martes, 28 de julio de 2026

San Martín se entrevista con aborígenes

En la segunda década del siglo XIX, cuando el general José de San Martín organiza el Ejército de Los Andes, pide entrevistarse con varios caciques pehuenches en el sur de la provincia de Mendoza. Era su idea pedir el apoyo de tales pueblos en vista a engañar a los españoles, que estaban en Chile, haciéndoles creer que iba a pasar con su ejército por el sur de Mendoza, cuando en realidad habría de hacerlo por el norte y por la provincia de San Juan.

De esa manera, con la información recibida por los españoles, habrían de reunir el grueso de su ejército en el sector sur, esperando a los invasores que habrían de atravesar la cordillera. El detalle importante es el siguiente: si los pehuenches se oponían al paso del Ejército de los Andes por sus tierras, de alguna manera los españoles habrían de enterarse y el plan original no tendría éxito.

Es interesante advertir que muchos aborígenes vivían sin conflictos en pleno siglo XIX, a pesar de las críticas acerca de una supuesta "limpieza étnica" atribuida a los colonizadores españoles. Aunque no siempre los colonizadores actuaron en favor de los aborígenes, como parece haber sido el caso de la explotación laboral socialista de los guaraníes por parte de los curas jesuítas, quienes fueron echados del noroeste argentino y sur paraguayo por orden de las autoridades españolas del siglo XVIII.

También existen difamaciones contra el general Julio A. Roca, quien enfrentó militarmente a ciertos grupos de aborígenes que se negaban a una vida pacífica o civilizada, ya que se dedicaban al robo y a atacar a los pobladores blancos, ocasionando, según los historiadores, unas 50.000 víctimas además de secuestros y otros actos delictivos.

Respecto del encuentro de San Martín con los caciques pehuenches, leemos: "Como parte de su inteligente labor en calidad de gobernador intendente de Cuyo, San Martín cultivó, apenas llegado, en 1814, buenas relaciones con los pehuenches que ocupaban las laderas orientales de la cordillera. Éstos se hallaban en paz desde que el comandante militar de Mendoza, José Francisco de Amigorena, firmara tratados de paz y los respetara escrupulosamente. De tanto en tanto, los caciques llegaban a esa ciudad, visitaban las autoridades y recibían consideraciones y regalos" (De "La guerra de la Frontera" de Miguel Ángel De Marco-Emecé Editores SA-Buenos Aires 2010).

En una carta dirigida al Director Supremo Juan Martín de Pueyrredon, San Martín escribe: "He creído del mayor interés tener un parlamento general con los indios pehuenches, con doble objeto, primero, el que si se verifica la expedición a Chile, me permitan el paso por sus tierras, y segundo, el que auxilien el ejército con ganados, caballada y demás que estén a sus alcances, a los precios o cambios que se estipularán; al efecto se hallan reunidos en el Fuerte de San Carlos el gobernador Necuñan y demás caciques, por lo que me veo en la necesidad de ponerme en marcha hacia aquel destino, quedando en el entretanto mandando el ejército el señor brigadier don Bernardo O´Higgins".

El historiador William Miller describe el encuentro: "El día señalado para el parlamento a las ocho de la mañana empezaron a entrar al fuerte cada cacique por separado con sus hombres de guerra, y las mujeres y niños a retaguardia. Los primeros con el pelo suelto, desnudos de medio cuerpo para arriba y pintados hombres y caballos de diferentes colores; es decir, en el estado en que se ponen para pelear con sus enemigos. Cada cacique y sus tropas debían ser precedidos -y esta es una prerrogativa que no perdonan jamás porque creen que es un honor que debe hacérseles- por una partida de caballería de cristianos, tirando tiros en su obsequio. Al llegar a la explanada, las mujeres y niños se separan a un lado, y empiezan a escaramucear al gran galope y otros a hacer bailar sus caballos de un modo sorprendente. El fuerte tiraba cada seis minutos un tiro de Cañón, lo que celebraban golpeándose la boca, y dando espantosos gritos; un cuarto de hora duraba esta especie de torneo, y retirándose donde se hallaban sus mujeres, se mantenían formados, volviéndose a comenzar la misma maniobra que la anterior por otra nueva tribu".

Miguel Ángel De Marco escribió: "Poco después, los caciques se trasladaron al campamentos del Plumerillo, verdadera forja de un ejército profesional como quería San Martín, para enfrentar a los españoles. Sentado en círculo con ellos les habría dicho, palabras más, palabras menos, que los convocaba para reiterarles que los realistas iban a pasar desde Chile con su ejército para matar a todos los indios y robarles a sus mujeres e hijos. Agregó que «como él también era indio», cosa que pudo afirmar por su tez olivácea, bronceada por toda una vida en campaña, iba a acabar con los godos que les habían robado las tierras de sus antepasados. Esa expresión la oyó de sus labios su fiel colaborador, el coronel Manuel Olazábal, quien la registró en sus Memorias".

"En aquellos momentos, el ejército realizaba ejercicios con su acostumbrado lucimiento, mientras la artillería hacía oír su bramido poderoso, «lo que excitó a los indios». San Martín les explicó que debía pasar por el sur pero que para ello necesitaba «la licencia de ustedes, que son los dueños del país». Esperaba que esa noticia llegase a oídos del presidente de la Capitanía General de Chile, Francisco Marcó del Pont, a fin de que debilitase sus tropas trasladando efectivos a esa zona con el objeto, bien difícil, de cubrir todos los pasos de los Andes frente a la incertidumbre de no saber por dónde iban a pasar las tropas libertadoras".

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