Durante la Edad Media, predominaba una visión del mundo conocido que consideraba a la Tierra como el centro del Universo, por cuanto era el lugar en donde había nacido el Dios hecho hombre. Todo lo demás giraba alrededor de ese centro, incluyendo al Sol. Predominaba en astronomía el sistema geocéntrico establecido por Ptolomeo y se aceptaba la física propuesta por Aristóteles.
En 1543, el mismo día en que muere el sacerdote Nicolás Copérnico, sale de la imprenta su libro “Revoluciones”, en el cual aparece por primera vez, basado en observaciones y datos astronómicos, un sistema alternativo en el cual el Sol queda ubicado muy cerca del centro del sistema planetario solar con la Tierra y los demás planetas orbitándolo según trayectorias circulares. Copérnico retuvo por varios años los originales de su libro sin editar, ya que temía conflictos con la Iglesia, hasta que fue convencido de hacerlo conocer.
Los opositores al nuevo modelo astronómico aducían que, si la Tierra se moviese alrededor del Sol, “perdería por el camino” a la Luna y a todo lo que está sobre ella, ya que en esos momentos no se conocía el principio de la inercia, por el cual existe una equivalencia indistinguible entre el estado de reposo y el movimiento rectilíneo uniforme, como el descrito por la Tierra en su órbita casi circular, es decir, por ser esa órbita muy grande, por tramos resultaba bastante similar a una trayectoria recta.
El iniciador de la física experimental, Galileo Galilei, es el primer observador del cielo con el telescopio; inventado en Holanda pero perfeccionado por él mismo. Entre las observaciones que favorecen la veracidad del sistema copernicano, aparece la de Júpiter, que se mueve junto con sus cuatro satélites naturales, sin que “los pierda por el camino”. Con tal aporte, y otras evidencias observadas, Galileo se convierte en el divulgador y defensor más importante del nuevo sistema astronómico. Incluso, como buen católico, no pierde las esperanzas de convencer a las autoridades de la Iglesia acerca de la propuesta de Copérnico.
Todo marchaba bien hasta que un buen conocedor de la Biblia encuentra en el Antiguo Testamento un párrafo en donde, por pedido de Josué, Dios le ordena al Sol que se detenga, de donde se deduce que el Sol se mueve, y no la Tierra. En el Libro de Josué se lee lo siguiente: “Aquel día, el día en que el Señor entregó a los amorreos en las manos de los hijos de Israel, habló Josué al Señor, y a la vista de Israel dijo: sol, detente sobre Gabaon; y tú luna, sobre el valle de Ayalón. Y el sol se detuvo, y se paró la luna, hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos. El sol se detuvo en el medio del cielo y no se apresuró a ponerse casi un día entero. No hubo, ni antes ni después, día como aquél en que obedeció el Señor a la voz de un hombre, porque el Señor combatía por Israel”.
Una de las causas del conflicto que surge con la Iglesia proviene de la actitud de Galileo de pretender ser un intérprete de la Biblia en cuestiones científicas, responsabilidad siempre reservada a la Iglesia. Johannes Hemleben escribe sobre la reacción galileana respecto del párrafo bíblico: “Galileo insistió en «desmitificar» este pasaje y señaló que el mismo efecto se produciría si el movimiento de la Tierra se detuviera momentáneamente, por orden de Josué y con la ayuda de Dios” (De “Galileo”-Salvat Editores SA-Barcelona 1985).
Galileo lucha en dos frentes, ya que no sólo se enfrenta con la Iglesia sino también con los aristotélicos, ya que pretendía mostrar la verdad a quienes “ya eran sus dueños”. Para ello, con buenas aptitudes literarias, establece diálogos entre sus tres personajes principales: Salviati, Sagredo y Simplicio. Hemleben escribe al respecto: “En su «Diálogo sobre los dos sistemas del mundo» [tolemaico y copernicano], el libro que más tarde le llevaría a la ruina, aclaró con palabras carentes de ambigüedad su postura hacia Aristóteles y hacia los aristotélicos de su época. Allí pone en boca del ya de por sí ingenuo Simplicio la pregunta: «Y sin embargo, si se abandona a Aristóteles, ¿quién servirá de guía en la filosofía?» Salviati, que por regla general sostiene las propias opiniones de Galileo, responde: «Hay necesidad de guía en los países desconocidos y salvajes, pero en los lugares abiertos y llanos, sólo los ciegos tiene necesidad de guía; y quien esté ciego, que se quede en su casa; pero quien tiene ojos en la cara y en la mente, de ellos se ha de servir como guía. Y no quiero decir con eso que no se deba escuchar a Aristóteles, e incluso alabo el leerlo y estudiarlo diligentemente, y sólo desprecio al que a ciegas se suscribe a cualquiera de sus preceptos, y al que, sin buscar más razones, los toma como preceptos inviolables; lo cual es un abuso que lleva tras de sí otro inconveniente mayor, que es que ni siquiera se molesta en entender la fuerza de sus demostraciones. Y ¿qué cosa hay más vergonzosa que ver en las disputas públicas, cuando se está tratando de proposiciones demostrables, cómo alguien, saliéndose por la tangente con un texto, frecuentemente escrito con otro propósito, intenta cerrar la boca al adversario? Si alguien hay que quiera continuar los estudios de esta manera, que renuncie al nombre de filósofo, y que se llame historiador o doctor de la memoria, que no es conveniente que quien nunca filosofó usurpe el honroso título de filósofo»”.
Galileo tenía el apoyo en algunos sectores de la Iglesia, especialmente de los dominicos, que estaban en lucha interna con los jesuitas. La oposición endurece su postura cuando alguien le informa al Papa que Simplicio, el personaje literario, simboliza al propio Papa. “Simplicio, como representante de los aristotélicos y los peripatéticos, es una figura simbólica y en cuanto tal se le designa irónicamente con el nombre de «el simple», o mejor, «el ingenuo». Como es el portavoz de las objeciones contra la doctrina de Copérnico, se sirve ocasionalmente también de las tesis propuestas por los jesuitas del Colegio Romano y hasta recita textualmente en un pasaje una objeción del papa Urbano VIII. No es sorprendente que Galileo, por este «Simplicio», se granjeara nuevas enemistades, porque en Roma estaban con el oído atento a tales alusiones y, en definitiva, a nadie le gusta verse en el papel de una figura ridícula, limitada por la cortedad mental y la necedad”.
Para poder imponer la innovación que constituye el método de la ciencia experimental, en oposición a la postura imperante de la religión y la filosofía, no sólo se requería ser un científico original y un hábil escritor, sino también alguien que tuviese la personalidad típica de los italianos discutidores y apasionados. Moisés González escribió: “Su vida fue la de un luchador intelectual, que intentó desechar prejuicios milenarios, lo que le llevó de forma inevitable a chocar con las instituciones, celosas defensoras de una tradición estereotipada y encerrada en sí misma. Fue fustigador implacable de esa pereza mental que se refugiaba en el saber dogmático de la tradición escolástica y no dudó en utilizar la ironía y el sarcasmo contra aquellos que él denominaba «filósofos librescos», que, encerrados en su mundo de papel, recurrían exclusivamente al principio de autoridad y despreciaban o huían de las investigaciones directas en el «gran libro de la naturaleza»”.
La revolución galileana no implicó solamente un cambio en cuanto a la forma de conocer el mundo real, sino que impuso un cambio esencial en la forma de pensar que dominaba hasta ese momento. “La revolución científica del siglo XVII, protagonizada en gran medida por Galileo, supuso, como dice Alexandre Koyré, una profunda transformación intelectual, ya que: «de lo que se trataba no era de combatir unas teorías erróneas, o insuficientes, sino de transformar el marco de la misma inteligencia; de trastocar una actitud intelectual, en resumidas cuentas muy natural, sustituyéndola por otra, que no lo era en absoluto». Precisamente al trastocar los hábitos de pensamiento de su época y al crear en su lugar nuevos hábitos de razonamiento que alejasen a los hombres de la fe ciega en la autoridad y en la tradición, para que pensasen por sí mismos, apoyándose en la experiencia y en las demostraciones necesarias, tuvo que enfrentarse a obstáculos de todo tipo, que habrían de conducirle finalmente a su procesamiento y posterior condena” (De la Introducción a la “Carta a Cristina de Lorena” de Galileo Galilei-Ediciones Altaya SA-Barcelona 1994).
En la actualidad predomina parcialmente la vieja actitud de adherir ciegamente a ideologías filosóficas y políticas, como también la actitud de priorizar textos escritos por hombres inspirados en Dios en lugar de adoptar como referencia las propias leyes naturales establecidas por el Creador de todo lo existente, o por las leyes que son la esencia de Dios. Entre las enseñanzas de Galileo se puede extraer que la Biblia es un libro especializado en cuestiones éticas, y no científicas, ya que nos indica “cómo llegar al Cielo y no cómo está hecho el Cielo”. Galileo escribió: “Éste es precisamente el caso de la astronomía, de la que se habla tan poco, que no se encuentran ni siquiera nombrados los planetas. Pero si los primeros escritores sagrados hubiesen tenido la intención de enseñar al pueblo las disposiciones y movimientos de los cuerpos celestes, no habrían tratado tan poco de ellos, que es como nada en comparación de las infinitas, profundísimas y admirables enseñanzas que en tal ciencia se contienen” (De “Carta a Cristina de Lorena”).
La condena a Galileo implicó su encierro domiciliario y una prohibición para realizar nuevos escritos. Tal encierro le vino muy bien ya que tuvo tiempo de escribir los “Diálogos acerca de dos nuevas ciencias” en donde, esta vez, describe sus aportes a la cinemática, la dinámica y la resistencia de materiales, especialmente. Fue realizado en forma similar a los “Diálogos sobre los dos sistemas del mundo”, siendo editado en Holanda. Al poco tiempo, la ceguera le impidió seguir escribiendo. Cabe agregar que Galileo fue el primero en aplicar las matemáticas a la descripción del movimiento, si bien tales relaciones son mencionadas en su libro en forma verbal. José San Román Villasante escribió: “La obra se compone de dos partes, una no dialogada, escrita en latín, y otra dialogada escrita en italiano. Ahora bien, Galileo era un perfecto humanista al mismo tiempo que gran conocedor de todos los resortes del italiano de su tiempo, hasta tal punto que muchas de sus páginas pueden servir de modelo del italiano literario del siglo XVII”.
“Además, escribe de ciencias físico-matemáticas, las que hasta él habían sido tratadas en términos escolásticos. En otras palabras, no existían en realidad las ciencias físico-matemáticas, y por consiguiente no existía tampoco el lenguaje de fórmulas o el lenguaje matemático moderno (mucho menos todavía en la parte escrita en latín), por cuyo motivo usa de perífrasis, giros y razonamientos pintorescos, pero difíciles y engorrosos” (Del Prólogo de “Diálogos acerca de dos nuevas ciencias” de Galileo Galilei-Librería del Colegio SA-Buenos Aires 1945).
martes, 15 de noviembre de 2016
lunes, 14 de noviembre de 2016
Popper y la demarcación de la ciencia
En una época en que se pretende hacer pasar por “teorías científicas verificadas” a ciertas hipótesis humanistas, buscando su aceptación sin mayores cuestionamientos, Karl Popper creyó necesario establecer algún criterio que marcara el límite entre ciencia y pseudociencia. De esa manera intentó “proteger” a la sociedad del peligro de quienes, en lugar de tratar de que sus propuestas fueran criticadas buscando su fortalecimiento, buscaban la adhesión masiva sin contrastación alguna. “Popper relata cómo, a través de ciertas vivencias personales, se le presentó como problema prioritario el de establecer un criterio que delimitara lo que era ciencia y lo que no lo era: un «criterio de demarcación»”.
“Para Popper podrán formar parte de la ciencia sólo aquellas afirmaciones pasibles de refutación, o, también, «falsables». Esto significa que afirmaciones como las de la religión o la astrología no podrán ser científicas ya que no es posible pensar ninguna experiencia u observación que las haga falsas; cualquier suceso puede ser explicado desde su punto de vista. Resulta fundamental destacar, sin embargo, que el propósito de Popper no es sólo dejar fuera a la religión o a la astrología, sino que su intención, explicitada por él mismo por otra parte, era construir un criterio de demarcación que pudiera dejar afuera al marxismo –o alguna versión muy sui generis que Popper entiende como todo el marxismo- y al psicoanálisis” (De “Notas introductorias a la filosofía de la ciencia” de E. E. Glavich-R. R. Ibáñez-M. R. Lorenzo y H. A. Palma-EUDEBA-Buenos Aires 1998).
Existe una diferencia esencial entre conocimiento científico e indagación de tipo filosófico. De ahí aquello de que la diferencia entre el filósofo y el científico radica en que, mientras el primero utiliza lápiz y papel, el segundo utiliza lápiz, papel y un cesto para arrojar papeles. George Gamow expresó: “No importa cuánto te agrade una teoría si los resultados experimentales la refutan, habrá que arrojarla a la basura” (Citado en “El Big Bang y el origen del universo” de A. Lallena Rojo-RBA Coleccionables SA-Navarra 2015).
La actitud escéptica adoptada por el científico viene un tanto reforzada por la validez de los razonamientos lógicos asociados a la validación, o no, de una hipótesis propuesta. Por ejemplo, consideremos un razonamiento como el siguiente:
Si llueve, entonces el patio se moja…..p => q
El patio se moja………….......…………….q
Conclusión: llueve……………......……….p
Este razonamiento no es válido en la generalidad de los casos, ya que el patio pudo mojarse por una causa distinta de la lluvia. De ahí que no deberíamos razonar de esta forma. Un ejemplo corriente de razonamiento no válido sería el siguiente, similar al anterior:
Si la luz es desviada por un campo gravitacional, entonces la relatividad general está acertada
La luz es desviada por un campo gravitacional
Conclusión: La relatividad general está acertada
Tampoco en este caso es válido el razonamiento (si bien las premisas son verdaderas) por cuanto toda teoría de tipo axiomático consiste en una descripción resumida de varios fenómenos naturales, de ahí que la verificación experimental de uno de ellos no asegura la veracidad de los restantes. De ahí que nunca debemos decir que una teoría es definitivamente acertada. Vayamos ahora a los razonamientos correctos:
Si llueve, entonces el patio se moja…p => q
El patio no está mojado……….......….No q
Conclusión: No llueve…………..........No p
En este caso, si el patio no está mojado, existe la seguridad de que ninguna de las otras posibles causas estarán presentes. En el caso de la ciencia, un razonamiento válido será el siguiente:
Si la luz es desviada por un campo gravitacional, entonces la relatividad general está acertada
La luz no es desviada por un campo gravitacional
Conclusión: La relatividad general no está acertada
Esta vez el razonamiento es válido por su forma, aunque incorrecto por su contenido. En el caso de la relatividad general, puede decirse que la teoría “no es incorrecta” por cuanto salió airosa en la prueba tomada como ejemplo. El carácter científico que presenta una hipótesis cualquiera, requiere la presentación de una prueba crucial.
“Mientras que jamás podemos afirmar la verdad con certeza, por más consecuencias observables verdaderas que tengamos, sí podemos afirmar la falsedad de la hipótesis falsable con una sola consecuencia observable falsa” (De “Notas introductorias a la filosofía de la Ciencia”).
Por otra parte, Popper expresó: “Una teoría que no es refutable por ningún suceso concebido no es científica. La irrefutabilidad no es una virtud de una teoría (como se cree), sino un vicio”.
“Todo genuino test de una teoría es un intento por desmentirla, por refutarla. La testabilidad equivale a la refutabilidad. Pero hay grados de testabilidad: algunas teorías son más testables, están más expuestas a la refutación que otras. Corren más riesgo, por decir así”.
“Algunas teorías genuinamente testables, después de hallarse que son falsas, siguen contando con el sostén de sus admiradores, por ejemplo, introduciendo algún supuesto auxiliar ad hoc [injustificado], o reinterpretando ad hoc la teoría de manera que escape a la refutación. Siempre es posible seguir tal procedimiento, pero éste rescata la teoría de la refutación sólo al precio de destruir o, al menos, rebajar su status científico”.
“Es posible resumir todo lo anterior diciendo que el criterio para establecer el status científico de una teoría es su refutabilidad o su testabilidad” (De “Notas introductorias a la filosofía de la ciencia”).
El método experimental no es otra cosa que el método de “prueba y error”, que puede describirse como un sistema realimentado negativamente, que resulta ser el procedimiento empleado en todo proceso adaptativo, como lo es el conocimiento natural, la ciencia experimental, la adaptación biológica y la cultural. Karl Popper escribió: “El método del ensayo y error, por supuesto, no es simplemente idéntico al enfoque científico o crítico, al método de la conjetura y la refutación. El método del ensayo y error no sólo es aplicado por Einstein, sino también, de manera más dogmática, por la ameba. La diferencia reside, no tanto en los ensayos como en la actitud crítica y constructiva hacia los errores; errores que el científico trata, consciente y cautelosamente de descubrir para refutar su teoría con argumentos minuciosos, basados en los más severos test experimentales que sus teorías y su ingenio le permitan planear”.
“Puede describirse la actitud crítica como el intento consciente por hacer que nuestras teorías, nuestras conjeturas, se sometan en lugar nuestro a la lucha por la supervivencia del más apto. Nos da la posibilidad de sobrevivir a la eliminación de una hipótesis inadecuada en circunstancias en las que una actitud dogmática eliminaría la hipótesis mediante nuestra propia eliminación” (De “Metáforas en la evolución de las ciencias” de Héctor A. Palma-Jorge Baudino Ediciones-Buenos Aires 2004).
La ciencia experimental, en la visión de Popper, presenta la ventaja de ser un proceso similar al que emplea todo individuo para adquirir información del mundo que le rodea, siendo una especie de prolongación social de la teoría del conocimiento individual. Karl Popper manifestó al respecto: “Tanto las ciencias naturales como las ciencias sociales parten siempre de problemas; de que algo despierta nuestra admiración, como decían los filósofos griegos. Las ciencias utilizan en principio para resolver esos problemas el mismo método que emplea el sano entendimiento humano: el método de ensayo y error. Expresado con más exactitud: es el método de proponer tentativamente soluciones de nuestros problemas y después eliminar las falsas soluciones como erróneas. Este método presupone que trabajamos con una pluralidad de soluciones a modo de prueba. Una solución tras otra es puesta a prueba y eliminada”.
“Bien mirado, ese comportamiento parece ser el único lógicamente posible. Es el mismo comportamiento que ponen en práctica organismos inferiores, tan inferiores incluso como la ameba unicelular, cuando intenta solucionar un problema. En ese caso, hablamos de movimientos de prueba, por medio de los cuales el organismo intenta desembarazarse de un problema gravoso. Los organismos más elevados pueden aprender, por medio de ensayo y error, cómo se soluciona un determinado problema. Podemos decir que también ellos realizan movimientos de prueba –movimientos de prueba intelectuales; y el aprender consiste, en lo esencial, en que se va ensayando un movimiento de prueba tras otro, hasta que se encuentra uno que resuelve el problema”.
“Podemos comparar la solución exitosa del animal con una expectativa y, por consiguiente, con una hipótesis o una teoría; pues el comportamiento del animal nos muestra que espera (aunque quizá sea de manera inconsciente o disposicional) que en un caso semejante los mismos movimientos de prueba volverán a resolver el problema”.
Resulta evidente que el requisito básico que requiere todo organismo adaptativo es el de encontrarse en un medio regido por leyes naturales invariantes; de lo contrario el proceso adaptativo pierde la posibilidad de llegar a buen término. El citado autor agrega: “Podemos decir que el comportamiento de los animales, y también de las plantas, muestra que los organismos están preparados para las regularidades o legalidades. Esperan regularidades o legalidades en su entorno y la mayoría de estas expectativas son, supongo yo, genéticamente condicionadas, es decir, innatas” (De “La responsabilidad de vivir”-Ediciones Altaya SA-Barcelona 1999).
“Para Popper podrán formar parte de la ciencia sólo aquellas afirmaciones pasibles de refutación, o, también, «falsables». Esto significa que afirmaciones como las de la religión o la astrología no podrán ser científicas ya que no es posible pensar ninguna experiencia u observación que las haga falsas; cualquier suceso puede ser explicado desde su punto de vista. Resulta fundamental destacar, sin embargo, que el propósito de Popper no es sólo dejar fuera a la religión o a la astrología, sino que su intención, explicitada por él mismo por otra parte, era construir un criterio de demarcación que pudiera dejar afuera al marxismo –o alguna versión muy sui generis que Popper entiende como todo el marxismo- y al psicoanálisis” (De “Notas introductorias a la filosofía de la ciencia” de E. E. Glavich-R. R. Ibáñez-M. R. Lorenzo y H. A. Palma-EUDEBA-Buenos Aires 1998).
Existe una diferencia esencial entre conocimiento científico e indagación de tipo filosófico. De ahí aquello de que la diferencia entre el filósofo y el científico radica en que, mientras el primero utiliza lápiz y papel, el segundo utiliza lápiz, papel y un cesto para arrojar papeles. George Gamow expresó: “No importa cuánto te agrade una teoría si los resultados experimentales la refutan, habrá que arrojarla a la basura” (Citado en “El Big Bang y el origen del universo” de A. Lallena Rojo-RBA Coleccionables SA-Navarra 2015).
La actitud escéptica adoptada por el científico viene un tanto reforzada por la validez de los razonamientos lógicos asociados a la validación, o no, de una hipótesis propuesta. Por ejemplo, consideremos un razonamiento como el siguiente:
Si llueve, entonces el patio se moja…..p => q
El patio se moja………….......…………….q
Conclusión: llueve……………......……….p
Este razonamiento no es válido en la generalidad de los casos, ya que el patio pudo mojarse por una causa distinta de la lluvia. De ahí que no deberíamos razonar de esta forma. Un ejemplo corriente de razonamiento no válido sería el siguiente, similar al anterior:
Si la luz es desviada por un campo gravitacional, entonces la relatividad general está acertada
La luz es desviada por un campo gravitacional
Conclusión: La relatividad general está acertada
Tampoco en este caso es válido el razonamiento (si bien las premisas son verdaderas) por cuanto toda teoría de tipo axiomático consiste en una descripción resumida de varios fenómenos naturales, de ahí que la verificación experimental de uno de ellos no asegura la veracidad de los restantes. De ahí que nunca debemos decir que una teoría es definitivamente acertada. Vayamos ahora a los razonamientos correctos:
Si llueve, entonces el patio se moja…p => q
El patio no está mojado……….......….No q
Conclusión: No llueve…………..........No p
En este caso, si el patio no está mojado, existe la seguridad de que ninguna de las otras posibles causas estarán presentes. En el caso de la ciencia, un razonamiento válido será el siguiente:
Si la luz es desviada por un campo gravitacional, entonces la relatividad general está acertada
La luz no es desviada por un campo gravitacional
Conclusión: La relatividad general no está acertada
Esta vez el razonamiento es válido por su forma, aunque incorrecto por su contenido. En el caso de la relatividad general, puede decirse que la teoría “no es incorrecta” por cuanto salió airosa en la prueba tomada como ejemplo. El carácter científico que presenta una hipótesis cualquiera, requiere la presentación de una prueba crucial.
“Mientras que jamás podemos afirmar la verdad con certeza, por más consecuencias observables verdaderas que tengamos, sí podemos afirmar la falsedad de la hipótesis falsable con una sola consecuencia observable falsa” (De “Notas introductorias a la filosofía de la Ciencia”).
Por otra parte, Popper expresó: “Una teoría que no es refutable por ningún suceso concebido no es científica. La irrefutabilidad no es una virtud de una teoría (como se cree), sino un vicio”.
“Todo genuino test de una teoría es un intento por desmentirla, por refutarla. La testabilidad equivale a la refutabilidad. Pero hay grados de testabilidad: algunas teorías son más testables, están más expuestas a la refutación que otras. Corren más riesgo, por decir así”.
“Algunas teorías genuinamente testables, después de hallarse que son falsas, siguen contando con el sostén de sus admiradores, por ejemplo, introduciendo algún supuesto auxiliar ad hoc [injustificado], o reinterpretando ad hoc la teoría de manera que escape a la refutación. Siempre es posible seguir tal procedimiento, pero éste rescata la teoría de la refutación sólo al precio de destruir o, al menos, rebajar su status científico”.
“Es posible resumir todo lo anterior diciendo que el criterio para establecer el status científico de una teoría es su refutabilidad o su testabilidad” (De “Notas introductorias a la filosofía de la ciencia”).
El método experimental no es otra cosa que el método de “prueba y error”, que puede describirse como un sistema realimentado negativamente, que resulta ser el procedimiento empleado en todo proceso adaptativo, como lo es el conocimiento natural, la ciencia experimental, la adaptación biológica y la cultural. Karl Popper escribió: “El método del ensayo y error, por supuesto, no es simplemente idéntico al enfoque científico o crítico, al método de la conjetura y la refutación. El método del ensayo y error no sólo es aplicado por Einstein, sino también, de manera más dogmática, por la ameba. La diferencia reside, no tanto en los ensayos como en la actitud crítica y constructiva hacia los errores; errores que el científico trata, consciente y cautelosamente de descubrir para refutar su teoría con argumentos minuciosos, basados en los más severos test experimentales que sus teorías y su ingenio le permitan planear”.
“Puede describirse la actitud crítica como el intento consciente por hacer que nuestras teorías, nuestras conjeturas, se sometan en lugar nuestro a la lucha por la supervivencia del más apto. Nos da la posibilidad de sobrevivir a la eliminación de una hipótesis inadecuada en circunstancias en las que una actitud dogmática eliminaría la hipótesis mediante nuestra propia eliminación” (De “Metáforas en la evolución de las ciencias” de Héctor A. Palma-Jorge Baudino Ediciones-Buenos Aires 2004).
La ciencia experimental, en la visión de Popper, presenta la ventaja de ser un proceso similar al que emplea todo individuo para adquirir información del mundo que le rodea, siendo una especie de prolongación social de la teoría del conocimiento individual. Karl Popper manifestó al respecto: “Tanto las ciencias naturales como las ciencias sociales parten siempre de problemas; de que algo despierta nuestra admiración, como decían los filósofos griegos. Las ciencias utilizan en principio para resolver esos problemas el mismo método que emplea el sano entendimiento humano: el método de ensayo y error. Expresado con más exactitud: es el método de proponer tentativamente soluciones de nuestros problemas y después eliminar las falsas soluciones como erróneas. Este método presupone que trabajamos con una pluralidad de soluciones a modo de prueba. Una solución tras otra es puesta a prueba y eliminada”.
“Bien mirado, ese comportamiento parece ser el único lógicamente posible. Es el mismo comportamiento que ponen en práctica organismos inferiores, tan inferiores incluso como la ameba unicelular, cuando intenta solucionar un problema. En ese caso, hablamos de movimientos de prueba, por medio de los cuales el organismo intenta desembarazarse de un problema gravoso. Los organismos más elevados pueden aprender, por medio de ensayo y error, cómo se soluciona un determinado problema. Podemos decir que también ellos realizan movimientos de prueba –movimientos de prueba intelectuales; y el aprender consiste, en lo esencial, en que se va ensayando un movimiento de prueba tras otro, hasta que se encuentra uno que resuelve el problema”.
“Podemos comparar la solución exitosa del animal con una expectativa y, por consiguiente, con una hipótesis o una teoría; pues el comportamiento del animal nos muestra que espera (aunque quizá sea de manera inconsciente o disposicional) que en un caso semejante los mismos movimientos de prueba volverán a resolver el problema”.
Resulta evidente que el requisito básico que requiere todo organismo adaptativo es el de encontrarse en un medio regido por leyes naturales invariantes; de lo contrario el proceso adaptativo pierde la posibilidad de llegar a buen término. El citado autor agrega: “Podemos decir que el comportamiento de los animales, y también de las plantas, muestra que los organismos están preparados para las regularidades o legalidades. Esperan regularidades o legalidades en su entorno y la mayoría de estas expectativas son, supongo yo, genéticamente condicionadas, es decir, innatas” (De “La responsabilidad de vivir”-Ediciones Altaya SA-Barcelona 1999).
sábado, 12 de noviembre de 2016
Desarrollo individual y social
El objetivo principal de todo hombre debería consistir en realizar, a lo largo de su vida, los proyectos establecidos de joven, o de niño. Como por lo general nadie conoce sus propias límitaciones personales; conocimiento que le permitiría establecer metas alcanzables, y a veces ni siquiera establece proyectos firmes, puede decirse que el principal objetivo consiste en poder desarrollar todas las aptitudes que potencialmente existen en su persona. Al poder desarrollarlas, tendrá a su alcance las metas accesibles, ya sea que las haya previsto de joven o bien que hayan aparecido en el transcurso de su vida.
La vida humana que tiene un sentido, implica varias tentativas por lograr lo que deseamos ser, a partir de lo que somos. Cuando la diferencia es grande, nuestro esfuerzo será más intenso. Mediante “prueba y error” nos vamos aproximando a la meta, para posteriormente poder salir del circuito de intentos y comparaciones. La palabra “salida” («exit» en inglés) implica que hemos tenido éxito con la tarea emprendida, ya que hemos logrado el objetivo («goal» en inglés), palabra que en el fútbol implica lograr que la pelota ingrese en el arco rival, luego de varios intentos de prueba y error.
Cuando la vida no tiene un sentido definido, es decir, cuando nuestros proyectos no implican llegar a ser alguien con ciertos atributos buscados, el objetivo puede llegar a reemplazarse por buscar tener un cierto nivel de bienes materiales. En todos los casos, el esfuerzo que nos imponemos en lograr cierto objetivo, es una medida de cuánto de importante resulta para nosotros alcanzarlo. Una vida inactiva implica una vida exenta de objetivos, o de aspiraciones. De ahí que la actitud negligente, predominante en individuos y pueblos, debe considerarse como el efecto de una previa ausencia de proyectos y de ambiciones, ya sea porque no surgen en forma espontánea o bien porque el sistema económico adoptado, cercano al colectivismo, desalienta o impide alcanzar todo tipo de meta individual.
El desarrollo de los pueblos resulta ser análogo al de los individuos. Incluso puede decirse que la aptitud que posee un pueblo para llegar al máximo de sus potencialidades colectivas depende esencialmente de las aptitudes de sus habitantes para que cada uno llegue al máximo de sus potencialidades individuales. En cuanto a la palabra “desarrollo”, Mariano Grondona escribió: “Según el Diccionario de la Lengua Española, desarrollar es lo inverso de arrollar: es «extender lo que está arrollado, deshacer un rollo». Lo cual vendría a sugerir que las naciones subdesarrolladas ya tienen las cualidades de las desarrolladas pero apretadas y atadas en rollo; sólo les falta «desarrollarlas». Que las tienen, en suma, en estado latente, como una posibilidad, como una potencia, y que su trabajo, el desarrollo como proceso, consiste en realizarlas, en actualizarlas, en traerlas a la experiencia cotidiana de sus habitantes”.
“No se puede avanzar a partir de aquí sin reflotar la clásica distinción de Aristóteles entre el ser en cuanto acto y el ser en cuanto potencia. El ser, lo real, se dice de dos maneras. Hay por lo pronto, el ser de lo que es, de lo que tocamos y vemos todos los días. El ser en cuanto a «acto». Pero hay otra dimensión del ser apenas visible, quizás secreta: lo que el ser puede llegar a ser. El ser en cuanto «potencia»”.
“El ser en acto de una semilla de roble es, simplemente, esto: que es una semilla de roble. Su ser en potencia es el frondoso árbol que está llamado a ser y que llegará o no llegará a ser. Del mismo modo, el ser en acto de una Nación es el nivel que hasta el momento ha alcanzado. Su ser en potencia, la suma de posibilidades que en ella encierra. Cuando hablamos del desarrollo como situación, mencionamos el grado de desarrollo que una Nación ha alcanzado en acto. Cuando hablamos del desarrollo como proceso, apuntamos a la progresiva actualización del desarrollo que late en esa Nación en cuanto a potencia” (De “Textos para pensar”-Banco Provincia-Editorial Perfil SA-Buenos Aires 1996).
El Reino de Dios no es otra cosa que un proyecto de vida individual que tiene como objetivo llegar a una actitud que nos permita compartir las penas y las alegrías ajenas como propias. De ahí que también sea un proyecto de vida social y es el que mejor podrá conducirnos al desarrollo como Nación. Cristo dijo: “Es parecido el Reino de los Cielos a un grano de mostaza que un hombre tomó para sembrar en su campo; y, aun siendo la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es mayor que todas las plantas de huerto, y se hace un árbol, adonde vienen los pájaros del cielo a cobijarse en sus ramas” (Mateo)”.
También Wolfgang Goethe propone una actitud a adoptar por el educador, que consiste en suponer que el educando ya obtuvo su desarrollo personal, demostrándoselo en el trato, de manera de orientarlo a que lo consiga en el futuro. Al respecto escribió: “Trata a los demás como crees que deberían ser y así los ayudarás a alcanzar lo que pueden llegar a ser”.
Para que las personas puedan “alcanzar lo que pueden llegar a ser”, es imprescindible la libertad personal, ya que las limitaciones y las directivas que le son impuestas exteriormente, le impiden alcanzar sus metas. Es por ello que los países desarrollados se caracterizan por adoptar sistemas liberales o democráticos, tanto en lo político como en lo económico. Por el contrario, los países subdesarrollados adoptan posturas adversas al sistema capitalista orientándose hacia sistemas intervencionistas o socialistas.
Cuando la Argentina se encontraba, a principios del siglo XX, entre los primeros siete países del mundo, había adoptado una economía de tendencia liberal. Desde la tercera década de ese siglo, por el contrario, al adoptar posturas colectivistas, comienza a relegar su posición predominante para llegar posteriormente al nivel del subdesarrollo. Alberto J. B. Caprile escribió: “En un proceso largo que se inicia con la crisis del año 30, se exacerba bajo el peronismo y cuya tendencia se mantiene posteriormente, las organizaciones dirigidas por el Estado han ido ganando posiciones en la economía nacional, de tal manera que hoy monopolizan o tienen el control total de industrias y actividades para las cuales el Estado no es el organismo adecuado para desarrollarlas”. “En 1972, es tal la magnitud de medios de producción que han pasado a poder del Estado, que con sorpresa para muchos: ¡Somos un país socialista!”.
“Alberto Benegas Lynch así lo expresa: «No debemos olvidar que el peronismo –la más peligrosa de las versiones criollas del colectivismo- paso a paso adoptó buena parte del Manifiesto Comunista del año 1848. Centralización en manos del Estado, del crédito, las comunicaciones y los transportes, y en general, reemplazo de la propiedad privada de los medios de producción por la propiedad colectiva de los mismos, son recomendaciones de dicho documento adoptadas por el peronismo en materia de teléfonos, ferrocarriles, gas, comercio exterior, energía eléctrica, nacionalización del Banco Central, etc.»”.
“Con posterioridad a la revolución Libertadora, las tendencias colectivizantes se mantienen prácticamente en forma invariable en los más disímiles gobiernos que asumen el poder. Es sin duda esta incapacidad que tienen los gobiernos de quebrar la estructura de desperdicio que nos envuelve lo que determina que uno tras otro fracase. Quince años después, con un país empobrecido, sin reservas de divisas, un campo que produce casi meramente para la subsistencia y una industria en crisis, la única solución que vislumbran las fuerzas demagógicas es volver al punto de partida” “Hoy en día, el Estado argentino a través del gobierno central, gobiernos provinciales y municipales, abarca una variedad tan grande de actividades que recién al detallarlas se adquiere idea de su magnitud: Teléfonos (Entel), Ferrocarriles (FF.CC. del Estado), carbón (Y.C.F.), energía (Segba, Agua y Energía), reaseguros (Instituto Nacional de reaseguros), exportación de cereales (Junta Nacional de Granos), construcción de buques (TARENA y AFNE), empresas marítimas (ELMA, Flota Fluvial), puertos (Administración de Puertos), aceros (Somisa), productos químicos (Atanor, Tandanor), petróleo (Y.P.F.), Mercados (de Hacienda, de Hortalizas, de Papas, de Frutas, de Yerba Mate), automóviles (I.M.E.), empresas aéreas (Aerolíneas Argentinas, L.A.D.E.), explotaciones mineras (Agua del Dionisio, Fabricaciones Militares), ácido sulfúrico (Fabricaciones Militares), conductores eléctricos (Fabricaciones militares), teatros (Colón, Cervantes, San Martín), televisión (Canal 7), radios (Municipal, Nacional, Provinciales, 36 en total), bancos (Hipotecario, Nación, Municipal, de Desarrollo, todos los provinciales, comunicaciones internacionales por telex y radios (Entel), vinos (CAVIC), ingenios (CONASA), obras sanitarias (O.S.N.), envases, textiles, impresión de libros, hospitales, hoteles, universidades, colegios, jardín zoológico, cancha de golf, loterías, casino, etc., etc., etc.” (De “La libertad crucificada”-Ediciones Ambassador-Buenos Aires 1974).
En la actualidad, varias de estas empresas han sido privatizadas. Sin embargo, la mayor parte del déficit estatal actual es generado por el exceso de empleados del Estado. Tales puestos han sido otorgados con fines electoralistas siendo la principal causa que impide al país aspirar a mejorar la situación económica y social. Raramente vendrán empresas y capitales extranjeros, ya que deberán enfrentar un alto nivel de impuestos que será utilizado para solventar los excesivos gastos del Estado. Tampoco las empresas extranjeras se van a arriesgar a invertir en un país en donde poderosos sindicatos limitan la libertad empresarial presionándolas con paros decididos por sus dirigentes bajo criterios extorsivos.
El citado autor agrega: “Lo curioso es que lo que ha llevado y mantenido bajo el control del Gobierno a un conglomerado tan diverso de actividades sea posiblemente el miedo, más que la teoría de que, lo conveniente, es el socialismo –medios de producción de propiedad del Estado-; miedo al capital extranjero, miedo que el capital privado pueda obtener utilidades, miedo de las organizaciones laborales que se sienten cómodas bajo la organización poco competitiva del Estado, miedo a las importaciones de autos, de los exportadores de granos, de las empresas aéreas, de los mercados, de los que quieren buscar minerales, de los frigoríficos…!”.
Juan Bautista Alberdi escribía en el siglo XIX: “La idea de una industria pública es absurda y falsa en su base económica. En cualquiera de ellas que se lance el Estado, tenemos al Gobierno de labrador, de fabricante o de mercader, es decir, fuera de su rol esencialmente público y privado, que es de legislar, juzgar y administrar. El gobierno no ha sido creado para hacer ganancia sino para hacer justicia: no ha sido creado para hacerse rico, sino para ser el guardián y centinela de los derechos del hombre, el primero de los cuales es el derecho al trabajo, o bien sea la libertad de industria. Un comerciante que tiene un fusil y todo el poder del Estado en una mano y la mercadería en la otra, es un monstruo devorador de todas las libertades: ante él, todo comercio es imposible….Un gobierno que además de sus ocupaciones de gobierno abre almacenes…ni gobierna, ni gana, ni deja ganar a los particulares. Con razón la Constitución Argentina ha prohibido tal sistema…, dejando todas las industrias, todo el derecho al trabajo industrial y productor para el goce de todos y cada uno de los habitantes del país” (Citado en “La libertad crucificada”.
La vida humana que tiene un sentido, implica varias tentativas por lograr lo que deseamos ser, a partir de lo que somos. Cuando la diferencia es grande, nuestro esfuerzo será más intenso. Mediante “prueba y error” nos vamos aproximando a la meta, para posteriormente poder salir del circuito de intentos y comparaciones. La palabra “salida” («exit» en inglés) implica que hemos tenido éxito con la tarea emprendida, ya que hemos logrado el objetivo («goal» en inglés), palabra que en el fútbol implica lograr que la pelota ingrese en el arco rival, luego de varios intentos de prueba y error.
Cuando la vida no tiene un sentido definido, es decir, cuando nuestros proyectos no implican llegar a ser alguien con ciertos atributos buscados, el objetivo puede llegar a reemplazarse por buscar tener un cierto nivel de bienes materiales. En todos los casos, el esfuerzo que nos imponemos en lograr cierto objetivo, es una medida de cuánto de importante resulta para nosotros alcanzarlo. Una vida inactiva implica una vida exenta de objetivos, o de aspiraciones. De ahí que la actitud negligente, predominante en individuos y pueblos, debe considerarse como el efecto de una previa ausencia de proyectos y de ambiciones, ya sea porque no surgen en forma espontánea o bien porque el sistema económico adoptado, cercano al colectivismo, desalienta o impide alcanzar todo tipo de meta individual.
El desarrollo de los pueblos resulta ser análogo al de los individuos. Incluso puede decirse que la aptitud que posee un pueblo para llegar al máximo de sus potencialidades colectivas depende esencialmente de las aptitudes de sus habitantes para que cada uno llegue al máximo de sus potencialidades individuales. En cuanto a la palabra “desarrollo”, Mariano Grondona escribió: “Según el Diccionario de la Lengua Española, desarrollar es lo inverso de arrollar: es «extender lo que está arrollado, deshacer un rollo». Lo cual vendría a sugerir que las naciones subdesarrolladas ya tienen las cualidades de las desarrolladas pero apretadas y atadas en rollo; sólo les falta «desarrollarlas». Que las tienen, en suma, en estado latente, como una posibilidad, como una potencia, y que su trabajo, el desarrollo como proceso, consiste en realizarlas, en actualizarlas, en traerlas a la experiencia cotidiana de sus habitantes”.
“No se puede avanzar a partir de aquí sin reflotar la clásica distinción de Aristóteles entre el ser en cuanto acto y el ser en cuanto potencia. El ser, lo real, se dice de dos maneras. Hay por lo pronto, el ser de lo que es, de lo que tocamos y vemos todos los días. El ser en cuanto a «acto». Pero hay otra dimensión del ser apenas visible, quizás secreta: lo que el ser puede llegar a ser. El ser en cuanto «potencia»”.
“El ser en acto de una semilla de roble es, simplemente, esto: que es una semilla de roble. Su ser en potencia es el frondoso árbol que está llamado a ser y que llegará o no llegará a ser. Del mismo modo, el ser en acto de una Nación es el nivel que hasta el momento ha alcanzado. Su ser en potencia, la suma de posibilidades que en ella encierra. Cuando hablamos del desarrollo como situación, mencionamos el grado de desarrollo que una Nación ha alcanzado en acto. Cuando hablamos del desarrollo como proceso, apuntamos a la progresiva actualización del desarrollo que late en esa Nación en cuanto a potencia” (De “Textos para pensar”-Banco Provincia-Editorial Perfil SA-Buenos Aires 1996).
El Reino de Dios no es otra cosa que un proyecto de vida individual que tiene como objetivo llegar a una actitud que nos permita compartir las penas y las alegrías ajenas como propias. De ahí que también sea un proyecto de vida social y es el que mejor podrá conducirnos al desarrollo como Nación. Cristo dijo: “Es parecido el Reino de los Cielos a un grano de mostaza que un hombre tomó para sembrar en su campo; y, aun siendo la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es mayor que todas las plantas de huerto, y se hace un árbol, adonde vienen los pájaros del cielo a cobijarse en sus ramas” (Mateo)”.
También Wolfgang Goethe propone una actitud a adoptar por el educador, que consiste en suponer que el educando ya obtuvo su desarrollo personal, demostrándoselo en el trato, de manera de orientarlo a que lo consiga en el futuro. Al respecto escribió: “Trata a los demás como crees que deberían ser y así los ayudarás a alcanzar lo que pueden llegar a ser”.
Para que las personas puedan “alcanzar lo que pueden llegar a ser”, es imprescindible la libertad personal, ya que las limitaciones y las directivas que le son impuestas exteriormente, le impiden alcanzar sus metas. Es por ello que los países desarrollados se caracterizan por adoptar sistemas liberales o democráticos, tanto en lo político como en lo económico. Por el contrario, los países subdesarrollados adoptan posturas adversas al sistema capitalista orientándose hacia sistemas intervencionistas o socialistas.
Cuando la Argentina se encontraba, a principios del siglo XX, entre los primeros siete países del mundo, había adoptado una economía de tendencia liberal. Desde la tercera década de ese siglo, por el contrario, al adoptar posturas colectivistas, comienza a relegar su posición predominante para llegar posteriormente al nivel del subdesarrollo. Alberto J. B. Caprile escribió: “En un proceso largo que se inicia con la crisis del año 30, se exacerba bajo el peronismo y cuya tendencia se mantiene posteriormente, las organizaciones dirigidas por el Estado han ido ganando posiciones en la economía nacional, de tal manera que hoy monopolizan o tienen el control total de industrias y actividades para las cuales el Estado no es el organismo adecuado para desarrollarlas”. “En 1972, es tal la magnitud de medios de producción que han pasado a poder del Estado, que con sorpresa para muchos: ¡Somos un país socialista!”.
“Alberto Benegas Lynch así lo expresa: «No debemos olvidar que el peronismo –la más peligrosa de las versiones criollas del colectivismo- paso a paso adoptó buena parte del Manifiesto Comunista del año 1848. Centralización en manos del Estado, del crédito, las comunicaciones y los transportes, y en general, reemplazo de la propiedad privada de los medios de producción por la propiedad colectiva de los mismos, son recomendaciones de dicho documento adoptadas por el peronismo en materia de teléfonos, ferrocarriles, gas, comercio exterior, energía eléctrica, nacionalización del Banco Central, etc.»”.
“Con posterioridad a la revolución Libertadora, las tendencias colectivizantes se mantienen prácticamente en forma invariable en los más disímiles gobiernos que asumen el poder. Es sin duda esta incapacidad que tienen los gobiernos de quebrar la estructura de desperdicio que nos envuelve lo que determina que uno tras otro fracase. Quince años después, con un país empobrecido, sin reservas de divisas, un campo que produce casi meramente para la subsistencia y una industria en crisis, la única solución que vislumbran las fuerzas demagógicas es volver al punto de partida” “Hoy en día, el Estado argentino a través del gobierno central, gobiernos provinciales y municipales, abarca una variedad tan grande de actividades que recién al detallarlas se adquiere idea de su magnitud: Teléfonos (Entel), Ferrocarriles (FF.CC. del Estado), carbón (Y.C.F.), energía (Segba, Agua y Energía), reaseguros (Instituto Nacional de reaseguros), exportación de cereales (Junta Nacional de Granos), construcción de buques (TARENA y AFNE), empresas marítimas (ELMA, Flota Fluvial), puertos (Administración de Puertos), aceros (Somisa), productos químicos (Atanor, Tandanor), petróleo (Y.P.F.), Mercados (de Hacienda, de Hortalizas, de Papas, de Frutas, de Yerba Mate), automóviles (I.M.E.), empresas aéreas (Aerolíneas Argentinas, L.A.D.E.), explotaciones mineras (Agua del Dionisio, Fabricaciones Militares), ácido sulfúrico (Fabricaciones Militares), conductores eléctricos (Fabricaciones militares), teatros (Colón, Cervantes, San Martín), televisión (Canal 7), radios (Municipal, Nacional, Provinciales, 36 en total), bancos (Hipotecario, Nación, Municipal, de Desarrollo, todos los provinciales, comunicaciones internacionales por telex y radios (Entel), vinos (CAVIC), ingenios (CONASA), obras sanitarias (O.S.N.), envases, textiles, impresión de libros, hospitales, hoteles, universidades, colegios, jardín zoológico, cancha de golf, loterías, casino, etc., etc., etc.” (De “La libertad crucificada”-Ediciones Ambassador-Buenos Aires 1974).
En la actualidad, varias de estas empresas han sido privatizadas. Sin embargo, la mayor parte del déficit estatal actual es generado por el exceso de empleados del Estado. Tales puestos han sido otorgados con fines electoralistas siendo la principal causa que impide al país aspirar a mejorar la situación económica y social. Raramente vendrán empresas y capitales extranjeros, ya que deberán enfrentar un alto nivel de impuestos que será utilizado para solventar los excesivos gastos del Estado. Tampoco las empresas extranjeras se van a arriesgar a invertir en un país en donde poderosos sindicatos limitan la libertad empresarial presionándolas con paros decididos por sus dirigentes bajo criterios extorsivos.
El citado autor agrega: “Lo curioso es que lo que ha llevado y mantenido bajo el control del Gobierno a un conglomerado tan diverso de actividades sea posiblemente el miedo, más que la teoría de que, lo conveniente, es el socialismo –medios de producción de propiedad del Estado-; miedo al capital extranjero, miedo que el capital privado pueda obtener utilidades, miedo de las organizaciones laborales que se sienten cómodas bajo la organización poco competitiva del Estado, miedo a las importaciones de autos, de los exportadores de granos, de las empresas aéreas, de los mercados, de los que quieren buscar minerales, de los frigoríficos…!”.
Juan Bautista Alberdi escribía en el siglo XIX: “La idea de una industria pública es absurda y falsa en su base económica. En cualquiera de ellas que se lance el Estado, tenemos al Gobierno de labrador, de fabricante o de mercader, es decir, fuera de su rol esencialmente público y privado, que es de legislar, juzgar y administrar. El gobierno no ha sido creado para hacer ganancia sino para hacer justicia: no ha sido creado para hacerse rico, sino para ser el guardián y centinela de los derechos del hombre, el primero de los cuales es el derecho al trabajo, o bien sea la libertad de industria. Un comerciante que tiene un fusil y todo el poder del Estado en una mano y la mercadería en la otra, es un monstruo devorador de todas las libertades: ante él, todo comercio es imposible….Un gobierno que además de sus ocupaciones de gobierno abre almacenes…ni gobierna, ni gana, ni deja ganar a los particulares. Con razón la Constitución Argentina ha prohibido tal sistema…, dejando todas las industrias, todo el derecho al trabajo industrial y productor para el goce de todos y cada uno de los habitantes del país” (Citado en “La libertad crucificada”.
jueves, 10 de noviembre de 2016
De cada uno según su capacidad vs. a cada uno según su necesidad
El lema adoptado por los socialistas, atribuido a Louis Blanc, propone tanto el medio como el objetivo a lograr, y consta de dos partes. En la primera se sugiere que cada productor optimice su actividad para disponer de la mayor cantidad de bienes y servicios posibles; en la segunda se sugiere distribuir tal producción de manera que nadie quede fuera de la repartición. Puede decirse que la diferencia esencial entre liberalismo y socialismo consiste en la forma de interpretar dicho principio, priorizando la primera parte el liberalismo haciendo lo suyo el socialismo con la segunda parte.
En principio, puede resultar sorpresivo (y hasta repulsivo para algunos) que ambos sectores, que por lo general proponen soluciones opuestas ante un mismo problema, sólo difieran en la forma de interpretar un mismo “mandamiento social”. En cierta forma implica algo semejante a lo que sucede en la química, en donde un agregado de carbono, nitrógeno y oxígeno puede resultar tanto un alimento nutritivo como un veneno letal, dependiendo de la forma en que estén organizadas las moléculas.
La ventaja de decir que ambas tendencias, liberalismo y socialismo, concuerdan en el “mandamiento” básico establecido, es la misma ventaja existente entre católicos y protestantes, ya que en ambos grupos parten de una misma referencia, por lo que existe un principio de solución del conflicto ideológico, aunque todavía está un tanto lejos de alcanzarse. El liberalismo, al priorizar la parte que sugiere “de cada uno según su capacidad”, propone la libertad de la actividad empresarial tanto como los estímulos para que cada individuo pueda producir el máximo de lo que su potencial natural le permite. Y no sólo atendiendo a lo que hace cada individuo, sino imponiéndole adicionalmente la necesidad de competir con otros productores, de manera de asegurar una óptima producción de bienes y servicios.
La libertad humana implica poder tomar decisiones en forma individual sin que otros hombres (el Estado, principalmente) impidan adoptarlas. Los estímulos han de ser tanto espirituales como materiales, ya que la producción masiva lleva como destinatario final el resto de la sociedad, aunque el hombre piense casi siempre en sus propios planes de progreso material. En cuanto a la competencia, cabe recordar que la primera experiencia realizada en Psicología social, llevada a cabo a principios del siglo XX, hizo evidente que un ciclista rodeado de otros ciclistas tiende a realizar mejores tiempos que cuando marcha en soledad.
Una vez optimizada la producción, le sigue la distribución en el mercado, mediante intercambios que exigen de la otra parte una contraprestación laboral, ya sea consistente en trabajo humano o en bienes producidos por el trabajo ajeno. Teniendo en cuenta que las necesidades de las personas son limitadas, ya que cada ser humano tiene un estómago que alimentar y un cuerpo que vestir, la producción óptima ha de resultar suficiente para que “a cada uno (le llegue la producción) según su necesidad”.
La tendencia socialista, por el contrario, tiende a priorizar la segunda parte del lema, por lo cual decide desde el Estado “lo que cada uno necesita” y lo hace pensando con un criterio igualitario, para hacer desaparecer todo vestigio de envidia que pueda quedar. Una vez definido lo que necesita el individuo promedio, establece una planificación que ordena la producción de alimentos, vestimenta y otros bienes útiles previendo que a cada uno de los habitantes le llegue lo que los planificadores han considerado previamente como suficiente.
El productor socialista carece de la libertad empresarial adecuada, ya que sólo debe cumplir con la planificación ordenada desde el Estado. Carece de estímulos materiales suficientes, por cuanto sólo le queda la posibilidad de recibir alguna medalla como “héroe del trabajo socialista”, o algo similar. Para colmo tiene prohibido competir buscando objetivos individuales, por lo que no resulta extraño que la producción socialista esté bastante alejada del óptimo que podría esperarse, o del óptimo que indica el lema.
Si la producción está lejos de ser la óptima, tanto en cantidad como en calidad, difícilmente se pueda satisfacer la consigna “a cada uno según su necesidad”, a menos que tal necesidad sea muy simple y rudimentaria. Alexander Heron escribió: “El problema estriba en que ninguna economía marxista puede dar a cada cual según sus necesidades, porque no puede tomar de cada cual según sus capacidades. Todas las coacciones y presiones del Estado todopoderoso no han podido conseguir una producción adecuada para satisfacer las necesidades de todos. Por el contrario, la economía norteamericana se ha aproximado infinitamente más al ideal que consiste en obtener de cada cual según sus capacidades. ¿Cómo ha sido esto posible? Las riquezas naturales de por sí no crean producción; la Unión Soviética las posee. No existe ninguna explicación de carácter físico, racial, geográfico o climático. La única respuesta posible se halla en el sistema mismo”.
“La fuerza productiva que tanto ha podido obtener de cada uno, es la fuerza del estímulo actuando en un clima de libertad. El desarrollo de la técnica, las infinitas invenciones, son resultados, no causas. Ningún comisario ordenó a Morse que inventara el telégrafo ni a Edison la lámpara eléctrica. Ningún plan quinquenal exigió la invención del automóvil. Los hermanos Wright no estaban bajo el látigo de la coacción cuando volaron en Kitty Hawk” (De “La Argentina y las firmas norteamericanas”-Cámara de Comercio de EEUU-Sociedad Impresora Americana SA-Buenos Aires 1958).
Por lo general, se establecen comparaciones entre sociedades en función de los logros económicos, aunque en realidad existen otros aspectos que hacen que el hombre no sólo aspire a conformarse con alimento, ropa y vivienda, algo que muy bien podría obtener en una cárcel. Ludwig von Mises escribió acerca del sistema que surge al poner en práctica las ideas socialistas: “El totalitarismo es mucho más que une mera burocracia. Es la subordinación de la vida entera, el trabajo y el ocio de cada individuo a las órdenes de aquéllos que tienen el poder. Es la reducción del hombre a pieza de una enorme máquina de compulsión y coerción. El individuo está forzado a renunciar a cualquier actividad no aprobada por el gobierno. No tolera ninguna expresión de disidencia. Es la transformación de la sociedad en un estrictamente disciplinado ejército obrero (como dicen los abogados del socialismo) o en una penitenciaría (como dicen los opositores). De cualquier manera es la quiebra radical de la forma de vida a la que se adherían las naciones del pasado”.
“El socialismo moderno es totalitario en el sentido estricto de la palabra. Este retiene al individuo severamente desde el seno materno hasta la tumba. A cada instante de su vida el «compañero» está obligado a obedecer implícitamente las órdenes dadas por la autoridad suprema. El Estado es tanto su guardián como su empleador. El Estado determina su trabajo, su dieta y sus placeres. El Estado le dice qué pensar y en qué creer” (De “Burocracia”-Unión Editorial SA-Madrid 2005).
A pesar de los diferentes resultados logrados, importantes sectores de la opinión pública todavía suponen la existencia de ventajas del socialismo sobre el capitalismo, si bien la realidad se va imponiendo con el pasar de los años. Gran parte de ese error depende de la pobre difusión que las ideas liberales tuvieron por parte de sus seguidores y también por la tenaz difamación y tergiversación socialista de lo que el capitalismo significa. Murray N. Rothbard escribió: “El credo libertario [liberal para Europa y Sudamérica]…ofrece la realización de lo mejor del pasado norteamericano junto con la promesa de un futuro mucho mejor. Aun más que los clásicos, que están a menudo adheridos a las tradiciones monárquicas de un pasado europeo felizmente en la gran tradición clásica liberal que construyó los EEUU y nos concedió la herencia de la libertad individual, una pacífica política extranjera, un mínimo gobierno y una economía de libre mercado. Los libertarios son los únicos herederos genuinos de Jefferson, Paine, Jakcson y los abolicionistas”.
“Vestigios de doctrinas libertarias hay a nuestro alrededor, en grandes partes de nuestro glorioso pasado y en valores e ideas de nuestro confuso presente. Pero sólo el libertarismo toma estos vestigios y los integra en un sistema poderoso, lógico y coherente. El enorme éxito de Karl Marx y el marxismo no fue debido a la validez de sus ideas –las cuales son en verdad, falsas- sino al hecho de que se animó a urdir la teoría socialista en el poderoso sistema. La libertad no puede tener éxito sin una teoría sistemática equivalente y contrastante; y hasta los últimos años, a pesar de nuestra gran herencia de pensamiento y práctica económica y política, no hemos tenido una teoría de libertad completamente integrada y coherente”.
“Ahora sí tenemos esa teoría sistemática: venimos, armados completamente con nuestros conocimientos, preparados para traer nuestro mensaje y para capturar la imaginación de todos los grupos de la población. Todas las otras teorías y sistemas han fallado claramente: el socialismo está retrocediendo en todos lados [escrito en 1973] y notoriamente en Europa oriental; el liberalismo [socialdemocracia en EEUU] nos ha hundido en una cantidad de problemas insolubles; el conservadorismo no tiene nada que ofrecer más que una estéril defensa del statu quo. La libertad no ha sido nunca probada al máximo en el mundo moderno; los libertarios proponen ahora realizar el sueño americano y del mundo de la libertad y la prosperidad para toda la humanidad” (Citado en “Colapso monetario” de Jerome F. Smith-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1981).
El diálogo entre alguien que conoce la ciencia económica y alguien que la rechaza, resulta imposible, ya que el primero tiene en cuenta no sólo lo que se observa, sino aquello que no puede observarse, y especialmente lo que se pudo hacer y no se hizo. El que conoce la ciencia económica habla siempre de una sociedad real y concreta, mientras que quien la rechaza, toma como referencia una sociedad utópica, que existe sólo en la imaginación de los ideólogos socialistas.
Tampoco puede establecerse diálogo alguno con quienes, al referirse a una sociedad en que sólo existe una minoría dueña de toda la producción, la señalan como “capitalismo salvaje” cuando en realidad ni siquiera ha podido surgir algo semejante a un mercado competitivo. Si los socialistas siguen mintiendo como hasta ahora, sólo colaboran con la continuidad de la pobreza y el hambre que tanto aducen combatir. De ahí que la difusión de la ciencia económica y de las ideas liberales debe alcanzar a las personas bien intencionadas, aquellas que tratan de que la realidad económica y social mejore, evitando perder tiempo en quienes viven con la obsesión enfermiza de poder ver algún día la destrucción del capitalismo y la sociedad.
En principio, puede resultar sorpresivo (y hasta repulsivo para algunos) que ambos sectores, que por lo general proponen soluciones opuestas ante un mismo problema, sólo difieran en la forma de interpretar un mismo “mandamiento social”. En cierta forma implica algo semejante a lo que sucede en la química, en donde un agregado de carbono, nitrógeno y oxígeno puede resultar tanto un alimento nutritivo como un veneno letal, dependiendo de la forma en que estén organizadas las moléculas.
La ventaja de decir que ambas tendencias, liberalismo y socialismo, concuerdan en el “mandamiento” básico establecido, es la misma ventaja existente entre católicos y protestantes, ya que en ambos grupos parten de una misma referencia, por lo que existe un principio de solución del conflicto ideológico, aunque todavía está un tanto lejos de alcanzarse. El liberalismo, al priorizar la parte que sugiere “de cada uno según su capacidad”, propone la libertad de la actividad empresarial tanto como los estímulos para que cada individuo pueda producir el máximo de lo que su potencial natural le permite. Y no sólo atendiendo a lo que hace cada individuo, sino imponiéndole adicionalmente la necesidad de competir con otros productores, de manera de asegurar una óptima producción de bienes y servicios.
La libertad humana implica poder tomar decisiones en forma individual sin que otros hombres (el Estado, principalmente) impidan adoptarlas. Los estímulos han de ser tanto espirituales como materiales, ya que la producción masiva lleva como destinatario final el resto de la sociedad, aunque el hombre piense casi siempre en sus propios planes de progreso material. En cuanto a la competencia, cabe recordar que la primera experiencia realizada en Psicología social, llevada a cabo a principios del siglo XX, hizo evidente que un ciclista rodeado de otros ciclistas tiende a realizar mejores tiempos que cuando marcha en soledad.
Una vez optimizada la producción, le sigue la distribución en el mercado, mediante intercambios que exigen de la otra parte una contraprestación laboral, ya sea consistente en trabajo humano o en bienes producidos por el trabajo ajeno. Teniendo en cuenta que las necesidades de las personas son limitadas, ya que cada ser humano tiene un estómago que alimentar y un cuerpo que vestir, la producción óptima ha de resultar suficiente para que “a cada uno (le llegue la producción) según su necesidad”.
La tendencia socialista, por el contrario, tiende a priorizar la segunda parte del lema, por lo cual decide desde el Estado “lo que cada uno necesita” y lo hace pensando con un criterio igualitario, para hacer desaparecer todo vestigio de envidia que pueda quedar. Una vez definido lo que necesita el individuo promedio, establece una planificación que ordena la producción de alimentos, vestimenta y otros bienes útiles previendo que a cada uno de los habitantes le llegue lo que los planificadores han considerado previamente como suficiente.
El productor socialista carece de la libertad empresarial adecuada, ya que sólo debe cumplir con la planificación ordenada desde el Estado. Carece de estímulos materiales suficientes, por cuanto sólo le queda la posibilidad de recibir alguna medalla como “héroe del trabajo socialista”, o algo similar. Para colmo tiene prohibido competir buscando objetivos individuales, por lo que no resulta extraño que la producción socialista esté bastante alejada del óptimo que podría esperarse, o del óptimo que indica el lema.
Si la producción está lejos de ser la óptima, tanto en cantidad como en calidad, difícilmente se pueda satisfacer la consigna “a cada uno según su necesidad”, a menos que tal necesidad sea muy simple y rudimentaria. Alexander Heron escribió: “El problema estriba en que ninguna economía marxista puede dar a cada cual según sus necesidades, porque no puede tomar de cada cual según sus capacidades. Todas las coacciones y presiones del Estado todopoderoso no han podido conseguir una producción adecuada para satisfacer las necesidades de todos. Por el contrario, la economía norteamericana se ha aproximado infinitamente más al ideal que consiste en obtener de cada cual según sus capacidades. ¿Cómo ha sido esto posible? Las riquezas naturales de por sí no crean producción; la Unión Soviética las posee. No existe ninguna explicación de carácter físico, racial, geográfico o climático. La única respuesta posible se halla en el sistema mismo”.
“La fuerza productiva que tanto ha podido obtener de cada uno, es la fuerza del estímulo actuando en un clima de libertad. El desarrollo de la técnica, las infinitas invenciones, son resultados, no causas. Ningún comisario ordenó a Morse que inventara el telégrafo ni a Edison la lámpara eléctrica. Ningún plan quinquenal exigió la invención del automóvil. Los hermanos Wright no estaban bajo el látigo de la coacción cuando volaron en Kitty Hawk” (De “La Argentina y las firmas norteamericanas”-Cámara de Comercio de EEUU-Sociedad Impresora Americana SA-Buenos Aires 1958).
Por lo general, se establecen comparaciones entre sociedades en función de los logros económicos, aunque en realidad existen otros aspectos que hacen que el hombre no sólo aspire a conformarse con alimento, ropa y vivienda, algo que muy bien podría obtener en una cárcel. Ludwig von Mises escribió acerca del sistema que surge al poner en práctica las ideas socialistas: “El totalitarismo es mucho más que une mera burocracia. Es la subordinación de la vida entera, el trabajo y el ocio de cada individuo a las órdenes de aquéllos que tienen el poder. Es la reducción del hombre a pieza de una enorme máquina de compulsión y coerción. El individuo está forzado a renunciar a cualquier actividad no aprobada por el gobierno. No tolera ninguna expresión de disidencia. Es la transformación de la sociedad en un estrictamente disciplinado ejército obrero (como dicen los abogados del socialismo) o en una penitenciaría (como dicen los opositores). De cualquier manera es la quiebra radical de la forma de vida a la que se adherían las naciones del pasado”.
“El socialismo moderno es totalitario en el sentido estricto de la palabra. Este retiene al individuo severamente desde el seno materno hasta la tumba. A cada instante de su vida el «compañero» está obligado a obedecer implícitamente las órdenes dadas por la autoridad suprema. El Estado es tanto su guardián como su empleador. El Estado determina su trabajo, su dieta y sus placeres. El Estado le dice qué pensar y en qué creer” (De “Burocracia”-Unión Editorial SA-Madrid 2005).
A pesar de los diferentes resultados logrados, importantes sectores de la opinión pública todavía suponen la existencia de ventajas del socialismo sobre el capitalismo, si bien la realidad se va imponiendo con el pasar de los años. Gran parte de ese error depende de la pobre difusión que las ideas liberales tuvieron por parte de sus seguidores y también por la tenaz difamación y tergiversación socialista de lo que el capitalismo significa. Murray N. Rothbard escribió: “El credo libertario [liberal para Europa y Sudamérica]…ofrece la realización de lo mejor del pasado norteamericano junto con la promesa de un futuro mucho mejor. Aun más que los clásicos, que están a menudo adheridos a las tradiciones monárquicas de un pasado europeo felizmente en la gran tradición clásica liberal que construyó los EEUU y nos concedió la herencia de la libertad individual, una pacífica política extranjera, un mínimo gobierno y una economía de libre mercado. Los libertarios son los únicos herederos genuinos de Jefferson, Paine, Jakcson y los abolicionistas”.
“Vestigios de doctrinas libertarias hay a nuestro alrededor, en grandes partes de nuestro glorioso pasado y en valores e ideas de nuestro confuso presente. Pero sólo el libertarismo toma estos vestigios y los integra en un sistema poderoso, lógico y coherente. El enorme éxito de Karl Marx y el marxismo no fue debido a la validez de sus ideas –las cuales son en verdad, falsas- sino al hecho de que se animó a urdir la teoría socialista en el poderoso sistema. La libertad no puede tener éxito sin una teoría sistemática equivalente y contrastante; y hasta los últimos años, a pesar de nuestra gran herencia de pensamiento y práctica económica y política, no hemos tenido una teoría de libertad completamente integrada y coherente”.
“Ahora sí tenemos esa teoría sistemática: venimos, armados completamente con nuestros conocimientos, preparados para traer nuestro mensaje y para capturar la imaginación de todos los grupos de la población. Todas las otras teorías y sistemas han fallado claramente: el socialismo está retrocediendo en todos lados [escrito en 1973] y notoriamente en Europa oriental; el liberalismo [socialdemocracia en EEUU] nos ha hundido en una cantidad de problemas insolubles; el conservadorismo no tiene nada que ofrecer más que una estéril defensa del statu quo. La libertad no ha sido nunca probada al máximo en el mundo moderno; los libertarios proponen ahora realizar el sueño americano y del mundo de la libertad y la prosperidad para toda la humanidad” (Citado en “Colapso monetario” de Jerome F. Smith-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1981).
El diálogo entre alguien que conoce la ciencia económica y alguien que la rechaza, resulta imposible, ya que el primero tiene en cuenta no sólo lo que se observa, sino aquello que no puede observarse, y especialmente lo que se pudo hacer y no se hizo. El que conoce la ciencia económica habla siempre de una sociedad real y concreta, mientras que quien la rechaza, toma como referencia una sociedad utópica, que existe sólo en la imaginación de los ideólogos socialistas.
Tampoco puede establecerse diálogo alguno con quienes, al referirse a una sociedad en que sólo existe una minoría dueña de toda la producción, la señalan como “capitalismo salvaje” cuando en realidad ni siquiera ha podido surgir algo semejante a un mercado competitivo. Si los socialistas siguen mintiendo como hasta ahora, sólo colaboran con la continuidad de la pobreza y el hambre que tanto aducen combatir. De ahí que la difusión de la ciencia económica y de las ideas liberales debe alcanzar a las personas bien intencionadas, aquellas que tratan de que la realidad económica y social mejore, evitando perder tiempo en quienes viven con la obsesión enfermiza de poder ver algún día la destrucción del capitalismo y la sociedad.
miércoles, 9 de noviembre de 2016
¿Pueden las manipulaciones monetarias reemplazar al ahorro y al trabajo?
Son varios los países en los que predomina la idea de que podrá arreglarse la situación económica y social mediante alguna intervención adecuada del gobierno, de tal manera que no haya necesidad de que el pueblo se oriente por el disciplinado camino del ahorro y del trabajo. Incluso pareciera que la mayor parte de los políticos dan por sobreentendido que lograrán tal objetivo, ya que pocas veces le sugieren al pueblo que sólo la secuencia estudio-trabajo-ahorro-innovación podrá establecer una economía sólida y floreciente y que el Estado, en el mejor de los casos, sólo deberá favorecer la consecución de ese objetivo.
Adviértase que la secuencia mencionada podrá establecerse recién a partir de alcanzarse un nivel moral adecuado, por lo que las propuestas optimistas de quienes proponen milagros monetarios parecen presuponer la inexistencia de una conexión esencial entre moral y economía. Wilhelm Röpke escribió: “Para poder apreciar hasta qué punto es importante para nuestro mundo este espíritu «burgués», pensemos en lo difícil que resulta implantar las modernas formas de la economía en los países subdesarrollados, que a menudo carecen de las condiciones espirituales y morales que estamos analizando. Los occidentales las damos por sobreentendidas, y por eso apenas somos conscientes de que existen, pero los dirigentes de los países subdesarrollados, con frecuencia, sólo advierten los éxitos económicos exteriores de las naciones de Occidente, sin percibir los cimientos espirituales y morales que sustentan esos éxitos” (De “Enfoques económicos del mundo actual” de L. S. Stepelevich-Editorial Troquel SA-Buenos Aires 1978).
Las manipulaciones monetarias más evidentes y más frecuentes son, en primer lugar, la emisión monetaria excesiva (que crece más rápido que la producción) y la expansión artificial del crédito (más allá del ahorro efectuado previamente). La primera crea la ilusión de poder reemplazar al trabajo individual (ya que parece crear bienes y servicios de la nada), mientras que la segunda crea la ilusión de reemplazar al ahorro individual ya que parece crear capital productivo de la nada. La primera manipulación implica el fenómeno inflacionario mientras que la segunda genera las crisis periódicas de la economía.
De ahí surge un principio general que debe tenerse siempre presente: ‘Cuando el individuo se adapta a la economía de mercado, las cosas tienden a funcionar bien; cuando el Estado lo distorsiona, el proceso autorregulado que lo sustenta tiende a generar resultados opuestos a aquellos que se quiso lograr’. Para que pueda considerarse verdadero, no es tan importante que este principio tenga pocos o muchos adherentes, ya que puede verificarse en casos concretos. Puede decirse que es un principio con efectos observables. Así como no existe una emisión excesiva de dinero sin la posterior devaluación de la moneda (y el aumento de precios), tampoco existe una excesiva y artificial expansión del crédito sin una posterior crisis de la economía.
Bajo la firma de Libertarian Press, se lee lo siguiente: “En sus estudios sobre el dinero y el crédito, Von Mises ha puesto de manifiesto el carácter ilusorio de todos los argumentos utilizados en defensa de una política de inflación y expansión del crédito, demostrando que el auge producido artificialmente por una política de «dinero fácil» conduce de modo inevitable a la ruina. Ha probado que la repetición casi regular de periodos de depresión económica no se debe a errores inherentes a la naturaleza de la economía de mercado –el sistema capitalista- sino que, en cambio, es el efecto necesario de tentativas a veces bien intencionadas, pero siempre desacertadas, de interferir en el funcionamiento del mercado”.
“En vano han intentado los defensores de la inflación y de la expansión del crédito desprestigiar esta doctrina, denominada teoría austriaca de los ciclos. Su veracidad ha sido comprobada por los hechos, tales como el colapso del marco alemán en 1923, la gran depresión de 1929 y de los años siguientes y los problemas causados por la inflación actual”.
“Se ha dicho que los pueblos no aprenden de las experiencias históricas ni de las teorías. La realidad nos muestra que, lamentablemente, en la mayoría de las universidades norteamericanas se enseña a los alumnos la falsa filosofía que ha llevado a Europa a la ruina. Falacias muy antiguas, refutadas a lo largo de un siglo, se anuncian ampulosamente con el engañoso rótulo de «nueva economía». Veblenianos, marxistas y keynesianos dominan aún la escena con su absurda glorificación del control «social» de los negocios, de la planificación y del gasto deficitario, pero su intolerante dogmatismo ha comenzado a perder influencia sobre las nuevas generaciones”.
“El profesor Friedrich von Hayek, uno de los más eminentes entre los numerosos discípulos de Mises dice: «Aun algunos de aquellos que recibieron las enseñanzas de Mises tienden a menudo a considerar exagerada la firme tenacidad con que ha llevado su razonamiento hasta las últimas conclusiones; pero una y otra vez su aparente pesimismo, que habitualmente pone de manifiesto en sus juicios acerca de las consecuencias económicas de las políticas de la época, ha demostrado ser acorde con la realidad; y, con el tiempo, cada vez se aprecia más la fundamental importancia de sus obras, que se oponen en casi todos los aspectos a la principal corriente de pensamiento contemporánea»” (Del Prefacio de “Planificación para la libertad” de Ludwig von Mises-Centro de Estudios sobre la Libertad-Buenos Aires 1986).
En la actualidad, se oponen dos corrientes del pensamiento económico: una de de ellas sostiene que la solución de los problemas económicos y sociales provendrá de haber adoptado el “camino difícil” de la escuela-trabajo-ahorro-innovación. Por ese camino los actores económicos se adaptarán fácilmente a la economía de mercado, que es un sistema autorregulado que no debe ser distorsionado por quienes proponen el “camino fácil”, el de la redistribución de las ganancias obtenidas por quienes emprendieron el “camino difícil”, para que puedan vivir con comodidad los que eligieron el “camino fácil” (diversión-vagancia-derroche-consumismo).
El “camino difícil” es el propuesto por los adherentes al liberalismo, mientras que el “camino fácil” es el propuesto por los políticos de izquierda, que suponen que el Estado, otorgando créditos con bajo interés, imponiendo precios máximos, sueldos elevados, etc., respecto de los valores que hubiesen adoptado en un mercado no intervenido, solucionarán los problemas existentes.
En cuanto a las condiciones que debe cumplir el mercado ideal, tenemos las siguientes:
a- Los compradores y los vendedores deben ser demasiado pequeños para influir sobre el precio del mercado.
b- Todos los participantes deben disponer de información completa y no puede haber secretos comerciales.
c- Los vendedores deben soportar el coste completo de los productos que venden y trasladarlos al precio de venta.
d- La inversión de capital debe permanecer dentro de los límites nacionales y el comercio entre los países debe equilibrarse.
e- Los ahorros deben invertirse en la creación de capital productivo.
(De “El mundo post empresarial” de David C. Korten-Ediciones Granica SA-Barcelona 2000).
La pregunta inicial, acerca de si pueden las manipulaciones monetarias, o las perturbaciones que impone el Estado, reemplazar al trabajo y al ahorro, será contestada negativamente por los adherentes a la Escuela Austriaca de Economía (Mises, Hayek, y otros), mientras que será contestada afirmativamente por los economistas keynesianos, o al menos sostendrán que es necesaria la intervención estatal para corregir las limitaciones del proceso del mercado. Mises agrega: “El diagnóstico exacto sobre los males económicos de nuestra época es el siguiente: hemos sobrevivido al corto plazo y estamos sufriendo las consecuencias del largo plazo de políticas que no consideraron debidamente tales consecuencias. Los intervencionistas han silenciado las voces de advertencia de los economistas; pero los hechos se han desarrollado precisamente como los desacreditados eruditos ortodoxos habían predicho”.
“La depresión es consecuencia de la expansión del crédito. El desempleo masivo, que se prolonga año tras año, es el efecto inevitable de los intentos por mantener salarios por encima del nivel que el mercado, sin traba alguna, habría fijado. Todos estos males, que los progresistas interpretan como una evidencia del fracaso del capitalismo, son el resultado necesario de la alegada interferencia social con el mercado”.
“El Documento de los Expertos Británicos, del 8 de abril de 1943, dice que la expansión del crédito lleva a cabo «el milagro…de convertir una piedra en pan». El autor de este documento era, desde luego, Keynes. Verdaderamente, Gran Bretaña había recorrido un largo camino desde las opiniones de Hume y Mill sobre los milagros hasta esta frase”.
En cuanto a las dos alternativas observadas por los socialistas, “el caos vs. la planificación consciente”, de la economía, debe decirse que el caos no es tal por cuanto el mercado es un sistema autorregulado (y no caótico) que surge de millones de decisiones y de previas planificaciones individuales, y que la “planificación consciente” (socialismo), es pura ilusión por cuanto, al no existir el precio de mercado en tal tipo de economía, no puede establecerse planificación económica alguna, o bien se dan órdenes no económicas, en el sentido de que el derroche de los factores de la producción, escasos y valiosos, es la consecuencia inmediata de tales directivas.
El principio de la preferencia del menor esfuerzo, implica que la popularidad del “camino fácil” resulta superior a la del “camino difícil”, ya que la mayoría prefiere un Estado que redistribuya parcialmente la producción de los sectores empresariales en lugar de ser ellos mismos quienes hayan intentado convertirse en empresarios. Como los políticos desean, esencialmente, ganar elecciones, optan por intentar satisfacer las preferencias de la mayoría, y así seguirá la economía con crisis y auges periódicos por cuanto la “voluntad del pueblo” así lo reclama. H. L. Mencken escribió: “El gobierno consiste en una banda de hombres como usted y yo. Ellos no tienen, en general, ningún talento especial para asuntos de gobierno, sólo tienen talento para conseguir y mantener el cargo. El recurso principal para tal fin es buscar grupos que desean algo que no pueden tener y prometer dárselo. Nueve de cada diez veces, esa promesa no vale nada. La décima vez se cumple esquilmando a A para satisfacer a B. En otras palabras, el gobierno es un vendedor de ilusiones y cada elección es una especie de subasta anticipada de bienes robados”.
Adviértase que la secuencia mencionada podrá establecerse recién a partir de alcanzarse un nivel moral adecuado, por lo que las propuestas optimistas de quienes proponen milagros monetarios parecen presuponer la inexistencia de una conexión esencial entre moral y economía. Wilhelm Röpke escribió: “Para poder apreciar hasta qué punto es importante para nuestro mundo este espíritu «burgués», pensemos en lo difícil que resulta implantar las modernas formas de la economía en los países subdesarrollados, que a menudo carecen de las condiciones espirituales y morales que estamos analizando. Los occidentales las damos por sobreentendidas, y por eso apenas somos conscientes de que existen, pero los dirigentes de los países subdesarrollados, con frecuencia, sólo advierten los éxitos económicos exteriores de las naciones de Occidente, sin percibir los cimientos espirituales y morales que sustentan esos éxitos” (De “Enfoques económicos del mundo actual” de L. S. Stepelevich-Editorial Troquel SA-Buenos Aires 1978).
Las manipulaciones monetarias más evidentes y más frecuentes son, en primer lugar, la emisión monetaria excesiva (que crece más rápido que la producción) y la expansión artificial del crédito (más allá del ahorro efectuado previamente). La primera crea la ilusión de poder reemplazar al trabajo individual (ya que parece crear bienes y servicios de la nada), mientras que la segunda crea la ilusión de reemplazar al ahorro individual ya que parece crear capital productivo de la nada. La primera manipulación implica el fenómeno inflacionario mientras que la segunda genera las crisis periódicas de la economía.
De ahí surge un principio general que debe tenerse siempre presente: ‘Cuando el individuo se adapta a la economía de mercado, las cosas tienden a funcionar bien; cuando el Estado lo distorsiona, el proceso autorregulado que lo sustenta tiende a generar resultados opuestos a aquellos que se quiso lograr’. Para que pueda considerarse verdadero, no es tan importante que este principio tenga pocos o muchos adherentes, ya que puede verificarse en casos concretos. Puede decirse que es un principio con efectos observables. Así como no existe una emisión excesiva de dinero sin la posterior devaluación de la moneda (y el aumento de precios), tampoco existe una excesiva y artificial expansión del crédito sin una posterior crisis de la economía.
Bajo la firma de Libertarian Press, se lee lo siguiente: “En sus estudios sobre el dinero y el crédito, Von Mises ha puesto de manifiesto el carácter ilusorio de todos los argumentos utilizados en defensa de una política de inflación y expansión del crédito, demostrando que el auge producido artificialmente por una política de «dinero fácil» conduce de modo inevitable a la ruina. Ha probado que la repetición casi regular de periodos de depresión económica no se debe a errores inherentes a la naturaleza de la economía de mercado –el sistema capitalista- sino que, en cambio, es el efecto necesario de tentativas a veces bien intencionadas, pero siempre desacertadas, de interferir en el funcionamiento del mercado”.
“En vano han intentado los defensores de la inflación y de la expansión del crédito desprestigiar esta doctrina, denominada teoría austriaca de los ciclos. Su veracidad ha sido comprobada por los hechos, tales como el colapso del marco alemán en 1923, la gran depresión de 1929 y de los años siguientes y los problemas causados por la inflación actual”.
“Se ha dicho que los pueblos no aprenden de las experiencias históricas ni de las teorías. La realidad nos muestra que, lamentablemente, en la mayoría de las universidades norteamericanas se enseña a los alumnos la falsa filosofía que ha llevado a Europa a la ruina. Falacias muy antiguas, refutadas a lo largo de un siglo, se anuncian ampulosamente con el engañoso rótulo de «nueva economía». Veblenianos, marxistas y keynesianos dominan aún la escena con su absurda glorificación del control «social» de los negocios, de la planificación y del gasto deficitario, pero su intolerante dogmatismo ha comenzado a perder influencia sobre las nuevas generaciones”.
“El profesor Friedrich von Hayek, uno de los más eminentes entre los numerosos discípulos de Mises dice: «Aun algunos de aquellos que recibieron las enseñanzas de Mises tienden a menudo a considerar exagerada la firme tenacidad con que ha llevado su razonamiento hasta las últimas conclusiones; pero una y otra vez su aparente pesimismo, que habitualmente pone de manifiesto en sus juicios acerca de las consecuencias económicas de las políticas de la época, ha demostrado ser acorde con la realidad; y, con el tiempo, cada vez se aprecia más la fundamental importancia de sus obras, que se oponen en casi todos los aspectos a la principal corriente de pensamiento contemporánea»” (Del Prefacio de “Planificación para la libertad” de Ludwig von Mises-Centro de Estudios sobre la Libertad-Buenos Aires 1986).
En la actualidad, se oponen dos corrientes del pensamiento económico: una de de ellas sostiene que la solución de los problemas económicos y sociales provendrá de haber adoptado el “camino difícil” de la escuela-trabajo-ahorro-innovación. Por ese camino los actores económicos se adaptarán fácilmente a la economía de mercado, que es un sistema autorregulado que no debe ser distorsionado por quienes proponen el “camino fácil”, el de la redistribución de las ganancias obtenidas por quienes emprendieron el “camino difícil”, para que puedan vivir con comodidad los que eligieron el “camino fácil” (diversión-vagancia-derroche-consumismo).
El “camino difícil” es el propuesto por los adherentes al liberalismo, mientras que el “camino fácil” es el propuesto por los políticos de izquierda, que suponen que el Estado, otorgando créditos con bajo interés, imponiendo precios máximos, sueldos elevados, etc., respecto de los valores que hubiesen adoptado en un mercado no intervenido, solucionarán los problemas existentes.
En cuanto a las condiciones que debe cumplir el mercado ideal, tenemos las siguientes:
a- Los compradores y los vendedores deben ser demasiado pequeños para influir sobre el precio del mercado.
b- Todos los participantes deben disponer de información completa y no puede haber secretos comerciales.
c- Los vendedores deben soportar el coste completo de los productos que venden y trasladarlos al precio de venta.
d- La inversión de capital debe permanecer dentro de los límites nacionales y el comercio entre los países debe equilibrarse.
e- Los ahorros deben invertirse en la creación de capital productivo.
(De “El mundo post empresarial” de David C. Korten-Ediciones Granica SA-Barcelona 2000).
La pregunta inicial, acerca de si pueden las manipulaciones monetarias, o las perturbaciones que impone el Estado, reemplazar al trabajo y al ahorro, será contestada negativamente por los adherentes a la Escuela Austriaca de Economía (Mises, Hayek, y otros), mientras que será contestada afirmativamente por los economistas keynesianos, o al menos sostendrán que es necesaria la intervención estatal para corregir las limitaciones del proceso del mercado. Mises agrega: “El diagnóstico exacto sobre los males económicos de nuestra época es el siguiente: hemos sobrevivido al corto plazo y estamos sufriendo las consecuencias del largo plazo de políticas que no consideraron debidamente tales consecuencias. Los intervencionistas han silenciado las voces de advertencia de los economistas; pero los hechos se han desarrollado precisamente como los desacreditados eruditos ortodoxos habían predicho”.
“La depresión es consecuencia de la expansión del crédito. El desempleo masivo, que se prolonga año tras año, es el efecto inevitable de los intentos por mantener salarios por encima del nivel que el mercado, sin traba alguna, habría fijado. Todos estos males, que los progresistas interpretan como una evidencia del fracaso del capitalismo, son el resultado necesario de la alegada interferencia social con el mercado”.
“El Documento de los Expertos Británicos, del 8 de abril de 1943, dice que la expansión del crédito lleva a cabo «el milagro…de convertir una piedra en pan». El autor de este documento era, desde luego, Keynes. Verdaderamente, Gran Bretaña había recorrido un largo camino desde las opiniones de Hume y Mill sobre los milagros hasta esta frase”.
En cuanto a las dos alternativas observadas por los socialistas, “el caos vs. la planificación consciente”, de la economía, debe decirse que el caos no es tal por cuanto el mercado es un sistema autorregulado (y no caótico) que surge de millones de decisiones y de previas planificaciones individuales, y que la “planificación consciente” (socialismo), es pura ilusión por cuanto, al no existir el precio de mercado en tal tipo de economía, no puede establecerse planificación económica alguna, o bien se dan órdenes no económicas, en el sentido de que el derroche de los factores de la producción, escasos y valiosos, es la consecuencia inmediata de tales directivas.
El principio de la preferencia del menor esfuerzo, implica que la popularidad del “camino fácil” resulta superior a la del “camino difícil”, ya que la mayoría prefiere un Estado que redistribuya parcialmente la producción de los sectores empresariales en lugar de ser ellos mismos quienes hayan intentado convertirse en empresarios. Como los políticos desean, esencialmente, ganar elecciones, optan por intentar satisfacer las preferencias de la mayoría, y así seguirá la economía con crisis y auges periódicos por cuanto la “voluntad del pueblo” así lo reclama. H. L. Mencken escribió: “El gobierno consiste en una banda de hombres como usted y yo. Ellos no tienen, en general, ningún talento especial para asuntos de gobierno, sólo tienen talento para conseguir y mantener el cargo. El recurso principal para tal fin es buscar grupos que desean algo que no pueden tener y prometer dárselo. Nueve de cada diez veces, esa promesa no vale nada. La décima vez se cumple esquilmando a A para satisfacer a B. En otras palabras, el gobierno es un vendedor de ilusiones y cada elección es una especie de subasta anticipada de bienes robados”.
domingo, 6 de noviembre de 2016
Educación y transmisión de información
En una encuesta televisiva, un periodista le pregunta a una especialista en educación, acerca de cuál es la práctica pedagógica que se ha dejado de lado, ya sea porque resulta poco efectiva, innecesaria o anticuada, recibiendo como respuesta que es la “transmisión de información”.
Si la educación debe adoptar como referencia a quienes crean los nuevos conocimientos, los científicos, entonces nada mejor que observar lo que ellos hacen cuando tratan de lograr resultados positivos en su tarea investigativa. Cuando Enrico Fermi decide crear el Grupo de Roma, un equipo de físicos teóricos y experimentales que se destacó por sus aportes en física nuclear, lo primero que hace es enviar a los distintos integrantes al exterior para capacitarse con algún destacado especialista en aquellos temas relacionados con las investigaciones que habrían de realizar. Gerard Holton escribió: “La cuarta etapa presenció una gran dispersión, pero temporal; en realidad, fue la segunda fase de un grupo –en dos fases- de expediciones. Rasetti había ido antes al laboratorio de Millikan en Pasadena para trabajar sobre el efecto de Raman. Segré había ido a visitar a Zeeman en Ámsterdam para trabajar en el efecto de Zeeman de la radiación cuadrúpola. Ello fue antes de tomar la decisión de dedicarse a la física nuclear”.
“La segunda fase de las «expediciones» comenzó en 1931, cuando Rasetti fue al laboratorio de Lise Meitner, en el Kaiser Wilhelm Institut, a aprender cómo hacer una cámara de niebla, preparar muestras de polonio y fuente de neutrones, y hacer contadores”. “Segré fue a Hamburgo a trabajar con Otto Stern, y Amaldi al laboratorio de Debye en Leipzig. Su propósito no era aprender directamente el trabajo nuclear, sino algo más general. La intención era «que fuésemos todos a un lugar donde se pudiera aprender una nueva técnica experimental, y traerla de regreso…sin olvidar la intención de ensanchar nuestro campo»” (De “La imaginación científica”-Fondo de Cultura Económica-México 1979).
Se advierte que un investigador, previamente a intentar establecer su carrera científica, debe adquirir una formación básica al recibir información de gente especializada, ya que puede transmitirle sus conocimientos en un tiempo breve. De igual forma, el alumno debe recibir del docente una información básica a partir de la cual podrá, en el futuro, incorporar por su propia cuenta mayores conocimientos en algún tema en especial. De ahí que, si consideramos estrictamente la respuesta dada por la especialista en educación, acerca de que no debe “transmitirse información” desde el docente al alumno, el proceso formativo y educativo carece totalmente de una sólida base.
El problema viene ya desde algunas décadas atrás. Jorge Bosch escribió: “Me parece que una de las principales tareas del enseñante actual consiste en idear las formas adecuadas para transmitir una mayor y más compleja masa de información a una gran cantidad de gente. Este problema no se resuelve con animadores sonrientes y felices que «ayuden a buscar en común los argumentos contradictorios». Con el método de los animadores sonrientes la cantidad de información que se logrará transmitir será cada vez menor y la educación marchará hacia atrás, aunque sea permanente”.
Debido al crecimiento constante de la información disponible en todas las ramas del conocimiento, el caudal de información disponible es cada vez mayor. De ahí la necesidad de enseñar mayor cantidad de contenidos en un tiempo disponible similar. “La masa global de saber científico se duplica cada diez años más o menos. ¿Qué se deduce de estas realidades contundentes, al margen de la palabrería ideológica? Que si se toma en cuenta el presente estado del saber humano se concluye que la información que debe transmitirse en el mismo tiempo es mayor, más compleja y más abundante en cambios conceptuales bruscos que la correspondiente a épocas anteriores” (De “Cultura y contracultura”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1992).
En la expresión “buscar…argumentos contradictorios” se considera un mundo estructurado en base a “contrarios” u “opuestos”, tal como lo sugiere el materialismo dialéctico, aunque tal visión no coincida con la de la ciencia experimental. No resulta extraño que los intereses ideológicos predominen en el ámbito de la educación, ya que, una vez abandonada la lucha armada, la juventud es el objetivo central de los propagandistas del marxismo. Desde organismos internacionales como la UNESCO provienen las sugerencias pedagógicas que apuntan a la destrucción del sistema educativo. Una proclama de ese organismo, afirma: “El hecho es que, con la óptica de la educación permanente y en el presente estado del saber humano, cada vez constituye un abuso mayor del término dar al enseñante el nombre de maestro, cualquiera que sea el sentido que se le dé a la palabra entre sus múltiples acepciones. Está claro que los enseñantes tienen cada vez menos como tarea única el inculcar conocimientos, y cada vez más el papel de despertar el pensamiento. El enseñante, al lado de sus tareas tradicionales, está llamado a convertirse cada día más en un consejero, un interlocutor; más bien la persona que ayuda a buscar en común los argumentos contradictorios, que la que posee las verdades prefabricadas; deberá dedicar más tiempo y energías a las actividades productivas y creadoras: interacción, discusión, animación, comprensión y estímulo”.
En todo proceso educativo, mientras se enseñan las “verdades prefabricadas” (conocimiento verificado experimentalmente), el alumno debe hacer un esfuerzo mental para ir incorporando en su mente el nuevo conocimiento. El proceso educativo tiene éxito cuando el alumno es capaz de llevar en su memoria tales verdades de manera de poder adquirir otras nuevas, o bien resolver situaciones problemáticas en base a la información que lleva depositada en ella. Bosch “traduce” el contenido de la directiva de la UNESCO, de la siguiente manera: “En la actualidad, la relación maestro-alumno es un caso particular de la relación dominante-dominado. El maestro ejerce su dominio comportándose en forma autoritaria, inculcando conocimientos y haciendo valer verdades prefabricadas. Hay que romper esta relación, para lo cual el proceso educativo debe centrarse en la interacción, la discusión, la comprensión y el estímulo: el maestro debe ser un consejero y un interlocutor, pero el alumno debe ser quien busque y encuentre el conocimiento”.
El alumno puede buscar y encontrar el conocimiento sólo cuando dispone de una buena base de información previa, sin la cual podrá aprender muy poco. “Si se va más allá, y se pretende con esto dejar en manos del alumno la selección de temas, métodos y vías de confirmación o refutación, esperando que llegue por sus propios medios a descubrir todo el saber científico acumulado durante dos mil años, desde el teorema de Pitágoras hasta las teorías modernas de la constitución de la materia y de la genética, entonces se producirá una decadencia generalizada en la transmisión de la cultura y en poco tiempo la humanidad volverá, en el mejor de los casos, a la beatífica armonía de la era pre-industrial, en la cual las relaciones de dominación se hallaban sólidamente establecidas”.
La visión marxista de la realidad, además de sostener que el mundo funciona por medio de opuestos o contradictorios y que existe una lucha entre dominantes y dominados, también admite el relativismo cognitivo, asumiendo la posibilidad de más de una “verdad”; algo extraño en la visión de la ciencia experimental. Bosch escribe respecto de Paulo Freire: “Después viene esta insólita descripción del amoroso radicalizado: «Está convencido de su acierto, pero respeta en el otro el derecho de juzgarse también dueño de la verdad». No se sabe si esto es una suprema ingenuidad o una trampa para ingenuos. En efecto: si el radicalizado es un convencido que se cree dueño de la verdad y se enfrenta con otro radicalizado que también se cree dueño de la verdad, pero de una verdad diferente e inclusive opuesta (¿por qué no?), ¿han de respetarse amorosamente, como lo sugiere Paulo Freire? La historia de la humanidad parece indicar todo lo contrario. Los dueños de la verdad, por muy amorosos que sean, terminan peleando a sangre y fuego con otros dueños de la verdad”.
La utilización de la educación para inculcar el marxismo implica también la promoción de la violencia. Bosch agrega: “En una nota al pie de esa misma página el autor [Freire] se explaya acerca de la violencia e incurre sin ninguna originalidad en la «teoría» que los terroristas de izquierda han elaborado sobre la violencia. Leemos: «Toda relación de dominación, de explotación, de opresión ya en sí es violencia. No importa que se haga a través de medios drásticos o no». Así se reencuentra el conocido slogan de los terroristas de izquierda: «La violencia de arriba engendra la violencia de abajo»”.
“La conclusión que se extrae de toda esta «pedagogía» es la siguiente: todo el que se considera explotado tiene derecho a radicalizarse y entonces, por una cuestión de amor, debe reaccionar con violencia. Ésta es una fórmula insurreccional que nada tiene que ver con la pedagogía, evidentemente. Es más bien contrapedagogía”.
“Es interesante observar que, al margen de estos grandes objetivos finales, que han tenido mayor o menor fortuna según las circunstancias, se está consiguiendo de manera efectiva un objetivo menos espectacular pero igualmente pernicioso, a saber, debilitar en forma notable y sostenida el mecanismo social de transmisión del conocimiento y la cultura. Esta tarea se lleva a cabo con los siguientes instrumentos: a) Indisciplina, b) Facilismo, c) Desaliento al mérito y a la competencia; d) Degradación de los contenidos”.
Para destruir el sistema educativo sólo hace falta abolir todo tipo de sanción disciplinaria, ya que, aun el alumno normal, tiene la predisposición a exceder los límites permitidos por el establecimiento educacional adonde concurre. En realidad, al no existir sanción alguna, el alumno siente un llamamiento tácito para exceder cualquier límite imaginable, con lo que dar clases y aprender resulta casi imposible de lograr. Son los sacrificios que debe hacer la población para favorecer la llegada del socialismo, que por cierto no ha de mejorar las cosas en lo más mínimo.
“La infatigable y superficial prédica antiautoritaria ha llevado a mucha gente bien intencionada a confundir autoritarismo con autoridad y disciplina, lo cual está causando estragos especialmente en la escuela secundaria. Sabido es que los adolescentes, en quienes la intensidad de los deseos y las emociones se une a cierta falta de realismo y de estabilidad en la conducta, necesitan claras pautas de comportamiento que, sin oprimirlos ni ofenderlos, los ayuden a desarrollar acciones meditadas, ordenadas y efectivas”.
“Tolerar (o, peor aún, fomentar) la indisciplina es conspirar contra los fines mismos de la educación, y por ello tales acciones, junto con la prédica que las alienta, se inscriben en el marco de la contrapedagogía”.
Si la educación debe adoptar como referencia a quienes crean los nuevos conocimientos, los científicos, entonces nada mejor que observar lo que ellos hacen cuando tratan de lograr resultados positivos en su tarea investigativa. Cuando Enrico Fermi decide crear el Grupo de Roma, un equipo de físicos teóricos y experimentales que se destacó por sus aportes en física nuclear, lo primero que hace es enviar a los distintos integrantes al exterior para capacitarse con algún destacado especialista en aquellos temas relacionados con las investigaciones que habrían de realizar. Gerard Holton escribió: “La cuarta etapa presenció una gran dispersión, pero temporal; en realidad, fue la segunda fase de un grupo –en dos fases- de expediciones. Rasetti había ido antes al laboratorio de Millikan en Pasadena para trabajar sobre el efecto de Raman. Segré había ido a visitar a Zeeman en Ámsterdam para trabajar en el efecto de Zeeman de la radiación cuadrúpola. Ello fue antes de tomar la decisión de dedicarse a la física nuclear”.
“La segunda fase de las «expediciones» comenzó en 1931, cuando Rasetti fue al laboratorio de Lise Meitner, en el Kaiser Wilhelm Institut, a aprender cómo hacer una cámara de niebla, preparar muestras de polonio y fuente de neutrones, y hacer contadores”. “Segré fue a Hamburgo a trabajar con Otto Stern, y Amaldi al laboratorio de Debye en Leipzig. Su propósito no era aprender directamente el trabajo nuclear, sino algo más general. La intención era «que fuésemos todos a un lugar donde se pudiera aprender una nueva técnica experimental, y traerla de regreso…sin olvidar la intención de ensanchar nuestro campo»” (De “La imaginación científica”-Fondo de Cultura Económica-México 1979).
Se advierte que un investigador, previamente a intentar establecer su carrera científica, debe adquirir una formación básica al recibir información de gente especializada, ya que puede transmitirle sus conocimientos en un tiempo breve. De igual forma, el alumno debe recibir del docente una información básica a partir de la cual podrá, en el futuro, incorporar por su propia cuenta mayores conocimientos en algún tema en especial. De ahí que, si consideramos estrictamente la respuesta dada por la especialista en educación, acerca de que no debe “transmitirse información” desde el docente al alumno, el proceso formativo y educativo carece totalmente de una sólida base.
El problema viene ya desde algunas décadas atrás. Jorge Bosch escribió: “Me parece que una de las principales tareas del enseñante actual consiste en idear las formas adecuadas para transmitir una mayor y más compleja masa de información a una gran cantidad de gente. Este problema no se resuelve con animadores sonrientes y felices que «ayuden a buscar en común los argumentos contradictorios». Con el método de los animadores sonrientes la cantidad de información que se logrará transmitir será cada vez menor y la educación marchará hacia atrás, aunque sea permanente”.
Debido al crecimiento constante de la información disponible en todas las ramas del conocimiento, el caudal de información disponible es cada vez mayor. De ahí la necesidad de enseñar mayor cantidad de contenidos en un tiempo disponible similar. “La masa global de saber científico se duplica cada diez años más o menos. ¿Qué se deduce de estas realidades contundentes, al margen de la palabrería ideológica? Que si se toma en cuenta el presente estado del saber humano se concluye que la información que debe transmitirse en el mismo tiempo es mayor, más compleja y más abundante en cambios conceptuales bruscos que la correspondiente a épocas anteriores” (De “Cultura y contracultura”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1992).
En la expresión “buscar…argumentos contradictorios” se considera un mundo estructurado en base a “contrarios” u “opuestos”, tal como lo sugiere el materialismo dialéctico, aunque tal visión no coincida con la de la ciencia experimental. No resulta extraño que los intereses ideológicos predominen en el ámbito de la educación, ya que, una vez abandonada la lucha armada, la juventud es el objetivo central de los propagandistas del marxismo. Desde organismos internacionales como la UNESCO provienen las sugerencias pedagógicas que apuntan a la destrucción del sistema educativo. Una proclama de ese organismo, afirma: “El hecho es que, con la óptica de la educación permanente y en el presente estado del saber humano, cada vez constituye un abuso mayor del término dar al enseñante el nombre de maestro, cualquiera que sea el sentido que se le dé a la palabra entre sus múltiples acepciones. Está claro que los enseñantes tienen cada vez menos como tarea única el inculcar conocimientos, y cada vez más el papel de despertar el pensamiento. El enseñante, al lado de sus tareas tradicionales, está llamado a convertirse cada día más en un consejero, un interlocutor; más bien la persona que ayuda a buscar en común los argumentos contradictorios, que la que posee las verdades prefabricadas; deberá dedicar más tiempo y energías a las actividades productivas y creadoras: interacción, discusión, animación, comprensión y estímulo”.
En todo proceso educativo, mientras se enseñan las “verdades prefabricadas” (conocimiento verificado experimentalmente), el alumno debe hacer un esfuerzo mental para ir incorporando en su mente el nuevo conocimiento. El proceso educativo tiene éxito cuando el alumno es capaz de llevar en su memoria tales verdades de manera de poder adquirir otras nuevas, o bien resolver situaciones problemáticas en base a la información que lleva depositada en ella. Bosch “traduce” el contenido de la directiva de la UNESCO, de la siguiente manera: “En la actualidad, la relación maestro-alumno es un caso particular de la relación dominante-dominado. El maestro ejerce su dominio comportándose en forma autoritaria, inculcando conocimientos y haciendo valer verdades prefabricadas. Hay que romper esta relación, para lo cual el proceso educativo debe centrarse en la interacción, la discusión, la comprensión y el estímulo: el maestro debe ser un consejero y un interlocutor, pero el alumno debe ser quien busque y encuentre el conocimiento”.
El alumno puede buscar y encontrar el conocimiento sólo cuando dispone de una buena base de información previa, sin la cual podrá aprender muy poco. “Si se va más allá, y se pretende con esto dejar en manos del alumno la selección de temas, métodos y vías de confirmación o refutación, esperando que llegue por sus propios medios a descubrir todo el saber científico acumulado durante dos mil años, desde el teorema de Pitágoras hasta las teorías modernas de la constitución de la materia y de la genética, entonces se producirá una decadencia generalizada en la transmisión de la cultura y en poco tiempo la humanidad volverá, en el mejor de los casos, a la beatífica armonía de la era pre-industrial, en la cual las relaciones de dominación se hallaban sólidamente establecidas”.
La visión marxista de la realidad, además de sostener que el mundo funciona por medio de opuestos o contradictorios y que existe una lucha entre dominantes y dominados, también admite el relativismo cognitivo, asumiendo la posibilidad de más de una “verdad”; algo extraño en la visión de la ciencia experimental. Bosch escribe respecto de Paulo Freire: “Después viene esta insólita descripción del amoroso radicalizado: «Está convencido de su acierto, pero respeta en el otro el derecho de juzgarse también dueño de la verdad». No se sabe si esto es una suprema ingenuidad o una trampa para ingenuos. En efecto: si el radicalizado es un convencido que se cree dueño de la verdad y se enfrenta con otro radicalizado que también se cree dueño de la verdad, pero de una verdad diferente e inclusive opuesta (¿por qué no?), ¿han de respetarse amorosamente, como lo sugiere Paulo Freire? La historia de la humanidad parece indicar todo lo contrario. Los dueños de la verdad, por muy amorosos que sean, terminan peleando a sangre y fuego con otros dueños de la verdad”.
La utilización de la educación para inculcar el marxismo implica también la promoción de la violencia. Bosch agrega: “En una nota al pie de esa misma página el autor [Freire] se explaya acerca de la violencia e incurre sin ninguna originalidad en la «teoría» que los terroristas de izquierda han elaborado sobre la violencia. Leemos: «Toda relación de dominación, de explotación, de opresión ya en sí es violencia. No importa que se haga a través de medios drásticos o no». Así se reencuentra el conocido slogan de los terroristas de izquierda: «La violencia de arriba engendra la violencia de abajo»”.
“La conclusión que se extrae de toda esta «pedagogía» es la siguiente: todo el que se considera explotado tiene derecho a radicalizarse y entonces, por una cuestión de amor, debe reaccionar con violencia. Ésta es una fórmula insurreccional que nada tiene que ver con la pedagogía, evidentemente. Es más bien contrapedagogía”.
“Es interesante observar que, al margen de estos grandes objetivos finales, que han tenido mayor o menor fortuna según las circunstancias, se está consiguiendo de manera efectiva un objetivo menos espectacular pero igualmente pernicioso, a saber, debilitar en forma notable y sostenida el mecanismo social de transmisión del conocimiento y la cultura. Esta tarea se lleva a cabo con los siguientes instrumentos: a) Indisciplina, b) Facilismo, c) Desaliento al mérito y a la competencia; d) Degradación de los contenidos”.
Para destruir el sistema educativo sólo hace falta abolir todo tipo de sanción disciplinaria, ya que, aun el alumno normal, tiene la predisposición a exceder los límites permitidos por el establecimiento educacional adonde concurre. En realidad, al no existir sanción alguna, el alumno siente un llamamiento tácito para exceder cualquier límite imaginable, con lo que dar clases y aprender resulta casi imposible de lograr. Son los sacrificios que debe hacer la población para favorecer la llegada del socialismo, que por cierto no ha de mejorar las cosas en lo más mínimo.
“La infatigable y superficial prédica antiautoritaria ha llevado a mucha gente bien intencionada a confundir autoritarismo con autoridad y disciplina, lo cual está causando estragos especialmente en la escuela secundaria. Sabido es que los adolescentes, en quienes la intensidad de los deseos y las emociones se une a cierta falta de realismo y de estabilidad en la conducta, necesitan claras pautas de comportamiento que, sin oprimirlos ni ofenderlos, los ayuden a desarrollar acciones meditadas, ordenadas y efectivas”.
“Tolerar (o, peor aún, fomentar) la indisciplina es conspirar contra los fines mismos de la educación, y por ello tales acciones, junto con la prédica que las alienta, se inscriben en el marco de la contrapedagogía”.
sábado, 5 de noviembre de 2016
Intercambios y beneficio simultáneo
La economía de mercado, no sólo recibe el nombre de “capitalismo” por parte de su más acérrimo detractor, Karl Marx, ya que también su divulgación proviene generalmente de sus seguidores; difusión que no ha de ser “gratuita”, ya que previamente se lo distorsiona para que quede casi irreconocible.
La base de la economía de mercado es el intercambio de bienes y servicios entre dos personas. Tal intercambio se establece cuando ambas partes se benefician en forma simultánea. Ello da lugar al surgimiento de un vínculo comercial estable. Aunque hay veces en que uno de los participantes estafa al otro, o lo que entrega en el intercambio no resulta ser del agrado de quien lo recibe, siendo un vínculo inestable que se ha de interrumpir en el futuro.
El marxista interpreta que siempre, en todo intercambio, alguien se beneficia y alguien se perjudica, por lo cual, aduce, se hace necesaria la intervención del Estado para solucionar el conflicto, pudiéndose simbolizar ambas situaciones de la siguiente manera:
Capitalismo: A intercambia con B
Socialismo: A y B entregan sus bienes al Estado; luego, el Estado los redistribuye a A y B
Esto último implica que la producción será confiscada por el Estado, o bien lo serán los medios de producción, o las ganancias generadas por esos medios. Dependiendo de cuál sea la forma predominante, se tienen las distintas variantes de socialismo: nacional-socialismo, comunismo o socialdemocracia.
Cabe preguntarse acerca de cómo actúa el ser humano en forma espontánea una vez que intenta intercambiar sus productos: ¿busca a alguien con quien intercambiarlos? O, luego de encontrarlo, ¿buscan a un tercero para entregarles sus productos para que éste los redistribuya con “justicia” (y sin costo alguno para los productores)? Todo parece indicar que el ser humano actúa buscando el beneficio simultáneo entre productor y consumidor, sin necesidad de un intermediario, que poco o nada produce.
Si la naturaleza humana no se adapta a la propuesta socialista, ello poco significa. Mediante la fe en Marx nada es imposible; de ahí una respuesta típica del marxista: “Si el marxismo no se adapta a la naturaleza humana, debemos cambiar la naturaleza humana”.
La postura marxista antes mencionada, vuelve a aplicarse cuando los participantes del intercambio son los países X e Y, ya que se supone también que en este intercambio se beneficia uno y se perjudica el otro (se supone que el que se beneficia es el país poderoso). De ahí la conclusión general de que el capitalismo puede funcionar sólo mediante la explotación laboral del fuerte contra el débil (empresario vs. empleado) o bien bajo el colonialismo impuesto por el país fuerte contra el débil.
Para evitar los intercambios entre países, se proponen economías nacionales cerradas. De ahí que quienes promueven el comercio internacional, en los países subdesarrollados, serán calificados de cipayos, antipatrias, traidores, etc. Como la descripción básica establecida por el marxismo no es compatible con la realidad, es posible encontrar contradicciones lógicas en sus pronunciamientos. Este es el caso de Cuba, que en vez de agradecer a los EEUU por bloquearla económicamente (ya que todo país socialista se autoabastece, o bien comercia con otro país socialista), le protesta por haberle facilitado el cierre económico (elegido por ser un Estado socialista). Las circunstancias adversas, sin embargo, les obliga a establecer el comercio con otros países.
La idea de “vivir con lo nuestro” ha sido bastante difundida. Sin embargo, su adopción tiene sus inconvenientes. Supongamos que quien necesita un cepillo de dientes se decide a fabricarlo en lugar de comprarlo ya hecho. Seguramente ha de perder mucho tiempo, incluso impidiéndole realizar el trabajo que mejor conoce. Tampoco parece factible que su cepillo sea tan adecuado como el fabricado por el especialista. De ahí que, seguramente, la gente opinará que su decisión ha sido incorrecta, recordándole que por algo la mayoría de las personas acepta la división o especialización del trabajo y el posterior intercambio en el mercado.
La misma persona que recomienda no fabricar cepillos de diente en forma particular, sino comprarlos al especialista, recomienda que un país fabrique todo lo necesario (y no sólo lo que mejor sabe producir) para evitar el comercio internacional. De esa forma se producen, por lo general, bienes más caros y de peor calidad. Por supuesto que no existe inconveniente alguno si algún país es capaz de ser “especialista en todos los rubros”, en cuyo caso sería aceptable el aislamiento comercial.
Otra de las razones por la cual se sugiere evitar el comercio internacional, radica en que, aun cuando se establezca un intercambio beneficioso para ambas partes, se está “beneficiando al enemigo”, de ahí que conviene incluso renunciar al beneficio propio con tal de que el “enemigo” no se beneficie.
La omnipotencia del marxismo incluye la propuesta de abolición del mercado, es decir, la abolición de las millones de decisiones diarias que los habitantes de un país realizan para establecer intercambios, para ser reemplazadas por las sabias decisiones del marxista a cargo del Estado.
El objetivo del socialismo implica la corrección de los errores del capitalismo. Y si no aparecen los errores supuestos, entonces se los inventa. Este es el caso del consumismo, es decir, el consumo indiscriminado de objetos de escasa o dudosa utilidad motivado por razones aun más dudosas, que se asocia injustamente al capitalismo. Sin embargo, la innovación introducida por el capitalismo implica justamente retraer el consumo para favorecer el ahorro. El capital productivo surge del ahorro, que es lo opuesto al dispendio y al consumismo. Miguel Anxo Bustos Boubeta escribió: “El ahorro es el valor principal del capitalismo y sin el cual éste no podría existir en las dimensiones actuales. Consiste en diferir el consumo de bienes presentes para poder disponer de consumos futuros, bien porque podamos prever que van a escasear en el futuro, bien por obtener algún tipo de lucro de tal abstención. Sin ahorro previo no pueden ser financiados bienes de capital y, por tanto, no se podría haber incrementado el nivel de vida hasta los estándares actuales. El ahorro es una virtud que precisa de disciplina interior en el sentido de ser capaces de doblegar nuestros impulsos de disfrutar placeres presentes”.
“Las sociedades capitalistas nacen entre poblaciones con una preferencia temporal muy baja, como ocurrió en la época victoriana en Inglaterra. Era una sociedad puritana y frugal que valoraba muy poco los placeres presentes y pensaba a largo plazo, en el porvenir. Fue una combinación de valores religiosos, sociales y económicos que confluyeron en una de las sociedades más frugales que vieron los tiempos. De esa frugalidad, y no de las colonias como se suele decir (muchos países las tuvieron antes, como España y Portugal, y no devinieron capitalistas, más bien lo contrario) fue de donde se consiguió generar el capital necesario para financiar el primitivo desarrollo industrial, que luego se extendería al resto de Europa” (De http://xoandelugo.org ).
También se aduce que el capitalismo requiere de la desocupación laboral para que exista una apreciable oferta laboral de manera de que se reduzca el nivel de los sueldos. Sin embargo, el empresario tiene en los empleados un capital humano valioso, que no se ha de arriesgar a perder por pagarles bajos sueldos, con el agravante que podrán ir luego a trabajar a las empresas competidoras. Por el contrario, se observa que, aun con bastante desocupación, las empresas optan por no incorporar nuevos empleados debidos a las presiones de los sindicalistas, que extorsionan a las empresas a pagar sueldos bastante mayores a los sugeridos por el mercado laboral. A eso se le suman las cargas sociales impuestas por el Estado que tienden a desanimar al empresario a incorporar nuevos trabajadores.
La competencia entre productores tiende a la reducción de los precios y a la mejora de la calidad de los productos. De ahí que, como era de esperar, los marxistas critican su existencia, imaginando que el monopolio estatal ha de eliminar todos los males de la sociedad.
La mayor parte del conocimiento económico asociado a la “sabiduría popular” resulta errónea, ya que repite esencialmente las prédicas y difamaciones del sector marxista. Raramente un país subdesarrollado podrá salir de su decadencia si sigue viviendo en la mentira. Si son muy pocos los que se preocupan por conocer y difundir la verdad, nada bueno podrá esperarse en el futuro. Ludwig von Mises escribió: “Democracia significa autodeterminación. ¿Cómo puede el pueblo determinar sus propios asuntos si permanece excesivamente indiferente a formarse juicio propio e independiente de los problemas políticos y económicos? La democracia no es un bien que la gente pueda disfrutar tranquilamente, sino un tesoro que tiene que ser defendido y conquistado cada día con tenaz esfuerzo” (De “Burocracia”-Unión Editorial SA-Madrid 2005).
Mientras que el científico auténtico, que busca la verdad, actualiza sus conocimientos a medida que surgen innovaciones, el marxista mantiene todavía la creencia en los fundamentos establecidos por Marx en el siglo XIX, cuando estaba en vigencia la teoría del valor-trabajo establecida por David Ricardo. Sigue repitiendo lo que fue refutado a finales de ese siglo mediante la teoría del valor subjetivo, mientras denomina despectivamente como “ideología” a la ciencia económica actualizada. Murray N. Rothbard escribió: “Tal ricardiana teoría fue llevada por Marx a su conclusión lógica: si el valor procedía única y exclusivamente de la cantidad de trabajo dedicado a la producción, el interés y beneficio que capitalistas y empresarios de la misma derivaban no podían ser sino plusvalía, injustamente detraída a la legítima retribución del trabajador”.
“Los clásicos no sólo fueron incapaces de explicar satisfactoriamente y justificar el beneficio empresarial. Al analizar la distribución de los resultados de la producción, entre las diferentes clases, concluyeron que había de producirse una lucha permanente entre las mismas, es decir, entre salarios, beneficios y rentas, pues implacablemente habían de pugnar entre sí, por sus respectivas cuotas, trabajadores, capitalistas y terratenientes” (De “Lo esencial de Mises”-Unión Editorial SA-Madrid 1974).
Incluso Lenin, desconociendo el funcionamiento de la empresa capitalista y la gestión empresarial, supone que la gestión burocrática ha de servir igualmente para orientar al sector productivo. Propone “Organizar toda la economía nacional como el servicio de Correos”, transformar la sociedad entera “en una oficina y una fábrica” y convertir a todos los ciudadanos en “empleados del Estado”.
La base de la economía de mercado es el intercambio de bienes y servicios entre dos personas. Tal intercambio se establece cuando ambas partes se benefician en forma simultánea. Ello da lugar al surgimiento de un vínculo comercial estable. Aunque hay veces en que uno de los participantes estafa al otro, o lo que entrega en el intercambio no resulta ser del agrado de quien lo recibe, siendo un vínculo inestable que se ha de interrumpir en el futuro.
El marxista interpreta que siempre, en todo intercambio, alguien se beneficia y alguien se perjudica, por lo cual, aduce, se hace necesaria la intervención del Estado para solucionar el conflicto, pudiéndose simbolizar ambas situaciones de la siguiente manera:
Capitalismo: A intercambia con B
Socialismo: A y B entregan sus bienes al Estado; luego, el Estado los redistribuye a A y B
Esto último implica que la producción será confiscada por el Estado, o bien lo serán los medios de producción, o las ganancias generadas por esos medios. Dependiendo de cuál sea la forma predominante, se tienen las distintas variantes de socialismo: nacional-socialismo, comunismo o socialdemocracia.
Cabe preguntarse acerca de cómo actúa el ser humano en forma espontánea una vez que intenta intercambiar sus productos: ¿busca a alguien con quien intercambiarlos? O, luego de encontrarlo, ¿buscan a un tercero para entregarles sus productos para que éste los redistribuya con “justicia” (y sin costo alguno para los productores)? Todo parece indicar que el ser humano actúa buscando el beneficio simultáneo entre productor y consumidor, sin necesidad de un intermediario, que poco o nada produce.
Si la naturaleza humana no se adapta a la propuesta socialista, ello poco significa. Mediante la fe en Marx nada es imposible; de ahí una respuesta típica del marxista: “Si el marxismo no se adapta a la naturaleza humana, debemos cambiar la naturaleza humana”.
La postura marxista antes mencionada, vuelve a aplicarse cuando los participantes del intercambio son los países X e Y, ya que se supone también que en este intercambio se beneficia uno y se perjudica el otro (se supone que el que se beneficia es el país poderoso). De ahí la conclusión general de que el capitalismo puede funcionar sólo mediante la explotación laboral del fuerte contra el débil (empresario vs. empleado) o bien bajo el colonialismo impuesto por el país fuerte contra el débil.
Para evitar los intercambios entre países, se proponen economías nacionales cerradas. De ahí que quienes promueven el comercio internacional, en los países subdesarrollados, serán calificados de cipayos, antipatrias, traidores, etc. Como la descripción básica establecida por el marxismo no es compatible con la realidad, es posible encontrar contradicciones lógicas en sus pronunciamientos. Este es el caso de Cuba, que en vez de agradecer a los EEUU por bloquearla económicamente (ya que todo país socialista se autoabastece, o bien comercia con otro país socialista), le protesta por haberle facilitado el cierre económico (elegido por ser un Estado socialista). Las circunstancias adversas, sin embargo, les obliga a establecer el comercio con otros países.
La idea de “vivir con lo nuestro” ha sido bastante difundida. Sin embargo, su adopción tiene sus inconvenientes. Supongamos que quien necesita un cepillo de dientes se decide a fabricarlo en lugar de comprarlo ya hecho. Seguramente ha de perder mucho tiempo, incluso impidiéndole realizar el trabajo que mejor conoce. Tampoco parece factible que su cepillo sea tan adecuado como el fabricado por el especialista. De ahí que, seguramente, la gente opinará que su decisión ha sido incorrecta, recordándole que por algo la mayoría de las personas acepta la división o especialización del trabajo y el posterior intercambio en el mercado.
La misma persona que recomienda no fabricar cepillos de diente en forma particular, sino comprarlos al especialista, recomienda que un país fabrique todo lo necesario (y no sólo lo que mejor sabe producir) para evitar el comercio internacional. De esa forma se producen, por lo general, bienes más caros y de peor calidad. Por supuesto que no existe inconveniente alguno si algún país es capaz de ser “especialista en todos los rubros”, en cuyo caso sería aceptable el aislamiento comercial.
Otra de las razones por la cual se sugiere evitar el comercio internacional, radica en que, aun cuando se establezca un intercambio beneficioso para ambas partes, se está “beneficiando al enemigo”, de ahí que conviene incluso renunciar al beneficio propio con tal de que el “enemigo” no se beneficie.
La omnipotencia del marxismo incluye la propuesta de abolición del mercado, es decir, la abolición de las millones de decisiones diarias que los habitantes de un país realizan para establecer intercambios, para ser reemplazadas por las sabias decisiones del marxista a cargo del Estado.
El objetivo del socialismo implica la corrección de los errores del capitalismo. Y si no aparecen los errores supuestos, entonces se los inventa. Este es el caso del consumismo, es decir, el consumo indiscriminado de objetos de escasa o dudosa utilidad motivado por razones aun más dudosas, que se asocia injustamente al capitalismo. Sin embargo, la innovación introducida por el capitalismo implica justamente retraer el consumo para favorecer el ahorro. El capital productivo surge del ahorro, que es lo opuesto al dispendio y al consumismo. Miguel Anxo Bustos Boubeta escribió: “El ahorro es el valor principal del capitalismo y sin el cual éste no podría existir en las dimensiones actuales. Consiste en diferir el consumo de bienes presentes para poder disponer de consumos futuros, bien porque podamos prever que van a escasear en el futuro, bien por obtener algún tipo de lucro de tal abstención. Sin ahorro previo no pueden ser financiados bienes de capital y, por tanto, no se podría haber incrementado el nivel de vida hasta los estándares actuales. El ahorro es una virtud que precisa de disciplina interior en el sentido de ser capaces de doblegar nuestros impulsos de disfrutar placeres presentes”.
“Las sociedades capitalistas nacen entre poblaciones con una preferencia temporal muy baja, como ocurrió en la época victoriana en Inglaterra. Era una sociedad puritana y frugal que valoraba muy poco los placeres presentes y pensaba a largo plazo, en el porvenir. Fue una combinación de valores religiosos, sociales y económicos que confluyeron en una de las sociedades más frugales que vieron los tiempos. De esa frugalidad, y no de las colonias como se suele decir (muchos países las tuvieron antes, como España y Portugal, y no devinieron capitalistas, más bien lo contrario) fue de donde se consiguió generar el capital necesario para financiar el primitivo desarrollo industrial, que luego se extendería al resto de Europa” (De http://xoandelugo.org ).
También se aduce que el capitalismo requiere de la desocupación laboral para que exista una apreciable oferta laboral de manera de que se reduzca el nivel de los sueldos. Sin embargo, el empresario tiene en los empleados un capital humano valioso, que no se ha de arriesgar a perder por pagarles bajos sueldos, con el agravante que podrán ir luego a trabajar a las empresas competidoras. Por el contrario, se observa que, aun con bastante desocupación, las empresas optan por no incorporar nuevos empleados debidos a las presiones de los sindicalistas, que extorsionan a las empresas a pagar sueldos bastante mayores a los sugeridos por el mercado laboral. A eso se le suman las cargas sociales impuestas por el Estado que tienden a desanimar al empresario a incorporar nuevos trabajadores.
La competencia entre productores tiende a la reducción de los precios y a la mejora de la calidad de los productos. De ahí que, como era de esperar, los marxistas critican su existencia, imaginando que el monopolio estatal ha de eliminar todos los males de la sociedad.
La mayor parte del conocimiento económico asociado a la “sabiduría popular” resulta errónea, ya que repite esencialmente las prédicas y difamaciones del sector marxista. Raramente un país subdesarrollado podrá salir de su decadencia si sigue viviendo en la mentira. Si son muy pocos los que se preocupan por conocer y difundir la verdad, nada bueno podrá esperarse en el futuro. Ludwig von Mises escribió: “Democracia significa autodeterminación. ¿Cómo puede el pueblo determinar sus propios asuntos si permanece excesivamente indiferente a formarse juicio propio e independiente de los problemas políticos y económicos? La democracia no es un bien que la gente pueda disfrutar tranquilamente, sino un tesoro que tiene que ser defendido y conquistado cada día con tenaz esfuerzo” (De “Burocracia”-Unión Editorial SA-Madrid 2005).
Mientras que el científico auténtico, que busca la verdad, actualiza sus conocimientos a medida que surgen innovaciones, el marxista mantiene todavía la creencia en los fundamentos establecidos por Marx en el siglo XIX, cuando estaba en vigencia la teoría del valor-trabajo establecida por David Ricardo. Sigue repitiendo lo que fue refutado a finales de ese siglo mediante la teoría del valor subjetivo, mientras denomina despectivamente como “ideología” a la ciencia económica actualizada. Murray N. Rothbard escribió: “Tal ricardiana teoría fue llevada por Marx a su conclusión lógica: si el valor procedía única y exclusivamente de la cantidad de trabajo dedicado a la producción, el interés y beneficio que capitalistas y empresarios de la misma derivaban no podían ser sino plusvalía, injustamente detraída a la legítima retribución del trabajador”.
“Los clásicos no sólo fueron incapaces de explicar satisfactoriamente y justificar el beneficio empresarial. Al analizar la distribución de los resultados de la producción, entre las diferentes clases, concluyeron que había de producirse una lucha permanente entre las mismas, es decir, entre salarios, beneficios y rentas, pues implacablemente habían de pugnar entre sí, por sus respectivas cuotas, trabajadores, capitalistas y terratenientes” (De “Lo esencial de Mises”-Unión Editorial SA-Madrid 1974).
Incluso Lenin, desconociendo el funcionamiento de la empresa capitalista y la gestión empresarial, supone que la gestión burocrática ha de servir igualmente para orientar al sector productivo. Propone “Organizar toda la economía nacional como el servicio de Correos”, transformar la sociedad entera “en una oficina y una fábrica” y convertir a todos los ciudadanos en “empleados del Estado”.
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