sábado, 29 de agosto de 2026

Ciencia vs. Pseudociencia

La ciencia es la actividad cognoscitiva del hombre por medio de la cual describe las diversas leyes naturales que, en conjunto, rigen todo lo existente. Organiza el conocimiento en forma axiomática y verifica sus resultados contrastándolos con la propia realidad. Tiene dos aplicaciones básicas: permite nuestra adaptación cultural al orden natural y brinda el conocimiento que le permite a la tecnología realizar su misión. Karl R. Popper escribió: “Ciertamente, sólo admitiré un sistema como empírico o científico si es capaz de ser contrastado con la experiencia. Un sistema empírico científico debe poder ser refutado por la experiencia” (Citado en “La lógica de la ciencia en la sociología” de W.L. Wallace-Alianza Editorial SA-Madrid 1976).

En la actualidad, mientras resulta evidente una generalizada decadencia cultural, social y moral, no resulta extraña la existencia de una actitud anticientífica en porcentajes importantes de la sociedad, a la vez que tales sectores apoyan posturas pseudocientíficas. Ese es el caso de los divulgadores de la "tierra plana", que se oponen a toda evidencia científica mientras que, a la vez, proponen "teorías" absurdas. En un sentido similar, pero bastante más perjudicial es el caso de los sectores "antivacunas". Rafael Bachiller escribió: "Nadie debería dudar hoy de que las vacunas constituyen la herramienta más eficaz para prevenir las infecciones. Sin embargo, ha sido preciso que los ministros de la Unión Europea hagan un llamamiento conjunto a los Estados miembros para que tomen medidas para revertir la desconfianza creciente que se viene desarrollando entre los ciudadanos hacia los programas de vacunación. De hecho, algunas enfermedades contagiosas, como la tuberculosis y el sarampión, están rebrotando y vuelven a representar un serio peligro por su capacidad para ocasionar un alto número de muertes".

"Las reticencias hacia las vacunas parecen proceder de un artículo publicado por el, hoy tristemente célebre, doctor Andrew Wakefield que en 1998 pretendía relacionar la vacuna trivalente vírica (sarampión, viruela y rubeola) con el autismo y que ocasionó un bulo que se extendió como la pólvora en los medios de comunicación. Los estudios posteriores desmintieron tal relación, el artículo original fue retirado, y el doctor Wakefield fue reconocido como un deshonesto irresponsable -a quien se prohibió volver a ejercer la medicina-. Pero, a pesar de todo ello, nada pudo impedir que se formasen asociaciones abogando por la libertad de vacunación, por el no intervencionismo del Estado en la salud individual, y que reconocían en Wakefield una especie de mesías antivacunas" (De "El universo improbable"-La esfera de los libros-Madrid 2019).

Puede decirse que el desprecio del científico respecto del pseudocientífico es bastante similar al que siente el pseudocientífico respecto de la ciencia en general. Seguramente que hay pseudocientíficos que, por medios fraudulentos tratan de mostrarse como científicos auténticos, que no descreen de la ciencia, pero la gravedad de la situación actual es, principalmente, el anticientificismo. El citado autor agrega: "La llegada del hombre a la Luna, la translación de la Tierra en torno al Sol, la evolución darwiniana, todos los logros científicos encuentran hoy sus grupos de incrédulos que consideran que esos hechos no son más que patrañas y que forman parte de conspiraciones que esconden intenciones ocultas. Estos desconfiados hacen de Internet un medio propicio para la amplificación y difusión de todas sus dudas y especulaciones".

"Junto con los incrédulos a la ciencia, se prodigan hoy los ciudadanos proclives a profesar fe en todo tipo de pseudociencia. Los adeptos a la parapsicología, la astrología, la magnetoterapia, la homeopatía, la criptozoología y un largo estcétera proclaman sin rubor sus principios dogmáticos sin poner a prueba ni demostrar sus explicaciones con los métodos bien establecidos de la ciencia y, por supuesto, sin intentar acceder a la deseable integración entre todas las ciencias a que aspiran los científicos".

"Naturalmente, a la hora de propagar estas falsedades, los impostores cuentan con grandes ventajas sobre los científicos que tratan de propagar su ciencia. Al no necesitar de sus difíciles y precisos experimentos que exige la ciencia actual, la impostura resulta muchísimo más barata; sus términos simplistas suelen ser mucho más fáciles de «explicar» que los difíciles conceptos de la ciencia y, nuevamente, Internet sirve de amplificador de todo tipo de fraudes que rápidamente pueden encontrar eco en todos los rincones del planeta".

A la humildad del sabio se opone la soberbia del ignorante, de ahí la actitud provocadora de los impostores. Rafael Bachiller escribe al respecto: "Cuando en un debate público se enfrenta a un impostor (por ejemplo, un astrólogo), el científico lleva siempre las de perder. Aunque aporte todo tipo de datos, de razonamientos rigurosos, y aunque invoque al método científico, nunca podrá doblegar una fe ciega e irracional. El defensor de una patraña siempre pretende que correspondería a la ciencia demostrar que su creencia no tiene fundamento. ¿No debería corresponder más bien al defensor de una pseudociencia el demostrar el fundamento de sus propuestas mediante técnicas contrastadas?".

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