El avance cultural de la humanidad ha requerido de aportes provenientes tanto de la religión como de la filosofía y de la ciencia. Sin embargo, no toda religión ni toda filosofía ha favorecido tal proceso cultural, incluso muchas veces lo han hecho retroceder. La ciencia experimental, por el contrario, al fundamentarse en experiencias concretas, tiende a lograr resultados convincentes y favorables al avance cultural de la humanidad. Debe aclararse que la ciencia es una actividad cognitiva que progresa en base a "prueba y error" y que sus resultados son provisorios si bien en muchas de sus ramas alcanza resultados válidos definitivos. Tampoco debe atribuirse a la ciencia las aplicaciones tecnológicas realizadas por cuestiones militares, aún cuando algunas figuras importantes de tal actividad humana hayan colaborado en la construcción de armamentos de destrucción masiva, algo que escapa a los lineamientos y finalidades de la ciencia en sí.
Gran parte del proceso de evolución cultural fue generado por la religión y la filosofía, mientras que la ciencia experimental surge recién en el siglo XVII, aproximadamente. Las ciencias sociales comienzan a surgir recién en el siglo XIX. En la actualidad existe un predominio de las ciencias sociales sobre la filosofía, si bien no resulta aceptable la postura de quienes abogan por un abandono de la filosofía, ya que, históricamente, ha sido una actividad respetable y positiva para el acceso al conocimiento. John Passmore escribió: "En el siglo XIX, la ciencia natural adquirió la categoría de institución social: empezó a invadir escuelas y universidades, a exigir que hubiera laboratorios junto con bibliotecas, a proclamar que ella, y no las humanidades clásicas o la filosofía, la verdaderamente formativa".
"Como es natural, estas pretensiones no quedaron sin respuesta; la ciencia sólo podía lograr para sí un lugar bajo el sol a cierto coste para los intereses creados. La beligerancia de Haeckel, Huxley y Clifford, era ciencia que pasaba a la ofensiva. Estos autores llamaron la atención del público sobre el surgimiento de una nueva fuerza social que iba a acabar siendo enormemente poderosa -de forma parecida a cómo la impetuosidad de un adolescente indica que a partir de ahora hay una nueva persona con la que contar".
"Sin embargo, hubo otros científicos que manifestaron un síntoma de adolescencia distinto: el análisis introspectivo, la autocrítica. Al principio, esta autocrítica se centró en la expulsión de la ciencia -y especialmente de la mecánica- de todo lo que pudiera perturbar a una conciencia positivista. Estos científicos se dedicaron, pues, a recopilar notas al neokantismo".
"El prefacio a los Principles of Mecanics (Principios de la Mecánica, 1874) de Kirchhoff resume el programa del positivismo científico. «La mecánica -escribía Kirchhoff- es la ciencia del movimiento; definimos su objeto como la descripción completa de la forma más sencilla posible de los movimientos que ocurren en la naturaleza». Kirchhoff está decidido a negar que la ciencia explique «por qué» las cosas suceden como lo hacen. Él mantenía la tesis de que para el científico todo «porqué» es un «cómo» -el científico concluye su tarea describiendo nuevas conexiones entre los fenómenos, no pasando a las «razones subyacentes» que están más allá de ellos" (De "100 años de filosofía"-Alianza Editorial SA-Madrid 1981).
La gran ventaja de la ciencia, respecto de la religión y la filosofìa, no sólo radica en la posibilidad de experimentar conclusiones e hipótesis, sino en dejar de lado todos los "porqué" para apuntar sólo al "cómo", a cómo están hechas las leyes naturales restringiendo toda discusión a interpretar resultados y a vislumbrar los pasos a seguir en el futuro. En el ámbito de las ciencias sociales, se reduce también a describir leyes psicológicas que nos dejan a un paso de la confección de una ética natural elemental. De ahì que, lo que debe ser, ha de ser necesariamente una optimizaciòn de lo que es.
En la actualidad, en las cátedras de muchas universidades de Occidente, se ha renunciado a impartir conocimientos de validez objetiva apuntando a convertirse en centros de adoctrinamiento político o filosófico, algo completamente alejado de todo objetivo que apunte a una mejora cultural. Tal distorsión se debe, entre otros aspectos, a que algunas ramas de las ciencias sociales en realidad pasan por una etapa precientífica, o bien se utilizan planteos de tipo filosófico sin apenas considerar alguna forma de control científico. Debe señalarse que en las ramas de la ciencia serias, existen acuerdos una vez confirmadas experimentalmente las teorías propuestas. Por el contrario, las ideologías politicas tienden a ser autorreferentes, partiendo de que ellas son la verdad, por lo cual el conocimiento objetivo está lejos de alcanzarse.
Una actitud similar fue adoptada durante el siglo XX en la URSS con la filosofía marxista, con la cual se intentó reemplazar la propia realidad como referencia, llegándose al extremo de establecerse una "genética no mendeliana" por parte de Trofim Lysenko, con el correspondiente deterioro posterior de la agricultura soviética. Las catástrofes sociales producidas por el comunismo son un indicio adicional del precio que se paga por orientarse por filosofías de dudosa validez.
Incluso en la actualidad persisten los "filósofos" que creen que su misión consiste en establecer "principios generales" que habrán de orientar y fundamentar tanto a la ciencia experimental como a toda la humanidad. En realidad, es la ciencia la que debe fundamentar a la filosofía y no la filosofía a la ciencia. Esta última postura puede ejemplificarse con el siguiente escrito de Robert Hutchins: "En una universidad ideal, el estudiante no tendría que retroceder desde las observaciones más recientes hasta los primeros principios, sino que habría de avanzar desde los primeros principios hasta aquellas observaciones que nos pareciesen significativas para comprenderlos...Las ciencias naturales sacan sus principios de la filosofía de la naturaleza, la cual, a su vez, depende de la metafísica...La metafísica, o estudio de los primeros principios, lo invade todo...Las ciencias naturales y sociales dependen de ella y le están subordinadas".
En los citados "delirios metafísicos" se observa una actitud similar a la adoptada por la Iglesia del pasado o por el marxismo actual, ya que cada sector se atribuye la mayor importancia minimizando las restantes ramas del conocimiento. Al respecto, Philipp Frank escribió: "Este programa, evidentemente, está fundado en la creencia de que hay principios filosóficos independientes de los avances de la ciencia, y de los cuales, en cambio, pueden deducirse las proposiciones más generales de las ciencias naturales y sociales".
"El problema que ofrece tal programa es, por supuesto, encontrar esos principios de validez permanente. De hecho, la permanencia de los principios filosóficos sólo puede ser conservada y garantizada por autoridades espirituales o seculares, o por ambas. Ninguna educación universitaria puede fundarse en una metafísica, a menos que la elija una autoridad que tenga a su cargo, permanentemente, la regulación de la enseñanza" (De "Filosofía de la Ciencia"-Herrero Hermanos Sucesores SA-México 1965).
Mientras que el pseudofilósofo tiende a proponer principios que abarcan la totalidad de lo existente, escapándoseles por lo general la mayor parte de la realidad, el científico auténtico tiende a organizar el conocimiento mediante el método axiomático, adoptando principios, o axiomas, de limitada validez, referidos sólo a un sector de la realidad, es decir, mientras que tal "filósofo" pretende deducir toda la realidad a partir de los principios propuestos (de arriba hacia abajo), el científico ubica sus principios de abajo hacia arriba, para luego hacer deducciones adicionales dentro de su restringido campo de aplicación.
Los teólogos y los pseudofilósofos, que ignoran o menosprecian las leyes naturales, pontifican desde las alturas de lo sobrenatural y de la estricta racionalidad lógica, respectivamente. Lo grave del caso es que alejan a la gente de la religión moral, y de la moral elemental, para enmascararla con misterios inaccesibles al hombre común, o bien estableciendo "principios abstractos" que adicionalmente tienden a debilitar las posturas económicas y políticas a las cuales pretenden "fundamentar".
Toda descripción de la realidad que no tenga en cuenta las leyes naturales (que rigen todo lo existente) no tiene razón de ser. Como la ciencia experimental describe, justamente, tales leyes, es la candidata para fundamentar tanto a la filosofía como a la religión. No por ello se le debe dar un rango de menor importancia a las otras ramas del conocimiento, ya que en realidad conforman un conjunto en el cual sus partes se complementan mutualmente.
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