domingo, 25 de octubre de 2020

La lógica y el pensamiento religioso

Por lo general, todo lo que acontece en el mundo real, presenta cierta coherencia lógica derivada de la existencia de leyes naturales invariantes. De ahí que tal coherencia, en toda descripción, sea una condición necesaria para que lo descrito sea real. Sin embargo, puede darse el caso de que una falsa descripción tenga coherencia lógica, por lo que el embustero habilidoso podrá engañar a muchos incautos.

Puede decirse que todo lo real es lógico, pero no todo lo lógico es real, contradiciendo a Georg W. Hegel en la segunda parte de la afirmación que emitió al respecto. Así, la coherencia lógica de las ideas y de los pensamientos humanos constituye un criterio orientador respecto de la veracidad de los mismos, ya que la ausencia de tal coherencia resulta ser una señal de posible incompatibilidad con la realidad.

En cuanto a los sistemas ideológicos, puede decirse que aquellos que presentan coherencia lógica tienden a ser aceptados con bastante más frecuencia que aquellos que no la presentan, en forma independiente de la veracidad y de los resultados concretos que producen al ponerlos en práctica. Así, el marxismo tiene cierta coherencia lógica si bien parte de postulados dudosos, o no verificados, mientras que los resultados al ponerlo en práctica fueron desastrosos. El cristianismo, por el contrario, parte de principios no verificables careciendo de coherencia lógica, mientras que la puesta en práctica de sus conclusiones conduce a resultados positivos para el individuo y la sociedad.

Lo que resulta inaccesible a la mayoría de las personas, en cuestiones de religión, es la posibilidad de razonar sobre aquello que carece de coherencia lógica, ya que a la mente adiestrada en el razonamiento científico, por ejemplo, le resultará casi imposible encontrarle sentido a la teología cristiana, aun cuando tenga las intenciones de entenderla en amplitud. De ahí que la ética cristiana tenga una pobre repercusión incluso entre quienes aceptan los principios básicos del cristianismo.

En cuanto a la formación mental, especialmente religiosa, Fabián Urbano escribió: “En materia religiosa el cerebro humano puede aceptar las cosas más inverosímiles y absurdas como lo más natural del mundo, pues es justamente ahí donde se pone de manifiesto la fuerza de la hipnosis estampada a fuego con su formidable poder inductivo. Así pues, lo que para un credo religioso resulta verosímil y natural (porque su cerebro fue educado para aceptar esos valores), para otro credo educado en otra estimativa de valores divinos diferentes, todo ello conjugado, puede resultar absurdo e incongruente, antinatural y totalmente descabellado; porque la hipnosis de este credo responde a otro patrón, impuesto por el dogma y el ritualismo de otro culto con opciones diferentes y opuestas a las que sigue el anterior”.

“Desde los sacrificios de animales y humanos, ofrendados a la divinidad, hasta arribar al culto fetichista más aberrante y maniático, se ha pasado por una escala de valores alucinantes. ¿Con qué finalidad? Con el objeto de mantener contenta y feliz a la divinidad. Ésa es la felicidad postrema de todo culto religioso” (De “El absurdo de los cultos religiosos”-Editorial Plus Ultra-Buenos Aires 1993).

Resulta incomprensible que el Dios que, supuestamente, interviene en los acontecimientos cotidianos, permita el sufrimiento de sus “amados hijos” pudiendo evitarlo fácilmente. Incluso actuaría como una persona vengativa que castiga severamente a quienes desobedecen sus directivas. Luis Triviño escribió al respecto: “Sé que resulta duro a los oídos de un cristiano escuchar que su «Dios revelado» es tan cruel y sanguinario como los «dioses antiguos inventados por el hombre»; no pretendo convencer a nadie que adopte el agnosticismo o el ateísmo como resultado de esta propuesta”.

“Sólo me permito sugerirle al cristiano que cuando observe con devoción al Cristo crucificado, no olvide que detrás o por encima de él está el Eterno Padre por cuya voluntad Cristo sufre y muere, y que está también allí el Espíritu Santo revelando a los hombres la función salvacionista -«quitar los pecados del mundo»- de semejante martirio sufrido por el Dios Hijo según la voluntad del Dios Padre. Una comparación crítica y serena nos permite percibir que entre esta situación y la de varios dioses precolombinos sólo hay diferentes modalidades y detalles, pero que en el fondo responden por igual a la misma superstición: la de creer que un sacrificio humano satisface a la divinidad” (De “El ateísmo”-Editorial Diógenes-Mendoza 2008).

Una explicación frecuente de la no intervención de Dios cuando podría hacerlo, es la creencia de que Dios “pone a prueba” al creyente, tal como lo habría hecho un Stalin con sus allegados. Tal líder totalitario ordenaba la muerte del familiar de un camarada para ver luego si éste le seguía siendo fiel. En caso contrario, Stalin podría también ordenar su asesinato. Así, el “Dios padre”, según creencias extremas, podría enviar al fuego eterno a los padres que se rebelaran contra Dios luego de que un hijo muriera y Dios no hiciera nada pudiendo evitarlo.

A pesar de la grave situación de decadencia moral, están a la espera de ser reconocidos los mandamientos bíblicos y la ética cristiana, ocultos detrás de una gruesa muralla de misterios sagrados y de incoherencias lógicas. Si lo más importante es la creencia masiva en esos misterios, y apenas lo es la moral de los integrantes de la humanidad, el cristianismo deja de constituir una religión moral. Por el contrario, se habrá constituido en un vulgar paganismo hecho a la medida de crédulos que aspiran ir al cielo en minoría esperando ansiosamente que el resto de la humanidad se consuma en el fuego eterno bajo el designio de un “Dios justiciero” que así lo ha decidido. Esta es la esperanza de muchos “cristianos” ante el posible cumplimiento de la profecía establecida por el propio Cristo.

La ética cristiana no necesita fundamentarse en misterios inaccesibles a la razón y al alcance sólo de unos pocos iluminados. Miguel de Unamuno escribió: “La idea de Dios en nada nos ayuda para comprender mejor la existencia, la esencia y la finalidad del Universo. No es más concebible el que haya un Ser Supremo infinito, absoluto y eterno, cuya esencia desconocemos y que haya creado el universo, que el que la base material del Universo mismo, su materia, sea eterna, infinita y absoluta. En nada comprendemos mejor la existencia del mundo con decirnos que lo creó Dios. Es una petición de principio o una solución meramente verbal para encubrir nuestra ignorancia” (De “Del sentimiento trágico de la vida”-Editorial Planeta-Buenos Aires 1985).

Si interpretamos al cristianismo como una religión natural, no revelada, considerando que los méritos de una religión derivan de su compatibilidad con la ley natural y de la eficacia de su puesta en práctica, se habrá dado un importante paso adelante por cuanto esta vez se verá beneficiada la mayoría de los seres humanos, aunque tal posibilidad sea rechazada por la minoría que aspira a la vida eterna por su adhesión incondicional a las creencias vigentes, aunque, como se dijo, manifieste sus deseos poco “amorosos” de que la mayor parte de la humanidad vaya al infierno.

El propio Cristo indicó la prioridad de su religión: no la creencia incondicional, sino el cumplimiento de sus dos mandamientos (que incluyen los anteriores del Antiguo Testamento). Si, desde la religión natural o desde la Psicología Social, se restablece la prioridad mencionada, muy distinto será el destino de la humanidad, al menos comparado con el oscuro porvenir al que nos conduce la actual confusión de ideas y de principios adoptados.

miércoles, 21 de octubre de 2020

Globalización vs. Globalismo

En toda época y en todo lugar se advierte la existencia de una lucha por el poder, por cuanto pareciera que el deporte universal del ser humano consiste en ubicarse por encima de los demás para dominarlos, desafiando los designios establecidos por las leyes naturales que rigen todo lo existente.

No todo poder ha de ser negativo para los demás, como es el promovido por quienes están motivados por un espíritu de cooperación; de ahí que la lucha entre el Bien y el Mal siempre ha de estar presente. El Bien será el resultado de aceptar el gobierno de las leyes naturales sobre todo ser humano mientras que el Mal será el resultado de promover un gobierno humano que ignora tales leyes.

En nuestros días se advierten dos tendencias que aspiran a dominar el planeta: globalización económica, por una parte, y globalismo, por otra parte. La primera tiende a promover una economía libre, o de mercado, en toda la Tierra, con las ventajas y desventajas que ello puede producir, siendo las desventajas las dificultades que todo pueblo tiene para adaptarse a ese proceso. La segunda busca establecer un gobierno supranacional cuyas decisiones sean acatadas por todos los Estados.

De la misma manera en que, en todo país, existe una lucha ideológica entre liberalismo (promotor de la democracia política y económica), y socialismo (promotor de un gobierno material y mental ejercido desde el Estado), a nivel global se reproduce esta tendencia, si bien esta vez el gobierno supranacional está promovido por grandes capitales, formados en economías libres, aliados a sectores históricamente socialistas. César Vidal responde algunas preguntas al respecto:

¿En qué consiste la agenda globalista?

"Lo que primero hay que decir es que no es lo mismo que la globalización. Hay gente que lo confunde pero son dos realidades totalmente distintas. La globalización es un fenómeno extraordinariamente positivo que hace que tú y yo podamos estar hablando ahora mismo con un océano entre medias y que hace que tú puedas tener en formato electrónico un libro mío publicado en EEUU y podríamos añadir millones de ventajas. La agenda globalista, por el contrario, es un plan de dominio mundial. En mi libro cito un pasaje de las memorias de David Rockefeller, que ha sido uno de los grandes impulsores de la agenda globalista, donde comienza diciendo «se nos ha acusado a mi familia y a mí de actuar en contra de los intereses nacionales de EEUU y defender por el contrario un gobierno que derive de una cábala secreta de financieros y de intelectuales y que vaya hacia un nuevo mundo, hacia un nuevo orden mundial» y entonces escribe que si esa es la acusación se confiesa culpable y está orgulloso de ello. Esa agenda globalista existe, tiene unos objetivos muy concretos y tiene muchísima más influencia de la que pudo tener en su día, por ejemplo, la Internacional Comunista, que fue extraordinariamente influyente".

Se decía del Parlamento inglés que lo podía todo salvo convertir al hombre en mujer cosa que ya puede hacer cualquier parlamento gracias a la ideología de género…

"Lo han conseguido, efectivamente. La agenda globalista es un proyecto absolutamente prometeico, con una capacidad sobrenatural de cambiar todo, de cambiar el orden, la economía, la política, hasta la naturaleza humana. Y en ese sentido es algo verdaderamente impresionante. Es una agenda que por un lado pretende reducir drásticamente la población mundial pero cree también en un control económico del planeta. Y esos instrumentos de control económico del planeta van desde endeudar en la medida de lo posible a todas las naciones de tal forma que dejen de ser entidades soberanas e independientes. Resulta revelador que en una entrevista de hace unas semanas Georges Soros asegurase que la crisis de su vida era la crisis del Coronavirus y una de las medidas que proponía con auténtico entusiasmo era la de endeudar perpetuamente a la Unión Europea".

"Frente a la agenda globalista hay una serie de políticos a los que yo denomino patriotas, van desde gente que sostiene posiciones democráticas a dictaduras durísimas como China. El patriotismo lamentablemente no sólo es democrático y ha habido muchos momentos en la historia donde ese patriotismo no tenía nada de democrático, en distintos países y en distintas épocas. Incluye desde políticos como un Orban, un Trump o un Bolsonaro que son democráticos aunque los medios de comunicación estén atizándolos día y noche. Hay políticos que no se pueden definir como democráticos pero que tampoco puede decirse que sean dictadores tipo Putin en Rusia. Y luego hay dictaduras claras como la de China. China no se quiere sumar a la agenda globalista aunque hay intentos desde hace décadas por incorporarla. Lo que pasa es que China tiene su propio programa de expansión global que choca con la agenda globalista y pasa por la nueva ruta de la seda que, para que la gente se haga una idea, incluiría un tren de alta velocidad que saldría de Beijing y acabaría en Madrid. El plan de China es celebrar el centenario de la victoria de la revolución china en 2049 siendo la primera potencia global. Lo pueden conseguir y no es imposible. De hecho algunas de las batallas que se están desarrollando entre EEUU y China en los últimos tiempos son batallas de hegemonía aunque nos estén contando que sólo es una cuestión económica o que les importa la libertad de Hong Kong. Es mentira porque no les ha importado nunca ni siquiera cuando aquello era una colonia británica. Aquí el problema de fondo es que China puede ser una potencia hegemónica, que se adelante a EEUU y que lo haga además fundamentalmente por razones tecnológicas".

(De www.lagavetaeconomica.com)

Entre las figuras de mayor relieve internacional, promotora del globalismo, aparece Jorge M. Bergoglio, quien aspira a que un gobierno supranacional establezca lo que él considera como “la sociedad ideal”: Cuba, pero con creencia religiosa. César Vidal comenta que tal postura aparece explicitada en el prólogo de Bergoglio a un libro que relata el encuentro entre Juan Pablo II y Fidel Castro. En la última encíclica, o publicación papal, “Fratelli tutti”, Bergoglio confirma esta posibilidad al oponerse a la economía de mercado, al individualismo, a la propiedad privada, al dinero, etc.

Como se sabe, la idea central del cristianismo es el denominado Reino de Dios, es decir, el gobierno de Dios a través de las leyes naturales, o leyes de Dios, con prohibición expresa de todo gobierno del hombre sobre el hombre. El cristianismo auténtico se opone al gobierno del Estado como figura representativa de los gobiernos humanos. De ahí que el jefe de la Iglesia Católica promueve un gobierno totalitario y universal en oposición al autogobierno individual asociado al cumplimiento de los mandamientos bíblicos.

La feroz lucha contra el liberalismo se debe a que éste “no ha resuelto” todos los problemas sociales, como supuestamente proclama. Puede decirse que tanto el cristianismo auténtico como el liberalismo, desde ese punto de vista, han fracasado (aunque no tanto como el socialismo). Sin embargo, debe considerarse como fracaso de todo sistema, los resultados una vez que son acatadas sus prescripciones. Así, si una sociedad “acepta” el cristianismo sin apenas cumplir con los mandamientos bíblicos, en realidad lo está rechazando. También, si en una sociedad surgen muy pocos empresarios, no se establecerán mercados competitivos ni tampoco “economías de mercado”.

Desde sectores “cristianos” se critica el hedonismo y el materialismo reinante en las diversas sociedades, apuntando contra el liberalismo, ignorando que la economía de mercado es un sistema efectivo para traducir las demandas de la gente en bienes y servicios. Si el nivel moral no es el adecuado, ello se debe principalmente a que, desde la religión, no se ha sabido predicar la moral bíblica, ya que los supuestos predicadores “cristianos” han optado por promover el socialismo, que poco o nada tiene que ver con las prédicas cristianas.

El socialista, siempre "generoso" para repartir lo ajeno, nunca de lo propio, también trata que todos los países abran sus fronteras para proteger a los que emigran desde otros países. También en este caso se advierte la "generosidad" para con los derechos de residencia de países ajenos. Bergoglio propone la abolición de las fronteras, en cuyo caso se produciría un éxodo desde sus "sociedades ideales" (Cuba y Venezuela) y de países con gobiernos ineptos y populistas, hacia los países desarrollados (capitalistas).

De ahí que EEUU y Europa duplicarían o triplicarían sus poblaciones por lo que se les crearían serios conflictos a esos países y continentes. En lugar de promover el capitalismo en todas partes del mundo para que nadie tenga la necesidad de emigrar, con gran irresponsabilidad Bergoglio propone la aceptación de una masiva inmigración desde los países que hacen mal las cosas para perjudicar a los que las hacen mejor.

Si los países europeos abrieran sus puertas al inmigrante, sin ninguna exigencia, los musulmanes pronto serían mayoritarios y de inmediato impondrían las leyes y costumbres islámicas a los pobladores originarios. En lugar de exigir soluciones a los países que rechazan a sus propias poblaciones, Bergoglio exige "solidaridad" para que otros se hagan cargo de los errores de tipo socialista o totalitario.

domingo, 18 de octubre de 2020

El peronista y el socialista en la visión de la psicología individual

Por lo general, las distintas posturas políticas son descritas a partir de aspectos cognitivos, asociados a las ideas predominantes en un individuo. Sin embargo, y en muchos casos, las orientaciones políticas y económicas de un sujeto dependen esencialmente de aspectos emocionales, como el amor o el odio dirigidos a diversos sectores y por diversas causas.

La psicología individual está asociada a Alfred Adler, psiquiatra que, como médico, observó en quienes perdían un órgano por accidente o enfermedad (pulmón, riñón, etc.), un desarrollo posterior del órgano sano que les quedaba, como un efecto compensatorio ya que funcionaban con bastante mayor eficacia que en la situación anterior. Este aspecto compensatorio provisto por la naturaleza le advirtió acerca de la posibilidad de que, en los aspectos psicológicos, este mecanismo actuara en forma similar.

De ahí que la psicología individual contemple la existencia de complejos de inferioridad, de distintos orígenes, que potenciarían las respuestas de quienes desearan superarlos. Incluso describe casos de científicos, artistas, deportistas, etc., que se distinguen netamente del resto gracias a la previa existencia de un complejo de inferioridad que debieron vencer. Este es el caso de los “ganadores” en la vida.

También observó casos en que no hubo voluntad ni una lucha por superar complejos de inferioridad apareciendo un débil complejo de superioridad compensatorio que impidió la potenciación benéfica antes mencionada, siendo este el caso de los “perdedores” en la vida. Alfred Adler escribió: “No importa el complejo, sino nuestra reacción ante él. Eso es lo que determina nuestro éxito o nuestro fracaso. Como soy psiquiatra, me interesan principalmente los que fracasan. Los que triunfan son los individuos que se enfrentan con sus incapacidades y tratan valerosamente de vencerlas. Los fracasados son los que se desaniman y se retiran pronto de la lucha. En la base de toda neurosis está un complejo de inferioridad, el resultado de una tentativa de compensación que no ha triunfado del todo” (De “Cómo aprovechar nuestro complejo de inferioridad” de Marie Beynon Ray-Ediciones Cosmos-Buenos Aires 1959).

Mientras que la humildad surge en quienes son conscientes de su inferioridad circunstancial, realizando esfuerzos por superarla, la soberbia surge en quienes son inconscientes de su inferioridad y tienden a desarrollar un complejo de superioridad compensatorio que los hacen transitar por caminos poco satisfactorios tanto para el individuo que los padece como para la sociedad en general.

Es posible encontrar casos históricos en los cuales los complejos de inferioridad por bastardía (de gran importancia en el pasado), definieron el destino de naciones, como la Argentina. Ello se debió principalmente a los complejos de inferioridad no resueltos de Perón, Eva y los Kirchner, si bien el caso de Néstor Kirchner se debió a causas distintas de la bastardía. Como ejemplo opuesto al mencionado, puede citarse el del “hijo natural” Leonardo Da Vinci, que se vio obligado por las circunstancias a ser un autodidacta, ya que por su carácter ilegítimo tenía limitado el acceso a colegios de buen nivel y universidades, llegando a ser uno de los grandes genios de la humanidad.

Los distintos grupos ideológicos, como se dijo antes, no surgen por una cuestión de ideas o creencias, sino por la existencia de complejos resueltos o bien no resueltos. Lo grave del caso es que el éxito de la compensación, logrado por una inusitada fuerza de voluntad, no siempre fue conducido por buenas intenciones, sino que, como en el caso de quienes tenían baja estatura, como Napoleón y Stalin, el éxito personal estuvo asociado a la muerte de gran cantidad de individuos.

Existen sectores del pensamiento político y económico que vienen definidos u orientados por líderes que no buscan la superación de complejos de inferioridad, sino que sólo buscan el éxito del complejo de superioridad compensatorio. Juan Agustín García advierte acerca de la existencia de efectos masificados en grupos de personas con adecuados niveles de instrucción, escribiendo al respecto: “Grupos heterogéneos, el jurado, los parlamentos, las comisiones administrativas, caracterizadas por el sentimiento de responsabilidad, que imprime su sello especial a su conducta, pero dejándolos con una manera de pensar y de sentir análoga a la de las turbas anónimas, son procesos intelectuales parecidos. Forman sus ideas y opiniones por contagio y sugestión, por la influencia de los demás”.

“Eliminan los caracteres propios individuales en aras del sentimiento colectivo, con el mismo resultado inmoral o mediocre. «Cuando los hombres están unidos –dice Sighele- sus fuerzas se eliminan en vez de sumarse. Muchas veces una asamblea hace las cosas de tal modo que cualquiera de los individuos que la componen lo habría hecho solo mejor»” (De “Ciencias sociales”-Editorial Claridad-Buenos Aires 1938).

Lo interesante de la visión de la Psicología individual es que agrega un aspecto más a tener en cuenta para la descripción de fenómenos sociales. Si bien no deben dejarse de lado las pertenencias a clases sociales, etnias, nacionalidades, religiones, etc., deberían agregarse en todo análisis los complejos de inferioridad y superioridad mencionados, que permiten dar coherencia o bien reemplazar las habituales descripciones en base solamente a clases sociales, etnias, etc.

Como ejemplo de complejo de inferioridad no resuelto, puede mencionarse el caso típico del peronista o del socialista, que odian a individuos según la clase social o económica de éstos, y esencialmente por el hecho de no pertenecer a la clase odiada. Es decir, el que odia a alguien por el dinero que ese otro posee, carece de valores intelectuales o afectivos suficientes; ya que, si los tuviera, no se haría mucho problema al verse superado, económicamente hablando.

La forma habitual de intentar “superar”, con poco trabajo, un complejo de inferioridad, consiste en sentirse realizado a través del líder político, populista o totalitario al que se aclama, y que, gracias a cuantiosos robos al Estado, logra alcanzar una riqueza inusitada, el lujo desmesurado y la ostentación asociada, que hace que sus envidiosos adoradores contemplen la superioridad económica del líder respecto de cada uno de los individuos de la clase social envidiada. Este ha sido el caso de los admiradores de Eva Perón y de Cristina Fernández, principalmente.

El Che Guevara promovía el “odio intransigente al enemigo”; un odio surgido no sólo en socialistas sino también en peronistas. A continuación se transcriben el saludo y las respuestas que el dirigente kirchnerista Luis D'Elia dio al periodista Fernando Peña cuando éste lo entrevistó desde una emisora de radio:

“¿Cómo te va sorete?” (Saludo de D'Elia al periodista).
Ante la pregunta: ¿Por qué le pegaste a la gente? (en una manifestación callejera), D'Elia responde:

“Porque los odio”. “Odio a la puta oligarquía”. “Odio a los blancos”.
“Te odio Peña, odio tu plata, odio tu casa, odio tus coches, odio tu historia, odio a la gente como vos que defiende un país injusto e inequitativo, odio a la puta oligarquía argentina, los odio con todas las fuerzas de mi corazón”.

“¿Entendés? Los odio. Te lo digo claramente, los odio. Ya decía Sarmiento en 1880 «no hay que ahorrar sangre de gauchos», es decir, «no hay que ahorrar sangre de negros». Nosotros somos bosta, caca, lacra, basura, para vos y la lacra como vos”.

“Sos un forro, un sirviente de la puta oligarquía nuestra, que la jugás de transgresor pero que no tenés bolas de bancar lo que bancamos nosotros. Vos vivís en San Isidro y yo en Laferrere….Los odio, odio a las clases altas argentinas que han hecho tanto daño, que han matado a tanta gente en nombre de una sola bandera, que es la bandera de la propia ganancia” (De youtube.com).

Lo que se conoce, desde la sociología, como “lucha de clases”, desde la psicología social se la conoce como “odio generalizado” a los integrantes de determinado grupo con cierto nivel económico. Ello no implica, por supuesto, que el sector odiado esté totalmente libre de culpas.

Como una gran parte de la sociedad argentina comparte los sentimientos negativos del mencionado dirigente, aunque con distintos porcentajes de ese odio, no debe extrañar demasiado la situación de decadencia que padecemos y el oscuro porvenir que se vislumbra.

lunes, 12 de octubre de 2020

La Iglesia al revés

Por Alberto Benegas Lynch (h)

El marxismo infiltrado en la Iglesia sigue una ruta claramente trazada de cinco etapas. La primera retoma la tradición de los saduceos, es decir, pone acento en lo temporal y silencia en lo posible todo lo referente a la vida eterna. A través de análisis sociológicos se transmiten principios de izquierda desde el púlpito, en las pastorales, en las plegarias y aun en los cantos litúrgicos. En esta primera etapa resulta necesario preparar el terreno para convertir el templo en una asamblea del pueblo donde se analizan problemas sociales siempre desde la óptica socialista, todo ello disfrazado bajo el ropaje de la “concientización”.

La segunda etapa centra su atención especial en la desacralización. En la eliminación de la mayor cantidad de imágenes posibles. En disminuir, cuando no en ridiculizar, el valor de la devoción; tratar como puros mitos la Santísima Trinidad, la Asunción, la Encarnación, la Redención, el Premio y el Castigo Eternos, etcétera. Tratar en lo posible de no aludir a Dios y cuando se hace referencia a Jesús mostrarlo como un caudillo que, al igual que Moisés, establecieron un movimiento político-económico y social de envergadura.

En esta etapa, se hace necesario que algunos destacados dignatarios de la Iglesia hagan declaraciones públicas sobre temas políticos y que intervengan en la medida de sus posibilidades de modo directo en la acción que tiende a estructurar y establecer la política del momento. También en esta etapa se hacen condenas al comunismo y al liberalismo por igual. En realidad se trata de una cuestión estratégica puesto que considera que, en general, está muy arraigada aún la mala imagen de la expresión comunismo. Resulta más provechoso condenar la expresión mientras se penetra en su contenido, en lugar de presentar una posición frontal. Por tanto, el tiro va dirigido al liberalismo del cual muy pocos de los que lo atacan saben de qué se trata.

La tercera etapa –que como todas no sólo está destinada a la feligresía en general sino también a los seminarios de futuros sacerdotes- se refiere al llamado “cristianismo horizontal”. Tradicionalmente la Cruz se ha visto de un modo integral como que el brazo vertical se refiere a la relación de Dios con el hombre y el brazo horizontal alude a la relación del hombre con el prójimo.

El marxismo, amputando el significado global de la Cruz y cambiando su sentido se circunscribe a “los demás” transformándolo en un problema de relaciones sociales siempre sobre la base de la falta de respeto al prójimo inherente a la postura totalitaria. En esta etapa también se tiende a que la Confesión se refiera a los llamados “pecados sociales” en los cuales estarían incursos aquellos que patrocinan la sociedad libre puesto que “establecen un régimen de explotación inicua”.

La cuarta etapa se denomina del cristianismo marxista. Esta terminología podrá usarse en la medida en que se haya realizado bien el trabajo en las etapas anteriores. La expresión más relevante de esta etapa tal vez esté representada por el movimiento llamado Cristianos por el Socialismo que preside el obispo marxista de Cuernavaca. El documento final del último congreso de este movimiento se titula “La amistad estratégica entre cristianos y marxistas”, congreso al que, como todos los demás, asisten sacerdotes y profesores de teología de universidades católicas y seminarios de Iberoamérica.



En Estados Unidos, La declaración de la comisión laica que prepararon principalmente Michael Novak y William Simon ha hecho mucho por poner de manifiesto los errores garrafales sobre los que se basan documentos emitidos por obispos de ese país. En otras latitudes se han realizado esfuerzos igualmente meritorios para poner al descubierto el trasfondo totalitario de aquellas publicaciones elaboradas por prelados las cuales difunden con la máscara del cristianismo. Muchos de los sacerdotes son usados para estos propósitos, puesto que de buena fe creen que están procediendo bien y no ven el nexo entre lo que predican y la aniquilación del espíritu cristiano.

El reciente y muy resonante caso del padre Pellecer de la Compañía de Jesús constituye uno de los tantos testimonios aleccionadores donde el mismo sacerdote relata cómo fue adoctrinado en el marxismo y luego estimulado para ingresar al movimiento guerrillero de su país, Guatemala. Este accionar forma parte de la quinta y última etapa: el puro marxismo. Ya no debe hablarse de cristianismo-marxista. No se los puede poner a la misma altura: “el cristianismo es un episodio, el marxismo una cosmovisión”. Así se llega al rechazo desembocado del espíritu cristiano. Esto es importante señalarlo sin disimulo porque como ha dicho el Papa San Gregorio Magno: “Aunque una verdad pueda escandalizar, es preferible permitir el escándalo antes que renunciar a la verdad”.

Curioso resulta en verdad que, aun desde el punto de vista de los que sirven como conductores del marxismo en la Iglesia (llamados teólogos de la liberación y sacerdotes del tercer mundo) sus posturas resultan contradictorias. Por ejemplo, sus reiteradas manifestaciones respecto de la pobreza. Incapaces de comprender el sentido bíblico de desprendimiento interior y de las bienaventuranzas a los pobres de espíritu basadas en la adecuada jerarquía entre Dios y las cosas de este mundo, se lanzan a condenar las riquezas materiales y alaban la pobreza, pero, simultáneamente, preconizan la redistribución de ingresos. Esto resulta por lo menos ridículo puesto que si la pobreza material fuera una virtud per se no habría que entregar bienes a los pobres ya que éstos quedarían contaminados.

Para seguir una ilación lógica a partir de las peculiares premisas de estos sacerdotes habría que promover la mayor destrucción posible de los bienes materiales. De este modo, las hambrunas y las pestes convertirían a la gente en virtuosa. Claro que las aludidas consideraciones de estos sacerdotes tampoco contemplan que riqueza y pobreza material son términos relativos y, por tanto, alguien es rico o pobre según sea el punto de referencia con que se lo compare. En lugar de capacitarse en estudios bíblicos para conocer mejor la Palabra del Señor, estos sacerdotes incursionan en temas que no comprenden y se escudan en su investidura para sermonear sobre lo que ignoran. La feligresía busca afanosamente alimento espiritual y recibe absurdas y contraproducentes recetas políticas. Futuros sacerdotes buscan una más estrecha comunicación con Dios y, con demasiada frecuencia, reciben entrenamiento marxista. Debido a esto, no debe sorprender la alarmante reducción de las vocaciones sacerdotales y el menor interés de los laicos en su religión.

(Extractos de “Liberalismo para liberales”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1986).