Mientras que el pensamiento libre, o natural, implica basarse en el conocimiento de leyes naturales, determinando las causas que conducen a ciertos efectos, existe una especie de "lavado de cerebro colectivo" mediante el cual se adopta un "principio artificial" para describir los distintos fenómenos sociales orientando las decisiones al respecto. El principal "principio artificial" vendría a ser la "ley de Marx generalizada", la cual supone que en todo fenómeno social puede distinguirse entre opresores y oprimidos, incluso en aquellas situaciones en donde resulta absurda tal asignación. El hombre cooptado por tal ideología tiende, casi como una obsesión, a buscar parejas de opresores-oprimidos ante la fe profunda en la validez de tal principio.
Bajo el denominado "feminismo" actual, necesariamente se ha de encontrar en la estructura familiar un opresor y un oprimido, resultando el hombre el opresor y la mujer la oprimida. Recientemente, en los EEUU, una mujer asesina a sus tres hijos pequeños, lo que puede resultar un caso de locura individual como a veces sucede. Sin embargo, grupos "feministas" han apoyado y justificado tal acción considerando que la mujer se sentía sometida al arduo trabajo de cuidar a sus hijos adoptando tal "decisión liberadora". El numeroso grupo "feminista", que juntó 1 millón de dólares para pagar abogados que la liberen, aducen que "El sistema le falló" mientras la asesina "Suplicaba por ayuda". Agustín Laje comentó que se la "exime de responsabilidad por sus actos, ya que el patriarcado la presionó" (De YouTube: "Mató a sus tres hijos y las feministas la aplauden").
Mientras las "feministas" aceptan el aborto sin ningún cargo de conciencia, han dado un paso adelante por cuanto ahora parecen aceptar el asesinato de niños pequeños mostrando una peligrosa continuidad. Basta que se "ponga de moda" tan aberrante situación, para que miles o millones de "feministas" en todo el mundo, ideologizadas suficientemente, adopten o promuevan el asesinato de niños pequeños en cuanto afecten la "tranquilidad y la libertad" de sus respectivas madres.
En cuanto al vínculo entre marxismo y "feminismo", Agusín Laje escribió: "¿Qué nos dice Engels en una palabra? Pues que es la aparición de la propiedad privada la que derroca el «paraíso comunista matriarcal» y nos trae el régimen de dominación masculina. La propiedad privada, causal de la explotación de las clases, es causal también de la explotación de los sexos. «El derrocamieno del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción», escribía Engels".
"Es llamativo el parangón lingüístico que se hace con el conflicto de clases. Parece, en efecto, que se estuviera hablando exactamente de lo mismo, y de hecho tendrían, según la teoría marxista, el mismo origen en la existencia de la propiedad privada. ¿Y si coinciden en el origen, no deberían coincidir por añadidura en las formas de provocar su final? Si algo faltara para terminar de sellar el mentado parangón, Engels imprime una oración determinante: «El hombre es en la familia el burgués; la mujer representa en ella al proletariado»".
"La operación hegemónica no puede ser más clara: lucha de sexos y lucha de clases tienen origen en lo mismo y deben en consecuencia unirse para acabar con el sistema que reproduce la dominación de las partes subalternas claramente identificadas: mujeres y obreros" (De "El libro negro de la nueva izquierda" de Nicolás Márquez y Agustín Laje-Grupo Unión-Buenos Aires 2016).
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