Por Jesús Huerta de Soto
En diferentes trabajos, pero sobre todo en mi artículo titulado «La teoría de la eficiencia dinámica» (Procesos de Mercado, vol. I, n.º 1, primavera 2004, pp. 11-71), he tratado de demostrar de qué manera la moral personal (especialmente en los ámbitos de la moral sexual, familiar y de la ayuda a los que nos necesitan) impulsa la eficiencia dinámica basada en la creatividad y la coordinación empresarial que expande sin límite el proceso espontáneo del mercado.
La estabilidad, seguridad y prosperidad de la institución familiar hace posible el aumento del número de seres humanos que, además, cada vez son más ricos, capaces y morales. En suma, impulsa un aumento del número de personas que cada vez son mejores; es decir, un crecimiento sin límite de una población cada vez más numerosa, más productiva, más próspera, más ingeniosa, más culta, más solidaria y, sobre todo, más creativa y capaz de hacer avanzar la civilización humana hacia cotas que hoy ni siquiera podemos imaginar.
La Religión cristiana (y también la judía, y la musulmana en la medida en que logre integrarse en la modernidad, abandonando cualquier atisbo de justificación para la guerra «santa», el estatismo religioso y su discriminación fáctica de la mujer) facilita y se convierte en la mejor aliada e impulsora de este progreso social a través de dos vías: por un lado, posibilita que los seres humanos internalicen el cumplimiento de las normas de la moral personal (familiar, sexual, etc.) que, por su propia naturaleza, no pueden imponerse coactivamente; y, por otro lado, generaliza y hace habitual el cumplimiento de las normas de la ética social (es decir, la que garantiza el respeto a los principios de la propiedad privada). De hecho, si la gente a lo largo de la historia no hubiera internalizado de manera generalizada que está mal atentar contra la vida humana, robar o no cumplir lo pactado en los contratos, ni siquiera todos las policías y ejércitos juntos del mundo (públicos o privados) bastarían para hacer posible la civilización y el orden pacífico de cooperación social.
Además, no debe olvidarse que el orden espontáneo del mercado promueve, como condición necesaria aunque no suficiente, los comportamientos morales. En efecto, los intercambios voluntarios en los que se basa, convierten en habitual el respeto y el diálogo con el otro, el esforzarse por descubrir lo que necesita y la mejor manera de proporcionárselo, a la vez que convierte la reputación personal de que nos portamos bien en algo que socialmente se valora y que nos interesa —e incluso consideramos un orgullo— mantener. Ahora bien, este proceso de cooperación social en libertad necesita también, como hemos indicado, de la levadura de la moral y de la Religión por lo que, aunque sólo sea por esto, los poderes públicos (mientras sigan existiendo y no sean sustituidos por el entramado de agencias privadas de seguridad y justicia del muy superior orden social anarcocapitalista) deberían con carácter prioritario alentar y defender las instituciones religiosas, y no llevar su neutralidad política con relación a las mismas hasta el punto de considerarlas como algo que debe estar encerrado en la esfera estrictamente subjetiva de cada individuo y que, por tanto, ni puede ni debe influir en el fomento e impulso del proceso pacífico de cooperación social.
Estas mutuas interacciones entre el orden moral y el orden espontáneo del mercado o, si se prefiere, entre el orden espontáneo del mercado y el orden moral, lamentablemente tampoco son bien entendidas, en muchas ocasiones, por los propios líderes morales y religiosos. Estos, a menudo, caen en la tentación de la crítica fácil al capitalismo ignorando que éste, aunque moralmente neutro, impulsa e incentiva, como hemos visto, los comportamientos morales. Además, suelen alentar, tácita o explícitamente, la idea peligrosa de que el origen del mal no está en nuestro interior sino en el sistema social inmoral, que nos inunda de egoísmo, consumismo, materialismo y todo tipo de otros perversos «ismos». E incluso la idea más peligrosa aún de que es preciso reforzar el estatismo, pues «obviamente» correspondería a los poderes públicos poner coto a todos estos excesos, y si no lo hacen, es porque al frente de los mismos se encuentran personas víctimas de ideologías perniciosas o carentes de moral.
Sin embargo, como de muestra el teorema de la imposibilidad del socialismo (que analizo con detalle en mi libro sobre Socialismo, cálculo económico y función empresarial, 4.ª edición, Unión Editorial, Madrid 2010) el intento de sustituir el orden espontáneo del mercado por un sistema estatista (organizado e impuesto coactivamente desde arriba por el gobierno) es teóricamente imposible y lleva a la destrucción de la civilización y del género humano. Y ello aunque al frente de tal órgano coactivo y de sus correspondientes organizaciones burocráticas delegadas se encuentren los seres humanos más santos y morales que quepa imaginar (incluyendo, desde luego, a los propios líderes religiosos que tan a la ligera se permiten criticar al orden espontáneo del mercado y al sistema capitalista).
A pesar de todas estas incomprensiones, y del fastidio que a un católico de a pie (que, como el autor de estas líneas, por coherencia moral y científica, es a la vez anarcocapitalista) genera el hecho de que, por ejemplo, en las preces de las misas de cada domingo se pida sistemáticamente a Dios que ilumine a los poderes públicos para que solucionen todo tipo de problemas o hagan esto o aquello, olvidando siempre pedir a Dios que impulse la creatividad y buen hacer de los seres humanos por naturaleza empresarios y, por ende, el orden espontáneo del mercado, no hemos de caer en el desánimo sino, todo lo contrario, alentar continuamente nuestro optimismo y esperanza.
Y es que, a pesar de que olvidemos pedir a Dios lo verdaderamente importante en el ámbito de la cooperación social, El sabe perfectamente lo que, conforme a las leyes de la cooperación social espontánea que El mismo ha creado como consustanciales a nuestra propia naturaleza humana y empresarial, nosotros necesitamos cada día, para que la civilización siga avanzando y no desaparezca y pueda continuar multiplicándose la población y la calidad de la vida humana.
El ejercicio sistemático de la coacción sobre la función empresarial, que es la más íntima esencia del socialismo (o quizás mejor, deberíamos decir del «estatismo») bloquea la creatividad humana y su capacidad de coordinación, hace estragos en el proceso de cooperación social, destruye múltiples fuentes de riqueza y genera todo tipo de conflictos, violencia, pobreza y miseria por doquier. De hecho, Mises, en su libro sobre Crítica del intervencionismo del Estado en la economía (edición española de Unión Editorial, Madrid 2001) denomina destruccionismo al sistema socialista, a la vista de los perversos efectos que el mismo genera.
Afortunadamente, y a pesar de los estragos que continuamente causa, el socialismo (o, de nuevo mejor dicho, el «estatismo») hasta ahora nunca ha logrado acabar del todo con el impulso que la libre iniciativa empresarial del ser humano genera haciendo posible el desarrollo de la civilización. Si el Mal (representado por el destruccionismo en la terminología de Mises) triunfara, hace ya mucho que el género humano y la civilización habrían desaparecido (y, de hecho, puede considerarse que eso es precisamente lo que de sea el Maligno cuando alienta —utilizando todo tipo de engaños y señuelos— las políticas destruccionistas: acabar con la obra de Dios). Que a pesar de todo, y del poder inmenso de seducción que tiene el socialismo (o, de nuevo mejor dicho, el «estatismo») sobre el género humano, siga desenvolviéndose el proceso de cooperación social, e incluso prosperando notablemente en determinadas etapas históricas y zonas geográficas, es la prueba irrefutable de que a la larga el Bien, representado por la libertad empresarial, la iniciativa individual y, sobre todo, los principios morales, siempre, con la ayuda de Dios, prevalece y es capaz de vencer al Mal (representado por la arrogancia fatal del ideal socialista y por el destruccionismo que siempre le caracteriza).
(De www.mises.org.es)
sábado, 2 de abril de 2022
Actitud favorable a la cooperación social
Una actitud es una predisposición permanente respecto de los demás seres humanos. De ahí que, entre las posibles actitudes, habrá alguna que será favorable a la cooperación respecto del resto de la sociedad. Ésta ha de ser, seguramente, la actitud igualitaria por la cual las personas que nos rodean serán, para nosotros, tan importantes como cada uno de nosotros mismos.
Estamos hablando esencialmente de la actitud resultante de adoptar las sugerencias bíblicas a través del cumplimiento de los mandamientos éticos. Como ejemplo puede mencionarse la actitud del sacerdote Don Orione. Albino Luciani (Juan Pablo I) expresó: "Ignazio Silone, en una página inolvidable, cuenta cómo, de muchacho, debiendo ingresar en un colegio de Liguria, encontró a don Luigi Orione en la estación de Roma".
"Notó que, debajo de la farola, había un cura anónimo que había acudido a recibirlo a él y a otros chicos, y se irritó porque don Orione no había ido en persona. Por lo tanto, dejó que el cura cargase con las maletas y los paquetes, sin mover un dedo para ayudarlo".
"Una vez en el tren, el curita le preguntó si quería un periódico. "Sí, el Avanti!», respondió Silone en tono provocador. El cura bajó del tren y poco después reapareció con el Avanti. Más tarde, el muchacho le preguntó: «¿Por qué no vino don Orione?». Respuesta: «Yo soy don Orione. Disculpa si no me presenté»".
"«Me sentí mal -confesó Silone-. Me consideré despreciable y vil, y balbucí algunas excusas por haberle dejado transportar mis maletas y por lo demás. Él sonrió y me confesó la felicidad que le procuraba el poder, a veces, llevar las maletas de muchachos impertinentes como yo. Me confió también: 'Mi vocación sería poder vivir como un auténtico asno de Dios, como un auténtico asno de la Providencia'»".
"Resulta hermoso este gesto, especialmente hoy, cuando los pobres son tantos, y tantos también los que hablan y escriben para los marginados, pero son pocos los auténticos «asnos» que aceptan cargar con los fardos de los demás" (De "El Papa de la sonrisa" de N. Valentini y M. Bacchiani-Editorial Noguer SA-Barcelona 1978).
También existen los falsos humildes que actúan con aparente sencillez tan sólo para parecer virtuosos, como es el caso de Jorge Bergoglio. En cierta ocasión, pudo observarse un video en el cual aparece caminando junto a unos señores, posiblemente sacerdotes africanos. De repente, Bergoglio detiene su marcha y le besa los pies, o los zapatos, a dichos acompañantes, advitiéndose cierta teatralización o sobreactuación poco esperable en un Papa.
También se observa, especialmente en los países subdesarrollados, una mentalidad opuesta a la que favorece la cooperación social, ya que, al no sentirse cierta sensación de igualdad, respecto de los demás, surge la prediposición a no colaborar en lo más mínimo, ya que colaborar significaría "rebajarse" ante los demás. En este caso es oportuno mencionar el caso de un escritor que va a un pueblo del sur de Italia en donde es llevado por un vehículo de alquiler. Durante el trayecto, el conductor se detiene para mover un árbol caído sobre la ruta. Grande fue la sorpresa del escritor cuando, luego de pasar, el conductor se detiene nuevamente, esta vez para volver a poner el tronco en el lugar anterior. Ante la pregunta por su accionar, el conductor responde que "No quiere ser tomado por tonto".
Esta actitud a favor de la anti-cooperación social, tiene gran importancia en la economía ya que toda actividad laboral tiende a establecer una producción que irá a beneficiar a alguien, generalmente desconocido, además de beneficiar a quien la produce. De ahí que surgirá una predisposición a esforzarse mínimamente, incluso trabajando a desgano, por cuanto cada individuo no quiere "pasar por tonto" beneficiando a los demás.
Bajo los sistemas totalitarios, los vínculos personales tienden a ser perturbados por el Estado, por lo que todo mérito o toda culpa son limitados por la ausencia de libertad.
Estamos hablando esencialmente de la actitud resultante de adoptar las sugerencias bíblicas a través del cumplimiento de los mandamientos éticos. Como ejemplo puede mencionarse la actitud del sacerdote Don Orione. Albino Luciani (Juan Pablo I) expresó: "Ignazio Silone, en una página inolvidable, cuenta cómo, de muchacho, debiendo ingresar en un colegio de Liguria, encontró a don Luigi Orione en la estación de Roma".
"Notó que, debajo de la farola, había un cura anónimo que había acudido a recibirlo a él y a otros chicos, y se irritó porque don Orione no había ido en persona. Por lo tanto, dejó que el cura cargase con las maletas y los paquetes, sin mover un dedo para ayudarlo".
"Una vez en el tren, el curita le preguntó si quería un periódico. "Sí, el Avanti!», respondió Silone en tono provocador. El cura bajó del tren y poco después reapareció con el Avanti. Más tarde, el muchacho le preguntó: «¿Por qué no vino don Orione?». Respuesta: «Yo soy don Orione. Disculpa si no me presenté»".
"«Me sentí mal -confesó Silone-. Me consideré despreciable y vil, y balbucí algunas excusas por haberle dejado transportar mis maletas y por lo demás. Él sonrió y me confesó la felicidad que le procuraba el poder, a veces, llevar las maletas de muchachos impertinentes como yo. Me confió también: 'Mi vocación sería poder vivir como un auténtico asno de Dios, como un auténtico asno de la Providencia'»".
"Resulta hermoso este gesto, especialmente hoy, cuando los pobres son tantos, y tantos también los que hablan y escriben para los marginados, pero son pocos los auténticos «asnos» que aceptan cargar con los fardos de los demás" (De "El Papa de la sonrisa" de N. Valentini y M. Bacchiani-Editorial Noguer SA-Barcelona 1978).
También existen los falsos humildes que actúan con aparente sencillez tan sólo para parecer virtuosos, como es el caso de Jorge Bergoglio. En cierta ocasión, pudo observarse un video en el cual aparece caminando junto a unos señores, posiblemente sacerdotes africanos. De repente, Bergoglio detiene su marcha y le besa los pies, o los zapatos, a dichos acompañantes, advitiéndose cierta teatralización o sobreactuación poco esperable en un Papa.
También se observa, especialmente en los países subdesarrollados, una mentalidad opuesta a la que favorece la cooperación social, ya que, al no sentirse cierta sensación de igualdad, respecto de los demás, surge la prediposición a no colaborar en lo más mínimo, ya que colaborar significaría "rebajarse" ante los demás. En este caso es oportuno mencionar el caso de un escritor que va a un pueblo del sur de Italia en donde es llevado por un vehículo de alquiler. Durante el trayecto, el conductor se detiene para mover un árbol caído sobre la ruta. Grande fue la sorpresa del escritor cuando, luego de pasar, el conductor se detiene nuevamente, esta vez para volver a poner el tronco en el lugar anterior. Ante la pregunta por su accionar, el conductor responde que "No quiere ser tomado por tonto".
Esta actitud a favor de la anti-cooperación social, tiene gran importancia en la economía ya que toda actividad laboral tiende a establecer una producción que irá a beneficiar a alguien, generalmente desconocido, además de beneficiar a quien la produce. De ahí que surgirá una predisposición a esforzarse mínimamente, incluso trabajando a desgano, por cuanto cada individuo no quiere "pasar por tonto" beneficiando a los demás.
Bajo los sistemas totalitarios, los vínculos personales tienden a ser perturbados por el Estado, por lo que todo mérito o toda culpa son limitados por la ausencia de libertad.
miércoles, 30 de marzo de 2022
Dolarización de la economía
Por Ricardo Manuel Rojas
Escucho mucha gente diciendo que la única solución a la inflación es la dolarización.
En realidad, la única solución a la inflación es bajar drásticamente el gasto, dejar de emitir, bajar impuestos, generar reglas estables que fomenten la inversión de capital en actividad productiva e incrementar la producción.
Como todo eso no lo va a hacer ni este gobierno ni la oposición, muchos piensan que dolarizando se pondrán un corset que les impedirá emitir.
Ese razonamiento es ingenuo por varios motivos:
1) Si tuvieran conciencia del problema y quisieran solucionarlo, no necesitan dolarizar, basta con hacer lo que hay que hacer. Se supone que no son drogadictos o enajenados que deben ser controlados. Y si lo fueran, es ridículo pensar que ellos mismos van a ponerse controles externos, cuando tienen en sí las herramientas para curarse.
2) Como no van a reducir el gasto, no tienen margen para subir impuestos y el país está al borde del default, la única manera que tienen para mantener este nivel de gasto es emitiendo descontroladamente, motivo por el cual jamás eliminarían ese poder, para ellos sería como dispararse en el pie.
3) Si dolarizaran manteniendo este esquema de gasto descontrolado, el país explotaría en un mes, porque el gobierno no podría pagar sueldos, deudas ni planes sociales, ni todo aquello en lo que gasta dinero que emite y que ya no tendrá.
4) Si bajara drásticamente el gasto y saneara la moneda, en realidad la dolarización sería innecesaria. Sólo serviría, quizá, como una tranquilidad a futuro, de que a ningún gobierno se le ocurra volver a usar la emisión como financiamiento de gasto. Pero dolarizar sin modificar la estructura de gastos, es una locura que duraría poco antes de explotar.
Las soluciones mágicas no existen. Es bueno recordar que Menem, antes de establecer la convertibilidad, saneó la economía, privatizó empresas estatales, vendió activos innecesarios, desreguló. Recién entonces pudo ir a la convertibilidad.
Pensar que la dolarización es la solución al grave problema económico argentino, es poner el carro delante del caballo. Yo estoy de acuerdo con eliminar el poder estatal de establecer moneda, en un país donde eso se usa para financiar gasto público. Pero antes de hacerlo, hay que sanear la economía. Sin ello, lo otro no servirá de nada.
(De www.facebook.com)
Escucho mucha gente diciendo que la única solución a la inflación es la dolarización.
En realidad, la única solución a la inflación es bajar drásticamente el gasto, dejar de emitir, bajar impuestos, generar reglas estables que fomenten la inversión de capital en actividad productiva e incrementar la producción.
Como todo eso no lo va a hacer ni este gobierno ni la oposición, muchos piensan que dolarizando se pondrán un corset que les impedirá emitir.
Ese razonamiento es ingenuo por varios motivos:
1) Si tuvieran conciencia del problema y quisieran solucionarlo, no necesitan dolarizar, basta con hacer lo que hay que hacer. Se supone que no son drogadictos o enajenados que deben ser controlados. Y si lo fueran, es ridículo pensar que ellos mismos van a ponerse controles externos, cuando tienen en sí las herramientas para curarse.
2) Como no van a reducir el gasto, no tienen margen para subir impuestos y el país está al borde del default, la única manera que tienen para mantener este nivel de gasto es emitiendo descontroladamente, motivo por el cual jamás eliminarían ese poder, para ellos sería como dispararse en el pie.
3) Si dolarizaran manteniendo este esquema de gasto descontrolado, el país explotaría en un mes, porque el gobierno no podría pagar sueldos, deudas ni planes sociales, ni todo aquello en lo que gasta dinero que emite y que ya no tendrá.
4) Si bajara drásticamente el gasto y saneara la moneda, en realidad la dolarización sería innecesaria. Sólo serviría, quizá, como una tranquilidad a futuro, de que a ningún gobierno se le ocurra volver a usar la emisión como financiamiento de gasto. Pero dolarizar sin modificar la estructura de gastos, es una locura que duraría poco antes de explotar.
Las soluciones mágicas no existen. Es bueno recordar que Menem, antes de establecer la convertibilidad, saneó la economía, privatizó empresas estatales, vendió activos innecesarios, desreguló. Recién entonces pudo ir a la convertibilidad.
Pensar que la dolarización es la solución al grave problema económico argentino, es poner el carro delante del caballo. Yo estoy de acuerdo con eliminar el poder estatal de establecer moneda, en un país donde eso se usa para financiar gasto público. Pero antes de hacerlo, hay que sanear la economía. Sin ello, lo otro no servirá de nada.
(De www.facebook.com)
domingo, 27 de marzo de 2022
Acceso a la ley natural: Razón vs. Experimentación
Mientras que en las ciencias exactas se accede a las leyes naturales, correspondientes a cada rama científica, mediante la verificación experimental, en el ámbito de algunas ramas de la ciencia social todavía se supone que la vía de acceso sólo ha de ser la razón, es decir, en cierta forma se acepta que se transita por una etapa precientífica, o filosófica. De ahí que en lugar de "ciencia social" debería mantenerse la denominación de "filosofía social".
En realidad, los razonamientos son también inherentes a las ciencias exactas, mientras que la verificación experimental es una especie de "control de calidad" que permite confirmar o rechazar las hipótesis propuestas mediante la razón. Existen también, en el ámbito de las ciencias sociales, algunas ramas, como la psicología social, en las que se diseñan experiencias concretas para establecer confirmaciones o rechazos experimentales.
Entre los adherentes a la razón, como vía de acceso a las leyes naturales, aparece Murray N. Rothbard, quien escribió: "Si, pues, la razón descubre, a partir de las «inclinaciones básicas de la naturaleza humana...la ley natural absoluta, inmutable y de validez universal en todos los tiempos y lugares», se sigue que esta ley natural proporciona un cuerpo objetivo de normas éticas en virtud del cual se pueden juzgar las acciones humanas en todo tiempo y lugar".
"Pueden establecerse los principios legales de toda sociedad por tres diferentes caminos: a) siguiendo las costumbres tradicionales de la tribu o de la comunidad; b) obedeciendo la voluntad arbitraria y ad hoc de quienes dirigen el aparato del Estado; o c) utilizando la razón humana para descubrir la ley natural -resumidamente: por conformismo servil a la costumbre, por arbitrio caprichoso o por el uso de la razón humana. Estas son, en esencia, las únicas vías posibles para establecer la ley positiva" (De "La ética de la libertad"-Unión Editorial SA-Buenos Aires 2012).
Es indudable que debemos encontrar, entre la gran cantidad de leyes naturales existentes, las esenciales para una mayor adaptación al orden natural. Tanto la religión, como la filosofía y las ciencias sociales, deberían adoptar, como fundamento, un principio básico que sirviera para orientar a todo ser humano hacia una vida plena de significado y evitar toda vida exenta de sentido. Los principios, o puntos de partida, de todo conjunto de ideas lógicamente coherente, son, en general, poco vistosos, de la misma forma en que lo son los cimientos de un gran edificio. Sin embargo, son los cimientos los que permiten construir un edificio que tenga suficiente estabilidad y así durar por mucho tiempo.
Por lo general, se aduce que las ciencias sociales deberían describir al ser humano tal cual es, adoptando una postura neutral acerca de lo que debe ser. Si suponemos que el científico social ha de ser un especialista, que tiene mayor conocimiento del ser humano que el no especialista, es indudable que ha de ser quien sugiera "lo que el ser humano debe ser" como una optimización de "lo que es". Nicholas S. Timasheff escribió: "El historiador muestra lo variable; el sociólogo señala lo constante y recurrente. La historia describe la multitud de combinaciones concretas en que se han encontrado los hombres interdependientes; la sociología descompone las diferentes combinaciones en sus relativamente pocos elementos básicos y formula las leyes que las gobiernan. El descubrimiento de esas leyes, o el enunciado de las relaciones necesarias e invariables entre un limitado número de elementos en que puede descomponerse la realidad social, es el verdadero objetivo de la sociología, equivalente a los objetivos de la física, la química, la biología y la psicología en sus campos respectivos" (De "La teoría sociológica"-Fondo de Cultura Económica-México 1961).
El principio adoptado como punto de partida deberá constituir un axioma que permita luego deducir la mayor parte de los aspectos inherentes al comportamiento humano, constituyendo de esa forma la base de un conocimiento organizado. Además, tal axioma deberá tener un carácter objetivo, preferentemente ha de ser observable y verificable por cualquier individuo que así lo requiera. Los principios subjetivos, de validez personal o sectorial, conducen muchas veces a conflictos y antagonismos entre sectores.
Se advierte que estamos buscando una teoría ética que oriente las actitudes individuales en un sentido determinado para llegar a establecer una sociedad, y una humanidad, en las que predomine la cooperación social dejando de lado toda forma de competencia egoísta. La palabra "predisposición" es la que mejor se adapta a la definición de "actitud". James W. Vander Zanden escribió: "Una actitud es una tendencia o predisposición adquirida y relativamente duradera a evaluar de determinado modo a una persona, suceso o situación y actuar en consonancia con dicha evaluación. Constituye, pues, una orientación social, o sea, una inclinación subyacente a responder a algo de manera favorable o desfavorable. En tal sentido, una actitud es un estado de ánimo" (Del "Manual de psicología social"-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 1986).
El principio básico de toda ciencia experimental proviene de la existencia de leyes naturales invariantes que rigen todo lo existente. De ahí que el principio a adoptar como fundamento de las ciencias sociales ha de ser una ley natural invariante que rige toda conducta individual; este es el caso de la empatía emocional. Una definición general sería:
Empatía emocional es la respuesta emocional que en un individuo produce la presencia o la referencia de otra persona y de todo lo que a ella le suceda.
Si asociamos nuestras emociones a la tristeza y la alegría, la empatía emocional implica responder con tristeza o alegría a los estados de tristeza o alegría ajenas. Todas las posibilidades son las siguientes:
Empatía positiva: Compartir penas y alegrías ajenas como propias
Empatía neutra: Indiferencia ante las penas y las alegrías ajenas
Empatía negativa: Alegrarse por la tristeza ajena y entristecerse por su alegría
Las respuestas emocionales, actitudes o predisposiciones, son: el amor (empatía positiva), el egoísmo (empatía neutra) y el odio (empatía negativa). Por lo cual la optimización mencionada implica adoptar la actitud por la cual compartimos las penas y las alegrías ajenas como propias, que constituye esencialmente el bíblico "Amarás al prójimo como a ti mismo".
A partir de la empatía emocional es posible adoptar un principio descriptivo bajo el cual podremos "juzgar" los diversos comportamientos y actitudes personales de todas las personas, incluidos, por supuesto, cada uno de nosotros mismos.
En realidad, los razonamientos son también inherentes a las ciencias exactas, mientras que la verificación experimental es una especie de "control de calidad" que permite confirmar o rechazar las hipótesis propuestas mediante la razón. Existen también, en el ámbito de las ciencias sociales, algunas ramas, como la psicología social, en las que se diseñan experiencias concretas para establecer confirmaciones o rechazos experimentales.
Entre los adherentes a la razón, como vía de acceso a las leyes naturales, aparece Murray N. Rothbard, quien escribió: "Si, pues, la razón descubre, a partir de las «inclinaciones básicas de la naturaleza humana...la ley natural absoluta, inmutable y de validez universal en todos los tiempos y lugares», se sigue que esta ley natural proporciona un cuerpo objetivo de normas éticas en virtud del cual se pueden juzgar las acciones humanas en todo tiempo y lugar".
"Pueden establecerse los principios legales de toda sociedad por tres diferentes caminos: a) siguiendo las costumbres tradicionales de la tribu o de la comunidad; b) obedeciendo la voluntad arbitraria y ad hoc de quienes dirigen el aparato del Estado; o c) utilizando la razón humana para descubrir la ley natural -resumidamente: por conformismo servil a la costumbre, por arbitrio caprichoso o por el uso de la razón humana. Estas son, en esencia, las únicas vías posibles para establecer la ley positiva" (De "La ética de la libertad"-Unión Editorial SA-Buenos Aires 2012).
Es indudable que debemos encontrar, entre la gran cantidad de leyes naturales existentes, las esenciales para una mayor adaptación al orden natural. Tanto la religión, como la filosofía y las ciencias sociales, deberían adoptar, como fundamento, un principio básico que sirviera para orientar a todo ser humano hacia una vida plena de significado y evitar toda vida exenta de sentido. Los principios, o puntos de partida, de todo conjunto de ideas lógicamente coherente, son, en general, poco vistosos, de la misma forma en que lo son los cimientos de un gran edificio. Sin embargo, son los cimientos los que permiten construir un edificio que tenga suficiente estabilidad y así durar por mucho tiempo.
Por lo general, se aduce que las ciencias sociales deberían describir al ser humano tal cual es, adoptando una postura neutral acerca de lo que debe ser. Si suponemos que el científico social ha de ser un especialista, que tiene mayor conocimiento del ser humano que el no especialista, es indudable que ha de ser quien sugiera "lo que el ser humano debe ser" como una optimización de "lo que es". Nicholas S. Timasheff escribió: "El historiador muestra lo variable; el sociólogo señala lo constante y recurrente. La historia describe la multitud de combinaciones concretas en que se han encontrado los hombres interdependientes; la sociología descompone las diferentes combinaciones en sus relativamente pocos elementos básicos y formula las leyes que las gobiernan. El descubrimiento de esas leyes, o el enunciado de las relaciones necesarias e invariables entre un limitado número de elementos en que puede descomponerse la realidad social, es el verdadero objetivo de la sociología, equivalente a los objetivos de la física, la química, la biología y la psicología en sus campos respectivos" (De "La teoría sociológica"-Fondo de Cultura Económica-México 1961).
El principio adoptado como punto de partida deberá constituir un axioma que permita luego deducir la mayor parte de los aspectos inherentes al comportamiento humano, constituyendo de esa forma la base de un conocimiento organizado. Además, tal axioma deberá tener un carácter objetivo, preferentemente ha de ser observable y verificable por cualquier individuo que así lo requiera. Los principios subjetivos, de validez personal o sectorial, conducen muchas veces a conflictos y antagonismos entre sectores.
Se advierte que estamos buscando una teoría ética que oriente las actitudes individuales en un sentido determinado para llegar a establecer una sociedad, y una humanidad, en las que predomine la cooperación social dejando de lado toda forma de competencia egoísta. La palabra "predisposición" es la que mejor se adapta a la definición de "actitud". James W. Vander Zanden escribió: "Una actitud es una tendencia o predisposición adquirida y relativamente duradera a evaluar de determinado modo a una persona, suceso o situación y actuar en consonancia con dicha evaluación. Constituye, pues, una orientación social, o sea, una inclinación subyacente a responder a algo de manera favorable o desfavorable. En tal sentido, una actitud es un estado de ánimo" (Del "Manual de psicología social"-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 1986).
El principio básico de toda ciencia experimental proviene de la existencia de leyes naturales invariantes que rigen todo lo existente. De ahí que el principio a adoptar como fundamento de las ciencias sociales ha de ser una ley natural invariante que rige toda conducta individual; este es el caso de la empatía emocional. Una definición general sería:
Empatía emocional es la respuesta emocional que en un individuo produce la presencia o la referencia de otra persona y de todo lo que a ella le suceda.
Si asociamos nuestras emociones a la tristeza y la alegría, la empatía emocional implica responder con tristeza o alegría a los estados de tristeza o alegría ajenas. Todas las posibilidades son las siguientes:
Empatía positiva: Compartir penas y alegrías ajenas como propias
Empatía neutra: Indiferencia ante las penas y las alegrías ajenas
Empatía negativa: Alegrarse por la tristeza ajena y entristecerse por su alegría
Las respuestas emocionales, actitudes o predisposiciones, son: el amor (empatía positiva), el egoísmo (empatía neutra) y el odio (empatía negativa). Por lo cual la optimización mencionada implica adoptar la actitud por la cual compartimos las penas y las alegrías ajenas como propias, que constituye esencialmente el bíblico "Amarás al prójimo como a ti mismo".
A partir de la empatía emocional es posible adoptar un principio descriptivo bajo el cual podremos "juzgar" los diversos comportamientos y actitudes personales de todas las personas, incluidos, por supuesto, cada uno de nosotros mismos.
martes, 22 de marzo de 2022
La colonización kirchnerista del peronismo
Para muchos, el kirchnerismo es distinto del peronismo. Sin embargo, es innegable que la gran mayoría de los peronistas acepta y vota a favor de los candidatos kirchneristas, por lo que, en este caso, no sería del todo adecuado hablar de una colonización o usurpación kirchnerista del peronismo, sino de cierta identidad entre uno y otro movimiento.
La cuestión esencial radica en observar coincidencias y diferencias entre el peronismo original (totalitarismo fascista) y el kirchnerismo (socialismo totalitario). Si bien en muchos países fascismo y socialismo se han distinguido uno del otro, y se han considerado opositores o enemigos, ya que ambos se disputaban el poder, desde el punto de vista liberal, o democrático, tienen muchas cosas en común. Seymour Martin Lipset escribio: “A diferencia de las tendencias antidemocráticas del ala derecha, que se apoyaban en los estratos más acomodados y tradicionalistas, y de aquellas tendencias que preferimos llamar fascismo «verdadero» -autoritarismo centrista apoyado en las clases medias liberales, fundamentalmente los trabajadores independientes-, el peronismo, en gran parte como los partidos marxistas, se orientó hacia las clases más pobres, principalmente los trabajadores urbanos, pero también hacia la población rural más empobrecida”.
“El peronismo posee una ideología del Estado fuerte, totalmente similar a la abogada por Mussolini. También posee un fuerte contenido populista antiparlamentario, destacando que el poder del partido y el dirigente se derivan directamente del pueblo, y que el parlamentarismo se convierte en gobierno de políticos incompetentes y corruptos. Comparte con el autoritarismo del ala derecha y centrista una fuerte inclinación nacionalista, y atribuye muchas de las dificultades encaradas por el país a los extranjeros –los financistas internacionales y otros-. Y al igual que las otras dos formas de extremismo, glorifica la posición de las fuerzas armadas”.
“Todas estas medidas [legislación social], que se nos aparecen como el programa de un partido obrero totalmente radical, se combinaban con un nacionalismo extremo, un fuerte énfasis en el papel dominante del «líder», una ideología corporativista, una demagogia populista, y una falta de respeto por el constitucionalismo y la tradición. No sorprende que Perón ganara el apoyo entusiasta de los estratos inferiores, tanto rurales como urbanos, y una fuerte oposición de la clase media, las grandes empresas y los terratenientes. En gran medida, fue apoyado en la dominación que ejercía por las fuerzas armadas, de cuyo cuerpo de oficiales provenía”.
“En cierta medida, su régimen consistía en una coalición entre los oficiales nacionalistas de un país subdesarrollado y sus clases bajas, orientada contra los imperialistas extranjeros y los «renegados» burgueses locales. Finalmente el régimen fue derrumbado por los oficiales y la Iglesia, que habían sido alejados por el extremismo de Perón, su falta de responsabilidad, y su continuo antagonismo para con los estratos a los que ellos pertenecían” (De “El hombre político”-EUDEBA-Buenos Aires 1963).
El nazismo, como derivado del fascismo, presentó ciertas semejanzas con el marxismo-leninismo. Si en una proclama nazi se cambia la expresión "raza inferior" por "clase social incorrecta" (o burguesía), se establece una proclama de tipo marxista-leninista. De ahí que Friedrich A. Hayek advertía que era frecuente el traspaso de adeptos del marxismo al nazismo. Al respecto escribió: “No menos significativa es la historia intelectual de muchos dirigentes nazis y fascistas. Todo el que ha observado el desarrollo de estos movimientos en Italia o Alemania se ha extrañado ante el número de dirigentes, de Mussolini para abajo (y sin excluir a Laval y a Quisling), que empezaron como socialistas y acabaron como fascistas o nazis. Y lo que es cierto en los dirigentes es todavía más verdad de las filas del movimiento. La relativa facilidad con que un joven comunista puede convertirse en un nazi, o viceversa, se conocía muy bien en Alemania, y mejor que nadie lo sabían los propagandistas de ambos partidos. Muchos profesores de universidad británicos han visto en la década de 1930 retornar del continente a estudiantes ingleses y americanos que no sabían si eran comunistas o nazis, pero estaban seguros de odiar la civilización liberal occidental” (De “Camino de servidumbre”-Alianza Editorial SA-Madrid 1978).
Por similares razones, peronistas y kirchneristas de hacen indistinguibles, ya que ambos odian a los empresarios, a los EEUU, a Occidente, al capitalismo, etc. Debe mencionarse que los líderes kirchneristas han establecido relaciones ideológicas y políticas con preferencia por tiranos como Ortega, Maduro y Putin.
La cuestión esencial radica en observar coincidencias y diferencias entre el peronismo original (totalitarismo fascista) y el kirchnerismo (socialismo totalitario). Si bien en muchos países fascismo y socialismo se han distinguido uno del otro, y se han considerado opositores o enemigos, ya que ambos se disputaban el poder, desde el punto de vista liberal, o democrático, tienen muchas cosas en común. Seymour Martin Lipset escribio: “A diferencia de las tendencias antidemocráticas del ala derecha, que se apoyaban en los estratos más acomodados y tradicionalistas, y de aquellas tendencias que preferimos llamar fascismo «verdadero» -autoritarismo centrista apoyado en las clases medias liberales, fundamentalmente los trabajadores independientes-, el peronismo, en gran parte como los partidos marxistas, se orientó hacia las clases más pobres, principalmente los trabajadores urbanos, pero también hacia la población rural más empobrecida”.
“El peronismo posee una ideología del Estado fuerte, totalmente similar a la abogada por Mussolini. También posee un fuerte contenido populista antiparlamentario, destacando que el poder del partido y el dirigente se derivan directamente del pueblo, y que el parlamentarismo se convierte en gobierno de políticos incompetentes y corruptos. Comparte con el autoritarismo del ala derecha y centrista una fuerte inclinación nacionalista, y atribuye muchas de las dificultades encaradas por el país a los extranjeros –los financistas internacionales y otros-. Y al igual que las otras dos formas de extremismo, glorifica la posición de las fuerzas armadas”.
“Todas estas medidas [legislación social], que se nos aparecen como el programa de un partido obrero totalmente radical, se combinaban con un nacionalismo extremo, un fuerte énfasis en el papel dominante del «líder», una ideología corporativista, una demagogia populista, y una falta de respeto por el constitucionalismo y la tradición. No sorprende que Perón ganara el apoyo entusiasta de los estratos inferiores, tanto rurales como urbanos, y una fuerte oposición de la clase media, las grandes empresas y los terratenientes. En gran medida, fue apoyado en la dominación que ejercía por las fuerzas armadas, de cuyo cuerpo de oficiales provenía”.
“En cierta medida, su régimen consistía en una coalición entre los oficiales nacionalistas de un país subdesarrollado y sus clases bajas, orientada contra los imperialistas extranjeros y los «renegados» burgueses locales. Finalmente el régimen fue derrumbado por los oficiales y la Iglesia, que habían sido alejados por el extremismo de Perón, su falta de responsabilidad, y su continuo antagonismo para con los estratos a los que ellos pertenecían” (De “El hombre político”-EUDEBA-Buenos Aires 1963).
El nazismo, como derivado del fascismo, presentó ciertas semejanzas con el marxismo-leninismo. Si en una proclama nazi se cambia la expresión "raza inferior" por "clase social incorrecta" (o burguesía), se establece una proclama de tipo marxista-leninista. De ahí que Friedrich A. Hayek advertía que era frecuente el traspaso de adeptos del marxismo al nazismo. Al respecto escribió: “No menos significativa es la historia intelectual de muchos dirigentes nazis y fascistas. Todo el que ha observado el desarrollo de estos movimientos en Italia o Alemania se ha extrañado ante el número de dirigentes, de Mussolini para abajo (y sin excluir a Laval y a Quisling), que empezaron como socialistas y acabaron como fascistas o nazis. Y lo que es cierto en los dirigentes es todavía más verdad de las filas del movimiento. La relativa facilidad con que un joven comunista puede convertirse en un nazi, o viceversa, se conocía muy bien en Alemania, y mejor que nadie lo sabían los propagandistas de ambos partidos. Muchos profesores de universidad británicos han visto en la década de 1930 retornar del continente a estudiantes ingleses y americanos que no sabían si eran comunistas o nazis, pero estaban seguros de odiar la civilización liberal occidental” (De “Camino de servidumbre”-Alianza Editorial SA-Madrid 1978).
Por similares razones, peronistas y kirchneristas de hacen indistinguibles, ya que ambos odian a los empresarios, a los EEUU, a Occidente, al capitalismo, etc. Debe mencionarse que los líderes kirchneristas han establecido relaciones ideológicas y políticas con preferencia por tiranos como Ortega, Maduro y Putin.
domingo, 20 de marzo de 2022
¿Cómo nace un kirchnerista?
Breve síntesis:
1- Tómese un ser humano normal y enséñele sólo sus derechos. Nada de obligaciones. Ahí tiene a un PERONISTA.
2- A ese PERONISTA dele un subsidio para que no tenga que trabajar. Ya tiene un MILITANTE.
3- Y a ese MILITANTE enséñele a robar. Ya tiene al KIRCHNERISTA
(Por Horacio Muente en twitter.com)
1- Tómese un ser humano normal y enséñele sólo sus derechos. Nada de obligaciones. Ahí tiene a un PERONISTA.
2- A ese PERONISTA dele un subsidio para que no tenga que trabajar. Ya tiene un MILITANTE.
3- Y a ese MILITANTE enséñele a robar. Ya tiene al KIRCHNERISTA
(Por Horacio Muente en twitter.com)
sábado, 19 de marzo de 2022
Salir de la crisis
La severa crisis moral y social que padecemos en la Argentina, nos induce a buscar una inmediata reversión. Ello no implica que debamos esperar que en poco tiempo se resuelvan todos los problemas existentes, sino que es imprescindible establecer un punto de partida para revertir la caída y comenzar un ascenso posterior.
Desde la política, la economía, la educación, la religión, etc., se proponen soluciones aunque, por lo general, se ignora a los demás sectores. También se ignoran las ideas y las creencias del ciudadano común, ya que existe cierta mentalidad generalizada de la sociedad que debe conocerse y subsanarse. De ahí que, la validez de un mensaje religioso, por ejemplo, quedará limitada a un sector de la sociedad. Tampoco las soluciones políticas, a partir de leyes establecidas en el Congreso Nacional, resultan suficientes para establecer el cambio de mentalidad necesario. Publio Cornelio Tácito escribió: "El Estado más corrompido es el que más leyes tiene".
Desde la economía se sugieren dos caminos posibles; el de la redistribución de lo existente, por una parte, y el del aumento de la producción, por otra parte. La primera alternativa ha fracasado rotundamente mientras que la segunda requiere de un previo cambio de la mentalidad predominante, que va desde una sociedad mayoritariamente antiempresarial y estatista a una sociedad favorable a la producción y el trabajo.
Esto implica que, antes que un pacto entre sectores políticos, o antes de adherir a la economía que mejor funciona, es necesario establecer una ideología básica que promueva el conocimiento necesario para el cambio de mentalidad previo a todo intento restaurador de lo perdido.
Para salir de la severa crisis es necesaria la participación y la cooperación activa de toda la sociedad, en lugar de esperar acuerdos entre sectores políticos, ya que, en caso de lograrse tales acuerdos, poco resultados positivos se han de esperar si la mayoría de la población mantiene sus mismas ideas, sus mismos hábitos y sus mismas costumbres.
No toda ideología orientadora podrá lograr el objetivo anterior, ya que varias de ellas no se fundamentan en las leyes naturales que rigen nuestras conductas individuales, y aún cuando las tengan en cuenta, nada garantiza que vayan a ser aceptadas por la sociedad. De ahí que nos enfrentamos otra vez con el principio de "prueba y error". Pero, sin una ideología de adaptación, como conjunto de ideas favorables a la adaptación al orden natural, muy pocas serán las probabilidades de éxito.
Las ideologías vigentes en la actualidad, ya sean establecidas explícitamente, o bien implícitamente, tienden a reemplazar, en cada cerebro, a la propia realidad. Esto conduce a un verdadero alejamiento del mundo real impidiendo toda posible cooperación entre individuos y sectores.
Lo que resulta absurdo es el caso del político que supone que tan sólo con su presencia y sus sabias decisiones, podrá cambiar el rumbo del país aun cuando la mayoría de la población mantenga sus mismas ideas, creencias y costumbres, como antes se dijo. Entre ellas aparece el predominio de los derechos sobres los deberes. Ortega y Gasset advertía que "el hombre masa no tiene obligaciones, sino sólo derechos"; de ahí que toda sociedad de masas ha de fracasar como sociedad, ya que se requiere formar una sociedad de individuos no masificados, para que la realidad impere en sus mentes antes que lo haga cualquier forma de ideología vigente.
La decadencia argentina se debe esencialmente a fallas morales, ya que, si tanto la política, como la economía, la educación, etc., están en crisis, ello implica que es el propio ser humano el afectado de una crisis moral. Simone Weil escribió: “La noción de obligación prima sobre la de derecho, que le es subordinada y relativa. Un derecho no es eficaz por sí mismo, sino únicamente por la obligación a que corresponde; el cumplimiento efectivo de un derecho proviene no de quien lo posee, sino de los otros hombres que se reconocen obligados hacia él. La obligación es eficaz desde que es reconocida. Una obligación que no fuera reconocida por nadie, no perdería nada de la plenitud de su ser. Un derecho que no es reconocido por nadie no es gran cosa”.
“No tiene sentido decir que los hombres poseen por una parte derechos y por otra deberes. Estas palabras expresan diferentes puntos de vista. Su relación es la de objeto y sujeto. Un hombre considerado en sí mismo sólo tiene deberes, entre los que se cuentan ciertos deberes para consigo mismo. Los otros, considerados desde su punto de vista, sólo tienen derechos. A su vez tiene derechos cuando es considerado desde el punto de vista de los otros, que reconocen sus obligaciones para con él. Un hombre que estuviera solo en el universo no tendría ningún derecho, pero tendría obligaciones” (De “Raíces del existir”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2000).
Una ideología de adaptación al orden natural no debe ser otra cosa que un conjunto de ideas coherentes basadas en el principio o ley básica de supervivencia, como lo es la empatía emocional, que implica una predisposición permanente a compartir las penas y las alegrías ajenas como propias, que no es otra cosa que la ética cristina. Esta vez deberá quedar desprovista de los misterios que la alejan de la gente ya que la religión moral prioriza comportamientos antes que creencias.
Desde la política, la economía, la educación, la religión, etc., se proponen soluciones aunque, por lo general, se ignora a los demás sectores. También se ignoran las ideas y las creencias del ciudadano común, ya que existe cierta mentalidad generalizada de la sociedad que debe conocerse y subsanarse. De ahí que, la validez de un mensaje religioso, por ejemplo, quedará limitada a un sector de la sociedad. Tampoco las soluciones políticas, a partir de leyes establecidas en el Congreso Nacional, resultan suficientes para establecer el cambio de mentalidad necesario. Publio Cornelio Tácito escribió: "El Estado más corrompido es el que más leyes tiene".
Desde la economía se sugieren dos caminos posibles; el de la redistribución de lo existente, por una parte, y el del aumento de la producción, por otra parte. La primera alternativa ha fracasado rotundamente mientras que la segunda requiere de un previo cambio de la mentalidad predominante, que va desde una sociedad mayoritariamente antiempresarial y estatista a una sociedad favorable a la producción y el trabajo.
Esto implica que, antes que un pacto entre sectores políticos, o antes de adherir a la economía que mejor funciona, es necesario establecer una ideología básica que promueva el conocimiento necesario para el cambio de mentalidad previo a todo intento restaurador de lo perdido.
Para salir de la severa crisis es necesaria la participación y la cooperación activa de toda la sociedad, en lugar de esperar acuerdos entre sectores políticos, ya que, en caso de lograrse tales acuerdos, poco resultados positivos se han de esperar si la mayoría de la población mantiene sus mismas ideas, sus mismos hábitos y sus mismas costumbres.
No toda ideología orientadora podrá lograr el objetivo anterior, ya que varias de ellas no se fundamentan en las leyes naturales que rigen nuestras conductas individuales, y aún cuando las tengan en cuenta, nada garantiza que vayan a ser aceptadas por la sociedad. De ahí que nos enfrentamos otra vez con el principio de "prueba y error". Pero, sin una ideología de adaptación, como conjunto de ideas favorables a la adaptación al orden natural, muy pocas serán las probabilidades de éxito.
Las ideologías vigentes en la actualidad, ya sean establecidas explícitamente, o bien implícitamente, tienden a reemplazar, en cada cerebro, a la propia realidad. Esto conduce a un verdadero alejamiento del mundo real impidiendo toda posible cooperación entre individuos y sectores.
Lo que resulta absurdo es el caso del político que supone que tan sólo con su presencia y sus sabias decisiones, podrá cambiar el rumbo del país aun cuando la mayoría de la población mantenga sus mismas ideas, creencias y costumbres, como antes se dijo. Entre ellas aparece el predominio de los derechos sobres los deberes. Ortega y Gasset advertía que "el hombre masa no tiene obligaciones, sino sólo derechos"; de ahí que toda sociedad de masas ha de fracasar como sociedad, ya que se requiere formar una sociedad de individuos no masificados, para que la realidad impere en sus mentes antes que lo haga cualquier forma de ideología vigente.
La decadencia argentina se debe esencialmente a fallas morales, ya que, si tanto la política, como la economía, la educación, etc., están en crisis, ello implica que es el propio ser humano el afectado de una crisis moral. Simone Weil escribió: “La noción de obligación prima sobre la de derecho, que le es subordinada y relativa. Un derecho no es eficaz por sí mismo, sino únicamente por la obligación a que corresponde; el cumplimiento efectivo de un derecho proviene no de quien lo posee, sino de los otros hombres que se reconocen obligados hacia él. La obligación es eficaz desde que es reconocida. Una obligación que no fuera reconocida por nadie, no perdería nada de la plenitud de su ser. Un derecho que no es reconocido por nadie no es gran cosa”.
“No tiene sentido decir que los hombres poseen por una parte derechos y por otra deberes. Estas palabras expresan diferentes puntos de vista. Su relación es la de objeto y sujeto. Un hombre considerado en sí mismo sólo tiene deberes, entre los que se cuentan ciertos deberes para consigo mismo. Los otros, considerados desde su punto de vista, sólo tienen derechos. A su vez tiene derechos cuando es considerado desde el punto de vista de los otros, que reconocen sus obligaciones para con él. Un hombre que estuviera solo en el universo no tendría ningún derecho, pero tendría obligaciones” (De “Raíces del existir”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2000).
Una ideología de adaptación al orden natural no debe ser otra cosa que un conjunto de ideas coherentes basadas en el principio o ley básica de supervivencia, como lo es la empatía emocional, que implica una predisposición permanente a compartir las penas y las alegrías ajenas como propias, que no es otra cosa que la ética cristina. Esta vez deberá quedar desprovista de los misterios que la alejan de la gente ya que la religión moral prioriza comportamientos antes que creencias.
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