A la palabra "totalitarismo" se le ha asociado el significado de "todo en el Estado". Ese "todo" implica tanto la propiedad privada, que deja de ser privada, como la mente y las ideas de cada individuo, que deja de ser un individuo si se trata de una persona influenciable. El lugar que en el medioevo europeo ocupaba el Dios cristiano, en los colectivismos es ocupado por el Estado, de donde resulta atinada la asignación de "religión pagana" a todo colectivismo totalitario.
El fuerte impulso que los totalitarismos tuvieron durante el siglo XX se deben al apoyo ideológico surgido del marxismo. Al promover la eliminación de la propiedad privada, a veces no sólo de los medios de producción, el Estado tiene ahora la posibilidad de dirigir la vida de la población en una forma efectiva, dirigiéndola hacia lo que a los gobernantes se les ocurra. Cuando al mando del Estado aparecen líderes perversos, como Stalin, Mao o Hitler, se producen las grandes catástrofes sociales como las ocurridas en ese siglo.
Luego de la estatización o nacionalización de la propiedad privada, le sigue una secuencia como la extraída de los escritos de George Orwell, y es la siguiente:
1ª fase: Destruir la libertad
2ª fase: Empobrecer la lengua
3ª fase: Abolir la verdad
4ª fase: Suprimir la historia
5ª fase: Negar la naturaleza
6ª fase: Propagar el odio
7ª fase: Aspirar al imperio.
Si bien pareciera que una postura política tan perversa fue un invento del siglo XX, en realidad ya existían algunas sociedades en la antigüedad, como es el caso de Esparta. Luego, la disputa actual de democracia (liberalismo) vs. totalitarismo (socialismo) sólo es una renovación de la antigua disputa entre Atenas y Esparta, si bien la democracia ateniense no era la misma que la actual impulsada por el liberalismo, mientras que el colectivismo espartano tiene varias semejanzas con las actuales tendencias de izquierda.
Respecto del totalitarismo de Esparta, Vicente Gonzalo Massot escribió: “El concepto de lo totalitario no llega hasta nosotros como uno de esos productos intelectuales trabajosamente elaborados a lo largo del tiempo, en cuya factura han colaborado, a la par, la inteligencia de los hombres y la decantación del tiempo. Si nos obligáramos a consultar un diccionario de ciencia política o de ciencias sociales anterior a 1920, notaríamos que el término en cuestión no aparece citado. Razón de más para concluir –cuanto menos en primera instancia- que uno de los condicionantes del fenómeno totalitario es su carácter contemporáneo o, si se prefiere, su modernidad. El haber sido pensado y racionalizado cuando el siglo XX amanecía y con él despertaban, para asombro de las naciones, regimenes como el bolchevique en Rusia y el nacionalsocialista en Alemania, no sólo conspiró contra su correcta intelección, sino que invalidó cualquier tentativa seria de remontar la historia con el objeto de hallar sus huellas en el mundo antiguo”.
“Presentado como heredero de ciertas ideas propias del siglo y ornado con determinados atributos que hincan su raíz en el mundo contemporáneo –partido único de masas organizado de manera jerárquica: control físico y psicológico de las personas por parte de un sistema policíaco; monopolio de la información en manos del Estado; monopolio del uso efectivo de las armas y de las fuerzas de persuasión por parte del partido; centralización monopólica de la economía; existencia de una ideología única transformada, poco menos, en religión oficial, estructura monolítica y uniforme de toda la sociedad; Fuhrer-prinzip e imposición, por el terror, de un sistema de valores absolutos, fuera del cual nada tiene derecho a la existencia-, el totalitarismo pasó a ser patrimonio de los fascismos, primero, y de los diferentes sistemas comunistas esparcidos por el orbe, más tarde. Semejante sinonimia conspiró, pues, de manera harto efectiva, contra cualquier empresa intelectual tendiendo a buscarlo más allá de la cruz gamada y la hoz y el martillo” (De “Esparta. Un ensayo sobre el totalitarismo antiguo”-Grupo Editor Latinoamericano-Buenos Aires 1990).
Algunos aspectos de la vida en Esparta son mencionados por el citado autor: "Los casamientos también estaban sujetos a estricto control. En esta sociedad donde hombres y mujeres practicaban gimnasia desnudos, aquéllos llevaban el pelo largo -lo cual, según Aristóteles, era tenido en Atenas como sinónimo de afeminamiento- y éstas eran consideradas las más libres e inclusive disolutas de toda Grecia, el casamiento no quedó librado a la simple voluntad de los ciudadanos. Los recién casados casi no se veían de día, y de noche lo hacían de hurtadillas".
"El espartano no podía, bajo ningún respecto, abandonar la disciplina común, de modo tal que ver a su mujer -que seguía viviendo en casa de sus padres- era secundario. Los célibes eran despreciados, y de los hijos ya se ha dicho que su suerte la decidían los ancianos -si no eran considerados aptos, eran arrojados a los apothetai, esto es, expositorios-; su crianza las nodrizas, y su educación el Estado. Por otra parte, la ley prohibía a un espartano tener hijos de mujer extranjera y penaba hasta con la muerte a quien violase la norma. De la misma manera, no castigaba que una mujer casada con un hombre entrado en años tuviese relación carnal con uno más joven para darle a Esparta hijos sanos y fuertes".
Recordemos que Esparta priorizaba la guerra y el militarismo, y de ahí su atención a la natalidad orientada a esos fines. Massot prosigue: "En este contexto existía, por supuesto, una rigurosa censura. Los espartanos suprimieron la enseñanza de la retórica y de la filosofía y no acudían al teatro a ver ni comedias ni tragedias, para no oír a quienes hablaban contra las leyes. Que en ello fueron inflexibles lo demuestra el caso del poeta Arquíloco, que fue expulsado sin miramientos de Esparta por cantar las bondades de arrojar las armas si con eso se salvaba la vida".
"La hestía (el hogar) como espacio doméstico delimitado e independiente dentro de la pólis no existió en Esparta. Hubo, sí, un espacio físico en donde se llevaban a cabo determinados actos diarios mínimos; nunca un dominio estrictamente privado. Lo privado, en definitiva, no puede demostrar entre los lacedemonios su razón independiente de ser. Si el embarazo era un asunto de Estado; el derecho a la vida se hallaba en manos de los gerontes; la educación resultaba potestad de la pólis ; los lotes de tierra eran propiedad del cuerpo cívico y, por lo tanto, no susceptibles de venta; los esclavos eran patrimonio del Estado, y las comidas, el deporte y el entrenamiento militar, ceremonias colectivas, poco espacio quedaba para lo privado".
"Se podría pensar que existía un plano religioso que escapaba al cepo de las leyes de la ciudad, pero en la Antigüedad hay una fusión de los planos religioso y político. El sujeto colectivo religioso no remataba en la iglesia sino en la pólis. Habrá que esperar la llegada del pensamiento estoico para encontrar fieles conscientes de que hay una libertad interior -que ningún poder sobre la tierra puede conculcar- a la cual se acccedía por la supremacía de la razón. A un espartano clásico no le habría pasado por la cabeza abroquelarse en su interioridad para resistir a la pólis".
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