Existen dos formas erróneas de razonar sobre los distintos grupos sociales, étnicos, religiosos o de cualquier otro orden. El primer error es la "generalización fácil". Con esa denominación podemos señalar al hecho de asociar atributos, buenos o malos, al 100 % de los integrantes de un grupo, cuando en realidad son muy pocos los casos en que ello resulta factible. Muchos razonamientos comienzan con "todos los yanquis", o "todos los judíos", sin tener presente que, en muchos casos, la generalización fácil está bastante lejos del 100 % mencionado.
También cuando sólo decimos "los argentinos", o "los musulmanes", queremos significar "todos los argentinos", o "todos los musulmanes", cuando en realidad resulta más adecuado decir "algunos argentinos" o "muchos argentinos" antes de atribuirles una caracterización determinada. En realidad, no se trata de expresar ideas "políticamente correctas" disfrazándolas adecuadamente, sino que esta última forma debería surgir luego de ser conscientes de que la generalización fácil resulta ser errónea e incluso injusta o agraviante.
La discriminación social proviene generalmente de la generalización fácil, como es el caso de los sicilianos que son caracterizados como "mafiosos" cuando en realidad muchos de ellos, justamente por padecer las tropelías del sector mafioso, son los principales opositores a dicha mafia. Lo lamentable del caso es que al resto de los foráneos no les resulta sencillo distinguir entre buenos o malos, optando por no arriesgarse. Este es el caso de algunos hoteleros italianos, del norte principalmente, que no querían alquilar habitaciones a algunos argentinos
que portaban apellidos coincidentes con el apellido de los fundadores de algunas de las principales familias mafiosas de los EEUU. Esta vez no podría decirse que tales hoteleros eran "discriminadores", pasibles de alguna sanción, sino que actuaban temerosos ante la duda o ante la incapacidad de conocer a un desconocido apenas lo observa por primera vez.
Lo que predomina en la actualidad, en muchos países de Occidente, además de la generalización fácil, es la asignación de la culpabilidad de todos los males existentes a un grupo determinado, como es el caso del hombre blanco, lo que implica una forma acentuada de racismo, admitido como legítimo por la mayoría de la población. Tal discriminación generalizada puede expresarse así:
"Los hombres blancos son culpables de todos los males existentes, hasta que demuestren lo contrario".
Luego, se asocia al hombre blanco, occidental, creador principal de la ciencia experimental, de costumbres judeo-cristianas, promotor del liberalismo económico y político, etc., cierta perversidad intrínseca, asignándole adjetivos como explotador, racista, machista, fascista, imperialista, etc. Como dicho hombre occidental se supone culpable de todos los males existentes, posiblemente pueda entenderse por qué son atacadas todas las instituciones occidentales, como las religiones bíblicas, la ciencia experimental, la economía capitalista, etc.
La gravedad del caso es que tampoco se le permite "demostrar su inocencia" ante su culpabilidad previamente asignada, ya que las creencias opositoras provienen de grupos motivados por el odio, como son la mayor parte de la izquierda política y la mayor parte del Islam, principalmente.
Como ejemplo de esta mentalidad puede mencionarse la siguiente introducción a un libro: "Esta edición de Estúpidos hombres blancos, a diferencia de la primera, no se publica para América del Norte, el continente donde vive la amplia mayoría de los hombres penosamente estúpidos, vergonzosamente blancos y asquerosamente ricos".
Si bien existen defectos morales de todo tipo, esparcidos por todas partes, disponemos de dos formas extremas de limitarlos: la primera forma es la que contempla la posibilidad de una especie de autocastigo que se asigna a sí mismo el que se desvía de una existente, pero oculta, moral natural. Al contemplar esa posibilidad, toda crítica va asociada a la idea de disminuir ese autocastigo.
La segunda forma es la impulsada por quienes desconocen todo posible autocastigo, incluso asocian a los defectos morales un posible camino hacia un aceptable nivel de felicidad. Y de ahí surge la discriminación y la violencia extrema de los indignados ideologizados en contra del hombre blanco y de todo lo que implique "civilización occidental".
En este caso, existe una distorsión adicional ya que se ataca como "grave defecto humano" a la riqueza. Sin embargo, cuando alguien es capaz de producir bienes y servicios de utilidad para el resto de la sociedad, será cada vez más rico (en cuanto al nivel de capital logrado) en cuanto más y mejor sirva al prójimo.
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