Los totalitarismos se distinguen de las dictaduras o de las tiranîas, por promover una vigilancia y un control estricto respecto de lo que cada individuo hace, dice o piensa. Si bien pueden haber dictaduras o tiranîas no totalitarias, no existen totalitarismos que no sean dictaduras o tiranîas, si bien existe una transiciôn gradual entre ambas formas de dirigir al Estado.
El totalitarismo que actualmente estâ en plena expansiôn, en paîses europeos, ya muestra algunos sîntomas tîpicos de todo totalitarismo. Asî, en el Reino Unido se dan casos como el de una mujer que vive sola y tiene un perro. Pero, como vive en un barrio en donde tambiên habitan muchos musulmanes, estâ siendo asediada y controlada por quienes la critican por no haberse casado y por tener un perro, ambas cosas mal vistas por los musulmanes.
El control y la vigilancia permanente del habitante comûn, ejercidos por quienes han adoptado al Islam, se manifiesta tambiên en las "patrullas de la sharîa", es decir, vigilancia a cargo de grupos de islamistas que presionan a los "infieles" a vivir segûn las directivas del Corân. Como predomina la creencia generalizada de que el Corân fue dictado a Mahoma por el mismîsimo Dios, o Alâ, la peligrosidad de tal totalitarismo es extrema, y lo serâ todavîa mâs en cuanto los islamistas sean mayorìa.
El concepto de "sociedad" estâ asociado a la idea de seres humanos unidos bajo objetivos comunes. Pero, bajo los sistemas totalitarios, ello no es posible por cuanto un sector se erige en una especie de "gobernante" mental y material sobre el resto. De ahî que tal gobierno se hace efectivo con la colaboraciôn de individuos delatores de quienes se oponen a dicho control social. Asî, bajo el régimen totalitario de Perón, en la Argentina se promovió la delación en contra de los opositores al movimiento peronista. El escritor argentino Héctor Bianciotti, de la Academia Francesa, expresó en una entrevista: “Yo creo que estaba al mismo tiempo huyendo del campo y huyendo de la dictadura de Perón, que fue mucho más terrible de lo que la gente cree. No se ha sabido nunca en Europa lo que era la vida cotidiana durante la dictadura de Perón; algo simplemente atroz. Un pueblo convertido en policías los unos de los otros. En delatores” (Reportaje de la Revista “Gente”).
En Cuba, se les preguntaba a los escolares qué habían comido durante las fechas navideñas de manera de detectar la infracción o delito de haber festejado la Navidad aún cuando estaba prohibido por el Estado. En otras circunstancias, el Jefe de manzana tenía (o tiene) la obligación de delatar a sus familiares y vecinos, ante las autoridades estatales, acerca de algún ilícito bajo la pena correspondiente por no hacerlo. Hilda Molina escribió: “Es harto conocido que los regimenes comunistas totalitarios, so pretexto de edificar la sociedad perfecta, socavan las raíces mismas de la estructura y de los valores familiares, se afanan en disolver las familias, e intentan sustituir el amor filial, el amor fraternal…el amor familiar, por un culto ciego al Estado".
"Los cubanos, prisioneros y al mismo tiempo cómplices del régimen, fuimos testigos y actores conmocionados y atónitos del enfrentamiento entre padres e hijos, hermanos, esposos y demás familiares, por motivos políticos, ideológicos y hasta religiosos. Los verdugos del cariño, entronizados en el poder, transmutaron a los cubanos, proverbialmente devotos de sus familias, en partícipes de hechos tan atroces como delaciones, marginación, discriminación, calumnias, encarcelamientos y ejecución de sus seres queridos, sólo por no identificarse con el gobierno, por discrepar, por objeciones de conciencia o por no ocultar su fe” (De "Mi verdad"-Grupo Editorial Planeta SAIC-Buenos Aires 2010).
Los gobiernos totalitarios, al promover la delación entre sus súbditos, favorecen el aislamiento y la desconfianza entre ellos, ya que ven en cada individuo a un posible delator de sus actividades o a un posible difamador de su persona. En la URSS incluso se exaltaba, como ejemplo a adoptar, la figura del delator de sus propios padres. Vladimir Bukovski escribió: “Pavlik Morozov [fue un] adolescente ruso al que dieron muerte los campesinos durante la colectivización por haber denunciado a su padre. Pasó a ser el héroe epónimo de la delación, propuesto como ejemplo para toda la juventud soviética” (De “URSS: de la utopía al desastre”-Editorial Atlántida SA-Buenos Aires 1991).
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