La forma más eficaz para destruir una sociedad, o incluso a la humanidad, consiste en proclamar la validez conjunta del relativismo moral, del cognitivo y del cultural. Si no existe una moral objetiva, de validez planetaria, deberíamos dejar de lado toda una rama del conocimiento humano, como es la ética. De ahí que, al predominar este relativismo, las religiones bíblicas se asemejan a un alfil que se mueve por casillas blancas mientras que el final de la partida de ajedrez se realiza por casillas negras. Se establece una postura en la que "vale todo" mientras que no existe una orientación individual respecto de la actitud a adoptar frente al resto de la sociedad.
Si no existe una verdad objetiva, respecto a algún aspecto de la realidad, nadie debería molestarse por buscar tal verdad, permitiendo la entrada de charlatanes que desplazan en importancia a los científicos que describen las leyes naturales en forma eficaz. Un ejemplo de los efectos destructivos del relativismo cognitivo es la existencia de los seguidores de la "teoría" de la tierra plana, que posiblemente llegue a un 20% de la población, al menos según lo que puede observarse en las redes sociales de Internet.
El relativismo cultural, cuya eficacia destructiva se puede observar actualmente en una Europa multiculturalista, que acepta mayoritariamente una "religión" que promueve una guerra contra los infieles, incluso aceptando asesinatos, mientras rechaza, y hasta prohíbe, una religión que promueve compartir las penas y las alegrías ajenas como propias, tal la ética cristiana.
La entronización de los diversos relativismos se ha ido estableciendo a partir de filósofos que, amparados en la oscuridad de un palabrerío casi hueco, han ido instalando poco a poco la posibilidad de una aceptación generalizada de los relativismos mencionados. Puede decirse que los absolutismos son propuestos desde la modernidad mientras que los relativismos provienen de las reacciones contra dicha etapa civilizatoria.
Es deseable disponer de un terreno firme para poder construir un gran edificio; en forma similar, para la construcción del edificio de la ciencia, es deseable disponer de un marco firme y estable, tal el vislumbrado por el Iluminismo, o la Ilustración, movimiento intelectual y científico al cual se asocia la modernidad. Entre sus propuestas se destacan la confianza en la razón, el rechazo al mito, la investigación libre, el naturalismo, el cientificismo, el utilitarismo, el respeto por la tecnología, el universalismo, el individualismo y el modernismo junto a la confianza en el futuro, según la opinión de Mario Bunge (en “La relación entre la sociología y la filosofía”-Editorial EDAF SA-Madrid 2000). El desarrollo posterior de la ciencia fue promovido por la actitud modernista, sin embargo, a partir de mediados del siglo XX, aparece un rechazo a sus lineamientos básicos que consiste, principalmente, en el distanciamiento de los estudios sociales respecto de los conceptos iluministas, dando origen a lo que algunos autores denominan la posmodernidad.
Los tres campos de discusión se asocian principalmente a la ciencia, la ética y el arte, que admiten un carácter objetivo, desde el punto de vista de la modernidad, mientras que para la posmodernidad todos ellos resultan ser esencialmente subjetivos, de ahí la incompatibilidad de ambas visiones de la realidad. Juan José Sebreli expresó: "A los posmodernos yo los defino como premodernos, ya que atacan a la sociedad actual y reivindican sociedades anteriores".
"Por ejemplo, los ecologistas extremos reivindican una vuelta a la sociedad rural idílica, que es una utopía. Y en el plano filosófico, reivindican filosofías irracionalistas como las de Nietzsche o Heidegger. Los posmodernos se inspiran en una vieja tradición que empieza desde que surge la modernidad. Porque en realidad, siempre que surge una corriente, surge su corriente opuesta. Cuando surge la modernidad en Occidente, en el siglo XVIII, contemporáneamente surge la antimodernidad, que es el romanticismo".
"Por eso yo digo que la fuente del posmodernismo es el romanticismo, en contra del racionalismo de la sociedad industrial y de todo lo que significa la modernidad. Creo que la única manera de criticar las certezas equivocadas del racionalismo es mediante la razón. El posmodernismo reivindica creencias, intuiciones y formas de conocimiento que no son racionales".
"La ciencia moderna, tan combatida, es la que se plantea permanentemente la autocrítica; no veo que las sectas, los movimientos esotéricos y el ocultismo lo hagan. Con respecto a los pensadores posmodernos, creo que Michel Foucault y Jacques Derrida son enemigos de la razón. Foucault reivindica abiertamente el absurdo, la irracionalidad, basándose en pensadores que son muy antiguos, como Nietzsche. Es decir, no es que yo no crea qu no haya que superar la modernidad, pero los llamados posmodernos en realidad quieren volver atrás. Lo que hay que criticarle a la sociedad moderna es que no haya cumplido totalmente sus objetivos, y a veces que los haya traicionado" (De "Voces de la cultura argentina" de Cristina Mucci-El Ateneo-Buenos Aires 1997).
Roger Scruton describe la estrategia de Jacques Derrida, uno de los promotores del anti-occidentalismo: "Primero, identificar el blanco, que es la cultura occidental como tal, es decir, la suma total de los artefactos a través de los cuales la cristiandad formó y administró al mundo humano. Lo segundo, identificar una falla en esta cultura: la falla es el «logocentrismo», lo que significa dos cosas: privilegiar lo hablado sobre lo escrito, y, más importante, creer que el mundo es realmente como lo describen nuestros conceptos. Luego, minar esa falla hasta que todo lo que se construyó sobre ella se derrumbe" (De "Filosofía moderna"-Editorial Cuatro Vientos-Santiago de Chile 1999).
Los relativismos implican una debilidad social, incluso individual, que favorece el acceso al poder de los populismos y los totalitarismos. Así, Viktor Frankl estima que la ausencia de sentido de la vida es una de las principales causas de sufrimiento moral, por lo que la imposibilidad de buscar el bien, la verdad y la belleza, valores inexistentes para los relativistas, le niega al individuo desorientado la posibilidad de adaptarse al orden natural y a la sociedad. Incluso se llega así al extremo de aceptar los totalitarismos que ofrecen, aparentemente, sentidos de la vida en "gran diversidad y cantidad". Scruton escribió: "Uno de los hechos extraordinarios de las filosofías de la liberación es que no pueden decir nada coherente respecto de las metas. De hecho, hay una especie de risueño paradoxismo que acompaña sus afirmaciones de convicción. Ya sea si se expresan en el lenguaje abstracto de la Revolución Francesa, o en la visión contradictoria de un compromiso hacia algo cuyo valor no puede describirse, el resultado es el mismo: una especie de vacío, una lucha para destruir en nombre de «Nada»".
"No hay un solo partidario de la liberación que se haya preocupado de explicarnos en términos concretos en qué consiste su ideal: nos dicen que debemos liberarnos de la ley, de las instituciones y de los consejos, pero no del para qué hacerlo. La Voluntad General de Rousseau, el Pueblo de Robespierre, la comuna de Marx, el fascio de los anarquistas italianos, el groupe en fusion de Sartre: todos expresan la misma idea contradictoria sobre una sociedad libre, sin leyes ni instituciones, en la cual la gente se agrupa espontáneamente en glóbulos afirmadores-de-la-vida, a pesar de que hay siglos que prueban que los seres humanos no son capaces de lograrlo".
"La meta es una «sociedad sin obediencia», una «unidad en desobediencia» donde no se conocen el conflicto, la competencia y la subordinación. En la búsqueda de este fantasma contradictorio, los «liberadores» han ensayado derribar las instituciones actuales, desarraigar las relaciones entre la gente, destruir todo lo que sólo se negocia, compromete o semiconvence. En aras de una libertad trascendental que no puede alcanzarse, se cancela la verdadera referencia a lo trascendental que está presente en las formas humildes de la vida humana. Esta idolatrada libertad destruye las relaciones humanas al medir a los hombres con el estándar que no pueden alcanzar".
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