En la actualidad, principalmente en Europa, existe un importante porcentaje de la población que considera oportuno relegar los principios occidentales para ser reemplazados por principios asociados al Islam. Aducen, entre otros aspectos, los graves acontecimientos ocurridos en el pasado europeo, como las dos Guerras Mundiales, por lo cual suponen que se justifica el renunciamiento a todo lo que se considera como "civilización occidental".
Esta actitud es similar a la de quienes descreen de la Biblia por cuanto han advertido serios defectos morales en personajes históricos del Antiguo Testamento, principalmente. No se tiene en cuenta que la misión de la Biblia es la conversión de pecadores en justos, por lo que la eficacia de la religión debe asociarse al éxito en este aspecto. Como se trata de libros escritos por diversos autores de distintas épocas, es natural la presencia de autores con atributos similares a personas comunes y corrientes. El cambio europeo actual apunta a adoptar una religión que apunta a la conversión de justos en pecadores, ya que, desde el punto de vista occidental, el terrorismo, el asesinato de infieles, la subestimación de las mujeres, la implantación forzada de un totalitarismo opresor, son acciones que pueden asociarse más al pecado que a la virtud.
En un reportaje de Cristina Mucci a Juan José Sebreli, la periodista inquiere: "Usted reivindica los principios occidentales modernos, se hayan o no implementado correctamente. Más allá de todos los horrores que han sucedido, los sigue considerando superiores a cualquier otro postulado o civilización".
Recibiendo como respuesta: "Por supuesto, porque estos horrores no son atribuibles a la modernidad en sí, sino a que se han violentado sus postulados. Le pongo un ejemplo: los derechos humanos. Para mí, son un valor indiscutible. ¿Quién inventó los derechos humanos? ¿Los orientales? Jamás. ¿Las civilizaciones precolombinas? No tenían la menor idea de qué se trataba. Los inventaron los occidentales; más aún, los ingleses y los franceses, dos pueblos muy concretos. Pero que tengan un origen concreto, no significa que valgan solamente para esas civilizaciones. Valen para el mundo. Y valen más allá del hecho de que quienes los crearon los hayan o no respetado".
"Porque usted podrá hablarme del avance colonial inglés, pero la forma en que se ha instrumentado no tiene nada que ver con los principios, que permanecen más allá de los abusos. Le pongo otro ejemplo. Yo creo absolutamente en la igualdad de los sexos. Los orientales no creen en la igualdad de los sexos, y los occidentales -aunque no la cumplan- fueron los primeros que levantaron la bandera de la igualdad entre los sexos. Entre los islámicos la mujer es inferior al varón, por lo tanto yo no puedo tolerar a la sociedad islámica, tengo que combatirla si es que creo que la igualdad de los sexos es un valor universal".
"El relativismo cultural que se ha impuesto en los últimos años tiene la apariencia de ser democrático. Pero es sólo una apariencia: si todo el mundo puede pensar lo que quiera y todos los valores son iguales, llegamos a aceptar injusticias muy grandes. Si yo admito que todo el mundo tiene derecho a sostener concepciones propias de su civilización, tengo que admitir, por ejemplo, que para determinadas sociedades la mujer debe seguir siendo inferior al varón".
"Yo no creo en eso. Quiero que se imponga la igualdad de los sexos, quiero que se impongan los derechos humanos, y eso es un invento de Occidente. No porque Occidente sea una raza superior, sino porque los principios surgieron allí por un cúmulo de circunstancias. Otro ejemplo: quemar vivas a las viudas era una tradición fundamental en el hinduismo, formaba parte de su esencia y sus tradiciones más ancestrales. Llega el gobierno inglés, y al que quema viudas lo mete preso".
"¿Usted a favor de quién está? Porque si respeto la cultura hindú, estoy a favor de seguir quemando viudas. El ejemplo todavía sirve para un caso todavía más actual: millones de mujeres en el África y el mundo islámico son mutiladas sexualmente. ¿Hay que aceptarlo porque está dentro de su religión? Usted podrá decirme que quienes invadieron esas culturas tampoco respetaron los derechos humanos. De acuerdo, pero que se cometan actos vandálicos no significa que la cultura occidental convalide esos actos".
"En cambio, las mutilaciones, y otras atrocidades, están convalidadas por las culturas donde se aplican. Esa es la diferencia. ¿Usted sabe por qué los españoles, que eran unos pocos, pudieron vencer a millones de indios? Simplemente porque hubo una cantidad de indígenas que se pusieron a favor del ejército español. El régimen azteca y el régimen inca eran tremendamente represivos. En los templos aztecas que hoy tanto se admiran se les sacaba el corazón a los adolescentes vivos. Esos eran los aztecas que hoy se reivindican. Yo no reivindico de ninguna manera una cultura que comete sacrificios humanos" (De "Voces de la cultura argentina" de Cristina Mucci-El Ateneo-Buenos Aires 1997).
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario