domingo, 22 de febrero de 2026

Totalitarismos y la comunicación imposible

Si contemplamos el estado actual de nuestro planeta, observaremos fuerzas que tienden a unir pueblos y también fuerzas que tienden a desunirlos. Con el avance tecnológico asociado a las comunicaciones, que facilitarían el acercamiento entre pueblos y naciones, poco se ha mejorado respecto de tal acercamiento, ya que las fuerzas disolventes parecen predominar sobre aquellas que apuntan a la unión entre los seres humanos, o a la mayor parte de ellos.

El mayor problema a resolver, para un mayor entendimiento, consiste en adoptar como referencia algo que sea común a todos los seres humanos, como lo es la ley natural que rige nuestras conductas individuales. Por el contrario, las que predominan son las ideologías con validez individual o sectorial que pugnan por expandirse, y que poco o nada contemplan dichas leyes, produciendo cada vez mayores conflictos.

Entre las fuerzas disolventes aparecen principalmente los totalitarismos, como el socialismo, que resulta aún más peligroso de lo que fue el nazismo. Ello se debe a la simple comparación entre los asesinatos producidos por ambos totalitarismos. Así, mientras que los nazis asesinaron a unos 22 millones de individuos (sin contar las víctimas de las guerras), los comunistas asesinaron a unos 100 millones de individuos.

La peligrosidad del socialista es mayor aún que la del nazi, ya que, mientras éste proclama sus locuras criminales en forma más o menos explícita, los socialistas convencen a sus futuras víctimas con mensajes llenos de paz y benevolencia. De ahí que en gran parte del mundo exista una opinión favorable hacia el socialismo y a su expansión planetaria, a pesar de los resultados negativos producidos.

Otro totalitarismo importante, basado en una ideología que poco o nada tiene que ver con las leyes naturales, es el Islam, que presenta varias caracteristicas similares al totalitarismo nazi-comunista. La expansión de tales ideologías se debe principalmente al predominio del hombre-masa a nivel mundial, ya que tal individuo, negligente para pensar, tiende a adoptar todo lo que esté generalizado y a ser víctima de los embaucadores totalitarios. Con ello se acentúa el proceso conocido como "la rebelión de las masas".

Entre las similitudes observadas en nazis y socialistas, aparece el denominado "polilogismo", por el cual existiría una especie de lógica aria distinta de las asociadas a las "razas inferiores". También existiría una lógica proletaria distinta de aquella asociada a la burguesía. Axel Kaiser escribió: "Tanto nazis como comunistas negaron la existencia de una verdad objetiva cognoscible por todos independientemente de la raza o clase. Esto les permitió romper la unidad de la razón humana para señalar que la lógica proletaria y la burguesa y la de arios y judíos, entre otros, eran existencialmente opuestas y que, como consecuencia, sólo quedaba el conflicto violento y el exterminio de los opresores como alternativa. Para nazis y marxistas, la única verdad era la que ofrecía su ideología, y esta era irrefutable" (De "Nazi-comunismo"-Ariel-Buenos Aires 2026).

Una postura algo similar es la del islamismo, con el cual es imposible llegar a cualquier acuerdo, es decir, para quienes adopten como referencia la realidad concreta con sus leyes naturales, resulta imposible intentar llegar a algún acuerdo con quien adopta como referencia al Corán. Para colmo, desde el islamismo sólo se aceptan críticas por parte de quienes hayan leído el Corán en su idioma original, ya que son muy pocos los occidentales que conocen tal idioma.

Los totalitarismos tienden a promover sociedades de tipo colectivista, en donde se relega lo individual en forma similar a lo que ocurre en una colmena o un hormiguero, de ahí la poca importancia que tienen las vidas individuales, principalmente las vidas de los opositores, a quienes se los puede liquidar sin el menor cargo de conciencia. Ludwig von Mises escribió: "La principal característica del colectivismo es que ignora la voluntad individual y la autodeterminación moral. Según esta filosofía, el individuo nace en un colectivo y es «natural» y apropiado que se comporte como se espera que lo hagan los miembros de este colectivo. ¿Quién espera esto? Por supuesto, aquellos individuos a quienes, por los misteriosos decretos de algún agente misterioso, se les ha confiado la tarea de determinar la voluntad colectiva y dirigir las acciones del colectivo" (Citado en "Nazi-comunismo").

El verdadero ateísmo es el que busca reemplazar al gobierno de Dios, gobierno éste ejercido a través de la ley natural, por formas de gobierno mental y material del hombre sobre el hombre, como lo promueven y lo realizan los diversos totalitarismos. Adam Smith escribió: "El hombre doctrinario se da ínfulas de muy sabio y está casi siempre tan fascinado con la supuesta belleza de su proyecto político ideal que no soporta la más mínima desviación de ninguna parte del mismo. Pretende aplicarlo por completo y en toda su extensión, sin atender ni a los poderosos intereses ni a los fuertes prejuicios que pueden oponérsele. Se imagina que puede organizar a los diferentes miembros de una gran sociedad con la misma desenvoltura con que dispone las piezas de un tablero de ajedrez. No percibe que las piezas del ajedrez carecen de ningún otro principio motriz salvo el que les imprime la mano, y que en el vasto tablero de la sociedad humana cada pieza posee un principio motriz propio, totalmente independiente del que la legislación arbitrariamente elija imponerle" (De "Teoría de los sentimientos morales"-Fondo de Cultura Económica-México 1941).

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