domingo, 2 de agosto de 2026

Crisis europea: ¿espontanea o promovida?

La importante inmigración musulmana y africana no selectiva, en Europa, mejor llamada "invasión", amparada en el "multiculturalismo", resulta ser un proceso altamente negativo y destructivo para varias naciones europeas. Dicho proceso, dada su amplia trascendencia, no parece ser un proceso nacido en forma espontanea, sino promovido por sectores con fuertes medios económicos y políticos.

Al respecto leemos: "El globalismo no es globalización, sino una demoledora ideología que supone el más ambicioso proyecto de ingeniería social y control total en curso. Institucionalizada en organizaciones que, por definición, no tienen ni patria ni territorio ni pueblo, esta ideología pretende parir un régimen político antidemocrático de alcance global. Así la soberanía de las naciones se redistribuye entre organizaciones supranacionales como el Foro Económico Mundial o la ONU con su agenda 2030, liberadas de las limitaciones de los intereses particulares de los pueblos, para coordinar las transformaciones necesarias para nuestra supervivencia. El globalismo también propone nuevas formas de legitimidad basadas en la tecnocracia y la supuesta filantropía de organizaciones como la Fundación Gates, la Open Society de Soros, y la Fundación Rockefeller" (De "Globalismo" de Agustín Laje-HarperEnfoque-Nashville 2024).

El colectivismo en un país implica la existencia de un mando central totalitario que tiende a anular toda acción individual. De ahí que el globalismo puede ser considerado como un colectivismo de naciones con un mando central que tiende a anular toda acción a nivel de los países. Thorsten Polleit escribió:

Desde el inicio, es fácil ver que el globalismo –que también puede ser llamado globalización política– no tiene absolutamente nada que ver con la globalización económica.

Globalización económica significa libre comercio y libre mercado. Se trata de un arreglo que no sólo no necesita de la intervención de los gobiernos y burócratas, funciona mucho mejor sin ellos. Yendo más lejos, se trata de un arreglo que surge naturalmente cuando no hay políticos y burócratas imponiendo obstáculos a las transacciones humanas.

El globalismo es exactamente lo contrario: Se trata de un arreglo que sólo existe por causa de políticos y burócratas. Sería impensable realizar el globalismo si no hubiese políticos y burócratas.

El globalismo es una política internacionalista, implantada por burócratas, que ven el mundo entero como una esfera propicia para su influencia política. El objetivo del globalismo es determinar, dirigir y controlar todas las relaciones entre los ciudadanos de varios continentes por medio de intervenciones y decretos autoritarios.

Ese es el argumento central del globalismo: Lidiar con los problemas cada vez más complejos de este mundo –que van desde crisis económicas hasta la protección del ambiente– requiere un proceso centralizado de toma de decisiones, a nivel mundial. Consecuentemente, las leyes sociales, laborales y reglamentaciones económicas deben ser “armonizadas” alrededor del mundo por un cuerpo burocrático supranacional, con la imposición de legislaciones sociales uniformes y políticas específicas para cada sector de la economía de cada país.

El Estado –Nación– en la condición de representante soberano del pueblo, se tornó obsoleto y debe ser sustituido por un poder político transnacional, globalmente activo e inmune a los deseos del pueblo.

Obviamente, la filosofía detrás de esa mentalidad es puramente socialista-colectivista.

Representa también el pilar de la Unión Europea (UE). En última instancia, el objetivo de la UE es crear un súper-Estado europeo, en el cual las naciones-Estado de Europa se irían disolviendo como cubos de azúcar en una cuchara caliente de té. Fue principalmente de eso que los británicos querían huir.

Al menos para el futuro próximo, este sueño burocrático llegó a su fin. El deseo de imponer una uniformidad se hundió en medio de una dura y difícil realidad política y económica. La UE está pasando por cambios radicales –culminando con una decisión de los británicos de salir de ella– y puede incluso entrar en colapso dependiendo de los resultados electorales en algunos importantes países europeos (Francia, Holanda, Alemania y posiblemente Italia).

Con Donald Trump en la presidencia americana no hay ningún apoyo intelectual de los EUA al proyecto de unificación europea. El cambio de poder y de dirección en Washington disminuyó el poder de influencia de los globalistas –lo que permite alguna esperanza de que una futura política exterior americana sea menos agresiva en términos militares. Trump –al contrario de sus predecesores– al menos no parece querer imponer un nuevo orden mundial. (Escrito en 2017)

Por otro lado, los defensores de la globalización económica tienen motivos para estar preocupados. El gobierno de Trump viene amenazando con medidas proteccionistas -mayormente en la forma de tarifas de importación– para supuestamente estimular el empleo y la producción en los EUA, igualmente con toda la teoría y realidad económica demostrando que el efecto será el opuesto.

Tamaña interferencia en la globalización económica, lo que representaría un retroceso en el tiempo, no sólo sería un ataque a la prosperidad, sino también puede degenerar en conflictos políticos, reencarnando antiguas riñas y contiendas. No es necesario ser así.

Para atacar e incluso aniquilar el globalismo no es necesario atacar y hacer retroceder la globalización económica.

La globalización es Steve Jobs, Jeff Bezos y Michael Dell; el globalismo es George Soros, el CFR, la Comisión Trilateral, los Rockefeller, los Rothschilds y la ONU.

Conclusión

Al paso que el globalismo representa el autoritarismo y la centralización del poder político en escala mundial, la globalización económica –que no es más que la división del trabajo y el libre comercio– representa la descentralización y la libertad, promoviendo una productiva y, aún más importante, pacifica cooperación más allá de las fronteras.

La restricción a la globalización económica –es decir, el proteccionismo– no es más que el miedo de los incapaces ante la inteligencia y las habilidades ajenas. Tal postura, además de moralmente condenable, por ser cobarde, es también extremadamente peligrosa. Como ya advertía Bastiat, si, en vez de permitirnos los beneficios de la libre competencia y del libre comercio, comenzamos a actuar incisivamente para impedir el progreso de otras naciones, no deberíamos sorprendernos cuando buena parte de esa inteligencia y habilidades que combatimos por medio de tarifas y restricciones de importaciones acabe volviéndose contra nosotros en el futuro, produciendo armas para guerras en vez de más y mejores bienes de consumo que ellos quieren y pueden producir, los cuales nosotros queremos voluntariamente consumir.

Como también dijo Bastiat, cuando los bienes dejan de cruzar las fronteras, los ejércitos lo hacen.

Por eso es de extrema importancia salvaguardar la globalización económica.

(Fragmentos de www.mises.org.es)