domingo, 8 de marzo de 2026

Mirar defectos propios vs. Mirar defectos ajenos

En una época de conflictos humanos y sociales, existe una necesidad imperiosa de una mejora ética generalizada a nivel individual. Para llevarla a cabo es imprescindible que cada uno se ocupe por mejorar individualmente en lugar de intentar primero mejorar a los demás. La prevalencia de esta última opción se debe a que, si uno realiza una encuesta en la cual cada individuo opina sobre su propio comportamiento, seguramente la mayoría tendrá una buena o muy buena opinión de sí mismo, aun cuando los resultados observados en el conjunto parecen desmentir tal optimista opinión.

Si cada uno tiene una óptima opinión de sí mismo, está aceptando tácitamente que tiene poco, o nada, por mejorar y que por ello tiene la legítima opción de intentar mejorar al próximo según su propio criterio de vida. Además, puede culpar de todos los males al gobierno de turno, a la sociedad o a la humanidad toda ante los inconvenientes que se observan día a día.

Por lo general, el que toma como referencia a la ética bíblica, generalmente evita adoptar el "Amarás al prójimo como a ti mismo", sino que se atendrá al "No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti", ya que el "no hacer" implica una actitud ética neutral, mientras que lo necesario es hacer el bien de alguna forma.

Quienes adoptan la creencia generalizada en el relativismo moral, carecen de una referencia para la mejora ética que se necesita, ya que se orientan en forma instintiva en sus propios deseos u objetivos sin apenas tener presentes los efectos que tal actitud ha de provocar en los demás.

La mejor forma de intentar mejorar a los demás implica mejorar uno mismo y luego, a través del ejemplo, posiblemente logre alguna mejora en los demás.

A nivel grupal existe algo parecido en el sentido de priorizar los defectos del "enemigo" en lugar de intentar una mejora sectorial. Así, la existencia del socialismo parece consistir en la búsqueda de la destrucción del capitalismo, si bien en los últimos tiempos tal destrucción está orientada hacia la civilización occidental; un objetivo de mayor alcance todavía.

También el totalitarismo islámico parece no tener otra finalidad que la expansión mundial de su ideología, sin apenas tener presente los efectos que provocará en personas que se guían más por las leyes naturales y la tradición, y que no les será fácil abandonar tal referencia para aceptar una ideología que promueve la violencia como parte esencial de tal expansión.

Debido a que es posible hablar de la existencia de una actitud generalizada en los distintos grupos, puede advertirse que las personas más influenciables pronto adquieren la actitud del grupo al que adhieren. Esto se observa en el caso del comportamiento masificado en las hinchadas de fútbol. Juan José Sebreli escribió al respecto: “Esta estructura de la barra juvenil futbolística es análoga a la de la pandilla juvenil de los movimientos totalitarios: fidelidad al líder, adhesión al grupo hasta perder la propia individualidad, obediencia al ritual, agresividad hacia el adversario, total falta de sentido crítico, irracionalidad”.

“La agresividad hacia el contrario es en la barra un elemento tan necesario como la solidaridad entre sus miembros. La identificación negativa con el equipo contrario es el complemento de la identificación positiva con el propio, el odio la otra cara del amor. El carácter sadomasoquista del hincha se expresa por el lado masoquista como una necesidad de subordinación al líder de la barra que lo utiliza como instrumento pasivo, y por el lado sadista como necesidad de destrucción del adversario”.

“Cuanto más confuso es el sentimiento de identidad del hincha, más debe identificarse con signos exteriores y notorios –los colores del club, la camiseta, la insignia, el banderín y tanto más debe ser intolerante hasta la crueldad con el que ostenta los signos contrarios: tener la osadía de pertenecer a un cuadro distinto del suyo, es vivido como un ataque hacia él mismo, puesto que el club y él son una sola y misma persona”.

“La necesidad psicológica del exagerado conformismo y adaptación al endogrupo –el cuadro propio- exige el rechazo del exogrupo, los demás cuadros. La pasión futbolística es, por lo tanto, un impulso etnocéntrico elemental que concibe rígidamente al endogrupo –grupo humano primario, familia, barrio, barra- al que pertenece o con el cual se identifica como depositario de todas las virtudes, y al exogrupo –grupo al que no se pertenece- como representación de lo repudiable. Una de las formas que adopta el ataque al adversario es la burla colectiva del día lunes al hincha cuyo club perdió, por sus compañeros de trabajo o estudio” (De "Fútbol y masa"-Editorial Galerna-Buenos Aires 1981).

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