domingo, 15 de mayo de 2022

El Estado para el individuo vs. El individuo para el Estado

Una forma alternativa de describir la diferencia esencial entre democracia liberal y totalitarismo consiste en observar que, en el primer caso, se considera que el Estado debe existir pensando en los beneficios que ha de otorgar a todo integrante de la sociedad. En el segundo caso, por el contrario, se supone que es el individuo el que debe renunciar a sus beneficios personales buscando el beneficio del colectivo, a través del Estado.

Desde la postura democrática no se advierte que necesariamente exista una oposición entre los intereses personales y los sociales, mientras que, desde la postura totalitaria, se supone que todo beneficio individual necesariamente se ha de oponer a los intereses de toda la sociedad, tratando de justificar, de esa forma, el gobierno mental y material, de quienes dirigen el Estado, sobre el resto de la sociedad. Giacomo Martina escribió: "El nacionalismo es ante todo la consecuencia de la concepción hegeliana del Estado ético, encarnación del espíritu absoluto, desligado de toda forma trascendente, fuente de todos los derechos y superior a la persona".

"Como decía en 1919 un notable jurista italiano de extrema derecha, Alfredo Rocco, la persona es únicamente «órgano de la nación, instrumento, medio para los fines nacionales, elemento transeúnte e infinitesimal de la nación, célula del organismo nacional», mientras que la nación por su parte «tiene una tarea que cumplir: la de perfeccionarse y desarrollarse...El nacionalismo es, así, una doctrina de deber y de sacrificio; deber de la nación de cumplir su misión para con la humanidad, deber del individuo de dar cuanto tiene, sus bienes, su actividad, su vida, por la nación de la que es célula y órgano»".

"El nacionalismo tomó formas diversas en los distintos países, pero por todas partes fue transformando el amor a la patria en culto idolátrico a la patria, que envuelve el Estado con una autarquía espiritual y material, considera la coexistencia pacífica como una utopía, fomenta el desprecio hacia otros pueblos, agudiza peligrosamente las cuestiones de prestigio y tiende a concebir la política internacional sobre la base de la violencia" (De "La Iglesia, de Lutero hasta nuestros días"-Tomo IV-Ediciones Cristiandad-Madrid 1974).

En la antigüedad, cuando no existían los Estados modernos, y las leyes existentes eran las impuestas por la religión, existía también la división entre quienes consideraban que la religión estaba al servicio del individuo y los que admitían que el individuo debía estar al servicio de la religión, por lo que Cristo expresó que "el día festivo ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el día festivo".

Entre los promotores de los totalitarismos aparecen quienes tienen ilimitadas ansias de poder, por una parte, y también el hombre-masa que observa en el Estado la posibilidad de trascender en la historia aún siendo una pequeña parte del mismo, renunciando además a toda posibilidad de trascender en forma individual. Buscando que tampoco trasciendan los demás, excepto los líderes políticos totalitarios.

Mientras que el ideal democrático se conforma con individuos que se sienten "ciudadanos del mundo", el egoísmo básico de todo el que apoya el nacionalismo lo conduce a sentirse solamente ciudadano de su propia nación. Cuando el egoísmo se acentúa, llega la etapa del odio al extranjero y a los demás países, lo que ha de conducir a conflictos armados, como ha sido frecuente durante la mayor parte de la historia de la humanidad.

sábado, 14 de mayo de 2022

Variantes libertarias

Bajo el título de liberales o libertarios, existe una amplia variedad de posturas, principalmente respecto del rol del Estado en la sociedad. Además del punto de vista económico, existen divergencias respecto del punto de vista cultural o moral, por lo que las posturas y los posteriores desencuentros se amplían bastante.

Por lo general, cuando se habla de liberalismo, sus defensores presuponen que se trata de la postura a la que ellos adhieren. Sin embargo, unos proponen una economía de mercado con un Estado presente mientras que otros promueven la abolición del Estado. En el primer caso implica que el Estado interviene hasta el preciso momento en que puede perturbar el proceso autorregulado del mercado. De ahí que Ludwig von Mises acepta la existencia de empresas estatales, siempre y cuando se rijan por el mercado, escribiendo al respecto: “Si en una sociedad basada sobre la propiedad privada de los medios de producción algunos de éstos pertenecen al gobierno o a las municipalidades y son manejados por ellos, no se puede hablar de un sistema mixto que combina socialismo con propiedad privada. Mientras sólo estén en manos del Estado algunas empresas, permanecerán las características de la economía de mercado que determinan la actividad económica. En este caso también las empresas públicas, como compradoras de materias primas, bienes semielaborados y trabajo, y como vendedoras de bienes y servicios, deben adaptarse al mecanismo de la economía de mercado” (De “Planificación para la libertad”–Centro de Estudios sobre la libertad–Buenos Aires 1986).

El antiestatismo de algunos sectores, por el contrario, sostiene que el Estado debe abolirse descartando la posibilidad de empresas estatales. Pol Victoria escribió: "En un bando están quienes desconfían del Estado y confían en el sector privado, y en el otro bando están quienes confían en el Estado y desconfían del sector privado. Si sólo hubiera dos agrupaciones de diversos idearios, en ese sentido son aliados, pero luchan en el mismo bando a favor del sector privado. Pero no olvidemos que, en otro sentido, a la vez son idearios contrincantes. Los unos creen que el Estado moderno debe estar controlado y limitado. Los otros creen que debe ser demolido. Los liberales clásicos piensan que el Estado moderno es, aunque un mal, un mal necesario. Los austrolibertarios piensan que se trata de un mal innecesario que hay que evitar y desmantelar".

"En la contraposición anti-socialista están: el austrolibertarismo, el liberalismo, el minarquismo y el anarco-individualismo o «ancap», todos amigos de la libertad. En la mitad, entre el socialismo y la libertad, a medio camino se encuentran: neo-liberalismo, neo-conservatismo, liberalismo-clásico, conservatismo-clásico (paleo-conservatismo), carlismo-tradicionalista" (De "El Manifiesto austrolibertario"-Unión Editorial SA-Madrid 2019).

Si alguien que adhiere a la Economía Social de Mercado, que tan buenos resultados produjo en la Europa de pos-guerra, lee lo anterior, advertirá que "está a medio camino entre socialismo y libertad", lo cual resulta inaceptable. Esta división, surgida en la posmodernidad, trae implícito cierto debilitamiento del liberalismo, lo que puede advertirse en la Argentina cuando el minarquista Javier Milei califica públicamente de "hijo de puta" al economista Roberto Cachanosky, mientras que, fanatizados jóvenes seguidores de Milei, adoptan casi masivamente la actitud agresiva contra el citado economista. Personalmente he observado el bloqueo de mi cuenta en Twitter, que hace inaccesible leer a Milei, quien posiblemente me considerará un "socialista" aún cuando alguna vez integré una lista de la UCD de Álvaro C. Alsogaray.

Pareciera que los anarquistas de mercado pretenden cortar las raíces del liberalismo clásico en su objetivo destructor del Estado, ya que consideran "opositor" incluso al que promueve su limitación o adaptación al mercado. De la misma manera en que un árbol se debilita cuando cortan parte de sus raíces, así ocurre con toda postura ideológica. Pol Victoria escribió: "En muchos países a este liberalismo clásico también se le conoce con el nombre de «conservatismo», político y económico. Este bebe no solamente de Smith y sus sucesores económicos, sino también de pensadores políticos como Tocqueville, Burke, Donoso-Cortés y otros, o en el caso de Estados Unidos de los padres fundadores como Adams, Franklin, Jefferson y otros".

Si todo ha de funcionar correctamente con la eliminación del Estado, no habría ningún inconveniente con la aceptación de tal abolición. Sin embargo, la libertad plena que otorgaría una sociedad sin Estado, no asegura la previa adopción de responsabilidad individual. El mercado no trae una moral incorporada "de fábrica", como es el caso de algunos accesorios de automóviles, sino que la moral debe incorporarse desde sectores ajenos a la economía. De lo contrario se cae en el economicismo, por el cual se supone que no sólo hay que eliminar al Estado sino que habría que dejar de lado las ciencias sociales, la religión y la filosofía. Todos los problemas sociales y humanos se arreglarían mágicamente eliminando al Estado, lo que no sería ya liberalismo sino un pleno anti-socialismo (ya que el socialismo propone resolver mágicamente tales problemas eliminando la propiedad privada).

martes, 10 de mayo de 2022

La fatal arrogancia

Refiriéndose a la mentalidad de los líderes socialistas, Friedrich Hayek titula su último libro como "La fatal arrogancia". Al considerar la imposibilidad de conocer toda la información necesaria, en una economía nacional, para establecer decisiones al respecto, advierte una segunda imposibilidad práctica de la economía socialista, siendo la primera la imposibilidad del cálculo económico al no disponer de precios relativos en una economía sin mercado.

La palabra más usada, en la propaganda socialista, es seguramente la "igualdad". Sin embargo, lo esencial del socialismo práctico radica en la existencia de una clase dirigente, que toma decisiones por la mayoría de la población, mostrando una desigualdad social evidente. En esto cabe la siguiente expresión: "Dime de qué te jactas y te diré de qué careces".

A pesar de tales contradicciones, y de los pobres resultados que produce el socialismo, todo indica que en la actualidad predomina netamente respecto de alternativas diferentes. Pol Victoria escribió: "Casi todo lo que conocemos en el siglo XXI es puro socialismo: con distintos nombres y matices, las opciones políticas y económicas socialistas tienen denominaciones habituales como comunismo, socialismo, anarco-colectivismo, social-democracia, cristiana-democracia, liberal-democracia, nazismo, fascismo, falangismo, sindicalismo, keynesianismo, neo-keynesianismo, crony-capitalismo, populismo, progresismo, nacionalismo, globalismo, derechismo, izquierdismo, todos enemigos de la libertad" (De "El Manifiesto Austrolibertario"-Unión Editorial SA-Madrid 2018).

Quienes impulsan todas las variantes socialistas son, por una parte, quienes sacrifican la libertad por una aparente seguridad, optando por un "camino de servidumbre", y son las masas envidiosas que pretenden liberarse de ese defecto ante una publicitada "igualdad económica". Por otra parte, las variantes socialistas son impulsadas por quienes se sienten infinitamente superiores al resto y por ello aducen el derecho a dirigir la vida de todos los integrantes de la sociedad. El complejo de superioridad, sin embargo, se debe generalmente a la búsqueda de limitar un siempre presente complejo de inferioridad.

Pol Victoria escribió al respecto: "El socialismo peca de orgullo, de arrogancia. Los socialistas o colectivistas creen que tienen capacidad de controlar la sociedad política y de dirigir la economía, o al menos de corregirla y orientarla. Es la fatal arrogancia de creer que una persona o un grupo de personas, peor aún, de burócratas (o tecnócratas, es casi lo mismo), son capaces de conocer y de acumular la cuasi-infinita información que fluye entre millones de personas diariamente, creen que son capaces de entender esa información, y por tanto se creen capaces de tomar las mejores decisiones para todos".

"Cada persona maneja tan solo una diminuta fracción de la información y toma decisiones basadas en esa información de la que dispone, porque la observa a su alrededor, la analiza y actúa en consecuencia. Los demás hacen exactamente lo mismo. Cada uno observa, mide, calcula, compara, decide, y si no acierta vuelve a observar, medir, calcular, comparar y decidir, hasta que acierte".

"La fatal arrogancia consiste en creer que alguien sabe mejor lo que la sociedad necesita que la sociedad misma. Consiste en creer que otro sabe mejor que uno mismo lo que a uno le conviene. La tesis no es que uno siempre acierta en las propias decisiones, claro que no, pues frecuentemente nos equivocamos. La tesis es que, si ni siquiera uno acierta sobre sí mismo, mucho menos acierta un tercero sobre la vida de uno".

"La probabilidad de equivocarse se multiplica cuando es otro quien toma las decisiones por uno. Si incluso nosotros mismos carecemos de información suficiente y de criterio suficiente, mucho más carece de información y de criterio el poder centralizado. Por eso el socialismo no puede ni podrá funcionar jamás. Porque equivocadamente considera que los que detentan el poder centralizado conocen mejor que los mismos ciudadanos sus propias necesidades y las mejores maneras de satisfacerlas".

sábado, 7 de mayo de 2022

Antiestatismo

Puede definirse como "antiestatismo" toda tendencia política y económica cuya principal función consiste en eliminar el Estado. Se supone que ello conducirá a una mejora generalizada de la sociedad en todos los aspectos. De ahí la expresión "los impuestos son un robo", ya que el Estado existe siempre que pueda ser mantenido con los aportes obligatorios que impone a los integrantes de la sociedad.

Cerca de esta postura se encuentran quienes proponen un Estado financiado, no con impuestos obligatorios, sino con pagos voluntarios de los contribuyentes. Especialmente en el caso argentino, ello conduciría a la abolición del Estado por la pobre voluntad de cooperación que se advierte en la mayoría de las personas. Justamente, la causa principal de la severa crisis es la tendencia al saqueo generalizado del Estado, tanto por parte de políticos como de empresarios, empleados estatales y demás.

Desde el liberalismo tradicional se acepta la existencia del Estado, no sólo para promover una economía de mercado sino también para otras funciones sociales. Álvaro C. Alsogaray, en su reforma socioeconómica, propuso (entre otras medidas): "Abolir el Estado Comerciante y el Estado Industrial, limitando al Estado a sus verdaderas funciones: Justicia, Relaciones Exteriores, Defensa Nacional y Seguridad Interior, Educación Básica, Salud Pública y Preservación del Medio Ambiente, Previsión y Seguridad Social, Obras Públicas, Vivienda Mínima y otras realizaciones y actividades que la comunidad -no los gobiernos- quieran confiarle dentro de los límites establecidos por la Constitución Nacional" (De "La opción es liberal"-UCEDE).

Mientras que la propuesta anterior sigue los lineamientos básicos de la Economia Social de Mercado puesta en práctica en la Alemania de posguerra, y en otros países europeos, el antiestatismo y el anarcocapitalismo pocas veces, o nunca, han sido puestos en práctica. Alfred Müller-Armack escribió: "La economía social de mercado no presupone un Estado débil, sino que ve más bien en un Estado democrático fuerte la garantía del funcionamiento de este orden. El Estado no sólo está presente en función de la seguridad del ejercicio del derecho privado. Precisamente gracias a la economía social de mercado se ha visto confirmado en una de sus tareas esenciales: intervenir en favor del mantenimiento de una auténtica competencia como función política (en el sentido de Eucken, Frank Böhm y Miksch). El orden de competencia, asegurado por el Estado, anula asimismo factores de poder y los canaliza hacia el mercado".

"De esta suerte, una competencia socialmente apta para funcionar tiende a prevenir la acumulación de fortunas unilaterales provenientes de privilegios económicos. Por otra parte, este proceso también sienta bases para correcciones y transferencias de ingresos del Estado a los sectores más alicaídos de la población. Pero condición previa para cualquier intromisión de esta clase por parte del Estado es su compatibilidad con la economía de mercado y la correspondiente formación de réditos. Es decir, que el objetivo social debe ser logrado con medidas conformes con el mercado, sin estorbar el desarrollo de precios propiamente de mercado".

"Este postulado de la conformidad de Estado y mercado constituye el decisivo contraste entre este tipo de economía y el dirigismo. En este último, mercados enteros son paralizados por precios decretados. Y con ello amplios sectores de la población se ven perjudicados y padecen finalmente una notoria falta de los bienes indispensables para la vida. Por la conformidad con el Estado se distingue asimismo la economía social de mercado del intervencionismo. Este mezcla los entre sí contradictorios elementos del dirigismo con los de la economía de mercado según su conveniencia, hasta tanto se eliminen mutuamente e impidan la producción" (De "El orden del futuro" de Ludwig Erhard y A. Müller-Armack-EUDEBA-Buenos Aires 1981).

En la actualidad se observa cierto entusiasmo en muchos jóvenes ante la posibilidad de destruir todo lo que implique el Estado, en lugar de pensar en limitarlo a las funciones propias que han permitido, en muchas ocasiones, establecer el resurgimiento de la sociedad.

Cabe agregar que, sin una mejora ética generalizada y sin las ideas y conocimientos que la promuevan, no será posible el resurgimiento que todos esperamos, si bien la reducción del Estado producirá mejoras evidentes en el corto y mediano plazo.

lunes, 2 de mayo de 2022

Radicalismo: Alem y Alvear vs. Yrigoyen y Alfonsin

En los últimos tiempos, la UCR (Unión Cívica Radical) se caracteriza por ser un partido político democrático en política y totalitario en economía. Mientras acepta que la sociedad es suficientemente madura para tomar decisiones políticas acertadas, como lo es la elección de gobernantes, considera que no lo es en cuanto a las decisiones económicas, por lo que estas últimas deberían quedar a cargo de los políticos que dirigen al Estado.

De similar forma con lo que ocurre con el cristianismo, religión en la que muchos son los que abogan por un retorno al cristianismo original, o primitivo, en el radicalismo ocurre otro tanto. Alberto Benegas Lynch (h) escribió: "Hay muchos dirigentes radicales que apuntan a retomar el origen de su partido y abandonar recetas estatistas que tanto daño le han hecho a nuestro país: a todos sus miembros pero muy especialmente a los más vulnerables".

Es oportuno mencionar que, a partir de la gestión de Raúl Alfonsín, la UCR entró como miembro de la Internacional Socialista, confirmando su tendencia totalitaria en economía. Sin embargo, en las primeras épocas, desde su fundación, sus principios fueron compatibles con el liberalismo.

A continuación se transcribe parcialmente un artículo de Alberto Benegas Lynch (h) en el cual se brinda un panorama histórico del partido mencionado:

"Para esta nota periodística me limito a ejemplificar con Leandro N. Alem en su participación en el célebre debate sobre la federalización de Buenos Aires en la legislatura provincial. En esa ocasión Alem dijo que «La tendencia autoritaria se desenvuelve entre nosotros de una manera alarmante. Son los partidarios de esa escuela que atribuyen al ´poder social´ derechos absolutos e independientes, sin pensar que sólo es un encargado de armonizar y garantir los derechos de los asociados. Son los que pretenden en la ´autoridad suprema´, puesto que sus órdenes deben ser cumplidas y acatadas sin observación ni control de ninguna especie […] No es esta nuestra teoría, ni ha de ser, por cierto, la de todos aquellos que aman sinceramente nuestras instituciones democráticas […] Más el poder es fuerte, más la corrupción es fácil. Para asegurar el poder legítimo, es necesario impedir a todo trance que él exagere sus facultades y es indispensable buscarle el contrapeso que prevenga lo arbitrario […] En economía como en política, estrechamente ligadas, porque no hay progreso económico si no hay buena política, una política liberal que deje el vuelo necesario a todas las fuerzas y a todas las actividades […] Si, gobernad lo menos posible, porque mientras menos gobierno extraño tenga el hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad […] esto es la autonomía, comenzando desde el individuo, garantida en sus manifestaciones regulares pero nada más que garantida»".

"Esto es sólo una muestra del pensamiento y los valores del fundador del Partido Radical. Desafortunadamente con el tiempo ese partido fue cambiando de rumbo hasta producir un tajo -también radical- y separarse de los principios sobre la base de su constitución original, especialmente a partir de la Declaración de Avellaneda en 1945 y luego su incorporación a la Internacional Socialista con lo que se le dio la espalda al liberalismo inicial del todo consistente con las propuestas alberdianas insertas en nuestro texto constitucional de 1853/60".

"El jeffersoniano y doctor en jurisprudencia Leandro N. Alem se pronunció con elocuencia y detenimiento sobre temas de derecho, filosofía y de la economía en sus muy diversas facetas monetarias, fiscales, laborales y de comercio exterior. Los trabajos de mayor peso que resumen con tonalidades diversas el pensamiento de Leandro Alem son los de Enrique de Gandía, Telmo Manacorda, Bernardo González Arrili, Francisco Barroteveña, Félix Luna y Ezequiel Gallo. La impronta de Alem fue desdibujada en varios tramos, primero por Hipólito Yrigoyen que como escribió el fundador del radicalismo en 1895 al aludir al «pérfido traidor de mi sobrino Hipólito Yrigoyen» (su padre era casado con Marcelina Alem, hermana de Leandro). Desvío luego confirmado por lo consignado más arriba, desde luego en sentido contrario debe destacarse la importantísma actuación del gobierno de Alfonsín en cuanto al juicio a las juntas militares por los procedimientos aberrantes e inaceptables en el combate al canalla y siempre criminal terrorismo en el contexto de lo escrito, por ejemplo, por Graciela Fernández Meijide, aunque en el resto de los asuntos sociales ese gobierno fracasó rotundamente por no haber prestado atención a los consejos y reflexiones demandadas por Alem en muy diversas circunstancias como una ruta para lograr el bienestar de nuestro país".

"Es del caso recordar algunos aspectos de los gobiernos de Yrigoyen en cuanto a sus 18 intervenciones federales a las provincias (14 de las cuales sin ley del Poder Legislativo), su desprecio por el Congreso al cual no visitó para la alocución inaugural, su rechazo a las muchas propuestas de interpelaciones parlamentarias, su insistencia con el incremento de la deuda estatal vía empréstitos, el aumento del gasto público, el incremento de gravámenes como el de las exportaciones, su indiferencia por la marcha de la Justicia quedando vacante la cuarta parte de los juzgados federales, la «semana trágica», el comienzo del control de precios a través de los alquileres que derivó en el célebre voto en contra de tamaña disposición por parte de Antonio Bermejo en la Corte (escribió que «la propiedad no tiene valor ni atractivo, no es riqueza, propiamente, cuando no es inviolable por la ley y en el hecho»), las acusaciones de dolo no atendidas por hechos imputados en relación al área de ferrocarriles y la disposición de fondos públicos para lo que se denominó Defensa Agrícola y la clausura de la Caja de Conversión lo cual sentó la primera base para el deterioro del signo monetario".

"Como una nota al pie, al efecto de ilustrar el ambiente del momento a contramano de todo lo propugnado por Alem, transcribo las declaraciones del ministro de gobierno -Carlos María Puebla- del primer gobernador radical de Mendoza José Néstor Lencinas (aunque luego enemistado por razones de poder político con Yrigoyen): «La Constitución y las leyes son un obstáculo para un gobierno bien intencionado». Por su parte, a Yrigoyen no lo caracterizaba la modestia, por ejemplo -en lo que puede entenderse de su lenguaje oscuro y generalmente incomprensible- escribió en Mi vida y mi doctrina: «Estoy profundamente convencido de que he hecho a la patria inmenso bien y poseído de la idea de que quien sabe si a través de los tiempos seré superado por alguien, y ojalá que fuera igual»".

"Luego de la primera presidencia de Yrigoyen se sucedió el interregno de los «antipersonalistas» de la mano de la excelente presidencia de Alvear para luego recaer en el segundo mandato de Yrigoyen, depuesto por la revolución fascista del 30 con la creación de la banca central, las juntas reguladoras, la destrucción del federalismo fiscal y el establecimiento del impuesto a los réditos, para más adelante -con el golpe militar del 43- acentuar notablemente el estatismo en medio de corrupciones alarmantes, controles cambiarios, de precios, de arrendamientos y alquileres, detenciones y persecuciones arbitrarias y torturas lo cual se agudizó en la última etapa con las matanzas de la Triple A, imposición de un sistema quebrado para los jubilados, ataques a la libertad de prensa y el establecimiento de sindicatos autoritarios basados en el fascismo mussoliniano que perjudicaron (y perjudican) especialmente a los más necesitados".

"Como escribió Emilio Hardoy en Confieso que he vivido «los militares que conspiraron y triunfaron, además de acatar incondicionalmente la autoridad del general José F. Uriburu, estuvieron imbuidos de las ideas de Acción Francesa de Charles Maurras y el fascismo italiano de Benito Mussolini, habían difundido en círculos intelectuales. Esto a pesar de la lucha de algunos para contrarrestar esta infame tendencia, especialmente en su defensa de los aliados en el concierto internacional en medio de simpatías con los totalitarismos». Y más adelante consigna que «los conservadores que institucionalizamos el fraude electoral y con torpeza incomparable impedimos que Marcelo T. de Alvear fuera de nuevo presidente y, en definitiva, conseguimos que lo fuera Perón»".

(Extractos de Alem y Milei, dos caras de la misma moneda en www.infobae.com)

domingo, 1 de mayo de 2022

Jugando a ser como Dios

Con el nombre de Dios, y la idea de Dios, asociamos la causa de nuestra existencia en el universo. El Dios Creador de las diversas religiones, o bien el proceso evolutivo asociado a leyes naturales invariantes, en cierta forma son enfrentados por algunos seres humanos que pretenden establecer sociedades artificiales respondiendo a la necesidad personal de desempeñar un papel semejante al del Dios Creador o al del proceso evolutivo.

Antes de establecer la sociedad artificial, junto al "hombre nuevo" que responda a tal proyecto, resulta necesario rechazar y destruir los atributos humanos que provienen del Dios Creador o del proceso evolutivo. Tal fue la intención de Platón, uno de los primeros desafiantes del orden natural. Máximo Simpson Grinberg escribió: "En el libro VI de la República, Platón define al filósofo-rey como un pintor divino que, luego de «borrar» todo lo existente, diseña sobre una tabla, ya limpia de adherencias del pasado, la nueva sociedad y el nuevo hombre, acordes con el modelo ideal que sólo los filósofos pueden conocer y contemplar".

"Este «pintor» y «tejedor» de la trama social, este «artista» que reorganiza la sociedad según un modelo divino e inmutable, es calificado por Platón como «pintor de organizaciones políticas». Y en tal carácter, su primera tarea como gobernante es desbrozar el terreno: «los filósofos se harán cargo de la ciudad y de las costumbres de sus habitantes como de una tabla rasa que deben pintar, y que han de limpiar ante todo».
«A menudo tendrán necesidad de borrar algunos rasgos y pintarlos de nuevo hasta que hayan agotado sus esfuerzos en trazar caracteres humanos que sean agradables a los dioses en la mayor medida posible».
«¿Se exasperarán todavía contra nosotros cuando nos oigan decir que hasta el día en que los filósofos no tengan autoridad absoluta sobre la ciudad no habrá remedio para los males de ésta, ni de los ciudadanos, ni podrá llevarse a la práctica la organización política que hemos imaginado en teoría?»" (De "El viaje y la utopía"-Varios autores-Editorial Atuel-Buenos Aires 2001).

Por lo general, los que juegan a ser como Dios, advierten que en la limpieza previa les sobran algunos millones de individuos que seguramente no se adaptarán al nuevo diseño, por lo que deberán hacerlos desaparecer, como ha sucedido en el siglo XX con los diversos totalitarismos (comunismo y nazismo). El citado autor agrega: "Junto a los campos nazis de exterminio para la purificación de la raza humana, tal vez el ejemplo más escalofriante es el del filósofo-rey de Camboya, el «pintor» Pol Pot. Para construir su sociedad «perfecta», Pol Pot encaró primero la tarea de cambiar el material humano necesario a tal fin. Su régimen fue acusado de eliminar a más de un tercio de una población de cinco millones de habitantes, por la sencilla razón de que el hombre «viejo» no siempre puede transformarse en uno «nuevo». Entonces, el único camino para edificar una sociedad igualitaria es la eliminación física de los no-iguales. En palabras de un oficial del régimen: «Lo que está podrido se corta, lo que está infectado se lo mutila; lo que es demasiado largo, se lo reduce a la justa medida; cortad una maleza, rebrota; hay que desarraigarla»".

El iniciador del "juego a ser como Dios" en gran escala, fue Lenin, quien reclamaba, como Platón, la obediencia incondicional de las masas, escribiendo al respecto: "La subordinación incondicional a la voluntad única es absolutamente necesaria. La revolución exige hoy la subordinación incondicional de las masas a la voluntad única de los dirigentes del proceso del trabajo".

El calificativo de sociedad totalitaria se asocia a la intromisión de quienes dirigen al Estado en las decisiones personales e íntimas de todo individuo. Platón escribió: "Siendo, pues, así las cosas por naturaleza, es necesario establecer una reglamentación que prescriba a todos los hombres libres la manera de emplear cada una de las horas de su tiempo, sin interrupción, desde el amanecer hasta la madrugada y la salida del sol siguiente".

"No podrá componer nada que pueda contradecir lo que la ciudad considera legal, justo, bueno o bello; una vez escrito su poema, no podrá darlo a conocer a ningún particular, antes de haber sido leído y aprobado por los jueces que para ello hubieran designado los guardianes de las leyes" (Citado en "El viaje y la utopía").

Puede decirse que la diferencia esencial entre creyente y ateo, en cuanto a sus posturas filosóficas, implica la aceptación de la existencia de un orden natural al que nos debemos adaptar, por parte del primero, y la aceptación de propuestas humanas derivadas del "juego a ser como Dios", para ser impuestas masivamente, por parte del segundo.

La ética intervencionista

En un país en donde la gente fuese muy ahorrativa (y poco inversora), la mayor parte del circulante monetario estaría guardada "bajo el colchón". En ese caso, para evitar el consiguiente proceso recesivo, se considera razonable cierta emisión monetaria, por parte del Estado, para evitar la paralización de la economía.

Como esta situación no es muy frecuente, la aplicación de tal intervención estatal, en el proceso económico, tiende a promover inflación, entre otros inconvenientes. Tal es esencialmente la "solución" que aplican los seguidores de John Maynard Keynes.

La creencia básica del keynesianismo implica suponer que la mayoría de las personas tiende a ahorrar en forma excesiva, lo que no siempre resulta verdadero.

También promueven el intervencionismo los sectores que suponen que el rico es un hombre malo y perverso y que el pobre es bueno y trabajador. Tal creencia induce a quienes conducen al Estado a tratar de traspasar las riquezas de los afortunados para ubicarlas en manos de los pobres, constituyendo un Estado justiciero y compensador.

Como el capital es la principal herramienta para la producción, su traspaso de los sectores productivos a los que no lo son, tiende a limitar la creación de riquezas y a promover la pobreza generalizada.

Los promotores de la economía de mercado aducen que la riqueza lograda por el empresario eficaz constituye un premio que lo estimula a seguir produciendo, mientras que la pobreza es un indicio de una predisposicion poco favorable a la productividad. De ahí que el intervencionismo tiende a eliminar los estímulos para la creación de riquezas.

Puede considerarse como ética intervencionista a una ética que, en cierta forma, utiliza la ley de la oferta y la demanda, pero en forma poco asociada a la libertad de elección, siendo la oferta, en este caso, el conjunto de deberes y obligaciones asociados a los integrantes de la sociedad, mientras que la demanda es el conjunto de derechos peticionados por dicha sociedad. De ahí que el intervencionista, keynesiano o socialista, considera que el Estado debe favorecer esa demanda (derechos) para lograr cierta igualdad social, pero sin hacer otro tanto con la oferta (deberes).

Cuando en una sociedad predominan los derechos y se olvidan los deberes, nadie verá satisfechos los primeros por cuanto nadie cumple con los segundos. Los conflictos subsiguientes establecerán la principal característica de tal sociedad.

Si alguien tiene aptitudes para el trabajo y la producción, el Estado intervencionista, en la búsqueda de igualdad económica, le extraerá recursos para compensar el trabajo y la producción deficitarios de los poco aptos. En lugar de estimular la producción, se estimula la inacción del que produce y la vagancia del que no lo hace.

Si alguien carece de aptitudes morales (por ser vago o delincuente), la sociedad tiende a evitar que goce de ciertos derechos básicos debido a su incumplimiento de deberes esenciales. Sin embargo, el Estado intervencionista, en la búsqueda de igualdad social, tiende a protegerlo de la gente decente, a quienes considera perversos y excluyentes. Por ese camino se llega a la eliminación de todo mérito ético, ya que se entiende por "igualdad social" cierto igualitarismo que contempla una igualdad de derechos sin contemplar el cumplimiento de los deberes respectivos.

Para colmo tal Estado ha creado un "lenguaje inclusivo" que tiene como finalidad caracterizar como excluyente a quienes no lo usan.

Promover los derechos y no los deberes, equivale a promover la demanda en lugar de hacerlo con la producción. El intervencionismo económico produce tan malos resultados como el moral.