El proceso de masificación de las personas no sólo afecta a las poco instruidas sino también a aquellas con nivel educativo universitario, siendo el hombre masa quien adopta como referencia cognitiva, no a la propia realidad, sino a lo que dice o piensa la mayoría. De ahí que tal actitud produce efectos negativos en individuos y sociedades.
En la década de los 50, Solomon Asch establece un experimento de Psicología Social en el cual, en un aula, junta a diez individuos que habrán de comparar la longitud de tres líneas distintas (A, B y C) con otra tomada como referencia. De las diez personas, nueve son actores que, en forma premeditada, opinan erróneamente respecto de algo bastante evidente, mientras encuentra que el décimo participante, inadvertido de la situación, muchas veces comparte la opinión errónea de "la mayoría". Así, el 75% de los "invitados" compartió el error al menos una vez. Como conclusión, cerca del 37% de las respuestas se unieron al error del grupo.
Los participantes admitieron posteriormente que sabían que el grupo estaba equivocado, pero optaron por sumarse al error para no ser "distintos". Al respecto se concluye:
"El cerebro prefiere mentirse antes que soportar el destierro social".
"Cede su criterio para diluirse en la masa y evita la angustia del aislamiento moral"
(De YouTube: "Como hemos llegado a que la gente dude de sus propios ojos" de PsicoStick).
Si en la vida real el proceso de masificación tuviera porcentajes similares al del experimento de Asch, no debería extrañarnos de que grandes porcentajes de la población apoyen electoralmente a políticos totalitarios o que en algunas elecciones Hitler lograra más del 90% de los votos emitidos.
Así como en muchas personas predomina cierta negligencia para el trabajo, existe una negligencia similar respecto del pensamiento y de todo proceso cognitivo, resultando más fácil sumarse a lo que dice o piensa la mayoría, con la supuesta "ventaja" de no sentirse marginado de alguna forma de la sociedad, si bien ha de ser la mayoría la que ha de quedar marginada de la realidad. De ahí la expresión escuchada últimamente de que la sociedad adopta opiniones generalizadas casi demenciales.
Los sectores masificados, por lo general, buscan un líder que piense por ellos. Leemos al respecto: "Una serie de experimentos realizados en la década de 1970 ayudaron a Henri Tajfel a reconocer que la gente muestra una lealtad considerable a grupos arbitrarios por razones en apariencia sin importancia (el mismo color de pelo, el lugar de nacimiento o incluso al hecho de pertenecer al mismo grupo por decisión de uno de los responsables del experimento). Es lo que se conoce como «identidad social». Esos grupos necesitan líderes. En la década de 1990, el psicólogo norteamericano Michael Hogg descubrió que los miembros del grupo no eligen al «mejor y más brillante», sino a un individuo medio con el que la mayoría de los miembros del grupo puedan identificarse".
"Cuando están en el poder, los líderes se convierten necesariamente en alguien distinto a sus compañeros y van cada vez más lejos para demostrar que son como su grupo. Esa podría ser la razón por las que los eslóganes nacionalistas (e incluso el racismo sin tapujos) suelen ser estrategias políticas eficaces. Al definir a su grupo en términos exclusivos, los líderes refuerzan su identidad social y su poder" (De "50 Teorías psicológicas fascinanttes y sugerentes"-Varios Autores-Art Blume SL-Barcelona 2011).
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