domingo, 29 de marzo de 2026

Balance de los años 70

Puede decirse que el terrorismo implica acciones como el asesinato generalizado que puede abarcar tanto a culpables como a inocentes, asociando tales valoraciones a los propios terroristas. Así, cuando se coloca una bomba en un lugar público, cualquiera puede inferir que sus efectos destrurán vidas, culpables como inocentes, esta vez según una valoración a partir de otros puntos de vista.

Llama la atención que importantes porcentajes de la sociedad avalen alguna forma de terrorismo, aún sabiendo que la mayor parte de sus víctimas serán inocentes. Este es el caso de los adherentes y admiradores de ERP y Montoneros, quienes iniciaron la violencia de los años 70 previamente a ser formados ideológicamente por autores marxistas, ideología que impera en gran parte de las universidades del mundo y que incluso es promovida, bajo un disfraz cristiano, por sectores de la Iglesia Católica.

A continuación se menciona un artículo al respecto:

BALANCE DE MEDIO SIGLO: GANÓ LA GUERRILLA, NOMÁS

Por Daniel Zolezzi

Fue masiva la concentración en el aniversario número 50 del golpe de Estado que llevó al poder al último régimen militar. A medio siglo del golpe del 76, una verdad salta a la vista. Que, habiendo sido derrotada en las armas, la guerrilla, travestida ahora -ya en partidos, ora en “movimientos”- ha triunfado políticamente y lo festeja en Plaza de Mayo.

En los hechos, una parte ha sido condenada: las Fuerzas Armadas del Estado. Otra ha sido absuelta: la guerrilla que se alzó contra el Estado. Cuyos aburguesados dirigentes forman hoy parte de la clase política o integran el establishment empresarial. Que a esos círculos accedieran gracias a una fortuna habida por secuestros y asesinatos, no levanta en ellos la menor objeción.

MANIQUEISMO

Una maniquea interpretación del derecho ha determinado que iguales hechos constituyen crímenes imprescriptibles -si corrieron a cargo de las Fuerzas Armadas- o disculpables actos de la violencia, cuando los hubiera cometido la guerrilla.

En otras palabras: se les habrá ido la mano, pero eran buenos muchachos.

Y debe señalarse que muchos medios de comunicación les dan cabida para que relaten su actuar, cosa que, algunas veces, hacen con morboso lujo de detalles. Sin que a su jactancia se opongan otra cosa que un silencio que semeja un consentir.

Llegado este punto, conviene aclarar que quien escribe siempre estuvo en contra de dicho golpe de marzo del 76. Porque el decreto 261/75 autorizaba al Ejército a “aniquilar” a la guerrilla. Porque, no casualmente, el ERP -fraternal aliado de los Montoneros- acababa de sufrir un desastre en Monte Chingolo que afectaba seriamente su capacidad de fuego.

Porque, además, faltaba apenas un año para las elecciones presidenciales y, de perder el peronismo, es casi seguro que aquel radicalismo -liderado por Balbín y libre de las infecciones que luego lo afectaron- hubiera seguido aplicando las mismas normas que ordenaban aniquilar la guerrilla.

Dicho lo cual -y con la severa condena que nos merecen los excesos que cometió la represión irregular- seguimos con lo de hoy. Pues se nos pinta a la violencia guerrillera como si hubiera consistido en una resistencia popular contra gobiernos de facto. Y nada hubo de eso. Porque su idea era implantar el marxismo-leninismo. Y actuó con igual o mayor ferocidad durante el gobierno constitucional del 73/76. Así se comportó en Tucumán, Azul, Monte Chingolo, Formosa, Dirección de Sanidad, Villa María y otros cuarteles y reparticiones. Lo cual sucedía durante el peronismo y pese al enorme respaldo electoral del que gozaba.

DICTADURA MARXISTA

Lo que el marxismo vino a combatir es a la forma de República que establece nuestra Constitución. A la que procuraba reemplazar por su tiránica concepción del poder. Que, de triunfar, hubiera sido del mismo cuño de las que dictaduras que cubrieron media Europa, multiplicando los horrores del nazismo.

Era la guerra fría. Y la URSS prohijaba a los grupos armados que actuaron en su favor -y al mismo tiempo- en distintas partes del globo. Las Brigadas Rojas actuaban en Italia, Baader Meinhof lo hacia en Alemania y ETA en España sembraban el terror. Entretanto, Sendero Luminoso en Perú y las FARC en Colombia sembraban terror y comerciaban drogas.

La injerencia soviética se traslucía tras algún nombre tan folclórico como el de Montoneros. Ello, aunque se haya hecho lugar común llamar a ese grupo “peronismo de izquierda” y se ponga énfasis en recordar que algunos de sus miembros profesaran la religión católica. Sin que se pongan las cosas en su lugar. Porque que no es peronista quien asesina a verdaderos peronistas -como lo era Rucci- ni es católico quien abraza una ideología definida por el Papado como intrínsecamente perversa.

De paso, que bien se llevaba la guerrilla con el ministro Gelbard, hechura del PC, quien ocupaba la cartera de Economía. A quien Rucci planteaba seria oposición.

Más aún: se olvida, intencionalmente, el carácter elitista que tuvo la guerrilla. Universitarios de clases acomodadas asesinaban a dirigentes obreros como Rucci o Alonso, tildándolos de “traidores” a la clase obrera. Es decir, a una clase a la que ellos no pertenecían y cuyas necesidades no compartían. Elocuente esnobismo. Con igual actitud asesinaron cruelmente a humildes soldados conscriptos que, lejos de rendirse, defendieron sus cuarteles. Odio clasista guiaba a estos militantes autodenominados “clasistas”.

De los cuales, los que fueron detenidos o se refugiaron en el extranjero cobraron indemnizaciones millonarias. Mientras alguna pensión miserable se concede, en el mejor de los casos, a los soldados que los enfrentaron.

DEMONIOS ILUSTRADOS

Mucho podría agregarse. Pero es esencial dejar sentado que, en los años sesenta o setenta, nadie podía ignorar lo que se nos ofrecía bajo la envoltura de “socialismo nacional” o de marxismo a secas. Con mayor razón, si pertenecía, como la mayor parte de los guerrilleros, al sector universitario de la sociedad.

Porque ya hacía mucho que grandes espíritus, atraídos en su momento por la experiencia soviética, habían descubierto aquello en lo que consistía, repudiándola y desenmascarándola urbi et orbi. Que no eran de derecha, precisamente, sino de izquierda como André Malraux, George Orwell o Arthur Koestler. Presentes todos, valga acotarlo, en la guerra civil española, militando del lado republicano. Y combatientes del mismo, los dos primeros.

Nuestra guerrilla no podía ignorar ni su honestidad ni su advertencia, formulada décadas antes de los 70, del infierno que desataba el marxismo cuando llegaba al poder. La verdad no puede demorarse y la justicia no puede persistir en su desvío. Es cierto que hubo uniformados que actuaron mal y que en la guerrilla hubo quien, siendo muy joven, creyó en un relato cuyo fondo no estaba maduro para percibir que era perverso. Pero aquí la violencia que desató el marxismo-leninismo y sólo la purga el estamento al que legalmente le correspondía la defensa del Estado. (Dejo de lado a los apologistas de la corrupción que corrieron de Plaza de Mayo a San José 1111. Asquean y no hacen al fondo de lo que interesa).

Falsear la historia no es gratuito. La Argentina no puede sentarse sobre una ficción. Si es que quiere salir adelante, debe asumir las cosas como fueron y como son. Y actuar consecuentemente.

(De www.laprensa.com.ar)

No hay comentarios: