miércoles, 26 de agosto de 2026

Tendencias históricas en psicología

A lo largo de la historia de la psicología han aparecido distintos puntos de partida para la descripción del comportamiento humano, distinguiéndose las siguientes dos posturas básicas:

1- Dualidad cartesiana: el cuerpo y la mente son entidades separadas
2- Psicología para personas enfermas y psicología para personas sanas

Respecto de la primera condición, Antonio R. Damasio escribió: "Este es el error de Descartes: la separación abismal entre cuerpo y mente, entre la sustancia medible, dimensionada, mecánicamente operada e infinitamente divisible del cuerpo, por una parte, y la sustancia sin dimensiones, no mecánica e indivisible de la mente; la sugerencia de que un razonamiento, juicio moral y sufrimiento derivado de dolor físico o de alteración emocional pueden existir separados del cuerpo. Específicamente: la separación de las operaciones más refinadas de la mente de la estructura y operación de un organismo biológico" (De "El error de Descartes"-Editorial Andrés Bello-Santiago de Chile 1996).

Wilhelm Wundt fue el iniciador de la psicología científica, ya que previamente existían descripciones de tipo filosófico sin intentar alguna forma de verificación experimental, lo que no implica que todo lo no verificado debía ser erróneo. Al respecto, Miguel Martínez Miguelez escribió: "Wundt, fundador del primer laboratorio de psicología, fue considerado la figura más influyente de la psicología científica durante más de cuatro décadas. En aquellos años fue el representante de la llamada «corriente elementalista», según la cual todas las funciones de la mente podían analizarse reduciéndolas a determinados elementos específicos" (De "El paradigma emergente"-Editorial Gedisa SA-Barcelona 1993).

Durante inicios del siglo XX "el pensamiento psicológico estaba dominado por dos influyentes escuelas, el conductismo y el psicoanálisis, muy diferentes en cuanto a sus métodos e ideas sobre la conciencia, y, sin embargo, adscritas, en su esencia, al mismo modelo newtoniano de la realidad".

"De una manera particular, el conductismo representa el punto culminante del enfoque mecanicista en psicología. Basándose en un conocimiento detallado de la fisiología humana, los conductistas crearon una «psicología desprovista de mente», una versión más complicada de la máquina humana de La Mettrie. Los fenómenos mentales quedaban reducidos a modelos de comportamiento, y éste era el resultado de varios procesos fisiológicos regidos por las leyes de la física y la química. John Watson, fundador del conductismo, se hallaba muy influido por ciertas tendencias de las ciencias biológicas que se desarrollaron a fines del siglo XIX".

"Watson pretendía dar a la psicología la categoría de ciencia natural objetiva, y con este fin se apoyó lo más que pudo en la metodología y los principios de la mecánica newtoniana, el ejemplo más acabado de rigor y objetividad científica. Para lograr someter los experimentos psicológicos al criterio utilizado por los físicos, los psicólogos tenían que centrar su atención exclusivamente en los fenómenos que podían ser reconocidos y descritos por observaciones independientes".

"En su opinión, todo el concepto de conciencia que resultaba de la introspección tenía que ser excluido de la psicología, y todos los términos relacionados con este concepto, como «mente», «pensamiento» y «sentimiento» tenían que ser eliminados de la terminología psicológica" (De "El paradigma emergente").

El continuador del pensamiento de Watson fue B.F. Skinner. Martínez Miguelez escribe al respecto: "Aunque el título de la obra de Skinner se refiere explícitamente al comportamiento humano, los conceptos que en su libro se discuten se apoyan casi exclusivamente en experimentos de condicionamiento realizados con ratas y palomas".

En cuanto al psicoanálisis de Freud, puede decirse que parte de una visión típica de los médicos que apunta a solucionar problemas mentales de personas enfermas. Martínez Miguelez escribe: "El psicoanálisis, la otra escuela dominante de la psicología en el siglo XX, no tiene su origen en la psicología, sino en la psiquiatría, ciencia que en el siglo XIX ya se hallaba firmemente establecida como una rama de la medicina. En aquel entonces los psiquiatras estaban totalmente comprometidos con el modelo biomédico y dirigían todos sus esfuerzos a encontrar una causa orgánica para todos los trastornos mentales".

El giro hacia una psicología que apuntara a la descripción de personas sanas, y no sólo a las enfermas, está asociado a psicólogos como Abraham Maslow, Carl Rogers y Vikor Frankl, entre otros. Leemos en el libro antes citado: "Uno de los movimientos más vitales y entusiastas que surgió de la insatisfacción con la orientación mecanicista del pensamiento psicológico es la orientación de la Psicología Humanista, promovida especialmente por Abraham Maslow. Maslow se había formado en la escuela conductista y en ella trabajó profesionalmente durante cierto tiempo, «hasta que -son sus palabras- no la soporté más y la arrojé fuera de mí»".

"Maslow rechazó, igualmente, la concepción freudiana del hombre como ser dominado por sus bajos instintos y criticó a Freud porque sus teorías acerca del comportamiento las había obtenido del estudio de individuos neuróticos y psicóticos. En su opinión, las conclusiones basadas en la observación de los aspectos peores, en lugar de los mejores, de los seres humanos, tendrían como resultado inevitable una visión deformada de la naturaleza humana. «Freud nos ha proporcionado la mitad enferma de la psicología -escribió- y ahora tenemos que completarla con la mitad sana»".

Una alternativa interesante surge de la visión de la Psicología Social, o Psicología de las Actitudes, ya que, a partir de la definición de Actitud característica y de sus componentes emocionales y cognitivas, es posible acceder a una ética compatible con la ética bíblica. Se establece así una postura muy accesible al entendimiento que puede ayudar a resolver los serios problemas que afectan a la mayor parte de la humanidad; problemas derivados esencialmente de un alejamiento mental, a nivel individual, de las leyes naturales elementales que rigen a todos y a cada uno de los habitantes de este planeta.

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