sábado, 7 de mayo de 2022

Antiestatismo

Puede definirse como "antiestatismo" toda tendencia política y económica cuya principal función consiste en eliminar el Estado. Se supone que ello conducirá a una mejora generalizada de la sociedad en todos los aspectos. De ahí la expresión "los impuestos son un robo", ya que el Estado existe siempre que pueda ser mantenido con los aportes obligatorios que impone a los integrantes de la sociedad.

Cerca de esta postura se encuentran quienes proponen un Estado financiado, no con impuestos obligatorios, sino con pagos voluntarios de los contribuyentes. Especialmente en el caso argentino, ello conduciría a la abolición del Estado por la pobre voluntad de cooperación que se advierte en la mayoría de las personas. Justamente, la causa principal de la severa crisis es la tendencia al saqueo generalizado del Estado, tanto por parte de políticos como de empresarios, empleados estatales y demás.

Desde el liberalismo tradicional se acepta la existencia del Estado, no sólo para promover una economía de mercado sino también para otras funciones sociales. Álvaro C. Alsogaray, en su reforma socioeconómica, propuso (entre otras medidas): "Abolir el Estado Comerciante y el Estado Industrial, limitando al Estado a sus verdaderas funciones: Justicia, Relaciones Exteriores, Defensa Nacional y Seguridad Interior, Educación Básica, Salud Pública y Preservación del Medio Ambiente, Previsión y Seguridad Social, Obras Públicas, Vivienda Mínima y otras realizaciones y actividades que la comunidad -no los gobiernos- quieran confiarle dentro de los límites establecidos por la Constitución Nacional" (De "La opción es liberal"-UCEDE).

Mientras que la propuesta anterior sigue los lineamientos básicos de la Economia Social de Mercado puesta en práctica en la Alemania de posguerra, y en otros países europeos, el antiestatismo y el anarcocapitalismo pocas veces, o nunca, han sido puestos en práctica. Alfred Müller-Armack escribió: "La economía social de mercado no presupone un Estado débil, sino que ve más bien en un Estado democrático fuerte la garantía del funcionamiento de este orden. El Estado no sólo está presente en función de la seguridad del ejercicio del derecho privado. Precisamente gracias a la economía social de mercado se ha visto confirmado en una de sus tareas esenciales: intervenir en favor del mantenimiento de una auténtica competencia como función política (en el sentido de Eucken, Frank Böhm y Miksch). El orden de competencia, asegurado por el Estado, anula asimismo factores de poder y los canaliza hacia el mercado".

"De esta suerte, una competencia socialmente apta para funcionar tiende a prevenir la acumulación de fortunas unilaterales provenientes de privilegios económicos. Por otra parte, este proceso también sienta bases para correcciones y transferencias de ingresos del Estado a los sectores más alicaídos de la población. Pero condición previa para cualquier intromisión de esta clase por parte del Estado es su compatibilidad con la economía de mercado y la correspondiente formación de réditos. Es decir, que el objetivo social debe ser logrado con medidas conformes con el mercado, sin estorbar el desarrollo de precios propiamente de mercado".

"Este postulado de la conformidad de Estado y mercado constituye el decisivo contraste entre este tipo de economía y el dirigismo. En este último, mercados enteros son paralizados por precios decretados. Y con ello amplios sectores de la población se ven perjudicados y padecen finalmente una notoria falta de los bienes indispensables para la vida. Por la conformidad con el Estado se distingue asimismo la economía social de mercado del intervencionismo. Este mezcla los entre sí contradictorios elementos del dirigismo con los de la economía de mercado según su conveniencia, hasta tanto se eliminen mutuamente e impidan la producción" (De "El orden del futuro" de Ludwig Erhard y A. Müller-Armack-EUDEBA-Buenos Aires 1981).

En la actualidad se observa cierto entusiasmo en muchos jóvenes ante la posibilidad de destruir todo lo que implique el Estado, en lugar de pensar en limitarlo a las funciones propias que han permitido, en muchas ocasiones, establecer el resurgimiento de la sociedad.

Cabe agregar que, sin una mejora ética generalizada y sin las ideas y conocimientos que la promuevan, no será posible el resurgimiento que todos esperamos, si bien la reducción del Estado producirá mejoras evidentes en el corto y mediano plazo.

2 comentarios:

agente t dijo...

En realidad, la cuestión no es si se debe suprimir el Estado (ley del más fuerte y reducción de la gran mayoría sobreviviente a un estado de esclavitud) sino si se debe suprimir el Estado del Bienestar en su versión actual de tamaño elefantiásico (administración pública dedicada a sus cuestiones clásicas: justicia, derecho, defensa, infraestructuras públicas y otros servicios públicos bajo el principio de subsidiariedad).

Y no es evidente que en dicha hipótesis se viviera peor si hablamos de la generalidad de la población (cuestión aparte son los grupos parásitos cazadores de rentas). Seguiría habiendo sanidad, educación, pensiones. Si el Estado no las proveyera, pero los ciudadanos retuviéramos los ingresos que el Estado nos saca vía impuestos, todo indica que los emplearíamos justamente en educación, sanidad, pensiones y seguros de todo tipo, incluido el de paro.

Por otra parte, aumentaría la eficacia y la eficiencia de los sistemas de previsión de modo que tendríamos los mismos servicios que nos da la Administración Pública, pero a un menor precio. Y como ventaja extra se fomentaría la responsabilidad y la libertad, algo que no es menor.

Bdsp dijo...

Ludwig von Mises "permitía" empresas estatales con la condición de que se adaptaran a las reglas del mercado. Ello significaba que, si daban pérdidas, deberían cerrar...
De todas maneras, es esencial el aspecto cultural y ético, ya que una privatización extrema tampoco implicaría una solución commpleta a todos los problemas sociales que afectan a las distintas naciones...Eso sí, mejorarían bastante las cosas..