lunes, 10 de agosto de 2026

Ética práctica

Tanto en el ámbito de la filosofía como en el de la religión, encontramos escritos que carecen totalmente de sentido práctico, incluso pareciera que están destinados a ser leídos por especialistas careciendo de interés para el público en general. En el caso de la religión moral, o bíblica, tienden a reemplazar las prédicas evangélicas constituyendo una filosofía antes que una teología. Así, mientras algunos filósofos reclaman por una "filosofía práctica", en el ámbito del cristianismo se reclama una "religión práctica" que contemple una forma de vida, y una visión del mundo, accesibles a todo habitante del planeta, dejando de lado los henredos teológicos que enmascaran totalmente las prédicas originales del Evangelio.

Gran parte de los libros sobre ética, poco o nada mencionan a la ética natural o cristiana. Ello se debe principalmente a que los diversos autores no desean tener conflictos con los predicadores cristianos. También existe un grupo numeroso de autores que, poco adeptos a la religión, la rechazan en forma total, incluida la ética observable y eficaz derivada de la empatía emocional. Incluso desde las autoridades de la Iglesia se rechaza que el cristianismo sea una ética, a pesar de las evidencias de los mandamientos bíblicos. Así, Jorge Bergoglio expresó en Twitter: “Ser cristianos no es ante todo una doctrina o un ideal moral, es la relación viva con el Señor Resucitado” (18/4/21).

Puede decirse que una ética es una forma de vida que apunta hacia algún objetivo concreto, como es el logro de la felicidad, del placer o de la inmortalidad, mientras que la moral ha de ser el grado de aceptación concreta que se le otorga a una ética determinada. En el caso del cristianismo, la ética propuesta apunta hacia la vida eterna, pero el cumplimiento de los mandamientos conduce a la felicidad en primera instancia. Benedetto Croce escribió: "El cristianismo, concibiendo como insociables placer y deber, naturaleza y moralidad, prestó un gran servicio, no sólo al progreso general de la civilización, sino que también muy en particular al de la ética".

"El contraste cristiano de los dos términos [utilidad y moralidad] agita toda la ética moderna, desde el Renacimiento hasta comienzos de la décima nona centuria, y también (salvo algunas excepciones) en tiempos más próximos a nosotros. Y por tal motivo, se disciernen en él las dos direcciones, según que prevalezca uno u otro término del contraste, y se niega la moralidad por la utilidad, resolviéndola en la última, o se niega la utilidad por la moralidad, el placer por el deber. Esta última es la ética rigorista, nacida por filiación directa del cristianismo y de los elementos ascéticos orientales que a él confluyeron; la otra es el utilitarismo, hijo también, aunque espúreo, de la distinción o dilaceración introducida por el cristianismo en la antigua unidad de deber y placer, virtud y felicidad" (De "Filosofía práctica"-Ediciones Anaconda-Buenos Aires 1942).

El citado autor, si bien pareciera buscar lo simple y lo práctico, no logra tal objetivo. La sencillez de la ética se extrae de la evidencia ante la existencia de las cuatro actitudes emocionales básicas: amor, odio, egoísmo e indiferencia. Luego, como la primera produce mejores resultados que las demás, la elegimos para que constituya una ética natural, tal el "Amarás al prójimo como a ti mismo", o bien: Compartirás las penas y las alegrías ajenas como propias. La actitud que debe predominar en cada uno de nosotros es una predisposición antes que un deber hacia todo ser humano, ya que, generalmente, no todas las personas ofrecen la posibilidad de concretar el ideal implícito en esa predisposición.

Las actitudes básicas del ser humano se hacen evidentes ante la visión ofrecida por la Psicología social, pudiéndose decir que, a través de esta rama de las ciencias sociales, se llega a una efectiva unión entre psicología y religión moral. Así, Jaime E. Giles escribió: “Es peligroso tratar de separar la religión de la ética. Los sistemas religiosos que no reconocen la importancia de la ética caen en el ritualismo, y los sistemas éticos que no se basan en la religión se vuelven impotentes para resolver los problemas básicos del hombre”.

“La psicología y la ética tratan de determinar el motivo de las acciones del hombre. La ética y la psicología se suplementan la una a la otra. La psicología puede colaborar con la ética cristiana, dándole una comprensión más profunda de las prácticas del hombre; la ética cristiana puede ayudar a la psicología, haciéndole reconocer que una adecuada filosofía de la vida y la salud mental no se logran sino respetando ciertas leyes básicas que son por naturaleza morales” (De “Bases bíblicas de la Ética”-Casa Bautista de Publicaciones-Cali 1965).

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