El hombre masa es el que toma como referencia lo que la mayoría dice y lo que la mayoría cree, careciendo de intenciones de pensar por su propia cuenta adoptando la realidad como referencia. Las masas son las preferidas por los agitadores políticos, apuntando a convertirse en directores mentales de gran cantidad de seres humanos, algo completamente opuesto a la idea bíblica del Reino de Dios, es decir, ser gobernados por Dios a través de las leyes naturales a través de los mandamientos éticos. Gustave Le Bon escribió: "Poco aptas para el razonamiento, las multitudes son, por el contrario, muy aptas para la acción. Por su organización actual su fuerza es inmensa. Los dogmas que vemos apuntar tendrán pronto la fuerza de los antiguos dogmas; es decir, la fuerza tiránica y soberana que hace inútil toda discusión y la repugna. El derecho divino de las muchedumbres reemplazará al derecho divino de los reyes" (De "Psicología de las multitudes"-Editorial Albatros-Buenos Aires 1972).
No son solamente los políticos los que pretenden gobernar a las masas, sino también los demás sectores de la sociedad ya que apuntan a ser admitidos por la mayoría de la sociedad, ya sea en el ámbito de la industria, el comercio, la cultura, el arte y el deporte, entre otros. Ello conlleva una posible adaptación generalizada hacia las masas, renunciando al proceso inverso de intentar adaptar al hombre masa hacia niveles culturales superiores.
Fernando Savater, en un resumen de la obra de Theodor Adorno, escribió al respecto: "Adorno fue, sino el primero, por lo menos el más destacado de los pensadores que comenzaron a reflexionar sobre un fenómeno profundamente actual y contemporáneo: los medios de comunicación de masas y las posibilidades que tienen, tanto para lo bueno como para lo malo. De ahí al análisis de la industria cultural había un paso".
"Es verdad que antes la cultura estaba destinada para unos pocos. Solamente el príncipe podía oír música de cámara, la persona pudiente podía tener una gran biblioteca de obras encuadernadas en piel, etc. Hoy todos podemos escuchar a las mejores orquestas con solamente introducir un disco en nuestro reproductor de CD".
"Cualquiera puede tener las obras literarias más importantes en ediciones de bolsillo, y todo esto obviamente supone un progreso, pero también tiene un costo. Adorno entonces estudió qué es lo que se pierde cuando se populariza y se extiende de esta manera extraordinaria la cultura, que está supuestamente al alcance de todos".
"¿No va perdiendo algo del énfasis crítico? ¿No va perdiendo algo de la capacidad rebelde que tuvo en algún momento? Al extenderse, al ponerse al alcance de todos, ¿no se va domesticando y perdiendo toda su crítica de la sociedad y toda su posibilidad de transformación y revolución? Y, por supuesto, los grandes medios de comunicación, que son tan potentes e importantes, lo mismo pueden servir para difundir temas educativos y culturales, o para manipular conciencias e imponer consignas".
En cuanto a la racionalidad moderna, Savater escribió: "Nuestra época se precia de ser fundamentalmente técnica y científica, es decir, profundamente racional. Adorno, junto con Horkheimer, estudió esta racionalidad moderna y concluyó que sí, que los hombres actuales aplicamos la razón, pero sólo en los medios que utilizamos para las cosas, es decir que hay apenas una razón instrumental que analiza cuáles son los mejores medios que hay que buscar para obtener tal o cual fin, los instrumentos técnicos, los científicos, incluso los mecanismos de organización social".
"Todos estos análisis son instrumentales, están muy racionalmente sirviendo a un fin. Pero ¿es racional ese fin? Esa es la pregunta que Adorno y Horkheimer se hacen en su Dialéctica de la Ilustración. Para ambos la Ilustración, el desarrollo intelectual, la crítica, la ciencia, el abandono de la religión y de las supersticiones, crean un orden racional, pero un orden racional solamente centrado en sus instrumentos".
"¿Cuando llega el momento de los fines? ¿Del todo esto para qué? ¿Qué queremos buscar? Eso sigue siendo irracional. Nuestra sociedad ha llevado, por ejemplo, al nazismo y al stalinismo. Fórmulas ambas que no tienen nada de racionales. Los métodos que se emplearon sí lo fueron, instrumentos para tener el poder, el dominio, la manipulación de la gente y de las conciencias. Se trata de métodos racionales, pero todos al servicio de fines profundamente irracionales" (De "La aventura del pensamiento"-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2008).
Si bien los autores citados por Savater formaron parte de la Escuela de Frankfurt, grupo de intelectuales de dudosa positividad social, es importante el planteo mencionado. Si bien los errores sociales son observados por todas las tendencias ideológicas, las diferencias surgen respecto de las posibles soluciones a esos males.
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