Ante las exigencias que nos impone el orden natural como precio a pagar por nuestra supervivencia, la humanidad responde con el proceso de adaptación cultural a dicho orden, es decir, se trata de un proceso por el cual el hombre hace todo lo posible para ser apto para vivir en un mundo en donde las reglas del juego (leyes naturales) les son impuestas, ya sea que nos guste, o no, el carácter de dichas leyes.
Tal proceso adaptativo se materializa en otros dos que lo conforman; el civilizatorio y el cultural propiamente dicho, no existiendo una división abrupta entre ambos. Puede decirse que el primero implica una adaptación “gruesa” y el segundo una adaptación “fina”. El primero está asociado a la organización de aspectos inherentes a vivienda, vestimenta, alimentos y a un orden social básico, mientras que el segundo atañe a nuestra conducta y creatividad individual que nos han de permitir la vida en sociedad.
Si una nación fuese una persona, la civilización estaría asociada al cuerpo mientras que la cultura lo estaría a los afectos y a la mente. Mientras que la civilización se fundamenta esencialmente en la ciencia y la tecnología, generando una secuencia progresiva y acumulativa de conocimientos, el proceso cultural presenta avances y retrocesos que no permiten alcanzar un progreso evidente y satisfactorio. Robert L. Carneiro escribió: “La cultura, atributo exclusivo del hombre, es algo que éste interpone entre él y su medio ambiente para garantizar su seguridad y su supervivencia. La cultura, como tal, favorece la adaptación”.
“Esta concepción de la cultura, poco usual hace escasos decenios, se ha extendido mucho en los últimos años entre los antropólogos”. “Hace tiempo que los biólogos han hecho ver que la vida social no es algo misterioso o caprichoso, sino que, al igual que la tecnología, es adaptativa. El ecólogo Angus Woodbury reconoce que la vida social es una adaptación para utilizar con eficiencia el tiempo y el espacio en la Tierra; la existencia de una vida social viene impuesta a los miembros de un grupo por la necesidad de cooperar para triunfar en la lucha por la existencia” (De la “Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales”-Aguilar SA de Ediciones-Madrid 1974).
De la misma manera en que puede calificarse a los seres humanos en base a su actitud predominante (amor, odio, egoísmo, indiferencia), es posible caracterizar a las sociedades en base a las actitudes predominantes en sus integrantes, llegando a las siguientes tres posibilidades principales: civlización, barbarie y salvajismo. Así, en todo país existen las tres componentes básicas, si bien en distintas proporciones. Se puede asociar la civilización a la actitud de cooperación, la barbarie al egoísmo y el salvajismo al odio.
En la actualidad vemos con cierta preocupación el incremento de actitudes generalizadas en las cuales, a nivel individual, se renuncia a los emocional (o moral) y a lo intelectual, para exaltar sólo lo corporal, tal el caso del "cantante" Bad Bunny. La gravedad del caso no radica en que un individuo emita mensajes poco culturales y cercanos a la barbarie, sino a la trascendencia y la cantidad de seguidores logrados.
Puede decirse que una forma evidente de desequilibrio cultural implica la exaltación del individuo como "bicho genital", para quien no existe en su mente otra cosa que lo sexual desvinculado de toda asociación a lo afectivo. Poodemos decir que se trata del "hombre mutilado" que se aleja cada vez más de lo que nos impone el orden natural.
Todo cantante, o todo deportista con trascendencia internacional, hace creer en los demás países, al menos en una primera impresión, que lleva algo representativo de la sociedad de la que es originario. Luego, no faltan seguidores y periodistas que encuentran en el mencionado personaje cierta "representatividad" de los países hispano hablantes, lo que realmente causa un serio perjuicio a la imagen de tales países.
Por lo general, se legitima cualquier expresión musical o artística en función de la cantidad de adeptos que la aceptan, siendo un criterio poco válido teniendo presente casos como el de Hitler, que alguna vez ganaron una elección con bastante más votos que el 90 por ciento del electorado. El fenómeno "musical" Bad Bunny no es otra cosa que la prueba evidente del avance social hacia un desequilibrio cultural cercano a la barbarie, lo que, lógicamente, traerá serios perjuicios a las diversas sociedades.
Las simpatías despertadas entre los izquierdistas, ante la actuación del "artista" en los EEUU, se debe a su implícita adversión a dicho país y a sus autoridades, olvidando que el mejor combate contra un adversario se logra mostrando que es mejor humanamente hablando, y no evidenciando que se trata de un ser pornográfico e inmoral que incluso no es otra cosa que un corruptor de menores y adolescentes.
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