respuesta es en cien ciudades, en catedrales, en acueductos, en universidades, en colegios, en hospitales...
Construimos una cosa muy hermosa juntos y es una pena que se quiera politizar, que se quiera ideologizar. Es una pena que se convierta en izquierdas y en derechas, porque entonces si defiendes tu hispanidad, eres de derecha, y si eres de izquierdas, tienes sí o sí que despreciar lo que eres. No se me ocurre cosa más estúpida que despreciar lo que eres.
–¿Qué opina del ataque el pasado 12 de octubre por parte de activistas contra el cuadro de la llegada de Colón a América en el Museo Naval de Madrid?
– De entrada, es un vandalismo, lo primero. Lo segundo es que, con estos pretextos del progresismo, el buenismo…, lo que quieren es destruir, es un tema de vandalismo. Son personas que, a falta de poder ser creativas, constructivas, la única alternativa que tienen es destruir.
En México sucede lo mismo cuando arrojaban piedras a la estatua de Cristóbal Colón. Ahora ya no pueden, porque ya no está la estatua. Pero lo que pasó en Madrid, es lo mismo. Suena más difícil entenderlo en España, pero es lo mismo y va de la mano de lo que comentábamos antes del ministro de Cultura: de acuerdo, arroja la pintura al cuadro de Colón, pero renuncia a todo lo que América te trajo, y lo mismo en México: renuncia al español, a las catedrales, a los mariachis… Es el absurdo: Esto sólo puede venir o de gente muy ignorante o de gente muy perversa.
–¿Quién fue Hernán Cortés para México?
–Hernán Cortés es el padre de la patria. No te van a decir eso todos los mexicanos, pero Hernán Cortés es el padre de la patria porque Hernán Cortés es el hombre sin el cual México no existiría.
Ahora, yéndonos más a profundidad, uno de mis libros más exitosos en México y probablemente mi libro favorito, de los míos, es mi libro sobre Hernán Cortés, Hernán Cortés. Encuentro y conquista (Grijalbo), busca contarte bien la historia de Hernán Cortés.
Fíjate qué terrible historia nos contamos en México. En México decimos: «aquí ya existíamos», lo cual no es cierto, «y ya éramos perfectos», lo cual tampoco es cierto. Y los mexicas, y los toltecas y todas las culturas que había aquí ya eran perfectas, lo cual no es cierto. Eran culturas de la Edad de Piedra. Eran culturas de piedra y palo porque América fue un continente que se quedó aislado del resto del mundo y, por lo tanto, su evolución fue mucho más lenta.
Y luego nos contamos la historia en la que esas culturas, que ya eran perfectas, fueron conquistadas, y así nos lo decimos, por 400 buenos para nada, inútiles, medievales y oscurantistas españoles.
Y tú te dices: «¿De verdad?». «¿Me estás diciendo que 400 barbajanes, ignorantes, buenos para nada nos conquistaron?».
Y todavía Diego Rivera, nuestro muralista más famoso, dice que Hernán Cortés era deforme, jorobado, sifilítico y contrahecho. Y dices «vale, ¿y aún así nos conquistó? Imagina que hubiera llegado sano».
Nos contamos una historia ridícula en la que pensamos que tirarle tierra a Hernán Cortés y a España nos hace más patriotas.
Hernán Cortés, además, no sólo no era deforme, jorobado, sifilítico y contrahecho, sino que estamos hablando de un hombre noble, ilustrado, que fue a la universidad, era latinista, bachiller en leyes, que firmó pactos y alianzas de paz con todos los pueblos indios de Mesoamérica, que intentó hacerlo también con los mexicas…
Hay que recordar que Cortés se encontró en un contexto donde había muchos pueblos, no una nación, y donde uno de esos pueblos, los mexica, tenían sometidos a todos los demás pueblos desde 100 años antes de que llegara Hernán Cortés. Y la base de aquel sometimiento era el sacrificio humano y el canibalismo ritual. Cuando llega Hernán Cortés, los mexicas estaban sacando 20.000 corazones al año. Sacrificaban a diario.
¿En qué momento concibes que los que los que sacan 20.000 corazones al año son los buenos y los que acaban con esa barbarie son los malos? Cortés es el hombre que acaba con el sacrificio humano, acaba con el canibalismo ritual, logra unir y aliar a pueblos que llevaban siglos siendo enemigos. Logra darles algo en común, que fue el cristianismo.
En el siglo XVI la gente actuaba por fe, y lo que tuvieron en común todos los pueblos indios fue el cristianismo. Y con base en eso, todos juntos empezaron a construir un país que antes jamás hubieran construido. México no existiría sin Hernán Cortés.
(De www.eldebate.com)
martes, 30 de junio de 2026
La ecología de izquierda
Existen dos posturas extremas respecto del cuidado del medio ambiente. Una de ellas considera que debe cuidarse el medio ambiente pensando que su contaminación habrá de perjudicar a los seres humanos. El otro extremo implica cuidar el ambiente sin pensar en la salud de los seres humanos, y que en caso de tener que sacrificar uno de los dos, aceptan sacrificar la vida de los seres humanos. Esta última postura parece ser la imperante entre los políticos europeos de izquierda.
Ante el excesivo calor reinante en Europa, se estima que las elevadas temperaturas producen unas 175.000 muertes anuales, pero la izquierda política trata de desalentar el uso de aires acondicionados para proteger el medio ambiente. Es decir, mientras que el ecologismo democrático trata de proteger al medio ambiente, para que toda posible contaminación o deterioro no afecten a los seres humanos, los izquierdistas tratan de proteger el medio ambiente prioritariamente a la protección de los seres humanos bajo el lema: "Lo que a nosotros enfría, calienta el planeta".
Hace unos años atrás, las subvenciones kirchneristas promovían el derroche de gas y de energía eléctrica, con la consiguiente contaminación ambiental adicional, pero los ecologistas de izquierda no decían nada. Con ello se ponía en evidencia que tampoco el medio ambiente era para ellos lo importante, sino que la promoción de ciertas ideologías políticas estaban detrás de un aparente ecologismo.
La limitación de la población humana es promovida por tales "ecologistas", apoyando el aborto legal y los vínculos homosexuales, ya que éstos no pueden tener hijos. Luego, favorecen el bloqueo de toda tecnología favorable a la agricultura, como el bloqueo de varias formas de generación eléctrica y la oposición a la minería y al consumo de alimentos de origen animal. Con economías nacionales bloqueadas en estos rubros, se garantiza un nivel de pobreza que facilitará la "caída del capitalismo".
Además de los ecologistas opositores a las nuevas técnicas de producción de alimentos, se suma la izquierda política que considera “satánico” todo lo que provenga de los EEUU y, en general, de Occidente, como es el caso de los “organismos genéticamente modificados” o transgénicos. Para compatibilizar ideología con realidad, les resulta de imperiosa necesidad atribuir a toda empresa privada capitalista cierta perversidad intrínseca, como la de ser causante de daños irreparables en el medio ambiente. Guy Sorman escribió: “El atraso es aún más inquietante en las biotecnologías, debido a una verdadera campaña oscurantista capaz de eliminar al país de Pasteur de la carrera por el dominio de lo vivo y privarlo de sus perspectivas económicas. La exagerada campaña contra los OGM [organismos genéticamente modificados], mezcla de antiamericanismo primario, especulaciones proteccionistas miopes y nostalgia de los errores desaparecidos, conduce al exilio a nuestros investigadores y desplaza fuera de Francia a las empresas y los capitales. ¿Quién se sentiría tentado a invertir en Francia, donde los falsos campesinos convertidos en Astérix destruyen los laboratorios de experimentación de las plantas transgénicas, una innovación importante que podría asegurar la provisión alimentaria de las futuras generaciones?...¡Despierta, Claude Bernard, se han vuelto locos!”.
“La anticiencia opera en un mundo conocido, la receta de cocina de toda ideología: escoge terrenos sensibles, difunde informaciones falsas, que supone comprobadas, fabrica explicaciones simplistas que se basan en la interpretación de los hechos y de esta manera seducen a los espíritus temerosos, alérgicos a todo tipo de cambio”.
“Nuestros nuevos milenaristas procuran atemorizarnos erigiéndose en salvadores de la humanidad; lo que les interesa no es evidentemente la verdad, sino el poder que se les escapa. Desde que la historia se bifurcó hacia la libertad política y económica, los frustrados, sin el futuro prometedor que esperaban, se han reciclado en una Francia gruñona y apegada al pasado; ¡para seguirlos sería necesario que el porvenir fuera primitivo a fin de volver a ser deseable!”.
“Frente al terrorismo intelectual, esta enfermedad muy parisiense, frente a la nueva Internacional de los enemigos del progreso, somos demasiado sabios, demasiado educados, demasiado benignos; ha llegado la hora de manifestar nuestra cólera contra aquellos que nos empujan hacia abajo y hacia atrás, aquellos que insultan a la vez el porvenir y la inteligencia” (De “El progreso y sus enemigos”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 2002).
Es bastante común escuchar en la Argentina que la tierra cultivada con soja “no sirve por cinco años” para cultivar otras variedades agrícolas; tradición oral que ha quedado como un resabio de la información vertida por sectores afines al kirchnerismo cuando se inició la campaña en contra del cultivo intensivo de soja, que finalmente resultó ser el principal generador de divisas del sector exportador. Al respecto, Federico Sturzenegger escribió: “Las transformaciones de la agricultura, que empezaban a despertar la curiosidad de Víctor Trucco y Rogelio Fogante, significaban una revolución total en 4.000 años de agricultura. El cultivo tradicional se basaba en las labranzas o rotación de la tierra y tenía en el uso del arado la expresión más elocuente”.
“Pero esta manera de sembrar tenía daños colaterales de significación: las labranzas van ocasionando pérdidas de la materia orgánica –el humus- de los suelos. El humus es lo que permite la retención del agua de lluvia y, por lo tanto, el que conserva la humedad que la semilla necesita para germinar y la planta para crecer. En definitiva, la agricultura tradicional llevaba a la erosión de los suelos. Para paliar estos efectos nocivos era necesario rotar cultivos agrícolas con ganadería, lo que requería implantar pasturas y dejar de arar por cuatro o cinco años. Pero estos paliativos no eran suficientes para revertir el deterioro. «Mirá los desiertos de Irak», me decía Trucco, «y pensar que allí comenzó la agricultura»”.
“Lo que Trucco y Fogante tenían en mente era una agricultura sin arados, es decir, sin necesidad de roturar la tierra. En esta agricultura se sembraría directamente encima del rastrojo (los restos del cultivo anterior), con la precaución de controlar previamente las malezas existentes, mediante la aplicación de herbicidas adecuados. La diferencia era radical en tres aspectos. Con este mecanismo no se producía la erosión del suelo, que quedaba protegido siempre por una capa de cultivo o sus restos; no se perdía la humedad, con lo cual se podía avanzar hacia zonas más secas, expandiendo la frontera agrícola, y finalmente, en vez de producir una pérdida de materia orgánica, esta se iba incrementando con el tiempo: los restos de cada cosecha depositaban material orgánico en capas, mejorando la calidad del suelo. Si esto funcionaba como se pensaba, en vez de erosionar, esta nueva forma de hacer agricultura iría fabricando suelo y mejorándolo año a año”.
“Trucco y Fogante no fueron los inventores de la «siembra directa», como dieron en llamar al proceso, pero fueron los que la hicieron conocer y los que empujaron a otros a experimentar. Con los resultados iniciales de Trucco y el carisma de Fogante empezaron a evangelizar en toda la pampa húmeda sobre esta nueva técnica. Cuando el grupo creció, crearon, en 1989, la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (AAPRESID), encargada de transmitir y difundir sus experiencias”.
“La siembra directa, en la práctica, significó transformar en agrícolas tierras que eran consideradas marginales. Como la siembre directa, por su conservación de la humedad, permitía hacer agricultura en lugares donde antes nadie la consideraba siquiera posible, las reuniones en algunos pueblos ganaderos eran recibidas con una mezcla de incredulidad, que a veces les hacía decir: «¿Soja acá? Noooo, no es posible». Pero siempre había un loco que se decidía a probar y, de a poquito, regiones enteras comenzaron a transformarse de ganaderas en agrícolas, lo cual les cambió de manera insospechada su facturación y su rentabilidad”.
“A fines de los años 90, se produjeron dos avances adicionales que se combinarían para dar un impulso absolutamente arrollador al proceso. Por un lado, el desarrollo por parte de la empresa Monsanto del glifosfato, hoy usado como herbicida central de la siembra directa. Por otro, el desarrollo de semillas transgénicas, que modificaban una enzima de la planta de la soja, confiriéndole tolerancia al glifosfato. A partir de estos descubrimientos, la soja modificada genéticamente podía ser tratada con glifosfato sin ser afectada, mientras que las demás plantas presentes –consideradas «malezas» por los agrónomos- morían, todo lo cual produjo un salto fenomenal en la producción de soja”.
“Trucco recuerda que la llegada de la semilla transgénica despertó una pelea, que esta vez lo enfrentó con sus viejos aliados, los ambientalistas. Los ambientalistas se oponían a este tipo de semillas, sin reparar, decía Trucco, que eran las más aptas para esta siembra que, en definitiva, priorizaba lo ambiental: el cuidado de nuestro suelo” (De “Yo no me quiero ir”-Grupo Editorial Planeta SAIC-Buenos Aires 2013).
Ante el excesivo calor reinante en Europa, se estima que las elevadas temperaturas producen unas 175.000 muertes anuales, pero la izquierda política trata de desalentar el uso de aires acondicionados para proteger el medio ambiente. Es decir, mientras que el ecologismo democrático trata de proteger al medio ambiente, para que toda posible contaminación o deterioro no afecten a los seres humanos, los izquierdistas tratan de proteger el medio ambiente prioritariamente a la protección de los seres humanos bajo el lema: "Lo que a nosotros enfría, calienta el planeta".
Hace unos años atrás, las subvenciones kirchneristas promovían el derroche de gas y de energía eléctrica, con la consiguiente contaminación ambiental adicional, pero los ecologistas de izquierda no decían nada. Con ello se ponía en evidencia que tampoco el medio ambiente era para ellos lo importante, sino que la promoción de ciertas ideologías políticas estaban detrás de un aparente ecologismo.
La limitación de la población humana es promovida por tales "ecologistas", apoyando el aborto legal y los vínculos homosexuales, ya que éstos no pueden tener hijos. Luego, favorecen el bloqueo de toda tecnología favorable a la agricultura, como el bloqueo de varias formas de generación eléctrica y la oposición a la minería y al consumo de alimentos de origen animal. Con economías nacionales bloqueadas en estos rubros, se garantiza un nivel de pobreza que facilitará la "caída del capitalismo".
Además de los ecologistas opositores a las nuevas técnicas de producción de alimentos, se suma la izquierda política que considera “satánico” todo lo que provenga de los EEUU y, en general, de Occidente, como es el caso de los “organismos genéticamente modificados” o transgénicos. Para compatibilizar ideología con realidad, les resulta de imperiosa necesidad atribuir a toda empresa privada capitalista cierta perversidad intrínseca, como la de ser causante de daños irreparables en el medio ambiente. Guy Sorman escribió: “El atraso es aún más inquietante en las biotecnologías, debido a una verdadera campaña oscurantista capaz de eliminar al país de Pasteur de la carrera por el dominio de lo vivo y privarlo de sus perspectivas económicas. La exagerada campaña contra los OGM [organismos genéticamente modificados], mezcla de antiamericanismo primario, especulaciones proteccionistas miopes y nostalgia de los errores desaparecidos, conduce al exilio a nuestros investigadores y desplaza fuera de Francia a las empresas y los capitales. ¿Quién se sentiría tentado a invertir en Francia, donde los falsos campesinos convertidos en Astérix destruyen los laboratorios de experimentación de las plantas transgénicas, una innovación importante que podría asegurar la provisión alimentaria de las futuras generaciones?...¡Despierta, Claude Bernard, se han vuelto locos!”.
“La anticiencia opera en un mundo conocido, la receta de cocina de toda ideología: escoge terrenos sensibles, difunde informaciones falsas, que supone comprobadas, fabrica explicaciones simplistas que se basan en la interpretación de los hechos y de esta manera seducen a los espíritus temerosos, alérgicos a todo tipo de cambio”.
“Nuestros nuevos milenaristas procuran atemorizarnos erigiéndose en salvadores de la humanidad; lo que les interesa no es evidentemente la verdad, sino el poder que se les escapa. Desde que la historia se bifurcó hacia la libertad política y económica, los frustrados, sin el futuro prometedor que esperaban, se han reciclado en una Francia gruñona y apegada al pasado; ¡para seguirlos sería necesario que el porvenir fuera primitivo a fin de volver a ser deseable!”.
“Frente al terrorismo intelectual, esta enfermedad muy parisiense, frente a la nueva Internacional de los enemigos del progreso, somos demasiado sabios, demasiado educados, demasiado benignos; ha llegado la hora de manifestar nuestra cólera contra aquellos que nos empujan hacia abajo y hacia atrás, aquellos que insultan a la vez el porvenir y la inteligencia” (De “El progreso y sus enemigos”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 2002).
Es bastante común escuchar en la Argentina que la tierra cultivada con soja “no sirve por cinco años” para cultivar otras variedades agrícolas; tradición oral que ha quedado como un resabio de la información vertida por sectores afines al kirchnerismo cuando se inició la campaña en contra del cultivo intensivo de soja, que finalmente resultó ser el principal generador de divisas del sector exportador. Al respecto, Federico Sturzenegger escribió: “Las transformaciones de la agricultura, que empezaban a despertar la curiosidad de Víctor Trucco y Rogelio Fogante, significaban una revolución total en 4.000 años de agricultura. El cultivo tradicional se basaba en las labranzas o rotación de la tierra y tenía en el uso del arado la expresión más elocuente”.
“Pero esta manera de sembrar tenía daños colaterales de significación: las labranzas van ocasionando pérdidas de la materia orgánica –el humus- de los suelos. El humus es lo que permite la retención del agua de lluvia y, por lo tanto, el que conserva la humedad que la semilla necesita para germinar y la planta para crecer. En definitiva, la agricultura tradicional llevaba a la erosión de los suelos. Para paliar estos efectos nocivos era necesario rotar cultivos agrícolas con ganadería, lo que requería implantar pasturas y dejar de arar por cuatro o cinco años. Pero estos paliativos no eran suficientes para revertir el deterioro. «Mirá los desiertos de Irak», me decía Trucco, «y pensar que allí comenzó la agricultura»”.
“Lo que Trucco y Fogante tenían en mente era una agricultura sin arados, es decir, sin necesidad de roturar la tierra. En esta agricultura se sembraría directamente encima del rastrojo (los restos del cultivo anterior), con la precaución de controlar previamente las malezas existentes, mediante la aplicación de herbicidas adecuados. La diferencia era radical en tres aspectos. Con este mecanismo no se producía la erosión del suelo, que quedaba protegido siempre por una capa de cultivo o sus restos; no se perdía la humedad, con lo cual se podía avanzar hacia zonas más secas, expandiendo la frontera agrícola, y finalmente, en vez de producir una pérdida de materia orgánica, esta se iba incrementando con el tiempo: los restos de cada cosecha depositaban material orgánico en capas, mejorando la calidad del suelo. Si esto funcionaba como se pensaba, en vez de erosionar, esta nueva forma de hacer agricultura iría fabricando suelo y mejorándolo año a año”.
“Trucco y Fogante no fueron los inventores de la «siembra directa», como dieron en llamar al proceso, pero fueron los que la hicieron conocer y los que empujaron a otros a experimentar. Con los resultados iniciales de Trucco y el carisma de Fogante empezaron a evangelizar en toda la pampa húmeda sobre esta nueva técnica. Cuando el grupo creció, crearon, en 1989, la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (AAPRESID), encargada de transmitir y difundir sus experiencias”.
“La siembra directa, en la práctica, significó transformar en agrícolas tierras que eran consideradas marginales. Como la siembre directa, por su conservación de la humedad, permitía hacer agricultura en lugares donde antes nadie la consideraba siquiera posible, las reuniones en algunos pueblos ganaderos eran recibidas con una mezcla de incredulidad, que a veces les hacía decir: «¿Soja acá? Noooo, no es posible». Pero siempre había un loco que se decidía a probar y, de a poquito, regiones enteras comenzaron a transformarse de ganaderas en agrícolas, lo cual les cambió de manera insospechada su facturación y su rentabilidad”.
“A fines de los años 90, se produjeron dos avances adicionales que se combinarían para dar un impulso absolutamente arrollador al proceso. Por un lado, el desarrollo por parte de la empresa Monsanto del glifosfato, hoy usado como herbicida central de la siembra directa. Por otro, el desarrollo de semillas transgénicas, que modificaban una enzima de la planta de la soja, confiriéndole tolerancia al glifosfato. A partir de estos descubrimientos, la soja modificada genéticamente podía ser tratada con glifosfato sin ser afectada, mientras que las demás plantas presentes –consideradas «malezas» por los agrónomos- morían, todo lo cual produjo un salto fenomenal en la producción de soja”.
“Trucco recuerda que la llegada de la semilla transgénica despertó una pelea, que esta vez lo enfrentó con sus viejos aliados, los ambientalistas. Los ambientalistas se oponían a este tipo de semillas, sin reparar, decía Trucco, que eran las más aptas para esta siembra que, en definitiva, priorizaba lo ambiental: el cuidado de nuestro suelo” (De “Yo no me quiero ir”-Grupo Editorial Planeta SAIC-Buenos Aires 2013).
lunes, 29 de junio de 2026
Cuando las masas idolatran a quienes las rebajan
Puede definirse al odio como la actitud o predisposición a alegrarse del mal ajeno y a entristecerse por su alegría. Tal alegría puede manifestarse mediante la burla, mientras que tal tristeza puede manifestarse con la envidia. Al adoptar una vida pendiente de las tristezas y alegrías ajenas, no para compartirlas, sino para aumentar el sufrimiento ajeno y para reducir su alegría, se está adoptando una especie de esclavitud emocional. Tal esclavitud emocional fue advertida por Jorge Luis Borges, quien escribió: "Odiando, uno depende de la persona odiada. Es un poco esclavo de la otra. Es su sirviente”, mientras que Friedrich Nietzsche escribió: “No se odia mientras se menosprecia. No se odia más que al igual o al superior” (De “Citas y frases célebres” de Samir M. Laâbi-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2000).
Si alguien quiere denigrar o rebajar a una persona hasta reducirla casi a un estado de inhumanidad, la mejor alternativa consiste en llenarla de odio hacia algún sector de la población o de la humanidad. Es una manera efectiva de que nunca le falten personas a quien odiar, para asegurarse una vida en el nivel más bajo que se pueda lograr.
La historia de la humanidad nos presenta varios ejemplos de líderes que han llenado de odio a sus seguidores; tan torpes e ingenuos éstos, que hasta han idolatrado a sus esclavizadores mentales y emocionales en lugar de reaccionar por el mal que les han hecho. Uno de estos casos es el de Perón, quien sembraba el odio contra la gente decente de la Argentina. Aquí se mencionan algunas frases dirigidas a sus fieles seguidores:
“El día que ustedes se lancen a colgar, yo estaré del lado de los que cuelgan” (2/8/46).
“Entregaremos unos metros de piola a cada descamisado y veremos quién cuelga a quién” (13/8/46).
“Con un fusil o con un cuchillo a matar” (24/6/47).
“Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores” (8/9/47).
“Vamos a salir a la calle una sola vez para que no vuelvan más ellos ni los hijos de ellos” (3/6/51).
“Distribuiremos alambres de enfardar para ahorcar a nuestros enemigos” (31/8/51).
“Compañeros, cuando haya que quemar voy a salir yo a la cabeza de ustedes a quemar. Pero entonces, si ello fuera necesario, la historia recordará la más grande hoguera que haya encendido la humanidad hasta nuestros días” (7/5/52).
“Vamos a tener que volver a la época de andar con el alambre de fardo en el bolsillo” (16/4/53).
“Hay que buscar a esos agentes y adonde se encuentren colgarlos de un árbol” (16/4/53).
“Eso de la leña que ustedes me aconsejan ¿porqué no empiezan ustedes a darla?” (16/4/53).
“Aquél que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades puede ser muerto por cualquier argentino (…) Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de ellos (…) Que sepan que esta lucha que iniciamos no ha de terminar hasta que los hayamos aniquilado y aplastado (31/8/55)”.
(De “Crítica de las ideas políticas argentinas” de Juan José Sebreli-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2004).
También Marx, Lenín, Stalin, Hitler, Mao y otros "ilustres" filósofos y políticos han sembrado el odio a nivel masivo. Pero el que ha tenido mayor "éxito" parece haber sido Mahoma. Ello se debe que en el Corán aparecen directivas explícitas hacia la lucha y la eliminación de los considerados infieles, incluso haciendo a Alá (o a Dios) cómplice de su maldad, ya que les hace creer a sus fieles que él sólo menciona en el Corán lo que Alá le ha dictado.
Una mejor y más completa descripción de los efectos de la prédica islámica puede encontrarse en el siguiente video de Youtube:
www.youtube.com/watch?v=pULm-M-FtX4 o buscarse como "Hija de Hamás. Me enseñaron a odiar a los judíos, pero descubrí la verdad"
La persona que da la conferencia en el video mencionado, relata que su propio hermano, aún cuando los judíos le salvaron la vida, siguió considerando a los judíos como sus enemigos; una muestra de cómo los lavados de cerebro no son fáciles de eliminar. Así, las masas musulmanas finalmente destruirán Occidente si los países atacados no reaccionan ante las evidencias accesibles y elementales.
Si alguien quiere denigrar o rebajar a una persona hasta reducirla casi a un estado de inhumanidad, la mejor alternativa consiste en llenarla de odio hacia algún sector de la población o de la humanidad. Es una manera efectiva de que nunca le falten personas a quien odiar, para asegurarse una vida en el nivel más bajo que se pueda lograr.
La historia de la humanidad nos presenta varios ejemplos de líderes que han llenado de odio a sus seguidores; tan torpes e ingenuos éstos, que hasta han idolatrado a sus esclavizadores mentales y emocionales en lugar de reaccionar por el mal que les han hecho. Uno de estos casos es el de Perón, quien sembraba el odio contra la gente decente de la Argentina. Aquí se mencionan algunas frases dirigidas a sus fieles seguidores:
“El día que ustedes se lancen a colgar, yo estaré del lado de los que cuelgan” (2/8/46).
“Entregaremos unos metros de piola a cada descamisado y veremos quién cuelga a quién” (13/8/46).
“Con un fusil o con un cuchillo a matar” (24/6/47).
“Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores” (8/9/47).
“Vamos a salir a la calle una sola vez para que no vuelvan más ellos ni los hijos de ellos” (3/6/51).
“Distribuiremos alambres de enfardar para ahorcar a nuestros enemigos” (31/8/51).
“Compañeros, cuando haya que quemar voy a salir yo a la cabeza de ustedes a quemar. Pero entonces, si ello fuera necesario, la historia recordará la más grande hoguera que haya encendido la humanidad hasta nuestros días” (7/5/52).
“Vamos a tener que volver a la época de andar con el alambre de fardo en el bolsillo” (16/4/53).
“Hay que buscar a esos agentes y adonde se encuentren colgarlos de un árbol” (16/4/53).
“Eso de la leña que ustedes me aconsejan ¿porqué no empiezan ustedes a darla?” (16/4/53).
“Aquél que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades puede ser muerto por cualquier argentino (…) Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de ellos (…) Que sepan que esta lucha que iniciamos no ha de terminar hasta que los hayamos aniquilado y aplastado (31/8/55)”.
(De “Crítica de las ideas políticas argentinas” de Juan José Sebreli-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2004).
También Marx, Lenín, Stalin, Hitler, Mao y otros "ilustres" filósofos y políticos han sembrado el odio a nivel masivo. Pero el que ha tenido mayor "éxito" parece haber sido Mahoma. Ello se debe que en el Corán aparecen directivas explícitas hacia la lucha y la eliminación de los considerados infieles, incluso haciendo a Alá (o a Dios) cómplice de su maldad, ya que les hace creer a sus fieles que él sólo menciona en el Corán lo que Alá le ha dictado.
Una mejor y más completa descripción de los efectos de la prédica islámica puede encontrarse en el siguiente video de Youtube:
www.youtube.com/watch?v=pULm-M-FtX4 o buscarse como "Hija de Hamás. Me enseñaron a odiar a los judíos, pero descubrí la verdad"
La persona que da la conferencia en el video mencionado, relata que su propio hermano, aún cuando los judíos le salvaron la vida, siguió considerando a los judíos como sus enemigos; una muestra de cómo los lavados de cerebro no son fáciles de eliminar. Así, las masas musulmanas finalmente destruirán Occidente si los países atacados no reaccionan ante las evidencias accesibles y elementales.
domingo, 28 de junio de 2026
Cuando Mussolini ordenó fusilar a su yerno
En plena Segunda Guerra Mundial, un grupo de jerarcas fascistas deciden reemplazar a su líder, Benito Mussolini, disconformes con el rumbo al que sus decisiones imprimen a Italia. Es detenido en un lugar de montaña pero es liberado por militares alemanes nazis, aliados en ese momento de Italia. Entre los funcionarios disconformes se encuentra Galeazzo Ciano, casado con Edda, la hija mayor de Mussolini. Una vez recuperado el poder, Mussolini ordena el fusilamiento de quienes lo traicionaron, entre ellos su propio yerno.
Leemos al respecto: "Ciano...hacía pública ostentación, primero de su oposición a la guerra y, más tarde, de su decidida germanofobia". "Edda estaba ideológicamente alejada de su padre. Y este apartamiento se convirtió en aversión y en odio cuando Mussolini, acaso forzado por la presión alemana y concretamente por Ribbentrop, resolvió fusilar a Ciano".
"Se afirma que Edda hizo cuanto pudo por salvar a su marido; que celebró inútiles entrevistas con su padre". "Las súplicas de Edda y las de la madre de Ciano fueron vanas. El dictador hizo condenar al fusilamiento -«las cabezas de los acusados o las vuestras», parece que dijo al Presidente del Tribunal-, y fusiló por la espalda, como traidor, al padre de sus nietos. Uno de ellos, niño aún, al saber la noticia, se tiró de un balcón, con ánimo de suicidarse, y se rompió las piernas" (Del Prólogo del Traductor, Sumner Welles, del "Diario" del Conde Galeazzo Ciano-Los libros de nuestro tiempo-Barcelona 1947).
En cuanto al calificativo de "traidor" debe aclararse cuál es el referente de la traición, por cuanto no es lo mismo traicionar a Mussolini que traicionar a Italia, si bien no debe descartarse la posibilidad de ser traidor respecto de ambos. Desde la visión totalitaria, el Estado y sus leyes están por encima de las leyes naturales o leyes de Dios. De ahí que los líderes totalitarios se sienten como la personificación del Estado y al propio Estado como una instancia superior, de la misma manera en que Dios, o el orden natural, es considerada la instancia superior para las personas normales, o afines a las posturas democráticas.
En cuanto al autor del "Diario", Galeazzo Ciano, leemos: "Ciano es hoy uno de los hombres cuyo recuerdo es más despreciado en Italia, y este desprecio se ha acrecentado después de la publicación de su Diario".
"El descarado éxito de su carrera, desproporcionado a todas luces con sus méritos, la incoherencia de su actitud -antialemán, que concierta una alianza con los alemanes; contrario a la guerra, que termina declarándola, etc.[Fue Ministro de Relaciones Exteriores]-, han creado un estado casi de furor contra su memoria".
"Se recuerda su vanidad casi ilimitada de niño mimado, su rápida ascensión, su considerable fortuna, a la que se atribuyen orígenes inconfesables, sus amoríos y conquistas, que él no acostumbraba a ocultar caballerosamente, sus gestos imitando a su suegro y, en concreto, la incapacidad, por el temor de perder su posición privilegiada o por cobaría, de adoptar, en los momentos decisivos en que se jugaba el porvenir del país, una actitud gallarda frente a Mussolini, pues él, por quien el dictador sentía una paterna debilidad, era el único que podía adoptarla sin grave peligro personal".
"Su actitud, evidentemente, no está, ni con mucho, exenta de culpa. Cuando se ostentan cargos de tanta responsabilidad y tanto honor como el que él desempeñaba, hay que hacerlo afrontando todas las consecuencias. Era ministro para defender a su país de conformidad con los dictados de su conciencia. Si ésta le decía que la guerra era un error fatal, debía negarse a declararla o, en último caso, abandonar el ministerio".
Leemos al respecto: "Ciano...hacía pública ostentación, primero de su oposición a la guerra y, más tarde, de su decidida germanofobia". "Edda estaba ideológicamente alejada de su padre. Y este apartamiento se convirtió en aversión y en odio cuando Mussolini, acaso forzado por la presión alemana y concretamente por Ribbentrop, resolvió fusilar a Ciano".
"Se afirma que Edda hizo cuanto pudo por salvar a su marido; que celebró inútiles entrevistas con su padre". "Las súplicas de Edda y las de la madre de Ciano fueron vanas. El dictador hizo condenar al fusilamiento -«las cabezas de los acusados o las vuestras», parece que dijo al Presidente del Tribunal-, y fusiló por la espalda, como traidor, al padre de sus nietos. Uno de ellos, niño aún, al saber la noticia, se tiró de un balcón, con ánimo de suicidarse, y se rompió las piernas" (Del Prólogo del Traductor, Sumner Welles, del "Diario" del Conde Galeazzo Ciano-Los libros de nuestro tiempo-Barcelona 1947).
En cuanto al calificativo de "traidor" debe aclararse cuál es el referente de la traición, por cuanto no es lo mismo traicionar a Mussolini que traicionar a Italia, si bien no debe descartarse la posibilidad de ser traidor respecto de ambos. Desde la visión totalitaria, el Estado y sus leyes están por encima de las leyes naturales o leyes de Dios. De ahí que los líderes totalitarios se sienten como la personificación del Estado y al propio Estado como una instancia superior, de la misma manera en que Dios, o el orden natural, es considerada la instancia superior para las personas normales, o afines a las posturas democráticas.
En cuanto al autor del "Diario", Galeazzo Ciano, leemos: "Ciano es hoy uno de los hombres cuyo recuerdo es más despreciado en Italia, y este desprecio se ha acrecentado después de la publicación de su Diario".
"El descarado éxito de su carrera, desproporcionado a todas luces con sus méritos, la incoherencia de su actitud -antialemán, que concierta una alianza con los alemanes; contrario a la guerra, que termina declarándola, etc.[Fue Ministro de Relaciones Exteriores]-, han creado un estado casi de furor contra su memoria".
"Se recuerda su vanidad casi ilimitada de niño mimado, su rápida ascensión, su considerable fortuna, a la que se atribuyen orígenes inconfesables, sus amoríos y conquistas, que él no acostumbraba a ocultar caballerosamente, sus gestos imitando a su suegro y, en concreto, la incapacidad, por el temor de perder su posición privilegiada o por cobaría, de adoptar, en los momentos decisivos en que se jugaba el porvenir del país, una actitud gallarda frente a Mussolini, pues él, por quien el dictador sentía una paterna debilidad, era el único que podía adoptarla sin grave peligro personal".
"Su actitud, evidentemente, no está, ni con mucho, exenta de culpa. Cuando se ostentan cargos de tanta responsabilidad y tanto honor como el que él desempeñaba, hay que hacerlo afrontando todas las consecuencias. Era ministro para defender a su país de conformidad con los dictados de su conciencia. Si ésta le decía que la guerra era un error fatal, debía negarse a declararla o, en último caso, abandonar el ministerio".
sábado, 27 de junio de 2026
La estafa intelectual
Los estafadores, presentes en los distintos ámbitos de la sociedad, tienden a ser desenmascarados principalmente por quienes han sido estafados previamente, y, conociendo los detalles del engaño, alertan al resto de la sociedad para evitar que otros sean engañados. El ámbito intelectual también resulta propicio para los engaños y es por ello que mucho se sabe de las tácticas empleadas por los sectores totalitarios, debido a quienes despertaron del engaño del que fueron víctimas. Este es el caso de Arthur Koestler, a quien le llevó ocho años abandonar el Partido Comunista alemán del cual formaba parte. Si a un intelectual de su nivel le llevó tanto tiempo descubrir la estafa intelectual, podemos suponer que muchos individuos, de limitado nivel intelectual y moral, persistirán engañados durante el resto de sus vidas.
Como a nadie le agrada ser conocido como víctima de una estafa, muchos son los que defienden ideologías perversas con tal de no ser considerados en esa condición. Es por ello que alguien dijo que la mentira se defiende con bastante más pasión con que se defiende a la verdad.
La principal estafa intelectual proviene del marxismo y de todas las posturas afines. La actual decadencia europea se debe a gobiernos cercanos al socialismo, que fueron elegidos por sociedades que, en su momento, sufrieron el engaño ejecutado por ideólogos marxistas. Como pocos tienen la suficiente valentía de reconocer errores, siguen apoyando a políticos que hasta llegan al extremo de promover un "reemplazo poblacional" de europeos para darle ese lugar a inmigrantes musulmanes y africanos.
Como se dijo antes, quienes mejor conocen a los estafadores intelectuales son quienes alguna vez participaron del proceso del engaño masivo. Así, Milovan Djilas, ex funcionario yugoslavo, escribió: "Partiendo de la premisa de que sólo ellos conocen las leyes que gobiernan la sociedad, los comunistas llegan a la conclusión demasiado simple y anticientífica de que ese supuesto conocimiento les da el poder y el derecho exclusivo a modificar la sociedad y dirigir sus actividades. Éste es el error más importante de su sistema".
"La monarquía no tenía una idea tan elevada de sí misma como la que los comunistas tienen de sí mismos, ni era tan absoluta como ellos" (De "La nueva clase"-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1957).
El socialista que se opone a la formación de elites separadas del resto de la sociedad, como fue el caso de Djilas, pronto será relegado y, en su caso, encarcelado por nueve años por oponerse a la formación de una "nueva clase" y por denunciarla en el libro mencionado. El citado autor, quien fuera un jerarca del comunismo gobernante en la ex Yugoslavia, describe la situación por la cual escuchó a su conciencia antes que obrar en contra de ella: "Me vi aislado, con mis camaradas despreciándome y denigrándome, calumniándome, con mi familia aterrorizada y en el límite de sus fuerzas. Me vi entre la «gentecilla», que no tendría manera de saber si yo era un loco o un sabio. Pero el combate interior fue de breve duración. No pasaría de unos minutos hasta ordenar mis pensamientos y recuperarme de mis aprensiones. Porque ya sabía, sí, sabía, repito, que aquél era mi auténtico ser, y que no podría renunciar al mismo a pesar de las vacilaciones a que había sucumbido a pesar de la prueba tremenda con que tendría que acabar por enfrentarme" (De "La sociedad imperfecta"-Editorial Ariel SA-Barcelona 1969).
Algo similar ocurrió con Arkadi N. Shevchenko, un jerarca de la URSS que no soportaba tener que pensar de una manera y actuar de otra totalmente opuesta. Finalmente renuncia a su país y se refugia en Occidente. Al respecto escribió: “Mi experiencia en la URSS me hizo llegar a la conclusión de que, por debajo de la multiplicidad de razones, había un común denominador. En el fondo, era el propio sistema soviético el que llevaba a sus súbditos a la desesperación, al coartarles la libertad o al obligarlos a obrar contra sus convicciones”.
“A mí y a mis compañeros nos enseñaban a pensar esquemáticamente, a hablar con fórmulas sin reflexión o vacilación, a aceptar sin reservas todo lo que el Partido Comunista enseñaba y todo lo que él representaba. Mis maestros insistían en que nosotros deberíamos ser modelos y ejemplos, en que debíamos esforzarnos en ser superiores en el ideal socialista a fin de poder ocupar posiciones dignas en la «sociedad soviética multinacional colectiva»”.
“Sonreía y actuaba con hipocresía, no sólo en público, en las reuniones del Partido, en las reuniones con desconocidos, sino hasta en el seno de mi propia familia y conmigo mismo. Todo político o diplomático debe fingir en cierta medida por la causa que defiende o por los intereses de su país y a veces ni siquiera por causas tan buenas. Pero simular en todo, siempre y en todas partes y haber perdido la fe en lo que uno está haciendo es algo que no todos pueden soportar. Verse obligado a obrar de ese modo es como constreñir a un individuo profundamente religioso a vivir entre ateos militantes y forzarlo no sólo a repudiar a Dios sino maldecirlo a Él y a la Biblia en todo momento”.
“Sentado a la misma mesa con Brezhnev, Gromyko y otros miembros del Politburó me enteré de muchas cosas sobre aquellos hombres que eran los amos de la Unión Soviética. Ví cómo llamaban vicio a la virtud y cómo con igual facilidad invertían de nuevo el sentido de las palabras, cómo su hipocresía y corrupción habían penetrado en los aspectos más triviales de sus vidas, hasta qué punto estaban aislados de la población que gobernaban”.
“El Kremlin era el último lugar de la tierra en que pudiera esperarse encontrar sinceridad, honestidad y franqueza. La falsedad de esos hombres estaba presente en todas partes, en sus vidas personales y en sus grandes designios políticos. Yo los veía cómo jugaban con la política de distensión. Vi cómo constituían una fuerza militar sin precedentes que sobrepasaba obviamente las necesidades de defensa y seguridad, y todo a expensas del pueblo soviético”.
“Los oí manifestar en medio de cínicas bromas su voluntad de suprimir la libertad a algunos aliados. Los vi desplegar su duplicidad con quienes seguían la línea soviética en Occidente o en el tercer mundo y hasta participar en conspiraciones para eliminar a figuras políticas «inapropiadas» de otros países. Ansiaban ávidamente la hegemonía y padecían de la enfermedad imperialista de que ellos acusaban a otros y que los llevaba, primero, a ampliar la zona de influencia soviética en el mundo y, segundo, a encontrar maneras de apaciguar su insaciable deseo de expansión”.
“Muchos rasgos del régimen soviético son bien conocidos. Pero por fin comprendí que la divinidad ante la cual se inclinaban los gobernantes del Kremlin era su propio poder y la máxima satisfacción de sus exigencias personales. Y esas exigencias no tenían límites pues iban desde la adquisición de automóviles extranjeros a la adquisición de naciones enteras situadas fuera del bloque soviético” (De “Cómo y por qué rompí con Moscú”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1986).
Como a nadie le agrada ser conocido como víctima de una estafa, muchos son los que defienden ideologías perversas con tal de no ser considerados en esa condición. Es por ello que alguien dijo que la mentira se defiende con bastante más pasión con que se defiende a la verdad.
La principal estafa intelectual proviene del marxismo y de todas las posturas afines. La actual decadencia europea se debe a gobiernos cercanos al socialismo, que fueron elegidos por sociedades que, en su momento, sufrieron el engaño ejecutado por ideólogos marxistas. Como pocos tienen la suficiente valentía de reconocer errores, siguen apoyando a políticos que hasta llegan al extremo de promover un "reemplazo poblacional" de europeos para darle ese lugar a inmigrantes musulmanes y africanos.
Como se dijo antes, quienes mejor conocen a los estafadores intelectuales son quienes alguna vez participaron del proceso del engaño masivo. Así, Milovan Djilas, ex funcionario yugoslavo, escribió: "Partiendo de la premisa de que sólo ellos conocen las leyes que gobiernan la sociedad, los comunistas llegan a la conclusión demasiado simple y anticientífica de que ese supuesto conocimiento les da el poder y el derecho exclusivo a modificar la sociedad y dirigir sus actividades. Éste es el error más importante de su sistema".
"La monarquía no tenía una idea tan elevada de sí misma como la que los comunistas tienen de sí mismos, ni era tan absoluta como ellos" (De "La nueva clase"-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1957).
El socialista que se opone a la formación de elites separadas del resto de la sociedad, como fue el caso de Djilas, pronto será relegado y, en su caso, encarcelado por nueve años por oponerse a la formación de una "nueva clase" y por denunciarla en el libro mencionado. El citado autor, quien fuera un jerarca del comunismo gobernante en la ex Yugoslavia, describe la situación por la cual escuchó a su conciencia antes que obrar en contra de ella: "Me vi aislado, con mis camaradas despreciándome y denigrándome, calumniándome, con mi familia aterrorizada y en el límite de sus fuerzas. Me vi entre la «gentecilla», que no tendría manera de saber si yo era un loco o un sabio. Pero el combate interior fue de breve duración. No pasaría de unos minutos hasta ordenar mis pensamientos y recuperarme de mis aprensiones. Porque ya sabía, sí, sabía, repito, que aquél era mi auténtico ser, y que no podría renunciar al mismo a pesar de las vacilaciones a que había sucumbido a pesar de la prueba tremenda con que tendría que acabar por enfrentarme" (De "La sociedad imperfecta"-Editorial Ariel SA-Barcelona 1969).
Algo similar ocurrió con Arkadi N. Shevchenko, un jerarca de la URSS que no soportaba tener que pensar de una manera y actuar de otra totalmente opuesta. Finalmente renuncia a su país y se refugia en Occidente. Al respecto escribió: “Mi experiencia en la URSS me hizo llegar a la conclusión de que, por debajo de la multiplicidad de razones, había un común denominador. En el fondo, era el propio sistema soviético el que llevaba a sus súbditos a la desesperación, al coartarles la libertad o al obligarlos a obrar contra sus convicciones”.
“A mí y a mis compañeros nos enseñaban a pensar esquemáticamente, a hablar con fórmulas sin reflexión o vacilación, a aceptar sin reservas todo lo que el Partido Comunista enseñaba y todo lo que él representaba. Mis maestros insistían en que nosotros deberíamos ser modelos y ejemplos, en que debíamos esforzarnos en ser superiores en el ideal socialista a fin de poder ocupar posiciones dignas en la «sociedad soviética multinacional colectiva»”.
“Sonreía y actuaba con hipocresía, no sólo en público, en las reuniones del Partido, en las reuniones con desconocidos, sino hasta en el seno de mi propia familia y conmigo mismo. Todo político o diplomático debe fingir en cierta medida por la causa que defiende o por los intereses de su país y a veces ni siquiera por causas tan buenas. Pero simular en todo, siempre y en todas partes y haber perdido la fe en lo que uno está haciendo es algo que no todos pueden soportar. Verse obligado a obrar de ese modo es como constreñir a un individuo profundamente religioso a vivir entre ateos militantes y forzarlo no sólo a repudiar a Dios sino maldecirlo a Él y a la Biblia en todo momento”.
“Sentado a la misma mesa con Brezhnev, Gromyko y otros miembros del Politburó me enteré de muchas cosas sobre aquellos hombres que eran los amos de la Unión Soviética. Ví cómo llamaban vicio a la virtud y cómo con igual facilidad invertían de nuevo el sentido de las palabras, cómo su hipocresía y corrupción habían penetrado en los aspectos más triviales de sus vidas, hasta qué punto estaban aislados de la población que gobernaban”.
“El Kremlin era el último lugar de la tierra en que pudiera esperarse encontrar sinceridad, honestidad y franqueza. La falsedad de esos hombres estaba presente en todas partes, en sus vidas personales y en sus grandes designios políticos. Yo los veía cómo jugaban con la política de distensión. Vi cómo constituían una fuerza militar sin precedentes que sobrepasaba obviamente las necesidades de defensa y seguridad, y todo a expensas del pueblo soviético”.
“Los oí manifestar en medio de cínicas bromas su voluntad de suprimir la libertad a algunos aliados. Los vi desplegar su duplicidad con quienes seguían la línea soviética en Occidente o en el tercer mundo y hasta participar en conspiraciones para eliminar a figuras políticas «inapropiadas» de otros países. Ansiaban ávidamente la hegemonía y padecían de la enfermedad imperialista de que ellos acusaban a otros y que los llevaba, primero, a ampliar la zona de influencia soviética en el mundo y, segundo, a encontrar maneras de apaciguar su insaciable deseo de expansión”.
“Muchos rasgos del régimen soviético son bien conocidos. Pero por fin comprendí que la divinidad ante la cual se inclinaban los gobernantes del Kremlin era su propio poder y la máxima satisfacción de sus exigencias personales. Y esas exigencias no tenían límites pues iban desde la adquisición de automóviles extranjeros a la adquisición de naciones enteras situadas fuera del bloque soviético” (De “Cómo y por qué rompí con Moscú”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1986).
viernes, 26 de junio de 2026
Espiritualidad y Materialismo
Entre los impedimentos para una generalización de la ética bíblica aparece el denominado "espiritualismo" no ligado a dicha ética. Posiblemente ello implique una creencia en espíritus de distintos orígenes que vuelan por el aire o bien las almas de personas que ya no existen. La cuestión esencial, pareciera, implica eludir el cumplimiento de los mandamientos cristianos, incluso considerando como materialistas o ateos a quienes no comparten tales extrañas creencias mientras, al menos, intentan cumplir con aquellos. De ahí que la verdadera espiritualidad, la que se opone al materialismo, ha de ser una que se identifique con la ética elemental y la empatía emocional.
Otra forma de evitar intentar adaptarse al "Amarás al prójimo como a ti mismo", consiste en creerse un auténtico cristiano cumpliendo con el "No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti". Ello implica que, "no haciendo nada", uno estaría realmente cumpliendo con la ética bíblica, lo que resulta absurdo.
Hay quienes, para valorar los atributos éticos de la personalidad, se encargan de denigrar todo lo material, como un automóvil, una buena vestimenta o un buen reloj. Adoptan una postura similar al del fanático a favor de un jugador de fútbol que denigra a otros jugadores de nivel similar para resaltar a su ídolo. El mérito radica en ser mejor que los mejores, ya que ser mejor que lo que poco vale, limita el valor que se quiere resaltar.
Hay quienes son excesivamente materialistas pero, como no pueden competir con materialistas exitosos, adoptan posturas de falsa espiritualidad, aunque en muchos momentos de su vida les surgen reacciones envidiosas que delatan su verdadera personalidad.
Puede decirse que materialista es aquel que prioriza su cuerpo antes que su intelecto o sus emociones. Es por ello que busca la comodidad para su cuerpo, y también el lujo y el poder. Si no tiene ambiciones intelectuales ni tampoco ambiciones emocionales o éticas, tiende a destinar todo su tiempo y toda su mente a lograr objetivos egoístas. Ello no implica que la persona que valora y persiga lo intelectual y lo ético deba renunciar a lo material, ya que lo material también tiene valor. El error surge de la mutilación de la personalidad cuando limita severamente la búsqueda de valores como los intelectuales y los éticos.
Entre los casos históricos en personas que denigraron lo material para exaltar lo espiritual, encontramos a San Francisco de Asís. Si bien dio muestras de positivo valor, su ejemplo no podría dar buenos resultados si gran parte de la sociedad imitara su personalidad. Donald Spoto escribió sobre San Francisco: “Como quizás era de esperar en un converso fervoroso, a sus veintitantos años Francisco adquirió el hábito de castigarse por los medios más extremos: fueron tantas las mortificaciones con que maceró su cuerpo –según sus primeros compañeros- que, así, sano como enfermo, fue austerísimo y apenas o nunca condescendió en darse gusto”. “Muy raras veces consentía en comer viandas cosidas, y cuando las admitía, las componía muchas veces con ceniza o las volvía insípidas a base de agua fría”.
“Otro factor que puede resultar clave en la comprensión de la pobreza que estamos intentando es esta negativa a lo que es llamado por los santos el sensualismo, pero que visto desde un punto de vista menos moral puede ser considerado como la capacidad de una sensibilidad de trabar relación con las cosas del mundo, de quererlas al punto de encontrar en el «darse el gusto» un básico y mínimo modelo educativo, formativo, de los valores de la producción y la cultura. ¿Por qué validar esta búsqueda de una sobriedad extrema, como si el sentido de la vida fuera más la ausencia del ser que su expresión abundante y determinada?”.
Incluso la renuncia franciscana involucra los aspectos intelectuales, por lo que Spoto agrega: “Otro rechazo meritorio, otro pilar en la construcción de la nada sagrada de la miseria: «Mis hermanos que se dejan llevar por la curiosidad de saber, se encontrarán el día de la retribución con las manos vacías. Quisiera más que se fortalecieran en la virtud, para que, al llegar las horas de la tribulación, tuviesen consigo al Señor en su angustia». El saber es también un sensualismo, ya que actúa como potenciador de la efectividad del deseo y ayuda en la lucha por el avance social. La ignorancia, aliada imprescindible de la pobreza, suele ser presentada en muchas circunstancias, como un estado de gracia, como un valioso rechazo de las complejidades en pos de una vida simple, es decir, vacía y pobre. Por otra parte, la vida compleja, capaz de saber y de aceptar esa complejidad que siempre el saber trae aparejada, es descripta como el resultado de haberse apartado del camino de la perfecta simplicidad de la vida pura. La pobreza es también expresión de estos ideales de pureza, ideales que dan lugar a una vida ausente, extática, en donde, para huir de la angustia posible, se recomienda la inmersión en un sacralizado padecimiento constante”.
“A diferencia de los cátaros, los valdenses y otros, Francisco no pretendía imponer a los demás su pobreza radical ni su estilo de vida, a menos que alguien manifestase expresamente su deseo de ingresar a la fraternidad. Pensaba que cada persona debía decidir por sí misma las circunstancias de su fidelidad personal al Evangelio”.
“La gente se percató de inmediato de la diferencia entre Francisco y otros predicadores ambulantes. En la Europa medieval, los sermones públicos trataban sobre todo del juicio final, la penitencia y el riesgo de la condenación eterna, y Roma explotó al máximo el miedo al infierno para mantener a raya a sus creyentes. En casi todos los tímpanos, arquivoltas y chapiteles de las catedrales medievales aparecen demonios torturando a los condenados” (De “Francisco de Asís”-Ediciones B-Barcelona 2004).
Otra forma de evitar intentar adaptarse al "Amarás al prójimo como a ti mismo", consiste en creerse un auténtico cristiano cumpliendo con el "No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti". Ello implica que, "no haciendo nada", uno estaría realmente cumpliendo con la ética bíblica, lo que resulta absurdo.
Hay quienes, para valorar los atributos éticos de la personalidad, se encargan de denigrar todo lo material, como un automóvil, una buena vestimenta o un buen reloj. Adoptan una postura similar al del fanático a favor de un jugador de fútbol que denigra a otros jugadores de nivel similar para resaltar a su ídolo. El mérito radica en ser mejor que los mejores, ya que ser mejor que lo que poco vale, limita el valor que se quiere resaltar.
Hay quienes son excesivamente materialistas pero, como no pueden competir con materialistas exitosos, adoptan posturas de falsa espiritualidad, aunque en muchos momentos de su vida les surgen reacciones envidiosas que delatan su verdadera personalidad.
Puede decirse que materialista es aquel que prioriza su cuerpo antes que su intelecto o sus emociones. Es por ello que busca la comodidad para su cuerpo, y también el lujo y el poder. Si no tiene ambiciones intelectuales ni tampoco ambiciones emocionales o éticas, tiende a destinar todo su tiempo y toda su mente a lograr objetivos egoístas. Ello no implica que la persona que valora y persiga lo intelectual y lo ético deba renunciar a lo material, ya que lo material también tiene valor. El error surge de la mutilación de la personalidad cuando limita severamente la búsqueda de valores como los intelectuales y los éticos.
Entre los casos históricos en personas que denigraron lo material para exaltar lo espiritual, encontramos a San Francisco de Asís. Si bien dio muestras de positivo valor, su ejemplo no podría dar buenos resultados si gran parte de la sociedad imitara su personalidad. Donald Spoto escribió sobre San Francisco: “Como quizás era de esperar en un converso fervoroso, a sus veintitantos años Francisco adquirió el hábito de castigarse por los medios más extremos: fueron tantas las mortificaciones con que maceró su cuerpo –según sus primeros compañeros- que, así, sano como enfermo, fue austerísimo y apenas o nunca condescendió en darse gusto”. “Muy raras veces consentía en comer viandas cosidas, y cuando las admitía, las componía muchas veces con ceniza o las volvía insípidas a base de agua fría”.
“Otro factor que puede resultar clave en la comprensión de la pobreza que estamos intentando es esta negativa a lo que es llamado por los santos el sensualismo, pero que visto desde un punto de vista menos moral puede ser considerado como la capacidad de una sensibilidad de trabar relación con las cosas del mundo, de quererlas al punto de encontrar en el «darse el gusto» un básico y mínimo modelo educativo, formativo, de los valores de la producción y la cultura. ¿Por qué validar esta búsqueda de una sobriedad extrema, como si el sentido de la vida fuera más la ausencia del ser que su expresión abundante y determinada?”.
Incluso la renuncia franciscana involucra los aspectos intelectuales, por lo que Spoto agrega: “Otro rechazo meritorio, otro pilar en la construcción de la nada sagrada de la miseria: «Mis hermanos que se dejan llevar por la curiosidad de saber, se encontrarán el día de la retribución con las manos vacías. Quisiera más que se fortalecieran en la virtud, para que, al llegar las horas de la tribulación, tuviesen consigo al Señor en su angustia». El saber es también un sensualismo, ya que actúa como potenciador de la efectividad del deseo y ayuda en la lucha por el avance social. La ignorancia, aliada imprescindible de la pobreza, suele ser presentada en muchas circunstancias, como un estado de gracia, como un valioso rechazo de las complejidades en pos de una vida simple, es decir, vacía y pobre. Por otra parte, la vida compleja, capaz de saber y de aceptar esa complejidad que siempre el saber trae aparejada, es descripta como el resultado de haberse apartado del camino de la perfecta simplicidad de la vida pura. La pobreza es también expresión de estos ideales de pureza, ideales que dan lugar a una vida ausente, extática, en donde, para huir de la angustia posible, se recomienda la inmersión en un sacralizado padecimiento constante”.
“A diferencia de los cátaros, los valdenses y otros, Francisco no pretendía imponer a los demás su pobreza radical ni su estilo de vida, a menos que alguien manifestase expresamente su deseo de ingresar a la fraternidad. Pensaba que cada persona debía decidir por sí misma las circunstancias de su fidelidad personal al Evangelio”.
“La gente se percató de inmediato de la diferencia entre Francisco y otros predicadores ambulantes. En la Europa medieval, los sermones públicos trataban sobre todo del juicio final, la penitencia y el riesgo de la condenación eterna, y Roma explotó al máximo el miedo al infierno para mantener a raya a sus creyentes. En casi todos los tímpanos, arquivoltas y chapiteles de las catedrales medievales aparecen demonios torturando a los condenados” (De “Francisco de Asís”-Ediciones B-Barcelona 2004).
jueves, 25 de junio de 2026
Intromisión de la política en la Universidad
Por lo general, se espera que una Universidad sea la principal institución creadora del saber y que la política se nutra de amplias visiones que surjan de aquella. Sin embargo, en recientes elecciones de autoridades de la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza, se dice abiertamente y sin disimulo, que ganó la representante de uno de los partidos políticos participantes en el comicio. La lista ganadora seguramente ha de estar integrada por personas que siguen los lineamientos básicos del peronismo, que tanto mal le ha hecho al país a través de los años.
La decadencia de la Argentina no sólo se ha manifestado en el ámbito de la política o de la economía, sino también en lo que atañe a la educación, especialmente en el caso de los altos estudios. La universidad, en lugar de ser el templo de la cultura y del saber, con el tiempo fue usurpada hasta llegar a ser el valuarte y cuna de una politización desprovista de un mínimo nivel cultural y ético.
La usurpación de la universidad para fines políticos en realidad no es nada nuevo. Así, Francisco J. Vocos escribió: “La llamada Reforma Universitaria enseguida mostró su verdadera naturaleza política, de raigambre marxista, que utilizó las altas casas de estudio para formar las vanguardias de la revolución social que pretendía realizar en la América Latina. El marxismo internacional aprovechó el largo proceso de caída de la Universidad para precipitar la crisis y arrastrar a las juventudes a la revolución que había consumado en Rusia y continuaba propagando por el mundo. Todo lo que estaba contenido en sus principios comunistas (orientación que prevaleció sobre la de algunos intelectuales laicistas o liberales que inicialmente la prohijaron) se vino cumpliendo sistemáticamente desde 1918, llevando el ensayo revolucionario hasta sus últimas consecuencias” (De “El problema universitario”-Cruz y Fierro Editores-Buenos Aires 1981).
Gran parte de las universidades de países de Occidente ha renunciado a la formación de verdaderos científicos para orientarlos a ser dirigentes sociales cuya misión principal es la de promover la igualdad, la justicia social y otros objetivos por el estilo. De ahí que no deba extrañar que el 80% de los libros que trataron el tema de la guerrilla marxista de los años 70, estaban a favor del terrorismo de izquierda promovido por tales movimientos revolucionarios, cuya finalidad última era la instauración del socialismo en la Argentina.
La Universidad argentina ha pasado por varias etapas que van desde la teológica, a la filosófica, científica, profesional, burocrática y, finalmente, política. Teniendo presente la universalidad de la ciencia experimental, y los resultados obtenidos, debería ser la ciencia el fundamento de los contenidos y del conocimiento impartido. Debería, además, estar al servicio de la sociedad y de la nación en lugar de estar orientada hacia la destrucción de la “injusta sociedad capitalista” tal como se advierte en la actualidad.
En el mejor de los casos, la universidad actual prepara especialistas, o profesionales, muy limitados respecto de la cultura general, por lo que ello implica desvirtuar los fines esenciales, que implica la preparación cultural integral del individuo. El especialista es el que sabe “todo de nada”, en oposición al enciclopedista que sabe “nada de todo”, por lo cual el caso intermedio resulta ser el más aconsejable. Juan Lazarte escribía hace algunas décadas pasadas: “En las famosas universidades de Oxford y Cambridge el estudiante recibe un tipo general educativo que va más al desenvolvimiento de la personalidad que al conocimiento científico. Educación total humana, equilibrando las fuerzas en que se desarrolla la personalidad. Tal vez por este aspecto peculiar los hijos del «alma mater» de estas universidades son ingleses de primera clase en general, llevando esta característica al mundo” (De “Laicismo y libertad”-Editorial Cátedra Lisandro de la Torre-Buenos Aires 1959).
La decadencia universitaria se vislumbraba a partir de la adhesión incondicional de “intelectuales” que optaron por promover la destrucción social y material de su propia nación buscando el engrandecimiento de su patria de adopción, la Unión Soviética. Francisco J. Vocos escribe al respecto: “Los fines revolucionarios, trastornando toda la concepción de la vida universitaria; convirtiendo las altas casas de estudios en simples campos de experimentación o de adiestramiento para la lucha; sacando al estudiante de su sitio para asignarle un papel preponderante en la actividad revolucionaria, han configurado la Universidad como vanguardia de una empresa política de vastos alcances; la organización de América Latina según el molde de las repúblicas soviéticas”.
Cuando la universidad pasa a ser una extensión de los partidos políticos, las intrigas, bajezas y desvergüenzas de los comités pasan a las cátedras. La “universidad democrática” llega al extremo de ser gobernada por los alumnos, aunque indirectamente por los ideólogos marxistas. Vocos escribe al respecto: “Si la democracia postula el gobierno de la mayoría y en la Universidad la mayoría está constituida por los estudiantes, el gobierno de la Universidad debe pertenecer a los estudiantes. La Reforma proclamó el principio de la soberanía estudiantil y su derecho a gobernar la Universidad. Y no solamente lo afirmó, sino que lo impuso inicialmente por la violencia, apoderándose de la Universidad de Córdoba y nombrando como autoridades un triunvirato de estudiantes. La inspiración marxista les había sugerido los medios, y los estudiantes cordobeses se lanzaron a la conquista del gobierno de la Universidad por la acción violenta”.
Alguien podrá aducir que en los países comunistas no son los estudiantes precisamente quienes gobiernan las universidades. Al respecto debe decirse que es distinto el marxista en el poder que el marxista persiguiendo el poder. En el primer caso establece un gobierno partidario y personal absoluto, eterno e indiscutible, mientras que en el segundo caso intenta destruir, por cualquier medio posible, al “injusto sistema capitalista”.
En épocas más recientes, como la década de los 70, las universidades argentinas, en su gran mayoría, no sólo fueron usurpadas ideológicamente, sino también convertidas en guaridas de terroristas urbanos. La actividad académica pasó a un segundo plano y desde los propios rectorados se apoyó a la guerrilla combativa. Gustavo Landívar escribió: “Los profesores Ortega Peña y Luis Duhalde, verdaderos ideólogos del marxismo, impusieron un sistema en la Facultad de Derecho que luego iba a adoptarse en otras facultades. Eran los exámenes de grupo, en donde una docena de estudiantes, aproximadamente, debían rendir su materia. Al efecto uno solo de ellos exponía sus conocimientos, y si el profesor lo creía conveniente podía interrogar a los restantes, aunque esto no se hacía si se notaba cierta falta de conocimiento. Los exámenes de grupo fueron mostrados como una de las «conquistas revolucionarias» más importantes del siglo, y muchísimos estudiantes acogieron la idea con simpatía. Muy pocos estaban al tanto de que esa facilidad en los estudios tenía como objeto entregar a la sociedad a profesionales ineptos, con lo que se contribuía a la subversión de los valores”.
“Entre las medidas más insólitas que se tomaron recordamos la abolición de toda diferencia jerárquica. Es decir, la tan mentada «igualdad» del marxismo. De tal modo, el salón de profesores, que estaba destinado al descanso de los docentes y cuya tranquilidad les permitía preparar las clases y corregir los exámenes, fue abierto para los estudiantes y los no docentes. Y así fue que prácticamente se tomaron por asalto esas instalaciones. Era un espectáculo frecuente ver a alumnos y ordenanzas de la Facultad cómodamente apoltronados en los sillones, mientras que los profesores no tenían un lugar donde sentarse” (De “La universidad de la violencia”-Ediciones Depalma-Buenos Aires 1980).
El propia Editorial de la Universidad de Buenos Aires (Eudeba) se encargaba de editar libros de apoyo para la acción terrorista. Landívar escribe al respecto: “Eudeba, pese a su prohibición expresa, continuaba publicando libros marxistas –se publicaron 140.000 ejemplares a un costo de 470 millones de pesos de entonces-; cada vez había más aulas convertidas en arsenales de la guerrilla; cada día se producía un nuevo atentado terrorista cuyo origen era la propia Universidad; periódicamente era agredido un profesor o un estudiante que no aceptaba las directivas de los activistas. No pasaba una jornada sin que se hubiese interrumpido algún curso, y los «cuerpos de delegados» llegaban continuamente a su despacho del rectorado [de Vicente Solano Lima] para reclamar la imposición de medidas radicales”.
En las distintas universidades se sucedían los decanos que provenían de la “izquierda peronista” o bien de la “derecha peronista”. Es interesante el caso ocurrido en la Universidad Tecnológica Nacional-Regional Mendoza, cuando uno de sus alumnos, que se distinguía por preparar primitivos y groseros festejos para quienes se recibían de ingenieros, conocido como “el loco Seijo”, en un lapso de unos seis meses, aproximadamente, pasó de ser un alumno, al recibirse normalmente, hasta llegar a convertirse en Decano de dicha facultad. La politiquería había desplazado a la ciencia para establecerse firmemente en las universidades argentinas. La decadencia prolongada que sufrimos como nación es una consecuencia necesaria e inevitable de las preferencias políticas predominantes en la sociedad.
La decadencia de la Argentina no sólo se ha manifestado en el ámbito de la política o de la economía, sino también en lo que atañe a la educación, especialmente en el caso de los altos estudios. La universidad, en lugar de ser el templo de la cultura y del saber, con el tiempo fue usurpada hasta llegar a ser el valuarte y cuna de una politización desprovista de un mínimo nivel cultural y ético.
La usurpación de la universidad para fines políticos en realidad no es nada nuevo. Así, Francisco J. Vocos escribió: “La llamada Reforma Universitaria enseguida mostró su verdadera naturaleza política, de raigambre marxista, que utilizó las altas casas de estudio para formar las vanguardias de la revolución social que pretendía realizar en la América Latina. El marxismo internacional aprovechó el largo proceso de caída de la Universidad para precipitar la crisis y arrastrar a las juventudes a la revolución que había consumado en Rusia y continuaba propagando por el mundo. Todo lo que estaba contenido en sus principios comunistas (orientación que prevaleció sobre la de algunos intelectuales laicistas o liberales que inicialmente la prohijaron) se vino cumpliendo sistemáticamente desde 1918, llevando el ensayo revolucionario hasta sus últimas consecuencias” (De “El problema universitario”-Cruz y Fierro Editores-Buenos Aires 1981).
Gran parte de las universidades de países de Occidente ha renunciado a la formación de verdaderos científicos para orientarlos a ser dirigentes sociales cuya misión principal es la de promover la igualdad, la justicia social y otros objetivos por el estilo. De ahí que no deba extrañar que el 80% de los libros que trataron el tema de la guerrilla marxista de los años 70, estaban a favor del terrorismo de izquierda promovido por tales movimientos revolucionarios, cuya finalidad última era la instauración del socialismo en la Argentina.
La Universidad argentina ha pasado por varias etapas que van desde la teológica, a la filosófica, científica, profesional, burocrática y, finalmente, política. Teniendo presente la universalidad de la ciencia experimental, y los resultados obtenidos, debería ser la ciencia el fundamento de los contenidos y del conocimiento impartido. Debería, además, estar al servicio de la sociedad y de la nación en lugar de estar orientada hacia la destrucción de la “injusta sociedad capitalista” tal como se advierte en la actualidad.
En el mejor de los casos, la universidad actual prepara especialistas, o profesionales, muy limitados respecto de la cultura general, por lo que ello implica desvirtuar los fines esenciales, que implica la preparación cultural integral del individuo. El especialista es el que sabe “todo de nada”, en oposición al enciclopedista que sabe “nada de todo”, por lo cual el caso intermedio resulta ser el más aconsejable. Juan Lazarte escribía hace algunas décadas pasadas: “En las famosas universidades de Oxford y Cambridge el estudiante recibe un tipo general educativo que va más al desenvolvimiento de la personalidad que al conocimiento científico. Educación total humana, equilibrando las fuerzas en que se desarrolla la personalidad. Tal vez por este aspecto peculiar los hijos del «alma mater» de estas universidades son ingleses de primera clase en general, llevando esta característica al mundo” (De “Laicismo y libertad”-Editorial Cátedra Lisandro de la Torre-Buenos Aires 1959).
La decadencia universitaria se vislumbraba a partir de la adhesión incondicional de “intelectuales” que optaron por promover la destrucción social y material de su propia nación buscando el engrandecimiento de su patria de adopción, la Unión Soviética. Francisco J. Vocos escribe al respecto: “Los fines revolucionarios, trastornando toda la concepción de la vida universitaria; convirtiendo las altas casas de estudios en simples campos de experimentación o de adiestramiento para la lucha; sacando al estudiante de su sitio para asignarle un papel preponderante en la actividad revolucionaria, han configurado la Universidad como vanguardia de una empresa política de vastos alcances; la organización de América Latina según el molde de las repúblicas soviéticas”.
Cuando la universidad pasa a ser una extensión de los partidos políticos, las intrigas, bajezas y desvergüenzas de los comités pasan a las cátedras. La “universidad democrática” llega al extremo de ser gobernada por los alumnos, aunque indirectamente por los ideólogos marxistas. Vocos escribe al respecto: “Si la democracia postula el gobierno de la mayoría y en la Universidad la mayoría está constituida por los estudiantes, el gobierno de la Universidad debe pertenecer a los estudiantes. La Reforma proclamó el principio de la soberanía estudiantil y su derecho a gobernar la Universidad. Y no solamente lo afirmó, sino que lo impuso inicialmente por la violencia, apoderándose de la Universidad de Córdoba y nombrando como autoridades un triunvirato de estudiantes. La inspiración marxista les había sugerido los medios, y los estudiantes cordobeses se lanzaron a la conquista del gobierno de la Universidad por la acción violenta”.
Alguien podrá aducir que en los países comunistas no son los estudiantes precisamente quienes gobiernan las universidades. Al respecto debe decirse que es distinto el marxista en el poder que el marxista persiguiendo el poder. En el primer caso establece un gobierno partidario y personal absoluto, eterno e indiscutible, mientras que en el segundo caso intenta destruir, por cualquier medio posible, al “injusto sistema capitalista”.
En épocas más recientes, como la década de los 70, las universidades argentinas, en su gran mayoría, no sólo fueron usurpadas ideológicamente, sino también convertidas en guaridas de terroristas urbanos. La actividad académica pasó a un segundo plano y desde los propios rectorados se apoyó a la guerrilla combativa. Gustavo Landívar escribió: “Los profesores Ortega Peña y Luis Duhalde, verdaderos ideólogos del marxismo, impusieron un sistema en la Facultad de Derecho que luego iba a adoptarse en otras facultades. Eran los exámenes de grupo, en donde una docena de estudiantes, aproximadamente, debían rendir su materia. Al efecto uno solo de ellos exponía sus conocimientos, y si el profesor lo creía conveniente podía interrogar a los restantes, aunque esto no se hacía si se notaba cierta falta de conocimiento. Los exámenes de grupo fueron mostrados como una de las «conquistas revolucionarias» más importantes del siglo, y muchísimos estudiantes acogieron la idea con simpatía. Muy pocos estaban al tanto de que esa facilidad en los estudios tenía como objeto entregar a la sociedad a profesionales ineptos, con lo que se contribuía a la subversión de los valores”.
“Entre las medidas más insólitas que se tomaron recordamos la abolición de toda diferencia jerárquica. Es decir, la tan mentada «igualdad» del marxismo. De tal modo, el salón de profesores, que estaba destinado al descanso de los docentes y cuya tranquilidad les permitía preparar las clases y corregir los exámenes, fue abierto para los estudiantes y los no docentes. Y así fue que prácticamente se tomaron por asalto esas instalaciones. Era un espectáculo frecuente ver a alumnos y ordenanzas de la Facultad cómodamente apoltronados en los sillones, mientras que los profesores no tenían un lugar donde sentarse” (De “La universidad de la violencia”-Ediciones Depalma-Buenos Aires 1980).
El propia Editorial de la Universidad de Buenos Aires (Eudeba) se encargaba de editar libros de apoyo para la acción terrorista. Landívar escribe al respecto: “Eudeba, pese a su prohibición expresa, continuaba publicando libros marxistas –se publicaron 140.000 ejemplares a un costo de 470 millones de pesos de entonces-; cada vez había más aulas convertidas en arsenales de la guerrilla; cada día se producía un nuevo atentado terrorista cuyo origen era la propia Universidad; periódicamente era agredido un profesor o un estudiante que no aceptaba las directivas de los activistas. No pasaba una jornada sin que se hubiese interrumpido algún curso, y los «cuerpos de delegados» llegaban continuamente a su despacho del rectorado [de Vicente Solano Lima] para reclamar la imposición de medidas radicales”.
En las distintas universidades se sucedían los decanos que provenían de la “izquierda peronista” o bien de la “derecha peronista”. Es interesante el caso ocurrido en la Universidad Tecnológica Nacional-Regional Mendoza, cuando uno de sus alumnos, que se distinguía por preparar primitivos y groseros festejos para quienes se recibían de ingenieros, conocido como “el loco Seijo”, en un lapso de unos seis meses, aproximadamente, pasó de ser un alumno, al recibirse normalmente, hasta llegar a convertirse en Decano de dicha facultad. La politiquería había desplazado a la ciencia para establecerse firmemente en las universidades argentinas. La decadencia prolongada que sufrimos como nación es una consecuencia necesaria e inevitable de las preferencias políticas predominantes en la sociedad.
lunes, 22 de junio de 2026
Actitud y aptitud
Con la palabra "aptitud" designamos la cualidad de ser aptos para algunas actividades mientras que con la palabra "actitud" designamos cierta predisposición que nos orienta al logro de diversos objetivos. La aptitud, por lo general, se asocia a ciertas habilidades que traemos de nacimiento, mientras que la actitud deriva principalmente de influencias culturales del medio social.
Como ejemplo del significado de ambos conceptos puede mencionarse el caso de Lionel Messi, que trae de nacimiento cierta facilidad para el fútbol, mientras que Cristiano Ronaldo, quizás con menor facilidad hereditaria, la suple con un trabajo intenso y una clara motivación para el éxito deportivo. Para llegar a los niveles logrados por ambos jugadores, debieron disponer de una actitud competitiva importante.
Es oportuno afirmar que Messi, sin una estricta disciplina deportiva y personal, por más aptitudes traídas de nacimiento que haya tenido, no hubiese logrado el éxito alcanzado. Por ello puede decirse que la aptitud de nacimiento es una aptitud condicional, no suficiente, si no va acompañada de una actitud motivadora de trabajo y disciplina. De ahí que algunos autores consideran a la actitud como prioritaria a la aptitud, tal el caso de la autora mencionada a continuación:
Artículo del Diario As:
Rita Levi-Montalcini, Premio Nobel de Medicina: “La vida es una cuestión de actitud, no de aptitud”
La neuróloga destaca la importancia de elementos como la voluntad, la motivación o la perseverancia, claves para que las aptitudes terminen dando frutos.
En una sociedad como la actual, donde elementos como la fama, el reconocimiento externo y la multitarea ocupan un lugar central, está muy extendida la idea de que el éxito depende de las cualidades innatas que uno posee cuando nace. Muchas personas creen que, si no se nace con un talento excepcional, una habilidad innata o una inteligencia que destaque sobre la de los demás, alcanzar el éxito resulta muy complicado.
Este pensamiento es reduccionista, simplista y vago, ya que sirve como la excusa perfecta de aquellas personas que, en lugar de perseverar y luchar por aquello que desean conseguir, se dejan envolver por las adversidades que les rodean, abrazándolas por completo y asumiendo un destino que, al contrario de lo que mucha gente piensa, no viene impuesto: se trata de una elección completamente racional.
“La vida es una cuestión de actitud, no de aptitud”, son las palabras que Rita Levi-Montalcini pronuncia al respecto. La neuróloga italiana de origen judío recibió el Premio Nobel de Medicina en 1986 -compartido con Stanley Cohen- por descubrir el denominado Factor de Crecimiento Nervioso (NGF), un hallazgo clave a la hora de entender el desarrollo de las cúpulas, los tumores o enfermedades degenerativas.
La aptitud sin actitud no sirve de nada
En este caso, Levi-Montalcini asegura que la voluntad, la motivación y la perseverancia -es decir, la actitud- desempeñan un papel mucho más importante para alcanzar el éxito y superar los obstáculos que surgen a lo largo de la vida que el talento natural o la inteligencia innata, entendidos como aptitud.
Y es que, aunque la aptitud sea capaz de abrir numerosas puertas y facilitar diversos procesos, la actitud es lo que determina cómo respondes ante los desafíos que aparecen y qué tan lejos llegas en tu camino. Por lo general, los individuos que se dejen llevar por su actitud llegarán más lejos que aquellos que se dejen llevar únicamente por sus aptitudes. Y es que, sin la actitud correcta, cualquier aptitud -por muy destacada que sea- termina siendo inútil.
(De as.com)
Como ejemplo del significado de ambos conceptos puede mencionarse el caso de Lionel Messi, que trae de nacimiento cierta facilidad para el fútbol, mientras que Cristiano Ronaldo, quizás con menor facilidad hereditaria, la suple con un trabajo intenso y una clara motivación para el éxito deportivo. Para llegar a los niveles logrados por ambos jugadores, debieron disponer de una actitud competitiva importante.
Es oportuno afirmar que Messi, sin una estricta disciplina deportiva y personal, por más aptitudes traídas de nacimiento que haya tenido, no hubiese logrado el éxito alcanzado. Por ello puede decirse que la aptitud de nacimiento es una aptitud condicional, no suficiente, si no va acompañada de una actitud motivadora de trabajo y disciplina. De ahí que algunos autores consideran a la actitud como prioritaria a la aptitud, tal el caso de la autora mencionada a continuación:
Artículo del Diario As:
Rita Levi-Montalcini, Premio Nobel de Medicina: “La vida es una cuestión de actitud, no de aptitud”
La neuróloga destaca la importancia de elementos como la voluntad, la motivación o la perseverancia, claves para que las aptitudes terminen dando frutos.
En una sociedad como la actual, donde elementos como la fama, el reconocimiento externo y la multitarea ocupan un lugar central, está muy extendida la idea de que el éxito depende de las cualidades innatas que uno posee cuando nace. Muchas personas creen que, si no se nace con un talento excepcional, una habilidad innata o una inteligencia que destaque sobre la de los demás, alcanzar el éxito resulta muy complicado.
Este pensamiento es reduccionista, simplista y vago, ya que sirve como la excusa perfecta de aquellas personas que, en lugar de perseverar y luchar por aquello que desean conseguir, se dejan envolver por las adversidades que les rodean, abrazándolas por completo y asumiendo un destino que, al contrario de lo que mucha gente piensa, no viene impuesto: se trata de una elección completamente racional.
“La vida es una cuestión de actitud, no de aptitud”, son las palabras que Rita Levi-Montalcini pronuncia al respecto. La neuróloga italiana de origen judío recibió el Premio Nobel de Medicina en 1986 -compartido con Stanley Cohen- por descubrir el denominado Factor de Crecimiento Nervioso (NGF), un hallazgo clave a la hora de entender el desarrollo de las cúpulas, los tumores o enfermedades degenerativas.
La aptitud sin actitud no sirve de nada
En este caso, Levi-Montalcini asegura que la voluntad, la motivación y la perseverancia -es decir, la actitud- desempeñan un papel mucho más importante para alcanzar el éxito y superar los obstáculos que surgen a lo largo de la vida que el talento natural o la inteligencia innata, entendidos como aptitud.
Y es que, aunque la aptitud sea capaz de abrir numerosas puertas y facilitar diversos procesos, la actitud es lo que determina cómo respondes ante los desafíos que aparecen y qué tan lejos llegas en tu camino. Por lo general, los individuos que se dejen llevar por su actitud llegarán más lejos que aquellos que se dejen llevar únicamente por sus aptitudes. Y es que, sin la actitud correcta, cualquier aptitud -por muy destacada que sea- termina siendo inútil.
(De as.com)
domingo, 21 de junio de 2026
Definición de "progresista"
Para no usar la denominación de "comunista", que históricamente implica ser partidario de un movimiento que produjo bastante más víctimas que las producidas por los nazis, muchos comunistas se disfrazan con otras denominaciones, tal como "progresista". Siguen manteniendo vigentes las ideas que produjeron las grandes catástrofes humanas del siglo XX, pero creen, aunque no todos, que la aplicación de esas ideas en la actualidad no tendrán consecuencias similares a las ocurridas en el pasado.
Recientemente se publicó en YouTube una definición de progresista que fuera ideada por Martha Hildebrandt Pérez-Treviño, y es la siguiente:
PROGRESISTA: Fracasado que gusta de culpar de sus miserias al sistema y procura que los demás reconozcan sus méritos como luchadores sociales, predicando a favor de lo que llaman justicia social, que en el fondo consiste en que unos vivan a expensas de los demás utilizando al Estado como cómplice.
Se les puede ver predicando su ideología en ONG's y organismos públicos, nacionales e internacionales, donde solucionan todos sus problemas con magníficos artículos llenos de palabritas como articular, visibilizar, empoderar, desigualdad, etc., y destrozan el lenguaje con modismos sexistas como ciudadanos, ciudadanas y ciudadanes. Son argolleros y gustan hacerse pasar por intelectuales. Se les conoce también como parásitos sociales.
(Del canal "Píldoras de Libertad" en YouTube).
Recientemente se publicó en YouTube una definición de progresista que fuera ideada por Martha Hildebrandt Pérez-Treviño, y es la siguiente:
PROGRESISTA: Fracasado que gusta de culpar de sus miserias al sistema y procura que los demás reconozcan sus méritos como luchadores sociales, predicando a favor de lo que llaman justicia social, que en el fondo consiste en que unos vivan a expensas de los demás utilizando al Estado como cómplice.
Se les puede ver predicando su ideología en ONG's y organismos públicos, nacionales e internacionales, donde solucionan todos sus problemas con magníficos artículos llenos de palabritas como articular, visibilizar, empoderar, desigualdad, etc., y destrozan el lenguaje con modismos sexistas como ciudadanos, ciudadanas y ciudadanes. Son argolleros y gustan hacerse pasar por intelectuales. Se les conoce también como parásitos sociales.
(Del canal "Píldoras de Libertad" en YouTube).
sábado, 20 de junio de 2026
Esparta y el totalitarismo antiguo
A la palabra "totalitarismo" se le ha asociado el significado de "todo en el Estado". Ese "todo" implica tanto la propiedad privada, que deja de ser privada, como la mente y las ideas de cada individuo, que deja de ser un individuo si se trata de una persona influenciable. El lugar que en el medioevo europeo ocupaba el Dios cristiano, en los colectivismos es ocupado por el Estado, de donde resulta atinada la asignación de "religión pagana" a todo colectivismo totalitario.
El fuerte impulso que los totalitarismos tuvieron durante el siglo XX se deben al apoyo ideológico surgido del marxismo. Al promover la eliminación de la propiedad privada, a veces no sólo de los medios de producción, el Estado tiene ahora la posibilidad de dirigir la vida de la población en una forma efectiva, dirigiéndola hacia lo que a los gobernantes se les ocurra. Cuando al mando del Estado aparecen líderes perversos, como Stalin, Mao o Hitler, se producen las grandes catástrofes sociales como las ocurridas en ese siglo.
Luego de la estatización o nacionalización de la propiedad privada, le sigue una secuencia como la extraída de los escritos de George Orwell, y es la siguiente:
1ª fase: Destruir la libertad
2ª fase: Empobrecer la lengua
3ª fase: Abolir la verdad
4ª fase: Suprimir la historia
5ª fase: Negar la naturaleza
6ª fase: Propagar el odio
7ª fase: Aspirar al imperio.
Si bien pareciera que una postura política tan perversa fue un invento del siglo XX, en realidad ya existían algunas sociedades en la antigüedad, como es el caso de Esparta. Luego, la disputa actual de democracia (liberalismo) vs. totalitarismo (socialismo) sólo es una renovación de la antigua disputa entre Atenas y Esparta, si bien la democracia ateniense no era la misma que la actual impulsada por el liberalismo, mientras que el colectivismo espartano tiene varias semejanzas con las actuales tendencias de izquierda.
Respecto del totalitarismo de Esparta, Vicente Gonzalo Massot escribió: “El concepto de lo totalitario no llega hasta nosotros como uno de esos productos intelectuales trabajosamente elaborados a lo largo del tiempo, en cuya factura han colaborado, a la par, la inteligencia de los hombres y la decantación del tiempo. Si nos obligáramos a consultar un diccionario de ciencia política o de ciencias sociales anterior a 1920, notaríamos que el término en cuestión no aparece citado. Razón de más para concluir –cuanto menos en primera instancia- que uno de los condicionantes del fenómeno totalitario es su carácter contemporáneo o, si se prefiere, su modernidad. El haber sido pensado y racionalizado cuando el siglo XX amanecía y con él despertaban, para asombro de las naciones, regimenes como el bolchevique en Rusia y el nacionalsocialista en Alemania, no sólo conspiró contra su correcta intelección, sino que invalidó cualquier tentativa seria de remontar la historia con el objeto de hallar sus huellas en el mundo antiguo”.
“Presentado como heredero de ciertas ideas propias del siglo y ornado con determinados atributos que hincan su raíz en el mundo contemporáneo –partido único de masas organizado de manera jerárquica: control físico y psicológico de las personas por parte de un sistema policíaco; monopolio de la información en manos del Estado; monopolio del uso efectivo de las armas y de las fuerzas de persuasión por parte del partido; centralización monopólica de la economía; existencia de una ideología única transformada, poco menos, en religión oficial, estructura monolítica y uniforme de toda la sociedad; Fuhrer-prinzip e imposición, por el terror, de un sistema de valores absolutos, fuera del cual nada tiene derecho a la existencia-, el totalitarismo pasó a ser patrimonio de los fascismos, primero, y de los diferentes sistemas comunistas esparcidos por el orbe, más tarde. Semejante sinonimia conspiró, pues, de manera harto efectiva, contra cualquier empresa intelectual tendiendo a buscarlo más allá de la cruz gamada y la hoz y el martillo” (De “Esparta. Un ensayo sobre el totalitarismo antiguo”-Grupo Editor Latinoamericano-Buenos Aires 1990).
Algunos aspectos de la vida en Esparta son mencionados por el citado autor: "Los casamientos también estaban sujetos a estricto control. En esta sociedad donde hombres y mujeres practicaban gimnasia desnudos, aquéllos llevaban el pelo largo -lo cual, según Aristóteles, era tenido en Atenas como sinónimo de afeminamiento- y éstas eran consideradas las más libres e inclusive disolutas de toda Grecia, el casamiento no quedó librado a la simple voluntad de los ciudadanos. Los recién casados casi no se veían de día, y de noche lo hacían de hurtadillas".
"El espartano no podía, bajo ningún respecto, abandonar la disciplina común, de modo tal que ver a su mujer -que seguía viviendo en casa de sus padres- era secundario. Los célibes eran despreciados, y de los hijos ya se ha dicho que su suerte la decidían los ancianos -si no eran considerados aptos, eran arrojados a los apothetai, esto es, expositorios-; su crianza las nodrizas, y su educación el Estado. Por otra parte, la ley prohibía a un espartano tener hijos de mujer extranjera y penaba hasta con la muerte a quien violase la norma. De la misma manera, no castigaba que una mujer casada con un hombre entrado en años tuviese relación carnal con uno más joven para darle a Esparta hijos sanos y fuertes".
Recordemos que Esparta priorizaba la guerra y el militarismo, y de ahí su atención a la natalidad orientada a esos fines. Massot prosigue: "En este contexto existía, por supuesto, una rigurosa censura. Los espartanos suprimieron la enseñanza de la retórica y de la filosofía y no acudían al teatro a ver ni comedias ni tragedias, para no oír a quienes hablaban contra las leyes. Que en ello fueron inflexibles lo demuestra el caso del poeta Arquíloco, que fue expulsado sin miramientos de Esparta por cantar las bondades de arrojar las armas si con eso se salvaba la vida".
"La hestía (el hogar) como espacio doméstico delimitado e independiente dentro de la pólis no existió en Esparta. Hubo, sí, un espacio físico en donde se llevaban a cabo determinados actos diarios mínimos; nunca un dominio estrictamente privado. Lo privado, en definitiva, no puede demostrar entre los lacedemonios su razón independiente de ser. Si el embarazo era un asunto de Estado; el derecho a la vida se hallaba en manos de los gerontes; la educación resultaba potestad de la pólis ; los lotes de tierra eran propiedad del cuerpo cívico y, por lo tanto, no susceptibles de venta; los esclavos eran patrimonio del Estado, y las comidas, el deporte y el entrenamiento militar, ceremonias colectivas, poco espacio quedaba para lo privado".
"Se podría pensar que existía un plano religioso que escapaba al cepo de las leyes de la ciudad, pero en la Antigüedad hay una fusión de los planos religioso y político. El sujeto colectivo religioso no remataba en la iglesia sino en la pólis. Habrá que esperar la llegada del pensamiento estoico para encontrar fieles conscientes de que hay una libertad interior -que ningún poder sobre la tierra puede conculcar- a la cual se acccedía por la supremacía de la razón. A un espartano clásico no le habría pasado por la cabeza abroquelarse en su interioridad para resistir a la pólis".
El fuerte impulso que los totalitarismos tuvieron durante el siglo XX se deben al apoyo ideológico surgido del marxismo. Al promover la eliminación de la propiedad privada, a veces no sólo de los medios de producción, el Estado tiene ahora la posibilidad de dirigir la vida de la población en una forma efectiva, dirigiéndola hacia lo que a los gobernantes se les ocurra. Cuando al mando del Estado aparecen líderes perversos, como Stalin, Mao o Hitler, se producen las grandes catástrofes sociales como las ocurridas en ese siglo.
Luego de la estatización o nacionalización de la propiedad privada, le sigue una secuencia como la extraída de los escritos de George Orwell, y es la siguiente:
1ª fase: Destruir la libertad
2ª fase: Empobrecer la lengua
3ª fase: Abolir la verdad
4ª fase: Suprimir la historia
5ª fase: Negar la naturaleza
6ª fase: Propagar el odio
7ª fase: Aspirar al imperio.
Si bien pareciera que una postura política tan perversa fue un invento del siglo XX, en realidad ya existían algunas sociedades en la antigüedad, como es el caso de Esparta. Luego, la disputa actual de democracia (liberalismo) vs. totalitarismo (socialismo) sólo es una renovación de la antigua disputa entre Atenas y Esparta, si bien la democracia ateniense no era la misma que la actual impulsada por el liberalismo, mientras que el colectivismo espartano tiene varias semejanzas con las actuales tendencias de izquierda.
Respecto del totalitarismo de Esparta, Vicente Gonzalo Massot escribió: “El concepto de lo totalitario no llega hasta nosotros como uno de esos productos intelectuales trabajosamente elaborados a lo largo del tiempo, en cuya factura han colaborado, a la par, la inteligencia de los hombres y la decantación del tiempo. Si nos obligáramos a consultar un diccionario de ciencia política o de ciencias sociales anterior a 1920, notaríamos que el término en cuestión no aparece citado. Razón de más para concluir –cuanto menos en primera instancia- que uno de los condicionantes del fenómeno totalitario es su carácter contemporáneo o, si se prefiere, su modernidad. El haber sido pensado y racionalizado cuando el siglo XX amanecía y con él despertaban, para asombro de las naciones, regimenes como el bolchevique en Rusia y el nacionalsocialista en Alemania, no sólo conspiró contra su correcta intelección, sino que invalidó cualquier tentativa seria de remontar la historia con el objeto de hallar sus huellas en el mundo antiguo”.
“Presentado como heredero de ciertas ideas propias del siglo y ornado con determinados atributos que hincan su raíz en el mundo contemporáneo –partido único de masas organizado de manera jerárquica: control físico y psicológico de las personas por parte de un sistema policíaco; monopolio de la información en manos del Estado; monopolio del uso efectivo de las armas y de las fuerzas de persuasión por parte del partido; centralización monopólica de la economía; existencia de una ideología única transformada, poco menos, en religión oficial, estructura monolítica y uniforme de toda la sociedad; Fuhrer-prinzip e imposición, por el terror, de un sistema de valores absolutos, fuera del cual nada tiene derecho a la existencia-, el totalitarismo pasó a ser patrimonio de los fascismos, primero, y de los diferentes sistemas comunistas esparcidos por el orbe, más tarde. Semejante sinonimia conspiró, pues, de manera harto efectiva, contra cualquier empresa intelectual tendiendo a buscarlo más allá de la cruz gamada y la hoz y el martillo” (De “Esparta. Un ensayo sobre el totalitarismo antiguo”-Grupo Editor Latinoamericano-Buenos Aires 1990).
Algunos aspectos de la vida en Esparta son mencionados por el citado autor: "Los casamientos también estaban sujetos a estricto control. En esta sociedad donde hombres y mujeres practicaban gimnasia desnudos, aquéllos llevaban el pelo largo -lo cual, según Aristóteles, era tenido en Atenas como sinónimo de afeminamiento- y éstas eran consideradas las más libres e inclusive disolutas de toda Grecia, el casamiento no quedó librado a la simple voluntad de los ciudadanos. Los recién casados casi no se veían de día, y de noche lo hacían de hurtadillas".
"El espartano no podía, bajo ningún respecto, abandonar la disciplina común, de modo tal que ver a su mujer -que seguía viviendo en casa de sus padres- era secundario. Los célibes eran despreciados, y de los hijos ya se ha dicho que su suerte la decidían los ancianos -si no eran considerados aptos, eran arrojados a los apothetai, esto es, expositorios-; su crianza las nodrizas, y su educación el Estado. Por otra parte, la ley prohibía a un espartano tener hijos de mujer extranjera y penaba hasta con la muerte a quien violase la norma. De la misma manera, no castigaba que una mujer casada con un hombre entrado en años tuviese relación carnal con uno más joven para darle a Esparta hijos sanos y fuertes".
Recordemos que Esparta priorizaba la guerra y el militarismo, y de ahí su atención a la natalidad orientada a esos fines. Massot prosigue: "En este contexto existía, por supuesto, una rigurosa censura. Los espartanos suprimieron la enseñanza de la retórica y de la filosofía y no acudían al teatro a ver ni comedias ni tragedias, para no oír a quienes hablaban contra las leyes. Que en ello fueron inflexibles lo demuestra el caso del poeta Arquíloco, que fue expulsado sin miramientos de Esparta por cantar las bondades de arrojar las armas si con eso se salvaba la vida".
"La hestía (el hogar) como espacio doméstico delimitado e independiente dentro de la pólis no existió en Esparta. Hubo, sí, un espacio físico en donde se llevaban a cabo determinados actos diarios mínimos; nunca un dominio estrictamente privado. Lo privado, en definitiva, no puede demostrar entre los lacedemonios su razón independiente de ser. Si el embarazo era un asunto de Estado; el derecho a la vida se hallaba en manos de los gerontes; la educación resultaba potestad de la pólis ; los lotes de tierra eran propiedad del cuerpo cívico y, por lo tanto, no susceptibles de venta; los esclavos eran patrimonio del Estado, y las comidas, el deporte y el entrenamiento militar, ceremonias colectivas, poco espacio quedaba para lo privado".
"Se podría pensar que existía un plano religioso que escapaba al cepo de las leyes de la ciudad, pero en la Antigüedad hay una fusión de los planos religioso y político. El sujeto colectivo religioso no remataba en la iglesia sino en la pólis. Habrá que esperar la llegada del pensamiento estoico para encontrar fieles conscientes de que hay una libertad interior -que ningún poder sobre la tierra puede conculcar- a la cual se acccedía por la supremacía de la razón. A un espartano clásico no le habría pasado por la cabeza abroquelarse en su interioridad para resistir a la pólis".
viernes, 19 de junio de 2026
Opiniones de una neuróloga
La neurocientífica Rita Levi-Montalcini, fallecida a los 103 años, fue una testigo preferencial del conflictivo siglo XX europeo, atravesando las dos grandes guerras mundiales y el fascismo de su Italia natal. Sus opiniones sobre la vida y la sociedad son de interés para quienes indagamos acerca de los permanentes conflictos humanos y de una posible solución. Al respecto escribió: “¿Representa la perpetuación de las guerras y las matanzas, actividades funestas y exclusivas de nuestra especie, una consecuencia inevitable de una agresividad irreductible y transmitida por vía genética, como afirman los etiólogos y los sociobiólogos, que han gozado en las últimas décadas de amplio consenso? ¿O es que se trata de un resultado de factores no sólo biológicos, sino también sociales y culturales, que en nuestra especie, y sólo en ella, determinan la conducta de los individuos y de las masas?” (De “Elogio de la imperfección”-Ediciones B SA-Barcelona 1989).
Por otra parte, Arthur Koestler escribía acerca de la agresividad del hombre, sosteniendo que tal agresividad depende de un “afán excesivo de trascendencia”. De ahí que, si así fuese, los conflictos se generarían por un afán desmedido de trascendencia individual. En caso de no lograrlo, produciría cierta disconformidad personal y baja autoestima, por lo que la solución para tal conflicto personal habría de buscarla asociándose a grupos con diversas finalidades, incluso finalidades que no favorecen la adaptación ni la supervivencia. Al respecto Koestler escribió: “Uno de los rasgos principales de la condición humana es la necesidad perentoria de identificarse con un grupo social o un sistema de creencias que es ajeno a la razón, a los intereses del individuo e incluso al instinto de conservación…Lo cual nos lleva a la conclusión, en contraste con la opinión preponderante, de que el problema de nuestra especie no es un exceso de agresividad defensiva, sino un afán excesivo de trascendencia”.
Rita Levi-Montalcini opina al respecto: “Este afán de trascendencia, que se pone de manifiesto en la obediencia ciega y es uno de los rasgos principales del comportamiento humano, conduce a la aceptación estúpida. Estas tendencias innatas, más que el instinto agresivo como desahogo del llamado «imperativo territorial», son las responsables de la universalidad de la guerra en todas las sociedades humanas. El mismo autor afirma que «sin lenguaje no habría poesía, pero tampoco habría guerra». Con esta breve frase resume la condición unitaria del hombre. El lenguaje ha dotado al hombre del sistema más eficaz de comunicación para unir a los miembros de las tribus primitivas y, más tarde, a los de las sociedades más avanzadas, pero al mismo tiempo ha hecho que sean sumamente receptivos a los mensajes que proceden del medio circundante”.
“Es así como el lenguaje, supremo privilegio del hombre, que le ha abierto infinidad de horizontes mentales, también le arroja al abismo del oscurantismo cuando la palabra es usada por caudillos fanáticos o cínicos para incitar al odio, o cuando los símbolos provocan reacciones místicas e inhiben las facultades intelectuales del lejano descendiente del Australopithecus” (De “Tiempo de cambios”-Ediciones Península-Barcelona 2005).
El “afán desmedido de trascendencia” se materializa con el ingreso de un individuo a algún sector social o algún movimiento religioso, político o de otro tipo. A partir de ellos busca compartir su importancia y su trascendencia social. Este es el caso de los diversos nacionalismos, que por lo general constituyen una fuente segura de conflictos. Incluso algunos especialistas aducen que la motivación principal de los violadores radica en el hecho de intentar pertenecer al “selecto club de violadores”, un “prestigioso” grupo según la deformada escala de valores que orienta la vida de tales individuos.
Tanto los totalitarismos, como los diversos terrorismos, surgen esencialmente del odio masivo inducido por los ideólogos respectivos. La citada autora agrega: “En las últimas décadas del siglo pasado se han sucedido, en continuo aumento y en todos los continentes, sangrientos conflictos causados por dictadores y caudillos que recurrieron y recurren a «subterfugios momentáneos en la lucha por una hegemonía de corta duración» y fomentan el odio contra otras poblaciones señaladas como distintas o de raza inferior”.
“Un índice de la perversión del comportamiento humano se manifestó con toda su crudeza a propósito de los sucesos del 11 de septiembre de 2001. Mientras miles de personas sucumbían bajo toneladas de escombros de las Torres Gemelas en llamas, en otras partes del planeta los desheredados de la Tierra celebraban esta victoria. ¿Victoria o venganza contra los pueblos de Occidente, a quienes se consideraba culpables de la miseria que asola a los países del Sur?”.
“El regocijo de los desheredados de la Tierra se debía a que, a través de la acción terrorista, se había infligido un duro golpe a quienes consideraban responsables de sus sufrimientos, y por eso estaban ingenuamente convencidos de que la hegemonía terrorista traería el anhelado bienestar. La motivación de los terroristas es diferente. Para ellos, los pueblos de Occidente representan una cultura diametralmente opuesta a sus ideologías”.
El antídoto contra el veneno psicológico al que está expuesto el individuo común, consiste en la adopción de un individualismo que lo lleve a sentirse un ciudadano del mundo, renunciando a ser parte de subgrupos con intereses sectoriales y, sobre todo, dejando de ser obedientes incondicionales a los líderes de esos subgrupos de la sociedad. Tanto el marxismo, como algunos grupos islámicos, por ser ideologías incompatibles con la cultura occidental, son los principales promotores del odio y de la violencia destructiva. Sus adeptos, o victimas ideológicas, son quienes mayoritariamente festejaron, y festejan todavía, los diversos atentados terroristas contra personas comunes. La citada autora agrega: “En el siglo XXI irrumpen síndromes letales como el sida, el ébola y una epidemia quizá más mortífera, que se ha llamado «martiriomanía». Este nuevo síndrome difiere de los anteriores en el hecho de que no lo causa un agente externo –virus, bacterias o parásitos-, que podría ser neutralizado con vacunación o terapia farmacológica. Consiste en la devoción total y obediencia ciega a una causa o una ideología con la que se compromete el individuo, jurando cometer el acto suicida y homicida”.
“La «martiriomanía» no se propaga por contacto, sino por un sistema de comunicación oral, el lenguaje, que predispone a millones de individuos a padecer privaciones, sufrimientos y la muerte en nombre de la ideología proclamada”.
“Este siniestro comportamiento de algunas personas, sobre todo jóvenes, se puede atajar, pues el hombre es un primate inteligente y su acción obedece no sólo a un rígido programa genético, sino también a su experiencia y capacidad cognitiva que en él alcanza el máximo desarrollo”. “Para ello la estrategia debe ser similar a la del terrorismo, que consiste en el reclutamiento de jóvenes, pero con fines diametralmente opuestos”.
La violencia social tiende a incrementarse cuando se la promueve desde los propios sectores estatales. Así, desde gran parte del sector judicial se afirma que la violencia urbana resulta “una justa venganza contra una sociedad que excluyó previamente al delincuente”. Se considera al terrorista como “joven idealista”, mientras el Estado indemniza a los familiares del terrorista caído como consecuencia de sus andanzas violentas, mientras que nunca se interesa por las víctimas de esa violencia.
La “gran idea”, promotora de la violencia sin fin, es la que aduce que los pobres carecen totalmente de defectos y que, por lo tanto no deben cambiar ni mejorar en lo más mínimo, mientras que los sectores productivos, por el contrario, carecen totalmente de virtudes, y sólo generan desigualdad social, siendo tal desigualdad la que finalmente promueve la violencia. Una vez instalada esta creencia, no hace falta que alguien dirija la rebelión armada de pobres contra ricos, sino que tal rebelión se ha de dar en forma espontánea, con distintos niveles de violencia, según la habilidad para convencer a las masas que tenga el ideólogo marxista, el fundamentalista islámico o el sacerdote tercermundista.
Finalmente se transcribe un artículo sobre la autora mencionada publicado por el Diario As:
Rita Levi-Montalcini, Premio Nobel de Medicina: “En lugar de añadir años a la vida, es mejor añadir vida a los años” La neuróloga aboga por disfrutar de nuestro periodo vital, aprovechar el tiempo mientras podamos y dar prioridad a nuestra calidad de vida.
En una sociedad como la actual, en la que elementos como la fama, el reconocimiento mediático y la opinión ajena tienen un protagonismo tremendamente importante, muchas personas fallan a la hora de priorizarse a sí mismas y, en última instancia, a su propia vida.
En este peliagudo contexto, los años caen y se agolpan en nuestro DNI con suma rapidez, lo que lleva a las personas afectadas a ver cómo su vida no sólo pasa y se diluye sin haberla disfrutado lo más mínimo, sino habiendo sobrevivido como han podido, sin ni siquiera haber extraído ‘los frutos más sabroso’ que esta trae consigo.
“En lugar de añadir años a la vida, es mejor añadir vida a los años”, son las palabras que pronuncia Rita Levi-Montalcini. La neuróloga italiana de origen judío recibió el Premio Nobel de Mediciana en 1986 -compartido con Stanley Cohen- por descubrir el denominado Factor de Crecimiento Nervioso (NGF), un hallazgo clave a la hora de entender el desarrollo de las cúpulas, los tumores o enfermedades degenerativas.
La neuróloga subraya la necesidad de dar prioridad a la calidad de vida y al bienestar tanto físico como emocional por encima de la mera y tan venerada longevidad. En su reflexión, Levi-Montalcini enfrenta dos conceptos: la supervivencia y el disfrute, defendiendo la importancia de aprovechar el tiempo y disfrutar nuestro periodo vital mientras tenemos la oportunidad de hacerlo.
De esta manera, el pensamiento de Rita Levi-Montalcini se aleja de las convenciones que defienden muchos expertos al día de hoy. Y es que, en lugar de buscar el desarrollo de una vida larga y longeva, la Premio Nobel de Medicina aboga por disfrutar de la vida y ‘añadir vida a los años’, aunque eso traiga consigo, de forma casi inevitable, ‘no añadir años a la vida’. (De as.com)
Por otra parte, Arthur Koestler escribía acerca de la agresividad del hombre, sosteniendo que tal agresividad depende de un “afán excesivo de trascendencia”. De ahí que, si así fuese, los conflictos se generarían por un afán desmedido de trascendencia individual. En caso de no lograrlo, produciría cierta disconformidad personal y baja autoestima, por lo que la solución para tal conflicto personal habría de buscarla asociándose a grupos con diversas finalidades, incluso finalidades que no favorecen la adaptación ni la supervivencia. Al respecto Koestler escribió: “Uno de los rasgos principales de la condición humana es la necesidad perentoria de identificarse con un grupo social o un sistema de creencias que es ajeno a la razón, a los intereses del individuo e incluso al instinto de conservación…Lo cual nos lleva a la conclusión, en contraste con la opinión preponderante, de que el problema de nuestra especie no es un exceso de agresividad defensiva, sino un afán excesivo de trascendencia”.
Rita Levi-Montalcini opina al respecto: “Este afán de trascendencia, que se pone de manifiesto en la obediencia ciega y es uno de los rasgos principales del comportamiento humano, conduce a la aceptación estúpida. Estas tendencias innatas, más que el instinto agresivo como desahogo del llamado «imperativo territorial», son las responsables de la universalidad de la guerra en todas las sociedades humanas. El mismo autor afirma que «sin lenguaje no habría poesía, pero tampoco habría guerra». Con esta breve frase resume la condición unitaria del hombre. El lenguaje ha dotado al hombre del sistema más eficaz de comunicación para unir a los miembros de las tribus primitivas y, más tarde, a los de las sociedades más avanzadas, pero al mismo tiempo ha hecho que sean sumamente receptivos a los mensajes que proceden del medio circundante”.
“Es así como el lenguaje, supremo privilegio del hombre, que le ha abierto infinidad de horizontes mentales, también le arroja al abismo del oscurantismo cuando la palabra es usada por caudillos fanáticos o cínicos para incitar al odio, o cuando los símbolos provocan reacciones místicas e inhiben las facultades intelectuales del lejano descendiente del Australopithecus” (De “Tiempo de cambios”-Ediciones Península-Barcelona 2005).
El “afán desmedido de trascendencia” se materializa con el ingreso de un individuo a algún sector social o algún movimiento religioso, político o de otro tipo. A partir de ellos busca compartir su importancia y su trascendencia social. Este es el caso de los diversos nacionalismos, que por lo general constituyen una fuente segura de conflictos. Incluso algunos especialistas aducen que la motivación principal de los violadores radica en el hecho de intentar pertenecer al “selecto club de violadores”, un “prestigioso” grupo según la deformada escala de valores que orienta la vida de tales individuos.
Tanto los totalitarismos, como los diversos terrorismos, surgen esencialmente del odio masivo inducido por los ideólogos respectivos. La citada autora agrega: “En las últimas décadas del siglo pasado se han sucedido, en continuo aumento y en todos los continentes, sangrientos conflictos causados por dictadores y caudillos que recurrieron y recurren a «subterfugios momentáneos en la lucha por una hegemonía de corta duración» y fomentan el odio contra otras poblaciones señaladas como distintas o de raza inferior”.
“Un índice de la perversión del comportamiento humano se manifestó con toda su crudeza a propósito de los sucesos del 11 de septiembre de 2001. Mientras miles de personas sucumbían bajo toneladas de escombros de las Torres Gemelas en llamas, en otras partes del planeta los desheredados de la Tierra celebraban esta victoria. ¿Victoria o venganza contra los pueblos de Occidente, a quienes se consideraba culpables de la miseria que asola a los países del Sur?”.
“El regocijo de los desheredados de la Tierra se debía a que, a través de la acción terrorista, se había infligido un duro golpe a quienes consideraban responsables de sus sufrimientos, y por eso estaban ingenuamente convencidos de que la hegemonía terrorista traería el anhelado bienestar. La motivación de los terroristas es diferente. Para ellos, los pueblos de Occidente representan una cultura diametralmente opuesta a sus ideologías”.
El antídoto contra el veneno psicológico al que está expuesto el individuo común, consiste en la adopción de un individualismo que lo lleve a sentirse un ciudadano del mundo, renunciando a ser parte de subgrupos con intereses sectoriales y, sobre todo, dejando de ser obedientes incondicionales a los líderes de esos subgrupos de la sociedad. Tanto el marxismo, como algunos grupos islámicos, por ser ideologías incompatibles con la cultura occidental, son los principales promotores del odio y de la violencia destructiva. Sus adeptos, o victimas ideológicas, son quienes mayoritariamente festejaron, y festejan todavía, los diversos atentados terroristas contra personas comunes. La citada autora agrega: “En el siglo XXI irrumpen síndromes letales como el sida, el ébola y una epidemia quizá más mortífera, que se ha llamado «martiriomanía». Este nuevo síndrome difiere de los anteriores en el hecho de que no lo causa un agente externo –virus, bacterias o parásitos-, que podría ser neutralizado con vacunación o terapia farmacológica. Consiste en la devoción total y obediencia ciega a una causa o una ideología con la que se compromete el individuo, jurando cometer el acto suicida y homicida”.
“La «martiriomanía» no se propaga por contacto, sino por un sistema de comunicación oral, el lenguaje, que predispone a millones de individuos a padecer privaciones, sufrimientos y la muerte en nombre de la ideología proclamada”.
“Este siniestro comportamiento de algunas personas, sobre todo jóvenes, se puede atajar, pues el hombre es un primate inteligente y su acción obedece no sólo a un rígido programa genético, sino también a su experiencia y capacidad cognitiva que en él alcanza el máximo desarrollo”. “Para ello la estrategia debe ser similar a la del terrorismo, que consiste en el reclutamiento de jóvenes, pero con fines diametralmente opuestos”.
La violencia social tiende a incrementarse cuando se la promueve desde los propios sectores estatales. Así, desde gran parte del sector judicial se afirma que la violencia urbana resulta “una justa venganza contra una sociedad que excluyó previamente al delincuente”. Se considera al terrorista como “joven idealista”, mientras el Estado indemniza a los familiares del terrorista caído como consecuencia de sus andanzas violentas, mientras que nunca se interesa por las víctimas de esa violencia.
La “gran idea”, promotora de la violencia sin fin, es la que aduce que los pobres carecen totalmente de defectos y que, por lo tanto no deben cambiar ni mejorar en lo más mínimo, mientras que los sectores productivos, por el contrario, carecen totalmente de virtudes, y sólo generan desigualdad social, siendo tal desigualdad la que finalmente promueve la violencia. Una vez instalada esta creencia, no hace falta que alguien dirija la rebelión armada de pobres contra ricos, sino que tal rebelión se ha de dar en forma espontánea, con distintos niveles de violencia, según la habilidad para convencer a las masas que tenga el ideólogo marxista, el fundamentalista islámico o el sacerdote tercermundista.
Finalmente se transcribe un artículo sobre la autora mencionada publicado por el Diario As:
Rita Levi-Montalcini, Premio Nobel de Medicina: “En lugar de añadir años a la vida, es mejor añadir vida a los años” La neuróloga aboga por disfrutar de nuestro periodo vital, aprovechar el tiempo mientras podamos y dar prioridad a nuestra calidad de vida.
En una sociedad como la actual, en la que elementos como la fama, el reconocimiento mediático y la opinión ajena tienen un protagonismo tremendamente importante, muchas personas fallan a la hora de priorizarse a sí mismas y, en última instancia, a su propia vida.
En este peliagudo contexto, los años caen y se agolpan en nuestro DNI con suma rapidez, lo que lleva a las personas afectadas a ver cómo su vida no sólo pasa y se diluye sin haberla disfrutado lo más mínimo, sino habiendo sobrevivido como han podido, sin ni siquiera haber extraído ‘los frutos más sabroso’ que esta trae consigo.
“En lugar de añadir años a la vida, es mejor añadir vida a los años”, son las palabras que pronuncia Rita Levi-Montalcini. La neuróloga italiana de origen judío recibió el Premio Nobel de Mediciana en 1986 -compartido con Stanley Cohen- por descubrir el denominado Factor de Crecimiento Nervioso (NGF), un hallazgo clave a la hora de entender el desarrollo de las cúpulas, los tumores o enfermedades degenerativas.
La neuróloga subraya la necesidad de dar prioridad a la calidad de vida y al bienestar tanto físico como emocional por encima de la mera y tan venerada longevidad. En su reflexión, Levi-Montalcini enfrenta dos conceptos: la supervivencia y el disfrute, defendiendo la importancia de aprovechar el tiempo y disfrutar nuestro periodo vital mientras tenemos la oportunidad de hacerlo.
De esta manera, el pensamiento de Rita Levi-Montalcini se aleja de las convenciones que defienden muchos expertos al día de hoy. Y es que, en lugar de buscar el desarrollo de una vida larga y longeva, la Premio Nobel de Medicina aboga por disfrutar de la vida y ‘añadir vida a los años’, aunque eso traiga consigo, de forma casi inevitable, ‘no añadir años a la vida’. (De as.com)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












