domingo, 17 de mayo de 2026

El sufrimiento como alejamiento de la ley natural

Tanto la existencia de la ley natural como los efectos de desconocerla, o de incumplirla una vez conocida, aparecen en los escritos de Marco Tulio Cicerón, quien escribió al respecto: “El universo entero ha sido sometido a un solo amo, a un solo rey supremo, al Dios todopoderoso que ha concebido, meditado y sancionado esta ley. Desconocerla es huirse a si mismo, renegar de su naturaleza y por ello mismo padecer los castigos más crueles aunque escapara a los suplicios impuestos por los hombres”.

Algunos siglos más tarde, en una reunión de obispos cristianos reunidos por el emperador Constantino, dirimen en el Concilio de Nicea la cuestión acerca de la "semejanza substancial" o bien de la "igualdad substancial" de Cristo respecto de Dios. En una elección triunfan ampliamente los que optan por la segunda alternativa, en contra de los seguidores de Arrio, considerado hereje por negar la naturaleza divina de Jesucristo.

Quizá se éste el inicio de una actitud por la cual el cumplimiento de los mandamientos bíblicos pasa a segundo plano por cuanto sus aparentes seguidores, en lugar de predicar lo que Cristo dijo a los hombres, predican lo que los hombres dicen sobre Cristo. En lugar de adoptar la ley natural como referencia para establecer una religión de validez universal, o católica, preguntándose respecto de la nueva religión: ¿Es compatible con las leyes naturales? ¿Qué efectos produce en quienes cumplen con los mandamientos?, optan por promover una idolatría que se parece más a un nuevo paganismo que a la religión moral.

Es oportuno mencionar que Arrio nunca negó la prioridad que adoptó el propio Cristo, cuando expresó respecto de sus dos mandamientos (amor a Dios y al prójimo): "En estos dos mandamientos se cumple toda la ley y las exigencias de los profetas". En cambio, los obispos que negaban que Cristo fuese el intermediario entre Dios y los hombres, considerándoselo como el mismísimo Dios, abrieron la posibilidad de ubicarse ellos mismos como intermediarios entre Dios y los hombres, en lugar de aceptar ser divulgadores de la ética bíblica recién sintetizada.

La única referencia común a todos los seres humanos son las leyes naturales, o leyes de Dios, de ahí que la "igualdad" antes mencionada impide toda posible universalidad del cristianismo. Quienes opinan lo contrario, tienen la posibilidad de seguir insistiendo con su postura y así esperar que algún día el resto de la humanidad adopte su creencia básica. Por el momento ello parece imposible. Mientras tanto, en épocas en que resulta imperiosa la necesidad de una mejora ética generalizada, los Evangelios siguen siendo predicados bajo cierta interpretación que impide incluso que haya acuerdos entre las distintas iglesias cristianas.

Generalmente se advierte que el orden natural "exige" a los seres humanos el máximo de esfuerzo mental para resolver los problemas que amenazan la supervivencia plena de la humanidad. De ahí que si Cristo es el mismísimo Dios, poco mérito le queda a los hombres, por cuanto pareciera que en ese caso el orden natural "cambia de parecer". La ignorancia plena del significado de la ley natural, al ser reemplazada por la "creencia en la divinidad de Cristo", aseguraría la "vida eterna" de los creyentes, por lo que poco o nada se interesan por la enorme cantidad de seres humanos que sufren diariamente por estar completamente desadaptados a las leyes naturales y a la ética bíblica.

Quienes coincidimos con el "hereje" Arrio, somos descalificados por un sector de la sociedad, que incluso mira con buenos ojos cuando el anterior Papa Bergoglio predicaba, no el cristianismo, sino el peronismo y el marxismo, y también mira con buenos ojos al Papa Prevost (León XIV) cuando promueve lazos amistosos con jerarcas islámicos que siguen manteniendo las directivas del Corán en el cual se sugiere evitar todo acercamiento a los "infieles". Incluso Prevost se desinteresa por la cuantiosa matanza de cristianos por parte de los seguidores de Mahoma. Todo parece indicar que Arrio estaba mucho más cerca de Cristo que los actuales "católicos marxistas" y que los "católicos islámicos".

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