Puede definirse al odio como la actitud o predisposición a alegrarse del mal ajeno y a entristecerse por su alegría. Tal alegría puede manifestarse mediante la burla, mientras que tal tristeza puede manifestarse con la envidia. Al adoptar una vida pendiente de las tristezas y alegrías ajenas, no para compartirlas, sino para aumentar el sufrimiento ajeno y para reducir su alegría, se está adoptando una especie de esclavitud emocional. Tal esclavitud emocional fue advertida por Jorge Luis Borges, quien escribió: "Odiando, uno depende de la persona odiada. Es un poco esclavo de la otra. Es su sirviente”, mientras que Friedrich Nietzsche escribió: “No se odia mientras se menosprecia. No se odia más que al igual o al superior” (De “Citas y frases célebres” de Samir M. Laâbi-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2000).
Si alguien quiere denigrar o rebajar a una persona hasta reducirla casi a un estado de inhumanidad, la mejor alternativa consiste en llenarla de odio hacia algún sector de la población o de la humanidad. Es una manera efectiva de que nunca le falten personas a quien odiar, para asegurarse una vida en el nivel más bajo que se pueda lograr.
La historia de la humanidad nos presenta varios ejemplos de líderes que han llenado de odio a sus seguidores; tan torpes e ingenuos éstos, que hasta han idolatrado a sus esclavizadores mentales y emocionales en lugar de reaccionar por el mal que les han hecho. Uno de estos casos es el de Perón, quien sembraba el odio contra la gente decente de la Argentina. Aquí se mencionan algunas frases dirigidas a sus fieles seguidores:
“El día que ustedes se lancen a colgar, yo estaré del lado de los que cuelgan” (2/8/46).
“Entregaremos unos metros de piola a cada descamisado y veremos quién cuelga a quién” (13/8/46).
“Con un fusil o con un cuchillo a matar” (24/6/47).
“Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores” (8/9/47).
“Vamos a salir a la calle una sola vez para que no vuelvan más ellos ni los hijos de ellos” (3/6/51).
“Distribuiremos alambres de enfardar para ahorcar a nuestros enemigos” (31/8/51).
“Compañeros, cuando haya que quemar voy a salir yo a la cabeza de ustedes a quemar. Pero entonces, si ello fuera necesario, la historia recordará la más grande hoguera que haya encendido la humanidad hasta nuestros días” (7/5/52).
“Vamos a tener que volver a la época de andar con el alambre de fardo en el bolsillo” (16/4/53).
“Hay que buscar a esos agentes y adonde se encuentren colgarlos de un árbol” (16/4/53).
“Eso de la leña que ustedes me aconsejan ¿porqué no empiezan ustedes a darla?” (16/4/53).
“Aquél que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades puede ser muerto por cualquier argentino (…) Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de ellos (…) Que sepan que esta lucha que iniciamos no ha de terminar hasta que los hayamos aniquilado y aplastado (31/8/55)”.
(De “Crítica de las ideas políticas argentinas” de Juan José Sebreli-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2004).
También Marx, Lenín, Stalin, Hitler, Mao y otros "ilustres" filósofos y políticos han sembrado el odio a nivel masivo. Pero el que ha tenido mayor "éxito" parece haber sido Mahoma. Ello se debe que en el Corán aparecen directivas explícitas hacia la lucha y la eliminación de los considerados infieles, incluso haciendo a Alá (o a Dios) cómplice de su maldad, ya que les hace creer a sus fieles que él sólo menciona en el Corán lo que Alá le ha dictado.
Una mejor y más completa descripción de los efectos de la prédica islámica puede encontrarse en el siguiente video de Youtube:
www.youtube.com/watch?v=pULm-M-FtX4 o buscarse como "Hija de Hamás. Me enseñaron a odiar a los judíos, pero descubrí la verdad"
La persona que da la conferencia en el video mencionado, relata que su propio hermano, aún cuando los judíos le salvaron la vida, siguió considerando a los judíos como sus enemigos; una muestra de cómo los lavados de cerebro no son fáciles de eliminar. Así, las masas musulmanas finalmente destruirán Occidente si los países atacados no reaccionan ante las evidencias accesibles y elementales.
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