La adopción de la fe, como base del conocimiento religioso, presenta ciertos riesgos por cuanto, mediante la confianza en alguien que dice ser un enviado de Dios, podemos llegar al seguimiento de Cristo o también al de Mahoma, cuyas propuestas son totalmente distintas y opuestas. De ahí que hace falta algo más que la fe ciega e incondicional. Junto a la fe debe existir cierta coherencia lógica tanto en las interpretaciones de los dogmas como en las sugerencias emitidas, como también cierta visión respecto de los resultados que las creencias producen en individuos y sociedades.
Quienes se jactan de tener una fe desligada de la razón y de las evidencias, en cierta forma se convierten en esclavos mentales de otros seres humanos, ya que la esclavitud mental voluntaria es una consecuencia de la negligencia mental. También son culpables de esta situación quienes adoptan la postura de rectores mentales de otros individuos. Miguel de Unamuno escribió: “El verdadero pecado, acaso el pecado contra el Espíritu Santo, que no tiene remisión, es el pecado de herejía, el de pensar por cuenta propia. Ya se ha oído aquí, en nuestra España, que ser liberal, esto es, hereje, es peor que ser asesino, ladrón o adúltero. El pecado más grave es no obedecer a la Iglesia, cuya infalibilidad nos defiende de la razón”.
“¿Y por qué ha de escandalizar la infalibilidad de un hombre, del Papa? ¿Qué más da que sea infalible un libro: la Biblia, una sociedad de hombres: la Iglesia, o un hombre solo? ¿Cambia por eso la dificultad racional de esencia? Y pues no siendo más racional la infalibilidad de un libro o la de una sociedad que la de un hombre solo, había que asentar este supremo escándalo para el racionalismo” (De “Del sentimiento trágico de la vida”-Espasa-Calpe SA-Madrid 1980).
La fe ciega y obsecuente no se observa sólo en el ámbito de la religión sino también en el ámbito de la política, ya que muchos adhieren a ciertas ideologías que les dan sentido a sus vidas, y que, en caso de rechazarlas, implicaría quedar perdidos por la vida sin ninguna orientación. Este es el caso de los totalitarismos, cuyos seguidores se someten voluntariamente a la visión del mundo impuesta por los ideólogos respectivos. Cuando existe diferencia entre teoría y realidad, proceden de inmediato a cambiar la realidad. Por el contrario, el científico auténtico, cuando existe tal diferencia, procede a cambiar la teoría en cuestión.
Las creencias asociadas al mantenimiento de teorías políticas poco compatibles con la realidad, conducen a opiniones inverosímiles. Este es el caso de un terremoto producido en Mendoza en 1985, con muy pocas víctimas pero con gran cantidad de viviendas averiadas. En la actualidad, se advierte la existencia de un importante porcentaje de gente que cree que tal movimiento sísmico fue producido por "una explosión en la precordillera ocasionada por EEUU". Asombra la "elasticidad ideológica" para asociar cualquier acontecimiento negativo al "imperialismo yanqui", ignorando toda opinión de gente especializada y mirando como estúpidos a quienes aceptan las opiniones de científicos, que estarían actuando en complot con el "imperialismo". Carlos Daniel Lasa escribió: "El progresista es, ante todo, un ferviente creyente. Cree que la razón humana es tan perfecta que es capaz de generar una idea que eliminará todo el mal de este mundo. El progresista, en efecto, propicia la existencia de un estado paradisíaco dentro de la misma historia. Y este «mañana» prometedor, gracias a la acción humana orientada por la razón omnipotente, será siempre mejor que el pasado y el presente".
"Abandonada la idea de eternidad, el progresista privilegia la dimensión futura del tiempo. Allí, en lo que «todavía no es» (pero que lo será por obra de la acción humana), el hombre podrá encontrar la satisfacción completa de todas sus exigencias. La razón progresista se considera capaz de generar una idea salvífica que se ejecutará a través de una ingeniería política. Entonces, la felicidad humana, ansiada y definitiva, será posible" (De www.laprensa.com.ar).
Algunos especialistas en materia de política consideran este proceso. Leemos al respecto: "Hasta el año 1500 había verdades inmutables a las que se llegaba a través de la meditación o la interpretación de textos sagrados. Existían también conocimientos sin importancia que se obtenían, casi accidentalmente, y podían permitir la creación de inventos, pero que estaban sujetos al verdadero saber".
"Esa postura subyace en las ciencias sociales y en los políticos precientíficos que suponen que lo importante es tener una ideología o un marco teórico correcto, aunque contradiga a la realidad. Creen en doctrinas infalibles y en poderes mágicos que atribuyen a sus dirigentes, desprecian los números, los descubrimientos y las observaciones porque creen que conducen a verdades superficiales".
"No se pueden contradecir los conceptos de Antonio Gramsci o la doctrina de Lenin con el burdo argumento de que lo que dijeron no existe en la realidad según su análisis empírico o los estudios de opinión. Los conceptos no se pueden refutar desde la realidad concreta porque tienen que ver con teorías duras que son inmutables. Para saber qué hacemos con los youtubers y su impacto en los procesos democráticos debemos interpretar a Aristóteles o a León Trotsky".
"Tratar de entender esos fenómenos aplicando el método científico es degradar la política. Ningún profeta usó porcentajes o números para explicar su verdad, no se pueden reemplazar sus enseñanzas con simples investigaciones" (De "La política en el siglo XXI" de J. Durán Barba y S. Nieto-Debate-Buenos Aires 2017).
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