viernes, 3 de abril de 2026

Rousseau y la voluntad general

Si los seres humanos intentamos revertir etapas de sufrimientos generalizados, o bien acentuar el proceso de adaptación cultural al orden natural, debemos tratar de interpretar la "voluntad aparente" de dicho orden. Como las leyes naturales, que rigen nuestras conductas individuales, no están escritas en ninguna parte, debemos indagar respecto de las mismas como un primer paso para encontrar cierta finalidad del orden natural y de la vida inteligente, ya que el conjunto de "reglas del juego" llevan implícita cierta finalidad aparente. Aun cuando el universo no tenga un sentido o una finalidad, tal como suponen varios pensadores, los seres humanos no tenemos otra alternativa que adaptarnos a las leyes naturales existentes, lo que de por sí conduce a cierta finalidad que el orden natural nos impone a todos los seres humanos.

Esta forma de mirar hacia lo alto ha sido reemplazada parcialmente por una propuesta que apunta a encontrar la "voluntad general" de los integrantes de la sociedad, que por ser una voluntad de las mayorías, implica una especie de "gobierno de las masas" establecido generalmente por líderes políticos capaces de dirigirlas mentalmente, con un llamado explícito a combatir a todo individuo que se oponga a acatar dicha "voluntad", tal el planteamiento establecido principalmente por Jean-Jacques Rousseau.

Suena un tanto absurdo que los seres humanos debemos tratar de comprender, no tanto el orden natural con sus leyes, sino la "voluntad general" del hombre-masa, caracterizado por pensar, creer y actuar imitando todo lo que esté generalizado, o bien acatando la voluntad de algún líder totalitario. Rousseau escribió: "La voluntad general es en cada individuo un acto puro de entendimiento que razona en el silencio de las pasiones sobre lo que el hombre puede exigir de su semejante, y lo que su semejante tiene derecho a exigir de él".

"La voluntad general es siempre recta y siempre tiende a la utilidad pública; pero no se sigue que las deliberaciones del pueblo tengan siempre la misma rectitud. Con frecuencia hay mucha diferencia entre la voluntad de todos y la voluntad general; esta sólo mira al interés común, la otra mira al interés privado, y no es más que una suma de voluntades particulares; pero quitad de estas mismas voluntades los más y los menos que se destruyen entre sí, y queda por suma de las diferencias la voluntad genertal" (Citado en "Rousseau" de Roberto R. Aramayo-EMSE EDAPP SL-Buenos Aires 2015).

Respecto del tema tratado, Bryan Magee escribió: "Según Rousseau, todos los integrantes de una sociedad deberían participar en la aprobación o modificación de una ley mediante una deliberación inicial y una votación final, tal como se hacía en la antigua Grecia o en su Suiza natal. De ese modo, se da voz y voto a lo que denomina «voluntad general», concebida como la expresión de lo que mejor se adecua a las necesidades del conjunto de la sociedad, que por otro lado no necesariamente tiene por qué coincidir con lo deseado por uno mismo (por ejemplo, cuando se exigen sacrificios o peligros)".

"En ese contexto, el pueblo puede delegar la puesta en práctica de esas leyes en la modalidad de gobierno que crea más conveniente (un monarca o un grupo de políticos o militares, por ejemplo), aunque en el fondo la modalidad elegida es secundaria ya que las leyes, al haberlas aprobado el conjunto del pueblo, afectan a todos en igualdad de condiciones y es del todo imposible sustraerse a sus efectos. No obstante Rousseau reconoce que el grueso de la población constituye una masa carente de disciplina, conocimientos y visión de futuro como para que pueda considerarse una fuente de leyes fiable, así que recurre a la figura del «legislador», una persona carismática, capaz de comprender las necesidades y la voluntad del pueblo, y de canalizarlas elaborando una serie de leyes de acuerdo con aquellas".

"La filosofía política de Rousseau ha ejercido una influencia enorme, empezando por los precedentes teóricos que sirvieron de base a la Revolución Francesa y que numerosos países de todo el mundo intentarían llevar a la práctica hasta finales del siglo XX. No obstante, su concepción de democracia es radicalmente diferente a la postulada por Locke, ya que Rousseau aboga por la imposición por la fuerza de la voluntad general en detrimento de la protección y defensa de las libertades individuales defendidas por el filósofo inglés".

"Según los postulados de Rousseau, el individuo no puede bajo ningún concepto desviarse de la voluntad general de manera que la noción de democracia es en todo momento compatible con la idea de la más absoluta ausencia de libertad individual. De este modo, nos encontramos por primera vez en la historia de la filosofía occidental con la formulación de algunos de los fundamentos sobre los que se asentarán los grandes movimientos totalitarios del siglo XX: el comunismo y el fascismo. Ambos, de hecho, sostienen que son sistemas democráticos y que cuentan con el apoyo del conjunto del pueblo, cuando en realidad lo que hacen es negar los derechos individuales. Al mismo tiempo, están dirigidos por una persona fuerte y carismática empeñada en socavar las bases del siatema democrático de tradición anglosajona basado en los principios de Locke" (De "Historia de la Filosofía"-Editorial La Isla SRL-Buenos Aires 1999).

No hay comentarios: