domingo, 14 de octubre de 2018

La legitimación de la imprevisión

En los últimos tiempos resulta bastante frecuente observar que, ante la imprevisión de los efectos de sus acciones, ya sea por ignorancia o por irresponsabilidad de la gente, se reclaman luego leyes o reglamentos que le permitan limitar o eliminar los efectos indeseados. Son justamente los gobiernos de tipo populista los que avalan tales demandas, concediéndoles lo que desean. Ello implica que, en lugar de ser sancionadas socialmente de alguna manera, la imprevisión y la irresponsabilidad tienden a ser legitimadas y transferidas las culpas respectivas a sectores que poco o nada tienen que ver en el asunto.

Este es el caso de la legalización del aborto, que surge como consecuencia de la necesidad de eliminar el efecto indeseado de acciones que, por ignorancia o irresponsabilidad, lo ocasionaron, aun cuando se trate de una vida en formación. Existe una ley natural que permite la gestación de un niño cuando se dan ciertas condiciones favorables, como es la unión intima de hombre y mujer. Pero el ignorante no lo sabe, o el irresponsable lo sabe pero hace caso omiso a esa ley. Luego, para corregir los efectos de sus acciones, recurren al Estado para que promulgue leyes que les permitan anular tal efecto indeseado.

En el caso de la pobreza ocurre algo similar. Muchos no se preocupan por aprender a ganarse la vida y pasan sus años juveniles dedicados a la vagancia y a la diversión. Luego, incluso con algún hijo de por medio, deben afrontar la realidad cotidiana con la habitual negligencia previa, reclamando al Estado por su situación social y económica, para que el Estado confisque parcialmente las riquezas del sector productivo y así pueda solucionar su situación particular.

Los países que gastan más, o mucho más, de lo que producen, tarde o temprano deben pedir préstamos. Si se sigue por ese camino, los préstamos serán impagables. Luego, se efectuarán a los acreedores pedidos de clemencia, aduciendo que no se podrá pagar la deuda con “el hambre de los pobres”. Nuevamente la imprevisión, la irresponsabilidad y la indecencia hace que la mayoría vea con buenos ojos la postura de “no pagar las deudas”, incluso aplaudiendo tal decisión en plena sesión del Congreso Nacional argentino.

En el mismo sentido se reclama por el “ajuste” que se hace, o se intenta hacer, por parte de los gobiernos que tienen al menos la intención de no seguir derrochando recursos para atenuar la situación en que se gasta más de lo que se produce. Quienes reclaman contra el ajuste, son los que pretenden que el Estado siga gastando más de lo que recibe, situación similar a la de una familia que gana 1.000 unidades monetarias y gasta 1.100, y que tarde o temprano deberá hacer el ajuste, es decir, deberá gastar igual o menos de lo que gana. De lo contrario, terminará en la bancarrota y además perjudicará a los acreedores y a la sociedad en general. Esto, que parece tan simple, es entendido solamente por un sector minoritario de la sociedad, ya que la mayor parte se opone sistemáticamente a cualquier forma de ajuste.

Los populismos surgen generalmente de situaciones como las mencionadas. Ganan elecciones porque la mayoría de la población es imprevisora de los efectos de sus acciones y busca en el Estado una solución para tal irresponsabilidad, que es legitimada y estimulada precisamente por tales tipos de gobierno.

Una vez que la imprevisión ha sido aceptada, se excluye al irresponsable de toda culpa, mientras que el descontento ha de recaer en los demás; en la sociedad, el sistema capitalista o el imperialismo extranjero. De ahí que el poco previsor nunca ha de intentar mejorar, sino que tratará de mejorar al prójimo para que sea más “solidario” o incluso tratará de que mejoren los países lejanos. Bernardo Movsichoff escribió: “En muchos de nosotros hay oculto un protagonista en potencia de hechos y realizaciones trascendentes. Esperamos continuamente el momento para actuar, pero éste no llega nunca porque es tan grande y significativo lo que queremos emprender, que siempre está fuera de nuestro alcance y posibilidades normales. En definitiva, es una forma de adormecernos, mientras que todo bulle y se mueve a nuestro lado”.

“Los más audaces formulan planteamientos en la mesa del café. Día a día los mismos concurrentes comentan, critican, arguyen, con una seguridad extraordinaria, dando remedios infalibles para todas las situaciones. Todos ellos dan su opinión terminante y al verles y escucharles con voz tonante y ojos resueltos, se contagia el entusiasmo y el optimismo. Llegamos a creer que con hombres así, no hay problemas insolubles; todo se resolvería a las mil maravillas si tuvieran en sus manos las riendas del poder” (De “El hombre y sus esperanzas”-Libera Ediciones-Buenos Aires 1970).

La culpabilidad dirigida hacia todo lo externo a la persona misma va siempre asociada a la inacción, ya que tal culpa ajena justifica toda forma de irresponsabilidad y vagancia propia. El citado autor agrega: “Terminada la tertulia, vuelven sumamente satisfechos y orgullosos, regresan a su trabajo u hogar, sin ver nada de lo que sucede a su paso. Caminan por veredas destrozadas, atraviesan calles polvorientas y llenas de baches, se insolan por falta de árboles, se cubren de desperdicios que vuelan por doquier, no hay una fuente o escultura que los detenga en su marcha para la contemplación; pero no importa: han arreglado el universo. Todavía resuenan en sus oídos la aprobación y el aplauso de sus amigos y la vanidad, placer inigualable, ha mecido su ser”.

“En todos esos integrantes de la comunidad existe una hipertrofia del yo. Se imaginan personajes que pueden arreglar situaciones que los más sesudos estadistas no son capaces de solucionar. Sus vistas están a grandes alturas y sus inquietudes están puestas en los problemas internacionales o en las grandes cuestiones sociales”.

“No les preocupa el problema municipal, ni si los candidatos que presentan las distintas agrupaciones cívicas son personas que alguna vez han demostrado interés por lo que sucede en el orden local. No se examinan los antecedentes y la intervención que hayan tenido en las entidades vecinales, cooperadoras, clubes, bibliotecas”.

“Son seres humanos generalmente simpáticos, agradables, que han encontrado, deliberadamente o no, la manera de evadirse de la tarea inmediata que está cerca, en la ciudad o en el pueblo”.

“Existe una tremenda despreocupación por lo que es aparentemente pequeño, por lo que no da ostensibles títulos. Se olvida que la villa, el pueblo, la ciudad, es el hogar grande. Si cuidamos y adornamos nuestra casa, debemos ser también celosos defensores del perímetro de la vivienda común, embelleciéndola y mejorándola”.

En cierta oportunidad, apareció en un diario de Mendoza un artículo en el que se destacaba que un grupo de niños había acondicionado un terreno para realizar allí sus juegos y prácticas deportivas “sin la intervención municipal”. De ahí se extrae que la normalidad implicaría que todo debe hacerlo el Estado, en sus distintos niveles, y que lo excepcional ha de ser la acción individual o sectorial del ámbito privado. Es otra forma de justificar la negligencia presuponiendo que toda responsabilidad recae en el sector estatal. Movsichoff agrega: “Tenemos un grave defecto; todo lo esperamos del poder, todo debe ser dado y concedido por las autoridades. Carece de importancia la iniciativa privada y no se practica la colaboración sistemática como una forma de ayudar a los propios problemas. Las contingencias de una comunidad son inherentes a los habitantes que la forman; sus integrantes deben resolver y procurar el porvenir eligiendo bien, controlando mejor y ofreciendo sus esfuerzos en las mil tareas que tiene cada población”.

viernes, 12 de octubre de 2018

Educación Sexual Integral vs Provida

ESI es el Programa de Educación Sexual Integral del cual se está hablando en los medios. ¿Y sabes por qué los Provida nos oponemos? Porque quieren aplicarlo junto con la IDEOLOGÍA DE GÉNERO. Quieren que parezca que se está educando con una perspectiva de Respeto por la Diversidad, y que eso es lo que estamos intentando combatir los grupos Provida. ¡Pero no es así!

Por eso es importante difundir a los padres acerca de los materiales reales que se van a trabajar en el aula... En esos materiales claramente se enseña que...

1. El sexo biológico que es asignado al nacer es secundario o directamente no importa.
2. Que no existe varón y mujer, sino que estas categorías son creadas por la cultura.
3. Que desde que son chiquitos (4, 5 años) pueden elegir, según como se sienten, el género que quieren ser: hay un largo listado no simplemente hombre y mujer.
4. La importancia de masturbarse desde pequeños, como un hábito saludable (desde pequeños me refiero a los 4, 5 años). Les enseñan y fomentan descubrir sus cuerpos y sus zonas erógenas, ya sea solitos o entre compañeritos del mismo sexo o diferente sexo, indistintamente.
5. Les enseñan que tienen derecho a vivir su sexualidad sin informar a los padres, desde chiquitos. Y que sus padres no tienen derecho a conocer o a orientarlos respecto de su tendencia sexual.
6. Que es bueno explorar distintas parejas sexuales, indistintamente el sexo.
7. Entre otros métodos anticonceptivos, incluyen a los abortivos, enseñándoles que el aborto es un derecho sexual reproductivo (cuando todavía por ley está prohibido), para lo cual hasta les dan la información necesaria para practicarse un aborto medicinal no quirúrgico.
8. Que desconocidos para nosotros y para la escuela puedan ir desde Educación, a hablar con nuestros hijos sobre su sexualidad.

Y lo más grave de todo es que esta ley:

1. Prohíbe a los padres a rehusarse que sus hijos reciban esta educación.
2. Prohíbe a los colegios religiosos o privados a hacerle modificaciones a los contenidos, y por supuesto a no darlos. TODOS los colegios deben darlo, y sin modificaciones. EL COLEGIO DE TUS HIJOS TAMBIÉN, DESDE JARDÍN DE INFANTES.
3. No sólo obliga a la creación de un espacio específico para impartir este contenido, sino que tiene carácter transversal. Esto significa que estos contenidos estarán presentes en todas las materias. Por ejemplo, en los cuentos de Literatura, en los libros de Biología, en las actividades de Educación Física, en las actividades de Plástica, etc.

Es importante informarse, y rápido. Ya se aprobó el tratamiento en el Congreso la reforma de ESI. ¿Por qué modificar ESI? Porque no quieren educar a nuestros hijos en la sexualidad (y así evitar embarazos, enfermedades, abortos), quieren PERVERTIR a nuestros hijos con la bandera de la igualdad y la diversidad. Y finalmente, destruir la familia, base de nuestra sociedad. ¡¡¡ NO A LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO CON NUESTROS HIJOS !!!

martes, 9 de octubre de 2018

La educación científica

Cuando se habla acerca de las “ciencias de la educación”, se está aceptando que la educación es parte de las ciencias sociales, por lo que, en cierta forma, existe el compromiso por aceptar las reglas y requisitos exigidos por la ciencia experimental. Es el mismo caso del negocio de comida rápida que, mediante una franquicia, adquiere el derecho de utilizar una marca reconocida y se compromete a respetar los procedimientos que estipula el contrato respectivo.

Sin embargo, cuando desde el ámbito educativo se procede a establecer alguna innovación pedagógica, generalmente se invoca que lo anterior “no sirve porque es viejo”, “se lo utiliza desde el siglo pasado”, “es algo perimido”, o algo semejante, en lugar de aducir que lo reemplazado dio malos resultados. Es por ello que los resultados del proceso educativo son cada vez más deficientes, ya que el criterio empleado es la renovación de lo viejo sin constatar que lo viejo sea efectivamente ineficaz. En el ámbito de la ciencia experimental, por el contrario, nunca se deja de lado un conocimiento o una práctica experimental aduciendo que está “pasada de moda”, sino porque se advierte que se ha encontrado algo mejor.

Con un criterio similar, se rechaza la antigua moral de la cooperación e igualdad entre seres humanos, propuesta por el cristianismo, sólo por provenir de una religión, sin apenas tener en cuenta si esa propuesta produce, o no, buenos resultados. Desde el punto de vista científico, se acepta lo que funciona bien sin tener en cuenta quién lo propone o qué atributos personales o profesionales tiene su autor. Richard P. Feynman escribió: “En la Edad Media se pensaba que la gente hace sencillamente muchas observaciones y que las propias observaciones sugieren las leyes. Pero las cosas no funcionan así. Se necesita mucha más imaginación. Por eso tenemos que hablar de dónde proceden las nuevas ideas. En realidad, da igual de dónde procedan con tal de que lleguen. Tenemos una forma de comprobar si una idea es correcta o no, que no tiene nada que ver con su procedencia. Simplemente la ponemos a prueba frente a la observación. Por eso en la ciencia no estamos interesados en la procedencia de una idea”.

“No hay ninguna autoridad que decida qué idea es buena. Nos hemos librado de la necesidad de acudir a una autoridad para descubrir si una idea es verdadera o no. Podemos leer a una autoridad y dejar que nos sugiera algo; podemos probarlo y descubrir si es cierto o no. Si no es cierto, tanto peor, y así es cómo las «autoridades» pierden algo de su «autoridad»”.

“La mayoría de la gente encuentra sorprendente que en ciencia no haya interés por la formación previa del autor de una idea o por sus motivos al exponerla. Usted le escucha, y si la cosa suena digna de ser probada, que podría ensayarse, que es diferente y no es claramente contraria a lo ya observado, entonces resulta excitante y vale la pena intentarlo. Usted no tiene que preocuparse por cuánto haya estudiado él o por qué quiere que usted le escuche. En ese sentido no importa de dónde precedan las ideas. El origen real es desconocido; lo llamamos imaginación del cerebro humano, la imaginación creativa; es simplemente uno de aquellos «impulsos»” (De “Qué significa todo eso”-Crítica-Barcelona 1999).

Mientras que las ciencias exactas logran sus asombrosos resultados debido a la aceptación generalizada de sus reglas, por parte de sus actores, en el ámbito de las ciencias sociales no ocurre otro tanto. Ello se debe esencialmente a que las sociedades actuales son acientíficas o incluso anticientíficas, ya que valoran la ciencia tan sólo por las aplicaciones tecnológicas posteriores. Feynman escribió al respecto: “Alguna vez, cuando la historia se vuelva hacia esta época se verá que fue una época muy sensacional y notable, la transformación que va desde no saber mucho sobre el mundo hasta saber mucho más de lo que se sabía antes. Pero si al decir que esta es una era de ciencia se quiere decir que la ciencia desempeña un papel destacado en el arte, en la literatura y en las actitudes y los conocimientos de la gente, no pienso que esta sea una era científica en absoluto”.

“Si ustedes toman, por ejemplo, la edad heroica de los griegos, había entonces poemas sobre los héroes militares. En el periodo religioso de la Edad Media, el arte estaba relacionado directamente con la religión, y las actitudes vitales de la gente estaban muy estrechamente ligadas a los puntos de vista religiosos. Era una edad religiosa. Desde ese punto de vista, esta no es una era científica”.

“Ahora bien, el hecho de que existan cosas acientíficas no me apesadumbra. Esta es una bonita palabra. Quiero decir que no es eso lo que me preocupa, que existan cosas acientíficas. Que algo sea acientífico no es malo; no es esta la cuestión. Y el calificativo de científico está reservado, por supuesto, a aquello que podemos conocer por ensayo y error”.

“En las ciencias tenemos la ventaja de que en última instancia podemos someter la idea al experimento, lo que quizás no sea posible en otros campos. Pero, en cualquier caso, algunas de las maneras de juzgar las cosas, algunas de las experiencias son indudablemente útiles en otros ámbitos”.

Si bien la educación forma parte de las ciencias sociales, o al menos puede llegar a formar parte en el futuro, ya que sus contenidos están asociados a las diversas ramas de la ciencia experimental, no debe olvidarse que también la educación es un arte, ya que la transmisión de conocimientos desde el docente al alumno resulta de la libre elección metodológica del docente, por lo cual las orientaciones pedagógicas generales sólo han de tener un alcance orientador y limitado.

La influencia pedagógica, que proviene de la ciencia, implica principalmente la utilización del método axiomático, con su doble sentido inductivo-deductivo. Mediante un ejemplo podemos vislumbrar su esencia; antes del descubrimiento de la evolución biológica por selección natural, el conocimiento biológico consistía en una gran cantidad de datos y clasificaciones carentes de sentido. Una vez que se propone la idea de la evolución, toda esa acumulación de información adquiere todo su sentido. En este caso, a partir de los hechos observados se llegó a un principio unificador (inducción o generalización), mientras que, luego, desde el principio unificador puede llegarse a cada uno de los fenómenos particulares (deducción). Theodosius Dobzhansky escribió: “La idea de evolución da sentido a lo que de otro modo sería una tediosa descripción de hechos áridos que deberían memorizarse y que pronto se olvidarían una vez finalizados los cursos. Esos mismos hechos y descripciones de seres que alguna vez o nunca hemos visto, a la luz de la evolución se transforman en fascinantes. Conocerlos se convierte en una aventura intelectual” (De “La evolución, la genética y el hombre”-EUDEBA-Buenos Aires 1966).

Junto a este método se puede utilizar la descripción histórica, teniendo ambos la ventaja de poder brindar una visión de conjunto, más fácil de asimilar por parte del alumno. Alfred N. Whitehead escribió: “El pensamiento invocado por la ciencia es el pensamiento lógico. Ahora bien; la lógica es de dos clases: la lógica del descubrimiento y la lógica de lo descubierto”.

“La lógica del descubrimiento consiste en pesar las probabilidades, descartar los detalles que no se juzgan pertinentes, vaticinar las reglas generales que rigen el desarrollo de los acontecimientos, y someter a prueba las hipótesis mediante experimentos adecuados. Ésta es la lógica inductiva”.

“La lógica de lo descubierto es la deducción de los especiales sucesos que, en determinadas circunstancias, deben acaecer de acuerdo con las presuntas leyes naturales. Así, una vez descubiertas o supuestas las leyes, su utilización depende enteramente de la lógica deductiva. Sin la lógica deductiva, la ciencia sería completamente inútil”.

“Ascender de lo particular a lo general no sería más que un juego estéril, si no pudiéramos luego invertir el proceso y descender de lo general a lo particular, ascendiendo y descendiendo como los ángeles en la escala de Jacob”.

“Cuando Newton hubo conjeturado la ley de gravedad, procedió de inmediato a calcular la fuerza de atracción de la Tierra sobre una manzana que está en su superficie y sobre la Luna. Notemos de paso que la lógica inductiva sería imposible sin la lógica deductiva. Por eso los cálculos de Newton fueron una etapa esencial en su verificación inductiva de la gran ley” (De “Los fines de la educación”-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 1965).

El método inductivo-deductivo se asemeja a una fotografía en tiempo actual en la que, detenido el tiempo, ascendemos y descendemos desde los principios a los hechos particulares, y viceversa. El método histórico se asemeja a una película en la que observamos los distintos periodos hasta llegar a las teorías vigentes en la actualidad.

El gran secreto de la eficacia del proceso educativo implica que, mientras más cosas sabemos, menor cantidad de información hemos de llevar grabada en la memoria. Ello se debe a que, al sintetizar un conjunto de fenómenos en unos pocos principios básicos, observamos de inmediato una real “economía del pensamiento”. Así, mientras que los biólogos anteriores a Darwin y a Wallace almacenaban una gran cantidad de datos inconexos, los biólogos posteriores sólo necesitan razonar en base a la teoría de la evolución y así disponer de un orden mental compatible con el orden asociado a los procesos biológicos descriptos.

domingo, 7 de octubre de 2018

La educación en tiempos de crisis

De la misma manera en que gran parte de la gente se acuerda de Dios bajo situaciones de emergencia, o de la madre cuando ya no la tienen, todos se acuerdan de la educación en situaciones de severa crisis social. Pero no todos recurren a ella en forma “amistosa”, sino que, como es natural que ocurra en sociedades decadentes, algunos acuden en forma exigente y poco tolerante, por cuanto piensan que sólo el docente debe educar y que la pobre cultura popular se debe a la ineficacia del docente. Fernando Savater escribió: “Actualmente coexiste en este país –y creo que el fenómeno no es una exclusiva hispánica- el hábito de señalar la escuela como correctora necesaria de todos los vicios e insuficiencias culturales con la condescendiente minusvaloración del papel social de maestras y maestros”.

“¿Qué se habla de la violencia juvenil, de la drogadicción, de la decadencia de la lectura, del retorno de actitudes racistas, etc.? Inmediatamente salta el diagnóstico que sitúa –desde luego no sin fundamento- en la escuela el campo de batalla oportuno para prevenir males que más tarde es ya dificilísimo erradicar. Cualquiera diría por lo tanto que los encargados de esa primera enseñanza de tan radical importancia son los profesionales a cuya preparación se dedica más celo institucional, los mejor remunerados y aquellos que merecen la máxima audiencia en los medios de comunicación”.

“Como bien sabemos, no es así. La opinión popular (paradójicamente sostenida por las mismas personas convencidas de que sin una buena escuela no puede haber más que una malísima sociedad) da por supuesto que a maestro no se dedica sino quien es incapaz de mayores designios, gente inepta para realizar una carrera universitaria completa y cuya posición socioeconómica ha de ser -¡así son las cosas, qué le vamos a hacer!- necesariamente ínfima” (De “El valor de educar”-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 2016).

La “enfermedad social” que produjo la crisis recaerá también en la educación, ya que ningún sector queda exento de la crisis moral a nivel individual. Sin embargo, mientras que un ministro de economía debe razonar mucho más que los demás miembros de la sociedad, el docente debe tratar de cumplir con su misión educadora de la mejor forma posible, como lo hace siempre, o como siempre debió hacerlo.

La misión educadora consiste esencialmente en promover una doble adaptación del alumno: que sea apto para la vida en sociedad y también para la vida en el mundo que nos ha tocado vivir. De ahí que quien primeramente debe poseer esas aptitudes ha de ser el propio educador, por cuanto es esencial, para la formación del alumno, ser educado con el ejemplo. Marco Aurelio escribió: “Los hombres han nacido los unos para los otros; edúcales o padécelos”.

Ser apto para la vida social implica, entre otras cosas, llegar a conformar en uno mismo el capital humano que las actuales economías, con altos niveles de automatización, requieren para la propia supervivencia. De ahí que todo alumno debe egresar con una buena preparación intelectual y moral, y con una adecuada capacitación mental para poder adaptarse en poco tiempo a las demandas requeridas para un buen desempeño laboral.

El docente no ha de ser necesariamente un ser excepcional, ya que basta que tenga una auténtica vocación por alcanzar valores morales e intelectuales óptimos, más allá de los que efectivamente pueda lograr. La persona apta para la vida social y humana es esencialmente la que se propone serlo. Juan Carlos Tedesco escribió acerca de la crisis educativa: “No proviene de la deficiente forma en que la educación cumple con los objetivos sociales que tiene asignados, sino que, más grave aún, no sabemos qué finalidades debe cumplir y hacia dónde efectivamente orientar sus acciones” (Citado en “El valor de educar”).

Son varios los interrogantes que se originan en la mente del docente respecto de la actividad educativa. Sin embargo, todo resulta más simple si se piensa que lo importante es ayudar a que el alumno construya su personalidad en base a una determinada actitud, como tendencia a la acción, que debe predominar en todo individuo. Simplemente debemos elegir entre cooperación y competencia, promoviendo la primera y encauzando la segunda hacia una competencia favorable a la cooperación.

Por lo general se aduce que no se debe estimular la competencia entre alumnos, pensando en este caso en limitar el éxito de los mejores; pero tampoco se debe promover el igualitarismo colectivista, que también surge del espíritu competitivo, pero esta vez pensando en la comodidad de quienes, se supone, han de ser los perdedores.

La base de toda moral ha de ser la actitud o predisposición a compartir las penas y las alegrías ajenas como propias; todo lo demás vendrá por añadidura. En base a tal objetivo moral podrá responderse a los diversos interrogantes que se hacen los docentes, y que son ejemplificados por Savater: “¿Debe la educación preparar aptos competidores en el mercado laboral o formar hombres completos? ¿Ha de potenciar la autonomía de cada individuo, a menudo crítica y disidente, o la cohesión social? ¿Debe desarrollar la originalidad innovadora o mantener la identidad tradicional del grupo? ¿Atenderá a la eficacia práctica o apostará por el riesgo creador? ¿Reproducirá el orden existente o instruirá a los rebeldes que puedan derrocarlo? ¿Mantendrá una escrupulosa neutralidad ante la pluralidad de opciones ideológicas, religiosas, sexuales y otras diferentes formas de vida (drogas, televisión, polimorfismo estético…) o se decantará por razonar lo preferible y proponer modelos de excelencia?”.

“¿Pueden simultanearse todos estos objetivos o algunos de ellos resultan incompatibles? En este último caso, ¿Cómo y quién debe decidir por cuáles optar? Y otras preguntas se abren, por debajo incluso de las anteriores hasta socavar sus cimientos: ¿hay obligación de educar a todo el mundo de igual modo o debe haber diferentes tipos de educación, según la clientela a la que se dirijan?, ¿es obligación de educar un asunto público o más bien cuestión privada de cada cual?, ¿acaso existe obligación o tan siquiera posibilidad de educar a cualquiera, lo cual presupone que la capacidad de aprender es universal?...”.

La variedad de interrogantes que surja no debe hacer creer que ha de imposibilitar coincidencias respecto de los fines de la educación. Si bien es necesario uniformar tales fines, no necesariamente debe buscarse cierta “uniformidad del docente”, ya que, por el contrario, la variedad de personalidades que encuentra el alumno en su paso por las escuelas, ha de ser similar a la que ha de encontrar en la sociedad real. Y la adaptación al medio social ha de materializarse, justamente, en la actitud adquirida y la facilidad para la convivencia con diferentes personas.

En los ámbitos educativos se advierten errores similares a los observados en el ámbito de la economía política, en la cual se supone que los objetivos individuales se oponen necesariamente a los colectivos, con la subsiguiente propuesta de eliminar todo objetivo individual para imponer desde el Estado objetivos colectivos (o aquellos que el líder político decide para todos). En la educación debe darse oportunidades a todos, pero sin tratar de impedir el desarrollo de las potencialidades individuales para proteger así de la envidia a los menos capaces para aceptarlas.

Pareciera que en la actualidad la misión de la educación no consiste en buscar que todo individuo sea apto para la sociedad y para la vida, sino que tendría como finalidad adaptar toda la sociedad a los envidiosos. El físico Sheldom L. Glashow escribió respecto de la educación en EEUU: “Joan, mi mujer, se presentó como candidata a la concejalía de educación en las elecciones municipales de Brookline, Massachussets, enarbolando un slogans que decía: «Más matemáticas, más ciencia». Perdió antes las fuerzas de: «Más justicia, menos sobresalientes» y las de «Menos clases y más disminuidos psíquicos en clase»”.

“Nuestros inteligentes hijos, excluidos de todo cuanto es útil para la tecnología estadounidense por culpa de la criminal incompetencia de nuestros centros docentes, no tienen más remedio que acabar dedicándose a profesiones como la abogacía y la publicidad” (De “El encanto de la física”-Tusquets Editores SA-Barcelona 1995).

La educación, como una rama de las ciencias sociales, no debe perder su autonomía para verse relegada a diversas ideologías que pretenden usarla como instrumento para el adoctrinamiento partidario. Como rama de las ciencias sociales debe ser compatible con las restantes ramas, especialmente en aquellos temas suficientemente comprobados y verificados y no con hipótesis de dudosa validez.

Savater menciona algo esencial en cuanto a la vocación del docente, y es la creencia en una natural capacidad del individuo para aprender a partir de la influencia social recibida. Al respecto escribió: “Educar es creer en la perfectibilidad humana, en la capacidad innata de aprender y en el deseo de saber que la anima, en que hay cosas (símbolos, técnicas, valores, memorias, hechos…) que pueden ser sabidos y que merecen serlo, en que los hombres podemos mejorarnos unos a otros por medio del conocimiento”.

“De todas estas creencias optimistas puede uno muy bien descreer en privado, pero en cuanto intenta educar o entender en qué consiste la educación no queda más remedio que aceptarlas. Con verdadero pesimismo puede escribirse contra la educación, pero el optimismo es imprescindible para estudiarla…y para ejercerla. Los pesimistas pueden ser buenos domadores pero no buenos maestros”.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Iluminismo y religión natural

La época del Iluminismo resultó favorable a la promoción y difusión de la religión natural debido al apogeo de la ciencia experimental, esencialmente la mecánica newtoniana. Tanto los planetas del sistema solar como el resto de la naturaleza conocida, mostraban una autonomía que no requería de intervenciones divinas, como incluso el propio Newton creyó alguna vez. La existencia de leyes naturales invariantes, junto a un Dios que interviene en los acontecimientos humanos, resultaba redundante y hasta contradictorio. De ahí que a Dios se lo comenzó a ubicar en las etapas iniciales del universo, no ya como director del orden natural, sino como diseñador del mismo.

Los partidarios del teísmo, o creyentes del Dios que interviene en la vida cotidiana de cada hombre, criticaban a los deístas por haber “relegado” a Dios a los orígenes del universo, incluso denominándolos “ateos”, sin tener en cuenta que se trataba de otra forma de religión, ya que se priorizaba un Dios inteligente al Dios todopoderoso de la religión tradicional. Francisco Leocata escribió: “Fue Francis Bacon el profeta del dominio del hombre sobre las fuerzas de la naturaleza. Pero su método, puramente inductivo y experimental, desconocía la importancia del factor matemático, por lo que no pudo ir mucho más allá de un elocuente alegato. Los matemáticos, por su parte, tampoco podían basar el conocimiento de la naturaleza exclusivamente en sus cálculos. El método apropiado quedó establecido finalmente por Galileo, quien aplicó en forma consecuente el cálculo matemático a la experiencia”.

“Aunque este surgir de la nueva ciencia no fue causado en sí mismo por el nominalismo, sirvió sin embargo de ocasión para confirmar la tesis de la inutilidad de la metafísica. Los asombrosos descubrimientos, además, que se sucedieron ininterrumpidamente, echaron por tierra los últimos vestigios de la física aristotélica, favoreciendo la confusión de creer que esa caída arrastraba también la metafísica en cuanto tal”.

“El mismo equívoco se produjo respecto a la fe. Debido a un mal planteo de los métodos y objetivos propios de la filosofía, la teología y las ciencias, se llegó a una banal oposición entre ciencia y metafísica, entre razón y fe. Y así, la legítima autonomía lograda por las ciencias modernas respecto a la filosofía y la teología, se convirtió, en manos de los iluministas, en oposición irreconciliable”.

“El resonante éxito logrado por Newton fue saludado como el inicio de una nueva era y como el adiós definitivo a la metafísica y la fe, a pesar de que Newton era buen amigo de una y otra” (De “Del Iluminismo a nuestros días”-Ediciones Don Bosco-Buenos Aires 1979).

Voltaire expresó el típico pensamiento de los ilumnistas al observar las contradicciones existentes entre la existencia de leyes naturales y las supuestas intervenciones de Dios en los acontecimientos naturales y humanos. Al respecto escribió: “Aquel que no esté iluminado por la fe no puede ver en un milagro sino una contravención a las leyes eternas de la naturaleza. No le parece posible que Dios desordene su propia obra; sabe que todo está unido en el universo por cadenas que nada puede romper. Sabe que siendo Dios inmutable, sus leyes también lo son; y que ninguna rueda de la gran máquina puede detenerse sin que se descomponga toda la naturaleza”.

“Si el Ser eterno, que todo ha previsto, todo ordenado, que gobierna todo por leyes inmutables, se contraría a sí mismo trastornando todas sus leyes, esto no puede ser sino en beneficio de la naturaleza entera. Pero parece contradictorio suponer un caso en el que el creador y el dueño de todo el mundo pueda cambiar el orden del mundo para bien de éste, pues o bien ha previsto la pretendida necesidad que de ello tenía, o no la ha previsto. Si la ha previsto, ha puesto orden desde el comienzo, si no la ha previsto, ya no es Dios” (De “Ensayo sobre las costumbres y el espíritu de las naciones”-Librería Hachette SA-Buenos Aires 1959).

Resulta frecuente el caso en que ocurre un accidente de avión, o de ómnibus, en el que mueren casi todos los pasajeros, menos uno. En seguida surge la explicación de que se trató de “un milagro”, suponiéndose una intervención de Dios que impidió que tal persona muriera. Sin embargo, surge también la duda acerca de por qué no salvó a los demás pudiendo hacerlo. De ahí que el propio Cristo aducía, en el caso de los milagros, que fue la fe personal lo que generó cambios beneficiosos y no intervenciones directas de Dios interrumpiendo la secuencia natural de causas y efectos.

Puede hacerse una síntesis de las distintas actitudes religiosas:

Paganismo: Orden natural observado = Milagros

Teísmo: Orden natural observado = Pocos milagros + Leyes naturales

Deísmo: Orden natural observado = Leyes naturales

Ateísmo: Desorden natural observado = No existe Dios ni leyes naturales

Para los antiguos paganos, y para algunas religiones actuales, todo lo que sucede en el mundo se debe a una permanente intervención de Dios, o de los dioses, a los cuales se les debe rendir alguna forma de tributo para que nos beneficie personalmente. Para los teístas, predominan las leyes naturales pero existen intervenciones de Dios en el caso de las revelaciones, en las cuales expresa a algunos elegidos su voluntad. También los santos favorecen las intervenciones de Dios con cierta frecuencia.

En el caso del deísmo, o religión natural, se considera al milagro como una imposibilidad o una contradicción, tal como lo expresaba Voltaire. El ateo, por otra parte, es el que descarta la existencia de un orden natural, por lo cual es partidario de establecer un “orden artificial”, como fue el caso de los diversos totalitarismos del siglo XX.

Adviértase que la religión natural, o deísmo, al identificarse con la ciencia experimental, tiende a superar todo antagonismo existente entre diversas religiones. De ahí que es de esperar que en el futuro se establezca una religión natural identificada y fundamentada en las ramas humanistas de las ciencias sociales.

Si el avance de la religión natural está asociado a la visión científica del universo, era de esperar que en la actualidad su difusión hubiese sido bastante mayor que la que en realidad tiene. Ello se debe principalmente a que no existe una verdadera mentalidad científica a un nivel masivo, es decir, se valora la ciencia por sus aplicaciones tecnológicas pero se la ignora en cuanto a los aspectos culturales que ofrece.

La mayoría de la gente es analfabeta respecto del conocimiento científico. Incluso se llega al extremo de calificar como bruto e ignorante al científico que no conoce o no valora el arte o la literatura, mientras que la persona supuestamente “culta” se jacta por ignorar totalmente la física, las matemáticas o la biología. Mientras que el científico estudia y se interesa principalmente por la naturaleza, u obra de Dios, el supuestamente culto es el que sólo valora las realizaciones humanas que sólo tienen un valor subjetivo. De todas maneras, no debe restarse importancia a las realizaciones artísticas por el solo hecho de que muchas veces sean utilizadas como pretexto de los ignorantes para pasar por cultos.

Carl Sagan inicia la divulgación científica con su libro y video “Cosmos” para contrarrestar un tanto el analfabetismo científico observado. Al respecto escribió: “Por primera vez en la historia habíamos hecho aterrizar dos vehículos espaciales en la superficie de otro mundo. Los resultados fueron espectaculares y el significado histórico de la misión quedó claro para todos. Sin embargo, el público en general apenas sabía nada de estos grandes acontecimientos. La prensa en su mayoría no les prestaba atención; la televisión ignoró la misión casi por completo”.

“Cuando se tuvo la seguridad de que no se obtendría una respuesta definitiva sobre la posible existencia de vida en Marte, el interés disminuyó todavía más. La ambigüedad se toleraba muy poco. Cuando descubrimos que el cielo de Marte presentaba un color amarillo rosado en lugar del azul que se le había atribuido al principio, equivocadamente, el anuncio fue recibido por un coro de joviales silbidos por parte de los periodistas reunidos: querían que incluso en este aspecto Marte se pareciera a la Tierra” (De “Cosmos”-Editorial Planeta SA-Barcelona 1980).

Para colmo, en la actualidad existe una inusitada competencia con la pseudociencia, que imita a la ciencia en algunos aspectos pero que la pretende reemplazar buscando una masiva aceptación. Martin Gardner escribió: “La proliferación de la pseudociencia es uno de los fenómenos más llamativos y a la vez más preocupantes de la actualidad”. “Gracias a la libertad de expresión y a la revolución técnica de los medios de comunicación, los gritos de los chiflados y de los charlatanes se oyen en ocasiones con mayor fuerza y claridad” (De “La ciencia: lo bueno, lo malo y lo falso”-Alianza Editorial SA-Madrid 1988).

A pesar de los inconvenientes que en todas las épocas se presentan, el espíritu del Iluminismo mantiene su vigencia, quedando a la espera del triunfo de sus ideales.

Una definición de "socialista"

Por Mayo Von Höltz

La teoría garantista (o abolicionista* como debiera llamársela) se puede aplicar a cualquier campo, no sólo al derecho; su idea es la misma que la del socialismo aplicado a la economía: destruir el orden que merecidamente divide las aguas entre los mejores y los peores hombres. Tal fin tiene una fórmula universal: los victimarios son las víctimas y las víctimas son sus victimarios. Si hay crisis económica, la culpa no la tienen los que no producen nada, la culpa la tiene el que produce mucho.

Si alguien muere de un tiro en ocasión de robo, la culpa no la tiene el ladrón que tiró a matar por propia voluntad, la culpa la tiene el robado que recibió un tiro en el ojo. Si terroristas fanáticos tiran una bomba en la calle, la culpa no la tiene el grupo que tiró la bomba, la culpa la tienen los que volaron destrozados por el aire. Para los progresistas** los malos son siempre los buenos y los buenos son siempre los malos. Cuando miran un partido de tenis entre el top one y el número mil del ranking, ellos siempre festejan los puntos que hace el número mil, como si el triunfo del peor fuera una vindicación ante la opresión que imponen los mejores sólo por el hecho de serlo.

Todo socialista odia el progreso y el éxito de la sociedad capitalista, todo socialista odia al hombre que, por pensar mejor y trabajar más, triunfa y se enriquece, merecidamente. Es a esa sociedad y a ese hombre lo que más anhelan destruir. No quieren estudiar las estrategias que te permiten triunfar en el ajedrez, quieren patear el tablero para que nadie note que pierden todas las partidas.

Los progresistas están siempre a favor de los bárbaros, a favor de los delincuentes, a favor de los terroristas, a favor de los ladrones, a favor de los asesinos, a favor de los inútiles. Si ven una película donde pelean indios y colonos, están a favor de los indios, sin considerar jamás que ellos están disfrutando de una película y de un televisor porque se impuso el orden de los colonos y no la barbarie de los indios.

Encumbrando a lo peor de la raza humana con un discurso que repiten como si la frecuencia disminuyera su irrealidad, intentan vanamente destruir lo que más odian: a los mejores hombres de su tiempo. El hombre a destruir entonces es el heterosexual atractivo, inteligente y culto que con esfuerzo y coraje triunfa en el mercado amasando una fortuna sin robarle un peso a nadie, conquistando luego a una hermosa mujer y formando una familia ejemplar con hijos sanos, alegres y hermosos como sus progenitores. El odio y la envidia a Charles Ingalls y a su familia se esconde solapadamente tras la impostada admiración a la familia de Florencia de la Ve, que íntimamente les repugna.

Para los socialistas, todas las cosas objetivamente malas que hagan los delincuentes y los fracasados no son responsabilidad de ellos mismos, son responsabilidad del exitoso que los conminó a una situación de exclusión. El odio que sienten al mercado estriba en el hecho de que el mercado a través de patrones objetivos y justos divide a la sociedad entre fracasados y exitosos. El fracasado entonces tiene dos opciones: indagar dónde están sus propios errores para tratar de solucionarlos, con lo cual la mejor ayuda que tendrá será observar qué hacen los exitosos que lo derrotaron en la competencia; o hacerse progresista: decir que el mercado es una mierda y los exitosos unos estafadores, invocando su pobreza y su fracaso como si éstos en lugar de ser el natural reflejo de su propia mediocridad y haraganería, fueran un blasón que marca la integridad moral de quien no sucumbe a la tentación de hacer trampa para triunfar.

Los marxistas odian a todas las personas sanas que son felices como consecuencia de su disciplina, su inteligencia, su esfuerzo y su irreprochabilidad ética. Como bien apuntara Milton Friedman, más que el individuo, la célula de la sociedad es la familia convencional, ya que para potenciar sus cualidades intelectuales, el hombre que produce necesita de una integridad psicológica que sólo se la da una familia bien constituida (o mejor dicho: que nadie se la da mejor), con un padre, una madre y sus hijos. No es casual que los grandes empresarios de la historia, pudiendo llevar una vida lujuriosa plagada de placeres sexuales, con hijos criados por institutrices y nodrizas que no le ocasionen el más mínimo problema, hayan todos elegido formar una familia convencional. Todo ese sano orden que dada su insuperable eficiencia, existe desde el hombre de las cavernas hasta la actualidad, todo ese sano orden que de algún modo determina el progreso de la humanidad, es lo que se propone destruir el marxismo internacional.



* En rigor de verdad tampoco es abolicionista tal teoría, no pretente abolir las leyes, pretende que sigan existiendo pero que castigen al hombre honesto y premien al delincuente. Debierar llamársela teoría inversionista o teoría del resentimiento.
** Uso las palabras progresista y socialista como sinónimos.

La defensa de la ideología socialista no se basa en la razón (con la razón sólo se puede destruirla), se basa en la envidia de los mediocres hacia los mejores hombres, recurriendo a una teoría supuestamente racional como excusa para canalizar esa envidia.

Así, lo que inconscientemente tiene el objeto de tratar de demostrar que los mejores hombres no son los mejores sino que en realidad obtienen sus beneficios aprovechándose injustamente de los más débiles, es mostrado bajo la forma de una objetiva y racional teoría económica. La teoría económica es el velo supuestamente científico que se le pone al deseo de tratar de demostrar que el mejor no es el mejor.

Deslealtad filosófica es colocar la conclusión de antemano para recién luego buscar razones para arribar a ella, cuando el proceso lícito es justamente el inverso. Siempre que se apela a tal recurso es la motivación psicológica el motor impulsor de todo lo que viene después, recurriendo a la razón sólo como un instrumento para ocultar la motivación primigenia. Lo que Marx buscaba desde el principio, era tratar de demostrar que los que eran más ricos por ser más inteligentes, más valientes, más estudiosos y más tenaces, eran en realidad ladrones que les robaban sus riquezas a quienes serían ricos si no fuera por ese robo. Luego la teoría socialista fue la elucubración de las mejores razones que encontró para arribar a esa conclusión puesta de antemano. Con mayor o menor inteligencia todos los socialistas del mundo son como Marx: envidiosos.

Como ningún envidioso admite que lo es, lo que hace y dice motivado por su envidia, necesita de un velo que esconda las verdaderas motivaciones: la gorda dice que la linda es tonta, el tonto dice que el inteligente es feo, el ignorante dice que el culto es aburrido y el pobre dice que el rico es ladrón; y cuando esta última postura se vuelve más compleja y elaborada, pues bien, tenemos la teoría socialista.

En "Seis sombreros para pensar" Eduard De Bono dice que cuando alguien emite un juicio hay que saber qué es lo que lo impulsa: si lo impulsa la razón y el juicio está equivocado, pues con la razón se lo persuade de su error; si lo impulsa un resentimiento ninguna razón en el mundo lo hará cambiar de parecer.

Siendo que el problema del socialismo tiene una raíz psicológica, ningún socialista jamás dejará de serlo por más que venga un Aristóteles y le explique con razones y datos las miles de falacias y errores sobre los cuales tal teoría se sustenta; para que el socialista se cure del mal que lo afecta (mi teoría es que es un mal incurable si el que lo padece es un adulto), más que razones fundadas en estadísticas, se necesitaría la aplicación de una terapia psicológica que cure la envidia. El día que alguien descubra tal cosa Jung, Freud y Lacan quedarán reducidos a tres porotos.

lunes, 1 de octubre de 2018

Ideología de género vs. Con mis hijos no te metas

A la palabra “ideología” se le asocian diferentes significados, tanto positivos como negativos. Un significado positivo sería: “el conjunto de ideas compatibles con la realidad, o con las leyes naturales”, mientras que uno negativo sería: “conjunto de ideas que tienden a reemplazar, en la mente de los hombres, a la realidad, o a las leyes naturales”. Osvaldo N. Guariglia asigna, según el criterio anterior, los siguientes dos significados:
(I) “Ideología es un conjunto ordenado de ideas y valores referente a la acción tanto individual como política compartido por un determinado grupo social”.
(II) “Ideología es una concepción errónea de la realidad social”.
(De “Ideología”-Varios Autores-Academia Nacional de Ciencias-Buenos Aires Julio-Diciembre 1978).

Cuando, desde posturas religiosas, se tiende a rechazar el fenómeno natural de la evolución biológica, la religión comienza, al menos parcialmente, a convertirse en una ideología (en el sentido negativo). De igual manera, cuando desde posturas filosóficas o políticas, se rechazan las leyes de la genética, tales posturas comienzan también a convertirse en ideologías (en el sentido negativo).

La “ideología de género”, que admite coincidencias con el marxismo, al rechazar la genética, se convierte en una ideología que tiende a reemplazar leyes verificadas de la biología por ideas incompatibles con dichas leyes. Ello no es nada nuevo por cuanto las posturas revolucionarias tienden a rechazar toda ley natural que se oponga a sus proyectos de cambiar o modificar la naturaleza humana. Eugenio Pucciarelli escribió al respecto: “La crítica contra la genética clásica, especialmente contra las leyes de Gregor Mendel aun en la versión modernizada de Thomas Morgan, se condujo en nombre de un programa político que proclamaba la necesidad de introducir a corto plazo cambios sociales y económicos, y que temía que la fijeza impuesta por el predominio de los factores hereditarios fuera un obstáculo para sus finalidades progresistas”.

“En nombre de este programa se negó la existencia de los genes, portadores de los caracteres hereditarios, se rechazó la idea de que el núcleo celular fuera el asiento de la fijeza de la especie y se afirmó la plasticidad del organismo entero apto para reaccionar como totalidad frente a las condiciones del medio. No se ocultaron las razones políticas de estas preferencias y llegó a sostenerse que la genética era un producto de la mentalidad burguesa atemorizada por las consecuencias de cambios, tanto en el orden biológico como social, que prefería aferrarse a un fatalismo incompatible con toda actitud progresista” (Del libro “Ideología” antes citado).

Desde las distintas ramas de las ciencias sociales se admite que nuestra conducta y nuestra personalidad individual dependen de dos factores principales: herencia genética e influencia social, en porcentajes similares. Recordemos que los nazis consideraban que el factor que predomina totalmente es el genético, de donde surge la hipótesis errónea de las razas superiores e inferiores.

La “ideología de género” parte de algunos conceptos básicos y principios que a continuación se detallan:

“La diversidad sexual es la pluralidad de prácticas y creencias que regulan la expresión sexual de la humanidad en diferentes culturas”.
“Los seres humanos son el resultado de una estructura psíquica y de determinada producción cultural e histórica”.
“La resistencia a esta diversidad se manifiesta como homofobia”.

Bases de la ideología de género:

1- Tú no eres una realidad biológica
2- No hay que aceptar nada, ni biológico ni social. Todo se puede rechazar subjetivamente.
3- La biología es un caos, sin orden. No hay relación entre la forma de las cosas, su función y su finalidad
4- Sexocentrismo: se define a la persona únicamente a partir de categorías sexuales
5- Egocentrismo: plantea que el placer erótico es el sentido de la existencia
6- Distinción es violencia, los hechos biológicos son base de violencia y odio
7- Toda conducta sexual es una expresión de comportamiento aceptable y equivalente. La sociedad es la que está enferma por vernos mal.

La síntesis mencionada proviene del movimiento Generación por la Vida, de Marcial Padilla, pudiéndose consultar en www.youtube.com

En oposición a la ideología de género, se proponen las siguientes Afirmaciones de la Base biológica:

1- Todos los seres humanos, sin excepción, o somos hombre o somos mujer
2- El hombre está hecho para la mujer y la mujer está hecha para el hombre y lo que sintamos no lo cambia
3- Donde hay hombre y mujer puede haber vida. La procreación sucede de la unión de hombre y mujer

Ante la generalizada aceptación de la necesaria enseñanza de educación sexual en establecimientos educativos, y ante la irresponsabilidad y desinterés mostrados por los gobernantes de turno, tal educación tiende a ser, nada más ni nada menos, que la ideología de género. Tal ideología, que resulta ser esencialmente anticientífica, propone la mutilación de las personalidades individuales, ya que se dejan de lado aspectos esenciales como los éticos o afectivos y los culturales o intelectuales.

El evidente adoctrinamiento político de tipo marxista, esta vez con el disfraz de tal ideología, ha promovido reacciones de muchos padres, surgiendo grupos como el denominado “Con mis hijos no te metas”, cuyas proclamas pueden consultarse en la página web antes mencionada.

Para quienes contemplan al ser humano admitiendo todo sus atributos, productos de millones de años de evolución biológica, resulta inadmisible centrar toda nuestra visión de la vida en el comportamiento erótico, promoviendo además el relativismo moral y el de las instituciones básicas de la sociedad como la familia, ya que se la pretende igualar a los promovidos agrupamientos homosexuales, intercambios de parejas, tríos, cuartetos, etc. Al no existir, supuestamente, un orden natural al cual adaptarse, el niño y el adolescente entran en una desorientación caótica.

El marxismo sigue en estado de guerra contra la sociedad burguesa, el capitalismo, Occidente, el cristianismo, etc., a los que pretende destruir de alguna manera. La mayor parte de sus víctimas, reales o potenciales, apenas sospecha de la situación en que se las ha ubicado. Nunca es tarde para ser conscientes de la futura sociedad que nos espera.