Con la palabra "aptitud" designamos la cualidad de ser aptos para algunas actividades mientras que con la palabra "actitud" designamos cierta predisposición que nos orienta al logro de diversos objetivos. La aptitud, por lo general, se asocia a ciertas habilidades que traemos de nacimiento, mientras que la actitud deriva principalmente de influencias culturales del medio social.
Como ejemplo del significado de ambos conceptos puede mencionarse el caso de Lionel Messi, que trae de nacimiento cierta facilidad para el fútbol, mientras que Cristiano Ronaldo, quizás con menor facilidad hereditaria, la suple con un trabajo intenso y una clara motivación para el éxito deportivo. Para llegar a los niveles logrados por ambos jugadores, debieron disponer de una actitud competitiva importante.
Es oportuno afirmar que Messi, sin una estricta disciplina deportiva y personal, por más aptitudes traídas de nacimiento que haya tenido, no hubiese logrado el éxito alcanzado. Por ello puede decirse que la aptitud de nacimiento es una aptitud condicional, no suficiente, si no va acompañada de una actitud motivadora de trabajo y disciplina. De ahí que algunos autores consideran a la actitud como prioritaria a la aptitud, tal el caso de la autora mencionada a continuación:
Artículo del Diario As:
Rita Levi-Montalcini, Premio Nobel de Medicina: “La vida es una cuestión de actitud, no de aptitud”
La neuróloga destaca la importancia de elementos como la voluntad, la motivación o la perseverancia, claves para que las aptitudes terminen dando frutos.
En una sociedad como la actual, donde elementos como la fama, el reconocimiento externo y la multitarea ocupan un lugar central, está muy extendida la idea de que el éxito depende de las cualidades innatas que uno posee cuando nace. Muchas personas creen que, si no se nace con un talento excepcional, una habilidad innata o una inteligencia que destaque sobre la de los demás, alcanzar el éxito resulta muy complicado.
Este pensamiento es reduccionista, simplista y vago, ya que sirve como la excusa perfecta de aquellas personas que, en lugar de perseverar y luchar por aquello que desean conseguir, se dejan envolver por las adversidades que les rodean, abrazándolas por completo y asumiendo un destino que, al contrario de lo que mucha gente piensa, no viene impuesto: se trata de una elección completamente racional.
“La vida es una cuestión de actitud, no de aptitud”, son las palabras que Rita Levi-Montalcini pronuncia al respecto. La neuróloga italiana de origen judío recibió el Premio Nobel de Medicina en 1986 -compartido con Stanley Cohen- por descubrir el denominado Factor de Crecimiento Nervioso (NGF), un hallazgo clave a la hora de entender el desarrollo de las cúpulas, los tumores o enfermedades degenerativas.
La aptitud sin actitud no sirve de nada
En este caso, Levi-Montalcini asegura que la voluntad, la motivación y la perseverancia -es decir, la actitud- desempeñan un papel mucho más importante para alcanzar el éxito y superar los obstáculos que surgen a lo largo de la vida que el talento natural o la inteligencia innata, entendidos como aptitud.
Y es que, aunque la aptitud sea capaz de abrir numerosas puertas y facilitar diversos procesos, la actitud es lo que determina cómo respondes ante los desafíos que aparecen y qué tan lejos llegas en tu camino. Por lo general, los individuos que se dejen llevar por su actitud llegarán más lejos que aquellos que se dejen llevar únicamente por sus aptitudes. Y es que, sin la actitud correcta, cualquier aptitud -por muy destacada que sea- termina siendo inútil.
(De as.com)
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