La ciencia experimental se basa en la evidencia (para algunos creencia) de la existencia de leyes naturales invariantes que rigen todo lo existente, incluidos los seres humanos. Esta invariancia viene establecida respecto del espacio y del tiempo. Tal es así que las leyes descubiertas por los físicos resultan compatibles con lo que le ocurrió al universo en el pasado y también compatible con observaciones a enormes distancias. Lo que resulta cambiante son las leyes humanas que describen las leyes naturales propiamente dichas.
Resulta interesante advertir que gran parte de los átomos que componen nuestro cuerpo fueron en el pasado parte de alguna estrella que colapsó y que emitió varios elementos químicos que no pudieron ser parte de estrellas como el sol. Además, si las leyes naturales que rigen la materia inorgánica son invariantes, también lo serán las leyes naturales que rigen lo orgánico, que sustenta la vida, ya que lo orgánico está confeccionado con los mismos átomos que componen la materia inorgánica.
Si las leyes que rigen las conductas humanas también son invariantes, se descarta la existencia de leyes que cambian en el tiempo. Puede decirse que, en ámbito social, existe un moral natural favorable a nuestra adaptación al orden natural; moral que tampoco cambia con el tiempo. Un biólogo comentaba que, si viéramos caminar por la calle, vestido como nosotros, a un ser humano que existió hace unos 10.000 años, no notaríamos ninguna diferencia. De ahí que los escritos bíblicos o los escritos de los antiguos filósofos griegos, tienen en la actualidad el mismo grado de compatibilidad con la ley natural que tenían en el tiempo en que fueron establecidos.
En oposición a esta postura, surge el marxismo, que supone que existen leyes sociales que cambian con el tiempo, es decir, leyes naturales que regirían a individuos y sociedades. De ahí que proponen la existencia de "leyes naturales históricas" que cambian con el tiempo. Por lo tanto, rechazan la validez actual de éticas antiguas, como la bíblica, por ser enunciada hace algunos milenios.
En realidad, resulta difícil entender ideas poco compatibles con las evidencias que presenta la ciencia experimental. Además, los fracasos del marxismo aplicado, no resultan llamativos teniedo presente sus extraños fundamentos. Roger Scruton escribió: "Según Kant, la ley moral se dirige hacia todos los seres racionales a través del imperativo categórico; no ha cambiado a través de los siglos, y no podría cambiar. Es el mismo pensamiento que se expresa a través de los Diez Mandamientos, en la nueva ley de Cristo -amarás a tu prójimo como a ti mismo- y en la ley aún más nueva de Kant: no tratarás a la humanidad sólo como un medio, la tratarás siempre como un fin".
"El espíritu de rebelión se resiste a la idea de que haya una ley universal de la razón. Es el padre envidioso quien escribe: «No debes» a la entrada del templo de las delicias. Esto es lo que nos dice Blake, y es el mensaje de Marx y sus discípulos modernos. Argumentan que una ley debe entenderse en términos de los intereses que ella promueve. Es así como deben ser explicadas las leyes. La sociedad es un sistema de poderes que se sostienen afirmándose en el mito de su legitimidad. La ley y la moral son parte de ese mito, y su capacidad para sobrevivir se deriva sólo de la credulidad de aquellos que pierden al obedecerlas".
"El marxismo trata de basar este repudio a la ley en una ciencia de la historia, de acuerdo a la cual las instituciones de una sociedad dependen de las relaciones de producción que forman su base económica. Cada sistema sucesivo de relaciones de producción -la esclavitud, el feudalismo, el capitalismo, el socialismo y finalmente el comunismo- es el resultado del desarrollo de las «fuerzas productivas» de la sociedad, y todos (menos el último, que se autosustenta) se sostienen afirmándose en una superestructura de instituciones y leyes".
"El derecho legal a la propiedad privada se explica por el hecho que los derechos de propiedad refuerzan las «relaciones de producción» de la burguesía. Al hacer esto contribuyen a mantener un sistema que es incompatible con la liberación final del hombre. Esta liberación se va a alcanzar sólo con la llegada del comunismo, donde no se concebirá la propiedad privada, porque en ese sistema no van a existir las relaciones de producción que este tipo de propiedad ayuda a mantener".
"La teoría es más compleja que eso. Pero se suele creer que el marxismo sostiene que fuera del orden económico que las requiere, no hay leyes válidas, o sistemas válidos de moral. Al defender una ley como si fuera absoluta, no sólo se está negando la «historicidad» de las instituciones humanas; también se está afirmando la validez extratemporal de un orden determinado que, generalmente, es el orden burgués, lo que implica asumir una postura contra los cambios sociales. Es casi como si la moralidad misma necesitara el repudio de la moral. Al afirmarse en la ley moral, se niega la esperanza de liberación".
"La paradoja expresada en las últimas oraciones ha sido aceptada de buena gana por revolucionarios desde Robespierre y Saint Just hasta Pol Pot y Sendero Luminoso. En nuestra época, el comunista húngaro György Lukács, filósofo y crítico literario y uno de los pocos miembros del gobierno de Imre Nagy que no fue ejecutado después de 1956, ha expresado muy claramente ese modo de pensar en su libro History and Class-Consciousness, uno de los libros favoritos de los radicales de los años sesenta. Escribió: En esta forma «Para el Partido Comunista... el asunto de la legalidad o ilegalidad se reduce... a un simple asunto de táctica. En esta solución, totalmente carente de principios, descansa la única forma práctica para rechazar con principios al sistema legal burgués»".
"Se puede ver aquí el entusiasta paradojismo que hace presa del revolucionario, quien, tal como ocurre con el místico, se intoxica con la idea de su destino especial. Lo que es verdad para el sistema legal es también verdad para cualquier otra característica del mundo burgués: las prácticas económicas, las relaciones sociales, las emociones, las ambiciones, incluso la moralidad misma. En esta forma Lukács fue capaz de afirmar que: «El principal deber de la ética comunista es aceptar la necesidad de actuar en forma maléfica», agregando que: «éste es el sacrificio más grande que nos pide la revolución»".
"Conocemos ese sacrificio, que no fue pagado por los intelectuales revolucionarios, sino por sus incontables millones de víctimas. También escribió Lukács: «no es posible ser humano en una sociedad burguesa», de modo que «la burguesía sólo asemeja una existencia humana». Se hace más fácil exterminar gente cuando se los describe en esos términos. El burgués es como el Padre, cuya ley debe ser barrida, y si ocurre que él mismo debe ser barrido con ella, ¿no fue él quien escogió ese destino?".
"Las pretensiones científicas del marxismo han sido muy importantes como instrumento para exonerar. Si la revolución es inevitable (porque es el resultado de un inevitable choque entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción que su desarrollo), así también son sus crímenes, que no se consideran crímenes, sólo son los dolores de parto del nuevo orden social. Los que buscan facilitar el nacimiento deben actuar rápida y violentamente. El pequeño derramamiento de sangre que resulta es el precio de la vida y de la liberación" (De "Filosofía moderna"-Editorial Cuatro Vientos-Santiago de Chile 1999).
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