Así como existe una ética natural respecto de la cual surgen diversas aproximaciones, puede decirse que existe una economía natural respecto de la cual se establecen diversas descripciones a fin de establecer optimizaciones de la misma. La economía natural es aquella en que individuos libres establecen intercambios de bienes y servicios, proceso conocido como "economía de mercado", siendo el "mercado" el lugar de los intercambios, si bien posteriormente tal palabra significa, simbólicamente, todo el proceso de intercambios sin especificar un lugar determinado.
La economía de mercado admite ser considerada como un sistema autorregulado, con realimentación negativa, cuyas causas son controladas por los efectos. Ello implica que los precios de los bienes y servicios que se intercambian, tienen la posibilidad de controlar la producción y el consumo de los mismos, es decir, los precios controlan la cantidad de oferta y la cantidad de demanda. Se dice que los precios llevan consigo una importante información que ha de orientar las decisiones tanto de los productores como de los consumidores.
En la ciencia económica, como parte de las ciencias sociales, aparecen teorías descriptivas del proceso de mercado en las cuales se identifican las variables que intervienen en el proceso a fin de lograr una optimización del mismo. Se dice que son teorías por cuanto son inherentes sólo a los aspectos económicos del proceso. Pero, como tal teoría implica decisiones humanas que provocarán ciertos efectos de la sociedad, permite la introducción de doctrinas con aspectos extraeconómicos que tratan de adaptar la economía a las necesidades de la población.
Mientras una teoría económica busca, posteriormente a su publicación, ciertas justificaciones ideológicas o doctrinales, una doctrina parte incialmente de ciertas ideas sociales a las cuales debería responder la economía propuesta. Jorge E. Fernández-Pol escribió: "Una doctrina económica es una filosofía de vida económica cristalizada en un conjunto de principios que se enseñan como verdaderos y del que no se admite que vaya a cambiar sustancialmente a la luz de experiencia nueva".
"Dos puntos deben enfatizarse. En primer lugar, una doctrina económica tiene como cometido influir sobre los seres humanos, convencerlos de sus bondades y autoperpetuarse incorporando más y más cultores a sus filas. Y, en segundo lugar, una doctrina económica no carece de fundamento científico, pero predomina la creencia sobre la ciencia" (De "Economía para no economistas"-Editorial Tesis SA-Buenos Aires 1986).
Mientras que existen personas que creen en la superioridad de una ética natural ante una artificial, también existen personas que descartan la existencia de una ética natural, que deberíamos describir, por lo cual proponen una ética artificial, que deberíamos crear. En economía sucede algo similar, ya que existen economistas que aceptan la existencia de un proceso natural, espontáneo, mientras que otros descreen en su existencia y proponen economías "artificiales" en su lugar. Desde el punto de vista de la ciencia experimental, resulta aconsejable adoptar una economía, natural o artificial, que produzca los mejores resultados.
Entre las economías naturales encontramos el liberalismo asociado a la Escuela Austriaca de Economía, que esencialmente propone la no intervención del Estado para no entorpecer o bien destruir el sistema de información asociado a los precios de mercado, como ocurre cuando el Estado emite billetes que luego generan inflación o también cuando, mediante mecanismos bancarios, se ofrecen créditos más allá de los reales ahorros de la población, existentes en el sistema bancario. Los nombres más representativos son los de Ludwig von Mises y Friedrich von Hayek. El proceso económico libre de posibles distorsiones estatales se conoce como "la mano invisible", denominación que proviene desde las épocas de Adam Smith.
La principal economía "artificial" es la propuesta por Karl Marx y se basa en "la mano visible" del Estado, que reemplaza y anula el proceso autorregulado de la economía de mercado. En este caso se advierte la existencia de una doctrina política que ignora completamente la espontaneidad que la propia naturaleza humana favorece para establecer los intercambios libres. El rechazo actual, por parte de la mayoría de los países, no se debe a que se trata de una doctrina política a la cual debería adaptarse la economía, sino a los pobres resultados tanto políticos como económicos que produjo a lo largo y a lo ancho del mundo.
Otras economías propuestas, vigentes actualmente, son el keynesianismo y el monetarismo. Mientras que el keynesianismo, propuesto por John Maynard Keynes, descree de la economía libre, proponiendo cierta influencia estatal, el monetarismo de Milton Friedman acepta la economía de mercado si bien propone cierta intervención monetaria desde el Estado.
Jorge E. Fernández-Pol resume estas últimas propuestas económicas:
"Dos aspectos deben recordarse sin titubeos: primero, el núcleo de una doctrina económica contiene más convicciones (afirmaciones subjetivas) que enunciados científicos (afirmaciones objetivas); segundo, y más dramático si cabe, a pesar de que la vigencia de los enunciados científicos suelen evaporarse con el transcurso del tiempo, las convicciones quedan".
"Las convicciones centrales del keynesianismo son: «Los principales inconvenientes de la sociedad económica en que vivimos son su incapacidad para proporcionar el pleno empleo y su arbitraria y desigual distribución de la riqueza y los ingresos»".
"El grupo de convicciones básicas puede condensarse en la siguiente triada: primero, el Estado tiene que modelar la propensión al consumo (mediante su sistema impositivo, fijando la tasa de interés e, incluso, por otros medios); segundo, debe socializarse el proceso de inversión (único medio de garantizar el pleno empleo); y, finalmente, al Estado no le conviene asumir la propiedad de los medios materiales de producción (rechaza la tesis nuclear del marxismo)".
En cuanto al monetarismo:
"Grosso modo, el monetarismo engloba tres convicciones principales, a saber":
1- El mejor modo de organizar la actividad económica es por conducto de mercados competitivos, porque estimulan el egoísmo («Cada cual por su lado») y el darwinismo económico («Sólo los mejor adaptados sobreviven y merecen sobrevivir a la competencia económica»).
2- Oposición a la mayoría de los tipos de regulación de la economía, particularmente, porque las políticas gubernamentales encaminadas a disminuir las desigualdades socio-económicas no son operativas.
3- El sistema monetario ocupa una posición focal en la economía de un país y su variable clave es la tasa de expansión de la oferta monetaria. (De "Economía para no economistas")
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario