A lo largo de la historia del cristianismo se han producido conflictos entre cristianos debidos principalmente a divergencias surgidas por cuestiones que no aparecen en los Evangelios o bien porque no respetan la prioridad asociada al cumplimiento de los mandamientos éticos. Por ejemplo, si un sector asigna ciertos atributos de Dios de manera totalmente subjetiva, seguramente se enfrentará con otros sectores que a su vez le asignan atributos distintos. En estos casos, poco o nada les interesa a los integrantes de ambos sectores el comportamiento ético explicitado en los Evangelios.
Entre los casos más representativos de este tipo de conflictos aparece el que hubo entre católicos y cátaros. Así, durante el siglo XIII, en una zona del sur de Francia, conocida como el Languedoc, habitaba una secta cristiana conocida como los "cátaros". Considerada por la Iglesia Católica de la época como una herejía, inicia una campaña militar para asesinar a la gran mayoría de sus integrantes. Es la época y el lugar en donde se inicia el proceso conocido como la Inquisición.
Respecto a la ética imperante en el sector alejado de la Iglesia Católica, puede tenerse una idea considerando una sugerencia pronunciada por el Papa Inocencio III: "Vivid como los herejes, y, como ellos, sed pobres, castos y honrados".
Leemos respecto del conflicto: "Los cruzados se precipitan desde todos lados dando muerte a todos los que se encuentran en su camino, sin distinción de religión, sexo, edad ni condición. De cinco a seis mil personas, ancianos, mujeres y niños se refugian en la iglesia de Santa Magdalena, en donde, mientras se toca a rebato, los sacerdotes católicos enarbolan el crucifico, forman con su cuerpo una muralla ante la multitud. Ni piedad ni razón atemperan la resolución de los cruzados y, en ese día de verano claro y soleado, un torrente de sangre aplastado por los estallidos del incendio van a proclamar en el Languedoc el holocausto de Béziers y la muerte de veinte mil de sus hijos: la de todos sus habitantes sin que se escape uno solo" (De "Misterio y mensaje de los cátaros" de Jean Blum-Editorial EDAF SA-Madrid 1995).
Cuando los ejecutores de la masacre preguntan previamente acerca de cómo van a hacer para distinguir entre integrantes de la secta herética de quienes no pertenecen a ella, reciben como respuesta de un jerarca católico: "Matadlos a todos, que Dios reconocerá a los suyos".
Antes de tan terrible acontecimiento, hubo una prédica prolongada de sacerdotes como Domingo de Guzmán (luego Santo Domingo), hasta que perdió la paciencia expresando en el año 1208: "He suplicado, he llorado. Pero como se dice vulgarmente en España, allí donde no vale la bendición, prevalecerá el palo. Ahora incitaremos contra vosotros a los príncipes y prelados, y éstos, desgraciadamente, convocarán a las naciones y a los pueblos y muchos perecerán por la espada. Las torres serán destruidas, las murallas derruidas y vosotros seréis reducidos a la servidumbre. Es así como prevalecerá la fuerza allí donde la suavidad ha fracasado".
Si quisiéramos sintetizar al cristianismo respecto a sus normas de acción, podríamos sintetizarlo en dos principios básicos:
1- Considera la existencia de un orden natural constituido por leyes naturales invariantes a las cuales nos debemos adaptar ("Buscad el Reino de Dios y su justicia, que lo demás se os dará por añadidura"). De ahí que el Reino de Dios, o gobierno de Dios a través de sus leyes, se opone a todo gobierno, mental o material, del hombre sobre el hombre.
2- Busca la igualdad entre todos los seres humanos proponiendo adoptar la predisposición a compartir penas y alegrías ajenas como propias ("Amarás al prójimo como a ti mismo").
Una teocracia indirecta, en la cual existen intermediarios entre Dios, o el orden natural, y el resto, tiene el inconveniente de que fácilmente puede convertirse en un gobierno de hombres sobre hombres, o de intermediarios sobre el resto, que es lo que ha sucedido con Mahoma y sucedió principalmente con la Iglesia Católica medieval. Esto implicó elevar a Cristo de intermediario hacia Dios a Dios mismo, y así poder ocupar los sacerdotes la postura de intermediarios, en lugar de difusores del cristianismo.
De ahí que la mejor opción sea una teocracia directa, en la cual todo individuo tenga acceso a las leyes naturales que conforman nuestra personalidad individual, lo que esencialmente constituyen los Evangelios, si bien posteriormente se redujo tal teocracia directa a una teocracia indirecta con las falencias por todos conocidas.
Desde esta visión se podría interpretar al "pecado original" como una prohibición no cumplida por los hombres cuando tienden a reemplazar las leyes naturales (o leyes de Dios) como referencia, para ubicar en su reemplazo a criterios humanos alejados de dichas leyes. Por el contrario, al interpretar la prohibición del Antiguo Testamento, que dio lugar al "pecado original", como una cuestión de índole sexual y no como una cuestión intelectual o cognitiva, se sucedieron varios dogmas posteriores que reemplazaron la finalidad esencial de los Evangelios.
Volviendo a los cátaros, encontramos que se oponen al gobierno del hombre sobre el hombre que caracteriza al orden medieval. Leemos al respecto: "Hay que reconocer que los cátaros condenaban todo lo que constituye los resortes del feudalismo. Una de sus oraciones hace alusión al carácter satánico de la jerarquía vasallática y de toda sociedad basada en la subordinación forzada de un hombre a otro. El emperador ordena al rey, el rey al conde, el conde al caballero; cada uno se esfuerza por esclavizar a su prójimo" (Del libro "Los cátaros" de René Nelli-Ediciones Martínez Roca SA-Bercelona 1989).
El citado autor agrega: "La misma teoría echaba por tierra, en un plano muy diferente, uno de los fundamentos del feudalismo: el valor atribuido a la sangre, y la idea de que las virtudes y el derecho de dominar a los demás se transmiten de padre a hijo".
Respecto de la guerra, leemos: "También se rechazaba la noción de bellator, de guerrero, sobre la que se basa el sistema feudal. Dado que el catarismo condenaba la guerra, cuya única razón consistía en hacerla".
Aunque el mandamiento cristiano aludía al "prójimo", en la Edad Media europea la mujer ocupaba un lugar subalterno, error que intentaron corregir los cátaros. René Nelli escribe al respecto: "El matrimonio es también una especie de contrato que sólo adquiere su valor por el hecho de ser considerado como un sacramento. Y sólo pertenece al sistema feudal en la medida en que no es igualitario e implica la subordinación de la esposa al esposo. En la Edad Media, el marido era el «señor» de su mujer. ¿No era preciso que hasta el más humilde de los labradores dispusiese de alguien a quien poder dar órdenes?".
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