A continuación se presenta un extracto de un video publicado en youtube, titulado "La Escuela de Frankfurt: Cómo 6 hombres cambiaron occidente para siempre". Se recomienda su reproducción:
Seis intelectuales marxistas se reúnen en 1923 en un instituto recién formado financiado con dinero de un millonario comunista. La función es comprender por qué la revolución proletaria fracasó en la mayoría de los países de Occidente y diseñar una estrategia alternativa para lograrlo.
Un siglo después dominan las universidades de todo el mundo Occidental. Controlan el lenguaje de los medios de comunicación, dictan las políticas culturales de los gobiernos y lo más importante determinan qué puedes decir sin ser cancelado.
¿Cómo lo lograron? No con revolución violenta. No tomaron el poder político, hicieron algo mucho más efectivo: capturaron la cultura. Lo hicieron con una estrategia tan precisa que hoy puedes rastrearla paso a paso, nombre por nombre, texto por texto. El wokismo es una de las consecuencias actuales de la ideología promovida.
Los seis intelectuales de Frankfurt que cambiaron Occidente para siempre y las ideas específicas que aportó cada uno, son los siguientes: Max Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse, Erich Fromm, Wilhelm Reich y Walter Benjamin.
Dejaron de hablar de economía, de proletariado y burguesía; en su lugar hicieron algo que Lenin nunca habría imaginado: fusionar Marx con Freud. Combinaron crítica económica con psicoanálisis, y llegaron a una conclusión revolucionaria: el capitalismo no sólo explota económicamente a la clase trabajadora, la domina culturalmente. La familia tradicional, la moral sexual, la religión, la educación, el arte; todas estas instituciones culturales funcionan como mecanismos de dominación psicológica que hacen que el trabajador acepte su explotación como natural.
Y acá está el giro que cambió todo. Si el problema es cultural, la solución debe ser también cultural. No se necesita una revolución económica violenta, se necesita una revolución cultural gradual. Se necesita capturar las instituciones culturales, universidades, medios, arte, educación, y desde ahí transformar la conciencia de Occidente.
Antonio Gramsci, marxista italiano, encarcelado por Mussolini, lo había visto primero. Llamó a esto «hegemonía cultural». La Escuela de Frankfurt convirtió la intuición de Gramsci en estrategia operativa. Pero había un problema. En 1933, Hitler sube al poder. El instituto se cierra. Los seis son judíos y deben abandonar Alemania, instalándose todos ellos en EEUU.
El instituto abre en Nueva York. amparado por la Universidad de Columbia. Horkheimer y Adorno refinan su arma más poderosa: la Teoría crítica. Es un método diseñado para criticar cada aspecto de la sociedad occidental sin proponer alternativa constructiva alguna ni posibles soluciones. Sólo señala opresión, dominación, injusticia, real o imaginada, observada en cada institución. Cada norma, cada tradición. Roger Scruton lo vio claro, no es filosofía, es destrucción disfrazada de análisis.
Horkheimer y Adorno publican «Dialéctica de la Ilustración». Esta es la base de todo lo que viene después. Su argumento central: la Ilustración, la razón, la ciencia, el progreso, no liberaron a la población, sino que la esclavizaron. La razón es una forma sofisticada de dominación. La ironía trágica es que estos refugiados de un totalitarismo consideran que la razón es totalitaria. Huyeron de un totalitarismo y dedicaron sus vidas a establecer uno de mayores alcances ya que crearon una ideología que destruiría la libertad occidental desde dentro.
Marcuse escribe «Eros y civilización» en el cual se fusiona a Marx y Freud de forma fundamental. Su argumento: la represión sexual es la base del capitalismo. La familia tradicional, la moral sexual cristiana, la monogamia, todo esto existe para reprimir los instintos naturales del ser humano y convertirlo en trabajador productivo obediente. Su solución: liberación sexual total. Destruir la familia, normalizar toda expresión sexual, sólo así el ser humano puede liberarse del capitalismo. Toda la liberación sexual de los años 60, la ideología de género actual y todo ataque a la familia tradicional, provienen de esta postura.
Erich Fromm aduce que el capitalismo produce una personalidad fascista. Cualquiera que defienda autoridad, jerarquía, tradición, es potencialmente fascista. Esta idea justifica el ataque permanente a toda estructura social tradicional. Wilhelm Reich, el más radical sexualmente, argumenta que el orgasmo es revolucionario, que la represión sexual causa fascismo, que la familia monógama es la célula del Estado fascista. Suena absurdo pero fue increíblemente influyente en la contracultura de los años 60.
Walter Benjamin se asocia al marxismo estético. Argumenta que el arte tradicional es elitista y debe destruirse. El arte debe ser reproducción masiva, política, activista. De aquí viene todo el arte contemporáneo basura que ves en museos y aquí está la jugada maestra: no atacaron al capitalismo directamente.
Marcuse no acude al proletariado para impulsar la revolución, sino a todas las minorías que se sienten oprimidas, en cualquier ámbito de la sociedad. Así, crean minorías oprimidas nuevas como las que provienen de la raza, género, sexo, y les enseñan a ver opresión en cada aspecto de la sociedad. Esta es la estrategia del wokismo actual. El victimismo es visto como una virtud.
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